T-820-09

Tutelas 2009

DERECHO  A  LA  SEGURIDAD SOCIAL-Fundamental   

ACCION  DE  TUTELA  PARA  RECONOCIMIENTO  DE  PENSION   DE   SOBREVIVIENTES-Procedencia   

ACCION    DE    TUTELA   Y   PENSION   DE  SOBREVIVIENTES-Procedencia  excepcional  para reclamar  reconocimiento   

PENSION   DE   SOBREVIVIENTES-Requisitos   

PENSION   DE   SOBREVIVIENTES-Exigencias  que  deben  cumplir  los  miembros  del grupo familiares  acuerdo con la ley 100 de 1993   

Sin embargo, el artículo 47 de la Ley 100 de  1993,  modificado  por  el  artículo  13  de la Ley 787 de 2003 señala ciertas  exigencias  que  deben  cumplir  los  miembros del grupo familiar del pensionado  para  ser acreedores de la pensión de sobrevivientes. En el caso del cónyuge o  compañero(a)  permanente  supérstite  del  pensionado,  que  es  el  objeto de  estudio  en  la  presente  acción,  el  citado artículo establece que tendrán  derecho  a  la  pensión  de  sobrevivientes en forma vitalicia el cónyuge o la  compañera  o  compañero  permanente supérstite del pensionado, que a la fecha  del  fallecimiento  del causante, tenga 30 o más años de edad, haya hecho vida  marital  con  el  causante  hasta su muerte y haya convivido con el fallecido no  menos  de  5  años  continuos  con  anterioridad  a su muerte; o el cónyuge o  compañero  o  compañera permanente que tenga menos de 30 años de edad y tenga  hijos  con  el  causante.  Y  en  forma  temporal el cónyuge o el compañero(a)  permanente  supérstite  siempre  y  cuando  dicho  beneficiario, a la fecha del  fallecimiento  del  causante,  tenga  menos  de  30  años  de  edad,  y no haya  procreado hijos con este.   

PENSION   DE   SOBREVIVIENTES-Caso  en que no se demuestra la convivencia con el causante hasta su  muerte   

Referencia: expediente T-2.357.840  

Acción de tutela instaurada por Carmen Lucia  Eckardt    Osio    contra   la   CAJA   DE   AUXILIOS   Y   PRESTACIONES   ACDAC  “CAXDAC”   

Magistrado Ponente:  

Dr. HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Bogotá  D.C. diecinueve (19) de noviembre de  dos mil nueve (2009).   

La  Sala  Octava  de  Revisión  de  la Corte  Constitucional,  integrada  por  los Magistrados Juan Carlos Henao Pérez, Jorge  Iván  Palacio  Palacio  y  Humberto  Antonio Sierra Porto, quien la preside, en  ejercicio  de  sus competencias constitucionales y legales, específicamente las  previstas  en los artículos 86 y 241 numeral 9º de la Constitución Nacional y  en  los  artículos  33  y  siguientes del Decreto 2591 de 1991, ha proferido la  siguiente   

SENTENCIA   

Dentro del proceso de revisión de los fallos  de  tutela proferidos por el Juzgado Dieciseis Penal del Municipal con Funciones  en  Control de Garantias de Barranquilla y el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  la misma ciudad, en la acción de tutela instaurada por Carmen Lucia Eckardt  Osio    contra    la    Caja    de    Auxilios    y    Prestaciones   de   ACDAC  “CAXDAC”.   

I. ANTECEDENTES  

El pasado veintinueve (29) de enero de dos mil  nueve  (2009) la ciudadana Carmen Lucia Eckardt Osio interpuso acción de tutela  ante  el  Juzgado  Dieciséis  Penal  Municipal  con  Funciones  en  Control  de  Garantías  de Barranquilla solicitando el amparo de su derecho fundamental a la  seguridad  social,  el  cual,  en  su opinión, ha sido vulnerado por la CAJA DE  AUXILIOS Y PRESTACIONES ACDAC “CAXDAC”.   

De  acuerdo  con la solicitud de tutela y las  pruebas  obrantes en el expediente, la accionante sustenta su pretensión en los  siguientes   

Hechos  

1.-  Carmen  Lucia Eckardt Osio, de 56 años,  afirma  que  es  la  compañera  superstite  de Carlos Joaquín Rincón Rincón,  quien  falleció  el  19 de agosto de 2008, en vida era pensionado de la CAJA DE  AUXILIOS Y PRESTACIONES ACDAC “CAXDAC”. (folio 9, cuaderno 2)   

2.- Sostiene la actora que su convivencia con  el  fallecido Carlos Joaquín Rincón Rincón, se extendió por más de 33 años  de  forma  continua  ininterrumpida  y  que  fruto  de esa unión nacieron José  Guillermo  Rincón  Eckardt,  Carlos  Federico Rincón Eckardt y Eduardo Enrique  Rincón Eckardt. (folio 8, 19, 20, 21, cuaderno 2)   

3.-  La  accionante  manifiesta que dependía  económicamente  de  Carlos  Joaquín  Rincón  Rincón,  pues  ella se dedicaba  únicamente  a la crianza de sus hijos y al mantenimiento de la casa, por lo que  no   cuenta   con   los   recursos  económicos  suficientes  para  atender  las  obligaciones  propias  del  hogar.  (folio  8,  10,  19,  20,  21,  cuaderno  2)   

4-  La peticionaria solicitó ante la CAJA DE  AUXILIOS  Y  PRESTACIONES ACDAC “CAXDAC” el reconocimiento de la pensión de  sobrevivientes,  la  cual fue negada por considerar que ella no cumplía con los  requisitos  exigidos  por  el  Sistema  de  Seguridad  Social  en Pensiones para  obtener ese beneficio.    

Solicitud de Tutela  

   

5.- Con fundamento en los hechos narrados, la  ciudadana  Carmen  Lucia  Eckardt  Osio  solicitó  la protección de su derecho  fundamental  a la seguridad social que considera vulnerado al negarse la entidad  demandada  a  reconocerle la pensión de sobrevivencia. En consecuencia pide que  se le conceda dicha prestación (folio 1, cuaderno 2).   

   

Respuesta de la entidad demandada  

   

6.-  La  parte accionada por medio de escrito  del  16  de  marzo  2009  respondió  la  acción  de tutela de la referencia, y  solicitó denegar el recurso de amparo (folio 32, cuaderno 2).   

7.-Indicó  que  la  petente no cumple con el  requisito  de  convivencia  exigido por el articulo 13 de la ley 797 de 2003 que  modificó  el artículo 47 de la ley 100, que establece una convivencia continua  no  menor  de  5  años con el causante antes del fallecimiento de éste. (folio  32, cuaderno 2).   

