T-839-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-839/09  

Referencia: expediente T-2321397  

Acción   de  tutela  de  Héctor  Fernando  Solórzano  Duarte  contra  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la  Judicatura   

Magistrada Ponente:  

Dra. MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Bogotá,  D.C.,  (20) de noviembre de dos mil  nueve (2009)   

La  Sala  Segunda  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,  integrada  por  los  magistrados  María Victoria Calle Correa,  Luís  Ernesto  Vargas  Silva y Gabriel Eduardo Mendoza Martelo, en ejercicio de  sus  atribuciones  constitucionales y previo el cumplimiento de los requisitos y  trámites     legales    y    reglamen­tarios, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA  

en la revisión del fallo adoptado por la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, dentro de la acción de  tutela   promovida  por  Héctor  Fernando  Duarte  Solórzano  contra  la  Sala  Administrativa   del   Consejo   Superior  de  la  Judicatura.  El  proceso  fue  seleccionado    por    la   Sala   de   Selección   Número   Ocho.1   

I.  ANTECEDENTES2   

1.  Hechos   

Héctor Fernando Solórzano Duarte presentó  acción  de  tutela  contra  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura,  por  considerar  que  esta  entidad,  junto con su Escuela Judicial  Rodrigo   Lara   Bonilla,  desconoció  sus  derechos  fundamentales a la libertad de cultos, a la libertad  de  conciencia,  a  la igualdad, a presentar peticiones y al acceso al ejercicio  de  cargos  públicos,  por  cuanto se le impidió aprovechar una oportunidad de  estudio  y  ascenso  judicial.  El accionante fundó su tutela en los siguientes  hechos.   

1.1.   El   señor   Solórzano   Duarte,  “miembro fiel y activo de la Iglesia Adventista del  Séptimo     Día”,3         “santifica”      el     sabath   en   cumplimiento   del  cuarto  mandamiento  de  la Ley de Dios (es decir, santifica el tiempo comprendido entre  la  puesta  del  sol  de  viernes  y la puesta del sol del sábado).4   Por eso, sostuvo en su acción de  tutela,  “[d]urante  tal  periodo  me  abstengo  de  trabajar,  estudiar o cualquier otra actividad secular, dedicando el tiempo a la  adoración  y  la  comunión  con  Dios,  asistiendo  a  culto  y dando estudios  bíblicos entre otros.”   

1.2.  En su calidad de funcionario judicial,  decidió  participar en el concurso que se abriera para proveer cargos de jueces  y       magistrados       o       magistradas.5  Luego  de  haber  superado la  Fase  I del Concurso de Meritos para la provisión de los cargos de Funcionarios  de  la Rama Judicial, comenzó a realizar el IV Concurso de Formación Judicial,  Promoción  2009,  aspirando a ejercer como Juez Administrativo. El curso estaba  a  cargo  de  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura,  dictado  a través de la Escuela Judicial Rodrigo Lara  Bonilla.   

1.3.  Al momento de inscribirse en el curso,  el  28 de diciembre de 2008, informó a la escuela su condición de adventista y  que  por tanto, no podía realizar actividades seculares durante el sabath.6   

“Es   importante  destacar  que  en  el  formulario     de     inscripción     al    curso    advertí    mi    especial  situación.   

De  otro  lado,  atentamente  solicito  se  habilite  la  ciudad  de  Ibagué  para  desarrollar  el curso, pues teniendo en  cuenta  que resido con mi esposa y mi hijo de 16 meses en esa ciudad, asistir al  mismo en la Ciudad de Bogotá resulta muy costoso para mí.   

Amén de lo anterior, como quiera que laboro  en  Girardot,  y  que  sólo  los fines de semana puedo estar con mi familia, el  curso  en  Bogotá me impediría compartir con ellos tiempo que para mí es muy,  pero muy valioso e importante.   

Tengo  entendido que el número de personas  que  se  inscribieron  para el concurso en el Consejo Seccional de la Judicatura  del  Tolima  y  que  aprobaron  el  examen  es considerable, situación que hace  factible   adelantar   el   curso   en   Ibagué,  como  ya  se  hizo  en  otras  oportunidades.”7   

1.5.  El  viernes  23  de  enero de 2009, la  Directora  de  la  Escuela  Judicial, informó que la petición fue remitida por  competencia  a  la  Unidad  de  Administración de Carrera Judicial.8   Al   día  siguiente,  el  sábado  24, indica que conforme a sus convicciones y creencias,  no    asistió    a    la    primera    sesión    del   curso   “comprendida   entre   el   23   y   el   25   de  enero”.   

1.6. El lunes 26 de enero de 2009, informó a  la  Escuela y a la Sala Administrativa las razones por las cuales se retiró del  curso  a  las  5:45  pm  e  inasistió  a  la sesión celebrada el sábado en la  mañana,  solicitando  que  esas ausencias no fueran tenidas en cuenta, a fin de  que   no  operara  la  reprobación  del  curso  por  inasistencia,  y  que  sus  evaluaciones  se realizaran “los días viernes antes  de   la   puesta   de  sol,  o  los  domingos  a  cualquier  horario.”9   

1.7.  El  18  de febrero siguiente volvió a  avisar  a  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura y a la  Escuela   Judicial   la   razón   de   su   retiro   durante   el  sabath  entre  el viernes 13 y el sábado  14 de ese mes.   

1.8. El 24 de febrero, el accionante recibió  la  respuesta  a  su petición acerca de la reprogramación solicitada. Mediante  la  Resolución  de  20  de  febrero de 2009, la Sala Administrativa del Consejo  Superior     de     la     Judicatura     resolvió     “[…]    negar  la  solicitud  del doctor Fernando  Solórzano  Duarte en el sentido de establecer nuevas fechas, para recuperar las  actividades  programadas  los  días  sábados  en  el  IV  Curso  de Formación  Judicial   Inicial   para  Magistrados,  Magistradas,  Jueces  y  Juezas  de  la  República.  Promoción  2009;  al cambio de modalidad de actividades o sesiones  presenciales  programadas en días y horas hábiles por sesiones no presenciales  o  virtuales,  […]  igualmente  las sesiones presenciales se realizarán en la  sede  o  sedes  que  determine la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura.  La selección de sedes estará precedida por criterios de eficacia,  eficiencia         y         efectividad.”10   

1.8.1.  Luego  de  indicar  que  se  está  realizando  el Curso en cumplimiento de los Acuerdos N° 4132 de 2007 y N° 4528  de  2008  de  la  Sala  Administrativa  de dicho Consejo, y que su propósito es  “la  conformación  de  los correspondientes Registros Nacionales de Elegibles  para  proveer  por  el  sistema  de  carrera  judicial las vacantes existentes y  aquellas  que  se  presenten en los cuatro años de su vigencia”, la respuesta  al derecho de petición del accionante señaló lo siguiente:   

“De la lectura de los acuerdos mencionados  se   colige   claramente   que  el  IV  Curso  de  Formación  Judicial  Inicial  –  Promoción 2009 es un  curso-concurso  reglado  mediante  actos  administrativos de carácter general y  abstracto,  expedidos  por  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la  Judicatura  con  fundamento  en sus atribuciones constitucionales y legales. Por  esta  vía  se ha determinado la estructura y programación académica del Curso  en   la   modalidad  semipresencial  integrada  por  actividades  de  formación  presencial   y   aula   virtual   expresamente   diferenciadas   en  el  Acuerdo  Pedagógico.”11   

1.8.2.   Posteriormente,  luego  de  hacer  alusión   a  los  elementos  del  curso  de  formación  judicial  inicial  (su  estructura);  a  sus  planes de estudio y a su duración, a la modalidad y a las  sedes,  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura advierte  que  la  asistencia  es  obligatoria,  pues  el  desarrollo  de  las actividades  comprende  un  proceso  que  debe desarrollarse, para lograr los objetivos de la  clase. Dice al respecto,   

“En   relación   con   las   sesiones  determinadas  para  el  cumplimiento de las Actividades de Formación Presencial  dentro  del  Plan  de  Estudios  de  Curso,  el tipo de actividad, el número de  sesiones  y la intensidad horaria de cada una de ellas, tienen relación directa  con  los  objetivos  del curso-concurso, concebido como un proceso pedagógico y  metodológico  que  comprende  diversidad  de  momentos  educativos para que los  discentes  adquieran  o  fortalezcan  las competencias requeridas para el debido  ejercicio   de   la   función   judicial   y,  seleccionar  entre  los  mejores  concursantes,  a  los futuros magistrados y jueces de todas las jurisdicciones y  especialidades  del  país. Por ello, en el Capítulo VI del Acuerdo Pedagógico  se  estableció  como  regla  general  la  asistencia  obligatoria  a  todas las  actividades  presenciales  del  Curso  de  Formación programadas por la Escuela  Judicial,    so    pena    de   no   aprobarlo.”12   

1.8.3. Con relación a por qué no se permite  que  el accionante recupere las horas perdidas mediante el uso del aula virtual,  se  le  responde  que  ello  es  así  porque  el  Acuerdo  no  contempla  dicha  posibilidad. Dice la Sala Administrativa acusada lo siguiente,   

“En el plan de estudios se ha previsto el  desarrollo  de  Actividades de Formación en Aula Virtual que no requieren de la  presencia  de   los  discentes  en  una  sede; para ello se han establecido  expresamente  en  el  Acuerdo  Pedagógico los tipos de actividades que se deben  cumplir mediante la modalidad no presencial.   

En las normas que regulan el IV Concurso de  Formación    Judicial    Inicial    –  Promoción  2009,  en  la  estructura  del  curso y en el diseño  tecnológico  del  Aula Virtual no se ha previsto la posibilidad para cambiar la  modalidad  de  una  actividad  (de  presencial a no presencial o viceversa). Por  tanto,  las  Actividades de  Formación  Presencial y de  Formación  en Aula Virtual  no    pueden    cambiar   de   modalidad,   como   tampoco   su   intensidad   y  metodología.”13   

1.8.4.  Indicó  que  tampoco  era  posible  acceder  a  la  petición  del  accionante, en virtud del principio de igualdad.  Sobre ello señaló,   

“[…]  para  efectos  de  garantizar  el  derecho  constitucional  de igualdad, transparencia y objetividad en el IV Curso  de   Formación   Judicial   Inicial  –  Promoción  2009,  la Sala Administrativa del Consejo Superior de  la  Judicatura,  con fundamento en sus facultades constitucionales y legales, ha  reglamentado   su   estructura   y  desarrollo  sin  establecer  diferencias  de  condiciones  para  el cumplimiento de cada una de las etapas del curso-concurso,  reglamentación  que  rige  y  obliga  a  todos  los  aspirantes; tampoco se han  determinado   excepciones   al  cumplimiento  de  la  reglamentación,  pues  el  curso-concurso  como  Fase  II  de los Concursos de Meritos que se encuentran en  desarrollo,  es  de carácter público y abierto.”14    

A  juicio  de  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura su postura encuentra respaldo en la sentencia  C-037  de  1996,  mediante  la  cual,  entre  otras cosas, se resolvió declarar  exequible  la  facultad  de la Sala Administrativa de reglamentar los contenidos  de  los  cursos  de  formación judicial y las condiciones y las modalidades del  mismo,  “pero bajo el entendido de que el curso de formación judicial estará  abierto  a todos los aspirantes que estén interesados en formarse profesional y  científicamente    para    el    adecuado    desempeño    de    la    función  judicial”.15   

1.8.5.  Por  último, la Sala Administrativa  responde   que,  en  todo  caso,  el  accionante  aceptó  las  condiciones  del  curso-concurso  cuando  se  inscribió  a  participar  en  el mismo. Al respecto  indicó,   

“Se  entiende  que  si  la  peticionaria  [sic]   cumple  con  los  requisitos  de  inscripción,  incluida la suscripción del Acuerdo Pedagógico,  acepta  las  condiciones  y  reglas establecidas para la participación en el IV  Curso  de  Formación Judicial Inicial –  Promoción, 2009, las cuales son idénticas para todos y cada uno  de  los  aspirantes  sin  que  se  haya  establecido diferencias en razón de la  vinculación  laboral de los mismos, trátese de los sectores privado / público  o       de       la      Rama      Judicial.”16   

1.9.  Por  las  inasistencias  durante  los  siguientes    Sabath   el  accionante   también   presentó  excusas,  las  cuales  recibieron  respuestas  similares a las anteriores.   

1.9.1.  El  9  de marzo de 2009, mediante la  Resolución  N°  PSAR09-66,  la  Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura   resolvió   “no   aceptar  las  excusas  por inasistencia a las Mesas Introductoria del 23 al  25  de  enero  de  2009 y de Estudio de Argumentación Judicial y Filosofía del  Derecho  del  13  al  15  de  febrero  de 2009, del Curso de Formación Judicial  Inicial  para  Magistrados(as)  y Jueces(zas) promoción 2009” presentadas por  Héctor  Fernando  Solórzano  Duarte. Luego de recordar los casos en los cuales  sí  se  pueden  tener  por  válidas  las  excusas,  en  tanto  no  superen  el  20%.17   

1.9.2.  Días  después,  el  24 de marzo de  2009,  mediante la Resolución N° PSAR09-95, la Sala Administrativa del Consejo  Superior    de   la   Judicatura   resolvió   “no  aceptar  la  excusa  por  inasistencia  a  la  Mesa de  Estudio  de Interpretación Constitucional el día 7 de marzo de 2009, del Curso  de  Formación Judicial Inicial para Magistrados(as) y Jueces(zas) [sic] promoción 2009 […]” presentadas  por    Héctor    Fernando    Solórzano   Duarte.18   

1.9.3.  El  tutelante  advierte  que  en las  Resoluciones  N°  PSAR09-64,  65,  68 y 96 de 2009, la entidad accionada acepta  las  excusas  por  inasistencia  presentadas  por  algunos  de sus compañeros y  compañeras,  fundadas  en  fuerza  mayor  y  caso  fortuito,  alegando que ello  demuestra  que  sus “derechos fundamentales de Libertad de Culto y Conciencia,  [son] una cosa de poca monta para la Entidad Estatal.”   

1.9.3.1.  En  la Resolución N°PSAR09-64 de  marzo  4  de 2009, la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura,  resolvió  aceptar las excusas de inasistencia a la Mesa Introductoria del Curso  de  Formación  Judicial a 19 personas. La causal invocada en cada caso nunca es  mencionada,  por  lo  que  el  análisis de las solicitudes se resuelve de forma  general, en los siguientes términos:   

“Ahora  bien,  y  una  vez  analizada  la  situación  invocada  por  los  solicitantes,  se  evidencia que las solicitudes  tienen  fundamento  legal, pues es bien sabido que todo derecho lleva implícito  el  cumplimiento  de una serie de deberes y obligaciones, una de ellas que en el  presente  caso,  consistía en la obligación perentoria de allanarse al proceso  de  justificar las inasistencias según lo contemplado en el acuerdo pedagógico  suscrito por los concursantes.”   

1.9.3.2.  En  la Resolución N°PSAR09-65 de  marzo  4  de 2009, la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura,  resolvió   negar   a   2  personas  las  excusas  de  inasistencia  a  la  Mesa  Introductoria  del  Curso de Formación Judicial realizada del 23 al 25 de enero  de   2009,   con   base   en   razones   formales.19   

1.9.3.3.   Similares   decisiones   a  las  mencionadas,   con   justificaciones   semejantes,  se  adoptaron  mediante  las  Resoluciones  N°  PSAR09-68 y PSAR09-96 de 2009, como lo señala el accionante.  En  la  primera, del 9 de marzo, se resolvió aceptar las excusas de 21 personas  por  “inasistencia  y  evaluación de prueba supletoria a las Mesas de Estudio  de  Argumentación  Judicial y Filosofía del Derecho del 13 al 15 de febrero de  2009,    del   IV   Curso   de   Formación   Judicial   Inicial.”20  En la  segunda  Resolución,  del  24  de  marzo, se resolvió aceptar las excusas de 6  personas  por  “inasistencia y evaluación de prueba supletoria a las Mesas de  Estudio  de  Argumentación  Judicial  y  Filosofía del Derecho del 13 al 15 de  febrero  de  2009,  del  IV Curso de Formación Judicial Inicial”.21   

1.10.  Finalmente, el accionante señala que  “[a]  la  fecha, y gracias a Dios, he podido presentar todas las evaluaciones,  pues  han  sido  los  viernes  en  la  tarde,  antes  de la puesta de sol, y los  domingos,  y  espero  que  después  de  esta  acción  de  tutela  siga  siendo  así.”   

2.    Demanda    y  solicitud   

El  20  de  abril  de  2009, Héctor Fernando  Solórzano  Duarte  presentó  acción  de  tutela ante el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Bogotá, DC, y Cundinamarca, contra la Sala Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  por  considerar que esta entidad ha  violado  sus libertades de culto y de conciencia, y sus derechos de petición, a  la  igualdad  y  al  acceso  al  ejercicio de cargos públicos, al no permitirle  participar  en  el  curso-concurso  para  jueces, magistradas y magistrados, sin  tener   que  asistir  a  actividades  durante  el  transcurso  del  sabath,  el  cual  guarda como Adventista  del Séptimo Día.   

2.1.  Para  el  accionante  se  deduce  de la  posición  asumida  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de la  Judicatura,  que ni él ni ningún otro miembro de su comunidad religiosa pueden  acceder  al  curso-concurso para Magistradas, Magistrados, Jueces y Juezas. A su  juicio,  es  un  trato  discriminatorio,  tal  como  lo afirma en las siguientes  palabras,   

“Frente  a  la  respuesta otorgada por la  Sala,  entidad  Estatal  del  Orden Nacional, dable es predicar que los miembros  fieles  de  la  Iglesia  Adventista  del  Séptimo  Día  o  de  cualquier  otra  confesión  religiosa  que para la adoración a Dios guarden un día comprendido  entre  el viernes y el domingo, no pueden aspirar ni tienen derecho a ser Jueces  de  la  República, salvo que obren contra su conciencia y sus creencias, siendo  cualquiera  de  las  dos  situaciones  discriminatorias  y  vulneratorias  de la  Constitución Política de Colombia.”   

2.2.  A  su  juicio,  haberse inscrito en el  curso-concurso  en  modo alguno es un acto que pueda ser entendido como renuncia  a  sus  libertades  de  religión  y  de  conciencia. Era un paso necesario para  acceder         al        curso­–concurso. Dice al respecto en la acción de tutela,   

“Como  lo  advertí  en  el  Derecho  de  Petición  del  5  de  enero hogaño, la suscripción del Acuerdo Pedagógico la  hice  con  el fin de poderme inscribir al Curso. Si así no lo hubiera hecho, no  podría participar en él.”   

2.3.  El  accionante  aduce  que  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura no consideró su caso de  forma  particular;  respondió  su  solicitud  mediante  una  respuesta  general  –pre elaborada–,  sin  evaluar  si  la  decisión  que  adoptaba  era  razonable o no  constitucionalmente.  Esto  es aún más grave, considera, si se tiene en cuenta  que  este  tipo  de  juicios  de razonabilidad los ha enseñado a usar la propia  Escuela  Judicial, y ese es uno de los propósitos del curso [desarrollar nuevas  herramientas  de  argumentación]. Expresamente dice el accionante en su acción  de tutela:   

“El texto de la Resolución corresponde a  un  modelo  de  respuesta  previo,  pues la accionada habla del suscrito como si  fuera  (la)  suscrita  y  no hace ningún test de racionalidad, o ponderación o  ninguno  otro  de  los  que la Escuela Judicial me ha enseñado cuando encuentro  enfrentados    derechos   fundamentales   o   éstos   con   normas   de   rango  legal.”22   

2.4.   Luego   de   citar   las   normas  constitucionales  (arts.  18  y  19, CP), y del bloque de constitucionalidad que  sustentan          sus          argumentos,23  el  demandante  presenta la  conclusión  a  la  que ha llegado la jurisprudencia constitucional al tener que  resolver  casos  similares  a  los  de  él; esto es, las tensiones derivadas de  limitaciones  que  debe  enfrentar  en distintos ámbitos de su vida diaria, una  persona  perteneciente  a  una minoría religiosa que guarda un día de descanso  diferente  al  de la mayoría de la sociedad. Para el demandante, la tesis de la  Corte    Constitucional    en    esta   materia   ha   sido   que   ‘si    se   vulneran   los   derechos  fundamentales  de  la  Libertad de Culto y Conciencia, al obligar a trabajar y/o  estudiar  a una persona en el día que conforme a su creencia y convicción debe  guardar     o     dedicar     a     la     adoración     de    Dios’   y,   por  tanto,  que  ‘la  acción  de tutela es el mecanismo  idóneo  para  proteger  los  Derechos  Fundamentales  de  Libertad  de  Culto y  Conciencia’.  Sostiene que  tales  reglas  se  derivan de las sentencias T-982 de 2001, T-026 de 2005, T-448  de 2007, y T-044 de 2008, entre otras.   

2.5.   Con   base   en   las   anteriores  consideraciones,  Héctor  Fernando  Solórzano Duarte, presentó las siguientes  peticiones  concretas.  (*) Primero, que se tutelen sus libertades de culto y de  conciencia  y  sus  derechos  de  petición  y  acceso  al  ejercicio  de cargos  públicos.  (*)  Segundo,  que  se  ordene  a la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  que sus “inasistencias  los  días  sábados,  con  ocasión  del  ejercicio  de  Libertad  de  Culto  y  Conciencia,  no  sean  tenidas  en  cuenta  dentro del  límite  del  20% de que trata el capítulo VI del Acuerdo PSAR08-5334, a fin de  que  no  opere  la  reprobación  del  curso, por tal  concepto”,  y  que  tampoco  den  lugar  a  que  sea  retirado  del  Curso.   (*) Tercero, que se ordene a la Sala Administrativa  del   Consejo   Superior   de   la  Judicatura,  Escuela  Judicial  ‘Rodrigo    Lara   Bonilla’,  que  adopte  las  medidas necesarias  para  que  él pueda cumplir con los requisitos del IV  Curso  de  formación  judicial,  en especial, para el  cargo  de  Juez  Administrativo, en momentos diferentes a los comprendidos entre  la  puesta  del sol del viernes y la puesta del sol del sábado. (*) Cuarto, que  se  orden  a la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura que se  abstenga  de tomar medidas discriminatorias en contra suya. (*) Y quinto, que se  ordene  difundir  públicamente  la sentencia y se ordene al Consejo Superior de  la  Judicatura  que  se abstenga de incurrir en dichas conductas en lo sucesivo.   

3. Respuesta de la Escuela  Judicial                  ‘Rodrigo Lara  Bonilla’;   Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura   

La   Directora   de   la  Escuela  Judicial  ‘Rodrigo     Lara  Bonilla’, consideró que la  acción  de  tutela  es  improcedente,  debido  a  que  ninguno  de los derechos  alegados  resultó violado. En cuanto al derecho de petición, se consideró que  éste  no  fue  vulnerado,  debido  a que la solicitud del peticionario resultó  adecuadamente  respondida.  Es decir, recibió una respuesta oportuna, de fondo,  clara,  precisa  y congruente, que fue puesta a su conocimiento. Posteriormente,  con  relación a las libertades de conciencia, se reiteran los argumentos que se  dieron al accionante, en los siguientes términos:   

“[…] eran de conocimiento del actor las  condiciones  en  que  se sometía frente al proceso de selección establecido en  el  Acuerdo  Pedagógico,  es en otras palabras, ley para los participantes, por  lo tanto, de obligatorio cumplimiento.   

En este sentido, debe tenerse en cuenta que  el    objetivo    del    IV    curso   de   formación   Judicial   –  Promoción  2009,  tiene  como  fin  garantizar  que  las  personas  que  se  vinculan como Magistrados, Magistradas,  Jueces  y Juezas poseen los conocimientos, competencias y habilidades necesarias  para  que,  en  ejercicio  de  la  misión de administración de justicia, hagan  efectivos los derechos y deberes de quienes acuden a ella.   

Por  consiguiente,  el  mencionado curso se  estructuró  y  así  se dio a conocer a los interesados la participación en el  mismo,  puesto  que  el  cronograma  forma  parte  del Acuerdo Pedagógico y fue  publicado  conjuntamente,  de  tal manera que se alcanza el mencionado objetivo,  se  repite  que  todas  las personas que en Colombia acudan a la justicia tengan  una  acción  efectiva  de  ella a través de magistrados, magistradas, jueces y  juezas  debidamente  preparados,  en  este  orden  de ideas no pueden predicarse  válidamente  que la consideración excepcional que pretende el accionante sólo  a  él le afecte, puesto que al no lograr los objetivos propuestos, al asistir a  menos  del  80% de las sesiones presenciales, se comprometa también al interés  público al administrar justicia.   

[…] no es de recibo por parte del actor la  violación  del  derecho  a profesar un culto, por cuanto era consciente, y así  lo  afirma  en  su  escrito  de  tutela,  que el curso concurso estableció unas  normas  claras  –Acuerdo  Pedagógico–    para  someterse  a  ello,  por lo tanto no puede en forma sorpresiva y, en rompimiento  del principio de inmediatez activar el aparato jurisdiccional.   

En cuanto al derecho de igualdad y al derecho  de acceso a cargos públicos, la participación guardó silencio.   

4.  Sentencia de primera  instancia   

El  5  de  mayo  de  2009,  la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  resolvió no tutelar  el  derecho  fundamental  a  la libertad religiosa del  señor  Héctor  Fernando  Solórzano Duarte, por considerar que la decisión de  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura “[…] si bien  limita  las posibilidades del ejercicio del derecho […] lo hace con fundamento  razonable,  y sin que se avizore posibilidad de exigirle un trato diferente para  con  él  o la puesta en marcha de otro mecanismo que resulte menos gravoso para  su  derecho fundamental. En efecto, la medida persigue la realización de varios  fines  constitucionales  legítimos, tales como la igualdad, la transparencia en  el  acceso a la función judicial con criterios de calidad y la optimización de  los  recursos públicos, frente a los cuales el derecho individual del actor, en  un sano criterio de ponderación, debe ceder.”    

4.1. Para el Tribunal Superior, de acuerdo con  la        jurisprudencia       constitucional,24  el  derecho  a  la libertad  religiosa  puede  ser  sometido  a  limitaciones,  siempre y cuando éstas   “(i)  [partan]  de que su ejercicio debe permitirse  en   un   grado   máximo,    (ii)  obedezcan    a    una    necesidad    racional    y   objetivamente  justificable,     y      (iii)    no       sea       arbitraria       o      discrecional.”   En  virtud  de esta regla, resalta el Tribunal Superior,  la   propia   jurisprudencia   constitucional,   por   ejemplo,  ha  considerado  irrazonable   la  restricción  a  que  personas  pertenecientes  a  la  Iglesia  Adventista    del    Séptimo    Día,    puedan    guardar    el   sabath  como  un  día  de  descanso  en  ámbitos   como   el   laboral   y   el  educativo.25   

4.2.  No obstante, el Tribunal aclara que los  casos  citados  son diferentes al que se estudia en el presente proceso. Dice al  respecto la sentencia,   

“La   clara  diferenciación  de  estos  ámbitos   de   protección  es  de  gran  importancia  de  cara  al  desarrollo  jurisprudencial  […].   ||   En  efecto,  la  Corte  ha protegido en  varias  oportunidades  el  derecho a la libertad de cultos de los adventistas en  situaciones  que  han  involucrado limitaciones al Sabath en ámbitos laborales,  académicos   y   de   pruebas   destinadas   a  adquirir  cupos  educativos  en  instituciones  públicas; sin embargo, en esas ocasiones no se ha dejado de lado  la  posibilidad  de que existan limitaciones al ejercicio de dicho derecho, pues  las  conclusiones  a  las  que  ha  arribado  la  Corte implican generalmente el  irrespeto  de  alguna de las condiciones establecidas en el Decreto 354 de 1998,  ya  sea la no celebración de acuerdos o la inexistencia de fundamento razonable  para establecer fechas distintas al Sabath.   

En tal sentido, es evidente que pueden darse  circunstancias  en  las cuales, a pesar de la inicial primacía del derecho a la  libertad  religiosa, será necesario que dicho derecho ceda frente a, como ya se  expuso,  el  orden  público  o  los derechos fundamentales ajenos, lo cual debe  verificarse   teniendo   en   cuenta   igualmente   los  compromisos  adquiridos  explícitamente  por  el  Estado Colombiano con los miembros de la congregación  Adventista del Séptimo Día.”   

4.3. Finalmente, al analizar el caso concreto,  el  Tribunal  Superior  concluyó que la limitación impuesta con relación a la  libertad    de    observar   el   sabath  es  razonable  constitucionalmente, luego de analizar la finalidad  que    se    busca    con   la   misma,   su   necesidad   y,   finalmente,   su  proporcionalidad.   

