T-085-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-085-09  

Referencia    expedientes:   T-2.050.591,  T-2.056.396, T-2.056.402   

(Acumulados).  

                     

Acciones    de    tutela    instauradas,  respectivamente  por  Luis  Francisco  Orozco  García,  María  de los Ángeles  Brochero  Bolaño,  Alfonso  Rafael  Orozco  Bolaño  y  María  de los Ángeles  Navarro  Orozco;  Yoleidy  Yance  Villa,  y  Roberto  Antonio  Yance Martínez y  Yohemis  Mercedes  Villa  Cantillo  en su nombre y en representación de su hijo  menor  Roberto  Carlos  Yance  Villa;  y Osvaldo Martínez Arias y Martha Helena  Meneses  Roldán  en  su  nombre  y en representación de sus hijos Luis Javier,  Alexander,  Osvaldo  Enrique,  Leonardo  y  Leydis  Milena  Martínez Meneses en  contra  de la Presidencia de la República- Agencia Presidencial para la Acción  Social y la Cooperación Internacional, Acción Social.   

Magistrado Ponente:  

Dr.  JAIME  ARAÚJO  RENTERÍA           

Bogotá, D.C., dieciséis (16) de febrero de  dos mil nueve (2009)   

La  Sala  Primera  de  Revisión de la Corte  Constitucional,  integrada  por  los  Magistrados CLARA  ELENA   REALES   GUTIÉRREZ   (E),  JAIME  CÓRDOBA  TRIVIÑO  y  JAIME  ARAÚJO  RENTERÍA,   en   ejercicio   de   sus   competencias  constitucionales y legales, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA   

dentro  del  trámite  de  revisión  de los  fallos  dictados  por  los  despachos  judiciales  de  instancia de la siguiente  forma:   

Número    del  expediente             

Primera  instancia             

Segunda  instancia  

T-2.050.591             

Juzgado  Civil  del  Circuito de Fundación, Magdalena.             

Sala Civil Familia del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta.  

T-2.056.396             

Juzgado   Único  Promiscuo de Familia de Fundación.  

T-  2.056.402             

Juzgado   Único  Promiscuo de Familia de Fundación.  

I. ANTECEDENTES  

Luis Francisco Orozco García, María de los  Ángeles  Brochero  Bolaño,  Alfonso  Rafael  Orozco  Bolaño,  María  de  los  Ángeles   Navarro   Orozco  (T-2.050.591),  Yoleidy  Yance  Villa,  Roberto  Antonio Yance Martínez, Yohemis  Mercedes  Villa  Cantillo estos últimos en su nombre y en representación de su  hijo      menor      Roberto      Carlos      Yance      Villa      (T-2.056.396),  Osvaldo  Martínez Arias y  Martha  Helena  Meneses  Roldán  en su nombre y en representación de sus hijos  Luis  Javier,  Alexander,  Osvaldo  Enrique,  Leonardo y Leydis Milena Martínez  Meneses  (T-2.056.402)  todos  por  medio  de  apoderado  judicial,  presentaron  acción  de  tutela contra la  Presidencia  de  la  República-Acción Social, por la presunta vulneración del  “derecho fundamental a la justa indemnización, esto  es,  pronta,  adecuada  y  efectiva,  de  todos  los  daños  causados… por el  desplazamiento  forzado del Corregimiento de Bellavista, sufrido a partir del 12  de octubre de 2001”.   

En  forma concordante, en las tres demandas,  manifestaron  los  accionantes  que la presencia paramilitar en el corregimiento  de  Bellavista,  municipio de Algarrobo, departamento del Magdalena, comenzó en  1998  y  que  “…para  comienzos  del 2001, por sus  implacables  y  consentidos  crímenes,  convertidos  en  hechos  notorios,  que  ultrajaban  la  dignidad humana de toda una comunidad y, habiendo desvirtuado la  cotidianidad  de la propia guerrilla, los paramilitares terminaron adueñándose  de  todo  el  corregimiento,  estableciendo  su  base  en  pleno pueblo, ante la  actitud  omisiva  y  complaciente de todas las autoridades. Desde allí lanzaban  sus   frenteros   ataques   a   la  población  civil…  era  un  grupo  de  66  miembros,…   tenían  el  pueblo plenamente controlado”.   

Adujeron     que    el    “12  de  octubre  de  2001  a las seis de la mañana, la guerrilla  rodeo   el  pueblo  y  comenzó  a  disparar  para  una  base  que  tenían  los  paramilitares  en  el mismo sitio donde había funcionado el puesto de policía.  Se  encendió  un confuso combate. Los guerrilleros lanzaron un cilindro o bomba  a  la base de los paramilitares. La explosión se escuchó en varios kilómetros  a  la  redonda sembrando pánico y zozobra entre todos los habitantes… al cabo  de  media  hora  todo  había  concluido…no  hubo afectados pero enseguida los  paramilitares  volvieron  a  reunir  el pueblo para decirles que definitivamente  todos  los  bellavisteros  eran  guerrilleros,  que  habían  colaborado  con el  atentado  y  que  tenían  que  desocupar  el pueblo… salieron todos forzada e  involuntariamente  en busca de opciones de protección en otros lugares dentro y  fuera  del  territorio  nacional.  …Salieron  más de 350 familias, dejando la  casa,  la  tierra, los enseres, los cultivos, los animales y las actividades que  desempeñaban  para  el  sustento  de su familia…la gente huyó inmediatamente  dejándolo todo…”.   

Dijeron  los  demandantes  en  tutela  que  “los   paramilitares  permanecieron  por  meses  en  Bellavista  en  plena  operación de saqueo de todo el pueblo y el corregimiento  en  general,…seguían  haciendo sus retenes ilegales expropiando los animales,  saqueando  las  fincas  y  saqueando  a  todo el que venía de la Sierra con sus  productos,  Bellavista  se  convirtió  en  un pueblo fantasma…”.   

Expusieron  que  nadie denunció el hecho en  aquella  época  y que sólo “con la desmovilización  de  los paramilitares en el año 2005 fue cuando algunos de los afectados con el  asesinato,  desplazamiento  y  expropiaciones  denunciaron el delito como primer  requisito  de  la reparación…” ante las Fiscalías  Veintiséis y Veintisiete Seccionales de Fundación.   

Adicionalmente,  en cada una de las demandas  se señaló lo siguiente:   

1.     (T-2.050.591)     Luis  Francisco  Orozco  García  y  María de los Ángeles Brochero  señalaron  que  se  unieron  libremente  en  1950,  y que entre sus hijos está  Alfonso  Rafael  Orozco  Bolaño  y  entre  sus  nietos  María  de los Ángeles  Brochero Bolaño.   

Estos   predios,   según   adujeron   los  accionantes,  hace más de cinco años fueron abandonados y el segundo de éstos  está  a punto de ser rematado por el Banco Agrario, toda vez que Rafael Alfonso  Orozco no pudo pagar el préstamo adquirido.   

Arguyeron  que se desplazaron el mismo 12 de  octubre  de  2001  “con  tanta  prisa que no les dio  tiempo   para   recoger   o   asegurar   sus   enceres  (sic)  y  medios  de  subsistencia;  dejando todas sus  pertenencias  abandonadas  para  regresar  por  ellas  después, pero que va, el  pánico  que  infundieron  los paramilitares, a ciencia y paciencia de todas las  autoridades,   y  que  se  apoderó  de  toda  la  región,  se  los     (sic)    impidió…”.   

Señalaron  que  María  de  los  Ángeles  Brochero  Bolaño  rindió  declaración   de  desplazamiento  forzado ante  Acción  Social  el  26 de octubre de 2001, narró lo sucedido e indicó quienes  conformaban  su  grupo  familiar  según  consta  en  el Certificado de Registro  Único  de  Población  Desplazada  que  le  expidió  la  Unidad Territorial de  Acción Social del Cesar.   

Finalmente,  dijeron  que  después  de unos  meses  se  fueron  a  vivir  a  Fundación  y que no denunciaron lo ocurrido por  miedo,  por  motivos  de  supervivencia  y dado su gran grado de vulnerabilidad.   

2.     (T-2.056.396)     Roberto  Antonio  Yance  Martínez y Yohemis Mercedes Villa Cantillo  se  unieron  libremente  en  1985  y  tuvieron  a Roberto Carlos y Yoleidy Yance  Villa,  “vivían  felices y al día en Bellavista en  su   casa   propia   cuyos   documentos  privados  de  adquisición  se  perdió  (sic)  en  el  saqueo  y  el  despelote  de la rapiña que armaron los paramilitares en las casas abandonadas.  Don  Roberto  tenía  una de las 47 plataformas de secado de café en asocio con  el  comerciante  Ever Chinchilla. Cuando no había cosecha del grano se dedicaba  a la compraventa de maíz”.   

Indicaron  los  accionantes que “se  desplazaron  el  12  de  octubre  de  2001  para  la Loma del  Bálsamo,  allí  estuvieron  en  casa alquilada por siete meses después viendo  que  la  violencia  no  paraba  y definitivamente el pueblo estaba erradicado se  [fueron]  para  Fundación,  y aquí viven todavía, sin fortuna y pasando todos  los      trabajos     y     necesidades     de     este     mundo”.   

Roberto  Antonio  Yance  Martínez  rindió  declaración  ante  la  Personería  Municipal  de  Fundación  donde  narró el  desplazamiento  sucedido,  declaración  que  según  adujo,  fue  remitida a la  Defensoría  del  Pueblo  y  a Acción Social correspondiéndole el registro No.  47288319585049.  Señalaron  que  recibieron  tres  mercados  por concepto de la  ayuda solidaria.   

Finalmente, dijeron que Yohemis Mercedes y su  pequeño  hijo…  “aún sufren los estragos de haber  tenido  que  salir  huyendo  de  Bellavista” y que no  denunciaron  lo  ocurrido por miedo, por motivos de supervivencia y dado su gran  grado de vulnerabilidad.   

3. (T-2.056.402) Los  gestores  del  amparo  indicaron  que vivían felices en Bellavista y que no les  faltaba  nada. Adujeron que Osvaldo Martínez era agricultor, beneficiario de un  programa  de  la  UMATA  y que en El Dorado  “tenía  sembrados  de frutales yuca y  maíz…”   

Dijeron  que  “se  desplazaron  el 15 de octubre de 2001 para la Loma del Bálsamo, allí llegaron,  y  viven  todavía,  sin  casa,  sin  trabajo  y  sin fortuna, a pasar todos los  trabajos  y  necesidades  de  este mundo con los menores Leonardo de once años,  Alexander  de  nueve,  Luis  Javier  de  seis, Leydis Milena de cuatro y Osvaldo  Enrique de tres añitos”.   

Manifestaron     que     “han  pasado  todos  estos  años  arañando y viviendo de la nada  para  subsistir a diario con sus pequeños hijos…”,  que  aparecen inscritos “en el listado de personas de  Bellavista   registradas   en   el   Sisben  entre  1999  y  2004”    y   que   no  han  recibido  nada  por  concepto  de  ayuda  solidaria.   

Señalaron  que  Osvaldo  Enrique  Martínez  Arias  rindió  declaración  del  desplazamiento  sucedido  ante la Personería  Municipal  de  Algarrobo,  declaración  que  según  adujo,  fue  remitida a la  Defensoría  del  Pueblo  y  a Acción Social correspondiéndole el registro No.  4728835585049.   

Finalmente, señalaron que no denunciaron lo  ocurrido  por  miedo,  por  motivos  de  supervivencia  y  dado su gran grado de  vulnerabilidad.   

Afirman  los  accionantes  que la acción de  tutela   es  el  único  medio  para  que  los  perjuicios  ocasionados  por  el  desplazamiento  forzado  sean  resarcidos  de manera inmediata y adecuada, y que  Acción  Social es el ente encargado para suplir esa pretensión, comoquiera que  es  la  entidad  ordenadora  del  gasto  del  Fondo  Para  la Reparación de las  Víctimas  de conformidad con la Ley 975 de 2005 y que por tanto es la encargada  de indemnizar una vez sean liquidados los perjuicios.   

Adujeron   que   solicitaron1, en virtud del  artículo  15  de  la Ley 418 de 1997, a Acción Social de la Unidad Territorial  del    Magdalena    “adelantar    la    actuación  administrativa  para  que  se h[iciera] efectivo el derecho al restablecimiento,  indemnización,  satisfacción  y  rehabilitación”;  ante    lo    cual,    dicha   entidad   contestó2,   según   señalaron   los  accionantes,   que   debían   participar  en  el  proceso  determinado  por  la  Ley   de  Justicia  y  Paz,  comoquiera  que  según  esta ley, la obligación de reparar a la víctima recae  primordialmente  en  el victimario considerado individualmente o en el grupo del  que  este  último hace parte, y que esos derechos son complementarios a los que  tienen  como  personas en situación de desplazamiento forzado frente al Sistema  Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada.   

Arguyeron  los accionantes que la Ley 975 de  2005  dispone  un  proceso  para  que  se  indemnicen  los perjuicios cuando los  afectados  están interesados en identificar al autor; que no están obligados a  participar  en  éste, según el artículo 45 de esa normatividad y el artículo  11  del  Decreto  4760  de  2005;   que  estos  trámites  legales  son muy  dispendiosos,  complejos  y  arduos  y  que tienen derecho a un recurso judicial  ágil,  sencillo  y eficaz y a una indemnización-reparación pronta y justa, ya  que  someterlos  a  una  larga espera, según señalaron, prolongaría de manera  indeterminada   su   eterna   condición  de  víctimas  del  conflicto  armado.   

Señalaron      que     “…con  independencia  de  los  resultados  de la investigación,  toda  persona  afectada  en  su  vida, honra, bienes, derechos y libertades, por  hechos  sucedidos  dentro  del  marco del conflicto armado interno, puede exigir  medidas  de restitución, indemnización, rehabilitación y satisfacción según  lo  establece  el  derecho  internacional,  sin perjuicio de que el estado pueda  dirigirse   contra   los  responsables  de  la  vulneración  …”.   

Finalmente indicaron que es deber de Acción  Social  tramitar  la actuación administrativa solicitada para reparar de manera  inmediata  sus  perjuicios,  ya que la Ley 975 de 2005 le otorga esa competencia  “en  su condición de ordenadora del gasto del FONDO  PARA  LA  REPARACIÓN  DE  LAS  VÍCTIMAS,  de  conformidad  con el artículo 54  [y]  por  el artículo 2 del  decreto  1290  de 2008…Además el artículo 56.3 [Ley  975  de  2005]  le  da la función a Acción Social de  adelantar    otras    acciones    de    reparación    cuando   haya   lugar   a  ello”,  de  este  modo,  señalaron que “Acción  Social  tiene  facultades  también  para  reparar, más  concretamente para indemnizar las víctimas del conflicto”.   

