T-359-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-359 de 2009  

Referencia: expediente T-2088470.  

Acción   de   tutela  instaurada  mediante  apoderada  por  Aída  Zulia  Aluma  Peña  y  otros, contra la Caja Nacional de  Previsión Social, Cajanal.   

Magistrado Ponente:  

Dr. Nilson Pinilla Pinilla.  

Bogotá,  D.  C., mayo veintiuno (21) de dos  mil nueve (2009).   

La  Sala  Séptima  de Revisión de la Corte  Constitucional,  integrada  por los magistrados Nilson Pinilla Pinilla, Humberto  Antonio  Sierra  Porto  y  Jorge  Iván  Palacio  Palacio,  en  ejercicio de sus  competencias constitucionales y legales ha proferido la siguiente   

SENTENCIA  

en  la  revisión  del fallo adoptado por el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Montería, dentro de la acción de tutela  instaurada  mediante  apoderado  por  Aída Zulia Aluma Peña y otros, contra la  Caja Nacional de Previsión Social, Cajanal.    

El   expediente   llegó   a   la   Corte  Constitucional  por  remisión  que hizo la Secretaría del Tribunal Superior de  Montería,  en  virtud  de  lo  ordenado por el artículo 31 del Decreto 2591 de  1991.  Sin  embargo,  esa  corporación  no  resolvió la segunda instancia, por  cuanto    la   impugnación   fue   presentada   extemporáneamente.     

I. ANTECEDENTES.  

Mediante apoderada1,  los  señores  Aída  Zulia  Aluma  Peña,  Andrea  Polonia  Murillo  Pino, Ana Josefina García Peña, Oscar  Luis  Bolaño  Suárez,  José  Nereo  Córdoba Bejarano, Esaud Sánchez Moreno,  Cruz  Manuela  Murillo  Córdoba,  Cleotilde Martínez de Reales, Andrea Romaña  Hurtado,  Elvia Francisca Díaz Atencio, Ernedis del Carmen Vélez de Martínez,  Luis  Emiro  Moreno  Murillo,  Melvia Ezequiel Murillo Ortiz, Arcedilia Sánchez  Moreno,  Juan  Eugenio  Palacios Lemus, Luis Artemio Rodríguez, Alba Luz Sossa,  Nicolasa  Villanueva  Vergara,  Omaira  Pabón  de  Martínez,  Omaira  Arias de  Sinisterra,  Eliécer  Lenis  Perea,  Jesús Adolfo Mosquera Torres, Juan Isacio  Mosquera  M.,  María  Eunice Perea Perea, Jorge E. Lozano Díaz, Carmen Petrona  Sanpedro,  Nirla  María Perea Hinestroza, Idalides Rodríguez de Valois, María  Dorís  Guarín,  Lucía Murillo de Mena, José María Lloreda Mosquera, Mariela  Perea  Perea,  María  Heisa del Carmen Figueroa, Luis Amado Perea Perea, Ramón  Antonio  Mena  Moreno,  Nilda  Alicia  Manyoma  Rosero, Ana Rosa Palacios Barco,  Genaro  Córdoba  Blandón,  William  Antonio  Palacios Córdoba, Ruth Francisca  Murillo  Copete,  Nicomedes  Bejarano  Moreno,  Antonio Euclides Valois Murillo,  Andrea  Perea M., Dave María Caicedo de Murillo, Nelly María López Martínez,  Luis  Carlos  Ramírez  Perea,  Margarita Moreno Becerra, Carmen Odilia Ramírez  P.,  Delsa  Cruz  Palacios Murillo, José Adelio Quinto Martínez, Jorge Bechara  Arriaga,  Alicia  Victoria  Mosquera Lemus, Miguel Antonio Casas Córdoba, Juana  Mena  de  Machea,  Oscar  Palomeque  Moreno,  Mary Salas Palacios, Jesús Evelio  Palacios  Murillo,  Oscar  Anilio  Palacios  García,  Remberto  Reyes  Núñez,  Exiquio  Rafael  Arias,  Merle  de  la Cruz Rada Gutíerrez, Ramón Antonio Mena  Moreno,  Fanny  del  Carmen Perea de Perea, Deofana Ortiz Córdoba, Nydia María  Mosquera,  Víctor  Aurelio García R., Isabel Bejarano, Imelda Gamboa Palacios,  Alberto  Magno  Mena Cuesta, Enelfina Murillo de Lozano, Martha María Ibargüen  Gil,  Antonio  Hitler  Mosquera  Murillo, Ludys María Carranza Hernández, Luis  Moisés  Pico  Román,  Elizabeth  Córdoba  Mora,  Zenaida Orejuela de Murillo,  María  Dolores  Bejarano  Palacios,  Arnaldo  Josué  Moreno,  Lilibeth  Sierra  Ramírez,  Célimo Emiliano Rengifo Aluma, Oscar Joel Rengifo Aluma y Cruz Elisa  Vega  de  Mexina,  interpusieron  acción  de  tutela contra la Caja Nacional de  Previsión  Social,  Cajanal,  al  considerar  que  dicha  entidad  vulnera  sus  derechos  “a  la  igualdad (13) en conexidad con el  derecho   fundamental  a  la  seguridad  social  (art.  49),  el  derecho  a  la  protección   de   la  persona  de  la  tercera  edad  (art.  46)”,    “igualmente    el    bloque   de  constitucionalidad  a  que  hacen  referencia  los  artículos  93  y  94  de la  Carta”,  por los hechos que a continuación son  sintetizados.   

