T-949-09

Tutelas 2009

    SENTENCIA T-949-09  

(Diciembre 16; Bogotá D.C.)  

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Causales de procedibilidad   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Clases de defectos   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES  POR  DESCONOCIMIENTO  DEL  PRECEDENTE  JURISPRUDENCIAL  DE  LA CORTE  CONSTITUCIONAL-Formas  en que puede ser desconocida la  jurisprudencia   

La  jurisprudencia de la Corte Constitucional  puede  ser desconocida de cuatro formas: (i) aplicando disposiciones legales que  han  sido  declaradas  inexequibles  por  sentencias de constitucionalidad; (ii)  aplicando  disposiciones  legales  cuyo  contenido  normativo ha sido encontrado  contrario   a  la  Constitución;  (iii)  contrariando  la  ratio  decidendi  de  sentencias  de  constitucionalidad;  y  (iv)  desconociendo  el  alcance  de los  derechos  fundamentales fijado por la Corte Constitucional a través de la ratio  decidendi de sus sentencias de tutela.   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES  QUE  DESCONOCEN  LA  RATIO  DECIDENDI  DE SENTENCIAS DE TUTELA DE LA  CORTE CONSTITUCIONAL-Configuración   

PRINCIPIO   DE   LA   BUENA  FE-Fundamento  constitucional/PRINCIPIO DE LA  BUENA FE-Límites y condicionamientos   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA   CONSEJO  DE  ESTADO-Improcedencia   por  cuanto  no  se  configura  defecto   fáctico   o  defecto  sustantivo/ACCION  DE  TUTELA-Inexistencia  desconocimiento  del  precedente  jurisprudencial de la Corte Constitucional   

Referencia:        Expediente           T-2.114.792.   

Accionante:  Luis  Alberto Cerquera Escobar.   

Sección Quinta.  

Fallos  de  tutela  objeto  de  revisión:  Sentencia  del  Consejo  de  Estado,  Sala Contencioso  Administrativa, Sección Primera del 4 de septiembre de 2008.   

Magistrados   de   la   Sala   Quinta   de  Revisión:  Mauricio  González  Cuervo, Jorge Ignacio  Pretel Chaljub y Nilson Pinilla Pinilla.   

Magistrado    Ponente:    Mauricio González Cuervo   

I.- ANTECEDENTES.  

1.- Demanda y pretensiones.  

1.1.-  Derechos  fundamentales  vulnerados:  debido  proceso en conexidad con el derecho de defensa  y  de  contradicción,  (artículo 29 C.P.), participación política (artículo  40 C.P.) y buena fe (artículo 83 C.P.).   

1.2.- Causa  de  la  vulneración  alegada:  Expedición  de  la sentencia de    abril    17   de   2008,  mediante la  cual   el   Consejo   de  Estado,  Sala  Contencioso  Administrativa,   Sección  Quinta,  accedió  a  las  pretensiones  de  la  demanda  de nulidad  electoral  interpuesta por el ciudadano Salomón Motta Manrique y  declaró  la  nulidad  del  Acuerdo  013 de 2007 (2 de  mayo)  por  el cual el Consejo Superior de la Universidad Surcolombiana designó  al  tutelante  como  Rector,  para  el periodo comprendido entre el 2 de mayo de  2007 y el 1º de mayo de 2011.   

1.3.  Pretensiones:  A raíz de  esto,  solicita que se dejen sin efecto la decisión judicial atacadas, al igual  que   todas   las   actuaciones  administrativas  surtidas  con  base  en  dicha  providencia  y  se  le  reinstituya como rector de la Universidad Surcolombiana.   

1.4.       Fundamentos      de      la  pretensión.   

1.4.1.  Hechos relevantes que antecedieron a  la decisión judicial atacada:   

    

1. El  accionante  participó  en  el  proceso  electoral  para  la  provisión  del  cargo de rector de la Universidad  Surcolombiana,  institución  educativa  de  carácter  público, para ocupar el  cargo en el periodo del 2 de mayo de 2007 al 1º de mayo de 2011.     

    

1. Dentro  de  los  requisitos  para  inscribirse   en  el  proceso  electoral  se  debía  presentar  “certificado  de  antecedentes  disciplinarios  del  ejercicio  de la  profesión  expedidos  por  la  autoridad  o  entidad  competente con fecha no superior a treinta días […]  No  se  aceptará  la  aportación  de  nuevos  documentos o el cambio de los ya  incorporados      una      vez     efectuada     la     inscripción”1.     

    

1. El accionante, con miras a cumplir el  requisito   antes   reseñado,   aportó   una  certificación  de  antecedentes  disciplinarios  del ejercicio de la medicina expedido por el Colegio de Médicos  del  Departamento del Huila. Esto lo hizo, según él, por cuanto en procesos de  elección  anteriores  había  aportado  este  mismo documento y el mismo había  sido  recibido  sin  objeción  por  el  Consejo  Académico  de la Universidad.  Igualmente,  consideró  que  el  Colegio  de Médicos del Huila era una entidad  competente  para  certificar los antecedentes disciplinarios de los médicos del  departamento,  en  especial  por  cuanto  tiene la potestad de imponer sanciones  gremiales   de   acuerdo   con   los   reglamentos  de  la  Federación  Médica  Colombiana.     

    

    

1. Esta  posición fue reiterada en el  acta  004  del  Consejo Superior Universitario en la que se aceptó el aporte de  certificaciones  de  otras entidades y agremiaciones médicas y se establecieron  mecanismos  de  convalidación  y  corrección  para  el proceso electoral. Para  esto,  se  dispuso  que  el  Tribunal de Ética Médica y el Consejo Nacional de  Economistas  podían  ser  consultados  con miras a definir si los profesionales  aspirantes   tenían   algún   antecedente   disciplinario  o  no  –en las respectivas profesiones- en los  casos  en  los que los aspirantes habían acudido a otras entidades para obtener  la  certificación.  Igualmente,  con  miras a facilitar el proceso electoral se  determinó  que los aspirantes al cargo podrían aportar la certificación sobre  antecedentes  disciplinarios hasta tanto no se realizara la elección, es decir,  se   amplió   el   plazo   para   la  presentación  del  documento2.     

    

1. El  13  de  febrero  de  2007,  y  atendiendo  la  decisión  del Consejo Académico antes reseñada, el accionante  procedió  a  aportar  sendos  certificados,  esta vez expedidos por el Tribunal  Nacional  de  Ética Médica y el Tribunal de Ética Médica de Cundinamarca, en  donde    consta    que    no   tiene   antecedentes   disciplinarios3,  aunque  lo  hizo  en  el  periodo  ampliado  por  el  Consejo  Superior  de  la institución  académica.     

    

1. Para   el  accionante,  con  las  anteriores  certificaciones,  él  logró  demostrar la ausencia de antecedentes  disciplinarios,  y  con  ello,  cumplió los requisitos para acceder al cargo de  rector  en  cumplimiento  de  los  estatutos de la Universidad Surcolombiana, en  especial  porque  estaba  cobijado por la presunción de buena fe, consagrada en  el Art. 83 de la Constitución.     

    

1. Fue así como el Consejo Superior de  la   Universidad  designó  al  accionante  en  el  cargo  de  Rector,  mediante  resolución 013 del 2 de mayo de 2007.     

    

1. Posteriormente,  se  interpuso  la  demanda  de  nulidad  electoral  por  parte  del  apoderado  judicial del señor  Salomón  Motta  Manrique,  con  el  fin  de que se anulara la resolución antes  mencionada.   De  la  demanda  se  destacan  los  siguientes  hechos4:     

     

* La  demanda  subrayó  que  en medio del proceso electoral había surgido la duda de  cuál  entidad  era  la  competente  para certificar la ausencia de antecedentes  disciplinarios,  duda  que  fue  contestada  el  27  de  febrero  de 2007 por el  Director   General   del   Ministerio   de   Protección   Social   –  Dirección de Análisis y Política  de  recursos  Humanos,  por  solicitud de la oficina Jurídica de la Universidad  Surcolombiana.  En  la  respuesta  se  conceptuó  que  el  Decreto  3380  en su  artículo  35 dispone que el ente encargado de la certificación de antecedentes  disciplinarios  en  el  caso  de  la medicina es el Tribunal Seccional de Ética  Médica,  y  que a falta del mismo sería el que designara el Tribunal Nacional,  que  en el caso del Huila, a falta de un seccional, la certificación debía ser  expedida   por   el  Tribunal  Seccional  de  Ética  Médica  de  Cundinamarca.   

* A  pesar  del anterior concepto, el Consejo Superior de la Universidad se adelantó  a  que  se  profiriera  una respuesta y el 6 de febrero de 2007 le dio validez a  las  certificaciones  presentadas,  incluida la del accionante, aduciendo que el  Colegio   Médico   del   Huila   si   era  competente  para  conocer  de  temas  disciplinarios.  A pesar de lo anterior, para algunas otras profesiones como por  ejemplo   la  ingeniería,  no  se  aceptó  que  se  certificaran  antecedentes  disciplinarios  por parte de entidades distintas a las que las leyes que regulan  dichas   profesiones   disponían   como   organismos  de  vigilancia  ética  y  disciplinaria.   

* Señala   que  ante  las  denuncias  de  otros  aspirantes  por  la  decisión   frente   a   las   certificaciones   referidas  a  la  medicina,  la  Procuraduría  Regional  del  Huila  adelantó  una Acción Preventiva en la que  sugirió  la  presencia  de  irregularidades  en el proceso por la decisión del  Consejo  Superior  de  darle  validez  a  las certificaciones de antecedentes de  organismos  que  no  tenían  la  competencia para expedirlos, pues debían solo  tenerse  como  válidas  aquellas  provenientes de aquellas entidades que la ley  faculta para ello.   

* Señala  que  la  terna de participantes en el proceso se conformó  el  21 de marzo de 2007, en el acta 007, en donde se incluyeron a los candidatos  Luis  Alberto  Cerquera  (el  accionante),  Nelson  López  Jiménez  y  Armando  Criollo.   

* En  el  proceso  de  elecciones, adelantado el 19 de abril de 2007, resultó ganador  el  candidato Luis Alberto Cerquera (el accionante), seguido del voto en blanco,  luego Armando Criollo y finalmente Nelson López.   

* Por   las   modificaciones   introducidas  durante  el  proceso  de  selección,  dicha  elección  debería anularse, puesto que al final el elegido  no  cumplió con los requisitos del concurso y por ende no podría desempeñarse  como rector de la universidad.     

    

1. El  Consejo de Estado en sentencia  del   17   de   abril  de  2008  decidió  la  acción  electoral  y  determinó  que:     

     

* Se  estableció  que:  “De acuerdo a la norma transcrita  [refiriéndose  a la Ley 23 de 1981 y al Decreto 3380  de  1981]  y analizando las facultades conferidas por  la  Ley  al  Tribunal  de  Ética Médica es forzoso concluir que no existe otro  órgano  o  Ente diferente que pueda instruir los procesos ético disciplinarios  que  se  susciten  con ocasión del ejercicio de la medicina, pues la norma solo  contempla  dicha competencia en cabeza del Tribunal Nacional o de los Tribunales  Seccionales   de   acuerdo   a   los  artículos  67  y  84  de  la  Ley  23  de  1981”5.   

* Determinó  que  los  certificados  allegados  por  el  accionante,  expedidos  por  los  Tribunales  Nacional  y Seccional de Cundinamarca de Ética  Médica,   fueron   allegados   extemporáneamente6.   

* Descartó  la  posibilidad  de  darle validez a las certificaciones  del  Colegio  de Médicos del Huila, por cuanto la ley reserva dicha competencia  a  los Tribunales de Ética Médica, y los primeros son simples agremiaciones de  carácter    privado    a    las    que    no   se   les   ha   asignado   dicha  competencia.   

* El  hecho  de  haberle  reconocido  validez  al documento expedido por el Colegio de  Médicos  del  Huila  desconoce el reglamento del proceso de elección contenido  en   el   Acuerdo   031   de   2004,  en  concreto  su  artículo  87.   

* La  sentencia  declaró la nulidad del acto administrativo que declaró la elección  del  accionante  como  rector de la Universidad Surcolombiana (Acuerdo 013 del 2  de  mayo de 2007), decisión “que se circunscribe al  no   cumplimiento   del   requisito   de  antecedentes  disciplinarios  para  la  inscripción  al  proceso  de  selección de la Universidad por parte del Señor  Luis  Alberto  Cerquera,  sin  que  se  haya demostrado en el sub lite que dicho  certificado  se  aportó  en  el  término  estipulado en el acuerdo 058 de 2006  […   en   especial   por   cuanto…]  el  Colegio  Médico  del Huila no era competente para expedir la  certificación  de antecedentes disciplinarios de la profesión, en el entendido  que   sólo   las  autoridades  competentes  pueden  ejercer  la  inspección  y  vigilancia    sobre    el    ejercicio    de    las   profesiones   […]”8.     

1.4.2. Fundamento jurídico de la acción de  tutela   

El  accionante  considera que en la decisión  atacada     se    presentan    las    siguientes    causales    genéricas    de  procedibilidad:   

    

* Defecto fáctico.   

* Defecto sustantivo.   

* Desconocimiento del Precedente Constitucional.   

* Defecto Orgánico.     

En  opinión  del accionante, estos defectos,  que afectaron sus derechos, se produjeron por cuanto:   

    

1. El Consejo de Estado no se pronunció  sobre  los  principios  de  buena  fe y la confianza legítima que motivaron las  actuaciones del actor.   

2. No  se  tuvo  en  cuenta  que  las  decisiones  del Consejo Superior de la Universidad en torno a buscar espacios al  interior  del  proceso  de  selección  para  sanear ciertas omisiones y validar  ciertos  requisitos,  se  encaminaban a hacer realidad el derecho sustancial por  encima  del  procedimental,  en  especial porque finalmente lo que se pretendía  era  la  demostración  de la ausencia de antecedentes disciplinarios, cuestión  que  fue  claramente  probada  por  el  accionante  a  lo  largo  del proceso de  elección.  Así,  la  providencia  desconoce  en  absoluto  que  el  tema de la  convalidación  que  fue  presentado  extensamente  en  la  contestación  de la  demanda y guarda un silencio lesivo sobre este tema.   

3. La sentencia no se ocupó de definir  el  tema  de  la  competencia de otras instituciones diferentes a los tribunales  médicos para expedir certificados de antecedentes disciplinarios.   

4. La  sentencia  se  equivocó  al  considerar   que   la  única  oportunidad  para  aportar  los  certificados  de  antecedentes  era  el  inicialmente  establecido,  desconociendo  que  este  fue  posteriormente  modificado  por el Consejo Superior y aún más desconoce que el  mismo   organismo  implementó  un  proceso  de  convalidación  en  el  que  el  certificado del accionante fue aprobado.   

5. La   providencia   se   refiere  extensamente  a  los argumento del demandante, pero guarda silencio frente a los  presentados  en  la oposición a la demanda por el accionante, con lo cual no se  satisface  los  claros  mandatos  del  artículo  170  del  Código  Contencioso  Administrativo   que   obliga  no  solo  a  pronunciarse  en  relación  con  la  excepciones,  sino  también  en  relación  con  la plenitud de argumentaciones  presentadas por las partes.   

6. Se    desconocen    preceptos  constitucionales  y  derechos fundamentales como la autonomía universitaria, la  confianza    legítima,    el    debido   proceso   y   la   participación   en  política.     

2. Respuesta de la accionada.  

Los  Consejeros  de  la Sección Quinta, Sala  Contencioso     Administrativa     del     Consejo    de    Estado,    guardaron  silencio.   

La  admisión  de  la  acción  de tutela fue  igualmente  notificada  al  Presidente  del  Consejo  Superior de la Universidad  Surcolombiana,  Giovanni  Cortés  Serrano,  quien  se  pronunció  como tercero  interviniente,  manifestando  su  compromiso  de acatar la decisión del juez de  tutela9.  En  el  mismo  sentido  se  pronunció  el Consejo Superior de la  Universidad  Surcolombiana, en comunicación suscrita por su secretario, Alberto  Polanía                   Puentes10.   

3.  Decisión  de tutela objeto de revisión:  Sentencia  del  Consejo  de  Estado,  Sala Contencioso  Administrativa,  Sección  Primera,  del  4  de  septiembre  de 200811.   

La  Sección  Primera  de  la  Sala  de lo Contencioso Administrativo del  Consejo  de  Estado negó el  amparo constitucional solicitado.   

Advirtió que dicha Sección, con fundamento  en  la  jurisprudencia  emitida  por  la  Corte  Constitucional  contenida en la  sentencia    C-543    de    1992,   ha   señalado12  que  la  acción de tutela  solo  procede  contra  providencias judiciales en firme  cuando  se  lesione  el  derecho  a  acceder  a  la Administración de Justicia,  proclamado en el artículo 229 de la Constitución Política.   

Teniendo  en  cuenta lo anterior, conceptuó  que  al  actor  se  le  garantizó  su  derecho  al  debido proceso pues tuvo la  oportunidad  de  ejercer su derecho de defensa, contestar la demanda y solicitar  pruebas,  situación  que  se  evidenció,  por  ejemplo,  cuando  el accionante  propuso  la  excepción  de  inepta  demanda,  que  fue oportuna y completamente  analizada  en  la  por  la  Sección  Quinta en la sentencia de que resolvió la  acción de nulidad electoral.   

Además de este aspecto procedimental, en el  fallo  se  realizó  un  análisis  de  las  normas  superiores  invocadas  como  violadas,  que  después  de  un proceso argumental carente de arbitrariedades o  irregularidades,  llevó  a  la  decisión de declarar nulo el acto de elección  del reclamante como Rector de la Universidad Surcolombiana.   

Para la Sala, contrario a lo afirmado por el  actor,  no  resultaba cierto que la sentencia de la Sección Quinta careciera de  motivación  conforme  lo  dispone  el  artículo  170  del  Código Contencioso  Administrativo,   por   cuanto   se  analizaron  los  hechos  fundamento  de  la  controversia,  se  valoraron las pruebas, se interpretaron las normas jurídicas  pertinentes,   siempre   teniéndose  en  cuenta  los  argumentos  de  la  parte  demandante,  al  igual que aquellos contenidos en la excepción propuesta por el  apoderado del señor Cerquera Escobar.   

Apareciendo las circunstancias del caso como  respetuosas  de  los  derechos  de  las  partes,  advirtió  que “dentro  de  las atribuciones del juez de tutela no está inmiscuirse  en  el trámite de un proceso judicial, ni adoptar decisiones paralelas a las de  quien  lo  conduce,  ni  modificar  las  providencias dictadas por este, pues se  quebrantarían   las   formas   propias   de  cada  juicio  y  la  autonomía  e  independencia   funcionales   y  la  desconcentración  que  caracterizan  a  la  Administración  de  Justicia,  contraviniendo  lo establecido en los artículos  29,  228  y  230  de  la  Constitución”13, en especial  porque  la tutela no se instituyó para reabrir el debate sobre controversias ya  decididas.   

Finalmente  determinó  que el accionante no  logró   demostrar  la  ocurrencia  de  un  perjuicio  irremediable  puesto  que  continuaba  vinculado como docente a la propia Universidad Surcolombiana, lo que  aunado  a  la  ausencia  de vulneración de sus derechos por la decisión tomada  por  la  Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo  de Estado, hacía inviable la concesión del amparo.   

4.  Actuación  de la Corte Constitucional en  Sede de Revisión.   

Por medio de auto del veintidós (22) de mayo  de       dos       mil       nueve       (2009)14,   esta   Sala   determinó  vincular  como  tercero  interesado  en  el  proceso al señor Hernando Ramírez  Plazas,  rector  actual  de  la Universidad Surcolombiana, y a su vez, suspender  los términos para proferir la decisión.   

En   su  respuesta  ante  el  requerimiento  realizado,  el  señor  Ramírez  Plazas,  a  través de apoderado, recordó las  reglas  de  procedencia  de la tutela contra providencias judiciales15  y reiteró  el  carácter  excepcional  que  tiene  la  tutela  para controvertir decisiones  judiciales,  en especial por la prevalencia del principio de independencia de la  administración de justicia.   

Se opuso además a las pretensiones del actor  al  considerar  que  la  sentencia  de la Sección Quinta de la Sala Contencioso  Administrativa  del  Consejo  de  Estado  en  la  que se decretó la nulidad del  proceso  electoral si tuvo en cuenta los argumentos expuestos por el actor en su  contestación  de  la demanda y realizó un análisis adecuado y de fondo de los  aspectos  sustanciales  del  caso,  de  modo  que  no encuentra justificados los  alegatos  del  accionante  en  torno  a  la  ocurrencia  de  defectos fácticos,  orgánicos,   “procedimientos  fácticos”16 y de omisión del precedente  jurisprudencial,   de   modo  que  consideró  “como  temerarios      e      injustos      los      cargos      formulados”17,  en  contra de la sentencia  atacada.   

Finalmente  señaló  que,  a  pesar  de  lo  sostenido   por   el   actor,   “repugna  a  nuestro  ordenamiento  jurídico”18  que se tengan como válidas  certificaciones  de  antecedentes disciplinarios expedidas por organizaciones no  facultadas  para  hacerlo,  destacando que tal circunstancia no desaparece ni se  soluciona  recurriendo  al  principio  de  confianza  legítima, “ni    aplicando    lo    inaplicable,    como    el   artículo   83  Constitucional”19.   

II.     Consideraciones.   

1. Competencia.  

La  Corte  Constitucional, a través de esta  Sala,  es  competente para revisar las providencias proferidas por los jueces de  instancia  dentro  del proceso de la referencia, en desarrollo de las facultades  conferidas  en  los  artículos  86  y  241,  numeral  9º , de la Constitución  Política,  de conformidad con los artículos 33 a 36 del Decreto 2591 de 1991 y  en  cumplimiento del Auto del veinte (29) de enero de dos mil nueve (2009) de la  Sala  de  Selección de Tutela Número Uno de la Corte Constitucional, por medio  del cual se seleccionó el proceso para su revisión.   

2.        Cuestiones        de  constitucionalidad.   

     

1. ¿Se  ha  desconocido  el  derecho  al  debido  proceso del actor al  haberse  dictado  una  sentencia  que  supuestamente  ha  incurrido  en  defecto  fáctico,  por  la omisión en la consideración de circunstancias fundamentales  del  caso y de los argumentos de la contestación de la demanda en el proceso de  nulidad electoral?     

     

1. ¿Se   ha  incurrido  en  defecto  sustancial  por  parte  del  Juez  competente   al  interpretar  y  determinar  las  condiciones  aplicables  a  un  procedimiento  electoral,  teniendo  en  cuenta  que durante el mismo las reglas  fueron  modificadas  por  el  ente  encargado de la realización del mismo y que  dichas  modificaciones  fueron  consideradas  inválidas  en medio de un proceso  judicial de nulidad electoral?     

     

1. ¿Se  ha  incurrido  en  desconocimiento del principio de buena fe y  del  precedente  jurisprudencial  en  torno al mismo, al adoptarse una decisión  judicial  que  anula  la  elección  de  una  persona a través de un proceso de  nulidad   electoral,   una   vez   este   ya   ha   sido   posesionado   en   el  cargo?     

3. Consideraciones generales.  

3.1.  Procedencia  de  la  acción  de tutela  contra     sentencias     o     actuaciones    judiciales.    Reiteración    de  Jurisprudencia.   

Teniendo en cuenta que según el artículo 86  de  la  Carta  Política  la acción de tutela es un mecanismo concebido para la  protección   inmediata   de   los   derechos   constitucionales   fundamentales  “cuando  quiera  que  estos  resulten  vulnerados  o  amenazados   por   la   acción   o   la   omisión   de   cualquier   autoridad  pública”,   el  ámbito  de  protección  de  este  mecanismo  preferente  y  sumario  se  extiende  a  las  decisiones  del aparato  judicial,  y  aunque  se reconoce la existencia del valor de la cosa juzgada, la  garantía  del principio de seguridad jurídica y, la autonomía e independencia  que  caracteriza  a  la jurisdicción, la primacía de la Constitución y de los  derechos  de  los  ciudadanos  obliga a que dichas actuaciones se adecúen a los  altos   mandatos   y   valores   que   inspiran  el  funcionamiento  de  nuestro  Estado.   

Así,  se impone la procedencia de la acción  de   tutela   contra   providencias   judiciales,   aunque   con   un  carácter  excepcional20.  De este modo, cuando la providencia atacada vulnere o amenace los  derechos  fundamentales  de  una  persona  y  no  exista otro mecanismo judicial  idóneo  a  su  disposición, deberá intervenir el juez de tutela para corregir  la  situación  y con ello hacer primar el derecho al debido proceso, consagrado  en  el  artículo 29 de la Constitución. Al respecto, la Corte ha sostenido que  “no  cabe  duda  alguna  sobre  la procedencia de la  acción   de   tutela   para  proteger,  de  manera  subsidiaria,  los  derechos  fundamentales  que puedan resultar vulnerados o amenazados por cualquier acción  u  omisión  de  los  jueces  de  la  República”21.   

La Doctrina de la Corte Constitucional frente  al  tema  de la procedencia de la tutela contra providencias judiciales tiene un  hito  en  la sentencia C-543 de 1992. En ella, aparte de declararse inexequibles  los  artículos 11, 12 y 40 del Decreto 2591 de 1991, se admitió la posibilidad  de  controvertir  decisiones  judiciales por vía de tutela, pues se aceptó que  la  misma  era procedente contra éstas en aquellos casos en los que, a pesar de  darse  la  apariencia  de  adecuación  con las formas jurídicas aplicables, se  configurara  lo  que se denominó una “vía de hecho”, que por su naturaleza  misma,  va  en  contra  de  los  derechos fundamentales del afectado22.  Posteriormente  y  luego de la consolidación de la teoría de la vía de hecho,  la  doctrina  Constitucional  sufrió  una  significativa evolución23   que  se  concretó,  entre  otras,  en  la sentencia T-462 de 2003, en la que se elaboró  una  clara  clasificación  de  las  causales  de  procedibilidad de la acción.  “En  dicho  fallo,  la  Sala  Séptima  de Revisión  indicó   que  la  acción  constitucional  resulta  procedente  únicamente  en  aquellos  eventos en los cuales, con ocasión de la actividad jurisdiccional, se  vean  afectados  los derechos fundamentales al verificar la ocurrencia de uno de  los  siguientes eventos: (i) defecto sustantivo, orgánico o procedimental, (ii)  defecto  fáctico,  (iii)  error  inducido,  (iv) decisión sin motivación, (v)  violación   directa   de   la   Constitución   y,   (vi)  desconocimiento  del  precedente”24.   

La  Corte  igualmente precisó los requisitos  generales  de  procedencia de la acción de tutela contra decisiones judiciales,  determinando     que     son    los    siguientes25:   

a. Que la cuestión que se discuta resulte de  evidente   relevancia   constitucional.   Como   ya   se   mencionó,   el  juez  constitucional  no  puede entrar a estudiar cuestiones que no tienen una clara y  marcada  importancia  constitucional  so  pena  de  involucrarse  en asuntos que  corresponde   definir   a   otras   jurisdicciones26. En consecuencia, el juez de  tutela  debe  indicar  con toda claridad y de forma expresa porqué la cuestión  que  entra a resolver es genuinamente una cuestión de relevancia constitucional  que afecta los derechos fundamentales de las partes.   

b.   Que   se   hayan  agotado  todos  los  medios    -ordinarios  y  extraordinarios-   de  defensa  judicial  al  alcance  de la persona afectada, salvo que se trate de evitar la consumación de  un    perjuicio    iusfundamental    irremediable27.   De  allí que sea un  deber  del  actor  desplegar  todos  los mecanismos judiciales ordinarios que el  sistema  jurídico  le  otorga  para la defensa de sus derechos.  De no ser  así,  esto  es,  de  asumirse  la  acción  de  tutela  como  un  mecanismo  de  protección  alternativo,  se  correría el riesgo de vaciar las competencias de  las   distintas  autoridades  judiciales,  de  concentrar  en  la  jurisdicción  constitucional  todas  las  decisiones  inherentes  a  ellas  y  de propiciar un  desborde  institucional  en  el  cumplimiento  de las funciones de esta última.   

c.  Que  se  cumpla  el  requisito  de  la  inmediatez,  es  decir,  que  la  tutela  se  hubiere interpuesto en un término  razonable    y    proporcionado   a   partir   del   hecho   que   originó   la  vulneración28.   De  lo  contrario,  esto  es, de permitir que la acción de  tutela  proceda  meses  o  aún  años  después  de  proferida la decisión, se  sacrificarían  los  principios  de  cosa  juzgada  y seguridad jurídica ya que  sobre  todas  las  decisiones judiciales se cerniría una absoluta incertidumbre  que  las desdibujaría como mecanismos institucionales legítimos de resolución  de conflictos.   

d.  Cuando  se  trate  de  una irregularidad  procesal,   debe   quedar  claro  que  la  misma  tiene  un  efecto  decisivo  o  determinante  en  la  sentencia  que  se  impugna  y  que  afecta  los  derechos  fundamentales     de     la     parte     actora29.    No   obstante,  de  acuerdo  con  la  doctrina  fijada en la Sentencia C-591-05, si la irregularidad  comporta  una  grave  lesión de derechos fundamentales, tal como ocurre con los  casos  de  pruebas  ilícitas  susceptibles  de imputarse como crímenes de lesa  humanidad,  la  protección de tales derechos se genera independientemente de la  incidencia  que  tengan  en  el litigio y por ello hay lugar a la anulación del  juicio.   

e. Que la parte actora identifique de manera  razonable  tanto  los  hechos  que  generaron  la vulneración como los derechos  vulnerados  y  que  hubiere  alegado  tal  vulneración  en  el proceso judicial  siempre    que    esto    hubiere   sido   posible30.   Esta  exigencia  es  comprensible  pues,  sin  que  la  acción  de  tutela llegue a rodearse de unas  exigencias   formales   contrarias  a  su  naturaleza  y  no  previstas  por  el  constituyente,  sí  es  menester  que  el  actor  tenga  claridad  en cuanto al  fundamento  de  la  afectación  de derechos que imputa a la decisión judicial,  que  la  haya planteado al interior del proceso y que dé cuenta de todo ello al  momento de pretender la protección constitucional de sus derechos.   

f.  Que  no  se  trate  de  sentencias  de  tutela31.   Esto  por  cuanto  los  debates sobre la protección de los  derechos  fundamentales  no  pueden prolongarse de manera indefinida, mucho más  si  todas  las  sentencias  proferidas  son  sometidas  a un riguroso proceso de  selección  ante esta Corporación, proceso en virtud del cual las sentencias no  seleccionadas  para  revisión,  por  decisión de la sala respectiva, se tornan  definitivas.    

En  cuanto  a  las  causales  genéricas  de  procedibilidad,   se   caracterizaron   de   la   siguiente   manera32:   

Ahora,  además  de los requisitos generales  mencionados,  para  que  proceda  una  acción  de  tutela  contra una sentencia  judicial   es  necesario  acreditar  la  existencia  de  requisitos  o  causales  especiales  de  procedibilidad,  las que deben quedar plenamente demostradas. En  este  sentido, como lo ha señalado la Corte, para que proceda una tutela contra  una  sentencia  se  requiere  que  se  presente,  al  menos, uno de los vicios o  defectos que adelante se explican.   

a. Defecto orgánico, que se presenta cuando  el   funcionario  judicial  que  profirió  la  providencia  impugnada,  carece,  absolutamente, de competencia para ello.   

b.  Defecto  procedimental  absoluto, que se  origina  cuando  el  juez  actuó  completamente  al  margen  del  procedimiento  establecido.   

c.   Defecto fáctico, que surge cuando  el  juez  carece  del  apoyo  probatorio que permita la aplicación del supuesto  legal en el que se sustenta la decisión.   

f. Error inducido, que se presenta cuando el  juez  o  tribunal fue víctima de un engaño por parte de terceros y ese engaño  lo    condujo    a    la   toma   de   una   decisión   que   afecta   derechos  fundamentales.   

g.   Decisión  sin  motivación,  que  implica  el  incumplimiento  de  los  servidores judiciales de dar cuenta de los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  sus  decisiones  en  el entendido que  precisamente   en   esa   motivación   reposa  la  legitimidad  de  su  órbita  funcional.   

h.   Desconocimiento  del  precedente,  hipótesis  que  se  presenta,  por  ejemplo,  cuando  la  Corte  Constitucional  establece  el  alcance  de un derecho fundamental y el juez ordinario aplica una  ley  limitando  sustancialmente  dicho alcance. En estos casos la tutela procede  como   mecanismo   para   garantizar   la   eficacia   jurídica  del  contenido  constitucionalmente  vinculante  del  derecho  fundamental vulnerado34.   

i.    Violación   directa   de   la  Constitución.   

3.2. El defecto fáctico  

La  Corte  ha  calificado el defecto fáctico  como  aquel consistente en la aplicación del derecho sin contar con las pruebas  que  permitan  demostrar los hechos determinantes del supuesto legal35.    Al  respecto,  la  Corte  ha  encontrado  que  para que exista una vía de hecho por  defecto   fáctico  es  necesario  que  no  exista  el  sustento  probatorio  necesario para adoptar la decisión, falte la apreciación  del  material  probatorio  anexado  al expediente o, simplemente, se presente un  error      grave      en      su     valoración36.   

Si bien el juzgador goza de un amplio margen  para  valorar  el  material  probatorio  en  el cual ha de fundar su decisión y  formar  libremente  su convencimiento, “inspirándose  en  los  principios  científicos  de  la  sana  crítica  (Arts.  187  CPC y 61  CPL)”37,  dicho  poder  jamás puede  ejercerse  de  manera  arbitraria.  La  evaluación del acervo probatorio por el  juez   implica,  necesariamente,  “la  adopción  de  criterios    objetivos38,  no  simplemente  supuestos  por  el  juez,  racionales39,  es  decir, que ponderen la  magnitud  y  el  impacto  de  cada  una de las pruebas allegadas, y rigurosos40,  esto  es, que materialicen  la  función  de  administración  de  justicia  que  se  les  encomienda  a los  funcionarios    judiciales    sobre    la    base    de    pruebas   debidamente  recaudadas.”41   

Se     produce     un     defecto   fáctico   en  una  providencia,  cuando  de  la  actividad probatoria ejercida por el juez se desprende, – en una  dimensión    negativa    -,    que   se   omitió42     la    “valoración  de  pruebas determinantes para identificar la veracidad  de    los    hechos   analizados   por   el   juez43.   En  esta  situación  se  incurre   cuando   se   produce   “la  negación  o  valoración  arbitraria,  irracional y caprichosa de la  prueba    que   se   presenta   cuando  el  juez  simplemente  ignora  la  prueba  u  omite  su  valoración,  o cuando sin razón  valedera  da  por  no probado el hecho o la circunstancia que de la misma emerge  clara           y          objetivamente”44. En una dimensión positiva,  el   defecto   fáctico   tiene  lugar,  cuando  “la  valoración  de  pruebas  igualmente  esenciales  que  el  juzgador  no se puede  apreciar,   sin   desconocer   la  Constitución”45.  Ello  ocurre  generalmente  cuando  el  juez “aprecia  pruebas  que  no  ha  debido  admitir  ni  valorar  porque,  por ejemplo, fueron  indebidamente   recaudadas   (artículo   29  C.P.)46 o cuando da por establecidas  circunstancias   sin   que   exista   material   probatorio   que   respalde  su  decisión”47.  En estos casos, sin embargo, sólo  es  factible  fundar  una  acción  de  tutela  por vía de hecho cuando se  “observa  que  de  una  manera  manifiesta,  aparece  arbitraria  la  valoración  probatoria  hecha por el juez en la correspondiente  providencia.  El  error  en el juicio valorativo de la prueba “debe ser de tal  entidad  que  sea  ostensible, flagrante y manifiesto, y el mismo debe tener una  incidencia  directa en la decisión, pues el juez de tutela no puede convertirse  en  una  instancia  revisora  de la actividad de evaluación probatoria del juez  que  ordinariamente  conoce  de  un  asunto,  según  las  reglas  generales  de  competencia”48.49   

3.3.  El  defecto  sustantivo50.   

3.3.1.  En  diferentes  pronunciamientos,  la  Corte  ha  ido  precisando el ámbito de lo que ha denominado defecto sustantivo  como  una  condición  de  procedibilidad  de  la tutela contra las providencias  judiciales51.  Al  respecto  ha  señalado que se presenta, entre otras razones:  (i)  cuando  la  decisión  judicial  tiene  como fundamento una norma que no es  aplicable,    porque    a)    no   es   pertinente52,  b)  ha perdido su vigencia  por         haber        sido        derogada53,         c)        es  inexistente54  d)  ha  sido  declarada  contraria  a la Constitución55, e) a pesar  de  que  la  norma  en cuestión está vigente y es constitucional, “no  se  adecúa  a  la  situación fáctica a la cual se aplicó,  porque  a  la  norma  aplicada, por ejemplo, se le reconocen efectos distintos a  los  expresamente  señalados  por  el legislador”56   (ii)  cuando  pese  a  la  autonomía  judicial,  la  interpretación  o  aplicación  de  la norma al caso  concreto,  no  se  encuentra,  prima facie,   dentro   del  margen  de  interpretación  razonable57     o  “la aplicación final de la regla es inaceptable por  tratarse  de una interpretación contraevidente (interpretación contra legem) o  claramente   perjudicial   para   los   intereses   legítimos  de  una  de  las  partes”58  o cuando en una decisión judicial “se  aplica  una  norma jurídica de manera manifiestamente errada, sacando del marco  de  la  juridicidad  y  de  la  hermenéutica  jurídica aceptable tal decisión  judicial”59  (iii) cuando no toma en cuenta sentencias  que   han   definido   su  alcance  con  efectos  erga  omnes60,  (iv)  la  disposición  aplicada  se  muestra, injustificadamente  regresiva61   o   contraria   a  la  Constitución62   (v)   cuando   un   poder  concedido    al    juez    por   el   ordenamiento   se   utiliza   “para   un  fin  no  previsto  en  la  disposición”63 (vi) cuando  la  decisión  se  funda  en  una  interpretación  no sistemática de la norma,  omitiendo  el  análisis  de  otras disposiciones aplicables al caso64, (vi) cuando  se  desconoce  la  norma  aplicable al caso concreto65,   

3.3.2.  Se  considera también que existe un  defecto  sustantivo  en  providencias  judiciales: (vii) “con una insuficiente  sustentación  o  justificación  de  la  actuación66    que   afecte   derechos  fundamentales”    67;   (viii)   “cuando   se  desconoce      el      precedente      judicial68   sin  ofrecer  un  mínimo  razonable  de  argumentación,  que hubiese permitido una decisión diferente si  se     hubiese    acogido    la    jurisprudencia69”70;  o  (ix)  “cuando  el  juez se abstiene de aplicar la excepción de inconstitucionalidad  ante  una  violación  manifiesta de la Constitución siempre que se solicite su  declaración  por alguna de las partes en el proceso71”72   

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3.4.   Desconocimiento   del   precedente  jurisprudencial de la Corte Constitucional.   

La jurisprudencia de la Corte Constitucional  puede  ser desconocida de cuatro formas: (i) aplicando disposiciones legales que  han  sido  declaradas  inexequibles  por  sentencias de constitucionalidad; (ii)  aplicando  disposiciones  legales  cuyo  contenido  normativo ha sido encontrado  contrario    a    la   Constitución;   (iii)   contrariando   la   ratio    decidendi   de   sentencias   de  constitucionalidad;   y   (iv)   desconociendo   el   alcance  de  los  derechos  fundamentales  fijado  por  la Corte Constitucional a través de la ratio   decidendi  de  sus  sentencias  de  tutela.   

“Esta  causal  se  presenta, por ejemplo,  cuando  la Corte Constitucional establece el alcance de un derecho fundamental y  el  juez  ordinario aplica una ley limitando sustancialmente dicho alcance. Debe  tenerse   en  cuenta  que  el  precedente  judicial  está  conformado  por  una  serie     de     pronunciamientos     que  definen  el  alcance  de  los  derechos fundamentales mediante  interpretaciones  pro  homine, esto es, aplicando la interpretación que resulte  mas favorable a la protección de los derechos fundamentales.   

Lo  anterior  no  es obstáculo para que en  virtud  de  los  principios  de autonomía e independencia de la labor judicial,  los  jueces  de  tutela  puedan apartarse del precedente constitucional, pero en  tal  evento  tendrán  la  carga  argumentativa, es decir, deberán señalar las  razones  de  su  decisión  de  manera clara y precisa para resolver el problema  planteado.   

En   relación  con  la  aplicación  del  precedente,  esta  Sala  de  Revisión  en  sentencia  T-158  de  2006 señaló:  “Por  ello, la correcta utilización del precedente  judicial  implica  que  un  caso  pendiente  de  decisión  debe  ser fallado de  conformidad  con  el(los) caso(s) del pasado, sólo (i) si los hechos relevantes  que  definen  el caso pendiente de fallo son semejantes a los supuestos de hecho  que  enmarcan  el  caso del pasado, (ii) si la consecuencia jurídica aplicada a  los  supuestos  del  caso  pasado, constituye la pretensión del caso presente y  (iii)  si  la regla jurisprudencial no ha sido cambiada o ha evolucionado en una  distinta  o  más  específica  que  modifique  algún supuesto de hecho para su  aplicación.”   

3.5. Principio de la buena fe  

En artículo 83 de la Constitución Política  establece    que   “[l]as   actuaciones   de   los  particulares  y  de las autoridades públicas deberán ceñirse a los postulados  de  la  buena  fe,  la  cual  se  presumirá en todas las gestiones que aquellos  adelanten  ante  éstas”.  En  desarrollo  de  este  precepto,  la jurisprudencia constitucional ha definido el principio de buena fe  como  aquel  que  exige a los particulares y a las autoridades públicas ajustar  sus  comportamientos a una conducta honesta, leal y conforme con las actuaciones  que  podrían  esperarse  de  una  “persona correcta  (vir                    bonus)”73. En este contexto, la buena  fe   presupone   la   existencia  de  relaciones  reciprocas  con  trascendencia  jurídica,  y  se refiere a la “confianza, seguridad  y   credibilidad  que  otorga  la  palabra  dada”74.        75   

De  acuerdo con esta definición, tanto la  administración  como  los  administrados deben actuar conforme a las exigencias  de  la  buena  fe,  lo  que  en  pocas  palabras  significa que, “así   como  la  administración  pública  no  puede  ejercer  sus  potestades  defraudando  la  confianza  debida a quienes con ella se relacionan,  tampoco    el    administrado    puede    actuar    en    contra   de   aquellas  exigencias”76.   

En el mismo sentido se ha determinado que el  principio  de  buena  fe  no es absoluto y que en ciertas ocasiones encuentra un  límite,  por  ejemplo  cuando  están  de  por  medio  el interés general y la  protección  del  interés  público.  Al  respecto,  la Corte Constitucional ha  dicho77:   

“el  principio  de  la  buena fe no   equivale  a  una barrera infranqueable que pueda aducirse para impedir la eficaz  protección  del  interés  público y de los derechos colectivos a la moralidad  administrativa  y  a  la integridad del patrimonio público, pues, como también  lo  ha  puesto  de  presente,  la  protección  del  interés general y del bien  común,  que  son  también  postulados  fundamentales  en  el  Estado Social de  Derecho,   imponen al mencionado principio límites y condicionamientos que  son constitucionalmente válidos”.   

En  efecto,  desde  su  Sentencia  T-460 de  1992,   de  la  que  fue  ponente  el H. M.  José Gregorio Hernández  Galindo,  la  Corte  puso  de  presente que,  so pretexto de la vigencia de  este  principio,  no  puede  hacerse  nugatorio  el deber de sancionar  los  actos contrarios a la Constitución y a la Ley.   

Dijo entonces la Corporación:  

“…  …  el  mencionado  principio  también  tiene  sus  límites  y  condicionamientos,  derivados  de  otro  postulado  fundamental  como  es  el  de la prevalencia del  interés  común.   En  modo  alguno  puede pensarse que el principio de la  buena  fe  se levante como barrera infranqueable que impida a las autoridades el  cumplimiento  de  su  función,  pues, mientras la ley las faculte para hacerlo,  pueden  y deben exigir los requisitos en ella indicados para determinados fines,  sin  que  tal actitud se oponga a la preceptiva constitucional.  En nuestro  Estado  de  Derecho,  las leyes gozan de aptitud constitucional para  imponer  a  la  administración  o a los jueces la obligación de  verificar   lo   manifestado   por   los   particulares   y   para  establecer   procedimientos   con   arreglo   a  los  cuales  pueda  desvirtuarse  en  casos  concretos  la presunción de la buena fe, de tal manera  que  si  así  ocurre,  con  sujeción  a  sus  preceptos,  se haga responder al  particular  implicado, tanto desde el punto de vista del proceso o actuación de  que   se  trata,  como  en  el  campo  penal,  si  fuere  del  caso.    …”   

4.- El caso concreto.  

4.1 La solicitud de amparo en el presente caso  se  circunscribe  a  determinar  si  en  la  decisión  de  la  Sección Quinta,  Sala     Contencioso    Administrativa  del Consejo de  Estado  del  17  de  abril  de  2007,  se  incurrió  en  alguna de las causales  genéricas  de  procedibilidad  de  la  acción  de  tutela  contra providencias  judiciales,  y  de  contera,  si  se  vulneró  el derecho al debido proceso del  actor.  Al  respecto  es  necesario  señalar  que  si  bien se invocaron cuatro  causales  de  procedencia  de  la  tutela,  frente  al  defecto  orgánico no se  apreció  argumentación  concreta, y en cambio los argumentos en torno al mismo  apuntaban a reforzar los defectos restantes.   

Debe anotarse que la decisión atacada fue la  culminación  de un proceso judicial en el que se definió la acción de nulidad  electoral  interpuesta por el ciudadano Salomón Motta  Manrique  contra  el Acuerdo 013 de 2007 por el cual el  Consejo  Superior  de  la  Universidad Surcolombiana designó al señor Cerquera  Escobar  como  Rector  de  la  institución;  en su opinión había incurrido en  defectos  fácticos,  sustanciales  y en desconocimiento de la jurisprudencia de  la  Corte Constitucional al haber determinado  la invalidez de la elección  sustentada  principalmente en la decisión de no tener como válido el documento  aportado  por  el  accionante  para  acreditar  los antecedentes disciplinarios,  necesarios para su inscripción al proceso electoral.   

Al  respecto  hay  que  resaltar que  el  Consejo   Superior   de  la  universidad  adoptó  varias  decisiones  sobre  el  certificado  de  antecedentes  disciplinarios. Inicialmente, en los Acuerdos 058  de    200678,  “por  medio  del  cual  se aprueba el  cronograma  para  el proceso de designación de Rector para el periodo 2007-2011  de  la  Universidad  Surcolombiana” y Acuerdo 031 de  2004  -el  Estatuto  Electoral  de  la institución-, se definió el certificado  como  uno  de  los  requisitos para la inscripción al proceso en los siguientes  términos:   

“…   Certificado   de   antecedentes  disciplinarios     del     ejercicio     de     la    profesión    expedidos   por   la  autoridad  o  entidad  competente  con  fecha  no  superior a treinta días. Este documento no será  exigido   para   las   profesiones   no   sometidas   a   control  disciplinario  especial”79.   

Nótese  que  en estos acuerdos se especifica  que  el  certificado  de  antecedentes  disciplinarios  debe ser expedido por la  entidad  competente,  aunque no se especifica por parte de la universidad, cuál  es  la  autoridad  es  a  la  que  se  refiere la norma. Luego, y ya iniciado el  procedimiento,   algunos   de   los   aspirantes  aportaron  certificaciones  de  antecedentes  disciplinarios  provenientes  de diversas entidades, a raíz de lo  cual  surgieron  cuestionamientos  acerca  de  la  validez  de  algunos  de  los  documentos  para  el  proceso  de  inscripción, cuestionándose entre ellos, el  certificado  aportado  por  el  señor Cerquera Escobar, que había sido emitido  por el Colegio de Médicos del Huila.   

Al  interior  del  Consejo  Superior  se  dio  entonces  la  discusión  de  si  tener  como  válidos  o no dichos documentos,  determinándose  para  algunas  profesiones,  de manera cierta e inequívoca los  organismos                competentes80,   mientras   que  para  la  medicina  se  dejó  abierta  la posibilidad de acreditar el requisito aportando  certificados  de  otras organizaciones distintas al Tribunal Seccional de Ética  Médica de Cundinamarca o el Tribunal Nacional de Ética Médica.   

Al   respecto   cabe   señalar  que,  en  precedencia,  la  oficina  jurídica de la entidad había emitido concepto en el  que señaló que:   

“Para  el  caso  de  los  médicos  la  autoridad  competente  para  emitir  el  respectivo  certificado de antecedentes  disciplinarios  profesionales es el Tribunal de Ética  Médica,  según  consulta  formulada  al Tribunal de  Cundinamarca  quien  (sic)  nos  que  es  esta  Seccional donde se adelantan las  investigaciones  correspondientes  al  Huila  […]  y  que el único facultados  (SIC)   para   expedir   los  antecedentes  disciplinarios  es  el  Tribunal      Nacional      de      Ética      Médica”81   

A pesar de este concepto, y de que para otras  profesiones   –como  la  ingeniería  y  la  administración  de empresas- las entidades competentes para  expedir  las  certificaciones ya se había señalado con claridad e inclusive se  negaron   inscripciones   de   profesionales   en   dichas  carreras82, en el caso  de  la medicina se permitió o convalidó el aporte de certificaciones expedidas  por  otros organismos diferentes a los señalados por la oficina jurídica de la  entidad,  con  el argumento según el cual primaba el principio de buena fe y de  prevalencia  del  derecho sustancial sobre el procedimental, y que por lo mismo,  cualquier  responsabilidad  derivada  del  incumplimiento  de  requisitos sería  individual de la persona que hubiera aportado el documento.   

La decisión del Consejo Superior implicó la  continuación  del  proceso,  decidiéndose más adelante que, a pesar de que se  encontraba   vencido   el   término   para   aportar   documentos   y  realizar  inscripciones,  se  permitiría  a las personas cuyas certificaciones estaban en  duda,  aportar  otras, esta vez si emitidas por la entidad competente, siempre y  cuando  se  hiciera antes de la elección. Esta oportunidad, extraordinaria, fue  aprovechada  por  el señor Cerquera Escobar, quien aportó certificado expedido  el  13  de  febrero de 2007 por el Presidente del Tribunal de Ética Médica, en  que    consta    que   no   registra   antecedentes   disciplinarios83.   

En opinión del Consejo de Estado, el proceso  surtido  por  la  entidad,  dándole  validez  a  certificaciones  expedidas por  diversas  entidades,  no  consulta  las  normas del concurso, que eran claras en  exigir  la  certificación  de  los antecedentes disciplinarios debía darse por  parte  de la entidad competente para hacerlo. Con miras a dilucidar aquel punto,  en  la  sentencia atacada se hizo un análisis de la normativa vigente aplicable  a     profesiones     como     la     ingeniería84,   la   administración  de  empresas85,  y posteriormente de la medicina, determinando que es la Ley 23 de  1981,  reglamentada por el Decreto 3380 de 1981, la que dispone con claridad que  es  el  Tribunal de Ética Médica el competente para expedir la certificación,  pues  “es forzoso concluir que no existe otro órgano  o  Ente  diferente  que pueda instruir los procesos ético-disciplinarios que se  susciten  con  ocasión  del  ejercicio  de  la  medicina,  pues  la norma sólo  contempla  dicha competencia en cabeza del Tribunal Nacional o de los Tribunales  Seccionales   de   acuerdo   a   los  artículos  67  y  84  de  la  Ley  23  de  1981”86.   

El análisis realizado por la Sección Quinta,  Sala     Contencioso    Administrativa  del Consejo de  Estado  frente  a  esta norma, y su aplicación de las disposiciones que regían  el  proceso electoral no riñen con los preceptos constitucionales, pues ante la  falta  de  regulación  especial  expedida por las autoridades universitarias en  ejercicio  de su autonomía, y dado el tenor literal de los acuerdos 058 de 2006  y  031  de  2004,  la  decisión  tomada por el Consejo de Estado se encaminó a  demostrar  que  el  Consejo  Superior  de  la  universidad  debía recurrir a la  normativa  vigente para llenar el vacío, tal como lo hizo para profesiones como  la  ingeniería  y  la  administración  de empresas, en donde se llegó a negar  inscripciones   por   no   haberse   aportado   certificados   de   antecedentes  disciplinarios.  Esta  interpretación  de  la  Sección  Quinta  del Consejo de  Estado,  lejos de ser arbitraria o caprichosa, fue fundamentada de manera acorde  con  el  ordenamiento  jurídico  y  constitucional  y  por  lo  mismo  la Corte  Constitucional  debe  preservar  la  autonomía  del  juez  natural  del  asunto  evitando  abrir  la  posibilidad  de  una instancia adicional, papel que no debe  jugar    la    tutela    cuando    se   encamine   a   controvertir   decisiones  judiciales.   

Acorde con lo anterior, debe destacarse que en  ningún  momento la interpretación de las normas hecha por el Consejo de Estado  en  el  presente  caso, vulnera el derecho al debido proceso, pues no se incurre  en   defecto   sustantivo  alguno,  en  especial  porque  la  Ley  23  de  1981,  reglamentada  por  el  Decreto  3380 de 1981, es aplicable al caso, al igual que  las  normas que rigen el proceso contenidas en los acuerdos 058 de 2006 y 031 de  2004.   Además   de  lo  anterior,  la  interpretación  que  se  hizo  de  las  disposiciones  no se encuentra, prima facie,  por  fuera  del  margen  de interpretación razonable87  ni  parece  contraevidente.  Por ende, la  conclusión  en  torno  a  que “existe vulneración a  los  artículos  26  y 29 de la Constitución Política, pues el Colegio Médico  del  Huila  no  era  competente  para  expedir la certificación de antecedentes  disciplinarios  de  la  profesión,  en  el  entendido que sólo las autoridades  competentes  pueden  ejercer  la  inspección y vigilancia sobre el ejercicio de  las    profesiones”88 , no puede considerarse como  violatoria del derecho al debido proceso del actor.   

Frente  al  defecto  fáctico, invocado en la  demanda  de  tutela,  debe destacarse que en la sentencia atacada se aprecia una  valoración  adecuada  del  acervo  probatorio  y  que se tuvieron en cuenta las  decisiones  del  Consejo  Superior  de  la Universidad Surcolombiana en donde se  pretendió  convalidar  el  requisito  de  aporte de certificado de antecedentes  disciplinarios.  Al  respecto  cabe  anotar que si bien la decisión judicial no  favoreció  las  pretensiones  del señor Cerquera Escobar, esto no quiere decir  que  no se hubieran tenido en cuenta sus argumentos ni que se hubieran dejado de  lado   circunstancias   fundamentales   del  caso,  pues  el  tema  ameritó  un  pronunciamiento  de fondo de la respectiva sección del Consejo de Estado, en el  sentido  de  no  admitir  las  modificaciones al procedimiento de elección como  válidas89,  y  por  ende, no admitir el aporte de certificaciones que si bien  fueron  expedidas  por  la  autoridad  que  dicha  instancia judicial consideró  competente,   fueron   aportadas  extemporáneamente  por  el  actor90.  De  igual  modo,  no  se  aprecia  del  estudio  de la demanda que no se hubieran tenido en  cuenta  las  posiciones  de  la  parte demandada en el proceso electoral, y como  bien  lo señaló la autoridad judicial en sede de tutela, incluso se evacuó la  excepción  de  inepta  demanda  elevada  por  el  apoderado del señor Cerquera  Escobar,  de  manera  que tampoco aparece probado el defecto fáctico alegado en  la  demanda,  y  se  reiterará  la decisión planteada por la Sección Primera,  Sala   Contencioso  Administrativa  del  Consejo  de  Estado,  en  su  fallo  de  tutela.   

Agotado  el tema de los defectos sustantivo y  fáctico,   debe   abordarse  el  defecto  del  desconocimiento  del  precedente  jurisprudencial,   que   se   analizará   en   conjunto   con   el  alegato  de  desconocimiento  del  principio  de buena fe, contenido en el artículo 83 de la  Constitución  Política,  por encontrarse conectados en la argumentación de la  demanda,   en   especial   porque   se   encamina  a  resaltar  los  desarrollos  jurisprudenciales  de  esta  Corte  en torno al principio de buena fe, y la  confianza legítima que se deriva del mismo.   

El  argumento  del  accionante frente a estos  temas  gira  en torno a que se debía mantener la situación creada en su favor,  derivada  de  la  supuesta  convalidación de los requisitos de inscripción por  decisión  del Consejo Superior, tomada en el curso del proceso, que implicó el  saneamiento  del  requisito  por  el  aporte,  fuera  del  término inicialmente  estipulado,  del certificado expedido por la autoridad competente, es decir, los  tribunales  Nacional y Seccional de Cundinamarca de Ética Médica. Al respecto,  el  accionante  manifiesta  que  debe tenerse en cuenta el principio de buena fe  con  la  que  actuó,  y  la  primacía  del  derecho  sustancial  por  sobre el  procedimental,  en  el  sentido de reconocer que, al fin y al cabo, él cumplió  con  el  requisito  de  aportar  el “[c]ertificado de  antecedentes  disciplinarios  del  ejercicio  de  la profesión expedidos por la  autoridad    o    entidad   competente”91.   

Sin  embargo,  los defectos planteados por el  accionante  no  parecen  presentarse  en  la decisión judicial atacada, pues la  convalidación  realizada  por  el  Consejo  Superior  de  la  institución y la  admisión   de   la  certificación  del  Colegio  de  Médicos  del  Huila  fue  considerada   inválida   por   la   Sección  Quinta  de  la  Sala  Contencioso  Administrativa   del   Consejo   de   Estado,   de   acuerdo  con  criterios  de  razonabilidad,   pues  determinó  que  “las  reglas  estipuladas   inicialmente   frente   a  la  documentación  requerida  para  la  inscripción   en   el  concurso  no  fueron  respetadas  por  la  Comisión  de  Verificación,   otorgándole  idoneidad  a  un  documento  que  no  la  tenía,  modificando  de  esta  forma  las condiciones iniciales del concurso”92.   Del   análisis   de  la  decisión  de  la  autoridad  judicial  competente,  realizado por esta Sala, se  desprende  que  el criterio utilizado para definir la situación planteada en la  demanda  no  se  alejó  del  respeto por el principio de buena fe, la confianza  legítima  o el desarrollo jurisprudencial que esta Corte ha realizado sobre los  mismos,  pues  como  se  señaló anteriormente, este principio no es absoluto o  ilimitado  pues,  por  ejemplo,  frente al interés general y la protección del  interés  público  encuentra  sus  fronteras,  destacándose que tampoco cobija  situaciones  creadas  por  la  administración por desconocimiento de las normas  imperativas,  pues  dichos  errores  o  actuaciones irregulares de las mismas no  pueden  atar  al  juez,  que  en ejercicio de su competencia y sin desconocer la  Constitución,  conserva  la  facultad para determinar la validez de determinada  actuación administrativa.   

En  este caso, el Consejo de Estado encontró  que   la   actuación   del   Consejo  Superior  de  la  institución  educativa  “omitió el cumplimiento del artículo 8 del Acuerdo  031  de 2004 y el artículo 2 del Acuerdo 058 de 2006 al tener como idóneo para  la  inscripción  del  entonces  candidato  Luis  Alberto Cerquera, un documento  carente  de  validez en razón a la falta de competencia del Colegio de Médicos  del  Huila  para  expedir  el  certificado  de antecedentes disciplinarios de la  profesión”93, de acuerdo con un análisis  que  como  se  indicó en precedencia -dentro del ámbito de su autonomía y que  no  implicó la vulneración de los derechos fundamentales del actor- determinó  la  plena aplicabilidad de dichos acuerdos al proceso. Esta consideración tiene  en  cuenta  el  carácter  limitado del principio de confianza legítima y buena  fe,  que  en  casos como los procesos electorales debe tener en cuenta de manera  especial  la protección del  interés  público y de los derechos colectivos a la moralidad administrativa, y  no  se  puede  pretender que bajo el alegato de vulneración de estos principios  pueda  “hacerse  nugatorio el deber de sancionar los  actos    contrarios    a    la    Constitución    y    a   la   Ley”94,  situación que se presenta  en  este  caso  y  se  concreta  en  la  decisión  de  la Sección Quinta, Sala  Contencioso Administrativa del Consejo de Estado.   

Hay  que recordar que en la Sentencia T-460  de 1992, esta Corporación estableció que:   

“En  modo  alguno  puede  pensarse  que el principio de la buena fe se levante como barrera  infranqueable  que  impida  a  las  autoridades  el cumplimiento de su función,  pues,  mientras  la  ley  las  faculte  para  hacerlo, pueden y deben exigir los  requisitos  en  ella  indicados  para determinados fines, sin que tal actitud se  oponga  a  la preceptiva constitucional.  En nuestro Estado de Derecho, las  leyes  gozan de aptitud constitucional para imponer a la administración o a los  jueces  la  obligación  de verificar lo manifestado por los particulares y para  establecer  procedimientos  con arreglo a los cuales pueda desvirtuarse en casos  concretos  la  presunción de la buena fe, de tal manera que si así ocurre, con  sujeción    a    sus    preceptos,    se    haga    responder   al   particular  implicado […]”   

En  este caso el procedimiento para verificar  si  la  decisión  del Consejo Superior de la Universidad Surcolombiana de tener  como  válidos  documentos  expedidos por autoridades incompetentes para expedir  certificaciones  de  antecedentes  disciplinarios  o  bien de darles validez por  fuera  de  los  tiempos  inicialmente  establecidos  por  las normas del proceso  electoral,  debía  primar  para mantener al señor Cerquera Escobar en su cargo  como  rector, era precisamente la acción de nulidad electoral, que como se dijo  antes,   fue   decidida   dentro  del  ámbito  de  razonabilidad  y  del  marco  Constitucional,  de  manera  que  no  es  viable  alegar  que  de  la  decisión  administrativa  se  desprenda una barrera, representada en la supuesta confianza  legítima  y  buena  fe,  que  ni siquiera el juez competente podría desvirtuar  mediante  la  aplicación  constitucional  de  su competencia. En este caso, por  ende,  no  se ha desconocido ni el precedente jurisprudencial ni el principio de  buena  fe  consagrado  en  el  artículo 83 de la Carta Política, y de contera,  tampoco  se  han  desconocido los derechos invocados por el actor, de manera que  no procede el amparo pretendido mediante la acción de tutela.   

III. DECISION.  

En  mérito de lo expuesto, la Sala Quinta de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución   

RESUELVE:  

Primero.- LEVANTAR  la suspensión de términos decretada en el presente proceso.   

Segundo.- CONFIRMAR  la   sentencia  de  tutela  proferida  por  la  Sección  Primera,  Sala  de  lo  Contencioso   Administrativo-   del   H.   Consejo  de  Estado  el  4  de  septiembre  de  2008, que decidió  negar  el  amparo de los derechos constitucionales fundamentales al debido  proceso  en  conexidad  con  el  derecho  de  defensa  y  de  contradicción,  (artículo  29  C.P.),  participación  política (artículo 40  C.P.)  y  buena  fe  (artículo 83 C.P.) invocados por el ciudadano Luis Alberto  Cerquera Escobar, por las razones anteriormente expuestas.   

Tercero.-  Por  Secretaría General, líbrense las comunicaciones  previstas en el artículo 36 del Decreto Ley 2591 de 1991.   

Notifíquese,  comuníquese, publíquese en  la Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO  

Magistrado Ponente  

   

   

NILSON PINILLA PINILLA  

Magistrado  

   

JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB  

Magistrado  

   

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

    

1 Folio  9, cuaderno principal.   

2 Folio  16, cuaderno principal.   

3  Folios 17 y 18, cuaderno principal.   

4  Tomado  de la Sentencia del Consejo de Estado que decidió la acción electoral,  folios 307 a 336 del cuaderno anexo.   

5  Cuaderno de Anexos, Folio 329.   

6  Cuaderno de Anexos, Folios 330 y 332.   

7  Cuaderno de Anexos, Folio 332.   

8  Cuaderno de Anexos, Folio 334.   

10  Folio 51, cuaderno principal.   

11  Folios 54 y 61, cuaderno principal.   

12  Sentencia  9 de julio de 2004, expediente 2004-00308-01, actora Inés Velásquez  de  Velásquez,  M.P. Rafael E. Ostau de Lafont Planeta y Auto de 29 de junio de  2004, expediente 2000.10203-01, M.P. Nicolás Pájaro Peñaranda.   

13  Folio 60 Cuaderno Principal.   

14  Folios 49 y 50 Cuaderno Corte Constitucional.   

15 En  concreto las expuestas en sentencia T-266 de 2009.   

16  Folio 53 Cuaderno Corte Constitucional   

17  Folio 55 Cuaderno Corte Constitucional   

18  Ibídem.   

19  Ibídem.   

20  Corte Constitucional. Sentencia C-543 de 1992.   

21  Sentencia C-590 de 2005   

22  Esta  afectación  de  los  derechos  del individuo se presenta por cuanto “el  juez,  quien  debe  fallar en derecho, opta por una vía, ya no de derecho, sino  de  hecho,  que  se  aparta  de  los  lineamientos  legales  y constitucionales,  desbordando  el  marco  del  sistema  jurídico  colombiano. Las decisiones así  tomadas  no podrán entenderse válidas bajo ninguna circunstancia; las órdenes  de  ésta  manera  impartidas  no  tendrán  tampoco  validez alguna, por lo que  materialmente  no  harán  tránsito  a cosa juzgada. En aras de salvaguardar la  integridad  sistémica  y  en  amparo  de  la  seguridad  jurídica –garantía  de todos los ciudadanos en  relación  con  la  administración  de  justicia-  el  juzgador  constitucional  deberá  revelar la inconstitucionalidad de la decisión viciada por una vía de  hecho   y   declarará   su   invalidez”   (Corte   Constitucional.  Sentencia  T-828/2007).   

23 Al  respecto ver: Corte Constitucional. Sentencia T-774/2004.   

24Corte Constitucional. Sentencia T-953/2006.   

25  Corte Constitucional. Sentencia C-590/2005.   

26  Sentencia 173/93.   

27  Sentencia T-504/00.   

28 Ver  entre otras la reciente Sentencia T-315/05.   

29  Sentencias T-008/98 y SU-159/2000.   

30  Sentencia T-658-98.   

31  Sentencias T-088-99 y SU-1219-01.   

32  Corte Constitucional. Sentencia C-590/2005.   

33  Sentencia T-522/01.   

34  Corte  Constitucional.  Sentencias  T-462/03;  SU-1184/01; T-1625/00, T-1031/01,  entre otras.   

35  Corte Constitucional. Sentencia T-231/1994.   

36  Corte Constitucional. Sentencia T-554/2003.   

37  Sentencia T-442 de 1994.   

38  Sentencia  SU-1300  de  2001.  La  Corte  encontró  perfectamente  razonable la  valoración   de  las  pruebas  que  hizo  el  Juez  Regional  en  la  sentencia  anticipada.  El  Juez no omitió ni ignoró prueba alguna, ni dio por probado un  hecho  sin  fundamento objetivo. “El hecho de que el incremento patrimonial no  justificado  del  procesado,  se  derivó  de actividades delictivas se probó a  través  de  la confesión de {varios testigos}, y de un conjunto concurrente de  indicios,  entre  los cuales sobresale el hecho de que las cuentas en las cuales  se  consignaron  la  mayoría  de  los 23 cheques recibidos por el peticionario,  fueron  abiertas  por  él  usando  información  falsa  y las fotocopias de las  cédulas  de  sus  empleados  que  aparecían  en  los  archivos de las empresas  constructoras de la familia”.   

39  Sentencia T-442 de 1994.   

40  Sentencia  T-538  de  1994.  En  esa  oportunidad  se  le concedió la tutela al  peticionario  por  la  indebida  apreciación  que  hace  el juez de la conducta  asumida  por  una  de  las partes, que se atuvo a la interpretación que de unos  términos   hizo   el  secretario  del  juzgado,  que  le  lleva  a  negarle  la  interposición   de   un   recurso   del  que  depende  la  suerte  del  proceso  penal.     

41  Sentencia SU-157-2002.   

42  Corte Constitucional. Sentencia SU-159 de 2002.   

43  Cfr., por ejemplo, la sentencia T-442 de 1994.   

44  Corte Constitucional. Sentencia SU-159 de 2002.   

45  Ibídem.   

46 En  la  sentencia  SU-159  de  2002, se precisó que en tales casos, “aún  en  el  evento  en el que en el conjunto de pruebas sobre las  que  se  apoya  un  proceso  penal se detecte la existencia de una ilícitamente  obtenida,  los efectos de esta irregularidad son limitados. Para la Corte, “el  hecho  de  que  un  juez  tenga  en  cuenta  dentro  de  un  proceso  una prueba  absolutamente  viciada,  no  implica,  necesariamente,  que  la decisión que se  profiera  deba  ser calificada como vía de hecho”. Así, “sólo en aquellos  casos  en  los  que la prueba nula de pleno derecho constituya la única muestra  de  culpabilidad  del  condenado,  sin  la  cual habría de variar el juicio del  fallador,  procedería  la  tutela  contra  la decisión judicial que la tuvo en  cuenta,  siempre  y cuando se cumplan, por supuesto, los restantes requisitos de  procedibilidad  de  la  acción”. De tal manera que la incidencia de la prueba  viciada   debe   ser   determinante   de   lo   resuelto   en   la   providencia  cuestionada.”   

47  Sentencia T-102 de 2006.   

48  Sentencia SU-159 de 2002.   

49  Sentencia T-446/2007.   

50  Ver: Sentencia T-364 de 2009.   

51 Ver  al  respecto,  entre otras, Sentencias T-573 de 1997, T-567 de 1998. M.P., T-001  de  1999.,  T-377  de  2000.  M.P.,  T-1009  de  2000,  T-852  de 2002, T-453 de  2005,   T-061 de 2007, T-079 de 1993, T-231 de 1994 T-001 de 1999, T-814 de  1999,  T-522  de 2001, T-842  de  2001,  SU-159 de 2002,  T-462   de   2003.,T-205   de   2004  ,  T-701  de 2004, T-807 de 2004, T-1244 de 2004, T-056 de 2005, T-189  de  2005,   T-800  de  2006,  T-061  de 2007, T-018 de 2008, T-051 de 2009,  T-060 de 2009, T-066 de 2009.   

53 Ver  sentencia  T-205  de  2004. Aquí la Corte concluyó la existencia de un defecto  sustantivo  “por  cuanto  el  juez  se basó en una  norma legal que había perdido su vigencia”.   

54  Sentencia  T-800  de  2006.  En  es  a  oportunidad  dijo  la Corte “Todo  lo anterior lleva a concluir a la Corte Constitucional que  la  Sala  Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, en  su  sentencia  del  18 de noviembre de 2004, confirmada en el auto por medio del  cual  resolvió el recurso del reposición el 11 de mayo de 2005, aplicó, en la  sanción  que  impuso  a los demandantes, una norma que no existía, consistente  en  un  impedimento  por  haber  cumplido  con el deber propio de los jueces. Es  decir,  que  verdaderamente crearon una norma, pues dictar providencia dentro de  un  proceso no puede constituir, como se vio, causal de prejuzgamiento. Por ello  incurrieron  en  un defecto sustantivo constitutivo de vía de hecho, violatoria  del derecho fundamental al debido proceso de los actores”.   

55 Al  respecto,  consultar  sentencia  T-522  de 2001. En esta providencia se dijo que  “incurre   en   una  vía  de  hecho  por  razones  sustanciales  el  funcionario  judicial  que  tome una decisión con base en una  disposición:  (1)  cuyo contenido normativo es evidentemente contra­rio    a    la    Consti­tu­ción,  porque la Corte Constitucional  previamente  así  lo  declaró  con  efectos  erga  omnes,  (2)  cuyo sentido y  aplicación   claramente   compromete   derechos   fundamentales,   y  (3)  cuya  incompatibilidad  ha  sido alegada por el interesado, invocando el respeto a una  sentencia    de    constitucionalidad    de    la    Corte    Consti­tucional que excluyó del ordenamiento  jurídico  el  sentido  normativo único e ínsito en la norma legal aplicada en  el curso del proceso y de la cual depende la decisión”.   

56  Sentencia SU-159 de 2002.   

57  T-051   de  2009.  Ver  sentencia  T-1101  de  2005.  En  ella  dijo  la  Corte:  “Sobre  el  tema relacionado con las vías de hecho  ocasionadas  por  interpretaciones judiciales contrarias a la Constitución y la  procedencia  de  la  tutela  para  conjurarlas,  la  Corte  tuvo  oportunidad de  precisar  que  debe  aparecer  probado  que  la  aplicación de la norma se hizo  (i)   contraviniendo   o  haciendo    caso    omiso    de    los    postulados,   principios   y   valores  constitucionales57,  (ii)  imponiendo criterios  irracionales    o    desproporcionados57,  (iii)  sin  respetar   el   principio  de  igualdad57,  y  (iv) en  desmedro     de     los     derechos    sustantivos    en    litigio57”            y  T-1222  de  2005.  Dijo la Corte en esta ocasión: “para que una  interpretación  judicial  se  considere  constitutiva  de  vía  de  hecho,  es  indispensable  que  la  misma  defienda  una  lectura  de  las  normas realmente  contraria  a  su  sentido  lógico,  manifiestamente opuesta a los principios de  derecho y salida del cauce de la juridicidad”.   

58  Sentencia  T-462  de  2003.  Ver  además  Sentencia  T-001 de 1999 “Diferente  es  el  caso de la ostensible aplicación indebida de  una  norma, en cuya virtud se pretende lograr que los hechos quepan en ella, aun  contra  toda  evidencia.  Allí puede darse la vía de  hecho, como lo ha admitido esta Corte, si por haberse  forzado  arbitrariamente  el  ordenamiento  jurídico  se  han  quebrantado o se  amenazan   derechos   constitucionales  fundamentales  (Cfr.,  por  ejemplo,  la  Sentencia T-765 del 9 de diciembre de 1998)”.   

59  Sentencia  T-066  de 2009. “En esta hipótesis no se  está  ante  un  problema  de interpretación normativa, sino ante una decisión  carente  de  fundamento  jurídico,  dictada  según  el  capricho  del operador  jurídico,  desconociendo  la  ley,  y  trascendiendo al nivel constitucional en  tanto  compromete  los  derechos  fundamentales  de  la  parte  afectada con tal  decisión”.   Ver   además   Sentencia  T-079  de  1993.   

60  Sentencia  T-814 de 1999,. Dijo la Corte en esta oportunidad que “Considera la  Sala  que las razones que se aducen en las providencias cuestionadas contradicen  de  manera  ostensible  tanto  la  cosa juzgada, como la doctrina constitucional  contenida  en la sentencia C-157/98, pues  la Corte al declarar inexequible  el  inciso  segundo  del  art.  2   de  la  ley  393/97,  según el cual la  interpretación  por  el  juez  del no cumplimiento de la norma por la autoridad  debía  ser restrictiva y aparecer evidente el incumplimiento consideró, por el  contrario,  que éste debía ser deducido razonablemente por el juez con base en  el  análisis  de  la  norma  y  de  las  pruebas  incorporadas  al  proceso. //  Igualmente,   dichas   Corporaciones  desconocieron  el  valor  de  la  doctrina  constitucional  de  la Corte en cuanto al sentido y alcance interpretativo de la  referida  norma  constitucional.  // Es mas, con dicha conducta el Tribunal y el  Consejo   contrariando   la   decisión   del   intérprete   autorizado  de  la  Constitución  introdujeron  al texto del art. 87 una regla que no fue diseñada  por  el  Constituyente, restringiendo de este modo la posibilidad que tienen las  personas  de  acceder  a la justicia a través de la acción de cumplimiento”.  En  la  Sentencia  T-842 de 2001 puntualizó la Corte  que  “constituye vía de hecho apartarse de la cosa  juzgada  constitucional”. En la Sentencia T-462 de 2003, la Corte explicó que  “una  providencia  judicial  adolece  de un defecto  sustantivo  (i) cuando la norma aplicable al caso es claramente inadvertida o no  tenida  en  cuenta  por  el  fallador,  (ii)  cuando  a  pesar del amplio margen  interpretativo  que  la  Constitución le reconoce a las autoridades judiciales,  la   aplicación   final  de  la  regla  es  inaceptable  por  tratarse  de  una  interpretación  contraevidente  (interpretación  contra  legem)  o  claramente  perjudicial  para  los  intereses legítimos de una de las partes (irrazonable o  desproporcionada),   y   finalmente  (iii)  cuando  el  fallador  desconoce  las  Sentencias  con efectos erga omnes tanto de la jurisdicción constitucional como  de  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo, cuyos precedentes se  ubican  en  el  mismo  rango  de  la  norma  sobre  la  que pesa la cosa juzgada  respectiva”.   

Igualmente  esta  Corporación, mediante la  sentencia  T-1244  de  2004  manifestó que la autoridad judicial (juez laboral)  había  incurrido en una causal de procedibilidad de la acción de tutela contra  providencias  judiciales  por  defecto sustantivo, al negar la indexación de la  primera  mesada pensional, al argumentar que la norma aplicable no lo permitía,  a  pesar  de  que la interpretación que había hecho la Corte Constitucional en  varias  sentencias  de constitucionalidad señalaban el sentido de la norma y la  obligación  de  indexar.  Dijo  la Corte que a partir de la sentencia SU-120 de  200,  la  Corte  Constitucional  ha  sostenido  que, “en principio, la primera  mesada  pensional  debe  ser  indexada”.  Esta  posición ha sido reafirmada a  través  de  las  sentencias  T-663  de 2003, T-1169 de 2003, y T-805 y T-815 de  2004.  Añadió  que  la  misma  tesis  se  defendió  en  la Sentencia C-601 de  2000.   

Señaló   además   que   “En  el  proceso  que  se  analiza,  el  actor  solicitó  que se  condenara  al  Banco  a  indexar  su  primera  mesada pensional y al pago de los  intereses  moratorios  sobre  las  mesadas  causadas a partir del 31 de julio de  1998.  El Tribunal decidió concederle el pago de los intereses moratorios, pero  se  negó a ordenar la indexación de la pensión, por cuanto ello constituiría  una   doble  sanción”.  A  partir  de  allí  y  con  base  en  la  reiterada  jurisprudencia  concluyó la Corte que la posición del Tribunal constituía una  vía  de  hecho  por  defecto  sustantivo,  dado  que  “la  indexación  y los  intereses  moratorios  tienen  un  objetivo  distinto.  Mientras los últimos se  imponen  para  sancionar  al  deudor  que  ha  incumplido  con  el  pago  de sus  obligaciones,   la   indexación   persigue  actualizar  el  valor  del  dinero,  pretensión  plenamente  justificada  en  una economía que sufre los efectos de  la   inflación”  (…)Así,  pues, no le asiste razón al Juzgado cuando  afirma  que  las  órdenes  de  indexar el pago de la primera pensión y de  pagar  interese  de  mora  constituyen  una  doble sanción por el mismo motivo.  Evidentemente,  las  dos  órdenes tienen un referente común, cual es el de que  el  pago  atrasado  de las mesadas le significa al pensionado una pérdida en el  valor  adquisitivo  de  su  ingreso,  pero  mientras que la indexación persigue  ponerle  remedio  a  esta  situación  actualizando  el  valor  del  dinero, los  intereses  de  mora tienen por fin lograr que el causante del hecho indemnice al  afectado por los daños inferidos.”.   

Ver  también,  sentencias  T-462  de 2003  “14.  El  defecto sustantivo como una circunstancia  que  determina  cierta  carencia  de juridicidad de las providencias judiciales,  aparece,   como  ya  se  mencionó,  cuando  la  autoridad  judicial  respectiva  desconoce  las  normas  de  rango  legal  o  infralegal  aplicables  en  un caso  determinado,  ya sea por su absoluta inadvertencia, por su aplicación indebida,  por  error  grave  en su interpretación o por el desconocimiento del alcance de  las  sentencias judiciales con efectos erga omnes cuyos precedentes se ubican en  el  mismo rango de la norma sobre la que pesa la cosa juzgada.  // En otras  palabras,  una  providencia judicial adolece de un defecto sustantivo (i) cuando  la  norma  aplicable al caso es claramente inadvertida o no tenida en cuenta por  el  fallador60, (ii) cuando  a  pesar del amplio margen interpretativo que la Constitución le reconoce a las  autoridades  judiciales,  la  aplicación  final  de la regla es inaceptable por  tratarse       de       una      interpretación      contraevidente60  (interpretación  contra  legem)  o  claramente   perjudicial   para   los   intereses   legítimos  de  una  de  las  partes60  (irrazonable  o  desproporcionada),   y   finalmente  (iii)  cuando  el  fallador  desconoce  las  sentencias  con efectos erga omnes tanto de la jurisdicción constitucional como  de  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo, cuyos precedentes se  ubican  en  el  mismo  rango  de  la  norma  sobre  la  que pesa la cosa juzgada  respectiva.   (…)   En   este  sentido,  concluye  la  Corte,  la  Sala  Civil  –  Familia – Laboral del  Tribunal  de  Sincelejo  al haber aplicado la normatividad vigente en la materia  según  su  propio  entendido  de  los  hechos  del  caso,  y  además, al haber  respetado  la  doctrina  jurisprudencial  del  Tribunal de Casación Laboral que  resultaba  aplicable,  ajustó  su  conducta  tanto a la Constitución como a la  ley,  lo  que lleva a afirmar que no se configuró defecto sustantivo alguno que  permitiese  la  procedibilidad  de  la acción de tutela en el caso concreto”.  T-1060 de 2009.   

61  Sentencia T-018 de 2008   

62  Sentencia T-086 de 2007   

63 En  sentencia  T-231 de 1994. Dijo la Corte: “La vía de  hecho  predicable  de una determinada acción u omisión de un juez, no obstante  poder  ser  impugnada como nulidad absoluta, es una suerte de vicio más radical  aún   en   cuanto   que   el   titular  del  órgano  se  desliga  por  entero del imperio de la ley. Si la  jurisdicción  y  la  consiguiente atribución de poder a los diferentes jueces,  se  hace  con miras a la aplicación del derecho a las situaciones concretas y a  través  de  los cauces que la ley determina, una modalidad de ejercicio de esta  potestad  que  discurra  ostensiblemente  al margen de la ley, de los hechos que  resulten  probados  o con abierta preterición de los trámites y procedimientos  establecidos,  no  podrá  imputarse  al  órgano ni sus resultados tomarse como  vinculantes,  habida  cuenta  de  la  “malversación”  de la competencia y de la  manifiesta  actuación ultra o extra vires   de  su  titular.  //  Si  este  comportamiento  –  abultadamente  deformado  respecto del postulado en la norma – se traduce en la utilización de  un  poder  concedido al juez por el ordenamiento para  un fin no previsto en la disposición (defecto sustantivo)…”   

64  Consultar  Sentencia  T-807  de  2004.  Dijo  allí  la  Corte  que “un  examen  atento  del  contenido  de  la  referida providencia  judicial  evidencia  que  la falladora incurrió en una vía de hecho por cuanto  la  decisión  se  apoya  en  una interpretación asistemática del ordenamiento  jurídico  (  defecto  sustantivo  )…” por cuanto  “no  se  tuvo en cuenta la naturaleza jurídica del  contrato  de cuenta corriente bancaria ni la modalidad del mismo que había sido  suscrito  por el accionante con la entidad crediticia, es decir, la demandada no  adelantó  una  necesaria  interpretación  sistemática  entre  las  normas del  Código  Penal,  que  tipifican el delito de estafa, y las disposiciones legales  de  carácter  comercial  que  regulan  esta  clase de contratos comerciales”.   

65  Sentencia  T-056  de  2005.  Aquí  la  Corte encontró que “el mismo despacho  judicial  provocó  un  defecto  sustantivo  en  el  mismo  auto  al  desconocer  abiertamente  el  artículo  319  del  Código  de  Procedimiento  Civil”. Ver  además T-066 de 2009.   

66  Sentencia T-114 de 2002,  T- 1285 de 2005.   

67  Sentencia T-086 de 2007.   

68 Ver  la sentencias T-292 de 2006, SU-640 de 1998 y  T-462 de 2003.   

69Ver   Sentencia T-1285 de 2005. Además, en la sentencia T-193  de  1995,  esta  Corporación  señaló: “Es razonable  exigir,  en  aras del principio de igualdad en la aplicación de la ley, que los  jueces  y  funcionarios  que consideren autónomamente que deben apartarse de la  línea  jurisprudencial trazada por las altas cortes, que lo hagan, pero siempre  que  justifiquen  de  manera  suficiente  y  adecuada  su decisión, pues, de lo  contrario,  estarían  infringiendo  el  principio  de  igualdad  (CP art.13). A  través  de  los  recursos  que se contemplan en cada jurisdicción, normalmente  puede  ventilarse  este  evento  de  infracción  a la Constitución”.   Sobre   este   tema,  también  puede  consultarse   la  sentencia T-949 de 2003.   

70  Sentencia T-086 de 2007.   

71  Sobre  el  tema  pueden  consultarse  además,  las  sentencias SU-1184 de 2001;  T-1625  de  2000;  T-522  de 2001;  T-047 de 2005. En la sentencia T-522 de  2001,  la Corte señaló que:  “es evidente que  se    desconocería    y    contraven­dría   abiertamente   la   Carta   Política   si  se  aplica  una  disposición  cuyo contenido normativo es precisamente, y solamente, impedir que  se  otorguen  medi­das de  aseguramiento  a  los  sindicados  porque  los procesos se adelantan ante jueces  especializados”,  razón  por  la  cual  el  juez, al constatar su existencia,  tendría  que  haber  aplicado la excepción de inconstitucionalidad.   

72  Sentencia  T-086  de  2007.  Ver  además  Sentencia  T-808 de 2007 “…  en  cualquiera  de  estos  casos  debe  estarse frente a un  desconocimiento  claro  y  ostensible  de  la  normatividad  aplicable  al  caso  concreto,  de manera que la desconexión entre la voluntad del ordenamiento y la  del  funcionario  judicial  sea  notoria  y  no  tenga  respaldo en el margen de  autonomía  e  independencia que la Constitución le reconoce a los jueces (Art.  230  C.P.). Debe recordarse además, que el amparo constitucional en estos casos  no  puede  tener  por  objeto lograr interpretaciones más favorables para quien  tutela,  sino exclusivamente, proteger los derechos fundamentales de quien queda  sujeto  a una providencia que se ha apartado de lo dispuesto por el ordenamiento  jurídico”.   

73 Ver  Sentencia T-475 de 1992.   

74  Ibídem.   

75  Ver: Sentencia C-1194 de 2008.   

76  Sentencia T-075 de 2008.   

77  Ver: Sentencia C-118 de 2006.   

78  “Por  medio  del  cual  se  aprueba  el cronograma para ejecutar el proceso de  designación   de   Rector   para   el  período  2007-2011  de  la  Universidad  Surcolombiana” (Folios 36 a 44 Cuaderno de Anexos).   

79  Artículo  8,  numeral  7  del  Acuerdo 031 de 2004 y Artículo 2, numeral 7 del  Acuerdo 058 de 2006. (subrayas fuera de texto).   

80  Ver:  Folios  343  a  346, Cuaderno de Anexos, en los que se consigna el Acta de  verificación  de  requisitos  de  los  aspirantes  a  rector  de la Universidad  Surcolombiana    periodo    2007    –  2011,  del 29 de mayo de 2007, en la que se niega la inscripción  a   varios   de   los   aspirantes,   profesionales   de  la  ingeniería  y  la  administración   de   empresas,   por  no  haber  aportado  el  certificado  de  antecedentes   disciplinarios   emitido   por   las   autoridades   competentes.   

81  Acta   004   de   2007,   folio  167  Cuaderno  de  Anexos  (subrayas  fuera  de  texto)   

82  Folios  343  a  346,  Cuaderno  de  Anexos,  en  los  que se consigna el Acta de  verificación  de  requisitos  de  los  aspirantes  a  rector  de la Universidad  Surcolombiana    periodo    2007    –  2011,  del 29 de mayo de 2007, en la que se niega la inscripción  a   varios   de   los   aspirantes,   profesionales   de  la  ingeniería  y  la  administración   de   empresas,   por  no  haber  aportado  el  certificado  de  antecedentes      disciplinarios      emitido      por      las      autoridades  competentes.   

83  Folio 61,  Cuaderno de Anexos.   

84  Tema  regulado  por  la  Ley  824  de  2003,  que  determina  en  su  Art. 26 la  competencia   del  Consejo  Profesional  Nacional  de  Ingeniería  –  COPNIA  para  la  certificación de  antecedentes.   

86  Folio 329 Cuaderno de Anexos.   

87  T-051  de  2009.  Ver  sentencias T-1101 de 2005 dijo la Corte:” Sobre el tema  relacionado  con  las vías de hecho ocasionadas por interpretaciones judiciales  contrarias  a  la  Constitución y la procedencia de la tutela para conjurarlas,  la  Corte  tuvo  oportunidad  de  precisar  que  debe  aparecer  probado  que la  aplicación  de  la  norma  se  hizo  (i)   contraviniendo   o   haciendo  caso  omiso  de  los  postulados,  principios  y  valores  constitucionales87,    (ii)  imponiendo     criterios     irracionales     o    desproporcionados87,             (iii)  sin  respetar  el  principio  de  igualdad87, y (iv)   en   desmedro  de  los  derechos  sustantivos  en litigio87”  y     T-1222  de  2005.  Dijo  la  Corte  en  esta ocasión: “para  que una interpretación judicial se considere constitutiva  de  vía  de  hecho,  es  indispensable que la misma defienda una lectura de las  normas  realmente  contraria a su sentido lógico, manifiestamente opuesta a los  principios de derecho y salida del cauce de la juridicidad”.   

88  Folio 334 Cuaderno de Anexos.   

89  “[L]as  reglas  estipuladas  inicialmente frente a la documentación requerida  para  la  inscripción  en  el concurso no fueron respetadas por la Comisión de  Verificación,   otorgándole  idoneidad  a  un  documento  que  no  la  tenía,  modificando  de esta forma las condiciones iniciales del concurso” (folio 334,  Cuaderno de Anexos).   

90  Folios 332 y 333, Cuaderno de Anexos.   

91  Arts. 7 y 8 de los Acuerdos 058 de 2006 y 031 de 2004.   

92  Folio 334, Cuaderno de Anexos.   

93  Folio 333, Cuaderno de Anexos.   

94  Sentencia C-118 de 2006.     

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