Solicitud  

Por  lo  expuesto  solicitaron  “se  ordene  a  Acción  Social, como giradora del gasto del Fondo  Nacional  de  Reparación  y  de  acuerdo  con  las  facultades conferidas en el  numeral  56.3  de  la Ley 975 de 2005, que restablezca  en  forma  rápida  y  adecuada, esto es de manera proporcional a la gravedad de  las  violaciones  y  a la entidad del daño causado,…  para  ello  debe  ordenarse el solicitado trámite del incidente de reparación,  evitando  con  esto que… no tengan (sic) que  atravesar  el  dispendioso  proceso de justicia y paz, ni mucho  menos  el  del  programa de reparación individual por  vía  administrativa  para  las  víctimas de los grupos armados al margen de la  ley  a los cuales, reiteramos no est[amos] obligados a  vincular[nos]”(Resaltado original).   

2.    Intervención    de   la   entidad  accionada   

T- 2.050.591  

Acción  Social dijo que en virtud de la Ley  418  de 1997, prorrogada por la Ley 548 de 1999 y modificada y prorrogada por la  Ley   782   de  2002  y  1106  de  2006,  “asume  el  conocimiento  de  la  atención  de  las víctimas de la violencia, única     y    exclusivamente    respecto    a    la    asistencia  humanitaria,  para  lo  cual  debe  tener en cuenta el  concepto  y  las  formas de atención señaladas en la citada Ley, siguiendo los  lineamientos  de  la  Constitución  Política  de  Colombia,  la  Ley,  el Plan  Nacional  de Desarrollo y especialmente la coordinación interinstitucional y la  participación  de  la  comunidad”  (Resaltado en el  original).   

Señaló que según el artículo 16 de la Ley  418  de  1997 “la asistencia humanitaria, consistente  en  la ayuda para sufragar los requerimientos necesarios a fin de satisfacer los  derechos  constitucionales, será prestada por la Red de Solidaridad hoy Acción  Social  y  las  demás  entidades públicas dentro del  marco  de  su  competencia  a  todas aquellas personas  víctimas   que   hayan   sufrido   un  daño  especial,  siempre  y  cuando  la  solicitud  se  eleve  dentro  del año siguiente a la  ocurrencia   del   hecho”  (Resaltado en el original).   

Determinó que los accionantes solicitan las  ayudas  que  se  entregan a través de la Subdirección de Atención a Víctimas  de  la  Violencia  y  que  “no figuran en la base de  datos  ni  en  los  archivos  físicos de esta Subdirección solicitud alguna de  reparación     administrativa     por     parte     de     ninguno    de    los  accionantes”  y  que  “la  Subdirección  de  Atención  a  Victimas  de  la  Violencia  otorga  una  ayuda  correspondiente  a  dos  (2)  salarios mínimos mensuales vigentes al año de la  ocurrencia  del  hecho,  para aquellas personas de la población civil que hayan  sufrido  perjuicios en su vida, o grave deterioro en su integridad personal o en  sus  bienes,  por  razón de atentados terroristas, combates…, pero en el caso  de  la  referencia la misma no procede debido a que la pérdida de los bienes de  los  accionantes  se  debe al desplazamiento de quienes tal como lo establece en  la  demanda  ‘Dejaron  su  casa  y  sus  tierras  abandonadas  para  siempre  ,  teniendo que huir de donde  residían  de  manera  permanente  y  ejercían  allí  la  explotación  de sus  tierras’,  situación  que se reitera, se atiende a través de la Ley 387 de  1997”(Resaltado   en  el  Original).   

Indicó  que “hay  que  hacer  precisión en el contenido y alcance de la asistencia humanitaria de  emergencia  que  conforme  a  la  Ley  brinda  Acción  Social a los desplazados  inscritos  en el Registro Único de Población Desplazada por la Violencia. Este  tipo  de  ayuda  temporal  e inmediata…  no tiene el carácter de reparación que  solicitan    los    accionantes    en    su    escrito   de   tutela”(Resaltado en el original).   

Finalmente,  señaló  que  los  accionantes  cuentan   con   otros  mecanismos  dentro  del  proceso  para  controvertir  las  decisiones  de la Entidad y acceder a la ayuda humanitaria que eventualmente les  pueda  corresponder  y  que  “no  ha violado derecho  fundamental  alguno  a  los accionantes, teniendo en cuenta que no adelant[aron]  trámite  alguno  encaminado  a  obtener  la asistencia humanitaria por parte de  esta  entidad”,  por  lo  que  solicitó denegar las  peticiones de los accionantes.   

T- 2.056.396  

Acción  Social  señaló  que  “no  figura  en  la  base  de datos ni en los archivos físicos de  ésta  subdirección  solicitud  alguna  para  la reclamación de la reparación  administrativa  por  parte  de  los accionantes”, que  “no es el Fondo para la Reparación de la Víctimas,  al  que  le  corresponde  entrar  (a indemnizar como lo señala el apoderado del  accionante)  para  el  caso  objeto  de la acción de amparo, toda vez que éste  fondo  otorga  ayuda  solidaria  cuando  se  presentan  circunstancias expuestas  anteriormente  y  no  el desplazamiento forzado”, que  “el  incidente  de  liquidación  señalado  en  la  demanda  de  tutela  es  un procedimiento totalmente diferente que adelantan las  víctimas  cuando  han  sufrido  perjuicios  en su vida o bienes por miembros de  grupos  de  subversión  acogidos  a  la  ley de justicia y paz, si los señores  Roberto  Antonio  Yance  Martínez,  Yohemis  Villa  Cantillo  e  hijos,  fueron  víctimas  de  actuaciones realizadas por parte de alguno de los postulados a la  ley  de  justicia  y  paz,  deben  acercarse a la fiscalía donde se adelanta la  correspondiente    investigación…   y   de   esta   manera   se   busque   se  reparado  (sic)  de  manera  suficiente,  efectiva, rápida y proporcional a la gravedad de las violaciones y  a la entidad del daño causado”.   

Determinó  que  la  figura  expuesta  en el  artículo  46 de la Ley 975 de 2005 es diferente a la reparación administrativa  establecida  en  la  Ley  418  de  1997 que se da en desarrollo del principio de  solidaridad  social  dado el daño especial sufrido por las víctimas, entendida  por  tal  la  ayuda  indispensable  para  sufragar los requerimientos esenciales  tendiente  a  mitigar  o a impedir la agravación o la extensión de los efectos  de   los   mismos    y   que   no   se   da  con  el  fin  de  restituir  o  indemnizar.   

Finalmente,  señaló similares argumentos a  los  aducidos  en  la  respuesta  a la petición formulada por los accionantes y  solicitó denegar la acción de tutela incoada.   

T-2.056.402  

Acción  Social  solicitó  negar el amparo  pedido  por  los  accionantes,  con  similares argumentos a los expresados en la  contestación  de  las demandas de tutela T-2.050.591 y  T-2.056.402.   

3.   Pruebas   relevantes   aportadas  al  proceso   

a.  Copia  de  la  solicitud  presentada  ante  Acción  Social el 26 de noviembre de 2007 por Luis  Francisco   Orozco   García   y   María   de  los  Ángeles  Brochero  Bolaño  (T-2.050.591  fl.  112 cdno.  1ª  instancia);  copia  de la solicitud presentada ante Acción Social el 20 de  diciembre  de  2007 por Roberto Antonio Yance Martínez y Yohemis Mercedes Villa  Cantillo,  a nombre propio y como representantes de su hijo menor Roberto Carlos  Yance  Villa  (T-2.056.396 fl.  49-50  cdno.  1ª  instancia)  y  copia  de la solicitud presentada ante Acción  Social  el  6  de  diciembre de 2007 por Osvaldo Martínez Arias y Martha Helena  Meneses  Roldán  en  su  nombre  y en representación de sus hijos Luis Javier,  Alexander,   Leydis   Milena,  Osvaldo  Enrique  y  Leonardo  Martínez  Meneses  (T-2.056.402 fl. 49 cdno. 1ª  instancia),   a   fin   de   que   se  iniciara  “la  correspondiente  actuación  administrativa para efectos de que se haga efectivo  nuestro   derecho   al   restablecimiento,   indemnización,   satisfacción   y  rehabilitación  de  conformidad  con  el  Derecho  Internacional Humanitario en  relación   con   los   artículos   2   inciso   primero,   9º   y  93  de  la  C.N.” .   

T-2.050.591  

a.   Folio  de  matricula  inmobiliaria de 8 de noviembre de 2001 No. 2 225-006303 de la Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Fundación,  Magdalena, en el que  consta   que   el   predio   La  Esperanza  es  de  propiedad de María de los Ángeles Brochero Bolaño y que  éste  le  fue adjudicado por el Incora mediante Resolución No. 00675 del 23 de  mayo  de  1989,  ubicado  en  el  municipio  de  Fundación  (fl.  138 cdno. 1ª  instancia).   

b.   Folio  de  matricula  inmobiliaria  de  7  de marzo de 2003 No. 225-0007091de la Oficina de  Registro  de  Instrumentos  Públicos de Fundación, Magdalena, en el que consta  la  propiedad  de  Alfonso  Rafael  Orozco  Bolaño sobre el predio Campo   Alegre,   ubicado  en  la  vereda  Bellavista,    del    municipio    de    Fundación    (fl.    139   cdno.   1ª  instancia).   

c. Certificación  de    Registro    Único    de    Población    Desplazada    de    “María  de los Ángeles Brochero Bolaño, María Navarro Bolaño,  Luis    Orozco    García,    Alfonso    Orozco    Bolaños…”   (fl. 142 cdno. 1ª instancia).   

d.  Declaración  Jurada  de  Alfonso  Rafael  Orozco Bolaño del 27 de mayo de 2008 en el Juzgado  Civil  del  Circuito  de  Fundación,  Magdalena,  en la que adujo que antes del  desplazamiento  “vivía bien, trabajaba, dependía de  [sí]  mismo,  vivía  en  paz”  y  que después del  desplazamiento  “ha  sido  pésima, porque estuvimos  por  allá por Valledupar Cesar, para ver que conseguíamos por allá pero nada,  después  nos  vinimos para Fundación Magdalena, donde sobrevivimos un tiempo y  yo  me  devolví  para  Valledupar  a  trabajar  de taxista”  (fl. 158-159 cdno. 1ª instancia).   

e.  Declaración  Jurada  de  María de los Ángeles Brochero Bolaño del 27 de mayo de 2008 en el  Juzgado  Civil  del Circuito de Fundación, Magdalena, en la que adujo que antes  del  desplazamiento  “vivía[n] bien, bien, teníamos  una   casa   grande,   tenía   el   sustento   diario,   teníamos   todo  para  vivir”  y  después  del desplazamiento “hemos  pasado  mal”  (fl. 160-161  cdno. 1ª instancia).   

f.  Declaración  Jurada  de  Luis  Francisco  Orozco García del 27 de mayo de 2008 en el Juzgado  Civil  del  Circuito  de  Fundación,  Magdalena,  en la que adujo que antes del  desplazamiento  “yo tenía una vida bien, trabajaba y  no   dependía   de  nadie,  la  mujer  vendía  los  animales  y  vivíamos  de  eso”  y  después  del  desplazamiento  “maluca,  bastante  mala y bastante necesidad”  (fl. 162-163 cdno. 1ª instancia).   

T-2.056.396  

a.  Registro Civil  de  Nacimiento  de  Roberto  Carlos  Yance  Milla en donde consta la fecha de su  nacimiento  el  día  14  de  agosto  de 1999 y como sus padres Yohemis Mercedes  Villa   Cantillo   y   Roberto   Antonio  Yance  Martínez  (fl.  71  cdno.  1ª  instancia).   

b.  Declaración  Jurada  de Yohemis Mercedes Villa Cantillo del 16 de junio de 2008 en el Juzgado  Único   Promiscuo  de  Familia  de  Fundación,  Magdalena,  en  la  que  adujo  “yo  me inscribí como desplazada en Algarrobo el 14  de  octubre de 2000”, señaló que no tiene servicios  médicos,  que  no  ha recibido capacitación en una determinada área por parte  de  Acción  Social,  que vivía en una casa arrendada antes del desplazamiento,  que  trabaja en casa de familia y que con lo que gana no le alcanza “para   todo”   y   que  “[su]     marido     está     enfermo     no     oye    por    un  oído”       (fl.      77     cdno.     1ª  instancia).   

c.  Declaración  Jurada  de  Roberto Yance Martínez del 16 de junio de 2008 en el Juzgado Único  Promiscuo  de  Familia  de  Fundación,  Magdalena,  en  la  que adujo que no ha  recibido  ninguna  ayuda  por  parte de Acción Social y ante el cuestionamiento  acerca  de  dónde  se  deriva  el  sustento  diario  de  su familia arguyó que  “ahorita mismo trabajo como 3 meses en la época del  café  y  ahí quedo sin hacer nada en adelante a la mujer le ha tocado trabajar  de  domestica  para  sostener la familia”. Finalmente  señaló   que   “necesito   que   se   me  ayudara  (sic),  la verdad es que son  casi  7  años  de  sufrimiento” (fl. 78-79 cdno. 1ª  instancia).   

T-2.056.402  

a. Registro Civil  de  Nacimiento  de  Luis Javier Martínez Meneses en la que consta como fecha de  su  nacimiento el  día 2 de julio de 1995 (fl. 62 cdno. 1ª instancia), de  Alexander  Martínez  Meneses  en la que consta como fecha de su nacimiento el 3  de  junio  de  1992  (fl.  63  cdno.  1ª  instancia), Osvaldo Enrique Martínez  Meneses  en la que consta como fecha de su nacimiento el 7 de junio de 1998 (fl.  64 cdno. 1ª instancia)   

b.  Declaración  Jurada  de  Osvaldo Martínez Arias del 17 de junio de 2008 en el Juzgado Único  Promiscuo  de  Familia  de  Fundación,  Magdalena,  en  la  que  adujo  que  se  inscribió   como   desplazado   ante   Acción   Social   en   la  “loma   del   Bálsamo,   en  el  2002  en  octubre”,   dijo   que  no  tiene  servicio  médico,  que  no  ha  recibido  capacitación   por   parte  de  Acción  Social,  que  ésta  les  “dieron  compra  por  tres  meses”, que  antes   de   ser  desplazado  vivía  en  casa  propia  (fl. 74 cdno. 1ª instancia).   

II.     SENTENCIAS     OBJETO     DE  REVISIÓN   

T-2.050.591  

El Juzgado Civil del Circuito de Fundación,  Magdalena,   el   6   de  junio  de  2008,  decidió  conceder  el  “amparo  constitucional  a  la reparación por los daños causados  por  el  desplazamiento  del grupo familiar ocasionado por los grupos alzados en  armas,  en  hechos  ocurridos  en  el corregimiento de Bellavista”  y  ordenó  a la entidad accionada que incluyera a los accionantes  “en  los  programas  de  asistencia  a la población  afectada  por el conflicto armado y los indemnizara por los perjuicios causados,  de  conformidad  con  el  monto  que  fijará la jurisdicción de lo contencioso  administrativo,   como   lo   dispone  el  artículo  25  del  Decreto  2591  de  1991”.   

