T-271-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-271-09  

Referencia: expediente T-2119030  

Acción  de  tutela instaurada por Melba Rosa  Díaz  Betancourth  en  representación  de su hijo César Augusto Méndez Díaz  contra el Instituto de Seguro Social, seccional Tolima.   

Procedencia:  Tribunal  Superior  de Ibagué,  Sala Laboral.   

Magistrado Ponente:  

Dr.  Nilson Pinilla  Pinilla.   

Bogotá, D. C., trece (13) de abril de dos mil  nueve (2009).   

La  Sala  Séptima  de  Revisión de la Corte  Constitucional,  integrada  por los magistrados Nilson Pinilla Pinilla, Humberto  Antonio  Sierra  Porto  y  Jorge  Iván  Palacio  Palacio,  en  ejercicio de sus  competencias constitucionales y legales, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA   

en la revisión del fallo proferido en segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  Sala Laboral, dentro de la  acción   de   tutela   instaurada   por   Melba   Rosa   Díaz  Betancourth  en  representación  de  su hijo César Augusto Méndez Díaz contra el Instituto de  Seguro Social, seccional Tolima.   

El asunto llegó a la Corte Constitucional por  remisión  que  hizo  el  mencionado  Tribunal,  en virtud de lo ordenado por el  artículo  32  del Decreto 2591 de 1991; el 9 de diciembre del 2008, la Sala Nº  12 de Selección lo eligió para revisión.   

I. ANTECEDENTES.  

La  accionante  en representación de su hijo  elevó  acción  de tutela en junio 20 de 2008 ante el Juez Laboral del Circuito  de  Ibagué  (reparto),  aduciendo  vulneración  de  los  derechos “a  la  igualdad,  al  mínimo vital, a la seguridad social, a la  salud  y  a acceder a una pensión de invalidez”, por  los hechos que a continuación son resumidos.   

A.   Hechos   y  relato  efectuado  por  la  demandante.   

César  Augusto  Méndez  Díaz  nació  en  septiembre  26  de  1978  y  empezó a cotizar “como  independiente  a pensión ante el ISS” desde enero de  2006 (f. 11 cd. inicial).   

En marzo 14 de 2007, por medio de providencia  proferida  por  el  Juzgado  Tercero  de  Familia  de  Ibagué, fue decretada su  interdicción    provisoria   por   “esquizofrenia  paranoide”,   donde   se  le  privó  de  la  libre  disposición  de   sus  bienes  “incluyendo la  pensión  de  invalidez  que  se  había  tramitado  ante el ISS” y  le  fue nombrada su progenitora Melba Rosa Díaz Betancourth como  curadora provisional.   

Fue   valorado   por    la   Junta  de  Calificación       de       Invalidez,      reconociéndosele      “pérdida  de  su  capacidad laboral en 69.8%, pero su pago quedo  condicionado    a   la   presentación   de  la sentencia de declaración de interdicto y la designación de  guardador”.  Debido  a  la incapacidad, solicitó al  Seguro   Social  la  pensión  de  invalidez,  que  tendría  fundamento  en  su  afección,  pero  mediante  Resolución  001576 de 2008, la entidad “le  negó la pensión de invalidez, por no reunir los requisitos  exigidos  en  el  Art. 1ª de la Ley 860 de 2003” (f.  11 ib.).   

Señala que “en la  actualidad  mi  hijo no tiene otro medio de subsistencia diferente a la pensión  de   sobreviviente  y  la  suscrita,  vive  de  lo  poco  que  gana  como  madre  comunitaria”  en el Corregimiento de San Bernardo de  Ibagué  “toda  vez  que  los  aportes dados por el  Bienestar  Familiar  son  muy  escasos  y  no  poseo  otro  medio  económico de  apoyo”.   

B.  Documentos  relevantes cuyas copias obran  dentro del expediente.   

Además  de  la  demanda  (fs.  11  a  14 cd.  inicial)  aparece  la decisión del Juzgado 3° de Familia en agosto 14 de 2007,  decretando   la  interdicción  provisoria  de  César  Augusto  Méndez  Díaz,  designando  como  curadora  provisional  a  su  progenitora  (fs. 3 y 4 ib.), la  valoración  médico  laboral  del  Seguro  Social,  en  septiembre  2  de 2002,  diagnosticando             “esquizofrenia  paranoide”  (f.  5  ib), así mismo copia del carné  del  Seguro  Social  y  del Sisben (fs. 6 y 7 ib.). También obra la Resolución  emitida  por  el  Instituto de Seguros Sociales, Seccional Risaralda, negando la  pensión de invalidez (f. 9 ib.).   

