T-849-09

Tutelas 2009

    Sentencia  T-849/09   

ACCION     DE  TUTELA-Procedencia  excepcional pago de prestaciones sociales   

ACCION DE TUTELA FRENTE A  PENSION  DE  INVALIDEZ-Reglas  de procedencia excepcional para reconocimiento   

ACCION  DE  TUTELA CONTRA  ACTOS  ADMINISTRATIVOS EN MATERIA PENSIONAL-Reiteración          de          jurisprudencia     

DERECHO   AL   MINIMO  VITAL-Criterio    para  determinarlo  depende  de una evaluación cualitativa de las necesidades de cada  persona      

ACCION  DE  TUTELA CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES  POR VIA DE HECHO-Configuración   

DERECHO  A  LA  SEGURIDAD  SOCIAL  DE  PERSONA  DE  LA  TERCERA  EDAD-Fundamental por conexidad   

VIDA  PROBABLE  DE  LOS  ANCIANOS-Línea  jurisprudencial   

ACCION  DE  TUTELA CONTRA  PROVIDENCIAS   JUDICIALES-Se  incurrió en un defecto fáctico   

ACCION DE TUTELA EN MATERIA  DE     PENSION     DE    SOBREVIVIENTES-Cumple     las     condiciones     señaladas     por    la    Corte  Constitucional   

ACCION  DE  TUTELA  PARA  RECONOCIMIENTO      DE     PENSION     DE     SOBREVIVIENTES-Procedencia  de  acuerdo con lo establecido en la  Ley 100 de 1993   

Referencia:  expediente  T-2.356.016   

Acción  de  Tutela  instaurada  por Reinaldo  Jiménez Ángel contra el Instituto de Seguro Social ISS.   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE IGNACIO PRETELT  CHALJUB   

Bogotá   D.C.,   veinticuatro (24) de noviembre de dos mil nueve (2009)   

La  Sala Sexta de Revisión de tutelas de la  Corte        Constitucional,        conformada  por los magistrados Jorge Ignacio Pretelt Chaljub -quien  la  preside-,  Nilson  Pinilla  Pinilla  y  Humberto  Antonio  Sierra  Porto, en  ejercicio  de  sus  competencias  constitucionales y legales, y específicamente  las  previstas  en  los  artículos  86  y  241  numeral 9° de la Constitución  Política, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA   

En  el  proceso de revisión de la sentencia  proferida  el  30  de  junio  de  2009,  por  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Villavicencio,  Sala  Civil-Laboral-Familia,  la cual confirmó la  sentencia  del  veintiuno  (21) de mayo de 2009, proferida por el Juzgado Cuarto  Civil  del  Circuito  de Villavicencio, que  negó la tutela instaurada por  el  señor  Reinaldo  Jiménez  Ángel  contra  el  Instituto  de Seguro Social.   

    

1. ANTECEDENTES    

De acuerdo con lo dispuesto en los artículos  86  de  la  Constitución  Política  y  33 del Decreto 2591 de 1991, la Sala de  Selección  Número ocho de la Corte Constitucional seleccionó, para efectos de  su revisión, la acción de tutela de la referencia.   

De  conformidad  con  el  artículo  34  del  Decreto  2591  de  1991,  esta  Sala  de Revisión procede a dictar la Sentencia  correspondiente.   

     

El  señor Reinaldo Jiménez Ángel Solicita  ante  el  juez de tutela, la protección de sus derechos fundamentales al debido  proceso  y   a la seguridad social, en conexidad con el derecho a la vida y  al  mínimo  vital,  presuntamente  vulnerados  por el ISS, al no reconocerle la  pensión   de  sobrevivientes  de  su  compañera  permanente  la  señora  Rosa  Camacho,   por  no haber probado, ni  acreditado la convivencia con la  misma.  Sustenta  su solicitud en los siguientes hechos y argumentos de derecho.   

     

1. Hechos     

     

1. El  señor  Reinaldo  Jiménez  Ángel,  actuando  en nombre propio,  interpuso  acción de tutela contra el Instituto de Seguro Social, con el fin de  que  se le reconociera la pensión de sobreviviente de su compañera permanente,  quien falleció  el 23 de febrero del 2004.     

     

1. Afirma  el  accionante  ser  un  anciano  de  72  años de edad, sin  sustento  económico  alguno, y que sólo trabaja ocasionalmente como cuidandero  en  pequeñas  fincas  de amigos, quienes le pagan en especie con la comida y la  dormida.     

     

1. Expone  que convivió con la señora Rosa Camacho de manera continua  e  ininterrumpida  durante  cerca  de  diez  (10)  años,  desde el diez (10) de  noviembre  de  1994 hasta el fallecimiento de la misma el 23 de febrero de 2004.     

     

1. El  Instituto de Seguro Social durante el trámite para reconocer la  pensión  de  sobreviviente,  realizó  una  investigación administrativa en la  cual  se le interrogó sobre los hechos de su petición. El Seguro expidió tres  (3)  resoluciones  sucesivas  donde  se  le  negó  su  solicitud  pensional con  diversos  argumentos,  como  la existencia de un vínculo matrimonial anterior o  la  falta  de acreditación, por no haberla probado, de su calidad de compañero  permanente.     

     

1. Contra  estas  decisiones,  el  demandante interpuso los recursos de  ley,  contrarrestando  el  argumento  de  un  vínculo  marital anterior, con el  registro  civil de defunción de su anterior esposa, fallecida el primero (1) de  abril de 1992.     

     

1. En   Derecho  el  tutelante  adujo  las  siguientes  sentencias:  la  T-122-2000,   sobre  la  prueba  de  la  convivencia  por  cualquier  medio;  la  T-566-1998,  la  C-081-1999,  la  T-122-200,  sobre  la  necesidad  de probar la  convivencia,  su  tiempo  de  duración, y la no necesidad de sentencia judicial  para probarla “prima facie”.     

     

1. TRASLADO Y CONTESTACION DE LA DEMANDA     

Radicada  la  acción  de tutela, el Juzgado  Cuarto  Civil  del  Circuito de Villavicencio, la admitió y corrió traslado de  la   misma   al  Instituto  de  Seguro  Social,  Atención  al  Pensionado,  Seccional Cundinamarca y D.C., quien guardó silencio.   

     

1. PRUEBAS Y DOCUMENTOS     

En  el  expediente  obran como pruebas,  entre otros, los siguientes documentos:   

     

1. Copia  del acta de declaración extraproceso, otorgada por el señor  Antonio  María  Camacho,  hermano  de la señora Rosa Camacho, mediante la cual  testimonió  sobre  la  existencia  de  la  convivencia entre el accionante y su  hermana la causante de la pensión.      

     

1. Copia  de  las actas de declaración extraproceso, otorgadas por los  señores:   Tulio   Hernando   Rodríguez   Hernández   y   Alberto  Amézquita  Villamarín,   donde  manifiestan que el accionante y la señora Rosa   Camacho  convivieron  por  espacio de diez (10) años, hasta el fallecimiento de  esta última.     

     

1. Copia  de  declaración  juramentada,  rendida por el demandante, en  donde  manifiesta  haber  convivido  con  la señora Rosa Camacho, desde el diez  (10)   de   noviembre  de  1994  y   hasta  el  veintitrés  (23)  de  febrero  de 2004, fecha en la cual  falleció.    Igualmente    indica   que   dependía   económicamente   de   su  compañera.     

     

1. Copia  de  la  resolución  número  046470 de 2006, expedida por el  Instituto  de  Seguro  Social, por medio de la cual, se resuelve la solicitud de  prestación  económica  interpuesta  ante el Sistema general de Pensiones, y en  la  cual  se  niega la sustitución pensional reclamada por el demandante con el  argumento  de  no   existir  certeza  sobre la convivencia entre éste y la  pensionada fallecida.     

1. Copia  de  la  resolución número 0019760 de 2007, proferida por el  Instituto  de  Seguro  Social,  por  medio de la cual se resolvió el recurso de  reposición  interpuesto  por  el  peticionario  y  donde  se  expone que de las  declaraciones  aportadas a la solicitud, no se desprende con claridad las fechas  en la cuales se inicio y terminó la convivencia entre ellos.     

     

1. Copia  de la resolución 2026 de 2008, proferida por el Instituto de  Seguro  Social,  por  medio  de  la  cual  se resolvió el recurso de apelación  interpuesto  por el demandante, con base en los mismos argumentos aducidos en la  resolución anterior.      

    

1. DECISIONES JUDICIALES     

     

1. PRIMERA     INSTANCIA    –       JUZGADO     CUARTO     CIVIL     DEL     CIRCUITO     DE  VILLAVICENCIO.     

En primera instancia, el Juzgado Cuarto Civil  del  Circuito  de Villavicencio, mediante sentencia proferida el  veintiuno  (21)  de  mayo de 2009, negó la solicitud de amparo, con base en las siguientes  consideraciones:   

Sostuvo  que  la demanda del señor Reinaldo  Jiménez  Ángel,  debe desestimarse por tratarse de un hecho superado, toda vez  que  el  ISS  ya  respondió al accionante sobre la improcedencia de la pensión  sustitutiva.   