Consideró   como   fundamento   de   su  determinación  que “la población desarraigada   puede   reclamar   una   indemnización  por  los  perjuicios  causados  por  el  desplazamiento  forzado de los distintos grupos armados y adelantar las acciones  dirigidas  a  establecer  la  responsabilidad  civil  o  administrativa  por  lo  acontecido.  Lo  anterior  sin  perjuicio de su derecho a acudir ante el juez de  amparo,  puesto  que  el  sistema  de  protección internacional de los derechos  humanos  fundamentales  prevé  que  la  población  civil,  necesitada de ayuda  humanitaria,  a  causa  de  emergencias  naturales  o  conflictos armados, tiene  derecho  a  contar  con  recursos  apropiados  a sus circunstancias de apremio y  desprotección,   para   acceder  a  los  obligatorios  programas  estatales  de  asistencia  y  reparación….… [T]oda víctima, tanto por la vía penal, como  por  la civil, administrativa o disciplinaria, deberá contar con la posibilidad  de    acceder    a    una    pronta    y   justa   reparación…”.   

Impugnada  por  la  entidad  accionada  la  decisión  del  juez de primera instancia con base en similares argumentos a los  aducidos  en  repuestas  de  esta  solicitud  de amparo y arguyendo además que,  comoquiera  que  para  la  atención  al  Desplazado la Ley 387 de 1997 creó el  Sistema  Nacional  para la Atención Integral de la Población Desplazada por la  Violencia,  los  accionantes  deben  acercarse a las entidades que conforman ese  sistema,  en  razón  a que Acción Social no puede entrar a asumir competencias  que  no  le  corresponden,  “es por ello que Acción  Social  no  tiene  calidad  de ente ejecutor de los programas que se adopten con  destino  a  la  población desplazada, sino que debe coordinar con las entidades  ejecutoras      la      atención      de     esta     población”.   

Asimismo,   señaló   que   “la  atención  a  víctimas  de  la  violencia  es diferente a la  atención  que  se  brinda  a  la  población  desplazada  y  de igual manera se  establece  de  manera  separada  la normatividad e información que las rige; ya  que  se  prestan ayudas diferentes y su atención corresponde a dos dependencias  diferentes”.   

Finalmente,  determinó  que la reparación  administrativa  establecida  en  la  Ley  418 de 1997 entendida por tal la ayuda  indispensable  para  sufragar los requerimientos esenciales, no se da con el fin  de  indemnizar  y  que  “en  consideración a que el  Gobierno  Colombiano  expidió  el  Decreto  NO.  1290  de  22  de abril de 2008  ‘Por  el  cual se crea el  Programa  de  reparación  individual por vía administrativa para las víctimas  de  los  grupos armados organizados al margen de la ley”, una vez se expida el  formulario  de  solicitud oficial… podrán los accionantes iniciar el trámite  respectivo     y     así     acceder     al     programa     de     reparación  administrativa”.   

La Sala Civil Familia del Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Santa Marta el 6 de agosto de 2008, consideró que por  vía  tutelar no es posible obtener la indemnización económica a las víctimas  del  conflicto  armado,  porque ello es consecuencia de un juicio de atribución  de  responsabilidad, “por ello es errada la decisión  del  A  quo, cuando concede el pago de la indemnización de acuerdo al monto que  señala   la  jurisdicción  contenciosa,  dando  por  sentado  que  existe  una  responsabilidad,  es  decir,  adelantándose a la actuación que debe surtirse y  señalando el sentido de la decisión que haya de adoptarse”.   

Determinó  que  la  violación  que  puede  endilgársele  a  la entidad accionada se relaciona con el objetivo para el cual  fue  creada,  esto  es,  “respecto  de la población  desplazada  o  menos favorecida, de desarrollar planes de atención humanitaria,  y  de manera alguna reconocimientos de indemnizaciones integrales”   y  adujo  que  “la  accionada  no  ha  facilitado  la  atención  que  deben brindar a la población desplazada, puesto  que  aún  no  ha  cumplido  con  las  obligaciones  que les asiste como entidad  encargada  de  atención  y  suministro  de ayudas a los desplazados para que su  situación  mejore”,  en razón de lo cual modificó  el  fallo impugnado en el sentido de negar el derecho a  la  reparación  y  conceder  el amparo de los derechos  que   les   asiste   como   víctimas   del  desplazamiento  forzado  y  ordenó  proporcionarles  información  acerca  de  cuando van a ser entregada las ayudas  humanitarias.   

T-2.056.396  

El  Juzgado  Único Promiscuo de Familia de  Fundación  el  23  de junio de 2008 resolvió “negar  por   improcedente”  la  acción  de  tutela  de  la  referencia,  tras  considerar que “el artículo 45 de  la  mencionada  ley  [Ley 975 de 2005],  establece  las acciones pertinentes ante el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  y  la posibilidad de acudir a la Jurisdicción de Justicia y  Paz,  adicional  a lo anterior el artículo 16 de la Ley 418 de 1997, modificada  por  la  Ley 782 de 2002 que establece entre otras acciones propias de la Red de  Solidaridad,  consagra  la  asistencia  humanitaria siempre y cuando se eleve el  derecho  o solicitud dentro del año siguiente a la ocurrencia de los hechos, en  conclusión  los  demandantes  pueden acudir a la Jurisdicción Contenciosa y la  Jurisdicción  de Justicia y Paz para resarcir sus derechos, así mismo no puede  desconocerse   la   vigencia   señalada   para   efectos   de   la   asistencia  social”.   

T-2.056.402  

El  Juzgado  Único Promiscuo de Familia de  Fundación,   Magdalena,   el   23  de  junio  de  2008  resolvió  “negar  por  improcedente” la solicitud  de  amparo  presentada  por  los  accionantes.  Consideró  que  “el  artículo 45 de la mencionada ley   [Ley  975  de 2005], establece las acciones pertinentes  ante  el Tribunal Superior del Distrito Judicial y la posibilidad de acudir a la  Jurisdicción  de  Justicia y Paz, adicional a lo anterior el artículo 16 de la  Ley  418  de  1997,  modificada por la Ley 782 de 2002 que establece entre otras  acciones  propias  de  la Red de Solidaridad, consagra la asistencia humanitaria  siempre  y cuando se eleve el derecho o solicitud dentro del año siguiente a la  ocurrencia  de  los  hechos,  en  conclusión los demandantes pueden acudir a la  Jurisdicción  Contenciosa  y  la  Jurisdicción de Justicia y Paz para resarcir  sus  derechos,  así  mismo  no  puede  desconocerse  la vigencia señalada para  efectos de la asistencia social”.   

III. REVISIÓN POR  LA CORTE CONSTITUCIONAL   

Remitido el expediente a esta Corporación,  la  Sala  de Selección Número Diez mediante auto de veintidós (22) de octubre  de    dos    mil    ocho   (2008),   dispuso   su   revisión   por   la   Corte  Constitucional.   

1. Competencia  

Esta Corte es competente para conocer de los  fallos   materia  de  revisión,  de  conformidad  con  lo  establecido  en  los  artículos  86 y 241-9 de la Constitución Política y en los artículos 31 a 36  del  Decreto  2591  de 1991 y demás disposiciones pertinentes, así como por la  escogencia del caso por la Sala de Selección.   

2.   Trámite   surtido   ante   la  Corte  Constitucional     –  Suspensión del término para resolver la revisión   

Asimismo  se  dispuso  suspender el término  para  la  resolución  del trámite de revisión de los fallos proferidos dentro  de  los  expedientes  de la referencia, hasta cuando sea recibida y evaluada por  esta Corporación la información indicada anteriormente.   

2.2  El  apoderado  judicial   de   los  demandantes  aportó  copia  de  los  oficios  “313  del 25 de abril de 2008 de la FISCALÍA QUINTA ESPECIALIZADA  DE  SANTA  MARTA”, “469 de  25  junio  25  de  2008  también  del  FISCAL  QUINTO  ESPECIALIZADO  DE  SANTA  MARTA   dirigido  al  SECRETARIO  DEL  JUZGADO ÚNICO CIVIL DEL CIRCUITO DE  FUNDACIÓN  con  destino  al  mismo  funcionario”  y  “0339 DE 17 DE JULIO DE 200  (sic)  DEL  ASITENTE  FISCALIA  PRIMERA  SECCIONAL  DE  FUNDACIÓN”    y   adujo   que   “las  comunicaciones  relacionadas  dan  cuenta  del estado de las  investigaciones   que   cursan   sobre  el  EXTERMINIO  Y  LA  ERRADICACIÓN  DE  BELLAVISTA,  apreciándose  que impera la más absoluta impunidad” (fl. 26 cdno. Corte).   

2.3 La Subdirectora  de  Atención  a  Víctimas  de  la Violencia de la Agencia Presidencial para la  Acción   Social  y  la  Cooperación  Internacional  arguyó  que  “teniendo   en  cuenta  el  alcance  y  las  limitaciones  de  las  funciones  de  esta  Subdirección en particular y de ACCIÓN SOCIAL en general,  dentro  del  sistema  procesal penal especial de Justicia y Paz, esta oficina no  podía  más sino informar a los peticionarios sobre la forma de hacer efectivos  sus  derechos en los procesos de esclarecimiento judicial, pues la misma Ley 975  de  2005,  en  el  inciso  final  del  artículo 8 y en el artículo 55, numeral  56.1°   ibídem,   establecen   que   el  Fondo  para  la  Reparación  de  las  Víctimas   está  diseñado  para  cubrir  el  costo  de  las providencias  judiciales  sobre  reparación,  pero  quien  reconoce  el carácter de víctima  dentro  del  proceso  y  decide sobre las reparaciones no es ACCIÓN SOCIAL sino  las   autoridades   judiciales”   (fl.   49   cdno.  Corte).   

Señaló  que “en  cuanto  a  la  restitución  directa  de  bienes,  le informamos, que según los  artículos  8,  42,  44  y  46  de  la Ley 975 de 2005, es posible que el Fiscal  competente  de  la  UNFJyP  haga  restitución  de  bienes  directamente  a  las  víctimas,  es decir, sin entregarlos a ACCIÓN SOCIAL-FRV, igualmente a través  de   la   intervención  en  los  procesos  de  esclarecimiento  judicial,  bien  directamente,  a través de abogado (de confianza o designado por la Defensoría  del     Pueblo)     o     mediante     asociaciones    u    organizaciones    de  víctimas”.   

Adujo   que  en  lo  que  atañe  con  las  actuaciones  respecto  de  los gestores del amparo en el programa de reparación  individual  por  vía  administrativa  para  las víctimas de los grupos armados  organizados  al  margen  de  la  ley  de  que trata el Decreto 1290 de 2008, que  “a  la  fecha  en que se presentaron los derechos de  petición  por  parte  de  los  ciudadanos  accionantes  en  los  procesos de la  referencia  el  Programa  de  Reparación  Individual  por  Vía  administrativa  no    había   sido  creado  aún”;  que “la única  persona,  de  las citadas, que ha presentado solicitud de reparación individual  por   vía  administrativa,  es  ROBERTO  ANTONIO  YANCE  MARTÍNEZ,  el  11  de  septiembre  de  2008…, según reporte del sistema de información del programa  de  reparación  individual por vía administrativa”;  que  “la  población en situación de desplazamiento  forzado  que  está  inscrita  en  el  Registro  Único de Población Desplazada  (RUPD)  no debe diligenciar el formulario  para  acceder  al  programa  de  reparación  individual  por vía  administrativa  ,  porque  su información reposa en la base de datos de ACCIÓN  SOCIAL  y  de allí será extraída…” (Resaltado en  el original).   

Igualmente   indicó   que   “la  indemnización  solidaria  (una de las medidas de reparación  posibles,  según  cada  caso,  según  el artículo 4 del Decreto 1290) para la  población    en    situación    de    desplazamiento    forzado   sólo    tiene    una    forma   de   ser   otorgada,   de   manera  especial, teniendo en cuenta la especial situación de  vulnerabilidad  de  los  destinatarios, esto, según lo prevé el mismo Decreto,  en  su  artículo  5, parágrafo 5… una de las medidas de reparación posible,  se  entrega  en las siguientes circunstancias: (i) Por núcleo familiar, (ii) se  reconocerá  y  pagará a través de FONVIVIENDA, (iii) El reconocimiento y pago  de  la  reparación  a  este  grupo de población se hará a través de la bolsa  preferencial,…(v)  Para  vivienda  nueva  o  usada  …  (viii) Esta medida de  reparación  se  reconocerá  a  quienes  no  hayan sido incluidos en anteriores  programas por la misma causa…”.   

Finalmente    adujo   que   “mal   podría   esta   Subdirección   haber   vulnerado  derecho  fundamental  alguno  de los ciudadanos citados, cuando es evidente que sólo uno  de  ellos ha acudido al conducto regular para acceder al programa de reparación  administrativa…”  y  que  entre  sus  funciones en  cuanto  al  programa  de reparación individual por vía administrativa está la  de   “recibir   y   tramitar   las  solicitudes  de  reparación,  presentar  al  CRA  el  estudio técnico sobre la acreditación de  víctima   y  ejecutar  las  medidas  de  reparación  (D.1290/2008,  art.19)…  En  general, son de competencia de Acción Social, el  pago  de la indemnización solidaria y de las medidas de reparación que no sean  de  competencia  de  otras entidades (D.1290/2008, art.  30 y 18)” (Resalta la Sala).   

2.4 La Subdirectora  de   Atención   a   las  Víctimas  del  Desplazamiento  Forzado  señaló  que  “con  ocasión  del desplazamiento de LUIS FRANCISCO  OROZCO  GARCIA,  ROBERTO  ANTONIO  YANCE  MARTÍNEZ  Y  OSVALDO  ARIAS MARTÍNEZ  (sic),   junto   con   sus  respectivos  núcleos  familiares,  me  permito informarle que los mismos están  siendo   objeto   de   la  Atención  Humanitaria  de  Emergencia”;  “en  lo relacionado con los programas  de  generación  de ingresos en estos casos en particular, le informamos que los  accionantes  se han preinscrito, para ellos serán contactados para dar inicio a  la   ruta  dentro  de  la  estrategia diseñada para atender a las familias  desplazadas    en   la   fase   de   estabilización   económica”  y  que  “al  revisar  en las distintas  bases  de  datos  en materia de ayudas por conceptos de reubicaciones, retornos,  no  existen  solicitudes o trámites sobre este tipo de atención. Es pertinente  aclarar  que  dicha  atención  se concede a las personas que voluntariamente lo  hayan  solicitado  y  previo  estudio  de  seguridad  de la zona a la cual desea  retornar o reubicarse”.   