1.   Hechos   y  relato  contenido  en  la  demanda.   

1.1. Los demandantes son docentes que reciben  pensión gracia, por parte de la entidad demandada.   

1.2.  A  su  nombre,  se afirma que mediante  sendos  derechos  de petición, radicados en abril 8, 9 y 18, y mayo 13 de 2008,  solicitaron  “el  reconocimiento y reintegro de las  sumas  de  dinero descontadas irregularmente por concepto de aportes en salud en  un  12%  de cada mesada pensional y las reliquidaciones pensionales en los casos  a  que  hubo  lugar,  cuando  debió  ser  solamente  el 5%, excediéndose en su  descuento  de  ley  en  un  porcentaje  del  7% más de sus mesadas pensionales,  contrariando  flagrantemente  lo estrictamente estipulado en la Ley 91 de 1989 y  comprendido  desde  el  momento mismo en que los docentes adquirieron el estatus  de  pensionado,  hasta  el  mes  de agosto del año 2003, cuando se modificó el  porcentaje  legal del aporte a salud de un 5% a un 12% de cada mesada pensional,  dando  cumplimiento  al  artículo  81  parágrafo  4°   de  la Ley 812 de  2003”.   

1.3.  También  se asevera en la demanda que  Cajanal   afirmó   que   “no   hay  lugar  a  las  devoluciones  de  cotizaciones por concepto de salud, teniendo en cuenta que los  pensionados  por una entidad exceptuada del artículo 279 de la ley 100 de 1993,  tienen  la  obligación legal de efectuar cotizaciones al Fosyga, de conformidad  con el artículo 14 del Decreto 1703 de 2002”.   

Así  mismo,  se  manifiesta:  “La  ley 91 de 1989 con relación a la Pensión Gracia sólo hace  referencia  a  la  competencia  que  tiene la CAJA NACIONAL DE PREVISIÓN SOCIAL  para  reconocimiento  de  la  misma. La citada norma no establece porcentajes de  descuentos  para  salud  sobre la pensión gracia, por lo que se aplica la norma  general” (f. 2 cd. inicial).   

2. Pretensión.  

La  apoderada  solicita  se ordene a la Caja  Nacional  de  Previsión  Social,  que  efectúe  el reembolso o devolución del  dinero  correspondiente al descuento en exceso en un 7% que les ha sido deducido  de  las mesadas pensionales, adicionales y reliquidaciones correspondientes a su  pensión  gracia  reconocida  desde  el  momento en que adquirieron el status de  pensionados  hasta  el mes de agosto de 2003, fecha de entrada en vigencia de la  Ley  812,  así  como  los intereses moratorios, comerciales y la indexación de  dichas    sumas    de   dinero,   según   el   IPC   hasta   el   momento   del  reconocimiento.   

3. Actuación procesal.  

El  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de  Montería,  por  auto  de  julio  2  de  2008, admitió la tutela y a efectos de  garantizar  el  derecho  de  contradicción y defensa corrió traslado a la Caja  Nacional  de  Previsión  Social,  a fin de que se   pronunciara sobre  los hechos de la demanda.   

Notificada  la  entidad  accionada,  guardó  silencio  pese  a  que  la secretaría del Juzgado le advirtió que “si    no   responde   dentro   del   término”,   se   tendrán  como  ciertos  los  hechos  de  la  demanda  (f.  186  ib.).   

                     

4. Sentencia de instancia.  

El  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de  Montería,  en  fallo de julio 11 de 2008, que fue recurrido extemporáneamente,  decidió  tutelar lo impetrado, ordenando que dentro de las cuarenta y ocho (48)  horas  siguientes  a  la  notificación  de  este fallo Cajanal, por medio de su  representante,   “proceda   a   reembolsar  a  los  tutelantes  las  sumas  descontadas  de  las  mesadas pensionales, adicionales y  reliquidaciones  correspondientes  a su pensión de gracia, reconocida desde que  se  adquirió  el  status  de  pensionado, hasta el mes de agosto de 2003, sumas  debidamente       indexadas       hasta      su      cancelación”.   

Para tal protección, consideró que se trata  de  docentes  de  la tercera edad, por lo que la vía contenciosa administrativa  “resultaría   muy   demorada  y  angustiosa  para  resolver  su  situación  teniendo  en cuenta que el fin de la pensión es el de  satisfacer   las   necesidades  básicas”  (f.  192.  ib.).   

Así,    afirmó    que    “quienes  venían  vinculados como docentes oficiales hasta el 31  de  diciembre  de 1980 y por mandatos de las leyes 114 de 1913; 116 de 1982 y 37  de  1933  y  para  entonces tuviesen o llegaren a tener derecho a la pensión de  gracia  continuaran  con  ese derecho, para que la misma fuere reconocida con el  lleno de los requisitos legales correspondientes.”   

Específicamente,   señaló   que  pueden  presentarse  en  la actualidad tres situaciones, “la  primera  la  de  quienes  obtuvieron  el  reconocimiento de la misma antes de la  expedición  de la Ley 91 de 1989 y la continúan disfrutando; la segunda, la de  quienes  reunieron  los  requisitos  para  su  reconocimiento  pensional bajo el  imperio  de  esa ley, y no la han reclamado todavía, pero pueden solicitarla; y  la  tercera,  la  de  quienes  la  solicitaron  y  no  han  obtenido  a la fecha  reconocimiento,  pero este se encuentra en trámite”.   