C. Sentencia de primera instancia.  

Mediante  sentencia  de  julio 11 de 2008, el  Juzgado  Quinto  Laboral  del  Circuito  de Ibagué denegó el amparo, estimando  (fs. 26 a 28 ib., transcripción textual):   

“…   en  el presente caso se tiene  que  el accionante no ha agotado la jurisdicción ordinaria, que es la llamada a  dirimir  este  asunto,  por  cuanto  no tiene el juez de tutela los información  necesaria  que  le  puedan  dar  certeza  sobre  la  normatividad  aplicable  al  caso.”   

D.  Comunicación  proferida  por  el  Seguro  Social, Seccional Tolima.   

En  julio  16 de 2008, por medio de oficio el  Gerente Seccional de la entidad demandada, señaló:   

“… la solicitud de pensión de Invalidez  de  origen  común  del asegurado del asunto fue Resuelta negativamente mediante  Resolución  N°  001576 del 28/02/2008 y notificada a la curadora del asegurado  Melba  Rosa Díaz B., el 4/04/2008, contra ella no se interpusieron los Recursos  de  Ley encontrándose a la fecha debidamente ejecutoriada.   

Es  de  aclarar  que  de  acuerdo  a  los  artículos  38 de la Ley 100/1993 y 1° de la Ley 860/2003, para tener derecho a  la  pensión  de  Invalidez  de origen común, se requiere además de haber sido  declarado(a)  invalido(a), tener el 20% de fidelidad de cotización al sistema y  50   semanas   de   cotización  en  los  3  años  anteriores  a  la  fecha  de  estructuración  de  la  Invalidez,  revisando  el  expediente  se  encontró lo  siguiente:   

Fecha  de  Estructuración  de  Invalidez:  2007-02-01   

Semanas  en  los  3 años anteriores: Entre  2004-02-02 a 2007-02-01 = 49 (Requeridas 50)   

Fidelidad  al  sistema:  Entre 26-09-1998 a  27-03-2007  = 57 semanas (Requeridas 86).” (F. 34 cd.  inicial.)   

E. Impugnación.  

“…  es  claro  que en el caso objeto de  Tutela,  el  vinculo existente entre el derecho prestacional que reclama mi hijo  y  la  efectividad  de  sus derechos fundamentales se torna más estrecho, en la  medida  en  que  el reconocimiento de la pensión de invalidez que se demanda es  la  única forma en la que podría obtener los recursos necesarios para su digna  subsistencia  y,  adicionalmente, por cuanto de esa manera es posible garantizar  que  continúe recibiendo los servicios médicos que demanda la grave enfermedad  que  padece  ;  gastos  que  hoy  están  siendo  cubiertos en lo básico por la  suscrita  y el núcleo familiar pero que, en todo caso, y dada la gravedad de su  padecimiento,   no  pueden  quedar  sujetos  a  la  eventualidad  de  que  ésta  situación se mantenga.   

En este escenario, si bien es cierto que las  normas  vigentes  prevén  que  frente a este tipo de controversias proceden los  mecanismos  ordinarios  de  defensa en la jurisdicción ordinaria laboral, en el  caso  bajo  examen es evidente que estos medios no resultan eficaces para lograr  la  protección  expedita,  idónea e integral de los derechos fundamentales del  accionante…”     (Fs.     40     y    41    cd.  inicial.)   

F. Sentencia de segunda instancia.  

El Tribunal Superior de Ibagué, Sala Laboral,  mediante  providencia  de  agosto  25  de 2008 confirmó la decisión recurrida,  realizando consideraciones como las siguientes:   

“… en el presente caso, avizora la Sala,  que  el  señor  Méndez  Díaz  se  encuentra  en  una  situación de debilidad  manifiesta,  por  no  estar  apto  para laborar, no contar con otros medios para  procurar   su  congrua  subsistencia  –suministro   de   medicamentos,  tratamientos  necesarios  para  su  enfermedad,   etc.-,  y  que  la  persona  de  la  que  depende  económicamente  –la  aquí  accionante-  tampoco  cuenta  con  ingresos  suficientes  para ello; además, que la falta de  ingreso  comporta, la presunción de afectación al mínimo vital; no es posible  otorgar   el   amparo  constitucional  deprecado  por  la  accionante,  por  las  siguientes razones:   

Media incertidumbre respecto de la fecha en  que  se  estructuró  la  invalidez del hijo de la peticionaria. Pues si bien el  Instituto  de  Seguros  Sociales,  da  cuenta, que tal se estructuró en el año  2007  –luego de la entrada  en  vigencia  la  ley 860 de 2003- media documento visto a folio 5 que evidencia  que  el  hijo de la actora, ya presentaba una pérdida de capacidad para laborar  en el año 2002.   