3. Consideraciones y fundamentos  

3.1.   Problema  jurídico  y  esquema  de  resolución   

Pasa  esta  Sala a analizar si se vulnera el  derecho  fundamental a la reparación de los desplazados por la violencia frente  a  la  negativa  de  Acción  Social  de  acceder a la petición de justa   indemnización  y  someterlos  al  proceso  penal  previsto  en  la Ley 975 de 2005 o al proceso de reparación por  vía  administrativa  dispuesto  en  el  Decreto  reglamentario  1290  de  2008.   

Previamente a resolver el problema jurídico  puesto     a     consideración,     esta     Sala    reiterará    i)  la  condición especial de protección  constitucional  que  ostentan  las  víctimas  del  desplazamiento  forzado y la  satisfacción  de  derechos fundamentales que de esa condición se deriva,   y    en    especial    determinará   ii)  el  alcance  del  derecho  a  la  reparación  a las víctimas del  desplazamiento forzado.   

Sin  embargo,  antes de pasar a señalar los  enunciados  que se derivan del problema jurídico expuesto, esta Sala examinará  los   requisitos   de   procedibilidad  de  este  tipo  de  acción  de  tutela.   

Procedencia  de  la  acción de tutela para  obtener  la  reparación  de  los  perjuicios  sufridos  por  las  víctimas del  desplazamiento forzado   

La  Constitución  Política en su artículo  2°     consagra    como    fines    esenciales    del    Estado    “…servir  a  la  comunidad,  promover  la  prosperidad general y  garantizar  la  efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en  la    Constitución…”.    Concatenado   a   ello  “las autoridades de la República están instituidas  para  proteger  a  todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra,  bienes,   creencias   y  demás  derechos  y  libertades,  y  para  asegurar  el  cumplimiento    de    los    deberes    sociales    del    Estado   y   de   los  particulares”.   

La  efectividad  de  los  derechos  es  una  finalidad  esencial  del  Estado, es lo que, entre otros aspectos, constituye su  naturaleza,    lo    que   implica   que   ausente   esta   característica   se  desnaturalizaría  esta  institución,  de  allí el carácter fundamental de su  cumplimiento para la existencia del Estado mismo.   

La  acción  de  tutela  consagrada  en  el  artículo  86  de  la  Constitución  Política,  entre otras acciones, busca la  efectividad  de  los  derechos  fundamentales  otorgando a toda persona un medio  “para  reclamar  ante  los jueces, en todo momento y  lugar,  mediante  un  procedimiento  preferente  y  sumario, por sí misma o por  quien   actúe   en   su  nombre,  la  protección  inmediata  de  sus  derechos  constitucionales  fundamentales,  cuando quiera que éstos resulten vulnerados o  amenazados  por  la acción o la omisión de cualquier autoridad pública…esta  acción  sólo  procederá  cuando  el  afectado  no  disponga  de otro medio de  defensa  judicial, salvo que aquélla se utilice como mecanismo transitorio para  evitar un perjuicio irremediable”.   

Lo  expuesto  conduce a que si la persona no  dispone  de  otros  medios de defensa judicial o, si existiendo, es inminente la  configuración  de  un perjuicio irremediable, entonces se justifica el accionar  de  la  tutela  para  el  amparo  de  los  derechos  presuntamente  vulnerados o  amenazados,  en  el  primer  caso  al  no  existir  o no ser idóneos los medios  ordinarios  de  defensa  judicial  y  en  el  segundo  en  razón  de que hay un  perjuicio   irremediable   con   las  características  que  ha  señalado  esta  Corporación.   

La  existencia  de  otro  medio  de  defensa  judicial  debe  apreciarse  en concreto, en cuanto a su eficacia, atendiendo las  circunstancias  en  que  se encuentra el solicitante3,   es   decir,   “cuando,  primero,  se vulnere o amenace un derecho constitucional  fundamental,  a  juicio del juez de tutela en el caso concreto, y segundo, no se  disponga  de  otro  medio  judicial  de  defensa  verdaderamente idóneo para la  protección    efectiva   de   tales   derechos”4.   

Adicionalmente    y   conforme   a   una  interpretación  sistemática  de  la Constitución Política, se ha de tener en  cuenta  en  el  análisis  de  la  procedencia  de  la  acción  de  tutela  las  condiciones               particulares5   en   que  se  encuentre  el  presuntamente  afectado  en  los  derechos  fundamentales; ello en razón de que  constitucionalmente  existen  sujetos de especial protección que son acreedores  de  la  acción  positiva  del Estado debido a sus condiciones de vulnerabilidad  manifiesta,  a  fin  de  conseguir  la  satisfacción  plena  de  sus  derechos.   

De  este modo, la Constitución Política de  Colombia  le  atribuyó  al  Estado la obligación de garantizar una protección  especial       a      determinados      sujetos6,  entre éstos expresamente se  encuentran   los   niños,  los  adolescentes,  los  ancianos,  los  disminuidos  físicos,  síquicos  y  sensoriales,  y  las  mujeres  cabeza de familia, entre  otros.   Igualmente,  dentro  del  ordenamiento  colombiano  existen  grupos  de  personas  que  debido a las situaciones de particular debilidad y vulnerabilidad  son  sujetos de protección especial como es el caso de los desplazados forzados  a causa de la violencia.    

Al  respecto, esta Corporación ha dicho que  “la  acción  de  tutela  procede  como mecanismo de  protección  de  los  derechos  fundamentales  de  las personas en situación de  desplazamiento  forzado. En efecto, las personas que se encuentran en situación  de  desplazamiento  gozan de un estatus constitucional especial…[que] obliga a  las  autoridades  a  reconocer  que  se  trata  de  una población especialmente  protegida  que  se  encuentra  en  una situación dramática por haber soportado  cargas  excepcionales…en  consecuencia,  la  Corte  ha  encontrado que resulta  desproporcionado  exigir el agotamiento previo de los  recursos    ordinarios    como    requisito    para   la   procedencia   de   la  acción7”8 (Resalta la Sala).   

En  lo  que  atañe  a la formulación de la  acción  de  tutela  a  fin  de  obtener  la  satisfacción  del  derecho  a  la  reparación  de  los  daños  sufridos  por  las  víctimas  del  desplazamiento  forzado,  esta  Sala  considera  que  los  medios  procesales existentes ante la  jurisdicción  de  lo contencioso administrativo y la jurisdicción ordinaria no  resultan  ser idóneos, pues quienes solicitan el amparo son sujetos de especial  protección  constitucional,  con  fundamento  en  sus  condiciones de debilidad  manifiesta   (art.13   C.   Pol.),   y   víctimas  de  violaciones  a  derechos  fundamentales,  por  lo  que   requieren  un  instrumento  judicial ágil y  eficaz  que  les  brinde  la  posibilidad  de  acceder  a  una  pronta  y  justa  reparación,  características  que  al  ser  propias  de  la acción de tutela,  configuran su procedencia.   

“Siendo  así  es  claro  que  la actora  podría  reclamar, dentro de la causa criminal que tendría que haber cursado en  la  jurisdicción  penal,  la  indemnización por los  perjuicios  causados o adelantar acciones dirigidas a  establecer  la  responsabilidad  civil  o  administrativa  por  lo  acontecido y  obtener   así   la  subsiguiente  condena  de  los  responsables,  a reparar el daño causado.   

Lo  anterior sin  perjuicio   de   su   derecho  a  acudir  ante  el  juez  de  amparo,  puesto  que  el  sistema  de  protección  internacional  de los  derechos  humanos  fundamentales  prevé  que la población civil, necesitada de  ayuda  humanitaria, a causa de emergencias naturales o conflictos armados, tiene  derecho  a  contar  con  recursos  apropiados  a sus circunstancias de apremio y  desprotección10,   para   acceder   a  los  obligatorios  programas  estatales  de  asistencia  y  reparación,  como  prolongación natural i) del derecho a la vida11,  ii) de la prohibición de  tratos    crueles,    inhumanos    o   degradantes12  y  iii)  del  derecho  al  disfrute  del más alto nivel posible de salud física y mental y de un nivel de  vida  adecuado13  –artículos  1°, 2°, 5° 9°, 11, 12 y 93 C.P.-.   

Dispone  el artículo 25 de la Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  que  toda persona  tiene  derecho  a demandar de los jueces o tribunales,  haciendo    uso    de    mecanismos   sencillos   y  eficaces, amparo contra actos que violen sus derechos  fundamentales  y  del  Conjunto  de  Principios  formulados  por la Comisión de  Derechos  Humanos  para  la  protección  y promoción de los mismos14    se  desprende  que  toda  víctima,  tanto  por  la  vía  penal  como por la civil,  administrativa  o disciplinaria, deberá contar con la  posibilidad  de  acceder  a  una  pronta  y  justa  reparación, como también a  participar  activamente  en  la  elaboración,  aplicación y evaluación de los  programas  estatales  que  la pretenden”    (Resalta    la    Sala).   

De  este  modo,  las  personas víctimas del  desplazamiento  forzado  pueden  acudir a la acción de tutela para el amparo de  los  derechos fundamentales con carácter definitivo y, por tanto, sin necesidad  de  invocar  y  demostrar un perjuicio irremediable a dichos derechos, ya que la  naturaleza  de  esta  acción se dirige a la protección inmediata de los mismos  (artículo    86    Constitución    Política)    ante   una   vulneración   o  amenaza.   

3.2 Las víctimas del desplazamiento forzado  como sujetos de especial protección constitucional   

Según lo dispuesto en el artículo 13 de la  Constitución       Política      “El  Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real  y   efectiva   y   adoptará   medidas   en  favor  de  grupos  discriminados  o  marginados”.   

El  desplazado,  según  la  Ley 387 de 1997  (artículo  1°),  es  “toda persona que se ha visto  forzada    a    migrar    dentro    del    territorio    nacional   abandonando  su localidad de residencia       o      actividades   económicas   habituales,  porque  su  vida,  su integridad física, su seguridad o libertad personales han  sido  vulneradas  o  se  encuentran  directamente  amenazadas,  con  ocasión de  cualquiera  de  las siguientes situaciones: Conflicto armado interno, disturbios  y  tensiones  interiores,  violencia  generalizada,  violaciones  masivas de los  Derechos  Humanos,  infracciones  al  Derecho  Internacional Humanitario u otras  circunstancias  emanadas  de  las  situaciones  anteriores  que puedan alterar o  alteren        drásticamente       el       orden       público”.   

El  desplazamiento  genera  un desarraigo de  quien  es  sujeto pasivo del mismo, debido a que es apartado de todo aquello que  forma  su  identidad,  como  lo  es  su  trabajo, su familia, sus costumbres, su  cultura,  y  trasladado a un lugar extraño  para  intentar  rehacer lo que fue deshecho por causas ajenas a su  voluntad  y  por la falta de atención del Estado como garante de sus derechos y  de su statu quo.   

La  situación  del  desplazado  no  implica  solamente   el   “ir   de  un  lugar  a  otro”;  encierra  una  vulneración   masiva   de  los  derechos  fundamentales,  ya  que “se encuentran en una especial  condición  de  vulnerabilidad,  exclusión y marginalidad, entendida la primera  como  aquella situación que sin ser elegida por el individuo, le impide acceder  a  aquellas  garantías mínimas que le permiten la realización de sus derechos  económicos,  sociales  y  culturales  y,  en  este  orden,  la  adopción de un  proyecto             de             vida15; la segunda, como la ruptura  de  los  vínculos  que  unen a una persona a su comunidad de origen16;   y,  la  tercera,  como  aquélla situación en la que se encuentra un individuo que hace  parte  de  un  nuevo  escenario en el que no pertenece al grupo de beneficiarios  directos  de  los intercambios regulares y del reconocimiento social17”18.   

Precisamente por el hecho del desplazamiento  se  derivan situaciones de particular debilidad y vulnerabilidad manifiestas que  hace  a  las  víctimas sujetos de especial protección constitucional, tanto es  así   que   esta  Corporación  calificó  su  situación  como  un  estado  de  “cosas        inconstitucional”19, debido a la  violación     flagrante,     masiva     y     continua    de    los    derechos  fundamentales.   

Esas circunstancias en las que se encuentran  las  personas víctimas del desplazamiento forzado los sitúan en una situación  de  desigualdad  que  le  impone  al  Estado  el deber de superar esa condición  adoptando  medidas afirmativas a su favor con el objetivo de que la igualdad sea  real y efectiva.   

En  este  sentido,  advierte  la Sala que la  satisfacción  de  los  derechos  a todas las personas es una de las finalidades  propias    del    Estado    Social    de   Derecho20.  De  este  modo,  si por el  simple  hecho  de  ser  personas  se  tiene derecho a que sean garantizadas unas  condiciones  mínimas  de  existencia,  que  se  convierten  por  su  esencia en  derechos  reclamables  al  Estado como garante de los mismos, ello es predicable  en  mayor  medida  de  quien  está en una situación de desigualdad21.   

Así,  bajo  el postulado constitucional que  impone  la  satisfacción  de  los  derechos  de  todas  las personas y a fin de  superar  el  estado  de  debilidad  y  vulnerabilidad  en  que se encuentran las  personas  víctimas  del  desplazamiento  forzado,  el  Plan  Nacional  para  la  Atención  Integral  de  la  Población  Desplazada por la Violencia22  pretende  otorgar  una  atención  humanitaria  de  emergencia23  inmediatamente  ocurrido el  hecho   del   desplazamiento   y   prorrogable   hasta  cuando  sea  lograda  la  consolidación  y  estabilización  socio económica24  como  etapa final, pues una  vez         surtida        ésta,        cesa25  la  condición de sujeto de  especial  protección  constitucional,  al  superarse  el  estado de debilidad y  vulnerabilidad manifiesta.   

La   consolidación   y   estabilización  socioeconómica  constituye  un  elemento  primordial  dentro  del  programa  de  atención  a  la  población  desplazada,  toda vez que con ésta se pretende el  establecimiento  de  condiciones  de  sostenibilidad  económica  y social en el  marco  del  retorno  voluntario  o  el  reasentamiento  en otras zonas rurales o  urbanas  e  implica  la  ejecución  de  programas relacionados con “proyectos  productivos…  fomento  a la microempresa…atención  social  en  salud,  educación  y vivienda urbana y rural, la niñez, la mujer y  las  personas  de  la  tercera edad… planes de empleo urbano…”, entre otros.   

Así,  el  desplazamiento  forzado  implica  atención  integral  a  sus  víctimas  para  la  satisfacción  de  condiciones  mínimas  de  existencia, de manera prioritaria debido a su peculiar condición.  Sin  embargo,  del  hecho  del  desplazamiento forzado no sólo se derivan estos  derechos,  a  fin  de  superar  el  estado  de  cosas inconstitucional en que se  encuentran  por  la  masiva vulneración de los derechos fundamentales, sino que  también  se  deriva  el  derecho a la reparación de los daños causados por el  mismo.   

