C-350-09

Sentencias 2009

    Sentencia C-350-09  

Referencia: expediente D-7394  

Demandante:     David     Alonso    Roa  Salguero   

Demanda  de  inconstitucionalidad  contra  el  numeral 9 del artículo 35 de la Ley 734 de 2002.   

Magistrada Ponente:  

Dra. MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Bogotá, D.C., veinte (20) de Mayo de dos mil  nueve (2009)   

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en  cumplimiento  de  sus atribuciones constitucionales y de los requisitos y de los  trámites  establecidos  en  el Decreto 2067 de 1991, ha proferido la siguiente,   

SENTENCIA   

I. ANTECEDENTES  

En   ejercicio   de  la  acción  pública  consagrada  en  el  artículo 241 de la Constitución, el ciudadano David Alonso  Roa  Salguero  presentó  acción  de  inconstitucionalidad  para que se declare  inexequible   el  numeral  9°  del  artículo  35,  de  la  Ley  734  de  2002.   

II. NORMAS DEMANDADAS  

A continuación se transcribe el texto de las  normas acusadas, resaltando las partes demandadas:   

Ley 734 de 2002  

por   la   cual   se   expide  el  Código  Disciplinario Único   

TÍTULO  IV  

   

Derechos,    deberes,    prohibiciones,  incompatibilidades,  impedimentos,  inhabilidades  y  conflicto de intereses del  servidor público   

   

Capítulo Tercero  

Prohibiciones  

   

Artículo      35.      Prohibiciones. A todo servidor público le  está prohibido: […]    

   

9.  Ejecutar  en el lugar de trabajo actos que atenten contra la moral o  las buenas costumbres.”   

III. DEMANDA  

David  Alonso Roa Salguero presentó acción  de  inconstitucionalidad  contra  el  numeral  9°  del artículo 35 del Código  Disciplinario  Único  –Ley  734   de   2002–,   por  considerar  que  dichas  normas  violan  los artículos 1°, 4°, 29 y 241 de la  Constitución  Política.  La  demanda  considera que la norma acusada establece  una  sanción  con  base  en  dos  conceptos  muy  amplios,  el  de ‘moral’     y     el    de    ‘buenas      costumbres’,  lo  cual, a su juicio, conlleva una  violación  constitucional  de  los  principios  de tipicidad y claridad al cual  deben  acogerse las normas sancionatorias. Sostiene que este defecto, implica la  posibilidad  de que la norma sea aplicada de manera arbitraria y caprichosa. Los  argumentos son presentados en los siguientes términos,   

“Considero  que la norma demandada vulnera  abiertamente  la Constitución Política, habida cuenta que la misma no describe  de  manera  precisa  y concreta cuáles son las conductas que al ser desplegadas  por   el  servidos  público  o  el  particular  disciplinable,  atentan  contra  la   moral  y  las  buenas costumbres, vulnerando así los  principios  de  dignidad  humana  y  legalidad  aplicables  indefectiblemente en  materia   disciplinaria.   Lo   anterior   conduce   a   efectuar  el  siguiente  interrogante:  ¿Cuál  es  el tipo de conducta que atenta contra la moral y las  buenas costumbres, y que a la vez constituye falta disciplinaria?   

Si  bien el preámbulo de la Carta Política  busca  garantizar un orden social justo, no podría aplicarse una manifestación  del  ius punendi al margen de  postulados propios de un estado social y democrático de derecho.   

El     concepto     de    moral  utilizado  por  el Legislador en el  numeral  demandado  es  un  concepto  muy  amplio  que  puede  servir de abuso y  arbitrariedad  por  parte del operador disciplinario, pues dicho concepto carece  de  especificidad,  teniendo  en  cuenta  que  no  se  sabe  si  se refiere a la  ‘moral social’     o     a     la    ‘moral    administrativa’   de  que  trata  el  artículo  209  superior,  lo  que  implica  por  tanto desconocer el alcance de la prohibición  contenida en la norma.   

Además,   ello   quedaría   a  la  libre  interpretación  subjetiva  o  arbitrio  del  fallador  para  determinar  si  un  comportamiento    es    o    no    contrario   al   concepto   de   moral  que es utilizado en la norma que se  demanda,    y   que   al   ser   aplicado   como   fundamento   para   sancionar  disciplinariamente,  vulneraría  los  principios de legalidad y tipicidad de la  falta  (o  predeterminación normativa) y, a su vez, el derecho a la defensa del  implicado,  porque  lo que es inmoral para una persona puede no serlo para otra;  es   más,   si   bien   existen  comportamientos  que  pueden  ser  reprochados  socialmente,  pueden  no  serlo  jurídicamente.  Lo  mismo  aplicaría  para el  concepto   de   las   buenas   costumbres que se utiliza en la misma norma.   

Esto permite concluir inexorablemente que el  amplio  margen de valoración jurídica con que cuenta el operador disciplinario  en  la adecuación típica, deba entenderse como la facultad de crear faltas que  no  están contenidas en las normas, lo que atentaría flagrantemente contra los  principios constitucionales ya mencionados.   

Debe  recordarse  que  la redacción de este  numeral  se  encontraba  consignado en el numeral 1° del artículo 59 de la Ley  836  de  2003,  el  cual  fue  declarado  inexequible por esa misma Corporación  mediante  Sentencia  C-431  de  2004, acogiendo el mismo fundamento jurídico de  inexequibilidad   de  la  expresión  ‘observar  conducta depurada’,  contenida  en el numeral 10° del artículo 58 de la misma ley, y  que debe tenerse en cuenta para resolver la presente demanda. […]   

Finalmente,   valga   aclarar  que  ni  la  naturaleza  jurídica  de la falta descrita en la norma demandada (falta grave o  leve  por  ser una prohibición) frente a la declarada inexequible en la ley 836  de   2003  (falta  grave),  como  tampoco  la  diferencia  funcional  entre  sus  destinatarios,  en  nada  desvirtúa  la evidente vulneración de los principios  constitucionales reseñados”   

Con  base  en  los anteriores argumentos, el  demandante  solicita  que  se  declare  la  inexequibilidad  del numeral 9° del  artículo 35 del Código Disciplinario Único.   

1.   Departamento  Administrativo de la  Función Pública   

El Departamento Administrativo de la Función  Pública,  mediante  apoderado,  participó  en el proceso de la referencia para  solicitar   a   la   Corte   Constitucional   que  declare  exequible  la  norma  demandada.   

1.1.  En  primer  término, sostiene que los  ‘conceptos  abiertos’ no son ajenos al  derecho  y  que,  en tal sentido, no puede considerarse inadecuada una norma por  usarlos. Dice al respecto,   

“Sea   lo   primero   señalar  que  los  ‘conceptos  abiertos’  son comunes en  nuestro  sistema  normativo, en apoyo de lo cual conviene recordar, por ejemplo,  los  siguientes preceptos constitucionales: el artículo 2° superior que prevé  como    fines   del   Estado   promover   la   vigencia   de   un   ‘orden         justo’;  el artículo 34 que se refiere a la  ‘moral social’;  el artículo 44 que hace alusión a  la      ‘violencia  moral’;  el  artículo 67  que    en    materia    de    educación    se   refiere   a   la   ‘mejor   formación  moral’; el artículo 88 que guarda relación  a     la     ‘moral  administrativa’ en cuanto  a  la  protección  de los derechos colectivos o el artículo 219, relativo a la  ‘moralidad del respectivo  cuerpo’ refiriéndose a la  fuerza    pública;    o   a   las   ‘situaciones          de          carácter         moral’  que  respecto  a los congresistas se  señalan en el artículo 182 superior.”   

1.2.   Adicionalmente,   el   Departamento  Administrativo  de  la  Función  Pública  sostiene que conceptos abiertos como  ‘moral’         o         ‘buenas      costumbres’  pueden  ser  entendidos con certeza,  sin ambigüedades. Expone su posición de la siguiente manera,   

“[Los  conceptos abiertos son] expresiones  que  deben  entenderse  en su sentido natural y obvio, pues todos los ciudadanos  tenemos  certeza  social  de  los  conceptos  de  lo justo, de lo moral y de las  buenas   costumbres,  independientemente  de  nuestras  creencias  religiosas  o  filosóficas,   pues   tales  conceptos  devienen  de  arquetipos  sociológicos  comunes,  elaborados  y  aceptados  en la Nación colombiana, que son claramente  entendidos y diferenciados por todos los miembros de la comunidad.   

En  este sentido, y tal como lo ha señalado  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional,  el artículo 209 de la Carta  dispone  que  la  función  administrativa  se  desarrolla con fundamento en los  principios   de   igualdad,  eficacia,  economía,  celeridad,  imparcialidad  y  publicidad,    que    integran    una    moral   del  funcionario  y  unos  patrones objetivos de lo que son  las       buenas       costumbres      en      la  administración.  Pero  no  sólo  eso  preceptúa  el  artículo  209 superior, sino también la obligación de la función pública de  acordarse       a       la       ‘moralidad’,  concepto  jurídico  que  aquí  no  responde  a  ninguna  particular  exigencia  confesional  o  subjetiva,  sino  al marco ético conceptual, propio de la moral  media o social que contiene la Constitución.”   

1.3.  Para  el  Departamento,  los conceptos  abiertos   están  específicamente  permitidos  en  las  normas  sancionatorias  mediante   los   ‘tipos  abiertos’,  los  cuales  existen  por  ser  imposible  construir  un  catálogo completo de las conductas  reprochables  en  las  que un servidor público pueda incurrir. La intervención  dice al respecto lo siguiente,   

“No  puede  perderse  de  vista  que  los  ‘tipos  abiertos’  son comunes en  los   regímenes   disciplinarios,   ‘ante  la imposibilidad de contar con un catálogo de conductas donde  se  subsuman  todas  aquellas  que  se  alejen de los propósitos de la función  pública  y  por ende son reprochables.’  (Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencias de julio 5 de 1975 y de  agosto 12 de 1982).   

La Constitución Política autoriza en varios  de  sus  preceptos  la  potestad  disciplinaria  en  tanto  manifestación de la  función  pública  y autoriza a la ley para organizar un régimen disciplinario  (artículos  92,  125, 150-23 y 277 de la Constitución Política). Luego, puede  afirmarse   que  el  constituyente  ubicó  en  el  legislador  la  facultad  de  regulación  jurídica  en torno a la potestad disciplinaria, sin condicionar de  manera expresa el ejercicio de esa competencia legislativa.   

La  Constitución  Política  dispone que la  función  administrativa  está  al  servicio  de los intereses generales, luego  será      contrario     a     la     ‘moral        social’  (artículo  34 CP) que debe presidir  los  actos  de  los  servidores  públicos, cualquier acto contrario al interés  general,  desplegado  en interés particular o por odios o rencores partidistas,  religiosos o simplemente personales.”   

1.3.1.   Luego   de  hacer  referencia  al  desarrollo   que   el   concepto  de  ‘mal  comportamiento  social’  tuvo bajo la Constitución de 1886, el Departamento Administrativo  de  la  Función  Pública  señala  que  con  mayor razón, este concepto tiene  cabida bajo la Constitución de 1991. Dijo al respecto,   

“Los conceptos de probidad, imparcialidad,  decoro  y  dignidad a que aluda la providencia anterior como elementos rectos de  la  función  pública, hoy más que en el constitucionalismo anterior, vienen a  explicar   y  justificar  la  existencia  de  causales  disciplinarias  como  la  contenida  en  el  numeral  9°  del  artículo  35  de  la  Ley  734  de  2002,  ‘por la cual se expide el  Código     Disciplinario     Único’,  acusado,  pues  sus  referencias  a  la  moral  y  a  las  buenas  costumbres  se  encuentran ajustadas estrictamente a los predicados expresos que  sobre  la  misma realiza la Carta, son ingredientes que, en consecuencia, pueden  conformar  las  características  de  los  tipos disciplinarios aplicables a los  funcionarios públicos.   

Tales criterios fueron tenidos en cuenta por  la  Corte Constitucional para declarar exequible la expresión del artículo 115  que  dice:  ‘b) ejecutar en  el  lugar  de  trabajo o en sitio público, cualquier acto contra la moral o las  buenas  costumbres’,  del  Decreto  2699  del  30  de noviembre de 1991. (Sentencia C-427 de 1994; MP Fabio  Morón Díaz)”   

1.3.2. La intervención reconoce que la norma  no  ‘describe’  los  actos  que  se  sancionan, pero  considera  que  “una  interpretación  sistemática del ordenamiento, la moral  social  o  moral  pública,  a  la  que precisamente refiere la norma impugnada,  responde  a  un  concepto  jurídico  determinado, que tiene para el derecho una  especial  significación en cuanto bien objeto de tutela y criterio válido para  definir  situaciones  jurídicas  concretas.  ||  […] Aun cuando los  contenidos  de la moral social están condicionados por la idea que se tenga del  hombre  en  un  lugar  y en una época determinada, lo cual hace dispendiosa una  descripción  detallada  de los mismos, puede señalarse que en nuestra realidad  política,  económica,  social  y  cultural,  hace  parte  de  sus estimaciones  básicas  el  valor  absoluto de la vida, la libertad como atributo principal de  parte  de  sus  estimaciones  básicas el valor absoluto de la vida, la libertad  como   atributo   principal   de  la  persona,  las  exigencias  éticas  de  no  discriminación,  de  la  igualdad, de la participación, de la dignidad humana,  de   la   prevalencia   del   interés   general,   de  la  solidaridad,  de  la  responsabilidad  y  lealtad  en  el servicio público, del respeto mutuo y de la  colaboración, por citar tan sólo algunos ejemplos.”   

1.4.  Concluye entonces la intervención del  Departamento  Administrativo  de  la Función Pública, que el reconocimiento de  la  moral  social  y  de las buenas costumbres como objeto jurídico protegido y  como  noción informadora de derecho no admite discusión ninguna. A su parecer,  la  ley  puede  acoger  conceptos morales para definir situaciones jurídicas, o  para  limitar  derechos  de  las personas, pero siempre y cuando tales conceptos  hagan referencia a la moral social o moral pública.   

2. Defensoría del Pueblo  

La   Defensora   Delegada   para   Asuntos  Constitucionales  y  Legales,  participó  en  el  proceso de la referencia para  solicitar  que  se  declare  inexequible  la  norma  acusada, por considerar que  ‘tal   y   como   está  consagrada’     es  ‘indeterminada’.  La  Defensora Delegada sustentó su  posición    en    la    jurisprudencia   constitucional   en   los   siguientes  términos,   

“Las  normas  transcritas de la Ley 734 de  2002   (i)  resaltan algunos de los principios que deben observar las y los  servidores  públicos  en  el  desempeño  de  sus  funciones, (ii) señalan las  fuentes  de  sus  obligaciones  (deberes,  prohibiciones,  etc.)  y   (iii)  prescriben  como  faltas  disciplinarias,  entre otras, el incumplimiento de las  prohibiciones   en  ella  establecidas,  por  parte  de  las  y  los  servidores  públicos.  En  este orden de ideas, el incumplimiento de la prohibición (…),  prevista  en  el  numeral  9° del artículo 35 de la Ley 734 de 2002 demandado,  constituye  una falta disciplinaria que debe ser castigada a la luz del régimen  disciplinario único.”   

Fundándose    en    la   jurisprudencia  constitucional,   en   especial,  en  la  sentencias  C-431  y  C-570  de  2004,  concluyó,   

“La  Defensoría del Pueblo estima que los  dos   precedentes   jurisprudenciales  indicados  aportan  elementos  de  juicio  relevantes  para  el  objeto  de  análisis  de  la  presente  demanda.  Para la  Defensoría,  la  descripción  vaga e imprecisa de las conductas, tanto el caso  del  régimen disciplinario militar como el del Código de Ética Profesional de  la  Ingeniería resultan asimilables al de régimen disciplinario general de las  y  los  servidores  públicos,  no  sólo  porque en los tres se establecen como  faltas  disciplinarias  sino, además, en razón a que los comportamientos deben  ser  desplegados en el lugar de trabajo. Adicionalmente, porque en el evento del  régimen  militar,  se trata de un régimen sancionatorio especial pero, en todo  caso, para servidores públicos.”   

3.1.   Academia  Colombiana de Jurisprudencia   

El  Académico  Alberto  Pulido  Pineda,  en  representación  de  la Academia, participó en el proceso de la referencia para  defender  la constitucionalidad de la norma demandada. A su juicio, “cuando el  legislador  se refiere a la moral y a las buenas costumbres que debe observar el  servidor  público  en  el  desempeño  de  su empleo, debe entenderse es la que  ordinariamente  cumple  el  ciudadano  común y corriente, por el sólo hecho de  vivir  en  sociedad,  esta  nos  impone  comportamientos que deben observar, sin  ninguna  duda.”  Sostiene que de acuerdo con la jurisprudencia constitucional,  el  legislador  puede  exponer  conceptos sobre la moral y las buenas costumbres  sin  que  esto  pueda  vulnerar  los  derechos  de  las  personas que tengan que  soportar una investigación disciplinaria.   

3.2.   Comisión  Colombiana de Juristas   

El  Director  de  la Comisión Colombiana de  Juristas,    Gustavo    Gallón   Giraldo,   y   dos   miembros   más   de   la  organización,1  participaron  en  el  proceso de la referencia para solicitar a la  Corte  Constitucional  que  declare  inconstitucional  la  norma  acusada.  A su  juicio, tres razones hay para ello.   

3.2.1.  Consideran  que el numeral 9° de la  Ley  734  de  2002  viola  el  principio de legalidad “(…) al establecer una  causal  de sanción disciplinaria, descrita en términos tan amplios, imprecisos  e  indeterminados,  que  esto conduce a que el juzgador disciplinario, encargado  de  evaluar  si una conducta puede enmarcarse dentro del supuesto de hecho de la  prohibición,   tenga   un   margen   excesivamente   amplio  para  realizar  la  calificación.  Ello  contradice  uno  de  los  principios  básicos del Derecho  cuando  este  es  de  carácter  sancionatorio,  esto es la necesidad de que las  conductas  que  tengan  como  consecuencia  una  sanción  deben  estar muy bien  definidas  para  garantizar  así  que si, y solo si, se dan los presupuestos de  hecho  necesarios,  la  persona  involucrada  será  sancionada.” A su juicio,  “una  norma que se limite a prohibir de manera genérica todo acto contrario a  la  ‘moral  y  las buenas  costumbres’ determina una  falta  que  no  cumple  las  exigencias  que  se  desprenden  del  principio  de  tipicidad: ser clara, precisa o suficiente. (…)”   

3.2.2.  También  consideran  que  la  norma  acusada  viola  los  derechos  a  la  dignidad humana, a la intimidad y al libre  desarrollo  de  la  personalidad, pues “(…) una prohibición relacionada con  la  ‘moral  y  las buenas  costumbres’  excede  la  potestad  sancionatoria del Estado, pues la indeterminación de la conducta y la  clase  de  regulación  que  se persigue permite que se invadan ámbitos que les  están  vedados  a  las autoridades disciplinarias.” Enfatiza la intervención  al respecto lo siguiente,   

“Las  limitaciones  relacionadas  con  la  ‘moral   y  las  buenas  costumbres’   han  sido  tradicionalmente   usadas  para  imponer  concepciones  morales  específicas  y  sancionar   proyectos   de   vida   minoritarios   o  considerados  ‘inmorales’,   situaciones   que   lesionan   el  principio  del  pluralismo (), la dignidad humana en la dimensión vivir como se  quiere  (art.  1,  CP),  el  derecho a la intimidad (art.15 CP), el derecho a la  autonomía  personal y la libertad de conciencia, entre otros. La vaguedad de la  norma   acusada   es   susceptible   de  poner  en  riesgo  derechos  y  valores  constitucionales  que  son  fundamentales en las sociedades contemporáneas y en  la  finalidad  del  Estado  Social  de  Derecho  de  hacer compatibles distintos  proyectos de vida sin discriminación alguna.”   

3.2.3. Finalmente, sostiene la intervención,  la  norma  desconoce la protección reforzada que reconoce la Constitución y el  derecho  internacional  al  trabajador. La Comisión considera que “el derecho  disciplinario  no  puede  fomentar o permitir los prejuicios, o la intolerancia,  ni   establecer   normas   que   puedan   ser   usadas   para   realizar   actos  discriminatorios.   El   derecho   disciplinario  debe  ser  armónico  con  las  protecciones  de  los  derechos fundamentales de los trabajadores, en particular  con  la  Convención  111 de la OIT sobre discriminación en el empleo de la ley  1010 de 2006.”   

V. CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA GENERAL DE LA  NACIÓN   

La   Procuradora   Auxiliar  para  Asuntos  Constitucionales,2 participó en el proceso de la  referencia,   mediante   el   concepto   N°   4675,    para  solicitar  la  inexequibilidad  del  numeral  9°  de  la  Ley  734 de 2002. Para el Ministerio  público  “(…)  la indeterminación de la conducta en el ámbito del derecho  disciplinario  constituye  una violación al debido proceso, pues en el presente  evento,  cuando  no  se  tiene  claro el campo de aplicación de la misma por la  amplitud   conceptual,  necesariamente  se  desconoce  la  esencia  del  derecho  disciplinario,  dado  que  el  juzgador  podría  desviar  el fin del mismo para  penetrar  el  ámbito privado que no es de la naturaleza del referido derecho, y  por  tanto,  que  se  solicitará  a  la Corte Constitucional la declaratoria de  inexequibilidad  del  numeral  9  del  artículo  35  de  la Ley 734 de 2002.”  Fundándose  en  la  sentencia  C-431  de  2004  de  la Corte Constitucional, el  concepto de la Procuraduría añade lo siguiente,   

“(…)  la prohibición a que alude el  numeral  9  del  artículo  35  de la Ley 734 de 2002, no tiene relación con la  vulneración  de  los  deberes  funcionales  como  fundamento  de la imputación  disciplinaria,  por  el  contrario,  la  consagración de esa clase de conductas  como  faltas  disciplinarias,  desconoce  el objetivo del derecho disciplinario,  pues  dada  la  amplitud de los conceptos que están insertos en las expresiones  moral  y  las  buenas costumbres, permite que, eventualmente, el investigador se  adentre  en  situaciones  que  conciernen  exclusivamente  al  fuero interno del  servidor  o  particular  que cumple funciones públicas, que no trascienden a la  esfera  de  lo público, por no existir vínculo entre la conducta y los deberes  asignados.”   

VI. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS  

1. Competencia  

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   241,   numeral   4º,   de  la  Constitución  Política,  la  Corte  Constitucional  es  competente  para conocer y decidir definitivamente sobre las  demandas  de  inconstitucionalidad  contra  normas  de  rango  legal,  como  las  acusadas.   

2. Problema jurídico a resolver y respuesta  de la Sala   

2.1. Vistos los argumentos de la demanda y de  las  participaciones e intervenciones previas, la Sala considera que el problema  jurídico  planteado  en  la  presente  demanda  es el siguiente: ¿desconoce el  legislador   la   garantía  de  tipicidad  de  las  normas  sancionatorias,  la  autonomía  personal,  el derecho al trabajo y la libertad de escoger profesión  u  oficio,  al  establecer  un  tipo  sancionatorio  de carácter indeterminado,  concretamente,  al  establecer  como  prohibición  para todo servidor público,  ‘ejecutar  en el lugar de  trabajo  actos  que  atenten contra la moral o las buenas costumbres’?    

2.2.  La  Sala  considera que la respuesta a  este  problema  jurídico  es  afirmativa.  De  acuerdo  con  la  jurisprudencia  constitucional,  se viola la prohibición de tipos sancionatorios disciplinarios  indeterminados  cuando  estos  emplean  conceptos  que no tienen un ‘grado  de indeterminación  aceptable constitucionalmente’,  en  especial,  cuando  se  trata de  normas  que  tipifican como faltas conductas que no tengan una relación con las  exigencias  propias  del  desempeño  profesional ni afecten la integridad de la  profesión  como  tal. Concretamente, la Corte ha considerado inconstitucionales  normas   sancionatorias   disciplinarias  que  prohíben  cometer  actos  contra  ‘la   moral’     o     contra     ‘las   buenas   costumbres’,  similares a la que se demanda en el  presente   caso,   como   se   mostrará  en  el  siguiente  apartado  de  estas  consideraciones.   

2.3. Para exponer su posición, la Sala   (i)  citará  la jurisprudencia constitucional aplicable, y posteriormente, (ii)  aplicará dichas reglas constitucionales al caso que se analiza.   

3.   Jurisprudencia  constitucional  sobre  prohibición de tipos sancionatorios disciplinarios indeterminados   

3.1.   En  el  sistema  jurídico  existen  sinnúmero  de  disposiciones  normativas  que  contemplan  conceptos jurídicos  indeterminados,  en  ocasiones,  incluso  con  un  muy  alto grado de vaguedad o  ambigüedad.  La filosofía analítica del derecho, centrada en el estudio de lo  jurídico  desde  el  lenguaje,  aclaró  desde mediados del siglo pasado que el  lenguaje   del   derecho   es   el   lenguaje   natural,   no  es  de  carácter  técnico.3   Si  bien  existen  casos  en  los  cuales  el  derecho  establece  condiciones  más  o menos claras y precisas para el uso de ciertas palabras, en  todo  el sistema4     o    en    parte    de    éste,5 por lo general, el derecho usa  el  lenguaje  ordinario. En esa medida, los sistemas jurídicos de toda sociedad  deben  lidiar  con los problemas de indeterminación de sentido, propios de todo  lenguaje  natural,  a saber: la ambigüedad,  la  vaguedad o  la    textura    abierta.   

3.2.  Se  entiende  que  una  expresión  es  ‘ambigua’ cuando “(…) puede tener distintos  significados  según  los diferentes contextos en que vaya insertada, o bien que  en  una  misma  palabra puede tener distintos matices de significado en función  de       esos       contextos      diversos”.6  Tal  es el caso, por ejemplo,  de      expresiones      como      ‘libertad’  o  ‘autonomía’.7 Por otra parte, una expresión  es  vaga  cuando “(…) el  foco  de  significado  es  único  y  no  plural  ni parcelado, pero [su modo de  empleo]  hace que sea incierta o dudosa la inclusión de un hecho o de un objeto  concreto  dentro  del  campo  de acción de ella.”8  Este  sería, por ejemplo, el  caso   de   la   expresión   civil   ‘precio  serio’;  en  ocasiones  es  fácil  saber cuándo un precio es serio o no, pero en muchas  otras  no  lo  será tanto, esos casos difíciles, dice la doctrina, caerían en  una     ‘zona    de  penumbra’.9  Finalmente,  toda  expresión,  aunque  no  sea  ambigua  ni  vaga,  tiene  una  ‘textura       abierta’,  por  lo  que,  eventualmente, puede  perder  sus  atributos  de  precisión,  enfrentándose a casos en el que su uso  puede  presentar  “perplejidades  o  desconciertos  legítimos”.10  Tal  es  el  caso,  por  ejemplo,  de la expresión ‘incesto’, que  si  bien  está clara y precisamente definida en la actualidad, se enfrentará a  casos  en  los  que  su  uso  será  polémico,  como consecuencia de las nuevas  tecnologías         de        reproducción.11           

3.4.  En particular, la Corte resalta el uso  de       la       expresión      ‘moral’  en la  Constitución.   De   acuerdo   con   la  Carta  Política:   (i)   por  sentencia  judicial,  se  puede  declarar   extinguido   el   dominio   sobre   los  bienes  adquiridos  mediante  enriquecimiento   ilícito,  en  perjuicio  del  Tesoro  Público  o  con  grave  deterioro  de  la  ‘moral  social’   (art.   34,  CP);   (ii) es un derecho  fundamental    de    todo    menor    la    protección   de   la   ‘violencia       moral’  (art.  44,  CP);  (iii)  uno  de  los  fines por los que debe  propender  la  educación  es la mejor ‘formación       moral’    de    los   educandos   (art.   69,   CP);    (iv) las acciones populares protegen, entre  otros   valores   jurídicos,   la   ‘moralidad      pública’    (art.    88,    CP);   (v)        las        ‘situaciones          de          carácter         moral’  inhiben  a  los  congresistas  para  participar   en   el   trámite   de   asuntos  (art.  182,  CP);  (vi)         la         ‘moralidad’  es  un  principio  que fundamenta la  función      administrativa     (art.     209,     CP);      (vii)  la  fuerza pública no puede dirigir  peticiones,  salvo,  entre  otras  razones,  con  asuntos  relacionados  con  la  ‘moralidad’  del  respectivo  cuerpo  (art.  219,  CP).     

3.5.  Cabe  precisar  que  una Constitución  Política  no  es un conjunto de conceptos y palabras, es un sistema de reglas y  principios.  Por lo tanto, preguntarse si un concepto es constitucional o no, es  una  pregunta sin sentido. Parte de un error categorial, a saber: suponer que la  condición          de         ‘constitucional’         o         ‘inconstitucional’  puede  ser  predicada  de las palabras o de los conceptos. Son las  reglas  legales  o  los  actos  administrativos,  por ejemplo, y el uso y efecto  jurídico  que  éstas  le  den  a ciertas palabras y conceptos lo que puede ser  reprochable  constitucionalmente,  en  especial,  si afectan el goce efectivo de  derechos   fundamentales.   Así   pues,   es  claro  que  conceptos  jurídicos  indeterminados        como       ‘moral’,  en  principio,  sí  pueden  ser  usados  por  el  sistema  jurídico, bajo el orden  constitucional  vigente.             

3.6. Ahora bien, si bien el uso de conceptos  jurídicos  indeterminados  no  está prescrito, existen situaciones y contextos  en   los   que   el   uso   de   este   tipo   de  expresiones  no  es  aceptado  constitucionalmente.  La jurisprudencia ha señalado algunos de los casos en los  que  el  legislador  debe  abstenerse de emplear palabras y conceptos que por su  grado  de indeterminación pueden comprometer el ejercicio o el goce de derechos  constitucionales.  Se trata pues, de una defensa del principio de legalidad, que  pretende  dar  seguridad  jurídica  a  las  personas,  permitiendo  prever  las  consecuencias  de  sus  actos  (arts,  1°  y  29, CP). Por ejemplo, la Corte ha  considerado  inconstitucionales las normas de este grado de indeterminación que  afecten  irrazonablemente  las  libertades  de expresión, sindical o de ejercer  profesión     u    oficio,    compro­metiendo  a  la vez, la autonomía personal y el libre desarrollo de  las  personas.  A  continuación  se  presentan  las  principales  decisiones al  respecto,     las     cuales     serán     expuestas    en    estricto    orden  cronológico:   

3.6.1.  En  la  sentencia  C-427 de 1994, la  Corte  declaró  exequible  una norma similar a la que se estudia en el presente  caso,  que  prohibía  a  los funcionarios de la Fiscalía General de la Nación  ‘ejecutar    en    el  lugar   de  trabajo  o  en sitio público, cualquier acto contra la moral o  las     buenas      costumbres’.   Para  fundar su decisión, la Corte Constitucional decidió  seguir  en extenso la posición que sobre el tema había fijado la Corte Suprema  de  Justicia,  en  un caso decidido en 1982, años antes de la expedición de la  Constitución           de           1991.12    

3.6.1.1.  En  la sentencia que se empleó de  1982,  la  Corte  Suprema, con ponencia del Magistrado Manuel Gaona Cruz, había  señalado  que  si  bien  el  principio de tipicidad y de legalidad no tiene una  aplicación  tan rígida en el ámbito de las sanciones a funcionarios públicos  como  lo  tiene  en  el  ámbito  penal,  “(…)  la  regulación  genérica  de  la  conducta indebida del funcionario no comporta la  facultad  de  su catalogación arbitraria o caprichosa, ni releva a la autoridad  de  la  obligación de ceñir sus mandatos o decisiones a los precisos cometidos  propuestos.”13   Por  ello, a pesar de  que  la  Corte  Suprema decidió en aquella ocasión, entre otras cosas, que era  exequible   emplear   la  expresión  ‘moral  social’  en  una  norma  que  definía  las  conductas  de  los  funcionarios y empleados  contrarias  a  la  dignidad de la justicia, consideró necesario “dejar  nítidos algunos parámetros esenciales de interpretación de  aquella  parte  del precepto”. La Corte Suprema fijó  cuatro  requisitos  de  interpretación  de  la norma, como manera de limitar la  vaguedad  y  ambigüedad  del concepto ‘moral         social’.14  No  obstante  tales  precisiones, la decisión fue polémica, pues  siete  magistrados  consideraron que el grado de vaguedad y ambigüedad era tal,  que  la  expresión  era  contraria al principio de legalidad y tipicidad de las  sanciones.15   

3.6.1.2.  En la sentencia C-427 de 1994 la  Corte   Constitucional  declaró  exequible  la  norma  acusada,  reiterando  la  posición  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  citada,  de  forma  tal  que se  restringiera  el  uso  ilegítimo  y  discrecional  de las expresiones acusadas,  teniendo  en  cuenta  los  requisitos de interpretación fijados en la decisión  reiterada.16   

3.6.1.3.  Los  fundamentos  de  la sentencia  C-427  de  1994  han  sido  seguidos por la jurisprudencia constitucional en los  fallos   posteriores.   No   obstante   los   desarrollos   posteriores   de  la  jurisprudencia,  cada  vez  más  comprometidos  con  la  defensa  material  del  principio  de  legalidad  y  de  las  libertades personales, ha llevado a que la  Corte   Constitucional   sea   más   estricta  en  el  control  de  las  normas  sancionatorias  que  por su grado de indeterminación puedan poner en riesgo los  derechos fundamentales de las personas.   

3.6.2.  En  la  sentencia  C-010 de 2000, la  Corte    decidió    entre    otras   cosas,   que   el   legislador   restringe  inconstitucionalmente  la libertad de expresión cuando usa conceptos jurídicos  indeterminados  que  permiten  a las autoridades controlar el contenido material  de  los  discursos,  privilegiando  algunos  de  ellos  sobre otros.17  La  Corte  sostuvo en este caso que   

“(…)  la  interviniente  acierta  en  el  criterio  metodológico  de  análisis,  pues  una  limitación a la libertad de  expresión,  que  sea  neutral  frente  al  contenido  del  discurso, tiene más  posibilidades  de  ser  constitucional.  Sin embargo, la verdad es que el aparte  impugnado  no  es  realmente neutral e imparcial, en la medida en que, como bien  lo  señala  el  Ministerio  Público y varios de los intervinientes, privilegia  determinados  criterios  estéticos  ya  que,  en  una  sociedad  pluralista, no  existen  concepciones  uniformes  y  aceptadas por todos, acerca del significado  del   decoro   y  del  buen  gusto.  Así,  para  ciertas  personas,  hablar  de  determinados  asuntos,  constituye  un  acto  indecente, mientras que para otras  personas  es  un  asunto  no  sólo  normal  sino  también  necesario. La Corte  coincide  entonces  con  quienes  cuestionan  la  expresión  acusada por cuanto  afecta  el  pluralismo  y la libertad de expresión, al privilegiar determinados  discursos,  a  saber,  aquellos que se ajustan a los criterios estéticos de las  autoridades               estatales.”18   

Esta decisión, de la cual se apartaron tres  Magistrados,19           consideró          que          la          restricción      analizada      era  particularmente   grave  porque  permitía        silenciar,        como        opuestas        ‘al decoro y al buen gusto’,   

“(…)  las  opiniones o discursos que son  contrarios  a  las  ideas  dominantes,  mientras  que  la libertad de expresión  pretende  proteger,  como  lo  ha  vigorosamente  destacado  la  doctrina de las  instancias  internacionales  de  derechos  humanos,  no sólo la divulgación de  informaciones  u opiniones consideradas inofensivas o indiferentes por el Estado  y  por la mayoría de la población, sino también la difusión de ideas o datos  que  no  son  acogidos  favorablemente  por  las  mayorías sociales, que pueden  juzgarlas   inquietantes  o  peligrosas.  El  pluralismo,  la  tolerancia  y  el  espíritu  de  apertura,  sin  los  cuáles no existe verdaderamente un sociedad  democrática,   exigen  que  esas  opiniones  e  informaciones  disidentes  sean  también                 protegidas.20”        21   

3.6.3.  Retomando  los  fundamentos jurídicos de la decisión  anterior  (C-010  de  2000),  en  la  sentencia  C-567  de  2000  la  Corte  decidió  que  el  legislador desconoce los  derechos  sindicales  cuando  restringe  su  libre  ejercicio mediante conceptos  jurídicos  indeterminados  que  otorgan  a  los  responsables  de  estudiar los  estatutos  de  una  organización  sindical,  un  amplio  margen  de valoración  subjetiva.22  Concretamente,  decidió  que  una  norma  que  autorice  negar la  inscripción  de  un  sindicato  porque  sus  estatutos  son  contrarios  a  las  ‘buenas  costumbres’     es  inconstitucional  por  violar  la  libertad  sindical,  así  como  también  el  pluralismo        y       la       autonomía.23  De  esta decisión también  se  apartaron  los  tres  Magistrados  que  se  habían  separado de la anterior  decisión    (la   sentencia   C-010   de   2000).24    

3.6.4. En la sentencia C-232 de 2002 la Corte  reiteró  los  postulados  fijados  en  esta  línea,  advirtiendo que cuando la  imprecisión  de una regla, incluso penal, puede disolverse fácilmente, esta no  deviene  inexequible.  Así  pues  consideró  que una norma que establecía una  sanción    de   ‘6   a  12’, sin especificar si se  trataba  de  días,  meses,  años o lustros, era constitucional, por cuanto era  fácil   establecer   que   se  trataba  de  años.25    

3.6.5. Ese mismo año, en la sentencia C-373  de  2002  se declaró la inconstitucionalidad de una norma que inhabilitaba para  concursar  para  el  cargo  de  notario  a  aquellas  personas que hubieran sido  sancionadas      disciplinariamente      por      causa      de     ‘[l]a embriaguez habitual, la práctica  de   juegos  prohibidos,  el  uso  de  estupefacientes,  el  amancebamiento,  la  concurrencia  a lugares indecorosos, el homosexualismo, el abandono del hogar y,  en       general,       un       mal      comportamiento      social’,  o  hubieran  sido  sancionados  por  ‘[e]jercer  directa  o  indirectamente  actividades incompatibles con el  decoro  del  cargo  o que en alguna forma atenten contra su dignidad’.26   Para  llegar  a  esta  conclusión, la Corte precisa el alcance de su jurisprudencia.   

3.6.5.1. En primer lugar, reitera la amplia  facultad  del  legislador para fijar sanciones disciplinarias a los funcionarios  públicos,  en  especial en contraste con las sanciones de carácter penal, pero  señalando  el límite que tal facultad encuentra en los derechos fundamentales,  en  especial en las libertades individuales y la autonomía para fijar proyectos  de vida. Dijo la Corte al respecto,   

“En  materia  disciplinaria,  la ley debe  orientarse  a asegurar el cumplimiento de los deberes funcionales que le asisten  al  servidor  público  o  al particular que cumple funciones públicas pues las  faltas  le  interesan  al  derecho  disciplinario  en  cuanto  interfieran tales  funciones.   De  allí que el derecho disciplinario valore la inobservancia  de  normas  positivas  en  cuanto  ella  implique  el  quebrantamiento del deber  funcional,  esto  es, el desconocimiento de la función social que le incumbe al  servidor  público  o  al  particular que cumple funciones públicas27.    

Es cierto que dada la particular naturaleza  de  las  conductas  interferidas  por el derecho disciplinario, al legislador le  está   permitido  describir  los  tipos  con  cierto  grado  de  generalidad  o  indeterminación  y  acudir  a  una  técnica de tipos abiertos que configura un  margen  valorativo  para  el aplicador de la norma.  No obstante, al amparo  de  la legitimidad constitucional de esa técnica legislativa no se puede llegar  al  extremo  de  tipificar  una  serie de ilícitos disciplinarios que remiten a  conductas   que   cuestionan   la   conducta   del  servidor  público  haciendo  abstracción  de  los  deberes funcionales que le incumben, ni tampoco consagrar  cláusulas  de  responsabilidad  disciplinaria  que  permiten  la imputación de  faltas    desprovistas    del    contenido    sustancial    de   todo   ilícito  disciplinario.    Mucho  menos  se  puede  partir  de  unos  supuestos  tan  cuestionables  frente  a  la  Carta  con el fin de generar inhabilidades para el  ejercicio de funciones públicas.   

Por  ese  motivo,  aquellas  particulares  conducciones   de  vida  de  los  servidores  públicos  que  se  explican  como  alternativas  existenciales  y  que no involucran infracción de deber funcional  alguno,  son  incuestionables para la potestad disciplinaria e irrelevantes para  la  configuración  de inhabilidades pues ni los ilícitos disciplinarios ni los  impedimentos  para  acceder  a  la  función  pública  pueden  orientarse  a la  formación  de  hombres  buenos  y  mucho  menos  a  hacerlo  de acuerdo con los  parámetros  de bondad que pueda irrogarse el Estado.  A éste le basta con  orientar  su  potestad  disciplinaria al cumplimiento de los deberes funcionales  de  sus servidores y a asegurar la primacía del interés general en la función  pública  pero no tiene ninguna legitimidad para interferir la esfera interna de  cada            ser            humano.”28   

3.6.5.2.  Para  la  Corte  Constitucional,  conceptos  indeterminados  de  alto  contenido  moral,  en  normas  de carácter  sancionatorio,  son  especialmente  inconstitucionales  en el orden vigente, por  cuanto  tales  disposiciones,  en  un contexto pluriéntico y multicultural, que  garantiza  el  principio  de libertad, como lo es el caso de Colombia, adquieren  un  especial  grado  de  indeterminación.  Al  respecto  dijo  la  sentencia lo  siguiente:   

“(…)  los  solos  argumentos  morales,  desprovistos  de  incidencia  en  los derechos de los demás y de reconocimiento  jurídico,  son  sustancialmente insuficientes para limitar la cláusula general  de  libertad.   Y  ello  es  claramente  comprensible  pues  un  modelo  de  organización   política   afincado  en  el  multiculturalismo  y  con  expreso  reconocimiento  del  pluralismo  jurídico  no  puede aspirar a imponer patrones  morales.   Por el contrario, las democracias deben partir del respeto de la  diferencia como una exigencia de civilidad del mundo de hoy.    

De  acuerdo  con  ello,  toda interferencia  estatal  en  la  conducta  humana  que  no  se  oriente  a la protección de los  derechos  de  los  demás  y el orden jurídico y que configure límites para el  ejercicio  del  derecho  fundamental de libertad, contraría la Carta pues está  restringiendo ilegítimamente el ejercicio de ese derecho.   

(…)  

No se discute que para muchas personas esos  comportamientos  pueden resultar moralmente reprochables e incluso incompatibles  con  los  parámetros  que deben regular la vida en sociedad.  No obstante,  el  solo  discurso  moral no basta para limitar el ejercicio de la libertad pues  para  ello  es imprescindible, como se ha visto, que los comportamientos humanos  interfieran  derechos  ajenos.   Y  tal  interferencia, por lo demás, debe  determinarse  a  partir  de  una  ética  intersubjetiva  no  refractaria  a  la  tolerancia  que  requiere  una  sociedad  multicultural  y pluralista.  Por  ello,  es  claro  que  el  Estado  no  puede irrogarse la facultad de ejercer su  potestad  sancionadora,  ni  mucho  menos  configurar inhabilidades, a partir de  supuestos   como   los  indicados  pues  ellos  no  remiten  al  cumplimiento  o  incumplimiento  de  los  deberes  funcionales  que  incumben  a  los  servidores  públicos   ni  tampoco  a  la  adecuada  prestación  del  servicio  de  la  fe  pública.”29   

3.6.6.  Al  año siguiente, en la sentencia  C-098  de 2003 se analizó la constitucionalidad de distintas normas del decreto  numero   196  de  1971  –  estatuto  del ejercicio de la abogacía–,   que  se  ocupaban  de  las  faltas  contra  la  dignidad  de  la  profesión.  Entre  ellas se contemplaban la pública embriaguez consuetudinaria  o  el  hábito injustificado de drogas estupefacientes; el hábito de frecuentar  garitos,  lenocinios  u  otros  lugares  de  mala  reputación;  la provocación  reiterada  de  riñas  o  escándalos  públicos; la mala fe en los negocios; la  dilapidación   del   patrimonio   en   perjuicio   de   los   acreedores  y  la  administración  o  participación  en negocios incompatibles con el respeto que  exige  la  abogacía.  La  Corte  señaló  que le corresponde al Estado ejercer  control  sobre  el  ejercicio  de  las  profesiones  y  oficios, “buscando  siempre  el  debido equilibrio entre la salvaguarda de los  postulados     superiores     y     los     derechos    particulares,”   y  que  las  personas  “deben  tener  presente  que  el  ejercicio  de  cualquier  profesión  u oficio implica  responsabilidades  frente a la comunidad y el Estado, razón por la cual a éste  le  corresponde  expedir y aplicar estatutos de control  (…)”   No   obstante,  precisa  que  “frente  al  ejercicio  de  una  profesión  las normas disciplinarias deben establecerse con  referencia  a  las funciones y deberes propios del respectivo hacer profesional,  no  en  atención  a  la  conducta  personal  que se agota en los linderos de lo  privado,  o  que  aún  campeando  en  la  arena de lo público no trasciende ni  afecta  el buen desempeño de la función.” Por ello,  concluyó  que  el  legislador  había  invadido  injustificadamente  el núcleo  esencial  del  derecho  al  libre desarrollo de la personalidad al prohibir unas  conductas  que  no  guardan  relación  con  el debido ejercicio de la susodicha  actividad  profesional.  Analiza  cada una de las faltas acusadas y concluye que  son  inconstitucionales,  pues  constituyen una intromisión en la autonomía de  las  personas  y  no  están  relacionadas directamente con el riesgo social que  genera  el  ejercicio  de  la  profesión.  A su juicio las expresiones acusadas  “entrañan    una    irrazonable   e   innecesaria  restricción  del  derecho  al  libre  desarrollo de la personalidad”30   

3.6.7.   La  sentencia  C-431  de 2004  estudió,  entre  otras  normas,  el  artículo  59  de  la  Ley  836  de  2003,  ‘Por la cual se expide el  reglamento  del  Régimen  Disciplinario  para las Fuerzas Militares’, el cual se establecía una regla muy  similar  a  la  que  se analiza en la presente sentencia. En efecto, dicha norma  consagraba   como  ‘falta  grave’, entre otras cosas  (numeral  1°)  ‘ejecutar  actos   contra   la   moral   o   las  buenas  costumbres  dentro  de  cualquier  establecimiento  militar.’  La  Corte  Constitucional  decidió  declarar  inexequible  la norma31  debido  al  grado  de  indeterminación  de  la  norma  sancionatoria.  La sentencia dijo al  respecto,   

“En cuanto a la acusación que se formula  en  contra  del  numeral primero del artículo 59, según el cual es falta grave  “ejecutar  actos  contra  la  moral  o  las  buenas  costumbres    dentro   de   cualquier   establecimiento   militar”,  expresión  sobre  la  cual  recae  el  cargo general de resultar  contraria  al  orden  justo  y  a  la  dignidad  humana, por regular actividades  personalísimas  e íntimas de los militares, además de ser indeterminada y por  lo  tanto vulneratoria del principio de legalidad, la Corte considera que sucede  lo  mismo  que  acontece  con  la  disposición contenida en el numeral 10° del  artículo  58  de  la  Ley  836  de 2003, que se acaba de examinar. Es decir, la  Corporación  estima  que  si bien el legislador puede elevar a la categoría de  falta  disciplinaria  aquellos  actos  que  repudian a la moral social entendida  como  “la  que prevalece en cada pueblo en su propia  circunstancia”,  y  proscribir estos comportamientos  en  el  ámbito de las instalaciones militares, al hacerlo debe establecer clara  y  precisamente  cuáles  son  aquellos  actos  “inmorales”  que  eleva a la  categoría  de  falta  disciplinaria.  De  otra manera, desacata el principio de  legalidad   que  le  impone  precisar  las  conductas  sancionables  como  falta  disciplinaria  dejando  a  la  libre  apreciación  subjetiva de quien impone la  sanción  el  decidir si un comportamiento es contrario o no a dicho concepto de  “moral  social” y si, en  consecuencia,   procede   o   no   la  sanción.”32   

3.6.8. Posteriormente, en la sentencia C-570  de  2004,  a  propósito  de  un  caso  en  el  que  se  analizaban  las  normas  sancionatorias  de  una  profesión  liberal,  la  Corte  retomó la cuestión y  revisó a fondo el desarrollo de la línea jurisprudencial.   

3.6.8.1.  En  esta  oportunidad  (C-570  de  2004),   consideró  que  “las  normas  del  derecho  disciplinario  entran  frecuentemente  en  conflicto  con derechos fundamentales  como   la   intimidad  y  la  autonomía  personal”,  indicando  a  la  vez que “tales colisiones deben ser  resueltas   a   través   de   la  ponderación  de  los  bienes  jurídicos  en  conflicto”.33   Para  la  Corte,  de  acuerdo   al   desarrollo   jurisprudencial   en   la   materia,  concluyó  que  “son   inconstitucionales   aquellas   normas   que  tipifican  como  faltas conductas que no tengan una relación con las exigencias  propias  del  desempeño  profesional  ni afecten la integridad de la profesión  como      tal”.34   En  esta sentencia la  Corte  Constitucional  evidenció  que  compartía  la  decisión  de considerar  “(…)  la  admisibilidad  jurídica  de  la  validez de tipos abiertos en las  conductas  constitutivas de falta disciplinaria, ante la imposibilidad de contar  con  un catálogo de conductas donde se subsuman todas aquellas que se alejen de  los    propósitos    de   la   función   pública,   y   por   ende   resulten  sancionables.”35  Sin embargo, consideró que  la   expresión   ‘buenas  costumbres’   no   se  encuentra      dentro      del     ‘grado   de  indeterminación  aceptable constitucionalmente’.  Así,  la  Sala Plena, salvo uno de  sus  miembros,36  consideró  que  es  irrazonable  usar  en una norma sancionatoria  expresiones  tan  indeterminadas  como ‘buenas      costumbres’. Dijo al respecto,     

“(…)   la   jurisprudencia   de  esta  Corporación  ha  aceptado  la  validez  constitucional de normas disciplinarias  incompletas,  e incluso ha manifestado que una de las peculiaridades del derecho  disciplinario   es   su  recurrencia  a  los  tipos  indeterminados.37 Lo anterior  haría  suponer  que  no puede prosperar el argumento de la actora acerca de que  la  imprecisión  de  las  normas acusadas hace que sean inconstitucionales. Sin  embargo,  la  Corte  observa  que  las  normas  atacadas  superan  el  grado  de  indeterminación  que es aceptable constitucionalmente. En efecto, los literales  acusados  describen  conductas sancionables a través de conceptos absolutamente  imprecisos,  lo  cual  conduce  a  que  sea  el  juzgador,  según sus criterios  subjetivos,  el  que  los  llene  de  contenido.  De  esta  manera,  esos  tipos  disciplinarios  vulneran el principio de legalidad de las normas sancionatorias.   

Así, el literal c) del artículo 31 impone  el  deber  de  tratar  con  “respeto,  imparcialidad y rectitud” a todas las  personas.  Estas  nociones pueden ser interpretadas de las más diversas formas,  lo  cual  significa que los profesionales no tendrán ninguna certidumbre acerca  de  cuáles  son  las  conductas  exigidas y cuáles las punibles, decisión que  quedará  entonces  librada  a la subjetividad del funcionario disciplinante. El  mismo argumento se aplica a los demás literales:   

– el literal e) del  artículo  32  prohíbe  ejecutar  en  el  lugar  de  ejercicio de la profesión  “actos    contra    la    moral    y    las    buenas   costumbres”;38   

– los literales a), b) y c) del artículo 33  imponen  a  los profesionales los deberes de interesarse “por el bien público  (…)  para  servir  a  la  humanidad”,  de cooperar para el “progreso de la  sociedad”  y  de  aplicar  “el  máximo”  de  su esfuerzo en el sentido de  lograr   una   “clara   expresión   hacia  la  comunidad”  de  los  asuntos  profesionales;   

–  el literal a) del artículo 35 impone el  deber  de contribuir con su “conducta profesional” y con “todos los medios  a  su  alcance”  para  que  se  preserve  “un  exacto  concepto”  de estas  profesiones,  de  su  “dignidad”  y  del  “alto  respeto”  que  merecen;   

–  el literal b) del artículo 41 contempla  el  deber de los profesionales de brindarse entre ellos “el respeto y el trato  impuesto” por su condición de colega;   

– el literal b) del artículo 42 prohíbe a  los  profesionales superiores jerárquicos proceder en forma que “desprestigie  o menoscabe” a los profesionales que sean sus subalternos;   

–  el literal b) del artículo 43 exige que  los  profesionales  que  participen  en un concurso o licitación observen “la  más  estricta disciplina y el máximo respeto” hacia los miembros del jurado,  los  funcionarios  y  los  demás  participantes.”  (acento  fuera  del  texto  original)   

En  todos  los  literales  anotados,  las  expresiones  que  se  encuentran  entre  comillas son completamente imprecisas e  inciertas,    situación   que   entraña  que  las  personas  disciplinables se encuentran a merced de los  pareceres    subjetivos    de    los   funcionarios  disciplinantes.   Esta  situación  es  contraria  al  debido  proceso,  derecho  que  persigue,  entre  otras  cosas,  establecer  con  claridad  cuáles son las conductas punibles y, por lo  tanto,  cuáles  son  las  conductas de las que deben  abstenerse          los          profesionales  de  la  ingeniería  y sus  disciplinas afines y auxiliares.   

La  exposición  anterior  conduce  a  la  conclusión    de    que   las   normas   analizadas   son   inconstitucionales.  […]”39   

3.6.8.2   Así pues, la sentencia C-570  de  2004,  siguiendo la jurisprudencia, en especial las sentencias C-373 de 2002  y  C-098  de  2003,  pero  esta vez, en el ámbito de las profesiones liberales,  declaró  inconstitucional,  entre  otras, la norma que prohibía a las personas  dedicadas  a  la  ingeniería,  realizar  actos, en el lugar del ejercicio de la  profesión,     que    atentaran    ‘contra    la    moral    y    las    buenas   costumbres’.40    

3.6.9.  Un  año  después, continuando esta  línea  jurisprudencial  en  el  ámbito  de las profesiones liberales, la Corte  decidió   en   la   sentencia  C-537  de  2005,  entre  varias  cosas,  que  es  inconstitucional  un  concepto  jurídico  indeterminado que permite sancionar a  los  odontólogos  por  actos  que  no están relacionados con su profesión, en  este    caso,   el   concepto   de   ‘la           moral’.41   

3.6.10. Finalmente, en la sentencia C-393 de  2006,  esta vez a propósito de una norma que regulaba una actividad de eminente  carácter  público,  la  Corte  Constitucional consideró que era exequible una  norma  que  establecía  como  sanción  en  el  ámbito de la función judicial  ‘el consejo, el patrocinio  o   la   intervención   en   actos  fraudulentos  en  detrimento  de  intereses  ajenos’.  Para  la Corte,  entre    otras    consideraciones,    “(…)    el  concepto   “actos   fraudulentos”   hace  referencia a una conducta clara y suficientemente determinada,  comprensible  para  los  destinatarios  de  la  norma,  la  cual  a su vez puede  concretarse   razonablemente   por   la  autoridad  que  tiene  a  su  cargo  la  investigación  y  juzgamiento  de  la  infracción, sin que quepa aducir que el  proceso   de   adecuación   típica   queda  abandonado  al  arbitrio  o  a  la  discrecionalidad   del   juez   disciplinario   para   ser  valorado  por  éste  libremente.”42   

3.7.  Una  vez  presentada la jurisprudencia  constitucional   sobre   prohibición  de  tipos  sancionatorios  disciplinarios  indeterminados  en  diferentes  áreas del derecho (por ejemplo, en el ejercicio  de  profesiones  liberales  o de cargos propios de la función pública), cuando  no  tienen  un  ‘grado de  indeterminación  aceptable  constitucionalmente’, pasa  la Sala a analizar la norma demandada.   

4.1.  La  norma  acusada  tiene  por  objeto  prohibir   a   todo   funcionario   que   incurra   en  actos  que  ‘atenten’       contra       ‘la          moral’     o     contra     ‘las   buenas   costumbres’.   Ambos   conceptos,   como  lo  ha  señalado   la  jurisprudencia  constitucional  en  varios  de  los  precedentes  citados, son vagos y ambiguos, no son claros y precisos.   

4.1.1.  Son  ambiguos  porque en ambos casos  pueden  existir  diferentes  formas  de  entender  y  usar  los  conceptos. Esta  ambigüedad  es  tal,  que ni siquiera haciendo precisiones tales como decir que  en   realidad   no   se   trata   de  ‘moral’   a  secas,   sino  de  ‘moral  social’. En tal caso, aún  persistirían  dudas  con  relación a cuál es la forma específica como se usa  dicho concepto.   

4.1.2.  De  otra  parte,  ambos  conceptos  también  son  vagos, pues incluso si se eligiera y determinara específicamente  cuál  es  el  uso  específico  que  se  hace  del concepto, reduciendo así la  ambigüedad,  no  se podría establecer con precisión en que casos puede usarse  y  en que casos no. Es decir, incluso si se acordara que por moral se entenderá  ‘moral social’  y  se  especificara  cómo  se  va a  entender  dicho  concepto,   ante  los casos concretos las dudas de cuándo  algo  es  moral  y  cuándo no persistirían. En efecto, si bien en muchos casos  habría  acuerdo  sobre  cuáles  conductas  son morales y cuáles no, seguiría  existiendo  una  enorme  zona  de penumbra.   

4.2.  El  grado  de  indeterminación de los  conceptos  acusados,  en  un  contexto sancionatorio, ofrece un amplio margen de  discrecionalidad   a  la  autoridad  encargada  de  establecer  si  un  servidor  incurrió  o  no  en tal prohibición, de suerte que las personas no cuentan con  un  criterio  que  les  permita prever con certeza si una determinada actuación  atenta  o  no  contra  tales  conceptos.  La  penumbra  que  deben enfrentar los  ciudadanos  en  estos  casos  es  constitucionalmente inadmisible. Representa un  desconocimiento  claro  del  principio  de  legalidad  y  tipicidad  en  materia  sancionatoria,   suscitando   una   inseguridad  jurídica  tal,  que   los  ciudadanos  carecen  de  referentes para saber cuál es la conducta que de ellos  se  demanda,  o  cuál  la  que  se  les  permite.  La indeterminación de estos  conceptos,  y  la  incertidumbre  que pueden generar, han sido resaltadas por la  doctrina,  incluso  en  otras  áreas  del  derecho  diversas al derecho penal o  sancionatorio.43    

4.3. Además, la prohibición de actos contra  la  moral  y  las  buenas  costumbres también implica tipificar como faltas del  servidor  público,  conductas  que  carecen de una relación con las exigencias  propias  de  su  desempeño.  Se  terminaría  entonces, comprometiendo ámbitos  individuales    en    los   que   las   personas   desarrollan   libremente   su  personalidad.       

4.4. El concepto de moral, en especial el de  ‘moral  pública’  o ‘moralidad     pública’,   son   importantes   y  relevantes  constitucionalmente.  Tal  como  lo señala la Constitución, y fue resaltado en  la  presente  sentencia,  las  acciones  populares protegen, entre otros valores  jurídicos,  la  ‘moralidad  pública’  (art.  88, CP)  y            la          ‘moralidad’, en  sí  misma  considerada,  constituye  uno  de  los  principios que fundamenta la  función  administrativa  (art.  209,  CP).  Por  tanto,  no puede entenderse la  presente  decisión  que  se  adopta  en esta sentencia, en modo alguno, como un  desconocimiento  del  alto  valor  que  tiene la moralidad pública en un estado  social  de  derecho.  Lo  que  se  defiende, es que la protección de este valor  constitucional  no  se haga mediante normas con un grado de indeterminación tal  que  generen inseguridad jurídica y pongan en riesgo los derechos fundamentales  de las personas.    

4.5. Así pues, para la Corte es claro que la  norma  acusada  contempla  una prohibición disciplinaria que emplea expresiones  cuyo   grado  de  indeterminación  no  es  aceptable  constitucionalmente. En consecuencia, se declarará la  inexequi­bilidad  de  la  norma  acusada,  el  numeral  9°  de  la Ley 732 de 2002 (Código Disciplinario  Único).   

5. Conclusión  

De   acuerdo   con   la   jurisprudencia  constitucional,    la    Sala   Plena   decide   que     (i) los conceptos jurídicos indeterminados  como   ‘moral’,  por ejemplo, pueden ser usados bajo  el  orden  constitucional vigente en el sistema jurídico, y  (ii)  que se viola la prohibición de tipos  sancionatorios  disciplinarios  indeterminados  cuando  éstos emplean conceptos  que  no tienen un ‘grado de  indeterminación  aceptable  constitucionalmente’,  en  especial,  cuando  se trata de normas que tipifican como faltas conductas que no  tengan  una  relación  con las exigencias propias del desempeño profesional ni  afecten  la  integridad  de la profesión como tal, como ocurre, por ejemplo con  normas   sancionatorias   disciplinarias  que  prohíben  cometer  actos  contra  ‘la   moral’     o     contra     ‘las   buenas   costumbres’.   

VII. DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia  en  nombre del pueblo y por  mandato de la Constitución,   

RESUELVE  

Declarar     INEXEQUIBLE   el  numeral  9°  del  artículo  35  de  la  Ley  734  de  2002,  ‘por  medio de la cual se  expide  el Código Disciplinario Único’.   

Cópiese,   notifíquese,   comuníquese,  insértese  en  la  Gaceta de la Corte Constitucional, cúmplase y archívese el  expediente.   

NILSON PINILLA PINILLA  

Presidente  

Con Salvamento de Voto  

MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Magistrada  

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO  

Magistrado  

JUAN CARLOS HENAO PÉREZ  

Magistrado  

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO  

Magistrado  

Con Salvamento de Voto  

JORGE IVAN PALACIO PALACIO  

Magistrado  

JORGE   IGNACIO   PRETELT   CHALJUB   

Magistrado  

Con Salvamento de Voto  

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Magistrado  

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

    

1  Mauricio Albarracín Caballero y Fátima Esparza Calderón.   

2  Mediante  Auto  de 8 de octubre de 2008 la Sala Plena de la Corte Constitucional  aceptó  el impedimento presentado por el Procurador General de la Nación, para  participar en el proceso de la referencia.   

3  Al  respecto  puede  verse,  entre  muchos  otros  textos, la clásica respuesta del  jurista  argentino  Genaro  Carrió  al  jurista  argentino, de origen español,  Sebastián  Soler  en  1970, titulada Algunas palabras  sobre    las   palabras   de   la   ley   [Editorial  Abeledo-Perrot.  Buenos  Aires,  1971.] Genaro Carrió difundió en las escuelas  jurídicas  latinoamericanas  buena  parte  de  las  ideas  que  sobre derecho y  lenguaje  había  desarrollado  escuelas  anglosajonas;  en  especial, tradujo y  difundió   el   libro   del   jurista  inglés  H.  L.  A.  Hart,  El  concepto  del derecho, el cual recoge  a   su   vez,   las   revolucionarias   ideas  del  filósofo  austriaco  Ludwig  Wittgenstein.   

4 Los  conceptos                ‘niño’  o  ‘niña’  que  pueden  ser  altamente  vagos.  Usualmente  surgen  preguntas  como:  ¿en  qué momento una persona deja de ser  ‘niño’?  ¿es  el mismo momento en todos lo  casos?  ¿existen  diferencias  entre  los  géneros  respecto a en qué momento  dejan        de        ser       ‘niños’  y  ‘niñas’,  respectivamente?  No  obstante, la  jurisprudencia      constitucional     ha     señalado     que     ‘niño’         y        ‘niña’  son  palabras  que deben usarse, de  acuerdo  con la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), para referirse,  según  el  género,  a  toda  persona  menor de 18 años; esta regla, sin duda,  resuelve  en  gran  medida  los  problemas  de vaguedad, asegurando así el goce  efectivo de los derechos de los niños.   

5  En  tal  sentido, por ejemplo, la Ley 1276 de 2009 estableció qué cuando ésta usa  la   expresión  ‘adulto  mayor’ se refiere a toda  persona  mayor de 60 años, o mayor de 55 con un notable desgaste físico, vital  y psicológico.   

6  Carrió,  Genaro  (1970):  Algunas palabras sobre las  palabras  de  la ley. Editorial Abeledo-Perrot. Buenos  Aires, 1971. p.15.   

7 Sobre  los    distintos    usos    que   puede   tener   la   expresión   ‘libertad’,   puede  verse,  por  ejemplo,  la  diferencia  de usos que dan a esa expresión la sentencia C-221 de 1994, por una  parte,  y el salvamento a la misma, por otra. En este caso se resolvió declarar  inexequible  la  prohibición del porte de la dosis personal de estupefacientes.   

8  Carrió,  Genaro  (1970):  Algunas palabras sobre las  palabras de la ley. Op cit, p.17.   

9  Carrió,  Genaro  (1970):  Algunas palabras sobre las  palabras de la ley. Op. Cit, p.17.   

11 En  efecto:  ¿Los  actos  sexuales  de  dos  personas  que  hayan  sido producto de  reproducción  invitro puede  ser  considerado incesto, por el hecho de que para la gestación de ambas se uso  semen  del  mismo  donante, a pesar de que hayan crecido en familias y contextos  total y absolutamente distintos?   

12  Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  de  agosto  12 de 1982 MP Manuel Gaona  Cruz.   

13  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  Plena,  sentencia  de agosto 12 de 1982 (MP  Manuel  Gaona  Cruz,  SV  Gustavo  Gómez  Velásquez,  Dante L Fiorillo Porras,  Alfonso  Reyes Echandía, Darío Velásquez Gaviria, Álvaro Luna Gómez y Jorge  Salcedo  Segura);  Exp. N° 942 (Gaceta Judicial, Jurisprudencia constitucional,  Tomo CLXXI, pág. 405).   

14  Dijo  la Corte Suprema de Justicia al respecto: “(1) en primer lugar, anótese  que  cualquier mal comportamiento supone un modo de actuar más o menos habitual  y  no  excepcional,  ni  inusitado,  ni  esporádico, una conducta relativamente  frecuente  o  reiterada;  (2)  en segundo, que por malo o indebido debe suscitar  necesario  y  ostensible  reproche  general   y no simple rechazo subjetivo  crítico,  o  intolerante  actitud mojigata;  (3) en tercero, que por   ser  “social”, debe provocar una objetiva actitud de desaprobación aproximada a  los   patrones   axiológicos   que  rigen  el  medio  social;  y   (4)  en  cuarto,   que esa conducta pueda ocasionar un perjuicio a la dignidad de la  justicia.”   

15 Por  ejemplo,   para   el   Magistrado  Dante  L.  Fiorillo  Porras  el  concepto  de  ‘moral social’    adolecía    de    ‘vaguedad  e  imprecisión’,  para  el  Magistrado Alfonso Reyes  Echandía  de ‘ambigüedad  e  imprecisión’, para los  Magistrados   Darío   Velásquez   Gaviria   y  Álvaro  Luna  Gómez  era  una  ‘amplísima  expresión’  y  para  el  Magistrado     Jorge    Salcedo    Segura    un    ejemplo    de    ‘falta    de   tipicidad’.   

16  Corte  Constitucional,  sentencia C-427 de 1994 (MP Fabio Morón Díaz); en este  caso  se resolvió, entre otras cosas, declarar exequible la parte del artículo  115  del  Decreto  2699  del  30  de  noviembre  de  1991 que dice: ‘b)  Ejecutar en el lugar de trabajo o  en   sitio   público,   cualquier   acto   contra   la   moral   o  las  buenas  costumbres’.   

17  Corte   Constitucional,   sentencia   C-010  de  2000  (MP  Alejandro  Martínez  Caballero;  SPV  José  Gregorio  Hernández Galindo, Vladimiro Naranjo y Alvaro  Tafur  Galvis;  AV Carlos Gaviria Díaz). En este caso la Corte resolvió, entre  otras   cosas,   declarar   inexequibles   “(a)   La  expresión  ‘,   y   atenderse   a  los  dictados  universales      del      decoro      y      del      buen     gusto’  del  artículo  2º de la Ley 74 de  1966.  (…)”   El  artículo  2°  de  la  Ley  74  de 1966 ‘por   la   cual   se  reglamenta  la  transmisión  de  programas  por  los  servicios  de  radiodifusión’,     señalaba:     ‘Artículo  2°.  Sin  perjuicio de la  libertad  de información, los servicios de radiodifusión estarán básicamente  orientados  a  difundir  la  cultura,  y  a afirmar los valores esenciales de la  nacionalidad  colombiana.   ||   En  los  programas  radiales  deberá  hacerse  buen  uso del idioma castellano, y atenderse a los dictados universales  del decoro y del buen gusto.’   

18  Corte Constitucional, sentencia C-010 de 2000.   

19 El  Magistrado  José  Gregorio Hernández Galindo señaló es su salvamento parcial  de  voto  que  estaba  “(…)  de acuerdo con la mayoría en que la referencia  legal  al  buen  gusto,  como  exigencia  aplicable  a  quienes hagan uso de los  micrófonos,  añadida  a  la  posibilidad de que les fueran impuestas sanciones  por    no   acatar   el   precepto,   según   el   criterio   de   ‘buen         gusto’    del   funcionario   de   turno,  contrariaba  la  Constitución  por  su  vaguedad  y  amplitud,  y  daba lugar a  arbitrariedades.  Tal  concepto  es  relativo.  Lo que para uno es de buen gusto  puede  ser  para  otro  de  mal gusto, y las diferencias no pueden conducir a la  aplicación  de sanciones.” La discrepancia del Magistrado Hernández Galindo,  sostuvo  en su salvamento a la sentencia C-010 de 2000, era en torno al concepto  de   ‘decoro’,   porque   consideraba  que  éste  “(…)  a  diferencia  del buen gusto, es un concepto objetivo, relacionado en  la  materia  que  nos  ocupa  con  el  mínimo  buen  trato y uso respetuoso del  lenguaje,  tanto  más  exigible  cuando  la  radio se constituye en un masivo y  penetrante  medio  de  comunicación.”  De forma similar, los Magistrados  Vladimiro  Naranjo  Mesa  y  Álvaro  Tafur Galvis señalaron que compartían la  decisión  de  la  mayoría  “en  lo  referente a la mención del ‘buen         gusto’   como  parámetro  al  cual  deben  ceñirse  los  programas  transmitidos  por los servicios de radiodifusión, por  tratarse  de  un  concepto  muy subjetivo que puede prestarse a interpretaciones  arbitrarias  por  parte  de la autoridad de turno. No así en lo que toca con la  referencia  al  “decoro”,  pues  estimamos  que  esta  expresión responde a  criterios   universalmente  admitidos,  aun  dentro  de  un  régimen  político  pluralista como el que nos rige, conforme a la Constitución.”   

20 Ver  Tribunal  Europeo  de  Derechos  Humanos.  Caso  Handyside del 7 de diciembre de  1976.  Parr  49, criterio reiterado en muchos otros fallos. Ver por ejemplo Caso  Lingens del 8 de julio de 1986, Parr 41.   

21  Corte   Constitucional,   sentencia   C-010  de  2000  (MP  Alejandro  Martínez  Caballero;  SPV  José  Gregorio Hernández Galindo, Vladimiro Naranjo y Álvaro  Tafur  Galvis; AV Carlos Gaviria Díaz). Para la Corte: “(…) una cosa es que  el  ordenamiento  pueda limitar ciertas expresiones innecesarias e injuriosas, a  fin  de  proteger  la  honra de las personas, u otros bienes constitucionales, y  otra  muy  diversa  es  que  la  ley  ordene  que  se  atiendan  unos ambiguos e  inexistentes  “dictados  universales  del  decoro  y  del  buen gusto”, pues ese  mandato   implica   el   predominio   de   ciertas   visiones  del  mundo  sobre  otras.”   

22  Corte  Constitucional,  sentencia C-567 de 2000 (MP Alfredo Beltrán Sierra; SPV  José  Gregorio  Hernández  Galindo,  Vladimiro  Naranjo  Mesa  y  Alvaro Tafur  Galvis;  AV  Eduardo Cifuentes Muñoz y Vladimiro Naranjo Mesa). En este caso la  Corte  resolvió,  entre  otras  cosas, declarar exequible el artículo 46 de la  Ley  50  de 1990, salvo la expresión: ‘o  las  buenas  costumbres’,  del  literal  (a)  del numeral 4 y el  literal  (c)  del  numeral 4 (el artículo tiene también un parágrafo sobre el  cual  la  Corte  se inhibió de hacer un pronunciamiento de fondo). La Ley 50 de  1990  ‘por  la  cual  se  introducen  reformas  al  Código  Sustantivo  del  Trabajo  y  se  dictan otras  disposiciones’,  establecía  en  su artículo 46 que el artículo 366 del Código Sustantivo del  Trabajo,     quedará     así:     ‘Artículo  366.-  TRAMITACIÓN. (…) 4. Son causales para negar la  inscripción  en el registro sindical únicamente las siguientes: (a) Cuando los  estatutos  de  la  organización  sindical  sean  contrarios  a la Constitución  Nacional,  la  ley o las buenas costumbres.           (…)’.   

23  Corte Constitucional, sentencia C-567 de 2000.   

24  Siguiendo  la postura fijada en sus salvamentos de voto parciales a la sentencia  C-010  de  2000,  los  Magistrados  José Gregorio Hernández Galindo, Vladimiro  Naranjo  Mesa y Alvaro Tafur Galvis salvaron parcialmente su voto a la sentencia  C-567  de  2000,  por considerar que no se ha debido declarar la inexequibilidad  de  las expresiones ‘o las  buenas  costumbres’  que  había sido analizada en la sentencia.   

25  Corte   Constitucional,   sentencia   C-232  de  2002  (MP  Clara  Inés  Vargas  Hernández,  SV Jaime Araujo Rentería y  Alfredo Beltrán Sierra); en este  caso  se resolvió “Declarar exequible, por   los   cargos   analizados  en  esta  providencia,  el inciso primero del artículo 180 de  la  Ley  599  de 2000, bajo el entendido que el delito de desplazamiento forzado  está  sancionado  con   las    penas    de   prisión   de   seis   (6)   a   doce   (12)   años (…)”.   

26  Corte  Constitucional,  sentencia C-373 de 2002 (MP Jaime Córdoba Triviño, SPV  Eduardo  Montealegre  Lynett  y  Rodrigo  Escobar Gil); el salvamento parcial de  voto  conjunto  en  este caso, versa sobre una cuestión distinta al problema de  la indeterminación de los conceptos.   

27 En  reiterados  pronunciamientos  esta  Corporación  ha resaltado que la órbita de  injerencia  del  derecho  disciplinario se circunscribe al comportamiento de los  servidores  públicos  en ejercicio de sus cargos.  Por ello se ha expuesto  que   “El  derecho  disciplinario comprende el  conjunto  de  normas,  sustanciales  y  procesales,  en  virtud de las cuales el  Estado  asegura  la  obediencia,  la  disciplina  y el comportamiento ético, la  moralidad   y   la   eficiencia   de   los  servidores  públicos,  con  miras  a  asegurar  el  buen  funcionamiento de los diferentes  servicios    a   su   cargo”.    Corte  Constitucional.  Sentencia C-341 de 1996 (MP Antonio Barrera  Carbonell).   En el mismo sentido, se ha indicado que  “El  Código  Disciplinario  Único  comprende el conjunto de normas  sustanciales  y  procesales,  con  las  que  el  legislador pretende asegurar la  obediencia,  la  disciplina,  la  eficiencia y el adecuado comportamiento de los  servidores   públicos   en   el  ejercicio  de  sus  cargos”.  Corte  Constitucional. Sentencia C-712 de  2001 (MP Jaime Córdoba Triviño).   

28  Corte  Constitucional,  sentencia C-373 de 2002 (MP Jaime Córdoba Triviño, SPV  Eduardo Montealegre Lynett y Rodrigo Escobar Gil).   

29  Corte  Constitucional,  sentencia C-373 de 2002 (MP Jaime Córdoba Triviño, SPV  Eduardo  Montealegre  Lynett  y Rodrigo Escobar Gil). En esta decisión la Corte  Constitucional  citó  en extenso el siguiente apartado de la sentencia T-124 de  1998  (MP  Alejandro  Martínez Caballero): “Si bien  el  libre  desarrollo  de la personalidad encuentra sus límites en los derechos  de  los demás y en el ordenamiento jurídico, también exige de la sociedad una  manifestación  clara  de  tolerancia  y respeto hacia aquellas decisiones   que  no  controvierten dichos límites y son intrínsecas al individuo. Por esta  razón,  la  represión  legítima  de  una  opción  personal  debe tener lugar  exclusivamente  frente  a  circunstancias  que  generen violaciones reales a los  derechos  de  los  demás  o  al ordenamiento jurídico, y no simplemente frente  a     vulneraciones    hipotéticas    o   ficticias.   Para   ‘que   la   limitación   al   libre  desarrollo  de  la  personalidad  sea legítima, por lo tanto, no arbitraria, se  requiere  que  goce  de  un fundamento jurídico constitucional. No basta que el  derecho  de  otras  personas  o  la  facultad de la autoridad se basen en normas  jurídicas  válidas sino que en la necesaria ponderación valorativa se respete  la  jerarquía  constitucional  del derecho fundamental. En consecuencia simples  invocaciones  del  interés  general, de los deberes sociales, o de los derechos  ajenos   de rango legal, no son suficientes para limitar el alcance de este  derecho.’  Tampoco estas  restricciones     pueden     llegar    a    anular    totalmente    ‘la  posibilidad  que tiene la persona  de   construir  autónomamente un modelo  de realización personal. De  allí   el   nexo   profundo   que  existe  entre   el  reconocimiento  del  pluralismo   y  el  libre  desarrollo  de  la  personalidad,  ya  que   mediante  la  protección de la autonomía personal, la Constitución aspira ser  un  marco   en  el  cual  puedan  coexistir las mas diversas formas de vida  humana’.”   

30  Corte  Constitucional,  sentencia  C-098  de 2003 (MP Jaime Araujo Rentería, AV  Jaime Araujo Rentería)   

31  Salvo su voto en este asunto el Magistrado Rodrigo Escobar Gil.   

32  Corte  Constitucional,  sentencia  C-431 de 2004 (MP Marco Gerardo Monroy Cabra;  SPV   Rodrigo  Escobar  Gil,  Alfredo  Beltrán  Sierra  y  Clara  Inés  Vargas  Hernández);  en este caso se resolvió, entre otras cosas, declarar inexequible  el numeral 1° de la Ley 836 de 2003.   

33  Corte  Constitucional, Sentencia C-570 de 2004 (MP Manuel José Cepeda Espinosa;  SPV  Rodrigo  Escobar  Gil)  En  este caso la Corte, siguiendo la jurisprudencia  constitucional,  respondió las siguientes cuestiones jurídicas “¿A  la  luz del derecho fundamental del debido proceso, es posible  establecer  normas  disciplinarias  indeterminadas?  ¿Los códigos de ética de  las  profesiones  pueden  incluir  normas  disciplinarias  referidas  a  la vida  privada de los profesionales?”   

34  Corte  Constitucional, sentencia C-570 de 2004 (MP Manuel José Cepeda Espinosa;  SPV Rodrigo Escobar Gil).   

35   La  jurisprudencia ha señalado expresamente que el derecho  disciplinario  se  distingue  por  recurrir a normas disciplinarias con un menor  grado  de  determinación,  al  respecto  la sentencia C-708 de 1999 (MP Álvaro  Tafur  Galvis):  “Aun  cuando  a  juicio  del  actor, el señalamiento de esos  criterios  para  definir  sobre el nivel de lesión que puedan llegar a soportar  los  bienes  jurídicos  protegidos  por  la  ley  disciplinaria,  pueda parecer  amplio,  el  mismo  no  deja  de  ser expreso, preciso, cierto y previo ante las  conductas    que    por   comisión   u   omisión,   constituyen   infracciones  disciplinarias,  pues  es  de  la  competencia del legislador configurar el tipo  disciplinario  en  forma  genérica,  con cierto grado de indeterminación y sin  recabar  en precisiones exageradas de los elementos que lo estructuran, mediante  el  uso de parámetros generales de las conductas dignas de desaprobación, para  efectos  de  su  encuadramiento típico.  ||  Con base en lo anterior,  es  de anotar como peculiaridad propia del derecho disciplinario, la posibilidad  de  que  las conductas constitutivas de faltas disciplinarias se encuadren en la  forma  de  tipos  abiertos.  A  diferencia  de  la  materia  penal,  en donde la  descripción  de  los  hechos  punibles  es  detallada,  en  la disciplinaria el  fallador  cuenta  con un mayor margen de valoración e individualización de las  faltas  sancionables  por la diversidad de comportamientos que pugnan contra los  propósitos  de  la  función  pública  y  del  régimen disciplinario, por las  razones que a continuación se señalan…”   

36  Magistrado Rodrigo Escobar Gil.   

37 En  las  sentencias C-406 de 2004 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández) y  C-530  de  2003 (M.P. Eduardo Montealegre Lynett) se examinó la forma en que los tipos  indeterminados deben ser interpretados.    

39  Corte Constitucional, sentencia C-570 de 2004.   

40 La  norma  de  la  Ley  842 del 2003 estudiada en ese caso establecía: ‘Artículo       32.­–            Prohibiciones    generales    a    los    profesionales.    Son   prohibiciones   generales   a   los  profesionales:  (…)   e)  Ejecutar  en  el  lugar  donde  ejerza su profesión, actos que  atenten   contra   la   moral   y   las   buenas   costumbres  (…)’.  En  la  sentencia  C-570  de 2004,  entre  otras  cosas,  se resolvió declarar inexequibles “los literales c) del  artículo  31,  e)  del  artículo  32,  a),  b)  y  c) del artículo 33, a) del  artículo  35, b) del artículo 41, b) del artículo 42 y b) del artículo 43 de  la Ley 842 del 2003.”   

41 La  sentencia  señaló  al  respecto  lo  siguiente:  “Planteada  así la demanda  contra  estas  disposiciones,  la  Corte  reiterará el criterio jurisprudencial  (…)  sobre  la  inconstitucionalidad  de  normas que permitan la injerencia en  asuntos  que pertenecen a la esfera interna del profesional, en este caso, de la  odontología,  sin  que  se  relacionen con el ejercicio de la profesión.   ||   En  efecto, sin que sea necesario adentrarse en profundas reflexiones,  salta  a  la  vista  que  las  expresiones  acusadas  hacen referencia directa a  asuntos  del comportamiento público y privado de las personas, que pueden   convertirse  en  un  obstáculo  injustificado  para el ejercicio del derecho al  libre  desarrollo  de  la personalidad y al ejercicio de la autonomía personal,  pues,   sin   que   exista  disposición  constitucional  que  lo  autorice,  el  odontólogo,  con  el  fin  de  no  ser objeto de un proceso ante el tribunal de  ética,  tendría  que  estar  pendiente  de  que  su  comportamiento público y  privado  no  sea  catalogado y, por ende, juzgado como inmoral por otros, aunque  ni  se  relacione  con  la  forma  como  ejerce  su profesión, ni, mucho menos,  interfiera  en  el  derecho  de  los  demás.” Corte Constitucional, sentencia  C-537  de 2005 (MP Alfredo Beltrán Sierra). En la sentencia [C-537 de 2005], se  resolvió  entre  otras cosas, declarar inexequible el literal (e) del artículo  1º   de   la   Ley   35   de  1989  (‘Sobre     ética     del     odontólogo     colombiano’),  el cual establecía lo siguiente:  ‘(e) Debido a la función  social  que implica el ejercicio de su profesión, el odontólogo está obligado  a  mantener  una  conducta  pública  y  privada  ceñida  a  los  más elevados  preceptos   de   la   moral  universal’.   

42  Corte  Constitucional, sentencia C-393 de 2006 (MP Rodrigo Escobar Gil, SV Jaime  Araujo Rentería).   

43 A  manera  de  ejemplo,  con  relación al impacto de estos conceptos en el ámbito  del  derecho  mercantil,  el  profesor Jaime Alberto Arrubla Paucar sostiene que  actualmente  e la Corte Constitucional xiste “incertidumbre sobre el verdadero  alcance  de  las  limitantes  a  la  autonomía  de la libertad privada, creando  inestabilidad  en  las  relación obligatorias y dejando al arbitrio de jueces e  intérpretes  colorear  los  conceptos  de  orden  público y buenas costumbres;  (…)  Los  particulares se mueven en un campo de relatividad y por falta de una  delimitación  clara de sus fronteras, a veces prefieren no aventurarse al campo  negocial,  no  producir,  ni  ingresar  en  el  terreno  de  la eventualidad.”  (Arrubla  P., J. A., Contratos Mercantiles,   Tomo   I.   Editorial   Diké.  8ª  ed.  Medellín,  1997.  p.  58).     

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