T-883-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-883-09  

LEGITIMACION POR ACTIVA EN TUTELA-Defensor  del  pueblo  en  nombre  y  representación de persona en  condiciones de debilidad manifiesta por razones económicas   

ACCION      DE     TUTELA-Inmediatez como requisito de procedibilidad   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Inmediatez como requisito de procedibilidad   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Ausencia de inmediatez   

ACCION      DE     TUTELA-Subsidiariedad   

ACCION     DE     TUTELA-Improcedencia cuando existen otras vías judiciales   

Referencia: expediente T-2.294.410  

Demandante:  

Andrés  Santamaría  Garrido  -Defensor del  Pueblo  de  la  Regional  Valle del Cauca-, en nombre y representación de Tulia  Rita Londoño González   

Demandados:  

Juzgado 14 Civil del Circuito de Medellín y  Conavi -Hoy Bancolombia S.A.-   

Magistrado Ponente:  

Dr.  GABRIEL  EDUARDO  MENDOZA MARTELO   

Bogotá,  D.C., treinta (30) de noviembre de  dos mil nueve (2009).   

La  Sala  Cuarta  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,   integrada  por  los  Magistrados  Mauricio  González  Cuervo,  Gabriel  Eduardo  Mendoza  Martelo y Jorge Ignacio Pretelt Chaljub, en ejercicio  de   sus   competencias   constitucionales   y   legales,   ha   pronunciado  la  siguiente   

SENTENCIA   

en  el  proceso  de  revisión  del fallo de  tutela  proferido  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín  -Sala  Civil-,  en  relación  con el recurso de amparo constitucional promovido  por  Andrés  Santamaría  Garrido, Defensor del Pueblo de la Regional Valle del  Cauca,  en  nombre y representación de Tulia Rita Londoño González, contra el  Juzgado 14 Civil del Circuito de Medellín y Bancolombia S.A.   

I.          ANTECEDENTES.   

1.           La solicitud   

El  día  29  de  enero  de  2009,  Andrés  Santamaría  Garrido,  Defensor  del  Pueblo de la Regional del Valle del Cauca,  formuló  acción de tutela en nombre y representación de la señora Tulia Rita  Londoño  González  contra  el  Juzgado  14  Civil  del Circuito de Medellín y  Conavi  -Hoy  Bancolombia  S.A.-,  por  una  presunta violación de sus derechos  constitucionales  fundamentales  a  la vivienda digna y al debido proceso, en la  que  considera  incurrieron  las entidades demandadas, ya que, pese al secuestro  de  que  fue  víctima  su  compañero permanente, no procedieron a suspender el  proceso   ejecutivo   hipotecario   que  se  adelantaba  en  su  contra,  no  se  reliquidaron  los  valores  del  crédito del cual era titular y no se otorgaron  las facilidades de pago conforme a su situación familiar.   

2.1.  Refiere la señora Tulia Rita Londoño  González  que  convive  en  unión marital de hecho desde hace más de 11 años  con  el  señor  Harold  Amaranto  Lozano García, de cuya unión nació su hijo  menor Harold Rafael Lozano Londoño.   

2.2.  Aduce que su compañero permanente fue  víctima  del  delito  de  secuestro  el  2  de  septiembre  de  2004  y  que su  liberación   se   produjo   el   10   de  octubre  del  mismo  año1, merced al pago  de  $50.000.000  de pesos que por concepto de rescate realizó la madre de éste  y    a   la   intervención   de   la   Cruz   Roja   Internacional   -Seccional  Chocó-.   

2.3.  Precisa,  así  mismo, que contrajo en  1998  con  el Banco Conavi, -Hoy Bancolombia-, una obligación bajo la modalidad  de  crédito hipotecario No. 3099-3200152899, la cual aduce haber incumplido por  razón  del  secuestro  de su compañero, como quiera que, asevera, dependía de  él,  en  cuanto  a recursos económicos se refiere, para la satisfacción tanto  de sus necesidades básicas como las de su menor hijo.   

2.4. Por cuenta del referido incumplimiento,  indica  que  el  9  de  noviembre  de  2004  el  Banco  Conavi promovió proceso  ejecutivo  hipotecario  en su contra, litigio cuyo conocimiento le correspondió  al Juzgado 14 Civil del Circuito de Medellín.   

2.5.  Frente  a  lo anterior, puntualiza que  elevó,  el  2  de  mayo de 2005, una solicitud de condonación de los intereses  moratorios  de  su obligación crediticia ante la entidad bancaria accionada por  el  período  en  que su compañero permanente duró secuestrado, esto es, del 2  de  septiembre  de  2004  hasta  el  10  de  octubre del mismo año, la cual fue  despachada  desfavorablemente,  entre  otras  razones,  porque  no fue el señor  Harold  Amaranto  Lozano  García  quien  contrajo  la  obligación hipotecaria,  además  de  que  al  momento  del  secuestro el crédito ya se encontraba con 5  cuotas en mora.   

A  ello,  ha  de  agregarse  que  la entidad  bancaria  relacionó  el  estado  de  la  obligación  hipotecaria a cargo de la  señora  Tulia Rita Londoño González, a la fecha en que acaeció el secuestro,  como a continuación se expone:   

ESTADO DE LA  OBLIGACIÓN HIPOTECARIA No. 1099-320152899  

Capital             

               $  32.233.835.60  

Intereses  Corrientes             

               $  1.489.980.75  

Intereses  Moratorios             

               $  9.417.88  

No.  de  Cuotas  en  Mora             

Valor  de  Cuotas en  Mora             

               $  2.366.893.00  

2.6. Así las cosas, y teniendo en cuenta que  ya  se  llevó  a  cabo  la  diligencia  de  remate  del  bien inmueble del cual  aparecía  como  titular,  la señora Tulia Rita Londoño González solicitó la  intervención             de            la            Defensoría            del  Pueblo           -Regional  del  Valle  del  Cauca-  a  efectos  de que intercediera por ella para lograr la  recuperación  del  que  otrora  fuera  su  lugar  de habitación, ubicado en la  ciudad  de  Medellín,  en  tanto actualmente reside en la ciudad de Santiago de  Cali y carece de recursos económicos para su desplazamiento.   

