T-555-09

Tutelas 2009

    Sentencia  T-555-09   

Referencia:  expediente  T-2263652   

Acción  de  tutela  instaurada  de  Mauricio  Pimiento  Barrera  contra  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de  Justicia.   

Magistrado Ponente:    

Dr.  LUIS  ERNESTO VARGAS  SILVA   

Bogotá,  D.C.,  diecinueve (19) de agosto de  dos mil nueve (2009)   

La  Sala  Tercera  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,   integrada  por  los  magistrados  Mauricio  González  Cuervo,  Gabriel   Eduardo  Mendoza  Martelo  y   Luís  Ernesto  Vargas  Silva,  en  ejercicio  de  sus  competencias  constitucionales  y  legales,  ha proferido la  siguiente   

En  el trámite de revisión de los fallos de  tutela  proferidos,  en  el  asunto de la referencia, el 9 de septiembre de 2008  por  la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura  de  Cundinamarca,  y  el  19  de  marzo  de  2009, por la misma Sala del Consejo  Superior de la Judicatura.   

I.  ANTECEDENTES  

1. De los hechos y la demanda.  

1.1   El  14  de  Julio  de  2008, el ex  parlamentario  Mauricio  Pimiento  Barrera instauró acción de tutela contra la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  invocando  la  protección  de  su  derecho fundamental al debido proceso que estimó vulnerado  por  la  sentencia condenatoria de única instancia proferida en su contra el 16  de   mayo   de   2008   dentro   del   proceso   No.   264470,  seguido  en  esa  Corporación.   

La demanda fue inicialmente presentada ante la  Sala  de  Casación  Civil de la Corte Suprema de Justicia, órgano que mediante  auto   de   agosto   11   de   2008,  proferido  por  uno  de  sus  magistrados,  resolvió  “inadmitir  a  trámite  la  solicitud de  tutela”;  impugnada esta decisión, la solicitud fue  objeto  de rechazo en la misma  instancia.  Con fundamento en  los  autos  04/04  y  162/07  proferidos  por  esta  Corporación, el demandante  acudió  ante el Consejo Seccional de la Judicatura de Cundinamarca, entidad que  asumió el estudio de la demanda.   

1.2   Informa el demandante que mediante  sentencia  de mayo 16 de 2008, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   profirió   sentencia   condenatoria   en  su  contra  por  hallarlo  responsable  en  calidad  de  autor del delito de concierto para promover grupos  armados  al  margen de la ley (Art. 340 inciso 2° C.P.), y como determinador de  constreñimiento  al  sufragante  (Art.  387  C.P.).  A  consecuencia de ello le  impuso  la  pena de siete (7) años de prisión, multa de 2000 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilidad para el ejercicio de derechos y de  funciones  públicas,   por  el  mismo  lapso  de  la  pena privativa de la  libertad.   

1.3 Sostiene que en la mencionada sentencia la  Corporación  acusada incurrió en algunos defectos, que a su juicio, configuran  causales  de  procedibilidad  de la acción de tutela contra decisión judicial,  de  conformidad  con  la  jurisprudencia vigente de esta Corte. En desarrollo de  esa afirmación formula los siguientes cargos contra la sentencia:   

1.3.1   La  configuración  de  un  defecto  fáctico.  Para  desarrollar  este  cargo  expone que la condena en su contra se  produjo  “con base en pruebas inexistentes, violando  mis  derechos  fundamentales  al  debido  proceso,  al derecho de defensa y a la  presunción  de  inocencia,  a  la  imparcialidad del juez y a la dignidad de la  persona             humana             “1.   

Expresa  que la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  lo condenó “sin contar  con  el  más  mínimo respaldo probatorio exigido por el ordenamiento jurídico  penal”.     Y     agrega     que     “[L]os  cuatro  grupos  de pruebas en los que la Sala de Casación  Penal  se basó para emitir su sentencia, son inexistentes”.   Al  respecto  sostiene  que “la Sala de  Casación  Penal  estructuró  la sentencia a partir de cuatro medios de prueba:  el  primero,  es  la existencia de un  supuesto “pacto político” entre  los  paramilitares  y  mi  persona (prueba documental); el segundo, se refiere a  algunos  testimonios  que –  según  dice-  demuestran  que  estoy comprometido en la realización de algunos  hechos  susceptibles  de  ser  enmarcados  en  las disposiciones que regulan los  delitos   por   los  que  fui  condenado;  el  tercero,  se  circunscribe  a  la  interceptación  de varias llamadas telefónicas; y, el cuarto, se relaciona con  los    resultados    electorales    que   obtuve   para   las   elecciones   del  2002”2.   

Sobre  este  cargo concluye señalando que un  examen  objetivo,  al  amparo de la sana crítica, conduciría a sostener que la  Corte  “fundó mi condena en meras suposiciones y no  en  medios  de prueba que le permitieran sustentar sus conclusiones, es decir se  basó en medios de prueba inexistentes”.   

Esta censura se centra de manera importante en  una  crítica  a  uno  de los testimonios -Alfonso Palacio Niño- que sirvió de  fundamento  a la sentencia, el cual es descalificado por el actor juzgándolo de  contradictorio  y  carente de credibilidad al haber sido desmentido “por    más    de   trece   testimonios   uniformes,   contestes,  verosímiles,       absolutamente      creíbles3”.        Cuestiona,  así  mismo,  una  interceptación  telefónica  de  una  conversación  (entre  José  Gamarra y Liliana Támara) en razón a que en nada  lo     compromete,     y,     además,     no    tuvo    la    oportunidad    de  controvertirla.   

Sostiene  que  la  Sala  de  Casación  Penal “omitió,  ignoró  y  desconoció” los  medios  de  prueba  legalmente allegados al proceso que demostraban “con  absoluta  y  plena  certeza”  la  ausencia de su responsabilidad.   

De  este  cargo  el  demandante  infiere  una  presunta  violación  a  su  derecho  al debido proceso (defensa, presunción de  inocencia,  imparcialidad  del  juez),  así como a la dignidad humana. Sobre la  presunta  vulneración  de  la  imparcialidad  del  juez indica que “como  la  sentencia condenatoria que se profirió en mi contra no  sólo   se   fundó   en   medios   de   prueba   inexistentes   o  –  en otros casos, mal valorados-, sino  que  tampoco  se  me brindó la oportunidad de controvertir algunos, es evidente  que  ella  no  se  basó  en  una  verdad  objetiva;  en  su  lugar  triunfó la  parcialidad  manifiesta  de  la  Sala  Penal de la Corte Suprema que, fundada en  preconceptos  e  influencias  externas  que dieron al traste con su neutralidad,  dio   cabida   a   la   arbitrariedad   y   al  cercenamiento  de  mis  derechos  fundamentales”5.   

En  lo  que  concierne  a  la dignidad humana  realiza  una  serie  de  consideraciones  sobre  la  importancia  axial  de este  principio   en   el   orden   jurídico   colombiano,  sin  referencia  fáctica  alguna.   

1.3.2  Desconocimiento  del precedente. Sobre  este  cargo  señaló que la Corte Constitucional ha sentado un precedente sobre  el  contenido  normativo del derecho fundamental al debido proceso, “como  un   conjunto  de  garantías  fundamentales para  los  enjuiciados” conforme al cual no es admisible la  imposición  de  una  sanción  “con apoyo apenas en  indicios  evaluados  según  el  libre  criterio  de  quien ha de aplicarla, sin  procedimiento  alguno  establecido  y eliminando completamente las oportunidades  de  defensa  y contradicción de la persona respecto de quien se actúa, todo lo  cual  es  contrario  a  la  presunción  de  inocencia  (…) que únicamente es  desvirtuable    previo    un    debido    proceso.6”  Sobre  esta  base  sostiene  que  la  Corte  Suprema  de  Justicia  “violó   el   alcance  del  precedente  constitucional”,  (…)  “pues  fui  condenado  sin  pruebas”.  Tratando de  concretar  el cargo señala que “la Sala de Casación  Penal  aplicó  el  Código de Procedimiento Penal rompiendo y desconociendo los  precedentes  constitucionales  sobre  el  derecho de defensa y la presunción de  inocencia”.   

1.3.3 Violación directa de la Constitución.  Estima  que   este  vicio  se  presenta  en  razón  a  que  la   “Sala  –  Penal   –  en   vez   de  interpretar  la  ley  penal  –  Código  Penal  y  de  Procedimiento   Penal   –  conforme  a  la Constitución, como lo obliga el artículo 4° de la Carta, hizo  uso   de  la  interpretación  de  la  ley  conforme  a  su  propio  arbitrio  y  capricho”.   De  tal  manera  que  “violó   mediante   su  errónea  interpretación,  mis  derechos  fundamentales  al  debido  proceso en sentido estricto, mi derecho a la defensa,  mi   derecho   de   presunción   de   inocencia,   y   por   ende  mi  dignidad  humana7”.   

Con  fundamento  en  tales  planteamientos el  demandante  solicita la protección de su derecho fundamental al debido proceso,  y  que como  consecuencia de ello se anule toda la actuación que condujo a  su condena.   

     

1. La     sentencia    proferida    por    la    Corte    Suprema    de  Justicia.     

A  continuación  se presenta una reseña que  registra  los  elementos más relevantes de la sentencia de mayo dieciséis (16)  de  dos  mil  ocho  (2008), proferida por la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia, contra la cual se dirige la demanda de tutela.   

     

1. La sentencia proferida el 16 de mayo  de  2008  por  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia en  contra  del  ex  congresista  Mauricio  Pimiento  Barrera,  se  ubica dentro del  siguiente contexto:     

“Desde finales de la década de los 90, en  el  departamento  del Cesar se consolidó un movimiento de autodefensas al mando  de  Rodrigo  Tovar  Pupo –  alias  “Jorge  40”  –  que  ocupó  extensas  zonas  de  los  departamento de Cesar y Magdalena, con la  pretensión de copar todos los espacios de la vida regional.   

De esta manera, de las acciones esencialmente  armadas  que  inicialmente  se ejecutaron para alcanzar el dominio territorial y  obtener  el  intimidado  respeto  o  el  agradecido  respaldo  de sectores de la  población,  prontamente  se  pasó  a  desarrollar tareas de penetración en la  estructura   social   y  en  las  instancias  locales  de  poder,  interviniendo  notoriamente  en  la  composición   de  las  administraciones  municipales  –  alcaldía  y concejos  –  y, en rápido ascenso  piramidal,  también  de  las departamentales, para buscar incidir finalmente en  la  representación popular que a esas entidades territoriales les correspondía  en el Congreso de la República.   

Para lograr ese objetivo, el bloque norte de  las  autodefensas  sectorizó  sus  áreas  de  influencia y brindó en ellas el  respaldo  necesario  a diversos candidatos que en las elecciones del 10 de marzo  de  2002 aspiraban a integrar esa Corporación, apoyo que se materializó de muy  distintas maneras incluida la violencia física.   

Naturalmente,   el hecho de tratarse en  todo  caso  de  una  fuerza  ilegal  que  coexistía  en  algunos escenarios con  instituciones  legítimas,  esto es, la dificultad para que en todos los eventos  la  organización  criminal  pudiera  obrar abiertamente, facilitó un limitado,  pero  importante  ejercicio democrático del voto que les permitió a aspirantes  no    avalados    por    el    paramilitarismo    lograr   votación   en   esos  lugares.   

Acordar  el  respaldo  del bloque norte a su  candidatura  al  Senado  de  la  República  y  beneficiarse  de  los  actos  de  constreñimiento  que  esa  organización ejerció en el departamento del Cesar,  constituyen  precisamente los pilares de la imputación que la Corte le formuló  al  doctor  PIMIENTO  BARRERA  en  la  resolución acusatoria del 9 de agosto de  2007”8.   

1.4.2  El  análisis  probatorio.  Luego  de  realizar  un estudio dogmático sobre la tipicidad de las conductas de concierto  para     delinquir     y     constreñimiento     al     elector    –   aspecto   que   no  es  objeto  de  discusión  en  este  proceso  -,  procede  la accionada a efectuar el análisis  sobre  los  supuestos  probatorios  en  lo  que  se fundamenta la atribución de  responsabilidad:   

1.4.2.1   El primer elemento que toma en  consideración  la sentencia es el indicio consistente en el distanciamiento del  acusado  de  la  actividad proselitista en el departamento del Cesar durante los  tres  últimos  años previos a las elecciones de marzo de 2002, contrastado con  los  resultados  electorales   mediante  los  cuales  resultó elegido como  Senador  con  un  total de 47.027 votos, 34.120 de ellos, en el departamento del  Cesar.   

1.4.2.2   Con  fundamento  en las cifras  electorales  de  marzo  de  2002,  disgregadas  por  municipios,  y  el  patrón  detectado  a  partir de la declaración de Rafael García Torres, consistente en  la      sectorización      del      territorio9  del  Departamento   del  Cesar  entre las dos parejas de aspirantes al Congreso (Pimiento Barrera – Jorge  Ramírez,  y  Álvaro  Araujo  Castro  –  Miguel  Durán  Gélvis),  estrategia auspiciada por Rodrigo Tovar  Pupo  “Jorge 40”, la Corte  concluyó  en  que  existía una especie de acuerdo entre las autodefensas y los  mencionados aspirantes al Congreso.   

1.4.2.3   Como elemento probatorio   complementario  tuvo en cuenta la Corte Suprema, una serie de anotaciones a mano  que  aparecen en el documento que recoge “el acuerdo político” respecto del  departamento     del     Magdalena.    En    este10,  sobre  el  nombre  de  Dieb  Maloof  aparece  el de Mauricio Pimiento o, en ocasiones,  M.P., y sobre el  nombre  de  los  municipios  correspondientes  a  los alcaldes del Magdalena que  firmaron  el  convenio,  están  escritas  las  poblaciones de la zona Norte del  Cesar  en donde el ex Senador Pimiento Barrera superó ampliamente al ex Senador  Araújo  Castro  (Bosconia,  el  Paso,  Copey,  la  Jagua  de Ibirico, Becerril,  Chimichagua y Astrea).   

1.4.2.4    El   anterior   indicio  es  coordinado  con  el  contenido  de  una  interceptación telefónica11 en la que se  registra    una   conversación   sostenida   entre   Liliana   María   Támara  Urzola12  y  José Gamarra. Según la trascripción que aparece en el fallo,  la  conversación  muestra  una  gran preocupación de los interlocutores por el  hallazgo  del  documento  del  acuerdo  de  las  AUC con líderes del Magdalena,  particularmente  por  que apareciese firmado por “Jorge 40”, el “señor   de   Itagüí”,   como   lo  mencionan  en  el  diálogo,  apreciándose  que  conocían de la existencia del  convenio  así  como  de  los  compromisos  que habían adquirido. Este elemento  probatorio fue analizado por la Corte en los siguientes términos:   

“La sinceridad de los interlocutores de la  conversación  sostenida  en  un espacio de gran intimidad donde dicen las cosas  como   son,   acredita   sin  discusión  que  el  pacto  fue  con  “Jorge  40”,  que  éste rubricó el  documento,  que  su  originalidad no es cuestionada y que fue el producto de las  relaciones  clandestinas  de  los dirigentes políticos con las autodefensas, no  rotas  para  la  época  de  la conversación si se tiene en cuenta –  según lo  observó     Liliana     Támara    –    que    “Jorge   40”  pidió  a  través  de  Jorge  Castro  que  le  escribieran  para  enterarse  de  cómo  estaban  las cosas “y que más  había            que            hacer”13.   

La relación que la Corte estableció entre el  documento  hallado  en  San  Ángel  que  involucra explícitamente a dirigentes  políticos  del  departamento  del   Magdalena,  y  la  situación  del  ex  senador  Pimiento Barrera se  registra así en el fallo:   

“[E]ncontrándose    acreditada    la  originalidad    del   documento,   que   el   mismo   lo   firmó   “Jorge  40”  y lo mantuvo en su poder  junto  con  muchos  otros  demostrativos de que intervino activamente en la vida  política  de  los  departamentos del Magdalena y Cesar, que en él se bosquejó  un  convenio  con el Senador MAURICIO PIMIENTO similar al efectivamente suscrito  por  Dief  Maloof,  Jorge  Castro  y  José  Gamarra,  entre  otros,  y  que los  resultados   electorales  en  los  municipios  del  Cesar  proyectados  para  su  favorecimiento      electoral      –  como quedó antes visto –  corroboran  ese  propósito,  deduce la Corte sin vacilación que  entre  el  aquí  procesado  y  la  agrupación  armada  ilegal  de “Jorge  40”  se celebró un pacto de  la  naturaleza  indicada  previo  a  las  elecciones  de  2002,  sin duda alguna  vinculado  a  la  expansión  que  en  todos  los  órdenes  y  especialmente de  penetración  del  poder  político  venía desarrollando el Bloque Norte de las  autodefensas    desde    unos    años   atrás”14   

1.4.2.5   El fallo asume la crítica del  estudio  que,  a petición de la defensa, efectuó Gustavo Castro Guerrero sobre  las  cifras electorales. Varias observaciones realiza la Sala Penal en relación  con  la capacidad demostrativa de este medio de prueba, así: (i) Se trata de un  análisis  estadístico  que  no  toma en cuenta el contexto; (ii) para negar la  sectorización  territorial y los acuerdos políticos con el bloque norte de las  AUC,  acude a cotejar extremos que no son comparables: las elecciones regionales  de  1994  (con  dos  candidatos a la Gobernación) y las nacionales de 2002 (con  321  al  Senado);  (iii)  a  pesar  de  la  anterior  glosa  destaca  que en los  municipios  que  conformaron  posteriormente  la zona minera del G-815  alcanzó  –  el  acusado  –  en  su  aspiración  senatorial  de  2002,  21.012 votos, en tanto que en los municipios  del   sur   sólo   obtuvo  en  la  misma  oportunidad  3.002  votos;  (iv)  una  comparación,  esta  sí pertinente, entre las elecciones senatoriales de 2002 y  2006,  permite  establecer que en esta última los resultados sectoriales fueron  más    uniformes:    3762    votos    en    la    zona    minera   –  G8-  ,  y  4.409  en la zona sur del  Departamento.   

El anterior análisis permitió concluir a la  Corte:   

“Las anteriores  cifras  electorales  ponen de manifiesto que el apoyo obtenido en las elecciones  de  2002 por el Congresista procesado no obedeció a las alianzas políticas con  líderes  del  departamento,  ni  a  su gestión como gobernador ni a un proceso  electoral  normal  como se pretendió acreditar con el estudio del doctor Castro  Guerrero.   

Está  probado que el acusado, luego de  participar  en el proceso electoral de 1998, se ausentó del país a mediados de  ese  mismo  año  y  regresó  en  noviembre  de 2001, sin que durante ese lapso  hubiera  participado  en  actividades  políticas  domésticas. Las reglas de la  experiencia  enseñan  que en materia política el trabajo personal y permanente  como  la relación directa con la comunidad, es lo que permite mantener un apoyo  electoral            de            ella”16.   

1.4.2.6   En relación con la existencia  de  acuerdos  sectoriales  territoriales  para favorecer una determinada opción  política,  y  la  violencia  ejercida  en  contra  de  aquellos que pretendían  contrariar  esa disposición de las fuerzas electorales establecida por las AUC,  la Sala Penal argumentó:   

“De   acuerdo   con   el  principio  de  interpretación  probatoria que ordena apreciar las pruebas en conjunto (…) se  puede  concluir  que las intimidaciones de que fueron objeto personas afectas al  proyecto  del  doctor Araujo Castro en la zona de la Jagua de Ibirico, a las que  se  refieren Alfonso Palacio Niño, Orfilia Arias y Rodrigo Alberto Soto Gámez,  interpretadas  en  sistemática con la prueba documental y los resultados de las  interceptaciones  telefónicas  ya  indicadas,  ofrecen  prueba  evidente de que  existían  acuerdos  para  favorecer  una determinada opción política, pues la  regla  general  de la experiencia indica que nadie vulnera la libertad política  de  otro  si  no  es  para  garantizar  que  la  fórmula  escogida por el grupo  obtendrá el resultado convenido.   

Si  se asume que en el documento encontrado  en  San  Ángel  se asocia la Jagua de Ibirico a la fórmula del doctor Mauricio  Pimiento  Barrera,  entonces  se  puede  inferir  que los dichos de los testigos  guardan  coherencia con esas anotaciones, pues según ellos el poder paramilitar  en  esa  sección  perturbó la expresión de otros proyectos distintos a aquél  (…)”17.   

Esta conclusión es respaldada en la sentencia  con  los  testimonios  de  Orfilia Arias Angarita, Cielo Gneco de Monsalvo, Luis  Alberto  Monsalvo, Rodrigo Alberto Soto Gámez y Alfonso Palacio Niño. Sobre la  credibilidad  que  le  atribuye  a  este  último  testigo  la  Sala reflexionó  así:   

“Si bien el testigo realiza apreciaciones  de  corte  subjetivo  en  torno  a la influencia paramilitar y a sus efectos, lo  cierto  es  que las manifestaciones de violencia a las cuales se refieren tienen  como  fuente de conocimiento la declaración de quien soportó de manera directa  las  presiones,  corroboradas  por Orfilia Arias Angarita, hija del jefe liberal  asesinado18.   

Teniendo en cuenta la fuente de conocimiento  y  que en sistemática ese es un asunto cuya comprobación no depende de la sola  declaración  de  Alfonso  Palacio  Niño,  su  versión  no  desmerece  por sus  posibles  vinculaciones  por  grupos  armados de izquierda. Lo que ocurre es que  siguiendo  las pautas del artículo 277 de la Ley 600 de 2000, esas ¨singularidades¨  obligan  a  apreciar  con  mayor cuidado una versión que como se ha expresado encuentra comprobación  en    otros   medios   que   ratifican   el   tema   que   es   objeto   de   su  conocimiento.”    19   

1.4.2.7   La  Sala  no concedió ninguna  credibilidad  a  los ex alcaldes de los municipios de Astrea, Bosconia, El Copey  y  Chiriguaná,  quienes rindieron testimonio en la audiencia pública, y contra  toda  evidencia minimizaron la presencia paramilitar en esas regiones negando su  capacidad  para  interferir  en  los  procesos de la vida social y política. Se  dispuso  en el fallo reseñado, la compulsa de copias para que sean investigados  por   el   posible   delito   de  falso  testimonio20.   

1.4.2.8    Culminada   la  valoración  probatoria, concluyó la Sala:   

“Las  pruebas  analizadas  en su contexto  permiten  afirmar  con  la  certeza  que  exige  el artículo 232 inciso 2° del  Código  de  Procedimiento Penal, que el doctor PIMIENTO BARRERA incurrió en el  concurso  de  delitos de concierto para delinquir agravado descrito en el inciso  2°  del  artículo  340  del  Código  Penal  y constreñimiento al elector que  define el artículo 387 del mismo estatuto.   

A  ese  respecto,  desde  el punto de vista  valorativo  que mira más al contexto de la conducta y al bien jurídico que los  tipos  penales  protegen,  y no tanto a la expresión óntica del comportamiento  que  permitiría  fraccionar  los  sucesos  como  si  entre  ellos  hubiese  una  independencia  absoluta, las pruebas analizadas permiten inferir la realización  del   acuerdo   ilícito   con  el  grupo  ilegal  y  el  constreñimiento  como  consecuencia    de   [el]   consenso   ilícito”21.   

1.4.2.9   La forma de participación que  se   atribuye   al   ex   congresista   PIMIENTO   BARRERA  es  la  “determinación” dado que “esta  probado  que  él no realizó materialmente la acción pero  sí  que  con ocasión del acuerdo ilegal ingresó en la esfera de un aparato de  poder  que  requería  consolidar  su  política de penetración de lo público,  para  lo  cual  resultaba  indispensable  garantizar que personas de algún modo  vinculadas  con la organización alcanzaran importantes cuotas de poder. Si así  es,  el  interés  del doctor PIMIENTO BARRERA en lograr esos resultados aparece  incontrovertible  hasta  el  punto  que  de allí se puede inferir que estuvo de  acuerdo   y   en   ese   grado   de   consenso   determinó  ese  comportamiento  ilegal”22.   

Con fundamento en este análisis probatorio se  impuso  al  sentenciado  la  pena de 84 meses de prisión destacando que ella se  justifica   en   “la  gravedad  de  la  conducta  en  concreto,  no  sólo por su expresión objetiva, sino por la intensidad del dolo  que  se  refleja  en  el  hecho de pactar voluntariamente con grupos armados que  están    por    fuera   de   la   institucionalidad   a   la   que   aspira   a  representar”23.   

1.5    Intervención   de  la  entidad  acusada.   

El Presidente de la Sala de Casación Penal de  la  Corte  Suprema  de Justicia, Magistrado Sigifredo Espinosa Pérez, intervino  para  reiterar  su posición en el sentido que la acción de tutela “es  un  mecanismo  residual  que  no  procede  contra  sentencias  judiciales  del  órgano  límite  de la jurisdicción ordinaria”.  No  obstante,  subrayó  que  la  acción  de  tutela  orientada a  demostrar  la  vulneración  de las reglas de la sana crítica, es más exigente  que  la  casación  que  se  dirige al mismo propósito. Ello por cuanto además  de   requerir  – en el  caso  de  la  tutela-   la  demostración  del error trascendente en que se  habría  incurrido al apreciar las reglas de la lógica, las leyes de la ciencia  o     las    máximas    de    la    experiencia,    se    exige    “demostrar   no  una  simple  distorsión  de  las  reglas  de  la  experiencia,  sino  la  arbitrariedad  e irracionalidad de la determinación”,  supuesto que el actor no logró probar.   

Finalmente,  señaló  que la Corte actuó de  conformidad  con  la  Constitución  al asumir la competencia que le adscribe el  artículo  235  numeral  3°  de  la  Carta  Política,  función avalada por la  sentencia C-545 de 2008 emanada de esta Corporación.   

1.   6    Los   fallos   objeto   de  revisión.   

1.6.1   El  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  mediante  decisión  de  septiembre nueve (9) de dos mil ocho (2008)  negó  la  acción  de  tutela  instaurada  por  el ex senador MAURICIO PIMIENTO  BARRERA.   

Luego   de   citar  de  manera  prolija  la  jurisprudencia  de  esta Corte sobre las reglas de procedencia excepcional de la  acción  de  tutela  contra decisión judicial, el juez constitucional de primer  grado  concluyó  que  no observa que la decisión cuestionada haya incurrido en  desconocimiento   o  valoración  irracional  de  las  pruebas,  dado  que   “la  decisión  de  la Sala de Casación de la Corte  Suprema  de Justicia tuvo como fundamento las pruebas allegadas al plenario, que  llevaron  a  dicha  autoridad  judicial  a la conclusión que los resultados que  obtuvo  en las elecciones del año 2002, cuando aspiró a una curul en el Senado  de  la República, fue la consecuencia de un arreglo en el que intervinieron las  autodefensas  al  mando de  ¨alias Jorge 40¨”,  orientado  a dividir las votaciones con Álvaro Araujo  Castro  y sus respectivas fórmulas a la Cámara de Representantes, para lo cual  dividieron  el  territorio  del  Departamento del Cesar entre las dos parejas de  aspirantes”24.   

De   manera   específica  controvierte  la  afirmación  del  actor  de  haber  sido condenado sobre la base de prueba  inexistente  dado que la sentencia  se  fundamenta  en los resultados electorales de 2002, la interceptación de una  comunicación  telefónica  sostenida  entre José Gamarra y Liliana Támara; en  algunos  testimonios  que  confrontados  entre  sí no fueron lo suficientemente  creíbles  como para exonerarlo de responsabilidad.  En cuanto al delito de  constreñimiento  al  sufragante  destaca  que  lo  dedujo de la manera como las  autodefensas  influyeron  en  la  voluntad  popular  mediante amenazas concretas  tendientes   a   impedir   que   los   dirigentes   políticos  locales  optaran  libremente.   

Finalmente,  invocando jurisprudencia de esta  corporación,  señala  que  la  valoración  de  las  pruebas  es un asunto que  corresponde  en  forma  autónoma  al  juez de conocimiento, por lo que las  discrepancias  que  se  presenten  sobre esta materia no pueden ser objeto de la  acción  de  tutela.  Sólo la arbitrariedad manifiesta, ostensible y grave, que  no  pueda  ser  corregida  utilizando  los recursos ordinarios y extraordinarios  previstos  en  la  ley,  haría posible, de manera excepcional, el examen por el  juez   de   tutela.  Estas  circunstancias  excepcionales,  a  juicio  del  juez  constitucional, no concurren.   

1.6.2.  El  ex  senador  Mauricio  Pimienta  impugnó  la  decisión  al  considerar  que:  (i)  el  fallo  impugnado  evocó  sentencias  de  la Corte Constitucional de manera aislada, impidiendo revelar la  doctrina  general  y  clara  que  la jurisdicción constitucional ha establecido  sobre  el  debido proceso constitucional; (ii) insiste en que una valoración de  las  pruebas  que  desconoce  el contenido normativo del debido proceso, deja de  ser  un  acto  propio  de la autonomía judicial, para convertirse en acto fuera  del  derecho,  violatorio  de  derechos  fundamentales; (iii) el fallo de tutela  únicamente  se  refirió  a  la  valoración de las pruebas, guardando silencio  sobre  “las cerca de veinte violaciones restantes que  enumeré  en  el  escrito de tutela”, y en particular  sobre  el presunto desconocimiento del derecho de contradicción y defensa en la  aducción  y  valoración  de la interceptación telefónica de la conversación  sostenida  entre José Gamarra y Liliana Támara; (iv) una vez más controvierte  el  argumento  usado  por  el  juez  penal,  y  que  el  juez  de tutela estimó  atendible,  sobre la incongruencia entre el resultado electoral obtenido en 2002  y  su  ausencia  del  país durante los tres (3) últimos años anteriores a ese  suceso electoral.   

Reitera   su   reclamo   inicial  sobre  la  vulneración  a  sus  derechos  fundamentales al debido proceso – presunción de  inocencia-, a la imparcialidad del juez, y a la dignidad humana.   

1.6.3    La  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de la Judicatura, mediante providencia de  marzo  veinticuatro  (24)  de  dos  mil  nueve  (2009),  confirmó la negativa a  tutelar  los  derechos  invocados  por  el  demandante  con  fundamento  en  las  siguientes consideraciones:   

Indicó que el sistema penal establecido en la  Ley  600  de  2000  está edificado sobre el principio de la libertad probatoria  (Art.  237),  lo que implica que el juez puede formar su convicción a partir de  cualquier  medio  probatorio,  a  menos  que  la  ley  exija prueba especial. No  obstante,  subrayó,  para  que  el  juez  pueda valorar las pruebas, estas  deben ser legal, regular y oportunamente aportadas al proceso.   

Advierte  que  la sentencia no necesariamente  debe  estar  edificada sobre prueba directa; puede estarlo también sobre prueba  indirecta   –indiciaria  – caso en el cual el hecho  indicador  debe estar plenamente probado. Admite, sin embargo, que la condena se  fundamenta   no   solamente  en  prueba  indiciaria,  sino  también  en  prueba  testimonial  – influencia  del  paramilitarismo  en  la zona en que el actor obtuvo la mayor votación para  su      aspiración     de     2002-     ,     y     documental     –  registros  electorales  de  2002  y  2006-.   

Sobre  un  supuesto  defecto  procedimiental  derivado  del  hecho  de que algunos documentos valorados como prueba trasladada  no  hayan  sido  objeto de reconocimiento, autenticación o experticia técnica,  lo  descarta  señalando  que  a la atribución de ese contenido llegó el fallo  cuestionado,  por  la  vía  de  la  inferencia,  posibilidad que cae dentro del  ámbito de la libertad probatoria.   

Respecto  de  la  censura  del  demandante,  relativa  a  que  el  contenido de las interceptaciones telefónicas no se adujo  como  prueba  en  la  resolución  acusatoria, expresa que en materia probatoria  rigen    los    principios   de   comunidad   de   la  prueba  e investigación  integral.  En lo que atañe al primero, la consecuencia  es  que  la  prueba  no  pertenece  a  ningún  sujeto  en  particular  sino  al  proceso,   y en cuanto al segundo, este le impone la carga procesal al juez  de  valorar  todas  las  pruebas  que  hubieren  sido recaudadas a través de la  actuación,  sin  quedar  limitado  a  las  pruebas  invocadas  por  los sujetos  procesales.   

En relación con la presunta vulneración del  principio  de  contradicción  respecto  de  las  interceptaciones telefónicas,  destaca  el  juez  constitucional que mediante auto del 3 de octubre de 2007, la  Sala   accionada   ordenó   “incorporar   cuaderno  reservado  de  interceptaciones,  el que en consecuencia queda a disposición de  los     intervinientes    en    este    proceso”25   

Respecto   del  examen  de  los  resultados  electorales  sostiene  que  se trata de valoraciones que se inscriben dentro del  principio  de  la  sana  crítica, y que complementan los argumentos probatorios  derivados de otros medios de prueba.   

En particular, sobre el testimonio de Alfonso  Palacio  Niño, cuestionado en su credibilidad por el demandante en razón a que  existe  un  mayor  número  de  declaraciones  que  lo contradicen, aduce que la  valoración   probatoria   en   materia  testimonial  no  responde  a  criterios  cuantitativos, sino cualitativos.   

Finalmente,  censura  el  hecho  de  que  el  demandante  no  hubiese  asumido  la  carga  de  demostrar  el  contenido de las  declaraciones  que,  según  afirma,  omitió  considerar  la  Corte  Suprema de  Justicia  y  su relevancia probatoria, en orden a desvirtuar la prueba en que se  fundamenta la condena.   

II.      FUNDAMENTOS   DE   LA  DECISIÓN   

Competencia.  

1.  Esta Corte es competente para conocer de  los  fallos  materia  de  revisión,  de  conformidad  con lo establecido en los  artículos  86  y 241 numeral 9 de la Constitución Política, en los artículos  31  a  36 del Decreto 2591 de 1991, y en virtud del auto de selección y reparto  del  veintiocho  (28)  de  mayo de dos mil ocho (2009),  expedido  por  la  Sala de Selección Número Cinco de  esta Corporación.   

Problema  jurídico  y  metodología  de  la  decisión   

2.  Mauricio Pimiento Barrera instauró  acción  de  tutela  contra  la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  al estimar que la sentencia de mayo 16 de 2008, que le impuso condena  por  los delitos de concierto para promover grupos armados al margen de la ley y  constreñimiento  al  sufragante,   violó su derecho fundamental al debido  proceso.  A  su juicio, la mencionada sentencia se profirió con base en pruebas  inexistentes,  desconoció  el  precedente  sobre  el  contenido  normativo  del  derecho  fundamental  al  debido  proceso,  y  vulneró  de  manera  directa  la  Constitución  por cuanto se basó en una interpretación de la ley sustantiva y  procesal penal que no es conforme a la norma fundamental.   

Los jueces constitucionales negaron el amparo  al  estimar  que la sentencia es el producto de una valoración razonable de los  medios  de  prueba allegado al proceso, efectuada en desarrollo del principio de  autonomía  judicial,  sin que se aprecie arbitrariedad manifiesta, ostensible y  grave   que    amerite  su  corrección  a  través  del  mecanismo  de  la  tutela.   

3.    De   acuerdo  con  la  anterior  presentación  de  la  discusión,  corresponde  a  la  Corte  determinar  si la  sentencia  de  única  instancia  proferida por la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de Justicia contiene los defectos que, por su gravedad y entidad  jurídica,  la  hacen  contraria  a  los  derechos fundamentales, en especial el  debido proceso invocado por el demandante.   

Para  resolver ese asunto, la Sala adoptará  la   siguiente  metodología:  en  primer  lugar,  recapitulará  el  precedente  jurisprudencial  sobre los requisitos y causales de procedencia de la acción de  tutela  contra  decisiones judiciales.  Luego, estudiará el caso concreto,  con  miras  a  determinar  si  esas  condiciones concurren respecto de la citada  decisión judicial.    

Reglas jurisprudenciales sobre la procedencia  de   la   acción  de  tutela  contra  sentencias  judiciales.  Reiteración  de  jurisprudencia.   

4. El problema de la procedencia excepcional  de  la acción de tutela contra providencias judiciales es un asunto que ha sido  abordado  por  esta  Corporación en múltiples ocasiones, por lo que procederá  la  Sala  a  reiterar  las premisas en que se fundamenta esta posibilidad, y las  reglas   establecidas   para   el   examen  de  su  procedibilidad  en  un  caso  concreto.   

5.    Del   artículo   86   de   la  Constitución,  que  consagra  la  acción  de  tutela  como  mecanismo  para la  protección  inmediata  de  los  derechos constitucionales fundamentales, cuando  quiera  que   resulten vulnerados o amenazados por la acción o la omisión  de  cualquier  autoridad  pública,  se ha inferido que el amparo constitucional  procede   en   contra   de  las  decisiones  judiciales,  en  tanto  actuaciones  adelantadas  por  servidores  públicos  que  ejercen  función  jurisdiccional.   

Sin embargo, ha advertido la jurisprudencia,  que  la  procedencia  de la acción de tutela contra sentencias es un asunto que  comporta  un  ejercicio  de  ponderación  entre  la  eficacia  de la mencionada  acción  –presupuesto del  Estado       Social       y       Democrático       de      Derecho–,  y  la  vigencia  de la autonomía e  independencia   judicial,   el   principio   de  cosa  juzgada  y  la  seguridad  jurídica27.   

En virtud del principio de supremacía de la  Constitución  (Art.  4  C.P.),   los  procesos  judiciales  ordinarios son  considerados  escenarios  en los que, debe primar el reconocimiento, protección  y  garantía  de  los  derechos fundamentales. En consecuencia, las normas de la  Carta   Política   y,   en  especial,  aquellas  que  prevén  tales  derechos,  constituyen   parámetros   ineludibles   para   la   decisión  judicial.    

La  legitimidad  de  una actuación judicial  deviene  así  de  la  concurrencia  de  dos presupuestos básicos: (i)  que  el  procedimiento  surtido  para  adoptar  una  decisión  haya  preservado  las  garantías  propias  del  debido  proceso,  de  las  que  son  titulares  los  sujetos  procesales; y (ii)   que   la   decisión  judicial  es  compatible  con  el  conjunto de valores, principios y derechos previstos por la  Constitución.    

Por lo tanto, en los casos en que se acredite  con   suficiencia  que  la  decisión  judicial  incumple  estos  requisitos  de  legitimación,   la   necesidad  de  preservar  la  eficacia  de  los  preceptos  constitucionales   justifica   la  existencia  de  un  instrumento  que  permita  restituir   la   vigencia   de   las   normas   constitucionales   en   el  caso  concreto.   

6.   De acuerdo con el estado actual de  la  jurisprudencia,  la  acción  de  tutela  contra sentencias judiciales es un  instrumento  excepcional,  dirigido  a  enfrentar aquellas situaciones en que la  decisión  del  juez  incurre en graves falencias, de relevancia constitucional,  las  cuales  tornan  la  decisión  incompatible  con  la Constitución. En este  sentido,  la  acción  de  tutela contra decisión judicial es concebida como un  “juicio  de validez” y no  como   un  “juicio  de  corrección”  del  fallo  cuestionado,  lo que se opone a que se use indebidamente  como  una  nueva  instancia  para  la  discusión  de  los  asuntos  de  índole  probatoria  o  de  interpretación del derecho legislado, que dieron origen a la  controversia.   

En   desarrollo   de   esas   premisas  la  jurisprudencia  constitucional  ha  establecido  las reglas sobre la procedencia  excepcional  de la acción de tutela contra decisiones judiciales. Esta doctrina  ha  redefinido la concepción tradicional de la “vía  de  hecho”  judicial,  para  establecer  un conjunto  sistematizado   de   condiciones   estrictas,   de   naturaleza   sustancial   y  procedimental,   que   deben   ser  acreditadas  en  cada  caso  concreto,  como  presupuestos  ineludibles  para  la  protección  de  los derechos fundamentales  afectados por la sentencia.   

El  precedente  vigente sobre la materia fue  expuesto   de  manera  unánime  y  sistemática  por  la  Sala  Plena  de  esta  Corporación    en    la    sentencia    C-590/0528.   En  consecuencia, la  presente  decisión  adoptará la metodología y las reglas fijadas por la Corte  en esa oportunidad, a fin de resolver el caso propuesto.   

7.    La  jurisprudencia distingue  entre  requisitos  generales y  específicos  de procedencia  de  la  acción de tutela contra sentencias. Mediante los primeros, relacionados  con  condiciones  fácticas  y de procedimiento, se busca hacer compatible dicho  mecanismo  con  la  eficacia  de  valores  de  estirpe  constitucional  y legal,  relacionados  con  la  seguridad  jurídica,  los efectos de la cosa juzgada, la  independencia  y  autonomía del juez, así como la distribución jerárquica de  competencias   al  interior  de  la  rama  jurisdiccional.   Los  segundos,  describen  los  defectos  en  que puede incurrir una decisión judicial y que la  hacen incompatible con la Constitución.   

7.1    Los requisitos generales de  la  acción de tutela contra sentencias, según lo expuso la sentencia C-590/05,  son los siguientes:   

7.1.1 Que la cuestión que se discuta resulte  de  evidente relevancia constitucional. Para la Corte, el juez constitucional no  puede  estudiar  cuestiones  que  no  tienen  una  clara  y  marcada importancia  constitucional  so  pena  de  involucrarse  en asuntos que corresponde definir a  otras                 jurisdicciones.29   

7.1.2   Que  se  hayan  agotado  todos  los  medios   -ordinarios  y  extraordinarios-,   de  defensa  judicial  al  alcance  de la persona afectada, salvo que se trate de evitar la consumación de  un     perjuicio     iusfundamental    irremediable30.    

7.1.3  Que  se  cumpla  el  requisito  de  la  inmediatez,  es  decir,  que  la  tutela  se  hubiere interpuesto en un término  razonable    y    proporcionado   a   partir   del   hecho   que   originó   la  vulneración31.    

7.1.4    Cuando   se   trate   de  una  irregularidad  procesal, debe quedar claro que la misma tiene un efecto decisivo  o  determinante  en  la  sentencia  que  se  impugna  y  que afecta los derechos  fundamentales     de     la     parte     actora.32   No  obstante,  si  la  irregularidad  comporta grave lesión de derechos fundamentales, tal como ocurre  con  los  casos de pruebas ilícitas susceptibles de imputarse como crímenes de  lesa  humanidad,  la  protección de tales derechos se genera independientemente  de  la  incidencia que tengan en el litigio y por ello hay lugar a la anulación  del          juicio         correspondiente.33   

7.1.5  Que la parte actora identifique de  manera  razonable  tanto  los  hechos  que  generaron  la  vulneración como los  derechos  vulnerados  y  que  hubiere  alegado  tal  vulneración  en el proceso  judicial  siempre  que  esto  hubiere  sido posible.34    

7.1.6  Que no se trate de sentencias de  tutela.35   Esto  por  cuanto  los  debates  sobre la protección de los  derechos fundamentales no pueden prolongarse de manera indefinida.   

7.2   De  otra  parte,  los  requisitos  específicos  aluden  a  la concurrencia de defectos en el fallo atacado que, en  virtud  de  su  gravedad,  conducen  a  que  el  mismo  sea incompatible con los  preceptos  constitucionales.  A  continuación  se  presenta una reseña de esos  defectos,  haciendo  énfasis  en el error fáctico, por la relevancia que tiene  para   la  resolución  del  presente  asunto,  dado que las otras causales  invocadas   –   desconocimiento  del  precedente  y  violación  directa  de  la  Constitución    –   se  plantean  como  consecuencia  de  los  supuestos  en  que se fundamenta el error  fáctico invocado.   

7.2.1   Defecto  orgánico:  se origina  cuando  el  juez  que adoptó la decisión carecía absolutamente de competencia  para  hacerlo.  La  estructuración  de  esta causal, ha sido considerada por la  jurisprudencia  de  carácter  calificado  “pues  no  basta  con  que la competencia del funcionario judicial sea un asunto sometido a  debate,  sino que debe estarse en un escenario en el que, a la luz de las normas  jurídicas  aplicables,  resulte  manifiestamente  irrazonable considerar que el  juez  estaba  investido  de  la  potestad  de  administrar justicia en el evento  objeto  de  análisis” 36.    

7.2.2   Defecto procedimental absoluto:  falencia  que  se  origina  cuando  el  juez  actuó completamente al margen del  procedimiento    establecido.    Igualmente,   la   concurrencia   del   defecto  procedimental  tiene  naturaleza cualificada, pues se exige que se esté ante un  trámite  judicial que se haya surtido bajo la plena inobservancia de las reglas  de  procedimiento  que  le  eran  aplicables,  lo  que ocasiona que la decisión  adoptada  responde  únicamente  al  capricho y la arbitrariedad del funcionario  judicial  y,  en  consecuencia,  desconoce  el  derecho  fundamental  al  debido  proceso37.    

7.2.3. Defecto fáctico: surge cuando el juez  carece  del apoyo probatorio que permita la aplicación del supuesto legal en el  que  se sustenta la decisión.  Al respecto, ha destacado esta Corte que se  trata  de  uno de los supuestos más exigentes para su comprobación como causal  de  procedencia  de  la acción de tutela contra sentencias.  Ello debido a  que  la  valoración  de  las  pruebas  en  el  proceso  es uno de los campos en  que   cobra  mayor relevancia el ejercicio de la autonomía e independencia  judicial.  En  efecto,  “El ejercicio epistemológico  que  precede  al  fallo  es  un  tarea  que involucra, no solo la consideración  acerca  de  las  consecuencias  jurídicas que, en materia probatoria, impone el  ordenamiento  jurídico positivo, sino también la valoración que de los hechos  del  caso  realice  el funcionario judicial, a partir de su propia experiencia y  de  su  conocimiento  sobre  el  área del derecho correspondiente, tópicos que  suelen  reunirse bajo el concepto de sana crítica”38.    

En múltiples decisiones esta Corporación ha  señalado  que  la labor del juez de tutela en relación con el defecto fáctico  está  estrictamente  limitada a aquellos eventos en que la actividad probatoria  desarrollada  por  el  funcionario  judicial, incurre en errores de tal magnitud  que,  por  su evidencia, ocasionan que la decisión judicial se torne arbitraria  e  irrazonable.   Esto  supone  que  la acción de tutela carece de alcance  para  realizar  un  juicio  de  corrección   sobre  la  valoración  probatoria  efectuada  por  el  juez  del  conocimiento,  su  juicio  se limita a determinar si el juez ordinario incurrió  en  un error indiscutible en el decreto o apreciación de la prueba. Se trata de  un   vicio  que  debe  ser  trascendente  en  cuanto debe tener una relación intrínseca con el sentido de la  decisión  judicial,  de  modo  que,  de  no  concurrir ese error manifiesto, la  sentencia  hubiera adoptado un sentido distinto.  El yerro además debe ser  relevante,   no   solo  en  términos  de  afectación  del  derecho  al  debido  proceso,  sino en cuanto a  la   incidencia  en  la  controversia  jurídica  materia  de  la decisión  judicial.   

Estas  consideraciones  han sido corroboradas  por  distintas decisiones de la Corte.  De acuerdo con la jurisprudencia de  la                    Corporación39,  este  defecto  se  produce  cuando  el  juez  toma  una decisión, sin que se halle plenamente comprobado el  supuesto  de  hecho  que  legalmente  la  determina40,  como  consecuencia  de una  omisión         en         el        decreto41   o   valoración   de  las  pruebas;  de una valoración irrazonable de las mismas; de la suposición de una  prueba,   o   del  otorgamiento  de  un  alcance  contraevidente  a  los  medios  probatorios.   

A  juicio  de  la  Corte, el defecto fáctico  puede  darse  tanto  en  una  dimensión  positiva,42  que comprende los supuestos  de  una valoración por completo equivocada,  o la fundamentación de una decisión en  una  prueba  no  apta  para  ello,  así  como  en una  dimensión                  negativa43,   materializada   en   la  omisión   en   la   valoración   de   una   prueba  determinante, o en el decreto  de pruebas de carácter esencial.   

En  cuanto  a  los fundamentos y al marco de  intervención  que  compete  al  juez  de  tutela,  en  relación con la posible  ocurrencia   de  un  defecto  fáctico,  la  Corte  ha  sentado  los  siguientes  criterios,   que   encuentran  plena  armonía  con  las  consideraciones  antes  expuestas:   

El  fundamento  de la intervención radica en  que,  a  pesar  de  las  amplias  facultades discrecionales que tiene el juez de  conocimiento  para  el  análisis  del  material probatorio, este debe actuar de  acuerdo    con    los    principios    de   la   sana  crítica,  es decir, con base en criterios objetivos y  racionales.44   

No obstante, se reitera, la intervención del  juez  de tutela en relación con el manejo dado por el juez de conocimiento debe  ser  de carácter extremadamente reducido. En primer término, porque el respeto  por  los  principios  de  autonomía judicial y del juez natural, impiden que el  juez    de    tutela    realice    un    examen    exhaustivo    del    material  probatorio.45  En  segundo  lugar,  porque  las  diferencias de valoración en la  apreciación   de  una  prueba,  no  constituyen  errores  fácticos.  Frente  a  interpretaciones   diversas   y   razonables,  el  juez  del  conocimiento  debe  determinar,  conforme  con  los  criterios  señalados, cuál es la que mejor se  ajusta  al  caso  concreto. El juez, en su labor, no solo es autónomo, sino que  sus   actuaciones   se   presumen   de   buena   fe46. En consecuencia, el juez de  tutela  debe  partir de la corrección de la decisión judicial, así como de la  valoración   de   las   pruebas  realizadas  por  el  juez  natural47.   

Por  último,  para  que  la  tutela  resulte  procedente  ante  un  error fáctico, “El error en el  juicio  valorativo  de  la  prueba  debe  ser de tal entidad que sea ostensible,  flagrante  y  manifiesto,  y  el  mismo  debe tener una incidencia directa en la  decisión,  pues  el  juez  de  tutela  no  puede  convertirse  en una instancia  revisora  de  la actividad de evaluación probatoria del juez que ordinariamente  conoce  de  un  asunto”48   

7.2.4  Defecto material o sustantivo: se  presenta  cuando se decide con base en normas inexistentes, inconstitucionales o  claramente  inaplicables  al  caso concreto. Esta misma falencia concurre cuando  se  presenta una evidente y ostensible contradicción entre los fundamentos y la  decisión.  Así,  el  defecto  material  o  sustantivo  se  sustenta en la  necesidad  que  la  sentencia  judicial  tenga un soporte racional argumentativo  mínimo,  esto  es, que (i) se  soporte  en  las  normas  constitucionales  y  legales  que resulten aplicables;  (ii)  acredite  consonancia  entre  la  motivación,  que  da  cuenta del reconocimiento de esos preceptos de  derecho  positivo  y su contraste con el material probatorio legal y debidamente  recaudado   durante  el  trámite,  y  la  decisión  que  adopta  el  juez  del  conocimiento49.    

7.2.5   Error inducido: tradicionalmente  denominado     como    “vía    de    hecho    por  consecuencia”   se  presenta  cuando  el Juez o  Tribunal  fue  víctima  de  un  engaño  por parte de terceros y ese engaño lo  condujo  a  la  toma  de  una decisión que afecta derechos fundamentales.    

La  jurisprudencia  ha  identificado  los dos  presupuestos  que  deben  cumplirse  para que exista el error inducido.  En  primer  lugar, debe demostrarse en el caso concreto que la decisión judicial se  ha  basado  en  la  apreciación  de  hechos  o  situaciones jurídicas, en cuya  determinación    los    órganos    competentes    hayan    violado    derechos  constitucionales.  En  segundo  término,  debe  demostrarse  que esa violación  significa  un  perjuicio  iusfundamental  para  las partes que intervienen en el proceso judicial.50   

7.2.6  Sentencia sin motivación, que implica  el  incumplimiento  de  los servidores judiciales del deber de dar cuenta de los  fundamentos  fácticos  y jurídicos de sus decisiones, pues precisamente en esa  motivación  reposa  la  legitimidad de su órbita funcional.  Este tipo de  falencia  se distingue del defecto fáctico, en cuanto no se estructura a partir  de   la  disconformidad  entre  la  motivación  de  la  sentencia  y  su  parte  resolutiva,   sino   en   la   ausencia   de   razonamientos  que  sustenten  lo  decidido.   Es  evidente  que una exigencia de racionalidad mínima de toda  actuación  judicial  es  que  exprese  los  argumentos  que  hacen  inferir  la  decisión  correspondiente.   Cuando  este  ineludible presupuesto no puede  verificarse,  la  sentencia  contradice  aspectos  que  hacen  parte del núcleo  esencial del derecho fundamental al debido proceso.   

7.2.7   Desconocimiento  del precedente:  esta  hipótesis  se  presenta,  por  ejemplo,  cuando  la  Corte Constitucional  establece  el  alcance  de un derecho fundamental y el juez ordinario aplica una  ley  limitando  sustancialmente  dicho alcance. En estos casos la tutela procede  como   mecanismo   para   garantizar   la   eficacia   jurídica  del  contenido  constitucionalmente  vinculante  del  derecho fundamental vulnerado.51    

Al respecto conviene precisar que, de acuerdo  con  la  jurisprudencia,  se  reconoce  como  precedente  aquel  antecedente del  conjunto  de  sentencias  previas  al  caso que se habrá de resolver que por su  pertinencia  para  la  resolución  de  un  problema  jurídico  constitucional,  debe     considerar     necesariamente  un  juez  o  una  autoridad  determinada,  al  momento  de  dictar  sentencia52.   

En ese sentido, “lo  vinculante  de  un  antecedente  jurisprudencial  es  la  ratio decidendi de esa  sentencia  previa,  – o de varias si es del caso- , que  resulta ser uno de  los  referentes fundamentales que debe considerar necesariamente  un juez o  autoridad  determinada,  como criterio de definición de la solución de un caso  específico”53.   

En   la  providencia  SU-047  de  1999,  se  recogieron   estas   consideraciones   al   sostener   que   el  “precedente   vinculante  es”,   por   consiguiente,   “la   ratio   decidendi   del  caso”, que debe ser aplicado por los jueces en otras  situaciones similares.   

La  sentencia  SU-1219  de  2001,  fue  más  específica    al    afirmar    que    la    “ratio  decidendi   de   las   sentencias,   es  la  parte  de ellas que tiene la capacidad de proyectarse más allá  del   caso   concreto”,   y   que   “integra  la norma constitucional y adquiere fuerza vinculante al ser  parte  del  derecho  a cuyo imperio están sometidas todas las autoridades en un  Estado   Social   de  Derecho”,  en  virtud  de  los  principios  de igualdad, de seguridad jurídica, de confianza legítima, y de la  supremacía       de      la      Constitución54.   

7.2.8.    Violación  directa  de  la  Constitución,  causal  de procedencia de la acción de tutela que se estructura  cuando   el  juez  ordinario  adopta  una  decisión  que  desconoce,  de  forma  específica,  postulados  de  la  Carta  Política.   A este respecto, debe  insistirse  en  que  el  actual  modelo  de ordenamiento constitucional reconoce  valor  normativo  a los preceptos superiores, de modo tal que contienen mandatos  y  previsiones  de  aplicación  directa  por  las  distintas  autoridades y, en  determinados  eventos,  por los particulares.  Por ende, resulta plenamente  factible  que  una decisión judicial pueda cuestionarse a través de la acción  de   tutela   cuando  desconoce  o  aplica  indebida  e  irrazonablemente  tales  postulados.   

El caso concreto  

8.  Constatación  de  los  requisitos  generales  de  procedencia de la  acción de tutela contra sentencias judiciales   

Siguiendo  la  metodología propuesta por el  precedente  constitucional  relativo  a  la  procedencia de la acción de tutela  contra  sentencias judiciales, corresponde a la Corte analizar, en primer lugar,  si  en  el  asunto  de  la  referencia  se  cumplen con los requisitos generales  estudiados en el fundamento jurídico 7.1 de esta decisión.    

8.1 A ese respecto estima la Sala, en primer  lugar,  que  el  problema  jurídico  puesto  a  consideración  por el actor en  tutela,  señor MAURICIO PIMIENTO BARRERA, tiene relevancia constitucional, pues  pone  de presente que los presuntos errores en los que habría incurrido la Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, centrados en la indebida  valoración  de  la  prueba,  el  desconocimiento del precedente y la violación  directa  de  la Constitución, son de tal entidad que, de constatarse, tendrían  la potencialidad de afectar el debido proceso.   

8.2  En segundo lugar, la Sala advierte  que   la   sentencia   atacada  definió  en  proceso  de  única  instancia  la  responsabilidad  penal  del demandante en los hechos investigados, por lo que no  cuenta  con  otro  mecanismo  de  defensa  para  tramitar  los  reparos de orden  constitucional    que    motivaron   la   instauración   de   la   acción   de  tutela55.   

8.3  El requisito de inmediatez también  se  encuentra acreditado en el caso.  Observa la Sala que entre la fecha en  que  se  adoptó  la  sentencia  de  única  instancia en el proceso penal (mayo  16/08)  y  el  momento  en  que se interpuso la acción de tutela (julio 24/08),  existe  un  lapso cercano a los dos meses, el cual se muestra como razonable, de  acuerdo    con   los   criterios   establecidos   por   la   jurisprudencia   al  respecto.   

8.4  Así mismo, los defectos planteados  por  el  demandante  parten  de  la  identificación  de  los  hechos que, en su  criterio,  generan la vulneración, así como del derecho (debido proceso) sobre  el  que  recaería.  Adicionalmente,  en  la  intervención propia y en la de su  defensa   técnica   en   la   audiencia   pública  de  juzgamiento56 se registra  una  explícita  referencia  a  los  defectos  que  se  acusan en la valoración  probatoria  efectuada  en  la  resolución  de  acusación, los cuales según se  deduce    de    la    demanda    de    tutela,   persistirían   en   el   fallo  cuestionado.   

Por lo tanto, la Corte encuentra acreditados  los  requisitos  generales  de  procedencia  de  la  acción  de  tutela  contra  sentencias,  por  lo  que  asumirá  el  análisis sobre la comprobación, en la  providencia  impugnada  de  las causales específicas expuestas en el fundamento  jurídico 7.1 de esta decisión.   

9 Estudio sobre las causales específicas de  procedencia de la acción de tutela contra sentencias   

La  acción de tutela promovida por el   señor  MAURICIO PIMIENTO BARRERA contra la sentencia proferida el 16 de mayo de  2008  por  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema, se estructura  sobre   tres  presuntos defectos, que en criterio del demandante conducen a  que  el  fallo  sea  incompatible  con el derecho fundamental al debido proceso.  Esas  cuestiones,  en  síntesis,  versan  sobre los siguientes aspectos: (i) la  configuración  de  un  defecto fáctico, al  estimar  que  la  condena  se  produjo con fundamento en pruebas  inexistentes,   lo   cual   repercutiría  en  la  vulneración  de  su  derecho  fundamental  al  debido proceso; (ii) el presunto desconocimiento del precedente  constitucional   establecido  por  esta  Corte  sobre  el  alcance  del  derecho  fundamental   al   debido   proceso;   y  (iii)  la  violación  directa  de  la  Constitución,  que hace consistir en que el juez de conocimiento aplicó la ley  penal   –  sustantiva  y  procesal   –  bajo  una  interpretación  que se aparta del principio de supremacía constitucional (Art.  4°),  lo que condujo a “una interpretación errónea” de la ley, violatoria  de  sus  derechos fundamentales al debido proceso, a la presunción de inocencia  y a su dignidad humana.   

A  continuación  procede la Sala a examinar  cada  uno  de  los cargos formulados por el demandante, a la luz de las precisas  reglas  que  ha  establecido  la  jurisprudencia  para  el  efecto, y que fueron  reseñadas en el fundamento 7.2  de esta sentencia.   

10.  El  cargo  por  estructuración  de  un  presunto error fáctico en la sentencia de mayo 16 de 2008:   

Esta  censura  gira  en  torno  a  lo  que el  demandante   califica  como  “ausencia  absoluta  de  respaldo  probatorio”  para  proferir  una sentencia  condenatoria  en su contra. A juicio del ex parlamentario demandante, el aludido  fallo  se  produjo  con  base  en  “medios de prueba  inexistentes”.   Para  demostrar su afirmación  realiza  una  crítica general a la valoración que la Corte Suprema de Justicia  realizó sobre los medios de prueba en que sustentó la condena.   

Un examen  de este cargo obliga recordar  que  tal  como  quedó  establecido  en el antecedente 1.4 de esta sentencia, la  Sala   Penal   de   la  Corte  Suprema  de  Justicia  fundamentó  la  sentencia  condenatoria  en  contra  del  ex  senador  Pimiento  Barrera, en los siguientes  medios de prueba:   

(i)  El  indicio derivado del distanciamiento del acusado de la actividad  proselitista  del Departamento del Cesar durante los 3 últimos años, previos a  las  elecciones  de  marzo  de  2002,  contrastado con  el inusitado éxito  electoral   obtenido  en esos comicios (47.027 votos, 34.120 de ellos en el  Departamento de Cesar).   

(ii)  Las  cifras  electorales  correspondientes  a  los comicios de marzo de 2002, particularmente  las   referidas   a  los  Departamentos  de  Cesar,  y  específicamente  a  las  aspiraciones   de   las   duplas   conformadas  por  Mauricio  Pimiento  Barrera  – Jorge Ramírez, y   Álvaro  Araujo  Castro  –  Miguel Durán Gélvis, al Congreso de la República.  Así   mismo  los  resultados  electorales  de  2006  para  el  Congreso  de  la  República.   

(iii)    La  identificación  de  un  patrón de estrategia electoral establecido por Rodrigo  Tovar  Pupo  (alias  Jorge  40),  en  el  marco de su plan de acción de dominio  territorial  y de penetración en las estructuras de poder, en los Departamentos  de  Magdalena  y  Cesar.  Este patrón fue acreditado mediante prueba documental  (“Convenio  Político”  con  dirigentes  del  Magdalena); la declaración de  Rafael  García;  el  contenido  de  una  llamada telefónica interceptada entre  José  Gamarra  y  Liliana  Támara  Urzola;  la  anotaciones  efectuadas  en el  documento  hallado  en  San Ángel, contentivo del acuerdo de los dirigentes del  Magdalena  y  el Rodrigo Tovar, las cuales aludían a similar distribución para  el  Departamento  del  Cesar y mencionaban al ex senador Pimiento; así como los  resultados  electorales  que  corroboran esa asignación territorial sectorizada  en   el   Departamento   del   Cesar,   similar   a   como   se   hizo   en   el  Magdalena.   

(iv) Los testimonios  de  Orfila  Arias  Angarita,  Cielo  Gneco  de  Monsalvo, Luis Alberto Monsalvo,  Rodrigo  Alberto  Soto Gámez y Alfonso Palacio Niño, a partir de los cuales la  Corte   Suprema   halló   acreditada   la  existencia  de  acuerdos  políticos  sectoriales   para   favorecer   una   determinada   opción   política,  y  la  intimidación   ejercida   contra   aquellos   que   pretendían  contrariar  la  distribución  territorial  electoral,  establecida  por  el bloque norte de las  AUC.  Respecto  del último de los mencionados, testimonio fuertemente impugnado  por   el   demandante,   el   fallo   analiza   cautelosamente  su  credibilidad  otorgándosela  sólo  en  cuanto  resulta  coincidente con las versiones de los  demás testigos, en el tema de prueba específico.   

(v)  El  análisis  concatenado  de  los  anteriores elementos probatorios llevó  a la Corte a  inferir  que en el  documento hallado en San Ángel, sobre el que versó la  conversación   de  Támara  y  Gamarra:  “(…)  se  bosquejó  un convenio con el Senador MAURICIO PIMIENTO similar al efectivamente  suscrito  por  Dief Maloof, Jorge Castro y José Gamarra, entre otros, y que los  resultados   electorales  en  los  municipios  del  Cesar  proyectados  para  su  favorecimiento  electoral –  como  quedó  antes visto –  corroboran          ese         propósito”57.   

A  partir  de  ello  dedujo  la  Corte  que  “(…)  entre  el  aquí  procesado y la agrupación  armada  ilegal  de “Jorge 40” se celebró un pacto de la naturaleza indicada  previo  a  las elecciones de 2002, sin duda alguna vinculado a la expansión que  en  todos  los  órdenes  y  especialmente  de  penetración del poder político  venía  desarrollando  el  Bloque  Norte  de  las  autodefensas desde unos años  atrás”58   

11.   El fallo  cuestionado  se  ocupó  explícitamente  de  analizar  y  despojar de capacidad  demostrativa  a algunos medios de prueba allegados por la defensa. Así ocurrió  con  el  estudio  estadístico  elaborado  por Gustavo Castro Guerrero sobre las  cifras  electorales  regionales  de  1994, 2002 y 2006. Los testimonio de los ex  alcaldes  de  los municipios de Astrea, Bosconia, El Copey y Chiriguaná, fueron  severamente   descalificados   por   el  fallo,  al  punto  que  se  dispuso  su  investigación  penal,  por  declarar  en contra de la evidencia existente en el  proceso  sobre  la  capacidad  de  interferencia  de las fuerzas ilegales de las  autodefensas   en   los   procesos   de   la  vida  social  y  política  de  la  región.   

12.  La  anterior  reseña  de  los soportes probatorios que sustentan el fallo de mayo 16 de 2008,  tiene  en  sí  misma  la  capacidad  suficiente  para desvirtuar el cargo de la  demanda  consistente  en la inexistencia absoluta de fundamento probatorio de la  condena.    

Sin  embargo, precisa la Sala que, dentro del  marco  valorativo  extremadamente reducido que le corresponde al juez de tutela,  en  relación  con  el  manejo  probatorio dado por el Juez del conocimiento, no  aprecia  la  estructuración  de  un error fáctico  que por su evidencia y  magnitud  torne  en irrazonable o arbitraria la decisión judicial. La sentencia  se  soporta  en  una  serie  de  medios  probatorios  orientados  a acreditar el  supuesto   de  hecho  que  legalmente   la  determinan;  el  demandante  no  demuestra,  en  concreto,   una  omisión  probatoria que fuere relevante y  trascendente  para  cambiar  el sentido de la determinación; tampoco se aprecia  una  valoración  que  pueda  ser  calificada  como irrazonable, ni producto del  alcance   contraevidente   que   se   le   hubiere   dado   a   los   medios  de  prueba.   

Esta  conclusión  surge de la confluencia de  varios  elementos:  En  primer  término,  el caudal probatorio sobre el cual se  sustenta  la  decisión cuestionada, fue producto de un proceso de construcción  y  decantación  en  el cual participó de manera activa la defensa. Tal como lo  informa  el actor en la audiencia preparatoria llevada a cabo en sesiones del 16  de  diciembre de 2007 y 22 de enero de 2008, el decreto de pruebas fue objeto de  impugnación  por  el  acusado  y  la  defensa,  obteniendo que la decisión que  negaba  algunas  de  las  pruebas  solicitadas fuera revocada parcialmente. Esta  opción  está  perfectamente avalada por la ritualidad procesal aplicable (Art.  235  L.  600/00)  que autoriza al funcionario judicial que dirige la actuación,  rechazar  o  negar la práctica de pruebas que considere prohibidas, ineficaces,  notoriamente impertinentes, o manifiestamente superfluas.   

En segundo lugar, respecto de la aducción al  proceso  de  la  interceptación telefónica transcrita en el fallo –entre  José  Gamarra Sierra y Liliana  Támara-  como  medio  concurrente con otros, para acreditar la existencia de un  patrón  de  actuación del denominado “bloque norte de las autodefensas” en  los  departamentos  ubicados  en  su  ámbito de influencia, en relación con la  estrategia  de  penetración de las instituciones democráticamente conformadas,  la  Sala  encuentra relevante la constancia dejada por el juez constitucional de  segundo  grado59  quien  señala:  “encuentra la Sala que  en  el  cuaderno original 31 Fol. 206, se ordena ¨incorporar cuaderno reservado  de  interceptaciones,  el  que  en  consecuencia  queda  a  disposición  de los  intervinientes   en   este   proceso”   .  Y  agrega  “(…)  se  tiene que el auto es del 3 de octubre de  2007  y que a título de ejemplo la realizada al teléfono 3134424502 que según  se  informa  era  utilizado  por  Liliana  Támara data del 31 de enero de 2007,  luego   en   principio  corroboraría  lo  dicho  por  la  Sala,  que  estuvo  a  disposición  de  los  sujetos  procesales,  para  efectos  de la confrontación  (…)”60  .  Esta  constatación  desvirtúa  la  reiterada  afirmación del  demandante  en el sentido que la sentencia que le fue impuesta se fundamentó en  una  prueba  no  sometida  a  contradicción.  El  hecho  de  que  no  haya sido  explícitamente  analizada  en  la  resolución  acusatoria  no  constituye  una  vulneración  del  mencionado  postulado,  puesto  que  si  bien  la resolución  acusatoria  constituye  el  marco  jurídico  de  la  acusación,  y un punto de  referencia  relevante  para  la actividad probatoria del juicio, nada obsta para  que  la  acreditación  de  los cargos se fortalezca acudiendo a otros medios de  prueba  siempre  y  cuando  hayan  sido allegados al proceso y conocidos por los  sujetos  procesales.   El peso que el juez le asigne a los medios de prueba  con  que  cuenta  para  estructurar  su  decisión,  forma  parte  del ejercicio  legítimo de la autonomía judicial.   

En  tercer  lugar,  si  bien  la sentencia se  fundamenta  de manera prevalente en prueba indirecta, esta circunstancia por sí  misma  no  tiene  la  potencialidad  de  descalificarla,  ni  de tornarla en una  decisión  arbitraria,  irrazonable,  o  carente  de  soporte  probatorio. En un  sistema  de  pruebas  fundado  en la libertad probatoria, entendido su ejercicio  dentro  de  los  límites  que  le demarcan la Constitución y la Ley, la prueba  indiciaria  constituye  un  medio  de prueba autónomo y legítimo que, aplicado  técnicamente,  de  conformidad  con su estructura lógica crítica, puede tener  una eficacia demostrativa concluyente.   

En materia penal la prueba indiciaria reviste  particular  importancia  dado  que  está basada en las circunstancias fácticas  que  rodean  el  hecho  delictivo investigado y en la concatenación de momentos  sucesivos  ligados  indefectiblemente   a  la  realización  delictiva.  La  sentencia  realiza un examen valorativo de los medios de prueba reseñados en el  punto  de  1.4.2  de  esta  sentencia  y a partir de una operación o inferencia  cognoscitiva  llega  a  la  conclusión de la existencia del acuerdo político a  partir   del   cual   efectúa   la  atribución  de   responsabilidad.  El  planteamiento  del  demandante  parte de la inexistencia absoluta de prueba, por  lo  que  se  sustrae  a  una  crítica y por ende a la demostración, de errores  protuberantes en esta operación cognoscitiva.   

13.  De otra parte,  observa  la  Sala  que  en  el  marco  de su autonomía, el juez de conocimiento  efectuó   una   ponderación   de   las  circunstancias  fácticas  que  halló  acreditadas,  proceso en el que involucró  criterios de la experiencia, de  la  cultura  y  técnicos  (estadísticos),  y  discurrió de manera coherente y  lógica   hacia   sus   conclusiones,   acorde  con  los  dictados  de  la  sana  crítica.   

14.  El elemento de  contexto.  Adicionalmente  a la prueba específica reseñada en el aparte 1.4.2,  que  responde  al  principio  de  necesidad  de la prueba que rige la actuación  penal  (Art.  232 L. 600/00), destaca la Sala que la sentencia cuestionada parte  de    la    determinación    de   un   elemento   de  contexto61,   ingrediente  fáctico  de particular relevancia cuando se investiga  y  juzgan  expresiones  delictivas que se insertan en un esquema de criminalidad  de organización.   

La doctrina contemporánea dedicada a estudiar  la  criminalidad  de  sistema  o  de  organización62,  considera  el elemento  de  contexto como un principio  de  interpretación que como tal  impregna   el  análisis  normativo  de  los  delitos, la valoración de la  prueba  y  el  juicio  de  atribución  de  responsabilidad. En este sentido, ha  señalado  que la comisión múltiple de delitos que requiere la criminalidad de  sistema  incrementa  la  gravedad del delito individual, en razón a que aumenta  el  peligro  de  la conducta del autor individual del mismo. Se estima que quien  delinque  en  un  contexto  de criminalidad de sistema plantea una amenaza mayor  para  la  colectividad,  en  razón a que los correctivos sociales habituales no  pueden operar apropiadamente.   

La  desaprobación  pública  de  la conducta  criminal  que  normalmente  constituye  un  fuerte  contra  incentivo  o  factor  desestimulante   de   la   misma,  no  cumple  su  función  en  estos  eventos,  “por    el   contrario,  la  acción  colectiva  tolerada  o  apoyada  por  las  autoridades  ayuda  a  sobreponerse  a las inhibiciones naturales”63. La comisión  individual  de  un  delito  en  un contexto de delincuencia organizada, no sólo  genera  el  reproche  que  atrae  la  conducta  individual,  sino el que se  deriva  de la circunstancia de que con ella se coopera al establecimiento de una  atmósfera  propicia  para  los  crímenes de otros. Conforme a este criterio de  interpretación  –acogido  en  el  fallo  atacado-,  cuando  el  acto delictivo individual se inserta en el  contexto   de   una   política   o   plan  de  acción,  aquel  se  torna  más  peligroso.   

15. La sentencia toma  en  cuenta   elementos  cronológicos,  geográficos,  así como el plan de  acción   (patrón)  que  desplegó  la  organización  paramilitar  en  amplias  regiones   del  país,  concretamente  el  denominado  “bloque  norte  de  las  autodefensas  en  el  departamento  del  Cesar”,  para  efectuar  el juicio de  responsabilidad.  Por su magnitud y gravedad, la existencia de este fenómeno es  ampliamente   conocido   en   el  país,  así  como  su  plan  de  acción  consistente  en  la penetración en las estructuras sociales y en las instancias  locales   de   poder  mediante  la  intervención  en  la  composición  de  las  administraciones  locales,  su  ascenso a las departamentales y su incidencia en  la  representación  popular que a esas entidades territoriales correspondía en  el Congreso de la República.   

No  obstante  la  evidente notoriedad de este  fenómeno,  la  sentencia  (tal  como corresponde tratándose de una imputación  penal)  acredita  probatoriamente  ese  elemento contextual a través de copiosa  prueba                  testimonial64 y lo relaciona con  los  elementos  probatorios  a  partir de los cuales infiere un  respaldo de ese  grupo  ilegal   armado  al ex senador Pimiento Barrera en su candidatura al  Senado  de  la República, y el beneficio obtenido por este como consecuencia de  los  actos de constreñimiento que la organización al margen de la ley ejerció  en el departamento del Cesar.   

16.  Teniendo  en  cuenta  el  anterior  análisis del soporte probatorio referido al contexto y al  juicio   de   responsabilidad   individual  efectuado  al  demandante,   no  encuentra  la  Sala  acreditado  el  error  fáctico  denunciado  en  su libelo,  relativo  a  la absoluta inexistencia de prueba para condenar. Por el contrario,  observa  un  análisis  sistemático  y  concatenado  de  los  medios  de prueba  referidos  al  contexto  en  que  se inserta la conducta investigada, el cual es  relacionado   con   aquellos   referidos   al   suceso   específico  objeto  de  investigación y juzgamiento.   

Tampoco  encuentra la Sala una valoración de  los  medios  de  prueba  que  se  aparte  de  manera ostensible y manifiesta del  raciocinio  fundado  en criterios objetivos que debe caracterizar la aplicación  del  principio  de  la  sana  crítica.  La  ponderación  de  medios  de prueba  efectuada  por  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia se  observa  así  como un ejercicio razonable y legítimo de la autonomía judicial  que,  como  se  indicó,  cobra  su  mayor  importancia  en  el  ámbito  de  la  valoración probatoria.   

En  consecuencia el cargo fundado en presunta  inexistencia absoluta de prueba para condenar no prospera.   

17.  El  cargo  por  presunta  violación del  precedente constitucional   

La  segunda  censura  tiene  que  ver  con la  presunta  violación  del  precedente constitucional en que habría incurrido el  fallo  cuestionado,  consistente  en el desconocimiento del alcance que la Corte  Constitucional  le  ha  dado  al  derecho  fundamental  al  debido  proceso,  en  particular  a  la necesidad de prueba, sometida a la debida contradicción, para  fundamentar  una  condena  penal.  El  demandante  apoya  su planteamiento en la  trascripción  de  apartes  de  algunas  sentencias de la Corte65 referidos al  desarrollo conceptual del debido proceso.   

En primer término, advierte la Sala, que esta  censura  está  directamente  relacionada  con  la anterior, en cuanto parte del  supuesto  material  de  la  existencia  de  una  condena  sin  adecuado  soporte  probatorio,  lo  que  llevaría a la vulneración del debido proceso tal como ha  sido  configurado  por la jurisprudencia de esta Corte. Tal circunstancia sería  suficiente para su desestimación.   

18. No obstante, en  aras  de  dar  una  respuesta  integral  a  los  reclamos  del  demandante, y en  desarrollo   de   la  función  pedagógica  y  orientadora  que  compete  a  la  jurisprudencia  de esta Corte, recuerda la Sala que el planteamiento de un cargo  por  presunta  violación  del  precedente constitucional exige una metodología  que    incorpora    la    identificación    adecuada    de    los    siguientes  aspectos66:    (i)   El   contenido   específico   de   la  ratio  decidendi de la sentencia (s) en la  que  se establece el precedente que según el censor fue desconocido por el juez  constitucional,  dado  que  en  ella  se  plasma  la  regla  vinculante  para la  resolución  de  casos  futuros;  (ii)  La demostración de que esa ratio   debió   servir   de   base  para  solucionar  el problema jurídico semejante  abordado  en la sentencia cuestionada; (iii) La identificación de  los  hechos  del  caso  o  de  las normas juzgadas en la sentencia anterior, los  cuales  deben  ser  semejantes  o plantear un punto de derecho similar al que se  debe resolver en la sentencia impugnada.   

El  examen  de los tres elementos mencionados  son  los  que  hacen  que una sentencia anterior sea vinculante, y en esa medida  que  se  constituya  en un precedente aplicable a un caso concreto. De allí que  la   Corte   haya   definido   el   precedente   aplicable   como   “aquella  sentencia anterior y pertinente cuya ratio conduce a una  regla  – prohibición orden  o    autorización    –  determinante  para  resolver el caso, dados unos hechos y un problema jurídico,  o  una  cuestión de constitucionalidad específicos.67”   

19. Para fundamentar  el   cargo,  el  demandante  se  limita  a  transcribir  apartes  de  diferentes  sentencias  proferidas  por  esta  corporación  (T-482/99,  T- 42/99, T-242/99,  T-751A/99,  SU-960/99;  C-774/01, T-572/99, T-401/92, T-556/98, C-528/91) en las  que  se  plasman,  en  abstracto,  importantes  desarrollos  teóricos  sobre el  contenido  del derecho fundamental al debido proceso, referidas incluso, algunas  de  ellas,  a  procesos no penales. La demanda no asume la carga argumentativa y  demostrativa  exigida  para  una  censura  de  esta  naturaleza en el sentido de  identificar    la    ratio   decidendi   de  esas sentencias invocadas, su identidad o semejanza entre sí, y  su  capacidad  para  resolver  el  problema  jurídico  planteado en la presente  oportunidad.  Ninguna  referencia  se  hace a la situación fáctica o normativa  que  fue  enfrentada  en aquellas sentencias que invoca el demandante, y menos a  su  similitud  con  los  hechos  y  los  problemas  jurídicos  específicos que  resolvió la sentencia cuestionada.   

En  consecuencia,  el  cargo  por  presunta  violación  del  precedente  constitucional  no prospera, dado que no se acoge a  los  presupuestos  metodológicos,  ni  a  los requerimientos demostrativos y de  argumentación que deben acompañar una censura de esta naturaleza.   

20.  El cargo por presunta violación directa  de la Constitución.   

Finalmente,  aduce  el  demandante  que  la  sentencia  proferida  el 16 de mayo de 2008 por la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  violó de manera directa  la  Constitución  (Art.  29)  dado que se basó en un  aplicación  de  la  Ley  sustantiva  y procesal penal interpretada “conforme   a  su  propio  arbitrio  y  capricho”,  con  desconocimiento  del  principio  de supremacía constitucional.   

Este cargo se fundamenta, en primer lugar, en  los  reparos  de  orden  valorativo  de  la prueba que el demandante formuló en  torno  al  trabajo  epistemológico  de  la  Corte  Suprema  que  precedió a la  decisión  de  condena,  pues según afirma “la Corte  Suprema   de   Justicia   violó,  mediante  su  errónea  interpretación   -de  la  prueba- mis derechos  fundamentales”68.    En   segundo   lugar,   lo  extiende  a  una  censura  sobre  una  interpretación  de la ley que, en su sentir, no es conforme a la Constitución,  reiterando  los  desarrollos teóricos de la jurisprudencia sobre las garantías  que integran el debido proceso.   

Ninguno  de  los  segmentos  de  la  censura  responde   a   la   naturaleza   de   la   causal   de  violación  directa  de la Constitución. El demandante  reconduce  hacia  esta causal específica, los mismos argumentos que sustentaron  su  planteamiento  de  defecto  fáctico  por  error  en  la  valoración de las  pruebas,  y  de  violación  del  precedente referido al contenido normativo del  debido  proceso.   Tampoco refiere alguna violación al debido proceso  por  no  habérsele  garantizado  el acceso a la administración de justicia, lo  cual   -además-,  está  fuera  de  discusión  ante  la  plenitud  de tal  garantía.   

No   se   formula  -a  través  de  aquella  causal-,   una  censura autónoma, que responda a la exigente naturaleza de  esa  causal,  y demuestre, fehacientemente, que el fallo cuestionado desconoció  de  manera directa un precepto  constitucional  que  le era aplicable al caso concreto. La demostración de esta  causal  no  puede  fundarse  en  la  oposición  de  unos  puntos  de  vista del  demandante  que  considera  acordes  con  los  postulados  de  la  Carta,  a  la  valoración  probatoria  e  interpretación  normativa  efectuada  por  el fallo  impugnado,     que     califica     como    contrarios    a    esos    preceptos  superiores.   

No demuestra el demandante un desconocimiento  flagrante,   o   la   aplicación   indebida   o  irrazonable  de  un  postulado  constitucional  que  debía regir el caso concreto. La fundamentación del cargo  entraña  una  discusión de índole probatoria y de interpretación del derecho  legislado,  a  la  manera  de  una nueva instancia, que se orienta a provocar un  juicio  de  corrección sobre  la   sentencia    cuestionada,   el  cual  es  completamente  ajeno  a  los  propósitos  y  a  la  dogmática  que  orientan  la  acción  de  tutela contra  decisión judicial.   

De  tal  manera  que este cargo tampoco está  llamado  a  prosperar,  puesto  que  se  fundamenta  en  una reiteración de los  supuestos en los que se sustentan los dos anteriores.   

III. DECISIÓN  

Con   fundamento   en  las  consideraciones  expuestas   en   precedencia,   la   Sala  Tercera  de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la  Constitución,   

RESUELVE:  

Primero.     CONFIRMAR,    por     las     razones    expuestas  en esta providencia, los fallos proferidos  el nueve  (9)  de  septiembre  de dos mil ocho (2008) y el diecinueve (19) de marzo de dos  mil   nueve  (2009),  por  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional  de la Judicatura de Cundinamarca, y Sala Jurisdiccional Disciplinaria  del  Consejo  Superior de la Judicatura, respectivamente, que negaron la acción  de  tutela  instaurada  por  el  señor  MAURICIO  PIMIENTO  BARRERA  contra  la  sentencia  de  mayo 16 de 2008 emanada de la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia.   

Segundo. ORDENAR   que  se  de  cumplimiento  a  lo  dispuesto en el artículo 36 del Decreto 2591 de 1991.   

Tercero. ORDENAR que  se   remita  copia  de  esta  sentencia   a   la   Sala   de   Casación   Penal   de   la  Corte  Suprema  de  Justicia.   

Notifíquese,   comuníquese,  cúmplase  e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional.   

LUIS   ERNESTO   VARGAS   SILVA   

Magistrado Ponente  

                                                             

        

Magistrado   

  GABRIEL  EDUARDO   MENDOZA MARTELO   Magistrado   

MARTHA     VICTORIA      SÁCHICA  MÉNDEZ   

Secretaria  

    

1 Fol.  40 del cuaderno de primera instancia.   

2 Fol.  8 demanda de tutela.   

3  Menciona  como testimonios omitidos los de José Luís Laborde Gómez, Alexander  Salazar,  Juan  Hernández,  Sonia Salazar, Orfilia Arias, Javier Ernesto Ochoa,  Jesús  del Carmen Barbosa, Iván Roberto Duque Gaviria, Víctor Manuel Obregón  Romero,  Eduard  López  Tinoco, Wilson Padilla García, Félix Martínez, Cielo  Gneco,  Lucas  Gneco y Flor Palmezano, sin hacer ninguna referencia al contenido  de  los  mismos,  ni  a  su capacidad demostrativa.  Fol. 26, expediente de  tutela, cuaderno de primera instancia.   

4 Fol.  25, ibídem.   

5 Fol.  21 demanda de tutela   

6 Cita  de la sentencia T- 242 de 1999, realizada por el demandante.   

7 Fol.  42 del cuaderno de primera instancia.   

8 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, fallo de mayo 16 de 2008, Fols. 6  y 7 del cuaderno de anexos del expediente de tutela.   

9 Esta  estrategia  fue  plenamente  corroborada respecto del Departamento del Magdalena  mediante   un   documento   denominado   “Convenio  Político  para  el  debate  electoral del día 10 de marzo del año 2002, en la  elección     de     Cámara     de    Representantes    y    Senado    de    la  República”,  firmado  por los candidatos al Senado  Dieb  Maloof  y  Jorge  Castro,   los candidatos a la Cámara José Gamarra  Sierra   y   Gustavo   Orozco,   y   por   8   alcaldes   del  Departamento  del  Magdalena.   

10  Aparece  firmado  en  cuatro de sus cinco hojas por “Jorge 40” según dedujo  la  Corte al cotejar estas firmas con la que figura en el denominado “Pacto de  Ralito”.   

11  Fols. 50 y 51 de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia.   

12  Secretaria    General    del    movimiento    “Colombia    Viva”   de   Dieb  Maloof.   

14  Corte Suprema de Justicia, fallo de mayo 16 de 2008, fol. 54.   

15  Zona  geográfica  que  según  el  análisis  sectorial  efectuado por la Corte  habría  correspondido  en  el  reparto  territorial  auspiciado  por las AUC al  aspirante al Senado Mauricio Pimiento.   

16  Fol. 56 del fallo cuestionado.   

17  Ibíd. Fol. 59.   

18  Alude  a  Jorge  Arias,  asesinado en cumplimiento de una amenaza dirigida a los  asistentes   a   una   reunión  en  Valledupar,  según  la  cual  “los   mismos   votos   que   sacara  el  doctor  Álvaro  Araujo  –     en       la       zona       nor       occidental      –  era  la  misma   cantidad   de   muertos   que   ponía  la  población”.  (Testimonio  de  Rodrigo  Alberto  Soto Gámez, citado a fol.60 del  fallo).   

19 Ib.  Fol. 62.   

20 Ib.  Fol. 63   

21 Ib.  Fol. 65   

22 Ib.  Fol. 66.   

23 Ib.  Fol. 67.   

24  Fol. 86, cuaderno original, primera instancia.   

25  Cuaderno  original  31, fol. 206, proceso penal. Cita del  Consejo Superior  de la Judicatura, folio 59 del fallo de segunda instancia.   

26  Fol. 64, cuaderno de segunda instancia de la tutela.   

27  Cfr. Corte Constitucional,  sentencia T-310 de 2009.   

28 En  esta   sentencia   se   declaró   la  inexequibilidad  de   la  expresión  “ni acción”, contenida  en  el artículo 185 de la Ley 906/04, relacionado con la sentencia de casación  penal.   

29  Corte    Constitucional,    sentencia    173/93.    [cita    de   la   sentencia  C-590/05].   

30  Corte    Constitucional    sentencia    T-504/00.    [cita   de   la   sentencia  C-590/05].   

31 Ver  entre  otras  la  reciente  Sentencia T-315/05. [cita de la sentencia C-590/05].   

32  Corte  Constitucional,  sentencias T-008/98 y SU-159/2000. [cita de la sentencia  C-590/05].   

33  Cfr.  Corte Constitucional,  sentencia C-591/05, sentencia T- 310-09.   

34  Corte    Constitucional,    sentencia    T-658-98.   [cita   de   la   sentencia  C-590/05].   

35  Corte  Constitucional  sentencias  T-088-99  y SU-1219-01. [cita de la sentencia  C-590/05].   

36 Ver  Corte Constitucional, sentencia T- 310 de 2009.   

37  Cfr.  Corte Constitucional,  sentencia T-993/03.   

38  Cfr. Corte Constitucional, sentencia T-310-09.   

40  Así,  por  ejemplo,  en  la  Sentencia SU-159 de 2002, Corte Constitucional, se  define  el defecto fáctico como “la aplicación del  derecho  sin  contar con el apoyo de los hechos determinantes del supuesto legal  a partir de pruebas válidas”.   

41  Cabe  resaltar  que  si  esta  omisión  obedece a una negativa injustificada de  practicar  una  prueba  solicitada por una de las partes, se torna en un defecto  procedimental,     que    recae    en    el    ejercicio    del    derecho    de  contradicción.   

42  Cfr. Corte Constitucional,  sentencias SU-159 de 2002, T-538 de 1994  y T-061 de 2007.   

43 Ver  sentencias  Corte  Constitucional: T-442 de 1994, T-567 de 1998, T-239 de 1996 y  SU  – 159 de 2002, T-244  de 1997.   

44  Corte Constitucional, Sentencia T-442 de 1994.   

45 En  la  sentencia  T-055  de  1997,  la  Corte  Constitucional  determinó  que,  en  tratándose  del  análisis  del  material probatorio, la independencia judicial  cobra mayor valor y trascendencia.   

46  “En el plano de lo que constituye la valoración de  una  prueba,  el  juez  tiene  autonomía,  la  cual va amparada también por la  presunción  de  buena fe” Sentencia T-336 de 1995 ,  reiterada por la T-008 de 1998.   

47  Sobre  el  particular,  ha  señalado  la  Corte:“(…)  al  paso  que el juez  ordinario   debe   partir   de   la  inocencia  plena  del  implicado,  el  juez  constitucional   debe  hacerlo  de  la  corrección  de  la  decisión  judicial  impugnada,  la  cual,  no  obstante, ha de poder ser cuestionada ampliamente por  una  instancia  de  mayor  jerarquía rodeada de plenas garantías” (Sentencia  T-008 de 1998.  Reiterada en la sentencia T-636 de 2006).   

48  Ibid.   

49  Ibídem.   

50  Sobre    estas    condiciones,   Cfr.   Corte Constitucional, sentencia T-705/02.   

51  Sobre  una  exposición acerca del valor jurídico del precedente constitucional  y  su conformación como causal de tutela contra sentencias, en los casos en que  es   desconocido   por   el   juez   ordinario,  Cfr.  Corte    Constitucional,   sentencia   T-292/06   .   

52  Cfr. Corte Constitucional,  sentencias C-104 de 1993 y SU-047 de 1999.   

53  Ibid.   

54  Cfr. Corte Constitucional, sentencias SU- 1300/01 y  T-292/06.   

55 El  demandante  presentó  recurso  de  apelación contra la sentencia de mayo 16 de  2008,  ante  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia el cual  le  fue  negado por tratarse de un fallo de única instancia (Auto de junio 4 de  2008, proceso 26470).   

56  Fols. 8 a 24 del fallo.   

57  Sentencia de la Corte Suprema, mayo 16 de 2008, fol. 54.   

58  Ibid.   

59  Esta   instancia  dejó  constancia  que  para  la  adopción  de  la  decisión  ofició   a  la  Corte  Suprema de Justicia para solicitar la totalidad del  expediente,  conformado,  según  refiere por más de 80 cuadernos. (Fol. 56 del  fallo   de   marzo  24  de  2009,  proferido  por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura).   

60  Ibíd. Fol. 57   

61  Folios 1 y 2 de la sentencia cuestionada.   

62  Cfr. Kai Ambos, en “Temas  de  derecho  penal  internacional y europeo”, ed. Marcial Ponds, 2006, p. 182.  Este  concepto  se  presenta  ligado  a  la criminalidad sistemática de derecho  internacional  y  con  apoyo en doctrina producida en el seno del Tribunal Penal  Internacional  para  la  ex  Yugoslavia: Prosecutor v  Tádic,  caso número IT-94-1- A  e IT- 94-1 A bis, opinión particular del  Juez Cassese de 26 de enero de 200, par. 14.   

63 Ib.  p. 182.   

64  Para  el  efecto  confiere  credibilidad  a  los testimonios de Cielo Géneco de  Monsalvo,  Luís  Alberto Monsalvo, Orfilia Arias, Rodrigo Alberto Soto Gámez y  Alfonso  Palacio  Niño.  Así  mismo  descalifica  por  carentes  de  veracidad  testimonios  de  ex alcaldes de la región, que pretendieron desconocer o restar  importancia aun fenómeno de tanta notoriedad y magnitud.   

65  Sentencias  T-482  de  1992,  T-242  de 1999, T-751 A de 1999, SU- 960 de 1999 y  C-774 de 2001.   

66  Cfr.  Sentencia  T- 292 de  2006.   

67  Ibíd.   

68  Folio 30 de la demanda.     

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