T-869-09

Tutelas 2009

    Sentencia  T-869-09   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Causales   genéricas   y   especiales  de  procedencia   

DEFECTO      SUSTANTIVO-Configuración   

PENSION     DE    INVALIDEZ-Finalidad   

REQUISITO    DE    FIDELIDAD-Carácter      regresivo      y      violación     de     derechos  fundamentales   

REQUISITO    DE    FIDELIDAD-Vulneración   de   derechos   fundamentales  por  requisitos  más  gravosos para el acceso a la pensión por invalidez   

  Referencia:  expediente  2344961   

Acción  de  tutela  interpuesta  por Emilio  Aristizabal  Ramírez  contra la Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Manizales.   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE IVÁN PALACIO PALACIO  

Bogotá,  D.C.,   veintisiete  (27)  de  noviembre de dos mil nueve (2009).   

La  Sala  Novena  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,  integrada  por  los  magistrados  Jorge  Iván Palacio Palacio,  María  Victoria  Calle  Correa  y Juan Carlos Henao Pérez, en ejercicio de sus  competencias constitucionales y legales, profiere la siguiente   

SENTENCIA  

dentro  del  proceso  de revisión del fallo  proferido  por  la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia, en  el  trámite  de  la  acción  de tutela incoada por Emilio Aristizabal Ramírez  contra   la  Sala  Laboral  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Manizales.   

I. ANTECEDENTES.  

El   señor  Emilio  Aristizabal  Ramírez  interpuso  acción  de  tutela  contra la Sala Laboral del Tribunal Superior del  Distrito   Judicial   de   Manizales,  al  considerar  vulnerados  sus  derechos  fundamentales  al  debido  proceso,  a  la  seguridad social, a la igualdad y al  mínimo    vital.    La    solicitud   de   amparo   se   fundamentó   en   los  siguientes:   

    

1. Hechos.     

Relató  que mediante dictamen, se calificó  la  pérdida  de su capacidad laboral de origen común, en un 58.35% y con fecha  de estructuración del 15 de mayo de 2003.   

Manifestó  que  el  Instituto  de  Seguros  Sociales  negó  el  reconocimiento  de  la pensión de invalidez, por cuanto no  cumplió  con  los  presupuestos señalados en el artículo 1° de la Ley 860 de  2003.   

Expuso  que  presentó  un proceso ordinario  laboral,  el  cual correspondió en primera instancia al Juzgado Primero Laboral  del   Circuito   de   Manizales,  quien  mediante  sentencia,  le  concedió  el  reconocimiento  a la pensión de invalidez a partir del 5 de septiembre de 2005,  al  estimar  que  se  cumplía  lo dispuesto en el artículo 11 de la Ley 797 de  2003.  No  obstante,  la Sala Laboral del Tribunal Superior de Manizales revocó  el   anterior   fallo,   “diciendo  que  únicamente  contabilizaba 292.8 semanas cotizadas.”   

Alegó  que  “el  JUEZ  DE  PRIMERA INSTANCIA, en observancia de las pruebas presentadas por parte  de  mi  abogada  pudo  determinar  que  con  el  ISS  obtuve antes de habérseme  generado  la  invalidez  del  (15  de mayo del 2003), un total de 309.14 semanas  cotizadas  entre  el  05  de  abril de 1998 y el 15 de mayo del 2003; las cuales  fueron  sumadas  con el tiempo laborado como trabajador público al servicio del  municipio  de  Semana-Caldas  ´del  12  de mayo de 1980 al 15 de abril de 1984-  201,85  semanas´  arrojando  un  total  e  (sic) 510.99 semanas de cotización;  pruebas que el tribunal superior no observó.”   

Sostuvo  que  se  debió  dar aplicación al  artículos  39  de  la  Ley  100  de  1993,  en cuanto (i) esta normatividad fue  declarada  inexequible  por la Corte Constitucional y; (ii) es necesario atender  al  principio  de  progresividad, teniendo en cuenta que venía cotizando según  lo estipulado en la Ley 100 de 1993.   

Asimismo,  aseveró que es una persona de la  tercera  edad, que padece asma desde hace muchos años, vive en la finca La Coca  en  la vereda de Brasil, municipio de Semaná, Caldas. A su juicio, “el  amparo  a  mi  derecho  a  poder  rehabilitarme  dentro de la  sociedad,  surge  de  la obligación del Estado de (sic) proteger a las personas  en  estado  de  incapacidad,  por  encontrase  (sic)  en una categoría de mayor  vulnerabilidad.”   

Por lo anterior, acudió a este medio, con el  objeto  que  se  amparen  sus  derechos  fundamentales  al  debido proceso, a la  seguridad  social,  a la igualdad y al mínimo vital. Solicitó que se ordene el  reconocimiento  y  pago  de la pensión de invalidez desde el 5 de septiembre de  2005.   

    

1. Pruebas.     

A  continuación  se  relaciona  el material  probatorio relevante que obra en el expediente:   

    

* Copia  de  la  sentencia  dictada por el Juzgado Primero Laboral del  Circuito  de  Manizales,  de  fecha  18 de diciembre de 2008 (folios 4 al 14 del  cuaderno principal).   

* Copia  de  sentencia  del 25 de marzo de 2009, proferida por la Sala  Laboral  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Manizales.     

II.   DECISIÓN   JUDICIAL   OBJETO   DE  REVISIÓN.   

1. Trámite procesal.  

El  día  1°  de  junio de 2009, la Sala de  Casación  Laboral de la Corte Suprema de Justicia admitió la demanda de tutela  y  ordenó  correr  traslado  a  la  parte  accionada. De igual manera, citó al  Juzgado  Primero  Laboral  del  Circuito  de Manizales y al Instituto de Seguros  Sociales,  “terceros interesados, para que si a bien  lo   tienen,   se   pronuncien   sobre   la   presente   solicitud   de   amparo  constitucional.”  Ninguna  de  las  autoridades  que  fueron  llamadas  a  este  asunto  se  pronunciaron  acerca  de  los  hechos que  motivaron la presente acción de tutela.   

2. Sentencia de única instancia.  

La  Sala  de  Casación  Laboral de la Corte  Suprema  de  Justicia,  mediante  sentencia  del  9 de julio de 2009, denegó el  amparo solicitado.   

Por  lo  anterior,  estimó que “la  interpretación  que  los funcionarios accionados hicieron en  el  asunto  sometido  a su consideración se ajusta a derecho y de manera alguna  podría  afirmarse  que desborda el límite de lo razonable; en consecuencia, la  simple    divergencia    interpretativa    no    constituye    una    vía    de  hecho.”   Al  respecto,  indicó  que  “no  se  evidencia  abuso o desconocimiento del ordenamiento legal  vigente  por  parte  de  la Sala Laboral del Tribunal Superior de Manizales como  juez  natural  del  proceso,  la  que al proferir su sentencia expuso argumentos  suficientes  para  justificar  su  proceder  jurídico,  hecho  que no puede ser  desconocido por el juez de tutela.”   

La    anterior    decisión    no    fue  impugnada.   