Advirtió que de conformidad con lo dispuesto  por  el  artículo  15 numeral 2° literal b) de la Ley 91 de 1989, “la  pensión  gracia  a  que se ha hecho mención, solo subsiste  para  los  docentes  que  se  vincularon  al  servicio  oficial  antes del 31 de  diciembre  de  1980, puesto que para los docentes vinculados a partir del 1° de  enero  de  1981,  nacionales  y  nacionalizados,  para aquellos que se nombren a  partir  del  1°  de  enero  de 1990, cuando se cumplan los requisitos de ley se  reconocerá  solo  una  pensión  de  jubilación equivalente al 75% del salario  mensual  promedio  del  último  año,  pensionados  que  gozarán  del régimen  vigente  para el sector público nacional y adicionalmente de una prima de medio  año equivalente a una mesada pensional”.   

   

Así, estimó que no puede someterse a estas  personas  de  la  tercera  edad  a trámites dispendiosos de un proceso judicial  ordinario,  mucho  menos,  como  en  este  caso, cuando es evidente un perjuicio  irremediable.   

5. Insistencias.  

5.1.  De  la  Procuraduría  General  de  la  Nación.   

En oficio presentado en diciembre 15 de 2008,  el  Procurador  General  de  la  Nación, con facultad para el efecto, presentó  ante  la Sala de Selección correspondiente, insistencia para que se revisara la  decisión  proferida  en  la  acción  de  tutela  de  la  referencia, realzando  “la  gran incidencia económica que para el Sistema  General  de  Seguridad  Social  en  Salud  tiene la sentencia proferida el 11 de  julio  de  2008  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Montería, al  ordenar    rembolsar    indexadas    a    los    89  accionantes,  las  sumas  descontadas  de las mesadas  pensionales  de  la  pensión  gracia,  por concepto de cotizaciones para salud,  desde  que  adquirieron  el estatus de pensionados. Es decir, situaciones que se  consolidaron  entre  los  años  1994  y 2002” (está  resaltado en el texto original).   

Igualmente,   afirmó   que   “en  esta  acción de tutela lo que se debate es el porcentaje de  contribución  para  la  financiación  de  los  servicios de salud de los menos  favorecidos,  que  según  los accionantes y el juez que concedió el amparo, es  del  5%, pero que como lo dispone el artículo 143 de la Ley 100 de 1993, es del  12%  para  todos  los  ciudadanos cotizantes. Por lo que claramente el debate se  torna    legal,    sin    comprometer    derechos   fundamentales”.      

También aclaró que los docentes favorecidos  con  esta  acción  de  tutela  son pensionados que no sólo reciben la pensión  ordinaria  sino  también  la  pensión  gracia, y muchos de ellos, son docentes  activos,  por  lo  que evidentemente no se encuentra vulnerado el mínimo vital.   

Adicionalmente,  consideró que “no  procede el reembolso de unos recursos que por ley les fueron  incrementados  a  los  docentes  pensionados,  justamente  para  cumplir  con el  requisito  del  12%  de aporte a la salud y que la pensión no perdiera su poder  adquisitivo” (f. 2 cd. Corte).   

5.2.   De   un   Magistrado  de  la  Corte  Constitucional.   

En virtud de lo determinado en los artículos  33  del  Decreto  2591 de 1991 y 51 del reglamento interno de esta corporación,  mediante  escrito  de  diciembre 5 de 2008, el Magistrado de esta Corte Humberto  Antonio   Sierra   Porto  insistió   en  la  selección  de  este  asunto,  argumentando  que  en  su  decisión,  el juez de instancia no hizo un análisis  detallado  de  la  situación  fáctica  en  la que se encuentra cada uno de los  actores.   

Señaló  que  en  el  fallo  se asegura que  existe   un  perjuicio  irremediable,  sin  la  verificación  concreta  de  las  circunstancias   que   lo   componen   según  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  (inminencia,  gravedad,  urgencia  e  impostergabilidad  de  las  medidas).   

Por tanto, consideró importante que la Corte  verifique  que  la  decisión  del  juez  de instancia está amparando de manera  definitiva   los   derechos  reclamados,  sin  que  se  supeditara  los  efectos  temporales  del  fallo  al  agotamiento  del  otro  medio  de  defensa  judicial  existente  y  a  la  firmeza de la decisión definitiva y, cuando se analizó la  supuesta  vulneración  del  mínimo  vital  no  se  hizo referencia al régimen  especial  de  los  docentes,  a  quienes se les permite recibir al mismo tiempo,  mesadas  pensionales  derivadas  de  la  pensión gracia (a los 50 años), de la  pensión  de jubilación (a los 55 años) y salario por labores hasta la edad de  retiro forzoso (65 años).   

Las  referidas insistencias fueron aceptadas  por  la  Sala  de  Selección Número Uno, mediante auto del veintinueve (29) de  enero de 2009.   

II.    CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE  CONSTITUCIONAL.   

Primera. Competencia.  

La  Corte  es  competente  para conocer esta  demanda,  en Sala de Revisión, en virtud de lo dispuesto en los artículos 86 y  241,  numeral  9,  de  la  Constitución Política y 31 a 36 del Decreto 2591 de  1991.   

Segunda.  Lo  que  se  debate.   

Corresponde a esta Sala de Revisión analizar  si  es  procedente  la acción de tutela con el fin de ordenar, como se hizo, el  reembolso  indexado  de  unas  sumas  de  dinero  descontadas de las mesadas por  concepto de salud, a docentes que reciben la pensión gracia.   

Tercera. Naturaleza jurídica de la pensión  gracia.   

