T-679-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-679-09  

ACCION   DE  TUTELA  TEMERARIA-Configuración   

ACCION   DE  TUTELA  TEMERARIA-Se presentó otra por los mismos hechos   

Referencia: expediente T-2247405  

Acción  de tutela instaurada por Ruby Judith  Bovea  Torres  contra  el  Ministerio  de  la  Protección  Social  –  Grupo  Interno  de  Trabajo  para  el  pasivo social de FONCOLPUERTOS –   

Magistrada Ponente:  

Dra. MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Bogotá  D.C., veintinueve (29) de septiembre  de dos mil nueve (2009).   

La  Sala  Segunda  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,  integrada  por  los  magistrados, María Victoria Calle Correa,  Luis  Ernesto  Vargas  Silva  y Gabriel Eduardo Mendoza Martelo, en ejercicio de  sus    competencias    constitucionales    y    legales    ha    proferido    la  siguiente   

SENTENCIA  

Que  pone  fin al proceso de revisión de los  fallos  proferidos  por  el Tribunal Administrativo de Cundinamarca –  Sección  Segunda Subsección A -, el  14   de   noviembre   de   2008;   y  por  el  Consejo  de  Estado  –  Sección  Cuarta  -, el 4 de marzo de  2009 -.   

     

I. ANTECEDENTES     

Ruby Judith Bovea Torres interpuso acción de  tutela   en   contra  del  Ministerio  de  la  Protección  Social  –  Grupo  Interno  de  Trabajo  para  el  pasivo  social  de  FONCOLPUERTOS  -,  para que se protegieran sus derechos a la  seguridad social, a la igualdad y al debido proceso.   

La  demandante  considera  que  sus  derechos  fueron  vulnerados  porque  el  Ministerio  de  la  Protección  Social  revocó  irregularmente  la  pensión  de jubilación que venía recibiendo desde el año  de  1995,  aduciendo  que la resolución mediante la cual se le reconoció dicha  pensión había sido expedida de manera ilegal.   

A la accionante le fue reconocida pensión de  jubilación,  mediante  la  Resolución 795 del 19 de abril de 1995,1  por valor de  $240.957,  a  partir  del  1  de  abril  de  1995.  De igual manera, en la misma  Resolución  se  dispuso  pagar por concepto de pensión de jubilación a partir  del  1  de  enero  de  1991,  la  suma  de  $103.004,  y por concepto de mesadas  atrasadas la suma de $6.904.732.   

El  Coordinador  del Grupo Interno de Trabajo  para  la  gestión  del  pasivo  social  de  Puertos  de  Colombia  expidió  la  Resolución   982   del   31  de  agosto  de  2007,2  mediante la cual suspende los  efectos  jurídicos y económicos de la Resolución 795 del 19 de abril de 1995,  en  cumplimiento  de  la  decisión  del  6  de  julio  de 2007, adoptada por la  Fiscalía   General   de  la  Nación  –  Unidad  Nacional  de  Delitos  contra la Administración Pública,  Estructura  de  Apoyo  para  tema  Foncolpuertos  -. En consecuencia, dispuso la  suspensión  del  pago  de  las  mesadas  pensionales  de la actora, entre otras  personas.   

La accionante interpone la presente acción de  tutela  el  29  de  octubre  de  2008,  en donde pretende se deje sin efectos la  Resolución  982  del 31 de agosto de 2007 que suspendió el pago de las mesadas  pensionales  que  venía recibiendo. Alega la actora que la Resolución mediante  la  cual  se  reconoció  su  derecho  al  pago de la pensión de jubilación no  podía  ser  revocada  sin  su  consentimiento,  de  acuerdo al artículo 73 del  Código  Contencioso  Administrativo.  Agrega  que  la  Fiscalía  nunca ordenó  suspender  el  pago  de  su  pensión,  por  lo  que  la  entidad  accionada  se  extralimitó en sus funciones.   