8.- Adicionalmente, solicitó que se declarara  la  improcedencia  de  la  acción en curso por cuanto la actora cuenta con otro  mecanismo  de  defensa judicial, que es el proceso ordinario laboral. (folio 33,  cuaderno 2).   

Decisiones    judiciales    objeto    de  revisión   

   

Sentencia de primera instancia  

   

9.- El Juzgado Dieciséis Penal Municipal con  Funciones  en Control de Garantías de Barranquilla denegó el amparo solicitado  pues  consideró que la acción de tutela impetrada era improcedente por existir  otro   mecanismo  de  defensa  judicial  consistente  en  un  proceso  ordinario  laboral.(folio 66, cuaderno 2).   

Impugnación  

10.-  La  accionante  interpuso  recurso  de  apelación  contra  la  decisión  proferida  por  el  Juzgado  Dieciséis Penal  Municipal  con  Funciones  en  Control  de  Garantías  de  Barranquilla  con el  objetivo  de  que  revoque la decisión de primera instancia y en su lugar se le  concedan sus pretensiones (folio 117, cuaderno 2).   

Sentencia de segunda instancia  

   

11.  El Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Barranquilla   confirmó  en  su  integridad  y  con  idéntica  motivación  la  decisión de primera instancia (folio 7, cuaderno 3).   

II. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS  

1. Competencia  

1.-  Es  competente  esta  Sala  de  la Corte  Constitucional  para  revisar  la  decisión  proferida  dentro de la acción de  tutela  de  la referencia de conformidad con lo dispuesto en los artículos 86 y  241,  numeral  9o.,  de  la  Constitución  Política  y en concordancia con los  artículos 31 a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

2. Problema jurídico  

2.-  En atención a lo expuesto, esta Sala de  Revisión   debe  determinar  si  la  CAJA  DE  AUXILIOS  Y  PRESTACIONES  ACDAC  “CAXDAC”  vulneró  el  derecho  fundamental  a  la  seguridad  social de la  señora  Carmen  Lucia  Eckardt  Osio  al  negarse  a reconocerle la pensión de  sobrevivientes.   

   

A  fin  de  resolver  el  asunto,  la Sala se  pronunciará  sobre  los  siguientes  tópicos:  (i)  la  seguridad  social como  derecho  constitucional  fundamental y su protección por medio de la acción de  tutela,   (ii)  la  procedencia  de  la  acción  de  tutela  para  reclamar  el  reconocimiento   de   la   pensión   de   sobrevivientes   y   (iii)   el  caso  concreto.   

3.   La   seguridad   social  como  derecho  constitucional  fundamental  y  su  protección  por  medio  de  la  acción  de  tutela.   

La  seguridad  social  se  erige  en  nuestro  ordenamiento  jurídico  como  un  derecho constitucional a cuyo cumplimiento se  compromete  el  Estado, según se sigue de la lectura del artículo 48 superior,  el  cual  prescribe  lo  siguiente:  “Se garantiza a  todos  los habitantes el derecho irrenunciable a la seguridad social”1.   

La  protección que le otorga el ordenamiento  constitucional  al  derecho a la seguridad social se complementa y fortalece por  lo  dispuesto  en  el  ámbito  internacional  pues  son varios los instrumentos  internacionales  que  reconocen  el  derecho  de  las  personas  a  la seguridad  social2.  El  artículo  16 de la Declaración Americana de los Derechos de  la Persona afirma que:   

“Artículo XVI. Toda persona tiene derecho a  la   seguridad   social   que   le   proteja  contra  las  consecuencias  de  la  desocupación,  de  la  vejez  y de la incapacidad que, proveniente de cualquier  otra  causa  ajena  a  su  voluntad,  la imposibilite física o mentalmente para  obtener los medios de subsistencia”.   

Así  mismo  se  encuentra  estipulado  en el  artículo   9  del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Sociales  y  Culturales:   

“Los  Estados  Partes  en el presente Pacto  reconocen  el  derecho  de toda persona a la seguridad social, incluso al seguro  social”.   

De  manera  similar,  el  artículo  9  del  Protocolo  Adicional  a  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos en  Materia   de   Derechos  Económicos,  Sociales  y  Culturales  prescribe:    

“Artículo  9.  Derecho  a  la  Seguridad  Social.  1. Toda persona tiene derecho a la seguridad  social  que  la proteja contra las consecuencias de la vejez y de la incapacidad  que  la  imposibilite  física o mentalmente para obtener los medios para llevar  una  vida digna y decorosa. En caso de muerte del beneficiario, las prestaciones  de   seguridad   social   serán   aplicadas   a   sus  dependientes”.   

En el mismo sentido el Código Iberoamericano  de  la  Seguridad  Social,  aprobado  por la ley 516 de 1999, en su artículo 1,  establece:   

“El Código reconoce a la Seguridad Social  como     un     derecho     inalienable     del     ser    humano”.   

De  la  lectura  de las normas transcritas se  deduce  que  el  derecho a la seguridad social protege a las personas que están  en  imposibilidad  física  o mental para obtener los medios de subsistencia que  le  permitan  llevar  una vida digna a causa de la vejez, del desempleo o de una  enfermedad  o  incapacidad  laboral. El derecho a la pensión de vejez es uno de  los  mecanismos  que, en virtud del derecho a la seguridad social, protege a las  personas  cuando  su  vejez produce una esperable disminución de la producción  laboral  lo  que  les  dificulta o impide obtener los recursos para disfrutar de  una  vida  digna3.   

Como  se  puede  apreciar,  el  derecho  a la  seguridad  social  demanda  el  diseño de una estructura básica que, en primer  lugar,  establezca las instituciones encargadas de la prestación del servicio y  precise,  además,  los  procedimientos bajo los cuales éste debe discurrir. En  segundo  término,  debe  definir  el sistema a tener en cuenta para asegurar la  provisión  de fondos que garanticen su buen funcionamiento. En este punto cobra  especial  importancia la labor del Estado, el cual, por medio de asignaciones de  sus  recursos  fiscales,  tiene  la  obligación  constitucional  de brindar las  condiciones  necesarias  para  asegurar  el  goce del derecho irrenunciable a la  seguridad                   social4.   

De  acuerdo  a  la clasificación ampliamente  difundida  en  la  doctrina  que se ha ocupado de los derechos fundamentales, la  cual  toma  como  base  el proceso histórico de surgimiento de estas garantías  como  parámetro de consulta para establecer la naturaleza de tales derechos, la  seguridad  social es un derecho que se inscribe en la categoría de los derechos  de     segunda     generación     –igualmente   conocidos   como   derechos  sociales  o  de  contenido  económico, social y cultural-.   