3.1. Esta pensión especial aparece regulada  desde  las  Leyes  114  de  1913,  116 de 1928 y 37 de 1933. La primera creó el  derecho   y   fijó  sus  parámetros,  titulares,  tiempo  de  servicio,  edad,  requisitos  adicionales,  cuantía  y  sujeto  obligado  a  pagarla, mientras la  segunda   y  tercera  ampliaron  los  beneficiarios  y  el  tiempo  de  servicio  computable para esta prestación.   

Así,  la  Ley  114  de  1913 consagró esta  prestación   excepcional  en  beneficio  de:  “Los  maestros  de Escuelas Primarias oficiales que hayan servido en el magisterio por  un  término no menor de veinte años…” (art. 1°).   

En el artículo 3° determinó: “Los  veinte años de servicio a que se refiere el artículo 1º,  podrán  contarse  computando  servicios  prestados  en  diversas  épocas, y se  tendrán  en  cuenta  los  prestados  en cualquier tiempo anterior a la presente  ley.”   

Obsérvese  que  esta  Ley  admitió  como  válidos  los  servicios como maestros de escuelas primarias oficiales prestados  en   diversas   épocas,   aún   antes   de  la  vigencia  de  la  Ley  114  de  1913.   

La   Ley   116  de  1928  extendió,  con  limitaciones,  la  anterior  prestación  excepcional  a  otros  docentes, de la  siguiente manera:   

“Artículo   6°.   Los   empleados  y  profesores  de  las Escuelas Normales y los Inspectores de Instrucción Pública  tienen  derecho  a  la  jubilación en los términos que contempla la Ley 114 de  1913  y  demás  que  a  esta  complementan.  Para  el  cómputo de los años de  servicio  se  sumaran los prestados en diversas épocas, tanto en el campo de la  enseñanza  primaria  como en el de la normalista, pudiéndose contar en aquella  la que implica la inspección.”   

La  Ley 37 de 1933, por su parte, consagró  la  citada  prestación  a  otro  grupo de  docentes y por otros servicios,  así:   

“Artículo   3°.   Las  pensiones  de  jubilación  de  los  maestros  de  escuela,  rebajadas por decreto de carácter  legislativo,   quedarán   nuevamente   en   la   cuantía   señalada  por  las  leyes.   

Hácense  extensivas estas pensiones a los  maestros  que  hayan completado los años de servicios señalados por la ley, en  establecimientos de enseñanza secundaria.”   

En  resumen, los servicios válidos para la  titularidad  de  la  pensión  gracia  son los prestados como maestro de escuela  primaria   oficial,   empleado  o  profesor  de  escuela  normal,  inspector  de  instrucción  pública  o  profesor de establecimiento de enseñanza secundaria,  en las condiciones que cada ley haya determinado.   

3.2.  Posteriormente  la  Ley  91  de 1989,  artículo  15,  dispuso  que  a  partir  de  la  vigencia de la presente ley, el  personal  docente nacional y nacionalizado y el que se vincule con posterioridad  a enero 1° de 1990 será regido por las siguientes disposiciones:   

“…A.  Los docentes vinculados hasta el  31  de  diciembre de 1980 que por mandato de las leyes 114 de 1913, 116 de 1928,  37  de 1933 y demás normas que las hubieran desarrollado o modificado, tuviesen  o  llegaren  a tener derecho a la pensión de gracia, se les reconocerá siempre  y  cuando  cumplan  con  la  totalidad de los requisitos. Esta pensión seguirá  reconociéndose  por  la  caja nacional de previsión social conforme al Decreto  081  de 1976 y será compatible con la pensión ordinaria de jubilación, aun en  el evento de estar ésta a cargo total o parcial de la nación.   

3.3. No obstante, esta Corte consideró que  si  bien  las Leyes 116 de 1928 y 37 de 1933 se habían encargado de extender el  marco  de  aplicación  de  la  pensión gracia, a todos los maestros del sector  oficial  sin  importar  la  fuente de su vinculación2,   el   hecho   de   que   el  reconocimiento  de  esa  prestación  quedara  supeditado  a  la exigencia de no  recibir  otra  retribución  de la Nación encontraba claro fundamento, primero,  en  el  principio  de  libre  configuración  legislativa, el cual le permite al  Congreso  de  la  República  fijar  los objetivos generales relacionados con el  régimen  prestacional  de  los  servidores públicos3; segundo, en la razón o causa  que  inicialmente  inspiró  la  consagración  legal  de  la  gracia,  cual  es  establecer  un  estímulo  o  retribución  a  favor  de  los maestros del nivel  territorial  cuyos  salarios eran sustancialmente inferiores a los recibidos por  los docentes nacionales.   

Esta diferencia se originaba en el déficit  presupuestal  que  permanentemente acompañaba a los Departamentos y Municipios,  lo  cual les dificultaba remunerar de mejor manera la labor desarrollada por los  maestros  de  las  escuelas  primarias  que, por mandato expreso de la Ley 39 de  1903,   debían   ser   nombrados   y  pagados  por  las  mencionadas  entidades  territoriales4.   

En  conclusión,  la  pensión gracia es un  derecho  de  carácter  especial  que  tiene  vida propia o autonomía frente al  régimen  pensional  ordinario, por su condición de derecho adquirido concedido  por  el  legislador  y con el rango de protección constitucional. Por tanto, su  reconocimiento   es   directo  e  independiente  de  cualquier  otra  situación  ordinaria.   

Cuarto:    El    derecho   al   mínimo  vital.   

Es pertinente recordar que la jurisprudencia  constitucional  ha  reiterado  que  el  derecho al mínimo vital es de carácter  fundamental.  Al respecto y sobre su afectación, en sentencia T-008 de enero 17  de  2008, con ponencia del Magistrado Manuel José Cepeda Espinosa, se recordó:   

“En   primer  término,  la  Corte  ha  establecido,   en   esencia,   dos   presunciones   de  afectación  al  mínimo  vital.5  De  un  lado,  cuando  se  dé  un  incumplimiento  prolongado  o  indefinido  de  las  prestaciones, estimándose el término de más de dos meses  como     suficiente     para     tal     efecto;6 y, de otro, un incumplimiento  aún  inferior  a  dos  meses,  si  la  prestación  es  menor  a  dos  salarios  mínimos.7  Si no se dan las condiciones reunidas en estas hipótesis, aunque  no  se  presuma su afectación, todavía puede considerarse vulnerado el derecho  al   mínimo   vital   cuando  el  actor  pruebe  aunque  sumariamente,  que  su  subsistencia digna se ve conculcada por el incumplimiento.   

De no concurrir las presunciones, la carga  estará  en  cabeza del demandado, ya que es a él a quien corresponde acreditar  unos  elementos  mínimos  que  están  a  su  disposición  o  en  su poder. La  insatisfacción    de    esa    carga    acarrea    la   improcedencia   de   la  acción.   

Efectivamente, la Corte ha estudiado en una  ocasión   anterior   si   en   el  demandante  pesa  la  carga  de  probar  sus  afirmaciones.8  A  esa  pregunta  respondió  que  en ciertos eventos de especial  indefensión  –como es el  caso,  por  ejemplo,  de las personas en situación de desplazamiento forzado, o  de  quienes  afirman carecer de recursos para sufragar un procedimiento excluido  del  POS-  el  juez constitucional debe hacer valer una presunción de veracidad  de  los enunciados del accionante, pues en la generalidad de los casos, el actor  tiene  la  carga  de  probar la vulneración de sus derechos fundamentales. Así  concluyó:   

‘En suma, quien  instaure  una acción de tutela por estimar vulnerados o amenazados sus derechos  fundamentales  tiene  la carga procesal de probar sus afirmaciones; tan sólo en  casos  excepcionales, dadas las especiales condiciones de indefensión en que se  encuentra  el  peticionario, se ha invertido jurisprudencialmente la carga de la  prueba    a    favor    de    aquél.’9   

Es  así  que,  en un momento anterior, la  Corporación  estimó  conducente  formular  la  presunción de veracidad en las  acciones de tutela que pretenden el pago de mesadas pensionales:   

‘En  estos  casos,   y  pese  a  que  la  jurisprudencia  de  la  Corporación  no  lo  diga  expresamente,  es  menester  establecer que, por tratarse del pago de pensiones,  ha  de presumirse que su no pago está afectando el mínimo vital del pensionado  y,   por   ende,   corresponderá   a   la   entidad  encargada  de  pagar  esta  prestación’.10   

Pero  esa consideración debe ser valorada  en  el  contexto  de  los demás parámetros establecidos por esta Corporación,  como   aquél  en  virtud  del  cual  ‘del  solo  hecho  de  pertenecer al grupo poblacional de la tercera  edad,  si  bien  el  Estado,  la  sociedad  y la familia deben concurrir para la  protección  de  éste  (art. 46 C.P.), no se deriva la vulneración del mínimo  vital  por  el  no  pago  de  una deuda’,11   o   el   precedente  que  últimamente   se   ha  consolidado:  ‘La  cesación  prolongada  en  el  pago  de la mesada pensional, es  decir,  aquella  que  se  extiende  por  más  de dos  períodos,  permite  presumir  la  vulneración  del  mínimo  vital  del  pensionado y su grupo familiar.12  En  consecuencia, en tales  eventos  corresponde  a  la  administración  la  carga  de demostrar que con el  desconocimiento  del  derecho  pensional no se ha vulnerado el mínimo vital del  afectado’13  (subrayas  añadidas).  En  definitiva,  no  basta  con que el incumplimiento sea de una mesada pensional, o  de  que  se  trate  de  una  mesada  pensional  de vejez, para que se presuma de  inmediato  vulnerado  el  mínimo  vital.  Hay  una  carga mínima: o afirmar lo  suficiente  como  para que el caso se inscriba en el ámbito de las presunciones  o,  si  no  es  así,  probar  sumariamente  la afectación al mínimo vital.”  (Está subrayado en el texto original.)   

En  consecuencia,  el  concepto  de mínimo  vital   o  “mínimo  de  condiciones  decorosas  de  vida”  deriva  del principio de dignidad humana y de  los  derechos  al  trabajo y a la igualdad de los trabajadores y pensionados. No  obstante  lo  anterior,  la  Corte  ha  establecido  que  el mínimo vital no se  restringe  a  un  concepto  cuantitativo sino cualitativo que debe ser objeto de  valoración   en   cada   caso   particular,  de  acuerdo  con  las  condiciones  específicas de quien solicita el amparo.   

Quinto.     Análisis     del    caso  concreto.   

A  partir  de  las  consideraciones legales  constitucionales  y  jurisprudenciales  que  han  sido  efectuadas en los puntos  anteriores,  la  Corte observa que en el asunto que motiva este pronunciamiento,  la tutela no está llamada a prosperar.   