III.       CONSIDERACIONES       Y  FUNDAMENTOS.   

    

1. Competencia.     

Esta Sala es competente para conocer el fallo  materia  de  revisión, de conformidad con lo establecido en los artículos 86 y  241-9  de la Constitución Política, en los artículos 31 a 36 del Decreto 2591  de 1991 y demás disposiciones pertinentes.   

    

1. Presentación    del    caso    y    planteamiento    del   problema  jurídico.     

Acorde con la situación fáctica planteada y  la  decisión  adoptada  por el juez de instancia en el trámite de la solicitud  de  amparo  objeto  de  revisión,  corresponde  a  la  Sala Novena de Revisión  determinar  si  la  Sala  Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Manizales  vulneró los derechos fundamentales al debido proceso del accionante,  al  revocar  la  sentencia  de  primera instancia dictada por el Juzgado Primero  Laboral  del  Circuito  de  Manizales  dentro  del proceso ordinario laboral que  promovió  el  señor  Emilio Aristizabal Ramírez contra el Instituto de Seguro  Social,   negando   el   reconocimiento   de   la   pensión   de  invalidez  al  actor.   

Para resolver el anterior problema jurídico  estima  la  Sala  preciso  reiterar  la  jurisprudencia  de esta Corporación en  relación  con  (i)  los criterios generales y específicos de procedibilidad de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales  y; (ii) procederá al  análisis  del  caso  concreto  para  determinar  si  hay lugar a la protección  invocada.   

    

1. Los   criterios   generales   y  específicos  para  la  procedencia  excepcional   de   la   acción   de   tutela  contra  providencias  judiciales.  Reiteración de jurisprudencia.     

3.1.  Con fundamento en los artículos 86 de  la  Constitución  Política,  25  de  la  Convención  Americana sobre Derechos  Humanos1  y 2º del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la  Corte  Constitucional  ha  precisado  el  alcance  de  las normas que regulan la  procedencia  de  la acción de tutela contra las providencias proferidas por las  autoridades                judiciales2.   

Esa  atribución  encontró  sustento en los  artículos  11  y  40  del  Decreto  2591  de  1991,  normas que contemplaban la  posibilidad  de  interponer  acción  de  tutela  contra decisiones judiciales y  establecían  el  trámite  correspondiente.  No obstante, en Sentencia C-543 de  1992  esta  Corporación  declaró  inexequibles esas disposiciones, sin que con  ello   se   hubiese   establecido   o  atribuido  un  carácter  absoluto  a  la  intangibilidad  de  las  providencias  de  los  jueces,  pues, por el contrario,  “en esa misma providencia [se] advirtió que ciertos  actos  no  gozan de las cualidades para ser considerados providencias judiciales  y  que,  por  tanto,  frente  a  actuaciones  de  hecho la acción de tutela sí  procede     para     proteger     los     derechos     fundamentales”3. Al respecto señaló:   

“Ahora bien, de conformidad con el concepto  constitucional  de  autoridades públicas, no cabe duda de que los jueces tienen  esa  calidad en cuanto les corresponde la función  de administrar justicia  y  sus  resoluciones  son  obligatorias para los particulares y también para el  Estado.   En  esa  condición  no  están excluidos de la acción de tutela  respecto  de  actos  u omisiones que vulneren o amenacen derechos fundamentales,  lo  cual  no  significa que proceda dicha acción contra sus providencias.   Así,  por  ejemplo,  nada  obsta para que por la vía de la tutela se ordene al  juez  que  ha incurrido en dilación injustificada en la adopción de decisiones  a  su  cargo  que  proceda  a  resolver  o   que observe con diligencia los  términos   judiciales,   ni   riñe   con  los  preceptos  constitucionales  la  utilización  de esta figura ante actuaciones de hecho  imputables  al  funcionario por medio de las cuales se  desconozcan  o  amenacen  los  derechos  fundamentales,  ni  tampoco  cuando  la  decisión    pueda    causar    un    perjuicio    irremediable,    (…).  En  hipótesis como estas no puede  hablarse   de  atentado  alguno  contra   la  seguridad  jurídica  de  los  asociados,  sino  que  se  trata  de  hacer  realidad  los fines que persigue la  justicia”.   

Así  las  cosas,  atendiendo  a  la  fuerza  vinculante  de  los  fallos  de  constitucionalidad,  esta  Corte,  en  diversos  pronunciamientos  en  sede  de  tutela,  comenzó  a construir y desarrollar los  requisitos   y  condiciones  necesarios  para  atender,  a  través  del  amparo  constitucional,  una  eventual  vulneración de derechos fundamentales dentro de  un proceso judicial.   

3.2.   En  las  primeras  decisiones  esta  Corporación  enfatizó  que  la  viabilidad  de  la  acción  de  tutela contra  decisiones   judiciales   estaba   condicionada   a  la  configuración  de  una  vía  de hecho, definida como  el  acto  absolutamente  caprichoso  y  arbitrario,  producto  de la carencia de  fundamentación       legal,      constitucionalmente      relevante4. Sin embargo,  a  partir  de  lo  resuelto  en  la  Sentencia  C-590  de  2005, “el  concepto de vía de hecho como requisito fundamental para acudir  a  la  acción  de tutela contra providencias judiciales, fue incluido dentro de  un  concepto  más  amplio  de  requisitos  de  procedibilidad  especial de esta  acción  constitucional”5.    Así   las   cosas,   la  jurisprudencia  constitucional ha señalado unos criterios generales a partir de  los  cuales  el  amparo, se hace viable y unos defectos o criterios específicos  que  tienen  el  poder  de  justificar la procedencia de la acción de tutela en  estos   casos6.   

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en  Sentencia  SU-813 de 2007, siguiendo los parámetros consignados en la Sentencia  C-590 de 2005, resumió los requisitos generales así:   

“Las  causales  genéricas  de  procedibilidad se refieren a aquéllos requisitos que en general  se  exigen  para  la  procedencia de la acción de tutela, pero que referidas al  caso  específico de la tutela contra providencias judiciales adquieren un matiz  especial.  La  particularidad  se  deriva  del  hecho  de  que en estos casos la  acción  se  interpone  contra  una decisión judicial que es fruto de un debate  procesal  y  que  en  principio,  por  su  naturaleza  y origen, debe entenderse  ajustada a la Constitución. Tales causales son las siguientes:   

(i)  Se  requiere,  en  primer lugar, que la  cuestión  discutida  resulte  de evidente relevancia constitucional y que, como  en  cualquier  acción de tutela, esté acreditada la vulneración de un derecho  fundamental,  requisito  sine  qua  non  de esta acción de tutela que, en estos  casos,   exige   una   carga   especial   al  actor7;  (ii) que la persona afectada  haya  agotado  todos los medios ordinarios y extraordinarios de defensa judicial  a  su  alcance  y  haya  alegado, en sede judicial ordinaria, y siempre que ello  fuera  posible,  la  cuestión iusfundamental que alega en sede de tutela; (iii)  que  se cumpla el requisito de la inmediatez, es decir, que la tutela se hubiere  interpuesto  en  un  término  razonable  y proporcionado a partir del hecho que  originó  la  vulneración;  (vi)  en  el caso de irregularidades procesales, se  requiere  que  éstas  tengan un efecto decisivo en la decisión de fondo que se  impugna; y (v) que no se trate de sentencias de tutela”.   

Así  mismo,  la  Corte  ha  identificado  y  congregado  los  defectos  o  criterios  específicos  de  la  siguiente  forma:   

“i)   Defecto  sustantivo,  orgánico  o  procedimental:  La  acción  de  tutela  procede,  cuando puede probarse que una  decisión  judicial  desconoce  normas  de  rango  legal, ya sea por aplicación  indebida,  error  grave en su interpretación, desconocimiento de sentencias con  efectos   erga   omnes,   o   cuando  se  actúa  por  fuera  del  procedimiento  establecido8.   

iii) Error inducido o por consecuencia: En la  cual,  si  bien el defecto no es atribuible al funcionario judicial, este actuó  equivocadamente  como  consecuencia  de  la  actividad  inconstitucional  de  un  órgano  estatal generalmente vinculado a la estructura de la administración de  justicia10.   

iv)  Decisión  sin  motivación:  Cuando la  autoridad  judicial  profiere  su  decisión  sin  sustento  argumentativo o los  motivos  para  dictar  la  sentencia  no  son relevantes en el caso concreto, de  suerte  que  puede predicarse que la decisión no tiene fundamentos jurídicos o  fácticos11.   

v)   Desconocimiento  del  precedente:  En  aquellos  casos en los cuales la autoridad judicial se aparta de los precedentes  jurisprudenciales,  sin ofrecer un mínimo razonable de argumentación, de forma  tal   que   la   decisión   tomada   variaría,   si   hubiera  atendido  a  la  jurisprudencia.   

vi)    Vulneración    directa   de   la  Constitución:   Cuando  una  decisión  judicial desconoce el contenido de  los  derechos  fundamentales  de  alguna de las partes, realiza interpretaciones  inconstitucionales  o  no  utiliza  la  excepción  de inconstitucionalidad ante  vulneraciones  protuberantes  de la Carta, siempre y cuando haya sido presentada  solicitud       expresa       al       respecto12”13.   

Queda  así claro que, cuando se cumplan las  causales  genéricas  y  se  configure  uno  de los defectos o fallas graves que  hagan  procedente  la  acción  de tutela contra una providencia judicial, se ha  presentado  una  “actuación  defectuosa”  del  juez,  la  cual  se  traduce  en  una  vulneración de los  derechos   fundamentales   que   debe  ser  reparada.  14   

3.3.   Defecto   material   o  sustantivo.   

El  llamado defecto material o sustantivo se  configura  cuando  los  funcionarios judiciales deciden  “con    base   en   normas   inexistentes   o   inconstitucionales15 o [cuando se  presenta]  una  evidente  y  grosera  contradicción  entre los fundamentos y la  decisión”16.   

La  Corte Constitucional ha sostenido que la  autonomía  e independencia judicial no son absolutas, pues están sujetas a los  valores,  principios  y  derechos constitucionales. Así lo sostuvo en Sentencia  T-284 de 2006, al indicar:   

“[P]ese a la autonomía de los jueces para  elegir  las  normas  jurídicas pertinentes al caso concreto, para determinar su  forma  de  aplicación  y para establecer la manera de interpretar e integrar el  ordenamiento  jurídico,  en  esta  labor  no  le  es  dable  apartarse  de  las  disposiciones  de  la  Constitución  o la ley, ya que la justicia se administra  con  sujeción  a  los  contenidos, postulados y principios constitucionales que  son de forzosa aplicación (…)”.   

La Corte en Sentencia T-018 de 2008 precisó  que este defecto se presenta, entre otras situaciones:   

“La   jurisprudencia  de  esta  Corporación  ha  señalado  que el defecto sustantivo  opera  cuando  la decisión que toma el juez desborda el marco de acción que la  Constitución  y  la  ley  le  reconocen  al apoyarse en una norma evidentemente  inaplicable       al       caso       concreto17, bien sea, por ejemplo   (i)  porque  ha  sido derogada y ya no produce ningún efecto en el ordenamiento  jurídico,  (ii)  porque ella es claramente inconstitucional y el funcionario se  abstuvo  de  aplicar  la  excepción  de  inconstitucionalidad,  (iii) porque su  aplicación  al  caso  concreto  es inconstitucional18,   (iv)   porque   ha  sido  declarada   inexequible   por   la   propia   Corte   Constitucional19   o,  (v)  porque,  a  pesar  de  estar  vigente  y  ser  constitucional, no se adecua a la  circunstancia  fáctica  a  la  cual  se  aplicó,  porque  por  ejemplo,  a  la  disposición  se  le  reconocen  efectos distintos a los expresamente señalados  por             el            legislador.20   

En este orden de ideas ha precisado que, pese  a  la  autonomía de los jueces para elegir las normas jurídicas pertinentes al  caso  en concreto, para determinar su forma de aplicación, y para establecer la  manera  de  interpretar e integrar el ordenamiento jurídico, no les es dable en  esta   labor,   apartarse   de  las  disposiciones  de  la  Constitución  o  la  ley.21 “   

4. Caso concreto.  

4.1. El actor presentó acción de tutela, al  considerar  vulnerados  sus  derechos  fundamentales  al  debido  proceso,  a la  igualdad,  a  la  seguridad  social  y  al mínimo vital, con ocasión del fallo  proferido  por  la  Sala  Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Manizales el 25 de marzo de 2009.   

4.2. A efectos de brindar una mayor claridad  en  el  asunto  objeto  de  revisión,  la  Sala  ve  conveniente hacer un breve  recuento  fáctico  y  probatorio  de los hechos que antecedieron y motivaron la  presente acción de tutela.   

4.2.1. El señor Emilio Aristizabal Ramírez  presentó  demanda  ordinaria  laboral  contra el Instituto de Seguros Sociales,  con  el  fin  de  obtener el reconocimiento de la pensión de invalidez, la cual  correspondió  al  Juzgado  Primero  Laboral  del  Circuito  de Manizales, quien  resolvió  la  controversia,  al  dictar  sentencia   el 18 de diciembre de  2008, la cual se basó en cuanto:   

(i)  La  Junta  Regional de Calificación de  Invalidez,  el 1° de septiembre de 2005, determinó que el actor había perdido  su  capacidad laboral en un 58,35%, con fecha de estructuración de la invalidez  a  partir  del 15 de mayo de 2003. Por lo anterior, el juez del circuito estimó  que  era  legalmente inválido según lo consagrado en los artículos 38 y 42 de  la Ley 100 de 1993.   

(ii) El accionante presentó ante el ISS, el  3  de  octubre  de  2005, el reconocimiento de la pensión de invalidez, la cual  fue  negada mediante Resolución número 576 del 8 de febrero de 2006, en la que  se  señaló: “(…) Que revisada la historia laboral  del  señor  Aristizabal  Ramírez  encontramos  que  tiene cotizadas al ISS, un  total  de  309 semanas de las cuales 102 corresponden a los 3 años anteriores a  la declaratoria de invalidez.   

Que  el  artículo  1  de la Ley 860 de 2003  establece  que para tener derecho a la pensión de invalidez de origen común se  requiere  haber  cotizado 50 semanas dentro de los últimos 3 años anteriores a  la  fecha  de estructuración y una fidelidad de cotización para con el sistema  como  mínimo  del  20% del tiempo transcurrido entre el momento en que cumplió  20  años  de  edad  y  la  fecha  de  la calificación del estado de invalidez,  requisito  que  no  cumple  el  señor  Aristizabal  Ramírez  para acceder a la  pensión    de   invalidez,   toda   vez   que   alcanza   una   fidelidad   del  14%.”   

(iii)  Expuso  que  la norma aplicable en el  presente  asunto, era el artículo 11 de la ley 797 de 2003, por estar vigente a  la  fecha  de  estructuración de invalidez del actor, pese a su declaratoria de  inexequibilidad  mediante  la Sentencia C-1056 de 2003. Estimó que “sin  dificultad  se  observa  que el inválido Emilio Aristizabal  Ramírez  cumple con los requisitos, para efectos de tener derecho a la pensión  de  invalidez,  bajo  la disposición normativa que regulaba los requisitos para  acceder a la pensión de invalidez.”   

Por  lo  anterior,  resolvió  en su numeral  segundo“CONDENAR  al  INSTITUTO  DEL SEGURO SOCIAL a  reconocer  y  cancelar  al  señor  EMILIO  ARISTIZABAL  RAMIREZ, la pensión de  invalidez  desde  el  1  de  septiembre  de  2005  con sus mesadas adicionales e  incrementos  de  ley,  sin  que la misma pueda ser inferior a un salario mínimo  legal  vigente.”   Igualmente,  ordenó  que la  sentencia fuera consultada por su superior.   

4.2.2. La Sala Laboral del Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Manizales, mediante sentencia del 25 de marzo de 2009,  al conocer de la consulta de la anterior providencia, consideró:   

(i) “resulta claro  que  como  para  la  fecha  en  que  se estructuró la invalidez del actor, mayo  quince  (15) de 2003 (fl. 96 ib), la norma vigente era el artículo 11 de la ley  797  de  2003  era esta disposición sustantiva y no otra al tener de la cual se  debía  examinar  la  súplica  pensional  del  afiliado  reclamante,  así  tal  condición  se insiste, fuera declarada por la junta competente el primero (1°)  de  septiembre  de  2005  (fl.  96 ib), cuando ya no se encontraba vigente dicho  precepto  por  haberlo  expulsado  del  derecho positivo el Juez Constitucional,  habida  cuenta  también  se recaba que para la primera calenda la preceptiva en  comento  gozaba de presunción de constitucionalidad y, por lo tanto, se hallaba  en  pleno  vigor  jurídico  y  por esa razón gozaba de aptitud para regular la  situación  de invalidez del actor en lo referente a los requisitos para acceder  a la prestación deprecada.”   

(ii) Luego de citar el artículo 11 de la Ley  797 de 2003, señaló:   

De acuerdo con el no controvertido documento  de  folio 80 del expediente, el demandante cumple con creces la exigencia de las  cincuenta  (50)  aportadas en los tres (3) años anteriores a la estructuración  de  la invalidez, esto es, entre el 15 de mayo de 2000 y la misma fecha de 2003,  pues  la  documental  aprehendida  da pábulo a inferir que entre esas fechas el  petente cotizó por lo menos 117,85 semanas con fines de pensión.   

Falta ahora examinar el requisito acumulativo  de  la  fidelidad  al sistema de seguridad social en pensiones entre la fecha en  que  cumplió  veinte  (20)  años  de  edad  y  la calenda en que se produjo la  primera calificación de su invalidez.   

El   documento  de  folios  49  y  50  del  expediente,  proveniente del ISS y no controvertido por este, posibilita colegir  que  los veinte (20) años de edad a que se refiere el numeral 1° del artículo  11   ib,   los   cumplió   el   demandante   el  primero  (1°)  de  agosto  de  1963.   

A  su turno, el varias veces citado dictamen  de  folio  96  ib  indica que la primera calificación de la invalidez del actor  data del primero (1°) de septiembre de 2005.   

Por  consiguiente,  con sujeción a la norma  sustantiva  aplicable,  debe  escudriñarse si entre las dos (2) últimas fechas  referenciales,  el  demandante  tuvo  una  constancia de cotizaciones al sistema  general   de   pensiones   de   por   lo   menos   el   veinticinco  por  ciento  (25%).   

Tras  tal  cometido es menester precisar que  entre  tales  fechas han transcurrido exactamente cuarenta y dos (42) años y un  (1)  mes,  es  decir,  un  total de 2188 semanas, razón por la cual para que el  demandante  pueda  acceder a la prestación por invalidez que impetra, ha debido  por  lo  menos  tener  cotizadas al sistema general de pensiones un total de 547  semanas en ese periodo.   

Sin  embargo,  al tenor de los documentos de  folios  83-88,  89  y  90  del  expediente,  todos  provenientes  del  ISS  y no  cuestionados   por   éste,  el  reclamante,  en  el  periodo  que  se  examina,  únicamente  contabiliza 292,8 semanas cotizadas, cantidad notablemente inferior  a  la  exigida  por concepto de fidelidad por el artículo 11 del decreto 797 de  2003.   

(…)  

En  síntesis,  por  las  razones  expuestas  revocará la Sala la sentencia de primera instancia.”   

Frente  a  la situación fáctica planteada,  corresponde  a  esta  Sala  de  Revisión  determinar  si  realmente el tribunal  judicial  accionado  le  ha  vulnerado  los  derechos  fundamentales  al  actor,  teniendo  en  cuenta  que, según la jurisprudencia constitucional reseñada, la  procedencia  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias judiciales es muy  excepcional  y  tiene  lugar  siempre  y cuando concurran en cada caso todos los  requisitos  genéricos  de  procedibilidad  y por lo menos uno de los requisitos  específicos de procedencia   

5.1.     Requisitos    generales    de  procedibilidad:   

5.1.1  Relevancia  constitucional  de  las  cuestiones discutidas.   

Sobre este punto, hay que tener en cuenta que  la  pensión  de invalidez adquiere gran relevancia social, en cuanto permite el  acceso  a una fuente de ingresos a los asociados que padecen graves limitaciones  para    solventar   sus   necesidades   vitales   22    Al  respecto,  esta  Corporación  ha indicado que esta prestación tiene como finalidad “compensar  la situación de infortunio derivada de la pérdida de  la  capacidad laboral, mediante el otorgamiento de unas prestaciones económicas  y   de   salud,   cuya   característica   fundamental   en   su  condición  de  esenciales      e    irrenunciables    (art.    48    C.P.).”23    

Es  importante  recordar  que  “la  pensión  de invalidez representa para quien ha perdido total  o  parcialmente  la  capacidad  de trabajar y no puede por si mismo proveerse de  los   medios   indispensables  para  su  subsistencia,  un  derecho  esencial  e  irrenunciable”24,  debido  a  que  ésta  se  convierte  en  el  medio  por  excelencia  para  obtener, ante la adversidad, lo  necesario  para  subsistir  en condiciones dignas y justas. Desde este panorama,  esta   prestación  se  representa  como  medida  de  justicia  social,  que  se  fundamenta    en    principios   constitucionales.25    

5.1.2  Que  se  agoten  todos  los  medios,  ordinarios  y  extraordinarios,  de  defensa  judicial  al alcance de la persona  afectada.   

El  numeral  1 del artículo 6º del Decreto  2591  de 1991 dispone que la acción de tutela será improcedente cuando existan  otros  recursos  o medios de defensa judiciales al alcance del accionante, salvo  que   se   utilice   como   mecanismo   transitorio  para  evitar  un  perjuicio  irremediable.   En   efecto,  la  acción  de  tutela   se  “funda  en  el  principio  de  subsidiariedad, esto es, la acción de  tutela  no  puede  ser  entendida  como  un  medio de defensa judicial que pueda  reemplazar  o  sustituir  los mecanismos procesales dispuestos por el legislador  para    la    protección   de   los   derechos”26. No  obstante,  la  jurisprudencia constitucional ha admitido de forma excepcional la  procedencia  de la acción de tutela cuando, a pesar de que existan otros medios  y  recursos  de  defensa judiciales a disposición del actor,  “(i)  [l]os  medios  ordinarios  de  defensa  judicial  no  son lo  suficientemente  idóneos  y  eficaces  para proteger los derechos presuntamente  conculcados;  (ii) [a]ún cuando tales medios de defensa judicial sean idóneos,  de  no  concederse  la  tutela  como  mecanismo  transitorio  de protección, se  produciría  un  perjuicio irremediable a los derechos fundamentales; (iii) [e]l  accionante  es  un sujeto de especial protección constitucional (personas de la  tercera  edad,  personas  discapacitadas,  mujeres cabeza de familia, población  desplazada,  niños  y  niñas,  etc.),  y  por  tanto su situación requiere de  particular   consideración   por   parte   del   juez   de   tutela27”28.   

En el caso bajo estudio, el actor adelantó  un  proceso  laboral  con  el fin de obtener el reconocimiento de la pensión de  invalidez,  el  cual,  en  primer grado correspondió al Juzgado Primero Laboral  del   Circuito  de  Manizales,  que  terminó  con  sentencia  favorable  a  sus  pretensiones.  En  grado de consulta, el asunto fue conocido por la Sala Laboral  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Manizales, quien revocó la  anterior decisión.   

Desde este panorama, no podría exigirse al  actor  que  hubiere  presentado  recurso contra una decisión que le había sido  favorable.  Ahora  bien, es importante señalar que el artículo 331 del Código  de  Procedimiento  Civil  (modificado  por  el  artículo  34,  Ley 794 de 2003)  dispone  que  las sentencias sujetas a consulta quedarán en firmes luego de que  se  hubieren efectivamente surtido. Además, el artículo 369 del mismo estatuto  establece  que  el  recurso  de  casación no puede ser interpuesto por quien no  apeló  la  sentencia  de  primer  grado, ni adhirió a la apelación de la otra  parte,  cuando  la  del  tribunal  haya  sido  exclusivamente  confirmatoria  de  aquélla.  Así  las  cosas,  para  la Sala es claro que la acción de tutela es  procedente en el presente asunto.   

5.1.3  Que  se  cumpla  el  requisito  de la  inmediatez.   

La  Corte Constitucional ha reiterado que en  todos   los   casos   la   acción  de  tutela  debe  ejercerse  “dentro  de  un  término  oportuno, justo y razonable, circunstancia  que  deberá  ser  calificada  por  el  juez  constitucional  de acuerdo con los  elementos    que    configuran    cada    caso”29.   

En  la  Sentencia  C-543 de 199230    esta  Corporación  señaló  que  la  norma  Superior  prohíbe  fijar  términos  de  caducidad  para la presentación de las acciones de tutela, pues “desde  su  configuración  constitucional  la  tutela es un medio de  defensa    judicial    que    las    personas    pueden   ejercer   ‘en     todo     momento’,   para   proteger   sus   derechos  fundamentales”31.         Sin  embargo, la Corte ha señalado que  ello no puede oponerse  a  la protección inmediata de  derechos   fundamentales.  Por  lo  tanto,  aunque  no  sea  válido  establecer  “de antemano un término para interponer la acción,  debe  mediar  entre  la  violación  y  la  interposición  del  amparo un plazo  razonable,  pues  de  lo contrario la tutela podría convertirse en un factor de  inseguridad,  con  la virtualidad de afectar derechos de terceros”32.   Ese  “plazo  razonable”  es  consustancial a las regulaciones procedimentales de la acción  de  tutela  y  determina  en gran medida el campo de acción del juez de tutela,  pues   su   orden   debe   estar   respaldada  por  la  urgencia  e  inmediatez,  “en  presencia  de  las  cuales  la Constitución lo  autoriza  a  modificar una situación de hecho a través de un proceso sumario y  expedito   en   el   tiempo.  (…)  Incluso,  la  real  configuración  de  una  trasgresión  a  los derechos fundamentales se pone en duda cuando la demanda de  tutela  se  interpone en un momento demasiado alejado de la ocurrencia del hecho  que       supuestamente      la      generó”33.   

Ahora bien, el actor atribuye la vulneración  de  sus  derechos  fundamentales a la sentencia proferida el 25 de marzo de 2009  por  la  Sala  Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales,  que  revocó  la  sentencia proferida el 18 de diciembre del Juzgado Primero del  Circuito  de  la  misma ciudad. Instauró la presente acción de tutela el 28 de  mayo  de  2009. Por ende, el término de interposición del recurso de amparo es  razonable y no impide su procedencia.   

5.1.4   Que  no  se  trate de sentencias de  tutela.   

Es evidente que el accionante  dirige la  tutela,  no  contra  una  providencia  de  la  misma  naturaleza, sino contra la  sentencia  dictada  por  la  Sala  Laboral  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Manizales  dentro  de un proceso ordinario laboral para obtener el  reconocimiento de la pensión de invalidez.   

En  conclusión,  la  Sala  considera  que  concurren  en  este  caso  todos  los  requisitos generales de procedencia de la  acción de tutela.   

5.2.  Requisitos  o  causales  especiales de  procedibilidad.   

Pasando al campo de los requisitos especiales  de  procedencia  de  la acción, la Sala encuentra que, según la accionante, el  tribunal  accionado  desconoció  sus derechos fundamentales, al (i) no tener en  cuenta  el  material  probatorio del proceso con el que se demostraba que había  cotizado  510,99  semanas;  (ii) no se debió dar aplicación al artículo 11 de  la  Ley  797  de  2003, dado que la misma disposición fue declarada inexequible  por  la  Corte  Constitucional  y  la  misma resultaba contraria al principio de  progresividad.  Por  consiguiente,  corresponde  a  la  Sala  determinar  si  la  accionante tiene razón en esos puntos.   

La  Sala  Laboral  del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Manizales incurrió en un defecto sustancial al proferir  la sentencia del 25 de marzo de 2009.   

5.2.1.  Debe recordarse que el artículo 39  de  la  ley  100  en  su  versión  original, señalaba que tenían derecho a la  pensión   de   invalidez,  los  afiliados  que  siendo  declarados  inválidos,  cumplieren  con  dos  requisitos,  a  saber: (i) que se encontraren cotizando al  régimen  y  lo  hubieren hecho, por lo menos, veintiséis semanas al momento de  producirse  el  estado  de  invalidez,  o (ii) que habiendo dejado de cotizar al  sistema,  hubieren  efectuado  aportes  durante por lo menos veintiséis semanas  del  año  inmediatamente  anterior  al momento en que se produjera el estado de  invalidez.   

De todos modos, la ley 100 de 1993, ha sido  objeto   de   modificación   en   dos   oportunidades,  respecto  a  las condiciones previstas para el reconocimiento de la pensión de  invalidez. En efecto:   

La ley 797 en enero 29 de 2003, estableció  que tenían derecho a la pensión de invalidez:   

“el afiliado al  sistema  que  conforme  a  lo  dispuesto  en el artículo anterior sea declarado  inválido  y  acredite  las  siguientes  condiciones:1.  Invalidez  causada  por  enfermedad:   Que   haya   cotizado  50  semanas  en  los  últimos  tres  años  inmediatamente  anteriores  a  la  fecha  de  estructuración  y su fidelidad de  cotización  para  con  el  sistema sea al menos del 25% del tiempo transcurrido  entre  el  momento  en  que  cumplió  20 años de edad y la fecha de la primera  calificación  del  estado de invalidez. 2. Invalidez causada por accidente: Que  haya  cotizado  50 semanas dentro de los tres años inmediatamente anteriores al  hecho  causante  de  la misma. Parágrafo.  Los  menores  de  20 años de edad solo deberán acreditar que han  cotizado  26  semanas  en  el  último  año  inmediatamente  anterior  al hecho  causante de su invalidez o su declaratoria.”   

El   anterior   artículo  fue  declarado  inexequible,        mediante        Sentencia       C-1056  de  noviembre  11  de 2003, al encontrar que en su formación, se  habían producido vicios de trámite.   

Finalmente,  el artículo 1° de la ley 860  de  2003, que entró a regir a partir del 26 de diciembre de 2003, establece que  tienen  derecho  a  la  pensión de invalidez, quienes una vez fueren declarados  inválidos,  reúnan  similares presupuestos a los señalados en el artículo 11  de la ley 797 de 2003, a saber:   

“1. Invalidez causada por enfermedad: Que  haya  cotizado  cincuenta  (50)  semanas  dentro  de los últimos tres (3) años  inmediatamente  anteriores  a  la  fecha  de  estructuración  y su fidelidad de  cotización  para  con  el  sistema sea al menos del veinte por ciento (20%) del  tiempo  transcurrido  entre el momento en que cumplió veinte (20) años de edad  y la fecha de la primera calificación del estado de invalidez.   

2. Invalidez causada por accidente: Que haya  cotizado   cincuenta  (50)  semanas  dentro  de  los  últimos  tres  (3)  años  inmediatamente  anteriores  al  hecho  causante  de la misma, y su fidelidad (de  cotización  para  con  el  sistema sea al menos del veinte por ciento (20%) del  tiempo  transcurrido  entre el momento en que cumplió veinte (20) años de edad  y la fecha de la primera calificación del estado de invalidez”.   

Asimismo,  señala en su parágrafo 1° que  los  menores  de  veinte años de edad sólo deben acreditar veintiséis semanas  cotizadas  en  el  último  año inmediatamente anterior al hecho causante de su  invalidez  o  su  declaratoria. Además, el parágrafo 2° dispone que cuando el  afiliado  cotice  por  lo  menos  el 75% de las semanas mínimas requeridas para  acceder  a  la  pensión  de vejez, solo requerirá haber cotizado 25 semanas en  los      últimos      tres      (3)      años.34   

5.2.2.  La  decisión  judicial objeto de la  presente  controversia revocó el fallo del Juzgado Primero Laboral del Circuito  de  Manizales,  que  había  otorgado  al  accionante  el  reconocimiento  de la  pensión  de  invalidez.  La  sentencia atacada se fundamentó en cuanto: (i) el  demandante  cumplía  con  la exigencia de las cincuenta semanas anteriores a la  fecha  de  estructuración  de  la  invalidez  (ii)  no  obstante, no reunió la  densidad  de cotizaciones necesarias para cumplir el presupuesto de fidelidad al  sistema  exigido  en  el artículo 11 de la Ley 797 de 2003, pues debió hacerlo  por 547 semanas y sólo alcanzó a contabilizar 292,8 semanas.   

5.2.3.  Para  dar  respuesta  al  problema  jurídico,   es   preciso  indicar  que  las  normas  laborales  tienen  efectos  irretroactivos,  lo  que  obligaría,  en principio, aplicar la norma vigente al  momento  de  la estructuración de la invalidez, dado que es cuando se consolida  el presupuesto que hace exigible la prestación.   

No obstante, esta Corporación ha procedido a  garantizar   el   reconocimiento   de  la  pensión  de  invalidez,  al  aplicar  directamente  la  Constitución  frente  a  disposiciones del ordenamiento legal  vigente  bajo  los  cuales  se  estructuró  el  estado incapacitante, cuando ha  verificado  la violación de derechos fundamentales por la existencia de medidas  regresivas  que  imponen  requisitos  más exigentes y sin que hubiere tomado el  legislador  ordinario  medida  de  transición  alguna, transgrediéndose de tal  manera  el principio de progresividad que irradia el sistema de seguridad social  y       los       derechos      prestacionales.35   

Hay  que  tener  en  cuenta que la seguridad  social  garantiza  derechos  de carácter irrenunciable mediante la cobertura de  los  riesgos  que afecten la salud, la capacidad económica y las condiciones de  vida      de      toda      la      población.36   El  conjunto  de  medidas  institucionales  que la conforman debe tener como objeto que a los individuos se  les  brinden  progresivamente  las garantías necesarias para hacer frente a las  distintas  contingencias  que  puedan  afectar su capacidad productiva y de esta  manera   obtengan   los   recursos   suficientes   para   alcanzar   una   digna  subsistencia.37   

Los  artículos  48,  49  y  53  de la Carta  Política   reconocen   a  la  seguridad  social  como  un  derecho  de  índole  constitucional  y  como un servicio público irrenunciable que debe ser prestado  de  manera  obligatoria.  En  ellos  se  establece  que  la  seguridad social se  sustenta   en   los   principios   de  eficiencia,  universalidad,  solidaridad,  integralidad,   unidad,   participación,   y  progresividad,  cuyo  alcance  se  materializa en la ley.   

El  artículo 48, dispone que el Estado, con  la   participación   de  los  particulares,  debe  ampliar  progresivamente  la  cobertura  de  la  seguridad  social,  la  cual puede ser prestada por entidades  públicas  o  privadas  de  conformidad  con la ley, siempre bajo la dirección,  coordinación     y     control    del    Estado.38   

Así pues, el derecho a la seguridad social,  que  es de orden prestacional, implica que el acceso al sistema está supeditado  al  desarrollo  legislativo,  pues  el  Congreso  tiene  la  facultad de definir  íntegramente  el  sistema  de seguridad social y dentro de tales prerrogativas,  se  encuentra  la  posibilidad  de  establecer los requisitos y condiciones para  acceder  a  los  subsistemas  y  los  beneficios incluidos en estos.39   

No  obstante,  la libertad legislativa no es  absoluta  en  estos  asuntos,  en cuanto “se antepone  como  límites  inquebrantables  a  la  determinación  de esas condiciones: los  mandatos   previstos  en  la  Constitución  Política,  y  los  principios  que  gobiernan  el  sistema, y, según las disposiciones de carácter internacional y  el  artículo  48  de  la  Carta  desarrollado  por  la  jurisprudencia  de esta  Corporación,  el  principio  de  progresividad.”40   

Por  ende, las normas que regulan el sistema  de  pensiones deben sujetarse al principio de progresividad; por ende, cualquier  disposición     regresiva    debe    ser    mirada,    en    principio,    como  inconstitucional.41  Sobre el particular la  Sentencia T-1040 de 2008 explicó:   

Así  las  cosas,  se  ha  insistido que las  normas  que regulan el sistema de la seguridad social, y en concreto, al sistema  de  pensiones,  deben  estar  conformes  al  principio  de progresividad, de tal  suerte  que una medida regresiva es considerada, en principio, inconstitucional,  toda  vez  que una vez se logren ciertos avances en la protección de un derecho  económico,   social   o   cultural,   la   misma   no   puede  ser  desconocida  posteriormente.   Por  lo  anterior, el ejercicio legislativo en materia de  seguridad  social  debe  ir  encaminado  a  la  ampliación  de  los  beneficios  existentes.   

3.7.  Ante  este  escenario, el principio de  progresividad  conlleva a que por un lado, el Estado debe avanzar en la efectiva  materialización  de  los derechos prestacionales, procurando mayores beneficios  posibles  para  la  población;  y por otra parte, la prohibición general en la  implementación  de disposiciones regresivas en estos asuntos, que puedan llegar  a  convertirse  en  retrocesos  frente  al  nivel  de  protección alcanzado en pensiones.   

En suma, cualquier disposición que resulte  regresiva   de   los   derechos   prestacionales,  se  presume  prima  facie  su  inconstitucionalidad,  salvo  que  ante  una  imperiosa  necesidad,  sea posible  establecer   que   dicho   retroceso   obedezca  criterios  de  razonabilidad  y  proporcionalidad.”   (Negrillas   ajenas  al  texto  original).   

Ahora  bien,  en relación al presupuesto de  fidelidad,   esta   Corporación   en  múltiples  pronunciamientos  lo  estimó  contrario   al   principio  constitucional  de  progresividad  de  los  derechos  sociales,  incluso  el  consagrado en el artículo 1° de la Ley 860 de 2003, el  cual  disponía  una  densidad  de  cotización  inferior  a  la señalada en el  artículo    11   de   la   Ley   797   de   2003.42   

5.2.4. Frente a este panorama, la Sala estima  que  la  negativa  en  reconocer  la  pensión de invalidez al accionante por la  aplicación  por parte de la autoridad judicial demandada del artículo 11 de la  Ley   797   de  2003,  contraría  postulados  constitucionales,  así  como  la  jurisprudencia constitucional.   

Lo   anterior,  puesto  que  de   acuerdo   con   las   anteriores   consideraciones,  resultaba desproporcionado que la autoridad judicial accionada no  reconociera  al  actor  el derecho pensional por la exigencia de la fidelidad al  sistema  establecida  en  el artículo 11 de la Ley 797 de 2003, considerada por  esta  Corporación  de  naturaleza  regresiva  de  los  derechos prestacionales,  máxime  cuando  el  Tribunal  ni  siquiera  analizó  si  dicho  requisito  era  razonable.   

Así  las  cosas,  la  Sala  estima  que  el  tribunal  accionado  debió, al menos en el presupuesto de fidelidad al sistema,  abstenerse  de  aplicarlo,  debido a que el mismo es claramente inconstitucional  de  los derechos sociales de las personas que ven reducida significativamente su  capacidad para laborar.   

La situación inconstitucional derivada de la  negativa  a  reconocer  la pensión de invalidez al actor se torna más evidente  si  se observa que, cumplía con el requerimiento de cotizar al menos 50 semanas  en  los 3 años anteriores a la fecha de estructuración de su invalidez, lo que  hubiera permitido el reconocimiento de la prestación que reclama.   

Por  lo  tanto,  al considerar equivocado el  fallo  que  se  revisa  a la luz de las consideraciones que se han hecho en esta  providencia,  es  del  caso  revocarlo  y,  en  su  lugar, tutelar a favor de la  accionante  sus  derechos fundamentales al debido proceso, a la seguridad social  y al mínimo vital.   

Como  consecuencia,  se dispondrá dejar sin  valor  y  sin  efectos jurídicos la sentencia proferida por la Sala Laboral del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Manizales, de fecha 25 de marzo de  2009,  que  revocó  la  sentencia  de  primera instancia dictada por el Juzgado  Primero  Laboral  del Circuito de Manizales dentro del proceso ordinario laboral  que  promovió  el  señor  Emilio  Aristizabal  Ramírez contra el Instituto de  Seguro  Social;  y  se  ordenará  a  la  Sala Laboral del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Manizales que, en el término de las cuarenta y ocho (48)  horas  siguientes  a  la  notificación  de  esta  sentencia, profiera una nueva  sentencia, siguiendo los lineamientos trazados en esta providencia.   

IV. DECISIÓN  

RESUELVE  

PRIMERO.- REVOCAR el  fallo  proferido  por  la  Sala  de  Casación  Laboral  de  la Corte Suprema de  Justicia  del 9 de junio de 2009, que negó la acción de tutela invocada por el  señor    Emilio    Aristizabal    Ramírez.    En    su   lugar,   TUTELAR   a  favor  del señor Emilio  Aristizabal  Ramírez  el  derecho fundamental al debido proceso, a la seguridad  social y al mínimo vital.   

SEGUNDO.- DEJAR sin  valor  y  sin  efectos jurídicos la sentencia proferida por la Sala Laboral del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Manizales, de fecha 25 de marzo de  2009,  que  revocó  la  sentencia  de  primera instancia dictada por el Juzgado  Primero  Laboral  del Circuito de Manizales dentro del proceso ordinario laboral  que  promovió  el  señor  Emilio  Aristizabal  Ramírez contra el Instituto de  Seguro Social.   

TERCERO.-ORDENAR  a  la  Sala  Laboral  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales que,  en  el  término de las cuarenta y ocho (48) horas siguientes a la notificación  de  esta  sentencia,  profiera  una  nueva sentencia, siguiendo los lineamientos  trazados en esta providencia.   

CUARTO.-     LÍBRESE     por  Secretaría  General  la comunicación prevista en el artículo  36 del Decreto 2591 de 1991.   

Notifíquese, comuníquese, publíquese en la  Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO  

Magistrado Ponente  

MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Magistrada  

JUAN CARLOS HENAO PÉREZ  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MENDEZ  

Secretaria General  

    

1  “Artículo  25.  Protección  Judicial.  ║ 1. Toda  persona  tiene  derecho  a  un  recurso  sencillo  y  rápido o a cualquier otro  recurso  efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare contra  actos  que  violen  sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución,  la  ley  o  la  presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por  personas  que  actúen  en  ejercicio  de  sus funciones oficiales. ║   2.   Los   Estados   Partes   se  comprometen:  a)  a  garantizar  que  la  autoridad  competente  prevista por el  sistema  legal  del  Estado  decidirá  sobre  los  derechos de toda persona que  interponga  tal recurso; b) a desarrollar las posibilidades de recurso judicial,  y  c)  a  garantizar  el  cumplimiento, por las autoridades competentes, de toda  decisión   en   que   se   haya   estimado  procedente  el  recurso”.   

2 Ver  sentencias T-1240 de 2008 y T-202 de 2009, entre muchas otras.   

4   Ver  sentencias  T-008  de  1998,  T-079  de  1993  t T-231 de 1994 entre muchas  otras.   

5   Ver sentencia T-417 de 2008.   

6     Ver   sentencia   T-202   de  2009.   

7 “El  presupuesto  básico  para  la  procedencia  del  amparo es la vulneración o la  amenaza  de  vulneración  a  un  derecho  fundamental  y  en  ese sentido puede  anotarse  que  las  causales  genéricas  de  procedibilidad de la tutela contra  decisiones   judiciales   deben  estar  inescindiblemente  relacionadas  con  la  vulneración  de  derechos  fundamentales,  lo  que  implica  que para lograr el  amparo  constitucional,  no  basta  acreditar  la  concurrencia  de  una  de las  vulneraciones  genéricas  señaladas  –que  bien  podrían  ser  subsanadas  a través de los mecanismos y  recursos  ordinarios-es  necesario  también,  que tal defecto en la providencia  vulnere  derechos  fundamentales  (Art. 86 C.P.)” Sentencia C-701 de 2004. Ver  también   Sentencia   T-381   de   2004,   reiterada   en  Sentencia  T-590  de  2006.   

8 Sobre  defecto  sustantivo  pueden  consultarse las sentencias T-784 de 2000, T-1334 de  2001,  SU.159  de  2002,  T-405  de 2002, T-408 de 2002, T-546 de 2002, T-868 de  2002,   T-901   de  2002,  entre  otras  (cita  original  de  la  jurisprudencia  trascrita).   

9   Sobre  defecto  fáctico, pueden consultarse las siguientes sentencias: T-260 de  1999,  T-488 de 1999, T-814 de 1999, T-408 de 2002, T-550 de 2002, T-054 de 2003  (cita original de la jurisprudencia trascrita).   

10   Al  respecto, las sentencias SU-014 de 2001, T-407 de 2001,  T-759  de  2001,  T-1180  de  2001, T-349 de 2002, T-852 de 2002,  T-705 de  2002 (cita original de la jurisprudencia trascrita).   

11    Sobre   defecto   sustantivo,   pueden   consultarse   las  sentencias:  T-260 de 1999, T-814 de 1999, T-784 de 2000, T-1334 de 2001, SU.159  de  2002,  T-405  de 2002, T-408 de 2002, T-546 de 2002, T-868 de 2002, T-901 de  2002.   

12  Sentencias T-522 de 2001 y T-462 de 2003.   

13 Ver  sentencias T-939 de 2005 y T-1240 de 2008, entre otras.   

14 Ver  sentencia T-769 de 2008, entre otras.   

15  Sentencia T-522 de 2001   

16 Ver  Sentencia C-590 de 2005.   

17  Sobre  el  particular,  además  de la ya citada sentencia C-231 de 1994, pueden  consultarse,   entre   varias,   las   sentencias  T-008  de  1998  y  C-984  de  1999.   

18  Cfr.  sentencia  SU-1722  de  2000.  Tal  es  el  caso  por ejemplo de todas las  decisiones  judiciales  en  las  que  se  viola  el  principio  de  “no reformatio in pejus”.   

19  Cfr., la sentencia C-984 de 1999.   

20  Sentencia SU-159/02.   

21  Sentencia T-284 de 2006.   

22  Cfr.    Sentencia   C-227   de   2004,   T-1128   de  2005T-221  de 2006 Al respecto, no sobra recordar que  la    sentencia    T-1128    de    2005    manifestó    que   el   “derecho  a  la  pensión  de  invalidez adquiere el carácter de  derecho  fundamental  por  sí  mismo, por tratarse de una persona que por haber  perdido  parte considerable de su capacidad laboral, no puede acceder al mercado  de  trabajo, de modo que el reconocimiento de dicha pensión entra a convertirse  en  la única fuente de ingresos con la que cuentan para la satisfacción de sus  necesidades   básicas,   así   como   para   proporcionarse  los  controles  y  tratamientos médicos requeridos dada su discapacidad.”   

23  Sentencia T-292 de 1995.   

24      Sentencia     T-124     de  1993.   

25  Sentencia T- 292 de 1995.   

26  Sentencia T-185 de 2007.   

27 Ver  ente  otras,  las sentencias: T-656 de 2006, T-435 de 2006, T-768 de 2005, T-651  de 2004, y T-1012 de 2003.   

28 Ver  sentencia T-983 de 2007.   

29 Ver  sentencia T-016 de 2006.   

30  Sentencia  C-543  de  1992. La Corte declaró inexequibles, por ser contrarios a  la   Constitución,   los   artículos   11,   12  y  40  del  Decreto  2591  de  1991.   

31  Sentencia T-504 de 2009.   

32  Ibídem.   

33  Sentencia T-158 de 2006.   

34  Sin  embargo,  este  Tribunal, en reciente sentencia,  C-428  del  1°  de  julio  de  2009  declaró: (i) la  exequibilidad  simple del presupuesto de las 50 semanas dentro de los tres años  anteriores  a  la  fecha de estructuración de la invalidez de la que tratan los  numerales  1°  y  2°; (ii)  la  inexequibilidad  del  mencionado  presupuesto  de  fidelidad,  al  constatar que no se acompasaba con el principio de progresividad  de los derechos sociales.   

35  Cfr.  Sentencias  T-974  de 2005, T- 974 de 2005, T- 043 de 2007,  T-259 de  2007,  T-1048  de  2007,  T-069  de 2008, T-080 de 2008, T-104 de 2008, T-110 de  2008, T-145 de 2008, T-287 de 2008.   

36 Ver  sentencia C-480 de 1998, T-1291 de 2005.   

37 Al  respecto,  consúltense  las  sentencias  C-655 de 2003, T-471 de 1992, T-116 de  1993 , SU-039 de 1998, T-1291 de 2005.   

39   Constitución Política de Colombia, artículo 150, numeral  23.  Ver sentencias: C-126 de 1995, C-168 de 1995, T-271 de 1995, C-967 de 2003,  entre otras.   

40  Sentencia T-1040 de 2008.   

41  Cfr. T-1048 de 2008.   

42  Cfr.  Sentencias  T-259  de  2007, T-1048 de 2007, T-069 de 2008, T-080 de 2008,  T-104 de 2008,  T-110 de 2008, T-145 de 2008, T-287 de 2008.     

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