T-339-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-339-09  

LEGITIMACION   POR   ACTIVA  Y  PROCESO  DE  RESTITUCION  DE INMUEBLE-Caso en que los demandantes no  se  hicieron  parte  en  el  proceso y tampoco se ve de qué manera sus derechos  resultaron conculcados con las decisiones judiciales   

Por  regla  general, quienes no sean parte ni  intervengan  en  un  determinado proceso, carecen de legitimidad para cuestionar  en  sede  de  tutela  alguna  actuación  que dentro de él se produzca u omita,  salvo  en  casos  excepcionales  en  los  que, pese a su calidad de terceros, se  genere  una directa y específica afectación en contra de sus derechos. Debe la  Sala  verificar,  en  primer  término,  si  la  acción de tutela cumple con el  presupuesto   de   legitimación  por  activa  exigido  para  acudir  ante  esta  jurisdicción,  determinación  que,  como  se  ha dicho, resulta necesaria para  establecer  la  procedencia de la misma cuando la acción es interpuesta por una  persona  diferente  a las partes que intervienen en el proceso judicial del cual  habría  emanado  la  afectación de los derechos fundamentales reclamados. Ello  por  cuanto, tal como bien lo expusieron las Salas Civiles del Tribunal Superior  de  Cali  y de la Corte Suprema de Justicia en los fallos de instancia dentro de  esta  acción  de tutela, mal puede alegar quebramiento del debido proceso quien  no  interviene  en  el  respectivo diligenciamiento. En este caso los actores no  sólo  no  se  hicieron  parte  dentro  de  ese  proceso  (el de restitución de  inmueble  arrendado),  sino  que  tampoco se aprecia de qué manera sus derechos  estén  siendo  conculcados  con  las  decisiones  judiciales  tomadas dentro de  aquel,  todo  lo  cual incide en el ámbito de la presunta violación al derecho  de acceso a la administración de justicia.   

Referencia: expediente T-2106102.  

Acción  de  tutela  instaurada  por  César  Leonardo  Tafur  González,  actuando  a  nombre  propio  y Luis Fernando Estela  Marchant  en  representación  de  la sociedad Estela Marchant & Cia. Ltda.,  contra el Juzgado Quinto Civil del Circuito de Cali.   

Procedencia:  Corte Suprema de Justicia, Sala  de Casación Civil.   

Magistrado Ponente:  

Dr. NILSON PINILLA PINILLA  

Bogotá,  D.  C., ocho (8) de mayo de dos mil  nueve (2009).   

La  Sala  Séptima  de  Revisión de la Corte  Constitucional,  integrada  por los magistrados Nilson Pinilla Pinilla, Humberto  Antonio  Sierra  Porto  y  Jorge  Iván  Palacio  Palacio,  en  ejercicio de sus  competencias constitucionales y legales, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA   

en  la revisión del fallo dictado en segunda  instancia  por  la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, dentro de  la  acción  de  tutela instaurada por César Leonardo Tafur González, actuando  en  su  propio nombre, y Luis Fernando Estela Marchant, en representación de la  sociedad  Estela  Marchant  & Cia. Ltda., contra el Juzgado Quinto Civil del  Circuito de Cali.   

El asunto llegó a la Corte Constitucional por  remisión  que  hizo  aquella  corporación,  en  virtud  de  lo ordenado por el  artículo  32  del Decreto 2591 de 1991; el 29 de enero de 2009 la Sala Nº 1 de  Selección lo eligió para revisión.   

I. ANTECEDENTES.  

Los señores César Leonardo Tafur González,  actuando  en  nombre propio, y Luis Fernando Estela Marchant, en representación  de  la  sociedad Estela Marchant & Cia. Ltda., elevaron acción de tutela en  agosto  14  de  2008,  ante  el Tribunal Superior de Cali, Sala Civil, aduciendo  vulneración  de los derechos al debido proceso y de acceso a la administración  de justicia, por los hechos que a continuación son resumidos.   

A.   Hechos  y  relato  efectuado  por  los  demandantes.   

En  julio  12  de 2007, César Leonardo Tafur  González,  quien  para  la  época  era  miembro  de  la  Junta Directiva de la  Sociedad  Plaza  de  Toros de Cali, inició proceso abreviado de impugnación de  actas   en   contra   de   esa   sociedad   al   considerar   que   “era  contrario  a derecho” lo aprobado  por  la  respectiva  junta directiva “en el literal D  del  punto 5 del acta No. 356” de mayo 22 de 2007, en  el    que    se    ordenó   al   presidente   de   esa   empresa   “adelantar  todas  las  acciones  judiciales  necesarias contra la  Fundación  Plaza  de Toros de Cali, por el presunto incumplimiento del contrato  de  arrendamiento  celebrado  entre  las partes”; por  ello   “solicitó  al  juzgado  de  conocimiento  la  suspensión  provisional del acto impugnado” (fs. 1 y  2 cd. inicial).     

Mediante auto de agosto 31 de 2007, el Juzgado  Cuarto  Civil  del  Circuito  de  Cali,  después de fijar caución “por  la  suma  de  veintinueve  millones de pesos… a efectos de  garantizar  los  perjuicios  que se pudiesen causar a la Sociedad Plaza de Toros  de  Cali S.A.”, admitió dicha demanda, decretó como  medida  cautelar  lo pedido por el señor Tafur y ordenó al representante legal  de  la  entidad  accionada  “se  abstenga de iniciar  cualquier  acción  legal  en  contra de la Fundación Plaza de Toros de Cali, o  que  de  haberse  iniciado,  proceda  inmediatamente a retirarla hasta cuando se  decida  de  fondo  sobre lo demandado en este asunto”  (f. 2 ib.).   