3.3  Alcance  del  derecho fundamental a la  reparación de las víctimas del desplazamiento forzado   

En  términos  generales,  cuando alguien ha  realizado  un  hecho que ha inferido injuria o daño a otra persona le genera la  obligación  de  realizar en  provecho  de  ésta  una prestación resarcitoria, comoquiera que ésta no está  obligada  a  soportar  la  conducta  antijurídica de la que fue objeto. En este  sentido   el  artículo  2341  del  Código  Civil  establece  que  “el  que  ha  cometido  un delito o culpa, que ha inferido daño a  otro,  es  obligado  a la indemnización, sin perjuicio de la pena principal que  la  ley  imponga  por la culpa o el delito cometido”.   

Cuando las conductas trascienden el campo de  las  relaciones personales y tienen una repercusión social, el derecho sanciona  ese  comportamiento  con  la   finalidad de proteger no sólo el interés o  bien  individual  sino también el social, lo que constituye el objeto jurídico  del  delito y genera la acción penal pública que por regla general corresponde  emprender de oficio al Estado.   

De  este  modo, el daño producto del delito  tiene  dos  connotaciones  “a)  el  daño público o  social  que se produce al lesionar el bien o interés jurídico protegido por el  Estado  y  que  explica su intervención poniendo en marcha el aparato punitivo,  imponiendo  las  sanciones  a  quien  ha  infringido el orden jurídico, pues el  delito  es  siempre  un  hecho  que   perjudica  a la comunidad  y  b) el daño particular que se produce  con  la  lesión  del  bien  jurídico, conocido como daño civil, da lugar a la  acción  civil   para el resarcimiento de los perjuicios ocasionados con el  ilícito,  estableciéndose por el ordenamiento jurídico la obligación para el  sujeto     activo     de    reparar    los    daños    tanto    morales    como  materiales”26.   

El daño individual producto del acaecimiento  de  una conducta sancionable por el ordenamiento penal, genera la obligación de  reparar  a  la  víctima  el  perjuicio  ocasionado  al  bien  jurídico  que se  pretendía  tutelar, es así como expresamente el artículo 94 del Código Penal  lo  dispone  al  consagrar  que  “la conducta punible  origina  obligación  de  reparar  los  daños materiales y morales causados con  ocasión de aquélla”.   

Postulado   que   resulta  acorde  con  la  disposición  Constitucional que le impone a la Fiscalía General de la Nación,  como  ente encargado de adelantar el ejercicio de la acción penal, “solicitar  ante  el  juez  de conocimiento las medidas judiciales  necesarias       para       la      asistencia      a      las      víctimas,   lo   mismo   que   disponer  el    restablecimiento    del   derecho    y    la   reparación   integral  a  los afectados con el delito”  (numeral 6° del artículo 250) (Resalta la Sala).   

Bajo esta misma premisa, está consagrada la  responsabilidad  patrimonial  del  Estado  frente  al  acaecimiento  de un daño  antijurídico,  al  respecto  el  artículo  90  de  la  Constitución  Nacional  establece     que     “el    Estado    responderá  patrimonialmente  por los daños antijurídicos que le sean imputables, causados  por   la   acción   u  omisión  de  las  autoridades  públicas”.   

“…VII.  Derecho de las víctimas a disponer de recursos   

11.   Entre   los  recursos  contra  las  violaciones  manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y las  violaciones  graves del derecho internacional humanitario figuran los siguientes  derechos   de   la   víctima,   conforme   a   lo   previsto   en   el  derecho  internacional:   

a)   Acceso   igual   y  efectivo  a  la  justicia;   

b)  Reparación  adecuada,     efectiva     y     rápida     del    daño    sufrido;   

c)  Acceso a información pertinente sobre  las violaciones y los mecanismos   

de    reparación….” (Resalta la Sala).   

Del mismo modo el numeral 1° del artículo  63  de  la  Convención  Americana sobre derechos humanos establece que la Corte  Interamericana de Derechos Humanos:    

“1.  Cuando  decida  que hubo violación  de  un  derecho  o  libertad  protegidos  en  esta Convención,… dispondrá que se garantice al lesionado  en  el  goce  de su derecho o libertad conculcados. Dispondrá asimismo, si ello  fuera  procedente, que se reparen las consecuencias de  la   medida  o  situación  que  ha  configurado  la  vulneración  de  esos derechos y el pago de una justa  indemnización          a         la         parte         lesionada….”.   

Así,  las  victimas  del  desplazamiento  forzado   tienen   el   derecho   fundamental   a   obtener   una   reparación    adecuada,    efectiva    y    rápida    del    daño  sufrido,   comoquiera  que  no  estaban  obligadas  a  soportarlo   y   que  desencadenó  una  vulneración  masiva  de  sus  derechos  fundamentales,   como   son  el  derecho  a  la  libertad  de  circulación,  de  residencia,  elección  de  profesión  u oficio, entre otros, que implicaron su  desarraigo  y  el  sometimiento a unas circunstancias ajenas a su existencia y a  la  ausencia  de  condiciones mínimas de existencia27   

, de allí la procedencia de la reparación  del daño sufrido.   

De  este  modo  las  personas  que han sido  objeto  de  violaciones  de  derechos humanos tienen el derecho a la reparación  integral        del        daño       causado28.  Esta  reparación debe ser  plena   y   efectiva   y   comprender  acciones  (restitución,  indemnización,  rehabilitación,   satisfacción  y  garantías  de  no  repetición29) que distan  de  la  asistencia social que el Estado tiene la obligación de brindar  de  forma  prioritaria  por  el  hecho  de ser los desplazados personas en estado de  desigualdad y vulnerabilidad.   

Es   así   como  en  términos  de  esta  Corporación30“no  puede  confundirse  la  prestación de los servicios sociales  que  el  Estado  debe  brindar  de manera permanente a todos los ciudadanos, sin  atender  a  su  condición  y  la  atención  humanitaria que se presta de forma  temporal  a  las víctimas en situaciones calamitosas, con la reparación debida  a  las  víctimas de tales delitos, que comprende tanto el deber de procurar que  sean  los victimarios quienes en primera instancia reparen a las víctimas, como  de  manera  subsidiaria  sea el Estado quien deba asumir esa reparación en caso  de  renuencia  de los victimarios o insuficiencia de la reparación brindada por  estos”.    

Y  partiendo  de  la noción de reparación  expuesta  en  el artículo 8° de la Ley 975 de 200531  expresó  esta Corporación  que  “es  evidente que los servicios sociales que se  prestan  a las víctimas, no corresponden a ninguna de estas acciones que buscan  reparar  las  consecuencias  nocivas del delito, por lo que no se puede entrar a  establecer  que  hacen  parte  de la reparación y rehabilitación debidas a los  afectados  por  la  comisión  de los delitos cometidos por los destinatarios de  esta   ley,   ni   recortar  o  excluir  ninguno  de  sus  componente,  pues  se  desconocería  su  derecho  a  la  reparación  integral  a  la  que  aluden los  numerales 6 y 7 del artículo 250 de la Constitución”.   

De  esta  forma,  las medidas asistenciales  adoptadas  por  el  Estado a favor de las personas desplazadas por la violencia,  tienen   precisamente  el  objetivo  de  mejorar  las  condiciones  mínimas  de  existencia y no responden a ninguna obligación de reparación.   

La   reparación   debe  ser  suficiente,  efectiva,  rápida  y  proporcional al daño sufrido y comprende la restitución  de  la  persona  afectada al estado en que se encontraba antes de la violación;  la  indemnización  de  los  perjuicios  ocasionados,  de  los daños físicos y  morales,  la  rehabilitación  de  la  víctima  y la adopción de medidas de no  repetición32.   

La           restitución,  como  su nombre lo indica,  es  “restablecer  o poner  algo  en el estado que antes tenía”, es decir, para  el   caso  de  las  personas  víctimas  de  la  vulneración  de  los  derechos  fundamentales,  se  trata  de  regresarlas a la situación en que se encontraban  antes      de      la     transgresión     de     sus     derechos,“la   restitución  comprende,  según  corresponda,  el  restablecimiento  de  la libertad, el disfrute de los derechos  humanos,  la identidad, la vida familiar y la ciudadanía, el regreso a su lugar  de  residencia,  la  reintegración  en  su  empleo  y  la  devolución  de  sus  bienes”33.   

El    derecho    a   la   restitución,  dentro  de  la noción de  reparación,  de  las  personas  víctimas del desplazamiento forzado comprende,  entre  otros,  “el  derecho  fundamental  a  que el  Estado  conserve su derecho a la propiedad o posesión y les restablezca el uso,  goce   y   libre  disposición  de  la  misma…”34,    comoquiera   que   al  constituir  el  abandono del lugar de residencia la característica esencial del  desplazamiento   forzado,  la  primera  medida  que  se  ha  de  adoptar  es  la  salvaguarda  de  la  misma,  independientemente de los servicios sociales que el  Estado  está  obligado  a  prestar,  como  lo  es la atención humanitaria y la  estabilización socioeconómica.   

El    derecho    a    la    indemnización  ha de ser concedido según  los   lineamientos   internacionales,   “de   forma  apropiada  y  proporcional a la gravedad de la violación y a las circunstancias  de  cada  caso,  por  todos  los  perjuicios económicamente evaluables que sean  consecuencia  de  violaciones  manifiestas  de  las  normas  internacionales  de  derechos  humanos o de violaciones graves del derecho internacional humanitario,  tales  como  los  siguientes:  a)  El  daño físico o mental; b) La pérdida de  oportunidades,  en particular las de empleo, educación y prestaciones sociales;  c)  Los  daños materiales y la pérdida de ingresos, incluido el lucro cesante;  d)  Los perjuicios morales; e) Los gastos de asistencia jurídica o de expertos,  medicamentos    y    servicios    médicos    y    servicios   psicológicos   y  sociales”.   

La  indemnización constituye una parte del  derecho   a   la   reparación   que   tiene  la  finalidad  de  compensar   monetariamente  los  perjuicios económicamente causados y evaluados,  “según  la  Corte  Interamericana,  esta  indemnización  se  refiere  esencialmente  a  los  perjuicios  sufridos  y  éstos  comprenden tanto los daños materiales como los  morales.35  En  relación  con la reparación de los perjuicios materiales, la  Corte  ha  reconocido  que  incluye  tanto  el  daño  emergente  como  el lucro  cesante.36Para  la  Corte Interamericana, la “justa indemnización” de que  habla  el  artículo  63.1 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos,  también  debe  tener  en  cuenta  el  daño moral sufrido por las víctimas que  según  la  jurisprudencia de la Corte ‘resulta  principalmente  de  los  efectos psíquicos que han sufrido  los              familiares’.37  También ha determinado la Corte Interamericana que la reparación  del  perjuicio  moral  debe  ajustarse  a  los principios de equidad38”39.    

A   grandes   rasgos   la   rehabilitación40  es la recuperación física  o  mental  de  las  personas  afectadas con la configuración del delito o de la  violación    ostensible    a    los    derechos    humanos,   la   satisfacción41, hace alusión a las medidas  para  desagraviar  a  las  víctimas,  es  el reconocimiento público del crimen  cometido  y  el  reproche  de  tal  actuación, pues como lo ha establecido esta  Corporación  “la  víctima  tiene derecho a que los  actos  criminales  sean  reconocidos y a que su dignidad sea restaurada a partir  del   reproche   público   de   dichos   actos”42,   son  estas  medidas  las  destinadas  a la reivindicación de la memoria y de la dignidad de las víctimas  y   las   garantías  de  no  repetición43 son  las  medidas  para  que cesen las violaciones flagrantes de los  derechos  humanos  y  del  derecho  internacional  humanitario,  las  cuales  se  manifiestan  en  un  proceso  judicial  imparcial,  en el acceso a los medios de  defensa judicial, en el conocimiento de éstos, entre otros.   

De   este   modo,   toda   víctima   del  desplazamiento  forzado  tiene  el  derecho  fundamental  a  la reparación, que  encierra   como   quedó   expuesto   el   derecho   a  la  restitución,  a  la  indemnización,  a  la rehabilitación, a la satisfacción y a las garantías de  no  repetición,  a  fin  se resarcir el daño causado por el acaecimiento de la  conducta  ostensiblemente  violatoria  de los derechos humanos y como una manera  de reivindicar su dignidad.   

Destaca  esta  Sala  que la persona sobre la  cual  recae la violación de los derechos humanos, en este caso la transgresión  de  los  derechos  fundamentales  en  virtud del acaecimiento del desplazamiento  forzado,  posee  la  calidad  de  víctima con   independencia  de  si  el  autor  de  la  violación  ha  sido  identificado, aprehendido, juzgado o condenado.   

En  este  sentido  diversas  disposiciones  internacionales44   lo   han  previsto  y  al  respecto  esta Corporación ha dicho que “a la luz de  los  mencionados principios fundamentales de derecho internacional, incorporados  en  nuestro  ordenamiento  interno  en  virtud del bloque de constitucionalidad,  es  absolutamente  válida la existencia de víctimas  sin  victimario  identificado,  aprehendido,  enjuiciado o condenado”45,  en  otros  términos  que  “para  que una persona sea considerada como víctima  de   un   delito   o  abuso  de  poder,  no  es  necesaria  la  identificación,  aprehensión,  enjuiciamiento  y  mucho  menos la condena del sujeto responsable  del                    ilícito”46    (Resaltado    en    el  original).   

La víctima tiene derecho a un recurso ágil  y  sencillo  para  obtener  la satisfacción de su derecho a la reparación y el  Estado  tiene  la  obligación  de  proporcionar a la  víctima  esos  recursos eficaces e investigar las violaciones de forma rápida,  completa  e  imparcial  y,  en  su  caso,  adoptar  medidas contra los presuntos  responsables  de  conformidad con el derecho interno e internacional47,   pues  corresponde  al  “Estado la obligación de satisfacer  el  derecho  a  la justicia y a la verdad de las víctimas mediante el diseño y  garantía  de  recursos  judiciales  efectivos  para  que las personas afectadas  puedan  ser  oídas, impulsar las investigaciones y hacer valer sus intereses en  el  juicio.  Tales  obligaciones  incluyen el deber de juzgar y condenar a penas  adecuadas    y    proporcionales   a   los   responsables   de   los   crímenes  investigados”48.   

De   este  modo,  corresponde  al  Estado  “investigar y si hay pruebas suficientes, enjuiciar  a  las  personas  presuntamente  responsables  de  las  violaciones, y si se las  declara  culpables, la obligación de castigarlas” y  el   deber   “de   procurar  establecer  programas  nacionales   de  reparación  y  otra  asistencia  a  las  víctimas  cuando  el  responsable   de   los  daños  sufridos  no  pueda  o  no  quiera  cumplir  sus  obligaciones”49.   

El Estado tiene la obligación y los medios  para  la  implementación  de  estas acciones, luego las omisiones que de éstas  realice  son  una  carga que la víctima no está obligada a soportar, ya que en  tal  caso sería patente la vulneración de los derechos de ésta al someterla a  un  trámite dispendioso, o a la espera del establecimiento de uno, generando su  revictimización,  pues  en  el  caso  de las personas objeto del desplazamiento  forzado,  éstas  no sólo tienen que soportar la carga  del  desplazamiento, producto de la omisión del Estado de ofrecer una seguridad  a  sus  libertades  y  propiciar la garantía de sus derechos, sino que también  deben  sufrir el retardo en la garantía de sus derechos como víctimas, lo cual  ostensiblemente agrava su situación.   