4.3.1. La medida, de acuerdo con la sentencia,  consiste  en  la  realización de sesiones presenciales por 3 días de la semana  cada  cierto  tiempo, siendo estos días el viernes, el sábado y el domingo, en  un  horario  de  8:00am  a  6:00pm,  en las cuales se revisan los contenidos del  curso  y  se  llevan  a  cabo  los  exámenes  individuales,  procurando  que se  efectúen  las  mismas  pruebas a todos los aspirantes a nivel nacional y que la  seguridad  de las pruebas pueda garantizarse en un marco razonable. Esta medida,  considerada  estricta  por  el  propio  Tribunal,  por  cuanto  según  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura “no puede ser modificada  o  morigerada  sin  generar  serios  traumatismos  en  la  estructura  misma del  concurso de méritos.”   

Para la sentencia de primera instancia, el fin  de  la  medida  es  hacer  cumplir  los  fines  del  curso-concurso,  el cual es  entendido  como una parte de “un proceso eliminatorio altamente relevante para  los  intereses  al representar el método empleado por el Estado para garantizar  que  quienes  ostentarán  el  poder judicial son personas idóneas y preparadas  para    tales    efectos”.    Por    tanto,    considera    que   la   medida,  “constitucionalmente  válida  en  lo  que  respecta  a su finalidad”, “al  hacer  parte  de  un  proceso  global  que  involucra  la  protección de bienes  públicos  y  derechos  individuales  en  juego  y  pretender, como lo afirma la  entidad  accionada,  garantizar  no  sólo  la calidad y la rectitud del proceso  sino  la  igualdad de todos los aspirantes […].”26     

4.3.2. En segundo lugar, analiza la necesidad  de  la  medida  aportada.  Al  respecto  el Tribunal Superior considera que “a  pesar  de  que  la  respuesta dada por la entidad accionada resulta insuficiente  por  sí  sola  para  definir  este  aspecto del estudio […] existe suficiente  fundamento  para  pensar  que  dicha  necesidad está demostrada.”27   Son  dos  las  razones que a su juicio sustentan esta conclusión: el adecuado manejo  de  los  recursos y el respeto a la igualdad de todos los participantes. Dice la  sentencia lo siguiente,   

“Analizando  lo  expuesto  por el Consejo  Superior  de  la  Judicatura en la respuesta dada al accionante el 20 de febrero  de  2009, puede concluirse que la postura de la accionada obedece a la necesidad  de  garantizar:   a)  el  adecuado  manejo  de  los recursos con los que se  cuenta  para  desarrollar  el  curso  de formación judicial, tanto en términos  presupuestales  como  logísticos  y de personal calificado para la realización  de  las  sesiones de orientación y evaluación; y  b) la igualdad de todos  los  participantes  en  el curso, quienes se sometieron a las mismas condiciones  de  celebración  del  curso al firmar el acuerdo pedagógico, y la necesidad de  garantizar  el  acceso  al  mismo  a  todos  aquellos  que  ganaron el derecho a  participar  en  él. Por ende, dada la complejidad implícita en la celebración  de  un  curso-concurso,  por  el  alto  número  de  aspirantes y la obligación  constitucional  que  tiene  la  accionada  de  permitir  que  todos ellos puedan  competir  en  igualdad  de condiciones, es válido afirmar que la medida asumida  por  el Consejo Superior de la Judicatura, Sala Administrativa es necesaria para  conseguir los fines perseguidos.”   

4.3.3.  Finalmente,  el  Tribunal  Superior  considera  que la medida no es desproporcionada. Luego de indicar que “dada la  trascendencia  constitucional  del  derecho  a  la  libertad  religiosa […] le  corresponde  al  Estado  una  alta  carga  argumentativa  para justificar que su  medida  es inevitable frente a otras alternativas que acarreen una lesión menor  a  la causada en bienes jurídicos tan caros como los derechos fundamentales”,  señala lo siguiente,   

“[…]  para  el  Tribunal  existen  tres  circunstancias  que  hacen  de  la  medida  asumida  por la accionada una medida  inevitable,  teniendo  en  cuenta  la  limitación  al  derecho fundamental a la  libertad   de   cultos   del   actor,  si  de  garantizar  la  igualdad  de  los  participantes,   la  seguridad  de  las  pruebas  y  el  desarrollo  adecuado  y  transparente  del  proceso de selección de aspirantes a funcionarios judiciales  se  trata:  la importancia de garantizar que todas las personas que concursan lo  hagan  bajo  unas reglas equiparables y con la exigencia del cumplimiento de las  mismas  cargas  mínimas, la necesidad de blindar el proceso de evaluación dada  la  trascendencia de lo que está en juego, que es, precisamente, el acceso a un  poder  público  de alta trascendencia y profundo alcance, y la maximización de  los recursos públicos destinados para tales efectos.”    

4.3.3.2.  Con  relación  al segundo aspecto,  esto  es,  la  necesidad  de garantizar la seguridad de las pruebas, el Tribunal  sostiene  que  “en  la  medida  que  la  necesidad de blindar los exámenes de  cualquier  tipo de situación que pueda plantear controversias fundadas sobre la  legitimidad  del  proceso  de  evaluación es un deber del Estado, puesto que el  acceso  a  la  carrera  judicial  es  un  bien  público  que merece las mayores  garantías   en   su  conservación  dada  la  trascendencia  de  la  labor  que  desempeñan los funcionarios judiciales.”   

4.3.3.3.  El  tercer  argumento,  esto es, el  desarrollo  adecuado  y  transparente  del  proceso, según el Tribunal, implica  “la  preservación  de  bienes  públicos  y  el empleo óptimo, con criterios  razonables,  de  los  recursos  con los que el Estado cuenta para poder efectuar  este  tipo  de  pruebas,  los  que  generalmente no son abundantes. Si lo que se  pretende  es  la  celebración  de un concurso que de manera eficiente otorgue a  los  ciudadanos un nivel de certeza aceptable sobre la idoneidad de las personas  que  finalmente  serán  elegidas  y  nombradas  como los encargados de impartir  justicia,  resulta  difícil descartar la necesidad de regular adecuadamente los  recursos  de  todo  orden  con  los  que  se  cuenta  para  llevar  a  cabo  tal  tarea.”   

4.3.3.4.    Concluye    entonces,    que  “difícilmente   se   puede   exigir”   una  acción  diferente  a  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura. Al respecto, dice la  sentencia,   

“Estos tres criterios llevan al Tribunal a  considerar  que  difícilmente  podría  exigírsele  a la entidad accionada, si  pretende  garantizar  la  totalidad  de  los  fines  relevantes y legítimos que  persigue,  la  adopción  de  criterios  y  métodos  distintos a los que fueron  planteados  con antelación, menos aún si dichos cambios estarían destinados a  satisfacer  los  requerimientos  de una sola persona. De hecho, la selección de  un  período  de  tiempo  que  comprende  los  dos  últimos días de la semana,  generalmente  no  hábiles, y el día que le precede se muestra como acertada si  lo  que  se  pretende  es  garantizar  al  máximo posible la concurrencia de la  totalidad  de  los  aspirantes,  especialmente  si  se tiene en cuenta que en un  universo  poblacional tan amplio (más de 1.500 personas) puede presentarse todo  tipo  de  inconvenientes,  ya  sea por asuntos religiosos, familiares, sociales,  laborales o personales.   

Podría  plantearse  aquí  que  el Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  con el fin de propender por la realización de un  fin   tan   valioso  como  el  pluralismo  religioso,  debió  idear  políticas  destinadas  a  superar un impasse que era previsible; sin embargo, no se observa  objetivamente  que la Sala Administrativa haya tomado sus determinaciones con la  intención,  deliberada  o  no,  de  excluir del concurso discriminando a cierta  población,  pues  su  pretensión  a todas luces fue garantizar la inclusión a  través   de  la  uniformización  de  las  cargas  que  cada  aspirante  debía  soportar.”   

4.4.  Con base en las razones expuestas, como  se  indicó, la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá resolvió no tutelar  el derecho a la libertad religiosa del accionante.   

5.  Impugnación  de  la sentencia de primera  instancia   

El  accionante impugnó el fallo del Tribunal  Superior,   por   considerar   que   si  bien  es  cierto  que  puede  limitarse  razonablemente  el  derecho  a  la  libertad de religión y de culto, en el caso  suyo  no  se  reúnen  las  condiciones necesarias para que la medida de la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  pudiera considerarse  realmente  razonable,  constitucionalmente.  Expone  en  detalle  sus argumentos  así,   

“El    principio    de   igualdad  está  garantizado,  pues  el  suscrito  seguiría  presentando, como hasta ahora lo ha hecho, las evaluaciones  orales  en  los  horarios  dispuestos  para  tal efecto por la accionada, en las  mismas  condiciones  que  los  demás  compañeros,  sin  que  pueda  predicarse  favorecimiento o desfavorecimiento.   

Igualmente, el principio de Transparencia no  se  vulneraría,  pues  constitucionalmente se presume la buena fe, aunado a que  para  el  día  viernes, probablemente, y como hasta el momento ha pasado, ya he  presentado  la  evaluación  de  uno  de los módulos, y el Sábado –que   es  cuando  se  continúa  esa  evaluación,   se   dan   las  pautas  y  se  hace  un  simulacro  para  la  del  domingo–  el suscrito no  está.   

De  otro  lado,  el  empleo  óptimo  con  criterios  razonables  de  los  recursos  con  los  que  el  Estado  cuenta para  adelantar  este  tipo  de  pruebas no se afecta, pues la accionada lo único que  tendría  que  hacer  sería  inaplicar la sanción de que trata el capítulo VI  del   Acuerdo   PSAA08-5334   de   2008,   situación  que  no  amerita  ningún  gasto.   

Así las cosas, aunque los fines perseguidos  por  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura son válidos  constitucionalmente,  mi derecho fundamental merece la protección decantada por  la  Corte  Constitucional,  sin  que  en este caso sea necesaria su limitación,  debido   a   que   ambos   intereses  –los    propósitos    de    la    accionada    y    mis    derechos  fundamentales– se pueden  armonizar,  permitiendo  su existencia simultánea. En  efecto,  la indicada armonización  de ambos intereses, se logra plenamente  con  el  sólo hecho de que la Sala Administrativa inaplique la disposición del  Acuerdo   pedagógico,   que   me   elimine   del  concurso  por  inasistir  los  Sábados.”   

6.  Sentencia de segunda  instancia   

6.1.  En  primer  lugar,  sostiene  que en la  acción  de  tutela  “lo  que  se  advierte  es  una inconformidad con el Acto  Administrativo   de   carácter   general   [PSAR08-5334],   que   precisó  las  condiciones,  horarios  y  modalidad en que se surtiría el Curso-Concurso en el  cual  el  actor  participa  actualmente,  acto  demandable ante la jurisdicción  contenciosa  administrativa  por  vía  de nulidad o mediante el ejercicio de la  acción de inconstitucionalidad.”   

6.2.  En  segundo  lugar, con relación a las  resoluciones  por medio de las cuales el Consejo Superior de la Judicatura negó  su  solicitud  para establecerle nuevos horarios o modalidades de evaluación de  la  etapa  general  del  proceso de selección en el cual participa, y negó las  excusas  presentadas  por  inasistencia a algunas jornadas académicas evacuadas  los   días  sábados,  señaló  que  “éstas  dos  decisiones  pudieron  ser  recurridas  en reposición, cuestión que el accionante omitió, pues no obra en  el  diligenciamiento que hubiese agotado las posibilidades que establece la vía  gubernativa.”   

6.3. En tercer lugar, considerando que lo que  el  accionante  pretende  con  su  acción  de  tutela  “es impedir su posible  exclusión  del  proceso  selectivo, con fundamento en la inasistencia los días  sábados,  cuestión  que  a  la fecha no ha acontecido y que de presentarse, lo  será   mediante   un  acto  administrativo  de  carácter  particular  también  susceptible  de  recursos  tanto  en  la vía gubernativa como en la Contencioso  Administrativa,  a través de la acción de nulidad señalada en el artículo 84  del Código Contenciosos Administrativo.”   

6.4.  Por  último,  sostiene  la  Sala  de  Casación  Penal  que por las anteriores razones confirmará el fallo impugnado,  precisando  además,  “que  el derecho de petición aducido por el actor no se  vislumbra  vulnerado,  pues  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura resolvió  mediante  los  correspondientes  actos administrativos sus solicitudes. Acontece  lo  mismo en torno al derecho de igualdad aludido pues en el diligenciamiento no  se  evidencia  que  a otras personas ubicadas en similar situación a la suya se  les hubiese otorgado un trato diferente.”   

7.    Insistencias  solicitando que se seleccionara el caso para revisión   

7.1. Defensoría del  Pueblo   

El  14  de  agosto  de  2009, el Defensor del  Pueblo  solicitó  a  la  Corte Constitucional seleccionar el presente caso para  revisión,  por considerar que “aunque en el año 1993 negó la protección de  los  derechos  fundamentales de la persona que solicitaba permiso para presentar  exámenes   en  la  Universidad  Nacional  un  día  diferente  al  Sábado  por  pertenecer  a  la  Iglesia  Adventista del Séptimo Día, sin embargo esta tesis  fue  revaluada  por  esa  Corporación en las sentencias T-982 de 2001, T-026 de  2005,  T-448  de 2007 y T-327 de 2009, mediante las cuales sostuvo que obligar a  los  estudiantes y trabajadores fieles de la Iglesia Adventista a cumplir cargas  académicas  o laborales durante el Sabath  vulnera,  entre  otros,  el  derecho  fundamental a la libertad de  cultos.   

7.2.  Magistrado  Humberto Antonio Sierra Porto   

El 6 de agosto de 2009, el Magistrado Humberto  Antonio  Sierra  Porto  insistió  a  la  Sala  de  Selección  número 8 que el  expediente  de la referencia fuera seleccionado para revisión, “toda vez que,  posiblemente,  se  están  violando  los  derechos  fundamentales  a la libertad  religiosa  y  a  la prohibición de la discriminación por causa de la religión  que  se profesa, lo que puede derivar a su vez en una vulneración del derecho a  acceder,  en  igualdad de condiciones, a los cargos públicos.  ||  La  conducta  [acusada]  contradice  abiertamente  la  jurisprudencia constitucional  […]”  adoptada  en sentencias como la T-982 de 2001 [ámbito laboral], T-026  de 2005, T-448 de 2007 y T-044 de 2008 [ámbito educativo].    

II.  Consideraciones  y  fundamentos   

1.  Competencia   

Esta Corte es competente para revisar el fallo  de  tutela  de  conformidad  con  los  artículos  86  y 241 de la Constitución  Política  y el Decreto 2591 de 1991; asimismo, por la selección del respectivo  expediente  y la determinación de que el caso sea decidido por la Sala Plena de  la Corporación.   

2.   Procedibilidad   de   la   acción  de  tutela   

2.1.  La  jurisprudencia  constitucional  ha  reconocido  la  acción  de  tutela como el medio judicial idóneo para proteger  las  libertades  de  religión y de culto, en especial, para proteger el derecho  constitucional  de  toda  persona  adventista a que se le respete su libertad de  guardar  el  Sabath. Así lo  ha  hecho  a  propósito  de  controversias  en  contra de entidades públicas y  privadas    tales    como,    por    ejemplo,    la   universidad   ‘Corporación     Autónoma     del  Sinú’,29  el Colegio  Nacionalizado  de  Bachillerato  de  Restrepo, Meta,30  la  Caja  de  Compensación  Fa­mi­liar del Amazonas (Cafamaz),31  el Consejo  Nacional  Electoral  y  la Registraduría Nacional del Estado Civil,32 el Servicio  Nacional     de     Aprendizaje     –SENA–,33  la  Universidad  Nacional de Colombia,34    y    la    Fundación   Médico  Preventiva  para  el  Bienestar  Social  S.A.  –    Clínica    del  Prado.35  En  todos  estos  casos  la  Corte  Constitucional  estudió  las  acciones  de  tutela  de  fondo,  concediendo el amparo solicitado en algunos de  ellos y negándolo en otros.    

2.2.  Esta  posición  ha sido reiterada por  otros  jueces  del  sistema  jurídico  que han estudiado, de fondo, acciones de  tutela  similares,  como  por  ejemplo,  la  Sala  Penal  de la Corte Suprema de  Justicia,36  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá.37      

2.3.  No obstante lo anterior, la Sala aclara  que  no  son  de  recibo  las  razones  por  las  cuales la sentencia de segunda  instancia  consideró  que el accionante sí contaba con otros medios de defensa  judicial  para  presentar  sus  reclamos  y,  en  consecuencia, resolvió que la  acción  de tutela de la referencia era improcedente. Tres razones llevan a esta  Sala a apartarse de lo dicho por la segunda instancia.   

2.3.1. Primero, la Sala de Casación Penal de  la  Corte  Suprema de Justicia consideró que la petición del accionante estaba  orientada,  fundamentalmente, a controvertir el Acto Administrativo de carácter  general  [PSAR08-5334],  que  precisó  las condiciones, horarios y modalidad en  que  se  surtiría  el  Curso-Concurso  al  cual  el  actor se presentó. En tal  medida,  consideró  que el acto es demandable ante la jurisdicción contenciosa  administrativa  por  vía  de  nulidad  o mediante el ejercicio de la acción de  inconstitucionalidad.   Para   la  Sala  de  Revisión  este  argumento,  no  es  aceptable,  pues  en  la  tutela  nunca  se cuestiona dicho acto general. Lo que  cuestiona  el  accionante  es la decisión de la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura de interpretar de forma estricta el acto general y,  en   consecuencia,  resolver  que  no  se  deben  adoptar  medidas  adecuadas  y  necesarias  para  permitirle  participar  en  el  curso-concurso,  a pesar de su  condición   de   adventista.  De  hecho,  no  sólo  no  cuestiona  el  Acuerdo  Pedagógico  que  lo  rige,  sino  que  lo  invoca  como  uno  de los referentes  normativos  en  que  funda  sus  alegatos. 38 A juicio del  accionante,  el  trato  discriminatorio  no surge del acto general en cuestión,  sino  de  la  decisión  de  aplicarlo  sin consideración por sus libertades de  religión y de cultos.      

2.3.2. Segundo, para la Sala Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  tampoco es procedente la acción de tutela en el presente  caso,   porque  considera  que  el  accionante  también  contaba  con  recursos  administrativos  en  vía  gubernativa.  Este argumento tampoco es aceptable. De  acuerdo  con  la  Constitución  Política  de  Colombia,  una  persona no puede  recurrir  a  la  acción  de  tutela,  cuando cuenta con otros medios de defensa  “judicial”.39 Los recursos  en  vía gubernativa, por definición, no son medios de defensa judicial, por lo  que  en  modo  alguno  la posibilidad de interponerlos excluye la posibilidad de  recurrir a la acción de tutela.   

2.3.3. Finalmente, la Sala de Casación Penal  consideró  que  el accionante quiere no ser excluido del proceso de selección,  situación  que  no había ocurrido al momento en que se presentó la acción de  tutela.  Por  tanto,  lo  que  correspondía  al concursante, era esperar que se  produjera  ese  presunto  acto  futuro  de  violación  del derecho y, ahí sí,  reclamar  la  tutela  de  sus  derechos.  En  este  caso el argumento tampoco es  admisible.  Incluso  si  se  supone,  en gracia de discusión, que la acción de  tutela  se  limitó a la única pretensión de “no ser excluido del proceso de  selección”,  en  todo  caso,  no  es  cierto  que  la acción de tutela sólo  procede  ante  violaciones consumadas. Explícitamente advierte la Constitución  que  toda  persona  puede reclamar la tutela de sus derechos fundamentales, bien  se   trate   de   violaciones   consumadas  o  bien  se  trate  de  amenazas.40  No  exige  la Constitución  Política,  que  la  violación  de  los derechos fundamentales se haga efectiva  para  que  la  persona  pueda,  entonces,  pretender su defensa; tal concepción  desconoce   el   mandato   constitucional   de  que  los  jueces  garanticen  el  ‘goce efectivo’ de los derechos.   

2.3.4. Los requisitos de procedibilidad de la  acción  de  tutela  son  criterios  que  le  permiten  al  juez  constitucional  establecer  cuándo  está  llamado  a resolver una cuestión constitucional, no  son  artilugios retóricos y argumentativos a disposición del juez, para eludir  su  deber  de  decidir  sí ha de tutelar o no los derechos fundamentales de una  persona.    

Resuelta  esta  cuestión preliminar, pasa la  Sala   a   plantear   los   problemas  jurídicos  a  resolver  en  el  presente  caso.   

3. Problemas jurídicos  

3.1.  El  accionante  considera  que  la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura y la Escuela Judicial  Rodrigo  Lara  Bonilla, han  violado   varios   de   sus  derechos  fundamentales  al  obligarlo  a  realizar  actividades     durante    el    sabath¸  a pesar de que sus creencias religiosas le ordenan descansar ese  día,  como  requisito  para  poder  participar  en  un curso-concurso público,  semipresencial,  para  elegir jueces de la república. Centra sus ataques en dos  aspectos.  Por  una  parte, considera que la administración le está imponiendo  una  barrera  al  ejercicio  de su libertad de religión y al acceso de un cargo  público  –juez–,  al  exigirle actuar en contra de sus  creencias.  Y  por  otra  parte,  considera  que  la  administración  lo  está  discriminando  por  dos  razones,  por  una  parte, al obligarlo a actuar como a  todos  los  demás,  así no tengan sus mismas creencias religiosas, y por otra,  al  no  aceptar  sus  excusas,  al  tiempo  que  situaciones  de  igual  o menor  trascendencia sí han sido aceptadas como tales.   

3.2.  Para la Sala, tomar una decisión en el  presente  caso  supone resolver los siguientes tres problemas jurídicos, uno en  función  de  las libertades de religión, de culto y de conciencia, y los otros  dos en función del derecho de igualdad.   

3.2.1. Primero, ¿se desconoce la libertad de  religión  y  de  culto (arts. 18 y 19, CP) y el derecho político a desempeñar  funciones  y  cargos públicos (art. 40, num. 7, CP) de una persona, al exigirle  realizar  unas  actividades  académicas  dentro de un curso-concurso para poder  ser  elegido  como  juez  de  la  República, cuando éstas se realizan entre la  puesta  del  sol  del  viernes  y  la  puesta  del sol del sábado y, por tanto,  implican  ir  en  contra  de  una  creencia  fundamental de la persona, a saber,  guardar          el         sabath?   

3.2.2. Segundo, ¿se desconoce el derecho a la  igualdad  de un adventista (art. 13, CP) al obligarlo, al igual que a las demás  personas  que  participan  en un curso-concurso para acceder al cargo de juez de  la  República,  a  realizar  actividades durante el tiempo comprendido entre la  puesta  del  sol  del  viernes  y  la puesta del sol del sábado, a pesar de que  participar   en   ellas   implicaría  desconocer  su  creencia  de  guardar  el  sabath?   

3.2.3. Tercero, ¿se desconoce el derecho a la  igualdad  de  una  persona  (art.  13,  CP),  al  no  aceptar  como excusa de su  inasistencia  a las actividades de un curso-concurso para juez de la República,  el  hecho  de  que  participar  en  ellas  implicaría desconocer su creencia de  guardar  el  sabath, a la vez  que  a otros participantes sí se les aceptan como excusas situaciones similares  o menores en importancia constitucional a las alegadas por él?   

3.3.  La  Corte considera que la respuesta al  primero  y  al  segundo  de  los  problemas  es  afirmativa, en tanto que la del  tercero   es   negativa.   [i]  La  Sala  de  Revisión  concluye  que  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura violó la libertad de  religión  del  accionante,  al  desconocer su derecho a guardar el sabath,   en   pro   de   una  finalidad  imperiosa,  por  usar  un  medio constitucionalmente prohibido para llegar a tal  fin.  [ii]  Por otra parte señalará que darle al accionante el mismo trato que  a  los  demás participantes del curso-concurso, con relación a las actividades  realizadas     durante     el    sabath,  sin  importar  que  ellos  no  profesen  tal  creencia y él sí,  conlleva  una violación al derecho a la igualdad, aun cuando ese trato igual se  realice  en  pro  de  alcanzar  un  fin  imperioso,  pues  se  trata de un medio  inadecuado  para  alcanzarlo.  No  tener  en  cuenta  la  creencia religiosa del  accionante  como  un  factor  relevante  para  considerarse  en  las  reglas del  concurso  vulnera  su  derecho  a  la  libertad  religiosa, amparándose en unas  reglas  comunes,  formalmente  igualitarias.  [iii] Finalmente se indicará  que  no  se  viola  el derecho a la igualdad del accionante al no darle el mismo  tratamiento  que  se  da  a  las  personas  que  presentan  excusas,  porque sus  situaciones  son  distintas,  hasta  el  punto  de  no  ser   comparables y  requerir reglas distintas.   

3.4. Para exponer las razones que llevan a la  Sala  de  Revisión  a  resolver  los  problemas  jurídicos  de  esta  forma se  indicará,  en primer lugar, el alcance de la libertad de religión a la luz del  orden   constitucional   vigente,  particularmente  en  lo  que  respecta  a  la  protección  del  sabath  [ver  capítulo  4  de  las  consideraciones  de  esta  sentencia].  Posteriormente,  se  establecerá cuál es el grado del impacto que  las  medidas acusadas en la presente acción de tutela tienen sobre los derechos  fundamentales  del accionante [ver capítulo 5]. A continuación, se juzgará la  razonabilidad  constitucional  de  la  limitación  impuesta  a  la  libertad de  religión  [ver  capítulo  6]  y,  luego,  se  juzgará la razonabilidad de los  tratos  sin  diferenciación a los que el accionante es sometido, a pesar de sus  creencias  religiosas  [ver  capítulo 7]. Finalmente, la Sala indicará cuáles  son  las  órdenes  que  se  impartirán  en  el  caso  concreto, como medida de  protección  [ver  capítulo  8];  presentará  algunos comentarios acerca de la  labor  del  Consejo Superior de la Judicatura [ver capítulo 9], y resumirá las  decisiones adoptadas [ver capítulo 10].   

4.  La  libertad  de  religión  contempla el  derecho      de      una      persona      a     guardar     el     sabath,  en  razón  a sus creencias, sin  ser   sometido   a  restricciones  que  no  sean  razonables  ni  proporcionadas  constitucionalmente   

Fundándose en la Constitución Política y en  el  bloque  de constitucionalidad, la jurisprudencia constitucional ha defendido  en  varias  ocasiones  el  derecho  de  las personas que pertenecen a la Iglesia  Adventista     del     Séptimo     Día     a     guardar    el    sabath,  como día de descanso consagrado  a  Dios, y a que no se les obligue actuar en contra de dicha creencia, salvo que  se  trate  de  una  exigencia  constitucionalmente  razonable y proporcionada. A  continuación  la  Sala  presentará  las normas que consagran las libertades de  religión,  de  culto  y  de  conciencia;  en  primer lugar las constitucionales  (4.1.),  después  las  que hacen parte del bloque de constitucionalidad (4.2.),  luego  las  aprobadas  por  el  Legislador estatutario (4.3.) y, finalmente, las  reglamentarias  (4.4.). Posteriormente, se hará referencia a la protección del  sabath en la jurisprudencia  constitucional   (4.5.)   y   se   resume   lo   dicho  (4.6).      

4.1. La libertad de  religión,   de   culto   y   de   conciencia  en  la  Constitución   

4.1.1.  El  artículo  18 de la Constitución  contempla  la  libertad de conciencia como un derecho fundamental de aplicación  directa  e  inmediata.  Establece  que  nadie  será molestado por razón de sus  convicciones  o  sus  creencias.  Además,  advierte  que nadie será obligado a  revelar    sus    creencias,   ni   ser   “obligado   a   actuar   contra   su  conciencia”.41 Luego, el artículo 19 de la  Constitución  garan­tiza la  libertad  de cultos, también como un derecho fundamental de aplicación directa  e  inmediata,  en  virtud  del cual toda persona puede “profesar libremente su  religión”      y      “difundirla      en      forma     indivi­dual  y  colectiva”.  La  norma indica  también    que    todas    las   confe­siones    religiosas    e    iglesias    son    igualmen­te   libres  ante  la  ley.42   

4.1.2.  La jurisprudencia ha resaltado que el  texto   constitucional,  expresamente,  protege  el  ejercicio  de  la  libertad  religiosa  más  allá  del  fuero  interno de toda persona. La Constitución no  protege  las  creencias  religiosas  como  algo  del  ámbito  privado  de  cada  individuo  que  no  tiene  repercusiones  externas,  en  el  mundo, frente a los  demás. Al respecto ha señalado,   

“La libertad religiosa, garantizada por la  Constitución,  no  se detiene en la asunción de un determinado credo, sino que  se   extiende   a   los   actos   externos  en  los  que  éste  se  manifiesta.  Particularmente,  para  el  creyente  la  coherencia de su vida personal con los  dogmas  y  creencias  de su religión, reviste una importancia capital, hasta el  punto  de  que  ella  es  fuente  de complacencia o de inmenso sufrimiento en el  evento  de  que  por cualquier razón ella no se logre alcanzar. Si esto es así  sería  incongruente  que  el  ordenamiento de una parte garantizase la libertad  religiosa,  pero  de  otra  parte, se negase a proteger las manifestaciones más  valiosas  de  la  experiencia  religiosa,  como  la relativa a la aspiración de  coherencia  a  la que apunta el creyente entre lo que profesa y lo que practica.  Este  elemento  que  pertenece  al  núcleo  esencial  de la libertad religiosa,  define  igualmente  una facultad que es central a la libertad de conciencia, que  refuerza  si  se quiere aún más la defensa constitucional de los modos de vida  que   sean   la   expresión   cabal   de   las   convicciones  personales  más  arraigadas.”     43   

Las   creencias   religiosas,  sean  cuales  sean,44  tienen  impacto  en  las  acciones  de  los  individuos  y  en  su  desarrollo  con  los  demás;  pueden  conllevar  manifestaciones  de  carácter  colectivo  y  público.  Para  la Corte esta lectura no sólo es sugerida por el  propio   texto  constitucional,  sino  que  se  sigue  de  la  noción  misma  de  libertad  religiosa,  pues  ‘de poco o nada serviría  a  las  personas  ser  titulares formales de este derecho si él no implicara la  posibilidad  de  gozar  efectivamente de éste, es decir, de actuar de acuerdo a  las  creencias  que se profesen, que es lo que pretende un creyente.’45   

4.1.3. Frente a esta primera aproximación al  texto  constitucional,  valga  decir  que  la protección de las creencias en el  ámbito   interno   es  ilimitada.  El  Estado  no  puede  imponer  límites  al  pensamiento,  coartando o impulsando cierto tipo de creencias. Por el contrario,  las  manifestaciones externas de las propias creencias, sí encuentran límites.  Como  cualquier  otro  derecho  fundamental  de  un estado social de derecho, la  libertad  de  religión encuentra límites, y puede ser sometida a restricciones  razonables y proporcionadas.   

