T-927-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-927/09  

SENTENCIA     DE     TUTELA-Cumplimiento inmediato   

JUEZ      DE      TUTELA-Facultad para hacer cumplir sus fallos   

TEMERIDAD-Presupuestos  que permiten afirmar una adecuada justificación de la  segunda tutela y por ende su no configuración   

INCIDENTE    DE    DESACATO-Figura   idónea   para   buscar   cumplimiento   de  una  sentencia   

MEDICO       TRATANTE-Concepto   

MEDICO       TRATANTE-Prevalece  su concepto aunque no se encuentre adscrito a la entidad  demandada   

ACCION     DE     TUTELA-Orden  a  EPS  para que suscriba convenio con médico no adscrito a  dicha  entidad  y  de  no  ser  posible  provea  de  inmediato  el  servicio  de  rehabilitación   oral   y  maxilofacial  con  un  especialista  adscrito  a  su  entidad   

Referencia:  expediente  T-2378004   

Acción  de  tutela instaurada por Guillermo  Alberto Sabogal Díaz contra Salud Total EPS.   

Magistrado   Ponente:   

Dr.  LUIS ERNESTO VARGAS  SILVA.   

Bogotá,  DC., diez (10) de diciembre de dos  mil nueve (2009).   

La  Sala  Tercera  de  Revisión de la Corte  Constitucional,   integrada  por  los  magistrados  Mauricio  González  Cuervo,  Gabriel  Mendoza  Martelo  y  Luis  Ernesto  Vargas  Silva  en  ejercicio de sus  competencias constitucionales y legales, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA  

Dentro  del  trámite  de  revisión  de los  fallos  dictados  por  el  Juzgado  Veinticinco  Civil Municipal de Bogotá y el  Juzgado  Séptimo  Civil del Circuito de Bogotá, en el asunto de la referencia.   

I.  ANTECEDENTES  

De los hechos y la demanda.  

    

1. Guillermo  Alberto  Sabogal Díaz presentó acción de tutela contra  Salud   Total  EPS  por  considerar  que  esta  entidad  vulneró  sus  derechos  fundamentales  a  la  dignidad  humana,  a  la salud y al libre desarrollo de la  personalidad con base en los siguientes hechos y consideraciones:     

1. En  diciembre  de 2005, cuando el accionante contaba con 16 años,  la   EPS  accionada  autorizó  y  le  practicó  un  procedimiento  quirúrgico  tendiente  a  extirpar  un  tumor  cancerígeno  ubicado  en  su paladar maxilar  superior.   

2. Luego  de la intervención, el médico tratante ordenó iniciar un  proceso  de reconstrucción oral y maxilofacial como parte de la rehabilitación  de  la  enfermedad.  No obstante, la entidad accionada negó la autorización de  dichos    procedimientos    alegando   que   tienen   un   carácter   meramente  estético.    

3. Debido  a esto, el accionante acudió a los servicios particulares  del  odontólogo  en  rehabilitación oral y reconstrucción maxilofacial, Jorge  Pardo  Abisambra.  El pago de los servicios de este profesional fue realizado en  su totalidad por los padres del accionante.   

4. Posteriormente,  el  padre  del accionante instauró una tutela en  nombre  de este solicitando que se ordenara a la EPS autorizar el tratamiento de  reconstrucción  máxilofacial.  El  16  de  mayo  de  2007, el Juzgado 21 Penal  Municipal  en función de control de garantías de Bogotá, tuteló los derechos  a  la  salud  y  a  la vida digna del accionante y ordenó a Salud Total EPS que  autorizara y verificara la realización de los procedimientos de     

“(i)  RECONSTRUCCIÓN  DE  SEGMENTO  DE  MAXILAR   CON  COLGAJO  LIBRE  DE  CRESTA  ILIACA  CON  MÚSCULO  OBLICUO,  (ii)  COLOCACIÓN  DE  SIETE  IMPLANTES DE ÓSEO INTEGRACIÓN DE SUPERFICIE TRATADA, y  (iii)  REHABILITACIÓN  PROSDÓNTICA  (oral  con coronas metal porcelana), en la  (las)  institución  (es)  que  cumpla  (n) los requisitos para ello, y bajo los  parámetros   que  determinen  los  especialistas  de  la  salud  tratantes  del  afiliado,   para   así   asegurarle   la   óptima  y  eficaz  prestación  del  trascendental      servicio      de      salud.      Igualmente     –y   atendiendo   que   padece   una  enfermedad   catastrófica-,   que   autorice   la  totalidad  de  medicamentos,  intervenciones,  tratamientos  y  procedimientos  que  en  adelante  requiera el  afectado, que se encuentren excluidos del POS o MAPIPOS”.      

1. En  cumplimiento de la orden judicial, el 11 de diciembre de 2007 se  practicó   al   accionante   una   “cirugía   de  reconstrucción  de  segmento de maxilar con colgajo libre de cresta ilíaca con  músculo  oblicuo interno”. Sin embargo, a juicio del  mismo,  la  intervención  resultó  inútil  puesto  que la EPS no autorizó la  presencia   de   un   odontólogo   especialista   en   rehabilitación  oral  y  maxilofacial,  y  no  dispuso  a  tiempo  la  continuación  del  tratamiento de  rehabilitación  oral,  lo  cual  le  trajo  como  consecuencia una “pansinusitis crónica”.   

2. Para  corregir  las  dificultades  de  la intervención anterior y  avanzar  en  la  reconstrucción  maxilofacial,  la  EPS  accionada autorizó la  práctica  de  otra  cirugía.  De acuerdo con el médico tratante, Luis Eduardo  Bermúdez,  es  indispensable  que el cirujano esté asistido por un odontólogo  en  rehabilitación  oral y reconstrucción maxilofacial. No obstante, según el  accionante, este profesional no ha sido asignado.   

3. Manifiesta  el  accionante  que  la EPS ha sido negligente durante  todo  el  tratamiento  puesto  que  no ha autorizado a tiempo los procedimientos  necesarios  ni  ha incluido dentro del equipo médico tratante a un especialista  en  rehabilitación  oral  y maxilofacial. Como consecuencia, la rehabilitación  ha  tardado varios años y ha tenido serias complicaciones. Esta negativa atenta  contra   su   derecho  a  la  salud  y  a  la  vida  digna,  puesto  que  impide  injustificadamente  la  recuperación  plena  de la enfermedad, puesto que no ha  conseguido  comer  y  sonreír  apropiadamente;  presentar  su  rostro sin temor  frente  a  la  sociedad,  y  desarrollar normalmente la etapa vital en la que se  encuentra.   

4. Teniendo en cuenta estos antecedentes, el accionante considera que  la  EPS  amenaza  con  continuar  vulnerando  sus  derechos  fundamentales en la  intervención  quirúrgica  que  se programará, porque no asignó oportunamente  un  experto en rehabilitación oral, y ello trae como consecuencia que si escoge  un   profesional,  este  no  conocerá  las  características  complejas  y  delicadas  de  su diagnóstico, ni cuáles son los procedimientos más adecuados  de acuerdo con este.   

5. Por   ello,   el   accionante  solicita  que  se  ordene  que  el  rehabilitador   oral   que   asista   al   cirujano  plástico  en  la  próxima  intervención  a  la  cual  va  a  ser  sometido, sea el odontólogo Jorge Pardo  Abisambra,  profesional  que  lo ha atendido durante todo el tiempo en el que la  entidad  accionada  se  negó a hacerlo y que, por ello, considera es la persona  más indicada para apoyar la cirugía.      

1. La  demanda  de  tutela  fue  admitida  el 8 de junio de 2009 por el  Juzgado 25 Civil Municipal de Bogotá.        

Pruebas   que   obran  en  el  expediente.   

    

1. Historia clínica del accionante.   

2. Formato     de    negación    del    servicio    de    “colocación       quirúrgica       de       una       prótesis  maxilofacial”, debido a que no se encuentra incluido  en   el   POS,   expedido   por   Salud   Total   EPS  el  22  de  diciembre  de  2004.   

3. Carta  enviada  por el Odontólogo Jorge Pardo Abisambra, el primero  de  marzo  de  2007,  en la que solicita el pago de tres millones quinientos mil  pesos  ($3.500.000)  por  concepto  de  tratamiento,  asistencia  quirúrgica, y  evolución   del   tratamiento   a   la  fecha  de  expedición  de  la  cuenta.   

4. Carta  enviada  el  7  de  marzo  de  2007  por Diego Luis Esquivel,  coordinador  del  servicio  de  cirugía  oral  y  maxilofacial de la Fundación  Hospital  de  la Misericordia, a Salud Total EPS, solicitando autorización para  “corrección de secuela por tumor neuroectodérmico  primitivo,    al    paciente   GUILLERMO   ALBERTO   SABOGAL   DÍAZ”,  toda  vez  que  la  Fundación  dio  de  alta al paciente para  iniciar  su  proceso  de  reconstrucción  y  rehabilitación  oral  en junio de  2006”.   

5. Formato   de   negación  del  servicio  de  “reconstrucción  del  segmento  de  maxilar  y  rehabilitación  prostodóntica”  debido a que no se  encuentra  incluido  en  el  POS, expedido por Salud Total EPS el 30 de marzo de  2007.   

6. Fallo  del  16  de  mayo de 2007, proferido por el Juzgado Veintiuno  Penal  Municipal  en  Función de Control de Garantías, en la que se concede el  amparo  impetrado  por  la  parte  actora  y  se ordena a la EPS Salud Total que  autorice  y  verifique la realización de todos los tratamientos, procedimientos  y  medicamentos  necesarios para la superación del cáncer de maxilar superior.   

7. Carta  enviada  por  el  médico  Luis  Eduardo  Bermúdez  el 10 de  diciembre  de  2007,  solicitando  la  presencia  del Dr. Jorge Pardo Abisambra,  experto  en rehabilitación oral y maxilofacial, en la intervención quirúrgica  programada  para  el  día  11  de  diciembre  del  mismo  año en la Fundación  Santafé.   

8. Cotización    del   tratamiento   protésico   requerido   por   el  accionante,   enviado por el Doctor Jorge Pardo Abisambra a Salud Total EPS  el 14 de abril de 2008, y presentado a la EPS accionada.   

9. Carta  enviada  el  23  de  abril  de  2008 por Diego Luis Esquivel,  coordinador  del  servicio  de  cirugía  oral  y  maxilofacial de la Fundación  Hospital  de  la  Misericordia,  solicitando  a  la EPS Salud Total autorizar el  tratamiento   de   rehabilitación   establecido   cinco  años  atrás  por  su  dependencia.  Manifestó  el doctor Esquivel que el Doctor Jorge Pardo Abisambra  fue  el  profesional  que  diseñó  la plantilla para la obtención del injerto  requerido  y  quien  asistió  la  cirugía  realizada  por  el Doctor Bermúdez  supervisando  el posicionamiento, orientación y fijación del injerto. Además,  advirtió   que   “de  acuerdo  a  los  protocolos  internacionales  de  cirugía  reconstructiva de los maxilares, se recomienda la  carga  del  hueso  con implantes a los cuatro meses de realizada la cirugía. De  no  realizarlo  se perdería gran parte del hueso injertado ya que el implante y  su  posterior  carga  son los encargados de mantener la fisiología y el volumen  óseo”.    

11. Respuesta  de  la  EPS  Salud Total a la solicitud del accionante,  enviada  el  3 de diciembre de 2008, en la que señala que el único motivo para  no  haber  continuado  el  tratamiento  de  reconstrucción  fue la necesidad de  esperar   la  fijación  del  injerto  y  el  tratamiento  de  una  pansinusitis  crónica. Debido a ello, una  vez  superado  esta  enfermedad,  el  accionante debe proceder a tener una nueva  valoración  por  parte  del  doctor  Luis  Eduardo Bermúdez y solicitar nuevas  autorizaciones    para    los   procedimientos   quirúrgicos.     

12. Carta  dirigida  por el médico Luis Eduardo Bermúdez a Salud Total  EPS,  el  16  de  febrero  de  2009,  solicitando la autorización para realizar  “la  reconstrucción  del  alveolo  izquierdo en el  paciente  GUILLERMO  ALBERTO  SABOGAL” , a quien él  mismo  había practicado un “colgajo libre de cresta  ilíaca”  el  11  de  diciembre  de 2007. El médico  Bermúdez  manifestó  que:“lo más importante para  el  paciente  es  la  coordinación  estricta  del  equipo  que va a realizar la  rehabilitación.  En  caso  de  que  la  EPS  no  autorice  al  Dr.  Pardo  como  rehabilitador   del   paciente  debe  reasignar  a  alguien  para  que  se  haga  responsable  del  seguimiento del paciente y trabaje coordinadamente conmigo. En  caso  de  no darse esta coordinación la cirugía no se debe realizar, porque el  objetivo    final    es    la    rehabilitación   del   paciente”.     

13. Acta del 20 de marzo de 2009, en la que se comunicó al accionante  la  reunión  de  la junta técnica-quirúrgica de la EPS Salud Total, realizada  el   16  de  marzo  de  2009,  en  la  que  se  evaluó  la  “conveniencia  de  rehabilitación  al  usuario”.  Las  conclusiones a las que llegó la EPS y el  accionante son:     

“1.  Salud  Total  asume el compromiso de  intervenir  quirúrgicamente  al  señor  Guillermo Sabogal Díaz, de acuerdo al  concepto  emitido  por  la  junta  médica  antes  citada  y  compuesta  por los  siguientes profesionales:     

* Dr.  Fernando  Briceño, cirujano maxilofacial.   

* Dr. Luis Bermúdez,  microcirujano plástico.   

* Dr. Fernando Arias,  asistente.     

2. De acuerdo al compromiso adquirido en la  junta  médica  Salud Total informa en la presente reunión al usuario que en el  transcurso  de la próxima semana, ello es entre el 24 y 27 de marzo del año en  curso,  generará  las  autorizaciones  correspondientes para la reintervención  quirúrgica pertinente.   

3.  El  señor  Guillermo  Alberto  Sabogal  Díaz,  manifiesta  aceptar la reintervención quirúrgica con los profesionales  antes  citados,  y acogerse al tratamiento definido por dichos profesionales y a  realizarse por los mismos.   

4.  Salud Total les pone de presente que la  junta   realizada   por   los  especialistas  expertos  tiene  toda  la  validez  científica,  técnica  y  jurídica,  por  lo  que  de no aceptar por parte del  paciente  la  realización  del tratamiento propuesto por los especialistas, las  demoras  y  complicaciones  que  su  renuencia pudieran generar, serán única y  exclusivamente  responsabilidad  del  paciente,  salvo los casos que obedezcan a  causas ajenas a la voluntad de las partes.   

5.  Ante lo anterior y en esta instancia el  señor   Guillermo   Alberto   Sabogal   Díaz   manifiesta   que   aceptar   la  reintervención  quirúrgica  planteada por la Junta Médica, previa valoración  del  Dr.  Briceño  donde  se  explique  claramente el procedimiento, el plan de  manejo pre y post quirúrgico y rehabilitación”.     

1. Comunicación  enviada  por el accionante a la Corte Constitucional,  el  23  de  noviembre  de  2009,  en  la  que se manifiesta que la EPS accionada  programará  la  cirugía  dentro  de  los  siguientes  quince  o  veinte  días  posteriores  a  la comunicación, razón por la cual solicita un pronunciamiento  de  la  Corporación  previo  a  esta  fecha,  de  modo tal que no se consume la  vulneración de sus derechos fundamentales.      

De   los   fallos  de  tutela.   

1.  En sentencia del 17 de junio de 2009, el  Juzgado  25  Civil  Municipal  de  Bogotá  negó  la  tutela  promovida  por el  accionante.  Por  un lado, porque  luego de valorar las pruebas obrantes en  el  expediente concluyó que la EPS no se está sustrayendo de la obligación de  realizar  el  tratamiento  requerido.  La  entidad  nombró  un  comité médico  integrado,   entre  otros,  por  un  cirujano  maxilofacial  que  determinó  el  tratamiento  que  debe  llevarse a cabo en el caso del accionante, y este obtuvo  la   aprobación   manifiesta   del   accionante.   Por  otro  lado,  porque  el  procedimiento  solicitado  no fue prescrito por un médico adscrito a la EPS, de  modo  tal  que  no  se  cumplen a cabalidad los requisitos que ha establecido la  Corte  Constitucional para ordenar la ejecución de tratamientos no incluidos en  el  POS.  Pese  a ello, ordenó a la entidad accionada cumplir sin dilaciones lo  ordenado por el Juzgado 21 Penal Municipal de Bogotá.   

De  la impugnación y el  fallo de segunda instancia   

2.  El  Juzgado  7  Civil  del  Circuito  de  Bogotá,   conoció   de   la  impugnación  interpuesta  oportunamente  por  el  accionante,  y mediante providencia del julio 21 de 2009 confirmó el sentido de  la  sentencia  de  primera  instancia.  El  juez  advirtió  que  el  accionante  presentó  previamente una tutela ante el Juzgado 21 Penal Municipal en Función  de  Control  de  Garantías  y que este ordenó la autorización de “la  totalidad  de  medicamentos,  intervenciones, tratamientos y  procedimientos   que  en  adelante  requiera  el  afectado,  que  se  encuentren  excluidos   del   POS  o  MAPIPOS”.  Por  lo  tanto,  correspondía  al  accionante acudir ante dicho juez para que hiciera cumplir la  orden  impartida  mediante  el trámite incidental correspondiente y no promover  una  nueva acción. Esto, en su concepto, significa que el accionante cuenta con  otro  medio  eficaz  de  defensa  judicial  que  torna  improcedente la presente  acción de tutela.     

II. FUNDAMENTOS DE LA DECISIÓN  

Competencia.  

Esta   Sala   de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional  es  competente  para  proferir sentencia dentro de la acción de  tutela  de  la  referencia,  con  fundamento en los artículos 86 inciso 2 y 241  numeral  9  de la Constitución Política, en concordancia con los artículos 31  a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

Problemas jurídicos  

En el presente asunto la Sala debe determinar  si  vulnera  el  derecho  a  la salud y a la vida digna, la falta de asignación  oportuna  de  un  especialista en rehabilitación oral y maxilofacial dentro del  equipo  médico encargado del tratamiento e intervención quirúrgica requeridos  por  el  accionante para la superación de las secuelas de la extirpación de un  tumor cancerígeno ubicado en su paladar maxilar superior.   

No obstante, antes de abordar la controversia  planteada  es  preciso  que  la  Sala  examine  la  procedencia de la acción de  tutela,  teniendo  en  cuenta  que  el  juez  de  segunda  instancia declaró la  improcedencia  de  la  misma,  debido  a que el accionante obtuvo previamente un  fallo  de  tutela  a  su  favor  en  el  que  se  ordenaba  a  la EPS garantizar  integralmente  el  acceso  a  los  servicios  de salud relacionados con la misma  enfermedad.    

    

1. Efectividad  de  la  acción  de  tutela  para la protección de los  derechos    fundamentales    y    procedencia    de    nuevas   solicitudes   de  amparo.     

1.1  De  acuerdo  con  el artículo 86 de la  Constitución  Política,  la acción de tutela tiene como propósito garantizar  “la         protección         efectiva  de  los derechos fundamentales  de  las  personas”  (énfasis fuera del texto). Este  fin  se  alcanza cuando la orden que profiere el juez para conjurar la amenaza o  vulneración  de  un derecho en el trámite de una acción de tutela es cumplida  por  las  autoridades  o  personas  a  quienes  va  dirigida,  en los términos,  condiciones  y  plazos  establecidos en la sentencia1.   

No  obstante, cuando la orden judicial no se  cumple,  se ejecuta apenas parcialmente o no se lleva a cabo de manera oportuna,  la  efectividad  de  la acción solo puede predicarse una vez el juez competente  hace  uso  de las herramientas previstas para obtener la cabal ejecución de las  órdenes  contenidas  en  el  fallo, las cuales sin bien guardan similitudes son  plenamente     diferenciables     y     pueden     interponerse     de    manera  independiente2.  La primera de ellas se deriva de lo establecido en los artículos  233  y     274  del  Decreto 2591 de 1991. Consiste en el deber general y oficioso  que   tiene   el   juez   de   primera   instancia5  de  verificar el cumplimiento  de  las órdenes contenidas  en  el  fallo  de tutela, y en la facultad que le es otorgada para adoptar todas  las  medidas tendientes a impedir que continúe omitiéndose la ejecución de la  sentencia.  Aunque este procedimiento es de oficio, también puede ser impulsado  por el interesado o por el Ministerio Público.   

La  segunda  herramienta,  prevista  en  los  artículos   52   y   27   del  mencionado  Decreto  2591,  es  el  incidente  de  desacato. Este instrumento  disciplinario  de creación legal, busca la efectividad de la tutela mediante la  determinación   de  la  responsabilidad  subjetiva  de  quien  se  sustrajo  al  cumplimiento  de  la  orden,  y de la imposición de las sanciones pecuniarias o  restrictivas  de  la  libertad  personal  a  que  haya lugar. En tanto incidente  dentro  del  proceso  de  tutela,  siempre  debe ser promovido a petición de la  parte                   interesada6.   

1.2  Así  las  cosas,  la  Corte  ha  sido  enfática  al  señalar  que  la  ejecución  de  las  sentencias de tutela debe  exigirse  usando  los  dispositivos  mencionados,  y  no  mediante el impulso de  nuevas  y  múltiples acciones de tutela de las cuales pueda predicarse la plena  identidad  en  las  partes, los hechos y las pretensiones. Hacerlo de otro modo,  puede  atentar  contra  el  carácter  de  cosa  juzgada de los pronunciamientos  judiciales,  generar  congestión  en  el  sistema judicial, afectar derechos de  terceros  e, incluso, convertirse en un abuso desmedido e irracional del recurso  judicial7.   

Por  esta razón, en los casos en los que el  juez  se  encuentra frente a la iniciación de una acción de tutela idéntica a  otra  resuelta  previamente  por  él  o por otro funcionario en ejercicio de la  jurisdicción   constitucional,   puede   negarla  por  improcedente8. Pero, con el  fin  de procurar que los derechos fundamentales del actor no queden desprovistos  de  una  inmediata  protección,  no  es  suficiente  que se desestime el amparo  solicitado.  Es  preciso  que  el  juez  ponga  en conocimiento de la acción de  tutela  al  juez  que  resolvió  la  primera  de  ellas, de modo que este pueda  desplegar  las  facultades  de  las  que  está  revestido  para  velar  por  el  cumplimiento del fallo.    

De  otro  lado,  si  el juez de conocimiento  comprueba  que hubo mala fe por parte del accionante en la solicitud del amparo,  puede   declarar   la   existencia   de   temeridad.  Al   respecto,  la  Corte  se  ha  pronunciado  así:  “En  efecto, para que sea válida la imposición de  una  sanción por violar la prohibición prevista en el artículo 38 del Decreto  2591  de  1991,  es  indispensable  dentro  del mismo proceso tutelar, agotar un  incidente  que  permita  comprobar  la  mala  fe  o  la  conducta  maliciosa del  accionante      contraria      a      la     moralidad     procesal.”9   

      

1.3  Como  excepción  a la regla general de  acuerdo  con  la  cual  la  protección  de los derechos fundamentales surgida a  propósito  de  unos  supuestos  fácticos  debe  obtenerse mediante el efectivo  cumplimiento  de  una  única  acción  de  tutela,  la  Corte ha encontrado que  existen  eventos  en los cuales una misma situación puede suscitar válidamente  varios pronunciamientos judiciales.   

De  este  modo,  la  Corte  ha  considerado  pertinente  el  estudio  de  una  nueva  acción  de  tutela:  (i) Cuando existe  identidad  plena en las partes e identidad fáctica parcial, pero se solicita la  protección  de  un  derecho fundamental diferente al cual no hizo referencia el  juez     que    falló    la    primera    tutela10.   (ii)  Cuando  pese  a  la  identidad  en los hechos, la parte accionada es diferente y la primera tutela no  hizo      ninguna      referencia     a     ella11.   (iii)  Excepcionalmente,  cuando  la  doctrina  de la Corte Constitucional sobre una materia en particular  ha  cambiado12.  (iv)  Cuando  la  tutela  guarda  identidad en las partes, en los  derechos   y   en   las   pretensiones,   pero   con   posterioridad  al  primer  pronunciamiento  de  tutela  surge  un elemento fáctico que implica variaciones  sustanciales13.  (v) Cuando las pretensiones son diferentes o cuando alguna de las  solicitadas  inicialmente  no  fue objeto expreso de pronunciamiento por el juez  que     conoció    de    la    primera    tutela14.     

En  virtud  de  lo  anterior,  debe  la Sala  definir  si  el  señor Guillermo Alberto Sabogal Díaz al instaurar la presente  acción  de  tutela  incurrió  en  una  actuación temeraria susceptible de ser  sancionada  de  acuerdo con el artículo 38 del Decreto 2591 de 1991. En efecto,  previo  al análisis de fondo es preciso determinar la procedencia de la acción  de  tutela, para descartar la conclusión del juez de segunda instancia sobre la  improcedencia.   

1.4 La Corte reitera que, cuando se instaura  una  acción  de  tutela  la  protección efectiva de los derechos fundamentales  implica  el cumplimiento de la orden impartida por el juez constitucional en las  condiciones  de tiempo, modo y lugar por él determinadas. En esa medida, de una  parte,  el  juez  cuenta  con  la  potestad  de  verificar el cumplimiento de su  sentencia,  y  de  otra,  el  accionante  puede  solicitar  la iniciación de un  incidente  de  desacato  ante  el  juez  de  tutela por el incumplimiento de sus  órdenes.   

El  16  de mayo de 2007, el Juzgado 21 Penal  Municipal  en función de control de garantías de Bogotá, tuteló los derechos  a  la  salud  y  a  la vida digna del accionante y ordenó a Salud Total EPS que  autorizara  y  verificara  la  realización  de  los procedimientos:“(i)  RECONSTRUCCIÓN DE SEGMENTO DE MAXILAR CON COLGAJO LIBRE DE  CRESTA  ILIACA  CON  MÚSCULO  OBLICUO,  (ii)  COLOCACIÓN DE SIETE IMPLANTES DE  ÓSEO  INTEGRACIÓN  DE SUPERFICIE TRATADA, y (iii) REHABILITACIÓN PROSDÓNTICA  (oral  con  coronas  metal  porcelana), en la (las) institución (es) que cumpla  (n)  los  requisitos  para  ello,  y  bajo  los  parámetros  que determinen los  especialistas  de  la  salud  tratantes  del  afiliado,  para así asegurarle la  óptima  y  eficaz  prestación  del trascendental servicio de salud. Igualmente  –y atendiendo que padece  una  enfermedad  catastrófica-,  que  autorice  la  totalidad  de medicamentos,  intervenciones,  tratamientos  y  procedimientos  que  en  adelante  requiera el  afectado, que se encuentren excluidos del POS o MAPIPOS”.   

De  lo  anterior,  en  principio,  podría  deducirse  que  lo  procedente  era  instaurar un incidente de desacato para dar  cumplimiento  a  la  orden  judicial emitida en el 2007, en el sentido de que la  EPS,  por  tratarse  de  una  enfermedad  catastrófica,  debía  autorizar  los  servicios  médicos  que  requiriera  el  señor  Sabogal Díaz. Sin embargo, la  pretensión  en  la  presente  acción  de tutela es diferente a la cobertura de  tratamiento  integral  dada en el 2007, puesto que lo que solicita el accionante  no  es la realización de un procedimiento sino el acompañamiento de su médico  tratante, quien no se encuentra adscrito a la entidad demandada.   

La  existencia  de una pretensión diversa a  las  presentadas en la primera tutela, ha sido considerada por la Corte como una  excepción  a  la  interposición  de una nueva acción de tutela en la cual las  partes  son idénticas y los antecedentes fácticos similares. En esa medida, es  preciso  señalar  que  de acuerdo con la junta médica realizada el 16 de marzo  de  2009,  SALUD TOTAL confirmó la necesidad de reintervenir al accionante pero  no  existe  pronunciamiento sobre la solicitud de la presencia del rehabilitador  oral  en  la cirugía en esa oportunidad ni durante el trámite de la acción de  tutela.    

Adicionalmente,  se  descarta la mala fe por  parte  del  señor Sabogal Díaz al interponer la actual acción constitucional,  en  tanto  es  él  mismo  accionante quien en el relato de los hechos expone el  fallo  favorable  que  mediante  acción  de  tutela obtuvo en el 2007 y adjunta  copia de la respectiva sentencia.   

1.5  En  conclusión,  para  la  Corte  la  improcedencia  señalada por el juez de segunda instancia no puede predicarse en  este  caso  porque  la  orden  proferida  en el 2007 no comprende la pretensión  actual  del  accionante,  a saber, la asignación oportuna de un especialista en  rehabilitación  oral  y  maxilofacial  dentro  del equipo médico encargado del  tratamiento  e  intervención  quirúrgica  requeridos por el accionante para la  superación  de las secuelas de la extirpación de un tumor cancerígeno ubicado  en  su paladar maxilar superior.  Por consiguiente, la acción de tutela es  procedente, lo que permite a la Sala realizar el estudio de fondo.   

    

1. Reiteración  de jurisprudencia. El concepto científico del médico  tratante  es el principal criterio para establecer si se requiere un servicio de  salud.     

2.1  De  acuerdo  con  la sentencia T-760 de  2008,  es  el médico tratante la persona indicada para determinar los servicios  médicos  que  requiere  su paciente para la rehabilitación y tratamiento de la  enfermedad  que  padece: “En el Sistema de Salud, la  persona  competente  para  decidir cuándo alguien requiere un servicio de salud  es  el médico tratante, por estar capacitado para decidir con base en criterios  científicos  y  por  ser  quien conoce al paciente.15     La    jurisprudencia  constitucional  ha  considerado  que  el criterio del médico relevante es el de  aquel  que  se  encuentra  adscrito  a  la  entidad  encargada  de garantizar la  prestación  del  servicio; por lo que, en principio, el amparo suele ser negado  cuando   se   invoca   la   tutela  sin  contar  con  tal  concepto.16   

No  obstante, el concepto de un médico que  trata  a una persona, puede llegar a obligar a una entidad de salud a la cual no  se  encuentre adscrito, si la entidad tiene noticia de dicha opinión médica, y  no  la  descartó  con  base  en  información científica, teniendo la historia  clínica  particular de la persona, bien sea porque se valoró inadecuadamente a  la  persona  o  porque  ni  siquiera  ha  sido  sometido a consideración de los  especialistas  que  sí  están adscritos a la entidad de salud en cuestión. En  tales  casos,  el  concepto  médico  externo  vincula  a la EPS, obligándola a  confirmarlo,   descartarlo   o  modificarlo,  con  base  en  consideraciones  de  carácter  técnico,  adoptadas  en  el  contexto del caso concreto.17  Tales  consideraciones  pueden  ser  las  que  se  deriven  del  concepto de un médico  adscrito  a la EPS o de la valoración que haga el Comité Técnico Científico,  según  lo  haya  determinado  cada  EPS. La jurisprudencia constitu­cional  ha  valorado  especialmente el  concepto  de  un  médico  no  adscrito  a la entidad encargada de garantizar la  prestación  del  servicio,  cuando  éste se produce en razón a la ausencia de  valoración   médica   por   los   profesionales  correspondientes,18  sea  cual  fuere  la  razón  que dio lugar a la mala prestación del servicio.19 También ha  indicado  la  jurisprudencia  que la orden médica obliga a la entidad, si en el  pasado    ha    valorado    y   aceptado   sus   conceptos   como   ‘médico      tratante’,20 incluso así sean entidades  de    salud    prepagadas,    regidas    por   contratos   privados.21”   

Una   interpretación  formalista  de  la  jurisprudencia  constitucional  en  materia  de acceso a los servicios de salud,  por  ejemplo,  con  relación  a  la  exigencia  de que el médico que ordene el  servicio  requerido  debe  estar adscrito a la entidad, puede convertirse en una  barrera  al  acceso.  Por  eso,  cuando  ello  ha  ocurrido,  la  jurisprudencia  constitucional  ha  considerado que las órdenes impartidas por profesionales de  la  salud  idóneos, que hacen parte del Sistema, obligan a una entidad de salud  cuando    ésta    ha   admitido   a   dicho   profesional   como   ‘médico      tratante’,  así no éste adscrito a su red de  servicios.22  En  el  mismo sentido se ha pronunciado la Corte cuando la EPS no  se  opuso y guardó silencio cuando tuvo conocimiento del concepto de un médico  externo.23”    24.   

2.2  En  conclusión,  las valoraciones del  médico  tratante,  aunque  este  no  se  encuentre adscrito a la EPS, deben ser  consideradas  como  el  concepto idóneo a seguir cuando la entidad conoce dicha  opinión  médica,  y  no  la  descarta  con  base  en información científica,  teniendo  en  cuenta  la  historia  clínica  de  la persona, bien sea porque se  valoró  inadecuadamente  o porque ni siquiera ha sido sometido a consideración  de  los  especialistas  que sí están adscritos a la entidad de salud. También  se  obliga  la  EPS  a  reconocer  los  conceptos  médicos  de especialistas no  adscritos  cuando  en  oportunidades  anteriores  los  ha  aceptado  o cuando ha  admitido al galeno externo como médico tratante del paciente.   

3. El caso en concreto.  

3.1  El  señor  Sabogal  Díaz  solicita la  participación   del   doctor   Jorge  Pardo  Abisambra  en  la  reintervención  quirúrgica  que  requiere.  Al respecto, es preciso recordar que el doctor Luis  Eduardo   Bermúdez,   especialista   en   cirugía   plástica,   señaló   en  comunicación  de  16  de febrero de 2009, dirigida a SALUD TOTAL, lo siguiente:  “(…)  Lo  más  importante para el paciente es la  coordinación  estricta  de el (sic) equipo que va a realizar la rehabilitación  del  paciente  (Dr.  Jorge Pardo) y el cirujano. Este se debe considerar y tener  resuelto  desde el principio para no tener problemas posteriores. En caso de que  la  EPS  no Autorice al Dr. Pardo como rehabilitador del paciente debe reasignar  a  alguien  para  que se haga responsable del seguimiento del paciente y trabaje  coordinadamente  conmigo.  En caso de no darse esta coordinación la cirugía no  se   debe   realizar,  porque  el  objetivo  final  es  la  rehabilitación  del  paciente.”   

3.2  De  las  pruebas  que  obran  en  el  expediente  se  desprende  con claridad que es indispensable que un especialista  en  rehabilitación  oral  y  maxilofacial  se  encuentre  presente  durante  la  reintervención  que  recibirá el accionante. En efecto, el cirujano adscrito a  la  EPS  que  estará  a  cargo  de  la misma, doctor Luis Eduardo Bermúdez, ha  advertido  en  las comunicaciones remitidas a la EPS que antes de que se realice  el  procedimiento  debe verificarse una coordinación estricta entre el cirujano  y  el  rehabilitador  oral,  toda  vez  que  el  objetivo  final  de la cirugía  “es    la    rehabilitación   del   paciente”.  De   lo   contrario,   afirma  el  doctor  Bermúdez,  “la  cirugía  no  se  debe realizar”25.  En  el  mismo sentido se manifestó el  coordinador  del  servicio  de  cirugía  oral  y  maxilofacial de la Fundación  Hospital  de  la  Misericordia  en  la  que se realizó la primera intervención  dirigida a extirpar el tumor cancerígeno padecido por el paciente.   

3.3 Adicionalmente, a juicio de la Sala, el  rehabilitador  oral  y  maxilofacial  que  debe conformar el equipo tratante del  accionante  durante  la  intervención  quirúrgica  es  el  doctor  Jorge Pardo  Abisambra  puesto  que,  aun  cuando  en  la  actualidad este especialista no se  encuentra  adscrito  a  la  EPS accionada, es él quien ha tratado al accionante  desde  el  año 2005, y quien ha determinado, con base en criterios científicos  y  en  el  conocimiento suficiente del paciente, los procedimientos que se deben  llevar  a  cabo  durante  la  intervención  quirúrgica y el plan posterior que  conduzca   a   la  plena  rehabilitación  física  y  funcional  del  paciente.   

Así, en primer lugar, el concepto médico y  la  necesidad de la participación del doctor Jorge Pardo Abisambra fue conocido  por  la  entidad accionada, pero no fue desvirtuada por esta con base en razones  científicas  que  den  cuenta  de  las  necesidades  específicas del paciente.  Observa  la Sala que una de las conclusiones de la junta médica realizada el 16  de  marzo  de  2009  fue  que  la  reintervención  quirúrgica estará asistida  únicamente  por  los  doctores Luis Eduardo Bermúdez, microcirujano plástico;  Fernando  Briceño,  cirujano  maxilofacial;  y  Fernando  Arias,  asistente. Es  decir,  que  no  se  previó  la  participación  de  un experto en rehabilitación     en     la    nueva  intervención.  Del  mismo  modo,  la  entidad  accionada  no  respondió  en su  oportunidad  la  demanda  de tutela que dio lugar al presente pronunciamiento de  la   Corte.  Por  esta  razón,  concluye  la  Sala  que  la  entidad  negó  la  participación  y experticia de este especialista solo por el hecho de que no se  encuentra adscrito a su red de profesionales.   

Adicionalmente, este proceder de la entidad  accionada  es  uno  de  los  factores  que  presumiblemente influyó para que la  cirugía   de   “reconstrucción  del  segmento  de  maxilar   con   colgajo   libre   de   cresta   ilíaca   con  músculo  oblicuo  interno” practicada al accionante el 11 de diciembre  de  2007 fracasara, tal como lo anunciaran los médicos que solicitaron entonces  la  presencia  del  especialista. En consecuencia, asiste razón al actor cuando  manifiesta  su  temor de que la entidad accionada no asigne el profesional de la  salud  requerido  para  la  nueva  intervención,  de  modo  que  el tratamiento  posterior no sea posible.   

3.4  De  acuerdo  con  la  jurisprudencia  expuesta  sobre  médicos  tratantes  no  adscritos  a la EPS, su concepto no es  vinculante  salvo, entre otras excepciones, que la EPS desconozca la valoración  médica  externa  sin que medie el estudio científico de sus especialistas para  descartarla.  En  este  caso  la  EPS  tuvo  tal oportunidad en la junta médica  realizada  el  pasado  16  de marzo y notificada al accionante el 20 de marzo de  2009,  pero nada se dice sobre la participación del doctor Pardo en la cirugía  ni en el proceso de rehabilitación del señor Sabogal Díaz.   

La  ausencia  de  este  análisis aunado al  fracaso  de la primera cirugía, como se explicó, hacen procedente la solicitud  del  accionante para que la EPS permita la participación de su médico tratante  como  rehabilitador oral y cirujano maxilo facial en aras de garantizar la plena  rehabilitación  física  y funcional del paciente. Por lo tanto, la omisión de  la  EPS  configura una vulneración de los derechos fundamentales del actor a la  salud y a la vida digna.   

3.5  En  virtud  de  lo  expuesto,  la Sala  revocará  las  sentencias proferidas por el Juzgado Veinticinco Civil Municipal  de  Bogotá  y  el  Juzgado  Séptimo  Civil  del Circuito de Bogotá dentro del  trámite  de la acción de tutela instaurada por Guillermo Alberto Sabogal Díaz  contra  SALUD  TOTAL,  y  en su lugar, concederá la protección invocada de sus  derechos  fundamentales a la salud y a la vida digna. Por consiguiente ordenará  a  SALUD  TOTAL  que suscriba convenio con el doctor Jorge Pardo Abisambra, para  que  participe  en  la  cirugía  del  accionante  y  lo asista en el proceso de  rehabilitación hasta lograr que se restablezca su estado de salud.   

III. DECISIÓN  

Con  fundamento  en  las  consideraciones  expuestas   en   precedencia,   la   Sala  Tercera  de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la  Constitución,   

RESUELVE:  

Primero.   REVOCAR   las   sentencias  proferidas  por  el  Juzgado Veinticinco Civil Municipal de Bogotá y el Juzgado  Séptimo  Civil  del  Circuito  de  Bogotá dentro del trámite de la acción de  tutela  instaurada  por Guillermo Alberto Sabogal Díaz contra SALUD TOTAL, y en  su   lugar,   CONCEDER   la  protección  invocada  de  sus  derechos  fundamentales  a  la salud y a la vida  digna.   

Segundo.  ORDENAR  a  SALUD TOTAL para  que   en   el  término  de  cuarenta  y  ocho  (48)  horas  contadas  desde  la  notificación  de  la  presente sentencia, suscriba convenio con el doctor Jorge  Pardo  Abisambra,  para  que  participe  en  la  reintervención quirúrgica que  requiere  el  accionante  y  lo  asista  hasta  lograr  su plena rehabilitación  física y funcional.   

Tercero.  ADVERTIR  a  SALUD TOTAL EPS  que  podrá  repetir contra el Fondo de Solidaridad y Garantía (FOSYGA) por los  gastos  en  que  incurra en el cumplimiento de lo ordenado en esta providencia y  que  no  estén  cubiertos por el POS, observando para tal fin lo decidido en la  sentencia C-463 de 2008.   

Por   Secretaría  General  líbrense  las  comunicaciones   previstas   en   el   artículo   36   del   Decreto   2591  de  1991.   

Notifíquese,  comuníquese,  cúmplase  e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional.   

Magistrado Ponente  

MAURICIO   GONZÁLEZ  CUERVO   

Magistrado  

GABRIEL EDUARDO MENDOZA  MARTELO   

Magistrado   

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria  

    

1 Ver,  entre otras, la sentencia T-1113 de 2005.   

2  T-458/03   

3  Decreto  2591  de  1991.  Artículo 23: “Protección  del  derecho  tutelado.  Cuando  la solicitud se dirija contra una acción de la  autoridad  el  fallo  que  conceda  la  tutela  tendrá por objeto garantizar al  agraviado  el  pleno  goce  de  su  derecho,  y  volver  al estado anterior a la  violación,  cuando  fuere  posible.//  Cuando  lo  impugnado  hubiere  sido  la  denegación  de  un  acto  o  una  omisión,  el  fallo  ordenara  realizarlo  o  desarrollar  la  acción adecuada, para lo cual se otorgará un plazo prudencial  perentorio.  Si  la  autoridad  no  expide  el  acto  administrativo  de alcance  particular  y  lo  remite  al  juez  en  el  término  de 48 horas, éste podrá  disponer  lo  necesario  para  que  el  derecho sea libremente ejercido sin más  requisitos.  Si se hubiere tratado de una mera conducta o actuación material, o  de  una amenaza, se ordenara su inmediata cesación, así como evitar toda nueva  violación  o  amenaza,  perturbación  o restricción. // En todo caso, el juez  establecerá  los  demás  efectos  del fallo para el caso concreto.”   

4  Decreto  2591  de  1991. Artículo 27: “Cumplimiento  del  fallo.  Proferido  el fallo que concede la tutela, la autoridad responsable  del  agravio  deberá  cumplirla  sin  demora.//  Si no lo hiciere dentro de las  cuarenta  y  ocho  horas  siguientes,  el  juez  se  dirigirá  al  superior del  responsable  y  le requerirá para que lo haga cumplir y abra el correspondiente  procedimiento  disciplinario contra aquél. Pasadas otras cuarenta y ocho horas,  ordenara  abrir  proceso  contra el superior que no hubiere procedido conforme a  lo   ordenado   y  adoptará  directamente  todas  las  medidas  para  el  cabal  cumplimiento  del  mismo. El juez podrá sancionar por desacato al responsable y  al  superior  hasta que cumplan su sentencia. // Lo anterior sin perjuicio de la  responsabilidad  penal  del  funcionario  en  su  caso. // En todo caso, el juez  establecerá  los demás efectos del fallo para el caso concreto y mantendrá la  competencia  hasta  que  este completamente restablecido el derecho o eliminadas  las causas de la amenaza.”   

5  En  cuanto  a  la  competencia  del  juez  de  primera  instancia  hasta  que  esté  completamente  restablecido  el  derecho  o eliminadas las causas de la amenaza,  ver las sentencias T-192/02, T-458/03, entre muchas otras.   

6 T-939  de 2005, T-744 de 2003.    

7 T-010  de 1992 y T-1198 de 2003.   

8  T-210/08, T-1198/03, y T-217/07.   

9  La  Corte  concluyó  en  sentencia  T-184/05  que  si  bien existía temeridad, era  procedente  la  revocatoria  de la multa impuesta a la accionante por considerar  que no hay mala fe.   

10  T-988A/05   

11  T-1303/05, T-662/02, T-883/01.   

12  T-009/00   

13  T-1034/05.   

14  T-812/05, T-707/03, T-1034/05.   

15  Este  criterio  ha sido ampliamente acogido y desarrollado por la jurisprudencia  constitu­cional.  Puede  consultarse  al  respecto,  entre  otras,  las  sentencias  T-271  de  1995  (MP  Alejandro   Martínez   Caballero),  SU-480  de  1997  (MP  Alejandro  Martínez  Caballero)  y  SU-819 de 1999 (MP Álvaro Tafur Galvis), T-414 de 2001 (MP Clara  Inés         Vargas         Her­nán­dez),  T-786  de  2001  (MP  Alfredo  Beltrán Sierra) y T-344 de 2002 (MP Manuel José  Cepeda Espinosa).   

16 En  varias  ocasiones  la  Corte  Constitucional  ha  negado  el  amparo  de  tutela  solicitado  por  un  accionante,  por el hecho de solicitar un servicio de salud  que  fue  ordenado  por  un  médico  que no está adscrito a la EPS a la que la  persona  se  encuentra  afiliada.  Ver  al respecto, entre otras, las sentencias  T-378  de  2000  (MP  Alejandro  Martínez  Caballero),  T-741 de 2001 (MP Marco  Gerardo   Monroy   Cabra)   y   T-476   de   2004   (MP   Manuel   José  Cepeda  Espinosa).   

17 En  la  sentencia  T-500  de 2007 (MP Manuel José Cepeda Espinosa), por ejemplo, la  Corte  consideró  que  el  concepto  emitido  por  un médico contratado por la  accionante,  según  el  cual  era  necesario  practicar  un examen diagnóstico  (biopsia)  para  determinar  la  causa  del  malestar que sufría la persona (un  brote   crónico   que   padece  en  la  frente  que  le  generaba  “una    picazón    desesperante”),  obligaba  a  la  EPS,  que  había consideró la patología en cuestión como de  ‘carácter  estético’   sin   que  hubiera  ofrecido argumentos técnicos que fundamentaran dicha consideración, a  evaluar   la  situación  de  la  paciente  adecuadamente,  “(i)  asignando  un  médico que tenga conocimiento especializado en este  tipo    de    patologías    y   (ii)   realizando  los  exámenes  diagnósticos  que  éste eventualmente  llegare a considerar necesarios”.   

18  Recientemente,  en  la sentencia T-083 de 2008 (MP Mauricio González Cuervo) la  Corte  resolvió tutelar el derecho a la salud de una persona de la tercera edad  (87  años), “que ante la omisión de la EPS acudió  a  un  médico  particular, quien, en sentido totalmente contrario al de la EPS,  emitió   un   diagnóstico   que  refleja  una  condición  médica  grave  con  características   de  urgencia  vital  y    le   recomendó   un   tratamiento  urgente.”.   

19 Al  respecto  ver  la  sentencias  T-304  y  T-835  de  2005  (MP Clara Inés Vargas  Hernández) y T-1041 de 2005 (MP Humberto Antonio Sierra Porto).   

20 En  la  sentencia  T-1138 de 2005 (MP Rodrigo Escobar Gil) se decidió dar validez a  un  concepto  de  un médico tratante no adscrito a la entidad encargada (Mutual  Ser)  de garantizar la prestación del servicio requerido (un implante coclear),  por  cuanto  existía  una  probada  relación  contractual,  y se trataba de un  profesional competente que atendía al paciente.   

21 En  la  sentencia  T-662  de  2006  (MP  Rodrigo Escobar Gil) la Corte ordenó a una  entidad  de medicina prepagada autorizar el servicio de salud (implante coclear)  ordenado   por  un  médico  no  adscrito  a  su  entidad  (Colmédica  Medicina  Prepagada),  entre  otras  razones, porque una autorización previa por parte de  la   entidad   para   un  servicio  similar,  había  implicado  “el  reconocimiento a la idoneidad del médico tratante para atender  la  enfermedad  del actor y, de otra, el reconocimiento tácito de la existencia  de  un  vínculo  jurídico,  para  el  caso  concreto,  entre ella y el médico  tratante,  dada la autorización de la cirugía practicada por este último y la  asunción  del  mayor  costo del servicio prestado.”  En  este  caso  la Corte tuvo especial atención a los principios de continuidad  en el servicio y confianza legítima.   

22 En  las  sentencias  T-1138  de  2005  (MP  Rodrigo Escobar Gil) y T-662 de 2006 (MP  Rodrigo  Escobar  Gil),  por  ejemplo,  la  Corte  consideró  que  la  órdenes  impartidas  por  los médicos debían ser acatadas, así no estuvieran adscritos  ‘formalmente’  a la entidad acusada, por cuanto ya  habían  sido  tratados  como  médicos  tratantes  o hacían parte de su red de  contratistas.  Se  tuvo  en  cuenta  que se trataba de profesionales de la salud  reconocidos,  que hacían parte del Sistema y habían tratado al paciente al que  le habían dado la orden, es decir, conocían su caso.   

23 En  la  sentencia  T-151  de  2008  (MP  Manuel José Cepeda Espinosa), siguiendo lo  dispuesto  en  sentencias  tales  como  la  T-835 de 2005 (MP Clara Inés Vargas  Hernández),  se consideró lo siguiente: “el examen  diagnóstico  prescrito  por  el  especialista  en  nefrología  pediátrica [al  menor],  es  requerido  para determinar el origen de su afección y proporcionar  el   tratamiento   adecuado  para  ésta,  pues  los  medicamentos  y  exámenes  realizados  hasta el momento se han mostrado ineficaces para revelar cuál es la  situación  específica  de  salud  del  niño. […]  Además,  la  intervención  del  médico  externo al  Instituto  de  Seguro  Social  fue  posterior  a que los médicos adscritos a la  entidad  hubieran  atendido, sin resultados satisfactorios al menor. Igualmente,  el  padre  del  menor presentó ante el ISS el concepto del médico externo, con  el  fin  de  que  un  médico  adscrito  lo  valorara,  pero no recibió ninguna  respuesta.  […]  Por esta  razón,  la negativa de la EPS a ordenar la práctica del examen, fundada en que  el  médico  que  lo  ordenó  no  se  encuentra  adscrito  a  dicha entidad, es  violatoria    de    los    derechos    fundamentales    del    menor.”  El  juez  de instancia había negado por que la orden médica  la   había   impartido   un   médico   que   no   estaba  adscrito  a  la  EPS  acusada.   

24  Sentencia T-760 de 2008.   

25 Ver  folio 39.   

26  Artículo 14     

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