Empero,  la  referida  incertidumbre  no se  podría  resolver  a  favor de la accionante, pues no se tiene certeza que en el  año  2002  el  señor  Méndez  Díaz  haya  estado  afiliado como cotizante al  sistema  general  de  seguridad  social  en  pensiones;  máxime  que  la actora  denunció  en  el  hecho  3°  de  la  petición  de  amparo, que su hijo había  comenzado  a  cotizar  como  trabajador independiente en el año 2006. Y solo se  avista  –a  folio  6- un  carné  que  informa que el referido Méndez Díaz estaba afiliado a salud, como  beneficiario     de     la    actora    en    el    año    1999    –luego  de haber cumplido los 18 años  de edad-.   

A  su  vez,  se  advierte,  que  sólo  se  peticionó  la  pensión  de invalidez a favor de Méndez Díaz, hasta abril del  año 2007 (v. fl. 32).   

De  otro  lado,  si  bien  es cierto que la  jurisprudencia   constitucional  tiene  establecido  que  la  ley  860  de  2003  incrementó  los requisitos para acceder a la pensión de invalidez y no previó  un  régimen  de  transición  al  introducir ese cambio normativo, y con tal se  afectó  de forma directa los derechos de los afiliados, en especial a los de la  tercera  edad,  no  se puede echar de lado, que como requisito de procedibilidad  de  la  acción de tutela, y consecuente inaplicación de la reforma introducida  por     la     mentada     ley,     debe     establecerse    una    ‘proximidad cierta entre el momento de  la   estructuración   de   la   invalidez  y  el  cambio  normativo’.   

En  el caso de autos, si se tiene en cuenta  lo  dictaminado por la Junta Regional de Calificación de Invalidez –referencia    realizada    en    la  resolución  No  001576  de  2008- cuestión no refutada por la peticionaria, la  invalidez  de  señor Méndez Díaz de un 53% se estructuró a partir del 1° de  febrero  de  2007,  esto es, luego de transcurridos más de 3 años de entrar en  vigencia   la   ley   860   de  2003  –vigencia  que  se  dio  el  26 de diciembre de 2003-; por lo que la  proximidad  cierta, que se exige para la eventual inaplicación de la norma, que  encuentra  la  Corte  regresiva,  no  se  da en el caso bajo examen. Y a primera  vista,  la  aplicación  del  nuevo  régimen,  no  resulta desproporcionado. No  procediendo  por  vía  de tutela, que se ordene al ISS el reconocimiento y pago  de  la  pensión  de invalidez a favor del hijo de la accionante, con base en el  régimen   anterior,   consagrado   en   el  artículo  39  de  la  ley  100  de  1993.   

Reiterándose,  la proximidad cierta, entre  la  fecha  de  estructuración de la invalidez y el cambio normativo introducido  por  la  ley  860 de 2003, es un supuesto necesario, para que el Juez de Tutela,  proceda  de  la  forma  que  lo requiere la peticionaria, y al no denotarse tal,  resulta imposible acceder al amparo.”   

G.  Pruebas solicitadas por la Sala de Revisión.   

Dados los alcances del asunto, la Corte optó  por  reforzar  y  actualizar la información, por lo cual mediante auto de marzo  10  de  2009,  se  solicitó  a  la Junta Nacional de Calificación “información  completa  sobre  la  fecha  de  estructuración  y  evaluación   técnica   científica   del   grado   de  pérdida  de  capacidad  laboral”  (f. 9 cd. Corte) de César Augusto Méndez  Díaz;  al  Seguro  Social, “copia de la valoración  médico      laboral,      donde     se     diagnosticó     la     ‘esquizofrenia  paranoide’…  de  igual  forma  remita  copia  íntegra  de  la  relación  de  aportes  como cotizante al sistema de seguridad  social,  pensiones”. Así mismo, se dispuso oficiar a  la  señora  Melba  Rosa Díaz para que “informe las  razones  por  las  cuales  no  recurrió  contra la Resolución proferida por el  Seguro  Social,  que  negó  la  pensión  de invalidez a su hijo”.   