2.7.  En  consecuencia,  la  Defensoría del  Pueblo  -Regional  del Valle del Cauca-, actuando en nombre y representación de  la  señora  Tulia  Rita  Londoño  González,  acudió  al  recurso  de  amparo  constitucional  el  29  de  enero  de  2009  con el propósito de que el juez de  tutela  protegiera  los  derechos fundamentales que resultan transgredidos en el  caso  particular,  de  tal  manera  que  se  ordene  a  las entidades demandadas  (i)  decretar la nulidad de  la  diligencia  de remate y adjudicación, además de todo lo actuado dentro del  proceso  ejecutivo  hipotecario surtido ante el Juzgado 14 Civil del Circuito de  Medellín,  suspendiendo  de  forma  inmediata  cualquier  efecto  derivado  del  proceso.  A  su  vez,  insta  al  juez de tutela para que, de conformidad con lo  establecido  en  la  Circular  No.  101 de 2003 de la Superintendencia Bancaria,  (ii) otorgue las facilidades  de pago y/o refinanciación de su obligación.   

3.              Oposición    a    la   demanda   de  tutela   

La Defensoría del Pueblo -Regional del Valle  del  Cauca-  radicó  la  solicitud  de  amparo  constitucional ante el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Cali -Sala de Decisión Unitaria-, el cual  dispuso  su  remisión a la oficina de reparto de administración judicial de la  ciudad  de  Medellín,  como  quiera  que,  al  tenor  de  lo  establecido en el  artículo  1º del Decreto No. 1382 de 2000, “cuando  la  acción de tutela se promueva contra un funcionario o corporación judicial,  le     será     repartida     al     respectivo    superior    funcional    del  accionado”,  razón  por  la que avocó conocimiento  del  asunto  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Medellín -Sala de  Decisión Civil-.   

Dicho cuerpo colegiado denegó la pretensión  relacionada  con  la  medida  provisional  de suspensión inmediata de cualquier  efecto  derivado  del  proceso,  bajo  la consideración de que la diligencia de  remate  del  bien  inmueble objeto del proceso ejecutivo hipotecario se llevó a  cabo  el  29  de mayo de 2008, de suerte que, a su juicio, existía sustracción  de  materia,  habida  cuenta de que el eventual perjuicio que se pretende eludir  ya se había consumado.   

En  todo  caso,  a  efectos  de  conformar  debidamente  el  contradictorio,  mediante Auto del 18 de marzo de 2009, ordenó  poner  en  conocimiento,  tanto  del  Juzgado 14 Civil del Circuito de Medellín  como  de  Bancolombia S.A., la demanda de tutela para que se pronunciaran acerca  de las pretensiones y del problema jurídico planteado en ella.   

Así  mismo,  mediante providencia del 20 de  marzo  del  año  en  curso,  dispuso citar como tercera interesada a la señora  Claudia  Alicia  Ramírez, dada su calidad de rematante del bien inmueble objeto  del  proceso  ordinario,  a  fin  de  que intervenga en el trámite del presente  recurso  de amparo constitucional con el propósito de que le sea garantizado su  derecho a la defensa.   

3.1.         Bancolombia S.A.   

Mediante  escrito del dieciocho de marzo del  presente  año,  el  establecimiento de crédito Bancolombia S.A., dio respuesta  al requerimiento judicial en los siguientes términos:   

– Que ante el reiterado incumplimiento de la  señora  Londoño  González  en el pago de la obligación No. 152899 a cargo de  Bancolombia,  se  presentó demanda ejecutiva cuyo conocimiento le correspondió  por  reparto  al  Juzgado  14  Civil  del Circuito de Medellín. Dentro de dicho  proceso  se  libró  mandamiento de pago el 11 de noviembre de 2004 y el embargo  sobre  el  bien inmueble hipotecado se registró el 30 de noviembre de ese mismo  año.  Igualmente,  señala  que  para  la  notificación  de  la demanda se dio  aplicación  al  artículo  318 del Código de Procedimiento Civil, conforme con  el cual se nombró curador ad-litem.   

–  Aunado  a  lo  anterior,  destaca  que la  señora  Londoño  González  no  procedió a dar contestación a la demanda, no  obstante   lo   cual   promovió  un  incidente  de  nulidad  que  fue  resuelto  desfavorablemente   y   que,   además,   fue   confirmado   por   el   superior  jerárquico.   

–  A continuación, prosigue con el recuento  procesal  refiriendo  que  se  dictó sentencia el 12 de agosto de 2005, la cual  quedó  en  firme el 24 de agosto de esa anualidad. Del mismo modo, destacó que  presentó  liquidación  de  la obligación el 4 de octubre de 2005, la cual fue  aprobada  el  2  de  noviembre  de 2005, de conformidad con lo preceptuado en el  artículo 521 del Código de Procedimiento Civil.   

–  Explica  que  el  16  de enero de 2007 se  adelantó  la  diligencia  de secuestro y que el 20 de febrero de ese mismo año  se  presentó  el avalúo del bien inmueble objeto de embargo, el cual quedó en  firme el 7 de febrero de 2009.   

–  Por  otro  lado, arguye que no constituye  razón  suficiente  el  hecho  de  que  la  actora  alegue  el  secuestro  de su  compañero  permanente  para  sustraerse  de  pagar  su obligación crediticia y  evitar  que se tramite en su contra un proceso ejecutivo, máxime, cuando la Ley  986  de  2005,  “Por  medio  de  la cual se adoptan  medidas    de    protección    a    las   víctimas   del   secuestro   y   sus  familias”,  en  su  artículo  11,  dispone  que  se  interrumpirán  para el deudor secuestrado,  de pleno derecho y retroactivamente a la fecha en que ocurrió el  delito  de  secuestro,  los  términos  de vencimiento de todas las obligaciones  dinerarias,  tanto civiles como comerciales, que no estén en mora al momento de  la   ocurrencia   del   secuestro.   (Subrayas   y   negrillas   de  la  entidad  demandada)   

Así,  dado  que  en  el presente caso quien  figura  como  deudora  de  Bancolombia  S.A.  es  la señora Tulia Rita Londoño  González,  quien  nunca  ha  sido víctima del delito de secuestro, las medidas  cuya  aplicación  solicita,  contenidas  en  la  disposición  normativa  antes  citada,  cuales  son  aquellas  referidas  a  la  suspensión  de  los intereses  moratorios  y  a  la  imposibilidad  de  promover en su contra acción ejecutiva  alguna, no son aplicables al supuesto de hecho bajo análisis.   

–  Por tanto, manifiesta que, contrario a lo  afirmado  por  la  Defensoría del Pueblo -Regional del Valle del Cauca-, era el  proceso  ejecutivo  hipotecario y no la acción de tutela, como pretende hacerse  valer  ahora,  el  escenario  idóneo  para  ventilar las pretensiones en que se  fundamenta actualmente la solicitud de amparo constitucional.   

En  efecto,  en  su  criterio,  “revisar  nuevamente  el  asunto,  a  través  de  la  acción de  tutela,  implica crear una tercera instancia en los procesos judiciales, lo cual  entraría   en   abierta   contradicción   con   la   Constitución  Política,  desvirtuándose  de  esta  manera  la  naturaleza  residual y subsidiaria que se  consagró  a  favor  del  mecanismo  de  defensa  previsto  en  el  artículo 86  Superior”.   

– De allí que concluya, como complemento de  lo  expuesto, que la acción de tutela resulta improcedente para la solución de  la  controversia  suscitada  en  el  caso  de  autos,  toda vez que la actora se  abstuvo  de  acudir  a  las acciones y recursos que el ordenamiento jurídico le  brindaba   para  la  protección  de  sus  derechos  y  garantías  iusfundamentales   dentro   del  proceso  ordinario.   

Por las razones consignadas en precedencia,  estima  que  la  solicitud  de  amparo  constitucional,  respecto  de la entidad  bancaria, debe ser desestimada.   

3.2.            Intervención de Claudia Alicia  Ramírez   

Al  dar  respuesta oportuna al requerimiento  judicial,  la señora Claudia Alicia Ramírez manifestó que el aserto contenido  en  la  acción  de tutela no tiene otro propósito que el adecuar la lamentable  situación  del  secuestro  del  compañero  permanente  de  la  actora  al  del  incumplimiento  de  sus  obligaciones crediticias, a partir de lo cual deduce la  intención  de  ésta  de  querer  sustraerse  de su responsabilidad frente a la  deuda contraída por causa del contrato de mutuo que celebró.   

Aseguró,  de  igual  forma,  que la señora  Tulia  Rita  Londoño González no reside en la ciudad de Medellín por lo menos  desde  hace 2 años, aseveración que se ratifica en el hecho de que la misma no  estuviera  presente  en  la  fecha  en  que  se  llevó  a cabo la diligencia de  secuestro  del  bien inmueble objeto del proceso ejecutivo hipotecario, esto es,  el 16 de enero de 2007.   

De  otra  parte,  sostuvo  que  sus  ahorros  personales  fueron  consignados  y depositados a nombre del Juzgado ante el cual  se  surtió  el  proceso  ejecutivo  hipotecario,  por  lo que, en su calidad de  tercera  de  buena  fe, en la medida en que cumplió cabalmente con la totalidad  de  los  requisitos  legales,  insta  al  juez  de  tutela  para que deniegue la  protección   constitucional   invocada,  en  razón  a  que  la  misma  resulta  improcedente,   al  no  haberse  acreditado  transgresión  alguna  de  derechos  fundamentales.   

3.3.            Juzgado 14 Civil del Circuito de  Medellín   

No  obstante  que  el  Juzgado 14 Civil del  Circuito  de  Medellín  dejara  transcurrir  el  término  de rigor sin allegar  respuesta  alguna, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín -Sala  Civil-,  decretó  una  inspección  judicial  con  el  objetivo de verificar el  procedimiento  surtido respecto del proceso ejecutivo hipotecario adelantado por  la  Sociedad  Conavi  Banco  Comercial  y de Ahorros S.A. -hoy Bancolombia S.A.-  contra la señora Tulia Rita Londoño González.   

En dicha inspección judicial, la autoridad  judicial  puso  de  presente  que “el mandamiento de  pago  fue  librado  el  día  11  de  noviembre  de  2004,  por  la  cantidad de  227.012,9645  UVR,  los  intereses  de  plazo generados sobre dicho capital a la  tasa  del  13.92  efectivo  anual  y  los  de mora a una tasa de 16.50% efectivo  anual,  además  por  la  suma  de $106.975 por concepto de primas de seguro.”  Así mismo, precisó que tal obligación emergió como  consecuencia  de la celebración de un contrato de mutuo para la adquisición de  vivienda, cuya mora se configuró a partir del 25 de abril de 2004.   

Puntualizó,  además,  que se procedió al  emplazamiento   de   la   ejecutada   ante   la   imposibilidad  de  notificarla  personalmente  y  que  se  profirió sentencia el 12 de agosto de 2005, conforme  con  la  cual  se  ordenaba  la  continuación  de la ejecución en los precisos  términos  de  la orden ejecutiva. A lo anterior, sumó el hecho de que, una vez  agotadas  las etapas de liquidación del crédito, de las costas, del avalúo de  los  inmuebles,  y  perfeccionadas  las  diligencias  de embargo y secuestro, se  llevó  a  cabo  la  diligencia de remate el día 29 de mayo de 2008, actuación  que  fue  aprobada  el  29 de enero del presente año, siéndole adjudicados los  bienes trabados en el litigio a la señora Claudia Alicia Ramírez.   

Mencionó  la  autoridad judicial, además,  que  para  la  fecha  de  interposición  de  la  acción de tutela ya se había  comisionado  a  la  autoridad  competente para la diligencia de entrega del bien  inmueble.  Entre  tanto,  adujo  que  la  señora  Tulia Rita Londoño González  intervino  en  el proceso, mediante apoderado judicial, el 5 de junio de 2008, a  efectos   de  alegar  una  supuesta  nulidad  sobre  la  base  de  una  indebida  liquidación   del   crédito  y  del  avalúo,  incidente  que  fue  despachado  desfavorablemente  mediante  providencia  del  7  de  julio  de  2008  y que fue  confirmado  por  el  superior  jerárquico  el  11  de  noviembre  de  ese mismo  año.   

4.              Pruebas    que    obran    en    el  expediente   

Dentro   del  expediente  de  tutela,  se  encuentran como pruebas relevantes, las siguientes:   

–  Copia  de la solicitud No. ATQ 090105105  radicada  por  la señora Tulia Rita Londoño González, el 16 de enero de 2009,  ante  la Defensoría del Pueblo -Regional del Valle del Cauca-, en donde pone de  presente  la  presunta  vulneración  a  sus  derechos  fundamentales  al debido  proceso  y a la defensa, habida cuenta del remate del bien inmueble del cual era  titular,  dentro  de  proceso  ejecutivo  hipotecario  que  no tuvo en cuenta el  secuestro de su compañero permanente (Folio 14)   

– Copia del oficio No. 0624 en el que consta  que  la  Fiscalía 100 Delegada ante el Juez Penal del Circuito Especializado de  Quibdó  avocó  conocimiento  de  las investigaciones preliminares con ocasión  del  secuestro de que fue víctima el señor Harold Amaranto Lozano García el 2  de septiembre de 2004 (Folio 15)   

–  Copia  de certificación expedida por el  Director  Ejecutivo  de  la  Cruz  Roja  Colombiana -Seccional Chocó-, el 16 de  marzo  de  2005,  en  donde  se  hace  constar  que,  en  cumplimiento del deber  humanitario  conferido  por  el  Derecho  Internacional  Humanitario, se brindó  acompañamiento  moral  y  psicológico  a  la familia de Harold Amaranto Lozano  García  y  que,  además, el secuestrado fue liberado y entregado a un familiar  (Folio 16)   

-Copia del derecho de petición elevado por  la  señora  Tulia  Rita Londoño González, el 2 de mayo de 2005, ante el Banco  Conavi,  en  donde  solicita  la  condonación  de la totalidad de los intereses  moratorios  de  su  obligación  crediticia por el período en que su compañero  permanente  duró  secuestrado, esto es, del 2 de septiembre de 2004 hasta el 10  de octubre del mismo año (Folios 19 a 21)   

– Copia de respuesta al derecho de petición  presentado  por  la  señora Tulia Rita Londoño González ante el Banco Conavi,  en  la  que  se  despacha  desfavorablemente  su solicitud, entre otras razones,  porque  no  fue  el  señor  Harold  Amaranto  Lozano  García quien contrajo la  obligación  hipotecaria, además de que al momento del secuestro el crédito ya  se encontraba con 5 cuotas en mora (Folios 31 y 32)   

– Copia de la Circular No. 101 de agosto 12  de  2003  expedida  por  la  Superintendencia  Bancaria de Colombia, en donde se  expone  la  situación  de  fuerza mayor que impide a un secuestrado cumplir con  sus  obligaciones  comerciales,  así  como la vulneración de los derechos a la  igualdad  y  al  libre desarrollo de la personalidad cuando una entidad bancaria  exige  el  pago  a un deudor secuestrado y posteriormente liberado, sin tener en  cuenta  para  ello  la  privación de su libertad y las condiciones para cumplir  con sus obligaciones.   

Dicha circular pone de presente, inclusive,  que  aún  en  el  caso  de  un  deudor  moroso  que  haya  sido  posteriormente  secuestrado,  los  intereses  moratorios adeudados serán aquellos que se causen  sobre  las  cuotas  que el deudor había incumplido antes de ser secuestrado. En  todo  caso, durante el tiempo del cautiverio y su recuperación, no se causarán  intereses moratorios (Folio 34)   

– Copia de la providencia del 8 de abril de  dos  mil  ocho,  en la que el Juzgado 14 Civil del Circuito de Medellín decreta  el  remate  en  pública  subasta  del  bien  inmueble  embargado, secuestrado y  avaluado  en el proceso ejecutivo hipotecario promovido por el Banco Conavi S.A.  -hoy  Bancolombia  S.A.-  en contra de la señora Tulia Rita Londoño González,  de   conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  523  del  Código  de  Procedimiento Civil (Folio 35 y 36)   

– Copia de declaración extrajuicio expedida  en  la  Notaría  Dieciocho del Círculo de Cali, el 17 de diciembre de 2008, en  donde  la señora Tulia Rita Londoño González y Harold Amaranto Lozano García  manifiestan,  bajo la gravedad del juramento, que conviven desde hace más de 10  años  en  unión  marital  de  hecho y que, producto de dicha unión, nació su  hijo Harold Rafael Lozano Londoño (Folio 37)   

–  Copias de las Cédulas de Ciudadanía de  Tulia  Rita  Londoño González y de Harold Amaranto Lozano García (Folios 38 y  39)   

El  Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Medellín,  Sala  de  Decisión  Civil,  mediante  providencia  proferida el  treinta  y  uno  de  marzo  de dos mil nueve, denegó por improcedente el amparo  constitucional  deprecado,  al  arribar a la conclusión de que el mismo adolece  de  la falta de dos de los requisitos de procedibilidad de la acción de tutela,  cuales   son,   precisamente,   el   de   la   subsidiariedad   y   el   de   la  inmediatez.   

En  efecto,  advirtió el fallador que, una  vez  analizado  el  trámite  del  proceso ejecutivo hipotecario que reprocha la  actora,  se  tiene  que ésta, en ningún momento, salvo el incidente de nulidad  que  promovió  el  5  de  junio  de  2008,  aludiendo  para ello a una indebida  liquidación  del crédito, intervino diligentemente, por lo que no es de recibo  que  ahora  pretenda,  luego  de  más  de  4  años  de haber sido promovido el  mencionado  proceso  ejecutivo  hipotecario,  y  sin  haber  hecho  uso  de  los  mecanismos  ordinarios  de defensa judicial que tenía a su disposición, acudir  a  la acción de tutela para enervar los efectos de un proceso que se surtió de  conformidad  con  las  ritualidades  y  formalismos  propios  establecidos en la  ley.   

A más de lo anterior, consideró, con apoyo  en  jurisprudencia constitucional, que, cuando quiera que se formule una acción  de  tutela  contra  una  providencia  judicial, es imperativo que quien alega la  vulneración  de  los  derechos fundamentales haya agotado los medios de defensa  disponibles  por  la  legislación  para el efecto, exigencia que se funda en el  principio  de  subsidiariedad  de la tutela y que pretende asegurar que ésta no  sea   considerada,   en   sí   misma,   una   instancia  más  en  el  trámite  jurisdiccional,  ni  mucho menos, un mecanismo que reemplace aquellos diseñados  por el legislador.   

Ha  de resaltarse que la anterior decisión  no   fue  recurrida  por  ninguna  de  las  partes  involucradas  en  el  asunto  sub-exámine.   

III.          CONSIDERACIONES   

1.         Competencia   

Es  competente  esta  Sala  de  la  Corte  Constitucional  para  revisar  la  decisión  proferida  dentro de la acción de  tutela  de la referencia, de conformidad con lo establecido en los artículos 86  y  241,  numeral  9º,  de  la  Constitución Política, en concordancia con los  artículos  31  a  36  del  Decreto 2591 de 1991, y en  cumplimiento   del   Auto   del   06  de  agosto  de 2009, proferido por la Sala  de  Selección  de  Tutelas Número Ocho de esta Corporación.   

2.         Problema Jurídico   

2.1.    De  conformidad  con  el supuesto fáctico expuesto en la presente acción de tutela  y  con  el  material  probatorio  que  reposa  en el expediente, se tiene que la  señora  Tulia  Rita  Londoño González solicita  que  se  decrete la nulidad de  todo  lo  actuado  dentro del proceso ejecutivo hipotecario que Bancolombia S.A.  promovió  en  su contra por cuenta del incumplimiento del contrato de mutuo que  celebró  con  la  entidad  en  1998, como quiera que, en su sentir, a causa del  secuestro  de que fue víctima su compañero permanente desde septiembre de 2004  hasta  octubre  10 del mismo año, no debió surtirse en su contra el mencionado  proceso  ejecutivo  hipotecario,  así  como  tampoco  el cobro de los intereses  moratorios correspondientes al período del cautiverio.   

2.2. Sobre el particular, conviene señalar  que,   de  acuerdo  a  lo  informado  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial   de   Medellín  -Sala  Civil-  el  mandamiento  de pago fue librado el 11 de noviembre de 2004 y  que  se  profirió  sentencia  el  11  de agosto de 2005 conforme con la cual se  ordenaba  la  continuación  de  la  ejecución en los  precisos  términos  de la orden ejecutiva. Adicionalmente, una vez agotadas las  etapas  de  liquidación  del  crédito,  de  las  costas,  del  avalúo  de los  inmuebles,  y perfeccionadas las diligencias de embargo y secuestro, se llevó a  cabo  la  diligencia  de  remate  el día 29 de mayo de 2008, actuación que fue  aprobada  el  29  de  enero  del año en curso, siéndole adjudicados los bienes  trabados en el litigio a la señora Claudia Alicia Ramírez.   

Ha  de  resaltarse, igualmente, que para la  fecha  de  interposición  de la acción de tutela ya se había comisionado a la  autoridad  competente  para  la diligencia de entrega del bien inmueble, sin que  la  actora  haya  intervenido  diligentemente dentro del proceso para efectos de  participar  en  el  mismo,  salvo  el incidente de nulidad que promovió el 5 de  junio   de   2008   y  que  fue  despachado  desfavorablemente  mediante  sendas  providencias  emanadas tanto del Juzgado 14 Civil del Circuito de Medellín como  del mismo Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín.   

2.3.  De esta forma, la señora Tulia Rita  Londoño  González  acudió  a  la  acción  de  tutela,  por  intermedio de la  Defensoría   del  Pueblo  -Regional  del  Valle  del  Cauca-  el  29  de  enero  de 2009, al considerar que  tanto  el  proceder  del  Juzgado  14  Civil  del  Circuito de Medellín como de  Bancolombia  S.A.,  en  relación  con  el  proceso ejecutivo hipotecario que se  surtió  en  su  contra y que finalizó con el remate del bien inmueble del cual  era   titular,   comporta  el  quebrantamiento,  por  entero,  de  sus  derechos  constitucionales   fundamentales   al   debido   proceso   y   a   la   vivienda  digna.   

2.4.  Ahora  bien, tal escenario revela la  necesidad  de  determinar si, en efecto, las entidades accionadas transgredieron  prerrogativas  de  raigambre  fundamental,  por  lo  que para tal propósito, en  primer  lugar,  procederá a analizar el problema de procedibilidad por falta de  inmediatez  y  de  subsidiariedad planteado por la autoridad judicial que avocó  conocimiento  del asunto, dado que, por un lado, la decisión impugnada por vía  del    amparo    constitucional   se   encuentra   ejecutoriada;   y,  por  otro, que la parte actora no fue  diligente   en   la   interposición   de   recursos   y   acciones  dentro  del  proceso  ejecutivo  que se  surtió en su contra.   

Lo  anterior,  con  el  fin  de determinar  frente al caso concreto, la procedibilidad de la acción de tutela.   

3.                                   Procedibilidad   de   la   Acción   de  Tutela   

Frente  al  caso  bajo  estudio, esta Sala  considera  conveniente  esclarecer  si  la  acción  de tutela instaurada por la  señora  Tulia  Rita  Londoño González resulta  procedente,  como quiera que (i)  fue     promovida     por    el    Defensor    del  Pueblo         -Regional   del   Valle   del   Cauca-,  (ii)    se     dirige     a    atacar    una    providencia    judicial    ya  ejecutoriada     y,  finalmente,                (iii)     se     trata     de     una  controversia  en  donde la actora no fue diligente en  la  interposición  de  recursos  y  acciones  dentro  del  proceso ejecutivo   que   se   surtió   en  su  contra.   

4.                                   Legitimación por Activa   

De  conformidad  con  lo establecido en el  artículo   86   de   la  Constitución   Política,  la  acción  de  tutela  es  un  mecanismo de defensa  judicial  al  que  puede  acudir  cualquier persona para reclamar la protección  inmediata de sus derechos fundamentales.   

Específicamente,     en  cuanto tiene que ver con el artículo  10  del  Decreto  2591  de  1991,  está legitimada para presentar la acción de  tutela:   (i)  cualquier  persona,  por  si  misma,  o  a  través de representante, que considere que sus  derechos   fundamentales   han   sido   amenazados  o  vulnerados;  (ii)   quien   manifieste   agenciar  derechos  ajenos,  cuando el titular no pueda promover su defensa o;      inclusive,      (iii)  el  Defensor  del  Pueblo y los  personeros municipales.   

En   efecto,  el  tenor  de  la  citada  disposición normativa es el siguiente:   

“ARTICULO 10. LEGITIMIDAD E INTERES. La acción de tutela  podrá  ser  ejercida, en todo momento y lugar, por cualquiera persona vulnerada  o  amenazada  en uno de sus derechos fundamentales, quien actuará por sí misma  o   a   través  de  representante.  Los  poderes  se  presumirán  auténticos.   

También podrá ejercerla el Defensor del  Pueblo y los personeros municipales.”   

En  concordancia  con  lo  anterior,  el  artículo    46    del    mismo    ordenamiento   establece   que   “El  Defensor  del  Pueblo podrá, sin perjuicio del derecho que  asiste   a  los  interesados,  interponer  la  acción  de  tutela  (i)  en nombre de cualquier persona que  se  lo solicite o (ii) que  esté en situación de desamparo e indefensión.”   

En el presente caso, la acción de tutela  es     presentada    por    Andrés    Santamaría  Garrido,  Defensor  del  Pueblo  -Regional  del  Valle del Cauca-, en nombre y  representación    de    Tulia    Rita    Londoño  González, quien aduce no  poder  desplazarse  a  la  ciudad  de Medellín, lugar en donde queda ubicado el  bien   inmueble  objeto  del  proceso  ejecutivo  hipotecario,  por  razones  de  seguridad  y  de  índole económica. Así las cosas,  la  Sala  encuentra  que,  en  consonancia  con las normas citadas, el    señor    Andrés    Santamaría    Garrido,    en   su  condición  de  Defensor  del  Pueblo  de  la  Regional  del  Valle del Cauca, está  legitimado  para ejercer  la  acción  de tutela en nombre y representación de  la  señora  Tulia  Rita  Londoño    González,  como       quiera       que       ésta   se  encuentra  en  situación  de     debilidad     manifiesta    por    razones  económicas.2   

5.            De  la  inmediatez en la presentación de la acción de tutela   

5.1.  A propósito de este requisito de  procedibilidad  de  la  acción  de  tutela, la jurisprudencia constitucional ha  enfatizado  en  el hecho de que el mismo exige que la  acción  sea  promovida  de  manera  oportuna,  esto  es,  dentro de un término  razonable  luego  de  la  ocurrencia  de los hechos que motivan la afectación o  amenaza        de        los        derechos.3  Esa relación de inmediatez  entre  la  solicitud  de  amparo  y  el  supuesto  vulnerador  de  los  derechos  fundamentales,  debe evaluarse, según ha dicho la Corte, en cada caso concreto,  con    plena    observancia    de    los    principios    de   razonabilidad   y  proporcionalidad.4   

Conforme  con tal línea de orientación,  se  ha  señalado  igualmente  que  esta  condición  está  contemplada  en  el  artículo  86  de  la  Carta  Política  como  una de las características de la  tutela,   cuyo   objeto   es   precisamente   la  protección  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales  de  toda  persona,  cuando  quiera  que  éstos  resulten  amenazados  o  vulnerados  por  la  acción o la omisión de cualquier  autoridad  pública  o de los particulares en los casos que establezca la ley, y  que  con  tal exigencia “… se pretende evitar que  este  mecanismo  de  defensa  judicial  se emplee como herramienta que premia la  desidia,  negligencia o indiferencia de los actores, o se convierta en un factor  de         inseguridad         jurídica.”5   

De  este  modo,  la  oportunidad  en  la  interposición  de la acción de tutela se encuentra estrechamente vinculada con  el  objetivo  que  la  Constitución  le  atribuye  de  brindar  una protección  inmediata,  de  manera  que,  cuando  ello  ya  no  sea  posible por inactividad  injustificada   del  interesado,  se  cierra  la  vía  excepcional  del  amparo  constitucional  y  es preciso acudir a las instancias ordinarias para dirimir un  asunto  que,  debido  a  esa  inactividad,  se  ve  desprovisto  de  la urgencia  implícita en el trámite breve y sumario de la tutela.   

5.2.  Con  todo,  la  jurisprudencia también ha destacado que puede  resultar  admisible  que  transcurra un extenso espacio de tiempo entre el hecho  que  genera  la vulneración y la presentación de la acción de tutela bajo dos  circunstancias  claramente  identificables:  la  primera  de  ellas,  cuando  se  demuestra   que   la   vulneración   es  permanente  en  el  tiempo6   y,  en  segundo  lugar, cuando se pueda establecer que “…  la  especial  situación  de  aquella  persona  a  quien se le han vulnerado sus  derechos  fundamentales,  convierte  en desproporcionado el hecho de adjudicarle  la  carga  de  acudir  a  un  juez;  por  ejemplo  el  estado  de  indefensión,  interdicción,   abandono,   minoría   de   edad,  incapacidad  física,  entre  otros”.7   

De  este modo, para que, no obstante haya  transcurrido  un  tiempo  prolongado  desde la ocurrencia del acto lesivo, pueda  ser  procedente  el  recurso  de  amparo  constitucional,  se  requiere  que  la  afectación   de   derechos   fundamentales  que  se  pretende    remediar    sea    actual.8   

5.3.  En el  asunto  que  ahora  ocupa  la  atención  de la Corte es preciso tener en cuenta  que  se  trata  de  una acción de tutela contra una  providencia  judicial,  en donde el presupuesto de la inmediatez se convierte en  una  exigencia  ineludible,  toda  vez  que  de  no ser oportuna la solicitud de  amparo  constitucional,  como  observa la Sala de Revisión en el caso concreto,  no  sólo  quedaría  en  entredicho  la  necesidad  de  protección por vía de  tutela,  sino  que,  además,  permitiría  que  la  reclamación constitucional  invocada  después  de  un tiempo excesivo desde el momento en el que se produce  el  acto  lesivo,  afecte  significativamente la seguridad jurídica9.   

En este sentido, la jurisprudencia de esta  Corporación ha establecido que:   

“El  principio  de  la inmediatez tiene  particular  relevancia para determinar la procedibilidad de la acción de tutela  frente  a  decisiones judiciales, puesto que permitir que la misma proceda meses  o  aún  años  después de proferida la decisión, sacrificaría los principios  de  cosa  juzgada  y  seguridad  jurídica,  ya  que  sobre todas las decisiones  judiciales  se  cerniría  una absoluta incertidumbre que las desdibujaría como  mecanismos institucionales legítimos de resolución de conflictos.   

Con  todo, la jurisprudencia ha dicho que  puede  resultar admisible que transcurra un  extenso  espacio  de  tiempo  entre  el  hecho  que  genera la  vulneración  y la presentación de la acción de tutela bajo dos circunstancias  específicas:  Cuando  se  demuestra  que  la  vulneración  es permanente en el  tiempo  y cuando se pueda  establecer  que  “…  la  especial  situación de  aquella  persona  a  quien  se  le  han  vulnerado  sus  derechos fundamentales,  convierte  en  desproporcionado  el hecho de adjudicarle la carga de acudir a un  juez;  por  ejemplo el estado de indefensión, interdicción, abandono, minoría  de       edad,       incapacidad      física,      entre      otros.10   

5.4.  Sobre  esa  misma  consideración, la Sala Cuarta de  Revisión,     en     Sentencia   T-055  de  2008,  a propósito de un  caso  en el que actor acudió a la acción de tutela un año y medio después de  ocurrida  la  supuesta  vulneración de sus derechos fundamentales por cuenta de  una  sanción  disciplinaria que se le impuso, se pronunció en relación con el  presupuesto  de  la  inmediatez, indicando que para efectos de la procedencia de  la  acción  de tutela, se requiere que la afectación de derechos fundamentales  que  se  busca  subsanar  sea actual, ya que, de lo contrario, se estaría, bien  frente   a   un   hecho   consumado   no   susceptible  del  recurso  de  amparo  constitucional,  ora frente a un derecho fundamental  cuya       protección       inmediata       se  desvirtuaría.   

En  ese fallo, respecto de la oportunidad  para  controvertir  providencias  judiciales  mediante  la acción de tutela, la  Sala Cuarta concluyó:   

“Como  se  ha  dicho,  tratándose  de  providencias  judiciales  el  anterior  aserto  tiene  particular relevancia, en  virtud  de la presunción de legalidad y acierto de la que están revestidas las  sentencias  judiciales  una  vez ejecutoriadas, al punto que sólo de manera muy  excepcional  pueden  controvertirse  por la vía de la acción de tutela, cuando  se  cumplan  los  estrictos  y precisos presupuestos que se han establecido para  ello,   y  entre  los  cuales  se  cuenta  precisamente  el  de  la  inmediatez.   

De este modo, cuando sin que exista razón  que  lo  justifique, una persona deja pasar el tiempo sin acudir a la acción de  tutela  para  cuestionar  una  providencia  judicial que considera lesiva de sus  derechos  fundamentales,  su  propia  inactividad  conduce  a  que se afiance la  presunción  de  legitimidad  que ampara a tales providencias, de manera que los  efectos  lesivos  que considera se derivan de ellas no podrían, hacia adelante,  atribuirse  a  una  actuación  contraria  a la Constitución, sino que deberán  tenerse   como   la   consecuencia   legítima  de  una  decisión  judicial  en  firme.   

En  otras  palabras,  cuando  una persona  considere  que un fallo judicial es equivocado, y con mayor razón si estima que  es  contrario a sus derechos fundamentales, debe acudir de manera oportuna a las  instancias  que  el  ordenamiento  haya  previsto  para  impugnar  la decisión,  incluida  la  acción  de tutela. Si no lo hace así, la eventual afectación de  sus  derechos que en el futuro pueda señalarse como una consecuencia del fallo,  no   podrá   ser  considerada  como  una  violación  actual  de  sus  derechos  fundamentales,  sino  como  la consecuencia legitima de una providencia judicial  en firme.”   

En  consecuencia,  la  Sala  de Revisión  arribó  a  la  conclusión conforme a la cual el interesado no cuestionó en su  debido  momento  la  providencia que le impuso la sanción disciplinaria, por lo  que  permitió  que  se consolidaran los efectos de la misma, al punto que ya no  puede  considerarse  actual la violación de sus derechos fundamentales y, mucho  menos,  que  la  sanción  disciplinaria  suponga una oposición objetiva con la  Constitución.   

5.5.  Como se ha expresado, el requisito de la inmediatez,  que  la jurisprudencia constitucional ha elaborado como criterio para determinar  la  procedibilidad  de  la acción de tutela, tiene particular relevancia cuando  el  amparo  se pretende frente a providencias judiciales, no solo por razones de  seguridad  jurídica, sino, entre otras, por la consideración de que, por regla  general,    ante   la   jurisdicción   ordinaria,  la  accionante  debió  acudir  mediante  apoderado  judicial,  razón  por  la  cual debía estar advertido de la posible  vulneración  de  derechos  fundamentales que hubiese  ocurrido  en  esa jurisdicción y de la necesidad de acudir de manera oportuna a  la justicia constitucional.   

5.6.  La      anterior  consideración  conduce a  declarar    que    en    el   asunto   objeto   de  revisión,  como  consecuencia de la aplicación del  principio  de  la inmediatez, debe declararse la improcedencia de la acción, en  atención    al    tiempo   transcurrido   desde   que   se   produjo  la  providencia impugnada y la fecha  en  la  que  se acudió al amparo constitucional, sin  que  sean  razonables los argumentos por los cuales la actora funda su demora en  acudir al juez de tutela.   

5.7. No escapa  a  la  consideración  de esta Corte, sin embargo, el hecho de que el compañero  permanente  de  la  actora haya sido víctima del secuestro, no obstante lo cual  dicho  cautiverio  duró  un poco más de un mes y aconteció hace casi 5 años.  De  hecho,  advierte  esta  Sala  que,  como  se  determinó  por  el  juez de  instancia,    evidentemente   la   accionante   no  cumplió   con   el   requisito   que  alude  a  la  presentación  oportuna,  justa y razonable de la acción de tutela, como quiera  que  acudió  a  ésta  luego de que ya se llevara a  cabo  la  diligencia  de  remate  del  bien  inmueble  objeto del proceso que se  reprocha.   

6.            De  la  subsidiariedad de la acción de tutela   

6.1.  Conforme  lo  ha  señalado  esta  Corporación  en  innumerables  pronunciamientos  sobre  la  materia,  la  acción  de  tutela, en  términos  generales, no puede ser utilizada como un medio judicial alternativo,  adicional  o  complementario  de  los establecidos por la ley para la defensa de  los  derechos,  pues  con ella no se busca reemplazar  los  procesos  ordinarios  o especiales y, menos aún, desconocer los mecanismos  dispuestos  al  interior  de estos procesos para controvertir las decisiones que  se adopten.   

Ello encuentra fundamento en el carácter  supletivo  que  el  artículo 86 Superior le ha asignado a la acción de tutela,  en  virtud  del  cual  tal instrumento de defensa judicial solo es procedente de  manera  subsidiaria  y  residual cuando no existan otros medios de defensa a los  que  se  pueda  acudir, o cuando existiendo éstos, se promueva para precaver la  ocurrencia  de  un  perjuicio  irremediable.  Dicho  de otro modo: el recurso de  amparo  constitucional  fue concebido como una institución procesal destinada a  garantizar  una  protección efectiva y actual, pero supletoria, de los derechos  fundamentales11.   

6.2.  En  efecto, ese carácter  subsidiario  de  la  acción  de  tutela  impone al interesado la obligación de  desplegar  todo  su  actuar  dirigido a poner en marcha los medios ordinarios de  defensa  ofrecidos  dentro del ordenamiento jurídico para la protección de sus  derechos  fundamentales.  Tal imperativo constitucional pone de relieve que para  solicitar  el  amparo  de  un  derecho  fundamental,  el peticionario debe haber  actuado  con  diligencia  en  los  procesos  y  procedimientos  ordinarios, pero  también  que  la  falta  injustificada  de  agotamiento de los recursos legales  deviene en la improcedencia de la acción de tutela.   

6.3.  Precisamente, sobre este particular, ha señalado la  jurisprudencia  constitucional  que  si existiendo el medio judicial de defensa,  el  interesado  deja  de acudir a él y, además, pudiendo evitarlo, permite que  éste  caduque,  no  podrá  posteriormente  acudir  a  la  acción de tutela en  procura   de  obtener  la  protección  de  un  derecho  fundamental.  En  estas  circunstancias,  la acción de amparo constitucional no podría hacerse valer ni  siquiera  como mecanismo transitorio de protección, pues tal modalidad procesal  se  sujeta  a  la activación de un medio judicial ordinario en cuyo trámite se  resuelva    definitivamente    acerca    de    la    vulneración   iusfundamental  y  a la diligencia del  actor   para   hacer   uso   oportuno   del  mismo12.   

7.  Conclusión   

En   suma,   al  haberse  señalado  la  improcedencia   general  de  la  acción  de  amparo  constitucional   en   el   caso   concreto,  teniéndose  en  cuenta  tanto  el desconocimiento de los presupuestos de inmediatez como  el  de  subsidiariedad  de  la  acción  de  tutela,  esta   Sala   de  Revisión  considera  que  no  es  procedente    conferir   la   protección   tutelar  solicitada,  motivo  por  el cual habrá  de  confirmarse  el  fallo  judicial  proferido  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín  -Sala Civil-, que, mediante  Sentencia  del  treinta  y  uno  de  marzo  de  dos mil nueve, denegó el amparo  constitucional impetrado por improcedente.   

IV.          DECISIÓN   

En mérito de lo expuesto, la Sala Cuarta de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE:  

PRIMERO:  CONFIRMAR,  por  las razones  expuestas  en  esta providencia, el fallo judicial proferido el treinta y uno de  marzo  de  dos  mil  nueve  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Medellín -Sala de Decisión Civil-.   

SEGUNDO: Líbrense  las  comunicaciones  de que trata el artículo 36 del decreto 2591 de 1991, para  los efectos allí contemplados.   

Cópiese,  notifíquese,  insértese  en la  gaceta de la Corte Constitucional y Cúmplase.   

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO  

Magistrado Ponente  

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO  

Magistrado  

JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB  

Magistrado  

MARTHA     VICTORIA    SÁCHICA    DE  MONCALEANO   

Secretaria General    

1 Según  la  intervención  de la Fundación País Libre -Programa de Asistencia Integral  al Secuestrado-, visible a folio 22 del Cuaderno Principal.   

2 De  esta  forma ha procedido la Corte Constitucional, entre otras, en las Sentencias  T-896A  del 2 de noviembre de 2006, M. P. Marco Gerardo Monroy Cabra y T-268 del  11 de marzo de 2008, M. P. Jaime Araujo Rentería.   

3  Consultar,  entre  otras,  las Sentencias T-495 de 2005, T-575 de 2002, T-900 de  2004, T-403 de 2005 y T-425 de 2009.   

4  Consultar, entre otras, la Sentencia T-606 de 2004.   

5  Sentencia T-132 de 2004.   

6  Consultar,   entre   otras,   las   Sentencias  T-  1110  de  2005  y  T-425  de  2009.   

7  Sentencia T-158 de 2006.   

8  Consultar, entre otras, la Sentencia T-055 de 2008.   

9  Consultar,   entre   otras,   las   Sentencias   T-086   de   2007  y  T-055  de  2008.   

10  Sentencia T-158 de 2006   

11  Consultar,  entre  otras,  la  Sentencia  T-608  de  27 de Octubre de 1998, M.P.  Vladimiro Naranjo Mesa.   

12  Consultar,  entre  otras,  la  Sentencia  SU-037  de  28  de enero de 2009, M.P.  Rodrigo Escobar Gil.     

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