En  el  ordenamiento  jurídico colombiano y,  durante    un    amplio   lapso,   la   doctrina   constitucional   –  incluida  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  -, acogió la distinción teórica entre derechos civiles  y  políticos,  de  una parte, y derechos sociales, económicos y culturales, de  otra.  Los primeros generadores de obligaciones negativas o de abstención y por  ello   reconocidos   en   su   calidad   de  derechos  fundamentales    y   susceptibles   de   protección   directa   por   vía   de  tutela.      Los      segundos,      desprovistos  de  carácter fundamental por  ser  fuente  de  prestaciones u obligaciones positivas, frente a los cuales, por  ésta  misma razón, la acción de tutela resultaba, en  principio, improcedente.   

Sin  embargo, desde muy temprano, el Tribunal  Constitucional  colombiano  admitió  que  los  derechos sociales, económicos y  culturales,  llamados también de segunda generación, podían ser amparados por  vía  de  tutela  cuando  se  lograba demostrar un nexo inescindible entre estos  derechos  de  orden  prestacional  y un derecho fundamental, lo que se denominó  “tesis    de    la    conexidad”   5.   

Según  esta  óptica,  la  implementación  práctica   de   todos   los  derechos  constitucionales  fundamentales  siempre  dependerá  de  una  mayor  o  menor erogación presupuestaria, de forma tal que  despojar  a  los  derechos  sociales  –  como  el  derecho  a  la salud, a la educación, a la vivienda, al  acceso  al  agua potable entre otros – de su carácter de derechos fundamentales  por ésta razón resultaría no sólo confuso sino contradictorio.   

Es  por  ello  que  en  pronunciamientos más  recientes  esta  Corte  ha  señalado  que  todos  los  derechos    constitucionales   son   fundamentales7  pues  se  conectan  de manera  directa   con  los  valores  que  las  y  los  Constituyentes  quisieron  elevar  democráticamente  a  la  categoría  de  bienes especialmente protegidos por la  Constitución.  Estos  valores  consignados  en  normas  jurídicas  con efectos  vinculantes  marcan  las  fronteras materiales más allá de las cuales no puede  ir  la  acción  estatal sin incurrir en una actuación arbitraria (obligaciones  estatales  de orden negativo o de abstención). Significan, de modo simultáneo,  admitir  que en el Estado social y democrático de derecho no todas las personas  gozan  de  las  mismas  oportunidades  ni  disponen  de  los medios –    económicos   y   educativos   –  indispensables  que  les permitan elegir con libertad aquello que tienen razones  para  valorar.  De  ahí el matiz activo del papel del Estado en la consecución  de  un  mayor  grado  de  libertad,  en  especial,  a favor de aquellas personas  ubicadas  en  un  situación  de  desventaja social, económica y educativa. Por  ello,  también  la  necesidad  de  compensar  los  profundos  desequilibrios en  relación  con  las  condiciones  de partida mediante una acción estatal eficaz  (obligaciones estatales de carácter positivo o de acción).   

Ahora bien, una cosa es la fundamentalidad de  los  derechos  y otra – muy  distinta  – la posibilidad  de hacerlos efectivos a través de la acción de tutela.   

Existen facetas prestacionales de los derechos  fundamentales   –  sean  éstos  civiles,  políticos,  económicos,  sociales  o  culturales  -, como el  derecho  a  la  pensión  de vejez, cuya implementación política, legislativa,  económica  y  técnica  es  más  exigente que la de otras y depende de fuertes  erogaciones  económicas  en un contexto de escasez de recursos. Esto supone que  algunas  veces  sea necesario adoptar políticas legislativas y/o reglamentarias  para  determinar  específicamente  las prestaciones exigibles y las condiciones  para  acceder  a las mismas, las instituciones obligadas a brindarlas y su forma  de  financiación,  teniendo en cuenta que se debe atender, de modo prioritario,  a  quienes más lo necesitan. Sobra decir que, en esta tarea, el legislador y la  administración  deben  respetar  los  mandatos  constitucionales y los tratados  internacionales  sobre derechos humanos ratificados por Colombia que hacen parte  del  bloque  de  constitucionalidad,  para  lo  cual  deben  tener en cuenta las  interpretaciones  que los órganos autorizados han hecho sobre el alcance de los  derechos     que     reconocen    estas    normas8.   

La   necesidad  del  desarrollo  político,  reglamentario   y  técnico  no  determina  que  estos  derechos  pierdan  su  carácter fundamental, pero sí tiene repercusiones en la  posibilidad   de   protegerlos   mediante   la   acción  de  tutela  pues  la indeterminación de algunas de sus facetas prestacionales  dificulta  establecer  con  exactitud,  en  un caso concreto, quien es el sujeto  obligado,   quien   es   el   titular   y  cual  es  el  contenido  prestacional  constitucionalmente determinado.   

En  este  sentido,  la Corte ha señalado que  sólo   una  vez  adoptadas  las  medidas     de     orden     legislativo     y  reglamentario,  si se cumplen los requisitos previstos  en  estos  escenarios,  las  personas  pueden acudir a la acción de tutela para  lograr  la  efectiva  protección  de estos derechos fundamentales cuando quiera  que    este    se    encuentre   amenazado   de   vulneración   o   haya   sido  conculcado9,  previo  análisis  de  los  requisitos  de procedibilidad de este  mecanismo constitucional.   

La  anterior regla tiene una excepción, pues  también  ha  indicado  la  Corte  que  ante  la  renuencia  de  las  instancias  políticas  y  administrativas  competentes  en  adoptar  e  implementar medidas  orientadas  a  realizar estos derechos fundamentales en la práctica, los jueces  pueden   hacer   efectivo   su   ejercicio   por  vía  de  tutela  cuando   la  omisión  de  las  autoridades  públicas  termina  por  desconocer  por  entero  la conexión existente entre la falta de protección de  los  derechos  fundamentales  y  la  posibilidad  de  llevar una vida digna y de  calidad,  especialmente  de  sujetos  de  especial protección o, en general, de  personas   colocadas   en   situación   evidente   de  indefensión10.   

De esta forma queda claro que el derecho a la  seguridad  social  – dentro  del  cual  se  inscribe  el  derecho  a  la  pensión  de vejez -, es un derecho  fundamental  y  que,  cuando  se  presenten alguno de los dos eventos descritos,  la   acción   de   tutela   puede   ser  usada  para  protegerlo,  siempre  y cuando se verifiquen, además,  los requisitos de procedibilidad de este mecanismo procesal.   

4. La procedencia de la acción de tutela para  reclamar  el  reconocimiento  de  la pensión de sobrevivientes. Reiteración de  jurisprudencia.   

De conformidad con la jurisprudencia reiterada  de            esta            Corporación11,  la  acción  de  tutela no  procede,  en principio, para ordenar el reconocimiento de prestaciones derivadas  del  derecho  a  la  seguridad social, como la pensión de sobrevivientes.    

La   razón   para  ello  es  el  carácter  subsidiario  que  posee  el mecanismo judicial previsto en el artículo 86 de la  Constitución12,  pues  el legislador ha establecido un escenario judicial concreto  para  los  eventuales conflictos que surjan a propósito de la exigencia de este  derecho,  cual  es la jurisdicción ordinaria en sus especialidades laboral y de  seguridad  social según el artículo 2 del Código Procesal del Trabajo y de la  Seguridad                   Social13.   

Sin  embargo,  la jurisprudencia constante de  esta                   Corporación14, con base en el artículo 86  de  la Constitución, también ha indicado dos excepciones a la regla general de  la improcedencia.   

En  primer  lugar,  la  acción  de  tutela  procederá  como  mecanismo  principal y definitivo en el evento en que el medio  judicial  previsto  para  este tipo de controversias no  resulte  idóneo  y/o  eficaz  en  el caso concreto. La  Corte  ha  considerado  que  los  mecanismos  laborales ordinarios, aunque  idóneos, no son eficaces cuando se  trata   de   personas   que   reclaman  el  reconocimiento  de  la  pensión  de  sobrevivientes  y  se  encuentran  en  circunstancia de  debilidad    manifiesta    (artículo   13   de   la  Constitución)15 por su avanzada edad, por su  mal  estado  de  salud,  por  la  carencia  de ingreso económico alguno, por su  condición  de  madre  cabeza  de  familia  con hijos menores de edad y/o por su  situación   de   desplazamiento   forzado,   entre   otras.   Frente   a  estas  circunstancias,  las  acciones  laborales  ordinarias  no son lo suficientemente  expeditas   frente   a   la  exigencia  de  protección  inmediata  de  derechos  fundamentales  a la vida digna, al mínimo vital, a la salud, a la educación, a  la   vivienda   digna,   a   la   alimentación   adecuada   y  a  la  seguridad  social16.     

Así,  en  la  sentencia  T-401  de  2004, se  reconoció  de manera definitiva la pensión de sobrevivientes a una persona que  pertenecía  a  la  tercera  edad,  padecía  graves  afecciones de salud ya que  sufría  de  retardo mental congénito por hidrocefalia perinatal y macrocefalia  y  estaba  en una precaria situación económica pues no poseía ningún ingreso  económico  a  causa  de  su imposibilidad para ingresar al mercado laboral como  consecuencia  de la invalidez permanente que le producía su enfermedad. En esta  ocasión   se   afirmó   que  negarle  la  prestación  requerida  “(…)  equivale  a  someter  arbitrariamente  su  bienestar  a la  voluntad  o  capacidad  de  terceras  personas,  lo que compromete seriamente la  dignidad,  la  igualdad  y  la  autonomía.  Al  respecto,  esta Corporación ha  considerado  que  el  principio  de  dignidad humana resulta vulnerado cuando se  somete  a  una persona a vivir de la caridad ajena, existiendo la posibilidad de  que  tenga  acceso  a unos recursos económicos propios que le permitan subvenir  algunas de sus necesidades básicas”.   

De  forma  similar,  en la sentencia T-971 de  2005,  se  reconoció  la pensión de sobrevivientes a una persona en situación  de  desplazamiento  forzado  y  a su hija menor de edad. En esta oportunidad, se  consideró    que    “(…)   la   situación   del  desplazamiento  forzado, como se tuvo oportunidad de señalar, deja al actor y a  su  familia  en circunstancias de debilidad manifiesta, puesto que el desarraigo  de  sus  lugares  de  origen les priva de toda forma de ingreso económico y los  expone  a  la  amenaza  cierta  de su derecho al mínimo vital.  Bajo estos  supuestos,  imponer  al demandante desplazado la obligación de reclamar ante la  jurisdicción  ordinaria  la prestación, cuando carece de los recursos mínimos  para  ello  y,  además, la misma entidad demandada reconoce que se han cumplido  los  requisitos  a  cargo  de  los  interesados  para  acceder  a  la  pensión,  constituiría  una  carga  desproporcionada, contraria a la eficacia material de  los derechos fundamentales invocados”.      

Las mismas consideraciones fueron aplicadas en  la  sentencia  T-836 de 2006 -caso en el cual la peticionaria tenía 79 años de  edad  y presentaba un cuadro de enfermedad coronaria, glaucoma severo que había  generado   una  pérdida  del  90%  de  su  capacidad  visual  y,  además,  una  osteoartrósis    degenerativa    de    rodilla    que   requería   de   pronta  cirugía-17,  en  la sentencia T-129 de 2007 -en la cual se concedió el amparo  a  una  mujer  de  85 años cuya situación económica era extremadamente penosa  dado    que    carecía    de    ingreso    alguno18-  y en la sentencia T-593 de  2007  –ocasión en la cual  la  peticionaria  era  madre  cabeza  de  familia  con  varios  hijos menores de  edad.    

Se debe reparar en que la idoneidad y eficacia  del  mecanismo  ordinario  para  reclamar  el  reconocimiento  de la pensión se  comprueba  a  través  del  análisis  por parte de la autoridad judicial de los  hechos  del  caso  concreto,  los  que,  obviamente,  pueden revelar situaciones  diversas  a  las  expuestas en la jurisprudencia de la Corte antes comentada, de  donde  se sigue que los casos reseñados son una guía y no una camisa de fuerza  para la autoridad judicial.    

En  segundo  lugar,  la  acción  de  tutela  procederá  como  mecanismo  transitorio  para  reclamar el reconocimiento de la  pensión  de  sobrevivientes,  a  pesar  de  la  existencia de un medio judicial  ordinario  idóneo  y  eficaz, cuando es necesaria para  evitar  un perjuicio irremediable, el cual en este tipo  de   casos   reside  en  la  afectación  del  mínimo  vital  del  peticionario  y/o  de  su  familia  por la  ausencia de reconocimiento y pago de la prestación referida.   

Para determinar la existencia de la violación  o  amenaza  a este derecho fundamental el juez constitucional debe comprobar que  “(i)  la  prestación  económica  que  percibía el  trabajador  o pensionado fallecido constituye el sustento económico de su grupo  familiar  dependiente; y (ii) los beneficiarios de la pensión carecen, después  de  la  muerte del trabajador o pensionado, de otros medios para garantizarse su  subsistencia,  por lo cual quedan expuestos a un perjuicio irremediable derivado  de  la  afectación  de  su  derecho fundamental al mínimo vital”19.   

La  Corte  ha indicado que si bien es posible  presumir  la  afectación  del  mínimo vital en estos casos por el principio de  informalidad  de  la  acción  de  tutela,  de todos modos se debe acompañar la  afirmación  de  alguna  prueba,  al  menos  sumaria20,  en ausencia de la cual, el  juez  de tutela debe propender por arribarla al proceso en virtud de su facultad  de decretar pruebas de oficio.   

En relación con la existencia del otro medio  de  defensa judicial ha señalado la jurisprudencia de la Corte que no existe la  obligación  de  iniciar  el  proceso  ordinario antes de acudir a la acción de  tutela,  basta que dicha posibilidad esté abierta al interponer la demanda. Sin  embargo,  si  el  demandante  ha  dejado  vencer  la oportunidad para iniciar el  trámite  del proceso ordinario, por prescripción o caducidad de la acción, la  tutela   no   procede  como  mecanismo  transitorio21.   

Ante  la  presencia  de  alguno  de  los  dos  supuestos   explicados   la   acción   de  tutela  es  procedente  y  la  autoridad  judicial  debe  estudiar  entonces  si  existe  una  violación  o  amenaza  al  derecho  fundamental a la  seguridad   social   por   la   falta   de  reconocimiento  de  la  pensión  de  sobrevivientes.    

Antes  de  iniciar  el  análisis  del  caso  concreto,  es  necesario recordar que, como se señaló en la sentencia T-836 de  200622,  el  excepcional  reconocimiento del derecho pensional por vía de  tutela  se  encuentra sometido, adicionalmente, a una última condición de tipo  probatorio,  consistente en que en el expediente esté acreditada la procedencia  del  derecho,  a  pesar de la cual la entidad encargada de responder no ha hecho  el  mencionado reconocimiento o simplemente no ha ofrecido respuesta alguna a la  solicitud.  Ahora  bien,  en  aquellos  casos  en  los  cuales  no  se encuentre  plenamente   acreditado  el  cumplimiento  de  los  requisitos  y  los  derechos  fundamentales   del  solicitante  se  encuentren  amenazados  por  un  perjuicio  irremediable,  el  juez  de  tutela  podrá  reconocer  de manera transitoria el  derecho  pensional  cuando  exista  un  considerable  grado  de certeza sobre la  procedencia de la solicitud.   

El  mencionado  requisito probatorio pretende  garantizar  dos  objetivos:  en  primer lugar, busca asegurar la eficacia de los  derechos  fundamentales  del  sujeto  que  a  pesar  de encontrarse en una grave  situación  originada  en  el  no  reconocimiento  de su derecho pensional, cuya  procedencia  está acreditada, no ha visto atendida su solicitud de acuerdo a la  normatividad  aplicable  y  a  las  condiciones  fácticas  en  las que apoya su  petición.  Y,  en  segundo  lugar,  este  requisito traza un claro límite a la  actuación  del  juez  de  tutela,  quien  sólo  puede acudir a esta actuación  excepcional  en los precisos casos en los cuales esté demostrada la procedencia  del reconocimiento.   

5. El caso concreto  

En el presente asunto, la señora  Carmen  Lucia  Eckardt  Osio  considera  vulnerado  su  derecho fundamental a la seguridad social por la CAJA DE AUXILIOS  Y  PRESTACIONES  ACDAC  “CAXDAC”,  entidad  que  se  negó  a reconocerle la  pensión de sobrevivientes.   

   

La primera verificación que se debe realizar  en   este   caso  es  aquélla  que  consiste  en  determinar  si  los  derechos  fundamentales  presuntamente  vulnerados  son  susceptibles  de  protección por  medio  de  la acción de tutela, ya que, como se señaló anteriormente, algunas  facetas  prestacionales de ciertos derechos fundamentales requieren para ello de  desarrollo  legal  y/o reglamentario, salvo que se concrete el supuesto de hecho  de la excepción ya explicada.   

   

Como  se  expuso, en el caso del derecho a la  pensión  de  sobrevivientes,  que  hace  parte  del  derecho  fundamental  a la  seguridad  social,  es  necesario  un  desarrollo  legal  y/o  reglamentario que  establezca  (i)  las  instituciones  encargadas  de la prestación del servicio,  (ii)  las  condiciones  para  acceder  a  tal prestación y (iii) un sistema que  asegure   la   provisión   de   fondos,  pues  la  Constitución  no  determina  directamente  tales  elementos. Este desarrollo ya se ha efectuado por parte del  legislador,   principalmente   mediante   la   ley  100  de  1993,  lo  que  hace  que  el  derecho  a la pensión de sobrevivientes sea  susceptible   de   protección   mediante   la   acción  de  tutela.   

   

La segunda verificación que se debe llevar a  cabo  en  este  caso es la relativa a la procedibilidad de la acción de tutela,  pues  el  artículo  86 de la Constitución prescribe que ésta sólo procederá  cuando  no  exista  otro  mecanismo  de  defensa  judicial idóneo, salvo que se  interponga   de   forma  transitoria  para  evitar  un  perjuicio  irremediable.   

   

De conformidad con la jurisprudencia reiterada  de  esta  Corporación, como ya se señaló, la acción de tutela no procede, en  principio,  para ordenar el reconocimiento de la pensión de sobrevivientes pues  el  legislador  ha  establecido  para  ello  un  escenario judicial concreto: la  jurisdicción  ordinaria en sus especialidades laboral y de seguridad social. De  modo  tal  que es necesario analizar si, en este caso, se presenta alguna de las  dos  excepciones  que  la  jurisprudencia  constitucional  ha  indicado  para el  reconocimiento  de  pensiones  de sobrevivientes por medio de acción de tutela.   

   

Esta Sala considera que, en esta oportunidad,  la  acción  de  tutela  procede como mecanismo transitorio, pues la ausencia de  reconocimiento  y  pago  de  la  pensión  de sobrevivientes genera un perjuicio  irremediable,  que  en este caso reside en la afectación al mínimo vital de la  peticionaria.   

La  jurisprudencia  de  esta  Corporación ha  señalado  dos  requisitos  para  determinar  la  existencia  de la violación o  amenaza  a  este  derecho que son:“(i) la prestación  económica  que  percibía  el  trabajador  o pensionado fallecido constituye el  sustento  económico  de su grupo familiar dependiente; y (ii) los beneficiarios  de  la  pensión  carecen, después de la muerte del trabajador o pensionado, de  otros  medios  para garantizarse su subsistencia, por lo cual quedan expuestos a  un  perjuicio  irremediable derivado de la afectación de su derecho fundamental  al            mínimo            vital”23.   

Como se observa de las pruebas aportadas en el  expediente  la  pensión  de  vejez  que  devengaba el fallecido Carlos Joaquín  Rincón  Rincón era el único sustento económico del hogar, pues la accionante  se  dedicaba  únicamente  a  la  crianza  sus  hijos  y  al  mantenimiento  del  hogar24.  Debido a esta misma circunstancia la señora Carmen Lucia Eckardt  Osio  carece  de los medios necesarios para garantizarse una subsistencia digna,  pues  en  este  momento adeuda mas de 18 millones de pesos de administración al  edificio        en        donde        reside25  y  además  se encuentra en  mora   en   el   pago   de  los  aportes  al  Sistema  de  Seguridad  Social  en  Salud26.     

Adicionalmente esta Corporación ha señalado  que  antes  de entrar a analizar el caso concreto, es necesario determinar si el  o  la  peticionaria  cumple  los  requisitos  establecidos  por  el  régimen de  seguridad   social  para  acceder  a  la  prestación  económica  que  se  esta  solicitando, que en este evento es la pensión de sobrevivientes.   

El  artículo  46  de  la  Ley  100  de 1993,  modificado  por  el  artículo 12 de la Ley 797 de 2003 establece los requisitos  para obtener la pensión de sobrevivientes, que son:    

1. Los miembros del  grupo  familiar  del  pensionado  por  vejez  o  invalidez por riesgo común que  fallezca y,   

2.  Los  miembros  del  grupo  familiar  del  afiliado  al  sistema  que  fallezca,  siempre  y  cuando éste hubiere cotizado  cincuenta  semanas  dentro  de los tres últimos años inmediatamente anteriores  al fallecimiento y se acrediten las siguientes condiciones:   

PARÁGRAFO  1o.  Cuando  un  afiliado haya cotizado el número de semanas mínimo requerido en el  régimen  de prima en tiempo anterior a su fallecimiento, sin que haya tramitado  o  recibido  una  indemnización  sustitutiva  de  la  pensión  de  vejez  o la  devolución   de  saldos  de  que  trata  el  artículo  66  de  esta  ley,  los  beneficiarios  a  que se refiere el numeral 2 de este artículo tendrán derecho  a la pensión de sobrevivientes, en los términos de esta ley.   

En  el  caso  objeto  de  estudio  el  aparte  aplicable  es  el  numeral  1  del  artículo  en mención, por cuanto el señor  Carlos  Joaquín Rincón Rincón era pensionado por vejez de la CAJA DE AUXILIOS  Y   PRESTACIONES   ACDAC   “CAXDAC”.   Bajo   este   supuesto  las  personas  beneficiarias,  en principio, de la pensión de sobrevivientes son: Carmen Lucia  Eckardt  Osio compañera supérstite del difunto Carlos Joaquín Rincón Rincón  y  sus  tres  hijos  pues  son  las  personas que componen el grupo familiar del  pensionado.   

Sin embargo, el artículo 47 de la Ley 100 de  1993,  modificado  por  el  artículo  13  de  la  Ley  787  de 200327   

señala ciertas exigencias que deben cumplir  los  miembros  del  grupo  familiar  del  pensionado  para  ser acreedores de la  pensión de sobrevivientes.   

En  el  caso  del  cónyuge  o  compañero(a)  permanente  supérstite  del  pensionado, que  es  el  objeto  de  estudio  en la presente acción,   el  citado  artículo  establece  que  tendrán  derecho a la pensión de sobrevivientes en forma vitalicia el cónyuge  o   la   compañera   o   compañero  permanente  supérstite  del  pensionado,   que   a   la   fecha   del  fallecimiento  del  causante,  tenga  30  o  más años de edad, haya hecho vida  marital  con  el  causante  hasta su muerte y haya convivido con el fallecido no  menos  de  5  años  continuos  con  anterioridad  a su muerte; o el cónyuge o  compañero  o  compañera permanente que tenga menos de 30 años de edad y tenga  hijos  con  el  causante.  Y  en  forma  temporal el cónyuge o el compañero(a)  permanente  supérstite  siempre  y  cuando  dicho  beneficiario, a la fecha del  fallecimiento  del  causante,  tenga  menos  de  30  años  de  edad,  y no haya  procreado hijos con este.   

De  las  pruebas  anexadas  al expediente, se  observa  que  la  peticionaria, al momento del deceso de Carlos Joaquín Rincón  Rincón,  contaba  con  55  años  de  edad,  por  lo  que cumple con uno de los  requisitos  para  acceder a la pensión de sobreviviententes de forma vitalicia.  Sin  embargo  el  cumplimiento  de  los  requisitos de hacer vida marital con el  causante  hasta  su  muerte  y  convivir  con  el  fallecido no menos de 5 años  continuos   con   anterioridad   a   su   muerte  no  se  encuentran  plenamente  demostrados.   

Debido a esta circunstancia, la Sala valorara  las  pruebas  aportadas  por las partes para determinar si la actora cumple o no  con  el  resto  de requisitos establecidos por el Sistema de Seguridad Social en  pensiones.   

En primer lugar, se encuentran 4 declaraciones  juramentadas  extrajuicio  de  Eduardo  Enrique  Rincón  Eckardt,  Dubis Lilena  Lopera  Velásquez,  Consuelo  Esperanza  Leyva González y Carmen Lucia Eckardt  Osio,  en  las  cuales  señalan  que  entre  la  peticionaria y Carlos Joaquín  Rincón  Rincón  existió  una  permanencia  continua  por más de 33 años que  perduró  hasta  el  día  de  la  muerte  de  éste28.   

En  segundo  lugar, se hallan 2 declaraciones  juramentadas  extrajuicio  de  Julio Alberto Garrido Daniels y Manuel del Cristo  Guzmán   Ramos,   de   fecha  19  de  mayo  de  2000  y  2  de  junio  de  2000  respectivamente,  en  las  cuales se afirma que desde hace más de tres años el  difunto  Carlos  Joaquín  Rincón  Rincón  se  encuentra  separado  física  y  definitivamente   de   su   compañera  Carmen  Lucia  Eckardt  Osio29 y un escrito  del  19  de febrero de 2000, del fallecido, en el que se manifiesta que no tiene  actualmente  ningún  nexo  económico,  ni afectivo con la señora Carmen Lucia  Eckardt  Osio30.   

También  se  encuentra  una  comunicación  suscrita  por  Marco  Tulio  Rincón  Eckardt,  hijo de la accionante en la cual  sostiene  que  el  Juzgado  Segundo  de  Familia  de  Barranquilla, por medio de  sentencia    del    20    de    marzo    de    2003    resolvió:   “Declarar  la  EXISTENCIA  DE  LA UNION MARIRAL DE HECHO entre los  señores  CARLOS  JOAQUÍN  RINCÓN RINCÓN y CARMEN LUCIA ECKARDT OSIO desde el  primero  de enero  de  1991  hasta  el  13 de Marzo de 1996  […]”31.   

Esta Sala observa una clara contradicción en  el  material  probatorio  obrante  en  el  expediente,  pues existen pruebas que  permitirían  demostrar  que  entre  la  peticionaria  y Carlos Joaquín Rincón  Rincón  existió  una  permanencia  continua  por más de 33 años que perduró  hasta  el  día  de  la muerte de éste; y aquellas indican que desde el 1997 el  fallecido  esta  separado  definitivamente de su compañera Carmen Lucia Eckardt  Osio.   

Sin embargo, es posible inferir que la unión  entre  Carmen  Lucia  Eckardt  Osio y Carlos Joaquín Rincón Rincón no perduro  hasta  la  muerte  de  éste,  pues existe coincidencia entre la fecha en que el  Juzgado  Segundo  de  Familia  de Barranquilla estableció la terminación de la  unión  marital  de hecho y la fecha que indican Julio Alberto Garrido Daniels y  Manuel  del  Cristo  Guzmán  Ramos,  en  las declaraciones juramentadas, en que  concluyó dicha relación.   

Circunstancia  que  no  sucede de las pruebas  aportadas  por  la  peticionaria,  puesto  que no existe ninguna otra prueba que  valide  los  testimonios de Eduardo Enrique Rincón Eckardt, Dubis Lilena Lopera  Velásquez,   Consuelo   Esperanza   Leyva  González  y  Carmen  Lucia  Eckardt  Osio.    

En este orden de ideas, la Sala considera que  la  accionante no demostró el cumplimiento de uno de los requisitos exigidos en  la  legislación  de  la seguridad social, que es la convivencia con el causante  hasta  su  muerte;  por  ello  no es posible el reconocimiento de la pensión de  sobrevivientes en el caso concreto.    

De  acuerdo con lo anterior, la Sala de Revisión confirmará  los  fallos  proferidos  en  el  trámite de la acción de tutela por el juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla  y  el  Juzgado Dieciséis Penal  Municipal con Funciones en Control de Garantías de Barranquilla.   

III. DECISION  

En  mérito de lo expuesto, la Sala Octava de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE   

Primero.-  CONFIRMAR,  por  las razones  expuestas  los  fallos  proferidos en el trámite de la acción de tutela por el  juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla y el Juzgado Dieciséis  Penal   Municipal  con  Funciones  en  Control  de  Garantías  de  Barranquilla   

Segundo.-   Por  Secretaría  líbrese  la  comunicación prevista en el artículo 36 del Decreto  2591 de 1991.   

Notifíquese, comuníquese, publíquese en la  Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Magistrado  

JUAN CARLOS HENAO PÉREZ  

Magistrado  

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

    

1 Sobre  el  alcance  de  la  seguridad  social como derecho protegido a la luz del Pacto  Internacional  de Derechos Económicos Sociales y Culturales, en su observación  general  número  XX el Comité hizo las siguientes precisiones: “26.  El  artículo  9  del  Pacto  prevé de manera general que los  Estados  Partes  “reconocen  el  derecho  de toda persona a la seguridad social,  incluso  el  seguro  social”,  sin  precisar  la  índole  ni  el  nivel  de  la  protección  que  debe  garantizarse.   Sin embargo, en el término “seguro  social”  quedan incluidos de forma implícita todos los riesgos que ocasionen la  pérdida  de  los medios de subsistencia por circunstancias ajenas a la voluntad  de   las  personas.  27.De  conformidad  con el artículo 9 del Pacto y con las disposiciones de aplicación  de    los   Convenios   de   la OIT   sobre   seguridad   social   ‑Convenio  Nº 102,  relativo  a  la  norma  mínima  de  la  seguridad  social  (1952)  y Convenio Nº 128 sobre las  prestaciones   de   invalidez,   vejez   y   sobrevivientes   (1967)‑  los  Estados Partes deben tomar las  medidas  adecuadas  para  establecer, con carácter general, sistemas de seguros  de  vejez  obligatorios,  a percibir a partir de una edad determinada, prescrita  por    las    legislaciones    nacionales”   (…)  30.  Finalmente,  para  dar  pleno  cumplimiento  al  mandato  del  artículo 9 del Pacto, como ya se ha señalado en los párrafos 20  y   22,   los  Estados  Partes  deberán  establecer,  dentro  de  los  recursos  disponibles,  prestaciones  de vejez no contributivas u otras ayudas, para todas  las   personas   mayores  que,  al  cumplir  la  edad  prescrita  fijada  en  la  legislación  nacional,  por  no  haber  trabajado  o  no  tener  cubiertos  los  períodos  mínimos  de  cotización  exigidos, no tengan derecho a disfrutar de  una  pensión  de  vejez  o de otra ayuda o prestación de la seguridad social y  carezcan de cualquier otra fuente de ingresos”.   

2 (i)  artículo  22  de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Artículo  22.   Toda  persona,  como  miembro de la sociedad,  tiene  derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional  y  la  cooperación  internacional,  habida  cuenta  de  la  organización y los  recursos  de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales  y  culturales,  indispensables  a  su  dignidad  y  al  libre  desarrollo  de su  personalidad”;   (ii)   artículo   9   del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Económicos, Sociales y Culturales: “Artículo     9     Los  Estados  Partes  en  el presente Pacto reconocen el derecho de  toda  persona  a  la  seguridad  social,  incluso  al  seguro social”;  (iii)  artículo  16  de  la  Declaración  Americana  de los  Derechos   de  la  Persona:  “Artículo  XVI.  Toda  persona  tiene  derecho  a  la  seguridad  social  que  le  proteja  contra  las  consecuencias  de  la  desocupación,  de  la  vejez  y  de  la incapacidad que,  proveniente  de  cualquier  otra  causa  ajena  a  su  voluntad, la imposibilite  física  o  mentalmente  para  obtener  los  medios  de subsistencia”;  (iv)  artículo  9  del  Protocolo Adicional a la Convención  Americana  sobre Derechos Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y  Culturales:    “Artículo  9.  Derecho  a  la  Seguridad  Social.  1.  Toda  persona tiene derecho a la seguridad social que la  proteja  contra  las  consecuencias  de  la  vejez  y  de  la incapacidad que la  imposibilite  física o mentalmente para obtener los medios para llevar una vida  digna  y  decorosa.  En  caso  de  muerte  del beneficiario, las prestaciones de  seguridad    social    serán    aplicadas    a   sus   dependientes”;  y  (v)  el  artículo  11,  numeral  1, literal “e” de la  Convención  sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la  Mujer:   Artículo  11  ||  1.  Los  Estados  Partes  adoptarán  todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra  la  mujer  en la esfera del empleo a fin de asegurar, en condiciones de igualdad  entre  hombres y mujeres, los mismos derechos, en particular: e) El derecho a la  seguridad  social, en particular en casos de jubilación, desempleo, enfermedad,  invalidez,  vejez  u  otra  incapacidad  para  trabajar,  así como el derecho a  vacaciones pagadas;   

3  Sentencia T-284-07.   

4  Sentencia C-623 de 2004   

5  Posición planteada desde la sentencia T-406 de 1992.   

6  Víctor  Abramovich,  Christian  Courtis, Los derechos  sociales  como  derechos  exigibles, Editorial Trotta,  Madrid, 2002.   

7 Ver  las  sentencias  T-016-07 sobre el derecho a la salud, T-585-08 sobre el derecho  a la vivienda y T-580-07 sobre el derecho a la seguridad social.   

8    Al  respecto  ver las Sentencias C-616 de 2001, C-130  de 2002, C-791 de 2002 y SU-623 de 2001   

9  Sentencia T-016-07.   

10  Ibídem.   

11  Sentencias  T-657  de  2005, T-691 de 2005, T-971 de 2005, T-1065 de 2005, T-008  de  2006,  T-630  de 2006, T-692 de 2006, T-701 de 2006, T-836 de 2006, T-129 de  2007,  T-168  de  2007,  T-184  de  2007, T-236 de 2007, T-326 de 2007, T-335 de  2007, T-593 de 2007, entre otras.   

12  “Esta  acción  [la  de  tutela]   sólo  procederá  cuando  el  afectado  no  disponga  de  otro  medio de defensa judicial, salvo que aquella se utilice como  mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable”.   

13  ARTICULO   2o.  COMPETENCIA  GENERAL.  <Artículo  modificado       por       el       artículo       2  de  la  Ley  712  de 2001. El nuevo texto es el siguiente:> La  Jurisdicción  Ordinaria,  en  sus  especialidades laboral y de seguridad social  conoce  de: (…)   4.  Las  controversias  referentes al sistema de seguridad  social  integral  que se susciten entre los afiliados, beneficiarios o usuarios,  los  empleadores  y  las entidades administradoras o prestadoras, cualquiera que  sea  la  naturaleza  de  la relación jurídica y de los actos jurídicos que se  controviertan.   

15 En  este sentido, sentencia T-630 de 2006.   

16 En  este sentido, sentencia T-593 de 2007.   

17  Caso similar al resuelto en la sentencia T-692 de 2006.   

18  Caso similar al resuelto en la sentencia T-236 de 2007.   

19  Sentencia  T-971  de  2005.  En  el mismo sentido las sentencias T-692 de 2006 y  T-129 de 2007.   

20  Sentencias T-236 de 2007 y T-335 de 2007.   

21  Sentencia T-236 de 2007.   

22  Reiterada en las sentencias T-184 de 2007 y T-593 de 2007.   

23  Sentencia  T-971  de  2005.  En  el mismo sentido las sentencias T-692 de 2006 y  T-129 de 2007.   

24  Folio 8, 10, 19, 20, 21, Cuaderno 2   

25  Folio 10, Cuaderno 2   

26  Folio 2, Cuaderno 2   

27 Ley  100  de  1993, artículo 47. Beneficiarios de la Pensión de Sobrevivientes. Son  beneficiarios de la pensión de sobrevivientes:   

a)  En  forma  vitalicia,  el  cónyuge o la  compañera   o   compañero   permanente  o  supérstite,  siempre  y cuando dicho beneficiario, a la fecha  del  fallecimiento del causante, tenga 30 o más años  de  edad. En caso de que la pensión de sobrevivencia  se  cause  por muerte del pensionado, el cónyuge o la  compañera   o   compañero  permanente  supérstite,  deberá  acreditar  que  estuvo  haciendo  vida marital con el causante hasta su  muerte  y  haya convivido con el fallecido no menos de  cinco   (5)   años   continuos   con   anterioridad   a  su  muerte;   

b)  En  forma  temporal,  el  cónyuge  o la  compañera    permanente    supérstite,   siempre   y   cuando   dicho   beneficiario,  a  la  fecha  del  fallecimiento  del  causante,  tenga  menos  de  30  años  de  edad,  y no haya  procreado   hijos  con  este.  La  pensión  temporal  se  pagará  mientras  el  beneficiario  viva y tendrá una duración máxima de 20 años. En este caso, el  beneficiario  deberá  cotizar  al  sistema para obtener su propia pensión, con  cargo  a  dicha  pensión.  Si  tiene hijos con el causante aplicará el literal  a).   

Si  respecto  de  un  pensionado  hubiese un  compañero   o   compañera   permanente,  con  sociedad anterior conyugal no disuelta y derecho a percibir  parte  de  la  pensión  de  que  tratan  los  literales  a)  y  b) del presente  artículo,  dicha  pensión  se  dividirá  entre  ellos  (as) en proporción al  tiempo de convivencia con el fallecido.   

<Aparte   subrayado   CONDICIONALMENTE  exequible>  En  caso de convivencia simultánea en  los  últimos  cinco  años,  antes  del  fallecimiento  del  causante  entre un  cónyuge    y    una    compañera   o   compañero  permanente,  la  beneficiaria o el beneficiario de la  pensión   de   sobreviviente   será   la   esposa   o   el  esposo.  Si  no  existe  convivencia simultánea y se mantiene vigente la  unión   conyugal   pero   hay   una   separación  de  hecho,  la  compañera   o   compañero   permanente  podrá  reclamar  una  cuota  parte  de  lo  correspondiente  al literal a en un  porcentaje  proporcional  al  tiempo  convivido con el causante siempre y cuando  haya  sido  superior  a  los  últimos  cinco  años antes del fallecimiento del  causante.  La  otra  cuota  parte  le  corresponderá  a la cónyuge con la cual  existe la sociedad conyugal vigente;   

c)  Los hijos menores de 18 años; los hijos  mayores  de  18 años y hasta los 25 años,  incapacitados  para  trabajar  por  razón  de sus estudios y si  dependían  económicamente  del  causante  al  momento  de su muerte, siempre y  cuando  acrediten  debidamente  su  condición  de  estudiantes;  y,  los  hijos  inválidos  si  dependían  económicamente del causante, esto es, que no tienen  ingresos  adicionales,  mientras  subsistan  las  condiciones de invalidez. Para  determinar  cuando  hay  invalidez  se  aplicará  el  criterio  previsto por el  artículo                         38 de la Ley 100 de 1993;   

d)   A  falta  de  cónyuge,  compañero  o  compañera  permanente  e  hijos  con  derecho,  serán beneficiarios los padres del causante si dependían  económicamente de este;   

e)   A  falta  de  cónyuge,  compañero   o   compañera  permanente,  padres   e   hijos   con   derecho,   serán   beneficiarios   los  hermanos   inválidos  del  causante  si  dependían económicamente de éste.   

PARÁGRAFO. Para efectos de este artículo se  requerirá  que  el  vínculo entre el padre, el hijo o el hermano inválido sea  el establecido en el Código Civil.   

28  Folios 19, 20, 21, 22, Cuaderno 2    

29  Folios 108 y 109, Cuaderno 2    

30  Folio 107, Cuaderno 2.    

31  Folio 102 y 105, Cuaderno 2.      

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