Entre  el  Conjunto  de  Principios  para la  Protección  y la Promoción de los Derechos Humanos mediante la Lucha contra la  Impunidad  expedido  por la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de  las  Naciones  Unidas  proclamados  en  1998  elaborada  de  conformidad  con la  actualización  ordenada  por la Resolución 2004/7250,  y  los cuales parten de la  noción  de impunidad como “la inexistencia, de hecho  o  de derecho, de responsabilidad penal por parte de los autores de violaciones,  así  como  de  responsabilidad  civil,  administrativa  o disciplinaria, porque  escapan   a  toda  investigación  con  miras  a  su  inculpación,  detención,  procesamiento  y,  en  caso  de  ser  reconocidos  culpables,  condena  a  penas  apropiadas,   incluso   a   la   indemnización   del   daño   causado   a  sus  víctimas”   se   establecen  como  principios  los  siguientes:   

“PRINCIPIO  1. OBLIGACIONES GENERALES DE  LOS ESTADOS   

DE ADOPTAR MEDIDAS EFICACES PARA  

LUCHAR CONTRA LA IMPUNIDAD  

La impunidad constituye una infracción de  las  obligaciones  que tienen los Estados de investigar las violaciones, adoptar  medidas  apropiadas  respecto  de  sus autores, especialmente en la esfera de la  justicia,  para  que  las  personas  sospechosas  de  responsabilidad penal sean  procesadas,  juzgadas  y  condenadas  a  penas  apropiadas,  de garantizar a las  víctimas  recursos  eficaces  y la reparación de los  perjuicios   sufridos   de  garantizar  el  derecho  inalienable  a  conocer  la  verdad  y  de tomar todas las medidas necesarias para  evitar la repetición de dichas violaciones.   

(…)  

IV.      DERECHO     A     OBTENER  REPARACIÓN/GARANTÍAS DE QUE   

NO SE REPITAN LAS VIOLACIONES  

A. El derecho a la reparación  

PRINCIPIO   31.   DERECHOS   Y   DEBERES  DIMANANTES   

DE LA OBLIGACIÓN DE REPARAR  

Toda  violación  de  un derecho humano da  lugar  a un derecho de la víctima o sus derechohabientes a obtener reparación,  el  cual implica el deber del Estado de reparar y el derecho de dirigirse contra  el autor.   

(…)” (Resalta  la Sala).   

Asimismo,    la    Resolución    60/147  precedentemente  citada  declara  en el Principio IX De  la reparación de los daños sufridos que:   

De   los   principios  internacionales  de  protección  de derechos humanos, se desprende que la exigencia del derecho a la  reparación  de las víctimas de las violaciones flagrantes de derechos humanos,  no  está  subordinada al proceso de investigación que debe el Estado adelantar  contra  el  victimario,  comoquiera  que  éstas deben ser satisfechas en primer  lugar  por  el  Estado,  porque  éste  es  el principal garante de los derechos  fundamentales,  porque  la condición de víctima y los derechos que de ésta se  derivan  no  dependen  de  la  identificación,  aprehensión,  enjuiciamiento o  condena  del  victimario  y porque el Estado tiene la facultad de repetir contra  el  autor  del  delito,  y  ello es así porque precisamente es el Estado el que  tiene  el  deber  y  la  facultad de perseguir a quien violó flagrantemente los  derechos  fundamentales,  él  únicamente posee la potestad de castigar a quien  infringió  la  norma,  es  decir, de hacer respetar sus leyes, las cuales deben  tener  como finalidad la protección de los derechos fundamentales no sólo para  que  éstos no sean transgredidos, sino también para que cuando sean vulnerados  se  repare como consecuencia  del daño infringido.   

De  este  modo,  si no es perseguido y no es  castigado  el victimario, esta carga no debe ser soportada por la víctima, pues  no  la  puede  cumplir,  es  solo  el  Estado el que la debe asumir, y si en eso  falla,  ha  de  asumir  la obligación de reparación y conservar la facultad de  repetir contra el victimario.   

Finalmente,   resalta  esta  Sala  que  en  sentencia  de  tutela  T-188-07  esta  Corporación  determinó que “en  lo  que  tiene  que  ver con la reparación de los daños, la  directriz  distingue  el  derecho  de las víctimas y sus derechohabientes a ser  indemnizados  por  los perjuicios causados, del derecho de los Estados a repetir  contra  los  autores,  de  manera que, con independencia de los resultados de la  investigación,  toda  persona  afectada  en  su vida, honra, bienes, derechos y  libertades,  por hechos sucedidos dentro del marco del conflicto armado interno,  puede  exigir  ‘medidas de  restitución,   indemnización,   rehabilitación   y  satisfacción  según  lo  establece   el  derecho  internacional’,  sin  perjuicio  del  derecho  del  Estado de dirigirse contra los  responsables   de   la  vulneración  –artículo   2°   C.P.   Principio  34”.   

Así,  concluye  esta  Sala  que  el  daño  acaecido  por la violación flagrante de los derechos humanos, genera a favor de  la   víctima  el  derecho  fundamental  a  la  reparación  de  los  perjuicios  directamente  ocasionados  con  la  trasgresión,  a  través de la restitución,      la     indemnización,     la     rehabilitación,     la    satisfacción    y  la  garantía  de no repetición consagradas en  el  Derecho  Internacional.  La  exigencia  y  la  satisfacción de este derecho  fundamental  se  dan  independientemente  de  la  identificación, aprehensión,  enjuiciamiento  o condena del victimario, debido a que aquel deriva precisamente  de   la   condición   de   víctima,   cuyos  derechos  corresponde  al  Estado  salvaguardar, sin perjuicio de que pueda repetir contra el autor.   

4. Caso concreto  

Determinada  la procedencia de la acción de  tutela  para el estudio del derecho a la reparación como quedó precedentemente  expuesto,  pasa esta Sala a desatar el problema jurídico planteado, con base en  las  consideraciones  generales mencionadas y concluye que a los accionantes les  fue  vulnerado  el  derecho fundamental a la reparación en su manifestación de  justa indemnización por la entidad accionada.   

4.1  Así, se ha de  ver,  en  primer  lugar, que los accionantes al ser víctimas del desplazamiento  forzado  a  causa  de la violencia tienen el derecho fundamental a ser reparados  con  ocasión  del  daño  derivado  de  la transgresión masiva de los derechos  fundamentales,  toda  vez  que  el perjuicio causado no es una carga que debían  soportar,  sino  que,  por  el  contrario,  es el resultado de la ausencia en la  garantía de los derechos fundamentales por parte del Estado.   

La    justa  indemnización es uno de los componentes del derecho a  la  reparación;  no se trata entonces del otorgamiento de cualquier prestación  económica,  sino  de  una derivada de la vulneración flagrante de los derechos  fundamentales,  pues  se  ha  transgredido  la  base en la que se estructuran el  Estado  y  la sociedad, de allí que la justa indemnización adquiera el estatus  de  la reparación y de esta forma sea de rango fundamental, por lo que ante una  vulneración o amenaza se ha de proceder a su amparo.   

De las pruebas obrantes en el expediente y de  la  información  suministrada  por  la  entidad  accionada,  se  deriva que los  accionantes   en   este   proceso  son  víctimas  del  desplazamiento  forzado por la violencia y por tanto acreedores del derecho a la  reparación.   

4.2   A  fin  de  satisfacer  el  derecho  a  la  reparación,  las  víctimas  tienen a su vez el  derecho  a  un  recurso  ágil  y sencillo que el Estado tiene la obligación de  suministrar,  ya que posee los instrumentos para ello, los cuales se derivan del  monopolio   del   poder   normativo  y  coercitivo  que  debe  estar  encaminado  precisamente  a  la  garantía  de los derechos fundamentales; por consiguiente,  cuando  éstos  resultan  vulnerados,  esa  potestad  se ha de desplegar para su  salvaguarda.   

De  este  modo,  se advierte que la presente  solicitud  de  amparo  se  origina  con  ocasión  de  la negativa de la entidad  accionada  de  acceder  a  la  petición  de  los  accionantes  de  “hacer  efectivo [el] derecho al restablecimiento, indemnización,  satisfacción   y   rehabilitación”  derivado  del  desplazamiento   forzado   del   corregimiento   de   Bellavista,  municipio  de  Algarrobbo,  al  considerar que “…la obligación de  reparar…  recae  (1) en primera medida sobre el victimario a título personal,  (2)  en  el  grupo  armado al margen de la ley que se desmovilizó, a título de  solidaridad  entre  los  miembros  del   grupo  causante del daño, (3) por  último  en  el  Estado  de  manera  residual  y  subsidiaria….”  dentro  del  marco  de la ley de Justicia y Paz.   En  este  orden  de  ideas,  sus  derechos  dentro  del proceso de  Justicia  y  Paz  son  complementarios  a  los  derechos  que,  como personas en  situación  de  desplazamiento  forzado,  tienen  frente  al Sistema Nacional de  Atención     Integral     a    la    Población    Desplazada…”.   

En este orden de ideas, la satisfacción del  derecho  de  las  víctimas  está  sometida  no  sólo a la identificación del  victimario,  sino  también  a  la aceptación de los cargos por parte de éste,  esto  es,  al  reconocimiento  de su autoría en el hecho delictuoso, por lo que  imponerles  el  trámite  de  este  proceso,  es  tanto  como  que  los derechos  derivados  de  la  condición  de  víctima quedaran suspendidos hasta cuando se  cumpla  dicho acto procesal, lo que no sólo desconoce tal condición, ignorando  que  para  su reconocimiento no es necesario siquiera identificar al victimario,  sino     que     también     se     le     está    atribuyendo    indirectamente  la  carga  de  perseguirlo  para  la  satisfacción  de  sus derechos fundamentales, pues si el Estado no lo  hace  y  el  único medio para conseguir la reparación es por medio del proceso  penal,  entonces la víctima tendría que ejercer la persecución lo que a todas  luces  contraviene  los  postulados  imperantes  de un Estado Social de Derecho,  donde  es éste el que tiene el deber de hacer respetar las leyes y de este modo  las   garantías   fundamentales,  mediante  la  persecución  del  infractor  y  perpetrador  del  daño,  pues  sólo  el  Estado posee el poder coercitivo para  ello.   

Ahora bien, en el marco del derecho penal en  general,  igual  razonamiento  se  ha de realizar, pues corresponde al Estado la  investigación  de  las conductas punibles que vulneren derechos fundamentales y  de  manera  especial del delito de desplazamiento forzado, precisamente debido a  su  impacto social, este deber es reiterado por la Ley 387 de 1997 al establecer  en  el  artículo 15 que “el Ministerio Público y la  Fiscalía  General  de  la  Nación  emprenderán  de oficio las investigaciones  sobre  los  hechos  punibles  que  condujeron  al  desplazamiento”.  De  igual  forma,  en  el proceso penal en general la víctima no  debe  asumir la carga del incumplimiento del deber  Estatal de sancionar al  infractor,  lo que no obsta para excluir la colaboración que ésta debe brindar  para el desenvolvimiento del proceso penal.   

En  lo  que  atañe  al  sometimiento de los  accionantes  al  procedimiento  establecido  en el Decreto reglamentario 1290 de  2008  “por el cual se crea el programa de reparación  individual  por  vía  administrativa  para  las víctimas de los grupos armados  organizados  al  margen  de  la  ley”  a  fin de ser  satisfecho  el  derecho  a  la  reparación, esta Sala destaca que el mencionado  texto   dispone  que  “la  indemnización  solidaria  prevista  en  el  presente  artículo  para  quienes  hayan  sido  víctimas del  desplazamiento  forzado,  se  entregará por núcleo familiar y se reconocerá y  pagará  a  través  de  FONVIVIENDA  …” (artículo  5°),  ante  lo  cual esta Sala considera que dicha disposición es notoriamente  contraria  al  derecho  a  la  reparación,  pues  le da este calificativo a una  conducta  propia  de  la asistencia social que el Estado está en la obligación  de  proveer  a  todas  las  personas  en  especial  a  los  que se encuentran en  situación  de  vulnerabilidad  y,  en  el  caso  especial  de las víctimas del  desplazamiento  forzado,  a  que  cese su condición mediante la estabilización  socio  económica;  en  otras  palabras,  es  un  derecho  que  se tiene por ser  persona,  no  por  ser victima del desplazamiento forzado; luego, al contravenir  los  postulados del derecho a la reparación, dicho decreto, resulta inaplicable  al mismo bajo el manto de la Constitución Política que nos rige.   

De  este  modo,  someter  a los accionantes,  víctimas  del  desplazamiento  forzado,  a  procesos  penales  en los cuales es  necesaria   la   aceptación   de  cargos  por  parte  del  victimario  para  la  satisfacción  del derecho a la reparación; o esperar la labor investigativa de  determinación  del  responsable  de  esa  conducta  delictuosa  para  exigir la  reparación  del  daño ocasionado, teniendo en cuenta que los hechos acaecieron  en  el  año  2001 y que hasta ahora según información de los accionantes y de  las  pruebas allegadas al proceso provenientes de la Fiscalía Primera Seccional  de   Fundación   los   “responsables  [están]  en  averiguación”  (fl.36-32 cdno. Corte); o someterlos  a  un  proceso  administrativo donde la llamada reparación no corresponde a los  postulados  normativos expuestos, sino que es la manifestación de la asistencia  social  que el Estado está obligado a brindar a todas las personas, en especial  a  las  más  vulnerables,  es revictimizar  a  quien  ha sido objeto de una masiva y constante vulneración de  los  derechos  humanos,  es  desconocer  los  derechos  fundamentales  que de la  condición  de  víctima  se  derivan  y  que  le  impone  al Estado el deber de  salvaguardar.   

En  otros  términos,  no  es  tarea  de las  víctimas  promover  ni  impulsar la investigación de los crímenes que las han  afectado;  esta  carga corresponde a las autoridades judiciales, en cumplimiento  del deber de investigar, juzgar y sancionar que tiene el Estado.   

4.3 En este sentido,  los  medios  referidos  por la entidad accionada para el amparo del derecho a la  indemnización  de  los  accionantes,  resultan  ser ineficaces por las trabas y  cargas  que  le  imponen  a  la  víctima,  ignorando  su condición de tal y el  derecho  a  un  recurso ágil, eficaz y sencillo para proteger sus derechos, por  lo  que el Estado al ser el principal garante de los derechos fundamentales y al  recaer  en  él  la obligación investigativa que permita aprehender al autor de  la  vulneración,  tiene  el  deber de satisfacer el derecho a la reparación de  los  accionantes, en este caso, a la justa indemnización, sin que ello implique  la  asunción  de  responsabilidad  directa de los hechos, de allí que posea la  facultad  de  repetir  contra  el autor del ilícito, pues hay requisitos que la  víctima no puede cumplir y que el Estado debe asumir.   