1.  En marzo 20 de 2009, dando cumplimiento a  lo  ordenado  por  esta  corporación, el Gerente del Seguro Social envió copia  del  dictamen  médico  laboral  de  César Augusto Méndez Díaz, detallando el  diagnóstico        como        “Esquizofrenia  Paranoides”, con pérdida de capacidad laboral total  de  “53.95%” y fecha de  estructuración  de  invalidez  en  febrero  1°  de  2007.  (fs.  19  a  21 cd.  Corte).   

2. La señora Melba Rosa Díaz Betancourth en  marzo   20   del  mismo  año,  en  relación  con  lo  requerido,  afirmó  que  “no interpuse ningún recurso contra la resolución  001576  de  2008 que negó la pensión de invalidez a mi hijo incapaz por cuanto  resido  en  una Inspección de Policía denominada San Bernardo del Municipio de  Ibagué  distante  a  dos  horas  y cuando se me notificó en el mes de abril de  2008  simplemente  se  me  entregó  una copia de la resolución y no se me dijo  nada  al  respecto  y  como  soy  una persona de escasa educación, no sabia que  tenía  que  presentar  algún  escrito sobre esa resolución y por ello decidí  presentar   la   tutela   a   fin  de  obtener  justicia  para  el  caso  de  mi  hijo” (f. 23 ib.).   

II.    CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE  CONSTITUCIONAL.   

Primera. Competencia.  

Corresponde   a   la  Corte  Constitucional  analizar,  en  Sala  de  Revisión,  el  fallo proferido dentro de la acción de  tutela  en  referencia,  con  fundamento  en  los  artículos  86  y 241-9 de la  Constitución y 31 a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

Segunda. Lo que se debate.  

La  accionante en representación de su hijo  César  Augusto  Méndez  Díaz interpone acción de tutela al considerar que el  Seguro  Social,  Pensiones,  ha vulnerado los derechos fundamentales de su hijo,  al  haberle  negado la posibilidad de obtener el reconocimiento a la pensión de  invalidez,    a    la    cual    tiene   derecho   como   consecuencia   de   su  padecimiento.   

Por  tanto,  una  vez recaudadas las pruebas  requeridas,    esta    Sala   decidirá   si   el   caso   amerita   la   tutela  invocada.   

Tercera.  Procedencia  excepcional  de la acción de tutela para  el reconocimiento de la pensión de invalidez.   

Sobre el derecho a la pensión de invalidez ha  señalado          esta         corporación1,          “en  los  eventos  en  que  el derecho a la pensión de invalidez  adquiere  relevancia constitucional y se convierte en un derecho fundamental por  su  conexidad  con  la  protección de otros derechos fundamentales, el afectado  puede  solicitar su reconocimiento y pago mediante el ejercicio de la acción de  tutela  como  mecanismo transitorio para evitar el perjuicio irremediable que se  configuraría  de  obligarlo  a  agotar  los  mecanismos ordinarios, mientras no  cuenta   con   recursos  que  garanticen  su  subsistencia  digna  y  la  de  su  familia”.   

En el mismo sentido, también se aprecia en la  jurisprudencia             constitucional2      que      “el   derecho  al  reconocimiento  de  la  pensión  de  aquellas  personas  que  se  encuentran  en estado de invalidez, adquiere la condición de  derecho  fundamental  por  su  conexidad con el derecho a la vida”; además:   

“De  esta manera en razón a la invalidez  que  tiene  la  persona,  ésta  se  encuentra  en un estado de indefensión que  merece  una especial protección, pues resulta muy difícil considerar que pueda  encontrar  otra  fuente  de  ingresos  diferente  a  su  pensión,  con  la cual  garantice  su  derecho  al  mínimo vital. En relación con la procedencia de la  acción  de  tutela  en  casos  en  donde el no reconocimiento de la pensión de  invalidez transgrede el mínimo vital, la Corte ha dicho:   

‘Cuando  la  autoridad   pública   o  el  particular  encargado  de  prestar  los  servicios  inherentes  a  la  seguridad social la vulneran, al privar arbitrariamente a una  persona  de  la  pensión  de  invalidez  que  le permite su digna subsistencia,  están  sometidos a la jurisdicción constitucional en cuanto amenazan de manera  directa  derechos  constitucionales,  por  lo  cual la controversia acerca de la  correspondiente  protección  judicial  no debe darse en el plano de la ley sino  en  el nivel superior de la normatividad fundamental. De allí que tenga validez  en  tales  casos  la  acción  de  tutela,  si  falta un mecanismo ordinario con  suficiente  aptitud  y  eficacia  para  imponer  de  manera  inmediata el debido  respeto        a        los        preceptos        constitucionales’.”  (T-138  de febrero 17 de 2005, M. P. Humberto Antonio Sierra Porto.)   