Contestación a la demanda de tutela por parte  del      Ministerio      de      la      Protección     Social     –  Grupo  Interno  de  Trabajo  para el  pasivo social de FONCOLPUERTOS –   

La  Coordinadora  del  Área  de Prestaciones  Económicas  del  Grupo  Interno  de  Trabajo, Gestión Pasivo Social Puertos de  Colombia  dio  respuesta  a  la  acción  de  tutela y solicitó se declarara su  improcedencia.  Señaló  que mediante la Resolución del 6 de julio de 2007, la  Fiscalía   General  de  la  Nación  ordenó  la  suspensión  de  los  efectos  jurídicos  y  económicos  de  las  resoluciones  firmadas  por  Luis  Hernando  Rodríguez  en  su  calidad de Director del extinto Foncolpuertos, y en criterio  del  Ministerio,  todos  los  demás  actos  delictivos  cometidos  en  el lapso  precisado  en  dicha  Resolución, resultaban contrarios a derecho y por ende el  Estado  sufrió  una  significativa  mengua  patrimonial.  En  consecuencia,  el  Ministerio  de  la  Protección  Social, en cumplimiento al restablecimiento del  derecho  ordenado  por la Fiscalía, aplicó la suspensión de los efectos de la  Resolución  795  del  19  de  abril  de 1995, mediante la cual se le reconoció  pensión de jubilación a la actora.   

Explica   la   entidad   demandada  que  la  Resolución  982  del 31 de agosto de 2007 que suspendió el pago de las mesadas  pensionales  a  la  actora: “dio cumplimiento de una  orden  judicial  emitida  por  la  Fiscalía;  por lo tanto, se trata de un acto  administrativo  de  ejecución,  que  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  49  del  Código  Contencioso  Administrativo,  no  es susceptible de  recurso  alguno  (…).  Es  importante resaltar que mediante la Resolución No.  982  de  2007 no se ordenó descuento alguno por los montos cancelados de más a  la  accionante  en  virtud  de  los  actos  delictuosos  del  otrora Director de  Foncolpuertos,  sino  que  se  profirió  evitando que se perpetúen los efectos  dañosos   causados  al  erario  con  las  conductas  punibles  desplegadas  por  Rodríguez  Rodríguez,  quien reconoció su responsabilidad penal al acogerse a  sentencia anticipada”.   

La apoderada de la entidad demandada se apoya  en  varias  sentencias de la Corte Suprema de Justicia en las que se ha referido  a  casos  similares  y trae a colación la sentencia T-776 de 2008 proferida por  la  Corte  Constitucional en donde estudió una tutela semejante a la presente y  declaró  que el Ministerio de la Protección Social no había vulnerado derecho  fundamental     alguno.     Agrega     que     esta    sentencia    “cobra  mayor  fuerza  puesto que ya el Juzgado Segundo Penal del  Circuito        de        Descongestión        Foncolpuertos       –  Cajanal,  condenó  a Luis Hernando  Rodríguez  Rodríguez  a  la pena principal de 8 años, 8 meses de prisión por  encontrarlo  autor  responsable del punible de Peculado por Apropiación, que el  30  de  mayo  de  2008,  al  proferir  sentencia  anticipada  dentro de la causa  2007-0020, resolvió:   

Sexto:  Declarar  sin  efectos  los  actos  administrativos  de  los cuales se derivaron los pagos  objeto  de  peculado, mismos que se precisa se encuentran en la lista del cuadro  adjunto    al    acápite    de   los   hechos”.3   

Contestación a la demanda de tutela por parte  del  Fiscal  Primero  Delegado  de  la  Unidad  Nacional  de  Delitos  contra la  Administración  Pública –  Estructura de Apoyo para Foncolpuertos –   