4.4  Es así, como  constata  esta  Sala la vulneración del derecho fundamental a la reparación de  los   accionantes   en   su  manifestación  de  justa  indemnización,  por  lo  que  concederá  el  amparo  solicitado  y  ordenará  de  acuerdo  con  la  característica esencial de esta  acción  constitucional,  la  inmediata protección del derecho fundamental a la  justa   indemnización  que  poseen  los  accionantes  como  víctimas  del  desplazamiento  forzado  por  la  violencia.   

En    otros    términos,   “la  exigencia de requisitos que las víctimas no pueden cumplir y  que  solo  el  Estado  en cuyo territorio ocurren las vulneraciones debe asumir,  para  condicionar  el  acceso  a  los programas de restitución, indemnización,  rehabilitación   y   satisfacción,  vulnera  el  derecho  fundamental  de  las  víctimas  a  la  reparación  y  hace  imperativa  la  intervención  del  juez  constitucional    para    su   restablecimiento”51.   

Así  mismo,  “el  derecho  internacional  humanitario  impone  a  los  Estados  Partes el deber de  investigar  la  vulneración  de  los  derechos  fundamentales  acaecidos  en su  territorio,  al  igual que la obligación de reparar los daños ocasionados a la  población  civil,  dentro del marco del conflicto armado, por vulneraciones del  derecho  a  la vida, a la dignidad, a la libertad y a las garantías judiciales,  sin   restricciones   fundadas  en  la  modalidad  y  forma  utilizado  por  los  infractores,  a  la  vez  que  reclama para las víctimas y sus derechohabientes  recursos  sencillos  que  les  permitan  acceder  a la reparación de los daños  causados,    con    prontitud    y    eficacia”52.   

De  este modo, al resultar (i) comprobada la  violación  manifiesta  del  derecho  fundamental de los accionantes, (ii) al no  disponer  los  afectados  de otro medio de defensa judicial ordinario y (iii) al  ser  imperativo  asegurar  el  goce  efectivo del derecho fundamental vulnerado,  esta  Sala  ordenará  en  abstracto  la  indemnización  del daño causado, que  habrá  de  liquidarse  mediante  incidente  como lo dispone el artículo 25 del  Decreto         2591         de         199153  ante la jurisdicción de lo  contencioso   administrativo,   específicamente,   ante  el  Juez  de  Circuito  Administrativo de Santa Marta.   

4.5  Finalmente,  advierte  esta Sala que en el evento en que los beneficiarios de la condena o el  Juez  de  Circuito Administrativo de Santa Marta correspondiente, consideren que  no   hay  garantías  para  satisfacer  el  derecho  a  la  reparación  de  los  accionantes,  es  decir,  indemnizar  el  daño  causado  por  el desplazamiento  forzado,   ya   sea   porque   existan  circunstancias  que  puedan  afectar  la  imparcialidad  o  la  independencia  de  la  administración  de  justicia,  las  garantías  procesales  o su seguridad o integridad personal, si así lo desean,  podrán  solicitar en forma motivada cambio de radicación del incidente ante el  funcionario  judicial  que  esté  conociendo  del  mismo  o  ante  su  superior  funcional.   

En todo caso, el Tribunal Administrativo del  Magdalena,  como superior funcional del Juez de Circuito Administrativo de Santa  Marta,  es el competente para decidir la mencionada solicitud y deberá señalar  el  lugar donde deba continuar el incidente en el Departamento del Magdalena. Si  dicho  Tribunal  estima  justificado que el cambio de radicación se haga a otro  departamento,  la  solicitud  pasará  a  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  para  adoptar  la  decisión. En tal caso esa Sala  podrá,  si  encuentra  procedente  el  cambio  de  radicación,  señalar  otro  departamento,  o  escoger  el  sitio  en donde debe continuar el incidente en el  mismo departamento del Magdalena.   

4.6.1  El  fallo  emitido  el  6 de agosto de 2008 por la Sala Civil Familia del Tribunal Superior  del    Distrito    Judicial    de    Santa    Marta   en   cuanto   “negó    por    improcedente”    el  “amparo a la reparación por los daños causados por  el  desplazamiento”  y  en  su  lugar confirmará la  providencia  emitida  el 6 de junio de 2008 por el Juzgado Civil del Circuito de  Fundación  por  medio  de  la  cual  se concedió el amparo constitucional a la  reparación  y  se  ordenó  a la entidad accionada indemnizar a los accionantes  (T-2.050.591)  “por   los   perjuicios   causados,  de  conformidad  con  el  monto  que  fijará  la  jurisdicción  de  lo contencioso  administrativo,   como   lo   dispone  el  artículo  25  del  Decreto  2591  de  1991”.   

4.6.2  La sentencia  proferida  el  23 de junio de 2008 por el Juzgado Único Promiscuo de Familia de  Fundación   mediante   la   cual   se   “negó  por  improcedente”  el  amparo  del  derecho  a  la justa  indemnización          de          los         accionantes         (T-2.056.396)  y en su lugar se concederá  el  amparo  deprecado y se ordenará a la entidad accionada la indemnización de  los  perjuicios  causados  por  el  hecho  del  desplazamiento  forzado  por  la  violencia de que fueron víctimas los accionantes.   

4.6.3 La sentencia  proferida  el  23 de junio de 2008 por el Juzgado Único Promiscuo de Familia de  Fundación   mediante   la   cual   se   “negó  por  improcedente”  el  amparo  del  derecho  a  la justa  indemnización          de          los         accionantes         (T-2.056.402)  y en su lugar se concederá  el  amparo  deprecado y se ordenará a la entidad accionada la indemnización de  los  perjuicios  causados  por  el  hecho  del  desplazamiento  forzado  por  la  violencia de que fueron víctimas los accionantes.   

IV. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Sala Primera  de  Revisión,  administrando  justicia en nombre del pueblo y por mandato de la  Constitución Política,   

RESUELVE  

Primero: LEVANTAR el  término  para  resolver  el  trámite  de  revisión  suspendido  por esta Sala  mediante autos de 12 de diciembre de 2008 y 22 de enero de 2009.   

Segundo: REVOCAR el  fallo  emitido  el  6  de  agosto de 2008 por la Sala Civil Familia del Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial  de  Santa  Marta  en  cuanto  “negó    por    improcedente”    el  “amparo a la reparación por los daños causados por  el   desplazamiento”  y  en  su  lugar  CONFIRMAR  la  providencia emitida el 6 de  junio  de  2008  por el Juzgado Civil del Circuito de Fundación por medio de la  cual  concedió  el  amparo  constitucional  a  la  reparación a Luis Francisco  Orozco  García,  María de los Ángeles Brochero Bolaño, Alfonso Rafael Orozco  Bolaño    y    María    de    los   Ángeles   Navarro   Orozco   (T-2.050.591)  en  la  acción  por  ellos  instaurada   contra  la  Agencia  Presidencial  para  la  Acción  Social  y  la  Cooperación Internacional, Acción Social.   

Tercero: REVOCAR la  sentencia  proferida  el  23 de junio de 2008 por el Juzgado Único Promiscuo de  Familia  de  Fundación  mediante  la cual “negó por  improcedente”  el  amparo  del  derecho  a  la justa  indemnización  de  Yoleidy Yance Villa, Roberto Antonio Yance Martínez Yohemis  Mercedes   Villa   Cantillo   y   Roberto   Carlos   Yance  Villa  (T-2.056.396)  y  en  su lugar CONCEDER el amparo deprecado en la acción  por  ellos instaurada contra la Agencia Presidencial para la Acción Social y la  Cooperación Internacional, Acción Social.   

Cuarto:  REVOCAR la  sentencia  proferida  el  23 de junio de 2008 por el Juzgado Único Promiscuo de  Familia  de  Fundación  mediante  la cual “negó por  improcedente”  el  amparo  del  derecho  a  la justa  indemnización  de Osvaldo Martínez Arias, Martha Helena Meneses Roldán y Luis  Javier,   Alexander,   Osvaldo  Enrique,  Leonardo  y  Leydis  Milena  Martínez  Meneses                          (T-2.056.402)  y en su lugar  CONCEDER el amparo deprecado  en  la  acción  por  ellos  instaurada  contra  la Agencia Presidencial para la  Acción Social y la Cooperación Internacional, Acción Social.   

Quinto: CONDENAR en  abstracto  a  la  Agencia  Presidencial para la Acción Social y la Cooperación  Internacional,   Acción   Social,   a  pagar  los  perjuicios  causados  a  los  accionantes  enunciados  en  los  numerales  anteriores  por  el  desplazamiento  forzado  del  corregimiento  de Bellavista, municipio de Algarrobo, departamento  de  Magdalena,  de  conformidad  con el monto que fijará la jurisdicción de lo  contencioso  administrativo, como lo dispone el artículo 25 del Decreto 2591 de  1991.   

La  liquidación  de los perjuicios se hará  por  el  juez  de  circuito  administrativo  de  Santa  Marta  -Reparto-, por el  trámite  incidental,  el  que  deberá  iniciarse dentro de los diez (10) días  siguientes  al  recibo de la comunicación respectiva, y deberá ser decidido en  el  término  de  los  seis  (6)  meses siguientes, para lo cual, la Secretaría  General  de  esta  corporación  remitirá  inmediatamente  copias  de  toda  la  actuación  surtida en este proceso a la Oficina Judicial respectiva. El juez de  circuito  administrativo  al que corresponda fallar el incidente remitirá copia  de la decisión de fondo a este Despacho.   

La  Agencia  Presidencial  para  la  Acción  Social  y  la  Cooperación  Internacional,  Acción Social, deberá proceder al  pago  total  de  la obligación en un plazo de dos (2) meses contado a partir de  la ejecutoria del auto de liquidación de la condena.   

Sexto:  DAR  por  secretaría  cumplimiento  a lo dispuesto en el artículo 36 del Decreto 2591 de  1991.   

JAIME ARAÚJO RENTERÍA  

Magistrado  

CLARA ELENA REALES GUTIÉRREZ  

Magistrada (E)  

JAIME CÓRDOBA TRIVIÑO  

Magistrado  

MARTHA     VICTORIA    SÁCHICA    DE  MONCALEANO   

Secretaria General    

1  (T-2.050.591)  El  26  de  Noviembre   y   6   de   Diciembre   de   2007   bajo   la  radicación  número  No.20073010541911   fue   presentada   la   mencionada  solicitud  ante  Acción  Social.   

(T-2.056.396)  El  20  de  diciembre  de  2007  ante  la  Unidad  Territorial del Magdalena bajo la  radicación  No.  20083010023551 fue presentada por los accionantes de la tutela  de la referencia la señalada petición ante Acción Social.   

(T-2.056.402) El 6  de  diciembre de 2007 los accionantes presentaron ante la Unidad Territorial del  Magdalena   la  solicitud  mencionada  la  cual  fue  radicada  con  el  número  20083010007611   

2  (T-2.050.591)  El  26  de  diciembre  de  2007  y  15 de enero de 2008 fue emitida la respuesta por Acción  Social.   

(T-2.056.396  y  T-2.056.402)  El  15  de  enero  de  2008  Acción  Social  da  respuesta a los  accionantes  en  relación   con la solicitud presentada el 20 de diciembre  de 2007.   

3  Numeral 1° del artículo 6° del Decreto 2591 de 1991.   

5  T-656-06, T-768-05, T-651-04   

6 Ver  artículos 43, 44, 45, 46 y 47 de la Constitución Política.   

7 Una  síntesis  de las decisiones de la Corte en esta materia puede encontrarse en la  sentencia  SU-150  de  2000  y en el anexo 4 de la sentencia T-025 de 2004. Más  recientemente  la  Corte se ha pronunciado sobre el tema  en las sentencias  T-740  de  2004,  T-175  de 2005, T-1094 de 2004, T-563 de 2003, T-1076 de 2005,  T-882 de 2005, T-1144 de 2005, T-086 de 2006 y T-468 de 2006.   

8  T-821-07.   

9  T-188-07.   

10  Artículo   2°   Pacto   Internacional   de   Derechos  Civiles  y  Políticos.   

11  Artículos  3°  y  6°,  Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos y Pacto  Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos.   

12  Artículo 5° Declaración Universal de Derechos Humanos.   

13  Artículos  11  y  12  Pacto Internacional sobre Derechos Económicos Sociales y  Culturales.   

14  Anexo  al Informe E/CN.4/2005/102, presentado por la experta independiente Diane  Orentlicher,   encargada  de  actualizar  el  Conjunto  de  Principios  para  la  Protección  y  Promoción  de los Derechos Humanos, mediante la Lucha contra la  Impunidad, de 1997.   

15 De  conformidad  con  Pérez  Murcia,  la  vulnerabilidad  puede  ser entendida como  “(…)  una  situación   que, sin ser elegida  por  los  individuos,  limita  el  acceso  de  éstos  a las garantías mínimas  necesarias  para  realizar   plenamente sus derechos sociales, políticos y  culturales.”  En otras palabras, este autor señala  que  una  persona  se  encuentra  en  condiciones de vulnerabilidad “(…)  cuando existen barreras sociales, políticas, económicas  y  culturales  que  impiden  que,  por sus propios medios, esté en capacidad de  agenciar  (realizar)  las  condiciones  para  su  propio  desarrollo y el de las  personas  que dependen económicamente de ella.” Por  su    parte,    Moser   indica   que   “(…)   la  vulnerabilidad,  más  que  una  expresión  de  la  debilidad manifiesta de los  individuos   –  como  la  interpretan  algunas  corrientes  conservadoras -, es una situación que, siendo  exógena  al  individuo,  le  genera  perjuicios  y  le  deteriora  los  activos  económicos  y  sociales  para autosostener un proyecto de vida.” Ver      PÉREZ      MURCIA,     Luis     Eduardo.     Población  desplazada:  entre  la  vulnerabilidad, la pobreza y la  exclusión.   Red   de  Solidaridad  Social  y  Alto  Comisionado  de  las  Naciones  Unidas  para  los  Refugiados. Bogotá, marzo de  2004.P.p. 19 a 22.   

16 Ver  CASTEL,     Robert.     La     lógica    de    la  exclusión.  Citado  por PÉREZ MURCIA, Luis Eduardo.  P. 31.   

17 Ver  BULA  ESCOBAR,  Jorge  I.  Vulnerabilidad,  equidad y  democracia.  Citado  por PÉREZ MURCIA, Luis Eduardo.  P. 31.   

18  T-585 -06.   

19  T-025-04.   

20  Como  precedentemente  se  anotó,  entre  los  fines  esenciales  del Estado se  encuentra  el  de “…servir a la comunidad, promover la prosperidad general y  garantizar  la  efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en  la Constitución…”.   

21  Artículo 13 de la Constitución Política.   

22  Decreto  250  de  2005,  en  esta disposición se establece entre los principios  rectores   que   orientan   este   plan   el  Enfoque  Restitutivo   y   lo   definen   como   “la  reposición  equitativa de las pérdidas o daños materiales  acaecidos  por  el  desplazamiento, con el fin de que las personas y los hogares  puedan  volver  a  disfrutar  de  la  situación en que se encontraban antes del  mismo.  Las  medidas  de  restitución contribuyen al proceso de reconstrucción  y   estabilización   de   los   hogares   afectados  por  el  desplazamiento”  (Resalta la Sala).   

23  Artículo  15  de la Ley 387 de 1997 “Por la cual se  adoptan  medidas  para  la prevención del desplazamiento forzado; la atención,  protección,   consolidación   y   estabilización   socio  económica  de  los  desplazados    internos    por    la    violencia    en    la    República   de  Colombia”.  La  atención humanitaria de emergencia  tiene  como  finalidad “socorrer, asistir y proteger  a  la  población  desplazada  y  atender sus necesidades de alimentación, aseo  personal,  manejo  de abastecimientos, utensilios de cocina, atención médica y  psicológica,  transporte  de  emergencia  y alojamiento transitorio  en  condiciones  dignas”.   

24  Artículo 17 ibídem.   

25  Artículo 18  ibídem.   

26  C-1149-01.   

27 Tal  es  así  el  impacto  de  este  hecho  que  no  sólo  está  condenado  en  el  ordenamiento   nacional   -El  artículo  180  del  Código  Penal  dispone  que  “el  que de manera arbitraria, mediante violencia u  otros  actos coactivos dirigidos contra un sector de la población, ocasione que  uno  o  varios  de  sus  miembros cambie el lugar de su residencia incurrirá en  prisión   de…”-  sino  también  en  el  ámbito  internacional,  El  artículo  17  del  Protocolo  Adicional de los Convenios de  Ginebra   de   1949,   adoptado  mediante  Ley  171  de  1994,   establece:  “Prohibición de los desplazamiento forzados. 1. No  se  podrá  ordenar  el  desplazamiento  de  la  población  civil  por  razones  relacionadas  con  el conflicto, a no ser que así lo exijan la seguridad de las  personas  civiles  o razones militares imperiosas. Si tal desplazamiento tuviera  que  efectuarse,  se  tomarán todas las medidas posibles para que la población  civil  sea  acogida  en  condiciones  satisfactorias de alojamiento, salubridad,  higiene,  seguridad  y  alimentación.  2.  No  se  podrá forzar a las personas  civiles  a  abandonar  su  propio  territorio  por  razones  relacionadas con el  conflicto”.   

28  T-821-07.   

29 La  comprensión  del  derecho  a  la  reparación  manifestada  en  las nociones de  restitución,  indemnización,  rehabilitación,  satisfacción y las garantías  de  no  repetición,  se encuentran expresadas en el Principio IX de reparación  de  los  daños  sufridos  expuestos  en  la  Resolución 60/147 aprobada por la  Asamblea  General de las Naciones Unidas adoptada el 16 de diciembre de 2007 que  contiene  los  Principios y Directrices Básicos Sobre  el   Derecho   de  las  Víctimas  de  Violaciones  Manifiestas  de  las  Normas  Internacionales  de  Derechos  Humanos  y de Violaciones Graves del Derecho  Internacional     Humanitario     a     interponer     recursos     y    obtener  reparaciones.   

31 El  artículo   8°  de  la  Ley  975  de  2005  consagra  que  el derecho a la  reparación   comprende   la   restitución,   indemnización,  rehabilitación,  satisfacción  y  garantías  de  no  repetición  en  los siguientes términos:   

“ARTÍCULO 8o. DERECHO A LA REPARACIÓN. El derecho de las  víctimas a la reparación comprende las acciones que  propendan  por  la restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción;  y las garantías de no repetición de las conductas.   

Restitución es la realización  de  las  acciones  que  propendan  por  regresar  a  la víctima a la situación  anterior a la comisión del delito.   

La  indemnización   consiste   en   compensar   los   perjuicios   causados  por  el  delito.   

La  rehabilitación  consiste  en  realizar las acciones tendientes a la recuperación  de  las  víctimas  que sufren traumas físicos y sicológicos como consecuencia  del delito.   

La  satisfacción o  compensación moral consiste en realizar las acciones tendientes  a  restablecer  la  dignidad  de  la  víctima  y  difundir  la  verdad sobre lo  sucedido.   

Las    garantías   de   no  repetición    comprenden,    entre    otras,    la  desmovilización  y  el  desmantelamiento  de los grupos armados al margen de la  ley.   

Se  entiende  por reparación simbólica toda prestación  realizada  a  favor  de  las víctimas o de la comunidad en general que tienda a  asegurar  la  preservación  de  la memoria histórica, la no repetición de los  hechos  victimizantes,  la  aceptación  pública  de  los  hechos,  el  perdón  público y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas.   

 La   reparación   colectiva   debe  orientarse  a  la  reconstrucción  sico-social de las poblaciones afectadas por la violencia. Este  mecanismo  se  prevé  de  manera especial para las comunidades afectadas por la  ocurrencia  de  hechos de violencia sistemática…”  (Resalta la Sala).   

32  T-821-07.   

33  Resolución  60/147  aprobada  por  la  Asamblea  General de las Naciones Unidas  adoptada el 16 de diciembre de 2007.   

34  T-821-07.   

35 Ver  entre   otros,  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  Caso  El  Amparo,  Reparaciones,  Sentencia de 14 de septiembre de 1996, Serie C No. 28, párr. 16;  Caso  Neira  Alegría  y  otros,  Reparaciones, Sentencia de 19 de septiembre de  1996,   Serie   C   No.  29,  párr.  38;  Caso  Caballero  Delgado  y  Santana,  Reparaciones,  Sentencia  de  29  de  enero  de  1997,  Serie  C  No. 31, párr.  17.   

36  Corte   Interamericana   de   Derechos   Humanos,   Caso   Aloeboetoe  y  otros,  Reparaciones,  Sentencia de 10 de septiembre de 1993, Serie C No. 15, párr. 15.  Caso  Velásquez  Rodríguez,  Sentencia de 17 de agosto de 1990, Serie C No. 9,  párrs.   27  –28.  Caso  Godinez  Cruz,  Sentencia  de 21 e julio de 1989, Serie C, No. 8, párrs. 36-37.  De  conformidad  con  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Interamericana  para el  cálculo  de  la  indemnización  del  lucro  cesante se debe tener en cuenta la  expectativa  probable  de  vida,  si  el destinatario de la indemnización es la  misma  víctima,  y  si  ésta  fue  afectada  con incapacidad total y absoluta.   

37  Corte  Interamericana de Derechos Humanos, Caso Velásquez Rodríguez, Sentencia  de  17  de agosto de 1990, Serie C No. 9, párrs. 50-51. Corte Interamericana de  Derechos  Humanos,  Caso  Aloeboetoe  y  otros, Reparaciones, Sentencia de 10 de  septiembre de 1993, Serie C No. 15, párr. 74-77.   

38  Corte   Interamericana   de   Derechos   Humanos,   Caso   Aloeboetoe  y  otros,  Reparaciones,  Sentencia de 10 de septiembre de 1993, Serie C No. 15, párr. 86.  Caso  Velásquez  Rodríguez,  Sentencia de 17 de agosto de 1990, Serie C No. 9,  párrs.   27  –28.  Caso  Godinez  Cruz,  Sentencia de 21 e julio de 1989, Serie C, No. 8, párr. 86. Caso  Caballero  Delgado  y Santana, Sentencia de 29 de enero de 1997, Serie C No. 31,  párrs. 48-51.   

39  C-916-02   

40  Resolución  60/147  aprobada  por  la  Asamblea  General de las Naciones Unidas  adoptada  el  16  de  diciembre  de  2007.:  “21. La  rehabilitación  ha  de  incluir  la atención médica y psicológica, así como  servicios jurídicos y sociales”.   

41  Ibídem:  “22.  La  satisfacción  ha  de  incluir,  cuando  sea  pertinente  y  procedente,  la  totalidad  o  parte  de las medidas  siguientes:   a)   Medidas   eficaces  para  conseguir  que  no  continúen  las  violaciones;  b)  La  verificación  de  los  hechos y la revelación pública y  completa  de  la  verdad,  en  la medida en que esa revelación no provoque más  daños  o  amenace  la  seguridad  y  los  intereses  de  la  víctima,  de  sus  familiares,  de  los testigos o de personas que han intervenido para ayudar a la  víctima  o  impedir que se produzcan nuevas violaciones; c) La búsqueda de las  personas  desaparecidas,  de las identidades de los niños secuestrados y de los  cadáveres   de   las   personas  asesinadas,  y  la  ayuda  para  recuperarlos,  identificarlos  y  volver  a inhumarlos según el deseo explícito o presunto de  la  víctima  o  las  prácticas  culturales  de  su familia y comunidad; d) Una  declaración  oficial  o  decisión  judicial  que  restablezca  la dignidad, la  reputación  y  los  derechos  de  la  víctima  y de las personas estrechamente  vinculadas  a  ella;  e)  Una disculpa pública que incluya el reconocimiento de  los  hechos  y  la  aceptación  de  responsabilidades;  f)  La  aplicación  de  sanciones  judiciales  o  administrativas a los responsables de las violaciones;  g)  Conmemoraciones  y  homenajes  a  las  víctimas;  h)  La  inclusión de una  exposición  precisa de las violaciones ocurridas en la enseñanza de las normas  internacionales  de  derechos  humanos  y del derecho internacional humanitario,  así como en el material didáctico a todos los niveles”.   

42  T-821-07   

43  “23.  Las  garantías  de  no  repetición  han  de  incluir,  según  proceda,  la  totalidad o parte de las medidas siguientes, que  también  contribuirán a la prevención: a) El ejercicio de un control efectivo  por  las  autoridades  civiles  sobre  las fuerzas armadas y de seguridad; b) La  garantía  de  que todos los procedimientos civiles y militares se ajustan a las  normas  internacionales  relativas  a las garantías procesales, la equidad y la  imparcialidad;  c) El fortalecimiento de la independencia del poder judicial; d)  La  protección  de  los  profesionales  del  derecho,  la salud y la asistencia  sanitaria,   la  información  y  otros  sectores  conexos,  así  como  de  los  defensores  de  los  derechos  humanos;  e) La educación, de modo prioritario y  permanente,  de  todos  los  sectores  de  la  sociedad respecto de los derechos  humanos  y  del  derecho  internacional  humanitario  y la capacitación en esta  materia  de  los  funcionarios  encargados de hacer cumplir la ley, así como de  las  fuerzas  armadas  y de seguridad; f) La promoción de la observancia de los  códigos  de  conducta  y  de  las  normas  éticas,  en  particular  las normas  internacionales,  por  los  funcionarios públicos, inclusive el personal de las  fuerzas  de  seguridad,  los  establecimientos  penitenciarios,  los  medios  de  información,  el  personal  de servicios médicos, psicológicos, sociales y de  las  fuerzas  armadas,  además  del  personal  de  empresas  comerciales; g) La  promoción   de  mecanismos  destinados  a  prevenir,  vigilar  y  resolver  los  conflictos  sociales;  h)  La revisión y reforma de las leyes que contribuyan a  las  violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y  a las violaciones graves del derecho humanitario o las permitan”.   

44  Principio  V  referente a las Víctimas de violaciones manifiestas de las normas  internacionales  de  derechos  humanos  y  de  violaciones  graves  del  derecho  internacional  humanitario  de  la  Resolución  60/147 aprobada por la Asamblea  General  de  las  Naciones  Unidas  adoptada el 16 de diciembre de 2007, y en la  Resolución  4034  del  29 de noviembre de 1985 por la cual se establecieron los  “Principios  fundamentales  de  justicia  para  las  víctimas     de     delitos    y    del    abuso    del    poder”.   

45  T-572-08.   

47  Resolución  60/147  aprobada  por  la  Asamblea  General de las Naciones Unidas  adoptada el 16 de diciembre de 2007 artículo 3 literal b.   

48  T-821-07.   

49  Ibídem.   

50 La  Comisión  de  Derechos Humanos pidió al Secretario General designar un experto  independiente  que  actualizara  el Conjunto de Principios para la protección y  promoción  de  los  derechos  humanos  mediante la lucha contra la impunidad i)  conforme  la  evolución  del  derecho  y  las  prácticas internacionales en la  materia,  ii) que partiera del estudio Independiente sobre el tema, elaborado en  cumplimiento       de       la       Resolución       2003/72      –Luis Jonet 1997- y iii) que recogiera  las   opiniones   recibidas   de   los   Estados   y   de   las   organizaciones  intergubernamentales  y  no  gubernamentales.  El  escrito  fue  confiado  a  la  profesora  Diane  Orentlicher  y  presentado  como  Add.1  conjuntamente  con el  informe E/CN.4/2005/102.   

51  T-188-07.   

52  Ibídem.   

53     ARTICULO 25. INDEMNIZACIONES Y COSTAS. Cuando el afectado no  disponga  de  otro  medio judicial, y la violación del derecho sea manifiesta y  consecuencia  de una acción clara e indiscutiblemente arbitraria, además de lo  dispuesto  en  los  dos artículos anteriores, en el fallo que conceda la tutela  el  juez,  de  oficio, tiene la potestad de ordenar en  abstracto    la   indemnización   del   daño   emergente   causado  si  ello  fuere  necesario  para  asegurar  el  goce efectivo del  derecho  así  como el pago de las costas del proceso. La liquidación del mismo  y  de  los  demás  perjuicios  se hará ante la jurisdicción de lo contencioso  administrativo  o ante el juez competente, por el trámite incidental, dentro de  los  seis  meses  siguientes,  para  lo  cual el juez que hubiere conocido de la  tutela remitirá inmediatamente copia de toda la actuación.   

La  condena será contra la entidad de que  dependa  el  demandado  y  solidariamente  contra  éste, si se considera que ha  mediado  dolo  o culpa grave de su parte, todo ellos sin perjuicio de las demás  responsabilidades    administrativas,    civiles   o   penales   en   que   haya  incurrido (Resaltado fuera del texto).   

Si la tutela fuere rechazada o denegada por  el  juez,  éste condenará al solicitante al pago de las costas cuando estimare  fundadamente que incurrió en temeridad.   

Norma  que  examinado su constitucionalidad  por    esta    Corporación    se    concluyó   que:   “Ningún   motivo   de  inconstitucionalidad  encuentra  la Corte en el artículo 25 del Decreto 2591 de  1991,  también  acusado  en este proceso, puesto que  ese  precepto  se  limita  a  indicar  la  natural consecuencia atribuida por el  Derecho,  en  aplicación de criterios de justicia, a la comprobación del daño  que  se  deriva  de  acción  u  omisión  antijurídica,  la  cual no puede ser  distinta  del  resarcimiento  a cargo de quien lo ocasionó, tal como lo dispone  el       artículo       90       de       la       Constitución”(C-543-92)     

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