Así,  está visto que tal derecho constituye  una  garantía para quienes han sufrido un detrimento en su capacidad laboral y,  como  consecuencia,  no  están en condiciones de procurarse los medios básicos  de  subsistencia.  En  efecto,  en razón de la invalidez que tiene la persona y  por  su  estado  de  debilidad  manifiesta  (art.  13  y  48 Const.), merece una  protección  especial, por la imposibilidad de encontrar otra fuente de ingresos  con la cual se garantice su acceso al mínimo vital.   

De  igual  manera  en  sentencia  T-1291  de  diciembre  7  de  2005,  M.  P. Clara Inés Vargas Hernández, se indicó:    

“Específicamente     acerca    del  reconocimiento   y   pago   de  una  pensión,  esta  Corporación  ha  aceptado  reiteradamente  que  la  tutela  constituye  un  medio  legítimo  en el cual se  protegen  por  conexidad  derechos fundamentales como la igualdad, la vida y los  derechos  del trabajador. Tenemos entonces que es tangible la vocación asignada  al  amparo  constitucional  cuando  se presenten conflictos en el funcionamiento  del  sistema de seguridad social y se ponga en peligro, por conexidad, cualquier  derecho  fundamental.   Es necesario identificar entonces, cuáles han sido  algunas  de  las  directrices  planteadas  por  esta  Corporación, cuando en la  aplicación  de  las  normas  que  definen  este  sistema,  se vulneren derechos  fundamentales.   

…       …    …   

Concluimos entonces que por regla general, a  partir  de  los  derechos  prestacionales  no  es  posible encauzar pretensiones  subjetivas  a  través  de la tutela, salvo que el desconocimiento de cualquiera  de   aquellos   vulnere   de   manera   manifiesta   y   directa   los  derechos  fundamentales.    A   partir   de  tal  fenómeno  se  podrá  predicar  la  transmutación  del  derecho  social  hacia una realidad concreta en favor de un  sujeto específico, merecedora de ser protegida por este medio.”   

Por  tanto,  las  autoridades deben actuar en  concordancia  con  tal  situación  de  debilidad  y  obrar con diligencia en la  atención  del  disminuido,  a  quien  correlativamente  se le debe asegurar ese  derecho  al  mínimo  vital,  esto  es,  la  provisión  de unas condiciones que  permitan   la   subsistencia,   donde   sus   necesidades   inalienables  estén  satisfechas,  todo  enmarcado  dentro  del  fundamental  concepto de la dignidad  humana.   

Cuarta.   Tránsito   legislativo   en   el  cumplimiento  de  los  requisitos  para  acceder  a  la  pensión  de invalidez.  Reiteración de jurisprudencia.   

Esta corporación ha reiterado su criterio en  relación  con  el  tránsito  legislativo  sobre los requisitos para obtener la  pensión            de           invalidez3            (negrilla  original):   

“…  la  normatividad  ahora  vigente,  Ley   860   de   20034,   exige   además   de   la  calificación  de  invalidez,  que  la  persona  haya  cotizado  cincuenta  (50)  semanas dentro de los tres  (3)  años inmediatamente anteriores a la fecha de estructuración del estado de  invalidez     y     que     su     fidelidad    de  cotización  para  con  el  sistema, sea al menos del  veinte  por  ciento  (20%)  del  tiempo  transcurrido  entre  el  momento en que  cumplió  veinte años de edad y la fecha de la primera calificación del estado  de  invalidez,  regulación  que,  según  se  observó, para esta Corte resulta  regresiva  en materia de seguridad social en pensiones, porque establece mayores  requisitos para gozar de la pensión de invalidez.   