Señaló  el  fallador de primera instancia,  que  al  no  existir  una  nueva  petición  por  resolver, deberá estarse a lo  resuelto  en  sede  administrativa,  teniendo  en  cuenta que la tutela no es el  medio   idóneo   para   lograr   la   pretensión   impetrada  o  en  su  lugar  “…acudir  a  la vía Administrativa a reclamar los  derechos  que le puedan corresponder…” (primera                Instancia                fol.41)    

     

1. SEGUNDA   INSTANCIA   –   TRIBUNAL  SUPERIOR  DISTRITO  JUDICIAL  DE  VILLAVICENCIO – SALA CIVIL, LABORAL, FAMILIA.     

Confirmó  el  fallo  de  primera instancia,  y   negó la tutela. Se  apoyó  en  la  Corte Constitucional para decidir que la acción de tutela no es  el   medio   idóneo   para  resolver  las  controversias  relacionadas  con  el  reconocimiento   o   reliquidación   de   prestaciones   sociales   litigiosas,  particularmente  en  materia de pensiones, por consiguiente el juez de tutela no  puede  dirimir la controversia suscitada en el presente caso, pues no cuenta con  los  medios  probatorios  para determinar si el accionante tiene o no derecho al  reconocimiento   de   la   sustitución   de  la  que  gozaba  la  señora  Rosa  Camacho.   

Arguyó que en el fondo la acción instaurada  pretende  la  declaración de la nulidad de las tres resoluciones que le negaron  el  reconocimiento  de  la  sustitución  pensional  y  por lo tanto el Tribunal  concentrará  su  atención  en  este  aspecto  que  conllevará  a  declarar la  improcedencia  de  la  tutela para atacar aspectos administrativos. En relación  con  esta  controversia   el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de  Villavicencio  consideró  que  “…no corresponde al  juez  constitucional  dirimir tal controversia…”. Y  además,  que por tratarse de “derechos litigiosos…  la  competencia  prevalerte  para  resolver  este  tipo  de  conflictos  ha sido  asignada  por  el  ordenamiento  jurídico  a la  justicia  laboral  o a la contencioso administrativa, según el caso”.       (segunda       Instancia,  fol.13)   

Señaló,  que el demandante no acreditó un  perjuicio  irremediable que justificara la urgencia para utilizar esta acción y  evitar de esta manera vulneración a sus derechos fundamentales.   

Que   “tampoco  allegó  elemento  de  juicio  que  permita  concluir  la vulneración al debido  proceso…”. (segunda instancia fol.16)   

    

1. CONSIDERACIONES DE LA CORTE     

     

1. COMPETENCIA Y OPORTUNIDAD     

La  Sala Sexta de Revisión de Tutelas de la  Corte  Constitucional, en desarrollo de las facultades  conferidas  en  los  artículos  86  y  241,  numeral 9, de la Constitución, es  competente  para  revisar  los  fallos de tutela adoptados en el proceso de esta  referencia.   

     

1. PROBLEMA JURÍDICO     

La Sala analizará si el Instituto de Seguro  Social  vulneró los derechos fundamentales del señor Reinaldo Jiménez Ángel,  al  debido proceso, a la seguridad social en conexidad con la vida, y al mínimo  vital,  al  negarle  el  reconocimiento  de  la pensión de sobreviviente por no  demostrar  su  convivencia  con la causante Rosa Helena Camacho durante 5 años,  tal y como lo exige el artículo 13 de la Ley 797 de 2003.   

Para  resolver  la controversia la  Sala  Sexta  de  Revisión  de  tutelas  examinará    la   procedencia   de  la  acción  de  tutela  (i)  para  el  reconocimiento   de   prestaciones   sociales;   (ii)  como  sucedánea  de  los  procedimientos  administrativos; (iii) como procedimiento excepcional contra los  actos  administrativos;  (iv)  su  relación  con el mínimo vital y (v) con las  vías  de hecho; (vi) la seguridad social para los ancianos; (vii) el tema de la  vida  probable;  (viii)  la  relevancia  constitucional del reconocimiento de la  pensión  de sobrevivientes a un sujeto de especial protección constitucional y  (ix)  los  requisitos establecidos en el artículo 13 de la Ley 797 de 2003 para  el  reconocimiento  de  la  pensión  de  sobrevivientes  de  conformidad con la  Sentencia C-1094 de 2003.   

     

1. Procedencia  de  la  acción  de  tutela  para  el reconocimiento de  prestaciones sociales.     

En  la  Sentencia  SU-622-14-06-2001,  esta  Corte se refirió al tema en los siguientes términos:   

“La  Corte  ha  señalado  que dos de las  características   esenciales  de  esta  figura  en  el  ordenamiento  jurídico  colombiano  son  la  subsidiariedad y la inmediatez:  la primera por cuanto  tan  sólo  resulta  procedente  instaurar  la  acción en subsidio o a falta de  instrumento  constitucional  o  legal diferente, susceptible de ser alegado ante  los  jueces, esto es, cuando el afectado no disponga de otro medio judicial para  su  defensa, a no ser que busque evitar un perjuicio irremediable (artículo 86,  inciso  3°,  de  la Constitución); la segunda, puesto que la acción de tutela  ha  sido  instituida  como  remedio  de  aplicación urgente que se hace preciso  administrar  en guarda de la efectividad concreta y actual del derecho objeto de  violación            o           amenaza.1”   

La  Corte  Constitucional ha manifestado en  numerosas  ocasiones  que,  en  principio,  la acción de tutela es improcedente  para  obtener  el  reconocimiento del derecho a la pensión de vejez, invalidez,  sobrevivientes  o  a la reliquidación de la misma, en la medida en que no es un  derecho  fundamental,  al no tener aplicación inmediata, puesto que necesita el  lleno de unos requisitos definidos previamente en la ley.   

Sin embargo, este tribunal Constitucional ha  considerado  de  manera  excepcional la procedencia de la acción de tutela para  obtener   el   reconocimiento   de   la  pensión  de  vejez,  invalidez,  o  de  sobrevivientes  siempre  y cuando su desconocimiento  comprometa el núcleo  esencial de un derecho fundamental.   

De   acuerdo   con   lo   expuesto,   el  reconocimiento  de  una pensión  puede adquirir la connotación de derecho  fundamental  cuando  por conexidad ponga en peligro otros derechos de naturaleza  fundamental,   entre   ellos   la   vida,   el   mínimo  vital  y  la  dignidad  humana.   

Al respecto en  la Sentencia T -1013 de  20072 se expresó:   

“Así las cosas, es razonable deducir que  someter  a  un  litigio  laboral, con las demoras y complejidades propias de los  procesos  ordinarios,  a  una  persona  cuya  edad dificulta el acceso a la vida  laboral  y que sus ingresos son precarios para el sostenimiento personal y el de  su  familia, resulta desproporcionadamente gravoso porque le ocasiona perjuicios  para  el  desenvolvimiento  inmediato  de  su  vida  personal y familiar y se le  disminuye  su  calidad  de  vida.  Por  esta  razón,  la  Corte ha concedido en  múltiples  oportunidades  la  tutela del derecho al reconocimiento y pago de la  pensión  de vejez, en forma definitiva, o transitoria, de personas cuyo derecho  a  la  vida  en  condiciones dignas y al mínimo vital resultan afectados por la  omisión atribuible a las entidades demandadas.”   

Así,   al   evidenciarse   la   eventual  vulneración  de algún  derecho fundamental por el no reconocimiento de la  pensión  de  invalidez,  vejez  o  sobrevivencia  será necesario en todo caso,  acreditar   el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales  para  acceder  a  la  prestación  y  que  la  entidad encargada de reconocerla se abstenga de hacerlo  sin  ninguna justificación legal. En ese contexto la Corte Constitucional en la  Sentencia T-836 de 2006 señaló:   

“El excepcional reconocimiento del derecho  pensional  por  vía  de  tutela  se  encuentra  sometido, adicionalmente, a una  última  condición  de  tipo  probatorio,  consistente  en que en el expediente  esté  acreditada  la  procedencia  del  derecho,  a pesar de lo cual la entidad  encargada  de  responder  no ha hecho el mencionado reconocimiento o simplemente  no  ha  ofrecido  respuesta alguna a la solicitud. Ahora bien, en aquellos casos  en  los  cuales  no  se  encuentre  plenamente acreditado el cumplimiento de los  requisitos   y   los   derechos  fundamentales  del  solicitante  se  encuentren  amenazados  por un perjuicio irremediable, el juez de tutela podrá reconocer de  manera  transitoria el derecho pensional cuando exista  un  considerable  grado de certeza sobre la procedencia  de la solicitud.   

“El   mencionado  requisito  probatorio  pretende  garantizar  dos objetivos: en primer lugar, busca asegurar la eficacia  de  los  derechos  fundamentales  del  sujeto  que a pesar de encontrarse en una  grave  situación  originada  en  el  no reconocimiento de su derecho pensional,  cuya  procedencia está acreditada, no ha visto atendida su solicitud de acuerdo  a  la  normatividad  aplicable y a las condiciones fácticas en las que apoya su  petición.  Y,  en  segundo  lugar,  este  requisito traza un claro límite a la  actuación  del  juez  de  tutela,  quien  sólo  puede acudir a esta actuación  excepcional  en los precisos casos en los cuales esté demostrada la procedencia  del    reconocimiento”.    (Subrayas    fuera   de  texto)   

En ese orden de ideas, la Corte desarrolló  una  clara  línea  jurisprudencial  en  la  cual   definió  que cuando la  acción   de   tutela   cumpla   con    ciertos  presupuestos  mínimos  de  procedibilidad,  podrá estudiarse el fondo de la solicitud.   

Ahora  bien,  la  Sentencia  T- 043 de 2007  reiteró  las  siguientes  reglas de procedencia de la acción de tutela para el  reconocimiento   de   una   pensión   de   invalidez  que  jurídicamente  se equipara a la de vejez  y  supervivencia:   

“No  obstante  lo  anterior,  el amparo  constitucional  será viable excepcionalmente, cuando en el caso sujeto a examen  concurran las siguientes tres condiciones:   

     

i. que  la  negativa  al  reconocimiento de la pensión de invalidez, jubilación o vejez se  origine  en  actos  que  en  razón a su contradicción con preceptos superiores  puedan,  prima facie, desvirtuar la presunción de legalidad que recae sobre las  actuaciones de la administración pública;     

     

i. que esa  negativa  de  reconocimiento  de  la  prestación  vulnere  o amenace un derecho  fundamental;     

     

i.   que  la  acción  de  tutela  resulte  necesaria  para  evitar  la consumación de un  perjuicio iusfundamental irremediable.     

En  relación  con  el primer requisito, la  actuación  de la administración a través de la cual reconoció o reajustó la  pensión   de   invalidez,   jubilación   o   vejez   debe   presentarse   como  manifiestamente  ilegal  o  inconstitucional. Si bien el juez de tutela no es el  competente  para  realizar  un  análisis  detallado  sobre  la legalidad de las  actuaciones  de  la  administración,  por ser ello de competencia de los jueces  especializados;   ante   la   afectación  de  los  derechos  fundamentales  del  peticionario   provocada  por  una  actuación  que  se  muestra  desde  un  principio  como  contraria  a postulados de índole legal o inconstitucional, la  acción  de  tutela  resulta  procedente para amparar los derechos fundamentales  afectados.   

Frente  al  segundo  requisito, para que la  acción  de tutela esté llamada a prosperar es necesario acreditar que la falta  de  reconocimiento,  pago  o  reajuste  de  la  prestación económica amenace o  vulnere  un  derecho  fundamental. Al respecto, es necesario tener en cuenta que  para  el caso de pensión de invalidez, en donde la persona ha sido incapacitada  para  laborar  y  además no cuenta con bienes de fortuna o con otro ingreso, la  falta  de  pago de la pensión compromete de manera cierta su derecho al mínimo  vital.   

Finalmente,  para  que  pueda  proceder  la  acción  de  tutela  es  necesario  demostrar  que  no  existe otro mecanismo de  defensa  judicial  de  los derechos fundamentales amenazados o vulnerados o que,  de  existir,  carece  de  idoneidad; caso en el cual el amparo constitucional se  muestra  como  una  medida necesaria para evitar la consumación de un perjuicio  irremediable en contra del afectado.   

5.2. En lo relativo a los requisitos para la  acreditación  de  la  inminencia de perjuicio irremediable, también existe una  doctrina  constitucional  consolidada,  la  cual  prevé  que  para  que resulte  comprobado  este  requisito debe acreditarse en el caso concreto que3  (i) se esté  ante  un perjuicio inminente  o  próximo  o  suceder, lo que exige un grado suficiente de certeza respecto de  los   hechos   y   la   causa   del   daño;   (ii)  el  perjuicio  debe  ser  grave, esto es, que conlleve la  afectación  de  un  bien  susceptible  de  determinación  jurídica, altamente  significativo  para  la persona; (iii) se requieran de  medidas  urgentes  para  superar  el daño, las cuales  deben  ser  adecuadas  frente  a  la inminencia del perjuicio y, a su vez, deben  considerar  las  circunstancias  particulares  del  caso;  y (iv) las medidas de  protección   deben   ser  impostergables,  lo que significa que deben responder a condiciones de oportunidad  y eficacia, que eviten la consumación del daño irreparable.   

De   la   misma   manera,  el  precedente  constitucional   en   comento  prevé  que  la  evaluación  de  los  requisitos  anteriores  en  el caso concreto no corresponde a un simple escrutinio fáctico,  sino  que  debe  tener en cuenta las circunstancias particulares del interesado,  que  se  muestren  relevantes  para  la  determinación  de  la  existencia  del  perjuicio.   Especialmente,  deberá  analizarse si el afectado pertenece a  alguna  de  las  categorías sujetas a la especial protección del Estado.   Para  la Corte, la pertenencia a estos grupos poblacionales tiene una incidencia  directa  en la intensidad de la evaluación del perjuicio, habida cuenta que las  condiciones  de  debilidad  manifiesta  obligan a un tratamiento preferencial en  términos  de  acceso  a los mecanismos judiciales de protección de derechos, a  fin   de   garantizar   la  igualdad  material  a  través  de  discriminaciones  afirmativas   a  favor  de  los  grupos  mencionados.  Desde  esta  perspectiva,  “tratándose  de  sujetos  de  especial  protección, el concepto de perjuicio  irremediable  debe ser interpretado en forma mucho más amplia y desde una doble  perspectiva.    De   un  lado,  es  preciso  tomar  en  consideración  las  características  globales del grupo, es decir, los elementos que los convierten  en  titulares  de esa garantía privilegiada. Pero además, es necesario atender  las  particularidades  de la persona individualmente considerada, esto es, en el  caso                   concreto”.4    (Subrayas    fuera    de  texto)   

5.3.  Para  el  caso  de  las  personas con  discapacidad,  es  evidente  que  la  intensidad en la evaluación del perjuicio  irremediable  debe morigerarse en razón de la capacidad material que tiene este  grupo  poblacional  para  acceder  a  los  instrumentos  judiciales  ordinarios,  competencia  que se ve significativamente disminuida en razón de la debilidad y  la vulnerabilidad que imponen la limitación física o mental.”   

A  partir  de estos planteamientos, la Sala  pasará  a  estudiar si en el presente caso se cumplen los anteriores enunciados  que  tratan  concretamente  sobre  la  procedencia de la acción de tutela y, de  corroborarse  su  cumplimiento, se  continuará con el estudio de fondo del  caso.   

     

1. Procedencia    de    la   Tutela   para   sustituir    procesos  administrativos     

            Como  los  falladores  de  primera y de segunda instancia al  negar  la  tutela  ordenaron  acudir  a  la  vía  laboral  o  a la contenciosa   administrativa,   esta  Sala  estima pertinente dejar una consideración sobre este último tema.   

   

                    En principio  la  Corte  ha  sostenido  que  la actividad tutelar no puede desplegarse para la  reivindicación  de  derechos  prestacionales.  Sin  embargo  la Corte ha venido  modulando  su  posición  y  en  sentencias  como  la T- 083 del 4 de febrero de  20045, consideró:   

“No  obstante  lo  dicho,  la  regla  que  restringe  la  participación  de  la acción de tutela en la protección de los  derechos  prestacionales   tampoco  es  absoluta.  Conforme  con  su propia  filosofía,  la Corte ha venido sosteniendo que, excepcionalmente, es posible el  reconocimiento  de esta clase de derechos por la vía del amparo constitucional,  no  solo  cuando  se  ejerce  como  mecanismo  transitorio,  caso  en el cual es  necesario  demostrar  la  existencia de un perjuicio irremediable, sino también  cuando  el  medio  judicial  preferente  (para el caso  procedimiento  administrativo)  es ineficaz o no es lo  suficientemente  expedito para brindar una protección inmediata, circunstancias  que   deben   ser   valorados   por   el   juez   constitucional  en  cada  caso  particular.   

Este  último  razonamiento encuentra pleno  respaldo  en  el  artículo  6°  del  Decreto 2591 de 1991, reglamentario de la  acción  de  tutela,  el  cual, al referirse a las causales de improcedencia del  amparo  constitucional,  señala claramente que la existencia de otros medios de  defensa  judicial  tendrá  que  ser  apreciada  “en  concreto” por el juez,  teniendo  en  cuenta el grado de eficiencia y efectividad del mecanismo judicial  frente  a  las  circunstancias  en que se encuentre el solicitante al momento de  invocar  la  protección  del  derecho presuntamente conculcado. Amparada en ese  mandato,  la  Corte  expresó  en  uno  de  sus  primeros  pronunciamientos,  lo  siguiente:   

“…el  otro  medio de defensa judicial a  que  alude  el  artículo  86 debe poseer necesariamente, cuando menos, la misma  eficacia  en  materia  de  protección  inmediata  de  derechos constitucionales  fundamentales  que,  por  su  naturaleza,  tiene la acción de tutela. De no ser  así,  se  estaría  haciendo  simplemente una burda y mecánica exégesis de la  norma,  en  abierta  contradicción  con  los  principios vigentes en materia de  efectividad  de  los  derechos y con desconocimiento absoluto del querer expreso  del  Constituyente.”  (Sentencia T-414 del 31 de diciembre de 19926)    

Recientemente reiteró la Corte:  

“…la jurisprudencia de esta Corporación  sostiene  que  la  acción  de  tutela  procede a pesar de existir otro medio de  defensa  judicial, cuando: i) se considera que éste es ineficaz debido a que no  resuelve   el   conflicto   de   manera   integral,7   o   ii)   éste  no  es  lo  suficientemente  expedito  frente  a  la exigencia particular de una protección  inmediata…”   (Sentencia   T-076   del  5  de  febrero  de  20038).   

En  esa  misma sentencia, la Corte precisó  las  razones  por  las cuales, de manera excepcional, la acción de tutela está  llamada  a  prosperar  en  materia pensional, no como mecanismo transitorio sino  definitivo:   

“Con  base en ello, este alto Tribunal ha  sostenido  que  la  procedencia excepcional de la acción de tutela en los casos  de  reconocimiento  o  reliquidación  de  pensiones,  adquiere  cierto grado de  justificación  cuando  sus titulares son personas de la tercera edad, ya que se  trata  de  sujetos  que  por  su  condición  económica,  física  o  mental se  encuentran  en  condición de debilidad manifiesta, lo que permite otorgarles un  tratamiento   especial   y  diferencial  más  digno  y  proteccionista  que  el  reconocido  a  los  demás  miembros de la comunidad9   

. Para la Corte, la tardanza o demora en la  definición  de  los  conflictos relativos al reconocimiento y reliquidación de  la  pensión  a  través de los mecanismos ordinarios de defensa, sin duda puede  llegar  a  afectar  los  derechos  de las personas de la tercera edad al mínimo  vital,   a   la   salud,   e  incluso  a  su  propia  subsistencia,  lo  que  en  principio justificaría el  desplazamiento  excepcional  del  medio  ordinario  y la intervención plena del  juez   constitucional,   precisamente,   por   ser   la  acción  de  tutela  un  procedimiento  judicial  preferente,  breve  y  sumario  de  protección  de los  derechos fundamentales.   

El  criterio de interpretación acogido por  la  jurisprudencia  constitucional en torno a este punto, tiene un fundamento de  principio  en  los  artículos  13  y  46  de la Carta, los cuales le imponen al  Estado,  por  una  parte,  el  deber  de  brindar  una protección especial “a  aquellas  personas  que  por  su  condición  económica,  física  o mental, se  encuentran  en  circunstancias  de  debilidad  manifiesta”,  y por la otra, la  obligación  de  concurrir,  con la colaboración de la sociedad y la familia, a  “la   protección   y   la   asistencia   de   las   personas  de  la  tercera  edad…”     (Subrayas    agregadas).   

(…)  

En  síntesis,  la  acción  de  tutela  no  procede  para  ordenar  el  reconocimiento  o  la reliquidación de pensiones, a  menos  que  el  conflicto  planteado  involucre personas de la tercera edad y se  logre  acreditar  la  afectación  de garantías fundamentales que no puedan ser  protegidas  oportunamente  a  través de los medios de defensa previstos para el  efecto,  de  manera  tal que se entienda que éstos han perdido toda su eficacia  material  y  jurídica. En dichos eventos, le corresponde al juez constitucional  evaluar,  valorar  y  ponderar la situación fáctica puesta a su conocimiento y  todos  los factores relevantes del caso, para efectos de establecer la necesidad  de  brindar  una  protección urgente e inmediata de los derechos conculcados, e  igualmente,  de  determinar  con  la  mayor  precisión  el  grado  o  nivel  de  protección   que   se   debe   brindar.   (negrillas  agregadas).   

     

1. Procedencia   excepcional  de  la  acción  de  tutela  contra  actos  administrativos, en materia  pensional      y      como     mecanismo     definitivo.     Reiteración     de  jurisprudencia.     

En  la  sentencia  T-483 del 21 de julio de  200910   se  explicitó:  ”…  de manera  constante,  la  Corte  ha  considerado  en  relación  con  la procedencia de la  acción  de  tutela  como  mecanismo  efectivo  para  la protección de derechos  fundamentales  que  podrían  verse  vulnerados  o  amenazados  por mandamientos  consagrados  en  actos  emitidos  por  la administración, que por regla general  aquélla  no  es  adecuada  para controvertirlos, sino que, por el contrario, la  competencia    se   encuentra   radicada   en   la   jurisdicción   contencioso  administrativa.  Sin  embargo, en algunos casos excepcionales, esta Corporación  ha  considerado  que  el amparo procede como mecanismo definitivo de protección  de  derechos fundamentales, y no transitorio. Así, en sentencia T- 571 de 2002,  el juez constitucional consideró lo siguiente:   

“En consecuencia, la Corte ha determinado  que  el  juez de tutela, debe aún en forma oficiosa,  revisar  el acto administrativo que niega el reconocimiento de una pensión para  establecer  si no se ha incurrido en una vía de hecho.  Esto  significa,  que  el juez de tutela para estudiar los casos de solicitud de  reconocimiento  de  la  pensión de jubilación, no puede reducir su análisis a  las  condiciones  de cumplimiento del derecho de petición sino, debe evaluar en  forma  concomitante,  si en la respuesta que le brinda la entidad administradora  de  las pensiones al peticionario, no incurre en una vía de hecho al dilatar el  goce  efectivo  de  un  derecho  causado  por  razones  ajenas  al  solicitante.  (Subrayados agregados).   

En el mismo fallo, la Corte estableció los  casos  excepcionales en los cuales el amparo procede como mecanismo definitivo y  no transitorio en materia pensional:   

“Conforme  a  lo  expuesto,  es  posible  identificar  en  la  jurisprudencia de la Corporación dos eventos en los cuales  podrían  configurarse  vías  de  hecho en el acto administrativo proferido con  ocasión de la solicitud pensional:   

i.  Cuando  en  el  acto administrativo por  medio  del  cual  se  define el reconocimiento de una pensión de jubilación se  declara  que  el  peticionario cumple con los requisitos establecidos por la ley  para  acceder  al  status  de  pensionado pero se le niega el reconocimiento del  derecho  por  razones de trámite administrativo, por ejemplo la expedición del  bono pensional.   

ii.  Cuando  en  el acto administrativo por  medio  del  cual  se  define  el reconocimiento de la pensión de jubilación se  incurre  en una omisión manifiesta al no aplicar las normas que corresponden al  caso  concreto  o  elige aplicar la norma menos favorable para el trabajador, en  franca   contradicción   con   la   orden   constitucional   del  principio  de  favorabilidad.  Por  ejemplo,  cuando se desconoce la aplicación de un régimen  especial  o  se  omite aplicar el régimen de transición previsto en el sistema  general  de  pensiones. Se configura la vía de hecho por omisión manifiesta en  la  aplicación  de las normas porque al tratarse de derechos provenientes de la  seguridad  social  son  irrenunciables y si la persona cumple con los requisitos  previstos  por la ley para que le sea reconocido su derecho de pensión conforme  a  un  régimen  especial  o  de  transición,  esta es una situación jurídica  concreta  que  no  puede  ser  menoscabada.  La posición de quien cumple con lo  exigido  por  la  ley  configura  un  auténtico  derecho  subjetivo  exigible y  justiciable.   

     

1. Sentido del Mínimo Vital     

Vale  la pena destacar con la Corte que  la  afectación  del  derecho  al  mínimo vital no puede valorarse en términos  exclusivamente cuantitativos sino cualitativos.   

“Y es que, como  igualmente  lo  ha  definido  la  jurisprudencia, el derecho al mínimo vital se  evalúa  a partir de una dimensión cualitativa y no cuantitativa, de manera que  su  posible  violación  se mide conforme con las condiciones personales de cada  trabajador  y el nivel de vida adquirido por éste. El concepto de un mínimo de  condiciones   de   vida   -vgr.  Alimentación,  educación,  salud,  vestido  y  recreación  -,  entonces, “no va ligad[o] sólo con  una   valoración   numérica   de  las  necesidades  biológicas  mínimas  por  satisfacer  para  subsistir,  sino  con la apreciación material del valor de su  trabajo,  de las circunstancias propias de cada individuo, y del respeto por sus  particulares      condiciones      de      vida11.”   

     

1. Consideraciones sobre la vía de hecho     

    

1. Como  para este expediente es posible su ocurrencia cabe reiterar la  posición  de  esta  Corte en relación con “la vía de hecho”. La sentencia  T-729/30/09/9912      estableció     las  circunstancias en que puede darse:     

“La   Corporación   ha   considerado  en  múltiples  providencias de sus Salas de Revisión, que una providencia judicial  constituye  una  vía  de hecho cuando: 1) presente un grave defecto sustantivo,  es  decir,  cuando  se  encuentre  basada en una norma claramente inaplicable al  caso  concreto;  (2)  presente  un  flagrante  defecto fáctico, esto es, cuando  resulta  evidente  que el apoyo probatorio  en  que  se  basó  el  juez para aplicar una determinada norma es  absolutamente  inadecuado;  (3)  presente  un defecto orgánico protuberante, el  cual  se  produce  cuando  el  fallador  carece por completo de competencia para  resolver  el  asunto  de  que  se  trate;  y,  (4)  presente un evidente defecto  procedimental,   es   decir,   cuando  el  juez  se  desvía  por  completo  del  procedimiento  fijado  por  la  ley para dar trámite a determinadas cuestiones.  Por  consiguiente,  una  vía  de hecho se produce cuando la autoridad, en forma  arbitraria   y   con   fundamento   en  su  sola  voluntad,  actúa  en  abierta  contradicción con el ordenamiento jurídico.”   

    

1. Según  la  Sentencia T-765/9/12 /98 M. P. José Gregorio Hernández  Galindo   la   vía   de   hecho   ocurre   cuando  se  distorsiona  o  retuerce  arbitrariamente   el   ordenamiento   jurídico,   y   resultan  quebrantados  o  amenazados,     como     en     este     caso,     derechos     constitucionales  fundamentales: “Es indudable que el proceso judicial  adelantado  mediante  la  negación  de toda posibilidad de defensa a una de las  partes  constituye  en  sí  mismo  una  vía  de hecho, ya que, al eliminar ese  componente  esencial  del  debido  proceso,  erige como único criterio admitido  para la definición de la controversia el arbitrio del juez”.     

Pronunciamiento        del  Dr.  José Gregorio que se aviene perfectamente con el presente  asunto,  donde  los  jueces  de  instancia,  como  se  verá al analizar el caso  concreto,  se  limitaron  a  declarar  la  improcedencia de la tutela  para  reivindicar  prestaciones  sociales  litigiosas  y a reenviar al accionante a la  jurisdicción   contencioso   administrativa.   Ni   siquiera  consideraron  las  declaraciones   extrajuicio   como    prueba    para   demostrar   las  circunstancias   de   la   convivencia   del   accionante   con   la  pensionada  fallecida.   

    

1. La      sentencia     T-237/31/05/9513   señaló  otra  forma  de  incurrir  en  vía  de  hecho:  es  cuando  hay  la violación al debido proceso  sustantivo  porque  la valoración de las pruebas no ha sido razonable de manera  que  por  esta  razón  se producen efectos nocivos e indeseados que afectan los  derechos fundamentales.     

    

1. En      la     misma     línea     está     la     sentencia   827-21-10-9914 cuando sostiene:     

“No  se  puede  unilateralmente dejar sin  efecto  un  derecho, máxime si quien es titular del derecho ha actuado de buena  fe.  Hay  que  oírlo  y  vencerlo en juicio. No tiene explicación que mediante  Resoluciones  se  diga  que  una  persona  será excluida del sistema…. Y, con  mayor  razón  si  salta  a  la  vista  que  en  el  caso concreto no podía ser  excluida.  Esta  circunstancia  significa  que  se  incurre en una vía de hecho  porque  hay  una  ruptura ostensible y grave de la normatividad constitucional y  legal”.   

     

1. La seguridad social para los ancianos     

En  la sentencia T-827/21/19/99 se reafirma  que  el  derecho  a  la  seguridad social para los ancianos, como personas de la  tercera      edad     “es     fundamental     por  conexidad”15,   al  igual  que  el  derecho  a la  pensión  de  sobrevivencia está sólidamente respaldado por el artículo 46 de  la  Constitución  Política  donde  se afirma que “a  las  personas  de la tercera edad…”El Estado les garantizará los servicios de  seguridad  social  integral”;  es  por  ello  que  ese  derecho  de  seguridad  social  para  las  personas  de la tercera edad tiene el  carácter  de  fundamental  en  determinadas  circunstancias.  El  fallo  de  la  Corte  estableció:   

“En  reiteradas  jurisprudencias  de  las  diferentes  Salas  de Revisión de esta Corte se  ha dicho que el derecho a  la  seguridad  social,  asume  el  carácter  de  derecho fundamental, cuando su  desconocimiento  puede  conllevar a la violación de otros derechos y principios  fundamentales,  como  la  vida, la integridad física, el libre desarrollo de la  personalidad  de  las  personas  de  la  tercera  edad  y la dignidad humana”.  (sentencias  T-426,  T-471,  T-491,  T-534,  T-571 de 1992, T-011, T-111, T-116,  T-124,   T-356,   T-446,   T-447,  T-478,  T-516  de  1993,  T-068  y  T-111  de  1994).16   

Ahora bien, cuando el amparo de los derechos  fundamentales  es  solicitado  por  personas,  sujetos  de  especial protección  constitucional  como  consecuencia  del estado de debilidad manifiesta en el que  se  encuentra,  como es el caso de los ancianos  pertenecientes al grupo de  la  tercera  edad,  por  el  especial  amparo que la Constitución Política les  brinda,  esta  Corte  considerado  que se debe hacer un examen menos estricto de  las reglas de procedencia de la acción de tutela.   

Al  respecto  en  Sentencia  T-456  de 2004  expuso17:   

“(…) en ciertos casos el análisis de la  procedibilidad  de  la  acción  en  comento  deberá ser llevado a cabo por los  funcionarios  judiciales  competentes  con un criterio más amplio, cuando quien  la   interponga   tenga   el   carácter   de  sujeto  de  especial  protección  constitucional  –esto es,  cuando  quiera  que  la  acción  de  tutela  sea presentada por niños, mujeres  cabeza  de  familia, discapacitados, ancianos, miembros de grupos minoritarios o  personas   en   situación   de   pobreza   extrema.   En   estos   eventos,  la  caracterización  de perjuicio irremediable se debe efectuar con una óptica, si  bien  no menos rigurosa, sí menos estricta, para así materializar, en el campo  de  la  acción  de  tutela,  la  particular  atención  y  protección  que  el  Constituyente   otorgó   a   estas   personas,   dadas   sus   condiciones   de  vulnerabilidad,    debilidad    o    marginalidad”.   

     

1. Tesis sobre la vida probable     

         

En relación con la seguridad social de los  ancianos  la  Corte  ha  desarrollado  una  línea  jurisprudencial  de la mayor  trascendencia   en  torno  a  la  tesis de la vida probable. Esta línea se  encuentra  principalmente  en  las  sentencias  T-456-94  y T-295/9918     y  T-56/9419, entre otras.   

De  acuerdo  con las últimas estadísticas  del  DANE,  a 31 de marzo de 2009 y que se actualizan en promedio cada cinco (5)  años,  la  expectativa  de  vida  de  los colombianos se incrementó de 72 a 74  años para el período 2006 a 2010   

El H. M. Martínez Caballero  enfatiza  en  su  sentencia  la  trascendencia de tomar en cuenta para estos casos la vida  probable:   

“Si  una  persona sobrepasa el índice de  promedio    de   vida   de   los   colombianos   (71  años) (recuérdese que está  en  74),  y  ella considera que se le ha dado un trato  discriminatorio  en  el  reajuste  pensional  y por tal motivo ha reclamado ante  juez  competente,  pero  se  estima  razonablemente  que  el  solicitante  ya no  existiría  para  el momento que se produjera la decisión judicial, debido a su  edad  avanzada,  unido  esto  al  alto  volumen  de  procesos que razonablemente  producen  demora en la decisión, pese al comportamiento diligente del juzgador,  entonces,  ese  anciano  no  tiene otro medio distinto al de la tutela para que,  provisionalmente,  mientras  se  decide el fondo del asunto por el juez natural,  se    ordene    el   respeto   a   su   derecho”20.   

El  mismo Magistrado, en la misma sentencia  asocia   su  tesis sobre la vida probable de los ancianos con principios de  la    valía    “del   principio   de   equidad   y  del  principio  de  dignidad  humana”. No vacila en sostener que   

“La  equidad permite que para igualar las  cargas  de  los ancianos frente a otros jubilados que no han superado la edad de  vida  probable  de  los  colombianos, se puede aplicar la tutela, como mecanismo  transitorio,  ordenándose  que  el  derecho  prestacional del reclamante, si se  ajusta  a la ley, sea visualizado por el anciano, sin que la existencia de otros  medios  de  defensa  judiciales se constituya en disculpa para que el longevo no  conozca  en vida la solución para sus derechos reclamados. Esta es una forma de  valorar  la  eficacia  y  decidir  jurídicamente  con  base  en  los  elementos  fácticos”.   

La  vida probable resulta ser, entonces. un  factor  determinante cuando se trata de tomar una pronta decisión, en relación  con  una  prestación  como  la pensión de supervivencia, que como su nombre lo  indica  está  necesariamente  conectada con la vida que le resta al anciano o a  la  anciana  que  debe  recibirla prontamente antes de que su vida se agote, sin  necesidad   de   esperar   que   los   jueces   ordinarios   o   los  tribunales  contencioso-administrativos  decidan  el  caso concreto, muchos años mas tarde,  cuando, se presume, el interesado puede haber fallecido.   

La  T-456/9421 expresa:   

“Si  un anciano afirma que no puede esperar  mas  tiempo para reclamar su derecho, entonces será humano que la respuesta que  se  le  de  sea  la de que acuda a procedimientos que duran hasta diez años? O,  por  el  contrario,  ese  declive natural de la vida determina una razonabilidad  que  le  impone  a  la Corte aceptar que para quien supera el límite de la vida  probable  la  protección  de  sus  derechos  incluye la necesidad de una pronta  resolución?   

La  equidad  permite  que  para igualar las  cargas  de  los ancianos frente a otros jubilados que no han superado la edad de  vida  probable  de  los  colombianos, se puede aplicar la tutela, como mecanismo  transitorio,  ordenándose  que  el  derecho  prestacional del reclamante, si se  ajusta  a la ley, sea visualizado por el anciano, sin que la existencia de otros  medios  de  defensa  judiciales se constituya en disculpa para que el longevo no  conozca  en vida la solución para sus derechos reclamados. Esta es una forma de  valorar  la  eficacia  y  decidir  jurídicamente  con  base  en  los  elementos  fácticos.”   

“Por  otra  parte,  la  Corte  ha  dicho en  sentencia  T-011/93:  “Para  que  la  vida del hombre sea digna de principio a  fin,  es  obligatorio  asegurarle a las personas de la tercera edad el derecho a  la  seguridad social”. Esa dignidad del jubilado y los derechos adquiridos que  surgen  de  su  status  de  pensionado,  no  pueden razonablemente estar ligados  exclusivamente  a  la  vida  probable  de los colombianos. Este es un factor muy  importante  pero  también  puede  ocurrir  que  quien  se acerque a tal límite  también  quede cobijado por la tutela como mecanismo transitorio si es delicado  e  irreversible  su  estado  de  salud y si la definición judicial, por la vía  ordinaria,    a    sus   reclamos,   se   intuye   que   no   va   a   ser   oportuna.”   

La  anunciada   T-56/94,23   precisa:   

“En este orden de ideas, cabe interpretar el  inciso  tercero  del  artículo  53  como  una  norma que contiene el derecho al  reconocimiento  y  pago oportuno de la pensión. La idea de prontitud en el pago  supone  necesariamente  la  prontitud  en  el  reconocimiento. Un reconocimiento  tardío  equivale  también a un pago atrasado, de tal manera que, lógicamente,  el derecho a lo  uno involucra el derecho a lo otro.”   

     

1. Relevancia     del     reconocimiento     de    la    pensión    de  sobrevivientes    a   las   personas   de   la   tercera   edad  en  estado  avanzado.     

     

1. En la misma Constitución Política     

La   concesión   de   le   pensión   de  sobrevivencia  a  una  persona  de  avanzada  edad  se aviene plenamente con los  postulados  de   nuestro  Estatuto Supremo en materia de derechos humanos y  de seguridad social.   

Ante  todo,  responde  al mandato del   artículo  13  enmarcado  dentro  de  los  derechos  fundamentales que ordena al  Estado colombiano proteger:   

“…especialmente a aquellas personas que  por  su condición física o mental se encuentran en circunstancias de debilidad  manifiesta…”,   personas entre quienes, no se  puede  dudar,  se encuentran las pertenecientes a  la tercera edad, máxime  cuando  ya han avanzado en años. Cuando el amparo de los derechos fundamentales  es  solicitado  por  los ancianos sujetos, en virtud de este artículo 13, a una  especial  protección  constitucional  como  consecuencia  de su  estado de  “debilidad    manifiesta”,    entonces    nos   encontramos   en   presencia  “del     principio     de     la     protección  reforzada” que se desprende de la previsión de este  mismo  artículo  de  la Constitución.  Estamos, pues, ante la aplicación  del   principio   de   la   protección   reforzada,   de   profunda   raigambre  constitucional,  porque  la misma Carta la concede a estas personas en razón de  su  debilidad  evidente, y porque la propia Corte Constitucional se ha encargado  de desarrollarlo ampliamente.   

En  este  sentido,  el  reconocimientote la  pensión  de  sobrevivientes  responde  también  al  principio de progresividad  social consagrado en el   artículo    48    cuando    prescribe    que   “El  Estado…ampliará    progresivamente    la    cobertura    de    la   seguridad  social…”.   

Específicamente  el  reconocimiento  de la  pensión  de  sobrevivientes  a una persona mayor de 70 años obedece al mandato  expreso  del artículo 46 de la Carta  que ordena perentoriamente al Estado  “…concurrir para la protección y la asistencia de  la  tercera  edad…”, hasta el punto de “…garantizarles  los  servicios  de la  seguridad social integral…”.   

     

1. En la jurisprudencia de  la Corte Constitucional     

La  misma  Corte  Constitucional  en  dos  sentencias fijó su posición sobre la pensión de sobrevivientes:   

    

1. En    la    Sentencia    C-1094    de   2003   declaró:24   

2.      

“La  Constitución Política consagra una  serie  de  mandatos  referentes  a  la  naturaleza,  cobertura  y  efectos de la  seguridad  social.  En  el  artículo  48 la define como un servicio público de  carácter  obligatorio,  que  se  prestará  bajo la dirección, coordinación y  control  del Estado, con sujeción a los principios de eficiencia, universalidad  y  solidaridad,  en  los  términos que establezca la ley. Dispone igualmente la  Carta  que  la  seguridad  social es un derecho irrenunciable que se garantiza a  todos los habitantes (art. 48).   

Por su parte, el legislador ha dispuesto que  el  sistema general de pensiones tiene por objeto garantizar a la población, el  amparo  contra  las  contingencias  derivadas  de  la  vejez,  la invalidez y la  muerte,  mediante  el  reconocimiento  de  las  pensiones  y prestaciones que se  determinan  en  ley,  así  como  propender  por  la  ampliación  progresiva de  cobertura  a  los  segmentos  de  población  no  cubiertos  con  un  sistema de  pensiones3.   

La  pensión  de  sobrevivientes constituye  entonces   uno   de  los  mecanismos  instituidos  por  el  legislador  para  la  consecución  del objetivo de la seguridad social antes mencionado. La finalidad  esencial  de  esta  prestación  social  es  la  protección  de la familia como  núcleo  fundamental  de  la  sociedad,  de  tal  suerte  que  las  personas que  dependían   económicamente   del   causante   puedan   seguir  atendiendo  sus  necesidades      de      subsistencia4,  sin  que  vean alterada la situación social y económica con que  contaban  en  vida  del  pensionado  o  afiliado  que  ha  fallecido5.  Por  ello,  la  ley  prevé  que,  en  aplicación  de un determinado orden de prelación, las personas más cercanas y  que  más  dependían  del  causante  y compartían con él su vida, reciban una  pensión  para satisfacer sus necesidades6.   

En  el  mismo  sentido se ha pronunciado la  Corte   Suprema   de   Justicia.   Para  esa  Corporación,  “no  puede  hacerse  abstracción  del sentido mismo y finalidad de la institución de la pensión de  sobrevivientes   que   busca  precisamente  impedir  que  quien  haya  convivido  permanente,  responsable  y efectivamente, y prestado apoyo afectivo a su pareja  al  momento  de  su  muerte,  se vea abocado a soportar aisladamente las cargas,  tanto  materiales  como  espirituales,  que supone su desaparición”7.   

Según lo dispuesto por las normas vigentes,  la  pensión  de  sobrevivientes  se  reconoce tanto en el régimen solidario de  prima  media  con  prestación  definida  como  en  el  de ahorro individual con  solidaridad;  para  tal  efecto,  se deben cumplir las exigencias fijadas por el  legislador,     dentro     del     ámbito     de    configuración    que    le  corresponde”.   

    

1. En     la     Sentencia     C-336-0825       reiteró       su  posición:     

“En cuanto se refiere  a la pensión  de  sobrevivientes,  esta  constituye  una  de  las expresiones del derecho a la  seguridad  social consagrado en el artículo 48 de la Constitución, prestación  que  se  genera  a  favor de las personas que dependían económicamente de otra  que  fallece,  con  el fin de impedir que deban soportar las cargas materiales y  espirituales  de  su  fallecimiento  En  esa  medida  la  sustitución  personal  responde  a  la  necesidad  de  mantener  a sus beneficiarios, al menos el mismo  grado   de   seguridad  social  y  económica  con  que  contaban  en  vida  del  pensionado”.   

No  sobra  aclarar,  que  la  condición de  persona  de  la  tercera edad no constituye por sí misma razón suficiente para  definir   la  procedencia  de  la  acción  de  tutela   

     

1. Requisitos  para  el reconocimiento de la pensión de sobrevivientes  establecidos en el artículo 13 de la Ley 797 de 2003     

El   artículo   13   de  esta  Ley   modificatorio  de los artículos 47 y 74 de la Ley 100/93 establece  que el  beneficiario  puede percibir la pensión de supervivencia con el cumplimiento de  ciertas condiciones.   

    

1. En  forma  vitalicia, es decir, por el resto de su vida hasta cuando  el  beneficiario muera , porque este derecho se consolida y se le traspasa   en forma permanente por el fallecimiento del causante,     

    

    

1. El   compañero   permanente   beneficiario   de   la   pensión  de  supervivencia debe contar con 30 años o más de vida,     

    

1. Debe  acreditar  que  hacía  vida  marital con  la causante,  hasta  su  muerte   que   convivió  con  ella en forma exclusiva, sin  presencia  de convivencia simultánea alguna, ni con la cónyuge, ni tampoco con  otra  mujer,  por lo menos durante  cinco años, con anterioridad al deceso  de  la compañera permanente pensionada.     

    

1. En  relación  con los beneficiarios de la pensión de sobrevivencia  la  norma  incluye  también  como  tales a los hijos menores de 18 años, a los  mayores  de  18  año  y  hasta  los  25, por estar estudiando y con dependencia  económica  y  cuando se encuentren en estado de invalidez, o con incapacidad de  mantenerse;  también  son  beneficiarios  de  esta  pensión, los compañeros y  compañeras  del  mismo  sexo  en  el  evento   de las parejas homosexuales  (sentencia  C-336-2008,  con  salvamento  parcial  y  aclaración  de  voto  del  Magistrado  Jaime  Araújo Rentería y salvamento parcial de voto del Magistrado  Nilson Pinilla Pinilla).     

    

1. CONSIDERACIONES SOBRE EL CASO CONCRETO     

     

1. SE    INCURRIÓ    EN    FLAGRANTE    ERROR    EN   LA   VALORACIÓN  PROBATORIA     

El ISS negó la pensión de sobrevivencia al  compañero   permanente   porque  después  de  una  desacertada,  deficiente  e  incompleta   apreciación  de  las  pruebas  aportadas  concluyó  que  no  hubo  convivencia  porque  esta  no  se  probó,  por  ejemplo  al  constatarse que su  compañera murió en casa de una hermana.   

Es más no se tuvo en cuenta, ni siquiera se  lo  menciona,  el  “testimonio extraprocesal” otorgado ante el  Notario  Dieciocho  (fol15),  y  bajo  la  gravedad  del  juramento, por el hermano de la  causante  pensionada,  sobre  como  le  constaba la existencia de la convivencia  continua  de  su  hermana  durante 8 años  con el accionante, don Reinaldo  Jiménez  Ángel.  Testimonio ratificado en los aspectos fundamentales, también  en  declaraciones  extraproceso  en  las Notarias 53 y 37 (folios 16 y 17)   por   los   deponentes,   señores   Tulio   Hernando   Rodríguez   y   Alberto  Amézquita.   

Con  semejante  deducción,  el  accionado  Instituto  de  Seguros  Sociales  incurrió  en  una  vía  de  hecho  al haber,  unilateralmente  y  con  argumentos  sujetivos,  dejado  sin  efectos   las  pruebas  o  declaraciones  “extra  proceso” aportadas por el señor Jiménez  Ángel  para  probar  la convivencia. Se trata de pruebas legalmente practicadas  ante  notario,  avaladas  por el Código de Procedimiento Civil (artículo 299).  Por   consiguiente,  se  demostró  que  entre  el  accionante  y  la  causante,  pensionada  muerta,  sí  se  dio  realmente una convivencia que fue mucho   más  allá  del  mínimo de (5) cinco años requeridos por la ley. Además, son  declaraciones  amparadas  por  el  principio  de  la buena fe. El hecho de haber  diferido  en aspectos no sustanciales como el de no fijar con exactitud la fecha  de  inicio  de  la  misma,  o el hacerla oscilar entre 8 y 9 años, no afecta en  nada  su  validez;  al  contrario,  estas  discordancias  demuestran que no hubo  situaciones  acomodaticias o acuerdos previos entre los declarantes para inducir  el  sentido  de  sus  declaraciones,  todo  lo cual demuestra la buena fe de sus  actuaciones.  No  tiene  pues  sentido,  ni explicación que el ISS a través de  Resoluciones,  desvirtúe  su  validez  con argumentos tan débiles, como acotar  que  la occisa “vivió donde una hermana los últimos  20  días  por  la  enfermedad”,  o  el  hecho de no  recordar  exactamente  don  Reinaldo  el  nombre  de la enfermedad que causó la  muerte  de  su  compañera,  o  el  hecho  de  haberse  mostrado nervioso en sus  declaraciones.   

Al negar la tutela con base en una falta de  valoración,  o  en una valoración inapropiada de la prueba aportada se incurre  aquí   en  el  defecto  fáctico  señalado  por  la  Corte  como  vía de  hecho,   que  desemboca  en  una  falla  estructural:  la  negación  y  la  vulneración  de  un  derecho  fundamental  alegando  una deficiencia probatoria  inexistente.   

     

1. NO  SE  PARTIÓ,  COMO  LO  RECOMIENDA  LA  CORTE,  DE LA SITUACIÓN  CONCRETA Y ESPECÍFICA DEL TUTELANTE (SENTENCIA  T-043-07)     

Como  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia  considerada   se   “…debe  tener  en  cuenta  las  circunstancias  particulares  del interesado, que se muestren relevantes para la  determinación  de  la  existencia  del  perjuicio.  Especialmente, deberá  analizarse  si  el  afectado  pertenece a alguna de las categorías sujetas a la  especial protección del Estado”.   

Al examinar la situación del accionante, de  acuerdo  con  esos  parámetros  de  la Corte, aparece como una persona bastante  mayor,  ya en los 72 años de edad, sin trabajo estable, en condiciones de   pobreza  absoluta  y,  por  consiguiente,   totalmente  dependiente  de  la  pensión  que  percibe  su  compañera,  como  lo  declaró bajo la gravedad del  juramento (fol. 18)   

Téngase   igualmente   en   cuenta   la  severidad   con  la  cual  en  sus  consideraciones, el fallador de primera  instancia,  el  Juez Cuarto Civil del Circuito del Meta fundamentó su decisión  de  “negar los derechos constitucionales solicitados  por   el   anciano  actor”,  por  ejemplo  exigiendo  acreditar  la  convivencia en el momento mismo de la muerte, olvidándose que la  causante  por las necesidades de atención especial que requería  y porque  su  compañero  absolutamente  falto,  en  absoluto, de recursos, seguramente no  podía  proporcionarle la ayuda necesaria, razón por la cual su compañera tuvo  necesidad  de desplazarse hacia donde una hermana suya, 20 días antes de morir.  Hecho  que  de  ninguna  manera desvirtúa la convivencia de mucho más de cinco  (5)  años,  probada  con  las  declaraciones notariales. Posición abiertamente  contraria   a   las   sabias  previsiones  de  la  Corte  Constitucional  cuando  preceptúa:    “la   evaluación   del   perjuicio  irremediable  debe morigerarse en razón de la capacidad material que tiene este  grupo    poblacional    para   el   acceso   a   los   instrumentos   judiciales  ordinarios”.   

     

En  primer  lugar, no tuvo en cuenta el ISS  que  el  accionante  pertenece al grupo de personas de la tercera edad, afectado  por  especiales  condiciones  de debilidad y vulnerabilidad. El actor afirma ser  persona  mayor  de  72 años de edad  y demostró este hecho, ya al allegar  partida  de  bautismo  cuando  presentó  el recurso de reposición ante el ISS,  donde  hizo  constar  que  nació  el  3  de marzo de 1937 (fol.20), ya al   exhibir  su cédula  en la declaración juramentada rendida ante el Notario  Cincuenta  y  Ocho  del  Círculo  de  Bogotá, realizada el día 9 de agosto de  2007,  quien  dio  fe  pública  al  certificar  su  convivencia  con la occisa.  Entonces,  cumplidos  los  72 años de edad, se encuentra cercano al límite que  los  estudios  del  DANE  y que la misma jurisprudencia fijan como el techo o el  plazo  máximo   para que su expectativa de vida se agote; en nuestro medio  judicial,  como  lo  expresa la misma Corte en la jurisprudencia considerada, el  trámite   de   un  proceso  laboral  ordinario  o  de  la  acción  contencioso  administrativa  de  nulidad  y  restablecimiento  del  derecho  dura  un periodo  considerable  de tiempo, entre cinco y diez años. Es razonable deducir que esta  demora   equivalga  o  supere  la  expectativa  de  vida  o  vida  probable  del  señor   Jiménez  Ángel.  A este tema también se ha referido la Corte, y  con   fundadas   razones,  extraídas  de  la  tesis  sobre  la  expectativa  de  vida,    infiere  que  los  otros medios de defensa judicial se tornan  ineficaces     para    reclamar    oportunamente    el    pago    del    derecho  mencionado26.  El  mismo  actor  advirtió  esta  situación cuando advertió al  fallador:”…Señor   Juez   un  proceso  ordinario  laboral  no  se cuanto se me pueda demorar…pueden pasar no se cuantos años en  definitiva  cuando se produzca el fallo de un proceso  ordinario,  no sé si Dios me tenga todavía por estas  tierras…”.   

En conclusión,  y aplicando la valiosa  tesis  jurisprudencial sobre la vida probable al caso concreto de un anciano con  72  años  cumplidos,  sin  duda,  se  concluye, está él en todo su derecho de  acudir  a  la  tutela,  porque  si se lo somete, como quieren los jueces de este  caso,  a esperar los resultados de un largo litigio, se le ocasiona un perjuicio  irremediable:  el de ver expuesta su vida que se encuentra en el límite  y  a  punto  de  agotarse.  Con  mayor  razón cabe el amparo, si la opción por la  tutela   va   a   evitarle  el  engorroso  expediente  de  acudir  a  otra  vía  judicial.   

En  definitiva,  por todas estas causas, no  resultan   razonables  las  exigencias  de  los  falladores,  tanto  de  primera  (fol.41),  como  de  segunda  instancia  para que el accionante  acuda  (fol.14)   ante   la   justicia  ordinaria  laboral  o  a  la  vía  contencioso  administrativa para reclamar el reconocimiento de esta pensión.   

     

1. SE AFECTÓ SU DERECHO AL  MÍNIMO VITAL     

El  otro  perjuicio  irremediable que se le  infringe  al  negarle  la pensión de sobrevivencia es su afectación al mínimo  vital  en  conexión  con  la  vida  digna,  tal como se explanó en los apartes  considerativos.  Afectación  agravada por sus condiciones de absoluta pobreza y  desempleo  que  lo  hacían  depender en forma total del ingreso pensional de su  compañera   y  que  seguramente   ya  incide  en  el  menoscabo  y  en  la  disminución  a  que  se  ve expuesta la vida precaria a que esta negativa lo ha  reducido.   

     

1. CUMPLE   CON  LOS  REQUISITOS  LEGALES  Y  JURISPRUDENCIALES  DE  LA  PENSIÓN DE SUPERVIVENCIA     

     

1. Cumple   con   los  señalados  en  el  art.13  de  la  Ley  797  de  2003     

     

1. Debe  recibir  una pensión  vitalicia, por el resto de su vida  porque  este derecho se consolida y se le traspasa  en forma permanente por  el fallecimiento del causante.     

     

1. Como  la occisa es la compañera  permanente pensionada en este  caso   según   la  norma,  la  pensión  de  supervivencia  se  causó  por  su  muerte.     

     

1. Como  es  una  persona  de  la  tercera edad, cumple el requisito de  contar con 30 años o más de vida.     

     

1. Acreditó   con  testimonios  notariales  que  hacía  vida  marital  con    la   causante,   desde   hacía   más  de  diez  años.                                                  

     

1. No es legal exigirle requisitos adicionales     

Tampoco  se puede, sin incurrir en vías de  hecho,  imponerle  para  el  reconocimiento  de  su pensión, el cumplimiento de  requisitos  adicionales  distintos a los señalados en el artículo 13 de la Ley  797  de  2003 y que el tutelante, se reitera cumplió a plenitud, especialmente,  en  cuanto  a  edad  y  tiempo  de  convivencia,  mayor al requerido. Requisitos  inocuos  que  dificultan  y   hacen  más  gravoso su acceso a este derecho  fundamental  tan  estrechamente  conectado  al  mínimo  vital  y  a su precaria  expectativa de vida.   

     

1. Llena   las  condiciones  señaladas  por  la  Corte  Constitucional     

Finalmente,   el   Seguro  Social  y  los  falladores,  en una y otra instancia, no advirtieron que el accionante, para que  se   le    reconociera   por  vía  de  tutela   la  pensión  de  sobrevivientes    cumple    los   requisitos   planteados   por   la   Sentencia  T-055-200627  y  T-043  de 2007, porque, ciertamente como lo expresa la Corte en  esta sentencia:   

    

1. Se  trata  de  una  persona  de la tercera edad, cuenta con 72 años  y   la  Constitución  y  la jurisprudencia de la Corte la consideran   como sujeto de especial protección.     

    

1. La  falta  de  pago de la prestación le genera y le está generando  ya,  debido  a  su extrema pobreza, un alto grado de afectación de los derechos  fundamentales,   en   particular    su    derecho  al  mínimo  vital.     

    

1. Porque   la   negativa   al   reconocimiento   de   la  pensión  de  supervivencia  se  originó  en  actos que por su evidente contradicción con la  normativa  constitucional  superior, desvirtúan la presunción de legalidad que  recae sobre las actuaciones de la administración pública.     

    

1. Porque  la  renuencia  a   reconocerle  esta   prestación  social  está   vulnerando  su  derecho  fundamental  a la seguridad social  y   amenaza  seriamente  otro  derecho fundamental: su derecho a la vida, a  una  vida  digna,  soportada  por  el  mínimo  vital,  que va más allá de las  precarias condiciones ofrecidas por el salario mínimo.      

    

1. Es  indubitable  que  en  este  caso  concreto  la acción de tutela  resulta  necesaria  para  evitar  la consumación de un perjuicio iusfundamental  irremediable.     

En   conclusión,   por   las  anteriores  potísimas  razones  esta  Corte ordenará conceder al accionante la protección  de los derechos por él invocados y en consecuencia,   

RESUELVE  

PRIMERO.-  REVOCAR  el  fallo  de  segunda  instancia   proferido  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Villavicencio  –  Sala  Civil,  Laboral  Familia-  ,   el treinta (30) de junio  de   2009  que  confirmó   el  fallo  del  Juzgado  Cuarto  Civil del  Circuito  de  Villavicencio,  fechado el veintiuno (21) de mayo de dos mil nueve  que  en  primera  instancia  negó  la tutela interpuesta por el señor Reinaldo  Jiménez  Ángel   para  proteger  los derechos fundamentales invocados por  él.    En    su    lugar,   CONCEDER,   por las razones y  en  los  términos de esta sentencia, el amparo de sus derechos fundamentales al  debido  proceso  y  a la seguridad social, en conexidad con el derecho a la  vida  y  al  mínimo vital, vulnerados por el ISS, al no reconocerle la pensión  de sobrevivencia por él solicitada.   

SEGUNDO.-  ORDENAR  al  Instituto  de  Seguros   Sociales  –ISS-  dentro  de  las cuarenta y ocho (48) horas siguientes a la notificación de esta  sentencia,  si  aún  no  lo  hubiere  hecho,  expedir  un nuevo acto en el cual  reconozca   y   pague   la  PENSIÓN   DE SOBREVIVENCIA  VITALICIA  a  la  cual tiene  derecho  el señor Reinaldo Jiménez Ángel, de acuerdo con lo establecido en la  Ley   100  de  1993,  modificada  por  la  Ley  797  de  2003  y  demás  normas  concordantes.   

TERCERO.- LÍBRENSE  las  comunicaciones  de que trata el artículo 36 del Decreto 2591 de 1991, para  los efectos allí contemplados.   

Cópiese,   notifíquese,   comuníquese,  insértese  en  la  Gaceta de la Corte Constitucional, cúmplase y archívese el  expediente.   

JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB  

Magistrado Ponente  

NILSON PINILLA PINILLA  

Magistrado  

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Magistrado  

Aclaración de voto  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

    

1   Corte  Constitucional.  Sala Tercera de Revisión. Sentencia Nº T-1. Abril 3 de  mil  novecientos  noventa y dos (1992), M. P. José Gregorio Hernández Galindo.  Reiterada  en  la  Sentencia  C-  543  de  1992  del  mismo Magistrado y en la s  Sentencias   SU-622-01   y    T-937   de   2007,   M.   P.   Jaime   Araujo  Rentería.   

2 M.P.  Marco Gerardo Monroy Cabra   

3 Sobre  estos  requisitos Cfr. Corte  Constitucional,  sentencia  T-1316/01.   Esta  sentencia sintetiza la regla  jurisprudencial  reiterada  por  la Corte a partir del análisis efectuado en la  decisión  T-225/93,  la  cual  estudió a profundidad  los  elementos  que integran las condiciones de inminencia, urgencia, gravedad e  impostergabilidad propios del perjuicio irremediable.  Sobre  este particular, la sentencia en comento indicó: “Al examinar cada uno  de  los  términos  que  son  elementales  para la comprensión de la figura del  perjuicio irremediable, nos encontramos con lo siguiente:   

B).  Las  medidas  que  se  requieren para  conjurar     el    perjuicio    irremediable    han    de    ser    urgentes,  es  decir,  como  calidad  de  urgir,  en  el  sentido  de  que  hay que instar o precisar una cosa a su pronta  ejecución   o   remedio   tal   como  lo  define  el  Diccionario  de  la  Real  Academia.   Es  apenas  una adecuación entre la inminencia y la respectiva  actuación:  si  la  primera  hace relación a la prontitud del evento que está  por   realizarse,   la   segunda  alude  a  su  respuesta  proporcionada  en  la  prontitud.   Pero además la urgencia se refiere a la precisión con que se  ejecuta  la  medida,  de  ahí  la  necesidad  de ajustarse a las circunstancias  particulares.   Con  lo  expuesto  se  verifica  cómo  la  precisión y la  prontitud señalan la oportunidad de la urgencia.   

C).           No   basta  cualquier  perjuicio,  se  requiere    que    éste    sea    grave,  lo  que  equivale  a  la  gran  intensidad del daño o menoscabo  material  o  moral en el haber jurídico de la persona.  La gravedad obliga  a  basarse  en  la  importancia  que  el  orden jurídico concede a determinados  bienes  bajo  su  protección,  de manera que la amenaza  a uno de ellos es  motivo  de  actuación  oportuna  y  diligente  por  parte  de  las  autoridades  públicas.   Luego  no  se trata de cualquier tipo de irreparabilidad, sino  sólo  de  aquella  que  recae  sobre  un  bien  de  gran significación para la  persona,  objetivamente.  Y se anota la objetividad, por cuanto la gravedad  debe  ser  determinada  o  determinable,  so  pena  de  caer en la indefinición  jurídica, a todas luces inconveniente.   

D).La urgencia y la gravedad determinan que  la  acción  de  tutela  sea impostergable,  ya  que  tiene que ser adecuada para restablecer el orden social  justo  en  toda su integridad.  Si hay postergabilidad de la acción, ésta  corre  el  riesgo  de ser ineficaz por inoportuna.  Se requiere una acción  en  el  momento  de  la  inminencia,  no  cuando  ya  haya desenlace con efectos  antijurídicos.   Se  trata  del  sentido  de  precisión y exactitud de la  medida,  fundamento  próximo de la eficacia de la actuación de las autoridades  públicas  en  la  conservación y restablecimiento de los derechos y garantías  básicos para el equilibrio social.   

De acuerdo con lo que se ha esbozado sobre  el  perjuicio  irremediable, se deduce que hay ocasiones en que de continuar las  circunstancias  de  hecho  en  que  se  encuentra  una  persona,  es inminente e  inevitable  la destrucción grave de un bien jurídicamente protegido, de manera  que  urge  la  protección  inmediata e impostergable por parte del Estado ya en  forma directa o como mecanismo transitorio.”   

4  Ibídem   

5  M.  P.. Rodrigo Escobar Gil   

6 M. P.  Ciro Angarita Barón   

7 Por  ejemplo,  sobre  la  ineficacia de ciertos mecanismos ordinarios de defensa para  la  protección  de  derechos  fundamentales,  la  Corte  ha  determinado que la  acción  electoral  y  la  acción  de  nulidad  y  restablecimiento del derecho  carecen  de  la  eficacia necesaria para proveer un remedio pronto e integral en  los  casos  en que no se ha proveído un cargo en la rama judicial al primero en  la lista de elegibles. Al respecto, ver SU-961 de 1999.   

8   M. P. Rodrigo Escobar Gil   

9 Cfr.  las  Sentencias  T-111  de  1994,  T-292  de  1995,  T-489  de  1999 y T- 076 de  2003,  M. P. Rodrigo Escobar Gil, entre otras.   

10  M. P. Humberto Arturo Sierra Porto   

11  Sentencia SU-995.09-12-1999. M. P. Carlos Gaviria Díaz   

12  M.P. Álvaro Tafur Galvis.   

13 M.  P. Alejandro Martínez Caballero   

14 M.  P. Idem   

15 M.  P  Idem.   

16  T-347/94, M.P. Antonio Barrera Carbonell.   

17 En  igual  sentido  pueden  consultarse,  entre otras, las sentencias T-789 de 2003,  T-515A de 2006, T-180 de 2009 y T-238 de 2009.   

18 Una  y otra del M. P. Alejandro Martínez Caballero   

19  M.  P. Eduardo Cifuentes Muñoz   

20  Sentencia 456-21-10-94   

21  M.P. Alejandro Martínez Caballero.   

22  M.P. Alejandro Martínez Caballero.   

23  M.P. Eduardo Cifuentes  Muñoz.   

24 M.  P. Jaime Córdoba Triviño   

25 M.  P. Clara Inés Vargas Hernández   

26  Sobre  este asunto, en un caso similar, la Sala Sexta de Revisión de tutelas de  la  Corte  Constitucional,  en  Sentencia  T-238  de 2009, sostuvo: “Ahora  bien,  a  pesar de que el accionante tiene la posibilidad  de  iniciar  una  acción  ordinaria  con  el  fin  de  reclamar su derecho a la  indemnización  sustitutiva,  teniendo  en  cuenta  su  edad  y sus deficiencias  físicas,  tal  y  como  se  encuentra  probado,  dicho  mecanismo  resultaría  ineficaz  para  la  protección  inmediata    de    sus    derechos    fundamentales    puesto   que  es previsible que el proceso tardaría un tiempo considerable,  posiblemente    equivalente   al   término   de   expectativa   de   vida   del  actor.   ║  En  consecuencia  con  lo anterior, la Sala estima que la acción  interpuesta    por    el    señor    Elías    Alirio    Reina    Barrios    es  procedente”.   

27 M.  P. Alfredo Beltrán Sierra     

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