En  efecto,  los  actores reclaman por esta  vía,  el reembolso de unos descuentos que por concepto de salud les hacen de su  pensión,  aspecto  sobre  el cual es importante recordar que sobre este tipo de  descuentos  ordenados  por  ley  a  las  mesadas  pensionales, el parágrafo del  artículo  2°  de  la Ley 4ª de 1966, “por la cual  se  provee  de nuevos recursos a la Caja Nacional de Previsión Social- Cajanal,  se  reajustan  las  pensiones  de  jubilación  e  invalidez  y  se dictan otras  disposiciones”,   señaló   que   los  pensionados  cotizarán  mensualmente  con  el  cinco por ciento (5%) de su mesada pensional,  norma   que  posteriormente  fue  derogada  y  modificada  por  la  Ley  100  de  1993.   

Al efectuar el reconocimiento de la pensión  gracia  de la Ley 114 de 1913, se generaba para estas personas la posibilidad de  disfrutar  de los servicios médico asistenciales, prestados por Cajanal, en ese  entonces,  pero   la  Ley 100 de 1993, determinó la unificación del monto  del  aporte  para  financiar  los  servicios  de  salud,  y  en el artículo 143  dispuso:   

“Artículo  143. Reajuste pensional para  los  actuales pensionados. A quienes con anterioridad al 1° de enero de 1994 se  les  hubiere  reconocido la pensión de vejez o jubilación, invalidez o muerte,  tendrán  derecho,  a partir de dicha fecha, a un reajuste mensual equivalente a  la  elevación  en la cotización para salud que resulte de la aplicación de la  presente ley.   

La cotización para salud establecida en el  sistema  general  de  salud para los pensionados está, en su totalidad, a cargo  de  éstos,  quienes  podrán cancelarla mediante una cotización complementaria  durante su período de vinculación laboral.   

El  Consejo Nacional de Seguridad en salud  podrá  reducir  el monto de la cotización de los pensionados en proporción al  menor  número  de  beneficiarios  y para pensiones cuyo monto no exceda de tres  (3) salarios mínimos legales.   

PARAGRAFO TRANSITORIO. Sólo por el año de  1993,  los  gastos de salud de los actuales pensionados del ISS se atenderá con  cargo al Seguro de IVM y hasta el monto de la cuota patronal.”   

Entonces,  con anterioridad a la Ley 100 de  1993,  los  pensionados  contribuían  con  el 5% de su mesada pensional para la  financiación  de  los  servicios de salud. Sin embargo, esta Ley estableció de  manera  general  que la tasa de cotización para financiar el Sistema General de  Seguridad  Social  en  Salud  sería  hasta  del  12%,  sin  importar el tipo de  pensión de que se trate.   

Es  decir,  sin  excepción alguna, resulta  obligatoria  la  cotización  a  salud sobre la mesada pensional, aporte que con  posterioridad  se  destina  a  financiar  el  servicio  médico  asistencial del  afiliado o pensionado.   

Por  tal  razón, con el fin de mantener la  capacidad   adquisitiva   de  las  mesadas  pensionales,  en  el  artículo  143  transcrito  de  la  Ley  100  de  1993,  se  dispuso  un  incremento en su monto  equivalente  a  la  suma  necesaria  para  cubrir  la  diferencia  entre  el  5%  (porcentaje anterior) y el 12% ahora establecido.   

Lo que significa que con el objeto de poner  en  igualdad  de  condiciones  a  los pensionados, la denominada pensión gracia  también  se  incrementó,  pues  se les otorgó a las personas a quienes se les  reconoció  la pensión antes del 1° de enero de 1994, el beneficio del aumento  mensual  en el monto de la pensión equivalente a la cotización para salud a la  que  se  veían  sometidos  por  aplicación  de  las disposiciones que en dicha  materia trae la Ley 100 de 1993 y sus decretos reglamentarios.   

En este orden de ideas, en el caso concreto  es  evidente  que  los  docentes reciben el pago de sus mesadas pensionales, sin  estar  evidenciado  que el descuento hecho por salud, que es a beneficio de cada  quien,  afecte  el  mínimo  vital de ninguno, además de no ser claro que estas  sumas  sean  ilegalmente  descontadas,  circunstancia que si los actores quieren  cuestionar  pueden  hacerlo en otras instancias judiciales, no siendo la acción  de  tutela,  por  su carácter residual y subsidiario, el mecanismo idóneo para  la solución de las inconformidades aquí planteadas.   

Tampoco  puede  considerarse  vulnerado  el  derecho  a  la igualdad, la tercera edad o la seguridad social, pues se trata de  un  pago  que  redunda  en  provecho  propio  de cada aportante, y no se pone de  presente  una  situación  en  la  cual  se  manifieste  que  otras  personas en  equiparables  circunstancias,  tengan mejores condiciones que aquéllos o se les  aplique un descuento inferior.    

Por  consiguiente,  a  diferencia de lo que  consideró   el   despacho   judicial   de   instancia,  no  aparece  acreditada  vulneración  de ningún derecho fundamental, razón por la cual se revocará la  decisión del Juzgado Segundo Penal del Circuito de Montería.   

III. DECISIÓN.  

En mérito de lo expuesto, la Sala Séptima  de  Revisión  de  la Corte Constitucional, administrando justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE  

Primero:  REVOCAR   la   sentencia  proferida  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Córdoba el 11 de julio  de  2008, que concedió la tutela interpuesta mediante apoderado por Aída Zulia  Aluma  Peña,  Andrea  Polonia  Murillo  Pino, Ana Josefina García Peña, Oscar  Luis  Bolaño  Suárez,  José  Nereo  Córdoba Bejarano, Esaud Sánchez Moreno,  Cruz  Manuela  Murillo  Córdoba,  Cleotilde Martínez de Reales, Andrea Romaña  Hurtado,  Elvia Francisca Díaz Atencio, Ernedis del Carmen Vélez de Martínez,  Luis  Emiro  Moreno  Murillo,  Melvia Ezequiel Murillo Ortiz, Arcedilia Sánchez  Moreno,  Juan  Eugenio  Palacios Lemus, Luis Artemio Rodríguez, Alba Luz Sossa,  Nicolasa  Villanueva  Vergara,  Omaira  Pabón  de  Martínez,  Omaira  Arias de  Sinisterra,  Eliécer  Lenis  Perea,  Jesús Adolfo Mosquera Torres, Juan Isacio  Mosquera  M.,  María  Eunice Perea Perea, Jorge E. Lozano Díaz, Carmen Petrona  Sanpedro,  Nirla  María Perea Hinestroza, Idalides Rodríguez de Valois, María  Dorís  Guarín,  Lucía Murillo de Mena, José María Lloreda Mosquera, Mariela  Perea  Perea,  María  Heisa del Carmen Figueroa, Luis Amado Perea Perea, Ramón  Antonio  Mena  Moreno,  Nilda  Alicia  Manyoma  Rosero, Ana Rosa Palacios Barco,  Genaro  Córdoba  Blandón,  William  Antonio  Palacios Córdoba, Ruth Francisca  Murillo  Copete,  Nicomedes  Bejarano  Moreno,  Antonio Euclides Valois Murillo,  Andrea  Perea M., Dave María Caicedo de Murillo, Nelly María López Martínez,  Luis  Carlos  Ramírez  Perea,  Margarita Moreno Becerra, Carmen Odilia Ramírez  P.,  Delsa  Cruz  Palacios Murillo, José Adelio Quinto Martínez, Jorge Bechara  Arriaga,  Alicia  Victoria  Mosquera Lemus, Miguel Antonio Casas Córdoba, Juana  Mena  de  Machea,  Oscar  Palomeque  Moreno,  Mary Salas Palacios, Jesús Evelio  Palacios  Murillo,  Oscar  Anilio  Palacios  García,  Remberto  Reyes  Núñez,  Exiquio  Rafael  Arias,  Merle  de  la Cruz Rada Gutíerrez, Ramón Antonio Mena  Moreno,  Fanny  del  Carmen Perea de Perea, Deofana Ortiz Córdoba, Nydia María  Mosquera,  Víctor  Aurelio García R., Isabel Bejarano, Imelda Gamboa Palacios,  Alberto  Magno  Mena Cuesta, Enelfina Murillo de Lozano, Martha María Ibargüen  Gil,  Antonio  Hitler  Mosquera  Murillo, Ludys María Carranza Hernández, Luis  Moisés  Pico  Román,  Elizabeth  Córdoba  Mora,  Zenaida Orejuela de Murillo,  María  Dolores  Bejarano  Palacios,  Arnaldo  Josué  Moreno,  Lilibeth  Sierra  Ramírez,  Célimo Emiliano Rengifo Aluma, Oscar Joel Rengifo Aluma y Cruz Elisa  Vega  de  MexinaAída  Zulia  Aluma  Peña,  Andrea  Polonia  Murillo  Pino, Ana  Josefina  García  Peña,  Oscar  Luis  Bolaño  Suárez,  José  Nereo Córdoba  Bejarano,  Esaud  Sánchez  Moreno,  Cruz  Manuela  Murillo  Córdoba, Cleotilde  Martínez  de  Reales,  Andrea  Romaña  Hurtado, Elvia Francisca Díaz Atencia,  Ernedis  del  Carmen  Vélez  de  Martínez,  Luis Emiro Moreno, Melvia Ezequiel  Murillo  Ortiz,  Arcedilia  Sánchez  Moreno,  Juan Eugenio Palacios Lemus, Luis  Artemio  Rodríguez, Alba Luz Sossa, Nicolassa Villanueva Vergara, Omaira Pabón  de  Martínez,  Omaira  Arias de Sinisterra, Eliécer Lenis Perea, Jesús Adolfo  Mosquera  Torres,  Juan  Isacio  Mosquera  M., Aída Alumer Peña, Marín Eunice  Perea  Perea, Jorge E. Lozano Díaz, Carmen Petrona Sanpedro, Nirla María Perea  Hinestroza,  Idalides Rodríguez de Valdes, María Dorís Guarín, Lucia Murillo  de  M.,  José María LLoreda Mosquera, Mariela Perea Perea, María Heisa del C.  Figueroa,  Luis  Amado  Perea  Perea,  Ramón  Antonio Mena Moreno, Nilda Alicia  Monyoma  Rosero,  Ana  Rosa  Palacios  Barco,  Genaro Córdona Blandón, William  Antonio  Palacios  Córdoba,  Ruth  Francisca Murillo Copete, Nicomedes Bejarano  Moreno,  Antonio  Euclides  Valois  Murillo,  Andrea de la Perea M., Dave María  Caicedo  de  Murillo, Nelly María López Martínez, Luis Carlos Ramírez Perea,  Margarita  Morena  Becerra,  Carmen  Odilia  Ramírez  P,  Delsa  Cruz  Palacios  Murillo,  José Delio Quintero Martínez, Jorge Bechara Arriaga, Alicia Victoria  Mosquera  Lemus,  Miguel  Antonio  Casas  Córdoba,  Juana Mena de Machea, Oscar  Palomeque  Moreno,  Mary  Salas  Palacios, Jesús Evelio Palacios Murillo, Oscar  Anilio  Palacios  García, Remberto Reyes Nuñez, Exiquio Rafael Arias, Merle de  la  Cruz  Rada Gutíerrez, Ramón Antonio Mena Moreno, Fanny del Carmen Perea de  Perea,  Deofana  Ortiz  Córdoba, Nydia María Mosquera, Víctor Aurelio García  R,  Lorena  Isabel  Bejarano, Imelda Gamboa Palacios, Alberto Magno Mena Cuesta,  Enelfina  Murillo de Lozano, Martha María Ibarguen Gil, Antonio Hitler Mosquera  Murillo,  Ludys  María Carranza Hernández, Luis Moisés Pico Román, Elizabeth  Córdoba  Mora,  Zenaida  Orejuela  de Murillo, María Dolores Bejarano, Arnaldo  Josué  Moreno,  Lilibeth  Sierra Ramírez, Celineo Emiliano Rengifo, Oscar Joel  Rengifo Alumia, y Cruz Elisa Vega de Mexina.   

En     su     lugar,     DENEGAR la tutela invocada.   

Segundo:   Por  Secretaría  General, LÍBRESE  la  comunicación  a  que  se  refiere  el  artículo  36  del  Decreto  2591 de  1991.   

Notifíquese,  comuníquese,  publíquese e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional. Cúmplase.   

NILSON PINILLA PINILLA  

Magistrado  

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Magistrado  

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

    

1 Pese a  que  en  el  escrito de tutela se hace referencia a un mayor número de actores,  sólo  se  toma  como tales, aquéllos que tienen suscrito debidamente un poder,  por  cuanto  el  carácter informal de la tutela permite que pueda ser tramitada  sin  la  asistencia  de  un  abogado,  pero  cuando  la  gestión se realiza por  intermedio  de  un  profesional  del  derecho,  deberá  otorgarse  a  éste  el  correspondiente  poder  para  tales efectos (cfr. T-695 de noviembre 19 de 1998,  M.P. Antonio Barrera Carbonell, entre muchas otras).   

2 Este  criterio  es  reiterado  por  la  Corte  Constitucional en la sentencia C-915 de  noviembre  18  de  1999,  M. P.  Fabio Morón Díaz, la cual, acogiendo los  argumentos  expuestos  en  la  sentencia  C-479  de  septiembre 9 de 1998, M. P.  Carlos  Gaviria Díaz, declaró exequible el artículo 3° de la Ley 37 de 1933,  que  de  manera  expresa  amplió  el  derecho a la pensión gracia “a  los  maestros  que  hayan  completado  los años de servicios  señalados     por     la     ley,    en    establecimientos    de    enseñanza  secundaria”.   En   esa   oportunidad,   también  consideró  la  Corte  que  el  reconocimiento  de  la  pensión  gracia quedaba  supeditado   a   la   circunstancia   de  demostrar  que  no  se  recibía  otra  contraprestación de carácter nacional.   

3 Bajo  la  vigencia  de  la Constitución de 1886, dentro de la cual se expidió la Ley  114  de  1913,  la  competencia  del Congreso de la República era todavía más  amplia  pues,  según  el  artículo  76-9  de  ese estatuto superior, era de su  resorte  establecer  la  remuneración y el régimen de prestaciones sociales de  los  empleados  públicos,  correspondiendo  al  ejecutivo tan sólo señalar su  dotación y otros emolumentos.   

4 C-924  de julio 26 de 2000, M. P. Vladimiro Naranjo Mesa.   

5“Cfr.  T-259  de  1999,  M.P.  Alfredo  Beltrán Sierra, T-818 de  2000,  M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero, T-370 de 2001, M.P. Jaime Córdoba  Triviño,  T-725  de  2001  y  T-148 de 2002, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa,  T-326  de  2004,  M.P.  Clara  Inés Vargas Hernández, T-133 de 2005 y T-809 de  2006,  M.P.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa, T-404 de 2007, M.P. Jaime Córdoba  Triviño.”   

6“Sentencias  T-362  de  2004, M.P. Clara Inés Vargas Hernández,  T-148  de  2002,  T-133  de  2005  y  T-896  de  2006,  M.P. Manuel José Cepeda  Espinosa.”   

7“  T-795 de 2001, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.”   

8“  T-131  de  2007,  M.P.  Humberto  Sierra Porto, T-653 de 1999, M.P. Fabio Morón  Díaz.”   

10  “T-259 de 1999, M.P. Alfredo Beltrán Sierra.”   

11  “T-146 de 2002, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.”   

12  “T-246  de  1996 (M.P. José Gregorio Hernández Galindo), T-011 de 1998 (M.P.  José  Gregorio  Hernández  Galindo),  T-544  de  1998  (M.P. Vladimiro Naranjo  Mesa),   T-025  de  2000  (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra), SU-090 de 2000  (M.P.  Eduardo  Cifuentes Muñoz), T-908 de 2002 (M.P. Jaime Córdoba Triviño),  T-814  de  2004  (M.P.  Rodrigo Uprimny Yepes), T-133 de 2005 (M.P. Manuel José  Cepeda  Espinosa), T-1129 de 2005 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández), T-567 de  2005  (Clara Inés Vargas Hernández), T-241 de 2007 (M.P. Álvaro Tafur Galvis)  y T-460 de 2007 (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra).”   

13“  T-600  de  2007,  M.P.  Jaime  Córdoba  Triviño.”     

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