Teniendo  en  cuenta  que  de  acuerdo con el  artículo  93  de  la  Constitución,  los  tratados  y  convenios que reconocen  derechos  humanos,  no  susceptibles  de ser limitados en estados de excepción,  ‘prevalecen  en  el orden  interno’,   y   que   la  interpretación  de  los  derechos fundamentales consagrados en la Constitución  ha  de  hacerse  de  conformidad con los tratados internacionales sobre derechos  humanos   ratificados   por   Colombia,   la  jurisprudencia  constitucional  ha  fundamentado   sus   decisiones   también   en   las  normas  de  los  sistemas  internacional  e  interamericano de protección de los derechos humanos y en las  interpretaciones  que  de  las mismas han hecho los órganos designados para tal  efecto.  A  continuación,  se  expondrán algunos de los principales referentes  normativos  en  el  ámbito  internacional (4.2.1.) e interamericano (4.2.3.) de  los  derechos  humanos,  así  como  también  de las normas internacionales del  trabajo (4.2.2.).   

   

4.2.1.   Carta  internacional de derechos   

4.2.1.1.   El   artículo   18   del  Pacto  Internacional   de  Derechos  Civiles  y  Políticos  (PIDCP,  1966)46  también  contempla  una  amplia  libertad  de  religión  y de creencias, que se proyecta  sobre    el    mundo    exterior,    y    que    se    ejerce    individual    o  colectivamente.47   

4.2.1.2.  Como  lo  señalo  el  Comité  de  Derechos  Humanos  de  Naciones  Unidas  en  su  observación al artículo 18 en  cuestión,  este  consagra un derecho “profundo y de  largo     alcance”.48  Advierte  que los términos  ‘creencias’         y         ‘religión’  deben  entenderse  en sentido amplio,  por  lo  que  expresamente  advierte  que  su  aplicación  no  se  limita a las  religiones  tradicionales  o a las religiones y creencias con características o  prácticas  institucionales  análogas  a  las  de las religiones tradicionales.  Así  pues,  el  Comité  observa  que  esta  libertad  protege  “las  creencias  teístas, no teístas y ateas, así como el derecho  a      no      profesar     ninguna     religión     o     creencia”.49   Por   supuesto,  también  contempla  el  derecho  a  cambiar  las  creencias  que se profesan.50   

4.2.1.3.   Las   normas   internacionales  expresamente  protegen  la posibilidad de que las personas realicen las acciones  propias  que  se  derivan  de  sus  creencias, así como también, que tengan la  posibilidad  de abstenerse de realizar acciones que las contraríen. La libertad  de  manifestar la propia religión o las propias creencias puede ejercerse, como  el    propio   Pacto   lo   señala   ‘individual   o   colectivamente,   tanto   en   público   como  en  privado’.  Al respecto, el  Comité   de  Derechos  Humanos,  observa  que  “la  libertad  de  manifestar  la  religión  o  las  creencias mediante el culto, la  celebración  de  los  ritos,  las  prácticas y la enseñanza abarca una amplia  gama  de  actividades.  El  concepto de culto se extiende a los actos rituales y  ceremoniales  con los que se manifiestan directamente las creencias, así como a  las  diversas  prácticas  que son parte integrante de tales actos, comprendidos  la  construcción  de  lugares  de  culto,  el  empleo  de  fórmulas  y objetos  rituales,   la  exhibición  de  símbolos  y  la  observancia  de  las  fiestas  religiosas     y     los     días     de    asueto.  […]”.51   

4.2.1.4.  Ahora bien, como cualquier derecho,  la   libertad   religiosa  también  tiene  límites  y  puede  ser  restringida  razonablemente.  El  Comité  de  Derechos  Humanos observa, por ejemplo, que de  acuerdo    con    el    propio    Pacto   (PIDCP,   art.   20)   “ninguna  manifestación de carácter religioso o de creencias puede  equivaler  a  la  propaganda  en  favor  de  la  guerra  o la apología del odio  nacional,  racial  o  religioso que constituya incitación a la discriminación,  la  hostilidad o la violencia.” En ese mismo sentido,  el  artículo  18  (num.  3)  permite  restringir  la  libertad de manifestar la  religión  o  las  creencias  con  el fin de proteger la seguridad, el orden, la  salud  o  la  moral  públicos, o los derechos y libertades fundamentales de los  demás,  “a  condición  de  que tales limitaciones  [i] estén prescritas por la  ley    y    [ii]   sean  estrictamente necesarias.”   

El Comité de Derechos Humanos observa que el  Pacto  proscribe  toda forma de discriminación contra los adeptos de religiones  distintas  a  la  mayoritaria o contra los no creyentes. En particular, advierte  que   algunas   medidas,   como   por   ejemplo,  aquellas  que  “imponen   limitaciones   especiales   a   la   práctica  de  otras  creencias  [distintas a la predominante], no  están  en  consonancia  con la prohibición de discriminación  por  motivos de religión o de creencias y con la garantía de igual protección  en    virtud    del    artículo   26.”52   

4.2.2.   Normas  Internacionales  del  Trabajo, protección de la libertad religiosa en contextos  laborales   

En la medida que en el presente caso se ponen  en    tensión    la    libertad    religiosa    del   accionante   ­–su  deseo  de guardar el sabath– y las  condiciones  impuestas  por  el  Consejo  Superior  de  la Judicatura para poder  llegar    a    ser    elegible    y   desempeñarse   como   juez   ––realizar     actividades     del  curso-concurso    durante    el   sabath–,  es  preciso  poner  de  presente las  normas  internacionales  del  trabajo  relevantes  para  el presente caso.    

4.2.2.1.  Desde  la Constitución misma de la  Organización  Internacional  del  Trabajo, OIT, en 1919, esta ha establecido la  necesidad  de  garantizar a todas las personas sus posibilidades de desarrollo y  un       trato      económico      equitativo.53   Esta   misión   de   la  institución  se  ha  materializado en muchas formas. Normativamente, se destaca  el   Convenio   111   de   la   OIT,  relativo  a  la  discriminación  en  materia  de  empleo  y ocupación,  adoptado   por   la   Conferencia   General   de  la  OIT  en  1958.54   Este  Convenio    cuenta   además   con   una   “herramienta   didáctica”,   una  “exposición  sustancial del Convenio y de la Resolución num.111” elaborada  por   la  Comisión  de  Cuestiones  Jurídicas  y  Normas  Internacionales  del  Trabajo,55  que  hace  parte del Estudio General del Convenio 111.56   

4.2.2.2.  Para  el  Convenio,  el  término  ‘discriminación’  comprende:  “(a) Cualquier distinción, exclusión o preferencia  basada  en  motivos  de  raza, color, religión, opinión política, ascendencia  nacional  u  origen social, que tenga por efecto anular o alterar la igualdad de  oportunidades  o  de  trato  en el empleo y la ocupación; y (b) cualquiera otra  distinción,  exclusión  o preferencia que tenga por efecto anular o alterar la  igualdad  de  oportunidades o de trato en el empleo u ocupación, que podrá ser  especificada  por  el Miembro interesado, previa consulta con las organizaciones  representativas,  de empleadores y de trabajadores, cuando dichas organizaciones  existan,  y  con  otros  organismos  apropiados”.57 De acuerdo con el estudio de  la  Comisión de Cuestiones Jurídicas esta noción de discriminación contempla  tres  elementos:  (i) “un elemento de hecho (la existencia de una distinción,  exclusión  o  preferencia  originadas  en  un  acto  o  en  una  omisión)  que  constituye  la  diferencia  de  trato;   (ii)  un motivo determinante de la  diferencia  de  trato,  y (iii) el resultado objetivo de tal diferencia de trato  (o  sea  la  anulación  o  alteración  de  la  igualdad  de oportunidades o de  trato)”.58   

Expresamente   se   excluye   del  concepto  discriminación  “las  distinciones, exclusiones o preferencias basadas en las  calificaciones    exigidas    para    un    empleo    determinado”59 y se aclara  que      “los      términos      ‘empleo    y    ocupación’,  incluyen  tanto el acceso a los medios de formación profesional,  y  la  admisión  en  el empleo y en las diversas ocupaciones, como también las  condiciones          de          trabajo”.60   

4.2.2.3.  De  acuerdo  al  estudio  de  los  contenidos   del   Convenio   111   de   la   OIT,   éste  protege  contra  las  discriminaciones  (i)  en  el  derecho  y  (ii) en la práctica, bien sean (iii)  directas        o       (iv)       indirectas.61   Se   entiende   que   una  discriminación  es  ‘en el  derecho’ cuando se adoptan  disposiciones  que  establezcan  distinciones  fundadas en criterios prohibidos.  Una  discriminación es ‘en  la  práctica’  cuando  el  comportamiento              ‘regular’ de una  autoridad  o  una  persona  conlleve  tratar  de  manera  desigual  a personas o  miembros  de  algún  grupo  que podrían gozar de los mismos derechos u obtener  las  mismas  ventajas,  basándose en algún criterio prohibido. Por otra parte,  las   discriminaciones  indirectas  “son  las  relacionadas  con  situaciones,  reglamentaciones  o  prácticas  aparentemente  neutras  pero  que, en realidad,  crean   desigualdades   con   respecto   a   personas  que  tienen  determinadas  características.   Tales  situaciones  surgen  cuando  idénticas  condiciones,  tratamientos  o  criterios  se  aplican  a todos pero sus consecuencias resultan  tener  un  impacto  sumamente  desfavorable en algunos por motivos basados en su  raza,  color,  sexo  o  religión,  y no resultan tener un vínculo directamente  relacionado  con  los  requerimientos del empleo”.62   

4.2.2.4.  Uno  de  los criterios ‘prohibidos’  por la Convención 111 de la OIT para  establecer  diferencias  de  trato entre las personas es la religión [lo que se  denomina         criterio        ‘sospechoso’ en  la  jurisprudencia  constitucional]. Al analizar la cuestión, el estudio acerca  de  la  Convención advierte expresamente que tener un día de descanso distinto  al  oficial  es,  precisamente,  una  de  las  razones  que  puede  dar  lugar a  discriminaciones  por  razones religiosas en el contexto laboral. Al respecto se  sostuvo lo siguiente,   

“Las obligaciones que imponen un oficio o  profesión  pueden  obstaculizar  el libre ejercicio de una práctica religiosa.  Así  ocurre,  por  ejemplo,  cuando  una religión prohíbe trabajar en un día  distinto  del  feriado  oficialmente fijado por la ley o la costumbre, cuando la  práctica  de  determinada  religión  prescribe  el  uso  de  una  indumentaria  particular  o  condiciones de trabajo particulares, o cuando el juramento que es  obligatorio  prestar  en el momento de la designación para un puesto de trabajo  determinado   es   incompatible  con  la  creencia  o  la  práctica  religiosa.  […]”63    

Ahora  bien,  para la Comisión de Cuestiones  Jurídicas  y  Normas  Internacionales  del  Trabajo  no  todo  obstáculo a una  práctica  religiosa  derivada  de  una obligación de carácter laboral implica  una  discriminación  necesariamente.  A  su parecer, “en tales casos, hay que  sopesar  entre  el  respeto del derecho de la persona que trabaja a practicar su  propia  fe o creencia y la necesidad de cumplir con las exigencias inherentes al  empleo  o  las  necesidades de la empresa.” Por ello advierte expresamente que  la  libertad de religión puede “restringirse dentro de los límites impuestos  por   el  principio  de  proporcionalidad,  procurando evitar las consecuencias arbitrarias en el empleo y la  ocupación,  [particularmente] en el sector público.” (acento fuera del texto  original).64    

4.2.2.5. El Convenio 111 de la OIT, junto con  otros  7  convenios  más,  fueron  incorporados  en  la  Declaración de la OIT  relativa  a  los  principios  y derechos fundamentales en el trabajo (1998), por  ser  considerados  fundamentales  en  una sociedad democrática y presupuesto de  los            demás            derechos.65   

4.2.3.   Carta  interamericana de derechos humanos   

El  artículo  12 de la Convención Americana  sobre    Derechos    Humanos,    Pacto    de    San  José  (1969), reconoce está libertad básicamente en  los  mismos térmi­nos que lo  hace   el   Pacto   Internacional   de   Derechos   Civiles   y   Políticos  de  1966.66  También  se  consagra  de  forma amplia, protegiendo los ámbitos  interno   y   externo,   y   las   manifestaciones  individuales  y  colectivas.  Expresamente,   el  Pacto  de  San  José  reitera  que la libertad de religión únicamente podrá limitarse  mediante  medidas  (i)  prescritas  por ley, que sean (ii) necesarias para (iii)  alcanzar   los   fines   imperiosos   contemplados   en  el  Pacto  –a  saber,  la  seguridad,  el orden, la  salud  o  la  moral  públicos  o los derechos o libertades de los demás.    

4.3. Ley Estatutaria  del Derecho de Libertad Religiosa y de Cultos   

4.3.1. La Ley Estatutaria 133 de 1994, por la  cual  se  desarrolla  el derecho de libertad religiosa y de cultos reconocido en  el    artículo    19    de    la   Constitución,67  contempla  en  su artículo  6°    un    listado    no    taxativo   del   ámbito   de   protec­ción  del  derecho.  Se  indica cuáles  actos  estarían garantizados por la libertad religiosa y de cultos, tales como,  por  ejemplo,  profesar  la  religión  que  se  desee,  cambiarla o no profesar  ninguna;   practicar  actos  de  culto;  conmemorar  las  festividades  sin  ser  perturbados   o   reunirse   y   manifes­tar públicamente su religión.   

4.3.2.  La  ley estatutaria, al igual que las  demás  disposiciones  antes  citadas,  reconoce expresamente que la libertad de  religión,   en  lo  que  se  refiere  a  sus  manifestaciones  externas,  tiene  límites.68  El  parágrafo  primero del artículo 4° se ocupa de la cuestión  en los siguientes términos:    

“El  ejercicio de los derechos dimanantes  de  la  libertad religiosa y de cultos, tiene como único límite la protección  del  derecho  de  los demás al ejercicio de sus libertades públicas y derechos  fundamentales,  así  como  la  salvaguarda de la seguridad, de la salud y de la  moralidad  pública, elementos constitutivos del orden público protegido por la  ley     en    una    sociedad    democrática.”69   

4.3.3.  La Corte ya ha resaltado en el pasado  que  esta  disposición  legal  estatutaria impone un importante requisito a las  limitaciones  a  la  libertad  de  religión  y de cultos, a saber, éstas deben  concordar     con     el     espíritu     propio     de     una    ‘sociedad    democrática’.  Al  respecto  la  Corte  señaló lo  siguiente,   

“[…]  En esencia la norma reitera lo ya  contem­plado   por  los  instrumentos   internacionales,   agregando  un  elemento  cualitativo  de  suma  importancia  para  juzgar  las limitaciones establecidas en las leyes, v.gr., el  concepto   de   “sociedad  democrática”.   Por   ejemplo,  las  limitaciones  no  pueden  ser  las  que  impondría  una  ley  en  un  régimen  autoritario  o  totalitario: únicamente  podrán  aceptarse  aquellas que tiene cabida al interior de una “sociedad  democrática”. Este elemento  cualitativo,  contextual  y  sustancial que exige apreciar el carác­ter  democrático de una limitación a  una  libertad  básica, se inspira en la Convención Europea y la jurisprudencia  de   la   Corte   Europea   de   Derechos  Humanos.70    Una    característica  esencial  de  las  sociedades  democráticas  es  la  tolerancia  religiosa y el  respeto      al      pluralismo     cultural.”71   

4.4. Decreto 354 de  1998 del Gobierno Nacional   

Mediante el Decreto 354 de 1998 se aprobó el  Convenio  de  Derecho  Público  Interno  número  1  de  1997,  entre el Estado  colombiano   y   algunas  Entidades  Religiosas  Cristianas  no  Católicas.  El  Convenio,  celebrado  entre  otras  con la Iglesia Adventista del Séptimo Día,  contempla  un  artículo  adicional  para  proteger el derecho de sus miembros a  guardar  el  sabath. Dice la  norma en cuestión:   

“Artículo  adicional  para  la  Iglesia  Adventista del Séptimo Día.   

Con  el  fin  de hacer efectiva la libertad  religiosa  y  de  cultos,  establecida  en  el  artículo 19 de la Constitución  Política, el literal b) del artículo 6o. de la Ley 133 de 1994:   

a)  El  descanso  laboral semanal, para los  fieles  de  la  Iglesia  Adventista  del  Séptimo Día, cuyo día de precepto o  fiesta  de  guarda,  es  decir  el sábado, podrá comprender, siempre que medie  acuerdo  entre  las  partes, desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta  del sol del sábado, en sustitución del que establezca las leyes.   

b)  Los  alumnos  fieles  de  la  Iglesia  Adventista  del  Séptimo  Día,  que  cursen  estudios en centros de enseñanza  públicos  y  privados,  siempre  que  medie  acuerdo entre las partes, estarán  dispensados  de la asistencia a clase y de la celebración de exámenes desde la  puesta  del  sol  del  viernes  hasta la puesta del sol del sábado, a petición  propia o de quienes ejerzan la patria potestad o tutela.   

c)  Los  exámenes  o  pruebas  selectivas  convocadas  para  el  ingreso  o  cargos  de  las  Instituciones  del Estado o a  Instituciones  educativas, que hayan de celebrarse durante el período de tiempo  expresado   en   los  literales  anteriores,  serán  señalados  en  una  fecha  alternativa  para  los fieles de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuando  no haya causa motivada que lo impida.”   

4.5. La protección  del    sabath   en   la  jurisprudencia constitucional   

La jurisprudencia constitucional ha defendido  en  varias  ocasiones  el  derecho  de  las personas que pertenecen a la Iglesia  Adventista     del     Séptimo     Día     a     guardar    el    sabath,  como día de descanso consagrado  a  Dios, y a que no se les obligue actuar en contra de dicha creencia, salvo que  se  trate  de  una exigencia constitucionalmente razonable y proporcionada. Esta  posición  se  construye  con el desarrollo jurisprudencial, en especial, cuando  se  imponen  cargas  académicas  o  laborales  que  entran en conflicto con tal  derecho.   A   continuación  se  expone  la  evolución  de  la  jurisprudencia  constitucional  en  esta  materia,  resaltando  sus  aspectos más relevantes, a  propósito del caso de tutela bajo análisis.    

4.5.1.  La  jurisprudencia ha indicado que la  protección  constitucional  de  las propias creencias parte del supuesto de que  estas           sean           ‘profundas’  y  ‘serias’,              ‘no      acomodaticias’.  En  tal  medida,  quien  reclama  la  protección  de  tutela  no  debe  usar  sus  creencias  como pretexto, de forma  estratégica  y  coyuntural. Este criterio fue fijado por la Corte en un caso, a  propósito   de   la   protección   a  la  libertad  de  religión,72 y reiterado  en  varias  ocasiones,  entre ellas, precisamente, con ocasión de una solicitud  de  tutela del derecho a guardar el sabath.73    

4.5.2.   La   protección  de  las  propias  creencias,  bien sean religiosas o de otro tipo, no sólo es con relación a sus  manifestaciones  positivas,  también  contempla  la posibilidad de no tener que  revelarlas.  Toda persona tiene derecho a hacer públicas sus creencias y actuar  según  ellas  o,  por el contrario, a no revelarlas y mantenerlas en su ámbito  privado.  La jurisprudencia ha señalado categóricamente que en “Colombia  el  derecho  a  no  creer y a no revelar las convicciones  más  íntimas  y  profundas  es tan sagrado como el derecho a creer, a profesar  las      creencias     y     a     divulgar     las     convicciones.”74   

4.5.3. El primer caso que se le planteó a la  Corte  Constitucional  con  relación  al  derecho  a  guardar  el  sabath,  por  parte  de  las personas que  forman  parte  de  la  Iglesia  Adventista del Séptimo Día, se presentó en el  contexto  educativo. En la sentencia T-539A de 1993, se decidió que una entidad  de  educación  superior (Universidad del Sinú) no había violado el derecho de  una  estudiante adventista, al haberse negado a modificar las cargas académicas  que      se      le     habían     impuesto     durante     el     sabath.75  La  Corte consideró que la  entidad  tenía  la  competencia  legal y administrativa para fijar las horas de  clase  en  ese  momento  y  que  la  finalidad  pretendida  con dicha medida era  legítima.76        

Esta  decisión se adoptó el 22 de noviembre  de  1993,  antes de que el Congreso de la República aprobara la Ley estatutaria  sobre  la  libertad  religiosa  y de cultos (del 23 de mayo de 1994) y de que el  Gobierno  Nacional  dictara  el  Decreto  354 de 1998 (febrero 19), por  el  cual  se  aprueba  el Convenio de Derecho Público Interno  número  1  de  1997,  entre el Estado colombiano y algunas Entidades Religiosas  Cristianas  no  Católicas,  al  que se acaba de hacer  referencia.77   Adicionalmente,  sin  evaluar  si  la  limitación  impuesta  era  razonable  y proporcionada, constitucionalmente. En efecto, ese fue el argumento  del  salvamento  de  voto, que consideró que la entidad accionada había optado  por  un  medio irrazonable, en tanto innecesario, y desproporcionado, por cuanto  se  contaba con otros medios menos lesivos que no implicaban mayor carga para la  entidad                  accionada.78    

4.5.4.  Posteriormente,  la  jurisprudencia  constitucional  resolvió  algunos  casos,  en  los  cuales, si bien reiteró su  defensa  de  que  a  toda  persona  se  le  forme  en el respeto a los valores y  símbolos    de   la   República   de   Colombia,79     la     jurisprudencia  constitucional  afianzó  la  defensa  del  goce  efectivo  de  la  libertad  de  religión  y  de  conciencia,  en  especial,  en el contexto de una sociedad  democrática. Así, por ejemplo,  en  la  sentencia  T-588  de  1998  se  tuteló  el  derecho  de dos estudiantes  escolares  a  no  tener  que practicar ciertas danzas, por ser una actividad que  respondía  a  fines pedagógicos legítimos, pero que se convertía en un medio  innecesario  e  inadecuado, en virtud de sus creencias religiosas (eran miembros  de  la  Iglesia  Pentecostal  Unida  de  Colombia).80   

4.5.5. En la sentencia T-982 de 2001 la Corte  Constitucional     decidió     que    “el  derecho  fundamental a la libertad  religiosa  de  toda  persona,  incluye  la  protección  de  guardar  un día de  descanso     para     la     adoración     de    Dios    cuando    (i)   éste   constituye   un   elemento  fundamental    de    la    religión    que    se    profesa    y   (ii) la creencia de la persona es seria y  no                 acomo­daticia”;  adicionalmente, decidió que  éste  derecho  “no  puede  ser  desconocido por el  patrono  imponiendo  horario  de  trabajo  el día de adoración, cuando existen  medios   alternativos   a   su   alcance  menos  onerosos  para  la  libertad  y  proporcionados       al       bene­ficio   buscado  por  él.”81 Teniendo en  cuenta  que  la  accionante  formaba parte de la Iglesia Adventista del Séptimo  Día,  que  a  partir  de los hechos del caso se podía concluir que su creencia  era    ‘sería   y   no  acomodaticia’  y  que  la  decisión  del  empleador  restringía sin necesidad82               y  desproporcionadamente83  su  libertad  religiosa, la  Corte  resolvió  ordenar  el  reintegro  de  la accionante, así como también,  “reconocer   el  derecho  que  tiene  [el  empleador]  para  reasignar las tres  horas      adicionales      [legales      a     la  accionante], siempre y cuando no se haga en el tiempo  comprendido  entre  la  puesta  del  sol  del  viernes  y  la puesta del sol del  sábado”.84  Para  la  Corte  “no  puede  desconocerse  la libertad  religiosa   en   virtud   del   ejerci­cio  de  la  facultad  legal  que  tiene el empleador para fijar el  horario,  cuando la finalidad buscada por éste al ejercerla puede obtenerse por  una    vía    menos    onerosa    para    la   libertad   religiosa”.85  De  esta  forma  se  garantizó  el  goce  efectivo  del  derecho de la accionante a  guardar          el         sabath.   

4.5.6.  Las  siguientes  ocasiones  en que la  protección    a   guardar   el   sabath  se  aplicó, fue en el ámbito educativo. En la sentencia T-026 de  2005  se  resolvió,  entre  otras  cosas,  tutelar la libertad religiosa de una  estudiante       adventista      y,      en      consecuencia,      ordenar al director del Servicio Nacional  de  Aprendizaje  SENA  regional  Valle,  Santiago de Cali, que en el término de  cuarenta  y  ocho  horas,  presentara alternativas de acuerdo con la estudiante,  para  determinar  la manera en que serían recuperadas las horas académicas que  son    dictadas    durante   el   Sabath.86   En  esta  oportunidad,  la  Corte  decidió  que  “el  ámbito de protección constitucional del derecho a la libertad  religiosa  de  las  personas que pertenecen a la iglesia adventista del séptimo  día,  comprende  el  derecho  a que tanto las instituciones educativas como los  lugares  donde  laboran,  tomen  en  consideración la santidad del Sabath   para   los   mismos”.87   En  tal  sentido,  la  Corte  decide  que “[las] negativas absolutas de las  directivas  de  los  planteles  educativos  a  tomar en consideración fórmulas  alternativas  de arreglo para recuperar el tiempo y las labores realizadas en el  Sabath,   vulnera,   en  principio  el  derecho  a  la  libertad  religiosa de los miembros de la iglesia  adventista   del   séptimo   día   amparable   por  medio  de  la  acción  de  tutela”.88   

4.5.8.  La siguiente ocasión en que la Corte  se    pronunció    sobre    el    derecho    a    guardar    el    sabath  fue,  nuevamente,  en el contexto  laboral.  En la sentencia T-327 de 2009, la Corte decidió reiterar la sentencia  T-982  de  2001  y  tutelar  los  derechos del accionante, por considerar que el  empleador  había  limitado  irrazonable  y  desproporcionadamente  su  libertad  religiosa,   al   imponerle   innecesariamente   cargas   laborales  durante  el  sabath.92    En  consecuencia,  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia,  se  resolvió proteger los  derechos  del accionante ordenando a la entidad accionada  (i) reintegrarlo  “sin  solución  de  continuidad,  y  con  el  pago  retroactivo  de  todas  sus  prestaciones  sociales”, advirtiendo que “[del]  valor  de  los  salarios  y  demás  prestaciones  dejadas  de  percibir  por el  demandante  se  deberá  compensar  el monto de la liquidación recibida por él  como  consecuencia del despido, de acuerdo a lo señalado en la parte motiva”,  y  (ii)  “ordenar  que  en  adelante,  permitiera  al accionante disfrutar del  sabath, como parte integral  de  su  derecho  fundamental  a la libertad religiosa […], pudiendo establecer  acuerdos  para  la  compensación  de  las  horas  no  laboradas”.93   

4.5.9. Finalmente, valga decir que estos casos  han  sido  considerados  expresamente por la jurisprudencia constitucional, como  ejemplos   de   aplicaciones   de   la  objeción  de  conciencia   en   los   ámbitos   laboral  y  de  la  educación.94   

4.6.           Resumen   

De  acuerdo  con  los referentes normativos y  jurisprudenciales   del  orden  constitucional  vigente,  la  Sala  resalta  los  siguientes aspectos:   

          (1)  Las  libertades  de  religión,  de  culto  y de conciencia son  derechos  constitucionales fundamentales de aplicación directa e inmediata, que  protegen  de  forma amplia todo tipo de creencias, pues, en Colombia, el derecho  a  no  creer  y  a  no revelar las convicciones más íntimas y profundas es tan  sagrado  como  el  derecho  a  creer,  a profesar las creencias y a divulgar las  convicciones.   

(2)  Las libertades de religión, de culto y  de   conciencia   protegen   el   fuero   interno  de  forma  ilimitada,  y  sus  manifestaciones  externas  y  colectivas  dentro  de  los  límites razonables y  proporcionados, en el contexto de una sociedad democrática.   

(3)   Están   proscritas   todo  tipo  de  discriminaciones   con   base  en  las  creencias  religiosas,  el  culto  o  la  conciencia;  bien  sea  que éstas se den en las normas o en la práctica, o que  sean  directas  o  indirectas  [ver sección 4.2.2.]. Son considerados criterios  sospechosos  de  distinción  y, en cualquier caso, únicamente podrá limitarse  mediante  medidas  (i)  prescritas  por ley, que sean (ii) necesarias para (iii)  alcanzar los fines imperiosos.   

(4)  Una obligación laboral o académica es  un  obstáculo a una práctica religiosa cuando no es razonable ni proporcionada  constitucionalmente.  En  tales  casos debe ponderarse el respeto del derecho de  la  persona  que  trabaja  a practicar su propia fe o creencia y la necesidad de  cumplir  con  las exigencias inherentes al empleo, las necesidades de la empresa  o del proceso educativo que adelante.   

(5)  El  derecho  fundamental  a la libertad  religiosa  de  toda  persona,  incluye  la  protección  de  guardar  un día de  descanso   para   la  adoración  de  Dios  cuando  tal  creencia  (i)  constituye un elemento fundamental de  la   religión   que  se  profesa  y  (ii)   es   seria  y  no  acomo­daticia.  No puede ser desconocido por el patrono imponiendo horario  de  trabajo  el  día  de  adoración,  cuando  existen medios alternativos a su  alcance  menos  onerosos  para  la libertad y proporcionados al bene­ficio buscado.   

(6)  Concretamente, en virtud de la libertad  religiosa,  propia  de  una sociedad democrática, las personas que pertenecen a  la  Iglesia  Adventista  del  Séptimo  Día  tienen  el  derecho  a  guardar el  sabath,   como   día  de  descanso  consagrado a Dios, y a que no se les obligue actuar en contra de dicha  creencia,  salvo  que  se trate de una exigencia constitucionalmente razonable y  proporcionada.   El  juicio  de  razonabilidad  de  las  restricciones  a  estas  libertades  es  estricto,  es decir, sólo se aceptarán en cuanto (i) propendan  por fines imperiosos,  (ii) mediante medios necesarios.   

          (7)   La   libertad   religiosa  y  de  conciencia  debe  protegerse  especialmente,  cuando de su ejercicio se conviertan en obstáculos para ejercer  derechos  fundamentales  tales como la educación o el trabajo, sobre todo si se  trata  labores  que  impliquen  el ejercicio de funciones o cargos públicos. En  tales casos es susceptible que presenten objeción de conciencia.   

          (8)      El      derecho      a      guardar     el     sabath  está  especialmente protegido en  el  ámbito  laboral,  el  cual  se tendrá como día de descanso; en el ámbito  académico,  para  dispensar  a  quienes  estén estudiando de asistir a clase y  celebrar  exámenes  en  tal  día;  y  en  los  exámenes  o pruebas selectivas  convocadas  para  el  ingreso  o  los cargos de las Instituciones del Estado o a  Instituciones  educativas.  En  todos  estos  casos deben brindarse alternativas  para  la  presentación  de  dichas  pruebas  en  un  momento distinto al tiempo  comprendido  entre  la  puesta  del  sol  del  viernes  y  la  puesta de sol del  sábado.   

          (9)  Las  negativas  absolutas  de  las  directivas de los planteles  educativos  o  de  los  patrones  o  instituciones  correspondientes  a tomar en  consideración   fórmulas   alternativas   de   arreglo   para   recuperar  las  obligaciones,  el  tiempo  y  las  labores  realizadas en el Sabath, vulnera, en  principio,  el  derecho  a  la  libertad religiosa de los miembros de la iglesia  adventista   del   séptimo   día,   amparable  por  medio  de  la  acción  de  tutela.   

          (10)  Cuando  una persona ha sufrido una violación a sus derechos a  la  educación,  al  trabajo  o la posibilidad de desempeñar funciones y cargos  públicos,  el  juez  de  tutela debe adoptar las medidas adecuadas y necesarias  para  restablecer  los  derechos  y garantizar su goce efectivo; como ordenar el  reintegro  y  el  pago  oportuno  de  las  correspondientes  prestaciones que se  adeuden,  o  como ordenar que se pacte con la persona una fecha en la cual pueda  realizar    las   actividades   alternativas   académicas   o   laborales   que  correspondan.    

5.  Héctor  Fernando Duarte Solórzano tiene  una  creencia  religiosa  seria en su deber de guardar el sabath, cuya práctica  impone un alto costo en sus derechos laborales y políticos   

El señor Solórzano Duarte es un miembro fiel  y   activo   de  la  Iglesia  Adventista  del  Séptimo  Día  que  santifica       el      sabath   en   cumplimiento   del  cuarto  mandamiento     de     la     Ley     de    Dios.95  En consecuencia, no realiza  actividades  de  carácter  laboral  o educativo durante este día de la semana.   

5.1. La creencia del accionante es sería y no  acomodaticia, como lo muestran con claridad los hechos del caso.   

5.1.1.  En  primer  lugar,  al  conocer  las  obligaciones     que     debería     cumplir     durante     el    sabath,  con  ocasión del curso-concurso  para  ser juez de la República, manifestó a la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la Judicatura el conflicto que para él representaba cumplir tales  cargas,  por  lo  que  solicitó  que  se le ofreciera alguna alternativa que no  implicará  no  ejercer  su  libertad  de  actuar  de  acuerdo  a  sus creencias  religiosas  más  profundas.  Es decir, no se plegó a las exigencias impuestas,  sino  que  pidió  el respeto por sus derechos fundamentales.  Esto refleja  la  importancia  que ésta creencia tiene para él, pues las dificultades que su  postura pudieran acarrear nunca lo desanimaron.   

5.1.2. En segundo lugar, a pesar de la rotunda  negativa  del ente acusado a conceder la petición presentada por el accionante,  y  a  las  consecuencias  que  ello  implicaría  (ser  excluido  del proceso de  selección  de  jueces),  el  accionante  se  rehusó  a  dejar  de  guardar  el  sabath  y a cumplir con las  cargas  del  curso-concurso  que  le  habían  sido  impuestas.  En  efecto,  el  accionante  fue  viendo  cómo  poco  a  poco  las  graves  consecuencias  de su  inasistencia  a las actividades le iban siendo impuestas, hasta el punto en que,  firme     a     sus     creencias,    siguió    guardando    el    sabath   y,   a   la   vez,   reclamando  judicialmente la tutela de su libertad de religión.    

Vale la pena enfatizar que, en cualquier caso,  como  lo  ha  señalado  la  jurisprudencia  constitucional,  el hecho de que la  persona   que  invoca  la  tutela  judicial  hubiese  cumplido  con  las  cargas  académicas     o     laborales     impuestas     durante     el    sabath  en alguna ocasión, desatendiendo  los  mandatos  que le imponen sus creencias, no implicaría que éstas no fueran  firmes             ni            serías.96   

5.2.  Ahora  bien,  el  que  la  condición  religiosa  del  accionante  (a  saber, ser un adventista fiel y practicante) sea  una  aspecto  definitivo  para que no pueda participar en el curso-concurso para  la  selección  de jueces de la República, de acuerdo con la interpretación de  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior,  implica que el juez de tutela  está  llamado  a  examinar  con  atención  si se está incurriendo en un trato  discriminatorio.  El  deber  de  analizar  estrictamente  el  caso  surge de las  disposiciones  contempladas  anteriormente,  a partir de las cuales se establece  que  la  religión es una de las causas por las cuales suele discriminarse a las  personas  en  el  ámbito  laboral.  En tal sentido, la Constitución Política,  coincide  en calificar la religión como un criterio sospechoso y con base en el  cual  se  debe  estar  atento, por ser potencialmente discriminador.97   

5.3. Adicionalmente, en la medida en que no se  trata  de  una  religión  oficial,  sino  de  una religión minoritaria, que no  encuentra  debida  representación  en los espacios políticos, como el Congreso  de  la  República,  el  reclamo  de  tutela  de  sus  miembros  merece especial  atención.  Bien  sea  intencionalmente, bien sea como simple efecto de que unas  mayorías  políticas  hayan sido insensibles a los intereses y objetivos de las  minorías  y  los  hayan  desatendido  sin razones que lo justifiquen, existe un  mayor  riesgo  de  sus  libertades  y  sus  derechos  sean  desconocidos. En tal  sentido,  la  Constitución  advierte  que  el derecho a la igualdad conlleva un  compromiso    de    protección   mayor   para   los   grupos   minoritarios   o  marginados.98   

5.4.1.   Los  artículos  25  y  26  de  la  Constitución  contemplan,  respectivamente, el derecho al trabajo y la libertad  de  profesión  u  oficio.  La  primera  de  estas normas establece, entre otros  aspectos,  que  el  trabajo es un derecho “que goza de la especial protección  del  Estado”.  La segunda, consagra la posibilidad que tiene toda persona para  escoger   su   profesión   y  oficio,  libre  de  restricciones  ilegítimas  e  irrazonables.   Por  tanto,  como  lo  ha  señalado  la  propia  jurisprudencia  constitucional,  para identificar si una medida afecta el ejercicio de alguno de  estos  derechos,  resulta  necesario evaluar la razonabilidad y proporcionalidad  de la misma.99   

Estos   dos   derechos  se  ven  claramente  comprometidos  en el presente caso. En efecto, el obstáculo que representa para  el  accionante  realizar  las actividades del curso-concurso para ser juez de la  República,  se  constituye  en una barrera para poder desarrollar su profesión  de   abogado  dentro  de  la  judicatura.  Sus  posibilidades  de  aumentar  sus  conocimientos,  así como las de avanzar en su carrera profesional, accediendo a  ascensos  que  conlleven  mejores  condiciones  laborales,  se  ven notablemente  limitadas.   

5.4.2.  Por  otra parte el artículo 40 de la  Constitución  consagra  el  derecho  de todo ciudadano y ciudadana ‘a  participar  en  la  conformación,  ejercicio    y    control    político’.  El  goce efectivo de este derecho contempla, entre otras cosas la  posibilidad  de ‘acceder al  desempeño       de      funciones      y      cargos      públicos’  (numeral 7°). Dada la importancia de  este   derecho,   su   garantía   es   uno   de   los   fines   esenciales  del  Estado.100   

En  este caso la limitación que se impone al  accionante  también  es  importante. No se trata pues solamente del hecho de no  poder  ejercer libremente la propia profesión en el área y ámbito laboral que  se  desee.  Si  no que, por tratarse de la posibilidad de hacer parte de la rama  judicial,  específicamente, la decisión de la entidad acusada impide a Héctor  Fernando  Solórzano  Duarte  la posibilidad de ejercer el poder de iuris  dicto,  y  definir,  en  virtud de  este,  cómo  han  de ser aplicados y respetados los derechos y las obligaciones  de las personas.   

5.5.  En  síntesis,  la decisión de la Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la Judicatura que limita la libertad de  religión  del  accionante  y,  a  su juicio, le impone un trato discriminatorio  frente  a  los  demás  –a  saber,  no  adoptar las medidas adecuadas y necesarias para que pudiera cumplir,  en  horas  diferentes a las establecidas, con las cargas del curso-concurso para  la   elección   de   jueces   que   tendrían  lugar  durante  el  sabath–  impacta  en  alto  grado sus derechos fundamentales al trabajo, a la libertad de  escoger  y  ejercer  profesión  y a acceder al desempeño de funciones y cargos  públicos.  En  otras  palabras,  la  limitación a la libertad de religión del  accionante  compromete  derechos  constitucionales  de  forma importante, por lo  cual  es menester que el juez de tutela estudie, estrictamente, la razonabilidad  de esa limitación impuesta.   

Pasa  la  Sala  entonces,  a determinar si la  limitación  impuesta  por  la  entidad accionada a la libertad de religión del  accionante  es  razonable y proporcionada. En caso de ser una medida razonable y  proporcionada,  se  entenderá  que  es  constitucional,  de  lo  contrario,  se  entenderá  que  es  incompatible  con  la  Constitución  y  que se requiere la  protección  del  juez  de tutela. De forma análoga, y también con base en los  principios  de  razonabilidad y proporcionalidad, posteriormente se establecerá  si  esa  decisión  de  no  dar  un  trato  diferente  al  accionante, dadas sus  creencias   religiosas,   implica   violar  también  el  derecho  de  igualdad.   

6.  Se  viola la libertad de religión de una  persona  cuando  se  le  obliga  a  realizar actividades durante el día   consagrado   al   descanso,  como  requisito  para  participar  en  un curso-concurso para acceder al desempeño de  funciones  y  cargos  públicos, por ser un medio prohibido, salvo que éste sea  necesario    

La  Sala  de  Revisión  considera  que  la  decisión  de  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura y la  Escuela  Judicial  Rodrigo  Lara  Bonilla  impusieron  al  accionante, dadas sus  creencias  religiosas,  una  carga que no es razonable constitucionalmente, como  requisito  para  poder  cumplir  con  las exigencias del curso-concurso para ser  juez de la República.   

6.1.  La  medida  acusada   propende   por   un   fin   imperioso  constitucionalmente   

La Sala Administrativa del Consejo Superior de  la  Judicatura  consideró  que no podía atender la petición del accionante de  fijar   momentos   adicionales  para  las  actividades  del  curso-concurso  que  tendrían   lugar   durante   el   sabath,  debido  a  que  las  actividades  planeadas  en  el  IV  Curso de  Formación  Judicial son indispensables para que se desarrollen las habilidades,  las  competencias y los conocimientos que un juez de la República requiere para  poder           impartir          justicia.101  Forzoso  es pues concluir  que    éste   es   un   fin   imperioso  constitucionalmente.  Es  decir,  no  se  trata  de  una finalidad  simplemente  permitida  o  importante  para  la  Constitución Política. Es una  finalidad   por  la  que  obligatoriamente  tiene  que  propender  la  autoridad  encargada  de  la  elección y promoción de los jueces de la República. Es, de  hecho,  uno  de los fines centrales y prioritarios de Colombia, un estado social  y democrático de derecho.   

6.1.1.  En  efecto,  la  Asamblea  Nacional  Constituyente  promulgó  la  Constitución  Política entre otros motivos, para  ‘garantizar   un  orden  político,  económico  y  social  justo’   (preámbulo,   CP).   En  tal  sentido,  uno  de  los  fines  esenciales    del    Estado    es    ‘garantizar  la  efectividad  de  los principios, derechos y deberes  consagrados    en   la   Constitución’  (art.  2, CP). Uno de tales derechos es, precisamente, ser juzgado  ‘conforme   a   leyes  preexistentes  al  acto  que  se le imputa, ante un juez o tribunal competente y  con  observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio’,  en  todos  los  casos sin excepción  (art.  29,  inc.  2°,  CP).  La  Administración  de  Justicia  es una función  pública,  que  se  manifiesta  mediante  decisiones  independientes  (art. 228,  CP).102  La  Constitución  advierte  que en las actuaciones de la justicia  ‘prevalecerá  el derecho  sustancial’ (art. 228, CP).  Además,  establece  que corresponde al Consejo Superior de la Judicatura, entre  otras   cosas,  administrar  la  carrera  judicial  y  elaborar  las  listas  de  candidatos   para   la   designación  de  funcionarios  judiciales  (art.  256,  CP).   

El  Congreso  de la República, en calidad de  legislador  estatutario, precisó que la administración de justicia es la parte  de  la  función  pública encargada de ‘hacer   efectivos   los   derechos,   obligaciones,   garantías  y  libertades  consagrados en ellas, con el fin de realizar la convivencia social y  lograr  y mantener la concordia nacional’.103   Con tal propósito,  la     administración     de     justicia    debe    ser    (i)    pronta,       (ii)      cumplida    y    (iii)    eficaz  en  la  solución de fondo de los  asuntos   que   se   sometan   a  su  conocimiento.104   

6.1.2.  Este  fin imperioso constitucional de  lograr  formar y seleccionar los mejores jueces, para asegurar la vigencia de un  orden  justo en la República, es, precisamente el objetivo por el cual propende  el  IV  curso  de  formación  Judicial –   Promoción  2009.  Un  análisis  de  los  Acuerdos  de  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de la Judicatura que crean e implementan  este  curso-concurso  se inspiran en la Constitución Política de 1991, y en su  concepción de Estado Social y Democrático de Derecho.   

6.1.2.1.  Como  lo  dice  expresamente  el  demandante,  “[ni]  en  la  Ley  270 de 1996, ni en los Acuerdos en los que se  sustenta  la  accionada  para  negar mi petición, se señala la periodicidad de  las         sesiones         presenciales”.105  No son los Acuerdos de la  Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la Judicatura que han convocado a  los  concursos,  ni  el Acuerdo Pedagógico en el cual se basa el desarrollo del  curso-concurso,   los  que  entran  a  establecer  disposiciones  o  reglas  que  conlleven  desconocer  o  restringir  los  derechos  del  accionante,  directa o  indirectamente.  Por  el  contrario,  su  espíritu se nutre de la Constitución  Política.   

6.1.2.2.  Como  lo  indica  la  propia  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura, los acuerdos mediante los  cuales  se  establecieron  el  curso-concurso, fueron expedidos “en uso de las  facultades  constitucionales  y  legales,  en  especial  las  conferidas por los  artículos  162, 164 y 168 de la Ley 270 de 1996”.106   

6.1.2.3.  El  proceso  de selección para la  provisión  de  cargos  de  Funcionarios  de  la  Rama  Judicial,  que  la  Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la Judicatura acordó adelantar el 4 de  febrero             de             2008,107  contempla  23  tipos  de  cargos                  diferentes.108  El  proceso  de concurso,  abierto  y público, según el propio Acuerdo, supone dos fases; la primera, una  prueba  de  conocimiento  y  aptitudes,  y  la  segunda,  un Curso de Formación  Judicial.109    Este    curso    es   ‘semipresencial’,  en  los términos que se establezca en la “programación que se  entregará  a  los  participantes,  en  la  sede  o  sedes que determine la Sala  [Administrativa],   para   lo   cual   se   tendrá   en   cuenta,  entre  otras  circunstancias,  el  número  de  participantes y sus lugares de inscripción al  concurso.”110  Para aprobarlo, establece  el  mismo  Acuerdo,  “se  requiere  haber  asistido  al  menos  al  80% de las  actividades  presenciales  siempre  que las inasistencias, que no pueden superar  el  20%,  se  encuentren  debidamente  justificadas;  cumplir  todas  las cargas  académicas  y  las  prácticas  programadas; y obtener 800 o más puntos en una  escala   de   1   a   1000   en   cada   parte.”111   

6.1.2.4. Al finalizar el año 2008, el 18 de  noviembre,  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura adoptó  el  Acuerdo  Pedagógico  del  Curso  de  Formación  Judicial para Magistrados,  Magistradas,       Jueces       y       Juezas.112  A la luz de este Acuerdo,  el  objetivo  del Curso de Formación judicial, “[…] más allá de ser parte  de  un  proceso  de  selección  y  de  clasificación,  constituye  una valiosa  oportunidad   para   mejorar   la   Administración  de  Justicia,  mediante  el  fortalecimiento  y desarrollo en los y las aspirantes a ingresar o ascender como  funcionarios/as    judiciales,    de    competencias   propias   del   ejercicio  judicial”113   

6.1.2.5. Los objetivos específicos del Curso  de  Formación  judicial  son  6,  dentro  de  los  cuales vale la pena destacar  tres:   

“[2] Desarrollar capacidades y habilidades  para  la comprensión de los problemas jurídicos, para  la interpretación del  texto  jurídico,  para  el  análisis y valoración de las pruebas y acrecentar  las   aptitudes   para   razonar   y   argumentar   de   acuerdo  con  criterios  lógicos.   

[3] Comprender y analizar el entorno humano,  económico  y  social  de  la  justicia,  para  efectos  de  adoptar  decisiones  judiciales idóneas y eliminen toda forma de discriminación.   

[4] Analizar la jurisprudencia  de las Altas  Cortes  y construir líneas jurisprudenciales sobre temas de especial relevancia  de  conformidad  con  la  Jurisdicción  y  al  área  que  agrupe los cargos de  aspiración”.114   

De  forma  especial, cabe resaltar que en el  Acuerdo  Pedagógico,  la  propia  Sala  Administrativa establece que uno de los  medios   para   lograr   los   fines  del  curso-concurso,  es  su  ‘compromiso’   como   Rama   Judicial.115   

6.1.2.6.  El  Acuerdo  Pedagógico  no sólo  establece  los  objetivos  a los cuales pretende llegar. También indica cuáles  son    los    ‘criterios  orientadores’ del Curso de  Formación  Judicial,  que  se  constituyen  ya  no en fines a alcanzar, sino en  reglas  de  medio,  estándares  de  cómo avanzar y cómo tomar decisiones a lo  largo  del desarrollo del curso. Cabe resaltar los nueve criterios contemplados,   

“5.  CRITERIOS  ORIENTADORES DEL CURSO DE FORMACIÓN JUDICIAL INICIAL   

   

El  IV Curso de Formación Judicial Inicial  estará orientado por los siguientes enunciados rectores:   

     

* Respeto  por  los  Derechos  Fundamentales  como pilares del Estado  Social de Derecho.     

     

     

* Respeto  por  la  dignidad  humana  y eliminación de toda forma de  discriminación     

     

* Consideración        de       la       diversidad       y       la  multiculturalidad     

     

* Visión pluralista y constructivista del conocimiento     

     

* Aproximación    sistémica,    integral    e    integrada   a   la  formación     

     

* Formación sistemática y participativa     

     

* Aprendizaje  autodirigido  y  semipresencial  con apoyo en modernas  tecnologías educativas     

     

* Orientación   hacia   el   o  la  usuario/a:  Mejoramiento  de  la  Administración        de        Justicia”.116     

6.1.2.7.  El  tipo  de formación por el que  propende  la  Escuela  Judicial,  como  lo  reconoce  el Acuerdo Pedagógico, es  integral,   sistemática  y  autodirigida.  La  cuestión  se  presenta  en  los  siguientes términos:   

“Así   mismo,   la   Escuela  Judicial  “Rodrigo  Lara Bonilla” vela porque la formación sea integral, sistemática  y  autodirigida,  considerando  al  y  la participante en todas sus dimensiones,  como  ser humano, como profesional y administrador/as de justicia, de manera que  los  programas respondan a las necesidades relacionadas tanto con el  área  del  saber  (para  saber  hacer),  conjunto  de conocimientos relacionados con los comportamientos implicados en la  competencia;  área  del saber hacer (para poder hacer), conjunto de habilidades  que  permiten  poner en práctica los conocimientos que se poseen; este elemento  permite  hablar  de  habilidades  técnicas,  habilidades  sociales, habilidades  cognitivas,  etc.  y  el  área  del  saber  ser  (para querer hacer), que es el  conjunto  de  aspectos motivacionales responsables de que la persona quiera o no  realizar  los  comportamientos  propios de la competencia; se logra a través de  un  proceso  pedagógico  y  metodológico diseñado específicamente y validado  con  la  misma  Rama  Judicial  a  lo largo de más de ocho años, que comprende  diversidad  de momentos educativos para que el y la discente logre por sí mismo  los objetivos propuestos.”   

6.1.2.8.   Finalmente  cabe  señalar  que  también  contempla  10 derechos específicos para todas las personas que estén  realizando  el  curso-concurso,  entre  los que cabe resaltar los tres primeros:  “Ser  tratados/as  como  corresponde  a  su  dignidad  humana.   ||   Expresar  sus  ideas.   ||   Ser  respetados/as  por  sus compañeros,  formadores/as,  tutores/as,  coordinadores/as y por las personas vinculadas a la  Escuela  Judicial  ‘Rodrigo  Lara      Bonilla’.  […]”.117   

6.1.3.  En  conclusión,  el fin por el cual  propende    la    Sala    Administrativa    del   Consejo   Superior–a  saber,  desarrollar las habilidades,  las  competencias y los conocimientos que un juez de la República requiere para  poder  impartir  justicia–,  al  adoptar  la  decisión  de  negar  la  petición  del  accionante, es un fin  imperioso  constitucionalmente. Por tanto, desde este el punto de vista de éste  primer   aspecto   del   análisis,  la  decisión  acusada  no  es  irrazonable  constitucionalmente.   

6.2.  La  medida  acusada emplea un medio prohibido   

El  medio  elegido por la Sala Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura –a  saber,  no  tomar  las  medidas  adecuadas  para permitir que una  persona  aspirante  a  juez  de  la República cumpliera con las actividades del  curso-concurso         realizadas         durante         el        sabath       en      un      momento  diferente–,  para alcanzar  el  fin  imperioso  propuesto, prima facie,  está  prohibido  dentro  del orden constitucional vigente y, por  tanto, es ilegítimo constitucionalmente.   

6.2.1.  En  efecto,  como  se  indicó en las  sentencias  T-026  de  2005,  T-448 de 2007 y T-044 de 2008, citadas previamente  [ver  sección  4.5. de las consideraciones de esta sentencia], las ‘negativas  absolutas de las directivas  de  los planteles educativos a tomar en consideración fórmulas alternativas de  arreglo  para  recuperar  el  tiempo y las labores realizadas en el Sabath,  vulnera, en principio el derecho  a  la  libertad  religiosa de los miembros de la iglesia adventista del séptimo  día    amparable    por    medio    de   la   acción   de   tutela’.118   

6.2.2.  Esta regla surge de la aplicación de  las  normas  constitucionales, las normas del bloque de constitucionalidad y los  acuerdos  celebrados entre la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en virtud de  los  cuales  “Los  exámenes  o  pruebas selectivas  convocadas  para el ingreso o cargos de las Instituciones del Estado  o a Instituciones educativas, que hayan  de  celebrarse  durante  el  período  de  tiempo  expresado  en  los  literales  anteriores,  serán  señalados  en  una fecha alternativa para los fieles de la  Iglesia  Adventista  del  Séptimo  Día,  cuando  no haya causa motivada que lo  impida.”   

6.2.3.  En  tal  medida,  decidir no hacer un  acuerdo  con un miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, para que las  actividades  a  las  que  tiene derecho, dada su participación en el concurso y  aprobación  de  las  fases  previas,  no  se realicen durante el sabath, es una  opción  proscrita  del  ordenamiento.  Las  entidades obligadas a respetar este  derecho  constitucional  no  pueden entrar a establecer si se debe o no respetar  el  sabath,  es  decir,  no  está  en discusión si se hace o no el acuerdo, lo que se ha de debatir son los  términos y las condiciones del mismo.   

6.3. La medida no es  un    medio   necesario   para   llegar   al   fin   buscado,   de   hecho,   es  contraproducente   

La  Sala  advierte  que  incluso en los casos  señalados  en  el  apartado  anterior, este medio prohibido en principio, puede  llegar  a  ser  excepcionalmente  razonable  si  se demuestra que es necesario e  indispensable  para  alcanzar  el fin imperioso propuesto. Para la Sala es claro  que el presente caso no es una de esas excepciones.   

6.3.1.  La  Sala  Administrativa  del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  no dio razones o argumentos orientados a demostrar  por  qué  las  actividades  del  curso-concurso que el accionante se rehusaba a  realizar  el  sábado,  tenían que desarrollarse necesariamente entre la puesta  del  sol  del  viernes  y  la  puesta del sol del sábado. A pesar de conocer su  especial  carga argumentativa, la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura  no  ofreció  argumentos  suficientes para justificar el por qué se  limitaba   la   libertad   de   religión   del  accionante,  impidiéndole,  en  consecuencia,  acceder  al  desempeño  de las funciones públicas que supone el  ejercicio del cargo de juez de la República.   

6.3.2. De hecho, las razones presentadas por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura nunca hacen  referencia  a  la  imposibilidad  de realizar esas actividades académicas fuera  del   sabath,  sino  a  la  supuesta  imposibilidad  jurídica  de  aceptar tal cambio porque el curso ya se  planeó  y  decidió  así,  a  conveniencias  logísticas,  y  porque acceder a  cambiar  las  condiciones  para  su caso, implicaría desconocer el derecho a la  igualdad  de  los  demás  participantes  (cuestión  que  se  analizará  en la  siguiente  sección).  El  tipo  de  metodología  por  el cual se optó en este  curso-concurso  es  el de semipresencial, con gran número de ayudas textuales y  virtuales.  Por  tanto, es inexplicable que no se hayan considerado alternativas  para  que  el  accionante  pudiera  cumplir  con  las  cargas  correspondientes.   