Con  la modificación incorporada por medio  de  la  Ley  860  de  2003,  los  requisitos  para  acceder  a  la  pensión  de  sobrevivientes  resultan  más  estrictos  en  relación  con los establecidos originalmente en el artículo  39  de  la  Ley  100  de  1993,  debido  a  la  creación de una nueva exigencia  -fidelidad  de  cotización  al  sistema-  y  al incremento de la intensidad del  requisito  previo  -50  semanas de cotización, en vez de 26-. Al respecto se ha  considerado5,  que  si bien esa disposición es de aplicación general, el juez  de  tutela  debe atender el hecho incontrovertible según el cual su aplicación  ha  de  afectar  de  manera directa a un grupo específico de la población que,  según   disposiciones   constitucionales   ya   reseñadas,   merece   especial  protección: los discapacitados.   

Es  así  como en decisiones de tutela esta  corporación,  dadas  las  circunstancias  particulares  del caso analizado y en  aplicación  al  principio superior de progresividad de los derechos económicos  y   sociales,   ha   considerado  pertinente  seguir  aplicando  los  requisitos  establecidos  originariamente en la Ley 100 de 1993 (art. 39), por considerarlos  más  favorables  al  solicitante,  en  la  medida  en  que para acceder a dicha  pensión  la  referida  disposición  es  beneficiosa,  al exigir simplemente la  calificación  de  la  situación  de invalidez sumada al cumplimiento de uno de  dos  requisitos: a) que el afiliado se encuentre cotizando al régimen y lo haya  realizado  por  lo  menos  durante  veintiséis  (26)  semanas,  al  momento  de  producirse  el  estado  de  invalidez;  b)  que  habiendo  dejado  de cotizar al  sistema,  hubiere  efectuado  aportes  durante  por  lo  menos  veintiséis (26)  semanas  del  año  inmediatamente  anterior  al  momento  en que se produzca el  estado de invalidez.”   

A  este  propósito,  puede  confrontarse  lo  expuesto  en  las  providencias  T-1291 de 2005 (diciembre 7), M. P. Clara Inés  Vargas  Hernández;  T-221  de 2006 (marzo 23), M. P. Rodrigo Escobar Gil; T-043  de  2007  (febrero  1°),  M.  P. Jaime Córdoba Triviño y T-580 de 2007 (julio  30),  M. P. Humberto Antonio Sierra Porto, entre otras, en las cuales se ordenó  a  las  distintas  entidades  accionadas el reconocimiento del derecho a la  pensión  de  invalidez, dando aplicación al régimen original de la Ley 100 de  1993, concluyéndose en el mencionado fallo T-145 de 2008:   

“…  no  hay razón para aplicar al caso  del   accionante…,  las  disposiciones  resultantes  del  tránsito  normativo  operado  en  virtud  de la Ley 860 de 2003, dada la cercanía en el tiempo entre  la  fecha  en  que  se estructuró su invalidez y la modificación normativa que  impuso   condiciones  más  estrictas  para  el  reconocimiento  y  pago  de  la  prestación  por  él  solicitada;  así mismo, acreditó el cumplimiento de las  condiciones   previstas   originalmente   en   la   Ley  100  de  1993  para  el  reconocimiento   de   la   pensión   de  invalidez,  habiendo  además  agotado  oportunamente  en  sede  administrativa los medios de impugnación a su alcance,  sin  que  pudiera  exigírsele  para  la  procedencia  de la tutela que también  actuare   ante   las  instancias  judiciales  competentes,  por  ser  una  carga  desproporcionada   para   él   en  razón  de  sus  condiciones  personales  de  indefensión.”   

Ha  señalado  esta  corporación dos reglas  fundamentales   que   limitan   la  libertad  de  configuración  normativa  del  legislador,      en      el     ámbito     bajo     análisis:     i)  en  desarrollo  de  los principios de  progresividad  del derecho a la seguridad social en pensiones y de favorabilidad  del  trabajador,  la  ley  posterior  que amplíe la cobertura del derecho, debe  aplicarse   en   forma   preferente,  ii)  en  atención  a  los  principios  de  seguridad  jurídica  y  de  confianza  legítima, la ley posterior que restrinja el derecho a la pensión de  invalidez  o  que  regule  los  requisitos  para  acceder  a  ella en forma más  estricta  respecto  de  los  que  había  señalado  la  norma  que  deroga,  es  prima       facie  inaplicable.   

De  lo anteriormente expuesto puede colegirse  que  la  modificación  introducida  por  la  Ley  860 de 2003, estableció unos  requisitos  más  estrictos  para acceder a la pensión de invalidez, por cuanto  aumentó  el  número de semanas de cotización requeridas en el artículo 39 de  la  Ley  100, y estableció una exigencia de fidelidad  adicional,  resultando incompatible con los principios  de favorabilidad laboral y progresividad de los derechos sociales.   

A  la luz de las consideraciones precedentes,  procede  esta  Sala  de  Revisión  a solucionar la pretensión de amparo por la  cual fue promovida la acción de tutela de la cual ahora se ocupa.   

Quinta. El caso concreto.  

La  señora  Melba  Rosa Díaz Betancourth en  representación  de  su hijo César Augusto Méndez Díaz solicitó el amparo de  sus  derechos  fundamentales  “a  la  igualdad,  al  mínimo  vital,  a la seguridad social, a la salud y a acceder a una pensión de  invalidez”,  presuntamente  vulnerados por el Seguro  Social,  al  no  reconocerle  la  pensión  de  invalidez  a la que afirma tiene  derecho  con  ocasión  a  su  padecimiento.  La  entidad  demandada negó dicha  prestación  social,  bajo  el  argumento de que “de  acuerdo  a  los  artículos 38 de la Ley 100/1993 y 1° de la Ley 860/2003, para  tener  derecho  a la pensión de Invalidez de origen común, se requiere además  de   haber  sido  declarado(a)  inválido(a),  tener  el  20%  de  fidelidad  de  cotización  al  sistema y 50 semanas de cotización en los 3 años anteriores a  la      fecha     de     estructuración     de     la     Invalidez.”   

Es  primordial  tener en cuenta que es deber  del  Estado  otorgar  protección  especial  a  las personas que por padecer una  enfermedad   mental   están  en  circunstancias  de  indefensión  y  debilidad  manifiesta,   estipulado   esto   dentro   de  los  parámetros  basados  en  la  Constitución  Política  (art. 13, inciso final, Const.), frente a lo cual esta  corporación   (T-378   de   1997,   M.   P.   Eduardo   Cifuentes   Muñoz)  ha  señalado:   

“…  la  necesidad  de  brindar un trato  especial  a  las  personas  discapacitadas y ha señalado que la omisión de ese  trato  especial puede constituir una medida discriminatoria. Ello, por cuanto la  no  aplicación  de  la  diferenciación  positiva  en  el  caso de las personas  discapacitadas   permite   que   la   condición   natural   de   desigualdad  y  desprotección  en  que  se  encuentran se perpetúe, situación que les impide,  entonces,  participar  e integrarse en las actividades sociales, para poder así  ejercer sus derechos y responder por sus obligaciones.”   

En  igual  sentido,  en  sentencia  T-848  de  octubre  12  de  2007,  M. P. Nilson Pinilla Pinilla, la Corte consideró que se  debe  “otorgar a los minusválidos un trato desigual  más  favorable  y  por  consiguiente  preferir  y  aplicar  las  normas que los  protegen  sobre las normas de carácter general, en razón del carácter tuitivo  de las primeras”.   

Por  ello,  la  vulneración  de los derechos  fundamentales  del  interdicto  que  emana  del  tránsito  normativo operado en  virtud  de  la  entrada  en  vigencia de la Ley 860 de 2003 (disposición que ha  sido    calificada    de    regresiva   por  la  jurisprudencia  constitucional6   

),  al establecer una serie de requisitos que  dificultan  el  acceso  a  la  pensión de invalidez, lo perjudica, en tanto una  persona   como   el  señor  Méndez  Díaz  puede  no  satisfacer  las  mayores  exigencias,  que  sí  cumplía  frente  al  texto  inicial  de  la  Ley  100 de  1993.   

En  el caso que se revisa, la aplicación del  nuevo   régimen  de  la  pensión  de  invalidez  (Ley  860  de  2003)  resulta  desproporcionado,  tomando  como  base  la  primera comunicación emitida por el  Seguro  Social,  puesto que, habiendo sido declarado inválido, con cotizaciones  por  un total de 49 semanas (f. 34 cd inicial) dentro de los últimos tres años  anteriores  a la fecha de estructuración de la invalidez (febrero 1° de 2007),  también  se  le  exige  una  cuota  de fidelidad al sistema de seguridad social  correspondiente  al  20%  del  tiempo  de  cotización,  transcurrido  desde  la  estructuración  de  la  invalidez,  que  altera  la justa expectativa de César  Augusto    Méndez    Díaz    de    adquirir   el   derecho   a   obtener   una  pensión.    

Así, al señor César Augusto Méndez Díaz,  por   la  “esquizofrenia  paranoides”  que  padece,  se  le  determinó pérdida de capacidad laboral del  53.95%,  según  dictamen  médico  laboral de marzo 27 de 2007 proferido por el  Seguro  Social),  pensiones  (f.  20  cd.  Corte).  Por  ello, está demostrado,  (i)  que no hay fundamentos  suficientes  que  justifiquen  disminuir el nivel de protección del derecho del  inválido;  y  además  (ii)  existe   intensa   afectación  de  sus  derechos,  siendo  sujeto  de  especial  protección.   

Por todo lo anterior la Sala concluye, en el  caso  concreto,  que  la  negativa de reconocimiento de la pensión de invalidez  del  señor César Augusto Méndez Díaz por parte del Seguro Social, Pensiones,  fundada  en  el  artículo  1°  de  la  Ley  860  de 2003, resulta injustamente  contraria  a  sus  derechos  fundamentales,  por  lo cual revocará la sentencia  proferida  el  25  de  agosto  de 2008 por el Tribunal Superior de Ibagué, Sala  Laboral,  que  a su turno confirmó la dictada por el Juzgado Quinto Laboral del  Circuito  de Ibagué el 11 de julio del mismo año, en cuanto denegó la acción  de  tutela,  la  cual  será  concedida  en  forma  definitiva dado su estado de  discapacidad.    

En  consecuencia,  se ordenará al instituto  que  en  este  ámbito  asuma  las  funciones  del  ISS  que,  a  través  de su  representante  legal  o quien haga sus veces, si no lo ha realizado y atendiendo  lo  dispuesto  en  esta  providencia,  expida  una  nueva  resolución  sobre el  reconocimiento  de  la  pensión  de  invalidez de César Augusto Méndez Díaz,  aplicando  al  efecto  la  versión  original  del artículo 39 de la Ley 100 de  1993.   

III. DECISIÓN.  

En mérito de lo expuesto, la Sala Séptima de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE  

Primero:  REVOCAR la  sentencia  proferida  en  agosto 25 de 2008 por el Tribunal Superior de Ibagué,  Sala  Laboral,  confirmatoria  de la dictada en julio 11 de 2008, por el Juzgado  Quinto  Laboral  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, que denegó la acción de  tutela  interpuesta en representación de César Augusto Méndez Díaz contra el  Seguro    Social,    Pensiones.   En   su   lugar,   se   dispone   CONCEDER la tutela impetrada.   

Segundo:         ORDÉNASE al instituto que en este ámbito  haya  asumido  las  funciones  del  ISS  que,  en el término de diez (10) días  contados  a  partir de la notificación de esta sentencia, si no lo ha realizado  a  través  de  su  representante  legal  o  quien haga sus veces, atendiendo lo  dispuesto   en   esta   providencia,  expida  una  nueva  resolución  sobre  el  reconocimiento  de  la  pensión  de  invalidez de César Augusto Méndez Díaz,  según lo ordenado en la parte motiva de este fallo.   

Tercero:   Por  Secretaría     General,    LÍBRESE    la  comunicación  a que se refiere el artículo 36 del Decreto 2591  de 1991.   

Notifíquese,  comuníquese,  publíquese  e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional. Cúmplase.   

NILSON PINILLA PINILLA  

Magistrado  

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Magistrado  

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO  

Magistrado  

MARTHA     VICTORIA     SÁCHICA     DE  MONCALEANO   

Secretaria General    

1  T-1128 de noviembre 3 de 2005, M. P. Clara Inés Vargas Hernández.   

2 T-138  de febrero 17 de 2005, M. P. Humberto Antonio Sierra Porto.   

3 T-145  de 2008 (febrero 18), M. P. Nilson Pinilla Pinilla.   

4 Nota  de   pie  de  página  en  el  texto  citado:  “Con  anterioridad,  la  Ley 797 de 2003 había modificado los requisitos para acceder  a  la  pensión  de  invalidez.  Dicha  ley  fue  declarada inexequible por esta  corporación  en  sentencia  C-1056  de noviembre 11 de 2003, debido a vicios de  procedimiento en su formación.”    

5 T-580  de 2007 (julio 30), M. P. Humberto Antonio Sierra Porto.   

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