El Fiscal Primero Delegada dio respuesta a la  presente  acción  de tutela y solicita que se excluya o se deniegue la misma en  contra  de  esta  entidad.  Indicó  que  el  señor  Luis  Hernando Rodríguez,  Director  de  Foncolpuertos,  se acogió a sentencia anticipada por el delito de  peculado  por  apropiación  en la modalidad de delito continuado, por lo que la  decisión  de la Fiscalía de ordenar la suspensión de los efectos jurídicos y  económicos  de  los  actos  firmados  por  el  señor  Rodríguez, “estuvo  dirigida  a  dar  cumplimiento  a  la  primera finalidad  frente  al restablecimiento del derecho, esto en tomar las decisiones necesarias  para  que por el momento cesaran los efectos dañinos de la comisión del delito  (…).  El  termino suspensión en la acepción utilizada por la Fiscalía en la  resolución  del  6  de  julio  de 2007, implica única y exclusivamente que los  efectos  jurídicos  y  económicos  que  deriven  de dichos actos no pueden ser  exigibles  ni aplicados durante el lapso que dure dicha situación de status quo  de  los mismos, es decir que sus efectos están congelados, bloqueados en virtud  de  dicha  decisión, hasta tanto se pronuncie el Juez de conocimiento (…). En  consecuencia,  ha de concluirse que esta delegada en ningún momento ha ordenado  al  “GIT”  SUSPENDER  EL  PAGO  de pensión alguna; ni la decisión adoptada  implica  tal  decisión  por  parte  de  dicha  Entidad, pues la definición del  término  suspensión en cada caso es diferente y no deriva ésta de la primera,  esto   es   de  la  tomada  por  esta  Delegada”.4   

Señaló  también  que no puede alegarse por  parte  del  accionante  “que  se  esté violentando  derechos  económicos,  porque  precisamente  ese supuesto derecho alegado, esta  viciado  de  ilegalidad  y no debió nacer a la vida jurídica y es precisamente  que  se toma la decisión para que en su momento el Ministerio de la Protección  Social,  cuente  con  los  medios  de  volver  las  cosas  a  su estado anterior  restableciendo   los   derechos   quebrantados”.5    

Sentencia de primera instancia  

El  Tribunal  Administrativo  de Cundinamarca  –   Sección   Segunda  Subsección  A  – concedió  el  amparo  mediante  sentencia  proferida  el 14 de noviembre de 2008. El a-quo  argumentó  que no es posible extender los efectos de la investigación penal en  contra   del   Director   de  Foncolpuertos  a  sujetos  que  no  están  siendo  investigados  y  no  existe  prueba  que indique que la pensión reconocida a la  actora se hubiera obtenido acreditando documentos falsos.   

“De  otro  lado,  tampoco  es  conforme  a  derecho,  que  la  Fiscalía  General, en la hipótesis de advertir la comisión  presuntamente   de  una  conducta  punible  en  relación  con  una  determinada  decisión  administrativa,  pueda  válidamente  estimar  que  todos  los  actos  proferidos  por  ese sujeto, per se, se encuentren afectado de esa irregularidad  o  ilegalidad,  falsedad,  etc.  Hacer extensivas esas consecuencias a todas las  decisiones  y  sin  juicio  previo  en  relación con cada una de ellas, resulta  contrario a ese derecho del debido proceso”.   

Finalmente,  el  juez  de tutela precisó que  “si  la administración encuentra una irregularidad  en  uno  de  sus actos debe hacer uso de las vías legales para terminar con sus  efectos,  en  un  caso  como  el que atañe la atención de la Sala, se debe dar  aplicación  al  artículo  73  del  C.C.A.  que establece que habrá lugar a la  revocatoria  directa  de  un acto de carácter particular y concreto (como lo es  un  acto  de  reconocimiento  pensional)  cuando exista consentimiento expreso y  escrito  del  titular,  ó,  tras una orden judicial de un juez competente (…)  Así  las  cosas,  la  Resolución No. 982 del 31 de agosto de 2007 vulneró los  derechos  al  debido  proceso  y  confianza  legítima de la señora RUBY JUDITH  BOVEA                   TORRES”.6   

Impugnación  

La apoderada de la entidad demandada impugnó  la  sentencia  de  primera  instancia.  En  este  escrito reitera los argumentos  expuestos  en  la contestación de la tutela y precisa que con esta decisión se  hace  nugatoria  la  figura  del restablecimiento del derecho, consagrada en los  artículos  250  de la Constitución Política y 21 del Código de Procedimiento  Penal,  pues  se ordena seguir pagando una pensión a la que no tiene derecho la  actora.  Agregó  que  la  accionante ya había instaurado una acción de tutela  por         los         mismos        hechos,7  la  cual fue negada en fallos  de  primera  y  segunda  instancia  por el Consejo Seccional de la Judicatura de  Cundinamarca  y  por  el  Consejo Superior de la Judicatura, en fallos del 19 de  octubre   y   28   de   noviembre   de  2007  respectivamente.    

Sentencia de segunda instancia  

El   Consejo   de   Estado   –    Sección    Cuarta   – confirmó parcialmente la sentencia de  primera  instancia,  mediante fallo del 4 de marzo de 2009. El juez de tutela de  segunda  instancia  concedió  la tutela como mecanismo transitorio y ordenó el  pago  de las mesadas pensionales atrasadas a la actora y las que en el futuro se  causen  por el valor de un salario mínimo, advirtiendo a la accionante que debe  interponer  acción  de  nulidad  y  restablecimiento en el término de 4 meses.   

Pruebas    decretadas    por   la   Corte  Constitucional   

Mediante  Auto  del  21  de  julio de 2009 la  Magistrada   sustanciadora   solicitó  a  la  Sala  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de  Cundinamarca  y  a  la Sala Disciplinaria del  Consejo Superior de la Judicatura lo siguiente:   

    

1. SOLICITAR  a  la  Sala Disciplinaria del  Consejo  Seccional  de  la Judicatura de Cundinamarca,  que  en  el  término  de  tres  (03)  días hábiles  siguientes  a  la  comunicación  de  este  auto,  se  sirva  comunicar  a  esta  Corporación  si  emitió sentencia de tutela en donde actuaba como tutelante la  señora  Ruby  Judith  Bovea  Torres.  En  caso  de  que así fuere, se solicita  remitir copia de dicha sentencia.   

2. SOLICITAR  a  la  Sala Disciplinaria del  Consejo   Superior  de  la  Judicatura,  que  en  el  término  de  tres (03) días hábiles siguientes a la  comunicación  de  este auto, se sirva comunicar a esta Corporación si emitió,  en  segunda  instancia,  sentencia  de tutela en donde actuaba como tutelante la  señora  Ruby  Judith  Bovea  Torres.  En  caso  de  que así fuere, se solicita  remitir copia de dicha sentencia.     

Mediante  oficio 9235 JMCV del 30 de julio de  2009,8  la  Sala  Disciplinaria  del Consejo Seccional de la Judicatura de  Cundinamarca  dio  respuesta  al  Auto  de  la referencia y adjuntó copia de la  sentencia  solicitada.  De  igual  manera,  la  Sala  Disciplinaria  del Consejo  Superior   de   la  Judicatura,  mediante  oficio  14175  del  28  de  julio  de  2009,9  dio  respuesta  al  Auto  de  la referencia y adjuntó copia de la  sentencia solicitada.   

     

I. CONSIDERACIONES Y  FUNDAMENTOS     

     

1. Competencia     

La  Corte  Constitucional  es competente para  revisar  la  decisión  judicial reseñada, de conformidad con lo establecido en  los  artículos  86  y 241-9 de la Constitución Política y 31 a 36 del Decreto  2591 de 1991.   

     

1. Problema  jurídico     

Antes  de  estudiar  el fondo del asunto, la  Corte  examinará  si se cumple con el requisito de procedibilidad de la acción  de  tutela atinente a la temeridad, toda vez que el Ministerio de la Protección  Social  indicó  que  la  accionante ya había interpuesto una acción de tutela  por los mismos hechos.    

Una  vez  verificado  el  cumplimiento de los  requisitos  de  procedibilidad de la presente acción de tutela, la Sala Segunda  de  Revisión  podrá  resolver  la  siguiente  pregunta:  ¿Vulneró la entidad  accionada  los  derechos fundamentales al debido proceso y a la seguridad social  de  la  accionante,  al revocar unilateralmente el acto administrativo por medio  del  cual  se le reconoció la pensión de jubilación, bajo el argumento de que  estaba  dando  cumplimiento  a  una orden de la Fiscalía General de la Nación?   

3. La actuación temeraria en el ejercicio de  la acción de tutela.   

El   artículo  38  del  Decreto  2591  de  1991,10   en   materia  de  tutela,  considera  contrario  al  Ordenamiento  Superior,  el uso abusivo e indebido de la acción de tutela, que se concreta en  la  duplicidad  del ejercicio de la acción de amparo  constitucional entre las mismas partes, por los mismos  hechos   y   con   el   mismo   objeto.   Dispone,  al  respecto,  la  norma  en  cita:   

“Cuando,    sin   motivo   expresamente  justificado,  la  misma  acción de tutela se presente por la misma persona o su  representante  ante  varios  jueces  o  tribunales,  se rechazarán o decidirán  desfavorablemente todas las solicitudes”.   

La  Corte  Constitucional  ha establecido la  “temeridad”,   como   una   actitud  contraria  al  principio  de  buena  fe  constitucional   consagrado   en   el  artículo  83  de  la  misma,11    cuyo  ejercicio  se  describe como la interposición de tutelas idénticas, sin motivo  expresamente  justificado y cuya prohibición permite garantizar la eficiencia y  prontitud  en  el funcionamiento del Estado y de la administración de justicia.  En   efecto,   la  sentencia  T-009  de  2000,12  describió  la  actuación  temeraria  como:   

“la  actitud  de  quien demanda o ejerce el  derecho  de  contradicción a sabiendas de que carece de razones para hacerlo, o  asume  actitudes  dilatorias  con  el fin de entorpecer el desarrollo ordenado y  ágil  del  proceso”. En estas circunstancias, la actuación temeraria ha sido  calificada  por  la  Corte  como aquella que supone una “actitud torticera”,  que  “delata  un  propósito  desleal  de  obtener la satisfacción del interés  individual   a   toda   costa”,  que  expresa  un  abuso  del  derecho  porque  “deliberadamente  y sin tener razón, de mala fe se instaura la acción”, o,  finalmente,  constituye  “un  asalto  inescrupuloso  a  la  buena  fe  de  los  administradores de justicia”.”   

Para  esta  Corporación es indiscutible que  una  actuación  de  esta  naturaleza,  esto es, constitutiva de temeridad en el  ejercicio  del derecho de acción, no sólo atenta contra la economía procesal,  sino  también  contra los principios de eficiencia y eficacia en la prestación  del   servicio   público   de  administración  de  justicia,  como  garantías  inherentes a la moralidad procesal.   

Ahora    bien,    la    jurisprudencia  constitucional13   ha   considerado  que  la  actuación  temeraria  prevista  en el artículo 38 del Decreto 2591 de 1991, le  otorga  al juez de instancia la facultad de rechazar o decidir desfavorablemente  la  solicitud,  siempre  que  la  presentación de más de una acción de amparo  constitucional  entre  las  mismas  partes, por los mismos hechos y con el mismo  objeto  (i)  envuelva  una  actuación  amañada,  reservando  para cada acción  aquellos  argumentos  o  pruebas  que  convaliden  sus pretensiones;14 (ii) denote  el  propósito  desleal de “obtener la satisfacción  del  interés  individual  a  toda  costa,  jugando  con  la eventualidad de una  interpretación     judicial     que,    entre    varias,    pudiera    resultar  favorable”;15  (iii)  deje al descubierto el “abuso del  derecho  porque  deliberadamente  y  sin tener razón, de mala fe se instaura la  acción”;16  o  finalmente  (iv)  se pretenda en forma inescrupulosa asaltar la  “buena    fe    de    los    administradores   de  justicia”.17   

Además  de la obligación que tiene el Juez  de  rechazar  las  solicitudes  de  tutela  cuando  se presenta duplicidad en el  ejercicio  de  la  acción  de  amparo  constitucional, también puede sancionar  pecuniariamente  a los responsables, bien sea, de conformidad con lo previsto en  el  último  inciso  del  artículo  25  del  Decreto  2591 de 1991,18  condenando  al  solicitante al pago de las costas, o bien, de conformidad con lo previsto en  los   artículos  72  y  73  del  Código  de  Procedimiento  Civil,19  estableciendo  una  multa  de  entre  10  y  20  salarios  mínimos,20 siempre que  su  comportamiento  se  funde  en móviles   o   motivos  manifiestamente  contrarios  a  la  moralidad  procesal,  como  lo  son aquellos  previamente relacionados y reconocidos por esta Corporación.   

En estos términos, no sucede lo mismo y así  lo  ha  advertido esta Corporación, cuando a pesar de existir dicha duplicidad,  el  ejercicio  de  las  acciones  de  tutela  se  funda (i) en la ignorancia del  accionante;   (ii)   en   el  asesoramiento  errado  de  los  profesionales  del  derecho;21  o (iii) por el sometimiento del actor a un estado de indefensión,  propio   de   aquellas  situaciones  en  que  los  individuos  obran  por  miedo  insuperable  o  por la necesidad extrema de defender un derecho. En estos casos,  si    bien    lo    procedente    es    la    declaratoria    de    “improcedencia”  de  las  acciones de  tutela  indebidamente  interpuestas,  la actuación no se considera “temeraria”  y,  por  lo  mismo,  no  conduce   a  la  imposición  de  sanción  alguna  en  contra  del  demandante.   

Para deducir que una misma demanda de tutela  se  ha  interpuesto varias veces, con infracción de la prohibición prevista en  el    artículo    38    del    Decreto   2591   de   1991,   es   indispensable  acreditar:22   

(i) La identidad de  partes,  es  decir,  que  las  acciones  de  tutela se  dirijan  contra  el  mismo  demandado  y, a su vez, sean propuestas por el mismo  sujeto   en   su   condición  de  persona  natural,  o  de  persona  jurídica,  directamente o a través de apoderado.   

(ii)  La identidad  de  causa  petendi,  o  lo  que  es  lo  mismo, que el  ejercicio  de  las acciones se fundamente en unos mismos hechos que le sirvan de  causa.   

(iii) La identidad  de  objeto,  esto  es,  que  las  demandas  busquen la  satisfacción  de  una  misma  pretensión  tutelar o sobre todo el amparo de un  mismo derecho fundamental.   

(iv) Por último, a pesar de concurrir en un  caso  en  concreto los tres (3) citados elementos que conducirían a rechazar la  solicitud  de  tutela,  el  juez  constitucional tiene la obligación dentro del  mismo  proceso  tutelar,  de  excluir  la existencia de un argumento válido que  permita  convalidar  la  duplicidad en el ejercicio del derecho de acción. Esta  ha  sido  la posición reiterada y uniforme de esta Corporación, a partir de la  interpretación  de  la parte inicial del artículo 38 del Decreto 2591 de 1991,  conforme  al cual: “Cuando  sin  motivo  expresamente justificado la misma acción  de  tutela  sea  presentada  por la misma persona o su representante ante varios  jueces  o  tribunales,  se  rechazarán o decidirán desfavorablemente todas las  solicitudes”.  (Subrayado fuera del texto.)   

Con   fundamento   en   las   anteriores  consideraciones,  la  Sala de Revisión entra a determinar si al presentar ésta  acción  de  tutela, la actora ha incurrido en una actuación temeraria, para lo  cual  determinará  si  la  demandante interpuso simultánea o sucesivamente dos  acciones  de  tutela, contra el mismo demandado, por los mismos hechos y con las  mismas pretensiones.   

En  primer  lugar,  la  Corte  encuentra que  efectivamente  la  accionante  interpuso  dos  acciones de tutela, la primera de  ella  el  3  de  octubre  de  2007, que fue resuelta en primera instancia por el  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura de Cundinamarca, Sala Disciplinaria, y en  segunda  instancia por el Consejo Superior de la Judicatura, Sala Disciplinaria,  en    fallos    del    19    de    octubre   y   28   de   noviembre   de   2007  respectivamente.   

En  segundo lugar, las acciones de tutela se  dirigen  contra  el  mismo  demandado,  esto  es el Ministerio de la Protección  Social  – Grupo Interno de  Trabajo  para  el  pasivo social de FONCOLPUERTOS – y también fueron propuestas  por  el  mismo  sujeto  – la  accionante  Ruby  Judith  Bovea Torres -, con lo cual se encuentra acreditado el  primero  de los requisitos trazados por la jurisprudencia para la determinación  de la acción temeraria, como es la identidad de partes.   

De  igual manera, se evidencia que se cumple  con  el  segundo requisito, que hace referencia a la identidad de causa petendi,  ya  que  las  dos  tutelas  se  fundamentan  en  los  mismos hechos, esto es, la  decisión  de  la  entidad  accionada  de  suspender  los  efectos  jurídicos y  económicos  de  la  resolución  mediante  la cual se reconoció la pensión de  jubilación  a  la  actora,  dando  cumplimiento  a  una  orden  emitida  por la  Fiscalía General de la Nación.   

Así  entonces, para la Sala es claro que en  el  presente  caso la accionante incurrió en temeridad al instaurar la presente  acción  de  tutela,  ya  que, como se dijo en los párrafos anteriores, las dos  tutelas  presentan  (i)  identidad de partes, (ii) identidad de causa petendi, e  (iii)  identidad  de  objeto.  En  consecuencia, se revocarán las sentencias de  primera  y  segunda  instancia  proferidas  por  el  Tribunal  Administrativo de  Cundinamarca   –  Sección  Segunda  Subsección  A  –y  por  el  Consejo de Estado –  Sección   Cuarta   y  en  su  lugar  se  declarará  improcedente  la  presente  tutela.   

     

I. DECISION     

En mérito de lo expuesto, la Sala Segunda de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE:  

Primero.-  REVOCAR   las   sentencias  proferidas   por   el   Tribunal  Administrativo  de  Cundinamarca  –   Sección   Segunda   Subsección  A  –,  el  catorce  (14)  de  noviembre   de  dos  mil  (2008);  y  por  el  Consejo  de  Estado  –  Sección  Cuarta,  el  cuatro  (4) de  marzo  de dos mil nueve (2009); y en su lugar, DECLARAR  IMPROCEDENTE,  por las razones  expuestas    en    la    parte    motiva   de   esta  providencia,   la   tutela  promovida por Ruby Judith Bovea Torres.   

Segundo.-  LIBRESE  por Secretaría la  comunicación  de  que  trata el artículo 36 del Decreto 2591 de 1991, para los  fines allí establecidos.   

Notifíquese, comuníquese, insértese en la  Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Magistrada  

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado  

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

    

1  Folios 13 a 19 del expediente.   

2  Folios 20 a 24 del expediente.   

3  Resolución  30  de  mayo  de  2008,  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión, Folio 167,  Cuaderno 2.   

4  Oficio  539  F-1  Fiscalía,  del  14  de noviembre de 2008, Folio 101, cuaderno  1.   

5  Oficio  539  F-1  Fiscalía,  del  14  de noviembre de 2008, Folio 103, cuaderno  2.   

6  Sentencia  del  14 de noviembre de 2008, Tribunal Administrativo de Cundinamarca  Sección Segunda Sub-Sección A, Folio 112, cuaderno 1.   

7  Folios 150 a 156 del expediente.   

8 Folio  22 del cuaderno 2 del expediente.   

9 Folio  46 del cuaderno 2 del expediente.   

10 Esta  disposición   fue  objeto  de  control  constitucional  y  declarada  exequible  mediante     sentencia    C-054    de    1993,    M.P.    Alejandro    Martínez  Caballero.   

11  T-1014  de  1999.  M.P.  Vladimiro  Naranjo  Mesa.  En  esta  sentencia la Corte  señaló,  que  la  presunción  de  la  Buena  Fe dentro del proceso y por ende  respecto  del juramento, implica a su vez lealtad, buena fe, veracidad, probidad  y seriedad.   

12  M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

13 Ver  entre otras la Sentencia T-184 de 2005, M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

14  Sentencia T-149 de 1995. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

15  Sentencia T-308 de 1995. M.P. José Gregorio Hernández Galindo.   

16  Sentencia T-443 de 1995. M.P. Alejandro Martínez Caballero.   

17  Sentencia T-001 de 1997. M.P. José Gregorio Hernández Galindo.   

18 El  último  inciso del artículo 25 del Decreto 2591 de 1991 establece:  “…Si  la tutela fuere rechazada o denegada por el Juez, éste  condenará  al  solicitante  al  pago de las costas cuando estimare fundadamente  que  incurrió  en  temeridad.”. En relación con el  alcance  de  ésta  disposición,  ha dicho la Corte en Sentencia T-443 de 1995,  M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero,  lo  siguiente:  “…la  parte final del artículo 25 del Decreto 2591 de 1991, no establece en  forma  paralela las costas Y  la  temeridad,  sino que identifica ésta con aquellas, así debe ser la lectura  de  tal  norma porque, entre otras cosas, dicha interpretación es coherente con  el  carácter  público,  informal, gratuito de la tutela. Significa lo anterior  que  cuando  la  tutela  es  rechazada  o  denegada, solamente puede hablarse de  costas  cuando se incurrió en temeridad; lo que se castiga es la temeridad como  expresión  del  abuso del derecho porque deliberadamente y sin tener razón, de  mala  fé se instaura la acción. Y quien tasa las “costas” es el Juez de tutela  porque  el  inciso  final  del artículo 25 del decreto 2591/91 se refiere a él  (algo  muy  distinto  ocurre en la situación consagrada en el primer inciso del  mismo  artículo  en  el  cual  lo  principal  son  los perjuicios). Fuera de la  temeridad  no  puede  existir  otro  factor  cuantificable en la liquidación de  estas  costas  y  hubiera  sido  más  apropiado emplear la expresión multa por  temeridad,  puesto  que, en la moderna ciencia procesal las “costas” responden a  factor objetivo y la temeridad a lo subjetivo.”   

19 El  tema  de  la temeridad en el trámite de tutela no está regulado exclusivamente  por  el  artículo 38 ídem,  así  lo  ha  explicado  esta  Corporación  al  señalar,  que  éste  debe ser  complementado  con  las  disposiciones  de los artículos 73 y 74 del Código de  Procedimiento  Civil,  en  los  cuales  se  consagran  causales  adicionales  de  temeridad  o  mala fe, tales como la carencia de fundamento legal para demandar,  la  alegación  a  sabiendas de hechos contrarios a la realidad, la utilización  del  proceso  para  fines  claramente  ilegales  o  con  propósitos  dolosos  o  fraudulentos,  la  obstrucción  a  la práctica de pruebas y el entorpecimiento  reiterado  del  desarrollo  normal  del  proceso  por cualquier otro motivo. Ver  entre  otras  las  sentencias  T-443de 1995, M.P. Alejandro Martínez Caballero,  T-082  de  1997,  M.P.  Hernando  Herrera  Vergara, T-080 de 1998, M.P. Hernando  Herrera  Vergara,  SU-253 de 1998, M.P. José Gregorio Hernández Galindo, T-303  de  1998, M.P. José Gregorio Hernández Galindo, reiteradas en sentencias T-263  de  2003,  M.P.  Jaime  Córdoba  Triviño  y  T-502 de 2003, M. P. Jaime Araujo  Rentería.   

20  Dispone,  al respecto, el artículo el artículo 72 del Código de Procedimiento  Civil:“Cada  una  de las partes responderá por los  perjuicios  que con sus actuaciones procesales, temerarias o de mala fe, cause a  la  otra  o a terceros intervinientes. Cuando en el proceso o incidente aparezca  la  prueba  de  tal  conducta,  el  juez, sin perjuicio de las costas a que haya  lugar,  impondrá  la  correspondiente  condena en la sentencia o en el auto que  los  decida.  Si  no  le  fuere  posible  fijar allí su monto, ordenará que se  liquide  en  la  forma  prevista  en el inciso cuarto del artículo 307, y si el  proceso  no  hubiere  concluido, los liquidará en proceso verbal separado. A la  misma  responsabilidad  y  consiguiente  condena  están  sujetos  los  terceros  intervinientes en el proceso o incidente.”   

Por su parte el artículo 73 del Código de  Procedimiento  Civil  establece:  “Al apoderado que  actúe  con  temeridad  o  mala  fe  se  le impondrá la condena de que trata el  artículo  anterior  y  la  de pagar las costas del proceso, incidente, trámite  especial  que  lo  sustituya,  o  recurso.  Dicha  condena será solidaria si el  poderdante  también  obró  con  temeridad  o mala fe. El juez impondrá a cada  uno,  multa de diez a veinte salarios mínimos mensuales. Copia de lo pertinente  se  remitirá  a  la  autoridad  que  corresponda, con el fin de que adelante la  investigación    disciplinaria    al   abogado   por   faltas   a   la   ética  profesional”.   

22 Ver  Sentencia T-184 de 2005, M.P. Rodrigo Escobar Gil.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *