T-939-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-939/09  

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Requisitos   generales   y  especiales  de  procedibilidad   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Clases de defectos   

ACCION   DE   TUTELA  CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Improcedencia   por   no  existir  defecto  sustantivo ni defecto fáctico   

Referencia:  expediente  T-2334724   

Acción  de  tutela instaurada por FRANCISCO  ALBERTO  MONSALVE  contra  el Juzgado 40 Penal del Circuito de Bogotá y la Sala  Penal del  Tribunal Superior de  Bogotá.   

Magistrado   Ponente:   

Dr.  LUIS ERNESTO VARGAS  SILVA   

Bogotá, DC.,  catorce (14) de diciembre  de  dos mil nueve (2009)   

La  Sala  Tercera  de  Revisión de la Corte  Constitucional,   integrada  por  los  magistrados  Mauricio  González  Cuervo,  Gabriel  Eduardo  Mendoza  Martelo  y Luis Ernesto Vargas Silva, en ejercicio de  sus    competencias    constitucionales    y    legales,    ha    proferido   la  siguiente   

SENTENCIA  

Dentro del trámite de revisión de los   fallos  dictados por el Consejo Seccional de la Judicatura  de Cundinamarca  y  el Consejo Superior de la Judicatura.   

I. ANTECEDENTES  

Francisco   Alberto  Monsalve  Hernández,  interpone  acción  de  tutela  en contra del Juzgado 40 Penal del Circuito  de  Bogotá y la Sala Penal del Tribunal Superior de la misma ciudad, en procura  de  obtener  el  amparo  de  sus  derechos fundamentales al debido proceso, a la  defensa,  a  la  igualdad  y a la presunción de inocencia, los cuales considera  vulnerados  al proferirse en su contra las sentencias condenatorias de primera y  segunda   instancia  dentro  del  proceso  adelantado  por  omisión  de  agente  retenedor.   

1. Hechos  

-La  Sociedad  Imayinis Comunicación Global  S.A.  fue  constituida  por escritura pública 0393 extendida el 9 de febrero de  1998  en  la  Notaría 35 de Bogotá, documento que en relación con la gerencia  consagra  en  el  artículo  52  del  Capítulo  VI,  que  el  Gerente  será el  “Representante  Legal  de  la  misma  y como tal el ejecutor de los negocios y  asuntos   sociales”,   indicando  que  ante  la  falta  absoluta,  temporal  o  accidental    del    Gerente    su    reemplazo    sería    ejercido   por   el  subgerente.   

-La  escritura  de constitución se reformó  por  la  número 3649 signada el 15 de octubre de 1998. Por renuncia del gerente  de  la  empresa,   tal encargo fue entregado a Alberto Monsalve Hernández,  figurando  en  la  respectiva  inscripción  ante  la  Cámara de Comercio desde  el  24 de marzo de 1999.   

-Durante  el período en el cual actuó como  representante  legal  principal  de  la   sociedad  Imayinis  Comunicación  Global  S.A.,  esto es, entre el 24 de marzo de 1999 y el 24 de mayo de 2001, se  desempeñó   como  representante  legal  suplente  el  señor  Gonzálo  Ardila  Castro.   

– Afirma el accionante, que el 7 de noviembre  de  2006,  el  Juzgado  40  Penal  del  Circuito de Bogotá, profirió sentencia  condenatoria  en  su  contra  por  el delito de omisión de agente retenedor, al  considerar  que  la  sociedad  Imayinis  Comunicación Global de la cual fungió  como  su  representante legal en el período indicado, no canceló a la DIAN los  valores correspondientes a las retenciones en la fuente e IVA.   

-Sostiene   el  peticionario  que  en  esa  decisión,  que  ahora  demanda  por  vía de hecho, se ignoró que no sólo él  actuó  como  representante  legal; en las  pruebas arrimadas al proceso se  muestra,   que  fue  el  señor  Gonzálo  Ardila  Castro  quien  presentó  las  respectivas  declaraciones  de  impuestos  en su calidad de representante legal,  debidamente  inscrito  en  Cámara  de  Comercio como suplente, lo cual además,  constaba en la DIAN.   

–  El Juzgado 40  Penal del Circuito de  Bogotá,  sostuvo  que  para  la  época  de  la  omisión  atribuida, el señor  Monsalve  era  quien  ejercía como representante legal de la sociedad IMAYINIS,  por  constar  así  en el respectivo certificado de existencia y representación  legal.   Sin  embargo,  indica  el actor, pese a  existir evidencia de  que  sólo  atendía  la  parte  publicitaria  de  la  empresa  y   que las  funciones  administrativas  estaban  en  cabeza  del  subgerente y representante  legal  suplente Gonzálo Ardila Castro, el Juzgado  le impuso  condena  por  el  delito  de omisión de agente retenedor. Añadió que si el impuesto no  fue  consignado  por  la  sociedad  Imagynis, la DIAN nunca lo requirió ni  como  representante  legal principal ni como persona natural para que consignara  los dineros declarados por la sociedad en cabeza de Ardila Castro.   

-Afirma que si bien es cierto en el proceso  obra  copia  de  un requerimiento a la sociedad con el fin de consignar el valor  declarado,  la  misma fue remitida a una dirección donde no funcionaba y no hay  evidencia   dentro   del   expediente  de  su  recibo  o  de  haberse  hecho  el  requerimiento  al lugar donde se encontraba funcionando la misma; tampoco existe  envío   alguno  a  las  direcciones  personales  de  los  representantes  legal  principal y suplente, que constan en la DIAN.   

2.  Razones  de la  demanda   

Sostiene  el  accionante, que las sentencias  objeto  de  tutela  concluyen  que por no haberse dado el aviso respectivo de la  delegación  expresa  a Gonzálo Ardila Castro para presentar la declaración de  impuestos,  recaudar  y consignar la retención en la fuente y el IVA a la DIAN,  la  responsabilidad  por  la omisión debía asumirla él,  “ignorando  en  tal  consideración la permisión y facultad dada por  la  ley en relación con la presencia de dos representantes legales de una misma  empresa  (artículo  556  del  Estatuto  Tributario),  los  cuales pueden actuar  indistintamente,   supuesto  acaecido  en  el  caso bajo examen, por cuanto yo asumí unas funciones y Ardila  Castro otras”.   

-Por  lo  tanto,   los  fallos se   abstuvieron  de  aplicar  el contenido del artículo 556 del Estatuto Tributario  que  reconoce  la  posibilidad  del  ejercicio de la representación legal de la  sociedad  a  quien  se  desempeña  como subgerente y que a la letra reza “(…)  ARTICULO   556.   Representación   de  las  personas  jurídicas  .La  representación legal de las personas jurídicas será ejercida  por  el  Presidente,  el  Gerente o cualquiera de sus suplentes, en su orden, de  acuerdo  con lo establecido en los artículos 372, 440, 441 y 442 del Código de  Comercio,  o  por la persona señalada en los estatutos de la sociedad, si no se  tiene  la  denominación  de  presidente  o  gerente.  Para  la actuación de un  suplente  no  se  requiere  comprobar  la  ausencia  temporal  o  definitiva del  principal,  sólo  será  necesaria  la certificación de la Cámara de Comercio  sobre  su  inscripción  en  el  registro mercantil. La sociedad también podrá  hacerse  representar  por  medio de apoderado especial.  (…)”   

-Aclara que no existe evidencia alguna en el  plenario  de  que  la  sociedad  IMAYINIS o él mismo hubieran  recaudado y  tomado   para  sí  las  sumas  de  dinero  recibidos  para  la  DIAN.  La  sola  presentación  de las declaraciones no “hace presumir  el  recaudo  y  apropiación  de  algunos  impuestos,  el  Estado  estaba  en la  obligación  de  demostrar el recaudo efectivo de los valores y no lo hizo, pues  si   se   revisa   la   evidencia   acopiada,   ella  esta  ausente  dentro  del  plenario.”   

-Indica  que existe prueba irrefutable en el  expediente  en  cuanto  a  que  nunca manejó los dineros de la empresa, lo cual  estaba  en cabeza del subgerente Ardila Castro, quien a la vez era el autorizado  para  manejar  las  cuentas  bancarias, bienes y recursos de la sociedad y   además  “ejercía la suplencia de la representación  legal  en  todos  los  temas  administrativos de la empresa, entre los cuales se  encontraba  la  presentación  de las declaraciones a la DIAN y la consignación  de los recursos recaudados.”   

-Por  esas  consideraciones,  estima   que    “no  es  posible  hablar  de  tipicidad  objetiva  de  la  conducta,  porque existe prueba clara y contundente dentro del  plenario  de  que  la  representación  de  la sociedad a su cargo,  estuvo  dirigida  a  la  consecución  de  negocios  y  relaciones públicas, y la parte  administrativa   estaba   en   manos  del  subgerente  Gonzálo  Ardila  Castro,  circunstancias    respaldadas    en    las    evidencias   acopiadas”.  Por  ello, afirmó, que  atribuirle responsabilidad en el  hecho,  con  fundamento  en  la  prueba  obrante,  seria  tanto  como endilgarle  responsabilidad  objetiva  cuando  ella esta proscrita de la legislación penal.  Si  se  definiera  la  existencia  de tipicidad objetiva, frente a la subjetiva,  sería   necesario sostener que la conducta atribuida por los falladores de  primera  y  segunda  instancia,  es  esencialmente  dolosa  y en el “plenario  no  hay  prueba  indicativa  de  mi actuación bajo tal  forma  de culpabilidad, por tanto no fue desvirtuada la presunción de inocencia  que otorgan la ley y la Constitución Política en mi favor.”   

-Reitera que  fue condenado con base en  una  investigación  donde  no existía prueba en su  contra, y se dejó de  aplicar   el   artículo   556  del  Estatuto  Tributario,  configurándose  una  ostensible  violación  del  debido  proceso  y  del  derecho de defensa, por lo  que   la  actuación  de  los  jueces  equivale  a una vía de hecho.   Afirma  que  “los funcionarios en sus providencias no  aplicaron  el  artículo 556 citado,  el apoyo probatorio de las mismas fue  absolutamente  inadecuado  y  además omitieron analizar las pruebas que me eran  favorables”.   

-Indicó  que  la condena se emitió por los  falladores  de  instancia,  sin  tener en cuenta que la  responsabilidad de  presentación  de  las  declaraciones  de  impuestos  no  radicaba  en él, sino  que   la misma fue asumida por el representante legal suplente quien estaba  facultado  por  la ley para hacerlo  y estaba inscrito como tal  tanto  en la Cámara de Comercio como en la DIAN.   

No  obstante  la  evidencia obrante en las  diligencias,  los operadores judiciales en sus providencias desconocieron que la  sociedad  Imayinis  actuaba  bajo  la representación legal de dos personas, una  que  ostentaba tal condición como principal y otra como suplente, y adelantaron  la  investigación  ignorando  el  contenido  del  artículo  556  del  Estatuto  Tributario, que permite actuar en tal forma.   

–  Anota  que  la  investigación  sólo fue  seguida  en  su  contra,  “cuando en verdad aunque la  DIAN  solo  instauró la denuncia en tal forma, los juzgadores estaban obligados  a  vincular  a  quien  fungía  como  representante legal suplente  y quien  tenía  el  manejo  administrativo  de  la  sociedad,  pues,  insiste, esa tarea  administrativa,  no  era  su  responsabilidad  conforme  quedó  estatuido en la  escritura pública.”   

-Afirma   el   accionante,   que  las  sentencias  objeto de tutela constituyen  una vía de hecho, si se tiene en  cuenta  que  la  condición de agente retenedor en este caso no puede estar dada  sólo  por  la  calidad  de  gerente  o  representante  legal principal, pues la  evidencia   demuestra   que   tal   obligación   recaía  en  el  subgerente  o  representante   legal   suplente,  señor  Gonzálo  Ardila  Castro,  situación  desconocida   por   los  falladores  de  instancia.  La  consideración  de  los  funcionarios,  tuvo  apego  a  una condición meramente objetiva desvirtuada con  las  pruebas  obrantes  en  el proceso, pues como agente retenedor actuó Ardila  Castro  quien  estaba  inscrito ante la Cámara de Comercio e igualmente ante la  DIAN  como  Subgerente  o  representante  legal  suplente según constaba en las  escrituras públicas allí existentes.   

-Considera  que   no  se  desvirtuó la  presunción  de  inocencia  con  la  cual  lo amparan la Constitución y la Ley,  pues   la  prueba  allegada  muestra  que no obstante objetivamente hubiera  tenido  la  condición  de representante legal principal de la Sociedad Imayynis  Comunicación  Global  S.A.,  Gonzálo  Ardila  Castro era el suplente facultado  ante  la  DIAN.  La  normatividad  tributaria  permite  actuar  en tal forma sin  formalidad  de  ninguna  naturaleza,  según  lo  dispone  el  artículo 556 del  Estatuto Tributaria.   

-Agrega que las providencias acusadas de vía  de  hecho, presentan un grave defecto sustantivo, por cuanto en ellas no se tuvo  en  cuenta  una  norma  aplicable al caso concreto, esto es el artículo 556 del  Estatuto  Tributario; presentan además un flagrante defecto fáctico, porque el  apoyo  probatorio  fue  absolutamente  inadecuado,  y  se  omitió  analizar las  pruebas de su inocencia.   

-En  suma,  sostiene,  que los Juzgadores no  actuaron  conforme  a  los lineamientos trazados en el ordenamiento jurídico en  relación  con  la  prueba  allegada al plenario, hubo error en su apreciación,  violentando  con  ello  la  presunción  de  inocencia,  el  debido proceso y el  derecho  de  defensa, “vulneración grave e inminente en tanto se encuentra en  juego  el  derecho  a  la libertad, sin que exista otra vía de defensa judicial  para  obtener  la  nulidad  de  las  decisiones relacionadas, pues la acción de  revisión,  en  cuanto a su eficacia, no es la más adecuada para la protección  inmediata  de  los derechos fundamentales violados.” Asegura que fue condenado  por  unos  hechos  que  no  le  eran  atribuibles,  pues no obstante encontrarse  claramente  demostrada su  condición de representante legal de la sociedad  IMAYINIS,  igualmente  se  evidenciaba  en  el  expediente  que la omisión  tributaria  estuvo  a  cargo de Gonzálo Ardila Castro, quien de conformidad con  la  ley  era  el  representante  legal  suplente  de la citada sociedad y debía  cumplir  con  las obligaciones administrativas, por permitirlo así expresamente  el  artículo 556 del Estatuto Tributario, norma que  no  fue aplicada  por  las  autoridades  demandadas  y  por  tanto  se  le imputó responsabilidad  objetiva, proscrita de la legislación penal.   

3. Pretensiones de la tutela  

Solicita   que   se   tutelen   de  manera  definitiva   los  derechos  al   debido  proceso,    la  igualdad  y  a  la  presunción  de  inocencia.   En  consecuencia,  que se  disponga  la nulidad de decisiones atacadas por constituir una vía de hecho, al  haberse   adoptado   sin  existir  en  su  contra,  prueba  que  desvirtuara  la  presunción  de  inocencia.  Como  consecuencia  de  la  anterior  declaración,  solicita  que  se   disponga  el pronunciamiento de la providencia que debe  reemplazar  a las anuladas.   

4. Pruebas allegadas  

Son   relevantes  las  siguientes  pruebas  arrimadas al proceso.   

1.   Estatutos  de la sociedad Imagynis  Comunicación Global S.A.   

2.    Certificado    de   existencia   y  representación   legal   de   la   Sociedad   Imagynis   Comunicación   Global  S.A.   

3. Copia del proceso adelantado por omisión  de  agente retenedor en el cual constan las sentencias de primera proferida el 7  de  noviembre  de  2006  por  el  Juzgado 40 Penal del Circuito de Bogotá, y de  segunda  instancia  emitida,  el  6  de  febrero  de 2007, por la Sala Penal del  Tribunal  Superior de esta ciudad, con ponencia de la doctora María del Rosario  González de Lemus.   

5.   Intervención  de  la  Dirección  de  Impuestos   y   Aduanas   Nacionales   – DIAN.   

En escrito de 5 de diciembre de 2008, la DIAN  se  manifestó  en contra de la presente tutela, evidenciando la “actitud  desconsiderada del tutelante para con la administración de  justicia,  ya  que  sus  reiteradas  solicitudes  de  tutela comportan una   utilización  desmedida  de tan importante acción constitucional, puesto que el  tema  que  plantea  de  fondo  ya  ha  sido sometido al escrutinio de múltiples  jueces”.   

II. SENTENCIAS OBJETO DE REVISIÓN  

1. Sentencia de primera instancia  

Proferida   por   la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional de la Judicatura de Cundinamarca el 19 de  febrero  de  2009, niega el amparo solicitado luego de sostener que (i) el accionante ha debido esgrimir   sus   pedimentos   en sede de casación, donde realmente lo hizo, pero  la  demanda  no  fue  admitida,  luego  perdió  la  oportunidad  de acudir a la  jurisdicción  competente,  lo  que  torna en improcedente la acción de tutela.  (ii)   Para  estudiar  las  decisiones   de   tutela,   es   preciso   tener   en   cuenta  el  factor   “oportunidad”.  En  el presente caso, se advierte que  el accionante no  cumplió   con   el   presupuesto   de  la  “inmediatez”  dispuesto  por  la  jurisprudencia  constitucional  como requisito de procedibibilidad de la acción  de  tutela, en tanto demandó por vía de hecho providencias judiciales fechadas  en  2006  y 2007, lo cual deja ver la  extemporaneidad  de la demanda,  su  falta  de  oportunidad   y  por  ende,  las  razones  de su rechazo. En  consecuencia,  el  fallador  de primera instancia, declara improcedente la   tutela de la referencia.         

2. Impugnación del fallo  

Con  escrito  de  27  de febrero de 2009, el  accionante  impugnó el fallo de  tutela de primera instancia, argumentando  que  en  el  proceso  se  conoce  a cabalidad  que ha existido inmediatez y  diligencia  en   la  defensa de sus derechos y que la demanda de casación,  que   efectivamente   presentó,   fue   negada   con   el   argumento   de   la  “discrecionalidad”  más no por razones de fondo. Por ello, estima que deben  estudiarse  los  cargos  contra las sentencias del Juzgado 40 Penal del Circuito  de  Bogotá  y  del  Tribunal  Superior de la misma ciudad, las cuales infringen  su  debido proceso y la presunción de inocencia.   

3. Sentencia de segunda instancia  

La sentencia de segunda instancia fue dictada  por  el  Consejo Superior de la Judicatura mediante providencia del 1° de abril  de  2009,  en  la que confirma en todas sus partes la decisión del a-quo  .  A  juicio   del fallador de  segundo  grado,  la  incuria del accionante en la presentación de la respectiva  demanda  de casación, no se puede subsanar presentando una tutela, en tanto, no  es  ésta  una  tercera  instancia  para  abrir  un  debate adicional cuando han  “transcurrido   más  de  seis  meses  desde  cuando  quedó  ejecutoriada  la  providencia  del  Tribunal  Superior.”  Así,  dando  aplicación al principio  nemo    auditur   propian   turpitudinem   allegans,  la    sentencia    niega    las   pretensiones   del  accionante      

III. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS  

1. Competencia  

Esta   Sala   de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional  es  competente  para  proferir sentencia dentro de la acción de  tutela  de  la  referencia,  con  fundamento en los artículos 86 inciso 2 y 241  numeral  9  de la Constitución Política, en concordancia con los artículos 31  a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

2. Problema jurídico  

Pretende   básicamente el peticionario  que  por  la  vía  de  tutela,  se amparen sus derechos fundamentales al debido  proceso,  a  la  defensa  y  presunción  de  inocencia, alegando que los mismos  fueron  vulnerados  en  el trámite y decisión del proceso penal que se siguió  en  su contra por el delito de omisión de agente retenedor, en el cual resultó  condenado  por sentencia del Juzgado 40 Penal del Circuito de Bogotá, decisión  confirmada  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  la  misma ciudad.  Las    decisiones   judiciales   que  conocieron   del  amparo,  Salas  Jurisdiccional  Disciplinaria   del Consejo Seccional de Cundinamarca   y  Superior de la Judicatura denegaron la protección de los derechos invocados.  En  primera  instancia  se  señaló,   que  la  acción  no  cumple con el  presupuesto  de  inmediatez  y  en la segunda se anotó, que debido a la incuria  del  accionante,  éste  había  perdido  la  oportunidad  de acceder al recurso  extraordinario   de   casación,  lo  que  hacía  improcedente  la  acción  de  tutela.   

Por tratarse de una pretendida tutela contra  decisiones  judiciales   y debido a los fundamentos empleados  por las  sentencias  de  instancia  para  negar el amparo deprecado- inmediatez e incuria  del  accionante-   debe  la Corte en primer lugar, verificar plenamente que  la   solicitud  de  amparo  reúna  rigurosamente  los  requisitos  generales  y  específicos  de  procedibilidad de la tutela y  en segundo lugar, analizar  si  se  estructuran   en  los  fallos  demandados  los  supuestos  defectos  sustantivo y fáctico alegados por el accionante.   

3.  La  acción  de tutela procede de manera  excepcional contra providencias judiciales   

Ha  reiterado  la Corte en decisión de  esta  misma Sala1   que  los  jueces  forman  parte  de  la  categoría  “autoridades   públicas”  de  la  que  habla  el  artículo  86  de la Constitución Política, cuando establece que la  acción  de  tutela  es  un  mecanismo ordenado a “la  protección  inmediata  de  sus  derechos constitucionales fundamentales, cuando  quiera  que éstos resulten vulnerados o amenazados por la acción o la omisión  de  cualquier  autoridad  pública”.  Es entonces la  Constitución  la  que  autoriza  directamente a las personas a recurrir al juez  constitucional  para  solicitar el amparo de sus derechos cuando las sentencias,  entendidas  como  actos  emanados  de un juez o tribunal, desconozcan o amenacen  con    vulnerar    algún    derecho   fundamental2.   

Ha señalado igualmente, que esta posibilidad  no  riñe  con  el  reconocimiento  de  la autonomía e independencia otorgada a  todas  las  jurisdicciones, el valor de la cosa juzgada que adquieren los fallos  dictados  por  los  jueces, la garantía del principio de seguridad jurídica, y  el  reconocimiento  de  que  el  espacio  ordinario  para la realización de los  derechos   fundamentales  es  el  proceso  judicial3.   Antes  bien,  armoniza  la  protección  de  estos principios con la primacía de los derechos fundamentales  estableciendo    que    la    tutela    tiene   un   carácter   excepcional   y  subsidiario4.  Incluso,  en  lo que tiene que ver con la seguridad jurídica, ha  señalado  que  la acción de tutela se convierte en una garantía adicional por  cuanto  permite  que  un  solo  ente  –en  este  caso  la  Corte  Constitucional- unifique los lineamientos  bajo  los  cuales  deben  interpretarse los derechos fundamentales, de forma que  este  criterio  sea  usado  por  todos  los  encargados de administrar justicia.   

Adicionalmente,  frente  a quienes sostienen  que  la  sentencia  C-543/92  declaró inexequible la tutela contra providencias  judiciales5,  la  Corte  ha  señalado  que  en  dicha sentencia se declaró la  inconstitucionalidad  de los artículos 11, 12 y 40 del Decreto 2591 de 1991 que  afirmaban  la  procedencia  de la acción de tutela contra sentencias como regla  general,   pero  no  la  excluyó  como  excepción  en  el  caso  de  omisiones  injustificadas  o  actuaciones  de  hecho  de  los funcionarios judiciales. Esta  posición  ha  sido  confirmada  en  otras  sentencias  con  efecto erga  omnes,  como  la  C-590/05,  lo  que  permite  afirmar  que  “tanto  la motivación de ese  pronunciamiento  como  de  la  interpretación que la Corte ha hecho del mismo y  del   desarrollo  de  su  jurisprudencia”  constatan  “que  la acción de tutela procede contra decisiones  judiciales  en  los  supuestos  que  la  misma  Corte ha indicado”6.   

Los supuestos mencionados tienen que ver con  el   carácter  excepcional  y  subsidiario  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales,  que  se  concretan  en  la  exigencia  de que el juez  constitucional  verifique  que  la  solicitud de amparo reúne rigurosamente los  requisitos  generales y específicos de procedibilidad. Los primeros, que están  relacionados   con   los   requerimientos   procedimentales   que  habilitan  la  instauración  de  la  tutela, fueron sistematizados en los siguientes términos  por la sentencia C-590/05:   

     

i. “Que la  cuestión  que  se  discuta  tenga una evidente relevancia constitucional (…);   

ii. Que se hayan  agotado  todos los medios de defensa judicial al alcance de la persona afectada,  salvo  que  se  trate  de  evitar la consumación de un perjuicio iusfundamental  irremediable (…);   

iii. Que  se  cumpla con el requisito de la inmediatez (…);   

iv. Que,  tratándose  de  una  irregularidad  procesal, quede claro que la misma tiene un  efecto  decisivo  o determinante en la sentencia que se impugna y que afecta los  derechos fundamentales de la parte actora. (…)   

v. Que la parte  actora  identifique  de  manera  razonable  tanto  los  hechos  que generaron la  vulneración   como   los   derechos  vulnerados,  y  que  hubiere  alegado  tal  vulneración  en  el  proceso  judicial  siempre  que  esto hubiere sido posible  (…);  y   

vi. Que no se  trate    de    sentencias   de   tutela   (…)”7.     

El  segundo tipo de requisitos, fruto de una  evolución  jurisprudencial que comenzó por la enumeración de algunas causales  para  considerar  una  sentencia “vía de hecho”, pero que hoy en día está  consolidada  en  torno  al  concepto de causales específicas de procedibilidad,  precisan  de  la  plena  demostración  de  la ocurrencia de al menos uno de los  siguientes  vicios  o  defectos  que  constituyen vulneraciones o amenazas a los  derechos constitucionales fundamentales:   

“a.  Defecto  orgánico,  que se presenta  cuando  el  funcionario judicial que profirió la providencia impugnada, carece,  absolutamente, de competencia para ello.   

b.  Defecto  procedimental absoluto, que se  origina  cuando  el  juez  actuó  completamente  al  margen  del  procedimiento  establecido.   

c.  Defecto fáctico, que surge cuando  el  juez  carece  del  apoyo  probatorio que permita la aplicación del supuesto  legal en el que se sustenta la decisión.   

d.  Defecto material o sustantivo, como son  los   casos   en   que   se   decide   con   base   en   normas  inexistentes  o  inconstitucionales8  o que presentan una evidente  y grosera contradicción entre los fundamentos y la decisión.   

e. Error inducido, que se presenta cuando el  juez  o  tribunal fue víctima de un engaño por parte de terceros y ese engaño  lo    condujo    a    la   toma   de   una   decisión   que   afecta   derechos  fundamentales.   

f. Decisión sin motivación, que implica el  incumplimiento  de  los  servidores  judiciales de dar cuenta de los fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  sus decisiones en el entendido que precisamente en  esa motivación reposa la legitimidad de su órbita funcional.   

g.   Desconocimiento   del   precedente,  hipótesis  que  se  presenta,  por  ejemplo,  cuando  la  Corte  Constitucional  establece  el  alcance  de un derecho fundamental y el juez ordinario aplica una  ley  limitando  sustancialmente  dicho alcance. En estos casos la tutela procede  como   mecanismo   para   garantizar   la   eficacia   jurídica  del  contenido  constitucionalmente  vinculante  del  derecho  fundamental vulnerado9.   

h.    Violación    directa    de    la  Constitución”10.   

4.     Requisitos    generales   de  procedibilidad en el caso concreto   

Al  hacer  una  revisión  de los requisitos  planteados  en  el  acápite  anterior,  la  Sala  encuentra que la solicitud de  tutela  presentada  por  el  señor Alberto Monsalve Hernández cumple con   aquellos requerimientos de carácter general, a saber:   

1.  La  cuestión  que se discute resulta de  clara  relevancia  constitucional,  en  tanto  se alega una violación al debido  proceso   ante  la existencia de una causal de procedibilidad de la acción  de  tutela, concretamente un  supuesto defecto sustantivo y fáctico en las  providencias  del  Juzgado  40  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  y el Tribunal  Superior de la misma ciudad.   

2.   A   pesar    de   las   razones  expuestas   por  las  sentencias  de  instancia,  las  cuales  apoyaron  su  negativa  en  el  argumento  de que el accionante había hecho un uso equivocado  del  requisito  de  subsidiariedad  de  la tutela, la Sala  advierte que el  accionante  agotó todos los medios de defensa idóneos para lograr el amparo de  la  presunta  vulneración  de  sus  derechos. Efectivamente, tuvo la diligencia  de   tramitar  los  recursos que estaban a su alcance y presentó en tiempo  el  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual fue rechazado por la Corte  Suprema   de  Justicia;  inclusive contra tal rechazo interpuso también un  acción  de  tutela  que  no fue concedida; en punto al recurso de revisión que  podría   pensarse    cabe  en  este  caso,  se  advierte  claramente   que   no  es  una medida idónea para la defensa de los derechos invocados,  dada  la restricción de las causales impuestas para ese recurso. De acuerdo con  el  principio  de  subsidiariedad  de  la  acción  de tutela, si los mecanismos  alternativos   de   defensa   al   alcance   del   ciudadano   no  son   lo  suficientemente   idóneos   para   proteger  los  derechos  supuestamente   conculcados,  el  accionante  que  acude  a la tutela  cumple así el   requisito   de   procedibilidad  de  esta  acción.11.   

3.    El  otro  presupuesto   en  discusión  y  que  es motivo para negar las pretensiones del actor por parte de  las   sentencias   de  instancia,  es  el  de  dilucidar   para  este  caso  específico  el tema de la inmediatez en la interposición de la tutela. Como se  dijo  en  precedencia,   uno  de las exigencias previas al  estudio de  las  demandas  contra  decisiones  judiciales,  es que se haya hecho un uso  razonable  en  el  tiempo  de la presentación de la  acción de tutela. En  efecto,  al  tenor  de  la  jurisprudencia,  la acción de tutela es una acción  ágil  y  apremiante,  diseñada  sobre  un procedimiento urgente y célere, que  permite   la   protección  rápida  de  derechos  fundamentales  enfrentados  a  afectaciones  reales y actuales de magnitud tal que el aparato jurisdiccional se  ve  obligado  a  hacer  a  un  lado  sus  tareas  ordinarias,  a  desplazar  los  procedimientos  regulares  que  se  someten a su consideración, para abordar de  manera    preferente   el  análisis       del       caso       planteado.12   

La  jurisprudencia  constitucional  ha  sido  consciente  de esta característica de la acción constitucional -calificada por  la   Corte   como   ‘la  inmediatez’ del mecanismo  de  defensa-  al  advertir  que  la  tutela  debe  interponerse  en  un término  razonable,   dentro   del  cual  se  presuma  que  la  afectación  del  derecho  fundamental  es  inminente  y  realmente  produce  un daño palpable13.   

Sobre  dicho particular, valga citar algunas  consideraciones  de la primera sentencia que abordó de fondo el tema, la SU-961  de 1999:   

“La  posibilidad de interponer la acción  de   tutela   en   cualquier   tiempo   significa   que  no  tiene  término  de  caducidad.   La consecuencia de ello es que el juez no puede rechazarla con  fundamento  en el paso del tiempo y tiene la obligación de entrar a estudiar el  asunto  de  fondo.   Sin  embargo,  el problema jurídico que se plantea en  este  punto  es:  ¿quiere  decir  esto  que  la protección deba concederse sin  consideración  al  tiempo  transcurrido desde el momento en que ha tenido lugar  la violación del derecho fundamental?   

“Las consecuencias de la premisa inicial,  según  la  cual la tutela puede interponerse en cualquier tiempo, se limitan al  aspecto  procedimental  de  la  acción,  en  particular a su admisibilidad, sin  afectar  en lo absoluto el sentido que se le deba dar a la sentencia. Todo fallo  está  determinada  por  los  hechos, y dentro de estos puede ser fundamental el  momento   en   el   cual   se   interponga   la  acción,  como  puede  que  sea  irrelevante.   

“(…)  

“Si  el  elemento  de  la  inmediatez  es  consustancial  a  la  protección  que  la  acción brinda a los derechos de los  ciudadanos,   ello   implica   que   debe   ejercerse  de  conformidad  con  tal  naturaleza.    Esta   condiciona   su  ejercicio  a  través  de  un  deber  correlativo: la interposición oportuna y justa de la acción.   

“(…)  

“Si  la  inactividad  del accionante para  ejercer  las  acciones ordinarias, cuando éstas proveen una protección eficaz,  impide  que  se  conceda  la  acción  de  tutela,  del mismo modo, es necesario  aceptar  que  la  inactividad  para  interponer  esta última acción durante un  término  prudencial,  debe  llevar a que no se conceda.  En el caso en que  sea  la  tutela  y  no otro medio de defensa el que se ha dejado de interponer a  tiempo,  también  es  aplicable el principio establecido en la Sentencia arriba  mencionada  (C-543/92),  según  el  cual  la falta de ejercicio oportuno de los  medios  que  la  ley  ofrece  para  el  reconocimiento  de sus derechos no puede  alegarse  para beneficio propio, máxime en los casos en que existen derechos de  terceros involucrados en la decisión.”   

De  la  misma  manera,  la jurisprudencia ha  sostenido  que el juez que conozca del caso concreto deberá analizar si a pesar  de  la no existencia de inmediatez, la tardanza en la interposición de la   tutela    está   suficientemente   justificada,   entre   otras   razones   por  “existir  una relación de causalidad entre la falta  de  interposición oportuna de la acción, en la medida de que se desconocen los  motivos,    y    la    presunta    vulneración    de   los   derechos   de   la  accionante”14.Así  entonces,  para analizar este caso,  la   Corte  recuerda  que  pueden  presentarse  situaciones  en  las  cuales  el  cumplimiento   del   requisito  de  la  inmediatez   constituye  una  carga  demasiado  elevada  para el tutelante en razón a sus circunstancias personales.  Por  eso,  esta  Corporación  también  ha establecido ciertos parámetros para  determinar  cuándo  la  tardanza  no  es  un obstáculo a la procedibilidad del  amparo.    En   la   sentencia   T-185   de   200715 se reiteró:   

“1. La existencia de razones válidas para  la inactividad del actor;   

“2.  La posibilidad de que la inactividad  injustificada   del   actor  vulnere  los  derechos  fundamentales  de  terceros  afectados,   si   se   llegase   a   adoptar   una  decisión  por  el  juez  de  tutela;   

“3. La existencia de un nexo causal entre  el  ejercicio  inoportuno de la acción y la vulneración de los derechos de los  terceros interesados;   

“4.  La  permanencia  en  el tiempo de la  vulneración  o  amenaza  de los derechos fundamentales del accionante, esto es,  su  situación  desfavorable como consecuencia de la afectación de sus derechos  continúa y es actual; y,   

“5.  La  carga de la interposición de la  acción  de  tutela  resulta  desproporcionada,  dada la situación de debilidad  manifiesta  en la que se encuentra el accionante.”17   

En  el  presente  caso,  se  advierte  en el  expediente  que hay razones objetivas válidas para justificar la tardanza en la  interposición de la tutela por lo siguiente:   

Sostienen las sentencias objeto de revisión,  que  en tanto las providencias atacadas tienen fecha de 2006 y 2007, y la tutela  se  interpone  en  agosto de 2008, existe extemporaneidad en la presentación de  la  misma.  Estima la Corte, que las sentencias erraron  en  la forma como valoraron dicho presupuesto, pues no  tuvieron   en   cuenta  que  el  juez  constitucional  se  pronuncia  sobre  las  providencias  judiciales  cuando  han  puesto fin a la actuación procesal, y en  este  caso,  la  actuación  que  finiquitaba  el proceso era la inadmisión del  recurso  de  casación  que  presentó  el  accionante contra la sentencia   proferida  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá que confirmó la  sentencia  de  primera  instancia proferida por el Juzgado 40 Penal del Circuito  de Bogotá.   

En efecto, el día 5 de diciembre de 2007,  la   Sala   Penal   de   la  Corte  Suprema  de  Justicia  decide  no  casar  la  sentencia   y  contra  esa  decisión  inclusive,  el  accionante interpuso  acción   de   tutela   para   que   la  Corte  Suprema  conociera  del  recurso  extraordinario  de casación; ésta tutela fue rechazada mediante providencia de  febrero  7  de  2008. Luego, es claro que no existió inactividad del accionante  en   la  defensa  de sus derechos y que la tardanza en la interposición de  la  tutela  está suficientemente justificada. Por tales razones, el tiempo para  demandar  en tutela se estima razonable y por  ello, la solicitud de tutela  no atenta contra el principio de inmediatez.   

4. En cuarto lugar, tal como se describió en  el  capítulo  de  antecedentes,  el  accionante  identifica los elementos de la  providencia  judicial  que  considera  generaron la presunta vulneración de sus  derechos  y  los  presuntos  derechos  afectados,  entre los que se encuentra el  derecho al debido proceso.   

5.  En  último  lugar,  las  providencias  cuestionadas  son  sentencias  generadas  en  procesos  ordinarios  penales,  no  son   fallos  de  tutela,  de modo que tampoco se incumple el requisito que  impide  la  procedencia  de las acciones de tutela contra sentencias de la misma  naturaleza.   

Por estas razones, es procedente que la Sala  entre  a  examinar  frente al caso concreto, si  las decisiones enjuiciadas  evidencian  la  presencia  de alguna causal de procedencia de la acción de  tutela contra providencias judiciales.   

IV. CASO CONCRETO  

    

1. Resumen de los hechos y del material probatorio     

De  las  pruebas allegadas al  expediente,  y de  los  hechos  expuestos en la demanda, se tienen los siguientes datos importantes  para decidir el presente asunto:   

-La  Sociedad  IMAYINIS Comunicación Global  S.A.  fue  constituida  por escritura pública 0393 extendida el 9 de febrero de  1998  en  la  Notaría  35  de  Bogotá . En el  Capitulo III  ” De la  administración  y  Control  de  la Sociedad” se establece -art. 31-­     que     la    Dirección,   administración  y  representación serán ejercidas por los siguientes órganos  principales:    a)   La   Asamblea   General   de   Accionistas;   b)   La   Junta   Directiva   y   c)   La  Gerencia.   

-En el Capitulo VI  se  alude  a  “La  Gerencia”  y  en el art. 52 de tal Capítulo se indica que la  sociedad  tendrá  un  Gerente”  que  será  el  representante legal de la   misma   y  como  tal,  el  ejecutor de los negocios y asuntos sociales”. Se  norma  que  en  caso  de  falta  absoluta, temporal o accidental del Gerente, lo  reemplazará  con  iguales  facultades  o  limitaciones  el  Subgerente y que el  -período    de    ambos   será   de   un   año,   pudiendo   ser   reelegidos  indefinidamente.   

-En  el  artículo  53  del capítulo VI, se  establecen   las   funciones   del   Gerente.   Además   de  las  taxativamente  dispuestas,18  se  le  confían  las  demás  que  le  confieren  las  leyes, los  estatutos y las que corresponden por la naturaleza del cargo.   

-En la escritura de constitución se nombró  como  gerente   al  señor Juan Camilo Valencia y como Subgerente a Gonzalo  Ardila  Castro.  La  inscripción  en  la  Cámara de Comercio sucedió el 20 de  febrero  de  1993 bajo el número 00623395 del libro 09 a nombre de IMAYINIS   COMUNICACIÓN   GLOBAL S.A.   

-La escritura de constitución fue reformada  por  aumento  de  capital  a  través  de  la  escritura pública 3649 del 15 de  octubre  de  1998;  en  la Asamblea General Extraordinaria de accionistas según  acta  número  9  de  febrero  5  de 1999, se trató la renuncia del Doctor Juan  Camilo  Valencia  y la aceptación a dicho cargo al doctor Alberto Monsalve  Hernández.   

-En septiembre de  2000,   la   División  Jurídica  Tributaria  de  la  DIAN,  denunció  ante la Fiscalía General de la  Nación  que  Francisco  Alberto Monsalve,  en  su  calidad  de  Representante Legal de la Sociedad IMAYINIS  COMUNICACIÓN  GLOBAL  S.A.,  omitió  consignar  la  suma  de  $84.510.000, por  concepto  de  retención en la fuente o IVA, violando así el artículo 22 de la  Ley 383 de 1997 modificado  por    el   artículo   71   de   la   Ley  488  de  1998  incorporado  en  el  artículo  665 del Estatuto  Tributario.  En virtud de la  anterior  denuncia,  el  día 11 de octubre de 2000, la Fiscalía 219 Seccional,  profirió resolución de apertura de investigación.   

-Una vez abierta  la  investigación,  la  Fiscalía  procedió  a  su  vinculación, citándolo     a     una     dirección    en    la    que    él    no   vivía,  y  lo declaró persona ausente el  día  13  de  marzo de 2002.  El   día   25   de   abril  de  2002,  la  Fiscalía  profirió  cierre  de  la  investigación.   

-El  día  30 de  julio  de  2002,  la  Fiscalía  profirió  resolución  de acusación en contra  del   accionante  por  el  delito   de   omisión   del   agente   retenedor  o  recaudador-   dispuesto en el artículo 402 de la  Ley   599   de   2000-  en  concurso homogéneo y sucesivo.   

-El  29 de  abril  de  2003,  se  dio paso al juicio en el Juzgado 40 Penal del Circuito, en  donde   se  alcanzó  a  adelantar  la  audiencia  preparatoria  y  pública  de  juzgamiento.  Sin  embargo,   el  error  en  la  notificación  sirvió  de  fuente  para  presentar  una  acción  de tutela por  violación  al debido proceso, la cual terminó  con la  nulidad de la  actuación procesal.   

– La actuación se  adelantó  nuevamente  y el  28    de    febrero    de    2006    concluyó    el  juicio  con  sentencia  condenatoria,  la  cual fue apelada por la defensa,  por  desconocer  el  juzgado  el  error  de  tipo  en  el  que estaba incurso el  imputado,  es  decir,  por  proferir el juzgado una sentencia con sustento en la  proscrita responsabilidad objetiva.   

-El  día  6  de  febrero  de  2007,  la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  resolvió  el  recurso  de  apelación,  confirmando  la  decisión de  primera  instancia. Contra  esa  decisión  se  presentó  recurso  extraordinario  de casación      por      violación     del    principio    de  legalidad.   

-El  día  5  de  diciembre  de  2007,  la  Sala  Penal de la Corte Suprema de Justicia, decide no  casar    la   sentencia   por   ser   ésta  discrecional.  En  consecuencia, el  accionante  interpuso  una  tutela  contra  esa  decisión, la cual también fue  decidida  en  febrero  de  2008  de manera contraria a sus intereses.    

-En  agosto  de 2008, presenta la acción de  tutela  de  la referencia, alegando las siguientes razones: (i) fue condenado en  una  investigación  donde  no  existió  prueba  en  su  contra, con ostensible  violación  al  debido  proceso  al  no  haberse  aplicado  el artículo 556 del  Estatuto  Tributario;  (ii) se desconoció  la responsabilidad de presentar  las  declaraciones  de impuestos, pues ésta  no radicaba en su cabeza como  representante  legal  principal,  sino  en  la del representante legal suplente,  quien  nunca  fue vinculado al proceso; (iii) que no tiene otro medio de defensa  diferente       al       de       la       acción      de      tutela      para  la                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   reparación  del  daño  que  se  le causó con la sentencia, pues el recurso de  revisión  no  procede  para su caso; (iv) que en el proceso nunca se desvirtuó  la   presunción  de  inocencia  y  sin  embargo  fue condenado, por lo que  procede  la  acción  de  tutela  ante  la  necesidad  urgente  e  inmediata  de  restablecer sus derechos fundamentales.   

2.  Prolegómenos al estudio de las posibles  causales     de    procedibilidad    en     las    decisiones    judiciales  enjuiciadas   

Sea  lo  primero  reiterar   que  para  que    una   interpretación  judicial  se  constituya  en  una  causal  de  procedibilidad  de  la  acción  de  tutela,  es indispensable que la misma  defienda  una  lectura  de  las normas realmente contraria a su sentido lógico,  manifiestamente  opuesta  a  los  principios de derecho y salida del cauce de la  juridicidad.   

La  Corte  advierte  como  prolegómeno  al  estudio  detallado  de  los  cargos  de  la  demanda,  que  en sede de revisión  de   tutela,  sólo  analiza  si la providencia acusada incurrió en uno de  los  tradicionales  defectos  que constituyan vía de hecho, o si se advierte en  el  fallo  enjuiciado  alguna de las causales de procedibilidad indicadas por la  doctrina  constitucional  vigente,  de  tal  manera  que  lo que debe   realizar  en  este  caso,   es   un  juicio de validez de la sentencia  penal,  y  no  un juicio de corrección, en tanto no obra el juez de tutela como  una instancia más dentro del proceso penal.   

El Consejo Superior de la Judicatura actuando  como  ad quem de tutela en el  presente  caso,  consideró  acertadamente, que mediante la acción de tutela no  es  viable  impugnar  sentencias  judiciales  cuando  el  ataque se refiere a la  existencia  de controversias frente al criterio jurídico del juez ordinario. La  Sala  comparte esta aseveración y agrega que el controversial manejo del amparo  constitucional  contra sentencias judiciales pasa en gran medida por la errónea  creencia   de   que   la   tutela   es   una   tercera  instancia.   

Por  ello,  es  menester  señalar  que  la  procedibilidad  de  revisión constitucional de los fallos judiciales, atiende a  una  única  posibilidad:  que  la  decisión  del  juez  ordinario  vulnere  la  Constitución.  Por  esto,  la revisión del juez de tutela en estos casos queda  limitada  a  detectar que de la presencia de una causal de procedencia de tutela  contra  sentencias,  se  derive  un  perjuicio  iusfundamental. De ahí, que los  motivos  que  pueden  esgrimir  los  tutelantes  correspondan  únicamente  a la  vulneración    de    un   derecho   fundamental   desprendida   de   un   fallo  judicial19.   

En   punto   a  establecer  el  alcance  y  especialmente  los  límites  que  deben  observarse para admitir la procedencia  excepcional  de  la  tutela  contra  decisiones  judiciales,  la  jurisprudencia  constitucional  también  se  ha  ocupado de establecer que el ejercicio de esta  competencia  no  puede  representar  en  modo  alguno  una invasión del ámbito  propio  de  las  funciones  del  juez  ordinario,  de  tal  manera  que  se haga  prevalecer  o  imponer  la  interpretación  normativa  que  efectúe el juez de  tutela  o la valoración que éste haga respecto de los hechos y de las pruebas.  Por   tal   razón,  este  Tribunal  ha  sostenido  que  un  proceder  de  estas  características   evidenciaría   el   desconocimiento   del  principio  de  la  autonomía  judicial,  de  manera  que  debe  entenderse  que  las hipótesis de  procedencia  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales -como  también  se  han  denominando  por  la  jurisprudencia constitucional reciente-  remiten  a  la  consideración  de  defectos  objetivamente verificables, de tal  manera  que  sea  posible  establecer  que  la  decisión  judicial, que debiera  corresponder  a  la  expresión  del derecho aplicable al caso concreto, ha sido  sustituida  por el arbitrio o capricho del funcionario judicial que ha proferido  una  decisión  que  se  muestra  evidentemente incompatible con el ordenamiento  superior.20   

Como   se   dijo   en   el  acápite  respectivo,    si  bien   la  acción  de  tutela  es  procedente  por  excepción  contra  las  decisiones  judiciales  en donde se advierta una causal  para  su  procedencia,  el juez de tutela no puede convertirse en un funcionario  de  instancia  en  relación  con  las  decisiones  adoptadas  por  la autoridad  jurisdiccional   accionada,  pues  en  estos  casos  su  función  se  limita  a  determinar  si se incurrió en una de tales causales.  Dicho de otra forma,  muy  a  pesar  de  que  jurídicamente  se  pueda  controvertir  una providencia  jurisdiccional  en  sede  de  tutela, el juez constitucional no debe conceder el  amparo  simplemente  porque  considere  que  su  juicio  o  interpretación deba  predominar  sobre el del funcionario judicial accionado, ya que, en virtud de la  autonomía  de  que  goza  éste último, la prosperidad de la acción de tutela  queda  restringida  para aquellos casos en que la decisión carezca de tal grado  de  razonabilidad  que  no  pueda  predicarse  ningún  asidero en el derecho en  correlación   con  la  realidad  procesal;  o  sea,  cuando  se  trata  de  una  manifestación    del    puro    o    antojadizo    arbitrio   del   funcionario  accionado21.   

Así,  pues,  es  en ese marco en donde debe  estudiarse  la  existencia o no de las causales de procedibilidad de la presente  tutela,  recordando,  como  se  indicó,  que  la  aplicación  de  la  doctrina  constitucional  en  ese  tópico,  tiene un carácter eminentemente excepcional,  por  virtud  del  principio de independencia de la administración de justicia y  del  carácter residual de la acción de tutela. Por tal razón, las causales de  procedibilidad   deben   ser  capaces de desvirtuar la juridicidad del  pronunciamiento  judicial  objeto de cuestionamiento22.   

 Delimitados así  los  términos  de  la presente revisión, se analizarán   los cargos  de  la demanda  que se concretan en sostener  ( i ) que se dejó   de  aplicar  una  norma  legal  pertinente  para el caso y  se aplicó otra  erradamente   y   (  ii  )  no se observó en debida forma el material  probatorio  que  le  era  favorable  al  accionante, derivando de contera en una  condena por responsabilidad objetiva de la conducta penal.   

Primer cargo: Se dejó de aplicar una norma  pertinente para el caso:   

Aunque  la demanda no lo dice expresamente,  ni  define  los  contornos  del  defecto  que se pretende alegar para encajar la  conducta  en él,  al parecer el accionante intenta demostrar la existencia  de  un posible defecto sustantivo(aquel  que se produce cuando la decisión  controvertida       se       funda      en      una      norma      indiscutiblemente   inaplicable)  en  las  providencias  atacadas al sostener que se ignoró el contenido del artículo 556  del  Estatuto  Tributario  que  reconoce  la  posibilidad  del  ejercicio  de la  representación  legal  de  la  sociedad  a quien se desempeña como subgerente.  Dice    así    la   norma:   “ARTICULO   556.  Representación  de  las  personas  jurídicas.La  representación  legal de las  personas  jurídicas  será  ejercida por el Presidente, el Gerente o cualquiera  de  sus  suplentes, en su orden, de acuerdo con lo establecido en los artículos  372,  440,  441 y 442 del Código de Comercio, o por la persona señalada en los  estatutos  de  la  sociedad,  si  no  se  tiene la denominación de presidente o  gerente.  Para la actuación de un suplente no se requiere comprobar la ausencia  temporal  o definitiva del principal, sólo será necesaria la certificación de  la  Cámara  de  Comercio  sobre  su  inscripción  en el registro mercantil. La  sociedad   también   podrá   hacerse   representar   por  medio  de  apoderado  especial”.  De  la  misma manera arguye, que se hizo  una   indebida   aplicación   del   artículo   572  del  Estatuto  Tributario.   

Estima  la  Corte, que en el presente caso,  tanto  la sentencia de primera instancia objeto de tutela, como la decisión del  Tribunal   Superior  que  la  confirma,  fueron   consistentes  con  la  normativa  legal  vigente en la  materia  y con  la  jurisprudencia constitucional sobre el tema,   por   lo  que  no  incurrieron  en  los  defectos   alegados  por  el   accionante.   

-El   cargo que presenta el accionante  no  tiene  prosperidad  alguna, por cuanto las sentencias atacadas, argumentaron  precisamente  lo que el demandante echa de menos,  y es la existencia en la  referida  empresa,  tanto  de  un  gerente  como de un subgerente pero de manera  alternativa y no simultánea.   

Así,   dijo   el   fallo   del  Tribunal  Superior:   

“Según  los  estatutos  consignados  en  escritura  pública,  la  empresa comercial de que se habla,  en las etapas  conocidas,  designó  un  solo  gerente y un solo suplente de Gerencia con   facultades  para  reemplazarlo  en  faltas absolutas, temporales o accidentales;  esto   es,   quedó   claro   tratarse   de   una   facultad  alternativa  y  no  simultánea.   

En  segundo  lugar,  la  designación  de  FRANCISCO  ALBERTO  MONSALVE no generó variación estatutaria, pues sus deberes  y  obligaciones quedaron estipuladas en la escritura de constitución y en la de  su reforma.   

No  puede ser de recibo la excusa según la  cual  el  encargado de las obligaciones tributarias era el Departamento Contable  cuya  vigilancia corría por cuenta del contador, pues ni el Departamento citado  ni  el  contador  verifican  el  objeto  social, siendo su función de contenido  meramente técnico pero sin asumir la responsabilidad del Gerente.   

-La   sentencias  de  primera  y  segunda  instancia  dentro  del  proceso  penal ordinario se  fundamentan en que las  responsabilidades  tributarias  son  asumidas  directamente por el representante  legal   de   la  sociedad,  compromiso  que  puede  ser  delegado,  teniendo  la  obligación  de  informar  debida y oportunamente a la DIAN pues de lo contrario  se    entiende   que   aquél   asume   las   consecuencias   que   acarree   el  incumplimiento   de  las  obligaciones.  La  norma  que  el accionante  encuentra  inaplicada,  pero  que  fue  ampliamente  tratada por la sentencia de  primera  instancia,  es  una  disposición  de  representación más no de   responsabilidades  que era el tema comprometido en las sentencias ordinarias, de  allí,  que   el  artículo 572 del Estatuto Tributario, contrario a lo que  afirma  el  actor,  era  la  norma perfectamente aplicable al caso y que dice lo  siguiente:   

“Representantes  que  deben  cumplir  deberes formales. Deben cumplir los deberes formales de sus  representados, sin perjuicio de lo dispuesto en otras normas:   

“c)  Los gerentes, administradores y en  general  los representantes legales, por las personas jurídicas y sociedades de  hecho.  Esta  responsabilidad  puede  ser delegada en funcionarios de la empresa  designados  para  el efecto , en cuyo caso se deberá informar de tal hecho a la  administración  de impuestos y aduanas correspondiente.       

Igualmente  ,  la sentencia  avaló su  postura  en  lo  consignado  por  el  artículo  164 del Código de Comercio que  prescribe :   

   Por  ese  motivo,  la sentencia del  Juzgado 40 Penal del Circuito sostuvo :   

         …“  no  hay duda de que Francisco Alberto Monsalve  fungió  como   representante  legal  de  la  sociedad Imayinis durante los  años  1999  a 2000 época en la que se causaron las omisiones que son objeto de  juzgamiento.   

Ahora  bien, si como podemos razonablemente  colegir,  el  acusado delegó las funciones administrativas propias de su cargo,  y  por  ende,  lo  concerniente  a  la  declaración  de  impuestos,  recaudo  y  consignación  de  IVA  y  retención  en  la  fuente,  en el subgerente GONZALO  ARDILA,  lo  que  echa  de  menos este despacho es el acto formal de delegación  expresa  de  dichas  funciones,  con  aviso  oportuno  a  la  DIAN, para que las  responsabilidades  derivadas  de  su  incumplimiento  se radicaran en cabeza del  subgerente  y  no  del  representante legal, quien de antemano los tiene por ser  parte de su órbita de competencia.   

Igualmente consideró:  

“Tan conciente fue de esta responsabilidad  el  señor MONSALVE, que en el paginario  se observa su aceptación expresa  al  cargo  de  representante  legal  y  gerente  general  de  la  firma Imayinis  Comunicación  Global, manifestación que aparece avalada con su propia rúbrica  y  que  contradice  lo  que  expresó en su alegato final, cuando dijo que nunca  estuvo  vinculado  a  la  nómina  de  la empresa y que tampoco representó a la  sociedad.   

De  igual manera,  al tenor literal de  lo  consagrado  en  el  certificado  de existencia y representación legal de la  sociedad  y en sus propios estatutos sociales, no se deduce de ninguna manera un  ejercicio  simultáneo de la representación legal en cabeza del  gerente y  del  subgerente,  sin  o  una  subsidiariedad o suplencia en dichas funciones de  éste respecto de aquél”.   

Y avanzó diciendo:  

“De   acuerdo   con  la  jurisprudencia  constitucional,  como  quiera  que  no  es  el agente retenedor quien soporta la  carga  impositiva,  es decir, no es el sujeto pasivo de la relación tributaria,  se  convierte  entonces en intermediario entre los contribuyentes y el Estado, a  efectos  de  lograr  el  recaudo  de  los  tributos  de  aquellos  con destino a  éste.   En  tal virtud, la ley expresamente atribuyó a los representantes  legales  de  las empresas recaudadoras, dada la naturaleza de sus funciones, una  verdadera  posición  de  garantes, respecto del bien jurídicamente tutelado de  la  administración  pública  para  efectos  específicamente  tributarios,  de  suerte  que  si  no delegan esa responsabilidad en los términos previstos en el  Estatuto  Tributario,  deberá  entenderse  que  no  han renunciado a ella y que  lógicamente  la  asumen  íntegramente.  En  otras  palabras,  el  Gerente  nombrado  e inscrito en la Cámara de Comercio, mantiene su posición de garante  respecto  del bien jurídico protegido –  la administración pública- hasta tanto no surta el procedimiento  legal  de delegación expresa de la función que le es inherente en virtud de su  rol  como  representante  legal  de  la empresa, y que hace parte integral de su  ámbito de competencia por expresa disposición legal.”   

En  relación  con  el  cargo endilgado, la  sentencia del Juez 40 Penal del Circuito de Bogotá, indicó:   

Que no se arguya un posible desconocimiento  de  este  imperativo  legal( el comunicar a la DIAN la  delegación  de las responsabilidades tributarias) toda  vez   que   si  el  aquí  procesado  realmente  pretendió  desentenderse  como  representante  legal  de  las  obligaciones  tributarias  de  la empresa, debió  proceder  de  conformidad –  informar  oportunamente  a la DIAN-  sobre la identidad del encargado , con  la  constancia de su aceptación, obligación que bajo ningún pretexto  le  sería  dado  omitir,  en  el  caso de querer delegar esas funciones- máxime en  tratándose  de  una  persona  que  asume  la triple condición de representante  legal   de   una   compañía,   experto  en  negocios  y  relaciones  públicas  corporativas,  y  de  contera,  abogado  profesional y profesor universitario en  derecho.   

Según  lo  anterior,   las sentencias  motivo  de  tutela, no ignoraron, como lo quiere hacer ver el accionante, que la  ley  permite  que  la  representación de la empresa podía estar en cabeza  del   gerente   y   del   subgerente,   pero   advirtieron    que  si  bien  “es  posible  que  la  ley  y la costumbre mercantil  avalen  la  posibilidad  de  que   una  sociedad  anónima  sea  legalmente  representada  por una pluralidad de personas naturales, tal como pudo suceder en  este  caso,  lo  cierto  es  que  la  voluntad  de los socios de Imayinis no fue  precisamente  adoptar  esa  modalidad  de  representación  conjunta, sino, como  claramente  se  colige  de  las  normas estatutarias, optaron por establecer una  representación  subsidiaria  del  Subgerente(  como  representante suplente) en  caso  de  ausencia  absoluta,  temporal  o  accidental  del  gerente con iguales  facultades y limitaciones”.   

El   tema    de  la  delegación  de  funciones,  fue  paradójicamente, lo que ocupó toda la hermenéutica del fallo  de  primera  instancia,  aunque  el  accionante  así  no  lo  vea; de hecho, la  sentencia  sostuvo  también que había existido una violación al deber de  vigilancia  que  le  competía  claramente  al accionante frente a las supuestas  responsabilidades delegadas al subgerente. Por eso anotó:   

“cuando  el  procesado  alega  que  hubo  delegación  verbal  de   las  funciones  administrativas del representante  legal,  y con ellas  de las obligaciones tributarias de la empresa hacia el  subgerente,  tácitamente  esta invocando el principio de confianza, para ubicar  en  la  esfera  de  responsabilidad  del  señor  ARDILA CASTRO , los deberes de  recaudo  y  transferencia de tributos de la compañía ( Monsalve confió en que  ARDILA  asumiría y cumpliría las obligaciones que le delegó). Pero ocurre que  unas  de  las  excepciones  a  la  aplicación  del principio de  confianza  estriba  precisamente  en  el deber de vigilancia, cuando se tiene el control de  otros  que  están  bajo  su  dependencia, de suerte que quien tiene el deber de  vigilar  no puede alegar el principio de  confianza.  Por consiguiente  al  no  ejercer  su  deber  de  vigilancia,(  tal  como  lo reconoció el propio  procesado)  ni  desprenderse  de su posición de garante en la forma prevista en  las  normas  tributarias, el acusado infringió sus obligaciones de custodia del  bien  jurídico  que  se  encomendó, en tanto representante legal de la empresa  IMAYINIS  COMUNICACIÓN  GLOBAL  S.A. Luego, no puede alegar su inocencia por no  ocuparse  directamente  de  las  obligaciones  legales que le competían, habida  cuenta  que,  en  virtud  de  un  principio  general  del  derecho  y de la vida  práctica,  nadie  puede  alegar  a  su  favor su propia negligencia”        

A las claras se observa, que lo que hicieron  las  sentencias  atacadas   en  punto al primer defecto que le atribuyó el  accionante,  en nada se compadece con lo que resulta una “aplicación indebida  de  un  precepto  legal”  ora  por subsumir el caso en una norma evidentemente  inaplicable  ora  por  desconocer  la  norma cuyos efectos jurídicos se debían  atribuir  a  la  situación que en su momento dispuso el Juez natural para ello,  en  este  caso  el  Juez  40   Penal  del Circuito de Bogotá y el Tribunal  Superior   de   la  misma  ciudad,   pues  justificaron   y  motivaron  razonadamente  su  decisión  en  la  normativa pertinente, que a lo sumo, puede  tener   valoraciones  o  interpretaciones  diversas,  pero  jamás  constituyen  decisiones  caprichosas  y violatorias del ordenamiento jurídico como lo supone  la realización de una vía de hecho.   

Segundo  cargo. De  las  circunstancias expuestas en la demanda, podría  colegirse otro cargo,  que   aunque   tampoco  es  expreso,  parecería  estar   en  la  siguiente  dirección:  existió  vía  de hecho, quizás un defecto fáctico,  porque  no  se  tuvo  en  cuenta el material probatorio que sustentaba su presunción de  inocencia, y se aplicó responsabilidad objetiva.   

Con relación a este cargo, valga decir que  las  sentencias  objeto de tutela, se fundamentaron razonablemente y tuvieron el  cuidado  de  sustentar  su argumentación en la jurisprudencia constitucional, y  por  ello no se aprecia arbitrariedad alguna por parte de los jueces ordinarios,  ni  tienen  cabida  los cargos endilgados. Cuando se ataca una sentencia en sede  de  tutela,  lo que el juez analiza es si la providencia es inválida por violar  protuberantemente  el  debido  proceso,  (  lo  que  no sucede en este caso) sin  entrar  a  determinar  si  la  sentencia fue correcta o si el juez de tutela, de  haber  conocido  del caso como juez penal, civil, laboral o contencioso, hubiera  fallado  en  otro  sentido  o  fundándose  en argumentos diferentes. El juez de  tutela  no  sustituye al juez de instancia civil, penal, laboral, sino que juzga  la  validez  constitucional  de  su actuación. Por su parte, el juez ordinario,  que  se  basa  en  la  jurisprudencia  constitucional,  contenciosa, civil,  penal  o  laboral  aplicable al caso, no incurre en una vía de hecho, salvo que  ésta  sea  manifiestamente  contraria  a  un  derecho  fundamental.23   

Así,  se  aprecia  en  este  caso,  que la  sentencia  de  primera  instancia  cuya anulación se solicita por tutela, está  apoyada  en la jurisprudencia constitucional que declaró la exequibilidad de la  norma  que  regulaba la responsabilidad penal por omitir la consignación de las  retenciones  en  la fuente y del IVA, y trató precisamente el punto del cual se  queja  el  accionante,  el  de  la  posible responsabilidad objetiva en los  casos  de  agentes  retenedores. En efecto, la sentencia traída con pertinencia  por  el juez ordinario, señaló que  al radicar esa carga en cabeza de los  representantes  legales,  no  se  está asumiendo un criterio de responsabilidad  objetiva.   Así,  la  sentencia del Juzgado 40 Penal del Circuito citó la  sentencia    C-1140   de   2000    en   lo   pertinente   dijo:          

   

En consecuencia, mal puede afirmarse que la  norma  está  sancionando  al  representante  legal  de la sociedad por el sólo  hecho  de ostentar dicha condición, ya que su implicación deviene del hecho de  no  observar  el  deber  impuesto  por  la  ley  a la entidad que legítimamente  representa,  el  cual  conlleva,  como se dijo, a un apoderamiento arbitrario de  dineros   de   naturaleza   fiscal   y,   por   contera,  a  un  enriquecimiento  ilícito.   Que  la  ley  considere  responsable  al  representante  legal  de la sociedad cuando no se ha informado a la autoridad el  nombre  de  la  persona delegado para actuar como agente retenedor, no es asunto  que  viole  la  Constitución,  pues,  en  sentido estricto, es al representante  legal  a  quien  compete  asumir  directamente  esa  función y, por contera, la  responsabilidad  penal derivada de su incumplimiento. Ello es consecuente, si se  tiene  en  cuenta  que, en el ámbito de sus competencias legales y estatutarias  -lo  ha  dicho  la  Corte-,  es  deber  de  los administradores o representantes  legales  “gestionar las empresas evitando que al abrigo de su objeto social se  violen  las  normas  penales  y  se  generen  daños  a  la sociedad”.   

Por  lo  demás,  el  material  probatorio  allegado  al  expediente,  fue con detalle analizado en las sentencias objeto de  tutela,  y  no se advierte el posible defecto fáctico, (aquel que implica,  falta  de  valoración  o  defectuosa  valoración  del material probatorio). La  sentencia  del  Tribunal   Superior de Bogotá,  inclusive, discrimina  cada  una de las piezas procesales del proceso ordinario para concluir que ( i )  conforme  los  estatutos  de  la empresa,  Ardila reemplazaba al gerente en  sus  faltas,  sin que  de ello se pueda generar el entendimiento de que los  deberes  de  aquél los asumía éste, mucho menos los tributarios; (ii) sostuvo  la  sentencia  del  Tribunal  que  a  la  luz  de  las pruebas allegadas al  expediente,  los  estatutos de la empresa no fueron modificados en el momento de  asumir  Monsalve  y  por  ello  es  necesario  concluir,   que  a  éste le  correspondían  los mismos deberes de su antecesor, quien en el plenario sostuvo  que  las  obligaciones  tributarias  eran de su mayor prioridad; (iii) entendió  igualmente  la  sentencia  que dada la connotación del cargo que ostentaba y la  ausencia  de  comunicación  a  la   DIAN  sobre  quién  ejercitaría  las  funciones  de  agente  retenedor,  las excusas sobre los acuerdos internos de la  empresa   no   pueden   oponerse   a   la  administración  de  impuestos.    

En  suma,  la  Corte  concluye  que  en las  providencias  cuestionadas  no  se evidencia  ninguna causal de procedencia  de   la   acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales.  Como  se   demostró,  aquéllas  no son  el producto de un actuar caprichoso  de  los  jueces, sino de la conjunción de la apreciación de las pruebas de acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana crítica y la interpretación legal de las normas  aplicables  al  caso concreto, que le permitieron llegar a la convicción de que  se    estructuraban    los    elementos    del    tipo    penal   endilgado   al  accionante.   

Se  confirmarán entonces las sentencias de  instancias,   pero   por  los  argumentos     expuestos  en  este  fallo.         

   

V.- DECISIÓN.  

RESUELVE:  

Primero:  CONFIRMAR,  pero  por  las razones  expuestas  en  este fallo, la sentencia  proferida  por  el  Consejo  Superior  de la Judicatura  con fecha del 1° de abril de  2009,   que   había  negado  la  tutela  por  la  falta  de  inmediatez  en  la  presentación   de   la   demanda   y   por   no  cumplirse  el  presupuesto  de  subsidiariedad.   

Segundo:   Por  Secretaría      General,     LÍBRENSE  las  comunicaciones  a  que se refiere el artículo 36 del Decreto  2591 de 1991.   

Notifíquese,  comuníquese,  publíquese e  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional. Cúmplase.   

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado Ponente  

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO  

Magistrado  

GABRIEL      EDUARDO     MENDOZA  MARTELO   

Magistrado  

MARTHA     VICTORIA     SÁCHICA     DE  MONCALEANO   

Secretaria General  

    

1  T-  296 de 2009 M.P. Luis Ernesto Vargas Silva   

2 Ver,  entre  muchas  otras,  las  sentencias  T-389/07, T-907/06, SU-881/05, C-590/05,  T-642/05,    T-1042/04,   T-701/04,   SU-159/02,   SU   1184/01,   T-1030/01   y  T-231/94.   

3  Al  respecto, ver las sentencias C-590/05, T-701/04   

4 Sobre  este carácter ver las sentencias T-055/08, T-593/07.   

5 Ver,  entre   otras,  las  sentencias  C-800A-02,  SU-1184/01,  T-983/01,  T-231/94  y  T-173/93   

6  Ibídem.   

7 Ver  sentencia C-590/05.   

8  Sentencia T-522/01.   

9 Cfr.  Sentencias T-462/03; SU-1184/01; T-1625/00 y  T-1031/01.   

10  Ibídem.   

11  T-942 de 2007   

12  T-519 de 2006.   

13 Lo  anterior  en  nada  pugna  con el principio según el cual, la acción de tutela  puede  interponerse en cualquier tiempo y no tendrá término de caducidad, pues  el  hecho  de que la tutela no pueda rechazarse por el simple paso del tiempo no  significa  que  al  analizar  la  vulneración  del  derecho fundamental el juez  considere  que el daño ya no es actual o que el perjuicio no es inminente. Así  lo  reconoce  la  jurisprudencia  constitucional  desde  la  Sentencia SU-961 de  1999.   

14  Sentencia T-570 de 2005.   

15 En  la  sentencia  T-185  de 2007 (MP: Jaime Araújo Rentería) la Corte conoció de  un  caso  en  el  que  un  ex  docente  del  municipio  de Pueblo Nuevo-Córdoba  reclamaba  la  vulneración a su derecho a la igualdad toda vez que el municipio  no  le  había cancelado prestaciones sociales por los servicios prestados en el  año  2002  bajo  una  orden  de prestación de servicios. Lo anterior ya que en  sentencias  de  esta Corporación de los años 1997 y 1999 se había determinado  que  el pago de dichas prestaciones era procedente en los casos de contratación  bajo  órdenes de prestación de servicios en los casos en que se constatara una  relación   de   subordinación  y  dependencia  del  contratista  frente  a  la  administración.  La Corte determinó que la acción de tutela no era procedente  toda  vez  que  no  cumplía  con  los  requisitos de inmediatez y subsidiaridad  establecidos por la jurisprudencia de la Corte Constitucional.   

16  Estos   criterios   aparecen  claramente  referenciados,  entre  otras,  en  las  sentencias T-905 de 2006 y SU-961 de 1999.   

17  Sentencia  T-185  de  2007  MP:  Jaime  Araújo Rentería. Ver, entre otras, las  sentencias  T-1000  de 2006 MP: Jaime Araujo Rentaría, T-1050 de 2006 MP: Jaime  Araújo Rentería, T-1056 de 2006 MP: Jaime Araújo Rentería.   

18  Representar   a  la  sociedad judicial y extrajudicialmente y usar la firma  social;  ejecutar  y  hacer  cumplir los acuerdos de la asamblea general y de la  junta  directiva y convocarlos a reuniones ordinarias o extraordinarias; nombrar  y  remover  libremente  los  empleados  de  la  sociedad;  constituir   los  apoderados   judiciales   o   extra   judiciales  necesarios  para  la  adecuada  representación  delegándoles las funciones que estime convenientes; enajenar o  gravar  totalmente  la  empresa  previa  autorización de la asamblea general de  accionistas;  ejecutar  por  sí  mismo  los  actos  cuyos  contratos tiendan al  desarrollo  del  objeto  social  pudiendo comprar o adquirir en cuantía igual o  inferior  a  50  salarios  mínimos  legales  diferentes  negocios taxativamente  indicados;  presentar  a la asamblea general de accionistas informe detallado de  la  marcha  de  los  negocios   y  las  reformas necesarias; presentar a la  asamblea  general  de accionistas el balance e inventarios generales y el estado  de perdidas o ganancias.   

20  T-907 de 2006.   

21 T-  555 de 2008   

22  Sentencia T-933 de 2003.   

23  T-1042 de 2004     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *