T-632-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-632-09  

(Septiembre 15; Bogotá DC)  

Referencia:  Expediente T-2.242.220.   

Accionante: Liliana  Lucía Mazenett Villanueva.   

Accionado: Instituto  Departamental de Transporte y Tránsito del Atlántico.   

Fallo   objeto   de  revisión:  Sentencia  de  la  Sala  Sexta de Decisión Civil y de Familia del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla  del 4 de marzo de  20091,  que  confirmó la decisión del Juzgado Cuarto Civil del Circuito  de   Barranquilla,   del   31  de  octubre  de  20082.   

Magistrados   de   la   Sala   Quinta   de  Revisión:  Mauricio  González  Cuervo, Jorge Ignacio  Pretelt Chaljub y Nilson Pinilla Pinilla.    

Magistrado Ponente:  Mauricio González Cuervo.   

I. ANTECEDENTES.  

1.   Demanda   y   pretensión3.    

1.1. Elementos de la demanda:  

-Derechos  fundamentales   invocados:  igualdad,  buen  nombre  y  debido proceso.   

-Conducta que causa  la  vulneración:  proceso  ejecutivo  que  la entidad  accionada  inició en contra de la accionante, con el fin de exigirle el pago de  los   impuestos   de  un  vehículo  de  propiedad  de  la  misma,  que  le  fue  hurtado.   

–  Pretensión:  se  ordene  al  Director  del Instituto Departamental de Transportes y Tránsito del  Atlántico  cancelar  la  matrícula  del  vehículo  relacionado  en  el libelo  demandatorio,  así  como  la terminación del proceso ejecutivo que se sigue en  su  contra,  y  como  consecuencia  de  ello,  se  ordene la cancelación de los  embargos decretados y la comunicación a Data Crédito.   

1.2.   Fundamentos   de   la   pretensión:   

La accionante fundamenta su pretensión en lo  siguiente:   

1.2.1. El 15 de enero de 2001, le fue hurtado  a    la   Sra.   Liliana   Lucía   Mazenett   Villanueva   un   carro   de   su  propiedad4;  hasta  esa  fecha  el  mencionado vehículo se encontraba a paz y  salvo      por      concepto     de     impuestos5.   

1.2.2. Una vez sucedió el hurto le informó a  la  policía  y  presentó  la denuncia ante la SIJIN6  y el DAS y se lo comunicó al  Director   de   Tránsito   del   Municipio   de   Puerto   Colombia7,  para  que se  abstuviera  de dar trámite a cualquier negociación sobre el vehículo hurtado,  y  se  pidió  cancelar  la  matrícula del mismo, a lo cual este último no dio  respuesta        a        dicha       petición8.   

1.2.4.  De  tal  situación  se informó a la  Oficina  del  Tránsito  del  Municipio  de  Puerto  Colombia, posteriormente la  Oficina  de  Transportes  y Tránsito del Departamento requirió a la accionante  para  que  cancelara los impuestos del carro correspondientes a los años 2002 y  2003,   por   lo   que   les   avisó   lo  sucedido11.   

1.2.5.  No  obstante habérsele entregado los  documentos  a  los  funcionarios  del  Tránsito  del Departamento, iniciaron un  proceso  de  jurisdicción  coactiva  en  contra  de  la  accionante12,  embargándole                 cuentas13  e  incluyéndola  en  Data  Crédito,  más  no  ordenando  la  captura  del  vehículo  hurtado como se les  pidió,  siendo  negligentes  en  tratar  de  evitar  que el automóvil siguiera  circulando     por    el    territorio    nacional14.   

1.2.6. Al ente accionado se le envió copia de  la  sentencia  condenatoria,  pero  han  insistido  que  se  les  debe pagar los  impuestos,  violando el principio a la igualdad, porque nadie puede ser obligado  a pagar un servicio que no se le presta.   

1.2.7. El 4 de agosto de 2008, se presentó un  nuevo   derecho  de  petición  al  Secretario  del  ente  accionado15, solicitando  la   cancelación   de   la   matrícula   del   vehículo   hurtado16,    no  accediéndose   a  ello,  basándose  en  el  Acuerdo  051  de  199317.   

2.  Respuesta  del Instituto Departamental de  Transportes    y    Tránsito    del    Atlántico18.   

El  Jefe  de la Oficina Asesora Jurídica del  Instituto     de    Tránsito    del    Atlántico19,   en  escrito  del  24  de  octubre   de   2008  dirigido  al  A  quo,  solicitó  negar  las  pretensiones de la accionante, con base en  los siguientes argumentos:   

2.1.1.  La  entidad accionada no ha vulnerado  los  derechos  fundamentales de la accionante, por cuanto se dio cumplimiento al  procedimiento  a  seguir  por  la  autoridad  para  cobrar  tasas  o derechos de  tránsito,  tal  como  lo  señalan  las  Leyes  769  de  2002  y  788  de 2002.   

2.1.2.  Los  tributos  como  el  impuesto  al  automotor  y las tasas o derechos de tránsito se causan el 1° de enero de cada  año.  En  el  caso  del vehículo de la señora Mazenett Villanueva, al momento  del  hurto,  es decir el 15 de enero de 2001, ya se habían causado los tributos  del  año  2001,  estaba  en  este  orden la accionante debiendo las tarifas del  impuesto  al  automotor como las tasas o derechos de tránsito del año 2001. No  es  necesario  que  venza  la  vigencia fiscal para ser exigible los derechos de  tránsito    de    conformidad    con    lo    establecido    en   el   Estatuto  Tributario.   

2.1.3. Si bien es cierto que mediante escrito  radicado  bajo  el  No  827  del  16 de enero de 2001, la señora Liliana Lucía  Mazenett  Villanueva,  comunicó  que su vehículo fue hurtado el 15 de enero de  2001,  no  lo  es  que  haya solicitado la cancelación de la matricula, como se  puede  constatar  en  el escrito presentado por la accionante. Sin embargo en la  respuesta  dada  a la misma mediante oficio No. 2001235 del 20 de enero de 2001,  se  le  informó  los  pasos  a  seguir  para  el  efecto de que se cancelara la  matrícula           del           vehículo20,  información  que  le  fue  reiterada  en  el  oficio  del  29  de  enero de 200121,  al  dar  respuesta  a  la  solicitud  que  la peticionaria había realizado respecto a que se certificara a  nombre   de   qué   persona   aparecía   inscrito   el   vehículo22.   

2.1.4.  No  puede pretender la accionante que  con  la  simple  solicitud  o a través de un derecho de petición se realice la  cancelación  de la licencia de tránsito o matrícula de un vehículo, toda vez  que  se  requiere  la observancia plena de la normatividad que rige este tipo de  procesos.  Adicionalmente,  la  peticionaria  cuenta con otros medios de defensa  idóneos  para  hacer  valer sus pretensiones y resolver lo debatido23.   