6.3.3.  Según  el  Acuerdo  Pedagógico, es  obligatoria   la   asistencia   de   al   menos   el   80%  de  las  actividades  presenciales,119  con  lo cual se evidencia  la  necesidad de que en efecto las personas participen de tales actividades. Por  ello se enfatiza de forma categórica:   

“[…]  es  OBLIGATORIA  LA  ASISTENCIA A  TODAS  LAS  ACTIVIDADES  PRESENCIALES DEL CURSO DE FORMACIÓN programadas por la  Escuela  Judicial  so  pena  de  no aprobarlo. Se exceptúan los casos de fuerza  mayor  siempre  que concurran las siguientes condiciones: (a) que se presente la  justificación  en  la  forma  y términos previstos en el presente acuerdo y en  forma  oportuna;  (b)  que  se hayan aceptado las justificaciones para todas las  inasistencias,  y (c) que no existiendo inasistencias injustificadas, la suma de  las  inasistencias  debidamente  justificadas  no  superen  el  20% de todas las  actividades presenciales del curso.”   

El   Acuerdo   aclara   las   causales  de  justificación,120  y reglamenta los casos en  los  que una persona, estando presente en una actividad del curso-concurso, deba  retirarse    antes    de    que   ella   concluya.121   

Ahora bien, el hecho de que sea necesaria una  asistencia  de  al  menos  el  80% de las sesiones presenciales, no justifica en  modo  alguno  que  no  se  puedan  considerar  medidas  alternativas para que el  accionante,  sin tener que dejar de ejercer su libertad religiosa, pueda asistir  a tales actividades.   

6.3.4.  El juez de primera instancia (la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá)  resaltó que “(…) la  respuesta  dada  por  la entidad accionada resulta insuficiente  por  sí  sola para definir (…)” la necesidad de la  medida.  No  obstante  consideró  que “(…) existe  suficiente    fundamento    para    pensar    que    dicha    necesidad    está  demostrada”.  Como  se  indicó  previamente  en los  antecedentes  de  esta sentencia [ver sección 4.3.], esta afirmación se fundó  en  dos  razones:  (i)  manejar  adecuadamente  los  recursos del curso-concurso  y  (ii) garantizar la igualdad a todos los participantes.   

La  primera  razón  no demuestra, de ninguna  manera,  que  sea necesario realizar las actividades académicas entre la puesta  del  sol  del  viernes  y  la  puesta  del  sol  del  sábado.  El  que  pudiese  considerarse  que  es  ‘más  adecuado’   tomar  dicha  decisión,  dada la planeación inicial del curso, de ninguna manera implica que  ésta  sea  necesaria  para  alcanzar  el  fin  propuesto.  Ahora  bien, podría  alegarse  que  dadas las limitaciones presupuestales, era preciso imponer dichas  restricciones  a  la  libertad  de  religión  del accionante. No obstante, esta  posición  no  es  de  recibo  por  esta  Sala  de Revisión, pues como ya lo ha  señalado  la  Corte,  las  limitaciones presupuestales de la Administración no  excusan  a  las  autoridades  de  su obligación de velar por garantizar el  goce  efectivo de los derechos fundamentales; “es al  momento  de  decidir,  cuando  la  administración  debe  tomarse  en  serio las  limitaciones  presupuestales,  no luego, cuando se pretende justificar con tales  limitaciones  la  imposibilidad  de  cumplir  la  obligación  de  corregir  una  decisión  mal  tomada, por cuanto no se consideró el impacto negativo de ésta  sobre     goce    efectivo    de    los    derechos    fundamentales”.122   

6.3.5.  Finalmente,  la  Sala  de  Revisión  considera  que  el  medio  además  de  ser innecesario es contraproducente para  lograr el fin propuesto.   

6.3.5.1. En efecto, como se indicó, el fin de  la  medida,  consiste en asegurarse que se cumplan estrictamente las actividades  programadas  por  el  curso-concurso,  como  forma  de asegurar que se cumpla el  objetivo  para  el  cual  fue  diseñado  el  mismo.  Como  se  resaltó, en los  términos  del  Acuerdo pedagógico, “más allá de ser parte de un proceso de  selección    y    de    clasificación”,    el    curso-concurso   busca   el  “fortalecimiento  y  desarrollo  en los y las aspirantes a ingresar o ascender  como   funcionarios/as   judiciales,   de  competencias  propias  del  ejercicio  judicial”   [ver   el   apartado   6.1.2.   de  las  consideraciones  de  esta  sentencia].    

6.3.5.2.  Ahora  bien, teniendo en cuenta los  objetivos  específicos  del  curso-concurso  [ver  apartado  6.1.2.5.  del  las  consideraciones  de  esta  sentencia] no se entiende de qué manera se considera  posible  que  la  medida  adoptada sea un medio adecuado para llegar a las metas  establecidas.  ¿De  qué  manera la medida de no llegar a un acuerdo respecto a  cómo  una  persona  perteneciente  a  la  Iglesia  Adventista del Séptimo Día  podía  cumplir con las cargas de un curso-concurso para desempeñar el cargo de  juez   de   la   República   puede   “desarrollar  capacidades      y     habilidades     para  la  comprensión  de  los  problemas  jurídicos,  para   la  interpretación  del  texto  jurídico,  para  el análisis y valoración de las  pruebas  y  acrecentar  las  aptitudes  para razonar y argumentar de acuerdo con  criterios  lógicos?  ¿De qué forma puede tal medida  permitir  “comprender y analizar el entorno humano,  económico  y  social  de  la  justicia,  para  efectos  de  adoptar  decisiones  judiciales   idóneas  y  eliminen  toda  forma  de  discriminación”?    ¿O    en    cómo    puede   tal   medida   “ayudar   a  analizar  la  jurisprudencia  de  las  Altas  Cortes  y  construir     líneas     jurisprudenciales     sobre    temas    de    especial  relevancia”?   

Por  el  contrario. La medida adoptada por la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de la Judicatura  (i) deja de  lado  una  adecuada interpretación de los textos constitucionales, en especial,  a  la  luz  del  bloque de constitucionalidad, (ii) promueve un análisis simple  del  caso,  que  no  lo argumenta en términos constitucionales, como es debido,  (iii)  es  una  decisión  que  desconoce  el  contexto social y cultural de las  personas    pertenecientes    a    una    religión   minoritaria   ­–la  Iglesia  Adventista  del Séptimo  Día–, y  (iv) en sí  misma,  se  convierte en un obstáculo para que los adventistas accedan al cargo  de  juez  de  la república, por lo que, lejos de impedir la discriminación, la  promueve.   Además,   (v)   es   una  decisión  que  analiza  parcialmente  la  jurisprudencia  aplicable  al  caso  ­–la       constitucional–  y  la  deja  de  lado  sin  mayores  argumentos.      

La  decisión  de  la Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  también  deja  de  lado los ‘enunciados     rectores’   del  curso-concurso  de  formación  judicial,  tal  como  fueron  establecidos  por  el  Acuerdo Pedagógico [ver el  apartado  6.1.2.6.  de  las  consideraciones  de  esta sentencia]. En efecto, la  medida   adoptada  (i)  pone  su  interpretación  estricta  de  las  reglas  de  asistencia    del    Acuerdo    pedagógico    por   encima   del   ‘respeto por los derechos fundamentales  como      pilares      del      estado     social     de     derecho’;  (ii)  no facilita la eliminación de  toda  forma  de  discriminación  en su contra; (iii) no considera la diversidad  religiosa  que  representan  sus  creencias; (iv) así como tampoco promueve una  visión pluralista del conocimiento.    

Por  lo  tanto, el medio adoptado por la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura está prohibido, y el  presente  caso  no  es  una  excepción  a  esa regla, pues el medio no sólo es  innecesario,  sino  que  es  inadecuado  para llegar al fin propuesto. De hecho,  impide alcanzarlo.   

6.4.           Síntesis   

Teniendo  en  cuenta  el orden constitucional  vigente,  la libertad de religión de una persona se viola cuando se le obliga a  realizar  actividades  durante  el  día consagrado al  descanso,   como  requisito  para  participar  en  un  curso-concurso  para  acceder al desempeño de funciones y cargos públicos, por  ser  un  medio  prohibido, salvo que éste sea necesario. Así pues, teniendo en  cuenta  que la decisión acusada en el presente proceso buscaba un fin imperioso  constitucionalmente,   pero  mediante  un  medio  prohibido  y,  en  todo  caso,  inadecuado  para  alcanzarlo,  la Sala de Revisión concluye que dicha decisión  resulta irrazonable constitucionalmente.   

El análisis de la restricción a la libertad  de  religión  del  accionante,  muestra  que  la  violación  a  su  derecho se  produciría  incluso  si el proceso de selección para el cargo al cual aspirara  sólo  lo estuviera realizando él. Es decir, sin importar el hecho de que otras  personas  estén  participando  en el proceso de selección o no, es irrazonable  constitucionalmente   desconocer   el   derecho   a   guardar   el  sabath  a una persona que tenga esa firme  y  seria  creencia,  dentro  de un proceso de selección para acceder a un cargo  público.   

A  continuación,  se analizará el cargo del  accionante  por  violación al derecho a la igualdad, lo cual supone comparar el  trato  que  se  le  impuso  con el exigido a las demás personas y establecer su  razonabilidad.   

7.  Se  viola el derecho a la igualdad de una  persona   cuando   se   le   obliga   a  realizar  algunas  actividades,  de  un  curso-concurso  para  acceder  a  un  cargo  público,  durante  el día   consagrado  al  descanso,  en  las  mismas  condiciones  que se obliga a las personas que no comparten sus creencias  y  participan  en  el  mismo  proceso  de  formación  y selección.     

7.1.   Juicio  constitucional  de  la  razonabilidad  de un trato igual o diferente; el test de  igualdad   

7.1.1. El hecho de que al accionante se le dé  el  mismo  trato  que  a  todas  las  otras  personas  no  implica  que se esté  respetando  el  derecho  a  la  igualdad,  pues  éste,  ni  en  su formulación  clásica,  se entiende asegurado por el hecho de que a cualquiera se le trate de  la  misma  forma,  valga  decir,  se  le  trate  igual.  Como lo ha señalado la  jurisprudencia  desde un inicio, la concepción básica del concepto de igualdad  supone  que ‘hay que tratar  igual     a     lo     igual    y    desigual    a    lo    desigual’.123  Así  pues,  no basta con  que  se  trate  a  todas  las  personas  igual  para demostrar que se respeta la  igualdad,  puesto  que  puede  tratarse de un caso en que la igualdad demandaba,  precisamente,  tratos distintos. En tal sentido no es suficiente justificación,  demostrar  el  simple  hecho  de  que a todas las personas se les está tratando  igual.  En  caso de que existan razones para considerar que a alguna de ellas, o  varias,  debería  recibir  un  trato diferente, es preciso establecer por qué,  constitucionalmente es razonable tratarlas igual.    

7.1.2. Para establecer si un trato diferente a  situaciones  que  deberían ser tratadas igual es constitucional, o lo contrario  –establecer  si  un  trato  igual    a    situaciones    que    deberían    ser    tratadas   desigual   es  constitucional–,    la  jurisprudencia  constitucional ha desarrollado una metodología de análisis que  suele  denominarse  ‘juicio  de  igualdad’ o ‘test     de     igualdad’.  Esta  forma de análisis consiste en  aplicar  los  criterios  de  razonabilidad y proporcionalidad en el contexto del  derecho     a     la     igualdad.    Siguiendo   algunas   de   las   primeras  decisiones  de  la  Corte  Constitucional,124 la sentencia C-022 de 1996  estableció  los parámetros básicos del juicio o test de igualdad,125   los  cuáles   han   sido   precisados   y   desarrollados   en   algunas  decisiones  posteriores.126   

7.1.3.   De  acuerdo  con  los  parámetros  jurisprudenciales  para determinar si la decisión de la Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura de dar el mismo trato al accionante que al  resto  de  los  participantes  del  curso-concurso  de  formación  judicial  es  discriminatorio   y,  por  tanto,  inconstitucional,  supone  en  primer  lugar,  responder  tres  preguntas.  Las  tres  cuestiones  han  sido  planteadas  así:  “¿igualdad  entre  quiénes?, ¿igualdad en qué?,  ¿igualdad  con  base  en qué criterio?”127  Las  dos  primeras  cuestiones  son meramente fácticas. Una supone establecer cuáles son  los  grupos  a  comparar  y  la  otra, el aspecto con relación al cual se da el  trato  diferente  o,  como  en  este  caso,  el trato igual. La tercera pregunta  supone   establecer   el   criterio   empleado   y   valorar   su  razonabilidad  constitucional,  para  lo cual la jurisprudencia constitucional se ha valido del  juicio   o   test  de  igualdad.  De  acuerdo  con  la  jurisprudencia     esté     test     “[…]  es una guía metodológica para dar respuesta a la tercera  pregunta  que  debe  hacerse  en  todo  problema relacionado con el principio de  igualdad,  [a  saber]: ¿cuál es el criterio relevante para establecer un trato  desigual?  o,  en otras palabras, ¿es razonable la justificación ofrecida para  el   establecimiento   de   un  trato  desigual?”128   

7.1.4. La jurisprudencia ha indicado también  que  no todo juicio o test de igualdad tiene la misma intensidad. Este puede ser  más  o menos estricto, dependiendo de factores tales como por ejemplo, el grado  de  afectación  que el trato diferente –o  igual– supone  sobre  los  derechos  de  las  personas  afectadas.129   

7.1.5. En el presente caso, está comprometida  la  libertad  de religión del accionante, dentro de un proceso de selección de  jueces  de  la  República.  El  hecho  de que en esta situación no se tenga en  cuenta  la  religión  de  una  persona,  al  considerar  su  día consagrado al  descanso,  por una parte, el hecho de que la creencia religiosa en cuestión sea  minoritaria,  por  otra y, finalmente, el hecho de que la situación cuestionada  por  el  accionante  tenga  un  alto  impacto  sobre su derecho al trabajo y sus  libertades  de  ejercer  profesión  y  oficio y acceder al desempeño de cargos  públicos,   lleva  a  la  Sala  a  concluir  que  el  juicio  de  igualdad,  el  test, en este caso ha de ser  estricto.130   

   

7.2. Se discrimina a  una  persona cuando en el contexto de un curso-concurso se le trata igual que al  resto  de  personas,  sin  tener  en  cuenta  una creencia religiosa minoritaria  –guardar  el sabath como  día consagrado al descanso–   

7.2.1.  Como  se  indicó  al  plantear  los  problemas  jurídicos,  de  acuerdo con la acción de tutela y la respuesta a la  misma  de  la  entidad  acusada, es claro que existen dos posibles análisis con  relación  al derecho a la igualdad [ver sección 3.2. de las consideraciones de  esta  sentencia].  El primer tipo de comparación surge entre el accionante y el  resto  de  las  personas que participan en el curso-concurso y la segunda, entre  el  accionante  y las personas que participan en el curso-concurso y fueron, por  alguna razón, excusadas de alguna de las actividades obligatorias.   

7.2.2.  El primer problema jurídico relativo  al  derecho  a  la  igualdad  es  el  siguiente:  ¿se desconoce el derecho a la  igualdad  de un adventista (art. 13, CP) al obligarlo, al igual que a las demás  personas  que  participan  en un curso-concurso para acceder al cargo de juez de  la  República,  a  realizar  actividades durante el tiempo comprendido entre la  puesta  del  sol  del  viernes  y  la puesta del sol del sábado, a pesar de que  participar   en   ellas   implicaría  desconocer  su  creencia  de  guardar  el  sabath?   

7.2.3.  El problema reúne los tres elementos  básicos  que  se  requieren  para  poder  analizar  un  cargo por violación al  derecho     a     la     igualdad    –igualdad   entre   quiénes,   en   qué   y   con   base   en  qué  criterio–.  [1]  Los  dos  grupos  que  se  comparan  en este primer problema jurídico son los siguientes:  por  un  lado,  el  de  aquellas personas que participan en el curso-concurso de  formación  judicial  en  cuestión y que, por sus creencias religiosas, guardan  el  sabath, y por otro lado,  el  del  resto de las personas que participan en el curso-concurso.  [2] El  asunto  respecto  de  cual  se  comparan  estos dos grupos es con relación a la  obligación  de  participar  en las actividades comprendidas entre la puesta del  sol  del  viernes y la puesta del sol del sábado. Sobre tal cuestión es que la  Administración  ha  decidido dar un trato igual y es sobre tal cuestión que el  accionante  solicita que se le dé un trato diferente.  [3] En los casos en  los  que  una  persona  reclama  que  se  le  trate  igual  con  relación  a un  determinado  grupo  de personas y con relación a un determinado bien social, el  juez  ha de analizar la razonabilidad del criterio con base en el cual se somete  a  dicha  persona a un trato diferente. Ahora bien, en aquellos casos en los que  una  persona  no  reclama  un trato igual, sino un trato diferente, no existe un  criterio  diferenciador  que  someter  a  análisis. Lo que se ha de analizar en  estas  situaciones es la razonabilidad de la decisión de no tener como criterio  diferenciador  el  invocado por quien presenta el reclamo de tutela. El criterio  que  el  accionante considera que la Sala Administrativa del Consejo Superior de  la  Judicatura  ha  debido  tener  en  cuenta como relevante para darle un trato  distinto,   con   relación   al   deber  de  realizar  las  actividades  de  un  curso-concurso  para  la  formación  y  selección  de jueces de la república,  durante  la  puesta del sol del viernes y la puesta del sol de sábado, es el de  ‘creer   en   el   deber  religioso    de    guardar   el   sabath’.  Para el accionante, quienes cumplan  tal  requisito  deberían  recibir un trato diferente del que reciben quienes no  lo  cumplen.  Para  la  entidad  accionada, por el contrario, tal criterio no es  relevante constitucionalmente para dar un trato diferente.    

   

7.2.4. La decisión de la Sala Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  de  no  dar  un  trato  diferente al  accionante  busca  el  fin de  garantizar  la  igualdad  entre  todos  los participantes del curso-concurso. El  propósito  de la entidad, según sus participaciones dentro de este proceso, es  lograr  garantizar  la  equidad  en  el  proceso;  impedir que se den ventajas a  algunos  de  los participantes, o que se les impongan cargas a algunos de ellos.  Asegurar  que  a  todos  se  les  brinden  las  mismas  opciones,  tanto para su  formación, como para su evaluación.   

Para  la  Sala de Revisión, evidentemente se  trata  de  un  fin  imperioso  constitucionalmente.  Adoptar  medidas  orientadas  a garantizar el derecho a la  igualdad  entre las personas que están participando en un proceso de selección  de jueces de la República es una obligación constitucional.   

7.2.5. Ahora bien, con relación al análisis  del  medio,  la Sala concluye de forma similar a lo señalado en la respuesta al  problema  jurídico  anterior. Es decir, que no es razonable constitucionalmente  que  se  pretenda  alcanzar  un  fin imperioso por un medio inapropiado. Como se  indicó,  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura debía  llegar  a  un  acuerdo  con  relación  a  cómo  garantizar  el  respeto por el  sabath, pero no acerca de si  se  respetaba  o no [ver sección 6.2 de las consideraciones de esta sentencia].  La  libertad de religión de las personas que pertenecen a la Iglesia Adventista  del  Séptimo  Día  contempla,  entre  otros,  el  derecho  a  guardar  el día  consagrado  al descanso. Está prohibido por tanto, emplear el medio elegido por  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, esto es, someter  a  un  adventista  a  la  obligación  de realizar actividades para acceder a un  cargo  público,  entre  la  puesta  del sol del viernes y la puesta del sol del  sábado.   

7.2.6. En todo caso, valga decir que el medio  tampoco  es adecuado para alcanzar el fin establecido. De hecho, como en el caso  anterior,   el   medio   es  contraproducente  y  su  consecuencia  es  impedir,  precisamente,  que  se  alcance  dicha  finalidad.  La  Sala  Administrativa del  Consejo  Superior  considera  que  al  obligar  a  cumplir  las  actividades del  curso-concurso  al  accionante, al igual que al resto de las personas, sin tener  en  cuenta  sus  creencias  religiosas,  está  asegurando  poner  a  todos  los  participantes  del  proceso de formación y selección en las mismas condiciones  para  que  ninguno  tenga  ninguna ventaja o una desventaja frente a los demás.   

Sin  embargo,  para  la  Sala de Revisión es  claro  que  si  tal  es  el  propósito  de la medida, no lo consigue de ninguna  forma.  Al  exigir al accionante que se someta a realizar actividades durante el  sabath  puede  lograr  dos  efectos.  Que  el  accionante  se niegue a presentar las pruebas y asistir a las  actividades  correspondientes, como ha sucedido en el presente caso, o que éste  se  someta  a  las  demandas  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  y,  en  consecuencia,    renuncie   a   su   libertad   de   guardar   el   sabath.   En  la primera situación,  no  sólo  no se logra el objetivo de igualar las condiciones, sino que de forma  dramática  se  otorga a los demás la ventaja de ni siquiera tener que competir  con  el accionante, y a él se le impone la carga de no poder siquiera competir.  Tal  es  la  situación  que ha ocurrido en el presente caso. Pero en la segunda  posibilidad,  esto  es,  si  el  accionante hubiese optado por participar en las  actividades,  tampoco  se  hubiera logrado el objetivo pretendido. De una parte,  se  hubiese  impuesto  al  accionante  la carga de tener que aprender, practicar  ejercicios  y  realizar  evaluaciones, durante un proceso de selección para ser  juez  de  la  República,  actuando  en  contra  de una de sus convicciones más  profundas:     guardar     el    sabath.  Tal  situación,  sin  duda,  habría impactado el desempeño del  accionante  y  le  hubiese  obligado  a  tener  que  desarrollar  su  proceso de  aprendizaje  en una condición en la que los demás no están, viéndose forzado  a actuar en contra de sus creencias.   

7.2.7. Por lo tanto, la Sala considera que la  decisión  de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura de no  acordar  otras  horas  para  que  el  accionante  cumpliera  con los deberes del  curso-concurso,  en horas distintas a aquellas que comprenden el sabath, implica  una  violación al derecho a la igualdad, por cuanto tal decisión, aunque busca  un  fin  imperioso,  constituye  un  medio  prohibido  que,  adicionalmente,  es  inadecuado  y  contraproducente para alcanzarlo. A continuación, pasa la Sala a  analizar  el  segundo problema jurídico referente a la violación del derecho a  la igualdad.   

7.3. La persona que  no  puede  asistir  a un evento académico porque cree que es su deber religioso  guardar  el  sabath,  no se  encuentra  en  una situación comparable con la persona que no asiste por alguna  de   las   causales   que  se  consideran  aceptables  como  excusas    

7.3.1. El segundo problema jurídico relativo  al  derecho  a  la  igualdad  es  el  siguiente:  ¿se desconoce el derecho a la  igualdad  de  una  persona  (art.  13,  CP),  al  no  aceptar  como excusa de su  inasistencia  a las actividades de un curso-concurso para juez de la República,  el  hecho  de  que  participar  en  ellas  implicaría desconocer su creencia de  guardar  el  sabath, a la vez  que  a otros participantes sí se les aceptan como excusas situaciones similares  o menores en importancia constitucional a las alegadas por él?   

7.3.2.  En  este  segundo  caso,  la  Sala de  Revisión  considera  que no existe un real reclamo de igualdad, en tanto que se  trata  de  dos  grupos de personas que se encuentran en situaciones diferentes y  que,  por  tanto,  requieren  tratamiento diferente. Aunque pudiera considerarse  que  el  accionante  reclama  que  se  le  dé  un  trato igual que a las demás  personas  que  presentaron  excusas  durante  el curso-concurso, él en realidad  está  solicitando  un  trato  diferente.  El propio accionante, al igual que la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de la Judicatura, considera que su  situación  no  es  comparable  a  la de quienes presentan excusas y que, por lo  tanto, tiene que tener un trato diferente.   

7.3.2.1. En efecto, las personas que presentan  excusas,  son  aquellas  que  en principio sí podían asistir a las actividades  del  curso-concurso  pero  que,  debido  a  una  situación  excepcional,  no lo  pudieron  hacer.  Por  el  contrario,  el  accionante  es  una  persona  que, en  principio,  no puede cumplir con las actividades del curso-concurso, porque ello  le  implicaría  ir  en  contra  de sus creencias. No se trata de una situación  excepcional,  es  permanente.  Se  trata  de  una  creencia  religiosa,  que  ha  acompañado   al   accionante   durante   su  vida  y  todo  el  desarrollo  del  concurso.   

7.3.2.2.  El  accionante  considera  que  las  consecuencias  de  su  inasistencia,  al  igual  que  la Sala Administrativa del  Consejo  Superior de la Judicatura, deben ser distintas de las consecuencias que  tienen  que enfrentar las demás personas excusadas. Por ejemplo, mientras que a  los  demás  su  excusa  no  da  lugar  a que se les dé la oportunidad de   recuperar  las  actividades  académicas,  diferentes  a evaluaciones, a las que  hayan  dejado de asistir, las inasistencias del accionante a las actividades del  curso-concurso   durante   el   sabath  dan  lugar  a  que  se acuerde la forma en que dichas actividades se  van  a  recuperar.  De  forma  similar,  mientras  que las personas que no hayan  asistido  a  por  lo  menos  el  80% de las sesiones, así tengan excusa, quedan  excluidos  del  curso-concurso,  el  accionante  considera que sus inasistencias  durante  el sabath, así sean  superiores  al  20% de las actividades realizadas en calidad de presenciales, no  deben  dar  lugar  a  su exclusión del curso-concurso, sino a que se le dé una  oportunidad para cumplir con los requisitos en otro momento.    

7.4.           Síntesis   

Para   esta  Sala  de  Revisión,  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la Judicatura violó el derecho a la  igualdad  del  accionante  al  desconocer  sus creencias religiosas y someterlo,  dentro  de  un  curso-concurso  para  la  formación  y  selección de jueces, a  realizar  las  mismas  actividades  que  las demás personas que participaban en  éste,  a  pesar  de que ello implicaba en su caso, obligarlo a actuar en contra  de    su   creencia   religiosa   de   tener   que   guardar   el   sabath.  Aunque el fin que se buscaba con  tal  decisión  era  imperioso,  el  medio  empleado  era inadecuado. En segundo  lugar,  no  considera esta Sala de Revisión que se haya violado el derecho a la  igualdad  del  accionante  al  no  darle  el  mismo trato que a las personas que  presentaron  excusas  a  ciertas  actividades,  por  tratarse  de  grupos que se  encuentran  en  situaciones  diferentes  y  que  por  tanto  no son comparables.   

Es  claro  entonces,  que  la  restricción  impuesta   por   el   Consejo   Superior  de  la  Judicatura  al  accionante  es  inconstitucional  en sí misma considerada, pero también en comparación con el  trato  que se dio a las demás personas participantes del curso-concurso para la  formación y selección de jueces de la República.   

A  continuación, pasa la Sala de Revisión a  indicar  cuáles  son  las  órdenes  específicas  que habrá de impartir en el  presente  caso,  como  medidas  de  protección  de  los  derechos fundamentales  violados.   

8. La Sala Administrativa del Consejo Superior  de  la  Judicatura  debe  adoptar  las  medidas para garantizar al accionante su  derecho  a participar en el curso-concurso libre de discriminación y su derecho  a  acceder  al  cargo de juez de la República si, de acuerdo con las reglas del  proceso de selección, así le corresponde.   

Teniendo   en  cuenta  las  consideraciones  precedentes,  la  Sala  revocará  las  decisiones  de instancia y concederá la  acción  de  tutela  por los derechos a la libertad de religión, a la igualdad,  al  trabajo  y  a acceder a cargos públicos. En consecuencia, impartirá varias  órdenes  orientadas a garantizar el goce efectivo de los derechos vulnerados de  Héctor Fernando Solórzano Duarte.   

8.1. En primer lugar, dejará sin efecto todas  aquellas  decisiones  mediante  las  cuales  se  haya  negado  la  solicitud del  accionante  a  reacomodar  el  horario  de las actividades realizadas durante el  sabath  o  de las cuales se  hayan generado consecuencias por tal razón.   

8.2.  Se ordenará a la entidad accionada que  adopte  las medidas adecuadas y necesarias para asegurar que el accionante pueda  cumplir  con  las  diversas actividades académicas del curso-concurso. Para tal  efecto,  se  deberá garantizar el estricto respeto al derecho a la igualdad. No  podrá  ponérsele menos carga que al resto de personas que participaron en este  proceso  de  formación y selección, pero tampoco podrá imponérsele una carga  mayor.   

8.3. Adicionalmente, se ordenará que una vez  se  establezcan  cuáles fueron los puntajes y las evaluaciones obtenidas por el  accionante   como   resultado   del   curso-concurso,  éstos  sean  debidamente  registrados  en  la  lista de jueces elegibles y que el lugar que obtenga dentro  de  ésta  le  sea plenamente respetado al ubicarlo en ella, así como también,  se  deberá  respetar su lugar en el momento en el que se vayan a asignar plazas  en  algún despacho que, eventualmente, le corresponda.  En cualquier caso,  las   actividades  alternativas  que  le  sean  asignadas  al  accionante,  para  recuperar  las que originalmente ha debido realizar, no podrán extenderse, bajo  ninguna circunstancia, más allá de tres meses.   

8.4. En la medida que las órdenes que imparte  la  Sala  de  Revisión  en  este  caso van dirigidas a una de las entidades que  encabezan   la   administración   de   justicia   y   no   están  determinadas  concretamente,  y que por tanto, deben ser precisadas por el Consejo Superior de  la  Judicatura,  a  través  de  la Sala Administrativa y de la Escuela Judicial  Rodrigo  Lara  Bonilla,  la  Sala  de  Revisión  mantendrá la competencia para  verificar  su  cumplimiento.  En tal sentido, la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura deberá informar a la Sala de Revisión cuáles son  las  medidas  específicas  que se adoptarán, precisando cuándo se llevarán a  cabo.  Posteriormente,  deberá  informar  sobre la realización concreta de las  medidas que se decidió adoptar.   

Ahora  bien, aunque en principio el derecho a  guardar  el  sabath debe ser  respetado,  la Sala reitera que existen casos en los cuales es razonable limitar  este  derecho  bajo el orden constitucional vigente. Por ejemplo, eso ocurriría  cuando  un  juez  que  guarde  el  sabath    tenga    que    prestar   turno   para   resolver   habeas  corpus.  En efecto, en este caso,  la  defensa  de  un  recurso judicial que es en sí mismo un derecho fundamental  (el  habeas  corpus)  y  la  protección  a  la  libertad,  serían fines imperiosos constitucionalmente, que  justificarían  limitar  el  derecho  en  cuestión.  Por  ello,  en caso de ser  necesario  recurrir  al  servicio  de  un  funcionario  judicial  que  guarda el  sabath para resolver dichos  recursos  durante  el sabath,  sería una decisión razonable constitucionalmente.   

Finalmente,  la  Sala  de  Revisión hará un  comentario  con  relación  a  la labor que desempeña el Consejo Superior de la  Judicatura    y,    en    especial,    la    Escuela   Judicial   Rodrigo   Lara  Bonilla.   

9.  El  accionante  presentó  su  reclamo en  contra  del  Consejo  Superior de la Judicatura y de la Escuela Judicial Rodrigo  Lara  Bonilla,  entre  otras  razones,  por  la  buena  labor  de difusión y de  formación  que  dichas  entidades han realizado de la Constitución Política y  los  principios de un estado social de derecho; la presente decisión es un caso  aparte   

9.1. En su acción de tutela, Héctor Fernando  Solórzano  Duarte  se  extraña  de  tener  que  recurrir  a éste mecanismo de  defensa  judicial  para  pedirle  al  Consejo  Superior  de la Judicatura y a la  Escuela  Judicial  Rodrigo  Lara  Bonilla  que  se  le  respete  su  libertad de  religión  y  sus  derechos  a  la  igualdad,  al  trabajo  y a acceder a cargos  públicos.   Ello  es así por dos razones. Por una parte, él reconoce que  el  Acuerdo  pedagógico  del  IV Curso de formación  judicial,  lejos  de  contrariar  los postulados de un  estado   social   de   derecho,   los   desarrollaba,   promovía  y  defendía.  Adicionalmente,  los  contenidos  mismos de las actividades de formación que se  reciben  en  el  curso-concurso le llevan a concluir que él tiene derecho a que  se  le  respete su derecho a guardar el sabath, sin que ello le cueste tener que  abandonar el proceso de formación y selección judicial.   

9.2. Al accionante le asiste la razón. Aparte  del  Acuerdo  pedagógico del curso concurso, que fue analizado previamente [ver  sección  6.1.  de  las  consideraciones  de esta sentencia], son múltiples los  procesos  de  formación  y textos que el Consejo Superior de la Judicatura y la  Escuela  Judicial Rodrigo Lara Bonilla han realizado y publicado, en los que han  defendido  las  reglas  constitucionales, legales y jurisprudenciales aplicables  al caso.   

9.2.1.  La importancia del Convenio 111 de la  OIT  (1958),  recogido  en la Declaración de la OIT relativa a los principios y  derechos  fundamentales  en el trabajo (1998), por ejemplo, ha sido identificada  y  promovida  por el Consejo Superior de la Judicatura y por la Escuela Judicial  al   resaltar  que  se  trata  de  un  ‘convenio     fundamental’.  Al  respecto  dice  el  texto  de  esa  entidad  sobre las normas  internacionales del trabajo,   

“1.5.1.3.1.2.      Convenios fundamentales   

En  1995, tras el aniversario de la OIT, la  Conferencia  Internacional  calificó  ocho  convenios  como  fundamentales  por  considerar  que  son la base para el desarrollo de las sociedades democráticas.  […]  Los dos convenios restantes están relacionados con la eliminación de la  discriminación  en  materia  de  empleo  y  ocupación:  el  Convenio  100 y el  Convenio 111. Todos ellos han sido ratificados por Colombia.   

El Consejo de Administración de la Oficina  Internacional  del  Trabajo  ha  calificado  estos  derechos  como  ‘condición  previa  para el desarrollo  de  los  demás,  por  cuanto proporcionan el marco necesario para esforzarse en  mejorar    libremente    las    condiciones    de    trabajo    individuales   y  colectivas’.   

Los  derechos  a los que se refieren dichos  convenios  fundamentales han sido reconocidos además como principios y derechos  fundamentales  en  el  trabajo a través de la Declaración de la OIT relativa a  los principios y derechos fundamentales en el trabajo de 1998.   

Estos convenios contienen disposiciones del  ius cogens, estas son normas  que  deben  cumplirse  independientemente de la voluntad de las partes, dado que  se   refieren  a  los  derechos  humanos,  por  ello  en  esta  declaración  se  estableció  para  todos los países miembros la obligación de observarlos, aun  cuando   no   se   hayan   ratificado   los  convenios  aludidos.”131   

9.2.2.  La  metodología  empleada  para  el  análisis  de  la  razonabilidad  de la medida acusada por el accionante ha sido  difundida  y  propiciada  por  el Consejo Superior de la Judicatura y la Escuela  Judicial  Rodrigo  Lara  Bonilla,  como  lo  muestra  el Acuerdo pedagógico del  curso-concurso  en  cuestión.  Desde  el  inicio  de sus actividades la Escuela  Judicial   Rodrigo  Lara  Bonilla  ha  propiciado  procesos  de  autoformación,  mediante  los  cuales  los  mismos miembros de la rama judicial participan de un  proceso   de  formación  en  diferentes  dimensiones.  Por  parte  de  docentes  académicos,  por  parte  de  colegas,  mediante  procesos  de autoaprendizaje y  mediante  actividades  de  docencia,  en  las  que  se  replican los procesos de  formación  a  otros  funcionarios. Este proceso de formación del conocimiento,  constructivo  y  participativo,  se  viene dando desde años atrás,132    y  continúa        en       la       actualidad.133   

9.3. Así pues, son las mismas consideraciones  y  criterios  jurídicos  que  ha  defendido y promovido, en buena hora, la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura y la Escuela Judicial  Rodrigo  Lara  Bonilla, las que llevan a concluir que en el presente caso, desde  un  principio,  han  debido  adoptarse  las  medidas adecuadas y necesarias para  permitir  al  accionante  ejercer  su  libertad  de religión, sin limitaciones.   

9.4.  La  Sala  de  Revisión  entiende  las  dificultades  que  implica  para  una  institución,  especialmente en términos  logísticos,  respetar  el  derecho  de  una  persona  a guardar el sabath.  Pero  el  respeto a los derechos  fundamentales,  pilar esencial de un estado social de derecho, justifica que las  entidades  públicas,  y  privadas  cuando  sea  del  caso,  adopten las medidas  necesarias  para  permitir  a  grupos  religiosos  minoritarios  en  la sociedad  colombiana  –como la iglesia  Adventista     de    Séptimo    Día–  gozar  efectivamente de sus libertades religiosas. En ejercicio de  sus  facultades  constitucionales  propias,  como  se  dijo  antes,  el  Consejo  Superior  de la Judicatura podrá verse en la necesidad de limitar el derecho de  una   persona   que   sea   funcionaria   judicial  a  guardar  el  sabath,  en  especial, en ámbitos en los  que  esté  en  juego  el  cumplimiento  de las funciones judiciales. El mandato  constitucional  es  que esta limitación se imponga de manera excepcional cuando  sea  necesaria,  y  no  siempre  que  pueda  ser útil o práctico imponerla. El  Consejo  Superior  sólo  podrá  imponerla,  por  tanto,  cuando  se  considere  constitucionalmente  razonable  restringir  el  derecho, lo cual no ocurre en el  presente caso.      

10. Conclusión  

Siguiendo   las   reglas  y  los  criterios  jurisprudenciales  a  los  cuales se hizo alusión en la presente sentencia [ver  sección  4.6. de las consideraciones] y que desarrollan el orden constitucional  vigente,  la  Sala  de Revisión concluye que  [1] la libertad de religión  de  una  persona  se viola cuando se le obliga a realizar actividades durante el  día consagrado al descanso,  como  requisito  para participar en un curso-concurso para acceder al desempeño  de  funciones  y  cargos  públicos, por ser un medio prohibido, salvo que éste  sea  estrictamente necesario.  Si  ni  siquiera  se  considera  la  posibilidad  de  llegar a un acuerdo con la  persona  que  debe  realizar  dichas  actividades  es  claro  que se presenta la  vulneración.  También  concluye  la  Sala  de  Revisión  que  [2] se viola el  derecho  a  la  igualdad  de  una  persona  cuando  se  le  obliga, dentro de un  curso-concurso  para  acceder  a  un  cargo  público, a realizar actividades en  contra  de  una  creencia  religiosa,  que  el Estado y las instituciones que lo  conforman   están   obligadas   expresamente   a  respetar  (v.gr.  guardar  el  sabath);   especialmente  prohibido   se   encuentra   este   medio,  cuando,  además,  es  inadecuado  y  contraproducente  para  alcanzar  el  fin  buscado  por  la  medida.  La Sala de  revisión  toma  esta  decisión teniendo en cuenta que mediante ella se protege  la  libertad  religiosa  de  una persona que pertenece a una Iglesia, reconocida  por  el  Estado,  que  tiene  un  carácter  minoritario  dentro  de la sociedad  colombiana,  y  teniendo  en cuenta que la creencia protegida es una de aquellas  que  son consideradas como fundamentales y estructurales en el culto y práctica  de su religión.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Segunda  de  Revisión  de  la Corte Constitucional, administrando justicia en nombre del  pueblo, y por mandato de la Constitución Política,   

RESUELVE  

Primero.-  REVOCAR  la  sentencia  de 11 de junio de 2009, de la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  y la sentencia de 5 de mayo de 2009, de la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  dentro  del  proceso de la referencia y, en su  lugar,  TUTELAR los derechos a  la  libertad  de  religión,  a  la  igualdad,  al  trabajo y a acceder a cargos  públicos, de Héctor Fernando Solórzano Duarte.   

Segundo.-  DEJAR  SIN  EFECTO   todas  aquellas  decisiones  o  actos  mediante   los  cuales  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura   o   la  Escuela  Judicial  Rodrigo  Lara  Bonilla  [1] se haya negado a llegar a un acuerdo  con  el  señor  Héctor  Fernando Solórzano Duarte, con relación a cómo y en  qué  condiciones  él  debería  realizar  las  actividades que hubiesen tenido  lugar  durante  el  tiempo  comprendido entre la puesta del sol del viernes y la  puesta  del sol del sábado; o [2] de las cuales se hayan derivado consecuencias  negativas,  desfavorables  o desventajosas al señor Héctor Fernando Solórzano  Duarte      por      haberse      ausentado      durante     el     sabath.   

Tercero.- ORDENAR,  por  medio de la Secretaría  General,  a  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura que,  dentro  de  los  siguientes 10 día calendario a la notificación de la presente  sentencia,  adopte  las medidas adecuadas y necesarias para garantizar a Héctor  Fernando  Solórzano  Duarte  la posibilidad de realizar actividades académicas  equivalentes  o sustitutas de aquellas que fueron requisito para cumplir con las  exigencias   del   IV  Curso  de  formación  judicial. En cualquier caso, las  actividades   alternativas   que  le  sean  asignadas  para  recuperar  las  que  originalmente   ha   debido   realizar,  no  podrán  extenderse,  bajo  ninguna  circunstancia,  más  allá  de  tres  meses calendario, contados a partir de la  notificación de la presente sentencia.   

Cuarto.-  ORDENAR,  por  intermedio  de la Secretaría General, a la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  que  una  vez  se  establezcan cuáles fueron los  puntajes  y  las  evaluaciones  obtenidas  por  el accionante como resultado del  curso-concurso,  éstos  sean  debidamente  registrados  en  la  lista de jueces  elegibles  y  que  el  lugar  que  obtenga  dentro  de  ésta  le sea plenamente  respetado  al ubicarlo en ella, así como también, se deberá respetar su lugar  en  el  momento  en  el  que se vayan a asignarse plazas en algún despacho que,  eventualmente, le corresponda.   

   

Quinto.-  ORDENAR,  por  medio  de  la  Secretaría  General,  a  la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  que, dentro de los 5 días siguientes informe a la  Sala  de  Revisión  acerca  de  cuáles  son  las  medidas  específicas que se  adoptarán,  precisando  cuándo se llevarán a cabo. La Sala Administrativa del  Consejo  Superior de la Judicatura deberá informar periódicamente a la Sala de  Revisión  encargada  sobre  el  cumplimiento de las medidas alternativas que se  acuerde  adoptar.  Con  tal  propósito,  el  señor Héctor Fernando Solórzano  Duarte también podrá presentar informes si es su parecer.   

Sexto.-  Remitir  copia  de  la  presente  sentencia,  por  intermedio  de Secretaría General, a  Héctor  Fernando  Solórzano  Duarte,  a la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  a  la  Defensoría del Pueblo. En cuanto se obtengan los  resultados  definitivos  de las pruebas que faltaron por realizar en el caso del  accionante,  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  a  través  de  su Sala  Administrativa,  deberá comunicarlas a todas las personas que hayan participado  en  dicho  proceso  y  hayan  resultado  elegibles  para  los cargos de jueces o  magistradas y magistrados, siempre que tal lista se modifique.   

Séptimo.- La Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá NOTIFICARÁ  esta  sentencia  dentro  del  término  de cinco días  después  de haber recibido la comunicación, de conformidad con el artículo 36  del Decreto 2591 de 1991.   

Octavo.-     Líbrese    por  Secretaría  General  la comunicación prevista en el artículo  36 del Decreto 2591 de 1991.   

Notifíquese,  comuníquese, publíquese en  la Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Magistrada  

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado  

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO  

Magistrado  

Aclaración de voto  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

ANEXO –  ÍNDICE   

Sentencia T-839 de 2009  

I.  ANTECEDENTES   

1.  Hechos   

2.   Demanda   y  solicitud   

3.  Respuesta  de  la  Escuela          Judicial          ‘Rodrigo Lara  Bonilla’;   Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura   

4. Sentencia de primera  instancia   

5. Impugnación de la sentencia de primera  instancia   

6. Sentencia de segunda  instancia   

7.   Insistencias  solicitando que se seleccionara el caso para revisión   

II.  Consideraciones  y  fundamentos   

         

1.  Competencia   

2.   Procedibilidad  de  la  acción  de  tutela   

3. Problemas jurídicos  

4.  La  libertad de religión contempla el  derecho      de      una      persona      a     guardar     el     sabath,  en  razón a sus creencias, sin  ser   sometido   a  restricciones  que  no  sean  razonables  ni  proporcionadas  constitucionalmente   

4.1. La libertad  de   religión,  de  culto  y  de  conciencia  en  la  Constitución   

4.2. Libertad de  religión  en  las  normas  del  bloque  de constitucionalidad e interpretación  conforme a los tratados de derechos humanos   

4.2.1.  Carta  internacional de derechos   

4.2.2.  Normas  Internacionales  del  Trabajo, protección de la libertad religiosa en contextos  laborales   

4.2.3.  Carta  interamericana de derechos humanos   

4.3.   Ley  Estatutaria del Derecho de Libertad Religiosa y de Cultos   

4.4. Decreto 354  de 1998 del Gobierno Nacional   

4.5.    La  protección  del  sabath en  la jurisprudencia constitucional   

4.6.          Resumen   

5. Héctor Fernando Duarte Solórzano tiene  una  creencia  religiosa sería en su deber de guardar el sabath, cuya práctica  impone un alto costo en sus derechos laborales y políticos   

6. Se viola la libertad de religión de una  persona  cuando  se  le  obliga  a  realizar actividades durante el día   consagrado   al   descanso,  como  requisito  para  participar  en  un curso-concurso para acceder al desempeño de  funciones  y  cargos  públicos, por ser un medio prohibido, salvo que éste sea  necesario    

6.1.  La medida  acusada   propende   por   un   fin   imperioso  constitucionalmente   

6.2.  La medida  acusada emplea un medio prohibido   

6.3. La medida no  es   un   medio   necesario   para   llegar   al   fin  buscado,  de  hecho,  es  contraproducente   

6.4.          Síntesis   

7. Se viola el derecho a la igualdad de una  persona   cuando   se   le   obliga   a  realizar  algunas  actividades,  de  un  curso-concurso  para  acceder  a  un  cargo  público,  durante  el día  consagrado  al  descanso,  en  las  mismas  condiciones  que se obliga a las personas que no comparten sus creencias  y  participan  en  el  mismo  proceso  de  formación  y  selección     

7.1.   Juicio  constitucional  de  la  razonabilidad  de un trato igual o diferente; el test de  igualdad   

7.2.    Se  discrimina  a una persona cuando en el contexto de un curso-concurso se le trata  igual  que  al  resto  de  personas,  sin tener en cuenta una creencia religiosa  minoritaria  –guardar el  sabath       como       día       consagrado       al      descanso–   

7.3.  La persona  que  no  puede  asistir  a  un  evento  académico  porque  cree que es su deber  religioso     guardar     el     sabath,  no  se encuentra en una situación comparable con la persona que  no  asiste  por  alguna  de  las  causales  que  se  consideran  aceptables como  excusas    

7.4.          Síntesis   

8.  La  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior   de  la  Judicatura  debe  adoptar  las  medidas  para  garantizar  al  accionante   su   derecho   a   participar   en   el   curso-concurso  libre  de  discriminación  y su derecho a acceder al cargo de juez de la República si, de  acuerdo   con  las  reglas  del  proceso  de  selección,  así  le  corresponde   

9.  El  accionante presentó su reclamo en  contra  del  Consejo  Superior de la Judicatura y de la Escuela Judicial Rodrigo  Lara  Bonilla,  entre  otras  razones,  por  la  buena  labor  de difusión y de  formación  que  dichas  entidades han realizado de la Constitución Política y  los  principios de un estado social de derecho; la presente decisión es un caso  aparte   

10. Conclusión  

RESUELVE  

ACLARACION  DE VOTO  DEL MAGISTRADO   

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO  

A LA SENTENCIA T-839/09  

Expediente: T-2321397  

MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

En  el caso dilucidado mi aclaración de voto  resulta  menester  para poner de presente que he compartido en lo fundamental la  decisión  de  mayoría  por  cuanto  en ella no se hace cosa distinta que darle  alcance,  casi  que  a modo de reiteración, de los efectos prácticos derivados  de  “los  avances”  jurisprudenciales  hechos  por  la  Corte en cuanto toca  específicamente  con  la  protección  al  derecho  fundamental  a  la libertad  religiosa.   

Los   precedentes   citados   en  la  parte  considerativa,  valorados  con  el  propósito  de  referenciar  las  pautas que  debían  aplicarse en el caso concreto, claramente, impedían concluir de manera  distinta  a  como  lo  hizo  la  Sala cuya decisión, por ende, obra en perfecta  consonancia  con  tales  derroteros. De ahí que no acatar las directrices   jurisprudenciales  que, en cuanto al derecho fundamental a la libertad religiosa  se  refiere,  se  ha venido abriendo paso, podría considerarse como una especie  de  retroceso,  eventualidad  que  no  es de fácil asunción en el marco de los  procesos  dinámicos  y  progresivos  característicos   de  las instancias  judiciales  encargadas  de  desarrollar  al  máximo  posible  el ámbito de los  derechos  constitucionales  fundamentales. Sin embargo, a mi juicio, tal modo de  proceder,  en  tratándose  del  derecho fundamental principal aquí dilucidado,  como  lo  es  la libertad religiosa,  no puede desconocer el imprescindible  balance  que  debe  orientar  su ponderación específica en relación con otros  intereses  sociales  igualmente  valiosos  y  necesarios para que la convivencia  ciudadana  alcance  a  plenitud  la  realización  de  los  cometidos esenciales  previstos  por  el  constituyente  de  1991  que  inevitablemente se reflejan en  aspectos  específicos  de la función administrativa. Perspectiva desde la cual  la  protección  del  derecho  a  la  libertad  religiosa, ni la de ningún otro  derecho   fundamental  en  particular  puede  acarrear  el  desconocimiento  del  equilibrio  que  ponga en grave riesgo la estructura social y administrativa que  sirve  de  marco  a la aspiración humana de vivir, sin perjuicio de los demás,  conforme  con  las propias creencias o parámetros ideales de conducta. Luego el  reconocimiento  a  la  protección  de  un  derecho fundamental en particular no  puede  suponer  la  grave  afectación  de otros al punto de que la garantía de  disfrutarlos  se neutralice quedando despojados de cualquier efecto práctico. Y  que  el  panorama práctico resultante sea el de que no queda nada para nadie en  vez  del  ideal  que supone que todos podríamos disfrutar de algo o de mucho en  la  medida  de  lo  posible  manteniendo  el equilibrio y el balance que así lo  permita.   

En estos términos no comparto la motivación  de  la decisión en cuanto parece no darle valor  a la argumentación de la  demandada   en   cuanto  a  que  las  altas  implicaciones  económicas  de  una  protección  en  particular  pueden  justificar limitaciones a la protección de  los derechos fundamentales.   

En el caso presente la materialización de la  protección  reconocida no demanda gastos desproporcionados pero si se avizorara  lo contrario seguramente hubiese tenido reparos con la decisión.   

En síntesis, a pesar de que mantenga algunas  dudas  sobre  hasta  dónde, en el caso concreto, ha debido concederse el amparo  impetrado,  pues no es claro que el proceder de la demandada en relación con el  demandante  haya resultado arbitrario, teniendo en cuenta que aquella propugnaba  por  realizar  un  fin  legítimo,  según  claramente  quedó reconocido en las  motivaciones,   lo  cierto  es  que  la  línea  jurisprudencial  invocada  como  referencia  no  daba  margen  para adoptar una decisión diferente, y, por ende,  como  ha sido tradición en la Corte, lo cual encuentro totalmente de recibo, lo  apropiado  era actuar de acuerdo con los precedentes, en aras de evitar incurrir  en  la inaceptable situación de generar tratos desigualitarios entre ciudadanos  ubicados en situaciones fácticas y jurídicas equivalentes.   

Fecha ut supra,  

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO  

    

1 Auto  de 21 de agosto de 2009.   

2  Al  final  de  la  sentencia,  a  manera  de  anexo,  se  incluye  un índice de los  contenidos de la presente sentencia.   

3  Según  certifica  el  Ministerio  del Interior y de Justicia, el 21 de junio de  1996  (Resolución  763)  se  reconoció  la Personería Jurídica Especial a la  Iglesia  Adventista  del  Séptimo  Día,  con domicilio principal en Medellín,  inscrita  en el Registro Público de Entidades Religiosas. Posteriormente, el 15  de   diciembre   de  2005,  se  extendieron  los  efectos  jurídicos  de  dicha  personería  a  la  entidad  afiliada,  Iglesia  Adventista  del  Séptimo  Día  –  Sección  Misión Sur  Colombiana,  con  dominio  principal  en Ibagué, de la cual es representante el  señor  Edilso  Antonio  Barrera  Visbal. La certificación fue expedida el 9 de  junio  de  2008,  con  vigencia  de  un  año, por el Jefe de la Oficina Asesora  Jurídica  del  Ministerio  del  Interior y de la Justicia (expediente, cuaderno  principal, folio 6).   

4  De  acuerdo  con  el Presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Sección  Misión  sur  colombiana,  la  regla de no practicar ningún tipo de actividades  académicas  o  laborales  el día Sábado tiene por fuente la Biblia, Éxodo 20  (8-11),  el  cual cita en los siguientes términos: “[…] Acuérdate del día  sábado  para  santificarlo.  Seis días trabajarás y harás toda tu obra. Pero  el  Sábado  es  el día de reposo del Señor, tu Dios. No hagas ningún trabajo  en  él,  ni  tú,  ni  tu  hijo,  ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu  bestía,  ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días  el  Eterno  hizo  el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen, y reposó  en  el  séptimo  día.  Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró  santo.  […]”  [ver  expediente,  primer  cuaderno,  folios  5, 7 y 8].    

5 El 3  de  abril  de  2009,  la  Juez  Administrativa  Única  del Circuito de Girardot  certificó  que  el  señor  Héctor  Fernando Solórzano Duarte labora en dicho  despacho  judicial desde el 17 de julio de 2006 hasta ese momento, desempeñando  el   cargo   de   profesional   universitario  grado  16    (expediente,    primer    cuaderno,    folio  98).   

6  El  Presidente  de  la  Iglesia  Adventista  del Séptimo Día, Sección Misión sur  colombiana,  Pr.  Edilso Antonio Barrera Visbal, ha suscrito varios certificados  mediante  los  cuales  hace  constar  que  el señor Héctor Fernando Solórzano  Duarte  es miembro ‘fiel y  activo’   de   dicha  comunidad   religiosa  y  solicita  que  se  le  dé  una  alternativa  para  el  cumplimiento  de  las  actividades académicas planeadas durante el sabath.  En los certificados se advierte  expresamente  que  él señor Solórzano Duarte respeta los principios bíblicos  y  religiosos  en  que  su  comunidad  cree  fervientemente, entre los cuales se  encuentra  no  practicar  ningún tipo de actividades académicas o laborales el  día  Sábado.  Se  aportaron  al  proceso  los  certificados  de las siguientes  fechas:  del  24  de  diciembre  de  2008, dirigida a la Directora de la Escuela  Judicial  ‘Rodrigo  Lara  Bonilla’, Gladys Virginia  Guevara  Puentes (expediente, primer cuaderno, folio 8); del 5 de enero de 2009,  dirigida  a  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la Judicatura  (expediente,  primer  cuaderno,  folio  7);  del  3  de  abril de 2009, dirigido  ‘a       quien  interese’  (expediente,  primer cuaderno, folio 5).   

7  Expediente, cuaderno principal, folios 3 y 4.   

8  Expediente, cuaderno principal, folio 9.   

9  Expediente, cuaderno principal, folios 11 y 12.   

11  Expediente, cuaderno principal, folio 17.   

12  Expediente, cuaderno principal, folio 19.   

13  Expediente, cuaderno principal, folios 19 y 20.   

14  Expediente, cuaderno principal, folio 20.   

15  Expediente, cuaderno principal, folio 20.   

16  Expediente, cuaderno principal, folio 21.   

17  Sustentó  su  decisión en los siguientes términos: “[…] una vez analizada  la  situación invocada por los solicitantes, se advierte que las solicitudes no  se  avienen  con  el  reglamento,  pues  es  bien  sabido que todo derecho lleva  implícito  el cumplimiento de una serie de deberes y obligaciones, una de ellas  que  en el presente caso consistía en la obligación perentoria de allanarse al  proceso  de  justificar  las  inasistencias  según lo contemplado en el acuerdo  pedagógico  suscrito  por  los  concursantes.   ||  Para los casos en  cuestión,  en  primer  lugar,  hay  que  señalar  que  lo  esgrimido  por  los  interesados,  en  el caso del doctor Solórzano Duarte, la solicitud de celebrar  un  acuerdo  para  recuperar  el  tiempo  de  clase de los días sábados, a los  cuales  aduce  no  poder  asistir  por  ser miembro de la Iglesia Adventista del  Séptimo   Día,   le   fueron   negados  mediante  la Resolución PSAR09-51 de febrero 20 de [2009 …]”  (Expediente,   cuaderno   principal,  folios  30  a  31).  La  Resolución  hace  referencia  expresamente  a  lo  que  se  había  dicho con relación al test de  igualdad  en  la  primera  respuesta  (al  respecto ver el apartado 1.8.4 de los  antecedentes  de  la  presente  sentencia). El otro caso que se resuelve en esta  Resolución  que aquí se cita, son unas excusas de una persona, con base en una  situación de salud.   

18  Sobre  el tema dijo lo siguiente: “Para el caso en cuestión, hay que señalar  que  lo  esgrimido  por  el interesado, la solicitud de celebrar un acuerdo para  recuperar  el tiempo de clase de los días sábados, a los cuales aduce no poder  asistir  por ser miembro de la iglesia Adventista del Séptimo Día, se reitera,  le  fue  negada  mediante  la  Resolución  N°  PSAR09-51  de febrero 20 de los  corrientes.   ||   En  consecuencia,  no  existe razón que conlleve a  reformar   la   decisión.”   (Exp   Expediente,   cuaderno  principal,  folio  36).   

19 Al  respecto,  dice  la Resolución: “Ahora bien y una vez analizada la situación  invocada  por  los  solicitantes,  se advierte que las solicitudes no se avienen  con  el  reglamento,  pues  es  bien sabido que todo derecho lleva implícito el  cumplimiento  de  una  serie  de  deberes y obligaciones, una de ellas que en el  presente  caso,  consistía en la obligación perentoria de allanarse al proceso  de  justificar las inasistencias según lo contemplado en el acuerdo pedagógico  suscrito  por  los concursantes.  ||  La Mesa Introductoria al l Curso  de  Formación  Judicial  Inicial  para Magistrados(as) y Jueces(zas) promoción  2009,  fue  realizada  entre  los días 23 al 25 de enero de 2009. Por tanto, de  conformidad  con  lo  establecido  en los acuerdos mencionados, debían informar  por  escrito  dentro  de los tres (3) días hábiles siguientes a la fecha de la  respectiva  sesión, esto es, hasta el día 28 de enero de 2009, los motivos que  impidieron  su  asistencia  o  participación  y allegar en el mismo término la  prueba  correspondiente.   ||   Para  el  caso  en  cuestión, hay que  señalar  que  lo  esgrimido  por  los interesados si bien constituyen causal de  fuerza  mayor,  en  el  caso  de  la doctora Cárdenas  Calderón,  los  trámites  establecidos  para  su justificación se cumplieron con posterioridad a la fecha  límite  establecida  y por tanto, las solicitudes y documentos que se presenten  por  fuera  del término aquí señalado no pueden ser tenidas en cuenta y en el  caso    del    doctor    Vasco   Arenas,  si bien alega razones de índole Hoja  No.     5     Resolución     No.     PSAR09-65     de     2009     ‘Por   la   cual  se  resuelven  unas  solicitudes  de  excusa por inasistencia a la Mesa Introductoria del 23 al 25 de  enero  de  2009  del Curso de Formación Judicial Inicial para Magistrados(as) y  Jueces(zas)     promoción     2009’  familiar  para  su inasistencia, no aporta pruebas de la misma de  conformidad  con  lo establecido en el Acuerdo PSAA08-5334 de 2008, e igualmente  su  solicitud  fue allegada con posterioridad a la fecha límite establecida.”  Consejo   Superior  de  la  Judicatura,  Sala  Administrativa.  Resolución  N°  PSAR09-65.   

20  Señala  la  Resolución:  “Ahora  bien  y  una  vez  analizada  la situación  invocada   por  los  solicitantes,  se  evidencia  que  las  solicitudes  tienen  fundamento  legal,  pues  es  bien  sabido  que todo derecho lleva implícito el  cumplimiento  de  una  serie  de  deberes y obligaciones, una de ellas que en el  presente  caso,  consistía en la obligación perentoria de allanarse al proceso  de  justificar las inasistencias según lo contemplado en el acuerdo pedagógico  suscrito  por los concursantes.  ||  En consecuencia y para el caso en  cuestión,  hay  que  señalar  que  lo esgrimido por los interesados constituye  causal   de   fuerza   mayor  o  caso  fortuito,  y  adelantaron  los  trámites  establecidos.”   Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  Sala  Administrativa.  Resolución N°PSAR09-68.   

21  Dice  al  respecto  la  Resolución:  “Ahora  bien  y  una  vez  analizada  la  situación  invocada  por  los  solicitantes,  se  evidencia que las solicitudes  tienen   fundamento   legal,   pues  es  bien  sabido  […]   ||   En  consecuencia  y para el caso en cuestión, hay que señalar que lo esgrimido por  los   interesados   constituye  causal  de  fuerza  mayor  o  caso  fortuito,  y  adelantaron  los  trámites  establecidos.” Consejo Superior de la Judicatura,  Sala Administrativa. Resolución N°PSAR09-96.   

22  Sobre  el error de concordancia de género al que hace referencia el accionante,  ver   el   apartado   1.8.5  de  los  antecedentes  de  la  presente  sentencia.   

23  Cita  las  siguientes  fuentes  jurídicas:  el  Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos  (artículo  18); la Convención Americana sobre Derechos  Humanos,  Pacto  de  San  José;  la Ley Estatutaria 133 de 1994, sobre libertad  religiosa  y  el  Decreto  354  de  1998;  artículo  adicional  para la Iglesia  Adventista del Séptimo Día.   

24 El  Tribunal  cita,  entre otras, las sentencias C-088 de 1994, T-982 de 2001, T-026  de 2005 y T-376 de 2006.   

25 Al  respecto  dice  la  sentencia del Tribunal: “Esta normatividad [Decreto 354 de  1998  del  Gobierno Nacional], en concordancia con el precedente jurisprudencial  referido  a  la libertad religiosa y de cultos, exhibe un espacio de regulación  de  dicho  derecho  en tres circunstancias distintas:  En primer lugar, los  empleadores  deben  permitir  que  los  miembros  de  la  Iglesia Adventista del  Séptimo    Día   guarden   el   sabath;  esto,  en  principio,  debe  hacerse  a través del día de  descanso  señalado  por  la  Ley  para  todos  los empleados, y a través de un  acuerdo  entre  las  partes.  ||   En  segundo  lugar,  los  estudiantes de  entidades  educativas  públicas o privadas que profesen la religión adventista  serán  excusados  de asistir a clases programadas para las fechas que coincidan  con   el   sabath;  esto,  igualmente,  mediando  un  acuerdo entre las partes.  ||  Por último,  los  aspirantes  a  cargos públicos o cupos en instituciones educativas podrán  solicitar  que  las  pruebas  selectivas  o  exámenes  destinados  a definir su  aspiración    sean    programados    en    fecha   distinta   al   sabath, siempre y cuando no exista justa  causa que lo impida.”   

26  Para  el  Tribunal  Superior,  la  relevancia  de  un  proceso  “como  este es  innegable,  teniendo en cuenta el largo alcance del poder de los jueces frente a  los  derechos  de las personas y la procedencia de la legitimidad del mismo, que  no es la base democrática”.   

27  Para  el  Tribunal  Superior la respuesta de la entidad “se limitó a señalar  que  el  accionante  asumió  las  condiciones  impuestas  al  firmar un acuerdo  pedagógico,  desconociendo  así  que  esta persona no sólo advirtió desde un  principio  sobre  su postura religiosa y las implicaciones que la misma tendría  en  el  curso, sino que en repetidas oportunidades solicitó la morigeración de  los  criterios  de  la  escuela  con  fundamento en el legítimo ejercicio de un  derecho fundamental”.   

28 Con  ponencia del Magistrado Sigifredo Espinosa Pérez.   

29  Corte  Constitucional,  sentencia  T-539A  de  1993 (MP Carlos Gaviria Díaz; SV  Eduardo Cifuentes Muñoz).   

30  Corte  Constitucional,  sentencia  T-075  de  1995  (MP Carlos Gaviria Díaz; AV  Carlos Gaviria Díaz).   

31  Corte   Constitucional,   sentencia  T-982  de  2001  (MP  Manuel  José  Cepeda  Espinosa).   

32  Corte   Constitucional,   sentencia   T-447  de  2004  (MP  Eduardo  Montealegre  Lynett).   

33  Corte  Constitucional,  sentencia  T-026  de  2005  (MP  Humberto Antonio Sierra  Porto;  AV  Álvaro Tafur Galvis). El Magistrado Álvaro Tafur Galvis consideró  que  “que  las  razones   expresadas  en  la  sentencia   han debido  complementarse  en  el  presente  caso  con la específica consideración de las  características   institucionales   del   Servicio   Nacional   de  aprendizaje  –  SENA,  como  entidad  pública,  pues  considero  que  si  bien  las  decisiones  que se invocan en la  sentencia   comprenden tanto a las instituciones  educativas públicas  como  a  las  privadas,  es  evidente  que a aquellas asiste  un deber  mayor  con miras a garantizar la  efectividad de los derechos fundamentales  de     sus    asociados,    lo    cual    ha    debido    destacarse    en    la  providencia.”.   

34  Corte  Constitucional,  sentencias  T-448  de  2007  (MP  Nilson  Elías Pinilla  Pinilla) y T-044 de 2008 (MP Manuel José Cepeda Espinosa).   

35  Corte  Constitucional,  sentencia  T-327  de  2009  (MP  Jorge  Ignacio  Pretelt  Chaljub).   

36  Sentencia  de  13 de agosto de 2007, Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de  Justicia  (MP  Julio  Enrique  Socha  Salamanca);  en este caso se resolvió  “1.   Declarar  fundada  la  demanda de tutela elevada por [la accionante], en  relación  con  la  demanda  de  amparo  para  la  protección de la libertad de  conciencia  y  de  cultos  para  su menor hija […] en contra de la Universidad  Nacional    de    Colombia.     ||     2.  Revocar   la   sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el 10 de julio de 2007, por  haberse  superado el hecho que la originó. En consecuencia, negar la demanda de  tutela  que  por  violación  a la libertad de conciencia y de cultos presentara  [la  accionante]  en  contra  de  la  Universidad  Nacional  de  Colombia.   ||     3.   Ordenar  la  cesación  de  la  actuación en relación con la  orden  emitida en la sentencia impugnada, de conformidad con lo señalado por el  artículo  26  del  Decreto  2591  de  1991,  pero  previniendo  a  la autoridad  accionada  que debe abstenerse de ejercer actos que entrañen desconocimiento de  los derechos fundamentales reclamados. […]”   

37  Sentencia  de  julio  10  de  2007,  Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá  tuteló  los  derechos  de una adventista, por cuanto la Universidad Nacional de  Colombia   le  exigía  presentar  un  examen  de  admisión  el  día  sábado.   

38  Para  el  accionante,  la decisión en virtud de la cual se le excluye, no surge  ni  de  la  ley  ni de los Acuerdos del Consejo Superior de la judicatura. En su  concepto,  “frente  a  su  situación  sería inocuo atacarlos a través de la  acción  de nulidad o nulidad y restablecimiento del derecho. Expediente, primer  cuaderno, folio 101.   

39  Constitución   Política  de  1991,  artículo  86:  “[…]   ||   Esta  acción  sólo  procederá cuando el afectado no  disponga  de  otro medio de defensa judicial, salvo que aquélla se utilice como  mecanismo  transitorio  para  evitar  un  perjuicio irremediable.  ||   […]”.   

40  Constitución   Política  de  1991,  artículo  86:  “Toda  persona  tendrá  acción de tutela para reclamar ante los jueces […]  la  protección inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales, cuando  quiera  que éstos resulten vulnerados o amenazados por la acción o la omisión  de cualquier autoridad pública.  ||  […]”.   

41  Constitución  Política, artículo 18.–  Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por  razón  de  sus  convicciones  o  creen­cias  ni  compelido  a  revelarlas  ni  obligado a actuar contra su  conciencia.   

42  Constitución  Política, artículo 19.–  Se  garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a  profesar     libremente    su    reli­gión y a difundirla en forma individual o colectiva.   

Todas  las confesiones religiosas e iglesias  son igualmente libres ante la ley.   

43  Corte  Constitucional, sentencia T-588 de 1998 (MP Eduardo Cifuentes Muñoz). En  este  caso  la  Sala de Revisión decidió que un estudiante, en ejercicio de su  libertad  religiosa,  podía  rehusarse  a aprender en clase de danza bailes que  según sus creencias religiosas no debe practicar.   

44 Las  creencias  religiosas pueden ser a propósito de una determinada religión, a la  negación  de todas (como en el caso de los ateos) o a su indeterminación (como  en el caso de los agnósticos).   

45  Corte   Constitucional,   sentencia  T-982  de  2001  (MP  Manuel  José  Cepeda  Espinosa).  La Corte añadió al respecto: “A partir  de  la simple lectura del texto constitucional es claro entonces que la libertad  religiosa  no sólo tiene que ver con la posibilidad de que todo individuo tenga  y    desarrolle    libremente    un    mundo   espiritual   propio.   El   texto  constitucio­nal  confiere  alcances  sociales  a dicha protección, al garantizar que se practi­quen  y  realicen  ciertos  actos como  consecuencia  de  profesar   creencias  religiosas.  Por  su naturaleza, el  derecho  individual  a la libertad religiosa tiene un fundamento colectivo y una  protección  comunitaria.  La  práctica formal y colectiva de un culto no es la  única  manifestación  social  de  la  libertad  religiosa.   ||   Además, el texto autoriza que  el  creyente  se  niegue  a  realizar  aquellos  actos que vayan en contra de su  conciencia,  nadie  puede  ser obligado a realizar conductas que vayan en contra  de    sus    creen­cias  religiosas.”   

46 Los  Pactos   Internacionales   de  Derechos  Civiles  y  Políticos  y  de  Derechos  Económicos,  Sociales y Culturales fueron ratificado en el orden interno por la  Ley 74 de 1968.   

47  PIDCP,  artículo  18.   “1.  Toda persona tiene derecho a la libertad de  pensamiento,  de  conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de  tener  o  de  adoptar la religión o las creencias de su elección, así como la  libertad   de   manifestar   su   religión   o   sus  creencias,  individual  o  colectivamente,  tanto  en  público  como  en  privado,  mediante  el culto, la  celebración  de  los  ritos,  las prácticas y la enseñanza.  ||  2.  Nadie  será  objeto de medidas coercitivas que puedan menoscabar su libertad de  tener  o de adoptar la religión o las creencias de su elección.  ||   3.  La  libertad  de  manifestar  la  propia  religión  o las propias creencias  estará  sujeta  únicamente  a  las limitaciones prescritas por la ley que sean  necesarias  para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos,  o  los  derechos y libertades fundamentales de los demás.  ||  4. Los  Estados  Partes  en  el  presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de  los  padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos  reciban  la  educación  religiosa  y moral que esté de acuerdo con sus propias  convicciones.”   

48  Comité  de  Derechos  Humanos, Observación General N° 22 (1993), Libertad  de  pensamiento  de conciencia y de religión, apartado 1.   

49  Comité  de  Derechos  Humanos, Observación General N° 22 (1993), Libertad  de  pensamiento  de conciencia y de religión, apartado 2.   

50  Comité  de  Derechos  Humanos, Observación General N° 22 (1993), Libertad  de  pensamiento  de conciencia y de religión, apartado 5.   

51  Continua  el  Comité: “La observancia y la práctica de la religión o de las  creencias  pueden  incluir  no sólo actos ceremoniales sino también costumbres  tales  como  la observancia de normas dietéticas, el uso de prendas de vestir o  tocados  distintivos,  la  participación  en  ritos  asociados con determinadas  etapas  de  la vida, y el empleo de un lenguaje especial que habitualmente sólo  hablan  los  miembros  del  grupo.”  Comité de Derechos Humanos, Observación  General  N°  22  (1993),  Libertad de pensamiento de  conciencia y de religión, apartado 4.   

52  PIDCP,  artículo  26  “Todas  las  personas  son iguales ante la ley y tienen  derecho  sin  discriminación a igual protección de la ley. A este respecto, la  ley  prohibirá  toda  discriminación  y  garantizará  a  todas  las  personas  protección  igual  y  efectiva  contra cualquier discriminación por motivos de  raza,  color,  sexo,  idioma,  religión,  opiniones  políticas  o de cualquier  índole,  origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier  otra condición social.”   

53 En  la   Declaración  de  Filadelfia  relativa  a  los  fines  y  Objetivos  de  la  Organización  Internacional  del  Trabajo  adoptada  en  1944  y  anexada  a la  Constitución,   se   afirma   que   ‘todos  los  seres  humanos,  sin distinción de raza, credo o sexo,  tienen  derecho  a perseguir su bienestar material y su desarrollo espiritual en  condiciones  de  libertad  y  dignidad, de seguridad económica y en igualdad de  oportunidades.’   

54  Aprobado   por   el   Congreso   de   la   República  mediante  la  Ley  22  de  1967.   

55 La  Comisión  de  Cuestiones Jurídicas y Normas Internacionales del Trabajo es una  de  las  comisiones  que forman parte del Consejo de Administración, el órgano  ejecutivo  de la Oficina Internacional del Trabajo (la Oficina es la secretaría  de la Organización).   

56  OIT,  Sesión  de la Conferencia 83ª (1996), Igualdad  en  el  empleo  y  la ocupación: Ámbito de aplicación personal, definición y  criterios  de  discriminación  (Informe  III,  parte  4B).   

57  Convenio 111 de la OIT, artículo 1-1.   

58  OIT,  Sesión  de la Conferencia 83ª (1996), Igualdad  en  el  empleo  y  la ocupación: Ámbito de aplicación personal, definición y  criterios  de discriminación (Informe III, parte 4B);  apartado 23.   

59  Convenio 111 de la OIT, artículo 1-2.   

60  Convenio 111 de la OIT, artículo 1-3.   

62  OIT,  Sesión  de la Conferencia 83ª (1996), Igualdad  en  el  empleo  y  la ocupación: Ámbito de aplicación personal, definición y  criterios  de discriminación (Informe III, parte 4B);  apartado 26.   

63  OIT,  Sesión  de la Conferencia 83ª (1996), Igualdad  en  el  empleo  y  la ocupación: Ámbito de aplicación personal, definición y  criterios  de discriminación (Informe III, parte 4B);  apartado 42.   

64  OIT,  Sesión  de la Conferencia 83ª (1996), Igualdad  en  el  empleo  y  la ocupación: Ámbito de aplicación personal, definición y  criterios  de discriminación (Informe III, parte 4B);  apartado 42.   

65 Al  respecto,   ver   el   capítulo   9  de  las  consideraciones  de  la  presente  sentencia.   

66  Dice    la    norma    de   la   Convención:   “Artículo   12   —   Libertad   de   conciencia  y  de  religión.   1. Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de  religión.  Este  derecho  implica  la  libertad de conservar su religión o sus  creencias,  o  de  cambiar  de religión o de creencia, así como la libertad de  profesar  y  divulgar  su religión o sus creencias individual o colectivamente,  tanto  en  público  como  en  privado.  2.  Nadie  puede  ser objeto de medidas  restrictivas  que  puedan menoscabar la libertad de conservar su religión o sus  creencias  o  de  cambiar  de  religión  o  de  creencias.  3.  La  libertad de  manifestar  la propia religión y las propias creencias está sujeta únicamente  a  las  limitaciones  prescritas por la ley y que sean necesarias para proteger,  la  seguridad,  el  orden,  la  salud  o  la  moral  públicos  o los derechos o  libertades  de  los  demás. (…).”  Este Pacto fue aprobado mediante la  Ley 16 de 1972.   

67 La  Ley  estatutaria 133 de 1994 fue declarada exequible por la Corte Constitucional  en  la  sentencia  C-088  de  1994 (MP Fabio Morón Díaz; SPV Eduardo Cifuentes  Muñoz,  Carlos  Gaviria  Díaz  y Alejandro Martínez Caballero; SPV y AV José  Gregorio Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara).   

68 Al  respecto  la  Corte ha señalado lo siguiente: “como ya se mostró a partir de  los  textos  internacionales,  el  derecho  a la libertad religiosa, tanto en su  faceta  de  acción (poder realizar ciertos actos) como en su faceta de omisión  (no  ser  obligado  a  hacer  algo,  en  razón  a  sus  creencias), no tiene un  carácter  absoluto,  del  que sí goza el derecho en cuestión en su dimensión  espiritual      individual.      En      efecto,     la     Constitu­ción        recono­ce  el derecho a toda persona para que  crea  en lo que quiera, sin ningún tipo de restricción. En cambio las acciones  y  omisiones  derivadas  de  la  religión, cuyo ejercicio también se garantiza  constitu­cional­mente,  sí  tienen límites. […]” Corte Constitucional, sentencia T-982 de 2001 (MP  Manuel José Cepeda Espinosa).   

69 Ley  133 de 1994, artículo 4°, inciso primero.   

70  Pettiti,  L.  La Convention Européenne des Droits de  L’Homme.   Ed.   Económica.   1995,   París.   

71  Corte   Constitucional,   sentencia  T-982  de  2001  (MP  Manuel  José  Cepeda  Espinosa).   

72 En  la  sentencia  T-588  de  1998  (MP. Eduardo Cifuentes Muñoz) la Corte decidió  tutelar  el  derecho  de unos padres de familia y de sus hijos para abstenerse a  practicar  en  clases  escolares, bailes contrarios radicalmente a sus creencias  religiosas.  En  este caso se tuvo en cuenta la seriedad de las creencias de los  accionantes  en  los siguientes términos: “Los datos que pueden inferirse del  expediente,  demuestran  que  la  objeción  que  oponen  los  demandantes  a la  práctica  escolar  se  origina en profundas convicciones religiosas y que ellas  se  esgrimen  de manera seria y no acomodaticia. Los estudiantes individualmente  han  rehusado  llevar  a cabo las danzas requeridas, pese a la promesa hecha por  el  profesor  de  que  si  sólo  uno  de ellos lo hacía, los demás quedarían  exonerados  de  la  prueba.  La firmeza de la creencia, de otro lado, se pone en  evidencia  en  el  valor  que  los  demandantes le asignan al cumplimiento de su  religión,  pues  prefieren  acatarla  aún  a costa de reprobar la materia o de  permanecer  por  fuera  del colegio. Finalmente, corrobora el aserto, la actitud  de  los  objetores que se niegan a cambiar de colegio, puesto que estiman que la  actitud  del profesor corresponde a un gesto o comportamiento que deben combatir  dentro  de  la  misma comunidad escolar donde la conducta cuestionada se da y no  en otro lugar.”.   

73 Por  ejemplo,  la  sentencia T-982 de 2001(MP. Manuel José Cepeda Espinosa); tuteló  el   derecho   a   guardar   el   sabath  de la accionante, luego de confirmar la seriedad y firmeza de sus  creencias; éste criterio se retoma de la sentencia T-588 de 1998.   

74  Corte   Constitucional,  sentencia  T-345  de  2002  (MP.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa);  en  este  caso  se  decidió  que  la  entidad  acusada [Universidad  Católica   Popu­lar  del  Risaralda]     había     vulnerado     la     libertad    de    con­cien­­cia del accionante [un estudiante de  administración  de  empresas]  en  tanto se le había obligado a tomar un curso  que,    en    razón   a   la   metodo­logía  con la que es tratado su contenido eminentemente religioso,  “constituye   una   amenaza   grave   y  real  a la  garantía  constitucional,  clara y expresa, de no ser  obligado  a  revelar  sus convicciones y creencias.”  Para  la  Corte:  “Una  universidad no puede, pretender, mediante una clase de  ética:  (i)  conducir  a  que  una  per­sona,  contra su voluntad, cambie sus convicciones religiosas; (ii)  calificar    las   creencias   religiosas   de   los   estudiantes;   ni   (iii)  presio­nar    a   los  estudiantes   a   revelar   “sus   convicciones  o  creencias” (art. 18, C.P.)”   

75  Corte  Constitucional,  sentencia  T-539A  de 1993 (MP. Carlos Gaviria Díaz; SV  Eduardo Cifuentes Muñoz).   

76  Dijo  la  Corte  al  respecto:  “En ejercicio de su autonomía, la Universidad  tiene  la  potestad  de  señalar los días regulares de trabajo académico y el  horario  dentro  del  cual  dicho  trabajo debe realizarse. Al hacerlo, tiene en  consideración  las circunstancias comunes a la generalidad de los alumnos, pero  no  puede tomar en cuenta la particular situación de cada uno, pues ese modo de  proceder  imposibilitaría la fijación de cualquier norma de carácter general.  V.gr:  excluye  el domingo, del calendario de trabajo, porque es ése un día de  descanso  en  todo  el país, independientemente de la obligación religiosa que  para  muchas  personas  tal  descanso  puede implicar. Al hacerlo, no se propone  compeler  a  quienes,  profesando  otra  fé  religiosa,  se sientan obligados a  reservar  al  culto  un  día diferente.  ||  Las personas que en esta  última  situación  se  hallen,  deben entonces optar entre el cumplimiento del  deber  religioso,  con  sacrificio de sus intereses académicos, o decidirse por  éstos,  en  detrimento  de  la  que para ellas es conducta obligatoria. Pero el  dilema   no  es  de  la  institución  que  ha  procedido  en  armonía  con  la  normatividad  vigente,  incluída  la  de  más  alto  nivel,  sino  de quien se  encuentra   en   esa   particular   situación.   […]   ||   El  reglamento  de  la  Universidad, dictado en ejercicio de su autonomía y que hay  que  presumir  a  tono  con  la  Constitución  y  la  ley, no está orientado a  vulnerar  la  libertad  de  cultos,  sino  a  posibilitar  la consecución de la  finalidad  académica  (desde  luego  legítima),  que la institución persigue.  Resulta  entonces  evidente  que las actuaciones de la Universidad, dentro de su  reglamento,  son  rigurosamente  jurídicas  y,  en  consecuencia,  conforme  al  artículo  45 del decreto 2591 de 1991, no cabe contra ellas la tutela.” Corte  Constitucional,  sentencia  T-539A de 1993 (MP. Carlos Gaviria Díaz; SV Eduardo  Cifuentes Muñoz).   

77 Ver  el apartado 4.4. de las consideraciones de la presente sentencia.   

78 Al  respecto  señaló  el Magistrado Eduardo Cifuentes Muñoz: “Desde el punto de  vista   académico  existen  otras  alternativas  diferentes  de  la  asistencia  obligatoria  a  clases  los  sábados.  El  profesor  podría  reunirse  con  la  peticionaria  en  otros  días  o  podría  asignarle  trabajo  adicional. Cuál  solución  debe  acordarse  es  algo  que  corresponde  definir  al Decano de la  Facultad;  lo importante es que se encuentre la solución que mejor consulte las  necesidades  de  ambas  partes: una que permita el ejercicio del culto por parte  de  la  peticionaria,  por  un  lado,  y  que  no  enerve  los  objetivos  de la  Universidad,  entre  los cuales se encuentra la permanencia del horario del día  sábado  y  la  obligatoriedad de la norma de asistencia a clase.  ||   La  Universidad  no  ha  demostrado  que  sea  absolutamente  necesario  que  la  peticionaria  asista  a clases los Sábados. Simplemente se ha negado a hacer el  esfuerzo  de encontrar una respuesta satisfactoria y equilibrada al problema. El  argumento  de que la decisión de las directivas universitarias tiene fundamento  en  el  interés  general,  soslaya la comparación entre la afectación de este  interés,  mínima  y  no esencial en este caso, y la afectación del derecho al  ejercicio  individual  de la libertad religiosa de la estudiante que, de acuerdo  con lo acreditado en este proceso, resulta mayúscula.”.   

79  Corte  Constitucional,  sentencia  T-075  de  1995  (MP Carlos Gaviria Díaz; AV  Carlos  Gaviria  Díaz).  El  Magistrado aclaró el voto a su propia ponencia en  los  siguientes  términos:  “En  la  ponencia  presentada  a  la  Sala por el  suscrito  magistrado,  se  proponía conceder el amparo por la violación de los  siguientes   derechos   fundamentales:   1)  Libertad  de  conciencia,  libertad  religiosa  y  de  cultos;  2)  Derecho  a la igualdad y 3) Debido proceso.   ||   Los  Magistrados  Hernández y Herrera estuvieron conformes con que se  concediera  por los derechos señalados en 2 y 3, pero no por los que se indican  en  1.   ||   Los  magistrados  que conformaron la mayoría de la Sala  derivan  de  normas  tan genéricas como los artículos 2 y 95-5 de la Carta, el  deber  específico  de  asistir  a  un  desfile conmemorativo de una efemérides  patriótica,  sin  que  puedan dispensar de su cumplimiento las creencias que se  profesen  acerca  de  la Divinidad. Es decir, que si el derecho fundamental a la  libertad  de  conciencia,  religiosa  y de cultos, entra en conflicto con el que  ellos  estiman  deber  cívico,  éste debe prevalecer sobre aquél.”  Al  respecto   ver  también  la  sentencia  T-877  de  1999  (MP.  Antonio  Barrera  Carbonell; SV Eduardo Cifuentes Muñoz).   

80  Corte  Constitucional,  sentencia  T-588 de 1998 (MP. Eduardo Cifuentes Muñoz).  En  esta  sentencia la Corte consideró que “La libertad religiosa se extiende  a  los  actos  externos  en  los  que  ésta  se manifiesta. Para el creyente la  coherencia  de  su  vida  personal  con  los  dogmas y creencias de su religión  resulta   muy  importante:  puede  ser  fuente  de  complacencia  o  de  inmenso  sufrimiento  en  el  evento  de  que  por  cualquier  razón  ella  no  se logre  alcanzar”  Luego,  la  Corte  decidió  lo  siguiente:  “En  este  caso,  la  experiencia  escolar  que  debe  ser  gozosa  para  el  estudiante,  se torna en  profundamente  dolorosa  y  traumática. Prestar su cuerpo para la expresión de  un  acto  que  la  conciencia  religiosa  del  alumno  rechaza,  carece  de toda  justificación   pedagógica  cuando  el  mismo  fin  puede  cumplirse  mediante  procedimientos  que no generen este tipo de conflicto interno en el educando. La  instrucción  del  profesor,  en  esta  situación,  obligaría  al estudiante a  asumirse  como simple objeto, vale decir a enajenarse respecto de sí mismo, que  a  eso equivale obrar contra las convicciones más profundas a fin de lograr una  cosa  – en este caso la aprobación de una asignatura. En verdad, la libertad de  cátedra  no  auspicia  ni  patrocina  el  ejercicio  de la función docente que  obligue  a  los  estudiantes  a  someterse  a  las  órdenes  de un profesor que  subordina  la dignidad de sus estudiantes a la realización de una práctica que  no es necesaria para cumplir un objetivo válido del currículo.”   

81  Corte   Constitucional,  sentencia  T-982  de  2001  (MP.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa).   

82 La  Corte    señaló   al   respecto:   “Además   de  contraproducente  la  medida  no  es  necesaria.  Para  Cafamaz es perfectamente  posible  buscar  las  metas  propuestas  mediante  un  camino  alternativo,  sin  renunciar  a  la  facultad  legal  de fijar el horario, como distribuir las tres  horas  adicionales de trabajo de la tutelante a lo largo de la semana. Imponer a  Ana  Chávez  Pereira la obligación de trabajar tres horas el sábado no es una  medida  necesaria  para que la entidad demandada pueda mejorar su productividad,  ni   para   que  la  accionante  dedique  tres  horas  más  a  su  trabajo.  Es  perfectamente   posible   y  compatible  con  dicho  propósito,  que  se  tomen  decisiones  administrativas  que  no supongan afectar gravemente el derecho a la  libertad  religiosa  de  la  accionante.” Sentencia  T-982 de 2001 (MP. Manuel José Cepeda Espinosa).   

83 La  Corte     señaló     que    la    decisión    era    “[…]    desproporcionada,  puesto que mediante el ejercicio de una facultad  legal  que  encuentra  su  límite  en el respeto a los derechos fundamentales y  demás  garantías  constitucionales,  en especial en materia laboral, se afecta  de  manera  grave  la  libertad  religiosa de una persona, en aras de atender un  beneficio    relativamente   menor   que   puede   ser   alcanzado   por   otros  medios.   ||   En  efecto,  de un lado está el derecho constitucional fundamental que le permite a  Ana  Chávez,  en  ejercicio  de sus creencias, abstenerse de realizar actividad  alguna  el  día  sábado.  La  decisión  de Cafamaz implica un desconocimiento  total  de  esa  posibilidad,  puesto  que supone la exigencia de que labore tres  horas   de   ese   día.   Por   eso,  la  afectación  es  grave,  como  ya  se  dijo.   ||   La  limitación  que implicaría para Cafamaz el que la facultad de fijar el horario  de  sus trabaja­dores tenga  que   respetar   el   derecho   de   Ana  Chávez  Pereira,  en  cam­bio,   es  menor.  La  empresa  sólo  tendría  que distribuir las tres horas adicionales a lo largo de un día o a lo  largo  de  toda  la  semana,  sin  incluir  el  sábado.  En  efecto, una de las  limitaciones  que  el  propio derecho le impone al empleador en el ejercicio del  ius  variandi  consiste en el respeto a los derechos del trabajador.”   Sentencia   T-982   de   2001   (MP.   Manuel   José  Cepeda  Espinosa).   

84 La  Corte   también   resolvió   ordenar  a  la  accionante  que  en  caso  de  que  ya  hubiese  recibido la  indemnización  por  el  despido  injusto,  debería  devolverla, descontando el  equivalente a los salarios que dejó de recibir.   

85  Corte   Constitucional,  sentencia  T-982  de  2001  (MP.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa).   

86  Corte  Constitucional,  sentencia  T-026  de  2005  (MP. Humberto Antonio Sierra  Porto; AV Álvaro Tafur Galvis).   

87  Corte  Constitucional,  sentencia  T-026  de  2005  (MP. Humberto Antonio Sierra  Porto; AV Álvaro Tafur Galvis).   

88  Corte  Constitucional,  sentencia  T-026  de  2005  (MP. Humberto Antonio Sierra  Porto;  AV  Álvaro  Tafur Galvis). Para la Corte a la accionante se le vulneró  se  derecho  a  la  libertad  religiosa  con  dos actuaciones, “la primera una  omisión  o  elusión de diálogo para llagar a un acuerdo con ella por parte de  la   entidad   demandante   y  la  segunda  la  cancelación  de  su  matrícula  argumentando    la    acreditación    de    las    fallas    suficientes   para  ello.”   

89  Corte  Constitucional,  sentencia  T-448  de  2007  (MP.  Nilson  Elías Pinilla  Pinilla).  En  este  caso  se decidió lo siguiente:  “Teniendo en cuenta  estos  precedentes,  la  Sala  no  puede  admitir  el argumento expresado por la  Universidad  para  no  acceder a las solicitudes elevadas en su oportunidad, que  conduce  al  quebrantamiento  de  los  derechos fundamentales reclamados, por la  negativa  de  la  entidad  a  llegar  a un acuerdo que posibilitara presentar el  examen     de     admisión     en     tiempo    diferente    al    Sabath,  permitiendo  así el desarrollo  de  los  derechos  a  la  libertad  de  cultos y a la educación, que en nada se  excluyen   entre  sí.   ||   Debe  aclararse  que  especialmente  las  entidades  educativas  de carácter público, pero también las privadas, están  vinculadas  por  el  deber  de  procurar el acuerdo con los estudiantes que, por  razón  de  sus  convicciones  religiosas,  no  pueden  cumplir  regularmente el  calendario   académico   u   otras  obligaciones  estudiantiles.  Así,  ha  de  propiciarse  la  obtención  de  tales acuerdos con los alumnos o aspirantes que  estén  en  esos  supuestos, siempre y cuando el interesado lo solicite desde el  primer  momento  y  demuestre  que es miembro activo de una iglesia o confesión  religiosa previamente reconocida por el Estado colombiano.”   

90  Corte   Constitucional,  sentencia  T-044  de  2008  (MP.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa). En este caso la Corte resolvió, entre otras cosas,   

91  Corte   Constitucional,  sentencia  T-044  de  2008  (MP.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa).   

92  Corte  Constitucional,  sentencia T-327 de 2009 (MP. Jorge Ignacio Pretelt   Chaljub).  Al  respecto la sentencia señaló lo siguiente: “La Sala considera  que  el  medio  elegido  no  es  necesario  para llegar al fin propuesto. Por el  contrario,  el  hecho  de  que  sólo hasta el año 2008 se hizo un cambio en el  horario  del  accionante  quien  venía  cumpliendo  semanalmente  desde 1999, y  quien,  además,  ofreció  compensar  las  horas  no  laboradas los días de la  semana,  permiten  concluir  que  existía  una medida alterna, antes de afectar  gravemente  el  derecho  a  la  libertad religiosa del señor [accionante]. Así  mismo,  la empresa [Fundación Médico Preventiva para el Bienestar Social S.A.-  Clínica  del  Prado] no justificó suficientemente su conducta, y por tanto, no  se  vislumbra  que  ésta  haya  sido  la  única  alternativa  posible. Actitud  reforzada  por  el  hecho  de  que  una  vez requerida por esta Corporación, la  Compañía  no  explicó las razones que la llevaron a tomar esta decisión sino  que,  por  el contrario, reiteró su posición en relación con la necesidad del  cumplimiento  del  horario por parte de sus empleados.  ||  En efecto,  sin  renunciar  a  la  facultad  legal  de  fijar  el  horario, la Empresa puede  permitir  que  el  accionante compense las horas no laboradas entre los días de  la  semana.  Es  por  ello  que  la  decisión  es  desproporcionada, puesto que  mediante  el  ejercicio  de  una  facultad  legal que encuentra su límite en el  respeto  a  los  derechos fundamentales y demás garantías constitucionales, se  afecta  de  manera  grave  la  libertad  religiosa  de  una  persona, en aras de  ejercer   un  derecho  que  protege  un  interés relativamente menor y que  puede ser alcanzado por otros medios.”   

93  Corte  Constitucional,  sentencia T-327 de 2009 (MP. Jorge Ignacio Pretelt   Chaljub).   

94  Corte   Constitucional,   sentencia  T-209  de  2008  (MP.  Clara  Inés  Vargas  Hernández), apartado [4.2.] de las consideraciones.   

95 Ver  antecedentes de la sentencia, sección 1.1.   

96 Al  respecto  ver  la sentencia T-044 de 2008 (MP. Manuel José Cepeda Espinosa); en  la  cual  una  joven  adventista, luego de haber presentado un examen durante el  sabath,  se  rehúsa  volver a hacerlo. La Corte consideró que en este caso ese  hecho,  contrastado  con el resto de las pruebas, no demostraba que la posición  de la accionante fuera acomodaticia.   

97  Constitución   Política,   artículo   13,   inciso  primero:  “Todas  las  personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán  la  misma  protección  y  trato  de  las  autoridades  y gozarán de los mismos  derechos,  libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de  sexo,  raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o  filosófica.”   

98  Constitución   Política,   artículo   13,   inciso  segundo:  “El  Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real  y   efectiva   y   adoptará   medidas   en  favor  de  grupos  discriminados  o  marginados.”   

99  Corte  Constitucional,  sentencia  T-697 de 1996 (MP. Eduardo Cifuentes Muñoz);  en  este caso se resolvió, entre otras cosas, que era razonable y proporcionada  una autorestricción impuesta por un grupo de profesionales.   

100  Constitución  Política, artículo 2°–  “[…];  facilitar la participación de todos en las decisiones  que  los  afectan  y en la vida económica, política, administrativa y cultural  de  la  Nación;  […].”  El  derecho  a acceder al desempeño de funciones y  cargos  públicos  es sólo una de las manifestaciones de la participación a la  que esta norma constitucional alude.   

101  Como  se  indicó  –ver el  capítulo   [3]  de  los  antecedentes–  la  Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, en  su  respuesta a la acción de tutela señaló: “[…] el objetivo del IV curso  de  formación  Judicial –  Promoción  2009,  tiene  como  fin  garantizar que las personas que se vinculan  como  Magistrados,  Magistradas,  Jueces  y  Juezas  poseen  los  conocimientos,  competencias  y  habilidades  necesarias para que, en ejercicio de la misión de  administración  de  justicia, hagan efectivos los derechos y deberes de quienes  acuden   a  ella.   ||   Por  consiguiente,  el  mencionado  curso  se  estructuró  y  así  se dio a conocer a los interesados la participación en el  mismo,  puesto  que  el  cronograma  forma  parte  del Acuerdo Pedagógico y fue  publicado  conjuntamente,  de  tal  manera que se alcanza el mencionado objetivo  […]”.   

102  La  Ley  270  de 1996, Estatutaria de la Administración de Justicia, precisa el  principal   sentido  de  la  autonomía  e  independencia  judicial:  “Ningún  superior   jerárquico  en  el  orden  administrativo  o  jurisdiccional  podrá  insinuar,  exigir,  determinar  o  aconsejar a un funcionario para imponerle las  decisiones o criterios que deba adoptar en sus providencias.”   

103  Ley  270  de  1996,  Estatutaria  de  la  Administración de Justicia, artículo  1°.   

104  Ley  270  de  1996,  Estatutaria  de  la  Administración de Justicia, artículo  4°.   

105  Expediente, primer cuaderno, folio 101.   

107  Acuerdo  N°  PSAA08-4528  de  2008, febrero 4. “Por  medio  del cual se adelanta el proceso de selección y se convoca al concurso de  méritos   para  la  provisión  de  los  cargos  de  Funcionarios  de  la  Rama  Judicial”.   

108  Acuerdo    N°    PSAA08-4528    de    2008,    artículo    2°    ‘Convocar   a   los   interesados  en  vincularse  a  la Rama Judicial en los cargos que se relacionan a continuación,  para  que  se  inscriban  y participen en el concurso de méritos destinado a la  conformación  de  los  correspondientes Registros Nacionales de Elegibles, para  los  siguientes cargos:  1. Magistrado de Tribunal Administrativo;  2.  Magistrado  de  Tribunal  Superior, Sala Civil;  3. Magistrado de Tribunal  Superior,   Sala   Penal;   4. Magistrado   de   Tribunal   Superior,  Sala  de  Familia;   5. Magistrado  de  Tribunal  Superior  , Sala Laboral;  6.  Magistrado     de     Tribunal    Superior    –    Sala    Civil    –  Familia; 7. Magistrado de Tribunal  Superior  –  Sala  Civil –  Familia  –  Laboral;  8.  Magistrado   de   Tribunal  Superior  –  Sala  Única;  9.  Magistrado  de  Sala  Administrativa  de  Consejo  Seccional de la Judicatura;  10. Magistrado de  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria de Consejo Seccional de la Judicatura;   11.   Juez  Administrativo;   12.  Juez Civil del Circuito;  13. Juez  Penal  del  Circuito;  14.  Juez  de  Familia del Circuito; 15. Juez Laboral del  Circuito;   16. Juez  Penal  para  Adolescentes; 17. Juez de Ejecución de  Penas  y  Medidas de Seguridad;  18. Juez Promiscuo del Circuito;  19.  Juez  Promiscuo  de  Familia;  20. Juez  Civil Municipal;  21. Juez Penal  Municipal;   22. Juez  Promiscuo  Municipal;   23. Juez de Pequeñas  Causas’.   

109  Acuerdo N° PSAA08-4528 de 2008, artículo 2°.   

110  Acuerdo N° PSAA08-4528 de 2008, artículo 3°, 5.1.   

111  Acuerdo N° PSAA08-4528 de 2008, artículo 3°, 5.1.   

112  Acuerdo  N° PSAA08-5334 de 2008, noviembre 18. “Por  medio   del   cual   se   establece  el  Acuerdo  Pedagógico  del  ‘IV   Curso  de  Formación  Judicial  Inicial  para  Magistrados,  Magistradas,  Jueces  y  Juezas  de  la República,  Promoción  2008-2009.”  Además  de  los 23 tipos de cargos mencionados en el  primer  acuerdo  (Acuerdo  N°  PSAA08-4528  de 2008), en el segundo, el Acuerdo  Pedagógico,  se  incluye  un tipo de cargo adicional, a saber, Juez/a Penal del  Circuito  Especializado,  con  base en otro acuerdo previo a éstos dos (Acuerdo  N° PSAA07-4132 de 2007).   

113  Acuerdo N° PSAA08-5334 de 2008, art. 1°, Cap III, 4. Objetivos.   

114  Acuerdo N° PSAA08-5334 de 2008, art. 1°, Cap III, 4. Objetivos.   

115  Acuerdo  N°  PSAA08-5334  de  2008,  art.  1°, Cap III, 4. Objetivos. “[…]  ||   Para  lograr  estos  objetivos,  la  Rama Judicial, se ha comprometido  integral  y  decididamente  en  este  esfuerzo  y está entregando a los y a las  aspirantes  lo  mejor de sus conocimientos  y  experiencia,  con la satisfacción de contribuir con los fines  del  estado  Social  de  Derecho  en la escogencia y cualificación de los y las  servidores/as  públicos  en  el  sector  justicia  que  coadyuven  a  una mejor  garantía de los derechos de todos los colombianos/as.”   

116 A  lo  anterior  añade  el Acuerdo Pedagógico: “El respeto por la autonomía de  la  Rama  Judicial  y  la  independencia  de  los  Jueces/as  como  garantía de  imparcialidad  para  los  y las usuarios/as del servicio de justicia. La Escuela  Judicial  ‘Rodrigo  Lara  Bonilla’  está  atenta  para  que todos los planes educativos ofrezcan a los y a las  participantes las  principales  tendencias o corrientes de pensamiento así como el fortalecimiento  de  sus  habilidades  de  interpretación  y argumentación judiciales para que,  ante  un  caso  en  particular sometido a su conocimiento opten, en ejercicio de  esa  independencia, por la alternativa que consideren más adecuada para cumplir  los  fines  de  la  justicia.”  Acuerdo N° PSAA08-5334 de 2008, art. 1°, Cap  III,   5.   Criterios  …   

117  Acuerdo   N°   PSAA08-5334   de   2008,  art.  1°,  Cap  IV,  5.  Derechos.   

118  Corte  Constitucional,  sentencia  T-026  de  2005  (MP. Humberto Antonio Sierra  Porto).   

119  Acuerdo   N°   PSAA08-5334   de   2008,   art.   1°,   Cap   VI,  Asistencia.   

120  Acuerdo   N°   PSAA08-5334   de   2008,   art.   1°,   Cap   VI,  Asistencia.  “Las  razones  de  fuerza  mayor  relacionadas  con  familiares  del  o la discente, que sean alegadas como  razón  de  justificación  para  la no presentación de una evaluación, serán  tenidas  en  cuenta  solamente  cuando se trate del cónyuge, padres, hijos/as o  hermanos/as  del  o la concursante y siempre que se refieran a una calamidad que  hubiere   impedido   la   asistencia   del   o   la   discente   a   la  jornada  correspondiente.   ||   Las  incapacidades por enfermedad común del o  la  discente  o  enfermedad  grave  de  los  familiares señalados en el numeral  anterior,   siempre  que  dichas  personas  estén  a  cargo  de  éste,  o  por  maternidad,   deberán   ser   expedidas  o  validadas  por  la  correspondiente  EPS.”   

121  Dice  al  respecto  el  acuerdo:   “Si el o la concursante por razones de  fuerza  mayor  debe retirarse, total o parcialmente, de una actividad académica  específica,   antes   de   que   aquella   finalice,   verbalmente  solicitará  autorización  al  o  a  la  Coordinador/a  Académico/a  de la Escuela Judicial  “Rodrigo  Lara  Bonilla”  que  allí  se encuentre quien solicitará el aval  correspondiente  al o la Jefe de la División Académica. Si ésta considera que  las  razones  son  palmariamente aceptables, autorizará el retiro, pero en todo  caso,   el   o   la  concursante  estará  obligado/a  a  presentar  el  escrito  justificatorio   dentro  de  los  tres  (3)  días  siguientes,  dirigido  a  la  Dirección   de   la  Escuela  Judicial  “Rodrigo  Lara  Bonilla”,  con  los  documentos  auténticos  anexos  pertinentes.   En las pasantías será el o la  funcionario/a  judicial  y/o  el  o  la Coordinador/a Académico/a de la Escuela  Judicial  ‘Rodrigo  Lara  Bonilla’ para efectos de  las  autorizaciones  aquí  reguladas.” [Acuerdo N° PSAA08-5334 de 2008, art.  1°,      Cap      VI,      Asistencia.]   

122  Así  lo  consideró la Corte en la sentencia T-412 de 2009 (MP. María Victoria  Calle  Correa)  a  propósito  de  las  restricciones  impuestas  a las personas  privadas   de   la   libertad,   en  razón  a  las  limitaciones  de  carácter  presupuestal.  Dijo  la  Corte:  “las limitaciones presupuestales no excusan a  las  autoridades  carcelarias  de su obligación de velar por garantizar el goce  efectivo  de los derechos fundamentales de las personas privadas de la libertad.  Por  el contrario, en casos como éstos, las limitaciones implican un mayor celo  en   la   protección  de  los  derechos.  En  efecto,  dadas  las  limitaciones  presupuestales,  y por tanto, la imposibilidad de realizar un número indefinido  de  traslados de presos, el INPEC ha debido estudiar cuidadosamente la decisión  de  haber  trasladado  a  [la  accionante] desde Bogotá hasta Valledupar. En un  caso  de  recursos  abundantes,  es  probable  que  el INPEC se pudiera tomar la  libertad   de   trasladar   rápidamente   una   persona  hasta  un  determinado  establecimiento  carcelario  y  luego, considerando cuidadosamente la cuestión,  la  volviera  a  trasladar a un lugar más adecuado para los fines propios de la  pena, su seguridad y la protección de sus derechos. […].”   

123  Corte  Constitucional,  sentencia  C-022  de 1996 (MP. Carlos Gaviria Díaz). En  este   caso  la  Corte  hizo  referencia  a  Aristóteles,  cuando  afirma  que:  “Por  ejemplo,  parece  que la justicia consiste en  igualdad,  y  así  es,  pero  no  para  todos,  sino  para  los  iguales;  y la  desigualdad  parece  ser justa, y lo es en efecto, pero no para todos, sino para  los     desiguales.”  [Política  III  9  (1280a).] En esta ocasión, la Corte decidió que una ley  que  incentivaba  el  servicio  militar, otorgando puntos en el examen de estado  para  el  ingreso  a la educación superior a los jóvenes, violaba el derecho a  la  igualdad;  la  Corte  dijo  al  respecto:  “la norma acusada establece una  diferenciación  irrazonable  en  las  oportunidades  de  acceso a la educación  superior,  en detrimento de personas que no prestaron el servicio militar y que,  teniendo  méritos académicos para continuar sus estudios en su etapa superior,  se  pueden  ver desplazados por los beneficiarios del privilegio otorgado por la  norma demandada.”   

124  Al  respecto  ver,  entre  otras,  las  sentencias  T-422  de  1992 (MP. Eduardo  Cifuentes  Muñoz,  SV Jaime Sanín Greiffenstein), T-187 de 1993 (MP. Alejandro  Martínez  Caballero),  T-563  de  1994  (MP.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz) y, en  especial,  la  sentencia T-230 de 1994 (MP. Eduardo Cifuentes Muñoz) citada por  la sentencia C-022 de 1996.   

125  La  metodología  de  análisis  del  derecho de igualdad fijado en la sentencia  C-022  de  1996  (MP  Carlos  Gaviria Díaz) ha sido reiterada y usada en varias  ocasiones,  entre  ellas  en  las  sentencias   C-423  de  1997 (MP Eduardo  Cifuentes  Muñoz),  T-789 de 2000 (MP Carlos Gaviria Díaz), C-1410 de 2000 (MP  Fabio  Morón  Díaz),  C-200  de 2001 (MP Eduardo Montealegre Lynett), T-685 de  2001  (MP  Manuel  José  Cepeda  Espinosa),  C-742 de 2001 (MP Alfredo Beltrán  Sierra,  AV  Jaime  Araujo  Rentería),  T-1082 de 2001 (MP Marco Gerardo Monroy  Cabra),  C-043  de  2002  (MP  Álvaro  Tafur  Galvis),  C-314 de 2002 (MP Marco  Gerardo  Monroy  Cabra),  C-031 de 2003 (MP Manuel José Cepeda Espinosa), C-101  de  2003  (MP  Jaime  Córdoba  Triviño),  C-681 de 2003 (Conjuez ponente Ligia  Galvis  Ortiz),  T-217  de  2004  (MP Eduardo Montealegre Lynett), C-569 de 2004  (MP[e]  Rodrigo Uprimny Yepes), C-576 de 2004 (MP Jaime Araujo Rentería), C-422  de  2005  (MP Humberto Antonio Sierra Porto), T-826 de 2005 (MP Humberto Antonio  Sierra  Porto), C-243 de 2006 (MP Clara Inés Vargas Hernández), C-1064 de 2008  (MP Jaime Araujo Rentería).   

126  Para  ver  un  análisis  del  juicio  o  test  de  igualdad,  de  su  génesis,  concepción  y  desarrollo,  ver  entre  otras  las sentencias C-093 de 2001 (MP  Alejandro  Martínez  Caballero)  y  C-673  de  2001  (MP  Manuel  José  Cepeda  Espinosa, AV Jaime Araujo Rentería y Álvaro Tafur Galvis).   

127  Corte  Constitucional,  sentencia  C-022  de  1996 (MP Carlos Gaviria Díaz). En  este  caso  se indicó al respecto lo siguiente: “En otras palabras, hablar de  igualdad  o desigualdad, siguiendo alguna variante de la fórmula clásica (como  la  contenida  en  el artículo 13 de la Constitución Política), tiene sentido  sólo  en  la  medida  en  que  se  respondan  las  siguientes  tres  preguntas:  ¿igualdad  entre  quiénes?,  ¿igualdad  en qué?, ¿igualdad con base en qué  criterio?  Los  sujetos  pueden ser todos, muchos o pocos; los bienes a repartir  pueden  ser  derechos,  ventajas económicas, cargos, poder, etc.; los criterios  pueden  ser  la  necesidad,  el  mérito,  la  capacidad, la clase, el esfuerzo,  etc.   ||   Los  dos  primeros  interrogantes pueden ser respondidos a  través  del  estudio  de  los  hechos  materia de la controversia. […].   ||   El tercer interrogante, relativo al criterio utilizado para establecer  un  tratamiento  diferenciado,  implica  una  valoración  por  parte  de  quien  pretenda responderlo. […]”   

128  Corte  Constitucional,  sentencia  C-022  de  1996 (MP Carlos Gaviria Díaz). Al  respecto  se  señala:  “[…] el análisis del criterio de diferenciación se  desarrolla  en tres etapas, que componen el test de razonabilidad y que intentan  determinar:   a.  La  existencia  de  un  objetivo perseguido a través del  establecimiento  del  trato  desigual.   ||   b.  La  validez  de  ese  objetivo  a  la  luz de la Constitución.  ||  c. La razonabilidad del  trato  desigual  […]”  En  tal sentido, la sentencia C-673 de 2001 advierte:  “[…]  Este  es  sólo un método para la determinación de vulneraciones del  principio  de  igualdad.  Por supuesto, puede haber otros métodos para alcanzar  dicha  finalidad,  por  lo  que  la  Corte  sólo  opta  por  aplicar el test de  razonabilidad  en la medida que se muestra en este caso como un método idóneo,  más  no  exclusivo  – se  recalca  – para tal fin.  […]”   

129  Corte  Constitucional, sentencia C-673 de 2001 (MP Manuel José Cepeda Espinosa,  SV  Jaime  Araujo  Rentería y Álvaro Tafur Galvis); en este caso se indicó al  respecto:  “[…]  la  jurisprudencia constitucional colombiana ha aplicado un  test  de  razonabilidad  en  materia  de  igualdad  y  ha  distinguido  entre un  test    estricto,   un  test   intermedio  y  uno  leve.  Cada  uno  de estos  tipos  del  test supone una diferente intensidad. Las diferencias básicas entre  estas  tres  modalidades  del  test  estriban en su estructura, sus elementos de  análisis     y     sus     consecuencias     en     materia     probatoria    y  argumentativa.”   

130  Corte   Constitucional,  sentencia  T-673  de  2001  (MP.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa).  En este caso se indicó al respecto lo siguiente: “Con respecto al  test   estricto   de   razonabilidad,   los   elementos   de   análisis  de  la  constitucionalidad  son  los  más  exigentes.  El  fin  de  la  medida debe ser  legítimo        e       importante,       pero       además       imperioso. El medio escogido debe ser no  sólo   adecuado   y   efectivamente   conducente,   sino  además  necesario,  o  sea,  que  no  pueda  ser  remplazado   por   un  medio  alternativo  menos lesivo.  Adicionalmente,  el  test estricto es el único que incluye la aplicación de un  juicio  de  proporcionalidad  en  sentido  estricto.  El  juicio de proporcionalidad  en  sentido estricto es  el  cuarto  paso  del  test  estricto  de  razonabilidad.  Este  exige  que  los  beneficios  de  adoptar la medida excedan claramente las restricciones impuestas  sobre otros principios y valores constitucionales por la medida.”   

131  Bedoya  Díaz,  Hugo  Alexander (Magistrado del Tribunal Superior de Medellín),  [2008]:      Normas      Internacionales      del  Trabajo.  Modulo de aprendizaje autodirigido, Plan de  Formación   de   Rama   Judicial.  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  Sala  Administrativa  &  Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla, 1998. Ver también  el  capítulo  2°  del  texto,  sobre  el  bloque de  constitucionalidad  y  el  bloque  de  legalidad  en materia laboral.   

132  En  la  mitad de la década de los años noventa, la Escuela Judicial propició,  por  ejemplo,  cursos  de  formación para los funcionarios de la rama judicial,  sobre  interpretación  y  argumentación  jurídica,  en  los  que se permitió  debatir  a  funcionarios  de  la  rama judicial con algunos de los profesores de  derecho  reconocidos  por  aquella  época, como por ejemplo, el profesor Manuel  Atienza.   

133  Durante  el año 2006, se realizó por ejemplo un seminario sobre los argumentos  de  razonabilidad  y  ponderación en las sentencias judiciales. Durante el año  2009  el  Consejo  Superior  de la Judicatura y la Escuela Judicial Rodrigo Lara  Bonilla  organizaron  una  serie de talleres con funcionarios judiciales de todo  el   país,   en  asocio  con  la  OIT  para  promover  el  uso  de  las  Normas  Internacionales  del  Trabajo,  NIT,  en  el  contexto de los procesos laborales  orales, entre ellas, por ejemplo, el Convenio 111 de la OIT.     

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