En  octubre  10  de  2007  el apoderado de la  sociedad  se  notificó  del  auto  admisorio de la demanda, decisión contra la  cual  interpuso  recurso de reposición, el cual fue denegado por providencia de  enero  30  de 2008, por cuanto “la omisión por parte  del  actor  al  no  indicar  en  la demanda las normas violadas con la decisión  adoptada  por  la  junta  directiva  (…)  no  es un requisito formal, que deba  exigirse  para  su  admisión,  sino un aspecto que atañe al fondo del asunto y  que   debe  ser  objeto  de  debate  y  valorado  al  proferir  la  sentencia”  (f. 29 ib.).   

Por otra parte, la Sociedad Plaza de Toros de  Cali,  en  diciembre  7  de  2007  incoó  proceso  abreviado de restitución de  inmueble  arrendado  contra  la Fundación Plaza de Toros de la misma ciudad; el  19  del  mismo  mes  y  año el aquí demandante César Leonardo Tafur González  envió   al   juez   de   conocimiento  de  este  último  proceso  “copia   auténtica   del   auto   admisorio   de  la  demanda  de  impugnación  de  actos  de  junta  directiva y del oficio… de 31 de agosto de  2007,  con constancia de recibo”, emanado  del  Juzgado  Cuarto Civil del Circuito,  donde  se  ordenaba  “abstenerse de iniciar acciones  judiciales    contra    la    Fundación”   (f.   3  ib.).   

Mediante auto de enero 14 de 2008, el Juzgado  Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cali  admitió  la  demanda de restitución de  inmueble     arrendado,     ordenando     “prestar  caución”  y  “practicar  medidas  cautelares  a  la  parte  demandante  por  la  suma  de $90’000.000”  (f. 4 ib.).    

En febrero 15 de 2008, el Juzgado Cuarto Civil  del  Circuito  de  Cali  informó  a  su  homólogo  Quinto  de  la misma ciudad  “que  en  ese  despacho  cursa  proceso abreviado de  impugnación  de  actos  de  asamblea  y que se decretó como medida cautelar la  suspensión  de lo aprobado  en  el  literal  D  del  punto  5  del  acta  356  de  fecha 22 de mayo de 2007,  ordenándole   al  representante  legal  de  la  sociedad  demanda  (sic)      abstenerse     de  adelantar  cualquier  acción Judicial  contra  la  Fundación  Plaza de Toros” (f. 4 ib., se  encuentra resaltado en el texto original).   

Adicionalmente,  en  marzo  27  de  2008  el  apoderado  de  la  Fundación  interpuso  ante el Juez 5° Civil del Circuito de  Cali  recurso  de  reposición  contra  el  auto  admisorio  de  la  demanda  de  restitución  de  inmueble,  “previa la consignación  para  ser  oído”  en  dicho proceso, donde realizó  “especial  énfasis  en  la  orden  impartida por el  Juzgado  Cuarto  Civil  del  Circuito  de Cali” (f. 4  ib.).   

De otro lado, mediante auto de fecha junio 17  de  2008  dictado  por el Juzgado 4° Civil del Circuito de Cali se reconoció a  la  sociedad Estela Marchant & Cía. Ltda. como litisconsorte facultativo de  la  parte  demandante  dentro  del proceso de impugnación de actas iniciado por  César   Tafur  González,  teniendo  en  cuenta  su  condición  de   “miembro   de   la   Junta  Directiva  disidente”.   

Por  su  parte, en providencia de julio 24 de  2008,  el  Juzgado  Quinto  dispuso  “no  reponer el  auto”  admisorio  dictado  dentro  del  proceso  de  restitución,  ni  realizar “mención alguna sobre la  orden   emitida”   por   el  Juez  del  proceso  de  impugnación de actos de asamblea (f. 5 ib.).   

Por  lo anterior, los actores solicitaron que  se  amparen  los  derechos  invocados,  porque  consideran que el Juzgado Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cali  admitió  la demanda de restitución de inmueble  arrendado  incurriendo  en una vía de hecho, al omitir lo dispuesto por el Juez  Cuarto  en  el  proceso  de impugnación de actos de asamblea, donde se ordenaba  que  se abstuviera de iniciar cualquier acción legal en contra de la Fundación  Plaza  de  Toros  de Cali, “hasta cuando se decida de  fondo”.   

B.  Documentos  que  en  copia  obran  en  el  expediente.   

1. Certificado de existencia y representación  de la empresa Estela Marchant & Cia. Ltda. (fs. 11 y 12 ib.).   

2.   Demanda   del   proceso  abreviado  de  impugnación  de  actos  de  asamblea,  junta directiva o de socios (fs. 13 a 20  ib.).   

3. Auto proferido en agosto 31 de 2007 por el  Juzgado  Cuarto  Civil  del Circuito de Cali, donde se informó al representante  legal  de  la  Sociedad  Plaza  de Toros de la misma ciudad la suspensión de lo  aprobado  en  el “literal D del punto 5° del acta No  356”   de  mayo  22  siguiente  y  ordenó  que  se  “abstenga  de  iniciar  cualquier  acción  legal en  contra  de  la  Fundación  Plaza  de  Toros, o que de haberse iniciado, proceda  inmediatamente   a   retirarla   hasta  cuando  se  decida  de  fondo  sobre  lo  demandado” (f. 21 ib.).   