3. Decisiones adoptadas dentro del proceso de  tutela:   

3.1. Primera Instancia (Sentencia del Juzgado  Cuarto   Civil   del   Circuito   de   Barranquilla,   del   31  de  octubre  de  2008.)24   

3.1.1.  Negó  el  amparo  por cuanto existen  otros     mecanismos    de    defensa    judicial.25  En  el  caso de estudio, la  accionante  cuenta  con  otro  medio  de  defensa  judicial, pues de no estar de  acuerdo  con  el  procedimiento seguido por la entidad accionada, puede acudir a  la  Jurisdicción  de  lo  Contencioso Administrativo y solicitar la nulidad del  acto  administrativo,  y  a  su  vez su restablecimiento del derecho conculcado.   

3.1.2.  De  igual  forma  manifestó  que  la  accionante  puede  hacerse  parte  en  el  proceso  de la jurisdicción coactiva  adelantado  por  el  Juzgado  de Ejecución Fiscales de Metrotránsito, haciendo  valer  sus  derechos,  dándole contestación al mismo, proponiendo excepciones,  entre  otras, razón por la cual no se pueden tutelar los derechos fundamentales  invocados   por   la   actora,   máxime   si   no  se  vislumbra  un  perjuicio  irremediable.   

3.2.  Impugnación   

3.3. Segunda Instancia. (Sentencia de la Sala  Sexta  de  Decisión  Civil  y  de  Familia  del  Tribunal Superior del Distrito  Judicial     de     Barranquilla    –Atlántico,  del  4  de  marzo de 2009).27   

3.3.1.  El  juez  de  instancia  confirmó la  decisión  del  Juzgado  Cuarto  Civil  del Circuito de Barranquilla28,    tras  considerar  que  no  le corresponde al juez constitucional entrar a verificar si  es  cierto  o no que se presentó la solicitud de cancelación de la matrícula,  ya  que  la entidad accionada manifiesta que no se hizo, motivo por el que si la  peticionaria  no  está  de  acuerdo  con  la  entidad  accionada  en seguir los  requisitos  señalados  para  la  solicitud de la cancelación de la matrícula,  tiene    a    su   disposición   otros   mecanismos   para   controvertir   tal  decisión.   

3.3.2. Adicionalmente sostuvo que la decisión  que  la  accionante  pretende debatir es de carácter administrativo, razón por  lo  que  es  la  Jurisdicción  Contenciosa  Administrativa  la  competente para  dirimir  la  controversia.  Existe  un  mecanismo  ordinario diferente al amparo  constitucional  para  lograr lo que se pretende. La acción de tutela se utiliza  cuando  no exista otro para hacer valer sus derechos. Por tanto, concluye que la  misma  es  improcedente  y  en  consecuencia  confirmó  la sentencia dictada en  primera instancia.   

II. CONSIDERACIONES.  

1. Competencia.  

Esta  Sala  es  competente  para  revisar la  providencia  de  tutela antes reseñada, con base en la  Constitución  Política,  artículos  86 y 241 numeral 9; en el Decreto 2591 de  1991,  artículos  33  a  36;  y en el Auto del 28 de mayo de 2009 de la Sala de  Selección de Tutela Número Cinco de la Corte Constitucional.   

2.  El Problema Jurídico.  

2.1. Corresponde a esta Sala determinar si es  viable  mediante  acción  de  tutela,  ordenar la terminación de un proceso de  jurisdicción  coactiva  iniciado  por la entidad accionada contra la demandante  con  el fin de obtener la cancelación de los impuestos del vehículo que le fue  hurtado  a  la  accionante  y  del  cual  no  solicitó  la  cancelación  de la  matrícula.   

2.2. Con tal propósito, la Sala abordará los  siguientes  temas: i) El carácter subsidiario y excepcional de la tutela contra  actos  de  la  administración.  ii) La procedencia excepcional de la tutela por  violación  al  debido  proceso  administrativo.  iii)  La  no procedencia de la  tutela  para  definir  derechos  litigiosos de contenido económico. Finalmente,  resolverá el caso concreto.   

3. Consideraciones generales.  

3.1.  Carácter excepcional de la acción de  tutela contra actos de la administración.   

3.1.1.  Por  ser  la  acción  de tutela un  mecanismo   subsidiario   o   residual  para  la  protección  de  los  derechos  fundamentales,  cuando  se  trata de controvertir judicialmente decisiones de la  administración  pública  la  regla  general  es que la vía la constituyen las  acciones  contencioso  administrativas.  Lo  afirmado  encuentra  sustento en el  inciso   3º   del   artículo   86   de   la   CP29,   en   armonía   con  lo  dispuesto  en el numeral primero del artículo 6º del Decreto 2591 de 1991, que  establece:  “La acción de tutela no procederá: 1º  Cuando  existan  otros  recursos  o  medios  de  defensa  judiciales,  salvo que  aquélla  se  utilice  como  mecanismo  transitorio  para  evitar  un  perjuicio  irremediable.  La  existencia  de dichos mecanismos será apreciada en concreto,  en  cuanto  a  su eficacia, atendiendo las circunstancias en que se encuentre el  solicitante”.   Paralelo   a   lo   anterior,   la  jurisprudencia30  ha estimado que la acción  de  tutela  no  constituye  un  medio  alternativo  que  pueda ser empleado para  reemplazar  las  demás acciones judiciales, dado que de aceptarse esa tesis, se  desconocería   la   estructura  jurisdiccional  del  Estado,  las  competencias  asignadas  a  cada  uno  de  sus  órganos.  Por  lo tanto, esta acción tampoco  resulta  procedente  cuando  el  titular  del  derecho amenazado o vulnerado, ha  contado  con la posibilidad de ejercer las acciones ordinarias o especiales ante  las   autoridades   jurisdiccionales   creadas  para  conocer  de  los  litigios  originados en actos de la administración.   

Así    entonces,    atendiendo    las  características  propias  de  la  acción de tutela31,   no   está   permitido  utilizar  este  mecanismo  para controvertir decisiones administrativas respecto  de  las  cuales  el  interesado  no  ejerció  en tiempo las acciones judiciales  respectivas.  Tampoco es procedente su ejercicio para someter nuevamente ante la  administración  situaciones  respecto  de  las cuales se ha agotado el trámite  propio   de  la  vía  gubernativa,  y  cuando,  además,  por  negligencia  del  interesado  ha  transcurrido  un  período  extenso  que  haría improcedente el  amparo por desconocimiento del principio de inmediatez.   

3.1.2.   Acorde   con   lo   señalado   la  jurisprudencia  ha  precisado  las  circunstancias  especiales y extraordinarias  dentro  de  las  cuales  se  podría  ejercer  la  acción  de tutela contra una  decisión  de  la  administración  y esta se refiere a eventos en los cuales el  juez  de  tutela llegue a la convicción de que a pesar de la existencia de otro  mecanismo  de  defensa  judicial, es necesario conceder el amparo como mecanismo  transitorio  debido  a  la  presencia  de  un  perjuicio  que  sólo podría ser  remediado temporalmente con la decisión del juez.   

