T-962-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-962-09  

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Procedencia   

VIA  DE HECHO-Clases  de defectos en la actuación   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Requisitos   generales   y  especiales  de  procedibilidad   

LIBERTAD  DE  CONFIGURACION  NORMATIVA  DEL  LEGISLADOR-En materia disciplinaria   

LIBERTAD  DE  CONFIGURACION  LEGISLATIVA  EN  MATERIA DERECHO PENAL-Límites   

ACCION     DE     TUTELA-Improcedencia  del  recurso de reposición frente a sentencias de la  Sala  Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura contra funcionarios de  la Rama Judicial   

Referencia: expediente T-2418271  

Acción  de  tutela  instaurada  por  Joselyn  Huertas    Torres    contra    Consejo   Superior   de   la   Judicatura   -Sala  Disciplinaria-.   

Magistrada Ponente:  

Dra. MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de diciembre de  dos mil nueve (2009).   

La  Sala  Segunda  de  Revisión  de la Corte  Constitucional,  integrada  por  los  Magistrados  María Victoria Calle Correa,  Luís  Ernesto  Vargas  Silva y Gabriel Eduardo Mendoza Martelo, en ejercicio de  sus    competencias    constitucionales    y    legales,    ha    proferido   la  siguiente   

SENTENCIA  

En el proceso de revisión del fallo proferido  por   el  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de  Cundinamarca  –Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria el  día  veintiocho  (28)  de  agosto  de  2009,  dentro  de  la  acción de tutela  instaurada  por  Joselyn Huertas Torres contra Consejo Superior de la Judicatura  –sala  Disciplinaria-.   

El  expediente  de la referencia fue escogido  para  revisión  por  medio  del  auto  del  veintidós (22) de octubre de 2009,  proferido por la Sala de Selección Número diez (10).   

I. ANTECEDENTES  

El accionante Joselyn Huertas Torres interpone  acción  de  tutela  contra  la  Sala  Disciplinaria  del Consejo Superior de la  Judicatura  al  considerar  vulnerado  su  derecho fundamental al debido proceso  después   que  la  Corporación  le  negara  por  improcedente  el  recurso  de  reposición  interpuesto contra el fallo proferido en su contra el 29 de mayo de  2008.   

1. Hechos  

El  accionante se desempeñó como Magistrado  de  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Tunja hasta el 31 de diciembre del  año  2003. El 11 de febrero de 2002 le fue repartido por competencia el recurso  de  apelación  de un proceso por hurto adelantado por el Juez Segundo Penal del  Circuito  de  Chiquinquirá.  A  la fecha de su retiro el recurso no había sido  aún  resuelto  por su despacho, situación que obligó al sucesor en el cargo a  declarar  la  preclusión parcial de la acusación apelada, por prescripción de  términos.   

La Sala Disciplinaria del Consejo Superior de  la  Judicatura  mediante  providencia del primero de noviembre de 2006 procede a  evaluar  la  indagación  preliminar  sobre  los  hechos relatados vinculando al  accionante  a  la  investigación.  En sentencia del veintinueve (29) de mayo de  2008  la  misma  entidad  profiere  fallo  en  contra del acusado con base en lo  dispuesto  en  el  artículo  154 numeral 3 de la Ley 270 de 1996 y el artículo  196 de la Ley 734 de 2002.   

El  accionante  recurrió  la  providencia al  considerar  que  la  Sala no había tenido en cuenta su delicado estado de salud  al  momento  de  la  ocurrencia  de  los  hechos.  El  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  mediante  providencia  del  once  (11) de febrero de 2009, resuelve  rechazar  por  improcedente  el  recurso de reposición al considerar que contra  las  decisiones  de dicho Tribunal no procede recurso alguno, de conformidad con  lo  establecido  en  los artículos 205 de la Ley 734 de 2002, 111 de la Ley 270  de 1996 y la sentencia C-1076 de 2002.   

2. Alegatos del accionante  

Considera  el  señor  Huertas  Torres que la  providencia      del      Consejo      de     la     Judicatura     –Sala  Disciplinaria-  que  rechaza por  improcedente  el  recurso de reposición contra la sentencia condenatoria del 29  de  mayo  de 2008 proferida por la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la  Judicatura,  vulnera  su  derecho  al  debido  proceso  y  no se acompasa con lo  dispuesto  por  el  artículo 29 Superior que consagra el derecho que tiene todo  ciudadano  a impugnar cualquier fallo judicial o administrativo: “El  Art.  29  de  la  Constitución  Política  regula  el  derecho  fundamental  del  debido  proceso  y  en  su  inciso  primero  dispone  en forma  categórica  que  el  debido  proceso  se  aplicará  a  toda  clase de procesos  judiciales  y  administrativos  (…)  Ese mismo artículo, en su inciso cuarto,  enumera  varias  garantías  fundamentales  de las personas, que hacen parte del  debido   proceso,   entre   ellas   el   derecho   a   impugnar   la   sentencia  condenatoria”.1   

Según   el   demandante   yerra   la  Sala  Disciplinaria   del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  cuando  descarta  la  aplicabilidad  de  los  artículos  110  y  113  de  la Ley 734 de 2002 donde se  contempla  la  posibilidad de interponer el recurso de reposición contra fallos  de  única  instancia, y por el contrario, aplica lo dispuesto en los artículos  205  y  siguientes  de  la  misma  norma.  Ataca  la providencia alegando que el  Tribunal  incurrió en una vía de hecho al desconocer lo dispuesto tanto por la  Ley  734  de  2002  como  lo  consagrado  en  el  artículo  29  Constitucional.  “(…) habiendo aplicado esta última entidad en el  auto  de  fecha  11 de febrero de 2009 los Arts. 205 y 206 de la Ley 734 de 2002  para  negar  el recurso de reposición interpuesto contra la sentencia de única  instancia  de  fecha  29  de  mayo de 2008, y no los Arts. 207 y 113 de la misma  ley,  en  armonía  con  el  Art.  29  de  la Constitución, para garantizar los  derechos  fundamentales  al debido proceso y de la impugnación, pues obviamente  se  concluye  que  esa  providencia  constituye  una  vía  de hecho por defecto  sustantivo  y por violación directa del citado Art. 29 superior”.2   

1. Pretensiones     

El  actor  manifiesta  en  relación  a  sus  pretensiones:  “Que  se  tutelen  en  mi  favor los  derechos  fundamentales  a  la  impugnación,  debido  proceso  y  acceso  a  la  administración  de  justicia,  que  están  siendo  vulnerados  por  la Entidad  accionada  (…) Que como consecuencia del amparo de esos derechos, declare nulo  o  sin  efectos  jurídicos  el  mencionado  acto del 11 de febrero de 2009 y le  ordene  al Consejo Superior de la Judicatura, Sala Jurisdiccional Disciplinaria,  que,  en  su  lugar,  dicte una nueva providencia y en ella resuelva de fondo el  precitado     recurso     de     reposición”.3   

    

1. Respuesta de la entidad accionada     

El  presidente  de  la Sala Disciplinaria del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en respuesta del 20 de agosto de 2009 le  solicita  al  juez de tutela que niegue el amparo constitucional con base en dos  argumentos:  primero,  que  la  tutela  es  improcedente  para conocer del caso:  “Frente  a  la  pretensión  del actor, desde ya se  solicita  declarar  improcedente  la  acción  de  tutela,  por cuanto por regla  general,  las  decisiones  judiciales son inmodificables en aras de la seguridad  jurídica  y  el  respeto  a  la  separación  de poderes, siendo procedentes de  manera  excepcional cuando las acciones u omisiones de los jueces al administrar  justicia,  esté  presenta  alguna  de las causales genéricas de procedibilidad  que   ha  señalado  la  jurisprudencia  constitucional,  esto  es,  cuando  las  decisiones   judiciales   objeto   de   controversias   constituyan   vías   de  hecho”.4   

Segundo,  sostiene  que  no se presenta en el  caso  una  vía  de  hecho  en  cuanto  la  decisión se motivó con base en una  interpretación  legítima de la Constitución Política, de la Ley 734 de 2002,  y  de  la  Ley 270 de 1996: la providencia “no puede  ser  cuestionada  por  vía de recurso de reposición, tal y como lo señaló la  Corte  Constitucional  cuando  en  la  sentencia  C-037  de  1996,  respecto del  artículo  111  de la Ley 270 de 1996, señaló que la sentencia que se dicta en  materia  disciplinaria  no  está  sujeta a posterior estudio, situación que es  armonizada  con  lo  dispuesto  en  el  art.  205  de la Ley 734 de 2002, cuando  refiere  que  las  sentencias  de  única  instancia  quedan ejecutoriadas en el  momento  de  la  suscripción,  de  donde  se  infiere  que dicha decisión hace  tránsito       a       cosa       juzgada”.5   

    

1. Decisión judicial que se revisa     

El  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura de  Cundinamarca    –Sala  disciplinaria-  en  fallo  del  veintiocho  (28)  de agosto de 2009 resolvió la  acción  de tutela negando el amparo constitucional de los derechos invocados al  señalar   que   la  decisión  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  Sala  disciplinaria  no constituyó una vía de hecho al estarse a lo dispuesto por la  normatividad  vigente.  De  hecho, señala que el artículo 205 de la Ley 734 de  2002  es  válido  y  está  vigente,  razón por la cual la interpretación del  Tribunal  no vulnera ningún derecho fundamental del demandante. En palabras del  Juez  de  tutela:  “La  norma  aludida se encuentra  plenamente  vigente, es clara y, conforme se dejó dicho, es especial para casos  como  el  que  en  aquella  oportunidad  se analizara por parte de la accionada,  presupuestos  todos  por los que no es dable concluir que con su aplicación fue  lesionado  derecho  fundamental  alguno,  aún  cuando no se comparta la postura  asumida  por  la  autoridad  accionada,  como  acaece  en  el  caso  del  actor,  presupuestos  todos  por  los  que  el  amparo  deprecado  no  está  llamado  a  prosperar,  como  en  efecto  se  consignará  en  la  parte  resolutiva de esta  decisión”.6   

    

1. Medios de prueba relevantes en el expediente     

    

* Providencia  del (1) de noviembre de 2006 del Consejo Superior de la  Judicatura     –Sala  disciplinaria-  donde  se  “procede  a  evaluar  la  indagación  preliminar”7   contra   el   accionante  y  otros.   

* Sentencia  del veintinueve (29) de mayo de 2008 del Consejo Superior  de  la  Judicatura  –Sala  disciplinaria.8   

* Recurso   de  reposición  del  once  (11)  de  septiembre  de  2008  instaurado  por  el  demandante  en  contra  de  la  sentencia  condenatoria del  veintinueve     (29)    de    mayo    de    2008.9   

* Auto  del  once  (11)  de  febrero de 2009, por medio del cual se da  respuesta  al  recurso de reposición interpuesto por el accionante el once (11)  de         septiembre         de        2008.10     

II. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS  

1. Competencia  

A través de esta Sala de Revisión, la Corte  Constitucional  es  competente para revisar las sentencias proferidas dentro del  proceso  de la referencia, con fundamento en lo dispuesto por los artículo 86 y  241  numeral  9°  de  la  Constitución  Política,  en  concordancia  con  los  artículos 31 a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

2. Problema jurídico  

Se  debe  determinar si la decisión adoptada  por  la  Sala  Disciplinaria  del Consejo Superior de la Judicatura, de rechazar  por  improcedente  el  recurso  de  reposición interpuesto por el accionante en  contra  de  la  sentencia sancionatoria de única instancia, constituye una vía  de  hecho  que  vulnera  el  derecho  fundamental  al  debido proceso del señor  Joselyn Huertas Torres.   

