T-078-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-078-09  

  Referencia:  expediente  T-2.043.327   

Magistrada Ponente:  

Dr. CLARA INÉS VARGAS HERNÁNDEZ  

Bogotá,  D.C.,  doce (12) de febrero de dos  mil nueve (2009).   

La  Sala  Novena  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,  integrada  por  los  Magistrados CLARA INÉS VARGAS HERNÁNDEZ,  JAIME  ARAÚJO  RENTERÍA  y  CLARA ELENA REALES GUTIÉRREZ, en ejercicio de sus  competencias  constitucionales  y  legales,  en particular las contenidas en los  artículos  86  y 241, numeral 9, de la Constitución y el decreto 2591 de 1991,  profiere la siguiente   

SENTENCIA   

dentro  del  proceso  de revisión del fallo  emitido  por  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Aracataca, Magdalena, en el  trámite  de  la  acción  de  tutela interpuesta por los señores José Ignacio  Pertuz   Molina,  Carlos  Arturo  González  García,  Diego  Díaz  Rodríguez,  Heriberto  Serrano Torne, Daniel Iriarte Escamilla, Edgar Vega Lara, Karen Duran  Palma  y  Senen  Enrique  Martínez  Medina  contra  el  municipio de Aracataca,  Magdalena.   

I. ANTECEDENTES.  

Los  actores,  actuando  en  nombre  propio,  instauran  acción  de  tutela  contra el municipio de Aracataca, por considerar  que  éste les ha vulnerado sus derechos fundamentales al trabajo, mínimo vital  y  debido  proceso,  al  reestructurar la Empresa de Acueducto, Alcantarillado y  Aseo  de Aracataca E.S.P., ordenando, además, la supresión de los cargos en el  área  en  que  ellos  se  desempeñaban.   Sustentan  su  demanda  en  los  siguientes   

1.- Hechos.  

Los  accionantes  manifiestan  que  el 20 de  diciembre  de  2007, el Alcalde municipal de Aracataca, en uso de las facultades  conferidas  por el Concejo Municipal mediante Acuerdo No. 008 del 12 de marzo de  2007,  expidió  el  decreto  107  de 2007, ordenando en su parte resolutiva, la  supresión  de  la  Empresa Industrial y Comercial del Estado denominada Empresa  de  Acueducto,  Alcantarillado y Aseo de Aracataca, a partir del 21 de diciembre  de  2007  y,  como  consecuencia,  la  supresión  de los cargos de la planta de  personal   encargada   de  la  prestación  de  los  servicios  de  acueducto  y  alcantarillado.   

Señalan que el citado acto administrativo no  contempla  indemnización  alguna a los trabajadores que resultaron perjudicados  con  la  medida,  ni  se  establece  qué  entidad es competente para el pago de  salarios  y  prestaciones  que  les adeudan. Además exponen que “ese  mismo  Decreto, no señala si se va a presentar la sustitución  patronal  o  no,  ya  que  de  él se desprende que van a entregar la empresa de  Acueducto  y  Alcantarillado  a  un operador distinto, pero por ninguna parte el  aludido  decreto  se preocupó por a situación en que quedamos todos y cada uno  de  los  trabajadores  de  la  empresa;  ya que de los salarios allí devengados  derivamos  nuestro  sustento  y  el  de la familia que está compuesta por hijos  menores, en edad escolar”.   

Consideran que con la expedición del decreto  107  de  2007,  se  vulneran  sus derechos al trabajo, por no tener en cuenta la  situación  a  la  que  quedaban  expuestos  al  suprimir  su  única  fuente de  ingresos,  afectándose también su mínimo vital, lo que los coloca en un grave  estado  de  indefensión.   Manifiestan  que  el debido proceso también se  viola  con  el  citado  acto  administrativo,  toda  vez  que el Alcalde asumió  funciones  que  le  competen  a  la  Superintendencia de Servicios Públicos, de  acuerdo  a  lo  establecido  en el artículo 59 numeral 8 de la Ley 142 de 1994,  actuando  además  de  manera  contraria  a lo consagrado en los estatutos de la  empresa.   

Afirman  que  acuden  a la acción de tutela  como  mecanismo  transitorio  para  evitar  un perjuicio irremediable, ya que al  suprimir  la  empresa  quedarían  “sin trabajo, sin  salarios  y  sin  una indemnización de acuerdo al tiempo servido”.    

Por   último,   solicitan  se  ordene  la  suspensión  del  decreto  107 de diciembre de 2007, hasta tanto no sea resuelta  su legalidad por la jurisdicción competente.   

2.-    Trámite  procesal.   

El Juzgado Promiscuo Municipal de Aracataca,  mediante  auto  de  fecha  31  de  marzo  de  2008, avocó el conocimiento de la  presente   acción  y  dispuso  que  la  misma  fuera  comunicada  al  Municipio  accionado,  a  efectos  de  que  ejerciera  su  derecho  de defensa, entidad que  emitió respuesta en los términos que se exponen a continuación.   

3.-    Contestación   de   la   entidad  accionada.   

Afirma que la Empresa de Servicios Públicos,  es  un  ente  descentralizado  del orden municipal que desarrolla actividades de  naturaleza  industrial  y  comercial,  de  acuerdo  con  las  reglas del derecho  privado.   Igualmente que dicha empresa, posee autonomía financiera razón  por  la  cual  el  municipio no es responsable de asumir su pasivo laboral, así  como  lo  correspondiente  a  la  liquidación  de  los  salarios,  prestaciones  sociales y demás emolumentos de carácter laboral.   

4.- Pruebas.  

A  continuación  se  relaciona  el material  probatorio relevante que obra en el expediente:   

    

* Copia  del  decreto No. 107 del 12 de Diciembre de 2007 (folios 6 al  10).     

    

* Copia  del  Acuerdo  No.  07 del 13 de febrero de 2007 (folios 11 al  13).     

    

* Copia   de   la   Resolución   No.   003  de  1998  (folios  14  al  37).     

    

* Copia   de  listado  de  beneficiarios  afiliados  al  municipio  de  Aracataca (folios 38 al 45).     

II.   DECISIÓN   JUDICIAL   OBJETO   DE  REVISIÓN.   

1.- Decisión de instancia.  

El Juzgado Promiscuo Municipal de Aracataca,  Magdalena,  mediante  sentencia  de  abril  14  de  2008,  tuteló  los derechos  invocados  por los señores José Ignacio Pertuz Molina, Carlos Arturo González  García,  Diego  Díaz  Rodríguez,  Heriberto  Serrano  Torne,  Daniel  Iriarte  Escamilla,  Edgar  Vega  Lara,  Karen  Duran  Palma  y  Senen  Enrique Martínez  Medina.    En   esta  providencia,  se  ordenó  al  Alcalde  Municipal  de  Aracataca,  que  dentro  de  las  cuarenta  y  ocho  (48)  horas siguientes a la  notificación  de  la  decisión, inaplicara el decreto 107 de 2007, hasta tanto  la  jurisdicción  de lo Contencioso Administrativo decidiera sobre la legalidad  de dicho acto.   

Consideró  el  despacho,  que de los hechos  expuestos,  se advertía la “inminencia de un daño o  menoscabo  graves  de  un bien que reporta gran interés para los trabajadores y  para  el  ordenamiento  jurídico,  y  que  se  haría  inevitable la lesión de  continuar  una  determinada  circunstancia  de  hecho.  El fin que persigue  esta  figura  es  la  protección  del  bien  debido  en justicia, el cual exige  lógicamente  unos  mecanismos  transitorios,  urgentes  e  impostergables,  que  conllevan,  en  algunos  casos,  no una situación definitiva, sino unas medidas  precautelativas”.   

III.  CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS.   

1.- Competencia.  

Esta  Corte  es  competente para revisar los  fallos  mencionados,  de  conformidad  con lo establecido en los artículos 86 y  241-9  de  la Constitución Política, en los artículo 31 a 36 del decreto 2591  de 1991 y en las demás disposiciones pertinentes.   

2.-  Presentación  del caso y planteamiento  del problema jurídico.   

2.1.   Los  actores  a  través  de  la  presente   acción   de   tutela,   invocan   la  protección  de  sus  derechos  fundamentales  al trabajo, debido proceso y mínimo vital, de manera transitoria  a   fin   de  evitar  un  perjuicio  irremediable  tanto  a  ellos  como  a  sus  familias.   En  consecuencia  solicitan  se  ordene  la  inaplicación  del  decreto  107  de  diciembre  20 de 2007, proferido por la Alcaldía Municipal de  Aracataca,  por  medio  del cual se ordenó la restructuración de la Empresa de  Acueducto,  Alcantarillado  y  Aseo de Aracataca E.S.P., en lo que respecta a la  prestación del servicio de acueducto y alcantarillado.   

Lo  anterior debido a que al suprimir dichas  funciones   de   la   empresa,   los   actores   quedarían  en  condiciones  de  desprotección,  lo que no les permitiría satisfacer sus necesidades mínimas y  las de sus familias.   

2.2. El juez de instancia en tutela concedió  el  amparo al estimar que en el asunto bajo estudio estaban dadas las exigencias  jurisprudenciales  para  hacer  procedente  la  acción de tutela como mecanismo  transitorio  a  fin  de  evitar un perjuicio irremediable, por tanto, ordenó al  alcalde  del  municipio  en cita la inaplicación del decreto 107 de 2007, hasta  que  la  jurisdicción  de  lo contencioso administrativo decidiera acerca de la  legalidad del citado acto.   

2.3.  De  acuerdo con la situación fáctica  planteada  y  la decisión adoptada por el juez de instancia, corresponde a esta  Sala  establecer  si en el presente caso la alcaldía municipal de Aracataca, al  expedir  el  decreto 107 del 20 de diciembre de 2007, por medio del cual ordenó  la  restructuración  de  la  Empresa  de  Acueducto,  Alcantarillado  y Aseo de  Aracataca  E.S.P.,  vulneró  los  derechos  fundamentales  al  trabajo,  debido  proceso y mínimo vital, de los accionantes.   

Sin   embargo,   tal  planteamiento  exige  establecer  de  manera  preliminar,  si  la  presente  acción  cumple  con  los  requisitos  de  procedibilidad  de  la  acción  de  tutela.  Para resolver este  aspecto,  la  Sala  (i) reiterará la jurisprudencia relativa a la improcedencia  de  tutela  cuando  existe  otro mecanismo de defensa judicial y aún existiendo  éste,  (ii)  cuales  son  requisitos  para que se configure la existencia de un  perjuicio   irremediable  que  haga  legítima  la  procedencia  de  ésta  como  mecanismo transitorio.   

3.  Procedibilidad excepcional de la acción  tutela       contra       actos       administrativos.      Reiteración      de  jurisprudencia.   

3.1.    Como  ha  sido  reiterado  en  múltiples  ocasiones  por  esta  Corporación,  la  acción  de  tutela  es  un  mecanismo   de  origen  constitucional  de  carácter  residual,  subsidiario  y  cautelar,  encaminado  a  la protección inmediata de los derechos fundamentales  de   las   personas  que  están  siendo  amenazados  o  conculcados1.  Ello en  consonancia  con  el artículo 86 de la Constitución y el artículo 6º numeral  1,  del  decreto  2591 de 1991 que establecen como causal de improcedencia de la  tutela:  “[c]uando existan otros recursos o medios de  defensa  judiciales,  salvo  que  aquella  se utilice como mecanismo transitorio  para  evitar un perjuicio irremediable.  La existencia de dichos mecanismos  será   apreciada   en  concreto,  en  cuanto  a  su  eficacia,  atendiendo  las  circunstancias    en    que    se    encuentre    el    solicitante.”.   El  carácter  subsidiario  y  residual de la acción de  tutela   ha   servido  a  la  Corte  Constitucional2   para  explicar  el  ámbito  restringido  de  procedencia  de  las  peticiones  elevadas con fundamento en el  artículo  86  de  la  Carta  Política,  más  aún  cuando el sistema judicial  permite  a  las  partes  valerse  de diversas acciones ordinarias que pueden ser  ejercidas  ante  las  autoridades  que integran la organización jurisdiccional,  encaminadas todas a la defensa de sus derechos.   

En  este  sentido,  la  jurisprudencia de la  Corte  ha  sido  enfática  en  la necesidad de que el juez de tutela someta los  asuntos  que  llegan  a  su conocimiento a la estricta observancia del carácter  subsidiario  y  residual  de  la  acción, en este sentido en Sentencia T-106 de  1993 esta Corporación, afirmó:   

“El sentido de la norma es el de subrayar el  carácter  supletorio  del  mecanismo,  es  decir, que la acción de tutela como  mecanismo   de   protección   inmediata   de   los   derechos  constitucionales  fundamentales  debe  ser entendida como un instrumento integrado al ordenamiento  jurídico,  de  manera  que  su  efectiva  aplicación  sólo tiene lugar cuando  dentro  de  los  diversos  medios  que aquél ofrece para la realización de los  derechos,  no  exista  alguno  que  resulte idóneo para proteger instantánea y  objetivamente  el que aparece vulnerado o es objeto de amenaza por virtud de una  conducta  positiva o negativa de una autoridad pública o de particulares en los  casos  señalados  por  la ley, a través de una valoración que siempre se hace  en  concreto,  tomando  en  consideración  las  circunstancias  del  caso  y la  situación  de  la persona, eventualmente afectada con la acción u omisión. No  puede  existir  concurrencia  de  medios  judiciales,  pues siempre prevalece la  acción  ordinaria; de ahí que se afirme que la tutela no es un medio adicional  o   complementario,  pues  su  carácter  y  esencia  es  ser  único  medio  de  protección   que,   al  afectado  en  sus  derechos  fundamentales,  brinda  el  ordenamiento jurídico.”   

Sobre  el mismo asunto la Corte en sentencia  T-983 de 2001, precisó:   

“Esta    Corporación   ha   señalado  reiteradamente  que  la  acción  de  tutela  no  procede cuando el peticionario  disponga  de  otro  medio  para  la  defensa judicial de su derecho, a menos que  intente   la  acción  como  mecanismo  transitorio  para  evitar  un  perjuicio  irremediable.   Al  respecto,  la  Corte  ha  hecho  énfasis  en  el  carácter  excepcional   del   mecanismo   constitucional   de   protección  que  no  debe  superponerse  ni  suplantar  los  mecanismos  ordinarios establecidos en nuestro  ordenamiento jurídico.”   

Sobre la naturaleza subsidiaria de la acción  de  tutela,  en  el  mismo  sentido,  la  Corte  en  Sentencia  T-1222  de  2001  reiteró:    

“…el  desconocimiento  del  principio de  subsidiaridad   que   rige  la  acción  de  tutela  implica  necesariamente  la  desarticulación   del   sistema   jurídico.   La  garantía  de  los  derechos  fundamentales  está  encomendada en primer término al juez ordinario y solo en  caso  de  que  no  exista  la  posibilidad  de  acudir a él, cuando no se pueda  calificar  de  idóneo, vistas las circunstancias del caso concreto, o cuando se  vislumbre   la   ocurrencia  de  un  perjuicio  irremediable,  es  que  el  juez  constitucional  está  llamado  a  otorgar la protección invocada. Si no se dan  estas     circunstancias,     el     juez    constitucional    no    puede   intervenir.”   

“Así  pues,  la  acción  de  tutela  fue  diseñada  como  un  mecanismo  constitucional de carácter residual que procede  ante  la  inexistencia  o ineficacia de otros mecanismos judiciales que permitan  contrarrestar  la  inminente  vulneración  de los derechos fundamentales de los  ciudadanos.  Se tiene, entonces, que para que un derecho sea amparable a través  de  la  acción  de  tutela  es  necesario  que  (i)  su  carácter  definitorio  fundamental  se  vea  severamente  amenazado,  dadas las circunstancias del caso  concreto;  (ii)  se  establezca una conexión necesaria entre la vulneración de  un  derecho  meramente  asistencial  y  el compromiso de la efectividad de otros  derechos  fundamentales.  La  acción  de  tutela  es  procedente  para  amparar  derechos  de carácter fundamental que se encuentran seriamente amenazados, así  como  derechos  meramente  asistenciales cuya vulneración compromete gravemente  un      derecho     directamente     fundamental3”.   

Atendiendo  a lo expuesto, esta Corporación  en  sentencia  T-514 de 2003, estableció que no es, en principio, la acción de  tutela  el  medio  adecuado  para  controvertir las actuaciones administrativas,  puesto  que  para ello están previstas las acciones ante la jurisdicción de lo  contencioso  administrativo. En ese escenario, la acción de tutela cabría como  mecanismo  transitorio  de  protección  de  los  derechos  fundamentales cuando  quiera   que   esperar   a   la   respuesta   de  la  jurisdicción  contenciosa  administrativa  pudiese  dar  lugar  a un perjuicio irremediable. Al respecto se  dijo:    

“La  Corte  concluye  (i)  que  por  regla  general,  la  acción de tutela es improcedente como mecanismo principal para la  protección  de  derechos fundamentales que resulten amenazados o vulnerados con  ocasión  de  la  expedición  de actos administrativos, como quiera que existen  otros  mecanismos  tanto  administrativos  como judiciales para su defensa; (ii)  que  procede  la  acción  de  tutela  como  mecanismo  transitorio  contra  las  actuaciones  administrativas  cuando  se pretenda evitar la configuración de un  perjuicio  irremediable;  y (iii) que solamente en estos casos el juez de tutela  podrá  suspender  la  aplicación  del  acto  administrativo  (artículo  7 del  Decreto  2591  de  1991)  u  ordenar que el mismo no se aplique (artículo 8 del  Decreto  2591  de  1991)  mientras  se  surte  el  proceso  respectivo  ante  la  jurisdicción de lo contencioso administrativo.”   

Adicionalmente  esta Corte ha señalado, que  cuando  la  pretensión  de  quien  ha  sido  retirado del servicio es lograr su  reintegro,  tal  solicitud  debe  tramitarse,  en  principio,  por  el mecanismo  establecido  por  el  legislador para tal fin, es decir, a través de la acción  contenciosa  administrativa  respectiva.   Es  por ello que se ha reiterado  que  la  posibilidad  de  acudir  a  la  tutela  como  mecanismo  transitorio es  excepcional,  para lo cual es necesario establecer la existencia de un perjuicio  irremediable  y  acudir  de  manera  oportuna  ante  el  juez  de lo contencioso  administrativo.4    Al   respecto,   en  sentencia  T-343  de  20015, se indicó lo  siguiente:   

“La  acción de nulidad y restablecimiento  del  derecho,  es  el  instrumento  jurídico  específico que puede utilizar el  actor   para   solicitar  de  la  Jurisdicción  Contencioso  Administrativo  la  declaratoria  de  nulidad   del  acto  administrativo;   esto es, para  plantear  su pretensión orientada a la pérdida de su eficacia jurídica por la  ocurrencia  de  un vicio que afecta su validez (ilegalidad, incompetencia, forma  irregular,   etc..)    y  que,    en  consecuencia,   se  le  restablezca  en  su  derecho  o  se  le  repare el daño.      

Esta acción tiene por objeto la protección  directa  de  los  derechos  subjetivos  de  la  persona  amparados  en una norma  jurídica  y  desconocidos   por  el  acto  administrativo.  En  ella se le  brindan  al  actor  todas  las  posibilidades  probatorias para que demuestre la  ilicitud  del  acto  acusado y logre que se le restablezca en su derecho o se le  repare el daño.”   

De  manera  adicional,  en lo que respecta a  este  mecanismo  de defensa, la Corte ha establecido criterios de análisis para  la procedibilidad de la acción de tutela:   

“La  facultad  de  ejercer  las  acciones  contencioso  administrativas,  acompañada de la posibilidad de solicitar que se  decrete  la  suspensión  provisional  del acto impugnado, hace más cuidadoso y  exigente  el  examen  frente  al  evento  de  conceder  la tutela como mecanismo  transitorio,  pues  la  persona interesada además de contar con un mecanismo de  defensa  judicial  ordinario,  tiene  a  su  favor  el  derecho  de formular una  petición  excepcional,  eficaz  y  de  pronta solución, como la de suspensión  temporal del acto.”   

En este punto cabe advertir que la acción de  tutela  tampoco  procede para el reintegro de servidores públicos desvinculados  por  acto  administrativo.  En  este  sentido  en la Sentencia SU-250 de 1998 la  Corte  afirmó  que  “la tutela no puede llegar hasta  el  extremo  de  ser  el  instrumento  para garantizar el reintegro de todas las  personas     retiradas     de     un     cargo”6,          siendo   procedente  sólo  en  aquellos  casos  que  se  pruebe  la  existencia de un perjuicio irremediable.   

Así  pues, a manera de conclusión, la Sala  debe  insistir  en  que  como  regla general la tutela no procede como mecanismo  principal  contra  actos  expedidos  por  una autoridad administrativa pues para  ello  se  han  previsto  otros  instrumentos  judiciales,  sin embargo, sólo de  manera  excepcional esta acción procede transitoriamente cuando se compruebe la  existencia de un perjuicio irremediable.   

3.2.  Perjuicio irremediable.  

Sentado  lo  anterior,  corresponde  aclarar  aquellos  eventos  que  la  jurisprudencia  constitucional  ha  determinado como  perjuicio                irremediable7.   En  relación  a  este  tema,  esta  Corporación  ha  aplicado  varios  criterios  para  determinar  su  existencia:   

“la  inminencia,    que   exige  medidas  inmediatas,  la  urgencia  que  tiene el  sujeto  de  derecho  por  salir  de  ese  perjuicio  inminente,  y  la  gravedad  de  los  hechos,  que  hace  evidente    la    impostergabilidad    de  la tutela como mecanismo necesario para la protección inmediata  de   los   derechos  constitucionales  fundamentales.  La  concurrencia  de  los  elementos  mencionados  pone de relieve la necesidad de considerar la situación  fáctica  que  legitima  la acción de tutela, como mecanismo transitorio y como  medida   precautelativa   para   garantizar   la  protección  de  los  derechos  fundamentales  que  se  lesionan  o que se encuentran amenazados.”8    

En otro aparte jurisprudencial, esta Sala de  Revisión,  a través de la sentencia T-634 de 2006, conceptualizó de perjuicio  irremediable en los siguientes términos:   

“Ahora  bien,  de  acuerdo con la doctrina  constitucional  pertinente,  un  perjuicio  irremediable  se configura cuando el  peligro  que  se  cierne  sobre  el  derecho  fundamental es de tal magnitud que  afecta  con  inminencia y de manera grave su subsistencia, requiriendo por tanto  de  medidas  impostergables  que  lo  neutralicen.  Sobre  las  características  jurídicas  del  perjuicio  irremediable  la  Corte dice en su jurisprudencia lo  siguiente:   

“En  primer  lugar,  el perjuicio debe ser  inminente  o  próximo  a suceder. Este exige un considerable grado de certeza y  suficientes  elementos  fácticos  que  así  lo  demuestren, tomando en cuenta,  además,  la causa del daño. En segundo lugar, el perjuicio ha de ser grave, es  decir,  que  suponga  un  detrimento  sobre un bien altamente significativo  para   la   persona   (moral   o   material),   pero   que  sea  susceptible  de  determinación   jurídica.  En  tercer  lugar,  deben  requerirse  medidas  urgentes  para  superar el daño, entendidas éstas desde una doble perspectiva:  como  una  respuesta  adecuada  frente  a  la  inminencia  del perjuicio, y como  respuesta  que  armonice  con  las  particularidades  del caso. Por último, las  medidas  de  protección  deben  ser  impostergables,  esto  es, que respondan a  criterios  de  oportunidad  y  eficiencia  a fin de evitar la consumación de un  daño antijurídico irreparable” (sentencia T-1316 de 2001).”   

Adicionalmente,    la    jurisprudencia  constitucional  ha  previsto  que la valoración de los requisitos del perjuicio  irremediable,  debe  efectuarse teniendo en cuenta las circunstancias que rodean  el  caso objeto de estudio, en la medida en que no son exigencias que puedan ser  verificadas  por  el  fallador  en  abstracto,  sino  que  reclaman un análisis  específico del contexto en que se desarrollan.   

Bajo   el   parámetro   señalado,   la  jurisprudencia  de  esta  Corporación también ha sido reiterativa, al señalar  que  el  juicio de exigencia frente a los requisitos aludidos adquiere una menor  intensidad  en relación con los sujetos de especial protección constitucional,  dada  su  debilidad o marginalidad en materia económica, física o mental, como  ocurre  por  ejemplo  con personas de la tercera edad, menores, madres cabeza de  familia,   mujeres   embarazadas,  personas  en  extrema  pobreza,  desplazados,  etc.9   

3.3. El perjuicio irremediable en procesos de  reestructuración administrativa.   

3.3.1.  De acuerdo con el artículo 209  de  la  Constitución Política, la función administrativa está al servicio de  los  intereses  generales  y  se  desarrolla con fundamento en los principios de  eficacia,  economía  y  celeridad,  en  donde  el  aparato  estatal  debe estar  diseñado  dentro  de  criterios de mérito y eficiencia, lo que lo faculta para  crear,  modificar,  suprimir  y  reorganizar los cargos de su planta de personal  cuando  las necesidades públicas o las restricciones económicas se lo impongan  o cuando el desempeño de los funcionarios así lo exige.   

Estas  operaciones de diseño institucional,  que  se  originan en el comportamiento de las variables macroeconómicas, en los  cambios  sociales, y en la necesidad de reducir el gasto fiscal, se ajustan a la  Constitución10,  en  la  medida en que la eficiencia en el manejo económico de la  función  pública  es un presupuesto necesario para el cumplimiento adecuado de  los  fines  del  Estado  (artículo  2,  C.P.),  la  efectividad de los derechos  fundamentales  (arts.  2  y 4 C.P.), y la prestación eficiente de los servicios  públicos  (artículo  365  C.P.)   Por ello, el Estado realiza procesos de  adaptación  en  sus estructuras que, en ocasiones, involucran modificaciones en  las plantas de personal.   

En  lo  que  respecta  a  la  potestad  de  reestructuración  administrativa  esta  Corte  ha  señalado parámetros claros  bajo  los  cuales  se  debe regir dicha situación.  Sobre el particular ha  indicado  que  la  estructura,  funciones  y planta de personal de las entidades  públicas   no   constituyen  elementos  inalterables.  Ello  atendiendo  a  las  necesidades  del servicio, los nuevos retos a los que se enfrentan las entidades  públicas,  la  superación  de  ciertos  problemas,  los  factores económicos,  aspectos   éstos   que   entre   otras   muchas   razones  hacen  necesaria  la  reestructuración de las entidades públicas.   

Sobre  el  particular  es  preciso  tener en  cuenta,  que cada vez que se adelantan procesos de reestructuración del Estado,  sus  efectos  repercuten de un lado, en la comunidad beneficiaria o receptora de  los  servicios  prestados  en  desarrollo  de una función administrativa, y, de  otro,  en  sus  propios trabajadores, quienes son los directamente afectados con  la  medida.  Por lo tanto, en uno u otro caso, la reestructuración deberá  hacerse  respetando la Constitución y los derechos fundamentales de los sujetos  involucrados.    Por  ello  la  Corte  ha  advertido  que  la  potestad  de  reestructuración  con  que  cuenta  la  administración a nivel territorial, no  debe  ser  entendida de manera absoluta, por cuanto debe ejercerse dentro de los  límites   y   parámetros   de   la   Constitución  y  de  la  ley11,  dentro de  los  cuales  se encuentra el respeto a los derechos fundamentales.  En este  sentido    la    sentencia    T-014    de    200712 explicó:   

“la   autonomía   de   las   entidades  territoriales  no es absoluta por cuanto se enmarca dentro de los límites de la  Constitución  y  la  ley,  lo  cual  ha  llevado  a  concluir  que ‘la   potestad   impositiva   de   las  entidades  territoriales  no  es autónoma sino subordinada a la ley’13. La  doctrina  constitucional  ha  sostenido,  pues,  que,  en  virtud  del modelo de  República  unitaria  establecido  por  la  Constitución de 1991, la autonomía  reconocida  a los entes territoriales en Colombia es relativa y, en ningún caso  puede  rebasar los límites que le imponen la Constitución y la ley. Así lo ha  expresado esta Corporación:   

‘La autonomía de  que  gozan  las  entidades territoriales debe desarrollarse dentro de los marcos  señalados  en la Carta Política y con plena observancia de las condiciones que  establezca  la  ley,  como corresponde a un Estado social de derecho constituido  en  forma  de  República  unitaria.  Es decir, no se trata de una autonomía en  términos  absolutos,  sino  por el contrario, de carácter relativo. De todo lo  anterior  se  deduce  que  si  bien  es  cierto  que  la  Constitución  de 1991  estructuró  la  autonomía  de  las  entidades  territoriales dentro del modelo  moderno  de  la descentralización, en ningún momento se alejó del concepto de  unidad   que  armoniza  los  intereses  nacionales  con  los  de  las  entidades  territoriales,  que  se  encuentran  limitadas  por  las  regulaciones  de orden  constitucional  y  legal  en  lo que respecta a la distribución y manejo de los  recursos  que  deben  tener  en  cuenta  aquellas pautas generales encaminadas a  satisfacer   las   verdaderas   necesidades   de  las  regiones,  departamentos,  distritos,       municipios      y      territorios      indígenas.’14   

Se  sigue  de  lo anterior, entonces, que el  legislador  es  competente para intervenir en el ámbito de la autonomía de los  entes  territoriales,  sin  afectar  -claro  está-  el  núcleo esencial de tal  autonomía,  en  tanto  elemento  que  les  permite  ejercer  las  funciones  de  autogobierno          y         autogestión15.     Con    todo,    esta  intervención  debe  estar  justificada  en  razones  que  atiendan  el interés  general  de  la  Nación. Así, el legislador puede tomar medidas para armonizar  el  principio  de  unidad  económica  con  el  de  autonomía  de las entidades  territoriales               ‘facultad   que   se   justifica  para  articular  los  niveles  nacional  y  territorial,  con  el  fin  de  evitar una  situación  de anarquía institucional.’16”   

Conforme  a  lo  establecido,  las entidades  estatales   cuentan   con   la   potestad  de  reestructuración  de  sus  entes  administrativos,  sin  embargo,  tal  facultad  no  puede  ejercerse  de  manera  arbitraria   e   ilimitada,   pues   la  Constitución  Política,  consagra  la  protección   especial   a  cargo  del  Estado,  de  las  distintas  modalidades  laborales,  así  como  el  derecho  que  tiene  toda  persona  a  un trabajo en  condiciones dignas y justas.   

Sobre  este  punto  la Corte ha señalado en  varias        de        sus        sentencias17,  que  al  interior de tales  procesos  se  deben  respetar y proteger los derechos de los trabajadores.   En     la     sentencia     C-209     de     199718,  la  Corporación  fijó su  posición en los siguientes términos:   

“Como   se   ha   establecido  por  esta  Corporación,  el  señalamiento de las políticas administrativas o económicas  del  Estado  desarrollan  el  ordenamiento  jurídico  constitucional, siempre y  cuando,  con  las  mismas  se  protejan  los bienes y derechos consagrados en la  Carta  Política y garanticen la igualdad de oportunidades de los ciudadanos, la  libertad  de  empresa y el derecho al trabajo y otros derechos fundamentales, de  los mismos, que forman parte del orden público constitucional.   

En desarrollo de dichas políticas el proceso  de  modernización  del  Estado colombiano persigue mejorar la eficiencia de las  actividades  adelantadas por los entes públicos en el cumplimiento de los fines  esenciales  del  Estado  (C.P.,  art.2o.).  Dichos procesos, en su mayoría, han  sido  analizados  por  esta  Corporación, la cual desde el punto de vista de la  incidencia  de  los  mismos en las condiciones laborales de los trabajadores, ha  señalado  que  reflejan  los  principios  y  valores constitucionales en cuanto  aseguren  el  ejercicio  de  los  derechos  fundamentales  de las personas y las  garantías    y    derechos   adquiridos   por   los   trabajadores.19   

Es así como, el Estado, para cumplir con sus  fines,  debe reajustar la estructura orgánica y funcional que le sirve de medio  para  obtenerlos.  Por  lo  tanto,  en  lo  que  respecta  a  la administración  pública,  resulta  razonable que se produzca la correspondiente valoración del  desempeño  de  las  entidades  que  la  conforman, a fin de evaluar su misión,  estructura,  funciones, resultados, etc, y adecuarlas a los objetivos demarcados  constitucionalmente.  Lo  anterior se confirma con el carácter instrumental que  tiene  aquella  frente  a  las  políticas de gobierno, en lo relacionado con la  ordenación   y   racionalización   de  la  prestación  de  las  funciones  de  responsabilidad  del Ejecutivo, dentro de los principios de eficiencia, eficacia  y celeridad.   

En concordancia con lo anterior, la Corte ha  señalado,  en  reiteradas  ocasiones,  que  la estructura de la administración  pública   no   es   intangible   sino   que  puede  reformarse  incluyendo  una  readecuación  de la planta física y de personal de la misma. La reforma de las  entidades  y  organismos  sólo  será  procedente  si,  conforme a los mandatos  constitucionales,  se ajusta a las funciones asignadas a los poderes públicos y  no  vulnera  los  derechos  fundamentales  de  los  ciudadanos, en especial, los  derechos   laborales   de   los   servidores   públicos   (C.P.,   arts.  53  y  58).20   

En    consecuencia,    el   proceso   de  reestructuración  que  adopte  el  Legislador  en  una  entidad  dentro  de los  principios  enunciados  para su cabal funcionamiento, es conducente si en él se  protegen  los  derechos  de los trabajadores y si las actuaciones no exceden los  límites  legalmente  establecidos  para  realizarlo ;  esto  significa, que el  retiro  de su personal debe ir acompañado de las garantías necesarias para que  el  trabajador  no  quede desprotegido en sus derechos y el proceso en sí no se  convierta en un elemento generador de injusticia social.”   

Sobre  el  particular  esta  Corporación ha  indicado  que,  a  pesar  de  que  con  la  reestructuración  se persigan fines  constitucionalmente  legítimos,  estos procesos tienen una incidencia social de  cara   a  aquellos  servidores  públicos  que  ven  truncada  su  esperanza  de  estabilidad  laboral, frente a las necesidades de optimización en la estructura  estatal.   

Por  ello, la Corte ha establecido que, aún  aceptando  la prevalencia del interés general en la supresión de cargos en las  entidades  estatales, el principio de equilibrio en las  cargas  públicas,  genera  la necesidad de reparar el  daño  causado  a  los  empleados  que  no tienen el deber de renunciar, aún en  procura   de   proteger   el   interés   general,  a  sus  derechos  laborales,  trascendentales   en   el   marco   del  Estado  social  de  derecho21. Por tanto,  el  Estado  debe  prever  el  establecimiento de indemnizaciones para quienes se  vean  afectados por los procesos de reducción de costos al interior del Estado.  Así,     en     sentencia    C-209    de    199822,        la       Corte  precisó:   

“(…) la estructura de la administración  pública   no   es   intangible   sino   que  puede  reformarse  incluyendo  una  readecuación  de la planta física y de personal de la misma. La reforma de las  entidades  y  organismos  sólo  será  procedente  si,  conforme a los mandatos  constitucionales,  se ajusta a las funciones asignadas a los poderes públicos y  no  vulnera  los  derechos  fundamentales  de  los  ciudadanos, en especial, los  derechos   laborales   de   los   servidores   públicos   (C.P.,   arts.  53  y  58).   

En    consecuencia,    el   proceso   de  reestructuración  que  adopte  el  Legislador  en  una  entidad  dentro  de los  principios  enunciados  para su cabal funcionamiento, es conducente si en él se  protegen  los  derechos  de los trabajadores y si las actuaciones no exceden los  límites  legalmente establecidos para realizarlo; esto significa, que el retiro  de  su  personal  debe  ir  acompañado de las garantías necesarias para que el  trabajador  no  quede  desprotegido  en  sus  derechos y el proceso en sí no se  convierta   en   un   elemento  generador  de  injusticia  social”23.   

En  la  sentencia  C-880 de 200324,  la  Corte  reiteró  que la estabilidad laboral de los servidores públicos, a pesar de ser  una  expresión  de los derechos laborales (artículo 53 C.P.), y de la función  pública,  en  los  términos  del  artículo  125 de la Carta, no es un derecho  absoluto,  de  manera  que  su protección se logra, en principio, estableciendo  una  reparación  adecuada  para  los  funcionarios  que  se  vean afectados por  procesos de reestructuración administrativa:   

“(…)  en  el  evento   que   sea   necesaria  la  privación  de  esos  derechos  [laborales]  en aras del interés público,  resulta  indispensable su indemnización para no romper el principio de igualdad  en  relación  con  las  cargas públicas, pues, se trata de todas maneras de un  perjuicio  que  se  ocasiona al servidor público que no está en la obligación  de   soportar,   así  sea  por  la  necesidad  del  Estado  de  modernizarse  y  reestructurarse   para   dar   prevalencia  al  interés  general”25   

Lo  anterior  permite  dejar en claro que si  bien  es  cierto  que,  en  términos  abstractos,  el Estado puede separar a un  servidor  público  de  su  cargo  en  los  procesos  de reestructuración (pues  “el derecho a permanecer en un puesto determinado, a  estar  vinculado  a  cierta  institución o a ejercer la actividad laboral en un  sitio  específico,  no  constituyen  propiamente  derechos  fundamentales, sino  atribuciones      derivadas      del      derecho     al     trabajo”26),  también  lo  es  que  un  ejercicio  arbitrario  de  esa  facultad  puede implicar, en casos concretos, la  afectación  de  derechos  fundamentales susceptibles de protección por vía de  tutela.  Esto  ocurre,  justamente,  cuando la administración desatiende claros  mandatos  superiores  que en armonía con disposiciones legales permiten derivar  la presencia de un derecho subjetivo directamente exigible.   

Según   lo   expuesto,  los  procesos  de  reestructuración   del   Estado  tienen  consecuencias  adversas  para  algunos  trabajadores,  en  la  medida en que sus cargos pueden ser suprimidos y con ello  su  vínculo  laboral con la entidad. Anticipándose a tales infortunios, o para  hacerlos  más  llevaderos,  el  Legislador  ha  previsto  la incorporación del  trabajador  en  otras  instituciones  del Estado, si fuere posible, o el pago de  indemnizaciones,   que  por  lo  demás  constituyen  la  forma  tradicional  de  minimizar  el  daño  causado,  “para  no  romper el  principio  de  igualdad en relación con las cargas públicas, pues, se trata de  todas  maneras de un perjuicio que se ocasiona al servidor público que no está  en  la  obligación  de  soportar,  así  sea  por  la  necesidad  del Estado de  modernizarse    y    reestructurarse    para   dar   prevalencia   al   interés  general”.27   

Existe,  sin  embargo, un grupo de empleados  que  pueden  verse  perjudicados  de  forma  especialmente  significativa por la  supresión  de  cargos.  Se trata de sujetos que se encuentran en una situación  vulnerable   en   el   escenario   del  mercado  laboral.  Por  ello,  tanto  la  Constitución  Política  como  la jurisprudencia constitucional han previsto la  necesidad   de   brindar  un  especial  amparo,  para  quienes  el  pago  de  la  indemnización  resulta  insuficiente,  en relación con las obligaciones que la  constitución  impuso  al Estado para su protección28.  Entre  estos  sujetos  se  encuentran  los  discapacitados,  las  mujeres  embarazadas,  las  personas  que  acarician  una expectativa legítima de adquirir el derecho a la pensión, y las  madres y padres cabeza de familia.   

3.3.2.    Perjuicio  irremediable  en  procesos  de  reestructuración administrativa, frente a los sujetos de especial  protección constitucional.   

El  artículo  13  de  la  Carta  Política  estableció  la  obligación del Estado de procurar la igualdad real y efectiva,  de  adoptar  medidas  en  favor  de  los grupos discriminados y marginados, y de  proteger    a    aquellas    personas    en    circunstancias    de   manifiesta  debilidad29.  Pues  bien,  uno  de  los  instrumentos  tendientes  a  lograr el  cumplimiento  de  este  imperativo constitucional en el Estado Social de Derecho  son   las   acciones   afirmativas,   cuya  implementación,  en  primer  lugar,  corresponde  al  legislador. Al respecto, es abundante la jurisprudencia de esta  Corporación30.   

“Con la expresión acciones afirmativas se  designan  políticas  o  medidas dirigidas a favorecer a determinadas personas o  grupos,  ya  sea  con  el  fin  de  eliminar o reducir las desigualdades de tipo  social,  cultural  o económico que los afectan, bien de lograr que los miembros  de  un  grupo  subrepresentado,  usualmente  un  grupo que ha sido discriminado,  tengan     una     mayor     representación.”31   

Con  todo,  las  medidas  afirmativas buscan  otorgar  una protección a aquellas personas que se encuentran en condiciones de  desigualdad   y   manifiesta   debilidad,   o   que   históricamente  han  sido  discriminadas;   situaciones  éstas  que  el  Estado  Social  de  Derecho  debe  mitigar32.  Así,  en  virtud  de  lo  dispuesto  por  el  artículo 13 de la  Constitución  Política,  se ha otorgado especial protección a madres y padres  cabeza  de familia, pre-pensionados y aquellas personas con limitación física,  mental, visual o auditiva.   

En ese sentido, los programas de renovación  o  modernización  de  la  administración  pública  persiguen una mejora en la  eficiencia  de  las  labores  adelantadas  por  las  entidades  públicas con la  finalidad  de  optimizar  la  prestación  de  los  servicios  necesarios  en el  cumplimiento  de  los  fines  del Estado;  no obstante, tal situación debe  propender  por causar el menor daño posible a las personas que se encuentren en  una  situación  especial  de  protección,  que  exija  por parte del Estado un  amparo   adicional   a  sus  derechos,  por  ello,  si  se  desconocieran  tales  prerrogativas  la acción de tutela se edificaría como procedente para proteger  los derechos de ese grupo especial de personas.   

En lo que respecta a los sujetos de especial  protección  frente  al  retiro  del  servicio  en  asuntos de reestructuración  administrativa,   la   sentencia   SU-388  de  200533 sentó unos parámetros para  determinar  la  procedencia  de la acción de tutela en aquellos casos en que se  procura  la  protección  por  desconocimiento del reten social consagrado en la  ley           790          de          200234.    Dichos  requisitos  fueron  sintetizados  en  la  sentencia  T-200  de  2006.  Al  respecto se dijo:   

“a. En primer lugar, la Corte indicó que  para  el  caso de personas beneficiarias del retén social, la acción de tutela  es  un mecanismo idóneo de defensa pues, frente a la transitoriedad del proceso  de  liquidación  de  las empresas de las que fueron desvinculadas, ninguna otra  acción  judicial  se ofrece como alternativa idónea para amparar la integridad  de sus derechos fundamentales.   

b.  Que lo anterior se refuerza si se tiene  en  cuenta  la  situación  de indefensión de las personas beneficiarias de las  medidas   del   retén  social  y  el  hecho  de  que,  por  su  condición,  la  Constitución les ofrece trato privilegiado.   

c.  En tercer lugar, la Corte enfatizó que  la  forma  de conservar la plena integridad de los derechos fundamentales de los  servidores  públicos  era  el  reintegro  y  la  pérdida  de  eficacia  de las  indemnizaciones     reconocidas.     De     hecho,     agregó,     ‘el  pago de la indemnización debe ser  concebida  como  la  última  alternativa  para  reparar el daño derivado de la  liquidación  de  la  empresa,  por  cuanto  corresponde al derecho en cabeza de  todos   los  servidores  públicos  y  no  sólo  de  los  sujetos  de  especial  protección’.   

d. Por lo anterior, en la resolución de los  casos   en   que  la  tutela  fue  concedida,  la  Corte  ordenó  compensar  la  indemnización  con  los  emolumentos  dejados  de percibir por los trabajadores  desvinculados.   

En  las condiciones descritas por la Corte  Constitucional  en la Sentencia SU-388 de 2005, es claro entonces que la acción  de  tutela  se  erige  como  mecanismo eficaz para obtener la protección de los  derechos  fundamentales  de  trabajadores  que  fueron desvinculados de empresas  estatales  en  reestructuración o liquidación en desconocimiento de las normas  sobre retén social instauradas por la Ley 790 de 2002.   

Las previsiones anteriores sirven responden  a  los  argumentos  según los cuales, el hecho de que los demandantes de tutela  hayan  entablado  acciones ordinarias o contencioso administrativas para obtener  el  reintegro  constituye causal de improcedencia de la acción de tutela. De lo  afirmado  por  la  Corte  en  la  Sentencia SU-388 de 2005 se deduce que, por el  contrario,  la vía idónea para obtener el reintegro cuando se trata de sujetos  de     especial     protección    es    la    acción    del    artículo    86  constitucional.”   

Sobre  el  aspecto  desarrollado, la citada  sentencia SU-388 de 2005, precisó:   

“Lo anterior permite dejar en claro que si  bien  es  cierto  que,  en  términos  abstractos,  el Estado puede separar a un  servidor  público  de su cargo en los procesos de reestructuración (pues “el  derecho  a  permanecer  en  un  puesto  determinado,  a estar vinculado a cierta  institución  o  a  ejercer  la  actividad  laboral  en un sitio específico, no  constituyen  propiamente derechos fundamentales, sino atribuciones derivadas del  derecho            al           trabajo”35),  también  lo  es  que  un  ejercicio  arbitrario  de  esa  facultad  puede implicar, en casos concretos, la  afectación  de  derechos  fundamentales susceptibles de protección por vía de  tutela.  Esto  ocurre,  justamente,  cuando la administración desatiende claros  mandatos  Superiores  que en armonía con disposiciones legales permiten derivar  la presencia de un derecho subjetivo directamente exigible.”   

Adicionalmente  en  la  sentencia  T-593 de  200636,   se   advirtió   que   ante   la   existencia,  en  procesos  de  reestructuración,  los  sujetos  de  especial protección deben estar cubiertos  por  alternativas adicionales en comparación con los demás trabajadores que se  vean  afectados  con  las  medidas  reestructurativas.   En este sentido se  expresó:   

“En este orden de ideas, cuando se conjuga  el  deber  del  Estado de procurar la estabilidad a sus trabajadores en procesos  de   reestructuración   administrativa   con   el  deber  de  adoptar  acciones  afirmativas  en  beneficio  de  los  grupos históricamente discriminados, no es  equivocado  predicar  una  estabilidad  laboral  reforzada  para  los sujetos de  especial  protección.  Siendo  ello  así,  el  Estado  tiene la obligación de  adoptar  medidas destinadas a proteger de manera especial a los trabajadores que  por  sus  condiciones  de debilidad manifiesta o discriminación histórica así  lo demandan…”   

Así  pues,  si en una actuación desplegada  por  la Administración Pública en los procesos de reestructuración del Estado  no  se  respetan  los  mandatos constitucionales y legales establecidos para tal  fin,  es posible que con su proceder se vulneren derechos fundamentales que sean  susceptibles  de  ser  protegidos  en  sede  de  tutela.  Por ello, resulta  pertinente  advertir,  que  en  los procesos de reestructuración administrativa  que  impliquen  supresión de cargos, la administración pública está obligada  a  adoptar  medidas  de  diferenciación  positiva a favor del servidor público  pueda  llegar  a  ser  considerado  como  sujeto  de  especial protección y que  resulte  afectado  con  la  supresión  del  cargo  del que es titular.  Al  respecto  cabe  advertir,  que  las personas que cumplan con los requisitos para  ser  beneficiarias  de  la  estabilidad  laboral  reforzada,  deben comunicar su  situación  al  empleador,  de  tal  manera  que dicha protección pueda hacerse  efectiva     cuando     éste    pone    en    ejecución    el    proceso    de  reestructuración.   

4.   Inexistencia  de  un  perjuicio  irremediable en el asunto bajo examen.   

4.1.   Los  accionantes  pretenden  la  protección  de  sus  derechos fundamentales a través de la presente acción de  tutela  como  mecanismo  transitorio  para  evitar un perjuicio irremediable, el  cual  sustentan  en  que  ante  la reestructuración de la empresa de acueducto,  alcantarillado  y  aseo de Aracataca, se suprimiría la planta de personal de la  empresa  encargada  de  desarrollar  lo  concerniente al servicio de acueducto y  alcantarillado  en  el  citado  municipio,  hecho  éste,  que  los dejaría sin  trabajo  y  sin una indemnización por sus servicios prestados, atendiendo a que  en  el acto administrativo que se ordenó la reestructuración no se estableció  con claridad lo concerniente a sus derechos laborales.   

Frente  a  lo expuesto, queda claro que los  actores  parten  de  la  base  de  la  existencia de otros mecanismos de defensa  judicial,   como   son   las   acciones   ante   la   jurisdicción  contencioso  administrativa,  las  que  además pueden ser acompañadas de la solicitud de la  suspensión  del  acto  que se controvierte, como medida provisional37.   

En consecuencia y ante la situación descrita  corresponde  analizar  la  posible existencia del perjuicio irremediable alegado  por  los  accionantes,  situación  que haría procedente la presente acción de  tutela como mecanismo transitorio.   

A  fin de cumplir con el objetivo planteado,  la  Sala  considera  necesario  hacer referencia al proceso de reestructuración  adelantado  mediante decreto 107 de 2007 por parte de la Alcaldía de Aracataca.   

Al  respecto se advierte, que el citado acto  fue  expedido para efectuar una reestructuración de la  empresa  industrial  y  comercial  del  estado  denominada empresa de acueducto,  alcantarillado  y aseo de Aracataca E.S.P..  Dicho  acto  tuvo  su  fundamento  jurídico  en  uso  de las  facultades  conferidas  por el Acuerdo Municipal No. 008 de fecha 12 de marzo de  2007,  atendiendo  a  las  leyes  489  de 1998 y 142 de 1994.  Adicionalmente  dentro de la parte considerativa del decreto en cita  se destaca:   

6.   (…)  la  situación  financiera  actual  de la empresa es crítica y le es imposible pagar las deudas comerciales  y  operacionales  que  tiene  a  su cargo, así como los pasivos laborales, y no  cuenta  con recursos para realizar las inversiones necesarias para garantizar la  adecuada  prestación  de los servicios de acueducto y alcantarillado y efectuar  las  inversiones  en  expansión de cobertura que le exige la demanda de la zona  de influencia.   

8. Que ante las necesidades del Departamento  en  materia  de  agua  potable  y  alcantarillado  y  en acatamiento del Plan de  Desarrollo  del  Magdalena  2004-2007  ‘Liderazgo,        Seguridad        y        Trasparencia’   la   Gobernación   del  Magdalena  desarrolló   un   macro   proyecto   de   inversión   denominado  ‘Programa    de    Agua   Potable   y  Alcantarillado 2005-2015.’   

13.   Que  la  Convocatoria  Pública  Conjunta  No.  001  de  2007, fue adjudicada al CONSORICIO AGUAS KAPITAL MACONDO  quien,   previa  constitución  de  una  empresa  prestadora  de  los  servicios  públicos   domiciliarios   de   acueducto,  alcantarillado  y  sus  actividades  complementarias,  asumirá  la  prestación de estos servicios en los Municipios  mencionados (…)   

14.   Que  el  Consejo  Municipal  de  Aracataca,  por medio de Acuerdo Municipal No. 008 de fecha 12 de marzo de 2007,  faculta  al  señor  Alcalde  para reestructurar y reorganizar la prestación de  los  servicios  públicos  en la jurisdicción del Municipio y para modificar la  estructura  administrativa y organizacional del mismo, suprimir dependencias del  sector  central  y  descentralizado  por  servicios  y  los  cargos  de personal  respecto  de  la  empresa  que  actualmente  tiene a cargo la prestación de los  servicios públicos en el municipio.   

De  lo expuesto se resalta que de acuerdo a  la  parte  motiva  del  acto objeto de controversia, la decisión administrativa  obedeció  al  acatamiento  del  Plan  de  Desarrollo  del  Magdalena  2004-2007  denominado      “Liderazgo,      Seguridad     y  Transparencia”;  por  medio del cual la Gobernación  del   Magdalena  desarrolló  un  macro  proyecto  de  inversión  llamado   “Programa   de   Agua   Potable   y  Alcantarillado  2005-2015”     en     el    que    se    pretende  subsanar  las  dificultades  que  tienen  los  diferentes  Municipios  del  Departamento  del Magdalena en el  suministro  de  agua  potable  y  en  la  evacuación y tratamiento de las aguas  residuales,  siendo  además,  la  prestación  y  continuidad  de los servicios  públicos  domiciliarios una obligación constitucional y legal, en cabeza de la  administración municipal.   

Sobre  este  particular  destacó el citado  decreto,  que  uno de los motivos por los cuales se determinó la trasformación  de  la  empresa  prestadora de servicios públicos domiciliarios, obedeció a su  crítica   situación   financiera,  la  que  no  le  había  permitido  atender  integralmente  los costos asociados a la prestación del servicio de acueducto y  alcantarillado  en  el  municipio  de Aracataca, lo que necesariamente ponía en  riesgo  su  correcto  funcionamiento,  afectando  así  a la población de dicho  municipio.   

En  ese orden de ideas y como se dejó claro  con  anterioridad la Administración Pública para lograr el cumplimiento de los  fines  del Estado, cuenta con la facultad de dinamizar y modificar la estructura  estatal,   armonizándola   y   ajustándola  a  las  necesidades  del  momento,  persiguiendo   en   consecuencia,  mejorar  la  eficiencia  de  las  actividades  adelantadas  por  los entes públicos en el cumplimiento de los fines esenciales  del  mismo.  Dichas facultades constitucionalmente permitidas para llevar a cabo  estos  proceso  pueden  ir  desde  acciones  encaminadas  a suprimir trámites o  agilizar  procesos,  hasta  la propia reestructuración del Estado, es decir, la  facultad  tanto  de  crear, suprimir o fusionar entes públicos como los empleos  de        las        propias        entidades38  siempre de conformidad a la  Constitución  y  la  Ley.   Por  tanto, la reestructuración de la empresa  prestadora  del  servicio  público  de  acueducto,  alcantarillado  y  aseo  de  Aracataca,  resulta  legítima siempre que no se vulneren derechos fundamentales  de  los  trabajadores  y  se  les  dé  un  trato  privilegiado a los sujetos de  especial protección.   

Ahora   bien,  conviene  recordar  que  la  supresión  de cargos, debe adelantarse brindando una especial protección a los  sujetos  que  se  encuentren  en  una  situación vulnerable en el escenario del  mercado    laboral,    respecto    de    quienes   la   indemnización   resulta  insuficiente.   Sobre  este  punto  se resalta que, en lo que respecta a la  solicitud  elevada  por  los  accionantes,  y  una  vez estudiada su situación,  conforme  a  los hechos descritos en la demanda de tutela, no se estableció que  alguno   de   ellos   pudiera  llegar  a  ser  considerado  sujeto  de  especial  protección,  como  es  el  caso  de  personas pertenecientes a la tercera edad,  madres  o  padres  cabeza  de  familia,  personas con una espectativa cercana de  adquirir  un  derecho  pensional,  o  con  algún  tipo de deficiencia física o  mental,            entre            otros39    

4.2.  Por otra parte, la Sala considera  adecuado  hacer énfasis en las disposiciones adoptadas en el Decreto atacado, a  fin  de  esclarecer  las  consecuencias  de las determinaciones adoptadas por la  administración  municipal,  en  procura  de  establecer la configuración de un  perjuicio  irremediable.   Así,  en  dicho  acto  se resolvió  suprimir de la  EMPRESA  INDUSTRIAL  Y  COMERCIAL  DEL  ESTADO  denominada EMPRESA DE ACUEDUCTO,  ALCANTARILLADO  Y  ASEO  DE  ARACATACA  E.S.P.,  a partir del 21 de diciembre de  2007,   la   prestación   de  los  servicios  de  acueducto  y  alcantarillado.  Con  ocasión  de  lo anterior, determinó que en acto  administrativo  aparte,  se dispondría la supresión de los cargos de planta de  personal  encargada de los servicios de acueducto y alcantarillado, acatando las  disposiciones de ley.   

Además    dispuso   que   durante  el  tiempo  en  que no se haya entregado la prestación del  servicio  al  operador  especializado,  la  responsabilidad de la operación, de  manera  transitoria, recaerá sobre la EMPRESA INDUSTRIAL Y COMERCIAL DEL ESTADO  denominada   EMPRESA   DE   ACUEDUCTO,   ALCANTARILLADO   Y  ASEO  DE  ARACATACA  E.S.P..”40   

Hechas  las anteriores precisiones, la Sala  encuentra  que  no  se  evidencia la existencia de un perjuicio irremediable que  haga   procedente   la  presente  acción  de  tutela.    Lo  anterior  atendiendo  a  que  la  situación de los trabajadores aún no ha sido definida,  pues  como  lo  indica  el  Decreto  bajo  examen,  la  supresión de los cargos  correspondientes  a  la  planta  de  personal encargada de la prestación de los  servicios  de  acueducto  y  alcantarillado,  se  hará  en  acto administrativo  diferente  de  acuerdo  a  las  disposiciones legales, hecho que por sí solo no  denota la configuración de un perjuicio irremediable.   

De  acuerdo a lo expuesto, los actores aún  cuentan  con  su  trabajo, por lo que el acto administrativo por medio del cual,  se  determinaría  la  supresión  de  la  planta  de  personal  encargada de la  prestación  del  servicio de acueducto y alcantarillado, tan solo constituye un  evento  futuro que atendiendo a sus circunstancias particulares podría atacarse  por la vía contencioso administrativa.   

Por lo expuesto, la Sala considera que en el  presente  caso  no  es  procedente  la  acción de tutela, ni aun como mecanismo  transitorio,  dada la existencia de otro medio de defensa idóneo, además de no  estar acreditada la inminencia de un perjuicio irremediable.   

Así las cosas, y como quiera que el juez de  instancia  emitió  un  pronunciamiento  sobre  el fondo de este asunto, sin que  fuese  competencia  del  juez  de  tutela  hacerlo  en el presente caso, la Sala  revocará  la  sentencia  proferida  tanto por el Juzgado Promiscuo Municipal de  Aracata,  el  14  de  abril  diciembre  de  2008,  para  en  su  lugar  declarar  improcedente la acción de tutela.   

4.3.   Ahora  bien,  la Sala considera  prudente  hacer  referencia  a  la  supresión  de  los  cargos  de la planta de  personal   encargada   de  la  prestación  de  los  servicios  de  acueducto  y  alcantarillado   del  municipio  de  Aracataca,  atendiendo  a  que  el  Alcalde  Municipal  en  la  contestación  de  la  demanda  de  tutela, expuso que no era  obligación  del  Municipio “asumir el pasivo laboral  de  al  Empresa,  ni  la  liquidación  de los salarios, prestaciones sociales y  demás  emolumentos  de  carácter  laboral  pues dicha empresa de acuerdo a sus  estatutos posee autonomía financiera.”   

En  este  punto  conviene  resaltar  que el  artículo  52  de  la  ley  489 de 1998 señala lo concerniente a la supresión,  disolución   y   liquidación   de   entidades   u  organismos  administrativos  nacionales,    aplicable    tambien    a   entidades   territoriales41   

,  el  cual  en  su  parágrafo 1° indica:  El    acto   que  ordene  la  supresión,  disolución y liquidación, dispondrá  sobre  la  subrogación de obligaciones y derechos de los organismos o entidades  suprimidas  o  disueltas,  la titularidad y destinación de bienes o rentas, los  ajustes  presupuestales  necesarios,  el régimen aplicable a la liquidación y,  de  conformidad  con  las  normas  que  rigen  la  materia, la situación de los  servidores públicos.   

Conforme  a  la  anterior  precisión,  se  resalta  que  a  los  accionantes  como  funcionarios de la Empresa Industrial y  Comercial  del  Estado, de Acueducto y Alcantarillado y  Aseo   de  Aracataca,  en  su  calidad  de  servidores  públicos,  deben  respetárseles  sus  derechos constitucionales y legales, por  tanto  al  momento  de hacer la reestructuración en la prestación del servicio  de   acueducto   y  alcantarillado  en  cabeza  de  la  mencionada  empresa,  le  corresponde  al  municipio, establecer en el acto administrativo que disponga la  supresión  del  personal,  lo  atinente a la manera en que se deberá asumir la  liquidación de esas prestaciones laborales.   

Además,  el  nuevo  acto  que  disponga la  supresión  de  los  cargos de la planta de personal encargada de la prestación  del  servicio  de  acueducto y alcantarillado, deberá preveer la posibilidad de  incorporación  de  algunos trabajadores a la nueva institución que asumirá la  prestación  de  tal servicio, atendiendo a su situación particular como sería  el  caso  de  los  sujetos  de especial protección, a fin de minimizar el daño  causado,  y  no  romper,  como  se  dijo, con el principio de igualdad de cargas  públicas,  atendiendo  al  perjuicio  causado al trabajador, con ocasión de la  necesidad  de  de  modernización y reestructuración del Estado, en procura del  interés general.   

En ese orden de ideas, la Sala advierte a la  Alcaldía  Municipal  de  Aracataca,  que  una  vez  proceda  a llevar a cabo la  supresión  de  cargos  de  los empleados encargados de prestar los servicios de  acueducto    y    alcantarillado   por   parte   de   la   E.S.P,   Empresa     de     Acueducto,     Alcantarillado     y    Aseo    de  Aracataca,  deberá respetar y proteger a las personas  que   se  encuentren  en  situación  de  especial  protección  constitucional,  previendo  la  posibilidad  de continuidad en la nueva institución que asumirá  la  prestación  de  tal  servicio, y a su vez determinar a quien le corresponde  asumir  el  pago  de  la  liquidación  de  las  prestaciones  sociales  de  los  trabajadores, conforme a los servicios prestados.   

IV. DECISIÓN.  

En mérito de lo expuesto, la Sala Novena de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE  

PRIMERO.-  REVOCAR   por  las  razones  expuestas  en  esta  providencia  la   sentencia  proferida  por el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Aracataca  el  14  de  abril  de 2008, que tuteló los  derechos   invocados,   para  en  su  lugar,  DECLARAR  IMPROCEDENTE  la  acción  de  tutela  incoada por los  señores  José  Ignacio  Pertuz  Molina, Carlos Arturo González García, Diego  Díaz  Rodríguez, Heriberto Serrano Torne, Daniel Iriarte Escamilla, Edgar Vega  Lara,  Karen Duran Palma y Senen Enrique Martínez Medina contra el municipio de  Aracataca, Magdalena.   

SEGUNDO.- ADVERTIR  al  Alcalde  Municipal  de  Aracataca,  que  una  vez proceda a llevar a cabo la  supresión  de  cargos  de  los empleados encargados de prestar los servicios de  acueducto    y    alcantarillado   por   parte   de   la   E.S.P,   Empresa     de     Acueducto,     Alcantarillado     y    Aseo    de  Aracataca,  deberá respetar y proteger a las personas  que   se  encuentren  en  situación  de  especial  protección  constitucional,  previendo  en  la  medida  de lo posible su continuidad en la nueva institución  que  asumirá  la  prestación  de  tal servicio, y a su vez, determinar a quien  corresponde   asumir  la  liquidación  de  las  prestaciones  sociales  de  los  trabajadores, conforme a los servicios prestados.   

Notifíquese, comuníquese, publíquese en la  Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

CLARA INÉS VARGAS HERNÁNDEZ  

Magistrada Ponente  

JAIME ARAÚJO RENTERÍA  

Magistrado  

CLARA ELENA REALES GUTIÉRREZ  

Magistrada (e)  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA  MÉNDEZ   

Secretaria  General   

    

1 Ver,  entre  otras,  las  sentencias  T-408 de 2002  T-432 de 2002 SU-646 de 1999  T-007 de 1992.   

2 Cfr.  en  materia  de  prestaciones  laborales  el  principio  de subsidiariedad en la  Sentencia T-808 de 1999.   

3  Sentencia T- 965 de 2004.   

5  Sentencia T-343 de 2001MP: Rodrigo Escobar Gil.   

6  Sentencia SU-250 de 1998 MP: Alejandro Martínez Caballero.   

7 Ver  por  ejemplo  las  sentencias  T-743 de 2002 (MP Clara Inés Vargas Hernández),  T-596  de  2001  (MP  Álvaro  Tafur  Galvis),  T-215  de 2000 (MP Álvaro Tafur  Galvis).  Esto fallos resuelven casos en los cuales el actor incoaba una acción  de  tutela  en contra de una sanción disciplinaria, por violar, entre otros, su  derecho  al  debido  proceso;  en cada uno estos procesos existía la acción de  nulidad  y  restablecimiento  del  derecho  para  la  protección del derecho al  debido  proceso. Por esto, el criterio utilizado por  la Corte para decidir  la  procedencia de la tutela fue si existía o no un perjuicio irremediable, con  el  fin  de  tramitar  el  expediente  de  tutela  como un mecanismo transitorio  mientras  que  eran  decididos  los  procesos  en  la  jurisdicción contencioso  administrativa.  En  el  mismo  sentido,  ver también las sentencias T-131 A de  1996  MP Vladimiro Naranjo Mesa, T-343 de 2001 (MP Rodrigo Escobar Gil). De otra  parte,  la  Corte  ha  establecido  que  en los casos en los que “existe  violación o amenaza de un derecho fundamental por parte de  una   autoridad  ejecutiva,  y  no  cuenta  el  afectado  con  acción  ante  la  jurisdicción  contencioso  administrativa,  o dentro del trámite de ella no es  posible  la  controversia  sobre  la  violación  del derecho constitucional, la  tutela   procede   como   mecanismo   definitivo   de  protección  del  derecho  constitucional  conculcado”,  caso  que  no  es aplicable al presente proceso.  (Sentencia  T-142  de  1995 MP Carlos Gaviria Díaz).   

8  Sentencia T-225 de 1993 (MP Vladimiro Naranjo Mesa).   

9 Cfr.  Sentencias  T-083  de 2004, T-556 de 2004, T-691 de 2005, T-996ª de 2005, T-668  de 2007, entre otras.   

10 Ver  las  sentencia C-209 de 1997 (M.P. Hernando Herrera Vergara), y la C-880 de 2003  (MM.PP.  Alfredo  Beltrán  Sierra  y  Jaime  Córdoba  Triviño).  En  el mismo  sentido,  C-479  de 1992 (M.P. José Gregorio Hernández Galindo), C-527 de 1994  (M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero)  y  C-074  de  1993  (M.P. Ciro Angarita  Barón).   

11  Sentencia C-533 de 2005.   

12  M.P. Humberto Antonio Sierra Porto.   

13  Sentencia  C-538  de  2002.  Esta  misma  tesis  ha  sido  plasmada por la Corte  Constitucional  en  las  sentencias C-520 de 1994, C-089 de 2001, C-873 de 2002,  entre muchas otras.   

14  Sentencia C-520 de 1994.   

15  Sentencias C-1185 de 2000, C-1143 de 2001 y C-493 de 2002.   

16  Sentencia C-540 de 2001.   

17 Ver  entre  otras  las  sentencias  T-  321  de  1999, M.P. José Gregorio Hernández  Galindo,  reiterada  en  la  Sentencia  T-512  de 2001, M.P. Eduardo Montealegre  Lynett.   

18  M.P.  Hernando  Herrera Vergara. Ver también las sentencias T-876 de 2004, M.P.  Alfredo Beltrán Sierra y T-1161 de 2004 M.P. Álvaro Tafur Galvis.   

19 Ver  la  Sentencia  C-479 de 1992, M.P. José Gregorio Hernández Galindo y Alejandro  Martínez Caballero.   

20 Ver  la Sentencia C-074 de 1993, M.P. Ciro Angarita Barón.   

21 Ver  las  sentencias  C-880  de 2003 (MM.PP. Alfredo Beltrán Sierra y Jaime Córdoba  Triviño),   T-512  de   2001   (M.P.   Eduardo   Montealegre   Lynett),  T-733  de 2001 (M.P. Jaime  Córdoba  Triviño)  y,  en  relación  con  la protección a la mujer cabeza de  familia   en   el   “proceso  de  renovación  del  Estado”,     entre    otras,    se    pueden  consultar   la T-1183 de 2005 y la SU-388 de 2005 (ambas con ponencia de la  Magistrada    Clara    Inés   Vargas   Hernández).  Legalmente,   se   han   consagrado  las  siguientes  previsiones  destinadas a proteger la estabilidad laboral, en caso de supresión  de  cargos:  Ley  443  de  1998   Por la cual se  expiden  normas  sobre  carrera  administrativa  y se dictan otras disposiciones  ,  que  en  su  artículo 39 establece : “Derechos  del  empleado  de  carrera  administrativa  en caso de  supresión  del  cargo.  Los  empleados  públicos  de  carrera a quienes se les  supriman  los  cargos  de  los  cuales  sean  titulares, como consecuencia de la  supresión  o fusión de entidades, organismos o dependencias, o del traslado de  funciones  de  una  entidad  a otra, o de modificación de planta, podrán optar  por  ser  incorporados  a empleos equivalentes o a recibir indemnización en los  términos  y  condiciones  que  establezca  el Gobierno Nacional” y  Ley  909  de  2004.  Por  la  cual se  expiden  normas  que  regulan  el  empleo  público,  la carrera administrativa,  gerencia    pública    y    se   dictan   otras   disposiciones.   Artículo  44: “Los empleados públicos  de   carrera   administrativa,   que   como  consecuencia  de  la  liquidación,  reestructuración,   supresión   o   fusión   de   entidades,   organismos   o  dependencias,  o  del  traslado  de  funciones  de  una  entidad  a  otra, o por  modificación  de  planta  de personal, se les supriman los cargos de los cuales  sean  titulares,  tendrán  derecho  preferencial  a  ser  incorporados  en empleo igual o equivalente de la  nueva   planta  de  personal,  y  de  no  ser  posible  podrán  optar  por  ser  reincorporados  a  empleos iguales o equivalentes o a recibir indemnización. El  Gobierno   Nacional   reglamentará   el   proceso   de  reincorporación  y  el  reconocimiento de la indemnización”.   

22  M.P. Hernando Herrera Vergara.   

23  Sentencia C-209 de 1997 (M.P. Hernando Herrera Vergara).   

24  MM.PP. Alfredo Beltrán Sierra y Jaime Córdoba Triviño.   

25  Sentencia  C-880  de  2003  (MMPP  Alfredo  Beltrán  Sierra  y  Jaime  Córdoba  Triviño).   

26  Sentencia  T-374/00. En el mismo sentido ver la sentencia T-800/98 MP. Vladimiro  Naranjo Mesa.   

27  Sentencia C-880 de 2003 MP. Alfredo Beltrán Sierra.   

28 Sin  pretensión  de  exhaustividad, la Constitución señaló que el Estado tiene la  obligación  de  ofrecer  una  protección  especial  a  los  siguientes grupos:  personas  en  estado  de  debilidad  manifiesta  (C.P.  13.2), mujeres cabeza de  familia  (43),  menores  de edad (44), adolescentes (45), personas de la tercera  edad  (46)  y  los discapacitados (47). En relación con grupos en condición de  debilidad  manifiesta, la jurisprudencia constitucional ha amparado también los  derechos  de  los desplazados, las personas en estado de indigencia, los presos,  los enfermos de SIDA, los enfermos de cáncer, etc.   

29  Artículo  13.-  “(…).  El  Estado promoverá las  condiciones  para  que  la  igualdad  sea real y efectiva y adoptará medidas en  favor de grupos discriminados o marginados.   

El   Estado  protegerá  especialmente  a  aquellas  personas  que  por  su  condición  económica,  física  o mental, se  encuentren  en  circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o  maltratos que contra ellas se cometan.”   

30 Al  respecto  pueden consultarse las sentencias C-112 de 2000, T-500 de 2002 y C-174  de 2004, entre otras.   

31  Sentencia C- 371 de 2000 M.P. Carlos Gaviria Díaz.   

32 En  la  sentencia  C-044  de  2004 (MP. Jaime Araújo Rentería) se dijo: Una de las  bases  del  Estado  Social  de  Derecho  es  la  consagración  del principio de  igualdad  material,  es  decir, de igualdad real y efectiva, como expresión del  designio  del  poder público de eliminar o reducir las condiciones de inequidad  y  marginación  de las personas o los grupos sociales y lograr unas condiciones  de  vida acordes con la dignidad del ser humano y un orden político, económico  y social justo”   

33 MP.  Clara Inés Vargas Hernández.   

34 El  artículo  12  de la Ley 790 estableció una medida especial de amparo -conocida  como  “retén  social”-  consistente  en  la  orden  para  que  en el proceso de reestructuración de las  entidades   públicas   no   se  desvinculara  a  personas  objeto  de  especial  protección  constitucional.  La  previsión  favoreció  a las madres cabeza de  familia  sin  alternativa  económica,  a  las personas con limitación física,  mental,  visual  o  auditiva,  y  a  los servidores que hubieran cumplido con la  totalidad  de  los  requisitos  -edad y tiempo de servicio- para disfrutar de su  pensión  de  jubilación o de vejez en el término de tres (3) años contados a  partir de la promulgación de dicha ley.   

35  Sentencia T-374/00. En el mismo sentido ver la sentencia T-800/98.   

36 MP.  Clara Inés Vargas Hernández.   

37  ARTÍCULO  152.— Subrogado  por  el  Decreto  2304  de 1989, artículo 31. Procedencia de la suspensión. El  Consejo  de  Estado y los tribunales administrativos podrán suspender los actos  administrativos mediante los siguientes requisitos:   

1.  Que la medida se solicite y sustente de  modo  expreso  en la demanda o por escrito separado, presentado antes de que sea  admitida.   

2.  Si  la acción es de nulidad, basta que  haya   manifiesta  infracción  de  una  de  las  disposiciones  invocadas  como  fundamento  de  la  misma,  por  confrontación  directa  o  mediante documentos  públicos aducidos con la solicitud.   

3.  Si  la  acción  es  distinta  de la de  nulidad,  además  se  deberá  demostrar, aunque sea sumariamente, el perjuicio  que   la   ejecución   del   acto   demandado   causa   o   podría  causar  al  actor.   

39 Ver  sentencias  T-083  de 2004, T-556 de 2004, T-691 de 2005, T-996ª de 2005, T-668  de 2007, entre otras.   

40  Cfr. Decreto 107 del 20 de diciembre de 2007 (folios 6 a 10).   

41  El  artículo  2  de  la  ley 489 de 1998, señala el  ámbito  de  aplicación  de  dicha  ley  así:  “La  presente  ley  se aplica a todos los organismos y entidades de la rama ejecutiva  del  poder  público  y  de  la  administración  pública  y  a  los servidores  públicos  que  por  mandato  constitucional  o  legal  tengan  a  su  cargo  la  titularidad   y  el  ejercicio  de  funciones  administrativas,  prestación  de  servicios  públicos  o  provisión  de  obras  y  bienes  públicos  y,  en  lo  pertinente,  a  los particulares cuando cumplan funciones administrativas.   A  su  vez  el  citado  artículo  en  su  parágrafo  expone:    “Las   reglas   relativas   a  los  principios   propios   de   la  función  administrativa,  sobre  delegación  y  desconcentración,    características    y    régimen    de    las   entidades  descentralizadas,  racionalización  administrativa,  desarrollo administrativo,  participación  y  control interno de la administración pública se aplicarán,  en  lo pertinente, a las entidades territoriales, sin perjuicio de la autonomía  que les es propia de acuerdo con la Constitución Política.”     

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