3.1.3. Ahora bien, sobre las características  del  perjuicio irremediable que hagan procedente el amparo, esta Corporación ha  señalado  que  el  perjuicio  ha  de  ser  inminente, urgente y grave. Sobre el  particular en la Sentencia T-225 de 1993, se dijo:   

“A).El perjuicio  ha  de  ser  inminente: “que amenaza o está por suceder prontamente”.  Con  lo  anterior  se diferencia de la expectativa ante un posible daño o menoscabo,  porque  hay  evidencias  fácticas  de  su presencia real en un corto lapso, que  justifica  las  medidas prudentes y oportunas para evitar algo probable y no una  mera  conjetura  hipotética.  Se  puede  afirmar  que,  bajo cierto aspecto, lo  inminente  puede  catalogarse  dentro  de  la  estructura  fáctica,  aunque  no  necesariamente  consumada.  Lo inminente, pues, desarrolla la operación natural  de  las cosas, que tienden hacia un resultado cierto, a no ser que oportunamente  se  contenga  el  proceso iniciado.  Hay inminencias que son incontenibles:  cuando  es  imposible  detener  el  proceso iniciado. Pero hay otras que, con el  adecuado  empleo  de  medios  en el momento oportuno, pueden evitar el desenlace  efectivo.  En  los  casos  en  que,  por  ejemplo, se puede hacer cesar la causa  inmediata  del  efecto  continuado, es cuando vemos que desapareciendo una causa  perturbadora  se desvanece el efecto.  Luego siempre hay que mirar la causa  que está produciendo la inminencia.   

B).  Las  medidas  que  se  requieren  para  conjurar  el  perjuicio irremediable han de ser urgentes, es decir, como calidad  de  urgir,  en  el sentido de que hay que instar o precisar una cosa a su pronta  ejecución   o   remedio   tal   como  lo  define  el  Diccionario  de  la  Real  Academia.   Es  apenas  una adecuación entre la inminencia y la respectiva  actuación:  si  la  primera  hace relación a la prontitud del evento que está  por   realizarse,   la   segunda  alude  a  su  respuesta  proporcionada  en  la  prontitud.   Pero además la urgencia se refiere a la precisión con que se  ejecuta  la  medida,  de  ahí  la  necesidad  de ajustarse a las circunstancias  particulares.   Con  lo  expuesto  se  verifica  cómo  la  precisión y la  prontitud señalan la oportunidad de la urgencia.   

C). No basta cualquier perjuicio, se requiere  que  éste sea grave, lo que equivale a la gran intensidad del daño o menoscabo  material  o  moral  en  el  haber  jurídico de la persona. La gravedad obliga a  basarse  en  la importancia que el orden jurídico concede a determinados bienes  bajo  su  protección,  de  manera  que  la  amenaza a uno de ellos es motivo de  actuación  oportuna  y  diligente por parte de las autoridades públicas. Luego  no  se  trata  de  cualquier  tipo de irreparabilidad, sino sólo de aquella que  recae  sobre un bien de gran significación para la persona, objetivamente. Y se  anota   la   objetividad,   por  cuanto  la  gravedad  debe  ser  determinada  o  determinable,  so  pena  de  caer  en  la indefinición jurídica, a todas luces  inconveniente.   

D). La urgencia y la gravedad determinan que  la  acción  de  tutela  sea  impostergable,  ya que tiene que ser adecuada para  restablecer   el  orden  social  justo  en  toda  su  integridad.   Si  hay  postergabilidad  de  la  acción,  ésta  corre  el  riesgo  de ser ineficaz por  inoportuna.   Se  requiere  una  acción en el momento de la inminencia, no  cuando  ya haya desenlace con efectos antijurídicos.  Se trata del sentido  de  precisión  y  exactitud de la medida, fundamento próximo de la eficacia de  la   actuación   de   las   autoridades   públicas   en   la  conservación  y  restablecimiento  de  los  derechos  y  garantías  básicos  para el equilibrio  social.   

De acuerdo con lo que se ha esbozado sobre el  perjuicio  irremediable,  se  deduce que hay  ocasiones en que de continuar  las  circunstancias de  hecho en que se encuentra una persona, es inminente  e  inevitable  la  destrucción  grave  de  un bien jurídicamente protegido, de  manera  que  urge  la protección inmediata e impostergable por parte del Estado  ya en forma directa o como mecanismo transitorio.”   

3.1.4. De igual manera la Corte ha establecido  los  requisitos para que proceda la tutela contra actos administrativos y éstos  son  los  siguientes: “(1) Que se produzca de manera  cierta  y  evidente  sobre  un derecho fundamental; (2) que de ocurrir no exista  forma  de  reparar  el  daño  producido  al  mismo;  (3)  que su ocurrencia sea  inminente;  (4)  que resulte urgente la medida de protección para que el sujeto  supere  la  condición de amenaza en la que se encuentra; y, (5) que la gravedad  de  los hechos, sea de tal magnitud que haga evidente la impostergabilidad de la  tutela  como  mecanismo  necesario para la protección inmediata de los derechos  constitucionales           fundamentales”32.   

Además,   esta  Corporación33   se  ha  referido  al ejercicio indiscriminado de la acción de tutela contra actos de la  administración  cuando proceden otros mecanismos judiciales de defensa y en tal  sentido ha advertido, las siguientes consecuencias:   

“(…)  la  paulatina  sustitución  de los mecanismos ordinarios de protección de derechos  y  de solución de controversias por el uso indiscriminado e irresponsable de la  acción  de  tutela  entraña  (i) que se desfigure el papel institucional de la  acción  de  tutela  como  mecanismo  subsidiario  para  la  protección  de los  derechos  fundamentales, (ii) que se niegue el papel primordial que debe cumplir  el  juez ordinario en idéntica tarea, como quiera que es sobre todo éste quien  tiene  el  deber  constitucional  de  garantizar el principio de eficacia de los  derechos   fundamentales   (artículo  2  Superior)34  y  (iii)  que se abran las  puertas  para  desconocer  el  derecho  al  debido  proceso  de  las  partes  en  contienda,   mediante  el  desplazamiento  de  la  garantía  reforzada  en  que  consisten  los  procedimientos  ordinarios  ante la subversión del juez natural  (juez  especializado)  y  la  transformación de los procesos ordinarios que son  por   regla   general   procesos   de   conocimiento  (no  sumarios)35.   

Así   entonces,   tratándose   de  actos  administrativos   presuntamente  transgresores  de  derechos,  el  legislador  a  previsto  los  medios  idóneos ante la Jurisdicción Contencioso Administrativa  para  obtener  la  simple nulidad o la nulidad y el restablecimiento del derecho  (Art.      84      y      85      del      C.C.A)36   

de las decisiones de la administración, en  donde   además,  se  puede  solicitar  la  suspensión  provisional37 del acto tal  y   como   lo   prevé   el  artículo  152  ibídem38.   

Además,  para  determinar  si la acción de  tutela  es  procedente como mecanismo transitorio, no resulta suficiente invocar  fundamentos  de  derecho, sino que son también necesarios fundamentos fácticos  que den cuenta de las condiciones materiales de la persona.   

En  caso  contrario,  el  asunto  adquiere  carácter  estrictamente  litigioso  y  por  lo mismo ajeno a la competencia del  juez   de   tutela.   A   ese  respecto  la  Corte  en  la  Sentencia  T-365  de  200639,  reiteró que la existencia de perjuicio irremediable no se reduce  a  simples  afirmaciones  del  demandante,  sino  que exige la acreditación del  mismo dentro del proceso:   

“No sobra subrayar que cuando se alega la  existencia   de   un   perjuicio   irremediable   no   basta   con  meras  afirmaciones, toda vez que incumbe  a  la  parte que lo alega aportar prueba que permita su acreditación en sede de  tutela.  [Así  se  ha  pronunciado  este Tribunal] en reiterada jurisprudencia,  entre  las  que se encuentra la sentencia T-278 de 1995, en la cual se expresó:  ‘En  relación  con  el  perjuicio  irremediable,  la  Corte  Constitucional  ha tenido la oportunidad de  expresar  que,  para que este se configure no basta la  sola  afirmación del accionante, sino que aquél debe  estar  plenamente  acreditado  en  el  proceso,  y  que  además  se adopte como  mecanismo   transitorio,  mientras  resuelve  el  derecho  por  parte  del  juez  competente   para   decidir   la   situación  en  forma  definitiva’.(….)”40.   

Tal  posición se fundamenta en el carácter  excepcional,    subsidiario    y   residual   de   ese   mecanismo   de   amparo  constitucional41.   

3.2. La procedencia excepcional de la tutela  por violación al debido proceso administrativo.   

3.2.1.  La  Carta  consagra el debido proceso  como  un  derecho de rango fundamental y garantiza su observancia no sólo en el  ámbito  de  las  actuaciones  judiciales sino en las de índole administrativa.  Esa  garantía  constitucional  se traduce en el respeto de la administración a  las  formas  previamente  definidas,  a  la  salvaguarda  de  los  principios de  contradicción   e   imparcialidad  y  a  la  garantía  de  que  la  actuación  administrativa  se  surtirá  respetando  todas  sus  etapas  y  ajustándose al  ordenamiento  jurídico  legal  y  a los preceptos constitucionales. Con ello se  pretende  garantizar  el  correcto  ejercicio  de  la administración pública a  través  de  la expedición de actos administrativos que no resulten arbitrarios  y  contrarios  a los principios del Estado de derecho42.   

3.2.2.  Ahora  bien,  a  pesar  de  que  las  autoridades  administrativas  se  encuentran  obligadas  a  observar  el  debido  proceso  y  a  respetar  los  derechos fundamentales de las personas, pueden, al  expedir  un acto administrativo, incurrir en vía de hecho cuando constriñen de  manera    arbitraria   el   ordenamiento   jurídico   y   quebrantan   derechos  fundamentales.  En tales casos, es viable su protección por medio de la acción  de  tutela,  pues  su  desconocimiento  u  oposición  manifiesta  a  las normas  constitucionales  o legales aplicables al caso, puede devenir en la violación o  amenaza   de   los   derechos   fundamentales   de   los   asociados43.   

3.2.3. En efecto si la administración expide  un  acto  administrativo  que  atenta  contra  los derechos fundamentales de una  persona,  ésta  tiene  la  posibilidad  de  acudir ante un juez para obtener su  protección  y  el  restablecimiento de las condiciones jurídicas. Sin embargo,  esta  Corporación ha sido clara en señalar que la procedencia de la acción de  tutela  en  estos casos, en aras de la preservación de principios tales como la  seguridad  jurídica  y  la legalidad, también de suma importancia en un Estado  de  Derecho,  debe  ser  subsidiaria  y  excepcional44  debido  a que existen otros  mecanismos de defensa judicial al alcance del interesado.   

3.2.4. La acción de tutela por regla general,  no  puede intentarse cuando exista al alcance del interesado un medio de defensa  judicial  apto y eficaz para la defensa del derecho vulnerado o amenazado, salvo  que  aquella  se utilice como mecanismo transitorio para evitar la ocurrencia de  un  perjuicio  irremediable,  frente  al  cual  la  decisión del juez ordinario  sería         tardía        e        inocua45   

. En este orden de ideas, no basta con que el  juez  de tutela verifique que en el caso objeto de análisis se violó el debido  proceso  para  que  la  acción pueda prosperar, pues ante la existencia de otro  medio  de defensa judicial es necesario que analice si ese medio tiene la virtud  de  restablecer  el  derecho  vulnerado,  o si se está ante la ocurrencia de un  perjuicio  irremediable  que haga imperativa la intervención inmediata del juez  constitucional.   

3.2.5.  En  principio, el ámbito propio para  tramitar   los  reproches  de  los  ciudadanos  contra  las  actuaciones  de  la  administración   es  la  Jurisdicción  Contencioso  Administrativa46,  por cuanto  es  en  ese ámbito en el cual los demandantes y demandados pueden desplegar una  amplia  y  exhaustiva  controversia  argumentativa  y  probatoria, y tienen a su  disposición   diversos  recursos  que  la  normatividad  contempla.  El  amparo  constitucional  sólo  será  procedente, cuando la vulneración de las etapas y  garantías  que  informan  los  procedimientos  administrativos haya sido de tal  magnitud,  que  los  derechos fundamentales de los asociados no cuentan con otro  medio  de  defensa  efectivo  o  el  interesado  esté  frente  a  un  perjuicio  irremediable47.   

3.2.6.  En  conclusión, la Corte ha admitido  que  cuando  se  presenta  una  vía  de  hecho  con  la  expedición de un acto  administrativo    y    el    afectado    se    encuentra   ante   un   perjuicio  irremediable48,   la  tutela  procederá  como  mecanismo  transitorio49  y  que  de  manera  excepcional  podrá  concederse  en forma definitiva, teniendo en cuenta  las  circunstancias  que  rodean  el  caso  concreto50.   

3.3. No procedencia de la tutela para definir  derechos litigiosos de contenido económico.   

La  jurisprudencia  de  la  Corte51   ha  sido  enfática  en sostener que el pago de obligaciones económicas que se encuentran  en  litigio,  escapa  al  ámbito  propio  de la acción de tutela; y si bien es  cierto   ha   admitido   su   procedencia  en  algunos  casos,  ellos  han  sido  excepcionales  y  primordialmente sustentados en la falta de idoneidad del medio  ordinario,   relativos   siempre   de   manera   específica  y  directa  a  las  circunstancias  en  las  que se encuentra el actor, lo cual excluye de plano que  pueda  concederse  el  amparo  judicial  para  los  indicados  fines,  masiva  e  indiscriminadamente52  53   

.  De  igual manera, en la Sentencia T-528 de  1998,  la  Corte  señaló que: “[…].ha sido clara  la  jurisprudencia  de  la  Corporación  al  indicar que los fallos emitidos en  materia  de  acción  de  tutela no tienen la virtualidad para declarar derechos  litigiosos,  menos  aún  cuando  de  estos  se  predica  su carácter legal.”   

4. Caso concreto.  

4.1.  Como  se ha expuesto, el 15 de enero de  2001,  la  accionante  mediante  un  atraco  fue  despojada  del vehículo de su  propiedad54,  acudió a las autoridades de policía para denunciar el delito, y  posteriormente   donde   el  Director  de  Tránsito  del  Municipio  de  Puerto  Colombia,   para  informar  sobre  el  delito  del que fue víctima, con el  propósito  de  que  se abstuviera a dar trámite a cualquier negociación sobre  el  vehículo  hurtado  y  que  en el futuro no le fueran cobrados los impuestos  relacionados con la propiedad del automotor.   

4.2.  La  accionante considera que la entidad  accionada  al  recibir comunicación de la denuncia por hurto remitida por ella,  debió   proceder   de   forma  oficiosa a la cancelación de la matrícula del automotor.   

4.3. El Instituto Departamental de Transportes  y  Tránsito  del  Atlántico ha prevenido e informado a la accionante sobre los  pasos  que ésta debe seguir para el efecto de que se le cancelara la matrícula  del         vehículo         por        hurto55 y adicionalmente indicó que  los  tributos  como el impuesto al automotor y las tasas o derechos de tránsito  se  causan  desde  el  1° de enero de cada año. En el caso del vehículo de la  Sra.  Liliana  Lucía  Mazenett Villanueva, al momento del hurto -15 de enero de  2001-,  ya  se  habían  causado  los  tributos de esa anualidad. Estaba en este  orden  la  accionante,  debiendo  las tarifas del impuesto al automotor como las  tasas  o derechos de tránsito del año 2001, sin que sea necesario que venza la  vigencia  fiscal,  para  ser exigible tales derechos de tránsito de conformidad  con   lo  establecido  en  el  Estatuto  Tributario.56   

4.4. Es así, como en la respuesta que se le  dio  a  la  actora  el  29  de  enero  de  2001,  se  le  informa además de las  características  del  vehículo  de  placas  GOB580,57    que   la   propietaria:  “Debe  tramitar,  personalmente  o  a  través  de  terceros,  la  CANCELACION  de  la  Licencia  de  Tránsito,  para lo cual debe:  Cancelar  en  el  BANCO  GANADERO  CTA:  31068606  a  favor  del  MINISTERIO  DE  TRANSPORTE  $  7.000,  y  en  la  Agencia  de  Puerto  Colombia  $ 11.150. Si ha  incurrido  en  extemporaneidad  en  el  registro  de  la  cancelación, 60 días  hábiles  90  calendario  a  partir de la fecha de la denuncia: $ 95.330; Anexar  Original  de la Licencia de Transito, Seguro Obligatorio Vigente, Paz y Salvo de  Timbre  y  Rodamiento (Cancelar en la Gobernación 1er  piso Tesorería), y  Documento  que acredite el hurto o pérdida según el caso.”       

­  

4.5.  Consecuente con lo anterior, la entidad  accionada,  considera  que no ha vulnerado los derechos fundamentales reclamados  por  la accionante, por cuanto se dio cumplimiento al procedimiento a seguir por  la  autoridad  de  tránsito para cobrar tasas o derechos de tránsito, tal como  lo  señalan  las Leyes 769 de 2002 y 788 de 2002. Además, lo solicitado por la  accionante  respecto  a  la cancelación de la matrícula de su vehículo, tiene  un  trámite  específico  que debe cumplirse. De manera tal, que se requiere la  observancia  plena  de  la  normatividad  que  rige éste tipo de procesos, para  lograr tal propósito.     

4.6. Al estudiar la normatividad vigente en la  materia,  encuentra  la  Sala,  que  el  Código  Nacional  de  Tránsito  en su  artículo 40 preceptúa que:  “La  licencia  de  tránsito  de  un  vehículo  se  cancelará    a    solicitud    de   su  titular por  destrucción   total   del   vehículo,   pérdida  definitiva,  exportación  o  reexportación,   hurto  o  desaparición  documentada  sin  que se conozca el paradero final del vehículo,  previa  comprobación del hecho por parte de la autoridad competente”.  Esta  norma  está a su vez reglamentada por el Acuerdo 051 de  1993  expedido  por el Ministerio de Transporte que en su artículo 98 establece  que:  “La  cancelación de la licencia de tránsito  de    un    vehículo    automotor    por   destrucción   total,   pérdida,  exportación y reexportación  debe   ser   solicitada  por  su  propietario  en  el  formulario  único  nacional  con  reconocimiento  en  cuanto  a  contenido,  firma  autenticada  adjuntando  según el caso, documento  probatorio  de  tal hecho”.  (Negrilla y subrayado adicionado)   

4.7.  La  señora  Liliana  Lucía  Mazenett  Villanueva  es  en  la  actualidad  la  titular  de la licencia de tránsito del  vehículo  de  placas  GOB-580, por lo que es ella quien debe surtir el trámite  pertinente  ante  la  Secretaría de Tránsito y Transporte para la cancelación  de   la   respectiva   matrícula,  cumpliendo  con  los  requisitos58  exigidos  y  agotando  el procedimiento establecido para tal efecto, lo cual aun no ha hecho,  de acuerdo al material probatorio que obra en el expediente.   

4.8.  Así las cosas, es claro para esta Sala  que  el  Instituto  Departamental de Transportes y Tránsito y del Atlántico no  ha  vulnerado  el  derecho  al  debido  proceso de la accionante, puesto que sus  actuaciones  se  encuentran  ajustadas a las normas legales y constitucionales y  los  hechos  objeto  de este debate son imputables a las propias omisiones de la  demandante,  ya  que ésta debió haber realizado los trámites pertinentes para  la  cancelación  de la matrícula como lo manda la ley. Además, atendiendo las  características  propias  de  la  acción  de tutela59, no está permitido utilizar  el  amparo constitucional, para controvertir decisiones administrativas respecto  de  las cuales el interesado por su propia negligencia no realizó en tiempo las  actuaciones judiciales y administrativas que estaban a su cargo.   

4.9.  En  consecuencia,  al  no  existir un  quebrantamiento  al  debido  proceso  de la accionante, no es posible determinar  una  vulneración de su derecho al buen nombre, de acuerdo con la jurisprudencia  que  ha  proferido  la  Corte  en este sentido, ya que según esta Corporación,  para  que  exista  una  violación  a esta garantía fundamental la información  consignada   en   la   base   de   datos  debe  reposar  allí  de  “manera  ilegal,  sin el consentimiento del titular del dato (i),  ser  errónea  (ii) o recaer sobre aspectos íntimos de la vida de su titular no  susceptibles     de    ser    conocidos    públicamente    (iii)”60.  La  base  de  datos  de deudores morosos en la que se  encuentra   la   accionante,   está   consignando   una  información  veraz  y  actualizada,  que no recae sobre aspectos íntimos de su vida no susceptibles de  ser  conocidos  públicamente,  por  lo que el núcleo esencial de su derecho al  buen  nombre  se  encuentra  intacto  y  no  hay  lugar  a  ampararlo  por  esta  vía.   

III. DECISIÓN.  

En mérito de lo expuesto, la Sala Quinta de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   RESUELVE:   

Primero.-  CONFIRMAR   la   Sentencia  de  la  Sala  Sexta  de  Decisión Civil y de Familia del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla  del 4 de marzo de  200961,  dentro  de  la  acción  de  tutela promovida por la señora Liliana          Lucía          Mazennet  Villanueva     contra  el Instituto Departamental de  Transporte y Tránsito del Atlántico.   

Segundo.-  Dar  cumplimiento   a   lo   previsto   en  el  artículo  36  del  Decreto  2591  de  1991.   

Notifíquese,  comuníquese, publíquese en  la Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO  

Magistrado Ponente  

JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB  

Magistrado  

NILSON PINILLA PINILLA  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

1 Ver  folios 7 al 12 del cuaderno #2.   

2 Ver  folios 127 al 132 del cuaderno #1.   

3  Acción  de  tutela  presentada por la señora Liliana Lucia Mazenett Villanueva  por  intermedio  de  su apoderado el doctor Wilson Alberto Mazenett Guido, el 17  de octubre de 2008. Folios 1 a 7 del cuaderno #1.   

4 Que  se  encontraba  estacionado  en  la  casa  de su padre, fue encañonada por tres  delincuentes  que  le  hurtaron un vehículo de marca Chevrolet Sprint de placas  GOB-580   radicado   en   la  Oficina  de  Tránsito  del  Municipio  de  Puerto  Colombia.   

5 Tanto  departamentales  como  distritales,  correspondientes  al  año  2001, ya que se  acababa de matricular.   

6 Ver  denuncia  sobre  hurto  de vehículo a mano armada, presentada por la accionante  el  15  de  enero  de  2001 ante la SIJIN, Ver folios 26 a 29 y 121 del cuaderno  #1.   

7 Ver  comunicación  presentada por la accionante, el 16 de enero de 2001, al Director  de Tránsito, ver folios 30 a 33 del cuaderno #1.   

8 Sobre  la cancelación de la matricula del carro hurtado.   

9 Ver  sentencia  condenatoria  confirmada  por la Sala Penal de Decisión del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla,  folios  76 a 107 y 120 del  cuaderno #1.   

10 Ver  Oficio  del  13  de  febrero  de 2001, por medio del cual el Comandante Patrulla  S-33  SIJIN  DEATA coloca a disposición del Departamento de Policía Atlántico  –Seccional  de  Policía  Judicial  a  4  personas  capturadas,  folios  34 a 39 y fotocopia del Diario el  Heraldo  del  jueves  5  de  julio  de  2001,  que  en  su sección “POLICIA Y  JUDICIAL”,  publica  la noticia del desmantelamiento de una banda de jaladores  de  carros,  ver  folios  40  y 41 del cuaderno #1. Ver oficio presentado por el  apoderado  de la accionante al jefe Oficina Legal del Instituto Departamental de  Tránsito  y  Transporte del Departamento del Atlántico el 27 de junio de 2005,  en  el  que  señala  que  “Con  fundamento  en las  denuncias  presentadas  por  el  Hurto  del  vehículo mencionado, se inició la  correspondiente  investigación  penal,  en  la  cual se capturó al delincuente  JOSE  EDINSON  DAZA  RIVERA,  y éste, fue condenado mediante sentencia de fecha  Agosto-23/2002,  proferida por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de la  ciudad  de  Barranquilla,  sentencia  que  fue  confirmada  por la SALA PENAL DE  DECISIÓN  DEL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BARRANQUILLA, mediante  sentencia  de fecha Enero 22/2.003”. Ver folios 42 a  49 de cuaderno #1.   

11  Esto  se  señala  en un memorial que el apoderado de la accionante presentó al  Jefe  de  la Oficina Legal del Instituto Departamental de Tránsito y Transporte  del  Departamento  del Atlántico el 27 de junio de 2005, ver folio 42 a 45 y 46  a 49 del cuaderno #1.   

12  Desde el 18 de septiembre de 2004.   

13  Oficio  de embargo No. 3506B-CITI, del 30 de mayo de 2007. Ver folio 24 a 25 del  cuaderno #1.   

14 El  mandamiento  de  pago  se  produjo  el  18  de Diciembre de 2004, del que según  escrito  del  apoderado  tuvo  conocimiento el 23 de junio de 2005. Frente a ese  mandamiento  presentó  el  27  de  junio de 2005, escrito de Nulidad y sostiene  haberse  acercado  a  la oficina de tránsito a manifestar su inconformismo pero  no  se encontraba el Jefe de la Oficina Legal.(ver derechos de petición fechado  el  29  de  junio  de 2007 folios 50 a 55 del cuaderno #1 y derecho de petición  del 25 de julio de 2007 folios 56 a 59 del cuaderno #1).    

15 Ver  derecho  de  petición  fechado  del  4  de  agosto  de 2008. folios 60 a 65 del  cuaderno #1.   

16 En  este  derecho  de  petición señala que la entidad accionada ha “insistido en  que   debe   pagarse   para   poder  cancelar  la  matricula  del  vehículo”.   

17  Respuesta  dada  por  el  Jefe  de  la  Oficina  Asesora Jurídica al derecho de  petición   presentado  por  la  accionante  por  intermedio  de  su  apoderado,  señalándome  a  ésta  que “en los casos en que el  bien  es hurtado, se debe además de cancelar los derechos o tasas de tránsito,  registrar  la  cancelación de la matricula del vehículo, de conformidad con lo  reglado  en  loas artículos 97, 98, 99, y 100 del Acuerdo N°. 00051 de octubre  14  de  1993,  emanado  de  la  Junta  Liquidadora  del  Instituto  Nacional  de  Transporte y Tránsito”.   

De  igual manera en la respuesta destaca que  “En  lo  referente  a  los  derechos de tránsito o  tasas  de tránsito, le informamos que el Instituto Departamental de Transportes  y  Tránsito  del  Atlántico, esta llamado por ley a cobrar unos derechos cuyos  conceptos  se  generan  por el registro que llevan su sistema de la propiedad de  los  vehículos, radicados o matriculados por la exclusiva voluntad del usuario.  Además   de   los   derechos   anteriores,   debe   cobrarle   al  usuario  una  extemporaneidad  por  el  no pago oportuno de esas vigencias, más los intereses  moratorios.  Es  decir quien mantiene la radicación o matricula de un vehículo  en  nuestro  instituto,  esta  llamado  por  ley  a pagar los derechos o tasa de  tránsito,  intereses moratorios y las eventuales extemporaneidades que se hayan  causado  por  mantener  la  radicación  a  su  nombre  del  vehículo.  Lo cual  constituye  el presupuesto o motivo para proceder al cobro de esas tasas a cargo  de  quien  ha  mantenido  y  sigue  manteniendo  la  radicación o matricula del  vehículo automotor”.   

Concluye  el  Jefe  de  la  Oficina  Asesora  Jurídica  que  “no  es  con  la  sola denuncia del  hurto,  se requiere además realizar el trámite de cancelación de la licencias  de  tránsito,  es decir se requiere la observancia plena de la normatividad que  rige  este  tipo  de  proceso”, y le señala que la  accionante  adeuda $908.974 por derechos de tránsito por las vigencias del año  2001  hasta la vigencia del año 2008 y le indica los requisitos para el tramite  de  la  cancelación  de  la  matricula.  Ver  folios  66  a 69 del cuaderno #1.   

18 Ver  folios 111 a 114 del cuaderno #1.   

19 Dr.  Rafael Pérez González..   

20 Ver  folio 115 del cuaderno #1.   

21 Ver  folio 118 del cuaderno #1.   

22 Ver  folio 119 del cuaderno #1.   

23  “REQUISITOS  PARA  EL  TRAMITE  DE  CANCELACIÓN DE  MATRICULA:   

1. “Presentar la solicitud de cancelación  de  matricula  mediante el Formulario Único Nacional ante nuestra Agencia donde  esta  registrado  el  vehículo, sucrito por el propietario, acompañadas de los  documentos que a continuación se relacionan:   

a)  Original  de  la  Licencia de Tránsito,  seguro obligatorio o denuncia por pérdida.   

b)  Paz y Salvo por todo concepto de Derecho  de Tránsito e impuesto de automotor.   

c) Pago de los derechos causados a favor del  Ministerio de Transporte y del organismo de Tránsito.   

d)  Si  el  vehículo  tiene  limitaciones o  gravamen  alguno  a  la  propiedad  se  debe  adjuntar el documento reconocido y  autenticado  en  el  que conste su levantamiento o la autorización otorgada por  el beneficio del gravamen o limitación.   

e)  Documento  que  acredite  el  hurto  del  vehículo.   

f)  Si  está  embargado aportar la orden de  desembargo.”   

24 Ver  folios 1 a 6 del cuaderno #1.   

25  “De  conformidad  con  lo  consagrado  en  el  numeral 1° del artículo 6 del  Decreto 2591 de 1991”.   

26 Ver  folio 125 y 126 del cuaderno #1.   

27 Ver  folios 7 al 12 del cuaderno #2.   

28 Ver  folios 1 a 6 del cuaderno #1.   

29 El  artículo   86  de  la  Carta  dispone  que  la  acción  de  tutela   “sólo  procederá cuando el afectado no disponga de otro  medio  de  defensa  judicial,  salvo  que  aquella  se  utilice  como  mecanismo  transitorio para evitar un perjuicio irremediable”.   

30Sobre  el  carácter  residual  de  la  acción de tutela se pueden  consultar,  entre  otras,  las sentencias T-771 de 2004, T- 1277 de 2005, T-1112  de 2005 y T-255 de 2007.   

31  Excepcionalidad y subsidiaridad.   

32 Ver  sentencias  C-359  de  2006,  T-771  de  2004,   T-600  de 2002 y SU 086 de  1999.   

33  Ver Sentencias T-255 y T-1017 de 2007.   

34  Sentencia T-249 de 2002.   

35  Sentencia C-514 de 2003.   

36  Sobre  el  particular, en sentencia T-1031 de 2003 esta Corporación36     ha     sostenido:   

“De manera previa la Corte advierte que la  acción  de nulidad y restablecimiento del derecho se constituye en un mecanismo  judicial  idóneo  para  garantizar la protección de los derechos presuntamente  vulnerados  por  la  Administración, más aún cuando en esa instancia se puede  solicitar  y obtener la suspensión provisional de ciertos actos administrativos  desde el momento mismo de la admisión de la demanda.   

“Al   respecto   la  Corte,  en  varias  oportunidades,   ha   precisado  que  la  suspensión  provisional  es  un  mecanismo  no menos importante y efectivo que la acción de  tutela,  el  cual  se concibe como medida cautelar cuando una entidad vulnera en  forma manifiesta los derechos del administrado.   

37  Sentencia  T-127  de  2001:  “(…)  la  suspensión  provisional  de los actos administrativos es trámite  que  se  ubica  como  una  de las medidas que deben solicitarse antes de que sea  admitida  la  demanda  que  se  formule  en  contra del acto correspondiente; es  concebida  como  medida  cautelar en presencia de excepcionales casos en los que  la  vulneración  de  normas  superiores sea manifiesta, y como tal es cuestión  previa  a  decidir  en  el  trámite de la acción que se adelanta. Así  las  cosas, esta posibilidad judicial resulta ser un trámite  pronto,  y por lo mismo no menos eficaz que la vía de la tutela”.      (Negrillas    fuera    del  original).   

38  Código  Contencioso  Administrativo.  Artículo  152.  “Procedencia  de  la  suspensión.  El  Consejo  de  Estado  y  los tribunales  administrativos   podrán  suspender  los  actos  administrativos  mediante  los  siguientes requisitos:   

1.  Que  la medida se solicite y sustente de  modo  expreso  en la demanda o por escrito separado, presentado antes de que sea  admitida.  2. Si la acción es de nulidad, basta que haya manifiesta infracción  de  una  de  las  disposiciones  invocadas  como  fundamento  de  la  misma, por  confrontación   directa   o  mediante  documentos  públicos  aducidos  con  la  solicitud.  3.  Si  la  acción es distinta de la de nulidad, además se deberá  demostrar,  aunque  sea  sumariamente,  el  perjuicio que la ejecución del acto  demandado causa o podría causar al actor”.   

39  Tesis reiterada en la sentencia T-978 de 2006.   

40  Subrayado por fuera del texto original.   

41  Según se desprende del artículo 86 de la C.P.   

42 Al  respecto ver la sentencia T-429 de 2006.   

43 En  sentencia  T-  1263 de 2001, la Corte resaltó, una vez más, la importancia del  acatamiento  al  debido  proceso  administrativo,  en  los siguientes términos:  “El  derecho  fundamental  al  debido  proceso  se  consagra  constitucionalmente  como  la  garantía  que  tiene toda persona a un  proceso  justo  y adecuado, esto es, que en el momento en que el Estado pretenda  comprometer   o  privar  a  alguien  de  un  bien  jurídico  no  puede  hacerlo  sacrificando   o   suspendiendo   derechos   fundamentales.  El  debido  proceso  constituye  una  garantía  infranqueable  para  todo acto en el que se pretenda  –legítimamente- imponer  sanciones,  cargas  o  castigos.  Constituye  un  límite  al abuso del poder de  sancionar  y con mayor razón, se considera un principio rector de la actuación  administrativa  del  Estado  y  no  sólo  una obligación exigida a los juicios  criminales”   

44 En  relación  con  este  tema las sentencias C-543 de 1992, T-079 de 1993, T-231 de  1994,  T-008  de  1998,  T-1072  de 2000, T-025 de 2001, T-088 de 2003, T-203 de  2004, T-640 de 2005, entre otras.   

45 La  jurisprudencia  de  la  Corte  ha sido consistente en mantener este carácter, y  por  ello  el  estudio  de  su  procedencia,  en  un caso determinado, parte por  evaluar  si  el  actor  cuenta  o  no  con  otro instrumento jurídico apto para  obtener  la  defensa  efectiva del derecho o derechos invocados, toda vez que la  misma  no  estaría  llamada  a  prosperar  cuando a través de ella se pretenda  sustituir los medios ordinarios de defensa.   

46  Así,   pues,  para  desvirtuar  la  legalidad  de  un  acto  administrativo  el  ordenamiento  jurídico establece la posibilidad de acudir ante la jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo,  a través de la acción de nulidad o de la  acción  de  nulidad  y  restablecimiento  del  derecho, con la opción de poder  solicitar  la  suspensión  provisional  del acto que se demanda (Art. 238 C.P.,  84, 85 y 152 del C.C.A.).   

47 Al  respecto  pueden  consultarse  las  sentencias  T-045 del 12 de febrero de 1993,  T-480 de 1993, T-554 de 1993 y T-142 del 30 de marzo de 1995.   

48  Sobre  los  elementos  que  deben  reunirse  para  que se configure el perjuicio  irremediable,   la  jurisprudencia  ha  señalado  que  el  perjuicio  debe  ser  inminente, que las medidas  a  adoptar  sean  urgentes,  que  el  peligro  sea grave,  lo    que    hace    que    la    acción    de    tutela    sea    impostergable.   

49 En  este  sentido T-596 de 2001, T-754 de 2001, T-873 de 2001, T-418 de 2003 y T-514  de 2003, entre otras.   

50  Cfr.  Corte Constitucional.  Sentencia T-418 de 2003.   

51 Ver  Sentencias T-071/02, T-315/01, T-886/00, T-061/99, T-528/98.   

52 Ver  T-332/97.   

53  Sobre    el    particular    señaló    la    Sentencia    T-340   de   1994,lo  siguiente:   

“En  lo que atañe específicamente a la  subsidiariedad  de la tutela, la Corte Constitucional sostuvo que “la acción de  tutela  ha sido concebida únicamente para dar solución eficiente a situaciones  de  hecho  creadas  por  actos  u  omisiones  que implican la transgresión o la  amenaza  de  un derecho fundamental, respecto de las cuales el sistema jurídico  no  tiene  previsto otro mecanismo susceptible de ser invocado ante los jueces a  objeto  de  lograr  la protección del derecho. La tutela no puede converger con  vías  judiciales  diversas  por  cuanto  no es un mecanismo que sea factible de  elegir  según  la discrecionalidad del interesado, para esquivar el que de modo  específico  ha  regulado  la  ley;  no  se  da la concurrencia entre éste y la  acción  de tutela porque siempre prevalece -con la excepción dicha- la acción  ordinaria.  La  acción  de  tutela  no  es, por tanto, un medio alternativo, ni  menos  adicional  o complementario para alcanzar el fin propuesto. Tampoco puede  afirmarse  que  sea  el  último  recurso  al  alcance  del  actor,  ya  que  su  naturaleza,  según  la  Constitución,  es  la  de único medio de protección,  precisamente  incorporado  a  la  Carta  con  el  fin  de llenar los vacíos que  pudiera  ofrecer  el  sistema  jurídico  para  otorgar a las personas una plena  protección  de  sus derechos esenciales”2 .   

En  ese  orden de ideas, la tutela no es una  figura   que   entorpece   o  duplica  al  sistema  judicial  consagrado  en  la  Constitución   y   la   ley,   sino   que  está  integrada  a  las  diferentes  jurisdicciones.”   

54 Ver  denuncia  sobre  hurto  de vehículo a mano armada, presentada por la accionante  el  15  de  enero  de  2001 ante la SIJIN, Ver folios 26 a 29 y 121 del cuaderno  #1.   

55 Ver  respuestas  a  derechos  de  petición  de  la  accionante, folios 115 a 118 del  cuaderno #1.   

56 Ver  respuesta  de  la  entidad  accionada  ver  folios  111  a  114 del cuaderno #1.   

57  Las  características del vehículo con placas GOB580  se   describen  a  continuación:  AUTOMOVIL.  MARCA:  CHEVROLET  MODELO:  2000.  CARROCERRIA:  SEDAN.  LINEA:  SPRINT  MOTOR: Gl0507544 CHASIS y/o SE E9GAEB43SY.  SERVICIO:  PARTICULAR  COLOR:  BEIGE  DORADO.  PROPIETARIO: MAZENETT VILLANUEV A  LILIANA  LUCIA.  C.  C:  No 22.486.471. LICENCIA DE TRANSITO: No 00-85730015834.  FECHA DE EXPEDICIÓN SEPTIEMBRE 05 DE 2.000   

58  “REQUISITOS  PARA  EL  TRAMITE  DE  CANCELACIÓN DE  MATRICULA:   

1.”Presentar  la solicitud de cancelación  de  matricula  mediante el Formulario Único Nacional ante nuestra Agencia donde  esta  registrado  el  vehículo, sucrito por el propietario, acompañadas de los  documentos que a continuación se relacionan:   

a)  Original  de  la  Licencia de Tránsito,  seguro obligatorio o denuncia por pérdida.   

b)  Paz y Salvo por todo concepto de Derecho  de Tránsito e impuesto de automotor.   

c) Pago de los derechos causados a favor del  Ministerio de Transporte y del organismo de Tránsito.   

d)  Si  el  vehículo  tiene  limitaciones o  gravamen  alguno  a  la  propiedad  se  debe  adjuntar el documento reconocido y  autenticado  en  el  que conste su levantamiento o la autorización otorgada por  el beneficio del gravamen o limitación.   

e)  Documento  que  acredite  el  hurto  del  vehículo.   

f)  Si  está  embargado aportar la orden de  desembargo.”   

59  Excepcionalidad y subsidiaridad.   

60  Sentencia T-176 de 1995.   

61 Ver  folios 7 al 12 del cuaderno #2.     

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