Es  necesario  que  en  aras  de  resolver el  problema  jurídico  planteado, esta Sala determine la procedencia de la acción  de  tutela  contra  la  providencia  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura.  Posteriormente  deberá  entrar  a  definir si la decisión adoptada se acompasa  con  las  disposiciones ius-constitucionales. Será menester entonces determinar  si  operó  bien  el  principio  de  defensa  en  el  presente  caso. Igualmente  entenderse  cuál es el alcance del derecho fundamental al debido proceso y como  éste  opera  en procesos disciplinarios adelantados en contra de miembros de la  rama judicial.   

3.  La  acción de tutela contra providencias  judiciales procede en casos excepcionales.   

Ha  sido  reiterada la jurisprudencia de esta  Corporación  en  materia  de  tutela  contra  sentencias.  Para  la  Corte,  en  principio,   no   procede   la  acción  constitucional  contra  las  decisiones  proferidas  por los jueces ordinarios, toda vez que debe respetarse el principio  de  competencia  funcional, cosa juzgada y seguridad jurídica de los fallos. No  obstante  lo  anterior,  éstos  no  son  absolutos  y  cuando  se compruebe que  existió  una vía de hecho durante el proceso o en la decisión adoptada, es de  resorte  del juez constitucional estudiar el caso y tutelar los derechos que han  sido  vulnerado,  siempre  que se cumplan todos los requisitos de procedencia de  la acción de tutela.   

3.1.  En  sentencia T-567 de 1998 (MP Eduardo  Cifuentes  Muñoz)  se  resolvió  la  demanda  interpuesta por un ciudadano que  consideraba  que  habían  sido vulnerados sus derechos al debido proceso y a la  libertad  personal.  En  cumplimiento de una condena que le había sido impuesta  por  el  delito  de  homicidio agravado, el juez de la causa omitió aplicar una  norma  que  en  virtud  del principio de favorabilidad podía aplicarse. En esta  oportunidad  la  Sala  Tercera  de revisión realizó un estudio detallado de la  doctrina   jurisprudencial  en  materia  de  vías  de  hecho  y  justificó  la  procedencia  de  la  acción de tutela contra sentencia siempre que se compruebe  la  efectiva  vulneración  de  un  derecho  fundamental  por  uno de los cuatro  defectos    que    la    constituyen:    sustancial,   fáctico,   funcional   y  procedimental.   

“3.  La  Corte  ha  considerado  que  una  providencia  judicial  constituye una vía de hecho cuando (1) presente un grave  defecto   sustantivo,  es  decir,  cuando  se  encuentre  basada  en  una  norma  claramente  inaplicable  al  caso  concreto;  (2)  presente un flagrante defecto  fáctico,  esto  es,  cuando  resulta evidente que el apoyo probatorio en que se  basó  el  juez  para aplicar una determinada norma es absolutamente inadecuado;  (3)  presente  un  defecto  orgánico protuberante, el cual se produce cuando el  fallador  carece  por  completo de competencia para resolver el asunto de que se  trate;  y,  (4)  presente un evidente defecto procedimental, es decir, cuando el  juez  se  desvía  por  completo  del  procedimiento  fijado por la ley para dar  trámite  a  determinadas  cuestiones.  En  suma,  una  vía de hecho se produce  cuando  el  juzgador,  en forma arbitraria y con fundamento en su sola voluntad,  actúa  en  franca  y  absoluta  desconexión  con  la voluntad del ordenamiento  jurídico.    

La  Sala  no  duda  en  reiterar  que  la  intervención  del juez de tutela en una sentencia judicial, calificándola como  una  vía  de  hecho,  sólo  puede producirse en aquellos casos en que el vicio  alegado  sea  constatable  a  simple  vista.  Adicionalmente,  el  defecto  cuya  remoción  se persigue por vía de la acción de tutela debe conllevar, en forma  inmediata,  la  violación  de  uno o múltiples derechos fundamentales, lo cual  determina  que  sólo  las  decisiones  judiciales  cuyos efectos trasciendan el  campo  de  los  anotados  derechos, en detrimento de éstos, pueden ser atacadas  mediante la acción de tutela”.   

3.2.  Lo  expresado por la Sala Tercera en la  sentencia  T-567  de  1998,  indica  que  la  procedencia  de  la  tutela contra  sentencia  es  excepcional. Presumir lo contrario implicaría no sólo crear una  ulterior  instancia  de  revisión  de providencias, sino también desconocer la  distribución   de   competencias   y  la  autonomía  judicial,  ambos  valores  constitucionalmente  consagrados.  El  estudio  del juez de tutela debe proceder  sólo  cuando  se pueda determinar que hubo una flagrante violación de derechos  fundamentales durante el proceso ordinario.   

3.2.1. Es así como en sentencia T-121 de 1999  (MP  Martha  Victoria  Sáchica  Méndez)  se  le negó el amparo de tutela a un  funcionario  público que alegaba una vía de hecho al habérsele rechazado, por  improcedente,  un  recurso  de  reposición  contra  un  fallo  condenatorio del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  –Sala  Disciplinaria-.  A  juicio  de  la  Corporación demandada, no  procedía  dicho recurso en cuanto la sentencia era de única instancia. La Sala  Sexta  de revisión, al estudiar el caso, determinó que no existió una vía de  hecho   en   la  medida  en  que  no  se  configuró  ninguno  de  los  defectos  constitutivos de la misma:   

“Estima la Corte  que   no   es  del  resorte  del  juez  de  tutela  cuestionar  los  fundamentos  interpretativos  que  de  la  ley  y la jurisprudencia haya realizado el máximo  tribunal  de la jurisdicción disciplinaria para adoptar su decisión en un caso  particular,  pues  al  hacerlo  estaría atentando de manera abierta y flagrante  contra  la  autonomía  funcional  de  que  está  investido  en  su  calidad de  juez.    

Según la jurisprudencia de la Corporación,  cuando  la  labor  interpretativa realizada por el juez se encuentra debidamente  sustentada  y  razonada,  no es susceptible de ser cuestionada, ni menos aún de  ser  calificada  como una vía de hecho, y por lo tanto, cuando su decisión sea  impugnada  porque  una  de  las  partes  no  comparte la interpretación por él  efectuada  a  través  del  mecanismo extraordinario y excepcional de la tutela,  ésta será improcedente.    

Pero  por  el  contrario, cuando el juez al  realizar  la  interpretación  de  una  disposición legal que ofrezca vacíos o  lagunas,  lo  haga  en  forma  caprichosa,  arbitraria  y subjetiva, buscando un  beneficio  o  interés particular y personal, su determinación constituirá una  vía  de hecho, la cual, ahí sí, podrá ser atacada por medio de la acción de  tutela,  siempre  y  cuando  el  afectado  por  la  misma en uno de sus derechos  fundamentales  no  disponga  de  otro  medio  de defensa judicial o se encuentre  frente a un perjuicio irremediable”.   

3.3.1. No obstante lo anteriormente dispuesto,  es  preciso  señalar  que la jurisprudencia de esta Corporación ha establecido  que  la  vía  de  hecho no es la única forma para que proceda la tutela, tal y  como  se  buscó  señalar  en  la  providencia  T-567  de 1998. De hecho, en la  sentencia  C-590  de  2005  (MP Jaime Córdoba Triviño), la Corte introdujo una  serie    de   parámetros   adicionales   para   que   se   pueda   revisar   la  constitucionalidad      de      los      fallos      judiciales     –causales       generales      de  procedibilidad-.  Al  señalar  la  exequibilidad  del  artículo 185 de la Ley 906 de 2004, se determinó lo siguiente:   

“25.    Ahora,   además   de  los  requisitos  generales mencionados, para que proceda una acción de tutela contra  una  sentencia  judicial  es  necesario  acreditar la existencia de requisitos o  causales   especiales   de  procedibilidad,  las  que  deben  quedar  plenamente  demostradas.  En  este  sentido, como lo ha señalado la Corte, para que proceda  una  tutela  contra  una sentencia se requiere que se presente, al menos, uno de  los vicios o defectos que adelante se explican.   

a. Defecto orgánico, que se presenta cuando  el   funcionario  judicial  que  profirió  la  providencia  impugnada,  carece,  absolutamente, de competencia para ello.   

b.  Defecto  procedimental absoluto, que se  origina  cuando  el  juez  actuó  completamente  al  margen  del  procedimiento  establecido.   

c.  Defecto fáctico, que surge cuando  el  juez  carece  del  apoyo  probatorio que permita la aplicación del supuesto  legal en el que se sustenta la decisión.   

d.  Defecto material o sustantivo, como son  los   casos   en   que   se   decide   con   base   en   normas  inexistentes  o  inconstitucionales11   o   que   presentan  una  evidente  y  grosera  contradicción  entre  los  fundamentos  y  la  decisión.   

f. Error inducido, que se presenta cuando el  juez  o  tribunal fue víctima de un engaño por parte de terceros y ese engaño  lo    condujo    a    la   toma   de   una   decisión   que   afecta   derechos  fundamentales.   

g.   Decisión  sin  motivación,  que  implica  el  incumplimiento  de  los  servidores judiciales de dar cuenta de los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  sus  decisiones  en  el entendido que  precisamente   en   esa   motivación   reposa  la  legitimidad  de  su  órbita  funcional.   

h.   Desconocimiento  del  precedente,  hipótesis  que  se  presenta,  por  ejemplo,  cuando  la  Corte  Constitucional  establece  el  alcance  de un derecho fundamental y el juez ordinario aplica una  ley  limitando  sustancialmente  dicho alcance. En estos casos la tutela procede  como   mecanismo   para   garantizar   la   eficacia   jurídica  del  contenido  constitucionalmente  vinculante  del  derecho  fundamental vulnerado12.   

i.    Violación   directa   de   la  Constitución.   

Estos  eventos en que procede la acción de  tutela  contra  decisiones  judiciales involucran la superación del concepto de  vía  de  hecho  y  la  admisión de específicos supuestos de procedibilidad en  eventos  en los que si bien no se está ante una burda trasgresión de la Carta,  si    se    trata    de    decisiones    ilegítimas    que   afectan   derechos  fundamentales”.   

3.4. En los casos de tutela contra sentencia,  la  procedencia  de  la  acción  constitucional está sometida a dos juicios de  valor  diferentes.  Por  un  lado,  existe uno previo donde se debe comprobar el  cumplimiento  de  los  requisitos  exigidos  por  el  Decreto  2591  de 1991; la  existencia  de  otros  mecanismos  de  defensa  judicial,  la efectividad de los  mismos  o  la configuración de un perjuicio irremediable. Por el otro, es dable  afirmar  que  existe  un juicio que acompaña al juez de tutela en el desarrollo  del  fallo,  donde  se tiene que valorar si la providencia atacada cumple alguna  de   las   condiciones   que   la   Corte   ha   determinado  como  causales  genéricas  de  procedibilidad,  tal y como lo señala la sentencia C-590 de 2005.   

3.4.1.  En  el  presente  caso se cumplen los  requisitos  formales  de  procedibilidad  de  la  acción de tutela, es decir la  inexistencia  de otros mecanismos de defensa judicial para proteger los derechos  invocados.  Se  sigue entonces en el análisis de fondo, es decir, definir si se  constituyó  una  vía  de hecho o si se incurrió en alguna de las causales  genéricas de procedibilidad que  la Corte señaló en la sentencia C-590 de 2005.    

4.  El  legislador  tiene  la  libertad  de  configuración  normativa  en  materia disciplinaria. Puede crear procedimientos  especiales   siempre   que  no  afecte  el  núcleo  esencial  de  los  derechos  fundamentales al debido proceso y el derecho a la defensa.   

