T-317-09

Tutelas 2009

    Sentencia  T-317/09   

ACCION      DE     TUTELA-Informalidad   

ACCION      DE     TUTELA-Principales obligaciones del juez de tutela   

JUEZ  DE TUTELA-Debe  velar  por  la  protección  real  e  inmediata de los derechos constitucionales  fundamentales   

ESTADO  DE  COSAS  INCONSTITUCIONAL  EN  LA  POBLACION DESPLAZADA-Elementos   

DERECHOS    FUNDAMENTALES    DE    LOS  DESPLAZADOS-Ayuda         humanitaria        de  emergencia   

DESPLAZAMIENTO  FORZADO-Eliminación   del  término  máximo  para  la  atención  humanitaria  de  emergencia/DESPLAZAMIENTO         FORZADO-Término  de atención humanitaria  de          emergencia          debe          ser          flexible/DESPLAZAMIENTO         FORZADO-Término  de atención humanitaria  de  emergencia  será  prorrogable hasta que el afectado esté en condiciones de  asumir su autosostenimiento   

ACCION     DE     TUTELA-Obligación  de  la  entidad  accionada  de  programar nuevamente la  entrega de la ayuda humanitaria de emergencia   

Referencia:  expediente  T-2179539   

Acción  de  tutela  instaurada  por  Rafael  Bonilla  Riatiga  en  contra de la Agencia Presidencial para la Acción Social y  Cooperación     Internacional     – Unidad Territorial Magdalena.   

Magistrado   Ponente:   

Dr.  LUIS ERNESTO VARGAS  SILVA   

Bogotá, DC., el siete (7) de mayo de dos mil  nueve (2009).   

La  Sala  Tercera  de  Revisión de la Corte  Constitucional,   integrada  por  los  Magistrados  Mauricio  González  Cuervo,  Gabriel  Mendoza  Martelo  y  Luis  Ernesto  Vargas  Silva  en  ejercicio de sus  competencias constitucionales y legales, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA  

dentro  del  trámite de revisión del fallo  dictado  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Santa Marta el 9 de  diciembre de 2008 en el asunto de la referencia.   

I.  ANTECEDENTES  

De los hechos y la demanda.  

Rafael  Bonilla Riatiga presentó acción de  tutela   en  contra  de  la  Agencia  Presidencial  para  la  Acción  Social  y  Cooperación     Internacional     –  Unidad  Territorial  Magdalena  (en adelante, Acción Social), por  considerar  que  esta  entidad vulneró su derecho fundamental a la vida digna y  el derecho de petición, con base en los siguientes hechos:   

    

1. En  el  año  2001  el  accionante  fue  expulsado  junto su núcleo  familiar  del  municipio  de Ciénaga (Magdalena) y se desplazó hacia la ciudad  de Santa Marta.   

2. El  19  de septiembre de 2001, fue inscrito en el Registro Único de  Población Desplazada (en adelante RUPD).   

3. El  22 de julio de 2007, fue incluido nuevamente en el RUPD luego de  ser  víctima  de  otro  evento de desplazamiento, esta vez de carácter masivo.   

4. Sostiene  el  accionante  que,  pese  a  haber  elevado  solicitudes  verbales  y  escritas con este fin, no le ha sido entregada la ayuda humanitaria  de  emergencia,  así como tampoco se le ha informado sobre la procedencia de la  prórroga de la misma.    

5. Afirma  que  esta  situación  vulnera  su  derecho  a la vida digna  puesto  que  es  una persona de 69 años y tiene a cargo cinco nietos menores de  edad,  situaciones  que  le  impiden  generar  ingresos  suficientes para que su  núcleo familiar tenga las condiciones mínimas de subsistencia.   

6. Adjunta  como prueba una comunicación de Acción Social, notificada  el  9  de  septiembre  de  2008,  en  la  que se le informa que sus datos fueron  incluidos  en  el  listado de programación de visita domiciliaria a través del  operador  CEDA  VIDA,  para “hacer un seguimiento de  su  situación  actual  (…)  de  acuerdo al orden cronológico determinado por  Acción  Social”. Además, enlista las entidades que  ofrecen  los  programas  del  Sistema  Nacional  de  Atención  a  Población en  Situación  de  Desplazamiento  (SNAIPD) “con el fin  de  avanzar  hacia  la  estabilización  socio-económica  de usted y su núcleo  familiar”.   

7. La  demanda de tutela fue admitida el 19 de noviembre de 2008 por el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Santa Marta.       

Del    fallo    de  tutela.   

    

1. El  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Santa Marta señaló en  sentencia  del  9  de  diciembre  de  2008, que en el expediente no se encuentra  consignado  el  derecho de petición dirigido a Acción Social con el fin de que  le  fuera  entregada la ayuda humanitaria de emergencia o su prórroga, pero sí  una  respuesta  de  la  entidad  en  la  que  se manifiesta que el accionante se  encuentra  inscrito  en  la  lista de espera para recibir la visita domiciliaria  necesaria   para   determinar  la  procedencia  de  la  prórroga  de  la  ayuda  humanitaria.  Para  el  juez, esto significa que “no  existe   prueba   alguna  que  acredite  las  argumentaciones  vertidas  por  el  accionante,    ya    que    no   se   allegó   el   escrito   de   derecho   de  petición”.  En consecuencia, negó el amparo de los  derechos invocados.      

          La providencia no fue objeto de impugnación.   

Pruebas decretadas por la  Sala de Revisión.   

1. Mediante auto del 27 de  marzo  de 2009, se solicitó tanto al accionante como a Acción Social remitir a  la  Corte  Constitucional  el derecho de petición que dio origen a la sentencia  de  tutela proferida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Santa Marta el  9  de  diciembre  de  2008. Además, se solicitó a Acción Social informar a la  Corporación  sobre  el  número,  fecha  y  estado  de  las ayudas humanitarias  entregadas  al  accionante, las prórrogas de la ayuda humanitaria, y los demás  componentes  de  la  oferta institucional ofrecida por las entidades del Sistema  Nacional  de  Atención  Integral  de  Población  Desplazada  de  los cuales es  beneficiario el accionante.   

2. En respuesta recibida  el  23 de abril de 2009, la Subdirectora de Atención a la Población Desplazada  de Acción Social informó:   

2.1 Que el accionante, su  compañera   Rosario  Torres  Riatiga  y  su  núcleo  familiar,  se  encuentran  incluidos  en el Registro Único de Población Desplazada y que han recibido los  componentes de ayuda que se discriminan a continuación:   

     

a. Ayuda  humanitaria  de emergencia por el valor de  $1’095.000.  Acción  Social  afirma que este dinero  fue  consignado  el  6  de  junio  de  2008. Sin embargo, registra que el estado  actual del mismo es “NO PAGO”.   

b. Ayuda por tres meses para fines de alimentación  y alojamiento, entregada el 18 de noviembre de 2008.   

c. Ayuda  por  un  mes para fines de alimentación y  alojamiento, entregada el 2 de diciembre de 2008.   

d. Prórroga  de  la ayuda humanitaria de emergencia  por un mes, entregada el 6 de diciembre de 2008.   

f. Vinculación  al Servicio Nacional de Aprendizaje  (SENA) en el programa de desplazados.   

g. Vinculación  de  la compañera del accionante al  programa  de  Titulación  de Baldíos a Nivel Nacional del Instituto Colombiano  de  Desarrollo  Rural (INCODER),  al programa de desplazados del SENA, y al  programa RESA de Acción Social.     

2.2      Que  “por  medio  de la Unidad  Territorial  Magdalena  se le informará a la señora Rosario Torres Riatiga que  debe  acercarse  el  27  de  abril del año en curso, a la Unidad de Atención y  Orientación  de Santa Marta (…) donde la orientarán sobre el lugar en que se  hará  entrega  de  los  componentes  de  la  prórroga  de la Ayuda Humanitaria  (…)”.      Esto,  “mientras  se practica el  procedimiento  [de entrevistas  domiciliarias]  el cual nos  permitirá  evaluar  las  circunstancias  de  vulnerabilidad  y  las  ayudas que  proceden,  respetando  los  turnos  de  las  personas  que  con  anterioridad se  programaron”.    

2.3 Que la Defensoría del  Pueblo  solicitó,  mediante  comunicación  del  4  de  diciembre  de 2008, ser  informada   respecto   del   caso  del  señor  Rafael  Bonilla  Riatiga,  quien  “salió beneficiado con la  ayuda  humanitaria  de  emergencia de Servientrega de $1.095.000.oo, y lo único  que  le  entregaron  fueron  $90.000,  y  solicita que le entreguen el resto del  dinero”.    

2.4   Que  la  Unidad  Territorial  Magdalena  de  Acción  Social respondió la solicitud hecha por la  Defensoría  del  Pueblo  el  16  de  diciembre de 2008, indicando que el dinero  consignado  en  junio  de 2008, que ascendía a  un millón noventa y cinco  mil      pesos      ($1.095.000),      “fue     devuelto     por     no     ser     cobrado     en    el  término”.   

3. El señor Rafael Bonilla Riatiga remitió  a  la  Corte  Constitucional copia del derecho de petición presentado por él a  la  entidad  accionada.  En  este  escrito,  radicado  el 12 de mayo de 2008, el  accionante  solicita  al  Coordinador  de  la  Unidad  Territorial del Magdalena  prorrogar    la    ayuda    humanitaria,   ya   que   no   cuenta   “con  un  empleo  para  sufragar  los  gastos  de alimentación y  estabilidad  económica  a  mi  familia,  que garantice unas condiciones de vida  dignas”.   

4. El 29 de abril de 2009  se  entabló comunicación telefónica con el accionante, quien le informó a la  Sala  que  no  tenía conocimiento sobre la decisión de concederle la prórroga  de  la  ayuda  humanitaria, correspondiente a tres meses de alimentación y tres  meses  de  alojamiento,  y  que  tampoco  ha  sido  citado  para recibir ninguna  información por parte de Acción Social.   

Otras pruebas allegadas al  proceso.   

    

1. Cédula       de       ciudadanía       del  accionante.   

2. Certificación   médica   del  diagnóstico  de  optometría  del accionante, expedida por la Unidad Oftalmológica del Magdalena  el 8 de abril de 2005.   

3. Certificación  del  19  de  septiembre  de  2001  expedida  por la Red de Solidaridad Social –   Unidad  Territorial  Magdalena,  en  la  cual  se  ordena la prestación del servicio de  salud     del     señor     Rafael     Bonilla    Riatiga    y    su    núcleo  familiar.   

4. Remisión   de  la  Red  de  Solidaridad  Social  – Unidad Territorial Magdalena, del 8 de agosto de  2003,  en  la  cual  se  remite  el  caso del accionante al director de la Umata  Distrital.   

5. Comunicación  de  la  Red  de Solidaridad Social  –  Unidad  Territorial Magdalena del 5 de abril de  2004,  por medio de la cual se informa sobre el número de mercados y de kits no  alimentarios  recibidos por el accionante, como parte de la ayuda humanitaria de  emergencia  requerida  por  el  primer desplazamiento, y señalan que no cuentan  con  recursos  económicos  para otorgar el componente de arriendo o realizar la  visita    domiciliaria    necesaria    para   obtener   la   ayuda   humanitaria  complementaria.   

6. Comunicación  de la Agencia Presidencial para la  Acción    Social    y   la   Cooperación   Internacional   –  Unidad  Territorial  Magdalena,  del  9  de  septiembre  de  2008.     

II. FUNDAMENTOS DE LA DECISIÓN  

Competencia.  

Esta   Sala   de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional  es  competente  para  proferir sentencia dentro de la acción de  tutela  de  la  referencia,  con  fundamento en los artículos 86 inciso 2 y 241  numeral  9  de la Constitución Política, en concordancia con los artículos 31  a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

Problemas jurídicos.  

Conforme  a las circunstancias descritas, la  Sala  debe  examinar,  en  primer  lugar,  si  es  razonable  concluir que no se  vulneró  el  derecho  del  accionante  a presentar peticiones respetuosas a las  autoridades  y  obtener  su pronta resolución, argumentando para ello que éste  anexó como prueba el escrito en el que se eleva la petición.   

Luego de ello, deberá estudiar si es posible  establecer  que  Acción  Social  no  le  ha  entregado  al  accionante la ayuda  humanitaria  de  emergencia  y la prórroga de la misma, vulnerando de este modo  su  derecho  a  la  vida  digna,  o  cualquier  otro  derecho  fundamental en su  condición de desplazado.   

Para  ello, procederá la Sala a reiterar la  jurisprudencia  de la Corte en materia de los principios que rigen la actuación  del  juez  en  el  trámite  de  las  acciones  de  tutela.  A continuación, se  referirá  a  los  derechos  mínimos  de  las  personas  que  hacen parte de la  población   desplazada,  y,  finalmente,  aplicará  estos  criterios  al  caso  concreto.   

    

1. Deberes  del  juez  en el trámite de una acción de tutela puesta a  su consideración. Principios de oficiosidad e informalidad.     

La jurisprudencia de la Corte ha destacado el  papel  central  de  los  jueces  de  tutela  en  la  eficacia  de  los  derechos  fundamentales:  son  ellos  los  encargados  de  decidir  sobre las acciones que  instauran  las personas con el fin de alcanzar el amparo de estos derechos (Art.  86  C.P)  y,  en  ese  sentido,  sus  providencias  pueden  contribuir a que los  principios,  derechos  y  deberes  consagrados  en la Constitución irradien las  actuaciones  de  las  entidades  públicas,  de  los particulares, y del sistema  jurídico            en            general1.  Por  esto,  es  de  la mayor  importancia  que  tanto el proceso como la sentencia proferida en el trámite de  una  acción  de  tutela  se  realicen  con pleno respeto de la naturaleza de la  acción  y de los principios que la orientan. Entre estos, la Corte ha resaltado  la       observancia       de      los      principios      de      informalidad      y      oficiosidad de la tutela.   

De  acuerdo con el principio de informalidad,  la  acción  de  tutela no  está  sometida  a  requisitos  especiales ni fórmulas sacramentales que puedan  implicar   una  prevalencia  de  las  formas  sobre  la  búsqueda  material  de  protección  de  los  derechos de las personas que la invocan. Así por ejemplo,  la  tutela  puede  ser solicitada de manera verbal en caso de urgencia, o cuando  el  solicitante  sea  menor  de  edad,  o  no  sepa  escribir; no se requiere de  apoderado  judicial; y no es necesario citar el artículo en el que se encuentra  la  norma  constitucional  infringida,  siempre  que  se  identifique  de manera  suficiente  cuál  es  el  derecho  que  se  considera amenazado o violado, y se  narren     los    hechos    que    lo    originan2.   

Pero  para que estas prerrogativas no resten  operatividad  ni  eficacia  a  la  protección  de  los  derechos  fundamentales  –cuando   a  ello  haya  lugar-,  también  es  necesario  que  se  aplique  el principio de oficiosidad  por parte del juez. La Corte  ha dicho que este principio:   

“se  traduce  en el papel activo que debe  asumir  el  juez  de  tutela  en  la conducción del proceso, no sólo en lo que  tiene  que  ver con la interpretación de la solicitud de amparo, sino también,  en  la  búsqueda  de los elementos que le permitan comprender a cabalidad cuál  es  la  situación  que  se  somete  a  su conocimiento, para con ello tomar una  decisión  de  fondo  que  consulte  la  justicia,  que abarque íntegramente la  problemática  planteada,  y  de  esta  forma  provea  una  solución efectiva y  adecuada,  de  tal  manera  que  se  protejan  de  manera inmediata los derechos  fundamentales  cuyo  amparo  se  solicita  si  hay  lugar  a ello”3.   

Para el ejercicio de este principio, el juez  de  tutela está revestido de especiales facultades que le exigen un mayor grado  de  diligencia  en  el  cumplimiento  de  los  siguientes  deberes: (i)  verificar  la legitimidad por pasiva  de   la   acción   e   integrar  debidamente  el  contradictorio,  poniendo  en  conocimiento  de  la actuación a los terceros eventualmente perjudicados con la  decisión4;  (ii) promover  oficiosamente  la  actividad  probatoria tendiente a establecer con claridad los  hechos  y  afirmaciones  que  sustentan la solicitud de amparo, hasta contar con  los  suficientes  elementos  de  juicio  para  decidir  el  asunto sometido a su  conocimiento5;  (iii) instar  al  accionante  para  que  subsane  la solicitud cuando, evaluados los elementos  presentados  en  la  tutela,  se  observe la ausencia de los requisitos mínimos  exigidos  por  la  ley;  (iv)  proteger,  conforme  a  los  hechos  probados  en el proceso, todos los derechos  vulnerados    o    amenazados,   incluso   aquellos   que   el   accionante   no  invocó6;  y  (v) emitir  las  órdenes  necesarias  para garantizar el amparo de los derechos, incluyendo  la  prevención  a  las  autoridades  públicas  con  el fin de que no vuelvan a  incurrir  en  las acciones u omisiones que dieron lugar a la vulneración de los  derechos7.   

Atendiendo  a  lo anterior, puede concluirse  que  el  juez de tutela debe abstenerse de emitir órdenes que no conduzcan a la  protección  de  los  derechos  del  accionante,  negar el amparo solicitado con  fundamento  en  argumentos  formalistas, o desestimar la tutela basándose en la  ausencia   de   pruebas   para   demostrar  los  hechos  alegados,  “cuando     ha    omitido    su    labor    de    director    del  proceso”8.   

    

1. La   ayuda  humanitaria  de  emergencia  como  materialización  del  derecho    fundamental    a   la   subsistencia   mínima   de   la   población  desplazada.      

En   la   sentencia   T-025/04,  la  Corte  Constitucional  evidenció  que la vulneración grave y continua de los derechos  fundamentales  de  la  población  desplazada  constituye  un  estado  de  cosas  inconstitucional,  toda  vez que tiene como causa no sólo la omisión o acción  de  una  entidad  estatal,  sino  la  presencia  de factores estructurales, y la  ausencia  de  capacidad  institucional  para  asegurar  efectivamente el goce de  tales derechos.   

Esta  declaratoria genera principalmente dos  clases  de consecuencias. La primera está relacionada con la obligación de las  autoridades  nacionales  de  adoptar  un  plan de acción que permita superar el  estado  de cosas inconstitucional. Su vocación es el cumplimiento progresivo de  acuerdo  a  los plazos y criterios establecidos por la Corte. Y, la segunda, que  debe  ser  llevada  a  cabo  de  manera  inmediata, referida a la obligación de  respetar     y     garantizar    “en    cualquier  circunstancia”  el  núcleo esencial de los derechos  constitucionales fundamentales de los desplazados.   

La  Corte  estableció,  en  la  sentencia  T-025/04  mencionada, que ese mínimo irreductible de los derechos fundamentales  de    la    población   desplazada   está   compuesto   por   los   siguientes  derechos:   

“1.   El  derecho  a  la vida, en el  sentido que establece el artículo 11 C.P. y el Principio 10.   

2.  Los  derechos  a  la  dignidad  y  a la  integridad  física,  psicológica  y moral (artículos 1 y 12 C.P.), tal y como  se particularizan en el Principio 11.   

3.  El  derecho  a la familia y a la unidad  familiar  consagrado  en  los artículos 42 y 44 CP y precisado para estos casos  en  el Principio, especialmente aunque sin restringirse a ellos, en los casos de  familias   conformadas   por  sujetos  de  especial  protección  constitucional  ‑niños,  personas de la  tercera  edad,  disminuidos  físicos,  o mujeres cabeza de familia ‑,    quienes   tienen   derecho   a  reencontrase con sus familiares.   

4.  El  derecho  a una subsistencia mínima  como   expresión  del  derecho  fundamental  al  mínimo  vital,  según  está  precisado en el Principio 18 (…)   

5. El derecho a la salud (artículo 49 C.P.)  cuando  la  prestación del servicio correspondiente sea urgente e indispensable  para  preservar  la  vida  y  la  integridad  de  la persona ante situaciones de  enfermedad  o  heridas que les amenacen directamente y prevenir las enfermedades  contagiosas  e  infecciosas,  de  conformidad  con  el  Principio 19. Ahora bien  respecto  de los niños y niñas se aplicará el artículo 44 y en relación con  los menores de un año, se aplicará el artículo 50 C.P.   

6. El derecho a la protección (artículo 13  C.P.)   frente  a  prácticas  discriminatorias  basadas  en  la  condición  de  desplazamiento,  particularmente  cuando  dichas prácticas afecten el ejercicio  de los derechos que se enuncian en el Principio 22.   

7. Para el caso de los niños en situación  de  desplazamiento,  el  derecho  a la educación básica hasta los quince años  (artículo 67, inciso 3, C.P.) (…).   

8.  En relación con la provisión de apoyo  para  el  autosostenimiento  (artículo  16 C.P.) por vía de la estabilización  socioeconómica  de las personas en condiciones de desplazamiento (…) el deber  mínimo  del  Estado  es  el  de  identificar  con  la  plena participación del  interesado,  las  circunstancias  específicas  de  su  situación  individual y  familiar,   su   proveniencia   inmediata,  sus  necesidades  particulares,  sus  habilidades  y  conocimientos, y las posibles alternativas de subsistencia digna  y  autónoma  a  las  que puede acceder en el corto y mediano plazo, con miras a  definir  sus  posibilidades concretas para poner en marcha un proyecto razonable  de  estabilización  económica individual, de participar en forma productiva en  un  proyecto colectivo, o de vincularse al mercado laboral, así como emplear la  información  que  provee la población desplazada para identificar alternativas  de generación de ingresos por parte de los desplazados. (…)   

9.  Finalmente, en relación con el derecho  al  retorno  y  al  restablecimiento,  las autoridades están obligadas a (i) no  aplicar  medidas  de  coerción  para  forzar  a las personas a que vuelvan a su  lugar  de  origen o a que se restablezcan en otro sitio; (ii) no impedir que las  personas   desplazadas   retornen  a  su  lugar  de  residencia  habitual  o  se  restablezcan  en  otro  punto  del  territorio, precisándose que cuando existan  condiciones  de  orden público que hagan prever un riesgo para la seguridad del  desplazado  o  su  familia  en  su  lugar  de  retorno  o  restablecimiento, las  autoridades  deben  advertir en forma clara, precisa y oportuna sobre ese riesgo  a  quienes  les  informen  sobre  su  propósito de regresar o mudarse de lugar;  (iii)  proveer  la  información  necesaria  sobre  las condiciones de seguridad  existentes  en  el  lugar  de  retorno,  así  como  el compromiso en materia de  seguridad  y  asistencia  socioeconómica que el Estado asumirá para garantizar  un  retorno  seguro  y  en  condiciones  dignas;  (iv) abstenerse de promover el  retorno  o  el  restablecimiento  cuando  tal  decisión  implique exponer a los  desplazados  a  un  riesgo  para  su  vida o integridad personal (…)”.    

Para    efectos    del    caso    bajo  estudio   vale   la  pena  señalar  que  el  otorgamiento  por  parte de las autoridades competentes de la  ayuda  humanitaria  de  emergencia y su prórroga, cuando hay lugar a ello, hace  parte    del    “derecho   a   una   subsistencia  mínima”9  que, a su vez, es expresión directa del  derecho  fundamental al mínimo vital. Tiene como fin constitucional brindarle a  la  población desplazada asistencia para satisfacer sus necesidades básicas de  “alimentación,   salud,   atención  sicológica,  alojamiento,   transporte   de  emergencia,  elementos  de  hábitat  interno  y  salubridad                pública.”10. En  ese   orden   de  ideas,  abarca  “tanto  la  ayuda  humanitaria  de  emergencia  que  se  presta  desde  el momento en que ocurre el  desplazamiento,  como  los  componentes de asistencia mínima durante las etapas  de      restablecimiento      económico      y      de      retorno”11  contempladas  en la Ley 387  de 1997 y sus decretos reglamentarios.   

La Corte ha indicado que si bien su duración  inicial  es  de  tres meses, conforme lo prescribe la normatividad aplicable, la  ayuda  es  susceptible  de ser prorrogada cuando, luego de un estudio individual  del  caso,  puede  concluirse que la persona no se encuentra aún en condiciones  de     asumir     su     propio     sostenimiento12.  Dentro  de este grupo debe  considerarse  a  quienes se encuentran en situación de urgencia extraordinaria,  y  a quienes pertenecen a poblaciones de especial vulnerabilidad, tales como los  niños  que  no tienen acudientes, las personas de la tercera edad que no están  en  la  capacidad de generar ingresos, o las mujeres cabeza de familia que deben  dedicar  todo  su  tiempo al cuidado de sus hijos o familiares. En este sentido,  la   prórroga   debe  mantenerse  hasta  el  momento  en  el  que  la  urgencia  extraordinaria  haya  cesado,  o  cuando  las personas adquieran las condiciones  para      asumir      su     propio     sustento13.    

Con  todo,  la  Sala  considera  necesario  precisar  que  este  derecho  no  se  ve satisfecho cuando la entidad competente  decide  conceder  a  la persona desplazada la ayuda humanitaria de emergencia, o  su  prórroga,  mediante el acto administrativo correspondiente. Su cumplimiento  se  verifica  únicamente  cuando  la  persona  en  situación de desplazamiento  adquiere  conocimiento de dicha decisión y, luego de ello, recibe efectivamente  el  dinero  o los componentes que hacen parte de la ayuda humanitaria concedida.  Esto  se  explica  por  cuanto aunque es necesario, el otorgamiento formal de la  ayuda  humanitaria  de  emergencia  o  su prórroga no ayuda a solventar por sí  mismo  las necesidades mínimas de la persona en situación de desplazamiento y,  por  ende,  no  logra  frenar  la  amenaza  o  vulneración  de  su derecho a la  subsistencia mínima.   

Sobre   la   comunicación   efectiva   al  peticionario  de  la  respuesta a su solicitud, ya la Corte se ha pronunciado en  múltiples ocasiones. Ha sostenido que:   

“[H]ace  parte  del  núcleo esencial del  derecho  fundamental  consagrado en el artículo 23 de la Carta, el hecho de que  la  respuesta  se  ponga  en conocimiento del solicitante, pues no puede tenerse  como  real  contestación  la  que sólo es conocida por la persona o entidad de  quien     se    solicita    la    información”14.   

En el caso de la población desplazada, esta  exigencia  se  ve  robustecida por la protección reforzada que tiene el derecho  de  petición  cuando  es  ejercido  por una persona o grupo que se encuentra en  condiciones especiales de vulnerabilidad y pobreza.    

Respecto  de la entrega efectiva de la ayuda  humanitaria  de  emergencia  o  de  la  prórroga,  la  Corte ha afirmado que es  razonable  que  se  lleve  a cabo conforme al orden cronológico establecido por  Acción  Social,  una  vez  la  persona  cumple  con los requisitos de ley. Esto  garantiza  el  derecho a la igualdad entre las personas que han accedido a dicha  asistencia15.  Solamente  en algunos casos excepcionales la Corte ha ordenado la  cancelación     prioritaria     de     la    ayuda    cuando    “resulta  evidente  que la persona se encuentra en una situación de  extrema  urgencia  que amerita que la entrega de la asistencia humanitaria tenga  prelación”16.   

No obstante, también ha enfatizado la Corte  que  la regla general de respeto por el orden cronológico no es óbice para que  Acción  Social  informe  a  las  personas  el  término  en  el  cual  la ayuda  humanitaria  de  emergencia  les será entregada. Se hace preciso que la persona  en  condición  de desplazamiento conozca una fecha cierta, aunque no inmediata,  en  la  cual se realizará el pago. Esta fecha debe ser respetuosa de los turnos  asignados,  pero  debe  fijarse  dentro  de  un  término  razonable y oportuno.   

Adicionalmente,  en  virtud del principio de  legalidad,  una  vez  la  ayuda humanitaria de emergencia o la prórroga ha sido  concedida  a  una  persona  registrada como desplazada, la entidad competente no  puede  resistirse a su desembolso, si no existe una causal expresa en la ley que  le  permita  hacerlo.  En  la  normatividad vigente no existe ninguna causal que  autorice  la  retención  del dinero de la ayuda humanitaria de emergencia.. Por  el  contrario,  el Decreto 2569 de 2000 prohíbe las restricciones en la entrega  de   la  ayuda  humanitaria  para  la  población  desplazada  y  establece  que  “[l]as   acciones   culposas   o  dolosas  de  las  autoridades  relacionadas  con la distribución de la ayuda de emergencia serán  objeto  de  investigación  disciplinaria  y  sancionadas  de conformidad con la  ley”17.    

Así  las  cosas,  el derecho fundamental al  mínimo  vital,  expresado  en  el  derecho  de  la  población desplazada a una  subsistencia  mínima,  se  ve  vulnerado  no sólo cuando la entidad competente  omite  el  reconocimiento de la ayuda humanitaria de emergencia o la prórroga a  la  población  desplazada  en  los  casos en que está obligado a hacerlo, sino  también  cuando  deja  de notificar al interesado sobre la decisión, o, cuando  habiéndolo  notificado, deja de hacer entrega efectiva de los componentes de la  ayuda  humanitaria  de  emergencia  o de la prórroga de la misma, por cualquier  razón    que   no   encuentra   asidero   en   la   ley   vigente   y   en   la  Constitución18.   

    

1. Del caso concreto     

En la demanda de tutela el accionante afirma  que  no  se  le  hizo  entrega  de  la  ayuda humanitaria de emergencia ni de la  prórroga,  pese  a  haberlas  solicitado  a  Acción Social en su condición de  desplazado,  y que esta situación vulnera su derecho fundamental de petición y  su  derecho  a la vida digna. Sin embargo, el juez de tutela concluyó que no es  posible  establecer  la  certeza sobre la vulneración del derecho de petición,  como  quiera  que este no se anexó como prueba; y tampoco sobre la vulneración  de  otros  derechos  fundamentales, puesto que la respuesta de Acción Social al  derecho  de  petición  sí  se encuentra en el expediente y de ella es factible  deducir  que  ya  se  han  entregado  los componentes de la ayuda humanitaria de  emergencia.   

Al respecto, lo primero que advierte la Sala  es  que  el  juez  dejó  de  emplear  la facultad oficiosa de ordenar pruebas o  requerir   información   adicional   para   comprobar   la  existencia  de  una  vulneración   o   amenaza   a   los   derechos  fundamentales  del  accionante.   

Si bien el accionante no anexó a la demanda  el  derecho  de  petición  que  afirma  haber  presentado,  sí  presentó  una  comunicación     de    Acción    Social    relativa    a    la    “RESPUESTA     [DEL]     DERECHO     DE     PETICIÓN”.  Ello es indicativo de que el accionante elevó una petición a  Acción  Social. Sin embargo, no es suficiente para concluir que no se violó el  derecho  de  petición  puesto  que,  recuerda  la Sala, éste no se agota en la  exigencia  de  dar una respuesta al peticionario, sino que demanda una respuesta  oportuna  y  la  contestación  material,  y de fondo, de las peticiones hechas.   

Por  supuesto, la respuesta dada por Acción  Social  no  permite  tener  conocimiento  sobre  cuál  es  el  contenido  de la  solicitud  presentada  por el accionante, el tiempo en el que ella se radicó, o  los  demás  elementos  que encierra su presentación, y que son necesarios para  examinar  la  situación  concreta  a  la  luz  del  contenido  del  derecho  de  petición.  Por  lo  tanto,  el  principio de oficiosidad le imponía al juez de  tutela  el deber de solicitar a las partes una copia del derecho de petición, o  decretar  las  pruebas  necesarias  para  poder  comprender  suficientemente  su  contenido.    

En  el mismo sentido, observa la Sala que la  mencionada  respuesta  en  la  que  se afirma que se incluyó al accionante y su  núcleo  familiar  dentro  del  listado de programación de visita domiciliaria,  con  el  ánimo  de  determinar  si la ayuda humanitaria de emergencia puede ser  prorrogada,  y  la  lista de los mecanismos principales para acceder a la oferta  del  Sistema,  tampoco constituyen prueba suficiente para establecer que Acción  Social  ha  cumplido  con sus obligaciones en materia de la ayuda humanitaria de  emergencia,  que  el  accionante  reclamó  de  manera  directa en la acción de  tutela.  Para  llegar  a  una  conclusión  de  este tipo, también es necesario  recaudar más elementos de juicio.   

En ese orden de ideas, la Sala debe entrar a  analizar  la  situación  presentada por el accionante, valorando en su conjunto  el  material  probatorio  recaudado  por ella, para determinar si Acción Social  vulneró  o  no  los  derechos  fundamentales  de  petición  y  el derecho a la  subsistencia  mínima  del  accionante  quien  se  encuentra  en  situación  de  desplazamiento.   

De un lado, la Sala observa que la petición  realizada  por  el  accionante  se  dirige  a solicitar la prórroga de la ayuda  humanitaria  de  emergencia  y,  en  concordancia,  el accionante solicita en la  acción  de  tutela  que  le  sea  concedida  dicha  prórroga.  No obstante, al  accionante  y a su compañera -que pertenecen al mismo núcleo familiar-, se les  reconoció  primero  una  prórroga  de un mes y, luego de ello, se le otorgaron  bajo  el  mismo  título  ayudas  correspondientes a tres meses de alojamiento y  tres  meses  de  alimentación  en bonos canjeables, en los meses de noviembre y  diciembre             de             200819.  Del  mismo  modo,  Acción  Social  indicó  que  “se les programó la prórroga  de  ayuda  humanitaria  (…) mientras se practica el procedimiento de la visita  domiciliaria”.    

Estas   circunstancias   hacen   que   el  pronunciamiento  sobre  la  prórroga  de  la  ayuda  humanitaria  de emergencia  carezca  de objeto. Por tal motivo habrá de declararse que el hecho de no haber  recibido  la  prórroga  de  la  ayuda humanitaria, alegado como generador de la  vulneración  de  derechos,  ya  ha  sido  superado20   

. Sin embargo, se insta a Acción Social para  que  notifique  en debida forma al accionante sobre la decisión de programar la  prórroga  de la ayuda humanitaria mientras se decide de manera definitiva sobre  su  procedencia, puesto que de lo contrario este pronunciamiento es insuficiente  a efectos de satisfacer su derecho a la subsistencia mínima.   

Pero  a juicio de la Sala no sucede lo mismo  con  la entrega de la ayuda humanitaria de emergencia. En efecto, la afirmación  del  accionante  según  la cual no le ha sido concedida la ayuda humanitaria de  emergencia,  debe  ser  leída  en  concordancia  con  el  registro aportado por  Acción  Social en el que consta que dicha ayuda fue consignada el 6 de junio de  2008  por  el  valor de un millón noventa y cinco mil pesos ($1.095.000) y, sin  embargo,  su  estado  actual  es  “NO  PAGO”.  Dado  que, como se indicó en  párrafos  precedentes,  el  derecho  a la mínima subsistencia de la población  desplazada,  que  se materializa en la ayuda humanitaria de emergencia, se agota  sólo  cuando  se  hace  entrega  efectiva  de  los  componentes de la ayuda, al  accionante   le   asiste   la   razón   cuando  afirma  que  este  derecho  fue  vulnerado.    

Más  aún,  por  cuanto  al indagar por las  razones  que  explican que dicha ayuda no haya sido entregada, la Sala encuentra  en  la  respuesta  que  Acción  Social  da  a  la  Defensoría  del Pueblo, que  “este recurso fue devuelto por no ser cobrado en el  término”.  La  Sala  considera  que  esta razón no  justifica  la  falta  de  entrega  de  la  ayuda  humanitaria  de  emergencia al  accionante,  puesto  que  la  Ley  387 de 1997 y sus decretos reglamentarios, no  contemplan  que  la  falta  de  cobro  por  parte  del  desplazado conlleva a la  retención indefinida de este rubro, o a su pérdida.   

Por   las  razones  anteriores,  la  Corte  confirmará  la sentencia del juez de instancia, en cuanto negó la solicitud de  amparo  hecha por el accionante respecto del derecho de petición y la prórroga  de  la  ayuda humanitaria, pero ordenará a Acción Social que programe de nuevo  la  entrega  de  la  ayuda  humanitaria  de  emergencia  y  así  lo  informe al  accionante,  de modo que en un término razonable y proporcionado que no vulnere  el  derecho  a la igualdad de otras personas en situación de desplazamiento que  están  a  la espera del pago, se garantice el derecho a la subsistencia mínima  del accionante que depende de la ayuda humanitaria de emergencia.   

III. DECISIÓN  

Con   fundamento  en  las  consideraciones  expuestas   en   precedencia,   la   Sala  Tercera  de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la  Constitución,   

RESUELVE:  

Primero.   CONFIRMAR  parcialmente  la  sentencia  del 9 de diciembre de 2008 proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Santa  Marta,  en  el  sentido  de  negar el amparo del derecho de  petición  y  el  reconocimiento  de  la  prórroga  de la ayuda humanitaria, de  conformidad  con  las  consideraciones  expuestas  en  la  parte  motiva de este  fallo.   

Segundo.  TUTELAR el derecho a la vida  digna  y  al  mínimo  vital del señor Rafael Bonilla Riatiga. En consecuencia,  ORDENAR   a   la   Agencia  Presidencial   para   la   Acción   Social   y  la  Cooperación  Internacional  –Acción   Social-  que  dentro  de  las  cuarenta  y ocho (48) horas siguientes a la notificación de la  presente  providencia, programe nuevamente la entrega de la ayuda humanitaria de  emergencia  consignada  el  6  de  junio  de  2008, que aún se adeuda al señor  Rafael   Bonilla   Riatiga,   y   se   le   notifique   personalmente  la  fecha  programada.    

Notifíquese,  comuníquese,  cúmplase  e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional.   

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado Ponente  

MAURICIO   GONZÁLEZ  CUERVO   

Magistrado  

GABRIEL  EDUARDO MENDOZA  MARTELO   

Magistrado   

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General    

1  Ver  sentencias C-483/08, C-138/02 y T-464A-06.   

2 Ver,  entre  otras,  sentencias  T-585/05,  T-227/06,  C-889/02,  T-594/99, T-389/97 y  T-501/92.   

3  C-483/08   

4  Cfr  sentencias T-164/03, T-308/02 y A-116A-02,   

5 Cfr,  entre  otras, las sentencias T-464A-06, T-585/05, T-696/02, T-1056/01, T-523/01y  T-555/95.   

6 Cfr,  entre otras, las sentencias T-137/08, T-312/05 y T-684/01.   

8  T-464A-06   

9  T-025/04   

10  Artículo 20 del decreto 2569/00.   

11  T-025/04   

12 Ver  sentencia C-278/07.   

13  T-025/04. Ver también las sentencias T-312/05 y T-469/07.   

14  T-249/01.  Ver  también  las sentencias T-839/06, T-912/03, T-991/01, T-259/04,  T-545/96, entre otras.   

15 Ver  sentencias T-469/07, T-136/07, T-373/05, T-312/05.   

16  T-469/07.   Ver   también   la  sentencia  T-645/03.   

17 Art.  24 Decreto 2569 de 2000.   

18 Al  respecto, ver sentencias T-191/07 y T-086/02.   

19 Tal  como   consta   en   el   registro  aportado  Claudia  Viviana  Ferro  Buitrago,  Subdirectora  de  Atención  a  la  Población  Desplazada, en contestación del  requerimiento hecho en el auto de 27 de marzo de 2009. Fl 3   

20  En  reiterada  jurisprudencia,  esta  Corporación  ha  enfatizado  que  en  la  medida  que  durante  el  trámite  de  la  acción  la  vulneración  o  amenaza  a  los  derechos  fundamentales desaparezca, la tutela  pierde  su  razón  de  ser, pues bajo estas condiciones no existiría una orden  que  impartir  ni un perjuicio que evitar.  Al respecto se pueden consultar  las  sentencias  T-259  de 2007, T-257 de 2007, T-495 de 2006, T-306 de 2006, T-  629 de 2005, T-083 de 2004, T-013 de 2003 y T-608 de 2002.     

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