T-491-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-491-09  

Referencia: expediente T-2282558  

Acción  de  tutela  instaurada  por  Jairo  Alexander  Mazo  Gutiérrez  contra  el  Tribunal Administrativo de Cundinamarca  –  Sala  de Descongestión  –   Sección   Segunda  – Subsección Tercera y el  Consejo  de Estado – Sala de  lo    Contencioso    Administrativo   –    Sección    Segunda   – Subsección “A”.   

Magistrado Ponente:  

Dr.  LUIS  ERNESTO VARGAS  SILVA   

Bogotá D.C., veintitrés (23) de julio de dos  mil nueve (2009).   

La  Sala  Tercera  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,    integrada   por   los   magistrados   LUIS   ERNESTO   VARGAS  SILVA,  MAURICIO  GONZÁLEZ  CUERVO  y  GABRIEL  EDUARDO  MENDOZA  MARTELO,  en  ejercicio de sus competencias constitucionales y legales,  específicamente  las  previstas  en  los  artículos  86  y 241 numeral 9 de la  Constitución   Política   y   en   el   Decreto  2591  de  1991,  profiere  la  siguiente:   

SENTENCIA   

Dentro  del  proceso  de  revisión del fallo  proferido  por  el  Consejo  de  Estado –    Sala    de    lo    Contencioso    Administrativo   –  Sección  Cuarta,  que  resolvió  la  acción  de tutela promovida a través de apoderado judicial por Jairo Alexander  Mazo  Gutiérrez  contra  el  Tribunal  Administrativo de Cundinamarca – Sala de  Descongestión  – Sección  Segunda   –  Subsección  Tercera   y   el  Consejo  de  Estado  –    Sala    de    lo    Contencioso    Administrativo   –    Sección   Segunda   – Subsección A.   

I. ANTECEDENTES  

1.    Hechos    y   acción   de   tutela  interpuesta:   

1.1.  El  accionante  manifiesta que mediante  resolución  No.  6121  del  6  de  septiembre  de  1995  fue incorporado por el  Instituto  Nacional  Penitenciario  y  Carcelario  “INPEC”  en  el  cargo de  Guardián  de  Prisiones,  grado  02,  código  5260, luego de haber aprobado el  curso   en   la   Escuela   Penitenciaria  Nacional  “Enrique  Low  Murtra”.   

1.2.  Una  vez  posesionado como Guardián de  Prisiones  y  posteriormente  actualizado como Dragoneante del INPEC, laboró de  manera  ininterrumpida  desde el 6 de septiembre de 1995 hasta el 13 de julio de  2000,  sin  que  existiera  en su contra sanción disciplinaria, penal o fiscal;  indica  que  durante  ese  tiempo  recibió  múltiples  felicitaciones  por  su  trabajo,  fue  nombrado  en varias oportunidades como el personaje del mes y que  la  última  calificación de servicios que recibió de parte del Director de la  Cárcel “La Modelo” de Bogotá, fue de 95 sobre 100.   

1.3.  Con  la  resolución No. 0017 del 20 de  junio  de  1998,  proferida por el Director General del INPEC como presidente de  la  Junta  de Carrera Penitenciaria, fue inscrito en carrera penitenciaria en el  cargo  de  Guardián  de  Prisiones,  código  5260,  grado  06,  y  luego  como  Dragoneante  de Prisiones, código 5260, grado 11, al cumplir con los requisitos  que exige la ley 32 de 1996.   

1.4. Explica que mediante oficio 7200-SEG-0550  signado  por  el  Secretario General del INPEC, fue citado el 16 de mayo de 2000  ante  la  Junta Asesora de esa entidad, con el fin de recibirle versión libre y  emitir  concepto sobre su retiro o no de la Institución. En dicha fecha se hizo  presente  y fueron suscritas las actas No. 093 y 093-1 en cuyos textos jamás se  precisaron  los cargos en su contra, ni se aportó o practicó prueba alguna que  le  permitiera  ejercer  el  derecho  de defensa y contradicción al versionado.   

1.5. Ulteriormente la Junta Asesora de Carrera  Penitenciaria,  “sin  emitir  concepto  acerca de su  situación  particular  [la  del  actor], se  limitó  a  dar  un  voto de confianza al Director del Instituto  Nacional   Penitenciario   y   Carcelario   INPEC   para   su   retiro   de   la  Institución”1,   el   cual   se   concretó   mediante  resolución  No.  2136  de  fecha  6  de  julio  de  2000 arguyendo “una    supuesta    inconveniencia    que    adolece    (sic)   de  motivación”,  en  aplicación  del artículo 65 del  Decreto  407  de  1994.  El accionante manifiesta que tal decisión cercenó sus  derechos  fundamentales,  pues  no se le permitió conocer los cargos imputados,  solicitar pruebas y rendir descargos.   

1.6.  Plantea que el procedimiento adelantado  por  el  Junta  Asesora  de Carrera Penitenciaria fue irregular y contrario a la  resolución  interna  No. 0969 del 9 de marzo de 2000, que reguló el trámite a  seguir  cuando  se retira por inconveniencia al personal del cuerpo de custodia.   

1.7.   Indica  que  como  consecuencia  del  injustificado  retiro y de su edad que superaba los 35 años, su vida y la de su  familia  se  han  visto  seriamente  afectadas ante la dificultad que tiene para  vincularse laboralmente y de manera estable en el país.    

1.8.  Aduce que las anteriores situaciones lo  llevaron  a  instaurar  demanda  administrativa,  en  ejercicio de la acción de  nulidad  y  restablecimiento  del  derecho,  la  cual  correspondió al Tribunal  Administrativo    de   Cundinamarca   –  Sala  de  Descongestión  –    Sección    Segunda   –  Subsección  Tercera,  bajo  el  radicado  2000-7868.  Agotado  el  trámite  procesal, dicha Colegiatura profirió sentencia, el 18 de noviembre de  2004, negando las súplicas del actor.    

1.9. Expresa que dentro del término legal su  apoderado  interpuso el recurso de apelación contra la mencionada sentencia del  Tribunal  acusado, el cual fue admitido y luego resuelto el 10 de agosto de 2006  por  el  Consejo de Estado –  Sala  de  lo Contencioso Administrativo –    Sección    Segunda   –  Subsección  A,  quien  confirmó  la decisión desestimatoria del  petitum  con argumentos que,  en  sentir de aquél, no se ajustan a derecho y configuran defectos sustantivo y  fáctico,  a  más  de  un  desconocimiento  del precedente constitucional y una  violación directa de la Constitución.    

1.10.  Arguye  que  el  14 de febrero de 2007  formuló  acción  de  tutela  contra  las  mencionadas Corporaciones judiciales  aduciendo  violación  a  los  derechos  fundamentales  al  debido proceso, a la  defensa,  a  la  igualdad,  de  acceso a la administración de justicia, al buen  nombre,  a  la  honra  y  a  la  presunción de inocencia, la cual correspondió  conocer   al   Consejo   de   Estado   –    Sala    de    lo    Contencioso    Administrativo   –  Sección  Cuarta,  quien en sentencia  del  12  de  abril  de  2007  rechazó  por  improcedente la solicitud de amparo  interpuesta  por  el  señor  Mazo  Gutiérrez,  al considerar que la acción de  tutela no procede contra providencias judiciales.   

1.11. En virtud de lo anterior, el accionante  invocando  los  autos  004/04  y  100/08 proferidos por la Corte Constitucional,  promovió  una  nueva  acción  de tutela con el propósito de dejar sin efectos  los  fallos proferidos el 18 de noviembre de 2004 por el Tribunal Administrativo  de  Cundinamarca  – Sección  Segunda   –  Subsección  Tercera  y  el  10  de  agosto  de  2006  por  el Consejo de Estado –  Sala de lo Contencioso Administrativo  –   Sección   Segunda  – Subsección A. Pidió que  se  ordene dictar una nueva sentencia en la que se restablezcan los derechos del  actor,  se  exija  la  expedición  del  concepto  previo de la Junta Asesora de  Carrera   Penitenciaria   para  su  retiro  y  se  le  reintegre  al  cargo  que  desempeñaba en el INPEC.   

1.12.   Insiste   en   que   el   Tribunal  Administrativo  de  Cundinamarca  no  siguió en su caso los mismos lineamientos  planteados  en  el fallo de constitucionalidad C-565 de 1995, de acuerdo con los  cuales   para   que   la   potestad  del  Director  del  INPEC  de  retirar  por  inconveniencia  a  los  funcionarios de la carrera penitenciaria y carcelaria se  ajuste  a  derecho,  se debe oír al encartado en descargos, instancia que no se  surtió  en  su  caso,  pues  fue  citado a comparecer ante la Junta Asesora sin  saber  el  motivo  de  la  diligencia;  ya ante la Junta Asesora en acta 093 fue  convocado  a recibir una “versión” que no se puede entender como descargos,  porque  éstos  deben  ser inherentes y directamente proporcionales a los cargos  imputados que jamás conoció.   

1.13. El actor radicó la nueva tutela ante el  Juzgado  31  Administrativo  de Bogotá, órgano de judicatura que en auto del 4  de  marzo  de  2009 declaró su incompetencia para conocer del asunto y remitió  el  expediente  al  Consejo de Estado, la admitió, notificó a los accionados y  dispuso  vincular en calidad de tercero al INPEC, a más de emitir la respectiva  sentencia de tutela.   

2.  Respuesta  de  los  accionados  y  del  Instituto vinculado:    

2.1. Mediante escrito radicado el 20 de marzo  de   2009,   el   Consejo  de  Estado  –  Sala  Plena  de  lo Contencioso Administrativo, solicitó rechazar  por  improcedente  la  acción  de tutela al tenor del artículo 6° del decreto  2591 de 1991.   

Para  fundamentar  su  solicitud  indicó que  “la  falta  de inmediatez en este caso es ostensible  si  se  tiene en cuenta que la fecha de presentación de la tutela ocurrió hace  más  de  cuatro  (4)  años  después  de  proferida  la  sentencia  de segunda  instancia,  sin  que  se hubiera demostrado contundentemente la existencia de un  motivo  válido  que  justificara tal inactividad”2.          Agregó  que  en  el  expediente de tutela no obra noticia alguna de  situación   excepcional   de  indefensión  o  de  absoluta  imposibilidad  del  accionante  para  hacer  uso del amparo constitucional, siendo su deber acudir a  la  misma  de  la  manera  más  pronta posible y no permitir que transcurrieran  meses e incluso años para reabrir el debate ya clausurado.   

2.2. Por su parte, el Tribunal Administrativo  de  Cundinamarca  contestó  la  tutela  pidiendo  negar  el  amparo,  porque la  providencia  contra  la  cual  se  dirige  la  acción  constitucional estudio y  encontró  no  probados los aspectos de la supuesta violación al debido proceso  que  generó  la  citación del actor el 16 de mayo de 2000 por parte del INPEC,  pronunciamiento  desestimatorio  que  fue  confirmado por el Consejo de Estado y  que  configura  una  cosa  juzgada  temática. Además, precisó que el fallo de  segunda  instancia  cuestionado  data  del 10 de agosto de 2006 y que los hechos  acaecidos  corresponden al año 2000, “es decir, a la  presente  fecha ya han transcurrido más de ocho (8) años contados a partir del  momento  de  los  hechos que originan la actuación materia de tutela y cerca de  tres  (3)  años  después  de quedar en firme la decisión de segunda instancia  proferida  por  el Consejo de Estado, lo que lleva a inferir al fallador, que no  existe  inmediatez  ni  es  el  momento  oportuno para que se analicen los temas  propuestos    en    la    demanda   de   tutela”3.    

2.3.  La  Jefe  de  la  Oficina Jurídica del  INPEC,  en  escrito  adiado  el  24  de  marzo  de  2009,  solicitó denegar las  pretensiones  del  accionante, porque éste cuenta con otro mecanismo de defensa  idóneo  para atacar el acto administrativo que ordenó su desvinculación de la  carrera  penitenciaria,  al  igual  que  indicó  que la tutela es improcedente,  porque   se   ejerció  varios  años  después  de  proferidas  las  decisiones  judiciales que cuestiona.   

3.   Pruebas  relevantes  allegadas  en  la  instancia.   

A folios 142 a 144 ibídem, obra copia simple  del  acta  No. 093 de fecha 16 de mayo de 2000 expedida por la Junta Asesora del  INPEC,  en  la  cual  se observa que el accionante acudió a rendir su versión,  fue  identificado  y  tuvo la oportunidad de expresar las razones por las cuales  debía continuar como Dragoneante de la Institución.   

A folio 145 ejúsdem, aparece copia simple del  acta  No.  093-1 proferida el 16 de mayo de 2000 por la Junta Asesora del INPEC,  en  la  cual dan concepto unánime al Director General de ese Instituto, para el  retiro   del   accionante   por   motivos  de  inconveniencia  en  el  servicio.   

A  folio  146  del  cuaderno  1, figura copia  simple  de  la  resolución  No.  2136  expedida  el  6  de julio de 2000 por el  Director  General  del  INPEC, a través de la cual se retira por inconveniencia  en  el  servicio al señor Jairo Alexander Mazo Gutiérrez, titular del cargo de  Dragoneante.  Tal  decisión  tiene  cimiento  en  la  facultad que establece el  artículo 65 del Decreto Ley 407 de 1994.   

A folios 147 a 153 ibídem, se observa que el  accionante  formuló  recurso  de reposición y en subsidio apelación contra la  decisión  que  lo  desvinculó laboralmente, pero el Director General del INPEC  rechazó los mismos por improcedentes.   

A  folios  196  a  213 del expediente, milita  copia  simple  de  la sentencia de primera instancia dictada, el 18 de noviembre  de  2004,  por  el  Tribunal  Administrativo    de   Cundinamarca   –  Sala  de  Descongestión  –    Sección    Segunda   –  Subsección  Tercera, mediante la cual se negaron las súplicas de  nulidad  y  restablecimiento  del  derecho  que  formuló  Jairo  Alexander Mazo  Gutiérrez  en  contra  de  la  resolución  que lo desvinculó laboralmente del  INPEC.  Esa  Colegiatura  plasmó  en  el  fallo,  que  el  acto  administrativo  cuestionado  goza  de  la doble prerrogativa de la presunción de legalidad y de  ser  expedido  por  motivos  del  buen  servicio,  situación  que  le permitió  concluir   que   fue  expedido  como  fruto  de  “la  utilización  de  una  facultad  privilegiada que la ley ha dado al Director del  INPEC   en   razón  del  interés  y  la  conveniencia  pública”4.   

A folios 214 a 226 del cuaderno 1, se observa  copia  simple  del  fallo  proferido, el 10 de agosto de 2006, por el Consejo de  Estado   –  Sala  de  lo  Contencioso      Administrativo     –    Sección    Segunda   –  Subsección  A,  a  través  del  cual  se  confirmó la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Administrativo  de  Cundinamarca que desestimó el  petitum  que  el  accionante  elevó  en  ejercicio  de  la acción de nulidad y  reestablecimiento del derecho.   

4. Sentencia que se revisa.  

El   Consejo   de   Estado   –  Sala de lo Contencioso Administrativo  – Sección Cuarta, mediante  providencia  del  1°  de abril de 2009, rechazó por improcedente la acción de  tutela  incoada  por  el ciudadano Jairo Alexander Mazo Gutiérrez al considerar  que   “esta   misma   acción   contra  las  mismas  autoridades  judiciales, presentada por el mismo actor, ya había sido objeto de  estudio,  en  primera  instancia,  por  esta  Sección, quien en fallo del 12 de  abril  de  2007  la  rechazó  por  improcedente  por no ser la vía para atacar  providencias              judiciales”5.  Indicó  que  al  cotejar el  texto  de  la  citada  providencia  con  la  solicitud  de  tutela  que ahora se  resuelve,    se   observa   la   identidad   de   partes,   causa   petendi y de objeto.   

Agregó que no es de recibo la justificación  del  accionante  de instaurar una nueva acción de tutela de acuerdo con el Auto  100  de  2008 proferido por la Corte Constitucional, por cuanto la sentencia del  12  de  abril  de  2007 que rechazó la acción por dirigirse contra providencia  judicial,  ordenó  su  remisión  al  Máximo  Órgano  Constitucional  para su  eventual  revisión,  lo  cual  demuestra que no se le impidió al accionante su  acceso  a  la  administración  de  justicia  y  que al no ser seleccionada para  revisión  se  produjo el fenómeno de la cosa juzgada. Finalmente, insistió en  que   la   acción   de   tutela  no  procede  contra  providencias  judiciales.   

II.  CONSIDERACIONES  Y  FUNDAMENTOS  DE  LA  CORTE   

1. Competencia:  

De  conformidad  con  lo  establecido  en los  artículos  86  y 241-9 de la Constitución Política y 31 a 36 del Decreto 2591  de  1991  y  con  la  selección y el reparto efectuados el 11 de junio de 2009,  esta    Sala    es    competente    para    revisar    la   decisión   judicial  mencionada.   

2. Problema Jurídico:  

De  acuerdo con los hechos expuestos, en esta  oportunidad  le  corresponde  a la Sala establecer si los accionados incurrieron  en  una  causal  de  procedencia  de  la  acción  de tutela contra providencias  judiciales,  al  no  declarar la nulidad y restablecimiento del derecho respecto  de  la  resolución  que  retiró  del  servicio  a un Dragoneante del cuerpo de  vigilancia  del  Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario “INPEC”, acto  administrativo  que,  se  indica, desconoció el debido proceso, toda vez que el  encartado  no  tuvo ocasión de conocer los cargos en su contra, no se le dio la  oportunidad  de  rendir descargos, de tener asistencia técnica, ni de solicitar  pruebas.   

No  obstante,  previo al estudio de fondo del  caso,  la  Corte  deberá  resolver, sobre la base de las reglas que orientan el  principio  de  inmediatez,  si  la  instauración de una nueva acción de tutela  constituye  una justificación válida para sustentar el trascurso del tiempo, o  por  el  contrario es un acto de temeridad, para lo cual se deben confrontar los  elementos  de  las  dos  acciones  protectoras,  y  si se concluye la temeridad,  aplicar las consecuencias procesales.   

Para  tales  efectos, la Sala se ocupará del  estudio   de   los  siguientes  temas,  a  saber:  (i)  Los criterios generales y especiales de procedibilidad  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales.  Reiteración  de  jurisprudencia;   (ii)  La  inmediatez  como  requisito de procedibilidad para el ejercicio de la acción de  tutela.  Examen  riguroso  de  este requisito cuando el amparo se intenta contra  decisiones  judiciales;  (iii)  La  actuación  temeraria  en  materia  de tutela y los requisitos que se exigen  para  su  configuración  (iv)  Breve  presentación  de  los  alcances  y  la  aplicación de los autos 004/04,  162/07  y  100/08  proferidos  por  la Sala Plena de la Corte Constitucional; y,  (v)   El   caso  concreto.   

3.  Los  criterios  generales y especiales de  procedibilidad   de   la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales.  Reiteración de jurisprudencia:   

La jurisprudencia de la Corte Constitucional  ha  sido  consistente  en sostener que, de manera excepcional, la tutela procede  contra         providencias        judiciales6.  Esto  ocurrirá  cuando  los  jueces  como  “autoridades  públicas”7,   profieran   decisiones  que  vulneren  o  amenacen  los  derechos  fundamentales  de  un  ciudadano que no cuenta con otros medios idóneos para la  defensa de sus derechos.   

La Corte ha precisado también que la acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales  tiene  un  carácter excepcional y  subsidiario8.   Excepcional,   pues   aunque  busca  responder  a  la  exigencia  constitucional  de que los derechos fundamentales sean protegidos efectivamente,  no  puede  desconocer  el  hecho de que la jurisdicción ordinaria constituye el  primer  espacio  de  reconocimiento  y  realización  de estos derechos; que los  jueces  que  han  proferido  las sentencias gozan de autonomía funcional; y que  dichos  fallos  tienen  el  valor  de  cosa  juzgada, con lo cual se preserva la  seguridad  jurídica  en el ordenamiento. En este sentido, una acción de tutela  encaminada  a cuestionar una providencia judicial sólo procederá cuando reúna  estrictamente  los  requisitos generales y específicos que la jurisprudencia de  la Corte ha ido decantando para el efecto.   

Además,  tiene  un  carácter  subsidiario,  puesto  que  no  puede  instaurarse  de  manera  paralela al curso normal de los  procesos  judiciales,  sino  que requiere el agotamiento de todas las instancias  en  las cuales hubiera podido solicitarse la protección del derecho amenazado o  vulnerado,  salvo  que  la  tutela  se  instaure como mecanismo transitorio para  evitar un perjuicio irremediable.   

Teniendo en cuenta lo antedicho, la Corte ha  sido  enfática  al  afirmar que la acción de tutela no puede considerarse como  una  instancia  adicional, ni como un mecanismo al cual pueden acudir las partes  que  no  han  sido favorecidas en un proceso, o que han sido negligentes durante  el    mismo9.   

Con   el   fin   de   salvaguardar   las  características   mencionadas,   se   ha  establecido  que  la  tutela  procede  únicamente  cuando  reúne  los  siguientes requisitos  generales de procedibilidad:   

     

i. “Que  la  cuestión  que  se discuta tenga una evidente relevancia  constitucional (…);   

ii. Que  se  hayan  agotado  todos  los  medios  de  defensa judicial al  alcance  de la persona afectada, salvo que se trate de evitar la consumación de  un perjuicio iusfundamental irremediable (…);   

iii. Que   se   cumpla   con   el   requisito  de  la  inmediatez  (…);   

iv. Que,  tratándose  de una irregularidad procesal, quede claro que la  misma  tiene  un efecto decisivo o determinante en la sentencia que se impugna y  que afecta los derechos fundamentales de la parte actora. (…)   

v. Que  la  parte  actora  identifique  de  manera  razonable tanto los  hechos  que  generaron  la  vulneración  como  los  derechos  vulnerados, y que  hubiere  alegado  tal  vulneración  en  el  proceso  judicial  siempre que esto  hubiere sido posible (…);  y   

Además,  es  necesario  que  la providencia  judicial    se    encuentre    dentro   de   alguno   de   los   requisitos   de  procedibilidad,    que   la   Corte  ha  denominado  especiales11.  Dentro de  estos,  se  encuentran  incluidos  los  posibles defectos de las sentencias: (i)  orgánico,  (ii)  procedimental,  (iii)  fáctico  y  (iv)  sustantivo;  y otras  causales  surgidas  de la experiencia jurisprudencial de la corporación: (v) el  error  inducido, (vi) la decisión sin motivación, (vii) el desconocimiento del  precedente,  y  (vii)  la  violación  directa  de la Constitución.12   

Se  debe  insistir  en  que  cada  una de las  condiciones  antedichas  conforman  la  textura  excepcional del amparo en estos  eventos  y  tienen  como  principal  referente la inmutabilidad y el respeto que  como  regla  general  tienen  las  providencias  judiciales  en  el curso de los  procedimientos  ordinarios.   En estos términos la obligación de realizar  un  análisis  intenso  sobre  la  procedibilidad  del amparo cuando se instaura  contra  una  decisión  judicial,  constituye  un  pilar  razonable  que permite  armonizar  en  la  base del razonamiento constitucional los intereses superiores  inherentes  a  la  función  jurisdiccional  y  a la protección de los derechos  fundamentales.   

Pues  bien,  a partir de tales lineamientos y  parámetros  la  Sala  concluye,  a diferencia del juez colegiado que en primera  instancia  rechazó por improcedente la presente solicitud de protección de los  derechos  fundamentales, que la acción de tutela contra providencias judiciales  sí  procede excepcionalmente  cuando   se   presente  uno  de  los  defectos  consignados  en  los  requisitos  específicos  de  procedibilidad  y  siempre  que se cumplan con las condiciones  generales para su estudio.    

Precisamente  lo  anterior lleva a la Corte a  analizar  previamente  si  en  el  presente caso se estructuran los requisitos  generales  para la procedencia  de  la acción de tutela contra providencias judiciales, en especial se ocupará  a  continuación  de estudiar la oportunidad para ejercer esa acción protectora  y,  a reglón seguido, profundizará sobre la actuación temeraria en materia de  tutela y los requisitos que se exigen para su configuración.   

4.   La   inmediatez   como   requisito  de  procedibilidad  para  el  ejercicio  de la acción de tutela. Examen riguroso de  este    requisito    cuando    el    amparo   se   intenta   contra   decisiones  judiciales.   

Esta Corporación,13   de  manera  reiterada  ha  afirmado  que  el  presupuesto  de  la  inmediatez  constituye  un  requisito de  procedibilidad  de  la tutela, de tal manera que la acción debe ser interpuesta  dentro  de  un  plazo  razonable  y oportuno. Ello con el fin de evitar que este  mecanismo  de  defensa  judicial  se  emplee  como  medio que premie la desidia,  inoportunidad  o  indiferencia  de  los  actores, o se convierta en un factor de  inseguridad                 jurídica14.  Tal exigencia se deriva de  lo  preceptuado  en el artículo 86 de la C.P. que establece como inherente a la  acción  de tutela la protección “actual, inmediata y efectiva” de aquellos  derechos.  Ante  la  ausencia de un plazo para ejercer la acción de tutela y la  indeterminación  a priori de  un  lapso  para  todos  los casos, por vía jurisprudencial se ha establecido la  necesidad  de  que sea ejercida en un término razonable, para así permitir que  el  juez pueda tomar las medidas urgentes que demanda la protección del derecho  fundamental  vulnerado,  término  que  debe  ser  apreciado por el juez en cada  situación  concreta, atendiendo la finalidad de dicha institución.15   

Tratándose  de  procesos  judiciales,  esta  Corporación16  considera  que el juicio sobre la razonabilidad del término ha de  ser  más estricto y riguroso, en comparación con los otros casos que se llevan  ante  la  justicia  constitucional.  De  tal  manera  que acudir a la acción de  tutela  pasado  un  tiempo injustificadamente largo después de que han ocurrido  los  hechos  presuntamente  violatorios  de  los derechos fundamentales, sin que  exista  un  motivo  válido  que  explique  la inactividad de los peticionarios,  rompe  con  este  principio  de  inmediatez  y  desvirtúa un aspecto esencial e  inmanente  del  mecanismo  constitucional  de amparo17.   

Sin    embargo,   la   razonabilidad   y  proporcionalidad   del   tiempo   de  presentación  de  la  tutela  contra  una  providencia  judicial  no  están  definidas de antemano. Su valoración está a  cargo  del juez constitucional, y debe hacerse de acuerdo con las circunstancias  y      elementos      del      caso     concreto18, teniendo en cuenta aspectos  tales  como  la especial situación de indefensión, interdicción o abandono de  aquella    persona    a    la   que   se   le   han   vulnerado   sus   derechos  fundamentales19;  el  surgimiento  de  derechos de terceros con el paso del tiempo;  las  posibilidades  de  defensa  en  el ámbito del  proceso judicial; y la  diligencia    del    accionante    en   el   mismo20.    Excedido   el   tiempo  razonable,  ha dicho esta misma Sala de Revisión que sólo sería procedente la  acción de tutela:   

“  (i) si existe un motivo válido para la  inactividad  de  los  accionantes; (ii) si la inactividad justificada vulnera el  núcleo  esencial  de los derechos de terceros afectados con la decisión; (iii)  si  existe  un  nexo  causal  entre  el  ejercicio  tardío  de  la acción y la  vulneración   de   los  derechos  fundamentales  del  interesado;  (iv)  si  el  fundamento  de  la  acción de tutela surgió después de acaecida la actuación  violatoria  de los derechos fundamentales, de cualquier forma en un plazo no muy  alejado   de   la   fecha   de   interposición.”21   

5.  La  actuación  temeraria  en  materia de  tutela y los requisitos que se exigen para su configuración:   

El  juez  de primera instancia constitucional  consideró  que  en  el  presente  caso  se  dan los supuestos de una actuación  temeraria  y  fue  ese  uno  de sus argumentos para rechazar por improcedente la  solicitud  de  amparo,  pero  se  abstuvo  de imponer sanción alguna. Por ello,  procede  la  Sala  a  analizar  este  aspecto de acuerdo con el artículo 38 del  Decreto  2591  de  1991,  que  considera  ejercicio  temerario  de la acción de  tutela,  aquellos  eventos  en  que  una persona o su representante, presente la  misma  acción  de  tutela  ante  varios  jueces  o  tribunales,  sin  un motivo  justificado.   

En    múltiples    ocasiones22,   esta  Corporación  ha establecido que se configura la temeridad cuando se reúnen los  siguientes requisitos:   

     

a. Identidad en el accionante;   

b. Identidad en el accionado;   

c. Identidad fáctica;   

d. Ausencia  de  justificación  suficiente  para  interponer  la nueva  acción;     

Así  mismo, la jurisprudencia de la Corte ha  sostenido  que  para  establecer  si  se  está  en  presencia de una actuación  temeraria  es  necesario  que  el juez realice un examen preciso y detallado del  expediente,  el  cual  debe  partir  de  la  presunción  de  buena  fe sobre la  actuación  del  accionante  y  solo  en el caso de que ésta se desvirtúe y se  pruebe   la   actuación   de   mala   fe  o  dolosa  procede  la  sanción  por  temeridad23.   

De  conformidad con lo anterior, es claro que  se  pueden  presentar  situaciones en las que del examen riguroso que realiza el  juez  se  verifique  la  identidad  en el accionante, accionado y en los hechos,  pero  no  logra  demostrar  la  mala  fe  del  accionante  a pesar de no existir  causales  que  justifiquen  la  nueva  acción.  En  estos casos, el juez podrá  determinar  que  la acción de tutela es improcedente, mas no podrá declarar la  temeridad y adelantar la imposición de las sanciones.   

Así  lo  estableció  la  Corte en sentencia  T-586-06:   

“En consecuencia se reitera la posibilidad  de  que  se presenten eventos de improcedencia con ausencia de temeridad, ya que  puede  ocurrir que se presenten varias tutelas bajo los mismos hechos y derechos  en  ausencia  de una actitud temeraria del demandante, configurándose solamente  la declaración de improcedencia.”   

Respecto   de  la  obligación  de  prestar  juramento,  de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 37 del Decreto  2591  de  1992,  la  Corte  ha  sostenido  que  su finalidad es la de impedir el  ejercicio  abusivo  de  la  acción  de tutela, lo cual se presta para evitar la  vulneración   a   los   principios   de   buena   fe,   eficacia   y  economía  procesal24.   

No   obstante  lo  anterior,  la  Corte  ha  sostenido,  que  “es  factible  presentar  una nueva  acción  de  tutela  donde  se verifique la identidad de accionante y accionado,  basados  en  hechos  similares,  pero  que por presentarse nuevas circunstancias  fácticas,  que  tienen  la  capacidad  de  modificar  la situación inicial, la  acción  tutela  sería  procedente  y  no  se  estaría  en  presencia  de  una  actuación                temeraria”25.   

6. Alcance y aplicación de los autos 004/04,  162/07  y  100/08  dictados  por  esta  Corporación.  Inaplicación  en el caso  concreto.   

Toda  vez  que el accionante en su escrito de  tutela  invoca  la  aplicación  de  tales  autos y son ellos el fundamento para  formular  una  segunda acción de tutela en procura de cuestionar nuevamente las  sentencias   proferidas,   el   18   de  noviembre  de  2004,  por  el  Tribunal  Administrativo  de  Cundinamarca  y  el  10 de agosto de 2006, por el Consejo de  Estado,  la  Sala  se  ocupará  de  estudiar  los alcances y la aplicación que  tienen los mismos en el ámbito de las acciones de tutela.   

La  Sala  Plena  de  la Corte Constitucional,  mediante  Auto  004  de 2004, al establecer que las diferentes Salas de la Corte  Suprema  de  Justicia resolvieron no admitir a trámite las peticiones de tutela  que  ante ellas se presentaron por varios ciudadanos contra providencia judicial  proferida  por  una  Sala  de  dicha  Corporación,  indicó  que  tal decisión  “les  vulnera  su derecho constitucional fundamental  de  acceso  a  la  administración  de  justicia (C.N., art. 229) y a obtener la  tutela  judicial  efectiva de sus derechos fundamentales, de conformidad con los  Tratados  Internacionales  (Convención Americana de Derechos Humanos, art. 25),  y  las  Opiniones  Consultivas  de  la  Corte Interamericana de Derechos Humanos  (OC-11/90, OC-16/99)”.   

En  esa  oportunidad  esta  Corte  halló una  formula  para  impedir  que  continuara  la  violación  advertida, dado que las  solicitudes  de  tutela  en los casos que se resuelva no admitir su trámite, no  pueden  quedar sin solución alguna. Por ello, con fundamento en el artículo 37  del  decreto  2591  de  1991, que dispone que son competentes para conocer de la  acción  de  tutela, a prevención, los jueces o tribunales con jurisdicción en  el   lugar  donde  ocurriere  la  violación  o  la  amenaza  que  motivaren  la  presentación  de  la  solicitud, y con el fin de que las personas logren que se  pueda  disponer  lo  pertinente en relación con la revisión de dichas acciones  de  tutela,  indicó  que  “los accionantes tienen el  derecho  de  acudir ante cualquier juez (unipersonal o colegiado), incluida otra  Corporación  de igual jerarquía, solicitando la tutela del derecho fundamental  que consideran violado”.    

Además,   en   dicho   auto  agregó  que:  (i)  El Juez escogido por el  actor  o  actores  no  podría  suscitar  conflictos de competencia con la Corte  Suprema  de Justicia pues es la autoridad que ya con anterioridad ha resuelto no  admitir  su  trámite;  (ii)  Tampoco  podría  negarse  la tutela respectiva con fundamento en la temeridad o  mala  fe  del  accionante,  por  cuanto al no existir una decisión de fondo, la  vulneración  sobreviniente  del  derecho  de  acceso  a  la  administración de  justicia  justifica  la  nueva  interposición  de  la  acción  de  tutela;  y,  (iii)  Estableció  que para  los  casos  en  que  exista  la  misma  situación  de  vulneración del derecho  fundamental  de  acceso a la administración de justicia y la no tutela judicial  efectiva  de  sus  derechos  fundamentales,  los ciudadanos tienen el derecho de  acceder a la formula antes planteada.   

La   misma   Sala   Plena   de   la   Corte  Constitucional,  a  través del Auto 100 de 2008, al notar la reiterada negativa  de   la   admisibilidad  de  tutelas  contra  providencias  judiciales  mediante  AUTOS  cuya  denominación  había  llevado  a  suponer  que  no  constituía “un  fallo  que  suscite  la  competencia  de  la  Corte Constitucional en materia de  revisión  de  sentencia  de  tutela”, consideró que  “de  la  lectura  atenta  de  esas  providencias  se  desprende  que  se trata de una de las ‘decisiones  judiciales  relacionadas con la acción de tutela de los  derechos  constitucionales’  a  la  que  se  refiere  el  numeral  9  del  artículo  241 de la Constitución  Política,  pues  desde el punto de vista material, equivale a un fallo mediante  el  cual  se  declaró  absolutamente  improcedente la acción de tutela. En esa  medida  la  providencia  referida  debe  ser sometida al trámite fijado para el  proceso  de  selección  de los fallos de tutela en la Corte Constitucional, con  la  finalidad  que  la  Sala  de  selección  correspondiente  pueda ejercer sus  competencias    y    adoptar    una   decisión   sobre   su   selección   para  revisión”.   

En  virtud de lo anterior, en el citado auto,  esta  Corporación  fijó las siguientes opciones a favor del accionante a quien  se  hubiese  negado el trámite correspondiente de la acción de tutela mediante  auto:   

     

i. “acudir a  la  regla  fijada en el Auto 04 del 3 de febrero de 2004, es decir, presentar la  acción  de  tutela ante cualquier juez (unipersonal o colegiado) o incluso ante  una  corporación  judicial  de  la  misma  jerarquía  de  la  Corte Suprema de  Justicia; o   

ii. solicitar  ante  la  Secretaría  General  de  la  Corte  Constitucional,  que radique para  selección  la  decisión  proferida por la Corte Suprema de Justicia en la cual  se  concluyó  que  la  acción de tutela era absolutamente improcedente, con el  fin  de  que  surta el trámite fijado en las normas correspondientes al proceso  de  selección.  Para  este  efecto,  el  interesado  adjuntará a la acción de  tutela,  la  providencia  donde  se  plasmó  la  decisión  que  la  tutela era  absolutamente  improcedente,  así  como  la providencia objeto de la acción de  tutela”.     

De  modo  pues  que,  el alcance de los autos  antes  referidos  solo  procede  en los casos en que las Altas Corporaciones que  administran   justicia,   en   sus  Salas  o  Secciones,  mediante  AUTO  rechacen  in  limine  o  no  admitan a  trámite  la  acción  de  tutela  que  invoca un ciudadano en procura de hallar  defensa  a  sus  derechos  fundamentales;  estos  autos según lo estableció la  Corte,  se  asemejan  para  todos  sus  efectos  a  la  decisión  que  declaró  improcedente  una  tutela  y,  por  ende,  está sometida al proceso de eventual  revisión que cumple la Corte Constitucional.   

Esta solución diseñada por esta Corporación  con  el  propósito  de garantizar el acceso a la justicia de quienes recibieron  un  rechazo  in  limine  de  su  acción  constitucional,  regula una situación  extraordinaria  y  excepcional, por lo que no puede extenderse a otros supuestos  en  los  que el demandante ha tenido acceso al trámite de su acción de tutela,  la  cual  ha  concluido  en  una  decisión  de  improcedencia.  En esta última  hipótesis  desaparece  la razón que justificó la fórmula ideada por la Corte  en  los  autos  que invoca el actor. En suma, la situación de hecho que plantea  el   actor   es   completamente   distinta   a  la  que  originó  la  solución  extraordinaria  prevista  en  los  autos  04/04  y  100/08,  por  lo que resulta  impertinente su invocación.   

De otro lado, precisa la Sala que el requisito  de  inmediatez  que  se  exige  como  presupuesto  general  para  la procedencia  excepcional  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales, debe  cumplirse  con  celo  riguroso  aún  en los casos en que los accionantes acudan  ante  los  jueces  unipersonales  o  colegiados  de  igual  jerarquía  al  ente  accionado,  para  reclamar  mediante  una nueva acción de tutela la protección  del  derecho fundamental que consideran violado con la actuación del órgano de  judicatura demandado.    

La interposición tardía de la nueva acción  de   tutela   en   uso   de   las   opciones  que  contemplan  las  ratio  decidendi  de  los  autos  004/04 y  100/08  proferidos por esta Corporación, desencadena la aplicación irrestricta  del  principio  de  inmediatez, según el cual la falta de ejercicio oportuno de  los  medios  que  la  ley  o  la  jurisprudencia  constitucional  ofrece para el  reconocimiento  de  los derechos, no puede alegarse para el beneficio propio del  sujeto    de    la    omisión   o   la   tardanza26.   

7. Del caso concreto:  

De acuerdo con lo expresado en el acápite de  los  hechos,  la demanda de tutela instaurada por el señor Jairo Alexander Mazo  Gutiérrez  a  través  de  apoderado,  tiene  como  propósito  cuestionar  las  decisiones  de  la  Sala  de  Descongestión de la Sección Segunda del Tribunal  Administrativo  de  Cundinamarca y de la Sección Segunda “A” del Consejo de  Estado,   mediante  las  cuales  se  resolvió,  en  su  orden,  desestimar  las  pretensiones  de la demanda de nulidad y restablecimiento del derecho que aquél  instauró  contra la resolución No. 2136 del 6 de julio de 2000 expedida por el  Director  General  del  INPEC,  y  confirmar íntegramente la anterior decisión  sentenciada  por  el citado Tribunal. La primera de esas providencias se produjo  el  18  de noviembre de 2004 y la segunda de ellas fue proferida el 10 de agosto  de 2006.    

El  accionante  presentó el 14 de febrero de  2007,  una  primera  acción  de  tutela  contra  las  mencionadas corporaciones  judiciales  arguyendo  menoscabo a los derechos fundamentales al debido proceso,  a  la  defensa,  a  la  igualdad, de acceso a la administración de justicia, al  buen  nombre,  a la honra y a la presunción de inocencia, la cual correspondió  al  Consejo de Estado – Sala  de   lo   Contencioso  Administrativo  –  Sección  Cuarta  órgano  que  la  admitió,  le  dio el trámite  sumario  y  preferente  que  concluyó  con la sentencia de fecha 12 de abril de  2007  que  rechazó  por  improcedente la solicitud de amparo interpuesta por el  señor  Mazo  Gutiérrez,  al  considerar  que  la  acción de tutela no procede  contra  providencias  judiciales.  Dicho  fallo  de  tutela  no  fue  objeto  de  impugnación.   

A  partir de la información que reposa en el  expediente,  la  Sala observa que esa decisión de tutela fue enviada a la Corte  Constitucional  para  su  eventual  revisión, en cumplimiento de la parte final  del  artículo  31 del Decreto 2591 de 1991, ocasión en la cual fue radicada en  esta Corporación bajo el número 1.620.074 (folio 488 cdno 1).   

La  Sala  de  Selección  número  seis de la  época,  mediante auto del 7 de junio de 2007 dispuso no seleccionar el radicado  en  mención,  lo  que motivó que el accionante acudiera al Defensor del Pueblo  pidiendo  que se insistiera en la revisión del expediente (folio 501 ibídem) y  remitió  sendos  escritos  dirigidos  a cada uno de los Magistrados que hacían  parte  en ese momento de la Corte Constitucional (folios 479 a 500 ejúsdem). El  Defensor  del  Pueblo  presentó, el 10 de julio de 2007, escrito de insistencia  solicitando  la revisión del expediente, pero la misma no fue aceptada por esta  Corporación mediante auto del 26 de julio de ese año.   

Posteriormente,  casi  dos años después, el  accionante  invocando  la  formula  establecida  en  los  autos 004/04 y 100/08,  presentó  el  3 de marzo de 2009 una nueva acción de tutela ante el Juzgado 31  Administrativo  del  Circuito  de  Bogotá,  despacho  que  dispuso la remisión  inmediata  del  expediente  al Consejo de Estado por competencia (folio 516 cdno  1).  La Sala Cuarta del Consejo de Estado admitió a trámite esa nueva tutela y  por  segunda  vez,  a  través  de  sentencia  fechada  el 1° de abril de 2009,  rechazó  por  improcedente el amparo bajo la consideración del quebrantamiento  al  principio  de  inmediatez,  sumada a que el actor ya había formulado tutela  con  idénticos  hechos  y pretensiones. Dicha tutela fue objeto de selección y  es  la  que  en  este  momento  centra  la  atención de esta Sala de Revisión.   

De  lo  antes  expuesto,  la  Sala  advierte:   

a) La primera acción  de  tutela  que  interpuso  el  accionante fue admitida a trámite y terminó el  procedimiento   de   instancia   con   sentencia  que  rechazó  el  amparo  por  improcedente,   por  lo  cual  aquel  no  podía  hacer  uso  de  los  criterios  establecidos  en  los  autos  004/04  y  100/08  toda  vez  que su situación es  diametralmente  opuesta  a las allí tratadas. Nótese que esa tutela jamás fue  objeto    de    un   auto   que   la   rechazara   in  limine  o  no  la admitiera a trámite, por lo cual el  supuesto fáctico se torna diferente.   

b)  Al verificar la  posible  existencia  de  temeridad  en  el  presente  caso,  la  Sala observa lo  siguiente:   

     

a. Identidad en  el  accionante:  La acción de tutela en los dos casos  fue  interpuesta  por  Jairo  Alexander  Mazo  Gutiérrez a través de apoderado  judicial.   

b. Identidad en  el   accionado:  En  los  dos  casos,  la  acción  se  interpone  contra  la  Sala  de  Descongestión  del  Tribunal Administrativa de  Cundinamarca y la Sección Segunda “A” del Consejo de Estado.   

c. Identidad  Fáctica: En las dos acciones se invoca la protección  de  los  derechos  fundamentales  al  debido  proceso, presunción de inocencia,  igualdad  ante  la ley y las autoridades, al buen nombre y la honra. Nótese que  así  lo  precisa  el accionante a folios 23 y 24 del expediente, al indicar que  formuló  anterior  acción  de  tutela con idénticos hechos y pretensiones. En  efecto,  los  fundamentos  fácticos  que,  según  el  accionante, sustentan la  violación,  son  los mismos, esto es, el menoscabo a sus derechos fundamentales  cuando  el  Director  del  INPEC  expidió la resolución No. 2136 de fecha 6 de  julio  de 2000 en la cual lo retiró discrecionalmente del cargo de Dragoneante,  alegando  inconveniencia  en  el  servicio,  y en ambos casos de tutela solicita  dejar  sin  efectos  la  sentencia  de  segunda  instancia  que  desestimó  sus  pretensiones  de nulidad y restablecimiento del derecho en procura de no aplicar  la mentada resolución.   

d. Ausencia de  justificación  para  interponer  la  nueva acción: El  peticionario  argumenta  la  procedencia  de  esta  nueva  solicitud  de  amparo  constitucional  en  aplicación  a los autos 004/04 y 100/08 que dictó la Corte  Constitucional,  pero como se explicó en líneas precedentes, sus alcances solo  cobijan  los  autos  que rechacen in limine  o  no admitan a trámite una acción de tutela y no las sentencias  que  resuelven  la  acción  constitucional. El argumento que presenta el actor,  además  de  no  ser  aplicable  al  caso concreto, no tiene la potencialidad de  modificar  la  situación  procesal  generada por el señor Jairo Alexander Mazo  Gutiérrez.      

En  conclusión,  encuentra  la  Sala  que no  existen  nuevas circunstancias fácticas ni jurídicas que justifiquen una nueva  solicitud de amparo.   

No obstante lo anterior, la Sala considera que  en  el  presente caso no se evidencia que la actuación sea dolosa o de mala fe,  toda  vez  que  fue  el  señor  Mazo  Gutiérrez  quien en su escrito de tutela  manifestó  que  había presentado acción de tutela contra los mismos sujetos y  por  los  mismos  hechos; por lo tanto, no se desvirtúa la presunción de buena  fe  en  las  actuaciones del demandante y en consecuencia, no se sancionará por  temeridad.   La   ausencia   de   mala  fe  se  ratifica  con  la  desafortunada  interpretación  y  alcances  excesivos  que otorgó a los autos 004/04 y 100/08  proferidos  por  esta Corporación, los cuales carecen de aplicación en el caso  concreto.   

A  pesar  de  la  identidad  que  revelan las  acciones,  no  hay  lugar a sancionar al actor por cuanto su actuar se ciñó al  postulado  de  la  buena  fe  constitucional.   Por consiguiente, estima la  Corte  acertado  que  el  juez  constitucional  rechazara  por  improcedente  la  solicitud  de  amparo  sin  declarar  la  temeridad  e  imponer sanción por tal  actuar.   

c) La interposición  de   dos  tutelas  por  los  mismos  hechos,  contra  las  mismas  corporaciones  judiciales,  y  en  procura  de  un  mismo  objeto, es una posibilidad que va en  contra  del  principio  de  cosa  juzgada, porque cuando la primera sentencia de  tutela  fue  remitida  a  la  Corte Constitucional para su eventual revisión, y  ésta   decidió  no  escogerla,  la  consecuencia  jurídica  inmediata  es  la  ejecutoria  formal  y material de esa sentencia, con lo que operaba el fenómeno  de la cosa juzgada.   

d)  En el caso bajo  estudio,  no  se  encuentra  configurado  el  presupuesto  de la inmediatez como  requisito  de  procedibilidad  de  la  tutela,  habida  consideración de que la  providencia  judicial de segunda instancia que pretende atacar el accionante por  vía  constitucional  data  de  10  de  agosto  de 2006, y la presente tutela la  interpuso  hasta  el  mes  de  marzo de 2009, es decir, casi 3 años después de  producirse  aquella  decisión,  término  que  a  todas luces no es razonable y  proporcional,  máxime  si  se tiene en cuenta que busca una protección actual,  inmediata y efectiva de los derechos fundamentales.   

Como  acertadamente lo concluyó la sentencia  de  instancia, la acción de tutela contra la providencia del 18 de noviembre de  2004  de  la Sala de Descongestión del Tribunal Administrativo de Cundinamarca,  y  contra  la  sentencia del 10 de agosto de 2006 de la Sección Segunda “A”  del  Consejo  de  Estado,  es  improcedente por no cumplir con el presupuesto de  inmediatez  y  porque  el  actor  ya  había  incoado otra acción de tutela con  idénticos  fundamentos de hechos y de derecho, en la cual se le negó el amparo  constitucional.   

III. DECISIÓN  

Con   fundamento   en  las  consideraciones  expuestas   en   precedencia,   la   Sala  Tercera  de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la  Constitución,   

RESUELVE:  

Primero.   CONFIRMAR,  por  las  razones  expuestas, la sentencia proferida por la Sección  Cuarta  de  la  Sala  de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, el  1°  de  abril de 2009, mediante la cual declaró la improcedencia de la acción  de  tutela  incoada  por  Jairo  Alexander  Mazo  Gutiérrez  contra el Tribunal  Administrativo    de   Cundinamarca   –  Sala  de  Descongestión  –    Sección    Segunda   –   Subsección   Tercera   y   el  Consejo  de  Estado  –  Sala de lo Contencioso Administrativo  –   Sección   Segunda  –  Subsección  “A”.   

Segundo.   Por  Secretaria  General,  LÍBRENSE  las comunicaciones de que trata el artículo 36  del Decreto 2591 de 1991.   

Notifíquese,   comuníquese,  cúmplase  e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional.   

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado Ponente  

Magistrado  

GABRIEL  EDUARDO MENDOZA  MARTELO   

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria  

    

1   Cfr.   folio   5   del  expediente.   

2   Cfr.  folio  526  ibídem.   

3   Cfr.   folio   544   del  expediente.   

4   Cfr.   folio   209   del  expediente.   

5   Cfr.  folio  549  ibídem.   

6 Ver,  entre  muchas  otras,  las  sentencias  T-907/06, SU-881/05, C-590/05, T-642/05,  T-1042/04,  T-057/04,  SU-159/02,  SU  1184/01, T-1030/01, T-231/94, y C-543/92.   

7  En  los términos del artículo 86 de la Constitución Política.   

8 Sobre  este     carácter     ver     las     sentencias     T-751/05,                       T-741/05               y               T-068/05.   

9  Sentencias  T-108  de 2003, SU-622 de 2001, T-567 de 1998 y C-543 de 1992, entre  otras.   

10 Ver  sentencia C-590/05.   

11  Como  lo  recuerda  la  sentencia  T-606/04,  la definición de estos requisitos  –tal y como la conocemos-  aparece   por   primera   vez   en   la  sentencia  T-441  de  2003.   

12 Ver  en especial las sentencias T-156 de 2009 y T-189 de 2009.   

13 Ver  Sentencias   T-802  y  T -633 de 2004 M.P, Marco Gerardo Monroy Cabra T-728  de  2003, M.P. Alfredo Beltrán Sierra, T-890 y T-1047  de 2006 M.P. Nilson  Pinilla Pinilla.   

14  Sentencia T-1047 de 2006.   

15 Ver  Sentencia SU-961 de 1999, M. P. Vladimiro Naranjo Mesa   

16  Sentencia T-013 de 2005.   

17  Sentencia T-860 de 2006.   

18  Sentencias T-016/06, T-282/05 y SU-961/99.   

19  Sentencia T-158/06.   

20  Sentencia T-018/08.   

21  Sentencia T-189-09.   

22 Ver  entre   otras   las   sentencias   T-1034-05,   T-1134-05,  T-586-06,  T-939-06,  T-923-06.   

23 Al  respecto  ver  las sentencias T-300-96, T-082-97, T-080-98, T-303-98, T-1034-05,  T-1134-05, T-586-06, T-923-06.   

24 Ver  sentencia T-951-05   

25 Ver  sentencia T-331-09. M.P. Juan Carlos Henao Pérez.   

26  Sentencia T-301 de 2009. M.P. Mauricio González Cuervo.   

27 En  sentencia  T-189  de  2009  esta  misma  Sala de Revisión hizo referencia a ese  criterio  y  trajo  a  colación  lo  establecido en sentencia T-055/08 sobre el  principio de inmediatez.     

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