En  materia  de  derecho  disciplinario  el  legislador,   en  ejercicio  de  sus  atribuciones  constitucionales,  tiene  la  libertad  de  diseñar  los  procedimientos  correspondientes  para adelantar la  actividad sancionadora.   

4.1.  En  sentencia C-892 de 1998 (MP Alfredo  Beltrán  Sierra)  la Corte estudió la constitucionalidad de algunos apartes de  la  Ley  200 de 1995, entre los cuales se analizó el contenido del artículo 99  de  la  precitada norma. Éste se refería al recurso de reposición, señalando  que    se   podían   recurrir   “los   autos   de  sustanciación,  contra  el  que niega la recepción de la versión voluntaria y  contra   los   fallos   de   única  instancia”.  El  demandante  alegaba  que la norma planteaba una omisión legislativa relativa al  dejar  por  fuera  la  posibilidad  de  atacar  otras decisiones adoptadas en el  desarrollo  de un proceso, contrariando el principio constitucional de defensa y  del  debido  proceso.  A  juicio  del  accionante,  las  disposiciones acusadas,  vulneraban  los  principios  de  contradicción,  publicidad,  defensa  y  doble  instancia,  por cuanto, salvo las taxativas excepciones que consagran las normas  demandadas,  las demás providencias interlocutorias quedaban sin la posibilidad  de  impugnación mediante los recursos de reposición y apelación. No obstante,  la  Corte  se  pronunció favorablemente respecto del artículo 99 de la Ley 200  de  1995 al entender que existe un marco amplio de configuración legislativa en  materia  disciplinaria; señaló que el Congreso puede determinar qué actos son  recurribles        y        cuáles        no.13   

4.2.  En  el mismo sentido se pronunció esta  Corporación  cuando realizó el estudio de constitucionalidad del artículo 111  de  la  Ley  1123  de  2007  (Código Disciplinario del abogado) en la sentencia  C-692  de  2008. En esta oportunidad la Corte manifestó que existe una libertad  en  la  configuración  legislativa  en  materia  disciplinaria,  lo que incluye  también la determinación de los recursos para cada actuación.   

“7.  Por  otra  parte, de conformidad con  jurisprudencia  reiterada  de  esta  Corporación, en virtud de las competencias  establecidas  en  el artículo 150, numeral 2, de la Constitución Política, el  legislador   cuenta   con   un  amplio  margen  para  configurar  procedimientos  judiciales  y  administrativos,  como  los  que  tienden  a la investigación de  faltas    disciplinarias    y    a   la   imposición   de   sanciones.   [11]  En  ese  orden,  cuenta con la potestad para crear o modificar un  determinado  proceso,  estructurar  sus  etapas,  definir  los términos para la  realización  de  diligencias,  consagrar  los  mecanismos  de  impugnación  de  decisiones,          entre         otros”.14     

4.2.1. Se tiene así que la Corte ha definido  que  no  existe  un  vicio  de inconstitucionalidad al establecer normativamente  actuaciones  o  providencias  sobre  las  cuales  no  proceda  ninguna  clase de  recurso.  El único límite que encuentra el legislador es el respeto al núcleo  esencial  del  debido  proceso  y  del  derecho  a  la defensa. Otro límite que  encuentra  la  Corporación  en  el  desarrollo de la libertad de configuración  normativa   es   el  respeto  a  los  derechos  adquiridos  y  al  principio  de  favorabilidad,  donde  prima  la  idea  según  la  cual no se podrá condenar a  ningún  ciudadano sino conforme a las leyes preexistentes al momento de cometer  la conducta sancionada.   

4.3.  En  la  medida  de  lo  anterior,  debe  definirse  el  alcance de los límites a los cuales está sometido el legislador  en  el  diseño de los procedimientos y demarcaciones del derecho disciplinario.  La sentencia C-692 de 2008 sobre el particular dispuso:   

“3. Esta Corporación ha señalado que el  derecho   disciplinario  constituye  una  forma  de  ejercicio  de  la  potestad  sancionadora  del Estado y, como tal, debe estar fundado en principios y valores  constitucionales  y  asegurar  en  todo  momento  la  vigencia  de los elementos  propios de la garantía del debido proceso   [1].  En  ese  mismo  orden,  ha considerado que en tratándose de una  forma   de  ejercicio  del  ius  puniendi,  la  persona  investigada  o  juzgada  disciplinariamente   tiene   derecho  a  gozar  de  las  mismas  garantías  que  estructuran  el  derecho  penal,  tales  como  el  principio  de  legalidad y de  favorabilidad.   [2]      

   

Como elementos constitutivos de la garantía  del  debido  proceso  en  materia  disciplinaria, se han señalado, entre otros,  “(i)  el  principio  de  legalidad de la falta y de la sanción disciplinaria,  (ii)  el principio de publicidad, (iii) el derecho de defensa y especialmente el  derecho  de  contradicción y de controversia de la prueba, (iv) el principio de  la  doble  instancia,  (v)  la  presunción  de  inocencia, (vi) el principio de  imparcialidad,  (vii)  el  principio  de non bis in idem, (viii) el principio de  cosa  juzgada  y  (ix)  la  prohibición  de la reformatio in pejus.”   [3]   

   

(…)  

   

Así  mismo,  ha sostenido la Corte que, en  virtud  de dicho principio, las autoridades administrativas sólo pueden imponer  sanciones  en  aplicación  de  normas  preexistentes,  en  las que se consagran  claramente   [5]  las  conductas que constituyen falta disciplinaria, así como las  sanciones que se derivan como consecuencia.   [6]  Contrario  sensu,  en  la  imposición de sanciones, la autoridad  respectiva  no puede aplicar normas en forma retroactiva, salvo la garantía del  principio   de   favorabilidad,   que   debe   ser   analizado   en   cada  caso  concreto”.   

4.3.1 La protección del debido proceso y del  derecho  a  la defensa se debe garantizar durante todo el proceso disciplinario.  Tal  y  como lo señala la jurisprudencia, se tendrá que juzgar con base en las  leyes  preexistentes  al  momento  de  comisión de la conducta, otorgándole al  acusado  los  mecanismos  necesarios  para  controvertir  las  pruebas. También  deberá  avocarse  por la imposibilidad de empeorar la sanción en una instancia  de  revisión  judicial,  y en principio deberá garantizarse el principio de la  doble  instancia.  No podrá presumirse la culpabilidad del investigado, tampoco  podrá  juzgársele  dos  veces  por  el mismo hecho y le asiste el derecho a un  juicio  imparcial.  Éstos  son los principios básicos que la Corte ha definido  en  principio  para  limitar la función legislativa en aras a la protección de  los   valores   fundamentales   del   debido   proceso   y   del  derecho  a  la  defensa.   

5.1.  La  Sala  disciplinaria  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en providencia del 11 de febrero de 2009 rechazó  por  improcedente  el recurso de reposición interpuesto por el tutelante contra  la  sentencia  sancionatoria que esa misma Sala le impuso el 29 de mayo de 2008.  A  juicio  del  demandante  la  respuesta  obtenida por parte de la Corporación  accionada  vulneró  su  derecho  fundamental  al debido proceso, al acceso a la  administración  de  justicia  y  el  derecho  a  la  defensa. Consideró que la  decisión  adoptada  desconoció  lo  consagrado  en el artículo 29 de la Carta  Política  a  propósito  del  derecho  que  tiene  todo ciudadano a impugnar la  sentencia  condenatoria  que se profiera en su contra. Igualmente señala que el  artículo  113  de  la Ley 734 de 2002 contempla la posibilidad de interponer el  recurso de reposición contra sentencias de única instancia.   

5.2.  Por  su  parte,  la  Sala Disciplinaria  consideró  que  no  se  había incurrido en violación alguna dado que la misma  Ley  734  de  2002  en  su artículo 205 establece que sus fallos se entenderán  ejecutoriados  con  la  simple suscripción. Alegó que la norma invocada por el  accionante  hace parte de las disposiciones generales, mientras que el artículo  205  está  dispuesto especialmente para las providencias proferidas por la Sala  disciplinaria  del  Consejo Superior de la Judicatura contra miembros de la rama  judicial,  razón  por  la  cual  prima  el  principio  de  especialidad  en  la  aplicación  de  la  norma. Añadió que la posición adoptada y por medio de la  cual  decidió  rechazar  el recurso está acorde con lo dispuesto en el Código  de  Procedimiento  Civil.  También  sostuvo que el legislador posee libertad de  configuración  normativa  en materia disciplinaria y que no resulta contrario a  la  Carta  disponer  que  ciertas  providencias  no  estén  sujetas a posterior  estudio o revisión.   

5.3.1.  Ahora bien, tal y como se planteó en  el  problema  jurídico, es preciso definir si la respuesta dada por el Tribunal  al  recurso  de  reposición  interpuesto  por  el accionante, de alguna manera,  vulneró  su  derecho fundamental al debido proceso y a la defensa. La sentencia  C-590  de  2005  define  que  existen  ocho  causales  bajo  las cuales se puede  entender  que  la  tutela  puede  atacar  providencias  judiciales:  a)  defecto  orgánico,  es  decir cuando el juez que dictó la sentencia no es el competente  para  fallar; b) defecto procedimental, cuando el juez desconoce por completo el  procedimiento  legalmente  previsto;  c) defecto fáctico, cuando el juez carece  del  material  probatorio  suficiente  para  poder aplicar la disposición legal  correspondiente;  d) defecto sustantivo; cuando el juez falla con base en normas  inexistentes   o  abiertamente  inconstitucionales;  e)  cuando  un  tercero  ha  inducido  en  error  al  juez  y  como consecuencia se haya tomado una decisión  contraria  a  la  ley;  f)  cuando  la  decisión  del juez carezca de la debida  motivación;  g) cuando el juez ha desconocido el precedente judicial; h) cuando  ha habido una violación directa de la Constitución.   

5.3.2.    En    el    caso   sub  examine  puede  establecerse  que en  relación  con  las  causales  genéricas  de  procedencia  de  la tutela contra  providencias  judiciales,  no  obra  en  el  expediente  prueba  de  que se haya  incurrido   en  alguna  de  ellas  por  parte  del  fallador.  El  fallo  estuvo  debidamente   motivado   y  ceñido  a  las  normas  aplicables  al  particular.  Igualmente,  no  se concluye que la sentencia sancionatoria se haya proferido en  contra   del  precedente  judicial,  tanto  disciplinario,  como  constitucional  (sentencia T-121 de 1999).   

5.3.3.  El  argumento del accionante apunta a  señalar  que  el  rechazo  del recurso se opone de manera directa a un precepto  constitucional  fundamental  como  lo es el derecho a la defensa, que en su caso  particular,  se  vería  vulnerado  por  la  imposibilidad  de impugnar el fallo  sancionatorio.  A  lo  largo  de esta sentencia, se ha demostrado que no resulta  contrario  a  los  preceptos  constitucionales que el legislador disponga, en el  ejercicio  de  la  libertad  de  configuración  normativa  que posee en materia  disciplinaria,  qué  recursos  se  conceden  en  cada  etapa del proceso y qué  providencias judiciales pueden ser o no recurridas.   

5.3.3.1.  También se señalaron los límites  que   debe   respetar   el  legislador  para  no  contrariar  las  disposiciones  constitucionales  relativas  al  derecho de defensa y al debido proceso. Si bien  no  es  de resorte del juez de tutela valorar en abstracto la constitucionalidad  de   las   normas,  puede  apreciarse  de  la  lectura  del  expediente  que  el  procedimiento  se  surtió con el respeto a los mínimos constitucionales. No se  percata  esta  Sala  de  una  irregularidad  grosera y desproporcionada que haya  puesto   en  juego  los  derechos  fundamentales  alegados  por  el  demandante.   

5.3.3.2. El señor Huertas Torres fue juzgado  por   una  conducta  preexistente  al  momento  de  la  comisión  de  la  falta  disciplinaria.  Tuvo  la  oportunidad  procesal de controvertir las pruebas y de  aportar  las  que  considerara  necesarias.  Incluso  el  juez  disciplinario le  aplicó  en sede de punibilidad la sanción correspondiente a lo dispuesto en la  Ley  200  de  1995 en virtud del principio de favorabilidad. Haría entonces mal  el  juez  de  tutela  si  interviniera  en una decisión que se acompasa con las  disposiciones  constitucionales,  legales,  y con la jurisprudencial relacionada  con el asunto demandado.   

5.4. El accionante señaló en la demanda que  le  debía  ser  aplicado el artículo 113 de la Ley 734 de 2002, el cual prevé  la  posibilidad  de  interponer  recurso  de reposición contra la sentencias de  única   instancia.   A   este  respecto,  tal  y  como  lo  señaló,  la  Sala  Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de la Judicatura, siguiendo el precedente  disciplinario,  aplicó  el  artículo  205  de  la  misma norma. Esta decisión  encuentra  razón  en  el  principio de especialidad, en cuanto el artículo 113  del  Código Disciplinario Único se encuentra en la parte general, mientras que  el  artículo  205  se incluye en el capítulo especial para los funcionarios de  la rama judicial.   

Tal y como se ha definido, en el presente caso  es  claro  que,  más  allá  del  debate  dogmático,  la decisión del Consejo  Superior  no  es  contraria  a la Ley, es por ello que no se puede por esta vía  controvertir  la  interpretación  legítima  del  juez  natural  de  la  causa.   

III. DECISIÓN  

Es  por  ello  que debe esta Sala declarar la  improcedencia  de  la  acción  de  tutela  y  negar  el  amparo  a los derechos  invocados.  El  recurso  de  reposición,  más  allá  de  haber sido rechazado  contiene  una  respuesta  de  fondo,  ello  es, la no procedencia del recurso de  reposición  frente  a  las  sentencias  que  profiera la Sala Disciplinaria del  Consejo   Superior   de   la   Judicatura   contra   funcionarios   de  la  rama  judicial.   

RESUELVE  

Primero.-     CONFIRMAR    el  fallo del Consejo Seccional de la Judicatura de Cundinamarca del  veintiocho   (28)   de  agosto  de  2009,  mediante  el  cual  negó  el  amparo  constitucional deprecado.    

Segundo.-   Por  Secretaría  General,  líbrense las comunicaciones de que trata el artículo 36  del Decreto 2591 de 1991.   

Cópiese,   notifíquese,   comuníquese,  insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

MARÍA VICTORIA CALLE CORREA  

Magistrada  

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado  

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO  

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

(T-962/2009)  

    

1  Expediente, Folio 4.   

2  Expediente, Folio 10.   

3  Expediente, Folio 3.   

4  Expediente, Folio 77.   

5  Expediente, Folio 78.   

6  Expediente, Folio 93.   

7  Expediente, Folios 14-25.   

8  Expediente, Folios 26-48.   

9  Expediente, Folios 49-54.   

10  Expediente, Folios 55-62.   

11  Sentencia T-522 de 2001   

12  Cfr. Sentencias T-462/03; SU-1184/01; T-1625/00 y T-1031/01.   

13 En  el  mismo  sentido  ver  las  sentencias  C-005 de 1993; C-119 de 1993; C-017 de  1996.   La   sentencia   C-892  de  1998  por  su  parte  señala:  “Los  artículos 99 y 102 del Código Disciplinario Único, aquí  demandados,  consagran  en  su  orden, los recursos de reposición y apelación,  contra  las  providencias  que  allí  se  establecen,  esto  es,  el recurso de  reposición  contra  los  “autos  de  sustanciación,  contra  el que niega la  recepción   de   la   versión   voluntaria  y  contra  los  fallos  de  única  instancia”;  a su vez, el recurso de reposición procede contra “el auto que  niega  pruebas  en  la investigación disciplinaria y contra el fallo de primera  instancia”. El  legislador  en  el  ejercicio de sus atribuciones, al regular  los  distintos procedimientos, goza de la facultad de configuración legislativa  y,  en  ese orden de ideas, determina cuáles son las providencias recurribles y  cuáles  los  recursos  procedentes  para  el  efecto.   Así  las  cosas, esta  Corporación,  ha  expresado:  “…En  particular, esta Corte ha señalado que  los  recursos  son  de  creación  legal,  y por ende es una materia en donde el  Legislador  tiene  una  amplia  libertad,  puesto  que salvo ciertas referencias  explícitas    de    la    Carta    –como  la  posibilidad  de  impugnar  los  fallos  de  tutela  y las  sentencias  penales  condenatorias  (CP arts 29 y 86)- corresponde al Legislador  instituir  los  recursos  contra  las providencias judiciales y administrativas,  señalar  la  oportunidad  en  que  proceden  y sus efectos” (Sent.  C-017 de  1996). Inclusive,   con   anterioridad,   en  sentencia  C-005  de  1993,  esta  Corporación  señaló  que  “Si  el legislador decide consagrar un recurso en  relación  con  ciertas  decisiones  y  excluye  del  mismo otras, puede hacerlo  según  su  evaluación  acerca  de  la  necesidad y conveniencia de plasmar tal  distinción,  pues  ello  corresponde  a  la función que ejerce, siempre que no  rompa  o desconozca principios constitucionales de obligatoria observancia. Más  todavía,  puede,  con  la  misma  limitación,  suprimir  los recursos que haya  venido   consagrando  sin  que,  por  el  solo  hecho  de  hacerlo,  vulnere  la  Constitución  Política”. Igualmente,  la  libertad  del  legislador, quedó  plenamente  establecida,  en  pronunciamientos  de  esta  Corporación  sobre el  principio  de  la  doble  instancia,  cuando expresó: “La jurisprudencia  ha  sostenido  reiteradamente  que  la doble instancia, a través de la apelación o  la  consulta,  no es parte esencial del debido proceso, y la Constitución no la  ordena  como exigencia del juicio adecuado. “Empero, la tesis jurisprudencial  que  se  menciona tienen hoy un carácter relativo pues si bien es cierto que la  Constitución  no  establece  la  doble  instancia  como un principio del debido  proceso,  de  manera abstracta y genérica, no lo es menos que la posibilidad de  impugnar  las  sentencias  condenatorias  si  es  un  derecho que hace parte del  núcleo  esencial  del  debido proceso. En otros términos, una norma que impida  impugnar  las sentencias condenatorias será inconstitucional por violación del  debido  proceso.  En  todos los demás casos, la doble instancia es un principio  constitucional  cuyas  excepciones pueden estar contenidas en la ley (art. 31 de  la  C.N.). “En síntesis: La doble instancia no pertenece al núcleo esencial  del  debido  proceso,  -pues la ley puede consagrar excepciones- salvo cuando se  trate  de  sentencias  condenatorias, las cuales siempre podrán ser impugnadas,  según  el  artículo 29 de la Carta”. (Sent. C-119 de 1993). De manera pues,  que  a juicio de la Corte, de conformidad con la doctrina constitucional citada,  no  se  presenta  vicio  de inconstitucionalidad respecto de los artículos 99 y  102  del  Código  Disciplinario  Único, por omisión relativa, ya que, como se  vio,  corresponde al legislador en el ejercicio de sus funciones, establecer los  actos   procesales   que   son   objeto  de  impugnación,  los  términos  para  interponerlos,  la  notificación  y  la  ejecución  de  las providencias; así  mismo,  es  competencia  del  legislador la determinación de si un recurso debe  ser  sustentado  o  no. Obsérvese  entonces,  que  al  deferirse  a la ley, la  posibilidad  de  establecer  los  mecanismos  de  impugnación,  no  se vulneran  disposiciones  de  orden  superior.  Pero es más, el hecho de que no todas las  providencias  que  se  profieran  dentro  del  proceso  disciplinario puedan ser  impugnadas   mediante  la  interposición  de  los  recursos  de  reposición  y  apelación,  no  obsta para que puedan ser atacadas a través de la institución  de  las  nulidades.  Es  más,  el  mismo  Código  Disciplinario  Único, en su  artículo   131,   consagra   las   causales  de  nulidad,  a  saber.  “1.  La  incompetencia  del  funcionario  para  fallar. 2.  La violación del derecho de  defensa.  3.   La  ostensible  vaguedad  o  ambigüedad  de  los  cargos  y  la  imprecisión  de  las  normas en que se fundamenten. 4. La comprobada existencia  de  irregularidades  sustanciales  que  afecten  el  debido  proceso”.   

14 En  el  mismo  sentido ver la C-428 de 2002 (MP Rodrigo Escobar Gil). En relación a  la   potestad   de  configuración  legislativa  en  materia  de  procedimientos  judiciales  ver  igualmente:  Sentencia  C-692  de  2008.  Referencias a pies de  página:  Sentencia  C-555  de  2001 (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra). En igual  sentido  sentencias  C-1104  de 2001 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández), C-973  de  2002  (M.P.  Álvaro  Tafur Galvis), C-886 de 2004 (M.P. Manuel José Cepeda  Espinosa),  C-1264 de 2005 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández). Sentencia C-183  de  2007  (M.P.  Manuel  José Cepeda Espinosa). Corte Constitucional. Sentencia  C-1104  de  2001 Clara Inés Vargas.  Corte Constitucional. Sentencias C-742 de  1999,  C-384  de  2000,   C-803  de  200  entre  otras.  Corte  Constitucional.  Sentencia  C-111  de 2000. Corte Constitucional. Sentencia C-1270 de 2000. Corte  Constitucional.  Sentencia  C-1104 de 2001. M.P. Clara Inés Vargas.  Sentencia  C-183  de 2007 (M.P. Manuel José Cepeda Espinosa). Sentencia C-728 de 2000 M.P.  Clara  Inés  Vargas.  Sentencia  C-886  de  2004  M.P.  Manuel José Cepeda. En  sentencia  C-555  de  2001 dijo la Corte al respecto que: “…el legislador al  diseñar  los  procedimientos  judiciales  no  puede  desconocer  las garantías  fundamentales,  y  debe  proceder de acuerdo con criterios de proporcionalidad y  razonabilidad,  a  fin de asegurar el ejercicio pleno del derecho de acceso a la  administración  de  una  justicia  recta.  Por  ello  las  leyes que establecen  procedimientos  deben  propender por el hacer efectivos los derechos de defensa,  de  contradicción,  de  imparcialidad  del juez, de primacía de lo substancial  sobre  lo  adjetivo  o  procedimental,  de  juez  natural,  de publicidad de las  actuaciones  y  los  otros  que conforman la noción de debido proceso”. Corte  Constitucional.  Sentencia  C-1104  de  2001. Clara Inés Vargas.  Ver también  las  sentencias  C-927  de  2000  (M.P.  Alfredo Beltrán Sierra), C-555 de 2001  (M.P.  Marco  Gerardo  Monroy  Cabra),  C-640 de 2002 (M.P. Marco Gerardo Monroy  Cabra),  C-642  de  2002  (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra), C-736 de 2002 (M.P.  Jaime  Araujo Rentería), C-740 de 2002 (M.P. Alfredo Beltrán Sierra), C-788 de  2002  (M.P.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa),  C-561 de 2004 (M.P. Manuel José  Cepeda  Espinosa),  C-340  de 2006 (M.P. Jaime Córdoba Triviño), T-738 de 2006  (M.P.  Marco Gerardo Monroy Cabra), entre otras.  Sentencia C-155 de 2007 (M.P.  Álvaro Tafur Galvis).     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *