T-052-09

Tutelas 2009

    Sentencia              T-052-09     

ACCION  DE  TUTELA  TRANSITORIA-Procedencia      excepcional      frente      a      procedimientos  administrativos   

PREVALENCIA       DEL       DERECHO  SUSTANCIAL-Alcance   

DERECHOS     FUNDAMENTALES-Vulneración  por  cuanto  al  demandante  no le tuvieron en cuenta  para  el  concurso de notarios, el valor de diez puntos por una especialización  realizada   

MEDIO   DE   DEFENSA  JUDICIAL-Ineficaz para el caso de concurso de méritos   

En este caso, considera la Sala que, si bien  el  mecanismo ordinario para controvertir el acto administrativo en debate es la  acción  de  nulidad  y restablecimiento del derecho, el anterior instrumento no  resulta  idóneo  para garantizar la real y efectiva protección de los derechos  del  accionante  toda vez que este procedimiento ordinario supone unos trámites  que  no  concluirían  de manera oportuna, es decir, antes de que se adopten las  decisiones  determinantes  sobre  el  acceso  a  los  cargos de notario para los  cuales  se  concursó.  Por  consiguiente,  encuentra  esta  Sala  procedente la  acción  de tutela interpuesta, como mecanismo principal.  En este caso, la  acción  de  tutela  viene a suplir el espacio de desamparo o desprotección del  derecho  fundamental  que deja el mecanismo alternativo de defensa judicial, por  no  ser  adecuado  y  carecer  del  atributo  de  la  eficacia requerida para la  efectiva   y   real   protección   del   referido   derecho  fundamental.    

MODALIDAD      DEL      CURSO     DE  ESPECIALIZACION-El programa realizado no fue un curso  de profundización sino adicional a los cursos de pregrado   

Considera  esta  Sala  que  el  curso  de  especialización  realizado  por  el  señor  Pacheco  Juvinao en la Universidad  Santo  Tomás  durante los años 1979 y 1980, no fue un curso de profundización  dentro  del  programa  de  pregrado  y  por  el contrario, prima facie, tiene la  calidad  de  un  programa  adicional a los cursos de pregrado, según las reglas  vigentes  para  la  fecha. Así las cosas, a juicio de la Corte, para el año de  1979  el  curso  de especialización en derecho privado económico realizado por  el   accionante   en   la   Universidad   Santo   Tomás,   tiene   –    prima    facie    –  la condición de programa diferente  al  de  pregrado,  toda  vez  que  la  modalidad  bajo  la  cual  se realizó la  especialización,  se  reitera, no la despoja de su carácter esencial de ser un  programa adicional a las materias propias del pregrado.    

MEDIO  DE  PRUEBA ALLEGADO PARA DEMOSTRAR EL  ESTUDIO   DE   POSTGRADO-El   actor   presentó   el  certificado expedido por la Universidad   

Es claro para la Sala que, en principio, los  documentos  exigidos  para acreditar los estudios de postgrados se reducen a una  copia  del  diploma y/o acta de grado. Sin embargo, en el caso objeto de estudio  el  accionante, para acreditar la especialización cursada y aprobada, allega un  certificado  expedido  por  la  facultad  de Derecho y Ciencias Políticas de la  Universidad  Santo  Tomás.   Frente  a  esta  situación, se debe tener en  cuenta  que  el  accionante aportó el documento que soportaba la realización y  aprobación  del  curso  de  especialización  que había realizado. Establecida  como  está, prima facie, la condición de programa de especialización al curso  realizado  por  el  actor,  el  hecho de haberse expedido un certificado y no un  diploma  o  acta  por  parte de la institución universitaria, para dar fe de la  aprobación  del curso, no deviene en un argumento suficiente para menoscabar la  condición  o  característica  esencial  del  curso  de  especialización y por  consiguiente para rechazar el único medio probatorio existente.   

MEDIO  DE  PRUEBA ALLEGADO PARA DEMOSTRAR EL  ESTUDIO  DE POSTGRADO-Las entidades demandadas tenían  la    obligación    de    aceptar    el    reconocimiento    del    certificado  anexado/PREVALENCIA         DEL         DERECHO  SUSTANCIAL-Reconocimiento del certificado anexado por  el actor y expedido por la Universidad   

En  este  caso,  si  el  actor adquirió un  conocimiento  especializado  en  el  respectivo  curso de especialización de la  Universidad  Santo  Tomás,  y  éste  se  encuentra  acreditado  por  la  misma  institución,  se  imponía  el  reconocimiento  del  certificado anexado. De lo  contrario,  prevalecería  lo  formal  sobre  lo  sustancial  y se incurre en un  exceso  de  ritualismo,  ya  que  el  documento  de prueba estaría sujeto a una  tarifa  probatoria  en  extremo rigurosa cuando se aplica a momentos académicos  sujetos  a  reglas  vigentes hace cerca de treinta años. Lo cierto es que nadie  desconoce  que  el  curso  de especialización posterior al programa de pregrado  fue  cursado  y  aprobado  por  el tutelante, pero se le niega la posibilidad de  demostrar   esa   realidad   mediante   un   documento  denominado  ‘certificado’.    Como  consecuencia  de  lo  anterior,     debe     operar    a    favor    del    accionante    –  quien  cumplió  inicialmente todos  los  requisitos  exigidos  para  ser  participante  en  el  concurso de notarios  –   el   principio  de  primacía  del  derecho sustancial sobre las formas, toda vez que las normas del  concurso  fueron  interpretadas  y  aplicadas  en detrimento de los derechos del  actor.    

Referencia: expediente T-2001965  

Acción  de  tutela  instaurada por Eduardo  Luis  Pacheco  Juvinao  contra  el  Consejo Superior de la Carrera Notarial y la  Universidad de Pamplona.   

Magistrado Ponente:  

Dr. MANUEL JOSE CEPEDA ESPINOSA  

Bogotá  D.C.,  treinta (30) de enero de dos  mil nueve (2009).   

La  Sala  Segunda  de  Revisión de la Corte  Constitucional,  integrada  por  los  magistrados, Manuel José Cepeda Espinosa,  Jaime  Córdoba Triviño y Rodrigo Escobar Gil, en ejercicio de sus competencias  constitucionales y legales ha proferido la siguiente   

SENTENCIA  

Que  pone fin al proceso de revisión de los  fallos  proferidos  por  el  Consejo Seccional de la Judicatura de Cundinamarca,  Sala  Disciplinaria,  proferido el 7 de abril de 2008, y por el Consejo Superior  de   la   Judicatura,   Sala   Disciplinaria,   proferido   el  5  de  junio  de  2008.   

     

I. ANTECEDENTES     

El  señor  Eduardo  Luis  Pacheco  Juvinao,  actuando  por medio de apoderado judicial, instauró acción de tutela en contra  del  Consejo  Superior de la Carrera Notarial y la Universidad de Pamplona, para  que  se  protegieran sus derechos al debido proceso, al trabajo y al acceso a la  función  pública,  que  considera vulnerados con la decisión adoptada por las  entidades  accionadas  al  no  reconocer  a  su  favor  el  valor de diez puntos  correspondientes  a  una especialización en derecho privado económico, cursada  en la Universidad Santo Tomás durante los años 1979 y 1980.   

Manifiesta el accionante que en la actualidad  se  desempeña  como  Notario  50 del Círculo de Bogotá y que participó en el  concurso  de  ingreso  en  propiedad  al servicio público notarial, anexando la  documentación  requerida  en la convocatoria. Señala el tutelante, como prueba  de  la  especialización  en derecho privado económico cursada con éxito en la  Universidad     Santo    Tomás,    allegó    un    certificado    – diploma expedido por la institución  universitaria.1   

Afirma el tutelante que mediante Acuerdo No.  07  de  2007, publicado en el diario El Tiempo el 20 de mayo de 2007, el Consejo  Superior  de la Carrera Notarial lo admitió como aspirante dentro del concurso,  pero  en  la  valoración  de  méritos  y  antecedentes no se tuvo en cuenta la  especialización  en  derecho  privado  económico  que  equivalía  a diez (10)  puntos.   Como  consecuencia  de  lo  anterior,  solicitó  ante el Consejo  Superior  de  la Carrera Notarial la revocatoria directa del Acuerdo 07 de 2007,  entidad  que  decidió confirmar la calificación por él obtenida, argumentando  que,  teniendo  en cuenta lo previsto en el Acuerdo 01 de 2006 modificado por el  Acuerdo  01  de  2007,  la  formación de posgrado solo puede ser acreditada con  copia del diploma y/o acta de grado.   

Considera  que  con la anterior decisión el  Consejo  Superior  de  la  Carrera  Notarial  y la Universidad de Pamplona, como  operadora  del  concurso, vulneran su derecho al debido proceso. Primero, porque  la  decisión se enmarca dentro de un “exceso ritual  manifiesto”      y  desconoce  el  principio  de  prevalencia del derecho  sustancial  y  el debido proceso.  Segundo, a su juicio, se “ha  hecho una interpretación contraria a  la  constitución,  pues la lectura de las normas que  orientan  el  concurso  de  méritos  en  la  carrera  notarial, no debe hacerse  apelando  a  formalismos  extremos,  sino  desde  una  óptica que privilegie el  ejercicio   de   los   derechos   y  en  particular  el  acceso  a  la  función  pública”.  Por último, señala que las accionadas  vulneran  el  principio  de  confianza  legítima al desconocer la validez de un  título  de especialización otorgado por una institución universitaria de gran  reconocimiento.   

Explica  que  la  acción  de  tutela  es el  mecanismo  idóneo  para la protección de sus derechos fundamentales, ya que la  acción  de  nulidad  y  restablecimiento del derecho carece de eficacia para la  garantía  de  los mismos.  Así las cosas, su solicitud se reduce a que se  tutelen  los  derechos  que considera vulnerados y se ordene al Consejo Superior  de  la  Carrera  Notarial y a la Universidad de Pamplona, reconocer los estudios  de     postgrados    realizados    y    otorgar    los    diez    (10)    puntos  correspondientes.   

El   Consejo   Superior   de   la  Carrera  Notarial,2  solicita  que se declare improcedente la acción.  Alega que  el  actor  cuenta con las vías judiciales ordinarias y que la acción de tutela  fue  establecida  como  un  mecanismo  excepcional  y subsidiario.  Señala  además  que  las  directrices del concurso se encuentran establecidas en la ley  588  de  2000 y especialmente en la convocatoria y que el tutelante, previamente  a   la   inscripción   y   al   concurso,   conoció  las  bases  y  requisitos  exigidos.    Afirma,   que  la  calificación  obtenida  se  ajusta  a  los  parámetros  establecidos en las normas que regulan el concurso, razones por las  que considera que no se han vulnerado los derechos del actor.   

El  rector de la Universidad de Pamplona, en  su  respuesta  solicita  que  se declare la improcedencia de la acción toda vez  que   el   actor   dejó   caducar  los  términos  para  iniciar  las  acciones  pertinentes.   Además,  manifiesta que en la calificación de los méritos  y  antecedentes  de  los  concursantes  se  tuvieron  en  cuenta los parámetros  fijados  por  las  normas pertinentes, razón por la que no encuentra violación  alguna al debido proceso del accionante.   

     

I. DECISIONES  JUDICIALES QUE SE REVISAN     

1. Primera  Instancia.     

La  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional  de  la Judicatura de Cundinamarca, en providencia de fecha 7  de  abril  de  2008,  declaró  improcedente la acción de tutela presentada por  considerar  que  el inconformismo planteado por el actor debió dilucidarse ante  la  jurisdicción  contenciosa  administrativa.   En su fallo, resalta el a  quo  que  “el actor dr. PACHECO JUVINAO nada indica  sobre  la  formulación  de  la  acción de nulidad y restablecimiento que, como  mecanismo  ordinario,  resultaba  procedente  en  este  asunto, de suerte que no  puede  pretenderse  que,  a través de la acción de tutela, se subsane la falta  de  pericia  y  diligencia  del  actor,  que,  al parecer, dejó de formular las  acciones   contenciosas  a  que  había  lugar,  encontrándose  ahora  ante  la  imposibilidad de agotar el trámite aludido”.   

     

1. Segunda  Instancia.     

El  Consejo  Superior de la Judicatura, Sala  Disciplinaria,  en  sentencia  del  5  de  junio de 2008 revocó la decisión de  primera  instancia  y  tuteló  los  derechos  fundamentales  señalados  por el  accionante.  Considera  el  juez  de  conocimiento  que las entidades accionadas  vulneraron  los  derechos  del  actor  por  el  exceso  ritual manifiesto.   Argumenta   que   “(…)  el  consejo  Superior  de  Notariado,   desconoció  el  diploma  aportado  por  el  accionante  cuando  se  inscribió  para  Notario,  pues  como  se  observa  a  folio  24  del  cuaderno  principal,  el mismo diploma de abogado era el de especialista, pero no se leyó  su  contenido,  por  parte  del  Consejo  Notarial.   //  Con el diploma de  abogado  en  el  cual  estaba  inserto  el  de especialista, era suficiente para  acreditar  tal  condición,  no  obstante  lo  anterior,  el  accionante aportó  certificado  sobre  el  haber  cursado  la especialización, lo cual careció de  valor para el Consejo Notarial”.   

     

I. CONSIDERACIONES Y  FUNDAMENTOS     

     

1. Competencia     

La  Corte  Constitucional es competente para  revisar  la  decisión  judicial reseñada, de conformidad con lo establecido en  los  artículos  86  y 241-9 de la Constitución Política y 31 a 36 del Decreto  2591 de 1991.   

2. Asunto previo a resolver.  

Con anterioridad a la selección del presente  expediente,  el  día  6 de octubre de 2008 se recibió en la Secretaria General  de  esta Corporación un escrito en el cual la ciudadana María Claudia Pavajeau  Urbina,  participante dentro del concurso para el ingreso a la carrera notarial,  solicita  se  decrete “la nulidad de todo lo actuado  desde  el  auto  admisorio  de la acción inclusive”  por  violación  al  debido  proceso.  Considera la petente que el fallo de  tutela  que  reconoce  la  acreditación de la especialización realizada por el  señor  Eduardo  Luis  Juvinao y su consecuente calificación e incremento de 10  puntos,  afecta sus intereses y perjudica su posición en la lista de elegibles,  razón  por  la cual debió ser notificada del trámite de la acción de tutela.   

Al  respecto,  si bien el artículo 86 de la  Carta  Política  preceptúa  que  toda  persona  tendrá acción de tutela para  reclamar   ante   los   jueces   la   protección   inmediata  de  sus  derechos  fundamentales,  en  el  proceso  de  tutela  intervendrá  como parte pasiva, la  autoridad  o el particular contra quien se dirija la acción.  Sin embargo,  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 13 del Decreto 2591 de 1991,  quien  tuviere  interés  legítimo  en el resultado del proceso también podrá  intervenir  en  esta  actuación,  ya  sea  como  coadyuvante  del  actor  o del  accionado.   En  ese  sentido,  la  intervención  de  los  terceros  será  facultativa y no obligatoria.   

En  este caso, la acción va dirigida contra  autoridad   administrativa   para   atacar   una   decisión   que  –  a  juicio  del  actor  –  vulnera  sus derechos fundamentales  al  debido  proceso y acceso a la función pública.  Así la notificación  se  hizo a las entidades generadoras del acto y no a todos los participantes del  concurso  que  pudieran  verse afectados con la decisión.  Debe tenerse en  cuenta,  que  la  acción  va  encaminada  a  que  se  reconozca  una situación  individual  del  accionante y no se atacan aspectos generales que puedan incidir  en la calificación de los demás concursantes.   

Frente  a  estos  casos y para efectos de la  notificación  de  las  acciones  de  tutela, la Corte ha dicho que no cualquier  persona  que  pueda  creerse  afectada por una tutela debe ser notificada.   Así,     en    el    Auto    A-049    de    20063  se  hace  un  repaso  de  la  Jurisprudencia   Constitucional  para  establecer  cual  ha  sido  la  posición  respecto  al  presente  tema.   En  esa  oportunidad  la  Corte manifestó:   

“Para  efectos de la notificación de las  acciones  de  tutela,  la  Corte  ha  dicho  que  no cualquier persona que pueda  creerse  afectada  por  una  tutela  debe ser notificada. En especial, cuando la  acción  de  tutela ha sido presentada contra una providencia judicial, la Corte  ha  dicho  que  no  existe  un  deber  de notificación a las partes del proceso  dentro  del  cual  se profirió la providencia atacada por vía de tutela puesto  que  en  la  tutela  el  demandado es el órgano judicial que en tanto autoridad  pública,  emitió  la providencia acusada de ser una vía de hecho. El punto se  ha  analizado  por  la  Corte  cuando  el  interés del particular es claro, por  tratarse  de  una  tutela  contra  una  providencia  proferida en el curso de un  proceso  ejecutivo  donde  el  ejecutante  sería  perjudicado de ser dejada sin  efectos  la providencia atacada en sede de tutela. Así,  ha dicho la Corte  que  el  interesado  puede intervenir en el proceso, pero que no existe un deber  de  notificarlo.  El juez de tutela no está obligado a ordenar la notificación  a  todos  los  hipotéticos  interesados  o  presuntos terceros afectados por el  fallo:   

En  efecto,  si  un  particular  tiene  un  interés   legítimo   en   el   resultado   del   proceso  y  quiere   ser  interviniente,  esto  es  potestativo de él, porque el artículo 13 del Decreto  2591  de  1991  así lo permite. En tales circunstancias, el juez debe notificar  sus  providencias  a  las  partes  y  a aquellos que ya son intervinientes en el  proceso  (art.  16 del Decreto 2591 de 1991), pero sería absurdo que el Juez de  Tutela  estuviese  obligado  a  citar  a  todos  los  hipotéticos interesados o  presuntos  terceros  afectados por el fallo. En efecto, si alguien dice tener un  interés  legítimo  en  el  resultado  del  proceso de tutela, el Juez le puede  permitir   la   intervención,   pero   para  eso  no  se  requiere  una  previa  citación.4   

En concordancia con lo anterior la Corte ha  expresado  que  no  existe  un deber de notificación de un particular cuando la  acción  de  tutela  está dirigida contra una autoridad pública. En el caso de  la  sentencia  T-572  de  1994  ya citada, se instauró acción de tutela por el  Alcalde  de  Bogotá  contra  el  Juez  27  del  Circuito  de  Bogotá. En dicha  oportunidad  el  juzgado  conocía de un proceso ejecutivo hipotecario en el que  se  iba  a  rematar  un  bien  de  uso  público,  los  humedales ubicados en la  localidad  de  Engativá.  Tales bienes habían sido hipotecados por la Sociedad  “Henao  Castrillón  y  Cía.  Ltda.  y  eran objeto de una hipoteca abierta por  trescientos      veinticinco     millones     de     pesos     ($325’000.000),  en  favor del Banco de los  Trabajadores.    La   acción   de   tutela  no  fue  notificada  al  banco  beneficiario  de  dicha  hipoteca  y  acreedor  en el crédito respaldado por la  misma.  La  Corte,  en esa oportunidad, dijo que procede la nulidad por falta de  notificación  a un particular cuando la tutela es contra los particulares. Pero  cuando  el  causante  del agravio o de la amenaza es un funcionario público, se  le comunica a éste:   

Ahora   bien,  el  Alcalde  Jaime  Castro  instauró  la  acción  contra una sentencia de la Juez 27 Civil del circuito de  Santafé  de  Bogotá,  dictada  en  un  juicio hipotecario. La tutela no estaba  dirigida,  ni  podía  estarlo,  contra el ejecutante, porque éste no fue quien  profirió  la  providencia  impugnada.  La  obligación  del  Tribunal  donde se  presentó  la  tutela era la de informar al  Juez, y así lo hizo, mediante  el  correspondiente oficio, al cual el Juzgado 27 puso el sello de recibido. Por  consiguiente,   concluye   la  Corte,  no  se  incurrió  en  nulidad  por  este  aspecto.5   

(…)  

En relación con tutelas contra providencias  judiciales  proferidas  en procesos que no son ejecutivos, la Corte no exige que  los   interesados   en   el   proceso   civil,   penal,  laboral  o  contencioso  administrativo  sean  notificados  en  el  proceso  de  tutela.  Por ejemplo, en  sentencia         T-555        de        19996   instaurada   por   Antonio  Sánchez,  actuando  como  Presidente del “Sindicato Nacional de Trabajadores de  Icollantas  S.A”  se constató la vulneración al debido proceso por parte del  Juzgado  Promiscuo  Municipal de Sibaté en desarrollo  de  un  incidente de desacato, por la valoración e interpretación del material  probatorio  que  éste hizo, de la orden de tutela dictada en la Sentencia T-330  de  1997,  mediante  la  cual  fueron  impartidas  varias  órdenes a la empresa  “ICOLLANTAS   S.A.”   por   haber   vulnerado   derechos  fundamentales  de  los  trabajadores  sindicalizados. Dicha decisión implicó una afectación indirecta  a  la  empresa  Icollantas  S.A.,  sin  embargo  la  Corte  no estimó necesario  notificarla de la acción de tutela.   

Otro   ejemplo   se   encuentra   en   la  sentencia  T-022  de 20007  en  la  cual  la  acción se  instauró  contra el Tribunal Administrativo de Cundinamarca. La Corte constató  una  vía de hecho por la expedición de una sentencia  complementaría  que  modificaba  el fallo original,8  en  un  proceso de nulidad y  restablecimiento   del   derecho   contra   una   entidad  pública.9  La Corte no  estimó  necesario  notificar  la acción de tutela a la entidad demandada en el  proceso  contencioso, de la cual se podría predicar un interés indirecto en la  acción.    Igualmente,    en    una   acción   de  tutela10  que revisaba una sentencia dictada en un proceso de alimentos, en  la  que  se  constató una vía de hecho, no se consideró necesario notificar a  la  demandante  en  el  proceso  de alimentos, de la cual se podría predicar un  interés indirecto”.   

Así  las  cosas, en aplicación al anterior  precedente,  la  Sala considera improcedente la solicitud de nulidad, presentada  por  la  señora  Pavajeau  Urbina  en  el  trámite  de  la presente acción de  tutela.   

     

1. Problema  jurídico     

Corresponde  a  la Sala Segunda de Revisión  analizar  el  siguiente  problema jurídico. De conformidad con los antecedentes  expuestos  ¿Es procedente la acción de tutela instaurada por el señor Eduardo  Luis  Pacheco  Juvinao quien argumenta la violación al debido proceso por parte  de  una  entidad  gubernamental  que,  a  su  juicio, no dio valor a un curso de  especialización  y  como  consecuencia no le otorgó el puntaje correspondiente  dentro  de  un  concurso  de  méritos  para  ingresar  a  la  carrera notarial?   

En  caso  de  establecerse  la  procedencia,  deberá  la  Sala establecer (i) si el curso realizado por el accionante, cumple  las  características de un programa de especialización y, (ii) si el documento  allegado  para  acreditar  el  curso,  debe  ser únicamente el enunciado en las  normas reglamentarias del concurso de méritos.   

4.  Procedencia  excepcional de la acción de  tutela   para  proteger  el  derecho  al  debido  proceso  dentro  de  trámites  administrativos. Reiteración de jurisprudencia.   

La  acción  de  tutela  es  un mecanismo de  protección   de   carácter  residual  y  subsidiario,  cuya  finalidad  es  la  protección  inmediata  de  los  derechos  fundamentales  de las personas cuando  quiera   que   los   mismos   se   vean  amenazados  o  conculcados.11 Lo anterior  significa  que  la  acción  de  tutela  sólo procede ante la inexistencia o la  ineficacia  de  otros  mecanismos  judiciales  frente  a  la vulneración de los  derechos fundamentales de las personas.   

No obstante lo anterior, en caso de existir  un  medio  ordinario  de  defensa,  si  éste no resulta efectivo o idóneo para  evitar  un  perjuicio  irremediable  al  titular  del  derecho,  esta  Corte  ha  sostenido   que   la   acción   constitucional  es  procedente  como  mecanismo  transitorio,12   correspondiéndole  entonces  al  juez  de  tutela  efectuar  un  análisis  razonable  y  ponderado en cuanto a la validez y efectividad de dicho  medio judicial alternativo.   

Ahora, en relación con la procedencia de la  acción  de tutela como mecanismo para la protección de derechos fundamentales,  en  este  caso  el  derecho  al  debido proceso, que podrían verse vulnerados o  amenazados  por  actos  de  la  administración, como regla general se tiene que  esta  acción  no  es  la adecuada para controvertirlos, ya que para ello están  previstas    las   acciones   conocidas   por   la   jurisdicción   contencioso  administrativa.  Sin embargo, como excepción a esta regla, la acción de tutela  procederá   cuando  se  utilice  como  mecanismo  transitorio  para  evitar  un  perjuicio                irremediable.13  Al  respecto  ha señalado  esta Corte:   

“(i) que por regla general, la acción de  tutela  es improcedente como mecanismo principal para la protección de derechos  fundamentales   que   resulten  amenazados  o  vulnerados  con  ocasión  de  la  expedición  de  actos administrativos, como quiera que existen otros mecanismos  tanto  administrativos  como  judiciales  para  su  defensa; (ii) que procede la  acción   de   tutela   como   mecanismo   transitorio  contra  las  actuaciones  administrativas  cuando  se  pretenda  evitar  la configuración de un perjuicio  irremediable;  y  (iii)  que  solamente  en estos casos el juez de tutela podrá  suspender  la  aplicación del acto administrativo (artículo 7 del Decreto 2591  de  1991)  u ordenar que el mismo no se aplique (artículo 8 del Decreto 2591 de  1991)  mientras  se  surte  el  proceso  respectivo  ante la jurisdicción de lo  contencioso            administrativo”.14   

En concordancia con lo anterior, el papel del  juez  constitucional  en  estos  casos es el de examinar la eficacia e idoneidad  del  otro medio de defensa judicial, considerando la situación particular de la  parte  actora; es decir, el operador jurídico tendrá en cuenta la inminencia y  gravedad  del  riesgo  al  que se encuentra sometido y la posibilidad de que los  medios  judiciales  ordinarios  resulten útiles para poner fin a la amenaza. En  los  casos  en  los  cuales  procede  la  acción  de  nulidad o la de nulidad y  restablecimiento  del  derecho ante la jurisdicción contencioso administrativa,  inclusive  con  solicitud  de suspensión provisional, el juez de tutela deberá  verificar  en cada caso, si a pesar de éstos instrumentos, la acción de tutela  constituye  el único mecanismo idóneo para proteger temporalmente a la persona  ante   la   amenaza   a   uno   de   sus   derechos   fundamentales.15   

En  conclusión  y  teniendo  en  cuenta  lo  expuesto  anteriormente,  la  acción  de  tutela, en principio, es improcedente  como  mecanismo  principal  para  la  protección  de derechos fundamentales que  resulten  amenazados  o  vulnerados  con  ocasión  de  la  expedición de actos  administrativos,  como  quiera  que  existen otros mecanismos judiciales para su  defensa.   Sin   embargo,   procederá  la  acción  de  tutela  como  mecanismo  transitorio  contra las actuaciones administrativas cuando se pretenda evitar la  configuración  de  un  perjuicio  irremediable como consecuencia de la falta de  eficacia  e  idoneidad  del  otro  medio  de  defensa  judicial, considerando la  situación particular del actor.   

     

1. Prevalencia del  derecho   sustancial  sobre  las  formas.  Artículo  228  de  la  Constitución  Nacional.       Exceso       ritual       manifiesto.       Reiteración      de  jurisprudencia.     

La  Constitución  Nacional  en su artículo  228,  dentro  de  los  principios de la administración de justicia, consagra la  prevalencia  del  derecho  sustancial  sobre  el  procesal,  con la finalidad de  garantizar  que  los  funcionarios  judiciales al aplicar las normas que regulan  los  procedimientos  no  obstaculicen  la  realización  del derecho sustancial.   

Si bien las formalidades o ritos son parte de  todo  proceso  judicial,  dichas  formas han sido establecidas para garantizar a  las  partes  intervinientes el cumplimiento de un debido proceso que respete sus  derechos.   No  obstante,  al  aplicarse  de  manera manifiesta, las normas  atendiendo  únicamente  a  su  texto  o  haciendo una aplicación mecánica, se  incurre en un exceso ritual manifiesto.   

Frente al alcance del artículo 228 superior,  esta Corporación ha señalado lo siguiente:   

“Teniendo  en claro la prevalencia que en  la   administración   de  justicia  debía  tener  el  derecho  sustancial,  el  constituyente  de  1991  lo  estableció como principio de la administración de  justicia  en  el  artículo  228  al  consagrar  que  en  las  actuaciones de la  administración  de  justicia  “prevalecerá  el  derecho  sustancial”. Esta  corporación   al   establecer  el  alcance  de  la  mencionada  norma  ha   dicho:   

“Cuando   el   artículo   228   de  la  Constitución  establece  que  en  las  actuaciones  de  la  Administración  de  Justicia  “prevalecerá el derecho sustancial”, está reconociendo que el fin de  la  actividad  jurisdiccional, y del proceso, es la realización de los derechos  consagrados  en  abstracto  por  el  derecho  objetivo,  y, por consiguiente, la  solución  de  los  conflictos  de intereses.  Es evidente que en relación  con  la  realización  de  los  derechos  y  la  solución de los conflictos, el  derecho  procesal,  y  específicamente  el proceso, es un medio.”16   

1.2.  Un  claro  ejemplo de prevalencia del  derecho  sustancial  sobre  el  procesal  ha  sido  la  admisión de demandas de  inconstitucionalidad   a  pesar  de  no  cumplir  de  manera  estricta  con  los  requisitos  establecidos  en  la normatividad pertinente. La Corte se pronunció  en el siguiente sentido:   

“(…)   Así   las   cosas,  la  Corte  Constitucional    reitera    que   en   la   admisión   de   una   demanda   de  inconstitucionalidad,  así  como  en su examen, se debe aplicar el principio de  la  prevalencia del derecho sustancial sobre el formal. Por consiguiente, cuando  la  ausencia  de  ciertas  formalidades  dentro  del  escrito  presentado por el  ciudadano  no  desvirtúe  la  esencia  de la acción de inconstitucionalidad ni  evite  que  la  Corte determine con precisión la pretensión del demandante, no  hay  ninguna  razón  para no admitir la demanda.”17   

1.3. En materia de tutela, en desarrollo del  principio  contemplado en el artículo 228 constitucional, se dijo que de manera  excepcional  podría  el  juez alejarse del procedimiento establecido con el fin  de proteger el derecho sustancial:   

“2.1.  La  interpretación  adecuada  de la  primacía  anotada significa que los procedimientos legales adquieren su sentido  pleno   en  la  protección  de  los  derechos  de  las  personas.  En  consecuencia,  cuando la aplicación de una norma procedimental  pierde  el  sentido  instrumental  y  finalista  para el cual fue concebida y se  convierte  en  una  mera  forma  inocua o, más grave aún, contraproducente, el  juez  de  tutela  debe  obviar  el  trámite  formal  en  beneficio  del derecho  fundamental afectado.   

2.2.  Por  lo  general,  la mejor manera de  proteger  los  derechos  fundamentales,  se  encuentra  en la observancia de las  formalidades  y  procedimientos  consagrados  en la ley. La hipótesis contraria  solo  posee  carácter  excepcional  – y disfuncional en términos del sistema –  que  sólo puede tener lugar en casos específicos, en los cuales el juez aporta  una   motivación   contundente   que   justifica   la  omisión  procedimental.   

3.   Si  se  tiene  en  cuenta  que  todo  procedimiento  es  un  medio  para  la  protección  de  derechos,  el juez debe  demostrar  en  la parte motiva de su fallo que, en el caso concreto que analiza,  las formalidades impuestas por la ley perdieron tal virtualidad.   

(…)  

5. La relación entre las formas jurídicas  y  los  derechos  sustanciales debe ser analizada en la situación concreta y de  acuerdo  con  el  sentido  que  allí despliegue cada uno de estos elementos. La  preferencia  del  Estado social de derecho por la efectividad de los derechos no  significa  subestimación  “per  se”  de  las  formalidades  y  de  la seguridad  jurídica,  sino  más bien adecuación de medio a fin entre éstas y aquellos”.  (Sentencia    T-283/94.   M.P.   Dr.   Eduardo   Cifuentes   Muñoz)18.”19   

Así  las  cosas,  en  aras de garantizar el  respeto  de  los derechos fundamentales, y evitar la negación de los mismos, en  los   casos  en  que  la  observancia  de  las  formalidades  atente  contra  la  protección  del  derecho  fundamental  quebrantado, éste debe prevalecer sobre  las normas procesales.   

     

1. Aplicación del  precedente jurisprudencial al caso concreto.     

Teniendo en cuenta los antecedentes expuestos  en  acápite  anterior, pasa la Sala a resolver el caso concreto.  El actor  Eduardo  Luis  Pacheco  Juvinao  instauró  la  presente  acción  en contra del  Consejo  Superior  de  la  Carrera Notarial y la Universidad de Pamplona, con la  finalidad  de  obtener  la  protección  de  sus  derechos  al debido proceso al  trabajo  y  al  acceso  a  la función pública, que considera vulnerados con la  decisión  adoptada  por  las entidades accionadas al no reconocer a su favor el  valor  de diez puntos correspondientes a una especialización en derecho privado  económico,  cursada  en  la  Universidad  Santo Tomás durante los años 1979 y  1980.   Según el accionante, como prueba de la especialización cursada en  la    Universidad    Santo   Tomás,   allegó   un   certificado   – diploma expedido por la institución  universitaria,  documento  que  en  la valoración de méritos y antecedentes no  fue  tenido  en  cuenta  y  como  consecuencia,  no  se le reconoció el puntaje  correspondiente al ítem de estudios de postgrados.   

Las  entidades accionadas, en respuesta a la  acción  de  tutela,  coinciden  en señalar que las directrices del concurso se  encuentran  establecidas  en la ley 588 de 2000, el Decreto 3454 de 2006, en los  Acuerdos  01  de  2006  y  2007  y  especialmente  en  la  convocatoria y que el  tutelante  previamente  a  la  inscripción  y al concurso, conoció las bases y  requisitos  exigidos.   Afirman,  que la calificación obtenida se ajusta a  los  parámetros establecidos en las normas que regulan el concurso, razones por  las  cuales  consideran  que no han vulnerado los derechos del actor.  Ello  obedece  a que el certificado allegado por el concursante no es un “acta” ni  un   “diploma”,   como   lo   exige   una   de   las  normas  que  rigen  el  concurso.   

En este sentido, la Sala entra a estudiar la  procedencia  de  la  acción de tutela para el caso concreto. Ya se había dicho  que  el juez constitucional frente a las acciones de tutela encaminadas a atacar  actos  administrativos  debe  examinar la eficacia e idoneidad del otro medio de  defensa                   judicial,20  es decir, se debe tener en  cuenta  la  inminencia  y  gravedad  del  riesgo al que se encuentra sometido el  accionante  y  la  posibilidad  de que los medios judiciales ordinarios resulten  útiles para poner fin a la amenaza.   

En este caso, considera la Sala que, si bien  el  mecanismo ordinario para controvertir el acto administrativo en debate es la  acción  de  nulidad  y restablecimiento del derecho, el anterior instrumento no  resulta  idóneo  para garantizar la real y efectiva protección de los derechos  del  accionante  toda vez que este procedimiento ordinario supone unos trámites  que  no  concluirían  de manera oportuna, es decir, antes de que se adopten las  decisiones  determinantes  sobre  el  acceso  a  los  cargos de notario para los  cuales se concursó.   

Con relación a la procedencia de la acción  de  tutela  interpuesta  como  consecuencia  de  una  irregularidad dentro de un  concurso de mérito, esta Corporación ha sostenido que:   

“En lo que hace referencia a los concursos  de  méritos  para acceder a cargos de carrera, en numerosos pronunciamientos la  Corte  ha  reivindicado  la  pertinencia  de la acción de tutela, a pesar de la  presencia  de  la  acción  de  nulidad  y  restablecimiento del derecho ante la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo,  por  cuanto esta última no  ofrece  la suficiente solidez para proteger en toda su dimensión los derechos a  la   igualdad,  al  trabajo,  al  debido  proceso  y  de  acceso  a  los  cargos  públicos.”  (Sentencia  T-514  de 2005. M.P. Clara  Inés          Vargas          Hernández).21   

Por  consiguiente,  encuentra  esta  Sala  procedente  la acción de tutela interpuesta, como mecanismo principal.  En  este  caso,  la  acción  de  tutela  viene  a  suplir el espacio de desamparo o  desprotección  del  derecho  fundamental  que  deja el mecanismo alternativo de  defensa  judicial,  por  no  ser  adecuado y carecer del atributo de la eficacia  requerida   para   la   efectiva   y   real  protección  del  referido  derecho  fundamental.  Al respecto, esta Corporación ha sostenido:   

“La  Corte,  empero,  encuentra necesario  hacer  la  siguiente  precisión: cuando el juez de tutela halle que existe otro  mecanismo  de defensa judicial aplicable al caso, debe evaluar si, conocidos los  hechos  en  los  que  se  basa  la  demanda y el alcance del derecho fundamental  violado   o   amenazado,  resultan  debidamente  incluidos  TODOS  los  aspectos  relevantes  para  la  protección  inmediata,  eficaz  y  COMPLETA  del  derecho  fundamental  vulnerado,  en  el  aspecto  probatorio  y  en  el de decisión del  mecanismo  alterno  de  defensa. Si no es así, si cualquier aspecto del derecho  constitucional  del  actor,  no  puede  ser  examinado  por  el juez ordinario a  través  de  los procedimientos previstos para la protección de los derechos de  rango  meramente  legal,  entonces,  no sólo procede la acción de tutela, sino  que   ha   de  tramitarse  como  la  vía  procesal  prevalente.  Así  como  la  Constitución  no  permite  que se subplante al juez ordinario con el de tutela,  para  la  protección  de  los  derechos  de rango legal, tampoco permite que la  protección   inmediata   y   eficaz   de   los   derechos   fundamentales,  sea  impedida   o  recortada por las reglas de competencia de las jurisdicciones  ordinarias”.22   

Ahora  bien, del recuento fáctico anterior,  se  derivan  dos temas que deben desarrollarse: (i) primero, la modalidad en que  se  realizó  la  especialización  en derecho privado económico, atendiendo el  régimen  aplicable  en ese entonces y (ii) segundo, el medio de prueba allegado  al   órgano   competente   para   demostrar  la  realización  del  estudio  de  postgrado.   

(i)   En   relación   con   el   primer  cuestionamiento,  considera esta Sala que el curso de especialización realizado  por  el  señor Pacheco Juvinao en la Universidad Santo Tomás durante los años  1979  y 1980, no fue un curso de profundización dentro del programa de pregrado  y  por  el  contrario,  prima facie, tiene la calidad de un programa adicional a  los cursos de pregrado, según las reglas vigentes para la fecha.   

De  acuerdo  con  el  Decreto  225  de 1977,  modificado  por  el Decreto 1018 de la misma anualidad, que contiene el régimen  legal  que  regía  para  la  fecha  en  la  que  el  actor realizó el curso de  especialización,  para  obtener  el título de abogado se requería, además de  culminar  las  materias  comprendidas  en  el plan de estudios de pregrado de la  Universidad,  aprobar  los  exámenes  preparatorios y presentar y sustentar una  tesis de grado.   

En  efecto, el artículo 14 del Decreto 225,  modificado   por   el   artículo  4  del  Decreto  1018  de  1977,  dispone  lo  siguiente:   

“Artículo 4º El artículo 14 del Decreto  225 de 1977, quedará así:   

Artículo  14. (Transitorio). Quienes hayan  cursado  y  aprobado la totalidad de las materias de la carrera con anterioridad  al  31  de  diciembre  de 1977 en programas anuales, o al 21 de julio de 1978 en  programas  semestrales,  obtendrán  su  título  de  abogado  con arreglo a las  siguientes disposiciones:   

a) Derecho político.  

b)    Derecho    privado,    penal    o  laboral.   

c) Teoría del proceso y derecho probatorio  y,  además,  derecho  procesal  del área que escoja, de acuerdo con el literal  b).   

2)  Presentación  y  sustentación  de una  tesis  de  grado  sobre  tema  jurídico  concreto  en  el área escogida por el  estudiante,  si  opta  por  el sistema de exámenes preparatorios, o en el área  correspondiente    al    curso,   de   especialización   si   se   decide   por  éste”.   

No   obstante   lo  anterior,  el  decreto  estableció  unos  estímulos  con  la finalidad de promover algunas actividades  que  en  ese momento se consideraban valiosas, como lo era el prestar servicio o  colaboración  a  la  Rama  Judicial y hacer estudios adicionales a los mínimos  exigidos  para  obtener  el  título  en  pregrado,  cuyo objetivo era lograr la  especialización  del  abogado.   En esa medida, los beneficios consagrados  para   que   los   estudiantes   egresados  obtuvieran  el  título  fueron  los  siguientes:   

    

1. El  egresado,  si escogía la vía académica, podía compensar los  exámenes  preparatorios  realizando  y  aprobando  un curso de especialización  cuya  duración  mínima  debía  ser  de  un año.  Adicionalmente, debía  presentar  una  tesis  correspondiente al área del curso escogido, es decir, el  trabajo  de  grado  en  estos  casos  tenía  un nivel superior como fruto de la  especialización realizada.     

    

1. El  egresado, si escogía la vía de la práctica, podía compensar  la  tesis  realizando una práctica judicial o judicatura durante un año.   Adicionalmente,  debía  presentar  los  exámenes  preparatorios  en las áreas  designadas.     

Ello  se  deduce  de  los  parágrafos  del  artículo anterior citado:   

Parágrafo I. Los exámenes preparatorios se  pueden  compensar  con  la  aprobación  de  un  curso  de especialización cuya  duración  mínima  sea  de  un  año,  en una de las siguientes áreas: derecho  político, derecho privado, derecho penal o derecho laboral.   

La tesis de grado se puede compensar con la  prestación  de  un  año  de judicatura o de servicio profesional en los cargos  señalados en el numeral 3º del artículo 7º de este Decreto.   

Parágrafo  II.  Los egresados a quienes se  refiere  este  artículo  podrán  igualmente, para optar al título de abogado,  acogerse al sistema señalado en este Decreto”.   

Como  se puede observar, si bien el curso de  especialización  contemplado  en  el  decreto  anteriormente  citado  se podía  realizar  previo  a recibir el título de abogado, este curso no hacía parte de  los  programas de pregrado. Era adicional al mismo.  Además, el que optara  por  esa  vía  debía  cumplir  con  la  elaboración  de  una  tesis según la  especialización tomada.   

Así las cosas, a juicio de la Corte, para el  año  de  1979  el  curso  de  especialización  en  derecho  privado económico  realizado  por  el  accionante  Eduardo  Luis  Pacheco Juvinao en la Universidad  Santo  Tomás,  tiene  –  prima   facie   –   la  condición  de programa diferente al de pregrado, toda vez que la modalidad bajo  la  cual  se  realizó  la  especialización,  se  reitera,  no la despoja de su  carácter  esencial  de  ser  un  programa  adicional a las materias propias del  pregrado.   En  el  expediente,  obra  una certificación de la Universidad  Santo      Tomás      en      ese      sentido.23   

(ii) El segundo tema a tratar, y que se erige  en   otra   razón   aducida   por   las  entidades  accionadas  para  negar  el  reconocimiento  del  curso  como especialización, es de orden probatorio.   La  tesis  central  radica  en  que  el  documento  allegado  por  el actor para  acreditar  sus estudios de especialización, no se supedita a lo señalado en el  marco  legal  que  regula  el  concurso  de  méritos para ingresar a la carrera  notarial.    

Este marco legal está comprendido por la Ley  588   de   2000,  el  Decreto  3454  de  2006  y  los  acuerdos  01  de  2006  y  2007.   

Sobre este tema en particular, la Ley 588 de  2000 en su artículo 4 dispone:   

“ARTÍCULO  4º: Para la calificación de  los  concursos se valorará especialmente la experiencia de los candidatos, así  como  la  capacidad  demostrada  en  actividades  relacionadas  con  el servicio  notarial,  antigüedad  en el mismo, capacitación y adiestramiento que hubieren  recibido   en   materias  propias  del  notariado,  obras  de  investigación  y  divulgación,  estudios  de postgrado y estudios de especialización o diplomado  s,  particularmente los relacionados con el notariado, así como el ejercicio de  la  cátedra  universitaria  y  la  participación  y desempeño en funciones de  orden   legislativo,   gubernativo  y  judicial.  Todos  estos  factores  serán  concurrentes.  (…)  El  concurso  se  calificará  sobre  cien  puntos,  así:   

(…)  Especialización  o  postgrados diez  (10) puntos.(…)”   

De  otro  lado,  el  Decreto  3454  de 2006  mediante  el  cual  se reglamenta la Ley 588 de 2000, en el artículo 5, literal  h, establece:   

“Artículo  5°.  Documentación  exigida  para  acreditar requisitos. En los términos de la Ley 588 de 2000 y del Decreto  960  de  1970,  para acreditar el cumplimiento de los requisitos para aspirar al  cargo  de  notario  y  la  experiencia,  títulos y obras que se pretendan hacer  valer, se aceptarán los siguientes documentos:   

h) Para acreditar estudios de postgrado, en  los  términos  del  artículo  10 de la Ley 30 de 1992, los aspirantes deberán  aportar   una   copia  del  diploma  y  del  acta  de  grado  en  tratándose  de  estudios  adelantados  en  instituciones  universitarias  de  educación superior domiciliadas en el país.  En  caso de que el título haya sido obtenido en el exterior, se deberá aportar  copia  del título y certificado de convalidación expedido por el Ministerio de  Educación.  Por  título de postgrado que se acredite debidamente, el aspirante  tendrá  derecho  a  diez  puntos  sin  que  en  ningún caso se asigne por este  concepto  un  puntaje  superior.”  (subraya fuera de  texto).   

A  su vez, el artículo 3 del Acuerdo No. 01  de   2007   que   modificó   el  artículo  11  del  Acuerdo  No.  01  de  2006  señala:   

“Artículo   3.-  El  ordinal  12  del  artículo 11 del Acuerdo No. 01 de 2006, quedará así:   

“12. Los estudios de postgrado, tal como  los  define  el  artículo 10 de la ley 30 de 1992, se  acreditarán  con  una  copia  del  diploma  y/o  del  acta de grado   en   tratándose   de   estudios  adelantados  en  instituciones  universitarias  de  educación superior domiciliadas en el país. En caso de que  el  título  haya  sido  obtenido  en  el exterior, se deberá aportar copia del  título   y   certificado  de  convalidación  expedido  por  el  Ministerio  de  Educación,   o   por   la  autoridad  competente.”  (Subraya fuera de texto).   

En ese orden de ideas, es claro para la Sala  que,  en  principio,  los  documentos  exigidos  para  acreditar los estudios de  postgrados  se  reducen  a una copia del diploma y/o acta de grado. Sin embargo,  en  el  caso objeto de estudio el accionante, para acreditar la especialización  cursada  y aprobada, allega un certificado expedido por la facultad de Derecho y  Ciencias  Políticas  de la Universidad Santo Tomás.  Dicho certificado es  diferente  al título de pregrado y está contenido en un documento específico,  separado  y autónomo, expedido por la Universidad en ejercicio de su autonomía  académica.24   

Frente  a  esta situación, se debe tener en  cuenta  que  el  accionante aportó el documento que soportaba la realización y  aprobación  del  curso  de  especialización  que había realizado. Además, es  necesario  resaltar  la  modalidad  en  que  se realizó la especialización por  parte  de  la  Universidad,  atendiendo  el  régimen legal que operaba para ese  entonces.   

Establecida  como  está,  prima  facie,  la  condición  de  programa de especialización al curso realizado por el actor, el  hecho  de haberse expedido un certificado y no un diploma o acta por parte de la  institución  universitaria, para dar fe de la aprobación del curso, no deviene  en  un  argumento  suficiente  para  menoscabar  la condición o característica  esencial  del  curso  de  especialización  y  por consiguiente para rechazar el  único medio probatorio existente.   

En  este  caso,  si  el  actor adquirió un  conocimiento  especializado  en  el  respectivo  curso de especialización de la  Universidad  Santo  Tomás,  y  éste  se  encuentra  acreditado  por  la  misma  institución,  se  imponía  el  reconocimiento  del  certificado anexado. De lo  contrario,  prevalecería  lo  formal  sobre  lo  sustancial  y se incurre en un  exceso  de  ritualismo,  ya  que  el  documento  de prueba estaría sujeto a una  tarifa  probatoria  en  extremo rigurosa cuando se aplica a momentos académicos  sujetos  a  reglas  vigentes hace cerca de treinta años. Lo cierto es que nadie  desconoce  que  el  curso  de especialización posterior al programa de pregrado  fue  cursado  y  aprobado  por  el tutelante, pero se le niega la posibilidad de  demostrar   esa   realidad   mediante   un   documento  denominado  ‘certificado’.    Como  consecuencia  de  lo  anterior,     debe     operar    a    favor    del    accionante    –  quien  cumplió  inicialmente todos  los  requisitos  exigidos  para  ser  participante  en  el  concurso de notarios  –   el   principio  de  primacía  del  derecho sustancial sobre las formas, toda vez que las normas del  concurso  fueron  interpretadas  y  aplicadas  en detrimento de los derechos del  señor  Pacheco  Juvinao.  Sólo la negativa de la Universidad Santo Tomás  a  reconocer  dicho  curso  de  especialización  como  un programa posterior al  pregrado,  podría  justificar una conclusión diferente.  En este caso, al  contrario,   la   Universidad   manifestó   por   escrito  que  “Que  EUDARDO  LUIS  PACHECO  JUVINAO,  identificado  con cédula de  ciudadanía  No.  19.237.940  de Bogotá, cursó y aprobó todas las asignaturas  correspondientes  al  curso  de  Especialización en DERECHO PRIVADO ECONÓMICO,  durante  los  períodos  académicos  comprendidos  entre, agosto a diciembre de  1979  y  febrero  a  junio  de  1980,  con  una  intensidad  horaria de 15 horas  semanales.   //   El  curso  de  Especialización  en  DERECHO PRIVADO  ECONÓMICO  fue  uno  de  los  requisitos  exigidos  por el Decreto 225 de 1977,  modificado  por  el  Decreto  1018  del  mismo  año,  para  optar el título de  abogado.”   

En  razón  de lo expuesto, la Sala coincide  con  el  Consejo Superior de la Judicatura en que la tutela debe ser concedida y  en  ese  sentido  se  confirmará la decisión de segunda instancia, ordenando a  las  entidades accionadas que por razones puramente formales no dejen de valorar  programas  de  postgrados,  dentro de los parámetros establecidos en las normas  reguladoras  del concurso, con el fin de garantizar el respeto al debido proceso  y la primacía del derecho sustancial de los participantes.   

     

I. DECISION     

En mérito de lo expuesto, la Sala Segunda de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE:  

Primero.-  CONFIRMAR el fallo proferido  por  el  Consejo  Superior  de  la Judicatura, y como consecuencia, CONCEDER  la tutela al debido proceso del  señor  Eduardo  Luis  Pacheco  Juvinao  para  amparar su derecho fundamental al  debido   proceso  en  conexidad  con  el  principio  de  primacía  del  derecho  sustancial.   

Segundo.- ORDENAR al  Consejo  Superior  de la Carrera Notarial y a la Universidad de Pamplona, que en  el  término de cuarenta y ocho (48) horas contadas a partir de la notificación  de  esta  sentencia,  disponga  lo necesario para dar pleno valor al certificado  expedido  por  la  Universidad  Santo  Tomás,  mediante  el cual se acredita la  aprobación  del  curso  de  especialización  en Derecho Privado Económico por  parte  del  accionante,  Eduardo  Luis  Pacheco  Juvinao,  salvo  que  la propia  universidad    niegue    que    dicho    curso    puede    tener   dicho   valor  académico.   

Tercero.-  Por  Secretaría,  líbrese  la comunicación prevista en el artículo 36 del Decreto  2591 de 1991.   

MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA  

Magistrado Ponente  

JAIME CÓRDOBA TRIVIÑO  

Magistrado  

RODRIGO ESCOBAR GIL  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SACHICA MENDEZ  

1  Manifiesta  que dicha especialización la realizó durante los años 1979 y 1980  y  que  la  misma  en  ese  entonces  era  requisito para adquirir el título de  abogado.  Ver  a  folios  24,  26  y  28  del  cuaderno  principal,  copias  del  certificado  diploma  y  de  las  constancias expedidas por la Universidad Santo  Tomás.   

2 Ver  folios 59 al 72 del cuaderno 1.   

3 M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa.   

4  Sentencia T-572 de 1994 MP: Alejandro Martínez Caballero.   

5  Sentencia  T-572  de  1994 MP: Alejandro Martínez Caballero. La Corte, antes de  tocar  el tema de fondo en la acción de tutela se pronunció sobre procedencia   de   la   tutela   por   entidades   públicas  y  la  improcedencia  de la nulidad por falta de notificación de un particular, cuando  la acción de tutela está dirigida contra una autoridad pública.   

6  Sentencia T-555 de 1999 MP: José Gregorio Hernández Galindo.   

7  Sentencia T-022 de 2000 MP: José Gregorio Hernández Galindo.   

8  La  sentencia  complementaria  negaba  el  reintegro  a  la  institución  en la que  trabajaba  el  tutelante,  el  cual  ya  había  sido  ordenado  en la sentencia  original.   

9  El  tutelante   había   obtenido   la   nulidad  del  acto  administrativo  que  lo  desvinculaba  del Ministerio de Hacienda y Crédito Público y se había fallado  a  favor del restablecimiento de su derecho, ordenando el reintegro al cargo del  cual  había sido retirado o a otro de igual o superior categoría, así como la  cancelación  de  los  sueldos, primas, bonificaciones y demás prestaciones que  se  hubiesen  podido  causar  en  su favor desde cuando se produjo el retiro del  servicio hasta la fecha en que se diera cumplimiento al fallo.   

10 La  sentencia  T-450  de  2001 (Manuel José Cepeda Espinosa) decidió la acción de  tutela  contra el Juzgado 15 de Familia de Bogotá por Apóstol Espitia Beltrán  por  que  la  decisión  adoptada por la autoridad judicial, mediante la cual se  aumentó  la  cuota  alimentaria reconocida en favor de su hija, configuraba una  vía  de  hecho puesto que el funcionario judicial, al ordenar el reajuste de la  cuota,  no  apreció  las circunstancias particulares en las que se encuentra el  actor:  un  hombre de 63 años que, con los ingresos provenientes de su pensión  de  jubilación,  debe  responder  -también- por una familia compuesta de cinco  personas.   

11   Ver las sentencias T-965 de 2004, T-408 de 2002  T-432  de 2002 y  SU-646 de 1999.   

12 Ver  también  las  sentencias:  T- 1277 de 2005, T-815 de 2000, T-716 de 1999, T-554  de  1998, T-414 de 1998, T-235 de 1998, T-331 de 1997, T-026 de 1997 y T- 287 de  1995.   

13 Ver  entre otras, sentencias T-771 de 2004 y T-600 de 2002.   

14    Sentencia  T-514 de 2003. Ver también las sentencias  T-596  de  2001,  T-754  de  2001, T-873 de 2001, C-426 de 2002 y T-418 de 2003,  entre otras.   

15  Sentencia T-067de 2006.   

16 Ver  sentencia   C-029/95,  M.P.  Jorge  Arango  Mejía  (Correspondió  a  la  Corte  determinar  la constitucionalidad del artículo 4º del Código de Procedimiento  Civil  que  establece  la  interpretación  de las normas procesales teniendo en  cuenta  que  el  objeto  de los procedimientos es la efectividad de los derechos  reconocidos  por  la ley sustancial. La Corte, al declarar la constitucionalidad  del  texto  demandado,  reiteró  la  naturaleza  de  medio que tiene el derecho  procesal   con   respecto   al   material   y   su   importancia   en  cuanto  a  tal.)   

17 Ver  sentencia   C-084/95,  M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero  reiterada  por  la  C-232/97,   M.P.   Jorge   Arango  Mejía  y  la  C-779/01,  M.P.  Jaime  Araujo  Rentería   

18 En  esta  ocasión  la  Corte  no  concedió la tutela por considerar que el juez de  tutela  debería  respetar  el  proceso de declaración de abandono que hasta el  momento  venía  llevando  el  Bienestar  Familiar  esperando a que en la debida  contradicción  que  en el mismo se presentara, el accionante lograra desvirtuar  la  necesidad  de la declaración de abandono para que la menor volviera con él  y  su  compañera  permanente  a  pesar  de no ser padres naturales de la menor,  situación  que  fue  posible  lograr  cuando  por  orden del ICBF se otorgó la  custodia   provisional   de   la   menor   a   la   compañera   permanente  del  peticionario,   después  de aclarados los hechos para  del Bienestar.  El  juez  de  primera instancia había considerado que debía aplicar el derecho  sustancial  a tener una familia por encima de los procedimientos del ICBF motivo  por el cual en primera instancia se había concedido la tutela.   

19  Sentencia T-1306 de 2001 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.   

20  Decreto 2591 de 1991, artículo 6.   

21 Se  destacan,   entre   muchas   otras,   las   sentencias   T-046/95,  T-256/95,                       T-389/95,  T-433/95,                       T-475/95,  T-455/96,                       T-459/96,  SU.133/98,                       SU.134/98, SU.135/98,                       SU.136/98, SU-086 de  1999,                           T-455/00,  SU.1114/00,       T-624       de       2000,      T-1685/00, T-451 de  2001, SU-613 de 2002, T-484 de 2004 y T-962 de 2004.   

22  Sentencia SU-133 de 1998. M.P. José Gregorio Hernández Galindo.   

23  “EL  SECRETARIO  GENERAL DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO  TOMAS  (…)  HACE  CONSTAR:  Que EUDARDO LUIS PACHECO JUVINAO, identificado con  cédula  de  ciudadanía  No.  19.237.940 de Bogotá, cursó y aprobó todas las  asignaturas  correspondientes  al  curso  de Especialización en DERECHO PRIVADO  ECONÓMICO,  durante  los  períodos  académicos  comprendidos  entre, agosto a  diciembre  de  1979  y febrero a junio de 1980, con una intensidad horaria de 15  horas  semanales.  //  El curso de Especialización en DERECHO PRIVADO  ECONÓMICO  fue  uno  de  los  requisitos  exigidos  por el Decreto 225 de 1977,  modificado  por  el  Decreto  1018  del  mismo  año,  para  optar el título de  abogado.”   

24  “UNIVERSIDAD  SANTO  TOMAS.  La  facultad  de  Derecho  y  Ciencias Políticas  teniendo  en  cuenta  que  Eduardo  Luis Pachecho Juvinao Aprobó el “Curso de  Especialización”  en  Derecho  Privado  Económico,  le  confiere el presente  certificado”.     

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