4.  Escrito  enviado en diciembre 19 de 2007,  por  el  señor  César  Leonardo  Tafur  González  al Juzgado Quinto Civil del  Circuito  de  Cali,  donde  informó del oficio que emitió el Juzgado Cuarto en  agosto  31  de  2007, adjuntó “copia simple del acta  de  Junta  Extraordinaria  Plaza de Toros de Cali de fecha mayo 22 de 2007, acta  que   se   encuentra   suspendida   conforme   a  lo  dispuesto”  por  el Juzgado en mención y solicitó que se informara si en dicho  despacho  se  adelanta  demanda  abreviada  de impugnación de actos de asamblea  contra  la  sociedad  ya nombrada y “el estado en que  se encuentra” (f. 23 ib.).   

5.  Providencia  del Juzgado Cuarto Civil del  Circuito  de  Cali  dictada  el  30  de  enero  de  2008  sobre  el “recurso  de  reposición  interpuesto  por  la demandada Sociedad  Plaza  de  Toros  de  Cali  S.A.,  contra  el  auto  que  admitió la demanda”  (fs. 27 a 29 ib.).   

6. Auto de enero 14 de 2008 del Juzgado Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cali  en  el  que  se admitió la demanda “abreviada  de  restitución de inmueble arrendado que instaura la  Sociedad  Plaza  de  Toros  de  Cali  S.A.,  en contra de la Fundación Plaza de  Toros” de la misma ciudad (f. 35 ib.).   

7.  Providencia  del Juzgado Quinto Civil del  Circuito,  de  julio  14 de 2008, donde se decide “el  recurso  de reposición interpuesto en contra del auto interlocutorio No. 043 de  fecha   14   de   enero   de  2008”  (fs.  38  a  42  ib.).   

II.  ACTUACIÓN  PROCESAL  EN  LA  ACCIÓN DE  TUTELA.   

Mediante  auto  de  agosto  27  de  2008,  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  Sala  Civil, admitió la demanda y requirió a la  Sociedad  Plaza  de  Toros  de  Cali,  a César Leonardo Tafur González, a Luis  Fernando  Estela  Marchant y a los Juzgados 4° y 5° Civiles del Circuito de la  misma  ciudad  para  que  “informen lo… pertinente  respecto a la violación que se imputa”.   

Adicionalmente,  ordenó  a  los  mencionados  Juzgados  notificar  a  todos  los  intervinientes  en  los respectivos procesos  “acerca de la existencia de la tutela” (fs. 51 a 57 ib.).   

A.  Respuesta  del  Juzgado  Quinto Civil del  Circuito de Cali.   

El referido despacho judicial, en agosto 27 de  2008,  puntualizó  que  los actores de la tutela “no  son  parte  al  interior  de  este  proceso”, por tal  motivo  “en  ningún  momento  se  le  ha  vulnerado  derecho  fundamental  alguno a los accionantes ni a las partes en el proceso que  aquí cursa” (f. 58 ib.).   

Por  otro lado, adujo que lo decretado por el  Juzgado   Cuarto  Civil  del  Circuito  “no  le  fue  impartido  a  este despacho”, porque la medida de que  trata  “el artículo 421 del C. P. C., recae única y  exclusivamente  sobre  el  acta  impugnada,  cuyo  fin,  no  es  otro,  que  las  decisiones  adoptadas por la asambleas o juntas directivas o de socios no tengan  efectos1”,  por  ende,  no es cierto que la haya  desconocido (f. 60 ib.).   

B.  Respuesta  del  Juzgado  Cuarto Civil del  Circuito de Cali.   

Por su parte, en agosto 27 de 2008 el referido  despacho  judicial  transcribió “el encabezamiento y  parte  resolutiva  del  auto  de  fecha  27  de  agosto  de  2008” (f. 66 ib.), es decir, de la misma fecha.   

C.  Comunicaciones del señor César Leonardo  Tafur González.   

Mediante  escrito  de agosto 29 de 2008, este  actor  expresó  “que los aquí accionantes, no somos  parte    dentro    del   proceso   abreviado   de   restitución   de   inmueble  arrendado”,    pero   sostuvo   que   “el  despacho  accionado,  desconoció  una orden proferida por la  Juez  Cuarta  Civil  del  Circuito  de Cali, en el proceso… de impugnación de  actos   de   asamblea”,  donde  ordenaba  “al  representante  legal  de  la  Plaza  de  Toros ‘abstenerse   de  adelantar  cualquier  acción  legal…  o que de haberse iniciado, proceda inmediatamente a retirarla  hasta   cuando   se  decida  de  fondo’”,  por  lo  cual solicitó amparo a sus  derechos  al  debido  proceso  y  acceso a la administración de justicia (f. 67  ib.).   

Junto  con  este escrito allegó copia de los  siguientes documentos:   

Memorial       de      “complementación  del  recurso  de  reposición  contra  el  auto  interlocutorio”  de  enero  14  de 2008, radicado en  abril  11  siguiente  por  el abogado del señor César Leonardo Tafur González  ante  el Juzgado Quinto Civil del Circuito de Cali, dentro del proceso abreviado  de restitución de inmueble arrendado (fs. 69 a 74 ib.).   

Recurso de reposición contra el auto de marzo  12  de  2008,  formulado  por  el  apoderado  del señor Tafur González ante el  Juzgado   Quinto   Civil  del  Circuito  en  marzo  31  de  2008  (f.  75  a  94  ib.).   

Posteriormente,  en  escrito  fechado el 2 de  septiembre  de  2008  adujo  que “contrario de lo que  manifiesta  la  sociedad  Plaza  de  Toros  de  Cali  S.A.,  sosteniendo que sus  actuaciones  se  han  ceñido  a  las órdenes que le han sido impartidas por la  Superintendencia  de  Sociedades  de  iniciar  el  proceso  de  restitución  de  inmueble,   la   Superintendencia   NUNCA  ha  dado una orden contraria al pronunciamiento del Juzgado Cuarto  Civil   del   Circuito   y   mucho   menos  en  contravía  a  lo  ordenado  por  este”  (f.  195  ib.,  se  encuentra resaltado en el texto original).   

D. Respuesta de la Sociedad Plaza de Toros de  Cali S. A.   

En  agosto  29 de 2008, la referida sociedad,  mediante  apoderado,  puntualizó  que interviene en la tutela para “coadyuvar  lo  actuado y resuelto” por  la       parte       accionada,      argumentando,  que  sólo las partes que participan en el proceso de  restitución  pueden  formular  la  petición  de  amparo,  ya  que “como  es  apenas  obvio,  no  puede  ser  persona  distinta  a la  legitimada     para     invocar     la     protección     de    sus    derechos  constitucionales” (f. 105 ib.).   

Adicionalmente,  sostuvo  que  “aun  en  el hipotético caso de que pudiera darse ese traslado de  los  derechos  fundamentales y de la acción, no se ha producido en este proceso  de  restitución providencia judicial que constituya vía de hecho conforme a la  doctrina  constitucional,  pues no se ha presentado grave defecto sustantivo, ni  flagrante  defecto  fáctico,  ni  defecto  orgánico  protuberante, ni evidente  defecto   procedimental”   (fs.  105  y  106  ib.).   

Finalizó  indicando que el Juez Quinto Civil  del  Circuito  se  limitó  a  aplicar  las  normas del Código de Procedimiento  Civil, permitiendo que se ejerza el derecho de acción.   

Además,  allegó  las  siguientes  copias al  expediente:   

1.   “Solicitud  presentada   a   la   Superintendencia   de   Sociedades   el  23  de  marzo  de  2000” (fs. 109 a 131 ib.).   

2.  “Resolución  número  350-001509  dictada  el  26  de  abril  de  2004 por el Superintendente  Delegado  para  Inspección,  Vigilancia  y  Control  de  la Superintendencia de  Sociedades” (fs. 132 a 140 ib.).   

3.  “Resolución  número  350-001731 que dictó el Superintendente de Sociedades el 6 de abril de  2005” (fs. 141 a 159 ib.).   

4.  “Acta número  356  de  la junta directiva de  Plaza  de  Toros de Cali” de mayo 22 de 2007 (fs. 160  a 164 ib.).   

5.  Resolución  620-003910  dictada  por  la  Superintendencia  de  Sociedades  en  septiembre 19 de 2007 (fs. 165 a 168 ib.).   

6.    Acta   367   de   la   “junta   directiva   de  Plaza  de  Toros  de  Cali”, de  febrero 11 de 2008 (fs. 169 a 177 ib.).   

E. Sentencia de primera instancia.  

Mediante  providencia de septiembre 5 de 2008  el   Tribunal   Superior   de   Cali  –  Sala  Civil,  negó  el amparo argumentando que no resulta posible  “en  tanto los tutelantes no son parte en el proceso  y    por    ello    no    pueden    ser    escuchados    ni   ejercer   acciones  defensivas”     (f.     206     ib.).   

Además,   “el  despacho  accionado  no  está  obligado  por la medida cautelar adoptada por el  Juzgado  4°  Civil  del  Circuito,  por  cuanto  la  cautela  está dirigida al  representante  legal  de  la  sociedad,  es  a  él  a quien eventualmente puede  imputarse  la  responsabilidad  por  desconocimiento  de  la decisión judicial;  más,  esa  hipotética  responsabilidad  de  ninguna manera compele al juez del  proceso restitutorio a abstenerse de adelantarlo.”   

F. Impugnación.  

Mediante escrito presentado en septiembre 11  de  2008,  el señor César Leonardo Tafur González impugnó el referido fallo,  sin motivación expresa.   

La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  mediante  providencia  de  septiembre 30 de 2008 confirmó la  decisión  recurrida, argumentando que “la legitimada  para  solicitar  el amparo constitucional sería la Fundación Plaza de Toros de  Cali,  a  través  de  su  representante  legal,  no  quienes  fungen aquí como  accionantes”.   

Adicionalmente,  indicó  que  “no  puede  entenderse  que actúan como agentes oficiosos, puesto  que  no  manifestaron  las  circunstancias  fácticas  que  impedían  que dicha  Fundación  asumiera  su  propia  defensa,  ya  que  de  manera directa, ora por  intermedio  de  apoderado  judicial  constituido  legalmente para tal efecto, ni  tampoco  del  libelo introductorio se infiere la existencia de una circunstancia  de   desamparo   o   indefensión  que  amerite  el  agenciamiento  de  derechos  ajenos” (f. 6 cd. 2).   

III.   CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE  CONSTITUCIONAL.   

Primera. Competencia.  

Corresponde   a  la  Corte  Constitucional  analizar,  en  Sala  de  Revisión,  el  fallo proferido dentro de la acción de  tutela  en  referencia,  con  fundamento  en  los  artículos  86  y 241-9 de la  Constitución y 31 a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

Segunda. Lo que se debate.  

Como  se  desprende  de  los  antecedentes  reseñados,  se acudió a la acción de tutela al considerar los demandantes que  dentro  del  proceso abreviado de restitución de inmueble arrendado, el Juzgado  Quinto  Civil  del  Circuito  de  Cali  vulneró  sus derechos al debido proceso  y    de   acceso   a   la  administración  de  justicia,  incurriendo  en  vía  de  hecho, al no tener en  cuenta  la  decisión  impartida  por el Juzgado Cuarto Civil del Circuito de la  misma  ciudad,  dentro del proceso de impugnación de actos de asamblea iniciado  por   ellos,   el  cual  ya  había  sido  admitido  por  aquel  despacho.    

Tercera. Procedencia excepcional de la tutela  contra decisiones judiciales. Reiteración de jurisprudencia.   

Como es bien sabido, mediante sentencia C-543  de  octubre  1°  de  1992 (M. P. José Gregorio Hernández Galindo), esta Corte  declaró  la  inexequibilidad  de los artículos 11, 12 y 40 del Decreto 2591 de  1991,  normas  que,  ante  la posibilidad de interponer acción de tutela contra  determinaciones  judiciales que pongan fin a un proceso, establecían las reglas  relacionadas  con  el trámite de tales acciones. De esta decisión se desprende  claramente   que,  por  regla  general,  no  procede  tutela  contra  decisiones  judiciales.   

Sin   embargo,   a   partir   de   algunas  manifestaciones  que  la  propia  Corte  incluyó dentro de esa decisión, entre  ellas  que  los  jueces  de  la  República  tienen  el carácter de autoridades  públicas,  y  pueden  incurrir  en  “actuaciones”  de hecho, fue dándose origen a la doctrina de la vía  de  hecho,  a  partir de la cual, de forma muy excepcional, se permite el uso de  la     acción    de    tutela    para    cuestionar    aquellas    “decisiones”  que  por  contrariar  de  manera  grave,  flagrante y grosera el ordenamiento constitucional, no puedan en  realidad reputarse como verdaderos pronunciamientos judiciales.   

Sobre  este  tema  expresó  la  Corte en la  sentencia  T-173  de  mayo  4 de 1993 (M. P. José Gregorio Hernández Galindo),  uno  de  los  primeros  fallos  de revisión en acciones de tutela en los que se  planteó esta doctrina:   

“Las actuaciones judiciales cuya ostensible  desviación  del  ordenamiento  jurídico  las  convierte  -pese  a su forma- en  verdaderas  vías  de hecho,  no   merecen   la   denominación   ni   tienen  el  carácter  de  providencias   para   los   efectos   de  establecer  la  procedencia  de  la  acción  de  tutela.  No  es el ropaje o la  apariencia  de  una decisión sino su contenido lo que amerita la intangibilidad  constitucionalmente  conferida  a  la autonomía funcional del juez. La doctrina  de      la      Corte     ha     efectuado     un     análisis     material  y  ha  establecido una diáfana  distinción      entre      las      providencias  judiciales  -que  son  invulnerables  a  la acción de  tutela  en  cuanto corresponden al ejercicio autónomo de la función judicial y  respecto  de  las  cuales  existen,  dentro  del  respectivo proceso, los medios  judiciales  de  defensa  establecidos  por  el  ordenamiento  jurídico-  y  las  vías  de  hecho  por  cuyo  medio,  bajo  la  forma  de una providencia judicial, quien debería administrar  justicia  quebranta  en  realidad  los  principios que la inspiran y abusa de la  autonomía  que  la  Carta  Política  reconoce  a su función, para vulnerar en  cambio    los    derechos    básicos    de    las   personas.”   (Está en negrilla en el texto original).   

Esta  radical  diferencia  que  determina la  procedencia  o  no  de  la acción de tutela contra providencias judiciales, fue  reiterada  por  la Corte en decisiones posteriores, destacándose entre ellas la  T-231  de mayo 13 de 1994 (M. P. Eduardo Cifuentes Muñoz) donde, en consonancia  con lo anterior, se expuso:   

“Para  que  la  tutela contra una actuación  judicial  reputada  como  vía  de  hecho  pueda  discernirse  no  es suficiente  endilgarle  a  la  actuación  judicial  demandada  errores y deficiencias en la  apreciación  de  los  hechos  o  en  la  aplicación  del  derecho,  pues  aún  existiendo  no  por  ello  la  providencia  se  constituye  en vía de hecho. Se  requiere,  como  se  ha expuesto, que la providencia adolezca de un defecto  absoluto -estimado, claro está,  no  de  manera  formal  sino material- de sustentación fáctica o jurídica que  repercuta  en  la  violación de un derecho fundamental, amén de que se reúnan  las    condiciones    señaladas    para    su   procedibilidad.”   (Está en negrilla en el original).   

Así  pues,  siendo claro e indiscutible que  los  administradores de justicia deben respeto a la Constitución y a las leyes,  también  en  el  ejercicio de sus competencias, no le es dado al juez de tutela  pronunciarse  en  torno  a  asuntos  asignados  a  otras jurisdicciones, como la  ordinaria y la contencioso administrativa.   

En  la  jurisprudencia  de  esta Corte se ha  venido    desarrollando    así,   desde   1993   hasta   sus   más   recientes  pronunciamientos,   la   noción   de   la   vía  de  hecho2,  al  igual  que,  especialmente  en  los  últimos  años,  la  de  causales     genéricas     y     especiales     de  procedibilidad,   resultando   necesario  mantener  y  reiterar  la  esencia  de  esa  excepcionalísima posibilidad, de tal manera que  para  que  prospere  la acción de tutela contra providencias judiciales deberá  tratarse  de una actuación ostensiblemente arbitraria y abiertamente opuesta al  ordenamiento   jurídico,   que   implique   vulneración   grave   de  derechos  fundamentales,  al  punto de requerirse la intervención del juez de tutela como  única vía para su restablecimiento.   

En  esta  misma  línea,  la corporación ha  realzado  que  la  circunstancia  de  que  el juez de tutela pueda, por rigurosa  excepción,  revisar  una  decisión  judicial  tildada  de  arbitraria,  no  lo  convierte  en juez de instancia, ni puede llevarle a sustituir a quien lo es. En  efecto,  el amparo constitucional constituye una confrontación de la actuación  judicial   con  los  textos  superiores,  para  la  estricta  verificación  del  cumplimiento  y garantía de los derechos fundamentales, que no puede conducir a  que  se  imponga  una  interpretación  de  la  ley  o  una  particular forma de  apreciación  probatoria,  que  se  considere  más  acertada a la razonadamente  expuesta  en el proceso y en la sentencia respectiva3.   

También es importante considerar que si bien  la  jurisprudencia  constitucional  ha paulatinamente admitido la procedencia de  la  acción  de  tutela  contra providencias judiciales, pese a la claridad y al  efecto  de  cosa  juzgada  (art.  243  Const.) que es inmanente a las decisiones  contenidas  en  la sentencia C-543 de 1992 a la que antes se hizo referencia, no  sería  menos pertinente ni valedero tomar en cuenta también los parámetros de  racionalidad  dentro  de  los  cuales el legislador extraordinario de 1991 quiso  enmarcar  la  procedencia de esta acción. En este sentido es necesario entonces  evocar  el  contenido  del  inciso final del parágrafo 1° del artículo 40 del  Decreto   2591  de  1991  que  por  esa  decisión  fue  declarado  inexequible:  “La    tutela    no    procederá   por   errónea  interpretación   judicial   de   la   ley   ni  para  controvertir  pruebas.”   

De otra parte, la sentencia C-590 de junio 8  de  2005  (M.  P.  Jaime  Córdoba  Triviño),  por  la cual esta Corte declaró  inexequible  un  segmento  normativo  de  la Ley 906 de 2004, artículo 185, que  proscribiría  la  acción  de  tutela contra las sentencias de casación penal,  contiene  también  importantes  reflexiones,  muy  pertinentes al propósito de  acotar    el    ámbito   estrictamente   excepcional   dentro   del   cual   es  constitucionalmente  admisible  la tutela contra decisiones judiciales. Sobre el  tema  expuso  en  esa  ocasión  esta  corporación  (sin  negrillas en el texto  original):   

“Desde  luego,  una  comprensión  de  la  Constitución  como  sistema  normativo  plantea  la  necesidad  de armonizar la  procedencia  de  la  acción  de  tutela contra ese tipo de pronunciamientos con  principios   constitucionales   como   el   de   seguridad   jurídica,  con  la  distribución  superior  de  competencias y con otros principios específicos de  la  jurisdicción,  también de índole constitucional, como los de autonomía e  independencia.    

De ese modo, si se equilibran, por una parte,  la  índole  constitucional de la acción de tutela como mecanismo diseñado por  el  propio constituyente para la protección de los derechos fundamentales, con,  por  otra  parte,  los  demás principios constitucionales y con los fundamentos  superiores  de la administración de justicia, la conclusión a la que se arriba  es  que  la procedencia de la acción de tutela contra  las  decisiones  tomadas  por  la  jurisdicción debe ser excepcional, es decir,  debe  limitarse  a aquellos casos que efectivamente configuren una lesión o una  puesta  en  peligro  de  derechos  fundamentales. Sobre  este  punto,  ese es el alcance de la Carta Política de 1991 y de esa manera ha  sido interpretada por esta Corporación.”   

Más  adelante,  en la misma providencia se  resalta:   

“…  el  panorama  es  claro, ya que como  regla  general  la  acción  de tutela no procede contra decisiones judiciales y  esto  por  varios  motivos.  Entre  ellos,  en  primer  lugar,  el hecho que las  sentencias  judiciales  constituyen  ámbitos  ordinarios  de  reconocimiento  y  realización   de   los   derechos  fundamentales  proferidos  por  funcionarios  profesionalmente  formados  para  aplicar  la Constitución y la ley; en segundo  lugar,  el  valor de cosa juzgada de las sentencias a  través  de las cuales se resuelven las controversias planteadas ante ellos y la  garantía  del  principio  de seguridad jurídica y, en  tercer  lugar,  la  autonomía  e  independencia  que  caracteriza  a  la jurisdicción en la estructura del poder público inherente a  un régimen democrático.”   

Finalmente,  en  la  misma línea, señaló  también la Corte en esa providencia:   

“Ahora,   la  intervención  del  juez constitucional en los distintos procesos es únicamente  para  efectos  de  proteger  los  derechos  fundamentales  afectados.    Al   respecto   en   reiterada   jurisprudencia  la  Corte  Constitucional  ha  señalado que la función del juez  constitucional  no  es  la  de  reemplazar  al  juez  de la causa ni la de crear  incertidumbre  a  la  hora  de  definir  el  sentido  del  derecho. Muy  por  el contrario, el Juez constitucional debe tener particular  cuidado  a  la hora de evaluar si una determinada decisión judicial vulnera los  derechos fundamentales de una de las partes.   

En  ese  sentido,  los  fundamentos  de  una  decisión   de   tutela   contra   una  sentencia  judicial  deben  aclarar  con  transparencia  la  relevancia  iusfundamental del punto que se discute y el juez  debe   contraerse  a  estudiar  esta  cuestión  y  ninguna  otra.  No   se  trata  entonces  de  un  mecanismo  que  permita  al  juez  constitucional  ordenar  la anulación de decisiones que no comparte o suplantar  al  juez ordinario en su tarea de interpretar el derecho legislado y evaluar las  pruebas  del  caso.  De  lo  que  se  trata  es  de un  mecanismo  excepcional,  subsidiario  y  residual  para  proteger  los  derechos  fundamentales  de  quien  luego  de  haber  pasado  por  un  proceso judicial se  encuentra  en condición de indefensión y que permite la aplicación uniforme y  coherente   -es  decir  segura  y  en condiciones de igualdad-  de los  derechos fundamentales a los distintos ámbitos del derecho.   

…        …    …   

Recapitulando,  merece  también  especial  atención  el  planteamiento  de esta Corte en cuanto a la labor específica del  juez   de   tutela,   en   punto   a   que   no  puede  desconocer  “los  conceptos  y  principios de autonomía, independencia de los  jueces,  acceso a la administración de justicia, seguridad jurídica y vigencia  del      Estado     social     de     derecho”4.   Es   entonces  desde  esta  perspectiva  que  el  juez  constitucional,  y  en el presente caso esta Sala de  Revisión,  debe  avocar  el análisis cuando quiera que se plantee por parte de  quienes  acudieron  a un proceso judicial ordinario, la supuesta vulneración de  sus    derechos    fundamentales,    como    resultado    del   fallo   entonces  proferido.   

Cuarta. Legitimación por activa.  

Tal  como  se  encuentra  estipulado  en  el  artículo  86  de  la  Carta  Política, la acción de tutela es un mecanismo de  defensa  judicial  subsidiario  o  residual,  para  la  protección  de derechos  fundamentales  vulnerados  o  amenazados  por la acción u omisión de cualquier  autoridad  pública  o  de  los  particulares  en  los casos que señale la ley.   

Así,  quien  sienta  realmente  amenazado o  vulnerado  un  derecho  fundamental, podrá acudir ante un Juez de la República  “en    todo    momento    y   lugar”,  procurando  obtener la orden para que aquél respecto de quien se  solicita  la tutela, actúe o se abstenga de hacerlo. Ahora bien, no obstante la  posibilidad  de  que  toda  persona que padezca esa amenaza o vulneración pueda  ejercerla,  directamente  o  por  quien actúe a su nombre, existen casos en los  cuales  la  pretensión  debe  ser  rechazada  en  razón a que el sujeto que la  presenta no se encuentra legitimado para hacerlo.   

Las normas reglamentarias de la tutela exigen  como  presupuesto  la  legitimidad  e  interés  del accionante, según se halla  establecido  en  el  artículo  10°  del  Decreto  2591  de 1991, admitiéndose  también  el  agenciamiento  de  derechos  ajenos  cuando el titular no esté en  condiciones  de  promover su propia defensa, y la intervención del Defensor del  Pueblo y de los personeros municipales.   

Por ello, este mecanismo de defensa judicial  no   admite  que  se  pueda  asumir  de  manera  indeterminada  o  ilimitada  la  representación  de  los derechos de otros y ejercer en su nombre la protección  constitucional.  Igualmente  la  informalidad  que caracteriza a la tutela no se  opone  a  que  su  ejercicio  esté  sometido  a  unos  requisitos  mínimos  de  procedibilidad,  entre  los  cuales  está la legitimidad por activa5.   

En  relación  con este tema dijo la Corte en  sentencia   T-240  de  marzo  12  de  2004  (M.  P.  Jaime  Córdoba  Triviño):  “El  que se tenga interés en un proceso determinado  no  se traduce necesariamente en la legitimidad para actuar en tutela contra las  sentencias  que  allí  se  profieran,  por  cuanto  en estos casos la tutela no  impone   un  proceso  desconectado  del  ordinario,  en  la  medida  en  que  la  afectación  del  debido  proceso  se  concreta  durante  el  trámite  judicial  correspondiente,    frente    a    quienes    allí   intervengan”.   

De  lo  anterior surge como conclusión que,  por  regla  general,  quienes  no  sean  parte  ni intervengan en un determinado  proceso,  carecen  de  legitimidad  para  cuestionar  en  sede  de tutela alguna  actuación  que  dentro de él se produzca u omita, salvo en casos excepcionales  en  los  que, pese a su calidad de terceros, se genere una directa y específica  afectación en contra de sus derechos.   

Quinto. El caso concreto.  

El  señor  César  Leonardo Tafur González  actuando  en  su  propio  nombre  y  el  señor Luis Fernando Estela Marchant en  representación  de  la  sociedad  Estela  Marchant & Cia. Ltda. solicitaron  amparo,  al  considerar  que  dentro  de un proceso abreviado de restitución de  inmueble  arrendado,  el Juzgado Quinto Civil del Circuito de Cali, incurrió en  una  vía  de hecho, al no tener en cuenta la decisión impartida por el Juzgado  Cuarto   Civil   del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  dentro  del  proceso  de  impugnación  de  actos  de  asamblea  en  el  que  aquellos  obran  como  parte  demandante.   

En  el  caso  sometido a estudio debe la Sala  verificar,   en  primer  término,  si  la  acción  de  tutela  cumple  con  el  presupuesto   de   legitimación  por  activa  exigido  para  acudir  ante  esta  jurisdicción,  determinación  que,  como  se  ha dicho, resulta necesaria para  establecer  la  procedencia de la misma cuando la acción es interpuesta por una  persona  diferente  a las partes que intervienen en el proceso judicial del cual  habría    emanado    la    afectación    de    los    derechos   fundamentales  reclamados.   

Ello por cuanto, tal como bien lo expusieron  las  Salas  Civiles  del  Tribunal  Superior  de  Cali  y de la Corte Suprema de  Justicia  en los fallos de instancia dentro de esta acción de tutela, mal puede  alegar  quebramiento  del  debido  proceso  quien no interviene en el respectivo  diligenciamiento.  En este caso los actores no sólo no se hicieron parte dentro  de  ese  proceso (el de restitución de inmueble arrendado), sino que tampoco se  aprecia   de  qué  manera  sus  derechos  estén  siendo  conculcados  con  las  decisiones  judiciales  tomadas  dentro  de  aquel,  todo  lo  cual incide en el  ámbito  de  la presunta violación al derecho de acceso a la administración de  justicia.   

Adicionalmente,  y  como  anteriormente  se  precisó,  el  solo  hecho de tener algún interés en un proceso determinado no  confiere  legitimidad  para  por  vía  de  tutela las providencias que allí se  profieran,  por  cuanto  en  estos  casos  la tutela sólo resulta explicable en  conexión  con  el  proceso  ordinario,  en  la medida en que la afectación del  debido  proceso  se  genere  dentro  de  ese  trámite judicial y siempre que la  promuevan personas que allí intervengan.   

De  otra  parte,  y tal como lo anotó en su  defensa  el  despacho  judicial acusado (5° Civil del Circuito de Cali), no era  aquél,  sino  la  sociedad Plaza de Toros de Cali, el sujeto destinatario de la  orden  proferida  por  el  Juzgado  4°  Civil  del Circuito de la misma ciudad,  dentro  del  proceso de impugnación de actas iniciado por los aquí tutelantes.  Más  que  esto,  el  juzgado accionado no tenía siquiera manera de conocer esa  decisión, dictada por un despacho homólogo.   

Así  las  cosas,  si  bien podría resultar  cuestionable  que la sociedad antes citada promoviera el proceso de restitución  de   inmueble  a  que  se  ha  hecho  referencia,  no  obstante  las  decisiones  previamente  adoptadas  por  el  Juzgado 4° Civil del Circuito, es claro que al  recibir  por  reparto  dicha  demanda  de restitución, el Juzgado 5° Civil del  Circuito  de  Cali  no tenía razones para denegar su admisión, y por ello, mal  podría  haber  vulnerado  con su decisión admisoria algún derecho fundamental  de los aquí accionantes.   

En  conclusión,  habrá  de  confirmarse el  fallo  proferido en septiembre 30 de 2008 por la Corte Suprema de Justicia, Sala  de  Casación  Civil,  que  a  su turno confirmó el dictado en septiembre 5 del  mismo  año  por  el Tribunal Superior de Cali, Sala Civil, dentro de la acción  de tutela de la referencia.   

IV.- DECISIÓN.  

En mérito de lo expuesto, la Sala Séptima de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE  

Primero:    CONFIRMAR    el  fallo proferido en septiembre 30 de 2008 por la Corte Suprema de  Justicia,  Sala de Casación Civil, que confirmó el dictado en septiembre 5 del  mismo  año  por  el  Tribunal Superior de Cali, Sala Civil, denegando el amparo  solicitado  por  el  abogado  César  Leonardo Tafur González actuando a nombre  propio  y  por  el señor Luis Fernando Estela Marchant en representación de la  sociedad  Estela  Marchant  &  Cia Ltda., frente al Juzgado Quinto Civil del  Circuito de Cali.   

Segundo:   Por  Secretaría     General,    LÍBRESE    la  comunicación  a que se refiere el artículo 36 del Decreto 2591  de 1991.   

Notifíquese,  comuníquese,  publíquese  e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional. Cúmplase.   

NILSON PINILLA PINILLA  

Magistrado  

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Magistrado  

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO  

Magistrado  

MARTHA     VICTORIA     SÁCHICA     DE  MONCALEANO   

Secretaria General    

1  “López  Blanco  Hernán  Fabio.  Instituciones  de  Derecho  Procesal  Civil  Colombiano.  Tomo  I.  Parte Especial, Sexta Edición.  Dupré Editores. Bogotá. Pág. 121.”   

2  La  Corte  Constitucional  ha  abordado  el  tema  de  la tutela contra providencias  judiciales  en  un  gran  número de pronunciamientos, pudiendo destacarse entre  muchas  otras las sentencias T-079 y T-173 de 1993, T-231 de 1994, T-492 y T-518  de  1995,  T-008  de  1998,  T-260  de 1999, T-1072 de 2000, T-1009 y SU-1184 de  2001,  1994,  T-492  y  T-518  de  1995, T-008 de 1998, T-260 de 1999, T-1072 de  2000,  T-1009  y SU-1184 de 2001, SU-132 y SU-159 de 2002; T-481, C-590 y SU-881  de  2005;  T-088,  T-196,  T-332,  T-539  y T-780 de 2006; T-001, T-147, T-364 y  T-502A de 2007.   

3 Cfr.  sobre  este  tema,  entre  muchas  otras,  las  sentencias  T-008 de 1998 (M. P.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz),  T-357  de  2005  (M. P. Jaime Araújo Rentería) y  T-952 de 2006 (M. P. Nilson Pinilla Pinilla).   

4  Sentencia  T-518  de  1995 (M. P. Vladimiro Naranjo Mesa), citada a su vez en la  sentencia T-1036 de 2002 (M. P. Eduardo Montealegre Lynnet).   

5  Cfr.     T-658  de  agosto  de  2002, M. P. Rodrigo Escobar Gil (“…   dos  razones:  (i)  El  interés en la defensa de los  derechos  fundamentales,  como se dijo, radica en su titular y no en terceros y,  por  otra  parte,  (ii)  la  relación de vulneración o amenaza de los derechos  fundamentales     debe     ser     directa    y    no    transitiva    ni    por  consecuencia”).  También  T-768  de septiembre 4 de  2003, M. P. Jaime Córdoba Triviño, entre otras.      

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