T-973-09

Tutelas 2009

    SENTENCIA T-973-09  

(Diciembre 18; Bogotá DC)  

DERECHO  A LA AUTONOMIA POLITICA DE COMUNIDAD  INDIGENA-Derecho   fundamental   a   gobernarse   por  autoridades   propias,   sin   la   interferencia   de  autoridades  del  Estado   

ACCION     DE     TUTELA-Subsidiariedad   

ACCION      DE     TUTELA-Aunque  se  configure  hecho  superado se mantiene competencia para  pronunciarse sobre decisiones y argumentos de instancia   

PRINCIPIO    DE   DIVERSIDAD   ETNICA   Y  CULTURAL-Alcance   

PRINCIPIO    DE   DIVERSIDAD   ETNICA   Y  CULTURAL-Marco normativo   

DIVERSIDAD  ETNICA  Y  CULTURAL-Instrumentos jurídicos internacionales de protección   

CONVENIO 169 DE LA ORGANIZACION INTERNACIONAL  DEL    TRABAJO   OIT-Hace   parte   del   bloque   de  constitucionalidad   

COMUNIDAD      INDIGENA-Movilidad cultural e identidad   

DERECHO    A    LA   IDENTIDAD   CULTURAL  INDIGENA-Protección     constitucional    especial   

PRINCIPIO  DE  AUTONOMIA  DE  LAS COMUNIDADES  INDIGENAS-Derecho   de   gobernarse  por  autoridades  propias   

DERECHO  A LA AUTONOMIA INDIGENA-Ambitos de protección   

PRINCIPIO    DE   DIVERSIDAD   ETNICA   Y  CULTURAL-Límites/COMUNIDAD   INDIGENA-Límites  a  la  autonomía   

PRINCIPIO    DE   DIVERSIDAD   ETNICA   Y  CULTURAL-Reglas que facilitan la interpretación sobre  los  alcances  y  los  límites  de  la  diversidad  y su ponderación con otros  derechos   

MAXIMIZACION   AUTONOMIA   DE   COMUNIDAD  INDIGENA-Naturaleza/MINIMIZACION      RESTRICCION      AUTONOMIA      DE      COMUNIDAD  INDIGENA-Naturaleza   

ENTIDAD       ESTATAL-Obligación  de  que  los  recursos de los ingresos corrientes de la  Nación   se   inviertan   en   solventar  las  necesidades  de  los  resguardos  indígenas   

COMUNIDAD      INDIGENA-Intervención del estado en la autonomía política   

DIRECCION  DE  ETNIAS  DEL  MINISTERIO  DEL  INTERIOR Y DE JUSTICIA-Deberes   

COMUNIDAD      INDIGENA-Derecho   de  auto-gobierno/DERECHO  A  LA  AUTONOMIA  POLITICA  DE COMUNIDAD INDIGENA-Prohibición  de intervención estatal   

DERECHO  A LA AUTONOMIA POLITICA DE COMUNIDAD  INDIGENA-Menor intervención posible   

COMUNIDAD      INDIGENA-Deber  del Cabildo o el Gabinete Tradicional de hacer respetar en su  integridad  las  directrices y reglas para el debate electoral y no propiciar su  quebrantamiento   

DERECHO  A LA AUTONOMIA POLITICA DE COMUNIDAD  INDIGENA-Vulneración  de  las  autoridades nacionales  por ausencia de proporcionalidad   

PRINCIPIO    DE   DIVERSIDAD   ETNICA   Y  CULTURAL-Vulneración  por  la Dirección de Etnias al  no  convocar  al  pueblo  indígena  a  una  consulta  interna  en  cuanto a los  criterios mínimos de elección de autoridad tradicional   

ACCION     DE     TUTELA-Hecho  superado  por  cuanto  tanto la consulta como la elección de  autoridad   tradicional   de   la   comunidad   Kametsá   Biyá   se  llevó  a  cabo   

Referencia:   Expediente   T-   1.721.433   

Accionante:    José    Narciso    Jamioy  Muchavisoy   

Accionado:  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia.   

Fallo  objeto  de  Revisión:  Sentencia  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria, del  primero  de  Agosto de  dos mil siete, que revocó la decisión del Consejo  Seccional   de  la  Judicatura  de  Cundinamarca,  del  20  de  junio  de  2007.   

Tema:  

Derechos vulnerados:  derecho  a  elegir  y  ser elegido, igualdad, debido proceso y autonomía de las  comunidades indígenas.   

Vulneración:  La  Dirección  de  Etnias  del  Ministerio del Interior y de Justicia es acusada de  intervención  indebida  en  la  autonomía de la comunidad Kamëntsá Biyá del  Putumayo,  por  incidir en la elección libre de sus autoridades tradicionales y  lesionar los derechos del accionante.   

Pretensión:  que  evite  la intervención, se le cancele la inscripción o registro como autoridad  tradicional  al  señor  Miguel  Chindoy  y  se  convoque  a  nuevas  elecciones  unificadas de la autoridad tradicional indígena.   

Magistrados  de  la Sala Quinta de Revisión:  Mauricio  González  Cuervo,  Jorge  Ignacio  Pretelt  Chaljub  y Nilson Pinilla  Pinilla.   

Magistrado   Ponente:   Mauricio  González  Cuervo.   

I. ANTECEDENTES  

1.   Pretensión   del    accionante.   

1.1.   El   señor   José  Narciso  Jamioy  Muchavisoy,  presentó  acción de tutela en contra el Ministerio del Interior y  de  Justicia,  por  considerar  que  esa  entidad, por medio de su Dirección de  Etnias,  ha estimulado la división interna de la Comunidad Indígena Kamëntsá  Biyá1  del  Municipio  de  Sibundoy (Putumayo), al inscribir la elección  del  taita  Miguel  Chindoy  Beusaquillo  como  Gobernador del Pueblo Kamëntsá  Biyá  y  no  la suya, a pesar de haber sido elegido también como Gobernador de  esa  comunidad,  para el año 2007. Considera que este accionar de la Dirección  de  Etnias,  vulneró  sus  derechos  fundamentales  al  debido  proceso,  a  la  igualdad,  a  la  participación  en  la  conformación, ejercicio y control del  poder  político,  y  el derecho a la autonomía del pueblo indígena Kamëntsá  Biyá,  por interferir indebidamente en las decisiones internas de su comunidad,  con relación a la elección de su autoridad tradicional.   

Para precisar esta afirmación el actor alega  haber  sido  elegido  como  Gobernador  para  el  2007,  conforme  a  los usos y  costumbres   de   esa  población,  desde  el  día  3  de  diciembre  de  2006.  Paralelamente,  en  otra  elección  realizada el 10 de diciembre de 2006 por un  sector        disidente,        –omitiendo  la  tradición, la ley y los usos y costumbres milenarios  según   indica–,   fue  elegido  también  como Gobernador del Pueblo Kamëntsá Biyá, el señor Miguel  Chindoy  Buesaquillo.  Esa  designación  y  no  la  suya,  sin  embargo, fue la  inscrita  y avalada por la Dirección de Etnias del Ministerio del Interior y de  Justicia,  por  lo  que  esa  “intervención” del Ministerio en los procesos  electorales  de la comunidad, es desde su perspectiva, una lesión a la voluntad  mayoritaria  de  su pueblo y a la autonomía de la que éste goza para conformar  su  propio  gobierno.  En consecuencia, alega que ello constituye una violación  de  sus derechos a la igualdad y a elegir y ser elegido, porque el Ministerio se  negó  injustamente  a  inscribir  al cabildo elegido y a la autoridad indígena  que  sí  había sido seleccionada con acatamiento a las normas y las costumbres  de  la  comunidad,  –y que  él  representa–, tomando  partido  abierta  e  indebidamente  por  uno  de  los  grupos involucrados en el  conflicto.   

Concluye,  que  a  raíz  de  estos  hechos  ilegítimos  la  situación  de su comunidad se radicalizó tanto, que el señor  Miguel  Chindoy se tomó por la fuerza la Casa Cabildo en donde se encontraba el  accionante  ejerciendo  como  Gobernador  elegido  según  la tradición para el  2007.  No  obstante,  como  él  y  los otros comuneros no se dejaron desalojar,  varias  personas  resultaron  heridas  en  el enfrentamiento. Por ello, el actor  solicitó  a  los  jueces de tutela que protegieran sus derechos fundamentales y  los  de  su  comunidad  al  autogobierno, y que se le ordenara al Ministerio del  Interior  y  de  Justicia,  Dirección  de  Etnias,  cancelar  la inscripción o  registro  como  autoridad  tradicional hecha el 10 de enero de 2007 en favor del  señor  Miguel Chindoy. Además, solicitó que se les diera un plazo no inferior  a  60  días a ambos cabildos elegidos paralelamente por esa comunidad, para que  se  convocaran a unos nuevos comicios unificados que permitieran elegir una sola  autoridad tradicional.   

2. Respuesta del Ministerio del Interior y de  Justicia.   

El  Ministerio  del  Interior  y de Justicia,  afirmó  que  la  comunidad Indígena Kamëntsá Biyá del Municipio de Sibundoy  (Putumayo),  presenta  graves  problemas  de  gobernabilidad  por  causa  de una  división  interna entre sus miembros, desde hace varios años. La situación se  agudizó  en  el  2006,  debido  a  que  un grupo de comuneros eligió al señor  Santos  Jamioy  como Gobernador del pueblo indígena para ese periodo electoral,  mientras  que  otra parte de la comunidad eligió al señor José Narciso Jamioy  para  ejercer  también  como  máxima autoridad de ese resguardo, para el mismo  año.   

Dada   la  compleja  división  del  pueblo  Kamëntsá  Biyá  en estas materias, esa institución, actuando como mediadora,  junto  con  la Defensoría Delegada para Asuntos Indígenas y Minorías Étnicas  y  la  Procuraduría Delegada para Derechos Humanos y Asuntos Étnicos, intentó  buscar  un  acuerdo  al  interior  de  la  comunidad  que permitiera superar las  diferencias  y  facilitara  contar  con  un gobierno unificado. Tal esfuerzo, no  obstante,  tuvo  resultados  infructuosos.  De hecho, el Ministerio del Interior  fue  accionado  por  el  señor  Santos Jamioy, uno de los elegidos, por haberse  negado   a  inscribirlo  oficialmente  como  Gobernador  de  la  comunidad.  Sus  pretensiones,   sin   embargo,  fueron  desestimadas  en  sede  de  tutela,  con  fundamento  en  la  autonomía  de  ese  pueblo para definir por sí mismo a sus  autoridades propias.   

Por  ende,  ante la ausencia de un gobernador  único  para  el  2006  que  obrara  como  representante de toda la comunidad, y  carecer  de  reglas  consensuadas  que  permitieran solucionar la dificultad, el  Ministerio del Interior y de Justicia:   

“[M]anifestó   su   posición   oficial  expresando  que  la mejor salida a los problemas de gobernabilidad y ausencia de  representatividad  formal,  era  que  la  comunidad indígena, en atención a su  autonomía,  convocara  a  nuevas  elecciones  para  la  escogencia  de  un solo  gobernador  que  pudiera asumir la representatividad del pueblo y coordinara las  acciones  de  justicia  y demás necesidades del pueblo Kamëntsá, a fin de que  los  derechos  fundamentales,  colectivos  e  individuales  de  los comuneros se  respetaran.  (…)  Por  consiguiente, después de examinar que las fórmulas de  la   mediación   no   procedieron,  considera[ron]  imprescindible  apoyar  una  alternativa  de  solución  que  (i)  fuera la menos penosa, es decir, evitara o  mitigara  los daños y perjuicios sobre los derechos e intereses de las familias  y  las  personas  indígenas,  que  el  conflicto  ha  dejado; (ii) fuera la mas  razonable,   es  decir,  guardara  la  mayor  correspondencia  entre  los  fines  colectivos  y  los  medios  utilizados; (iii) tuviera mayor vocación de unidad;  (iv)   fuera  producto  del  consenso  o  en  su  defecto  tuviera  el  respaldo  mayoritario  y  (v) fuera la más práctica. El grupo de exgobernadores decidió  acoger      esa      recomendación     (…)”2.   

Así,  un  grupo  de  ex  gobernadores  de la  comunidad  indígena Kamëntsá Biyá, convocó a elecciones el 30 de septiembre  de  2006  para el resto del periodo electoral, en las que fue elegido nuevamente  el  señor Santos Jamioy. El ganador esta vez sí fue inscrito por el Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  como  Gobernador,  y fue él quien ejerció como  autoridad  de  esa  comunidad indígena desde el 30 de septiembre del 2006 hasta  el  31  de  diciembre  del  mismo año. El Cabildo presidido por ese Gobernador,  convocó  en  diciembre  del  2006 a nuevas elecciones para el periodo 2007 y en  los  comicios correspondientes fue elegido el señor Miguel Chindoy Buesaquillo,  quien  fue registrado por el Misterio del Interior y de Justicia como Gobernador  indígena para el 2007.   

El  taita  José  Narciso Jamioy –quien  se abstuvo de participar en las  elecciones  de  septiembre  de  2006  y  de diciembre del mismo año–,  permanecía  en  la  Casa  Cabildo  invocando  ser  el  legítimo  Gobernador  para  el 2007 por elección realizada  también  a  finales  del  2006 por el grupo de ciudadanos que él representaba.  Por  ende,  el  taita  Miguel  Chindoy,  en  su calidad de Gobernador del Pueblo  Indígena  inscrito,  inició  un proceso de desalojo de la Casa Cabildo ocupada  por  el  taita  José  Narciso,  y para el efecto, pidió la colaboración de la  Policía   Nacional   que  acudió,  por  tratarse  de  la  autoridad  indígena  debidamente  reconocida.  Personas  de la comunidad se opusieron a ese desalojo,  lo  que  produjo  una  alteración  del  orden público. Para el Ministerio, sin  embargo,  luego  de  todos  estos  hechos, existe en la actualidad una autoridad  indígena  legalmente  constituida  que  es  la  que  debe  aplicar  la justicia  indígena  de conformidad con sus reglas y procedimientos, mientras que ellos no  sean contrarios a la Constitución y a la ley.   

Por  lo  tanto, frente a las pretensiones del  demandante,  el  Ministerio del Interior y de Justicia, solicita que éstas sean  denegadas,   dado  que  cualquier  desavenencia  sobre  la  designación  de  la  autoridad  indígena  es  un  asunto propio de esa comunidad y del resorte de su  autonomía.   

3.   Hechos   relevantes   y   medios   de  prueba.   

3.1. De acuerdo con la información probatoria  allegada  por  las  partes,  la Sala de Revisión recoge los siguientes hechos y  pruebas  de  quienes participaron en el proceso. Dada la multiplicidad de hechos  que se registran, las pruebas se citan cronológicamente, así:   

– El día 4 de diciembre de 2005, se realizó  la  elección  del  Cabildo  o  autoridad tradicional de la comunidad Kamëntsá  Biyá  del  Municipio  de  Sibundoy  (Putumayo)  para  el  periodo  2006,  convocada  por  el Cabildo saliente  2005,  como  es  tradición. El Cabildo elegido en la Casa Cabildo y posesionado  de  acuerdo  con  los  usos  y  costumbres  de  los  Kamëntsá,  designó  como  gobernador  para  el  año 2006, al taita José Narciso  Jamioy                   Muchavisoy3.   

–  En  forma  simultánea, un grupo disidente  realizó  en  el  parque  de  esa localidad (Sibundoy) otra elección de Cabildo  indígena  también  para  el  2006, desconociendo aparentemente la tradición y  los  usos  y  costumbres  de  la  comunidad,  y  designando al taita  Santos  Jamioy  Muchavisoy, también como  Gobernador  del pueblo indígena para ese año. Esa elección no fue convalidada  por  el  Cabildo  cesante  del  2005,  quien se negó a posesionar a ese segundo  Gobernador  en  enero  de  2006,  por  estar  pendiente un proceso en contra del  elegido,  que  debía  resolverse  por  el  Cabildo  y  la Comunidad4.    

–  Los  exgobernadores  del Pueblo Kamëntsá  Biyá,  según  indica  el  Ministerio  del Interior, se oponían a que el taita  José  Narciso Jamioy, líder de uno de los sectores políticos de la comunidad,  fuera  el Gobernador, porque éste les había impuesto sanciones durante el 2005  –año  en el que el actor  también  rigió  ese  Pueblo indígena–,  consistentes  en  inhabilidades  para  elegir  y  ser elegidos de  manera     permanente    en    futuros    comicios5.   

–  La Dirección de Etnias del Ministerio del  Interior  y de Justicia, dada esta situación de doble designación de autoridad  indígena  para  el  2006,  se  negó  a inscribir al accionante como Gobernador  electo,   argumentando  que  éste  no  contaba  con  la  mayoría  de  votantes  necesarios  y que a su acto de posesión no había asistido el Alcalde municipal  de   Sibundoy6.  Tampoco inscribió al segundo cabildo elegido, ni al taita Santos  Jamioy     como     Gobernador     –quien  sí  había  sido  posesionado  en  su momento por el Alcalde  Municipal–,  por no haber  sido  reconocido  por  el  cabildo cesante anterior. De este modo, el Ministerio  del  Interior  se  abstuvo  de  inscribir  a alguno de los Gobernadores electos,  según   indicó,   a   fin,   de  “salvaguardar  la  tradición  del  pueblo  indígena,  de  escoger  un  solo  gobernador y un solo  cabildo”7.   

–  El  señor  José  Narciso  Jamioy demandó mediante acción de nulidad y  restablecimiento  del  derecho,  el  acta  de posesión del señor Santos Jamioy  suscrita  por  el  Alcalde del municipio de Sibundoy, en el 2006. En providencia  del  Tribunal  Administrativo  de  Nariño  del  5  de  mayo de 2006 (M.P. Julio  Armando   Rodríguez),   se   rechazó   la   acción   de   nulidad  propuesta,  así:   

“Ahora  el  demandante pretende la nulidad  del  acta de posesión, firmada por el señor Alcalde del municipio de Sibundoy.  Así  el  Alcalde  hubiese firmado ostentando la calidad de autoridad, sigue sin  existir  el  acto  administrativo,  pues es preciso aclarar que la posesión, no  constituye  una  actuación  administrativa, no es un acto administrativo; ésta  es  un acto procedimental o formalidad que habilita el ejercicio de una función  pública determinada y que no resuelve una situación determinada.   

De  lo anterior se colige que no existe acto  administrativo  que  sea  objeto de la demanda de nulidad y restablecimiento del  derecho;  y  por tratarse de conflictos internos de un resguardo indígena, este  tribunal  carece  de  Jurisdicción  para  dirimirlos,  y  por  ello deberá ser  remitido  a  las  autoridades  competentes  que  en  este  caso es el Consejo de  Excabildantes  según  el  Plan  de  Convivencia  Reglamento  Interno del Pueblo  Kamëntsá  Biyá,  y  por  ende  rechazar la demanda por falta de jurisdicción  (…)”8.    

–  El  señor Santos  Jamioy   –quien   fuera   elegido   en   el   parque  de  Sibundoy–,  presentó  a  su vez en el 2006 una  tutela  en  contra  del Ministerio del Interior y de Justicia, por violación de  sus  derechos políticos, igualdad y debido proceso, con el propósito de que su  designación  como  Gobernador  Indígena  en  el  2006  fuera  inscrita  en  la  Dirección  de  Etnias  del  Ministerio del Interior. El Consejo Seccional de la  Judicatura   de   Cundinamarca,  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria,  el  6  se  septiembre             de             20069,  resolvió  negar  el  amparo  constitucional  solicitado,  por  considerar  que  obligar  a  ese  Ministerio a  registrar  la  posesión  de  ese  Gobernador,  en  particular,  “sería  permitir  una intromisión frente al autogobierno indígena,  amparado   legal  y  constitucionalmente,  pues  como  se  vio,  no  pueden  las  autoridades  intervenir  en  dicho  ámbito  de competencia, so pena de poner en  peligro  su  preservación  y  autonomía;  con mayor razón cuando no existe un  reglamento  que  asuma  o  no  la  posición  del  actor  frente  al  tema de la  prohibición  de  la no reelección inmediata, pues el único existente no tiene  el   aval   integral  de  la  comunidad”10.   

–  Señala  al  respecto  el  Ministerio  del  Interior,  que  por  lo  general,  en  los casos en que se presenta un conflicto  dentro  de  un pueblo indígena, es usual acudir a la normatividad interna de la  comunidad,  para  que,  de  acuerdo  con sus principios, resuelvan sus distintos  problemas.  Sin embargo en estas circunstancias no ha sido posible propender por  esa  solución,  en la medida en que no existe un reglamento interno consensuado  y  participativamente  construido  con  toda la comunidad. Si bien desde inicios  del  2006  ha  sido  puesto en circulación por parte del sector liderado por el  demandante   un   documento   denominado   “Plan  de  Convivencia   o  Reglamento  Interno”,  lo  cierto  es que ese documento sólo es  aceptado  por  ese  sector  de  la  comunidad,  pues  el  resto lo asume como un  borrador,   que  debe  ser  trabajado  en  forma  participativa  por  todos  los  comuneros11.   

–  Ahora  bien,  la  Dirección de Etnias del  Ministerio    del    Interior,    a    juicio    del    actor,   “estimuló  y  orientó” a un grupo de ex  gobernadores  para  que  constituyeran  un  Consejo  y  convocaran  a elecciones  nuevamente  ese  año, a pesar de que el accionante había sido elegido conforme  con  la  tradición  de  su  comunidad  y  se había posesionado ante el Cabildo  cesante  2005,  para  regir  como  Gobernador  durante  todo  el  2006. El grupo  disidente  que  había  elegido al señor Santos Jamioy  en el parque, decidió entonces invalidar la elección  de   ese   ciudadano   y   convocar  a  nuevos  comicios  para  el  30  de  septiembre  de  2006. Dicho proceso  electoral  se  realizó,  según  el  demandante,  al  margen  de  la  Ley 89 de  189012,  de  la  costumbre  y de la tradición de su comunidad, por cuanto  fue     convocado     por     un    “Cabildo    de  Exgobernadores”,  que  es  una  institución  que no  existe  en su organización interna, ajena a su tradición, que se utilizó para  suplantar  al Cabildo competente para el efecto, que es el cesante 2005, el cual  lo  había  elegido a él como Gobernador legítimamente. Además, el Ministerio  posesionó   indebidamente   al   “nuevo”  Cabildo  y violó con ello su derecho al debido proceso. Afirma  asimismo  que,  se  lesionó  con ese proceder la autonomía de la comunidad, ya  que  dichos  comicios fueron “recomendados, alentados  y  acompañados”  por la Dirección de Etnias que al  apoyar   el   proceso,   violó  su  derecho  a  la  igualdad,  tomando  partido  indebidamente  por  el  otro  gobernador,  a  pesar  de  que él era también un  Gobernador  electo  para  el  año 2006, en los términos de la tradición de su  comunidad13.   

–  Precisamente,  mediante  comunicación  escrita  del  7  de  Octubre  de  2006,  dirigida  al Ministro del Interior y de  Justicia,  el  taita  José Narciso Jamioy  le  informó  a  esa  autoridad  gubernamental,  que  la política  tradicional  de  ese  Ministerio  en los 10 años que llevaba el conflicto de su  comunidad,  había  sido  la  no  intervención,  por  lo  que  la  propuesta de  convocatoria  a  nuevas  elecciones  presentada  por  la  Dirección  de Etnias,  afectaba la autonomía del pueblo indígena que él preside, así:   

“Le  recordamos  Señor  Ministro,  que el  Cabildo  Cesante 2005, en la casa cabildo posesionó el 1º de enero de 2006, al  nuevo  cabildo  elegido  el  4  de  diciembre de 2005, en cabeza del taita José  Narciso  Jamioy  Muchavisoy  (…)  conforme  a los usos y costumbres y donde el  señor  Alcalde  de Sibundoy no hizo presencia, porque  prefirió  acompañar  a  los  que  violaron  la costumbre realizando elecciones  fuera  del  lugar  sagrado  que  han  dejado  los  mayores y la comunidad. (…)  Le   aclaramos   que   el   cabildo   cesante  2005,  hizo  tradición  de  las  Varas  de  Mando  al nuevo  cabildo  2006,  símbolo  de la entrega de las responsabilidades de autoridad de  todos  los  códigos  orales  y escritos, de los bienes muebles e inmuebles y de  todo   el   Patrimonio  que  rige  los  destinos  de  esta  comunidad  indígena  milenaria. Tomó juramento en el nuevo cabildo con el  reconocimiento  de  la  Comunidad  para  que  cumplan  con  las  costumbres y la  tradición    todo   el   2006.   En   consecuencia,  internamente  se  viene administrando justicia conforme a los usos y costumbres,  administrando  el  patrimonio  del resguardo propio de la comunidad.  La  dificultad  ha  sido  la  representatividad  legal  ante  las  instituciones  del  Estado.  Cuando  faltan  40  días para convocarnos a nuevas  elecciones  para el 2007 (…) consideramos improcedente que la misma dirección  de  etnias  no  respete  los procesos de autonomía que estamos adelantando para  llegar     a     un     importante    acuerdo.”14    

–  El Ministerio del Interior sostuvo, por su  parte,  que  ante  la  falta  de gobernabilidad del cabildo indígena durante el  2006,  por  la  existencia  de dos Gobernadores y la imposibilidad de que alguno  ejerciera   en  propiedad  esa  labor,  se  estaban  afectando  derechos  de  la  población  indígena,  en  particular  el al acceso a programas de mejoramiento  social  en  salud  y  educación.  Por consiguiente, en palabras del Ministerio:   

“Lo cierto es que el conflicto en mención  y  la  manera  como  se  ha  conducido,  creó  una situación que no podía ser  resuelta  de  otra  forma.  (…) Por consiguiente, después de examinar que las  fórmulas  de  la  mediación  no  procedieron, (…) el grupo de exgobernadores  constituido  en  Consejo  decidió  atender  nuestra  recomendación  y  citar a  elecciones.  (…)  En  este  caso,  con  el  fin  de  resolver  los  dilemas de  gobernabilidad  y  establecer  de  manera  democrática la representatividad del  pueblo  indígena,  los  exgobernadores, en consejo convo[caron] la realización  de  una  jornada  atípica  de  elecciones  el  día  30  de  septiembre de 2006  (…).    [E]l   Consejo  de  Exgobernadores  determinó  actuar  única  y  exclusivamente  en  este  caso particular, como cabildo Cesante, para efectos de  la  posesión  de  quien  fuera  escogido  como  Gobernador en estas elecciones,  debido  a  la  renuencia del sector que resguarda las varas de mando de entregar  las  mismas  para efectos de la posesión”. Se convocó entonces a esas nuevas  elecciones,  para  el  30  de  septiembre  de  200615.   

–  El  Ministerio  afirmó  además  en  la  comunicación  citada  previamente,  que  su motivación para el acompañamiento  del proceso electoral mencionado, era la siguiente:   

“[A]  fin  de establecer si los resultados  hablarían  o  no  de  la  voluntad  de  la mayoría. Dicho proceso arrojó unos  resultados  cuantitativos  que no difieren radicalmente de los resultados de las  últimas  5  elecciones,  no  obstante  la fecha y no  obstante  el  llamado  del  otro sector a no votar. El  total  de  votos  obtenidos  por  el  ganador  fue  de  quinientos  (508). (…)  [E]fectivamente  se  dio  una expresión mayoritaria por el señor Santos Jamioy  como  Gobernador  del  Cabildo  Indígena.  (…)”16.   

–  Sobre  la  legitimidad  del  Cabildo  de  Exgobernadores  para  celebrar  estas elecciones extemporáneas, la Directora de  Etnias  del  Ministerio  del Interior y de Justicia, Dra. Josefina Araujo Baute,  en  la  comunicación  del  18  de  octubre  de  2006  dirigida  a  la Comunidad  Kamëntsá, que se cita, afirmó lo siguiente:   

“Para  darle cumplimiento al artículo 3º  de       la       Ley      89      de      189017  (…)  los exgobernadores,  mediante  una  actuación  jurisdiccional  propia  y  además  respaldada por un  amplio  sector  de  la  comunidad,  asumió  el papel de cabildo cesante como lo  dijimos  anteriormente,  teniendo  en  cuenta varios hechos: 1. que son personas  investidas  de  autoridad  en virtud a que varios de ellos han sido gobernadores  en  diferentes  ocasiones  y,  por  lo  mismo, tienen voz de mando, capacidad de  gobierno  y respeto comunitario; 2. que en varias ocasiones de la historia de la  comunidad  han  actuado  y  asumido de manera individual o en grupo funciones de  autoridad  para  enfrentar  crisis  internas; 3. que el vacío de autoridad y de  gobierno  ocasionado por el conflicto interno afectaba tanto la convivencia como  los  derechos individuales y colectivos del pueblo Kamëntsá Biyá; y 4. que el  cabildo  del  2005,  por  hacer  parte  del  conflicto se negaría a actuar como  cabildo   cesante  ante  el  cabildo  elegido  el  30  de  septiembre  de  2006.  Por lo antes mencionado, esta Dirección, después de  evaluar  los  argumentos anteriores, considera que el cabildo elegido cumple con  todas  las  formalidades  y  asume  como  legítimo  el  papel  asumido  por los  exgobernadores  como  cabildo  cesante. De acuerdo a lo anterior y con el fin de  proteger  los  Derechos  Fundamentales  de todos los integrantes de la comunidad  Kamëntsá   Biyá,  esta  Dirección  ha  procedido  al  registro  del  Cabildo  Indígena  que  en  cabeza  del  señor  Santos  Jamioy,  ejercerá como máxima  autoridad   del   pueblo   indígena   durante  el  resto  del  año,   asumiendo   de   manera   inmediata   las   funciones   que  le  corresponden”.18   

–  A  su  vez,  en  un  documento  denominado  “Recomendaciones  hechas por la Dirección de Etnias  del  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  al  Cabildo  Elegido  el  30 de  septiembre  de  2006”, firmado por la Subdirectora de  Asuntos   Indígenas  del  Ministerio  del  Interior,  se  leen  las  siguientes  indicaciones:   

    

* “No  desarrollar  acciones  ni  jurídicas  ni  administrativas ni sociopolíticas de retaliación  contra el sector contradictor.   

* Desarrollar  las  elecciones  de  diciembre  de  2006  de  acuerdo  a  las normas y procedimientos  acostumbrados.   

* Desarrollar  las  acciones  administrativas  más urgentes, con el fin de proteger los intereses y  derechos  de  la  comunidad y/o de las familias y personas, como la celebración  del  contrato  familias  guardabosques,  la  certificación de jóvenes ante las  Universidades, etc.   

* Garantizar  el  cumplimiento  de  los  acuerdos  y  compromisos  que  el  otro  sector adquirió  actuando local y regionalmente como cabildo.   

* Desarrollar cuando  menos un acto colectivo de reconciliación.   

* Renunciar  a  la  pretensión  de  recibir  las varas y la casa cabildo, dejándole al otro sector  la  responsabilidad  solemne  de  custodiarlos  hasta  cuando se vuelva a elegir  cabido en la fecha y sitio acostumbrados.   

* Planificar de forma  concertada  con  el  otro  sector,  un  proceso de capacitación y consulta que,  entre  otras, sirva para refrendar el reglamento interno (plan de convivencia) y  construir  un  diálogo  de  todos  los  sectores  del  pueblo  Kamtzá, como en  diferentes momentos la ha propuesto el otro sector (ver).   

* Abstenerse  de  realizar  el  convenio  con  la administración municipal para ejecutar recursos  del SGP de 2006 y, más bien, aplazar su ejecución para el 2007.   

* Adelantar un proceso  de  concertación  comunitaria  para  la  ejecución  de  los  recursos  de  SGP  2006-2007,  garantizando  la  mayor  transparencia  y equidad posibles. De hecho  este  ejercicio  debe  ser una oportunidad para, primero, implementar el Plan de  Vida,  segundo,  inaugurar  un esquema comunitario de planificación autónoma y  tercero    construir    confianzas    y    cauterizar    heridas.”19     

–   El   accionante  presentó  escrito  de  impugnación     en     contra     del    registro20  realizado por el Ministerio  a  favor  de  ese nuevo Gobernador electo el 30 de septiembre de 2006, el señor  Santos      Jamioy21. El Ministerio del Interior,  sin  embargo,  en decisión del 26 de octubre de 2006, confirmó la inscripción  indicada22, para el restante año 2006.   

–  El  accionante  José Narciso –quien   desconoció   la   elección  anterior  por  considerar  que  él  era  la  autoridad  tradicional debidamente  elegida–,  atendiendo  el  mandato  de  la  Ley  89  de 1890 y junto con el Cabildo que él presidía en el  2006,  convocó  a  elecciones para el año 2007, previa información al Alcalde  Municipal23.  Esa  elección  se  realizó el 3 de diciembre de 2006 en la Casa  Cabildo  de  Sibundoy, y el actor fue elegido nuevamente como Gobernador para el  año   200724.   

– El Cabildo elegido con el acompañamiento de  la  Dirección  de  Etnias  del  Ministerio del Interior, por su parte, también  convocó  a  elecciones  a  su  sector  y  realizó los comicios en el Parque de  Sibundoy  el  10  de  diciembre  de  2006, fecha en la que fue elegido el señor  Miguel  Chindoy  Buesaquillo,  como  Gobernador  de  la  Comunidad para el año 200725.   

–  En  cuanto  a  la  inscripción  oficial  correspondiente,  el  4  de diciembre de 2006, el Cabildo que el actor presidió  le  informó  al  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  que  conforme a la  elección  del  3  de  diciembre  de ese año, el accionante había sido elegido  nuevamente  según  los  usos  y costumbres de su comunidad, como Gobernador del  pueblo   Kamëntsá   Biyá  para  el  año  2007,  por  lo  que  solicitaba  su  correspondiente                registro26.  Ese  Ministerio se abstuvo  de  inscribirlo  como Gobernador, aunque sí inscribió al Cabildo elegido en el  parque  de Sibundoy, precedido por el señor Chindoy Buesaquillo, el 10 de enero  de    200727.   

–  El  acompañamiento  en  la  elección  y  designación  del  nuevo  Gobernador  en  el  2006  y  el  aval a la elección y  subsiguiente  registro  de  la  autoridad comunitaria para el 2007, así como el  desconocimiento  paralelo de su calidad como Gobernador tanto en el 2006 como en  el  2007,  son  los  hechos  que  reprocha el actor en contra del Ministerio del  Interior  y  de  Justicia,  en  la tutela de la referencia. Para el señor José  Narciso  Jamioy, se desconoció la tradición y la autonomía de su comunidad en  la  designación  de  sus  autoridades.  Por  lo  cual,  al  haberse inscrito un  candidato    que    no    cumplió    con    esas    tradiciones    –como  son  la  elección  en  la  Casa  Cabildo,  la  posesión  por  el Cabildo cesante y el recibir las Varas de Mando  como     símbolo    de    autoridad–,  se  violaron  los usos y costumbres del pueblo Kamëntsá Biyá y  se  incurrió  en  la vulneración de sus derechos al debido proceso, igualdad y  el  derecho  a  elegir y ser elegido. En efecto, el actor no se explica por qué  esa  Dirección  registró  como  Gobernador  a  una  persona que no reunía los  procedimientos  de  elección  establecidos  en la ley y fijados en la costumbre  ancestral  y,  en  sentido  contrario,  sí  le  denegó  en su caso el registro  correspondiente28.   

–  El  accionante  afirma  que  ni  él ni la  mayoría   de   la  comunidad,  reconoce  al  señor  Chindoy  Buesaquillo  como  Gobernador,   por   “clara   violación  a  nuestra  tradición,   a   nuestros  usos  y  nuestras  costumbres  en  el  procedimiento  eleccionario,  por  los  problemas  que  ante la comunidad ha tenido el supuesto  gobernador  inscrito y por intromisión de Etnias en la decisión para conformar  nuestra  autoridad  tradicional”.  Acompaña para el  efecto  múltiples  firmas  de  respaldo  a  su  inconformidad  y  rechazo  a la  decisión  tomada  por  la  Dirección  de  Etnias  del  Ministerio del Interior  arbitraria,  a  su  juicio,  por  inmiscuirse  en  el proceso de elección de la  autoridad  tradicional  al  registrar el nombre de Santos Jamioy como Gobernador  del  pueblo  Kamëntsá,  violando  la  Ley  89  de 1890 y el Convenio 169 de la  OIT29.   

– Sostiene que el Ministerio, “al  tomar  partido  en  la  discusión  interna,  ha  atropellado la  costumbre,  ha  irrespetado  nuestra  tradición  milenaria,  ha tergiversado la  historia  y  ha  tergiversado nuestra tradición oral, confundiendo a las nuevas  generaciones  de  la  comunidad, con lo cual en cambio de proteger la diversidad  étnica  (…)  está  sepultando  la  cultura y los conocimientos propios de la  comunidad  Kamëntsá.  Según  esa tradición, la elección del cabildo se hace  en  la  casa  cabildo; la posesión de los cabildantes ante el cabildo cesante y  la  comunidad,  así  como  la  posesión  de  las varas de mando”.  Exigencias  de  la  tradición que, según alega el señor Miguel  Chindoy        Buesaquillo       –aparente  autoridad  sí  registrada  por  el Ministerio–,    no    ha   cumplido   en   modo  alguno30.   

–  Finalmente,  afirma  el  actor que el 5 de  marzo  de  2007,  a  las  4  de  la  mañana, el Gobernador en ejercicio, Miguel  Chindoy   Buesaquillo,   con  el  aval  del  Alcalde  Municipal  de  Sibundoy  y  acompañado  del  Personero  Municipal  y  Agentes  de Policía, “asaltó  las  instalaciones  de la Casa Cabildo tradicional [que él  presidía],  tratando  de  desalojar  por  la  fuerza  y  con  violencia  a  los  cabildantes   y   a   la   comunidad   presente   en   la  instancia”31.  La actitud beligerante del  Gobernador  Chindoy  Buesaquillo,  del  Personero  Municipal  y  de la Policía,  provocó  un  enfrentamiento  con  los cabildantes y la comunidad presente en la  Casa  Cabildo,  lo  que  se tradujo en un hecho violento que dejó un saldo de 6  heridos32.   

–  Por  ende,  el accionante presentó tutela  ante  los  jueces  de  instancia,  alegando la vulneración de los derechos a la  igualdad,  debido  proceso,  elegir  y ser elegido y autonomía de su comunidad,  solicitando  se  cancele  la inscripción del Gobernador Miguel Chindoy y que se  de  un  “plazo  no  inferior  a  60 días hábiles a  partir  de  dicha  cancelación  para  que  los  dos cabildos elegidos, en forma  conjunta,   convoquen  a  elecciones  de  la  autoridad  tradicional”,  esto  es,  el  cabildo  que  él representa y el regido por el  señor Miguel Chindoy.   

–  Para  el  Ministerio  del Interior, por su  parte,  los  hechos  ocurridos  el  5  de  marzo  de  2007,  fueron producto del  desarrollo   de   “actos   jurisdiccionales  de  la  autoridad   indígena”  competente,  “que  pueden suponer un uso discrecional de la fuerza (…) [siempre]  que  giren  en  torno  a  la  legalidad  del  procedimiento, la garantía de los  derechos  fundamentales  y  la  proporción  de la fuerza a emplear. (…) Ahora  bien,  la Fuerza Pública puede prestar su concurrencia toda vez que para muchos  efectos,  una  autoridad  indígena se asimila a un juez de la república. En el  caso  específico  de  los  Kamëntsá,  la  concurrencia  de la Fuerza Pública  [debió]  servir para contener la reacción violenta de los ocupantes de la Casa  y,  en esa medida, evitar una confrontación directa de miembros de la comunidad  y    garantizar    un    procedimiento    mesurado33”.   

Igualmente,  informó  el  Ministerio  que  a  partir  de  los  hechos de violencia que se dieron en la comunidad en esa fecha,  la  radicalización interna entre los miembros de ese pueblo indígena se redujo  y   se   adoptó  una  forma  de  arreglo  que,  básicamente,  consiste  en  la  conformación  de  una  comisión  integrada por 10 personas (5 de cada sector),  cuyo  principal  mandato  es adelantar un proceso interno de diálogo denominado  “Constituyente   Kamëntsá”   y   facilitar   el   proceso  de  consulta  y  concertación  comunitaria  en  torno  a  asuntos  conflictivos,  como  son  los  proyectos  de  inversión.  En  virtud  del  arreglo  que se adoptó, las partes  aceptaron  que por razones de representatividad legal de la comunidad, el señor  Miguel  Chindoy  debería continuar ejerciendo como gobernador indígena para el  2007,  a  no  ser que una autoridad competente disponga lo contrario34.   

3.2.  Fuera  de  las  pruebas  anteriormente  expuestas, resalta esta Corporación las siguientes:   

– Acta No 01 de junio 17 de 2005, firmada por  el  Alcalde  Municipal  de Sibundoy, Dr. Luis Alexander Mejía Bustos, en la que  se  protocoliza  la  posesión de la máxima autoridad del cabildo Kamëntsá de  Sibundoy  para  el 2005, presidiendo ese cabildo como gobernador, el taita José  Narciso           Jamioy          Muchavisoy35.  El Ministerio del Interior  expide,  a  su  vez,  constancia  en  la que señala que el señor José Narciso  Jamioy  fue  elegido como Gobernador Indígena Kamëntsá para el 2005, el 19 de  diciembre             de             200436.   

    

* Acuerdo  No 001 del 12 de junio de 2005 del  Cabildo  Indígena  del resguardo del Pueblo Kamëntsá de 2005 regido por José  Narciso  Jamioy,  en  el  que  se  afirma  que  no  hay  evidencias de que en la  comunidad  haya  existido  un Consejo Ancestral de Exgobernadores como instancia  de  autoridad  tradicional;  que  algunos  exgobernadores  se han autodenominado  parte  de  ese  Consejo,  engañando  de  forma  oral  y escrita a la comunidad,  atribuyéndose  funciones  exclusivas  del  Cabildo;  que  con ello han generado  desorden   público;   que   entre   los  exgobernadores  hay  algunos  que  son  responsables   de   recursos   propios   de   la   comunidad  comprometidos  sin  autorización  legal  y  que  sus  documentos y manifestaciones orales no tienen  ninguna  validez  como autoridad tradicional. Por lo tanto, como consecuencia de  lo  anterior, por medio de ese acuerdo, se decide sancionar a los exgobernadores  indicados,   despojándolos   de  la  investidura  de  exgobernadores  de  forma  indefinida  y privándolos de su derecho a elegir y ser elegidos en la comunidad  de            manera            definitiva37.     

–  Contra  esta  decisión,  los  afectados  interpusieron  acción  de  tutela  por  violación  de  sus  derechos al debido  proceso  y  derecho  de  defensa,  tutelas  que  fueron  concedidas en primera y  segunda   instancia,  ordenando,  que  según  los  usos  y  costumbres  de  esa  comunidad,  se  iniciaran  los  mecanismos  necesarios  para  que  las  personas  afectadas  por  la  medida, recuperaran su derecho a elegir y ser elegidos en la  comunidad38.   

    

– Acuerdo No 002 de octubre 8 de 2005 por el  cual  se  pacta  entre  la Asamblea de la Comunidad y su Cabildo, oficializar el  reglamento     interno    previamente    reseñado40.   

–  Copia  de  una carta de Acción Social de  julio  de  2006,  en la que se le dice a la comunidad Kamëntsá Biyá que de no  solucionar   su  situación  política  interna  en  un  plazo  determinado,  se  suspenderá el programa de Familias Guardabosques, así:   

“(…)   Tales  pronunciamientos  (…)  obligan  a  concluir  que  actualmente no existe autoridad legalmente reconocida  del  Pueblo  Kamëntsá Biyá de Sibundoy, que pueda actuar válidamente ante el  programa      Familias     Guardabosques,     por     ende     los     Convenios  Gobierno-Cabildo-Familia  deberán  ser  modificados  de  tal  manera  que  sean  suscritos  por  quien el Consejo de Excabildantes decida tener mejor derecho y/o  por  la  comunidad  en  pleno  en  caso  de  hacer  nuevas  elecciones según lo  señalado  por  la  Dirección  de  Etnias.  Por  lo tanto, en aras de no causar  perjuicio  a las Familias Guardabosques, se otorga un plazo al Pueblo Kamëntsá  Biyá  de  Sibundoy  y  a sus autoridades tradicionales hasta el 15 de agosto de  2006,  para  que  resuelvan  el  asunto  de  la  representatividad del mismo, de  acuerdo  a  lo  dispuesto  por  el  Tribunal  Administrativo de Nariño o por la  Subdirección  de  Asuntos  indígenas de la Dirección de Etnias del Ministerio  de  Justicia.  Si  a  tal  fecha  no  se encuentra en las oficinas centrales del  Programa  Presidencial  para  cultivos  ilícitos  la  decisión  del Consejo de  Excabildantes  y el acta de posesión del Gobernador del Pueblo Kamëntsá Biyá  levantada  de  acuerdo a lo dispuesto por dicho Consejo que cumpla lo exigido en  el  artículo  3º  de la Ley 89 de 1890, lo cual deberá ser certificado por la  Dirección  de  etnias,  se  suspenderá  el  Programa Familias Guardabosques en  dicha           comunidad          (…)”41.   

– Listado de los últimos 53 Gobernadores de  la  Comunidad  Kamëntsá,  presentado  por  el  señor Miguel Chindoy, desde el  gobierno  de  1952  hasta  el  2004,  con  el  que  se  pretende  demostrar  que  “no  es  costumbre  la  reelección  inmediata de un  gobernador  para  un periodo continuo”, razón por la  que,  según indica, la mayoría de la comunidad Kamëntsá no reconoce al taita  Narciso  Jamioy  como  Gobernador  de los periodos 2005, 2006 y 200742.   

– Intervención de la Alcaldía Municipal de  Sibundoy  en  la tutela de la referencia. El Alcalde de esa localidad afirma que  lo  que  el  accionante  solicita  es  la  anulación  o  revocatoria de un acto  administrativo,  como  es  la  decisión de registro de un Gobernador, realizada  por  el Ministerio del Interior para el 2007. Que en consecuencia, la acción de  tutela   no  es  el  mecanismo  conducente  para  controvertir  la  inscripción  administrativa   que   el   accionante   considera   contraria  a  sus  derechos  electorales43.   

– La Defensoría Delegada para los Indígenas  y  Minorías Étnicas, de la Defensoría del Pueblo, en opinión rendida ante el  juez   de   primera   instancia,  afirmó  que,  “en  ejercicio   de   los  derechos  fundamentales  a  la  autonomía   y  a  la  jurisdicción  especial  indígena,  le  compete  al pueblo de Kamëntsá, a sus  autoridades   y   dirigentes   solucionar  sus  conflictos  internos”  y que, por ende, la Defensoría ha cumplido sus competencias de  concertación,  diálogo y acompañamiento, junto con el Ministerio del Interior  y  la  Procuraduría  Delegada  para Asuntos Étnicos44.   

–  La  Coordinación  del  Grupo  de Asuntos  Étnicos  de  la Procuraduría indicó ante el juzgado de primera instancia que:  (a) en el 2005, el demandante  solicitó  a  la  Procuraduría  instaurar una acción de cumplimiento en contra  del  Alcalde  Municipal  de  Sibundoy  por no registrar el acto de posesión del  cabildo  Kamëntsá  para  el  año  2005,  como lo establece la Ley 89 de 1890.  (b)  En  esa  misma  fecha,  varios    exgobernadores    del    Cabildo,    autodenominados   “el  Consejo  Ancestral de Exgobernadores”  habían  anulado  mediante  la  resolución No 001 de 2004 las elecciones de los  cabildantes  del  pueblo  indígena  Kamëntsá  realizadas  entre el 18 y 19 de  diciembre  de  2004,  en la medida en que la reelección inmediata de gobernador  en  ejercicio,  se encuentra prohibida según  los usos y costumbres de ese  pueblo   indígena.  (c)  La  Procuraduría  afirmó  no  poder  involucrarse  en el conflicto indígena, pero  envió  a la Procuraduría Regional de Putumayo las diligencias correspondientes  para  que  investigara  la  presunta  participación  activa  del alcalde en los  comicios  electorales indígenas; investigación que está en curso. Igualmente,  escuchó  por  separado a las partes, recalcando su posición de no intromisión  en     los     asuntos     internos     de     esa    comunidad.    (d)  Igualmente, dados los hechos de orden  público,  la  Procuraduría  junto  con otras autoridades, está adelantando el  plan  de  acompañamiento,  con  el  fin  de  exhortar  a las partes a buscar un  acuerdo                  concensuado45.   

–  Acta  del  14 de marzo de 2007 presentada  como   anexo   por   el   Ministerio   del   Interior  y  de  Justicia  titulada  “Acta de Compromisos Pactados entre el taita Narciso  Jamioy  y  el  Taita  Miguel  Chindoy  ante la Comisión de Garantes”.  Tal acta demuestra el proceso de concertación iniciado por la  comunidad y reza en lo pertinente lo siguiente:   

“(…)  se  han  reunido  con  el  fin de  iniciar  un  proceso  de  concertación  para  lograr  la unidad de la comunidad  indígena  Cametsá  del  municipio.  Para  ello  se  han fundamentado de manera  responsable y clara los siguientes compromisos:   

    

1. Los  dos  sectores  se  comprometen a conformar una comisión de 5 personas de cada una de  las partes.   

2. Las  dos  partes    definirán    quienes   son   las   personas   que   conformarán   la  comisión.   

3. A las 8 de  la  mañana  del  15  de  marzo se presentarán las personas que conformarán la  comisión en el salón del Consejo Municipal.   

4. Atribuciones  de la comisión encabezada por los dos taitas:     

–  La  primera  atribución de la Comisión  será  recibir los bastones de mando en presencia de las instituciones garantes,  los  llevará  y  los entregará en custodia a la Iglesia mediante acto solemne.   

a.  Diez  de la mañana se hace misa que el  obispo oficiará.   

b.  Del evento  se levantará un acta.   

    

* La   segunda  atribución  de la Comisión será recibir la casa cabildo mediante acto solemne  y  se  encargará de administrar su uso y aprovechamiento comunitario (para toda  la comunidad Camtsá).     

a.  A las once de la mañana después de la  misa.   

b. La solemnidad se realizará en presencia  de   los   taitas,   los  exgobernadores,  excabildantes,  la  comisión  y  las  instituciones.      

a. Del acto se  levantará un acta.     

5. La comisión, las instituciones y los dos  taitas haremos una reunión para:   

a. Precisar  y definir las facultades y  atribuciones de la Comisión.   

b. Definir una agenda.  

(…)  

Las entidades plantarán un esquema preciso  de  acompañamiento  en  el  que  se  comprometen  a  participar  en el proceso.   

[Firmantes]:   Taita   Miguel   Chindoy  Buesaquillo,  Taita  José Narciso Jamioy,  Gobernador del Departamento del  Putumayo,  Defensora  del  Pueblo,  Alcalde  Municipal  de  Sibundoy, Secretario  General  del  Gobierno  Departamental, Secretario General de Gobierno Municipal,  Secretario  Administrativo  y  Financiero  de Sibundoy, Dirección de Etnias del  Ministerio,  el  Personero  del  Municipio  de  Sibundoy;  el  Director  de  seguridad  Ciudadana  de la Policía Nacional, el Comandante del Departamento de  Policía  del Putumayo, el Comandante Operativo de Ciudadanía de la Policía de  Putumayo,  El  Comandante Cuarto del Distrito de la Policía de Putumayo y   el           Párroco          Municipal”46.   

4.   Decisiones   judiciales   objeto   de  revisión.   

4.1. Fallo de Primera Instancia.  

4.1.1. El Consejo Seccional de la Judicatura  de  Cundinamarca, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, en fallo del 26 de marzo de  2007,   concedió   la   tutela   de  la  referencia47.  La  Sala consideró que el  Ministerio  del  Interior  y de Justicia vulneró los derechos fundamentales del  actor  a  la  igualdad  y  al  derecho  a  elegir y ser elegido, al igual que el  derecho  de  autogobierno  de  la comunidad Kamëntsá Biyá, por las siguientes  razones:   

    

* Un  Cabildo  sólo  puede  ser  integrado  atendiendo  las  competencias y procedimientos ancestrales establecidos por ella  misma  a  través  de  medios  orales  de  tradición  o  sus usos y costumbres.     

    

* Salta a la vista que el periodo en que rige  un  Cabildo,  en  virtud  de  la Ley 89 de 1890,  es de un año, del 1º de  enero  al  31  de  diciembre  de  ese  año,  y  que  para  la  posesión de las  autoridades   indígenas   no  se  requiere  de  formalismos  distintos  al  del  reconocimiento de la parcialidad ante el Cabildo cesante.     

    

    

* Con  todo,  para  el  fallador, los últimos  acuerdos48  resultan  pertinentes  porque  se cumplen realmente las labores de  acompañamiento  correspondientes  a la Dirección de Etnias, al tener en cuenta  a   ambos   grupos   en  condiciones  de  igualdad  en  la  concertación.      

Por consiguiente, el fallador dejó sin efecto  el  registro  del  Cabildo  elegido en el Parque Sibundoy el 30 de septiembre de  2006  y  el  del Cabildo elegido el 17 de diciembre de 2006; avaló los acuerdos  de  la  comunidad  indígena  celebrados  los días 14 y 15 del mes de marzo del  2007  y le señaló a la comunidad que en un plazo de 60 días debía convocar a  elecciones  conjuntas  y  unificadas  de  los miembros del Cabildo; ordenó a la  Defensoría  del  Pueblo y a la Procuraduría General hacerle seguimiento a esos  procesos  como  garantes, y finalmente ordenó al Ministerio del Interior y a la  Alcaldía  de  Sibundoy  limitar  sus  intervenciones  a  sus funciones de orden  público  y control, para efectos de garantizar la paz y la conveniencia social.   

4.1.2.  El  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  impugnó la decisión de primera instancia. A su vez, el señor Miguel  Chindoy  Buesaquillo,  en  su  calidad  de  Gobernador  indígena  en ejercicio,  presentó   solicitud   de   nulidad  del  fallo  de  la  referencia,  alegando:  (a) la falta de notificación  del  auto admisorio de la demanda a todos los interesados, siendo él claramente  un  tercero  afectado  con  la  decisión, por ser el Gobernador elegido para el  2007  y  (b) violación de su  derecho  al  debido  proceso  por  este  hecho.  Además  explicó brevemente su  posición sobre la demanda del señor Jamioy, así:   

    

* El Taita José Narciso Jamioy ejerció en su  calidad  de  Gobernador  de la comunidad Kamëntsá Biyá del 1º de enero al 31  de  diciembre de 2004, siendo elegido por su pueblo en un proceso legítimo, por  lo  que  gozó  del apoyo de la comunidad y fue registrado como autoridad por el  Ministerio del Interior, para ese año.     

    

* Al  convocar  elecciones  para  el  2005,  temiendo  que  la futura elegida fuera una mujer, el taita José Narciso afirmó  en  la  convocatoria a elecciones, que no era costumbre que las mujeres formaran  parte  de  los  miembros  del  cabildo  indígena,  pese  a que desde 1994 se ha  adelantado   un   proceso   de   participación   activa   de  la  mujer  en  la  comunidad49.  Para esas elecciones, se convocaron entonces dos planchas: una en  cabeza  del  actor  –quien  desconoció  que  en  la  comunidad  hay  una  regla ancestral de no reelección  inmediata–,  y  otra,  en  cabeza  de  la  mama Pastora Juagibioy. En esas elecciones ganó el señor José  Narciso Jamioy.     

    

* Por  este  hecho,  los Exgobernadores de la  comunidad  expidieron  la  Resolución 001 del 30 de diciembre de 2004, mediante  la  cual  decidieron  anular  las elecciones del 19 de diciembre de 2004, por la  imposibilidad   de   la   reelección  inmediata  de  un  Gobernador50.  El  señor  José  Narciso  pidió  al Alcalde el acompañamiento al acto de posesión, pero  ésta  autoridad, advertida de la situación plantada por los exgobernadores, no  compareció al acto.     

    

* En consecuencia, la Dirección de Etnias no  registró  como Gobernador al taita José Narciso Jamioy para el 2005. Con todo,  en  el  mes  de  junio  de  2005 los seguidores del Taita Narciso se tomaron las  instalaciones   de   la   Alcaldía   de   Sibundoy51,  a  fin  de  que el Alcalde  firmara  el  acta de posesión. Teniendo en cuenta el problema de orden público  que  generó ese hecho, tanto el taita José Narciso, como el Alcalde local, los  Exgobernadores  y otras instituciones de acompañamiento, firmaron un acuerdo de  14  puntos,  el  17  de  junio  de  2005,  en  el que aceptaron la prolongación  excepcional  del periodo del taita José Narciso; que se derogara el Acuerdo 001  de  junio  de 2005 en el que el actor había sancionado a los exgobernadores sin  el  debido proceso; y a su vez, se procediera a la derogatoria de la Resolución  001  de  30  de  diciembre de 2004 de los Exgobernadores, en la que anularon las  elecciones   del  18  y  19  de  diciembre  de  200452.     

–  Tras  el  acuerdo,  los  Exgobernadores  aceptaron  al  taita  José  Narciso  como Gobernador en el 2005, desde el 17 de  junio  hasta  el  31 de diciembre de ese año. Sin embargo, el actor no cumplió  con  su  parte  y no quiso derogar el Acuerdo 001 del 12 de junio de 2005 con el  que sancionaba a los Exgobernadores.   

    

* Para las elecciones del 2006, nuevamente se  violó  la tradición, porque sin haber realizado en forma previa la Asamblea de  la  comunidad,  el  taita  José Narciso convocó directamente a consulta, en la  que  señaló  las planchas, ordenó las elecciones al día siguiente y designó  a  su  prima  hermana  como jurado de votación. El día de la elección, de las  dos  planchas  mayoritarias  que  había,  el actor anuló la plancha del señor  Santos  Jamioy que iba de segundo, porque según él, todavía estaba vigente el  Acuerdo  001  por él proferido que impedía acceder a cargos de elección a los  exgobernadores  sancionados  con  la  pérdida  de  sus  derechos a elegir y ser  elegidos.  Tampoco  dejó  participar  en  los comicios a los otros gobernadores  “sancionados”.   Estos  presentaron  acción  de  tutela  por violación de sus derechos políticos y la  tutela salió a su favor.     

    

* Los  seguidores  del  taita  Santos  Jamioy  protestaron  porque  el  día de la consulta aparecía otra vez el Taita Narciso  aspirando     a     ser     gobernador     por    tercera    vez    –2004,    2005   y   2006–,  cuando  era  claro  que  no  había  reelección  inmediata  de  Gobernadores.  Por  eso, la mayoría de la comunidad  reaccionó  y  convocó  a  nuevas  elecciones  en  el  parque  de Sibundoy, que  efectivamente  terminaron  en  la  elección simultánea para el 2006,  del  taita Santos Jamioy.     

    

* Ante  la  no  inscripción  por parte de la  Dirección   de   Etnias  con  ocasión  de  esa  doble  elección,  los  grupos  enfrentados  trataron  de  resolver  el  conflicto  y  se  propuso  para ello la  realización  de unas nuevas elecciones, con la intervención de muchos garantes  y  de  una  comisión de ambas partes. El gobernador que quedara electo tendría  derecho  a posesionarse, a registrarse en la Dirección de Etnias, a recibir las  varas  de  mando,  la  Casa  Cabildo  y lo demás. En esa elección, fue elegido  Santos  Jamioy  y  el taita Narciso desconoció el hecho. La comisión designada  por  las  dos partes del conflicto no funcionó porque los seguidores del señor  José  Narciso  dilataron el proceso. Los Exgobernadores asumieron con carácter  excepcional,   entonces,  las  funciones  de  cabildo  cesante  y  convocaron  a  elecciones el 30 de septiembre de 2006.     

–  Los  Exgobernadores,  según  afirma, son  considerados  en la comunidad como una institución o instancia de autoridad que  actúa  en  casos  especiales  cuando  existen problemas dentro de la misma y el  cabildo        no       puede       resolverlos53.  Cita  7 casos concretos en  los  que  los  Exgobernadores  han actuado en la resolución de conflictos de la  comunidad54.   

– Para el Taita Miguel Chindoy, la Dirección  de  Etnias  en  ningún  momento estimuló a los seguidores del taita Santos; al  contrario,  fue  totalmente  imparcial,  siempre  sugirió  y  aconsejó  varias  alternativas  para  solucionar  el  conflicto, pero nunca obligó. No es cierto,  además,  que las elecciones del día 10 de diciembre de 2006 se hayan realizado  con  la  intervención  de  la  Dirección  de Etnias. El cabildo legítimamente  electo  en  el  parque,  convocó  elecciones.  No  es cierto tampoco que los ex  gobernadores   estén  sancionados;  ésta  supuesta  pena  fue  una  actuación  temeraria  del  Taita José Narciso para impedir que existieran otros candidatos  a las elecciones como gobernadores de la comunidad.   

    

* A su juicio, la violación de la tradición,  usos  y  costumbres la viene haciendo el taita José Narciso, porque se ha hecho  reelegir  tres  veces.  El hecho de que no se realicen las elecciones en la Casa  Cabildo tradicional, se debe a que él lo ha impedido.     

    

* Con  respecto  a los hechos de violencia de  marzo  de  2007,  lo  que  ocurrió fue que luego de solicitarle varias veces la  entrega  de  los bienes de la comunidad, el Taita accionante se negó a hacerlo.  Se  pidió  la  desocupación  de  manera pacífica de la Casa Cabildo, pero las  personas  que  estaban  dentro  de  la Casa acudieron a la violencia, como ya lo  habían   hecho  en  la  asonada  de  junio  de  2005,  cuando  se  tomaron  las  instalaciones  de  la  Alcaldía municipal. Por consiguiente, sostiene que no se  le  ha  violado  ningún  derecho  fundamental  al  taita José Narciso Jamioy y  solicita,  por lo tanto, que se declare que su elección para el 2007 es legal y  vigente,  y  que  la  actuación  de  los  exgobernadores se ajusta a los usos y  costumbres de esa comunidad.     

4.1.3. El Consejo  Superior  de la Judicatura, Sala Disciplinaria, en providencia del 9 de mayo del  2007,  decretó  la  nulidad  de  lo actuado en el proceso a partir del fallo de  primera  instancia de tutela, a fin de permitir la intervención de los señores  Santos   Jamioy   y   Miguel   Chindoy,   como   terceros   interesados   en  el  proceso55.   

4.1.4. En nuevo fallo del 20 de junio de 2007,  el  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de Cundinamarca, Sala Jurisdiccional  Disciplinaria,  tuteló los derechos del señor José Narciso Jamioy56,  por  las  siguientes      razones:      (a)     porque  la  acción  de  tutela  es procedente pues el demandante no  cuenta   con   una   acción   judicial  expedita  que  le  permita  obtener  el  restablecimiento  inmediato de sus derechos a la igualdad, al debido proceso y a  la       participación       en      proceso      políticos.      (b)  El artículo 3º de la Ley 89 de 1890  demuestra   que   el  cabildo  elegido  el  17  de  diciembre  de  2006  es  ilegítimo,  porque tuvo origen en un cabildo igualmente ilegítimo elegido para  el  periodo de octubre a diciembre de ese año, por convocatoria del inexistente  “Consejo  de Exgobernadores”, organizado y avalado por la entidad demandada,  con  el  pretexto  de  resolver  un vacío que claramente sólo le correspondía  resolver a esa comunidad.   

Por  tales  razones,  se  ordenó tutelar los  derechos  a la igualdad, al debido proceso y a la participación del accionante,  así  como  el  derecho  a la autonomía de la comunidad Kamëntsá Biya, por lo  que  se  decidió  dejar  sin  efecto  las  disposiciones del Ministerio por las  cuales  se  registró  el  cabildo  elegido  en  el  parque  Sibundoy  el  30 de  septiembre  de  2006  y  el  10  de  diciembre de 2006; se determinó avalar los  acuerdos  suscritos  el  14  y  15  de  marzo  de  2007  entre los dos grupos, y  señalarle  a  la  comunidad  un  plazo  de  60 días para convocar a elecciones  conjuntas  y unificadas de los miembros del Cabildo para ese año, respetando en  todo  caso  sus  costumbres  ancestrales.  La Defensoría y la Procuraduría, se  dijo,   deberían   acompañar   el   proceso  como  garantes.  Las  autoridades  Nacionales,    Departamentales   y   el   Ministerio   deberían   limitar   sus  intervenciones  a  sus  funciones  de  garantizar el orden público a efectos de  asegurar la paz y convivencia de esa comunidad.   

4.2.  Impugnación.   

4.2.1.   Impugnación   de  Miguel  Chindoy  Buesaquillo,  Gobernador  del  Pueblo  indígena  Kamëntsá Biyá para el 2007.   

El  señor Miguel Chindoy Buesaquillo, apeló  la  decisión del Consejo Seccional de la Judicatura, alegando que desde tiempos  inmemoriales  su  comunidad  ha  ejercido  diferentes formas de autonomía y que  ninguna  tutela ha prosperado en los distintos enfrentamientos históricos a los  que  se  ha visto avocado el pueblo que representa, sea por falta de competencia  de  los  jueces  o  porque  han resultado desfavorables para los accionantes sus  pretensiones  jurídicas.  Por  ende, si la Constitución Política le otorgó a  las  autoridades  indígenas  autonomía e independencia, mal podría el Consejo  Seccional  de  la Judicatura actuar como organismo electoral o como ente estatal  para  dirimir  conflictos internos electorales, so pretexto de proteger derechos  fundamentales  de la comunidad, “que está plenamente  probado no han sido vulnerados”.   

En  este  sentido,  señala  que  en  un caso  similar  contra  la misma comunidad indígena y decidido en el 2006 –con respecto a la situación planteada  por  el  señor  Santos  Jamioy  en  relación  con  su solicitud de registro al  Ministerio  del  Interior  y de Justicia por esa vía57–,  la  tutela fue negada. Por lo tanto, no entiende por qué en este  caso,  la  situación  puede  ser resuelta de una manera diversa, si se trata de  dos escenarios técnicamente iguales.   

A  su  vez,  considera  que  si  el fin de la  acción  de  tutela  es  proteger  derechos fundamentales, para qué cancelar la  inscripción  del  Registro que el Ministerio del Interior y de Justicia hiciera  respecto  del  señor  Miguel  Chindoy,  dejando  con  ello  sin  autoridad a la  comunidad  y  desatando  una  nueva  controversia  en  el  seno de la misma. Esa  decisión  de  registro, según afirma, se debió a que sus credenciales estaban  en  regla, por lo que solicita que se revoque la decisión de primera instancia.   

4.2.2.   Impugnación del Ministerio del  Interior y de Justicia.   

El  Ministerio  del  Interior  y de Justicia,  solicitó  la  revocatoria  de la decisión de primera instancia, por considerar  que  existe  un  soporte  constitucional  y  legal  a  la intermediación que la  Dirección  de  Etnias  realiza, en los conflictos intra étnicos, y por estimar  que  su  actuación  con la comunidad Kamëntsá Biyá siempre estuvo ajustada a  derecho.  En  cuanto  al  primer  aspecto,  el Ministerio recuerda que la Carta,  “consagra para estas comunidades, derechos étnicos,  culturales,   territoriales,  de  autonomía  y  participación,  sin  que  ello  implique  una  renuncia  del  Estado a intermediar, cuando las circunstancias lo  ameriten,  como  sería  el  caso  que  se  presenta  cuando  las diferencias al  interior  de  la  comunidad  sobrepasan  sus  propios mecanismos de solución, o  ellos        resultan        insuficientes       o       inadecuados”58.   

El Decreto 200 de 2003, por medio del cual se  determinan  los  objetivos  y estructura orgánica del Ministerio del Interior y  de  Justicia  en  su  artículo  1-6,  establece  entre otros propósitos, el de  “impulsar  y  garantizar  los  derechos y libertades  fundamentales   de   los   ciudadanos,   el  orden  público  y  la  convivencia  ciudadana”. En el artículo 16 del mismo decreto, se  establecen como funciones de la Dirección de Etnias, a su vez:   

“[…]  3.  Promover  la  resolución  de  conflictos  por  razón  de  la  propiedad colectiva, usufructo, explotación de  tierras,  o  recursos  naturales  y  ejercicio  de  prácticas  tradicionales de  producción   conforme   con   las   disposiciones  legales  sobre  la  materia.   

[…]5. Llevar el registro de las autoridades  tradicionales   indígenas   reconocidas   por   la  respectiva  comunidad,  las  asociaciones   de  autoridades  indígenas,  los  consejos  comunitarios  y  las  organizaciones de base de comunidades negras.   

Con respecto a este último asunto, considera  el  Ministerio  que  como la Dirección de Etnias tiene la función de llevar el  registro   de   la   constitución   y   representación   de   las  autoridades  tradicionales,  a veces, cuando los elegidos son impugnados por sus comunidades,  la  Dirección  se  ve  involucrada por las facciones que apoyan a los distintos  líderes,  quienes  ejercen  presión  para que su representante sea registrado.  Dado   que   la   decisión  de  inscribir  o  no  a  un  representante  es  tan  significativa,  es  necesario  darle  un tratamiento institucional al conflicto.  Así,  si  bien  es  deseable que las comunidades resuelvan sus conflictos en el  ámbito  de  su propia autonomía, como ello no siempre se cumple en comunidades  enfrentadas,  el  Estado  debe  intervenir de manera oficiosa o por solicitud de  alguna  de  las partes. La “intervención oficiosa” se justifica cuando: (i)  se  vean afectados intereses colectivos de la comunidad; (ii) se vean lesionados  o   violados  derechos  fundamentales  del  colectivo,  como  el  derecho  a  la  integridad  o  a  la  vida;  (iii)  se amenace la integridad nacional y el orden  público  y  (iv) se vea comprometida la pervivencia de los grupos étnicos como  tal.  En  tales  casos,  se  hace  necesario  que el Ministerio, por medio de la  Dirección   de  Etnias,  propicie  la  creación  de  espacios  de  diálogo  y  concertación  intraétnicos  para  atender  las necesidades de las comunidades.   

En  el caso de la comunidad Kamëntsá Biyá,  la  mediación de la Dirección de Etnias en el conflicto, nace como respuesta a  su  radicalización  y a la necesidad de coadyuvar junto con otras entidades del  Estado,  a  que  la comunidad tome una decisión. Por lo tanto, el Ministerio no  comparte  el  fallo  de primera instancia por considerar que: (a) esa entidad no  tuvo  ningún  tipo  de  intromisión  en la decisión de la comunidad indígena  Kamëntsá  Biyá  con  respecto  a la formación del Consejo de Exgobernadores.  (b)  El  acto de registrar no vulnera los derechos fundamentales de la comunidad  ni  de  persona  indígena  alguna,  dado  que  solamente se está recogiendo la  decisión  de la comunidad y (c) el Ministerio ha actuado en todo momento con el  máximo respeto a la autonomía de la comunidad indígena.   

En lo concerniente al registro que adelanta el  Ministerio,  precisa  esa  institución  lo  siguiente:  (i)  El registro es una  función  que  el  numeral 5º del artículo 16 del Decreto 200 del 3 de febrero  de  2003,  modificado por el artículo 2º del Decreto 4331 de 2005, le asigna a  la  Dirección  de  Etnias del Ministerio del Interior y de Justicia. (ii) Dicha  función   debe   ser   interpretada   tomando   en  consideración  la  misión  institucional  y  la  complementariedad  con  otras funciones. (iii) En estricto  sentido,  el  registro  es  una  formalidad  de  trámite  que  en  la práctica  publicita   los   resultados   de  actuaciones  autónomas  de  las  comunidades  indígenas,  y  además  surte  efectos  institucionales  al certificar ante las  distintas  entidades  públicas  y  privadas las atribuciones públicas que para  distintos  efectos  tienen  y cumplen las autoridades de los pueblos indígenas.  Es   decir,   el  registro  como  tal  no  otorga  autoridad  ni  constituye  un  reconocimiento,  pues  ambos  atributos  los  configuran  las  comunidades y sus  costumbres.  (iv)  Cuando  por  alguna  circunstancia se presentan discrepancias  internas  en  las  comunidades, bien sea por el comportamiento de los líderes o  por  los  procedimientos  de  elección  y  nombramiento  de sus autoridades, el  registro   adquiere  una  connotación  diferente,  fundamentalmente  porque  se  convierte  en  un  elemento  adicional  de  la disputa, toda vez que cada sector  busca  ampliar su legitimidad. En estricto sentido, no existe instancia, entidad  o  autoridad  a  la  que  las  comunidades  indígenas  puedan y deban abocar el  conocimiento  de  demandas  de impugnación o de otra serie de acusaciones, a la  que  algún  sector  inconforme  se  acoja  en  los  procesos eleccionarios  internos.  La  singularidad  de  este  tipo  de  conflictos,  radica  en que con  frecuencia  las  instancias  de gobierno indígena son consideradas parte activa  de  las  disputas  y,  en  consecuencia,  se  generan  vacíos  de autoridad que  requieren  salidas  excepcionales.  En  tales casos, la Dirección de Etnias, en  cumplimiento  de  la atribución de registrar a las autoridades indígenas, debe  en  caso de conflictividad interna, cuanto menos preguntarse quien o cuál es el  sector  que  se  acoge  a lo tradicional o a lo acostumbrado y si cumple con los  requisitos  y formalidades comunitarias previstas. En tal sentido, la Dirección  de  Etnias  acude  a la competencia enunciada en el numeral 3º del artículo 16  del  Decreto  200  de promover la resolución de conflictos, y a una competencia  residual  de  mediar en este tipo de situaciones por afinidad material. Para tal  efecto,  la  Dirección de Etnias: (a) No registra a ninguno de los sectores que  aspiran  a los cargos de representación y gobierno como elemento de persuasión  para  que  las  comunidades resuelvan en el marco de su autonomía el conflicto.  También   porque   no   tiene   la   facultad  de  evaluar  los  procedimientos  comunitarios.  (b)  Indaga cuáles son las normas y procedimientos acostumbrados  y,  desde  ese  estándar,  interpela  a  los  sectores. (c) Finalmente, acude a  formas   de   conciliación   u  otros  modos  comunitarios  de  resolución  de  conflictos.   

Sin embargo, la Dirección de Etnias entiende  que  las formulas internas se agotan cuando: (a) las partes así lo reconocen; o  (b)  la  falta  de  representación  afecta  la  cohesión y los mismos derechos  colectivos  e  individuales  de  los  indígenas.  Por  ejemplo,  se erosiona el  principio   tradicional   de   autoridad  y  la  parálisis  administrativa  que  sobreviene  acarrea  la  pérdida  de  oportunidades  e,  incluso, garantías en  materia   de   salud,   exoneración   de   servicio  militar,  acceso  a  cupos  universitarios,  etc.  En  estos casos, las comunidades se vulneran a si mismas,  de  forma  tal,  que  la  tensión  valorativa  que  propone el Ministerio es la  siguiente:  “o se permite que bajo el predicado de la  autonomía  se auto- vulnere una comunidad en forma indefinida, o se toma algún  tipo    de    iniciativa    a    riesgo    de    que   sea   interpretada   como  intromisión”.  En  este  sentido, la iniciativa que  propuso  el  Ministerio de recomendar la realización de nuevas elecciones y que  fue  acogida  por  los Exgobernadores, según indica, evidentemente no tenía un  carácter obligatorio.   

Vistas estas políticas, el Ministerio sostuvo  que  para  el  caso  concreto  constató la discrepancia interna de la comunidad  Kamëntsá  Biyá,  se  cuidó  de  calificar a cualquiera de los dos cabildos y  recomendó  nuevas  elecciones.  Esa  propuesta de nuevos comicios, a su juicio,  fue  avalada  por  el  Consejo  Seccional  de  la Judicatura que negó la tutela  presentada  por  el  señor Santos Jamioy contra el Ministerio por abstenerse de  realizar  el  registro  del  señor  Santos,  como Gobernador. Paralelamente, la  Dirección   de  Etnias  comenzó  a  constatar  que  la  falta  de  gobierno  y  representación  afectaba  los intereses de la comunidad en su conjunto y los de  sus  miembros,  pues:  (a)  había  probabilidad  de  que  se aplazara de manera  indefinida  la  firma  y  ejecución  del  programa  familias  Guardabosques que  involucraba  la  expectativa  de  ingreso  de  150  familias. (b) La pérdida de  oportunidades  para  acceder a cupos universitarios, en tanto que el certificado  del  Gobernador  es  requisito  para  las  prerrogativas  universitarias  de los  estudiantes   indígenas.   (c)  El  aplazamiento  indefinido  del  proyecto  de  remodelación  de  la Casa Cabildo financiado por la embajada del Japón; (d) la  proliferación  de  desórdenes internos por ausencia de autoridad legítima que  aplicara  justicia.  (e)  La no realización del convenio con la administración  municipal   para   la   inversión  de  los  recursos  del  sistema  general  de  participaciones, entre otros inconvenientes.   

Por  último,  resalta  el Ministerio que las  elecciones   de   septiembre   de   2006  fueron  convocadas  por  un  grupo  de  Exgobernadores,  cuatro  meses  después de las recomendaciones de la Dirección  de  Etnias.  No obstante, a esa Dirección le fue solicitado su acompañamiento,  al  igual  que  a  la  Defensoría  del  Pueblo  y  a  la Procuraduría, pero la  Dirección   de   Etnias   fue   la   única   entidad   que   hizo   presencia,  fundamentalmente,  porque entendía que bajo las circunstancias anotadas alguien  o  alguna  instancia  de la comunidad debía organizar las elecciones, otorgando  en   todo   caso   las   debidas   garantías.   Naturalmente,   “la  responsabilidad  obvia  e inmediata del proceso la asumieron los  exgobernadores”,  convencidos  de  su atipicidad. Si  bien  no  se menciona la figura del Consejo de Exgobernadores como una instancia  de  carácter  corporativo,  la  dinámica  misma del conflicto condujo a que se  reclamara  como  tal.  Además,  hace 20 años el actor cuando presidía la ONIC  reconoció  a  los  Exgobernadores  como  alternativa  colegiada  para enfrentar  problemas internos de gobernabilidad.   

Para el Ministerio, son preocupantes entonces  las  consecuencias  del  fallo  de  primera  instancia,  por cuanto al dejar sin  efecto  el  registro  que el Ministerio del Interior hiciera del señor Chindoy,  lo  pertinente  es  que el Cabildo cesante anterior efectúe el nombramiento. No  obstante,   el   juez  de  tutela  ordenó  la  realización  de  nuevas  elecciones,  cuando  lo  que hizo el  Ministerio  fue recomendar esa  salida  al  conflicto.  Además, el juez de tutela ordenó que las elecciones se  llevaran  a  cabo  en  60  días, por lo que se pregunta el Ministerio si no era  igualmente  ajeno a la comunidad ordenar unas elecciones en destiempo, esta vez,  por  parte  de  esa  autoridad.  Además, si el Cabildo cesante vuelve a elegir,  ¿no  existiría  la  probabilidad  de  una nueva elección inmediata del señor  Narciso,  cuando  la  reelección inmediata es precisamente un hecho poderoso de  discrepancia  entre  la  comunidad?  Por  otra parte, al señalar el juez que la  Dirección  de  Etnias del Ministerio del Interior actuó de manera parcializada  en  un  conflicto  intracomunitario  y  que  incluso  profundizó  la  división  interna,  el  juez cuestionó el núcleo esencial de la misión institucional de  dicha  dependencia  y  virtualmente  la  inhibió para actuar en por lo menos 35  conflictos  similares  en  el  país, que por diferentes vías han solicitado su  presencia  y  buenos  oficios. El Consejo de Ex gobernadores no fue promovido ni  asesorado  ni  auspiciado por el Ministerio del Interior y de Justicia, como muy  seguramente  lo  podrán  constatar los exgobernadores. Considerar lo contrario,  equivale  a  asimilar a los taitas a  personas menores de edad, carentes de  autoridad  y  ascendencia  comunitaria. Decir que a raíz de las actuaciones del  Ministerio  el conflicto se radicalizó, no sólo le quita responsabilidad a los  principales  gestores comunitarios y regionales del mismo, sino que respalda una  lógica  que  ha  consistido en transferirle responsabilidad a quien no está de  acuerdo  con  alguna  de  las  partes  en el conflicto, bajo el argumento de una  supuesta  parcialización,  sobre  todo cuando hay un sector de la comunidad que  considera  intervención,  la  simple  gestión  de  las autoridades59.   

4.3. Fallo de Segunda Instancia.  

En sentencia del primero de agosto de 2007, el  Consejo  Superior  de  la Judicatura, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, revocó  el  fallo  del  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura del 26 de marzo de 2007 y  denegó   las  pretensiones  del  ciudadano  José  Narciso  Jamioy  Muchavisoy.   

El  Consejo  Superior  de  la  Judicatura, en  segunda  instancia,  consideró  que  la  elección  realizada  en  el parque de  Sibundoy  fue  el  resultado  de  la  voluntad  de  las mayorías y permitió la  participación  activa  de  todos los sectores incluido el accionante, quien fue  debidamente   convocado.  Adicionalmente,  a  juicio  del  Consejo  “la  convocatoria  fue  realizada  por  el Cabildo que, para dicha  data,  se  encontraba legítimamente elegido y registrado ente el Ministerio del  Interior  y  contó  con la presencia y la firma del Alcalde municipal así como  con  la  participación  activa de las autoridades nacionales y departamentales,  quienes  dieron  cuenta  de  la  transparencia y de los esfuerzos para darle una  solución  pacífica  al conflicto”. Por lo expuesto,  y  al  no existir vulneración de los derechos fundamentales del actor, se negó  el amparo deprecado.   

II. CONSIDERACIONES.  

1. Competencia.  

Esta Sala es competente para la revisión del  presente  caso,  con  fundamento en los artículos 86, 241.9 de la Constitución  Nacional y 33 a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

2.1. Mediante auto del 31 de marzo de 2008, la  Sala  Quinta de Revisión de la Corte Constitucional solicitó al Ministerio del  Interior  y de Justicia, a la Procuraduría Delegada para Asuntos Étnicos, a la  Defensoría  del  Pueblo  y  al  Gobernador de la comunidad indígena Kamëntsá  Biyá  elegido para ese año, información sobre los mecanismos de concertación  iniciados  por  ese  grupo  indígena,  con  el  propósito  de establecer si ya  existía  reconciliación  comunitaria  para  la  fecha,  si se habían definido  reglas  propias  y  autónomas  en  materia  electoral  para darle una solución  concertada  a  este  tipo  de conflictos y si la situación de la comunidad pudo  ser resuelta para el año electoral 2008.   

En la misma providencia, se le solicitó a la  Organización  Nacional  Indígena  de  Colombia,  ONIC,  información  sobre el  impacto  que  para  las  comunidades  indígenas representa la inscripción o no  inscripción  del  Gobernador  elegido;  los  mecanismos  que  existen cuando la  Dirección  de  Etnias  se  abstiene  de  hacer  el  registro  de  la  autoridad  tradicional  indígena  por  parte  de  las  comunidades  y  el  alcance  de  la  jurisdicción  indígena  ante  un  vacío  de  poder  en  materia electoral. Al  Ministerio  del  Interior  y de Justicia, se le solicitó información sobre los  alcances  y  límites  previstos  por esa dependencia para el acompañamiento de  las  comunidades  indígenas  y  el  valor  que  se  le  otorga en general, a la  posesión de la autoridad indígena ante el alcalde municipal.   

2.2.  En  respuesta  a  la  solicitud de esta  Corporación,  la  Procuraduría  informó a la Corte Constitucional60,  de acuerdo  con  lo  referido  por  el Procurador Regional del Putumayo que: (a) el anterior  reglamento  interno  de la comunidad Kamëntsá no fue reconocido por uno de los  sectores.  Por ende, se vio en la necesidad de crear un nuevo reglamento interno  para  garantizar  las  elecciones  de  la  autoridad tradicional para el periodo  2008,   con   el   compromiso   de   que   en   ese  año  se  avanzara  en  una  “Constituyente”  donde  se  fijaran normas electorales y de convivencia para  el  pueblo  Kamëntsá,  debidamente  reconocidas  y  legitimadas  por  la misma  comunidad.  (b)  Para  la  elección  del Gobernador vigencia 2008, la comunidad  Kamëntsá  no  resolvió  en  su  totalidad  las  diferencias, pero si llegó a  acuerdos  para  garantizar  las  elecciones  de  2008  a fin de que no se dieran  elecciones  paralelas  como  en  años anteriores. (c) De igual manera, en forma  directa  y  junto  con la Defensoría del Pueblo, el Gobierno Departamental y el  Comandante  de  Policía  del  Putumayo,  el Procurador Regional se trasladó al  Municipio  de  Sibundoy  y  allí se le informó que en atención a la decisión  del  Consejo  Superior  de la Judicatura que denegó las pretensiones del señor  Jose   Narciso   Jamioy   Muchavisoy  en  contra  del  Ministerio,  “volvían  a  estar  las  cosas como anteriormente se presentaban,  habiendo  un  gobernador  elegido  democráticamente  y éste debía terminar su  periodo  como  lo  señalaba  la  ley, para luego proceder a nuevas elecciones y  elegir    a    la    persona    que    mejor    los    represente”.   

La  Defensoría  del  Pueblo  por  su  parte,  informó  sobre  el  proceso  de  concertación  de  los  Kamëntsá  Biyá,  lo  siguiente:  (a) el proceso adelantado para solucionar el conflicto no obtuvo una  plena  reconciliación  interna,  pero  logró  significativos  avances, como la  creación  de  la  Comisión  para  la  Reconciliación, que se convirtió en el  espacio  para  que  los  dos  sectores  de la comunidad disminuyeran la tensión  evitando  enfrentamientos  grupales  de  hecho. (b) Se constituyó un espacio de  mediación  entre  el  Gobernador  Miguel  Chindoy y el grupo liderado por José  Narciso  Jamioy  y  (c) se logró la elección conjunta del gobernador Hipólito  Chindoy  Jamioy  para  el 2008. (d) No obstante, de acuerdo con la comunicación  del  3  de  diciembre  de  2007  suscrita  por  algunos miembros del resguardo y  dirigida  a  la  Defensoría, se afirmó que existe inconformidad porque el día  de  la  elección  del  Gobernador  el  2 de diciembre de 2007, no se respetaron  algunos  acuerdos  convenidos  por  la  Asamblea  General del 23 de noviembre de  2007.  De  esta  forma,  si  bien  la  comunidad no pudo resolver plenamente sus  diferencias, sí avanzó de manera significativa en el proceso.   

2.3. Por su parte, el Ministerio del Interior  y  de  Justicia  en cuanto al interrogante planteado por esta Corporación sobre  los  alcances  y  límites de su política de acompañamiento en la solución de  conflictos indígenas, sostuvo lo siguiente:   

Desde  una perspectiva general, el compromiso  del  Estado  es otorgar garantías para que los pueblos y grupos étnicos logren  avanzar  social,  económica  y culturalmente, accediendo a las conquistas de la  humanidad,  sin  sacrificar  su derecho fundamental a la diferencia. Ahora bien,  con   ocasión  a  los  discursos  sobre  diversidad  étnica  y  cultural,  las  comunidades   indígenas   han   sido  imaginadas  como  unidades  relativamente  diferenciadas  entre sí y no como realidades en continua interacción, en donde  existe  intercambio,  solidaridad,  pero también conflicto. Así, la diversidad  étnica,  cuyo  reconocimiento  y protección tienen rango constitucional, suele  esconder  una  realidad  que  es  propia  de  ella  misma,  como es el conflicto  interétnico61,               intraétnico62  e intracultural63.  Por alguna  razón  asociada  a  la  singularidad  de los procesos étnico-culturales y a la  asignación  de  recursos  y atribuciones a las autoridades indígenas y negras,  los  conflictos  al  interior  de  las comunidades se han intensificado o cuanto  menos,  se  han  hecho  más  notorios,  al  punto  de requerir alguna respuesta  institucional  sea porque trascienden y se convierten en verdaderos problemas de  orden  público  o  porque  exceden  la  capacidad  comunitaria  de  regulación  autónoma.  Según  las  estadísticas  que lleva la Dirección de Etnias, en la  actualidad  existen  56 casos de conflicto reportados, de los cuáles, el 40% se  refieren     a     asuntos    de    gobernabilidad64  y  procesos  eleccionarios,  caracterizados  generalmente por la ausencia de normas y procedimientos internos  que   reglen   los   asuntos  de  elección  y  nombramiento  de  autoridades  y  representantes;  la simultaneidad de dos o más procesos; la reinterpretación a  veces   caprichosa   de   las   normas   y   procedimientos   tradicionales;  el  cuestionamiento  de  la  conducta  de  líderes,  etc.  Tales  conflictos suelen  generar  un  vacío en la representación y gobierno, que afecta la garantía de  los  derechos de los indígenas, como el acceso a cupos universitarios, subsidio  de   salud,   exoneración   del   servicio  militar,  etc.,  que  requieren  la  certificación   de   la  comunidad.  Cuando  hay  discrepancias  no  hay  quien  certifique  y,  lo  que  es  más  grave,  a  veces  se  produce  duplicidad  en  actuaciones  frecuentemente  contradictorias.  Según el Ministerio “el  hecho  de  que  el  86%  de los conflictos correspondan a los  temas  de  gobernabilidad,  derechos  territoriales y adscripción y pertenencia  étnica,  insinúa  una  agenda  en  que  la  perdida  de  la  capacidad de auto  representación  y autogobierno es sin duda un factor estructural”65.   

En cuanto a la singularidad de los conflictos,  para   el   Ministerio   existen   como  causa  dos  hechos  concretos:  (a)  el  debilitamiento  de  la  capacidad autónoma de regulación y tramitación de los  conflictos  por  parte  de  las  comunidades  étnicas y (b) la escasa capacidad  institucional    y   profesional   para   atender   los   conflictos   inter   e  intraculturales,  bajo  un  enfoque  de  promoción  y respeto por la autonomía  étnica.  Además,  la  asignación  de recursos y responsabilidades públicas a  estas  comunidades  ha  tenido  como  efecto que ellas adquieran configuraciones  semi  estatales  que  deben  conjugar  la  lógica  comunitaria  con  la lógica  política,  como  por  ejemplo,  ser juez de la república y realizar contratos,  etc.  De  otro lado, las presiones de que son objeto las comunidades étnicas se  pueden   explicar  por  su  particular  localización  geográfica  y/o  por  la  importancia  política y económica que han adquirido gracias al otorgamiento de  funciones   y   recursos   públicos.  Finalmente,  el  Estado  posee  un  poder  performativo   al   incluir   modelos   de   organización   social,  pautas  de  comportamiento  y  configuraciones  territoriales,  en  los  que las comunidades  étnicas   tienden   a  dejar  de  ser  lo  que  han  sido,  para  parecerse  al  imaginario   que  el  Estado tiene de ellas, o necesita tener de ellas para  fines estrictamente administrativos.   

Así,  el  tema  de  los  conflictos  intra e  intercomunitarios  es  un  fenómeno creciente y complejo porque: (a) los cargos  de  representación,  autoridad y poder son objeto de disputa, generando vacíos  internos  que  afectan la aplicación de justicia propia, reglamentos internos y  la  efectiva  garantía  de  los  derechos  individuales  y  colectivos.  (b) La  tradición  y  la  costumbre (fuente de seguridad y de estabilidad) son también  objeto  de  disputa  y revisión en muchos casos. (c) La judicialización de los  conflictos,  con  frecuencia  se traduce en la agudización de los mismos porque  ceden  su  autonomía jurisdiccional o porque los operadores de justicia carecen  de  herramientas cognitivas para tomar decisiones consecuentes con la diversidad  étnica.  Además, (d) porque los conflictos suelen tener un efecto regresivo en  materia  de  garantía  y  protección  efectiva  de  los  derechos  colectivos.   

Sobre el particular, afirma el Ministerio que  además  de las funciones asignadas a la Dirección de Etnias conforme a la ley,  esa  entidad  debe  ejercer  también  un  conjunto  de acciones complementarias  relacionadas  con  las  señaladas  en  el  ordenamiento  institucional,  que es  necesario  adelantar,  pues  de ello depende la transparencia, responsabilidad y  efectividad  de  las funciones asignadas propiamente dichas. Así, debe tomar en  consideración   dentro   de  las  actividades  que  realiza:  (a)  las  impugnaciones de procesos eleccionarios realizados por sectores  de  las mismas comunidades étnicas. Por lo general, no  hay  normas  ni  procedimientos  claros  internos,  que  prevean  este  tipo  de  situaciones  y,  por  lo  mismo,  no  existen  instancias  o recursos que puedan  atenderlos    de    manera   expedita   e   incuestionada,   como   tampoco   la  institucionalidad  tiene  estipulados  criterios  de  manejo  que  sí se tienen  frente  a los conflictos electorales tradicionales que resuelve la jurisdicción  Contencioso  Administrativa. Ante ello, a la Dirección de Etnias le corresponde  avocar   algún  nivel  de  conocimiento  en  estos  asuntos,  pues  ello  está  directamente   asociado   con   la  función  de  registrar  a  las  autoridades  indígenas,  a  las asociaciones de autoridades y a las organizaciones de base y  a  los  consejos comunitarios de las comunidades negras; particularmente, cuando  se  verifican  procesos  paralelos  y  solicitudes  simultáneas de registro. La  función  asignada  al  Ministerio  reza:  “Llevar el  registro   de  las  autoridades  tradicionales  indígenas  reconocidas  por  la  respectiva  comunidad,  las asociaciones de autoridades indígenas, los consejos  comunitarios  y  las organizaciones de base de comunidades negras”  (art.  16, parágrafo 5. Decreto 4331 de 2005). De este modo, para  esa  Dirección  es  un reto determinar cómo proceder en tales casos, cuando no  hay  instancias  propias  de solución de conflictos o las que hay son objeto de  reiterados  cuestionamientos  o,  incluso,  hacen  parte  de  los conflictos, al  realizar   acciones  arbitrarias.  (b)  Otro  tema  es  el  de  la  impugnación  por  alteración  y  especulación  con  los  listados  censales,  relacionado  con  los  registros  que  las  autoridades  étnicas  hacen  para fines de control interno y de los integrantes  de  las  comunidades indígenas, de acuerdo a los artículos 7 y 85 de la Ley 89  de  1890.  La  Dirección  de Etnias hace la recepción de los listados censales  que  las  autoridades  indígenas  envían  periódicamente y ocasionalmente los  utiliza  para  identificar  y  advertir  cambios  dramáticos en la composición  socio  demográfica  de  las  comunidades  debido  a prácticas cuestionables de  afiliación  y  desafiliación,  pues  amenazan con desnaturalizar el fundamento  colectivo   de   los   derechos   étnicos.   Buena   parte  de  los  conflictos  intra-étnicos  y  por razones de gobernabilidad, están profundamente afectados  por  reclamaciones  y  demandas  de  especulación  de listados censales, de tal  forma,  que  unos  y otros se disputan la legitimidad de diferentes cifras, pues  de  ellas se desprende la base numérica sobre la cual se definen los resultados  eleccionarios.  La  inscripción  permite acceder a prerrogativas exclusivamente  indígenas  como  cupos  universitarios,  por  ejemplo,  y  tiene impacto en los  derechos  colectivos  de los indígenas y determina la base censal que define la  representación               indígena66.   

Finalmente,  en  relación con los alcances y  límites  al  acompañamiento  de  las  comunidades,  el Ministerio presenta los  siguientes  criterios  concretos  dentro  de  su política institucional para la  solución  de  los  conflictos  étnicos,  así: (a) siempre es deseable que las  comunidades  indígenas  resuelvan  sus  conflictos  en  el ámbito de su propia  autonomía,  pero  como  ello  no  siempre  es posible, el Estado debe actuar de  manera  oficiosa  o,  a  veces,  a  solicitud  de parte. Entonces, la actuación  oficiosa    se    justifica    a    juicio    del    Ministerio:    (i) cuando se vean comprometidos intereses  colectivos    de   la   comunidad;   (ii)  se  vean  lesionados  o  violados  derechos  fundamentales como el  derecho   a   la   integridad   y   la   vida   de  las  personas;  (iii)   se   afecten  normas  imperativas  vinculadas   a   la   integridad  y  a  la  seguridad  nacionales;  (iv) se vea comprometida la pervivencia de  los  grupos étnicos como tal. Cuando es a petición de parte, la actuación del  Estado  implica  algún  tipo  de facilitación institucional. En ambos casos la  tensión  a  la  que se enfrenta la Dirección de Etnias y en general el Estado,  tiene  que ver con  el respeto y la preservación de la autonomía étnica.  (b)  Frente a los conflictos en sí mismos considerados, son criterios generales  de     actuación     del     Ministerio,     los    siguientes:    (i)  Si  los  conflictos  inter  e  intra  étnicos  se cruzan con conflictos de mayor calado, esto es con actores armados,  etc.,  el  tratamiento  del conflicto debe ser incluido dentro de las políticas  nacionales   de   seguridad  y  paz.  (ii)   La  intervención  oficiosa  del  Estado  debe  estar  plenamente  justificada  cuando  se  compruebe  que  el  conflicto  compromete  la vida y la  integridad  de  las  personas.  (c)  La  intervención  del  Estado es necesaria  cuando:  (i)  las  instancias  propias  de  las  comunidades se agotaron, tienen  limitaciones  o  hacen  parte  del conflicto. (ii) Se advierte la afectación no  sólo  a  la  convivencia  sino a la dignidad de las personas y de la comunidad.  (iii)  Se  advierte  una  afectación de los derechos. (iv) De ninguna manera es  función   de   la   Dirección   resolver   el   conflicto  tomando  decisiones  unilaterales,  sino  contribuir  a  transformarlo, mediante la recuperación del  principio  de  autoridad  que se ve afectado; el otorgamiento de garantía a las  partes  y  a  los  acuerdos  que  se  establezcan; la neutralización de actores  externos  (alcalde,  iglesias, asesores, partidos políticos) que complejizan el  conflicto;  la  generación  de  acuerdos concertados entre entidades del Estado  para  evitar  escalar  el  conflicto; la generación de espacios de acercamiento  entre  las  partes  y  la  persuasión  acudiendo a argumentos constitucionales.   

2.4. La Comunidad indígena Kamëntsá Biyá,  por  su  parte,  representada por su Gobernador para el 2008, el Taita Hipólito  Chindoy,  informó  a  la Corte Constitucional que para ese año la comisión de  reconciliación  de  esa  colectividad elaboró una propuesta de reglamento para  esas  elecciones,  que  en parte fue aprobado por la Asamblea. Tanto la consulta  electoral  como  la elección propuesta se llevaron a cabo en la sede de la Casa  Cabildo.  El  día  primero de enero de 2008, la comunidad Kamëntsá acompañó  al  Cabildo  electo  a  la  eucaristía  del  año nuevo y se le devolvieron los  bastones  de  mando  a  la  autoridad,  que  desde el año anterior habían sido  encargados  a  la  diócesis  de  Sibundoy  para  su  custodia.  El retorno a la  normalidad  se ratificó en el hecho de la celebración del Carnaval del Perdón  que  se  dio el día 4 de febrero con participación multitudinaria. Existe así  mismo      un      proyecto      en      marcha      denominado     “Fortalecimiento    de   las   normas   ancestrales”     del    Pueblo    Kamëntsá    conocido    como    “Constituyente    Kamëntsá”,   para  fortalecer  los códigos de convivencia. Finalmente, indica que con la negación  de  la  tutela,  se  logró  reconocer lo que los taitas Ex gobernadores habían  propuesto,  que  era  el  respeto a la tradición de la no reelección inmediata  dentro     de     la     comunidad     Kamëntsá67.   

Además,  se aportó un documento denominado  “Proyecto  de  extensión  de  la  coordinación del  Sistema   Judicial   Nacional   (SJN)  y  la  Jurisdicción  Nacional  Indígena  (JEI)” realizado por la Universidad del Rosario, con  el  auspicio  del  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia y publicado por la  Escuela  Judicial  Rodrigo Lara Bonilla, en el que se describen características  básicas  de  la  comunidad  Kamëntsá,  tendientes a hacer un diagnóstico que  contribuya    al    establecimiento    de    un   reglamento   interno   de   la  comunidad68.   

2.5. Por otra parte, mediante auto del 25 de  septiembre  de  2008,  esta  Corporación  solicitó  al Instituto Colombiano de  Antropología  e  Historia,  ICAN,  información  técnica  acerca de los usos y  costumbres  de la comunidad Kamëntsá en materia electoral, a fin de establecer  con  claridad  si las afirmaciones del actor relacionadas con el desconocimiento  de  la  tradición Kamëntsá podían serle atribuidas a la Dirección de Etnias  del  Ministerio  del  Interior  en el acompañamiento y registro de la autoridad  indígena.  En  dicho informe, la Dra. Margarita Chávez, compartió gentilmente  con  esta  Corporación  sus  reflexiones  sobre la situación presentada, así:   

“En  el  contexto  de la disputa sobre la  legitimidad  de  la  reelección  de los gobernadores indígenas y las supuestas  “prácticas  culturales  ancestrales”  relacionadas  con  el gobierno en sus  cabildos  y  resguardos,  (…) recomendaría que se traslade la pregunta por la  norma  cultural a la comprensión de los elementos identificables en una disputa  que  es ante todo política. En el mismo sentido, vale la pena que se plantee la  pregunta  sobre   los  intereses de quien están representados por cada uno  de  los  sectores  involucrados  en  esta  contienda (…) Al parecer la primera  reelección  del  gobernador Jamioy no ocasionó ninguna reacción negativa sino  hasta  que  fue  reelegido por segunda vez. Teniendo en cuenta que el periodo de  los  gobernadores indígenas es tan solo de un año, me atrevería a sugerir que  allí  reside  en  parte  el  problema, pues la ejecución de programas requiere  periodos  mucho  más  largos.  Pero por otra parte la prolongación del periodo  por  más de dos años genera desacuerdos en torno al acceso de otros líderes a  la  administración de recursos, y eso es probablemente lo que denuncia el grupo  de  ex  gobernadores.  Obviamente  el  tema  no  se  menciona por ninguno de los  grupos.  Para  ambos  resulta políticamente incorrecto develar esos intereses y  en  cambio  argumentan en términos de respeto/adecuación/seguimiento de pautas  acordes  con  la  “cultura  tradicional”,  los  “usos y costumbres” y el  derecho  ancestral  y  todo  este tipo de razones “culturales” que sustentan  representaciones  de un indígena hiper real quien a diferencia de nosotros (los  otros…)  se  mueve  empujado exclusivamente por los intereses de preservación  de  la  cultura  y  lejos  de  intereses  económicos  y políticos per  se”. (…) Reproducen de este modo  representaciones  ahistóricas  de sí mismos y de sus procesos culturales (…)  En  este  sentido,  pienso que dictaminar sobre la validez de la impugnación de  la  reelección  de un gobierno de un cabildo indígena debe entrar en otro tipo  de   análisis   (…).   [S]e   debería    examinar   con  atención  las  (des)ventajas  de los periodos anuales en los cabildos, así como los mecanismos  existentes  para el ejercicio de funciones de un gobierno autónomo, más cuando  el  ejercicio  del  autogobierno se configura alrededor de la administración de  los recursos de las transferencias del Estado”.    

Por  lo tanto concluyó la investigadora que  ante  el  cambio y transformación histórica de los Cabildos y de sus acuerdos,  es   difícil   e   inconveniente   caracterizar   en  términos  absolutos  los  “usos  y  costumbres” que  les  son  propios.  Porque  “cualquier visión de las  culturas  como  totalidades  claramente definibles, es una visión desde afuera,  que  genera  coherencia  con el propósito de comprender y controlar”.  Especialmente, cuando según indagaciones con la colectividad,  la   comunidad   destaca  que  el  proceso  de  reconciliación  “rindió  sus  frutos  y  que  el actual cabildo de los Kamëntsá de  Sibundoy  está  claramente reconocido y respaldado por la comunidad indígena y  las    autoridades    institucionales”69.   

2.6.  Mediante comunicación del 16 de enero  de  2009, el nuevo Gobernador elegido por la comunidad Kamëntsá Biyá el Taita  Andres  Juagibioy  Chindoy,  manifestó  que  el proceso electoral en el que fue  elegido  como  autoridad  tradicional  para  el  año  en  curso, se realizó en  completa  normalidad.  El  Cabildo  ha  podido  ejercer las funciones propias de  autoridad  tradicional,  según los usos y costumbres, sin mayor novedad. Por lo  tanto,  solicita  que  se  ratifique  la  sentencia  del  Consejo Superior de la  Judicatura,   a   fin  de  no  invalidar  los  esfuerzos  de  reconciliación  y  normalización  que  hoy  ya  se  han  consolidado  en  la comunidad70.   

3. El problema jurídico.  

3.1.          La Corte Constitucional ha sostenido que  el  juez  constitucional y los jueces ordinarios, en cada caso concreto y con el  fin  de  preservar los derechos de los integrantes de las comunidades indígenas  y  de  terceros,  pueden  intervenir  en  los  asuntos  relacionados  con dichas  comunidades,  sólo  en  circunstancias  en  las  que  claramente  los  derechos  fundamentales   o   los   principios   constitucionales   involucrados  resulten  amenazados  o  vulnerados, y sopesando siempre los límites de su intervención,  a   fin   de  no  resquebrajar  el  derecho  de  los  pueblos  indígenas  a  su  autonomía71.   

En  los  casos en que ello no sea así, esto  es,  que no exista una abierta violación de derechos fundamentales o principios  de  mayor relevancia, es del fuero exclusivo de las comunidades indígenas darse  una  solución  interna  a  sus  conflictos  y,  por  lo  tanto,  escapa al juez  constitucional  la  definición  de  una  situación  en  particular, so pena de  lesionar  la  diversidad étnica y cultural de estas comunidades, reconocida por  la Carta.   

En  materia política, la Corte ha señalado  que  tales  colectivos  gozan  de  plena  autonomía  para  la  elección  de su  autoridad  tradicional.  De  esta  forma,  las  diferencias  que  se susciten al  interior  de  los  pueblos  indígenas  por motivos electorales, corresponden en  principio  a  decisiones  del resorte y solución exclusiva de los mismos grupos  étnicos,  siempre  y  cuando ellas no atenten contra la Constitución y la ley.   

Un ejemplo de esta aproximación puede verse  en  la sentencia T-932 de 2001 (M.P. Clara Inés Vargas Hernández), relacionada  también   con   la   comunidad   Kamëntsá   Biyá72.  En  esa  oportunidad,  un  ciudadano  reclamó su inconformidad con la decisión de su Cabildo de excluirlo  como  candidato  a  unas  elecciones,  en desconocimiento aparente de los usos y  costumbres  del  pueblo  al que pertenecía y, por lo tanto, acudió a la tutela  para  obtener  protección  constitucional  contra  su autoridad tradicional. La  Corte  Constitucional  reiteró en esa ocasión su imposibilidad de adelantar un  pronunciamiento  de  fondo en estas materias, por no tratarse de una afectación  directa  de la Constitución y ser del núcleo de la autonomía de ese pueblo en  particular,  esa  determinación.  Dijo la Corte al respecto lo siguiente:    

“Al accionante  le  asiste todo el derecho de disentir de las decisiones adoptadas en el seno de  la  comunidad  indígena  a  la  que  pertenece,  y  más  concretamente  de las  determinaciones  que  adopte  el gabinete tradicional que en determinado momento  los    gobierne,   elegido   por   la   comunidad   en   general.   Sin  embargo,  no  es  la  acción de tutela el mecanismo jurídico  adecuado  para  hacer  valer  o sentir las protestas o disentimientos cuando las  decisiones  y  determinaciones  de  las  autoridades  indígenas  no implican la  vulneración  de  derechos  fundamentales,  en  tanto  éstas  no contraríen de  manera   abierta   y   flagrante   la   Constitución   y   las   leyes   de  la  República,  situación que  esta  Sala de Revisión de la Corte no advierte en el caso concreto.  El camino expedito no es otro que el de  buscar  que las mayorías en la comunidad indígena armonicen las costumbres con  las  necesidades actuales de la misma, en todo orden y  propendan  porque,  en relación con el debate electoral que anualmente se lleva  a  cabo,  esas  mayorías señalen límites y parámetros que enmarquen el poder  del   Cabildo   que  eligen  para  que  gobierne”73.   (Subrayas   fuera   del  original).   

A   conclusión   similar   arribó  esta  Corporación   en   la   sentencia   T-979   de   2006   (M.P.   Nilson  Pinilla  Pinilla)74,  respecto  al  debate  interno de una comunidad sobre la presunta  inhabilidad  de  uno  de  sus líderes, para ejercer sus derechos a elegir y ser  elegido, al recordar que:   

“[E]sta   determinación   corresponde  únicamente  a  la  misma  comunidad,  para  lo  cual resulta deseable que ésta  desarrolle  y fortalezca los mecanismos y procedimientos internos de resolución  de  conflictos,  de  tal  modo  que se minimice la posibilidad de situaciones no  claramente  definidas,  como  la  que  dio  origen  a  la  presente  acción  de  tutela”.   

De  este  modo, es un criterio general, que  los  debates  electorales  al  interior de las comunidades indígenas puestos en  consideración    de    los    jueces    constitucionales    son,   prima  facie,  del  resorte  de esas comunidades cuando no medie una  violación  evidente  de derechos fundamentales. En tales casos, los falladores,  en  principio, deberán abstenerse de interferir en ellos teniendo en cuenta que  cualquier   pronunciamiento   judicial  “supondría  entonces  una  intromisión, violatoria de lo previsto en el artículo 330 de la  Constitución         Política”75.   

3.2. Ahora bien, el  caso  objeto  de  estudio  en  esta  oportunidad  difiere  de las aproximaciones  anteriores  y  resulta  ser  del  resorte  de los jueces constitucionales, en la  medida  en  que más allá de ser un eventual enfrentamiento entre dos facciones  políticas  de  una comunidad indígena, el asunto bajo análisis de la Corte se  extiende  en  esta  oportunidad  a un aspecto complejo respecto de éste y otros  conflictos  indígenas:  el  alcance  y  los  límites de la intervención de la  Dirección  de  Etnias  en los conflictos políticos internos de las comunidades  indígenas  en  situaciones de amenaza de derechos fundamentales y colectivos de  esos  pueblos  tradicionales.  Esa reflexión teórica se desprende con claridad  de los siguientes problemas jurídicos:   

¿Constituye  la “participación activa”  de   la  Dirección  de  Etnias  del  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  –a  quien se la acusa de  desconocimiento  de  las  normas  electorales,  de  los  usos y costumbres de la  comunidad  Kamëntsá  y  de  parcialidad  por  uno  de los grupos políticos en  conflicto–,    una  intromisión  indebida  del  Estado  en  la  autonomía  y  autogobierno  de una  comunidad  indígena,  cuando  en  su  defensa  la entidad alega la necesidad de  proponer  esa solución y de definir la situación, sobre la base de la ausencia  de  gobernabilidad  y  amenaza  de los derechos  fundamentales y colectivos  del grupo étnico?   

¿Supone  la  gestión  realizada  por  el  Ministerio  del Interior y de Justicia –en  cuanto  al  reconocimiento  y  registro de un Cabildo indígena  contrario    al    del    accionante–,  una violación de los derechos del actor a elegir y ser elegido;  de  su  derecho a la igualdad, de su derecho a la garantía del debido proceso e  implica  paralelamente  una  lesión  al autogobierno de la comunidad Kamëntsá  Biyá?   

3.3.  En efecto, independientemente de que la  tutela  puede significar una posible situación de carencia actual de objeto con  respecto  a  los  derechos  al  debido  proceso,  igualdad y en relación con el  derecho  a  elegir  y  ser  elegido  del  actor,  lo  cierto  es  que  el debate  constitucional  de  fondo que se propone no va dirigido contra otras autoridades  indígenas  o  contra  la  comunidad, sino que pretende controvertir la gestión  del  Estado, particularmente la actividad adelantada por la Dirección de Etnias  del  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  en  los  conflictos electorales  indígenas.  Ese  asunto,  además,  no  puede  considerarse del todo carente de  relevancia  en  la situación que se presenta, en especial, porque la Dirección  de  Etnias  ratifica  la existencia de una tensión entre el interés de ofrecer  una  solución  al  impacto  de  la falta de gobernabilidad de estas comunidades  cuando  se  encuentran en serios conflictos políticos y la autonomía de la que  gozan  constitucionalmente  tales grupos, lo que la expone, según indica, a que  su “iniciativa” sea interpretada “como intromisión”.   

Corresponde,   entonces,  a  esta  Sala  de  Revisión  determinar si efectivamente esa Dirección vulneró o no los derechos  fundamentales  a  la  igualdad,  al  debido  proceso y al derecho a elegir y ser  elegido  como  Gobernador  indígena del señor José Narciso Jamioy Muchavisoy,  así  como  los  derechos  a  la  autonomía  y  al autogobierno de la comunidad  Kamëntsá  Biyá,  al  haber incurrido en las siguientes conductas que el actor  estima   ajenas   al   pueblo   indígena   al   que   pertenece:   (a) haber avalado y promovido la elección  de  otro  cabildo  indígena  creado  el  30  de septiembre de 2006 –en   una   fecha  ajena  al  término  electoral   previsto   por   la   ley–,  y  haber  facilitado  la inscripción de ese Gobernador electo de  acuerdo   a   la   convocatoria  efectuada  por  el  Consejo  de  Exgobernadores  –un Consejo que se estima  inexistente  frente  a  la  tradición–,  desconociendo  al  Cabildo cesante anterior conforme a los usos y  costumbres    de   esa   comunidad;   (b)  haber  registrado  oficialmente  al  Gobernador  elegido  el 10 de  diciembre  de 2006 para el periodo electoral 2007, por convocatoria de ese mismo  Consejo   de   Exgobernadores   y   (c)  paralelamente  desconocer  en  ambos eventos la elección del señor  Jamioy  Muchavisoy,  realizada  conforme a los usos y costumbres de su comunidad  –esto  es,  con posesión  del  Cabildo  cesante 2005 y del Cabildo cesante 2006, por el periodo de un año  y  con  disposición  de  las  varas  de  mando y de la Casa Cabildo–,  favoreciendo  con ello a uno de los  grupos  en  conflicto y desconociendo al otro. Lo anterior, en un momento en que  según  el  Ministerio,  era necesario promover una solución efectiva dentro de  la  comunidad  para superar la división de los Kamëntsá Biyá, puesto que esa  población  ostentaba  un  fraccionamiento interno tan severo, que se encontraba  en  peligro  no sólo su gobernabilidad general, sino los derechos colectivos de  los comuneros.   

3.4.  Así  las  cosas, debe la Corte en esta  oportunidad  estudiar la tensión que se comenta entre la autonomía indígena y  la  intervención  administrativa  en  la  resolución de conflictos étnicos en  materia  electoral,  con  el  propósito de verificar si la Dirección de Etnias  pudo  o no interferir indebidamente en la elección del cabildo y del Gobernador  indígena  de esa comunidad y si efectivamente tomó o no partido por una de las  presuntas  autoridades  indígenas  como lo adujo el demandante. Para el efecto,  revisará  la  Sala  en primer lugar, (i) la procedencia de la acción de tutela  de  la  referencia  ante  la  eventual carencia actual de objeto en cuanto a los  derechos  electorales  del  demandante  y  la existencia o no de otros medios de  defensa  judiciales, dado que el Alcalde Municipal de Sibundoy adujo que existen  en  este  caso  tales  mecanismos.  Superadas  las exigencias de procedibilidad,  revisará  la  Corte, si así corresponde, los siguientes temas relevantes en la  aproximación    al    conflicto:    (ii)  las  normas  y  la  jurisprudencia  relacionada con la protección  constitucional  a  los  derechos  a  la  diversidad  étnica  y  cultural de las  comunidades  indígenas; (iii)  los  alcances  de  la autonomía y, especialmente, del autogobierno indígena en  la    toma    de    decisiones    de    carácter   político   y   (iv) las atribuciones y límites a los que  se  enfrenta  el  Estado,  en  materia  de  autonomía  electoral indígena. Por  último,  revisados  estos  temas,  la Corte se pronunciará sobre el caso de la  referencia.   

4. De la procedencia de la acción de tutela.   

4.1.          Recuerda  la  Corte  que  la  acción de  tutela  fue  consagrada  por  el  Constituyente  como  un mecanismo subsidiario  para  la  protección  de los  derechos  fundamentales  presuntamente  vulnerados  por la acción y omisión de  autoridades  públicas  o  particulares.  Por este motivo, el artículo 86 de la  Carta  dispone  que  dicha  acción “sólo procederá  cuando  el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial”76; precepto que  se  debe interpretar en el sentido de que los medios alternos de defensa con que  cuenta  el  interesado  debe  ser  idóneos,  es  decir, aptos y efectivos para obtener la protección oportuna  y  requerida  en  la  protección  del  derecho fundamental invocado77. La idoneidad  de  los  medios  de defensa alternativos se debe evaluar, entonces, en atención  al  contexto  particular de cada caso, para así determinar si realmente existen  opciones  eficaces  de  protección que hagan improcedente la tutela78,   en  las  circunstancias en que se encuentre un peticionario.   

4.2.  De  este  modo,  dado  que  en  el caso  concreto   el   motivo   de  la  eventual  vulneración  a  los  derechos  a  la  representación   política,   igualdad,  debido  proceso  y  autonomía  de  la  comunidad     indígena     ocurrió    con    la    aparente    “intervención”   de  la  Dirección  de  Etnias  en  la  toma  de decisiones en cuanto a cómo debió surtirse el proceso  electoral  interno  de  la  comunidad  Kamëntsá  y  a  la  inscripción de las  autoridades   indígenas   opuestas,  –excluyendo     la     también     elección    del    actor    como  Gobernador–,  es evidente  que  en  las circunstancias descritas no existía otra vía más idónea para la  protección de los derechos invocados, que la acción de tutela.   

En efecto, el derecho político a ser elegido,  que  se  materializa  como el derecho a representar a una colectividad y ejercer  las  atribuciones  propias  de  esa  elección,  es  un derecho que se ejerce en  momentos  preestablecidos  por  la  ley  o  por  la  comunidad,  y cuyos tiempos  generalmente  no pueden ser sustituidos o postergados79.  De esta forma, teniendo en  cuenta  que  frente  a las comunidades indígenas y sus asuntos relacionados con  éste  derecho no existe acción electoral alguna y dado que ante la ausencia de  autoridad  jurisdiccional  indígena,  –por  estar  en  estos  casos  inmersa  en  el  conflicto–, no es posible resolver un situación  semejante  al  interior  de  la comunidad, sigue siendo la acción de tutela, el  mecanismo   conducente   para   proteger   los   derechos   invocados   por   el  ciudadano80  cuando,  como  en  este caso, la violación aparente es imputada a  una  autoridad estatal. Precisamente, la circunstancia violatoria que propone el  actor   no   es   la   impugnación   del   Gobernador   opositor   –que  es un debate del fuero interno de  esa  comunidad–,  sino la  aparente  intervención  indebida  de la Dirección de Etnias del Ministerio del  Interior,  al  tomar  partido como Estado, por uno de los grupos elegidos por la  comunidad  y  al registrar como Gobernador a quien supuestamente era ajeno a los  usos y costumbres de esa comunidad indígena.   

Por  lo tanto, teniendo en cuenta la ausencia  de  efectividad  de cualquier acción contencioso administrativa en la materia y  la  presunta vulneración de los derechos fundamentales del actor a elegir y ser  elegido,  a  la  igualdad, al debido proceso y los derechos fundamentales de las  comunidades  indígenas  a la autonomía y autogobierno, concluye la Sala que la  acción de tutela es procedente en esta oportunidad.   

4.3.   Ahora   bien,   en   cuanto   a   la  representación  de  la comunidad indígena, como estos pueblos tienen derecho a  defender  su  integridad  cultural  y  autonomía  sin  escindir  su  existencia  colectiva,  sus  integrantes,  sus  autoridades  o  las  organizaciones  que los  agrupan,  están  legitimadas  para  instaurar  acciones de tutela. Por ello, en  atención  a  la  autonomía  y autodeterminación de las comunidades indígenas  (art.  7°, 286, 287, 329 y 330 C.P), el juez constitucional no puede entorpecer  el  único  procedimiento  existente  en  el ordenamiento para garantizarles, en  principio,    su    conservación    y    su    derecho    fundamental    a   la  diferencia82.  En  esta  oportunidad,  como  el  accionante  es  miembro  de los  Kamëntsá  Biyá  y  fue  elegido  por  una  facción  de  esa  comunidad  como  Gobernador, cuenta con legitimación suficiente para accionar.   

4.4. Así mismo, debido a las características  del  caso  sometido a examen de la Corte en esta oportunidad, es necesario hacer  referencia  a  la  jurisprudencia  sobre  la competencia del juez constitucional  para  revisar providencias en materia de tutela, en circunstancias en las que se  configura   carencia   actual   de   objeto   ante   la   existencia  de  hechos  consumados.   

Así,  el  periodo  electoral que originó la  solicitud  de  protección  de  los  derechos a elegir y ser elegido, igualdad y  debido  proceso  del  accionante,  tuvo  lugar  en  el año electoral 2007, bajo  circunstancias  que fueron puestas en conocimiento de esta Corporación faltando  pocos  días  para  el  vencimiento  de  ese  periodo83.   Esa  situación  permite  confirmar   que   en   cuanto   a   las   aspiraciones   electorales84    del  ciudadano,  existe  un  hecho consumado, dada la imposibilidad de restablecer el  goce  eventual  de  esos  derechos en sede constitucional. En el caso del actor,  existe  ciertamente  una superación del límite legal de tiempo para el que fue  designado  como  Gobernador indígena, y además, ya han sido favorecidos con la  calidad  de  Gobernadores de esa comunidad, otros ciudadanos con posterioridad a  esa elección, incluso de manera unificada en el presente año.   

Sin  embargo,  la  existencia  de  un  hecho  consumado  con  relación  a los derechos fundamentales presuntamente vulnerados  del  actor,  no  conduce  necesariamente  a  la  improcedencia de la tutela, por  varias  razones.  En  primer  lugar,  recuerda  la Corte que aunque esta acción  constitucional  tiene  por  objeto el restablecimiento inmediato de los derechos  fundamentales  amenazados  o  vulnerados de las personas, lo cierto es que si la  carencia   actual   de   objeto   ocurre   en   sede   de  revisión85,   ésta  Corporación  mantiene  la  competencia  para pronunciarse sobre la decisión de  los         jueces        de        instancia86,   a  fin  de  confirmar  o  revocar     los     fallos     proferidos.     Ello     ocurre,     (i)  porque  su obligación constitucional  de  revisar  las  providencias  en  materia  de  tutela  pervive  y (ii)  porque  su  responsabilidad  en cuanto a la unificación de la jurisprudencia constitucional  le  exige,  –más allá de  resolver   un   asunto   en   concreto–,  que  fije  criterios de protección constitucional y determine la  hermenéutica  autorizada  con respecto a la interpretación de la Constitución  Política87. Así las cosas, con la revisión de los  fallos,  fuera  de rectificar las eventuales imprecisiones o defectos en los que  haya    incurrido    el    juez    constitucional88, le  asiste  también  la  misión  de  unificar la jurisprudencia y evitar de ser el  caso, que se repitan hechos ajenos al ordenamiento constitucional.   

En  segundo lugar, la Corte Constitucional en  la  sentencia  SU-540  de  2007  (M.P. Álvaro Tafur Gálvis), sostuvo de manera  unificada  que  ante  circunstancias que impliquen carencia actual de objeto, la  institución  conserva  la  competencia  para emitir un pronunciamiento sobre la  cuestión objeto de debate, también en atención a que:   

“[S]i  bien  es  cierto  que ante un daño  consumado  queda  en  principio  impedida  para  impartir contra el demandado la  orden  a  que  hace  referencia  el artículo 86 Superior, también lo es que en  virtud  de  su  función  secundaria  de  unificación  y  revisión89,   debe  resolver  sobre  el  fondo  del  asunto  sometido  a  su  estudio,  (i)  en cumplimiento de lo dispuesto por  el  artículo  29  del  Decreto  2591 de 1991 que prohíbe la emisión de fallos  inhibitorios  en  materia de tutela y (ii)  en  consideración  a  que  sus  funciones, en materia de tutela,  exceden  a  las  que  cumple ordinariamente un tribunal de instancia90”.   

De  este  modo,  aunque la Corte se encuentre  ante  la  imposibilidad  de  pronunciarse sobre la protección particular de los  derechos  electorales  invocados  por el demandante por superación del término  para  el  que  fue  escogido como Gobernador indígena, ésta Corporación puede  señalar,  en  todo  caso, cuál ha debido ser el comportamiento que debió o no  adoptar        la       entidad       demandada91   en   relación   con  los  derechos  fundamentales  presuntamente  vulnerados  al  actor  y,  en  especial,  respecto  de  su  participación  en  la resolución del conflicto interno de la  comunidad   Kamëntsá   Biyá.   Incluso,   si   es   del   caso,  este   Tribunal   puede  “revocar  los  fallos  objeto  de  examen  y  conceder  la  tutela, sin importar que no proceda  impartir           orden          alguna”92.        El  artículo  24  del Decreto 2591 de 1991 ha señalado al respecto  que,  cuando la situación puesta a consideración de la Corte se haya consumado  en  forma  tal  que  resulte  imposible ordenar el restablecimiento invocado, le  asiste   a   este   Tribunal   la  posibilidad  de  prevenir  a  los  accionados  “para  que en ningún caso vuelvan a incurrir en las  acciones  u  omisiones  advertidas,  y  que,  si  procedieren de modo contrario,  serán  sancionados,  en  los  términos  de  la  misma disposición”93.   

4.5.  Fuera  de  las  razones  previamente  expuestas  en  favor de un pronunciamiento de mérito de esta Corporación en el  caso,  se  recuerda además que el ciudadano invocó la presunta vulneración de  la  autonomía  y  autogobierno de la comunidad indígena Kamëntsá Biyá. Esta  apreciación  obliga  a  la  Corte, doblemente, a un pronunciamiento de fondo en  esta  oportunidad,  porque  como  lo  ha  señalado  esta  Corporación en otros  eventos,   “el   derecho  de  una  comunidad  a  la  autonomía       política      es      de      carácter      permanente      e  imprescriptible”94,         por  lo  que si los conflictos de las comunidades no están del todo  superados  “a  pesar  de  haberse  dado el paso a un  nuevo    periodo    de    elecciones,    es    necesario    un   pronunciamiento  constitucional”  95.   

4.6.  Ante  estas  consideraciones,  la  Sala  concluye  que  la configuración de la carencia actual de objeto respecto de los  derechos  políticos  del actor, hace necesario en todo caso, un pronunciamiento  del  juez  constitucional  frente  a la posible intervención del Ministerio del  Interior  y  de  Justicia, en la autonomía de la comunidad indígena enunciada,  comoquiera  que  el  daño  consumado puede suponer la afectación definitiva de  los  derechos  del  tutelante  o  eventualmente  la  afectación  continua de la  autonomía de la comunidad.   

Por  lo  tanto, corroborada la procedencia de  esta  acción constitucional en sus diferentes facetas, entra la Corte a revisar  las  normas  y  la  jurisprudencia relacionada con la protección constitucional  del  derecho  a  la diversidad étnica y cultural de las comunidades indígenas;  los  alcances  de la autonomía y autogobierno de estos pueblos y los límites y  potestades  de  la  intervención del Estado, en materia de autonomía electoral  indígena.   

5. La protección constitucional del derecho a  la diversidad étnica y cultural.   

5.1.  El alcance del derecho a la diversidad  étnica y cultural.   

5.1.1. La Constitución Política de 1991, al  consagrar  el  respeto  a  la  multiplicidad  de  formas  de  vida por medio del  reconocimiento  del  pluralismo  y  de  las garantías a la diversidad étnica y  cultural,  modificó  el  modelo  tradicional de relación del Estado colombiano  con  los  pueblos indígenas, subvirtiendo un proceso tradicionalmente basado en  la  asimilación  e  integración  de  estas  comunidades  a  las  cosmovisiones  mayoritarias,   por   un   proceso   participativo   y   de  reconocimiento  del  otro96,   que   acepta   y  propugna  por  el  derecho  de  las  minorías  tradicionales  a  sobrevivir, crecer y desarrollarse con sujeción a sus propios  valores       étnicos       y       culturales97.   

Esta  realidad  se  gesta  a  partir  de  los  diferentes  reconocimientos  normativos  que hizo la Constitución de 1991 en su  momento,   así:   (i)  el  Preámbulo  establece que son fines de la organización político institucional,  fortalecer    la   unidad   de   la   Nación   y   asegurar   la   convivencia,  la  justicia  y la igualdad,  dentro     de     un    marco    jurídico,    democrático    y    participativo.         (ii) El artículo 1° de la Carta, define  a   Colombia   como   un   Estado  democrático,  participativo  y  pluralista.          (iii)  Los  artículos  7°  y  70  de la  Constitución,     consagran    el    reconocimiento  y   protección98   de   la  diversidad étnica y cultural  de  la  Nación  (art.  7°),  como  uno de los principios fundantes del Estado,  atribuyéndole  a la cultura en sus diferentes manifestaciones, la condición de  pilar         de        la        nacionalidad99.  Además,  el  artículo 70  superior  reconoce  con  igual dignidad, a todas las culturas que conviven en el  país.  En desarrollo de este reconocimiento, el artículo 10 de la Carta acepta  la  oficialidad  local de los dialectos y lenguas de las minorías étnicas y el  artículo  68  superior, el derecho de estos grupos a una formación que respete  y  desarrolle  su identidad cultural. (iv)  Los  artículos  286,  287,  329 y 330,  establecen  que  los  territorios indígenas serán entidades territoriales, con  autonomía  para  la  gestión  de  sus  intereses y el derecho a gobernarse por  autoridades  propias. (v) Los  artículos  171  y 176 prevén la participación especial en el Congreso, de las  comunidades  indígenas,  mediante  la  elección  de  dos  senadores  y  de los  representantes  a  la  Cámara  que  determine  la ley  y    (vi)   el   artículo  246  consagra  los  elementos  de  la  jurisdicción  especial indígena.   

5.1.2.  Ese  tratamiento  constitucional a la  diversidad   étnica   y  cultural,  encuentra  pleno  respaldo  en  el  derecho  internacional,  y  de  manera específica en el Convenio 169 de la Organización  Internacional     del    Trabajo    –O.I.T.   –,  sobre  Pueblos  Indígenas  y  Tribales  en Países Independientes, aprobado por  Colombia  mediante  la  Ley  21  de 1991. Dicho instrumento, que conforme con la  jurisprudencia  constitucional  hace  parte  del  bloque  de constitucionalidad,  reconoce   los   derechos   de   los  pueblos  indígenas  a  la  tierra,  a  la  participación,  a la educación, a la cultura, al desarrollo y a la protección  de  su  identidad,  con  el  propósito de que las comunidades indígenas puedan  gozar  de  los  derechos  fundamentales  en  el  mismo  grado que el resto de la  población     de     los     Estados     miembros101.   

El Convenio impone a los gobiernos el deber de  asumir  la  responsabilidad de desarrollar, con la participación de los pueblos  indígenas  y  tribales,  una  acción  coordinada para proteger los derechos de  estos  pueblos y su integridad (art. 2°), que debe incluir medidas que aseguren  a  los miembros de las comunidades tradicionales gozar en pie de igualdad de los  derechos  y  oportunidades  que  la  legislación nacional reconoce a los demás  miembros  de  la  población; además medidas que promuevan la plena efectividad  de  los  derechos  sociales, económicos y culturales de esas comunidades,   respetando  su  identidad  social  y cultural, sus costumbres, tradiciones y sus  formas              de              vida.102   

A su vez, la protección que el artículo 4 de  la   Convención   Americana   de  Derechos  Humanos103  brinda  en  materia  del  derecho  a  la  vida  a  los miembros de los Estados parte, ha sido interpretada  para  el  caso  de  las  comunidades  indígenas  como un derecho que incluye la  obligación  estatal  de  garantizar  la  subsistencia física y cultural de los  grupos  étnico-culturales  y  de  sus  miembros,  lo  que implica adelantar las  acciones  que sean adecuadas, para evitar que estos grupos sean víctimas de una  desaparición       física      o      cultural104.   

Por consiguiente, en atención a los mandatos  constitucionales    e    internacionales   descritos,   el   Estado   tiene   la  responsabilidad  de  adoptar  un  papel  activo  para lograr que las comunidades  indígenas  y  tribales  que  habitan en el territorio nacional puedan asumir el  control   de   sus  instituciones,  formas  de  vida  y  desarrollo  económico,  dotándolas   de   los  instrumentos  que  permitan  el  fortalecimiento  de  su  identidad.105   

5.1.3.  Ahora  bien,  esta  Corporación  ha  reconocido  que la diversidad étnica y cultural es un principio constitucional,  del  que  se  deriva  el  derecho fundamental a la identidad étnica106,  tanto de  las  comunidades  indígenas  como de sus integrantes107.  Ese  derecho  puede  ser  definido,  como  la facultad de todo grupo indígena y de sus miembros, a formar  parte  de  un  determinado patrimonio cultural tangible o intangible y de no ser  forzado  a  pertenecer a uno diferente o a ser asimilado por uno distinto. Es un  derecho  subjetivo,  que  conforme  a  la jurisprudencia constitucional, deviene  también en un derecho constitucional fundamental.   

Ahora  bien,  la  identidad  cultural  de una  comunidad  indígena o tribal, no puede ser concebida a  priori  como una realidad estática, que implique para  una  identificación  cultural inamovible. La restricción a los avances y a los  mecanismos  de  adaptación  interna  de  un grupo étnico, con fundamento en el  imaginario  de  una  identidad  étnica inmutable, puede llevar evidentemente al  estancamiento  de  los procesos internos de diálogo de una comunidad indígena,  poniendo   en   peligro   su   supervivencia   física   y  cultural108.  De  este  modo,  como  la  identidad tiene un proceso de reconstrucción y revalorización  dinámico,  que  se  produce  no  sólo  por las continuas discusiones y avances  internos  que  se  susciten  dentro  de  ella,  sino también con ocasión de la  influencia  de  otros  grupos  étnicos  y  otras  culturas,  es  un derecho que  garantiza  también  la  adopción de elementos culturales nuevos, sobre la base  de  que  los cambios en las expresiones tradicionales, sean siempre el resultado  de  decisiones  voluntarias,  libres  e  informadas  por parte del propio pueblo  indígena109.   

5.2.           Las   comunidades  indígenas  y  sus  miembros:  su  calidad  de  sujetos  de especial protección en relación con su  diversidad étnica y cultural.   

5.2.1. Para que la protección a la diversidad  étnica  y cultural sea realmente efectiva, el Estado no sólo le reconoce a los  miembros  de las comunidades  indígenas  todos  los  derechos  que  se  le garantizan a los demás ciudadanos  colombianos,  sino que además le otorga a la comunidad  indígena  en  sí misma considerada, ciertos derechos  fundamentales      como     entidad     colectiva110.   En  este  sentido,  el  principio  de  la  diversidad étnica y cultural se proyecta en dos direcciones:  una,  en  la que se busca amparar colectivamente a las comunidades tradicionales  que  no  siguen  la  forma  de  vida de la sociedad mayoritaria, para que puedan  desarrollarse    de    acuerdo    con    su    propia   cultura   y   costumbres  tradicionales111;  y  otra  individual, que  otorga  la  protección  señalada,  también  a los miembros de las comunidades  étnicas,  como  sujetos,  dentro  y  fuera  de  su territorio, según su propia  cosmovisión112.  Así, coexisten el derecho de la colectividad a ser diferente y a  tener  el  soporte del Estado para la protección de esa diferencia, y a su vez,  el   derecho   del   individuo  que  forma  parte  de  ella,  a  ser  igualmente  distinto113.   

Por lo tanto, las comunidades indígenas desde  esta  perspectiva,  son  entendidas  como el “grupo o  conjunto  de  familias  de  ascendencia  amerindia,  que  tienen  conciencia  de  identidad  y  comparten  valores,  rasgos, usos o costumbres de su cultura, así  como  formas de gobierno, gestión, control social o sistemas normativos propios  que  la  distinguen  de  otras comunidades, tengan o no títulos de propiedad, o  que  no  puedan  acreditarlos legalmente, o que sus resguardos fueron disueltos,  divididos      o      declarados      vacantes”114.  De este modo, pasaron de  ser  una  realidad  fáctica  y  legal,  a  ser  un  “sujeto”  de derechos   fundamentales115   con   un   status  constitucional  especial, teniendo  en               cuenta              que116:  (i)  en Colombia existen  diversidad  de  culturas  e  identidades  étnicas;  (ii)  que  todas  son   merecedoras  de  un  mismo  trato  y  respeto;  (iii)  todas constitutivas de la  identidad     general     del    país    y    (iv)    titulares    –en igualdad de condiciones–  del  derecho  a  reproducirse  y  a  perpetuarse   en   el   territorio  con  el  paso  del  tiempo,  acorde  con  la  Constitución del 91.   

Bajo  esa premisa, las comunidades indígenas  son titulares de los siguientes derechos conforme con  la  jurisprudencia  constitucional  en  la  materia117:       (a)  del  derecho  a  la  subsistencia,  derivado  de  la  protección  constitucional  a  la  vida  (artículo 11 C.P.);  (b)  del  derecho  a  la  integridad          étnica,         cultural118  y  social,  del  cual se  desprende  no  sólo de la protección a la diversidad y al carácter pluralista  de  la  nación  (artículos  1°,  7°  y 8º C.P.)119            sino  también,    el    derecho    a   la   supervivencia  cultural120,  el  derecho a la preservación de su hábitat natural121, el derecho  de  la  comunidad a determinarse por su cosmovisión religiosa y a hacerla valer  ante                     terceros122        y  la prohibición de toda forma de desaparición forzada (artículo  12   C.P.)123;   (c)   del  derecho  a la autodeterminación y autogobierno de los pueblos indígenas (arts.  9°           y           330          C.P.)124;        (d)  del  derecho  a  la  oficialidad  de  lenguas  y dialectos de las comunidades nativas y a que la enseñanza que se les  imparta  sea  bilingüe (art. 10 C.P.); (e)  del  respeto a la identidad cultural en materia educativa (art. 68  C.P.);  (g) del reconocimiento  de  la  igualdad  y  dignidad  de  todas  las  formas de cultura (art. 70 C.P.);  (f)   la  protección  del  patrimonio   arqueológico   de   la   Nación   (art.  72  C.P.);  (g)   del   derecho   a   una   circunscripción  especial  para  la  elección  de  Senadores  y  Representantes  (arts. 171 y 176 C.P.);   (h)   del  derecho  a  administrar  justicia  en  su  propio territorio y a regirse por sus  propias  normas  y  procedimientos  (art.  246  C.P.)125;        (i)  del  derecho a la propiedad colectiva  de       las       comunidades       indígenas126    y    su    naturaleza  inenajenable,    inalienable,   imprescriptible   e  inembargable (artículos 58,  63           y           329           C.P.)127;        (j)    del    derecho   a   gobernarse   por   consejos  indígenas  y  autoridades  por  ellos  elegidas,  según  sus usos y costumbres y a determinar  sus      propias     instituciones     jurídicas128   (art.   330  C.P.);  y  (k)    del  derecho  a  acudir  a  la  justicia  como  comunidad129.   

5.2.2.  Otra  manifestación del derecho a la  identidad  cultural  de  las  comunidades  indígenas  que  resulta  de singular  importancia,  corresponde  al  derecho  que  tiene  a  ser  consultadas  en  las  decisiones        que        las        afectan130   de   acuerdo   con   la  Constitución  (arts.  40-2,  329  y  330  C.P.)  y  el  Convenio  169  de 1.989  ratificado  por  Colombia,  que hace parte del bloque de constitucionalidad. Ese  derecho  exige  que  cada  vez  que se adopten medidas susceptibles de afectar a  estas  comunidades  directamente  en  sus territorios131,  se  deberá adelantar la  consulta  previa  –en los  casos     que    establezca    la    Constitución    y    la    ley–  mediante  procedimientos adecuados y  con  la  participación  de  sus  instituciones  representativas. Esta figura es  necesaria,  en  particular,  en  situaciones  relacionadas con la exploración y  explotación  de  recursos  naturales  en los territorios indígenas por directa  exigencia    constitucional    (art.    330    C.P)132.   

5.2.3.   Revisadas   las   características  generales  de la protección constitucional a las comunidades indígenas y a sus  integrantes  con  relación  a  la  diversidad étnica y cultural, examinará la  Corte  a  continuación  el  tema  de  los  derechos a la autonomía política o  autogobierno,  que  son  una  garantía  a  la  diversidad  a la que se ha hecho  referencia.   

6.  La autonomía política y el autogobierno  indígena.   

6.1.   La  autonomía  de  las  comunidades  indígenas  en  general, se concibe como la capacidad que tiene un grupo étnico  de  darse  su  propia  organización  social,  económica y política. Desde tal  perspectiva,  puede  ser  entendida  como  el derecho que tienen tales pueblos a  decidir  por  sí  mismos los asuntos y aspiraciones propias de su comunidad, en  los  ámbitos  material, cultural, espiritual, político y jurídico, de acuerdo  con  sus  referentes  propios  y  conforme  con  los  límites  que  señalen la  Constitución  y  la ley. Lo anterior, teniendo en cuenta que el pluralismo y la  diversidad  no  son  ajenos  a  la  unidad  nacional133,   ni   a   los   valores  constitucionalmente             superiores134,  que vinculan a todos los  colombianos.   

Así, la autonomía indígena se garantiza en  tres   ámbitos  de  protección  diversos,  ligados  a  distintos  factores  de  interacción,  según se trate de asuntos internos o externos a la comunidad. En  el   ámbito   externo,  el  respeto  por  la  autonomía  de  las  comunidades indígenas exige reconocer el  derecho  de  tales  grupos,  a participar en las decisiones que los afectan. Ese  reconocimiento  supone que en las relaciones entre estos pueblos y el Estado, la  consulta  previa  a  las  comunidades  indígenas  juega un rol necesario en los  términos   previamente   enunciados,   para   asegurar   que  las  aspiraciones  culturales,   espirituales   y   políticas   de  los  pueblos  indígenas  sean  consideradas  en  el  ejercicio  de las demás atribuciones y competencias de la  Administración.   Por   lo  tanto,  estos  pueblos  tienen  el  derecho  a  ser  consultados  previamente  con relación a las decisiones que los afecten, en los  términos  que  determine  la  Constitución  y la ley.  Un   segundo  ámbito  de  protección,  también  externo,  tiene  que  ver con la  participación  política  de estas comunidades, en la esfera de representación  nacional  en  el Congreso. Así, las comunidades indígenas tienen el derecho de  participar  en  la  circunscripción  especial electoral prevista para ellas, de  acuerdo        con       la       Constitución135.  En la sentencia T-778 de  2005  (M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa), se precisó sobre el particular, que  en  materia  de  representación  política, existe norma constitucional expresa  que  proyecta  la  diversidad  cultural  fuera  de  los territorios indígenas y  concede  una protección a las comunidades,  a  fin  de  asegurarles  un  mínimo  de  representación  a nivel  nacional   (C.P.   arts.171   y   176).   Las   disposiciones   constitucionales  correspondientes,   se   erigen   entonces   como   un   estatuto   especial  de  representación  política  indígena,  que  protegen  y reconocen su diversidad  étnica  y  cultural  y  su  derecho  a  la  participación,  lo  que contribuye  a  la materialización de la democracia participativa  y el pluralismo del Estado en su conjunto.   

Finalmente,  existe  un  tercer  ámbito  de  reconocimiento  a  la  autonomía  de  estas  comunidades  que  es  de  orden  interno, y que está relacionado  con  las formas de autogobierno y de autodeterminación de las reglas jurídicas  al   interior  de  los  pueblos  indígenas.  Ello  supone  el  derecho  de  las  comunidades,  (i) a decidir su  forma  de  gobierno  (CP  art.  330);  (ii)  el  derecho  a  ejercer  funciones  jurisdiccionales  dentro de su  ámbito      territorial      (C.P.      art.      246)      y      (iii)  el  pleno  ejercicio del derecho de  propiedad  de  sus  resguardos  y  territorios,  con los límites que señale la  Constitución  y  la  ley.  La  autonomía política y jurídica, relacionada de  este  modo  con una autogestión territorial, actúa así como un instrumento de  reafirmación  de  la  identidad  de  las  comunidades  indígenas,  las cuales,  mediante   el   ejercicio   de  sus  prácticas  tradicionales,  avanzan  en  el  fortalecimiento  de  sus autoridades internas y en el auto-reconocimiento de sus  espacios       de      expresión      colectiva136.   

6.2.  En   materia   jurisdiccional,   las   autoridades  de  los  pueblos  indígenas     en     Colombia    pueden    administrar    justicia    en    sus  territorios137amparados  por  sus  propias  normas  y  procedimientos, siempre que  ellos   no   sean   contrarios   a  la  Constitución  y  a  la  ley138.   Esta  facultad,  que  se  reconoció a partir de la Constitución de 1991, permite que  las  autoridades  indígenas  sean el juez natural para conocer de los delitos y  acciones  cometidas  por  miembros  de la comunidad, siempre que se atiendan los  requisitos  establecidos  para el reconocimiento del fuero indígena139,   que  implica  límites  que  conjugan el elemento de carácter personal, –referido  al  individuo  que  debe ser  juzgado–, con un elemento  de  carácter  geográfico,  que  permite  que  cada  comunidad  pueda  juzgar y  sancionar  las  conductas  que  tenga  ocurrencia  dentro  de  su territorio, de  acuerdo  con  sus  propias normas. Para el efecto en todo caso, se debe tener en  cuenta  el  tipo  de cultura involucrada, el grado de asilamiento o integración  del  imputado  frente  a  la  cultura mayoritaria y la afectación del individuo  frente   a   la   sanción,  entre  otros  elementos140.    

6.3. En cuanto a la autonomía política o el  derecho  al  autogobierno  indígena,  que  es el tema relevante particularmente  para  esta  tutela, se acepta hoy por la legislación internacional y comparada,  que  los  pueblos  indígenas  y  tribales pueden controlar su propio desarrollo  político  a  través de sus instituciones propias y autogestionarse en materias  internas   y   locales.   Ese   reconocimiento   supone  la  admisión  de  que,  independientemente  de las creencias y costumbres de estas comunidades, se   impone  un  respeto  por  su  autonomía  en  estos  temas,  con la exigencia de  compatibilidad  con  el sistema constitucional y legal existente. El Convenio No  169  establece  en  ese  sentido  en  su  preámbulo,  la necesidad de reconocer  “las  aspiraciones  de  esos  pueblos  a  asumir  el  control   de   sus   propias  instituciones  y  formas  de  vida  (…),  dentro  del  marco  de  los  Estados en que viven”.   

A propósito de este Convenio, que forma parte  del  bloque  de  constitucionalidad,  en la sentencia T-979 de 2006 (M.P. Nilson  Pinilla  Pinilla)  la  Corte  describió  las  garantías  que  este instrumento  internacional  promueve  en favor de las comunidades indígenas, en los aspectos  relacionados con el autogobierno y autonomía política, así:   

“El  citado  convenio contiene en su Parte  Primera  varios  apartes  que resaltan y ratifican la importancia del derecho al  auto-gobierno  y a la autonomía política de los pueblos indígenas y tribales,  entre  ellos  los  siguientes: i) la responsabilidad que compete a los gobiernos  de  los  Estados  signatarios  de  desarrollar acciones coordinadas tendientes a  proteger  los  derechos de tales comunidades, en particular, medidas encaminadas  a  promover  la  plena  efectividad  de  sus  derechos  económicos,  sociales y  culturales   respetando  su  identidad  social  y  cultural,  sus  costumbres  y  tradiciones,    y    sus   instituciones  (artículo  2°,  numeral  2°,  letra  b); ii) la obligación de  adoptar  las medidas especiales que se requieran para salvaguardar las personas,  las   instituciones,  los  bienes,   el   trabajo,   las   culturas  y  el  medio  ambiente de los pueblos interesados (artículo 4°,  numeral  1°);  iii)  el  derecho  que  dichos  pueblos y comunidades tendrán a  conservar  sus  costumbres  e  instituciones propias, siempre que éstas no sean  incompatibles  con los derechos fundamentales definidos por el sistema jurídico  nacional  ni  con  los  derechos  humanos  internacionalmente  reconocidos, y la  necesidad  de  establecer  procedimientos  para  solucionar  los  conflictos que  puedan  surgir  en  la  aplicación  de  este  principio (artículo 8°, numeral  2°)”.   

Por  esto,  durante los últimos años, se ha  venido  profundizando  en  el  ámbito internacional en el reconocimiento de los  derechos  que  corresponden a los pueblos indígenas en materia de autogobierno.  Como  consecuencia  de  ese  proceso,  se han  preparado hasta la fecha dos  borradores  de  declaraciones  en la materia: el Proyecto de Declaración de las  Naciones  Unidas  sobre  los  Derechos de las Poblaciones Indígenas141   y   el  Proyecto   de   Declaración   Americana  sobre  los  Derechos  de  los  Pueblos  Indígenas142.  Dichos proyectos reconocen el derecho de los pueblos indígenas a  la  autonomía  política  en  cuestiones relacionadas con sus asuntos internos.  Además,  ambos  precisan  que  los  pueblos  indígenas  tienen  el  derecho  a  conservar  y  a  reforzar sus propias características políticas, así como sus  sistemas  jurídicos,  manteniendo  a la vez, el derecho a participar plenamente  si  lo  desean,  en  la  vida  política,  económica,  social  y  cultural  del  Estado143.   

6.4.  Ahora  bien, la autonomía política de  los  pueblos  indígenas  en  nuestro  país,  es  un  derecho reconocido por la  Constitución  desde  su  expedición, conforme  al artículo 330 superior.  De  acuerdo  con  la  Constitución,  no  obstante, debe ejercerse dentro de los  estrictos   parámetros   señalados   por  su  texto,  es  decir,  de  conformidad  con  los usos y costumbres  de     la     comunidad,  y  siempre  y  cuando  los mecanismos implementados no  sean  contrarios a la Carta y a la ley (C.P. arts. 246,  330).La  Corte Constitucional en ese sentido, ha fijado una precisa doctrina, en  la  que  ha  reconocido  al  tenor  de  la  norma  superior,  el  derecho de las  comunidades  indígenas  a  regirse  por  sus  propias costumbres y normas en su  territorio,    en    su    variada   jurisprudencia144.   

Las  facultades de las comunidades indígenas  en   materia  política  interna,  involucran  entonces  dentro  de  su  ámbito  territorial145,    entre    otros,    los    siguientes   derechos:   (i)    el   de  escoger  la  modalidad de gobierno que las debe regir;  (ii)  el derecho a consolidar  y  determinar  sus  instituciones  políticas  y  sus autoridades tradicionales;  (iii)  la  posibilidad  de  establecer  de  manera  propia  y  conforme  a  sus usos y costumbres y a lo que  señale   la   ley,   las   funciones   que   les  corresponde  asumir  a  tales  autoridades146   y   (iv)  la  determinación   de   los  procedimientos  y  requisitos  de  elección  de  sus  autoridades,  así  como  la  modificación y actualización de tales normas. Al  respecto,  si  bien a las autoridades indígenas les corresponde actuar conforme  lo  han  hecho  en  el  pasado,  dado que sus usos y costumbres son el eje de su  autoridad  y  de  la cohesión social de sus pueblos, las comunidades indígenas  en  su  conjunto  pueden  determinar, modificar y actualizar las disposiciones y  procedimientos  de  elección,  en virtud a sus potestades legislativas internas  que  poseen.  Por último, (v)  también   pueden   definir  las  instancias  internas  de  resolución  de  sus  conflictos  electorales.  Todo  lo  anterior,  sin  desconocer  los límites que  señalen   la   Carta   Política  y  el  legislador147.   

6.5.  En  gran  parte  de  las  comunidades  indígenas,  el  sistema social de mando que gobierna su vida colectiva, se rige  por  normas  propias  y  cargos,  que  se administran según los “usos  y  costumbres” del grupo étnico y  cultural.  Las “autoridades tradicionales”,  resultan ser entonces quienes detentan el poder comunitario, y  están  conformadas  generalmente  por  los  Gobernadores  y  por  los  Cabildos  Indígenas148  quienes  llevan  consigo  símbolos  de  mando  de  acuerdo con la  tradición.  Los cabildos, son  entidades   públicas   especiales  elegidas  y  reconocidas  por  la  comunidad  indígena,  encargadas  de  representar  legalmente  a  los grupos étnicos y de  ejercer   las   funciones   que   les   atribuyen   la   ley   y   sus   usos  y  costumbres149.    Los    Gobernadores,    por   su    parte,   presiden   el  Cabildo150.   En   muchos  de  los  sistemas  jurídicos  de  las  comunidades  indígenas,  no  obstante, no se distingue entre las responsabilidades cívicas,  las  religiosas,  las  jurisdiccionales  y las políticas de sus autoridades, lo  que  significa  que en virtud de su cosmovisión e identidad, en muchos de estos  colectivos  esos  roles  pueden  ejercerse  de manera simultánea por las mismas  autoridades.  Ello  puede  crear  dificultades  internas  en  la  resolución de  conflictos,  cuando  las  mismas autoridades destinadas a solucionarlos, son las  implicadas en las diferencias comunitarias.   

Con todo, es claro que la autodeterminación y  control  del  propio  destino político de los pueblos indígenas, es importante  para  la preservación de su cultura. El derecho a elegir a sus representantes y  a  ser  gobernados por una autoridad que reconozca sus usos y costumbres, es una  forma  de supervivencia étnica y comunitaria, que requiere de medidas estatales  que  permitan  garantizar esos derechos. Bajo estas consideraciones y conforme a  la  Constitución  y  los  tratados  internacionales,  el  Estado  colombiano se  encuentra  obligado  a adoptar las medidas que se requieran para que los pueblos  indígenas  y  tribales que habitan en el territorio nacional, asuman el control  de   sus   instituciones,   dotándolos   de   instrumentos   que  propicien  el  fortalecimiento       de       su      identidad151.    Ello    supone    la  posibilidad  de que las comunidades indígenas tomen decisiones relacionadas con  su  autonomía  política,  sin  la  ingerencia indebida de terceros152.  Por  lo  que   al  Estado  le corresponde promover y defender el derecho fundamental  de  las  comunidades indígenas a gobernarse conforme a sus autoridades propias,  de forma tal que:   

“[A]  fortiori,  [le]  compete el deber de  abstenerse  de  interferir  de cualquier manera en la toma de las decisiones que  en  desarrollo  de  su  autonomía  corresponde adoptar a los integrantes de las  comunidades  indígenas.  Siendo sin duda una de tales decisiones, e incluso una  de  las  más importantes, la referente a la elección de las autoridades que de  conformidad  con sus propias tradiciones, usos y costumbres, habrán de gobernar  a  la  comunidad  indígena en cuestión, dentro del ámbito de sus competencias  reconocidas   por   la   Constitución  de  1991”153.   

Por  tal  razón, una injerencia indebida de  las  autoridades  del Estado en los actos de convocatoria, elección y posesión  de  las  autoridades tradicionales de una comunidad indígena, ciertamente puede  significar  el  menoscabo  de  los  derechos  a  la  autonomía  política  y al  autogobierno  de  una  comunidad  étnica  según  el caso, y comprometer de ese  modo, su diversidad étnica y cultural.   

6.6.  Por  último,  dado  que la autonomía  política  de  las  comunidades  indígenas  está estrechamente vinculada a los  derechos  individuales  de  los integrantes de los pueblos indígenas a elegir y  ser  elegidos,  a  participar en la conformación, ejercicio y control del poder  político  y  a  participar  en  la toma de las decisiones que los afectan (C.P.  arts.  1 y 2)154,   debe   recordarse  que  la  participación  ciudadana  en  estas  materias,  ha  sido  concebida  para  todos  los  colombianos,  como  un derecho  fundamental155.  Tal  consideración se hace extensiva lógicamente a los miembros  de  los  pueblos  indígenas,  con  la  precisión  de  que  en  atención  a su  diversidad   étnica,  sus  instituciones  internas  son  las  que  prima  facie  determinan  el  ejercicio  y  control  de  este  derecho,  salvo  en  circunstancias que resulten abiertamente  contrarias con la Constitución y la ley.   

Para  ejemplarizar  un  evento  en el que la  actuación  de las autoridades indígenas significó la trasgresión de derechos  políticos  al  interior  de  una comunidad, puede citarse la sentencia T-605 de  2005  (M.P. Clara Inés Vargas Hernández), en la que se estudió una situación  que  involucró  la  imposibilidad de algunos integrantes de un pueblo indígena  de   ejercer   su   derecho   al  sufragio  en  la  elección  de  la  autoridad  tradicional156.  El  argumento en esa oportunidad para la imposibilidad de ejercer  ese  derecho,  fue la  carencia de tiempo el día de los comicios, para que  varios   miembros   de  la  comunidad  pudieran  sufragar,  debido  a  una  mala  organización  de la jornada electoral. La Corte en esa ocasión ordenó para el  año     electoral     siguiente    –puesto  que  para  la  fecha  ya  se había la posesión oficial del  cabildo   regente–,  la  realización  de  una jornada que asegurara la garantía de un sufragio efectivo  para todos los ciudadanos. Dijo esta Corporación, lo siguiente:   

“A  través del sufragio, se incide en la  conformación  y control de los poderes públicos y de esta manera se contribuye  a  la  legitimación  del ejercicio del poder político. (…) La participación  política  bajo  su forma de sufragio, comprende no sólo la actividad subjetiva  encaminada  a  ejercer  el  derecho, sino también una cierta acción del Estado  encaminada  a crear las condiciones necesarias para que el ejercicio del derecho  tenga  lugar. (…) La Constitución contempla esta obligación institucional en  su  artículo  258,  al  establecer exigencias específicas sobre la forma cómo  debe llevarse a cabo el voto. (…)   

“Ahora  bien,  en  el  caso  que ocupa la  atención  de la Sala, es claro que la responsabilidad  de  la  organización  electoral  contemplada  en  el  artículo  258  del ordenamiento superior, corresponde  al  Cabildo  Indígena,  en  su condición de entidad  pública  especial  y primera autoridad de la comunidad, cuya principal función  es  representarla  legalmente  en  todo  los  asuntos  que  se  le  atribuyan de  conformidad  con la ley, los usos y costumbres del resguardo y en desarrollo del  principio   de   autonomía   que   rige   los  pueblos  indígenas.157   En  efecto,  si  bien  los  territorios  indígenas  gozan  de  autonomía  para  la  elección  de  sus  autoridades  conforme  a sus usos y costumbres, es   su   deber  también  garantizar  una  adecuada,  conciente  y  eficiente  organización  de los procesos electorales,  de  manera  que  se  facilite  la  realización  del derecho al voto a todos los  miembros  de  la  comunidad,  pues  sólo su ejercicio  amparado  bajo  estas  garantías,  consigue  que  los ciudadanos confíen en la  validez  de  las  decisiones  tomadas,  en  la  legitimidad  de  las autoridades  elegidas   y   en   la  eficacia  misma  del  proceso  democrático.158”  (Las cursivas están fuera del  original).   

En  tal  sentido,  se  recuerda  que compete  también  a  las  comunidades  indígenas  conforme  a su autonomía política y  jurídica,  lograr  que  el  ejercicio  debido de los derechos políticos de sus  integrantes  se  consolide, en pro de un desarrollo colectivo y constante de sus  pueblos.  En  búsqueda de estos objetivos, las autoridades tradicionales están  obligadas  a  actuar  procurando  la  cohesión  social  de  sus comunidades, la  legitimidad  real  de  sus  instituciones y siguiendo la tradición y sus usos y  costumbres,  sin  desconocer  que  el  diálogo y la reflexión colectiva pueden  significar     cambios     consensuados  en  la  tradición.  Como  se verá mas adelante, a mayor claridad  normativa,  legitimidad  interna,  seguimiento  de  las  reglas  consensuadas  y  respeto  por  los  derechos  de  los  miembros de una comunidad indígena, mayor  será  la  autonomía  política y jurídica de una  colectividad étnica y  menor  la  intervención de jueces y autoridades en sus asuntos internos. Es por  esto  que  los  pueblos  indígenas  y  especialmente sus autoridades, no pueden  desconocer  el  rol  y  la responsabilidad que también les corresponde en hacer  que  la  Carta  del  91  tenga  sentido  y  sea efectiva para sus comunidades, y  signifique  la  consolidación  de  sus  instituciones  y  la  garantía  de  su  diversidad étnica y cultural.   

7.    Los  límites  a  la  autonomía  indígena y  a la diversidad étnica y cultural.   

7.1. Tal y como ocurre con la generalidad de  los  derechos  fundamentales,  los  que  se  derivan  de la diversidad étnica y  cultural,  no tiene un alcance absoluto. Las limitaciones a las que se encuentra  sometida  la  autonomía  de  las  comunidades  indígenas,  en efecto, surge en  primer  lugar  del  propio  texto constitucional, que establece unas condiciones  para  su ejercicio, al resaltar prima facie  (i) que nuestro  país  es  un Estado unitario,  con    autonomía    de    sus    entidades    territoriales    y   (ii)   que   la  autonomía  política  y  jurídica     de     las     comunidades,     puede    ejercerse    –como     se     indicó–,  conforme a  sus  usos y costumbres, siempre y cuando éstos no sean  contrarios   a   la   Constitución   y   a  la  ley159.   

Ello implica que la autonomía indígena que  se  desprende  del  principio  de  diversidad étnica y cultural encuentra, a su  vez,  (iii) límites en otros  principios  constitucionales  de  igual  categoría, como la dignidad humana, el  pluralismo   y   la   igualdad,   y   en   todo   aquello   que  “result[e]  intolerable  por atentar contra los bienes más preciados  del      hombre”160   y  su  dignidad.  Tales  límites   estarían   constituidos   entonces,   en   principio,   por  algunas  restricciones  básicas conforme a la doctrina internacional, así: (a)  el  respeto  al  derecho  a  la vida,  (b)  la  prohibición  de la  tortura   y   de   la   esclavitud;   (c)  la responsabilidad individual por los actos propios y (d)  la  legalidad  del procedimiento y de  los  delitos  y de las penas. Derechos que han sido reconocidos como intangibles  por  los  tratados internacionales de derechos humanos y frente a los que existe  en     general     un    consenso    intercultural161.   

En este sentido, el numeral 2 del artículo 8  del  Convenio  169  de  la OIT “Sobre pueblos indígenas y tribales en países  independientes”, reconoce efectivamente que:   

“Dichos  pueblos deberán tener el derecho  de    conservar   sus   costumbres   e   instituciones   propias,   siempre   que   éstas  no  sean  incompatibles  con  los  derechos  fundamentales  definidos  por  el sistema jurídico nacional ni con los derechos  humanos  internacionalmente  reconocidos. Siempre que  sea   necesario,   deberán  establecerse  procedimientos  para  solucionar  los  conflictos     que     puedan    surgir    en    la    aplicación    de    este  principio.”     162   (Subrayas   fuera  del  original).   

En  consideración a lo anterior, el derecho  de  las comunidades indígenas a mantener su singularidad cultural es un derecho  que   puede  ser  limitado,  cuando  en  su  ejercicio  se  afecte  un  principio  constitucional  de  igual o  mayor  envergadura  que  la  diversidad  o  un  derecho  individual   de   los   miembros  del  grupo  étnico  respectivo    o    de    un   tercero   involucrado163.    Por    ende,    esta  Corporación  ha  aceptado  que  se  generen limitaciones a la autonomía de las  autoridades  indígenas, cuando éstas están dirigidas a evitar la realización  o     consumación     de     actos    arbitrarios164 que lesionen gravemente la  dignidad  humana,  que afecten el núcleo esencial de los derechos fundamentales  de  los  miembros  de  la  comunidad  o  de  terceros165  o  que  se  encuentren en  contraposición  con  otros principios o derechos avalados por la Constitución,  las  normas  internacionales que forman parte del bloque de constitucionalidad y  la ley.    

7.2.  Ahora  bien,  en el delicado equilibrio  entre  el  reconocimiento  a  la  diversidad  étnica  y  su relación con otros  derechos   fundamentales   o   principios  posiblemente  enfrentados,  la  Corte  Constitucional  ha  establecido  unas  reglas  que  facilitan la interpretación  sobre  los alcances y los límites de esa diversidad y su ponderación con otros  derechos.    Así,    aunque    la    Corte    ha    considerado   “aventurado       establecer       reglas       generales”     166, por cuanto la resolución  de  cada conflicto debe hacerse a la luz de las particularidades de las culturas  étnicas  involucradas,  ha establecido en todo caso algunas reglas generales de  interpretación,    que    son    las    siguientes167:   

a.-El   núcleo  esencial  de  los  derechos fundamentales constitucionales constituye el mínimo  obligatorio    de    convivencia   para   todos   los   particulares168.  La  sujeción a la Constitución y a la  ley  es un deber de todos los nacionales  (CP arts. 4, 6 y 95) y el respeto  a  los  derechos  fundamentales,  es,  en  ese  sentido,  un límite material al  principio  de  diversidad étnica y cultural y a los códigos de valores propios  de   las   diversas   comunidades   indígenas   que   habitan   el   territorio  nacional.   

b.-  Maximización   de   la   autonomía.  La  Constitución   prevé,   en   principio,   una  tensión  entre  las  normas  y  procedimientos  propios  de  las  comunidades indígenas y los límites trazados  por  la  Constitución  y la ley, encaminados a la consecución de los fines del  Estado  dentro  de  un  marco  instituido  bajo  el  reconocimiento de la unidad  nacional.  No  obstante,  teniendo  en  cuenta  que  sólo  con un alto grado de  autonomía  es  posible la supervivencia cultural de una comunidad indígena, la  propuesta  interpretativa que ha ofrecido esta Corporación, es la maximización  de  la  autonomía  de  las comunidades y la minimización de las restricciones,  salvo  las  que  sean  indispensables  para  salvaguardar  intereses de superior  jerarquía169,  como  los  derechos  y  principios  antes enunciados.  El pleno despliegue de la protección de  la  diversidad,  además, solo podrá producirse en principio, frente a aquellos  conflictos   que  puedan  ser  catalogados  como  internos  en  las  respectivas  comunidades,   “al  paso  que  cuando  se  trate  de  conflictos   interculturales,  el  parámetro  de  valoración  será  distinto,  dependiendo  de  las  circunstancias  de  cada  caso170, dado el reconocimiento en  igualdad  de  condiciones,  de  la  diversidad  propia de cada uno de los grupos  involucrados.   

c.-   A   mayor  conservación  de usos y costumbres, mayor autonomía171.        Esta  es una regla a la que se hizo alusión con anterioridad, y que  asegura  que  a mayor claridad de las reglas internas de una comunidad indígena  en  todo  sentido  –incluso  en   materia   política  y  electoral–,   menor  será  la  intervención  del  Estado  en  sus  designios  internos.  De  hecho,  en  atención  a la seguridad  jurídica  y  social  que  ofrecen  los usos y costumbres  dentro  de  una  colectividad  indígenas,  ha  dicho  esta  Corte  que  se debe  distinguir  entre  los  grupos  étnicos  que  conservan  tales  tradiciones, de  aquellos  que  no  lo  hacen.  En  el  primer caso, las reglas diseñadas por la  tradición  de  las  comunidades  que sí las conservan, deben ser, prima  facie respetadas. Los pueblos que no  lo  hacen,  se  enfrentan  a  un  direccionamiento  mayor  de  las  leyes  de la  República,  pues  resulta  ajeno  al  orden  constitucional y legal que algunos  ciudadanos  en  ciertas  comunidades,  ante  la  carencia de claridad jurídica,  puedan   quedar  “relegados  a  los  extramuros  del  derecho,  por  efecto  de  una  imprecisa  o  inexistente  delimitación  de  la  normatividad   llamada   a   regular  sus  derechos  y  obligaciones”172.   

d.-  Las  normas legales imperativas (de orden público) de la República  priman  sobre  los  usos  y  costumbres de las comunidades indígenas, siempre y  cuando  protejan  directamente  un valor constitucional superior al principio de  diversidad    étnica    y   cultural.   Ha   dicho   la   Corte   que  en  los  casos  relacionados  con  la  jurisdicción  especial  (C.P.  art.  246) y el autogobierno, encomendadas a los  Cabildos  indígenas  (C.P.  art. 330), las funciones deben ejercerse según sus  usos  y  costumbres,  pero respetando las leyes imperativas sobre la materia que  protejan  valores  constitucionales  superiores  (vgr.  la  supervivencia  de la  comunidad,  el  principio  de  legalidad).  Frente  a  esta  exigencia, la Corte  Constitucional  ha  señalado,  que  en la relación entre diversidad cultural y  ley:   

“La  interpretación de la  ley como  límite   al   reconocimiento   de   los   usos   y  costumbres  no puede llegar hasta el extremo de hacer  nugatorio  el contenido de éstos por la simple existencia de la norma legal. El  carácter  normativo  de  la  Constitución  impone  la  necesidad de sopesar la  importancia  relativa  de  los  valores  protegidos  por la norma constitucional  -diversidad,   pluralismo-   y   aquellos   tutelados  por  las  normas  legales  imperativas.  Hay un ámbito intangible del pluralismo  y  de  la  diversidad  étnica y cultural de los pueblos indígenas que no puede  ser  objeto  de disposición por parte de la ley, pues  pondría  en  peligro  su  preservación  y  se  socavaría  su  riqueza, la que  justamente  reside  en  el mantenimiento de la diferencia cultural.”173 (Subrayas  fuera del original).   

e.-  Los  usos  y  costumbres de una comunidad indígena priman sobre las  normas          legales         dispositivas.174  Pese a que la sujeción a  la  Constitución  y a la ley es un deber de todos los nacionales en general (CP  arts.  4,  6  y 95), dentro de los que se incluyen evidentemente los indígenas,  no   sobra  subrayar  que  la  Carta  prevalece.  Esta  regla  no  significa  la  aceptación  de  la costumbre contra legem,  sino el reconocimiento de la Carta como prevalente frente a normas  dispositivas,  esto  es  no  imperativas, como aquellas que en materia civil, le  conceden  un  margen  amplio  a  la  autonomía  de  la  voluntad privada. En la  sentencia  T-254  de  1994  (M.P.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz)  se  señaló que  “mutatis mutandis, ello fundamenta la prevalencia de  los  usos  y  costumbres  en  la  materia,  sobre  normas  que sólo deben tener  aplicación  en  ausencia  de  una autorregulación por parte de las comunidades  indígenas”.   

f.-  Proporcionalidad.  En  caso  de  que  deba  optarse  por una limitación a la autonomía de las comunidades indígenas sobre  la  base  de  los  presupuestos  constitucionales  permisibles  en los términos  previamente  indicados,  la medida que se tome debe ser la menos gravosa para la  autonomía    de    dichas   comunidades   étnicas175.   En   consecuencia,  se  deberán  revisar las características específicas de la comunidad de la que se  trata,  “puesto  que no todas le otorgarán la misma  importancia    a   las   posibilidades   de   determinar   cada   uno   de   sus  asuntos.”176 Por último,   

g.-  Pueden      concebirse     posibles  restricciones  del derecho a la propiedad colectiva de las  comunidades  indígenas. La Corte ha reconocido que en  situaciones  concretas  y  específicas, es posible llegar a consolidar límites  por   razones   de   orden   público   y   de   seguridad  nacional177, al derecho  a  la propiedad colectiva de las comunidades indígenas. La Corte Constitucional  en     la     sentencia     T-405     de     1993178,  estableció como límite  al  derecho  de  propiedad  colectiva  de las comunidades indígenas, exigencias  concretas,  y no generales y abstractas, relacionadas con la seguridad nacional.   

7.3.  Estudiados los alcances y límites a la  diversidad  étnica  y cultural, las características básicas de las autonomía  política  de  las  comunidades  indígenas  y  los compromisos del Estado en la  materia,  analizará  la  Sala  a  continuación, la situación planteada por el  accionante,  tomando  en  consideración  las  características  propias  de  su  comunidad,  las  posibles actuaciones que se acusan de indebidas por parte de la  Dirección  de  Etnias, el régimen legal de esa entidad y las posibles opciones  alternativas  con las que pudo o no contar en el despliegue de sus competencias.  Estas  consideraciones  son  necesarias, dado que con ocasión a las reflexiones  planteadas  el  Ministerio  del  Interior,  en  los conflictos políticos de las  comunidades,  -entre la que se encuentra Kamëntsá Biyá – subsiste siempre una  tensión   relacionada   con   el   deber   de  respeto  a  la   diversidad  étnica   y  la necesidad de intervención del Estado, con fundamento en su  deber  de  protección de derechos fundamentales y colectivos de los integrantes  de estas comunidades.   

8.  Análisis  del caso concreto.    

Del acervo probatorio, las intervenciones de  las   autoridades   gubernamentales,   los   informes   antropológicos   y  las  circunstancias  propuestas por las partes en el caso concreto, esta Corporación  llega a las conclusiones que se describen a continuación:    

8.1.   Características  políticas  de  la  comunidad Kamëntsá Biyá.    

8.1.1.  El  pueblo  Kamëntsá  Biyá, está  asentado  en  el  Resguardo  indígena Valle de Sibundoy, municipio de Sibundoy,  Departamento  del  Putumayo.  Tiene  una  población estimada de 4.773 personas,  regidas  por un gobierno tradicional, constituido por el Cabildo y presidido por  el   Gobernador,   quien   además   nombra  a  un  Alcalde  mayor  y  a  cuatro  Alguaciles179.   

El   Cabildo  indígena  al  que  se  hace  referencia,  es  designado  mediante  un  proceso  electoral  que  se realiza en  diciembre   de   cada  año,  según  la  tradición180.  La  elección  es anual,  considerando  que  a  más  tardar  el  tercer domingo del mes de diciembre debe  estar      nombrado     el     nuevo     gabinete181.  Las autoridades que sean  elegidas,  son  posesionadas  en  enero  del  año  siguiente,  para ejercer sus  funciones  legales  y las que determinen los usos y costumbres de esa comunidad,  del  1º de enero al 31 de diciembre del año siguiente a su elección, conforme  con       la       Ley      89      de      1890182.   

8.1.2.          La  comunidad  Kamëntsá Biyá no tiene  unas  directrices normativas concretas en materia electoral que puedan aplicarse  de  ordinario  a  todos  los  comicios  que se celebran cada año. El reglamento  interno  que  existía  al  momento  de la presentación de la tutela, no estaba  avalado   por   una   de  las  facciones  de  ese  pueblo  indígena183.   

La Corte Constitucional ya había conocido en  un  caso  anterior  relacionado con la misma comunidad indígena en la sentencia  T-932    de    2001   (M.P.   Clara   Inés   Vargas  Hernández)184,  en  la  que  se había examinado que la  tradición   y  la  costumbre  de  los  Kamëntsá  Biyá  ha  sido  aquella  de  conformidad    con   la   que   el   Cabildo   “de  turno”  que  la  gobierna  es  el  que  impone  las  condiciones  y  reglas  a seguir para el debate electoral siguiente, mediante el  cual  la  comunidad  elegirá a los integrantes del Cabildo que lo sucederá. No  obstante,  al  momento de esa tutela, “la comunidad  en  general, o por lo menos su mayoría, no se había opuesto a esas condiciones  y  reglas”, por lo que en las circunstancias de esa  acción  constitucional  la legitimidad misma del Cabildo cesante no había sido  cuestionada como sí ocurrió en este caso concreto.    

Ahora   bien,  según  la  costumbre  oral  –acorde con lo establecido  por   las   autoridades   administrativas   y   por   la   comunidad–,   las   elecciones   tienen   lugar  tradicionalmente     en     la     Casa    Cabildo185  y  el traspaso de mando a  quienes  resulten elegidos como autoridades, se efectúa por medio de la entrega  de  las  “varas  de  mando”,  que es el símbolo de poder y autoridad en esa  comunidad.  Además, la posesión la realiza generalmente el cabildo cesante del  año  anterior.  En  el  caso  de las “varas de mando”, a fin de resaltar su  importancia  comunitaria,  se  cita  a continuación la siguiente consideración  del  Ministerio  del  Interior  y  de Justicia con relación a la entrega de las  mismas en la posesión del cabildo 2008, así:   

“Queremos  llamar  la  atención sobre la  trascendencia  cultural y política de este evento, pues producto del acuerdo al  que  se  llegó con la facilitación de este Ministerio y otras entidades (…),  las  varas  de mando fueron entregadas en custodia a esta última [a la iglesia]  hasta  cuando  la  situación se normalizara o cuando menos no existiera disputa  en  torno  a  la  representación  y  gobierno  de  la  comunidad.  Por  razones asociadas al valor cultural de estas varas, su entrega  significó  una  profunda  conmoción anímica y emocional que en su momento fue  interpretada  por  todos  los  acompañantes como el quiebre más importante del  conflicto,  pues distensionaba los ánimos, ponía en  evidencia   la   voluntad   de   las   partes   y  se  iniciaba  el  proceso  de  reconciliación”.   

8.1.3.          Por  otra  parte,  existe  un Consejo de  Exgobernadores   en   la  comunidad,  que  cumple  en  principio,  una  función  consultiva.  Según  el  Ministerio  del Interior y de Justicia, este Consejo es  una  figura  a  la que se ha apelado en ocasiones por la comunidad, para sortear  dificultades  internas.  Ese  Consejo  de Exgobernadores, es reconocido también  como  una  institución  comunitaria.  En  un  documento  de  la Universidad del  Rosario  en  el  que  se  hace  un  diagnóstico  de  la  situación  del pueblo  Kamëntsá,  dentro  de  un  proyecto  de  fortalecimiento  de  la Jurisdicción  Especial                   Indígena186,  se  indica  sobre  esta  figura que:   

“El consejo de  exgobernadores – los  mayores  o  de gran experiencia -, está conformado por quienes se han destacado  por  su  rectitud  y  pueden  ayudar  al  buen  ejercicio  de  la autoridad y la  justicia.  Si  bien  en  ese  Consejo  puede participar todo aquel que haya sido  Gobernador,  en  la  práctica  viene funcionando con cerca de 12 exgobernadores  que  voluntariamente  tienen  a  su disposición reunirse para tratar asuntos de  interés  para  la  comunidad, entre ellos los jurisdiccionales, cada vez que es  convocado por el Cabildo Gobernador en ejercicio”.   

El  accionante  en  la tutela, por su parte,  alega  que  el  Consejo  de  Exgobernadores  citado  nunca ha sido una figura de  autoridad  en su comunidad, aunque ha reconocido con anterioridad a esta tutela,  los  beneficios  del  carácter  consultivo  de  los  exgobernadores187.    

8.1.4.  De  otra  parte,  uno de los mayores  conflictos  electorales  que  registra  el  pueblo  Kamëntsá  Biyá según las  diferentes  pruebas aportadas, tiene que ver, en particular, con la figura de la  reelección  inmediata de Gobernadores. Esta figura, no ha tenido asidero en los  usos  y  costumbres de esa comunidad,  y sólo tuvo lugar en el periodo del  conflicto  político  más  intenso del que se deriva esta tutela. Por lo tanto,  una  de  las razones del aparente enfrentamiento entre los dos grupos políticos  que  se gestó en los años 2005, 2006 y 2007, tiene que ver básicamente con la  pretensión  de  reelección  sucesiva e inmediata de uno de sus Gobernadores y,  en  particular,  del  demandante.  Al  respecto,  en  el  informe antropológico  presentado  por  la  Dra. Margarita Chávez del ICAN, se señala precisamente lo  siguiente:   

“Al  parecer  la  primera reelección del  gobernador  Jamioy  no  ocasionó  ninguna reacción negativa sino hasta que fue  reelegido   por   segunda  vez.  Teniendo  en  cuenta  que  el  periodo  de  los  gobernadores  indígenas  es  de  tan  solo un año, me atrevería a sugerir que  allí reside una parte del problema”.    

8.1.5.  Así  mismo, la comunidad Kamëntsá  Biyá  no goza de unos mecanismos definidos y definitivos para la resolución de  conflictos  en  materia  electoral, ni cuenta con instancias internas que puedan  objetiva  y  unánimemente cumplir con esa misión. En particular, al momento de  la  presentación  de  la  tutela  no  existían  disposiciones  normativas o un  reglamento  interno concertado que supusiera una solución reglada al conflicto.  De  hecho,  en  la  mayor  parte  de  las  comunidades  étnicas “el  derecho  indígena  tiene  como característica predominante, la  oralidad”188.  No  obstante,  ante  la  existencia  de  un  conflicto,  la  comunidad  cuenta  con unos procedimientos y  espacios   para   la   reconciliación,   que   son  los  siguientes189:  (i) el primero, de carácter  común  pero  más  íntimo, tiene que ver con el Ritual del Yagé en el que los  curacas     –guías  espirituales– practican el  rito  de aconsejar, orientar y ayudar en la solución de problemas. (ii)   Otro  espacio  de  carácter  menos  íntimo  es  la  Fiesta  del  Perdón.  En  la  tradición Kamëntsá una de las  celebraciones  más  importantes  que se realizan por ese pueblo indígena es el  llamado  Carnaval  del  Perdón,  en  el  que  el ofendido y ofensor superan sus  problemas,  al  confesar y pedir perdón. Esta fiesta es la oportunidad para que  los  indígenas  del  Valle  del Sibundoy se reconcilien, pidiendo excusas entre  ofendidos   y  ofensores.  Cualquier  enemistad  debe  ser  absuelta  y  es  una  oportunidad  para resolver los conflictos sociales e intersubjetivos190.  Es  un  instrumento  de  justicia  y  fortalecimiento  de  la  convivencia  y  en el que  también    se    reconoce    a    la    autoridad   tradicional.   (iii)  Un  tercer espacio es el Cabildo, a  donde  se  llevan  los  conflictos  más  graves.  Ahí  el ofendido presenta lo  ocurrido  ante  el  Cabildo  Gobernador,  o  en  su  defecto  al Secretario o al  Alguacil.   En   la   Casa   Cabildo,   las   partes   implicadas   procuran  la  reconciliación.  Cuando el problema es muy serio, el Cabildo puede llamar a los  exgobernadores  para  que  le  ayuden  a  resolver  el asunto. Si estiman que el  problema  no  tiene  solución, envían el caso a la jurisdicción ordinaria. La  remisión  se  hace  especialmente  cuando se trata de homicidios, violaciones o  lesiones     personales     severas,    ya    que    en    la    “tradición   usos   y  costumbres  Kamëntsá,  todavía  no  tienen  sanciones  para  corregir  estas  conductas sino para faltas menores”191.   Estas  etapas  no  son  instancias    sino    que    son    espacios    de    resolución   que   operan  paralelamente.   

La   comunidad  Kamëntsá  Biyá,  aplica  entonces  la  justicia  propia,  de  conformidad con sus normas, procedimientos,  usos  y costumbres192, pero aún  existen  debilidades  normativas, procesales e institucionales que dificultan la  efectiva  solución  interna  de  algunos  de  sus asuntos. En particular en los  temas  más  complejos. Precisamente, en un encuentro concertado al que asistió  la  Fiscalía,  la  Rama  Judicial  y  la Defensoría del Pueblo y la comunidad,  dentro  del  Taller  de  Diagnóstico  de identificación de las necesidades del  pueblo  Kamëntsá en el marco del Proyecto de “Extensión de la Coordinación  entre  el  sistema  Judicial  Nacional y la Jurisdicción Especial Indígena”,  los días 18 y 19 de febrero de 2008, se dijo lo siguiente:   

“Con  los  antecedentes  anotados,  los  operadores  jurídicos del Sistema Judicial Nacional del Valle del Sibundoy como  actores  principales  responsables  de  hacer efectivos los principios que rigen  nuestro  Estado  Social  de  Derecho,  reiteramos  el  respeto  por  la  cultura  Kamëntsá,  de  sus  costumbres  y obviamente anhelamos que logren consolidar y  hacer   efectivos   sus   derechos   a  la  autonomía  y  el  ejercicio  de  su  jurisdicción,  pero es indispensable que al interior  de  la misma  comunidad indígena se rescate su identidad, sus principios o  valores  que  los  rigen, así como las normas internas de comportamiento de sus  miembros,  los  procedimientos   pedagógicos,  sancionatorios,  las  penas  imponibles,  la  etapa  de perdón y olvido, y en general todos los aspectos que  conforman   su   jurisdicción,   dándose  por  descontado  el  conocimiento  y  reconocimiento  de  sus  autoridades. (…) El trabajo  interno  de  la  comunidad  a  través  de  la  convocatoria de la Constituyente  Kamëntsá   debe  realizarse  en  el  término  preclusivo  que  la  misma  comunidad  señale,  de  tal  manea que a partir de la fecha fijada podamos  contar  con  criterios  unificados y obligatorios para las  dos  jurisdicciones  en  cuanto a  autoridades competentes, normas internas  sustanciales  y  procesales,  que evitarán la futura  ocurrencia      de      conflictos      entre      las      dos      autoridades  jurisdiccionales”   193.   (Subrayas  fuera  del original).   

8.1.6.  Como  se  evidencia  de  los  hechos  anteriormente  expuestos,  existen  vacíos  internos  en  cuanto  a la forma de  resolver  los  conflictos  de  gran  envergadura  en este pueblo indígena, como  pueden  ser  los de carácter político relacionados con la representatividad de  la  comunidad.  Otra dificultad que se desprende de la incertidumbre normativa e  institucional,  es  la  de  determinar con exactitud, por ejemplo, el rol de los  exgobernadores  en  la  comunidad  y  su papel consensuado como instancia cierta  para  la  solución  de situaciones de esta naturaleza, ya que para una parte de  la  comunidad,  como quedó demostrado, su rol es meramente consultivo, mientras  que   para   otros,  es  un  instituto  que  transitoriamente  puede  obrar  con  legitimidad  en  los asuntos más complejos de la comunidad. Lo anterior, aunado  a  la  falta  de  reglas  electorales  y  al  impacto  de  la  Ley  715 sobre la  administración   de   recursos  de  las  transferencias,  que  ha  generado  un  desplazamiento  de  las autoridades tradicionales por personas más jóvenes, ha  contribuido según la Dra. Margarita Chávez del ICAN, a que:   

“[L]os sectores en conflicto hayan tenido  que   recurrir   a  la  institucionalidad  estatal  (Dirección  de  Etnias  del  Ministerio) y a la Constitución y sus leyes, para resolverlo”.   

8.2. El conflicto indígena y las decisiones  tomadas por el Ministerio del Interior y de Justicia.   

8.2.1.  Uno  de los hechos generadores de la  problemática   electoral  entre  las  diferentes  facciones  políticas  de  la  comunidad     Kamëntsá    Biyá    desde    el    año    2005    –entre      otros      –,  se gestó con ocasión del interés  de  unos  de  sus Gobernadores de optar por la reelección inmediata y sucesiva.  Ello  significó  un enfrentamiento comunitario entre dos grupos políticos, que  se  exacerbó  en  los  años  2005,  2006  y 2007, bajo la acusación de que la  reelección  inmediata  no formaba parte de los usos y costumbres electorales de  ese  pueblo  indígena. Debido al conflicto, “los dos  carnavales   del   perdón   de   2006   y   2007   se   caracterizaron  por  la  división”194   de   la  comunidad.  La  facción  política  de  la  que  forma  parte  el demandante, consideró que su  legitimidad  electoral,  estaba  fundada en el hecho de estar posesionado por el  cabildo  cesante  2005  y  2006,  tener  en  su  poder  los  símbolos  de mando  –las    varas    de  mando–,  y  contar con la  Casa  Cabildo  como  lugar  de  celebración  de las elecciones comunitarias, en  atención  al  cumplimiento  de los usos y costumbres orales de su comunidad. La  otra  parte  de la comunidad desconoció la legitimidad como Gobernador invocada  por  el  actor  –sobre la  base   del   seguimiento   de   ciertas   reglas  de  la  tradición–,  porque  alegaron  de  su  parte  el  quebrantamiento  de  los  usos  y  costumbres  del  pueblo  Kamëntsá  que  impedían la reelección inmediata de la autoridad tradicional.   

Ante  esta situación, los procesos internos  de  solución  de conflictos de la comunidad fueron insuficientes para arribar a  una  solución,  no sólo porque las partes obligadas a resolver las diferencias  estaban   directamente   implicadas   en   la   situación,  sino  porque  sólo  recientemente   la   comunidad   está   implementando  procesos  normativos  de  concertación  sobre  normas  básicas de convivencia y sobre reglas electorales  mínimas, para evitar este tipo de enfrentamientos en el futuro.   

Esta  división  significó en sus orígenes  –años    2005    y  2006–, la imposibilidad de  establecer  con  exactitud  y oficialmente cual era la autoridad tradicional que  debía  regir  los  designios de los Kamëntsá Biyá. Lo que tuvo como efectos:  (i)  la  imposibilidad de firmar los convenios sobre administración de recursos  en  materia  de  transferencias, que son necesarios para cumplir los compromisos  de  la  comunidad;  (ii)  la  imposibilidad  de  resolver  con  certeza  los  conflictos comunitarios desde el  punto  de  vista judicial; (iii) la imposibilidad de certificar la pertenencia a  la  comunidad  de  quienes  requieren  de  ella  para  el  ejercicio de derechos  especiales   de  los  pueblos  indígenas  (vgr.  cupos  educativos  especiales,  eximentes  del  servicio  militar,  etc.)  y  (iv)  la  imposibilidad de cumplir  convenios  con  otras  instituciones del Estado, como es el caso de las Familias  Guardabosques,  que  significó  la  amenza  a  los  recursos económicos de 150  familias indígenas derivados de ese convenio, etc.   

8.2.2.  El  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  fue  acusado  por  el actor, de intervención indebida en el conflicto  electoral  presentado en la comunidad Kamëntsá Biyá en los años 2006 y 2007,  en  atención  a  las  siguientes  conductas:  (i)  contribuir  a  impulsar unas  elecciones  en  septiembre  de 2006 promovidas por el Consejo de Exgobernadores,  desconociendo  que  el actor había sido el escogido como Gobernador en el 2005,  había  sido  posesionado  por  el  cabildo  cesante  2005  según  los  usos  y  costumbres  de  la  comunidad  y había sido designado para el periodo electoral  del  1º  de  enero  al 31 de diciembre del 2006. (ii) Registrar oficialmente al  ciudadano   elegido  en  las  elecciones  de  septiembre  de  2006,  como  nuevo  Gobernador  de  la  comunidad  Kamëntsá para el resto del 2006 y paralelamente  abstenerse  de  registrar como autoridad al señor José Narciso Jamioy, elegido  por  su  facción  para  ese mismo año. (iii) Desconocer la nueva elección del  actor  como  nuevo  Gobernador  del  Cabildo  para  el  año 2007, por elección  realizada  por  su  grupo  electoral,  con  posesión del cabildo cesante 2006 y  abstenerse    de   registrarlo   y   (iv)  registrar  oficialmente como Gobernador al elegido en los comicios  del  2006,  por  el  grupo  de  exgobernadores,   y  no  al  actor  Jamioy.   

El  Ministerio  justifica  estas actuaciones  señalando  que  existe un delicado lindero entre sus competencias legales y las  actuaciones   que   debe   adelantar   para  hacer  efectivas  sus  atribuciones  primigenias,  dada  la  ausencia  de  otros  escenarios  de  resolución  de los  conflictos  electorales  indígenas y el interés de estas comunidades de que la  Dirección  de  Etnias  contribuya  en  la  resolución  de  sus  conflictos. El  Ministerio  resalta  que  al  interior  de  las comunidades indígenas no existe  generalmente  una  instancia  de  solución  de  estos enfrentamientos y tampoco  existe   por   parte  del  Estado  una  acción  jurídica  particular  que  las  autoridades  indígenas puedan utilizar para resolver estas dificultades, por lo  que  ante  el  vacío normativo, se ve obligada a promover soluciones. En muchos  casos,  hasta  la  tradición  y  los  usos y costumbres son objeto de disputa y  revisión,  por  lo  que  las  fuentes  de  seguridad interna de las comunidades  también quedan en entredicho.   

En  tal  sentido,  ha  adoptado  criterios  generales  para el tratamiento de los diferentes conflictos que se le presentan,  de  forma  tal,  que  se  justifique  la actuación oficiosa de la Dirección de  Etnias  en  las  problemáticas  indígenas, particularmente cuando: (i) se vean  afectados  intereses  colectivos  de  la  comunidad.  (ii)  Se vean lesionados o  violados  derechos  fundamentales como el derecho a la integridad y a la vida de  las  personas;  (iii) se afecten normas imperativas vinculadas a la integridad y  a  la seguridad nacional y (iv) se vea comprometida la pervivencia de los grupos  étnicos  como  tal.  En  los  demás  casos,  las  acciones  deben  tender a la  concertación,  la  negociación,  la  mediación   u  otras  fórmulas  de  arreglo directo,  acompañado por esa Dirección.   

En  materia  de  conflictos relacionados con  procesos  de elección y nombramiento de las autoridades indígenas, la tensión  valorativa  es  evidente,  pues  las  dificultades  de  resolver  los conflictos  autónomamente  por las mismas comunidades a la postre erosionan los bienes más  caros  de  estos  pueblos, como son la autonomía, la integridad, la cultura, la  tradición  y  los derechos fundamentales. Esa tensión la expresa el Ministerio  de  la  siguiente  manera:  “o se permite que bajo el  predicado  de la autonomía se auto-vulneren las comunidades de forma indefinida  o  se  toma  algún  tipo  de  iniciativa  a riesgo de que sea interpretada como  intromisión”195.   

8.2.3. En el caso de la comunidad Kamëntsá  Biyá,  el  Ministerio  del Interior afirma que en vista de la afectación a los  derechos  colectivos de los comuneros por la falta de gobernabilidad, se propuso  la  elección  unificada  de  un nuevo gobernador en el 2006. Esta propuesta fue  acogida  por  el  Consejo  de  Exgobernadores,  consejo  que para el Ministerio,  aunque   es   una   figura   sui  generis  que  obró  por  una sola vez, sí es una institución comunitaria  válida,  que  además  convocó a unas elecciones en septiembre de ese año, en  las  que  se  designó  por mayoría al señor Muchavisoy. Por eso el elegido en  esa  oportunidad  fue registrado por esa Dirección y obró como cabildo regente  por  lo  que  quedaba  del  año  2006.  Lo mismo ocurrió en el 2007, ya que el  escogido   por  ese  mismo  grupo  se  lo  registró  también  como  Gobernador  indígena.   

8.3.           La tensión entre derechos enfrentados y  la  intervención  indebida  del  Ministerio  del  Interior  y de Justicia en la  autonomía política de la comunidad Kamëntsá Biyá.   

8.3.1. De acuerdo con la Constitución y con  la  ley,  los designios internos de una comunidad indígena en materia política  están,  prima  facie en sus  propias  manos.  La  responsabilidad  y  eficacia  de  la  gobernabilidad de una  comunidad,  se  debe  fundar en la visión, sabiduría y entereza de sus propias  autoridades  tradicionales,  quienes  son  las llamadas a ponderar sus intereses  personales  frente  a  los intereses de la comunidad y a llevar el liderazgo que  detentan,  hacia  la  garantía del bien común y la materialización real de su  autonomía.  De  este modo, la solución del enfrentamiento político interno al  que  se  ha  hecho  referencia,  correspondía  indiscutiblemente  y  de  manera  exclusiva,  a  la  Comunidad  Kamëntsá  Biyá. Este pueblo indígena tenía el  derecho  y  el  deber de resolver su situación particular, sin la intervención  de   terceros,   conforme   a   los  antecedentes  legales  y  jurisprudenciales  previamente expuestos.   

8.3.2.  Con  todo,  la  comunidad Kamëntsá  Biyá,  aún  ante  la  negativa  de  la  Dirección  de  Etnias  de registrar a  cualquiera  de  los  dos  elegidos  como Gobernadores durante la mayor parte del  2006,  demostró  su  imposibilidad de darse una solución propia a su conflicto  electoral,   no   sólo  por  las  restricciones  jurídicas  e  institucionales  previamente  resaltadas,  sino  por  el  significativo  paso  del tiempo sin una  salida  consensuada  y  la  escalada  de  la tensión política interna desde el  2005,  que llevó a la comunidad a la elección de dos Cabildos diferentes en el  2006.  Ello  amenazó  la  gobernabilidad general de la comunidad para ese año,  especialmente  en  lo concerniente a las certificaciones en cupos académicos de  estudiantes  universitarios,  la exención del servicio militar y el acceso a la  administración  de justicia de los miembros de la comunidad, aunque también se  amenazaron   con   la  ausencia  de  gobierno  unificado,  proyectos  colectivos  relacionados  con  los  ingresos  de múltiples familias Kamëntsá, como fue el  caso de las familias guardabosques.   

8.3.3. En situaciones en las que la amenaza a  los  derechos  fundamentales  y  colectivos  de una comunidad indígena y de sus  integrantes  o  su violación se cierne sobre ellos, ciertamente las autoridades  comprometidas  en la protección de la identidad y diversidad étnica y cultural  no  pueden  permanecer impasibles ante esas circunstancias, bajo el argumento de  que  se involucran aspectos o elementos en la discusión, que sólo forman parte  de  la  autonomía  de las comunidades indígenas. De hecho, es deber del Estado  en  su  conjunto,  “garantizar la efectividad de los  derechos  y deberes consagrados en la Constitución”,  “asegurar   la   convivencia  pacífica”  y  “proteger  a las personas en sus  derechos”,  lo  que incluye la supervivencia  y  protección  de  las  comunidades indígenas en sí mismas consideradas y de sus  integrantes, de conformidad con la Carta (C.P. art. 2º).    

La           indiferencia  de las autoridades estatales  ante  situaciones  que comprometan a estos colectivos o que afecten los derechos  fundamentales  de  sus  integrantes, puede significar la violación por omisión  del  derecho  mismo a la diversidad étnica y cultural de los pueblos indígenas  que  se pretende proteger. En la sentencia T-188 de 1993 (M.P. Eduardo Cifuentes  Muñoz),  precisamente,  se  señaló que si bien las autoridades deben respetar  el  principio  de  autonomía  de  los  pueblos  indígenas en todo momento, tal  reconocimiento  no  puede  interferir con la obligación estatal de conservar la  paz   en   todo   el   territorio   nacional,   “sin  excepciones”. Las autoridades deben ejercer entonces  las  competencias  que  la  ley  les  ha  otorgado  con miras a la protección y  defensa     de     los     pueblos     indígenas196,   y   deben   contribuir  igualmente  en  la  resolución  de  sus  conflictos,  teniendo  en  cuenta que:   

“El   silencio   indiferente   de   las  autoridades  públicas locales – el Alcalde Municipal y el Inspector de Policía  de  Ortega  –  ante la solicitud de intervención para  coadyuvar  a  dirimir  pacíficamente  las  controversias  inicialmente surgidas  entre  las  parcialidades de San Antonio y Paso Ancho,  no  sólo  desconoció  el  derecho  fundamental  de  petición de las partes en  conflicto  sino  que además contribuyó al aumento de la amenaza contra la vida  de  los  miembros  de  ambas  comunidades. Por su parte, la negativa del Incora,  seccional  Tolima,  a intervenir aduciendo que este es  un     problema    interno    (…)    desvirtúa    el    alcance   de   los  principios  de autonomía y  autogestión comunitaria”.  (Subrayas fuera del original).   

Igualmente,  en  la  sentencia  T-704 de 2006  (M.P.        Humberto       Sierra       Porto)197, esta Corporación indicó  que   ninguna  entidad  estatal,  sea  ella  del  nivel  nacional  o  del  nivel  territorial,  puede  permanecer  indiferente en relación con la obligación que  se   desprende   del   artículo   7º  superior  y  de  los  demás  artículos  constitucionales  que  desarrollan la exigencia constitucional de reconocimiento  y  debida  protección  de  la  diversidad  étnica  y  cultural  de los pueblos  indígenas.  En  esa  oportunidad,  recordando el deber de todas las autoridades  públicas  de cumplir con la garantía de la participación de los resguardos en  los   ingresos   corrientes   de   la   Nación,  indicó  que:  “las  obligaciones  en  cabeza  del  Estado  respecto  de la efectiva  realización  del  derecho constitucional fundamental al reconocimiento y debida  protección  de  la  diversidad  étnica  y  cultural  de los pueblos indígenas  son obligaciones de hacer, y  al  omitir su cumplimiento incurre el Estado en un serio y grave desconocimiento  de    este    derecho”198.   

En  la  sentencia T-979 de 2006 (M.P. Nilson  Pinilla  Pinilla),  también  se  recordó  el deber de garantizar el orden  público  en  todo el territorio nacional, incluye a los territorios indígenas,  por lo que:   

“Lo dicho con anterioridad, no obsta para  que  un  alcalde municipal pueda, en desarrollo de lo previsto en los artículos  2°  y 296 de la Constitución Política y de conformidad con las leyes vigentes  sobre  la  materia,  disponer la legítima y prudente  intervención  de  la policía, para controlar situaciones que seriamente pongan  en  riesgo  el  orden público en el territorio de su municipalidad,   aun   en  aquellos  lugares  que,  de  conformidad  con  lo  previsto en la Constitución,  hagan  parte  de  territorios  indígenas,  dentro  de  los  que cuales estas comunidades ejerzan su derecho  fundamental   al   auto-gobierno”.    (Subrayas   fuera   del  original).   

8.3.4. De este modo, aunque la regla general  es  la  “maximización  de la autonomía”  como  garantía  de  la supervivencia cultural de una comunidad  indígena     –como  previamente  se  enunció–,  ésta   puede  ser  objeto  de  limitaciones  cuando  se  requiera  salvaguardar  intereses  de  superior  jerarquía,  como  puede ser el respeto y garantía del  núcleo  esencial  de  los  derechos fundamentales, o la supervivencia física o  cultural de una comunidad.   

En  materia  política, la autonomía de una  comunidad  indígena  podría  ser  eventualmente  limitada  bajo los anteriores  supuestos,  cuando  se  compruebe  que  con  ocasión  de un conflicto político  interno,  se  genera  (i) un  vacío  total  de  poder,  que implica (ii)  un  compromiso serio y cierto de la vida, la integridad física de  sus  integrantes,  la pervivencia misma de los grupos étnicos o una afectación  real  de  los  derechos  fundamentales  de  sus  miembros.  En  tales casos, sin  embargo,  el  vacío total de poder y la afectación a los derechos colectivos y  fundamentales  que  se  invocan,  deben  ser  demostrados  por  la autoridad que  interviene  en  estos asuntos o por la comunidad, ya que no es suficiente que se  alegue  de manera genérica una afectación global de derechos. Para asegurar el  cumplimiento   de   las   reglas   de   interpretación  sobre  la  protección  del  núcleo  esencial  de  los  derechos fundamentales  y la  prevalencia de las  normas  de  orden  público sobre los usos y costumbres  de   una   comunidad,  que  justifican  una ponderación de derechos en relación con la diversidad étnica,  es  necesario  que  se  compruebe  de  manera  directa  la  afectación  de  los  principios  y  derechos  que  se  aducen vulnerados y la necesidad del Estado de  asegurar su protección.   

Con  todo,  no  es  suficiente  afirmar  la  existencia  de  esa  presunta vulneración, toda vez que respetando el principio  que  asegura  que  “a  mayor conservación de usos y  costumbres,  mayor  autonomía”,  se  debe comprobar  plenamente   que   (iii)  la  comunidad  indígena  no  cuenta  con  las instancias o usos y costumbres que le  permitan   sortear   por   sí   misma   el  conflicto  interno  y  (iv)   que   a   pesar   del  interés  y  acompañamiento  del Estado en la búsqueda de una solución concertada, ella no  fue  posible  en  un  plazo  razonable  de tiempo, agotando todos los mecanismos  disponibles  de  resolución  de conflictos para el efecto. De esta forma, sólo  ante  la  dificultad  efectiva  y manifiesta de un pueblo indígena de darse una  solución  al  conflicto  interno  y  luego  de  agotadas  todas las instancias,  podría    el    Estado   intervenir   de   algún   modo   en   su   autonomía  política.   

Con todo, si bien es cierto que en abstracto  y  con  fundamento  en  los  hechos anteriores, la intervención del Estado bajo  estas  consideraciones  es  justificable, la pregunta que surge automáticamente  es  la  siguiente:  ¿es  posible, entonces, en situaciones como las previamente  indicadas,  que  el  Estado  adelante  cualquier  tipo  de  intervención  en la  autonomía política de una comunidad indígena?   

La  respuesta  a esta inquietud es negativa,  teniendo  en  cuenta  que  las  medidas  estatales que se tomen, (v) deben estar  dentro  del  marco  de  actividades que autorice la Constitución y la ley; (vi)  deben  ser  medidas  útiles  y  necesarias  para la protección de los derechos  fundamentales  o  colectivos  involucrados,  y   conforme  con  la regla de  proporcionalidad  previamente  expuesta,  (vii)  deben  ser  las  medidas  menos  gravosa  para la autonomía política de dichas comunidades étnicas199, so pena de  lesionar  el  derecho  a la diversidad. Las actuaciones de la Administración en  este  sentido,  son esencialmente regladas y están sujetas a dicho principio de  legalidad.   El  poder  de  actuación  y  decisión  con  la  que  cuentan  las  autoridades,  no  puede  utilizarse  sin  que  exista  una  expresa  atribución  competencial.  De  no  ser  así,  se atentaría contra el interés general, los  fines  esenciales  del  Estado  y  el  respeto  a  los derechos y las libertades  públicas  de  los  ciudadanos  vinculados con decisiones de la Administración,  ajenas    a   ese    principio.   200   

8.3.5.  En  la comunidad Kamëntsá Biyá, se  pusieron  en  peligro  derechos  fundamentales  de  sus integrantes –vgr. acceso a la justicia, educación,  etc.–    y   derechos  colectivos,     –la  gobernabilidad,  el  orden  público,  la  cohesión  misma  de la comunidad, la  naturaleza  del  carnaval  del  Perdón–,  y el Convenio de “Familias Guardabosques” que incidía en los  derechos  económicos  y  sociales de muchas familias Kamëntsá Biyá. Además,  los  “usos  y costumbres”  de  ese  pueblo indígena, base de su seguridad jurídica, se vieron enfrentados  a  diferentes  retos  que  minaron  la  fuerza  de  su  legitimidad,  por lo que  ciertamente  no  se  gestó un mecanismo de solución concreto al interior de la  comunidad,   que   permitiera   resolver   oportunamente  sus  diferencias,  sin  comprometer por el paso del tiempo, derechos de los asociados.   

La intervención del Ministerio de Interior y  de  Justicia  en  este  sentido  tuvo como fin, asegurar el deber constitucional  legítimo  de  evitar que la ausencia de autoridad y de gobernabilidad indígena  extendida  en  el  tiempo significara la inminente perturbación de los derechos  fundamentales  de  los  integrantes de la comunidad y los derechos colectivos de  los  comuneros.  Sobre esa base, comparte la Corte el interés de esa Dirección  de  propender  por  una solución efectiva del conflicto interno. Ese interés y  finalidad  responden  claramente  a  su deber de garantizar la autonomía de esa  colectividad   y    asegurar   a   su  vez,   en  el  ámbito  de  sus  competencias, una solución permanente al conflicto.   

Al  respecto,  dentro de las funciones de la  Dirección  de  Etnias  del  Ministerio  del  Interior y de Justicia201,    se  encuentran   el   deber  de  apoyar  el  desarrollo  autogestionario  de  dichas  comunidades,  el  de  promover  la  solución  de conflictos relacionados con la  propiedad  colectiva  y el de registrar a las autoridades indígenas, por lo que  en  virtud  de  estas atribuciones de ley, la Dirección de Etnias no podía ser  indiferente  frente a la escalada del conflicto étnico surgido con ocasión del  debate político interno de esa comunidad.   

Con   todo,   dado   que   “toda   autoridad   tiene   sus  competencias  definidas  dentro  del  ordenamiento  jurídico  y debe ejercer sus funciones con sujeción al principio  de  legalidad,  a  fin  de  que  los  derechos  e intereses de los administrados  cuenten  con  la  garantía  de  defensa  necesaria  ante eventuales actuaciones  abusivas,  realizadas  por  fuera  de  los  mandatos constitucionales, legales o  reglamentarios  vigentes”202,  lo  cierto  es  que  en  situaciones  límite  como  la  que  se  presentó  en  este  caso, la autoridad  administrativa,  además  de  propender por el fin constitucional pretendido con  su  intervención,  tuvo  que  evaluar  con  claridad los medios propuestos como  solución  a  la  ausencia  de  poder,  así  como  los  alcances  de su posible  intervención,   para   asegurarse   que  cualquier  posible  limitación  a  la  autonomía  indígena  no fuese desproporcionada, de forma tal que implicara una  restricción excesiva al autogobierno indígena.   

Como  lo  dijo  el  Ministerio  mismo  en su  intervención,  en  “esta  labor  de  equilibrio, el  Estado  debe  cuidarse  de imponer alguna particular concepción del mundo pues,  de  lo  contrario,  atentaría  contra el principio pluralista (C.P., artículos  1°  y  2°)203.   

8.3.6.  En  este  sentido,  de  las funciones  asignadas  por la ley a la Dirección de Etnias del Ministerio del Interior y de  Justicia  no se sigue que la citada Dirección, sin adelantar la consulta previa  respectiva,  pueda  definir en un debate entre dos autoridades indígenas, cuál  es  la  que  debe  regir  los  destinos de la comunidad, cuando aún persiste el  enfrentamiento  interno. Ni que pueda tampoco autónomamente,  definir vía  registro,  que  una elección es más legitima que la otra, para concluir que un  Gobernador   y  no  el  otro,  es  el  que  debe  ser  designado como   autoridad en una comunidad indígena.   

De hecho, no se explica la Sala cómo, en un  proceso  en  el  que  se  afirma  que  no existe favorabilidad por alguna de las  partes,  y  cuando  el  mismo Ministerio admite en una de sus intervenciones que  “[r]egistrar  a un sector en vez de otro en medio de  una  (sic)  conflicto  de  representación  y  de  gobierno,  puede desencadenar  efectos  más  desestabilizadores  al interior de las comunidades, razón por la  cual  el  criterio es no registrar a uno u a otra hasta que las partes resuelvan  la    problemática   o   una   autoridad   competente   lo   ordene”204,  resuelva  esa autoridad,  en  todo  caso,  registrar a uno de los Gobernadores de un grupo, en desmedro de  la  otra  facción  que  había elegido a un Gobernador distinto, en medio de un  conflicto  vigente.  Lo  anterior,  asegurando  para  la  autoridad  tradicional  registrada,  la  publicidad  y  la  representación  colectiva de todo el Pueblo  Kamëntsá  Biyá  ante  el  Estado,  y  de paso, negándola para el otro.    

Sobre el registro de autoridades indígenas,  el  Ministerio  informa  que  este  es  un  mero  trámite  formal, que sirve de  publicidad  de  los  actos de elección y que no constituye acto administrativo,  porque  no  es una decisión de la Dirección de Etnias, sino una determinación  de  las  comunidades  indígenas.  Con  todo,  admite  que  esa  formalidad, sí  “publicita          e          institucionaliza  los  resultados  de las  actuaciones  autónomas  de  las  comunidades indígenas y además surte efectos  institucionales    al  certificar   ante   las  distintas  entidades  públicas  y privadas  las atribuciones también  públicas  que  para  los distintos efectos, tienen y cumplen las autoridades de  los  pueblos  indígenas”205.   

Como    se    ve,    la    formalidad   tiene  esa  característica,  cuando  la  decisión  es  tomada  por  la  comunidad  indígena  y significa la  refrendación  de  una  decisión comunitaria definitiva. No obstante, ya que el  registro  tiene  a  su  vez  efectos  institucionales y administrativos y otorga  “status     jurídico     a    las    autoridades  indígenas”206, si el conflicto político  persiste  y  la  comunidad  en  su  conjunto  no se pronuncia, pervive el debate  interno,   por   lo   que   registrar  o  no  a  una  autoridad  indígena,  sí  institucionaliza  a  quien  sea  registrado  y  desconoce  en  la práctica, una  decisión  autónoma  de  una  comunidad  indígena  que  es  del  núcleo de su  autonomía política: la designación de su autoridad tradicional.   

Se  recuerda,  además, que el Ministerio no  tiene,  como  él  mismo  lo  reconoce,  “la facultad  evaluar  y  calificar  los  procedimientos  electorales  discrepantes,  que  los  sectores  en  disputa  dicen  haber  cumplido”  para  reclamar  legitimidad.  Lo  anterior,  especialmente  cuando hay disputa por los  usos  y  costumbres  de  una  comunidad y no hay claridad para definir a ciencia  cierta  y objetivamente, quien tiene un mejor derecho dentro de su pueblo.   Por  lo  tanto, tampoco puede avalar en un caso en que ello es impreciso y ajeno  a  los  usos  y  costumbres,  uno  de  los procedimientos escogidos –de    un    solo    sector   de   la  comunidad–, cuando en él  no  interviene  todo  el  pueblo  indígena  en  su  conjunto,  so  pretexto  de  considerar  que  un  proceso de elección es mejor, o más legítimo , que el de  su contraparte.    

En  el  mismo  sentido,  si las funciones de  autogobierno  encomendadas  a  los  consejos  indígenas  (CP  art.  330)  deben  ejercerse  según  sus usos y costumbres, y respetando las leyes imperativas que  protegen       valores       constitucionales      superiores,      –como  es la Ley 89 de 1890–,    el   desconocer   sin   mayores  justificaciones  que  esa  comunidad  había  elegido  a un representante por el  periodo  legal  de  un  año  y  que según los usos y costumbres era el cabildo  cesante  del  año  anterior  el  que  posesionaba  a esa autoridad –como   en   efecto  ocurrió  con  el  demandante    en    el    año   2006–,  significó para el Ministerio tomar una posición en contra de la  tradición  de la comunidad y negarse a registrar a esa autoridad. Esa decisión  fue  válida  sobre  la base de la disidencia interna del resto de la comunidad,  –debido     a    la  reelección–,    pero  insuficiente  para  justificar en sentido contrario el aval hacia el otro grupo,  sin  mayores  exigencias. En efecto, la legitimidad de ambas facciones estaba en  entredicho:   El   primero,   esto   es  el  actor,  por  carecer  de  autoridad  generalizada   frente  a  su  comunidad al haberse hecho reelegir en varias  oportunidades  en  abierta  contradicción con la costumbre y no obstante contar  con  la  simbología  del ejercicio del poder de su comunidad; y el segundo, por  surgir  de  una elección invocada en una zona extraña a la actividad electoral  propia  de  la  comunidad,  en un período electoral ajeno a la ley y respaldada  por  un   Consejo  de  exgobernadores  que  sustituyó  por una sola vez el  cabildo  cesante, en una situación calificada como sui  generis   por   la   misma   Dirección   de  Etnias.   

Así,  entiende  la  Corte que el Ministerio  haya  determinado  no  registrar  a ninguno de los dos ciudadanos, para asegurar  que  sólo una decisión pensada por la comunidad en su conjunto, significara la  designación  de  su  representante y autoridad tradicional en el 2006. También  entiende  la  Sala  que haya decidido proponer soluciones concertadas, e incluso  que  una  de  las  propuestas  fuera  una nueva elección unificada de autoridad  tradicional.  Sin  embargo,  no  es  comprensible  que sin obtener una solución  compartida  por  toda  la comunidad, y sobre la base de la una determinación de  un  Consejo  de Exgobernadores ad hoc, –que  era  además  la  otra  facción  de  la  comunidad–,  haya  decidido avalar sin más a su  designado,  como  el representante de todo el pueblo Kamëntsá Biyá en el 2006  y 2007.   

8.3.7.  Ha dicho la Corte en ese sentido, que  en  casos  en  que  se  requiera  limitar  el  derecho a la diversidad étnica y  cultural,  las  medidas  que  se  tomen  deben  ser  la  menos  gravosa  para la  autonomía   que   se   les  reconoce  a  las  comunidades  étnicas207.  En  la  sentencia   T-979   de   2006.   (M.P.   Nilson   Pinilla   Pinilla)   se   dijo  precisamente   sobre  ello,  que  cuando  sea  necesaria una intervención:   

“[P]ara  evitar causar una lesión (…),  ello  debe  hacerse  bajo  el  principio  de  la menor intervención posible, es  decir,  dicha  actuación deberá ser estrictamente proporcional a la naturaleza  y  gravedad  de  los  hechos  que se deban controlar y con el único objetivo de  proteger  en  debida forma la vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y  libertades,  individuales  y  de  la  comunidad, que se encuentren en riesgo”.   

Esa condición para la Sala, se desconoció en  esta  oportunidad  por  el Ministerio del Interior y de Justicia, porque si bien  esta  entidad  en  virtud  de  sus  competencias  tiene  el  deber  de  proponer  soluciones  a  estas  situaciones  e  interpretar  la voluntad de una comunidad,  contribuyendo  en el diálogo, la exhortación y la generación de dinámicas de  reconciliación,    no    podía    –como        ocurrió        en        este        asunto–  desconocer  a  una de las partes del  conflicto  y  registrar  como  una  decisión  final y consumada, a la autoridad  seleccionada  por la contraparte, para resolver desde la perspectiva del Estado,  ese  conflicto.  El  argumento  de  que era el interés de la mayoría, también  queda   en  entredicho  en  este  caso,  no  sólo  porque  no  se  realizó  un  acompañamiento  similar de la Dirección del Etnias al cabildo representado por  el    actor    en    esta   tutela   –para  comprobar  el  resultado electoral de sus comicios–,  sino  porque  esa  misma Dirección  indicó  que el resultado obtenido en septiembre de 2006 había sido igual al de  las   5  elecciones  anteriores;  lo  que  involucra  en  esa  descripción  las  votaciones obtenidas por el señor Jamioy en el 2005 y 2006.   

Por  lo  tanto,  el  registro del elegido por  parte  del  Consejo  de  Exgobernadores significó claramente la toma de partido  por  uno  de  los grupos en conflicto de la comunidad por parte de la Dirección  de  Etnias  y  el desconocimiento a la igualdad del otro grupo, representado por  el  ciudadano  demandante.  El  avalar  a  uno  de los contendores, tuvo efectos  inevitables  en  la  comunidad pues el registro no significó la mera publicidad  de  una  decisión  comunitaria  conjunta,  sino  la  designación  pública del  representante   de   toda   una   comunidad  en  atención  a  un  decisión  de  Etnias,  entidad    que    claramente    “no  tiene  la potestad de conceder una autoridad que solo le compete  al pueblo indígena”.   

En  este  sentido,  el tema de las medidas a  implementar  y  la  proporcionalidad de las mismas es relevante, por cuanto para  recuperar  el  principio de autoridad de una comunidad indígena y para proteger  los  derechos  de  los  comuneros, el camino no puede ser el desconocimiento del  derecho  a  la  igualdad  y  de  la  autonomía  política de la comunidad en su  conjunto,  al  designar,  por medio del registro, un representante en particular  para   toda   la   colectividad,   cuando  esa  decisión  no  se  desprende  de  disposiciones  internas  claras  o  de  unos  usos  y  costumbres  evidentes que  permitan  contrastar objetivamente la existencia de un mejor derecho para una de  las  partes.  Menos aún cuando la comunidad en su conjunto mantenía claramente  el conflicto interno al momento del registro.    

En  ese  sentido,  no  se entiende por qué,  –y tampoco lo explica esa  entidad–, la Dirección de  Etnias  desechó  por  ejemplo,  un  instrumento internacional tal útil como la  consulta  y,  de  paso,  prefirió interferir en el proceso de definición de la  autoridad  tradicional  indígena de manera directa. Tampoco se entiende porqué  no  invitó  a  la  comunidad  a  actualizar en ese momento, para arribar a unas  elecciones  unificadas  en  el  2007  y no después, las normas y procedimientos  internos  de  elección  y  nombramiento de sus autoridades y prefirió proponer  una  nueva  elección,  aún  sin  existir  reglas consensuadas para asegurar la  legitimidad a largo plazo del elegido.   

Al respecto, entiende la Corte que no existe  en  abstracto  ninguna  fórmula  para  resolver  este  tipo  de  conflictos. La  solución  a  los  mismos  deberá  ensayarse  en  cada  caso,  a  la luz de sus  particularidades.  Pero  como ya se ha dicho en otras  oportunidades,  la  eficacia del derecho a la diversidad étnica y cultural y el  valor  del  pluralismo  pueden  ser logrados satisfactoriamente si se permite un  amplio   espacio   de   libertad   a   las   comunidades  indígenas208  y no si  desde  el  Estado se toma directamente la decisión de lo que más les conviene.  Una   posibilidad   puede   ser   la  de  obtener  por  medio  de  consulta,  la  determinación   de  los  criterios  mínimos  electorales  necesarios  para  la  elección  de  las  autoridades  indígenas para el año siguiente. Dado  que  ciertamente  donde no existen unas reglas claras y serias  en  materia  electoral se generan estos debates, por lo que mínimamente se debe  lograr       un       reglamento       interno       electoral      –oral     o     escrito–  que determine: (i) características,  edad  y  requisitos  de  los candidatos; (ii) las autoridades independientes que  evalúan   el   cumplimiento   de   tales  requisitos  de  los  candidatos,  con  anterioridad  a las elecciones; (iii) el proceso eleccionario y sus etapas; (iv)  las  reglas  con  respecto  a  los electores (vgr. la edad y condiciones para el  ejercicio  del derecho al voto); (v) el procedimiento y la autoridad interna que  definirá  si  se ha incurrido o no una vulneración al debido proceso en alguna  de  estas etapas, en caso de impugnación, y (vi) las reglas para solucionar los  conflictos  en  materia  electoral,  etc; no es posible avanzar en el proceso de  reconciliación  de  una  comunidad  en  estas  materias,  que asegure de manera  efectiva   y hacia el futuro, la minimización de los conflictos políticos  ordinarios.   

Dijo la sentencia T-737 de 2005 (M.P. Álvaro  Tafur  Gálvis),  que establecidas las directrices o reglas que enmarcarán unas  elecciones,  el  Cabildo  o  el  Gabinete Tradicional que gobierne una comunidad  debe  hacerlas  respetar  en su integridad y no propiciar su quebrantamiento. En  ese  mismo  sentido,  si  por  acción  u  omisión  se  quebrantan  las  reglas  establecidas  para  el debate electoral, las autoridades indígenas del Cabildo,  de  consuno  con la comunidad en general e igualmente con la debida antelación,  debe  implementar  y  señalar  claramente los mecanismos que considere idóneos  para  invalidar o anular total o parcialmente la elección, fijando los medios y  los  términos  en  que  ello deberá hacerse. Lo anterior, con fundamento en el  respeto  por  la  Constitución  y  por  la  ley y, en particular, bajo estricta  observancia  de  la  propia  autonomía  electoral de la comunidad, el derecho a  elegir  y  ser  elegido de sus integrantes y el respeto al debido proceso de los  ciudadanos y de los votantes.   

Se recuerda que en la sentencia T-737 de 2005  (M.P.   Álvaro   Tafur   Galvis)  que  se  acaba  de  citar,  el  Gobernador  y  Vice-Gobernador   del   Cabildo   Indígena   Yanacona   Villamaría  de  Mocoa,  interpusieron  tutela  en  contra del Alcalde Municipal de Mocoa y su Secretaria  de  Gobierno,  por  considerar  que dicha autoridad municipal les había violado  sus  derechos  fundamentales  de petición, libre desarrollo de la personalidad,  igualdad,  debido  proceso  y  el  principio  de  respeto  y reconocimiento a la  diversidad  étnica  y  cultural,  porque  el  Alcalde  mencionado no accedió a  posesionar  a  ese  cabildo  en  particular,  por haber reconocido previamente a  otras   autoridades   tradicionales  para  esa  misma  comunidad  indígena.  El  accionante,  –un Gobernador  indígena–,  señaló que  dicho  “Cabildo  y  autoridades  reconocidas”  correspondían  a un grupo de  familias  que  se  separaron de su parcialidad indígena y que de manera abusiva  usurparon  su  nombre y su derecho como Cabildo. Esta Corporación consideró en  esa oportunidad que:   

“[A]nte los anteriores acontecimientos, el  Alcalde  Municipal  de  Mocoa,  al encontrarse enfrentado a un conflicto de esta  características  en  donde  están  en  juego  los  intereses  de  la comunidad  indígena  Yanacona,  debió  de  manera  inmediata  proceder  a  convocar a una  consulta  a  las  partes  involucradas  tal y como lo dispone el Convenio 169 de  1989  la  OIT  aprobado  por  la  Ley  21  de 1991 y como se planteara en varias  decisiones    tomadas   por   esta   Corporación.209   

No obstante, el accionado se limitó a poner  en  conocimiento  del  gobernador  y  de  los  demás  miembros  del  cabildo ya  reconocidos,  los  documentos  aportados  por  los  accionantes  a fin de que se  pronunciaran  sobre  los  mismos,  medida  que  de  todos modos no responde a la  obligación  que le impone la Ley 21 de 1991, pues el mecanismo de consulta debe  facilitar  la  participación  activa  de  todos  los  miembros  de la comunidad  Yanacona  asentada en su municipio, así pertenezcan a  uno   u   otro   de   los   grupos   en   que   dicha   comunidad  se  encuentra  dividida.   

De  esta  manera,  con  su  actuación,  la  autoridad    municipal   accionada,   desconoció   en   efecto   el   principio  constitucional  según  el  cual  el  Estado  reconoce  y  protege la diversidad  étnica  y  cultural  de  la  nación y vulneró igualmente el derecho al debido  proceso  de  los  accionantes,  pues  como  ya  se anotó el proceso de consulta  señalado  en  la  Ley  21  de  1991 debió haberse adelantado de manera previa,  respetando   en  todo  momento  los  usos  y  costumbres  del  pueblo  indígena  Yanacona”.   

8.3.8.   En   consecuencia,   la  propuesta  constitucional  anterior  significa  que  en caso de un conflicto irresoluble de  una   comunidad  en  materia  electoral,  por  imposibilidad  de  una  respuesta  sustentada  en los “usos y costumbres” del pueblo indígena o por fracaso de  los  mecanismos  de  concertación y de diálogo propuestos por la Dirección de  Etnias,  lo  procedente  es  una  consulta  de  toda la comunidad que permita la  participación  de  todos  los  indígenas  y  de  los  diferentes grupos, en la  definición  de la situación. Lo ideal sería que una comunidad en su conjunto,  con  problemas  electorales  en  materia de sus reglas básicas, pudiera definir  también  si  es  del  caso mediante consulta, y con anterioridad a la siguiente  elección  de la autoridad tradicional –ojalá           de           manera          permanente–,  las reglas mínimas electorales, so  pena  de  verse  enfrentada a la imposibilidad de un registro de sus autoridades  tradicionales  en  caso  de  un  enfrentamiento  político,  hasta tanto se tome  internamente  una decisión consensuada sobre la situación. Como se ha dicho, a  mayor  preservación  de la cultura propia, menor intervención del Estado y, en  sentido  contrario,  a menor conservación de sus usos y costumbres, mayor es el  deber  de acogerse a los mínimos que rigen los procesos electorales nacionales.   

De  lo  que  se  trata  es  de  garantizar el  interés  general  de  todo  un  pueblo  indígena  en  su  conjunto  en materia  electoral  y,  por  lo  tanto,  de  tomar  las  medidas  que  aseguren  la menor  intervención  en  su  autonomía,  de  ser  ello  posible,  sobre  la  base del  principio   de  proporcionalidad.  La  participación  o  intervención  de  las  autoridades  nacionales en la autonomía de las comunidades con el propósito de  manejar  el  orden  público,  proteger  derechos, asegurar la pervivencia de la  comunidad  etc.,  de  estar  justificada,  debe ser necesariamente proporcionada  respecto  de  las  causas  que  generaron la situación, sin vulnerar el núcleo  esencial  a  la  autonomía  indígena.  En  este  caso,  en  consecuencia,  fue  desproporcionado  optar  por el registro definitivo de una autoridad tradicional  cuestionada,  sin  haber  optado  oficialmente  por  una  consulta  total  a  la  comunidad sobre su representatividad a nivel nacional.   

De  hecho,  la  vulneración  por ausencia de  proporcionalidad,   lesiona   los  derechos  de  la  comunidad  en  su  conjunto  consagrados  en  los  artículos 1°, 7° y 8° C.P. 210. Por ende, observa la Sala  que  la  decisión  del  Ministerio  del  Interior  y  de Justicia en la cual se  resolvió  en favor de uno de los grupos en el conflicto y en oposición al otro  y  se  registró a una de las autoridades y no a la otra, partió de una premisa  jurídicamente  equivocada,  esto  es  que,  sobre  la  base de un fin jurídico  válido  y necesario como es proteger los derechos fundamentales y colectivos de  ese  pueblo  indígena,  es  posible  cualquier  tipo  de  intervención  de  la  autoridad  administrativa,  sin  revisar  otras  opciones menos gravosas para la  autonomía  política  de  una  comunidad.  La Dirección de Etnias planteó esa  reflexión  en teoría, pero en la práctica no demostró que haya pensado en la  consulta,  como  una  forma  generalizada  de obtener una respuesta fidedigna de  toda  la  comunidad,  que  es  plenamente  compatible  y  proporcionada  con sus  competencias  legales  y  con  la  autonomía  comunitaria.  Todo,  con el pleno  respeto  por los usos y costumbres, con total transparencia y con la objetividad  asegurada.   

Por lo anterior, y en vista de que la conducta  omisiva  de  la  Dirección  de  Etnias  de no convocar a una consulta a todo el  Pueblo   Kamëntsá   Biyá  pudiéndolo  hacer,  vulneró  los  derechos  a  la  diversidad  e integridad étnica y cultural de la comunidad, el debido proceso e  igualdad  del  actor,  la  Corte revocará la decisión de segunda instancia del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  declarará  la  existencia  de  un hecho  superado  y  prevendrá  al Ministerio para que en adelante se abstenga en estos  casos  de  tomar partido por uno de los grupos en conflicto y proceda a realizar  una  consulta  interna  a  la  comunidad  en  cuanto a los criterios mínimos de  elección  de  su  autoridad  tradicional  o  designación generalizada de dicha  autoridad,  según  el  problema  que presente. Lo anterior en circunstancias en  las que sea imposible una solución menos lesiva.   

8.3.9. Ahora bien, dado que el cabildo cesante  periodo  2007  puso  en  marcha  un  proyecto  denominado fortalecimiento de las  normas   ancestrales   del   Pueblo   Kamëntsá   conocido  como  Constituyente  Kamëntsá;  que  se  nombró para el efecto una Comisión de la Reconciliación  que  durante  el  mes de noviembre de 2007 propuso fijar normas electorales y de  convivencia   legitimadas  por  la  misma  comunidad211  para  las  elecciones del  Cabildo  2008;  que tanto la consulta como la elección de autoridad tradicional  para  el  2008  se llevó a cabo en la sede de la Casa Cabildo y que el día 1º  de   enero   de   ese  año,  previo  acto  de  posesión  del  cabildo  electo,  “la  Comunidad  Kamëntsá  en  general acompaño al  nuevo  Gabinete a la Eucaristía de año nuevo donde se devolvieron los Bastones  de  Mando que desde el año 2007 se habían encargado en custodia a la Diócesis  de  Mocoa; que el retorno a la normalidad se ratificó  con  el  hecho de que la celebración del BETS-CNA-TE (conocido como el Carnaval  Kamëntsá  o  Carnaval  del  Perdón en el 2008); y que, además, se eligió de  manera  unificada  un  nuevo  Cabildo  para el 2009 en los términos previamente  descritos,  la  Corte  concluye  que  se  logró  superar  la  crisis  política  comunitaria212  que  dio  lugar  a esta tutela. Por lo tanto, la Sala recuerda que  esta  providencia,  no  puede  ser  interpretada por el actor o el grupo que él  representa,  –ni por otras  autoridades     de    esa    comunidad    indígena    en    general–, como una decisión que desnaturalice  el  proceso  de  concertación al que ya llegó el Pueblo Kamëntsá Biyá en el  2008  y  2009,  en  razón a que la sentencia no toma partido por ninguno de los  dos  Gobernadores  elegidos  en  el  2006,  ni  le  concede  ningún  derecho en  particular  al  ciudadano  demandante  por  tratarse  de  un  hecho superado. Ni  podría  hacerlo  ya  la  Corte,  porque  como  se  explicó, ello fue un asunto  interno  de  la  comunidad  que  fue  resuelto  por  ella  misma  en  los  años  subsiguientes  al  conflicto.  La sentencia, en consecuencia, sólo se refiere a  la   actuación   de   la  Dirección  de  Etnias.  Por  tanto,  encuentra  esta  Corporación  con beneplácito que la sabiduría y la entereza que se predica de  los  pueblos  indígenas  y,  en  especial,  de sus autoridades, se ha traducido  positivamente  en  el  vencimiento  de las barreras colectivas de animadversión  entre  los  distintos  grupos  políticos y en el avance de los Kamëntsá Biyá  hacia  la  paz.  De  hecho,  según  la última información allegada a la Corte  Constitucional,  “gracias  al esfuerzo interno (…)  se  lograron  unas  elecciones normales para el periodo 2008 y seguidamente para  el  presente  periodo  2009, donde la comunidad en general acompaña a su única  autoridad”213. Tal realidad da fe de que  todos   los  involucrados  en  el  conflicto,  incluyendo  sin  duda  alguna  al  demandante,  en  una muestra colectiva de valor, gallardía y entereza en pro de  su  comunidad,  lograron  superar  un  debate  histórico  complejo, de la mejor  manera  posible,  avanzando  hacia  la consolidación de unas reglas electorales  comunes  que  dentro  de  la  historia contemporánea de los Kametsá Biyá, les  permitirá   sortear   hacia   el   futuro,   de   manera  autónoma,  cualquier  desavenencia.   

Por ende, esta Corporación no puede más que  alegrarse  por  reconocer  que  las autoridades que presiden este Cabildo, en la  actualidad,  se  encuentran  totalmente  legitimadas  por su comunidad y avanzan  satisfactoriamente  hacia  la  consolidación  de su autonomía, materializando,  como  solamente  ellas  pueden,  los  derechos  y  beneficios  reconocidos a los  pueblos indígenas en la Constitución de 1991.   

III. DECISIÓN.  

En mérito de lo expuesto, la Sala Quinta de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando  justicia en nombre del  pueblo y por mandato de la Constitución,   

RESUELVE  

Primero. LEVANTAR la  suspensión  de  términos  en  este  proceso,  ordenada mediante auto del 31 de  marzo de 2008.   

Segundo.  REVOCAR  la  sentencia  del Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  Sala Jurisdiccional Disciplinaria, del primero de  Agosto  de  dos  mil  siete,  que revocó la decisión de la Sala Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Seccional de la Judicatura de Cundinamarca, del 20 de  junio de 2007.   

Tercero.   DECLARAR  la carencia actual  de  objeto  frente  a  los derechos a la igualdad, debido proceso y elegir y ser  elegido del señor Jose Narciso Jamioy.   

Cuarto.  PREVENIR al  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia, Dirección de Etnias, para que en lo  sucesivo  se  abstenga  de  realizar las actividades de intervención que según  esta  providencia  desbordaron  los  límites  impuestos  para  el  Estado  como  garantía  de  reconocimiento  a la autonomía indígena, a fin de asegurar así  la  continuidad  de  su  efectiva  gestión con las comunidades étnicas de este  país.  En atención a lo anterior, se recuerda que la consulta, en virtud de la  normativa   internacional,   es   un  medio  efectivo  y  generalizado  para  la  determinación  de  los  intereses  generales  de  un  pueblo  indígena  en  su  conjunto,  por  lo  que  es un instrumento efectivo en circunstancias en las que  los  conflictos políticos indígenas desborden a sus autoridades, para asegurar  que  registro  el  de la autoridad tradicional que le compete a la Dirección de  Etnias,  sea  el  resultado  de  una  decisión consultada de toda la comunidad.   

Notifíquese, comuníquese, publíquese en la  Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

MAURICIO GONZÁLEZ CUERVO  

Magistrado Ponente  

JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB  

Magistrado  

NILSON  PINILLA  PINILLA   

Magistrado  

MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ  

Secretaria General  

    

1 Esta  comunidad  también  tiene  como  nombres  alternos,  los de Camsá, Camentsá y  Sibundoy-gaché.  También  en  algunos  textos  se  hace  alusión  a ella como  Camtsá o Kamsá.   

2  Contestación de la tutela.   

3  Afirmación de la tutela. Folio 1, cuaderno1.   

4  Afirmación del actor en la tutela. Folio 1, cuaderno 2.   

5  Contestación del Ministerio del Interior. Folio 311, cuaderno 2.   

6  Afirmación del escrito de Tutela. Folio 1, cuaderno 2.   

8  Providencia   del  Tribunal  Administrativo  de  Nariño.  Folio  202,  cuaderno  2.   Nótese además que mediante providencia del nueve de agosto del 2006,  se  negó  la  solicitud  de  aclaración del fallo que rechazó la demanda y se  precisó  lo siguiente: “Sin embargo la sala Unitaria acota que la providencia  emitida  (…) simplemente rechazó la demanda de nulidad y restablecimiento del  derecho   instaurada por el Taita José Narciso Jamioy (…) por carecer de  jurisdicción  para  conocer  de  este proceso y siendo así no se pronunció de  fondo  sobre  las  pretensiones  planteadas  en  el  líbelo,  por  cuanto es de  conocimiento  de  la  Jurisdicción  indígena  y sus autoridades, el Consejo de  Exgobernadores  y  el  Consejo de Excabildantes del Cabildo Kamëntsá Biyá, de  acuerdo  a  su  normatividad,  deben resolverlas (…). Por lo anterior, la Sala  Unitaria  observa  con extrañeza el memorial obrante a folio 227 y suscrito por  el  apoderado del señor Taita Narciso Jamioy donde invocando la providencia del  5  de  mayo  de  2006  por esta Sala de Decisión y haciendo una interpretación  acomodada  a  sus  intereses  y  tergiversando  lo  dispuesto  por este Tribunal  Administrativo,  señala  como  “el  verdadero  Gobernador”  al  Taita José  Narciso  Jamioy,  cuestión  jamás  dispuesta  por esta Corporación, porque se  reitera,   la   Jurisdicción   Contencioso   Administrativa   (…)  carece  de  jurisdicción.  (…)  Esta conducta, de acuerdo a lo reglado por los artículos  71,74  y  74  del  C.P.C.  atentaría  contra  los  deberes  del apoderado y por  consiguiente  se  deberá  remitir  copias  (…)  al  Consejo  Seccional  de la  Judicatura Sala Disciplinaria…”. Ver folio 320, cuaderno 7.   

9  Magistrado  Ponente  Alberto Vergara Molano. Providencia a folio 637, cuadeno 1.   

10  Providencia  del Consejo Seccional de la Judicatura de Cundinamarca. Folio   200, cuaderno 2.   

11  Contestación del Ministerio del Interior. Folio 310, cuaderno1.   

12 El  artículo  3º  de  esa ley dice lo siguiente: “En todos los lugares en que se  encuentre  establecida  una  parcialidad   de indígenas habrá un pequeño  cabildo  nombrado por éstos, conforme a sus costumbres. El periodo de duración  de  dicho  cabildo  será  de  un  año, de 1º de enero a 31 de diciembre. Para  tomar  posesión  de  sus  puestos no necesitan los miembros del Cabildo de otra  formalidad  que la de ser reconocidos por la parcialidad ante el Cabildo Cesante  y la presencia del Alcalde del Distrito”.   

13  Escrito de Tutela. Folio 1 a 3, cuaderno 2.   

14  Carta  del  taita  Jose  Narciso  Jamioy  dirigida al Ministro del Interior y de  Justicia, Carlos Holguín Sardi. Folios 10 a 15, cuaderno1.   

15  Carta  de la Directora de Etnias del Ministerio a la Comunidad Kamëntsá, sobre  estos hechos. Folio 17, cuaderno 2.   

16  Carta  del  Ministerio  a  la  Comunidad  del  18  de octubre de 2006. Folio 18,  cuaderno  2.  En  efecto,  el  señor  Santos  Jamioy  solicitó  formalmente su  registro  como  Gobernador  del  pueblo  indígena  para el periodo restante del  2006,   luego  de  posesionarse  ante  el  Alcalde  Municipal  de  Sibundoy.  El  Ministerio  lo registró como Gobernador de la comunidad Kamëntsá Biyá, el 18  de  octubre de 2006.Afirmaciones tanto del Ministerio como del actor. Folios 2 y  18, cuaderno 2.   

17 El  artículo  3º  dice  lo  siguiente: “En todos los lugares en que se encuentre  establecida  una  parcialidad   de  indígenas  habrá  un pequeño cabildo  nombrado  por  éstos,  conforme  a  sus  costumbres. El periodo de duración de  dicho  cabildo  será  de un año, de 1º de enero a 31 de diciembre. Para tomar  posesión  de  sus  puestos  no  necesitan  los  miembros  del  Cabildo  de otra  formalidad  que la de ser reconocidos por la parcialidad ante el Cabildo Cesante  y la presencia del Alcalde del Distrito”.   

18  Folio  18,  cuaderno  2.  En la Resolución No 002 del 2006, los Ex gobernadores  del  Pueblo  Kamëntsá,  asumieron  funciones de cabildo cesante y convocaron a  elecciones  excepcionales  para  el  nombramiento  del Cabildo Indígena para el  2006. Ver folio 150 libro 7.   

19  Folio 20, cuaderno 2.   

20  Folios 42 a 44, cuaderno 2.   

21 El  Taita Santos Jamioy  fue posesionado el 1º de enero de 2006.   

22  Folios 45 a 47 cuaderno 2.   

23  Acción de tutela. Folio 2, cuaderno 2.   

24  Copia  de  Actas  de  comicios  presentados  por  el demandante. Folios 48 a 84,  cuaderno 2.   

25  Escrito de Tutela. Folio 2, cuaderno 2.   

26  Carta de solicitud de registro. Folio 92, cuaderno 2   

27  Certificado del registro. Folio 91, cuaderno 2   

28  Escrito de Tutela. Folio 4, cuaderno 2.   

29  Escrito de Tutela. Folios 21 a 41 cuaderno 2.   

30  Escrito de Tutela. Folios 4 y 5, cuaderno 2.   

31 Se  adjuntan  fotos  relacionadas  con  el  incidente.  Folios  152  a 156, cuaderno  2.   

32  Afirmación de la tutela. Folio 3, cuaderno 2   

33  Contestación de la tutela.   

34  Folios 321 a 328 cuaderno 2.   

35  Folio 262, cuaderno 2.   

36  Folio 263, cuaderno 2.   

37  Folios  269  a  289, cuaderno principal, acompañado de firmas del cabildo 2005.   

38  Copia  de  fallo  del  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Sibundoy y del Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  del mismo municipio respectivamente. Folios 356 y 374,  cuaderno 2.   

39  Folios 221 a 243, cuaderno 2.   

40  Firmas de página 247 a 260, cuaderno 2.   

41  Folio 64, cuaderno 4.   

42  Folios  6 y 7, cuaderno 7.   

43  Folios 420 y 421, cuaderno 2.   

44  Folios 287 a 289, cuaderno 2.   

45  Folio 466 a 468, cuaderno 2.   

46  Folios 420 y 421, cuaderno 2.   

47  Folios 426 a 456, cuaderno 2.   

48  Folio 426 a 456, cuaderno 2.   

50  Acompaña a folio 6 del cuaderno 7, el listado señalado.   

51  Copia  de  acta  de  acuerdo y compromiso de desalojo de junio 16 de 2005. Folio  18, cuaderno 7.   

52  Copia  del  acuerdo  de  14  puntos celebrado entre las partes el 17 de junio de  2005.  Firmado  por  el  alcalde,  la  diócesis, el defensor del Pueblo por las  minorías  étnicas,  el  personero  municipal, y el señor Jose Narciso Jamioy.  Folio 20, cuaderno 7.   

53  Entre  las  pruebas, el señor Chindoy presenta una carta suscrita por el señor  Jose  Narciso  Jamioy,  en  su  calidad de Secretario General de la ONIC para el  año  de  1987,  dirigida a los exgobernadores de la comunidad Kamëntsá, en la  que  indica  paradójicamente  lo  siguiente: “En mi  condición  de  indio kamëntsá, veo con preocupación la situación por la que  atraviesa  nuestra comunidad y más por la desorientación de nuestro cabildo en  los  últimos  años.  Con  el  objetivo  de  dialogar  y  conformar un grupo de  exgobernadores  con  suficiente experiencia  en nuestro cabildo, (…) para  que  hagamos respetar nuestras buenas costumbres y leyes, volvamos al respeto de  nuestra   palabra   y   sobre  todo  la  honestidad  de  nuestra  comunidad,  lo  invito   a  una  reunión  (…).  La  niñez y la juventud aún esperan de  ustedes,  los  exgobernadores, (…) los mejores concejos con el fin de salvar u  orientar  a  la  comunidad  (…) y que non se termine el cabildo de esta manera  tan  desorientada  en  la  politiquería,  ya que de esta manera el “Blanco”  aprovechará  con mayor facilidad para dividirnos y terminar con nuestro Cabildo  Kamëntsá”.   Folio 310, cuaderno 7.  En  otra  carta  de  enero  de  1987, el actor, también como secretario de la ONIC,  sostiene   lo   siguiente:  “Nuestra  comunidad  Camsá  necesita  el  Consejo  Legislativo,  porque  el  Gobernador  y  sus  cabildantes  forman sólo el poder  Ejecutivo,   entonces  el  Consejo  de  Exgobernadores  puede  formar  el  poder  Legislativo  en  defensa  de  los  intereses  de  la  comunidad  Camtsá.  (…)  [Cumpliendo]  así  mi  deber  de  entablar el diálogo entre ustedes, donde las  decisiones  son  y  deben  ser  de  los  Exgobernadores”.  Folio 311, cuaderno  7.   

54 En  el  cuaderno  de pruebas No 7, a folios 280 a 320, se presentan copias de cartas  y decisiones de los exgobernadores de Cabildo.   

55  Cuaderno  de  nulidad.  Folios 4 a 17. Ver igualmente providencia del 5 de junio  de  2007 del Consejo Seccional de la Judicatura, que obra en consecuencia. Folio  530, cuaderno 2.    

56  Sentencia del Consejo Seccional. Folios 587 a 615, cuaderno 2.   

57 Ese  caso no fue seleccionado por la Corte Constitucional.   

58  Apelación  del  Ministerio  del  Interior  y de Justicia. Folio 16, cuaderno 8.   

59  Impugnación  del  Ministerio  del  Interior y de Justicia Folio 17, cuaderno 8.   

60 El  18 de abril de 2008. Folio 22, cuaderno principal.   

61  Entre comunidades de distinta identidad étnica.   

62  Vividos al interior de una misma etnia.   

63  Entre comunidades étnicas y grupos no étnicos.   

64  Según  el  Ministerio,  el 30% son conflictos generados con la delimitación de  linderos   y   derechos   territoriales;   el   2%   conflictos   de   carácter  religioso;   el  16% conflictos de identidad y adscripción étnica, que es  propio  de  comunidades  o pueblos relativamente nuevos, surgidos en el marco de  los  procesos  denominados de reindianización de la década de los 70, 80 y 90.  En  estos  casos  el  problema  de  pertenencia  e  identidad  se  da  entre los  indígenas  “propios”  y  los  “adoptados”  o  los  que  a juicio de sus  contradictores  no  son indígenas.  El 3% son conflictos  por cambios  culturales  y  sociales  generados por la adopción de esquemas de organización  distintos.  Por  ejemplo  en  los  Wayúu,  que  desde los años 80 adoptaron la  figura  del  resguardo,  uno  de los retos es la elección de representantes que  asuman  la  interlocución  con  el  Estado,  en  contraste  con las autoridades  tradicionales   que  no  se  eligen  sino  que  se  configuran  por  asuntos  de  parentesco,  prestigio,  poder  económico,  etc.  Conflictos de representación  (7%)   acceso   a   espacios  de  participación  y  finalmente  conflictos  por  discriminación y desconocimiento (25).   

65  Nótese  que  según el Ministerio, los departamentos de Cauca, Chocó, Guajira,  Nariño  y  Putumayo  reúnen 39 (el 68%) de los 57 conflictos registrados y que  ello  en  buena  medida  se  puede  explicar  por  la  existencia  de fenómenos  polarizadores   asociados   al  acceso  y  control  de  recursos  naturales,  la  politización  de  las  relaciones  sociales  y  la contraposición a diferentes  proyectos territoriales.   

66  Señala  el  Ministerio que lo que no previó el legislador de la época fue que  estos  ejercicios,  con el tiempo, se convertirían en un mecanismo discrecional  de  adjudicación de la identidad indígena, empleados para afiliar y desafiliar  personas  cuya conciencia étnica y auto reconocimiento es cuestionado por parte  de  sus  congéneres.  El  Consejo de Estado, en la sentencia AC-0963 relativa a  los  indígenas  urbanos de Suba, precisó a propósito de los listados censales  y   las   competencias   del   Ministerio  del  Interior,  lo  siguiente:  “La  Alcaldía   Mayor y el Ministerio del Interior sólo están habilitados por  la  ley  para llevar el registro de las decisiones que las comunidades adopten y  para  certificar  lo  que  ellas  quieran  que figure en sus archivos; por ello,  estas  entidades  no  pueden  intervenir   de manera directa en los asuntos  propios  de  las  mismas,  en  razón  de  la  autonomía que la Carta Política  otorga   a  la  comunidad  indígena,  lo que no  implica    que    no    puedan    ejercer   la   función   de   inspección   y  vigilancia  que  la  ley  les  otorga  en cuanto a la  conformación de dicha comunidad”.   

67 El  Taita  Hipólito  Chindoy  y  el  cabildo elegido para el 2008, fue oficialmente  vinculado  al  proceso de tutela mediante auto del 7 de octubre de 2008. El juez  constitucional  de  manera  oficiosa  ordenó  la  vinculación  de terceros que  pudieran  verse  afectados con la determinación que se pudiera proferir en esta  sentencia.   

68  Folio 123  a 157, cuaderno principal.   

69  Folio 170, cuaderno principal.   

70 Por  auto  del  17  de  febrero  de 2009, ésta Corporación vinculó oficialmente al  presente  proceso,  al  nuevo  cabildo  tradicional regente para ese mismo año.   

71 En  sentencia C-139 de 1996 M. P. Carlos Gaviria Díaz.   

72  Adicionalmente   a   esta   sentencia,  frente  a  esta  comunidad  existe  otra  providencia,  la  T-723  de  2003  (Álvaro Araujo Rentería) relacionada con el  servicio de salud en esa colectividad.   

73 El  problema  jurídico  que  debió  dilucidar  la  Corte  en  esa  oportunidad, se  circunscribió  a  determinar  si  el  Cabildo  Indígena  Camentsá Sibundoy le  quebrantó  al  accionante el derecho de postularse al cargo de  Gobernador  del  Cabildo  para  el  período  comprendido  entre  el  1º  de  enero y 31 de  diciembre  de  200173,  al  expedir  una  circular  que  definió  los requisitos  generales  para los aspirantes a integrar el Cabildo Tradicional, que al parecer  lo   excluía   a  él  de  la  contienda  electoral.   

74  Este  caso  se refería a la Comunidad del Resguardo Indígena de Muellamués de  Guachucal      –  Nariño.   

75  Sentencia T-979 de 2006. M.P. Nilson Pinilla Pinilla.   

76 En  este  sentido  se  pueden consultar, entre muchas otras, las sentencias T-600 de  2002  (M.P.  Manuel  José  Cepeda Espinosa), T-1198 de 2001 (M.P. Marco Gerardo  Monroy  Cabra),  T-1157 de 2001 (M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra), T-321 de 2000  (M.P.  José  Gregorio  Hernández  Galindo),  y  SU-250 de 1998 (M.P. Alejandro  Martínez Caballero).   

77  Sentencia T-778 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

78  Sentencia T-778 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

79  Cfr. Sentencia T-778 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

80  Respecto   de  las  decisiones  de  la  comunidad  que  afectan  a  uno  de  sus  integrantes,  la  Corte ha reconocido que no existen medios de defensa judicial.  Un   petente  se  encuentra  en  situación  de  indefensión  respecto  de  una  organización   privada,  la  comunidad  indígena,  razón  por  la  que  está  constitucional  y  legalmente  habilitado  para  ejercer la acción de tutela en  defensa  de  sus  derechos  fundamentales.  Ver  Sentencia  T-254  de 1994. M.P.  Eduardo Cifuentes Muñoz.   

81 El  Ministerio  del  Interior  y de Justicia resalta que la función del numeral 5º  del  artículo  16 del Decreto 200 de 2003, esto es el registro, “no  define  situación  alguna ni constituye un acto administrativo  toda  vez  que  los  supuestos  y resortes de dicha decisión no corresponden al  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia  sino  a  las comunidades propiamente  dichas”.   

82  Sentencia SU-383 de 2003. M.P. Álvaro Tafur Gálvis.   

83  Según  la  Ley  89 de 1890, el periodo de  duración de el cabildo regente  será  de  un  año,  desde el 1º de enero hasta el 31 diciembre. El expediente  fue   repartido   para   revisión  de  esta  Corporación  el  6  Diciembre  de  2007.   

84 Ver  al  respecto  la  sentencia  SU-540  de  2007  M.P.  Álvaro Tafur Gálvis y las  sentencias  T-184 de 2006, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; T-808 de 2005, T-980  de  2004,  T-696  y T-436 de 2002, M.P. Jaime Córdoba Triviño; T-288 de 2004 y  T-662  de 2005, M.P. Alvaro Tafur Galvis; T-496 de 2003, M.P. Clara Inés Vargas  Hernández;  T-084  de  2003, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y T-498 de 2000,  M.P. Alejandro Martínez Caballero.   

85 Ver  al  respecto  la  Sentencia  T-040  de  1998.  M.P.  Antonio  Barrera Carbonell.   

86  Sentencia T-550 de 2005. M.P. Jaime Araujo Rentería.   

87  Sentencia T-673 de 2000. M.P. Alejandro Martínez Caballero.   

88  Sentencia T-340 de 1993, M.P. Carlos Gaviria Díaz.   

89 En  las  Sentencias  T-260  de 1995 y T-175 de 1997 la Corte Constitucional precisó  que  la  revisión  eventual  de  los fallos de tutela cumple dos funciones, una  primaria   que   “reside   en   la   consolidación   y  armonización  de  la  jurisprudencia   relativa   a  la  efectividad  de  los  postulados  y  mandatos  superiores   en   materia   de   derechos  fundamentales”,  y  una  secundaria  consistente  en  la  “resolución  específica  del caso escogido.” Sobre la  función  secundaria  pueden  consultarse  las  sentencias  T-662  de 2005, M.P.  Álvaro  Tafur  Galvis;  T-901  de  2001, M.P. Jaime Córdoba Triviño; T-428 de  1998,  M.P.  Vladimiro  Naranjo  Mesa; T-175 de 1997 y T-699 de 1996, M.P. José  Gregorio Hernández Galindo.   

91  Sentencia T-953 de 2003. M.P. Álvaro Tafur Gálvis.   

92  Sentencia T-724 de 2003. M.P. Jaime Araujo Rentería.   

93  Sentencia T-1035 de 2006 M.P. Humberto Sierra Porto.   

94  Cfr. Sentencia T-979 de 2006 M.P. Nilson Pinilla Pinilla.   

95  Sentencia  T-737  de  2005.  M.P.  Álvaro  Tafur  Gálvis.  En esa sentencia se  estudio  un  caso  relacionado  con  un  Alcalde  Municipal que se negó a   posesionar  a  un Cabildo indígena, por existir  otro cabildo posesionado.   

96  Sentencias  T-380  de  1993  M.P.  Eduardo  Cifuentes Muñoz y C-104 de 1995 MP.  Hernando Herrera Vergara.   

97  Sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

98     El  artículo  7º  superior reza los siguiente:”El Estado  reconoce   y   protege   la   diversidad   étnica  y  cultural  de  la  Nación  colombiana.”   

99  Sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

100  Cfr. Sentencia T-728 de 2002. M.P. Jaime Córdoba Triviño.   

101  Cfr. Sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

102  Cfr. Sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

103  Derecho a la Vida.   

104  Osvaldo  Ruiz. “El derecho a la identidad cultural de los Pueblos Indígenas y  las  minorías  nacionales.  Una  mirada  desde  el  sistema  Interamericano”.  Boletín  Mexicano  de  Derecho  Comparado.  UNAM.  Tomo No 118.  2007. En:  http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/indice.htm?r=boletin&n=118   ,  2008.  Según  el  Informe  del  Relator  Especial  sobre  la  situación  de  los  derechos  humanos  y  las  libertades  fundamentales de los  indígenas,          S.         James         Anaya,         en    la  Asamblea  General  de  las  Naciones  Unidas  de  agosto  de  2008,  (A/HRC/9/9, 11 de agosto de 2008)   “en  el  plano  regional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la  Corte  Interamericana  de  Derechos Humanos han desempeñado un papel pionero en  el  desarrollo  de un acervo diferenciado de jurisprudencia en relación con los  derechos  de  los pueblos indígenas del continente americano, con un importante  efecto  normativo  en  otras  regiones.  Esos  organismos  han  interpretado  la  Declaración  Americana  de  los  Derechos y Deberes del Hombre y la Convención  Americana   sobre   Derechos  Humanos  en  un  modo  que  tiene  en  cuenta  las  circunstancias   específicas  de  los  pueblos  indígenas  y  las  comunidades  tribales,  reafirmando en relación con ellos el derecho a la vida, incluida una  existencia  colectiva  digna  [Corte Interamericana de Derechos Humanos, Masacre  de  Plan  de Sánchez (Guatemala), serie C (Nº 105) (2004)];  el derecho a  la  propiedad  de  las  tierras, los territorios y los recursos naturales [Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  Comunidad  Indígena Awas Tingni Mayagna  (Sumo)  c.  Nicaragua,  serie  C (Nº 79) (2001); Comunidad Moiwana c. Suriname,  serie  C (Nº 124) (2005); Comunidad Indígena Yakye Axa c. el Paraguay, serie C  (Nº  125)  (2005); Comunidad Indígena Sawhoyamaxa c. el Paraguay, serie C (Nº  146)  (2006)],  los  derechos de consulta y consentimiento [Corte Interamericana  de  Derechos  Humanos,  Yatama  c.  Nicaragua,  serie  C  (Nº 127) (2005)] y el  derecho  a  la participación política de conformidad con sus pautas culturales  [Corte  Interamericana de Derechos Humanos, Pueblo Saramaka c. Suriname, serie C  (Nº 172) (2007)].   

105  Cfr. Sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

106  La  identidad  cultural, ha sido conceptualizada como el conjunto de referencias  culturales  por  el cual una persona o un grupo se define, se manifiesta y desea  ser  conocido; implica las libertades inherentes a la dignidad de la persona. Es  una  “representación intersubjetiva que orienta el  modo  de sentir, comprender y actuar de las personas en el mundo”.  El  carácter de derecho fundamental que se le ha reconocido a la  identidad  cultural  de las comunidades indígenas, está explicado entre otras,  en  las  sentencias  T-380 de 1993 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; SU-039 de 1997  M.P.  Antonio Barrera Carbonell  y SU-510 de 1998 Eduardo Cifuentes Muñoz.  Ver además la sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

107  En  la  sentencia  C-620 de 2003 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra, se estableció  sobre  el  tema  que:  “La  jurisprudencia  constitucional  ha interpretado el  derecho  de  participación  de las comunidades indígenas en las decisiones que  los  afectan,  y  entre  ellas  en  las  relacionadas con los recursos naturales  existentes  en sus territorios, como una consecuencia del derecho a su identidad  cultural,  el cual, a su vez, ha sido considerado como un derecho fundamental de  la    comunidad    indígena    entendida    como    sujeto    de    protección  constitucional.”   

108  Cfr.  Osvaldo  Ruiz.  “El  derecho  a  la  identidad  cultural  de los Pueblos  Indígenas   y   las   minorías   nacionales.   Una  mirada  desde  el  sistema  Interamericano”.  Boletín  Mexicano  de  Derecho  Comparado.  UNAM.  Tomo  No  118.            2007.          En:          http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/indice.htm?r=boletin&n=118 , 2008.   

109  Un  ejemplo  de  ello  puede ser, en materia de libertad de cultos, la sentencia  T-1022  de  2001  M.P.  Jaime  Araujo Rentería, en la que se reconoció que una  comunidad   indígena   en  su  conjunto  había adoptado la religión  católica, como la religión propia.   

110  Distinto  es  el  caso  de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que aún  cuando  ha  interpretado  las  dimensiones  sociales de ciertos derechos humanos  individualmente  consagrados, declara la violación de los mismos únicamente en  perjuicio  de  los “miembros de la comunidad y no de la comunidad como tal”.  Lo  anterior  se  debe  a  la disposición consagrada en el artículo 1.2. de la  Convención  Americana  que  aclara  que  la  connotación  que  ese instrumento  internacional  maneja  acerca  del  concepto de persona, es el de ser humano, el  individuo,  como  titular  de  derechos y libertades. Al respecto puede verse el  caso  de  la  Corte IDH denominado “Yatama”, voto del juez García Ramírez,  párrafo 6.    

111  Sentencia  T-349  de  2008.  M.P.  Marco  Gerardo Monroy Cabra. Dijo también la  sentencia  SU-510  de  1998  M.P.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz:  “La  Corte  ha  considerado  que las comunidades indígenas, como tales, son sujetos de derechos  fundamentales.  (…)  A  este  respecto, la jurisprudencia ha precisado que los  derechos  de  las  comunidades  indígenas  no  deben  ser  confundidos  con los  derechos  colectivos  de  otros  grupos  humanos.  Ciertamente,  cada  comunidad  indígena      es      un     verdadero     sujeto  colectivo   y   no   una   sumatoria  de  individuos  particulares  que  comparten  una  serie  de derechos o intereses difusos (C.P.,  artículo  88).”  En  la  sentencia SU- 510 de 1998 se revisó el caso de unos  miembros   de   la  comunidad  Ika  que  abandonaron  sus  creencias  religiosas  tradicionales  para  acoger  la  religión evangélica. Los demandantes alegaban  que  las  autoridades  arhuacas  los  sancionaban  por ese hecho y que se estaba  violando  el  derecho  de  los  evangélicos  a  profesar su religión. La Corte  decidió  proteger el derecho a la diversidad cultural y étnica encontrando una  limitación  válida  al derecho a la libertad de religión. La Corte consideró  permisible  que  las  autoridades  tradicionales  que prohibían el proselitismo  religioso  en  su  territorio,  sancionaran  a  sus  miembros por actos externos  contrarios  a la religión Ika y, por lo tanto, contrarios al derecho del pueblo  indígena  a  preservar  su  identidad  cultural  dada  la  trascendencia  de la  religión  en  la  comunidad.  Se  amparó  el derecho individual a profesar una  religión,   pero   no   el   proselitismo   que   atentaba   contra   toda   la  comunidad.   

112  Sentencia  C-208  de  2007  M.P.  Rodrigo  Escobar Gil. Sobre el punto se pueden  consultar,  entre  otras, las sentencias T-380 de 1993, C-394 de 1995, SU-039 de  1997, SU-510 de 1998 y T-778 de 2005.   

113  Sentencia   T-496  de  1996. M.P. Carlos Gaviria Díaz. Sobre el particular  se  resalta  que  Kymlicka  distingue  dos facetas de los derechos de los grupos  étnico-culturales  y  sus  miembros,  las externas y las internas. Por un lado,  ubica   a   las   llamadas   “protecciones   externas”,  como  aquellas  que  salvaguardan  a  éstos de las injerencias arbitrarias y la asimilación forzada  por  parte   de  las  culturas dominantes, pero por otro lado no acepta las  “restricciones         internas”,  esto  es,  limitaciones  desproporcionadas de los derechos de  los  miembros  de la comunidad para conservar a toda costa la cultura del grupo.  Ver      Kymlicka,      Will.      “Ciudadanía  Multicultural”    Buenos   Aires,   Paidós,  1996.   

114  Decreto 2164 de 1995, artículo 4º.    

115  Sentencia  T-380  de 1993. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz. La Constitución misma  hace  mención  explícita  de  las comunidades indígenas en los artículos 10,  96, 171, 246, 329 y 330 de la Carta.   

116  Sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

117  Sentencia  SU-580 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz y  sentencia T-778  de  2005.  M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. Cfr. Sentencias T-188 de 1993 M.P.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz;  T-007 de 1995 M.P. Antonio Barrera Carbonell; C-104  de  1995 M.P. Hernando Herrera Vergara; T-349 de 1996 M.P. Carlos Gaviria Díaz;  T-496  de  1996  M.P.  Carlos Gaviria Díaz; SU-039 de 1997 M.P. Antonio Barrera  Carbonell, entre muchas otras.   

118  Ver  entre  otras  sentencias T-428 de 1992 M.P. Ciro Angarita Barón.; T-528 de  1992  M.P. Fabio Morón Díaz; C-169 de 2001 M.P. Carlos Gaviria Díaz; C-620 de  2003  M.P.  Marco  Gerardo  Monroy  Cabra.;  SU-383  de  2003 M.P. Álvaro Tafur  Galvis; C-401 de 2005 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

119  El   derecho  de  las  comunidades  indígenas  a  conservar  sus  costumbres  y  tradiciones  fue  amparado  como  una  proyección  del  derecho  a la identidad  cultural  en  la  sentencia  C-377  de  1994  (M.P.  Jorge  Arango  Mejía), con  relación  a  los  títulos  de  idoneidad  para  poder  ejercer  la  medicina y  cirugía.  En la sentencia C-394 de 1995, respecto del derecho de los indígenas  a  ser ubicados en centros de reclusión especial. En la sentencia C-058 de 1994  (M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero), en cuanto al eximente de la prestación  del  servicio  militar  a  los miembros de comunidades indígenas que habiten en  sus territorios.   

120  La  Corte  en  la  sentencia  SU-580  de  1998  M.P.  Eduardo  Cifuentes Muñoz,  reconoció  “el  derecho  a la integridad étnica y cultural, en el sentido de  que  también  es  fundamental  el  derecho  a la supervivencia cultural, por lo  cual,  si  los  miembros  de  la  comunidad  indígena que profesan la religión  evangélica  desconocen la autoridad del Cabildo y se niegan a continuar con las  prácticas  de  producción y desarrollo comunitario, atentan contra la forma de  vida  que  la  autoridad  intenta  preservar,  toda vez que la extensión de sus  creencias  religiosas  a  otros  campos  de  la  vida  social  hacen evidente un  conflicto y una ruptura de las relaciones pacíficas”.    

121  Ver  entre  otras sentencias T-405 de 1993 M.P. Hernando Herrera Vergara; SU-039  de  1997  M.P.  Antonio  Barrera  Carbonell;  C-169  de 2001 M.P. Carlos Gaviria  Díaz;  T-1117  de  2002  M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa; C-620 de 2003 M.P.  Marco    Gerardo   Monroy   Cabra;   SU-383   de   2003   M.P.   Álvaro   Tafur  Galvis.   

122  Ver  sentencias  T-257  de 1993 M.P.Alejandro Martínez Caballero; T-324 de 1994  M.P.  Eduardo Cifuentes Muñoz; SU-510 de 1998 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz. El  artículo  27  del  Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone  que  los  integrantes  de  las  minorías  étnicas  religiosas o lingüísticas  tienen  derecho  a  su  propia  vida  cultural, a profesar y practicar su propia  religión,  y  a  emplear  su  propio idioma. Ver casos Lovelace y Kitock contra  Canadá  comunicaciones  241/1977  y  197  de  1985  y la Declaración sobre los  derechos  de  las  personas  pertenecientes  a  minorías nacionales o étnicas,  religiosas  y  lingüísticas,  A.G. res. 47/135, annex, 47 U.N. GAOR Supp. (No.  49) p. 210, ONU Doc. A/47/49 (1993).   

123  Ver  entre  otras  las  sentencias  T-380 de 1993 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz;  C-058  de  1994  M.P.  Alejandro  Martínez Caballero; T-349 de 1996 M.P. Carlos  Gaviria  Díaz;  T-496  de  1996  M.P. Carlos Gaviria Díaz; SU-039 de 1997 M.P.  Antonio Barrera Carbonell.   

125  Ver  entre  otras  sentencias T-254 de 1994 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; T-349  de  1996  M.P.  Carlos  Gaviria  Díaz; T-523 de 1997 M.P. Carlos Gaviria Díaz;  T-1121  de  2001  M.P. Jaime Araujo Rentaría; T-782 de 2002 M.P. Jaime Córdoba  Triviño.  T-811  de  2004  M.P.  Jaime  Córdoba  Triviño;  T-1238 MP: Rodrigo  Escobar Gil.   

126  El  derecho  de  propiedad  colectiva  ejercido sobre los territorios indígenas  reviste  una  importancia  esencial  para las culturas y valores espirituales de  los   pueblos   indígenas.   Esta  circunstancia  es  reconocida  en  convenios  internacionales  aprobados  por  el Congreso (Convenio 169), donde se resalta la  especial  relación  de  las  comunidades  indígenas  con  los  territorios que  ocupan.  Ver  entre  otras  la  sentencia  T-188  de 1993 M.P. Eduardo Cifuentes  Muñoz;  T-652  de  1998 M.P. Carlos Gaviria Díaz; Sentencia C-180 de 2005 M.P.  Humberto Sierra Porto.   

127  La  sentencia  T-405 de 1993 M.P Hernando Herrera Vergara revisó el caso de las  comunidades  huitoto  y  muaine  en  el  que se instaló un radar de las fuerzas  armadas  colombianas  en  el  resguardo  indígena  de Monochoa. La Corte en una  ponderación  de  derechos consideró que la instalación del radar y de la base  militar,  que  atendía  a  la conservación de la seguridad nacional y la lucha  contra  el  narcotráfico,  era  un límite razonable al derecho de propiedad de  las  comunidades  indígenas.  Ver  además,  la  sentencia  T-257  de 1993 M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero  revisó  el  caso de la Asociación Evangélica  “Nuevas  Tribus  de  Colombia”  contra  el Departamento Administrativo de la  Aeronáutica  Civil.  La  Asociación  pretendía  la  renovación  del permiso,  otorgado  en 1988, para operar una pista de aterrizaje en Yapima. El permiso fue  negado  ya  que  la  porción  de  tierra  ocupada  por la pista era parte de un  resguardo  indígena  perteneciente  a la comunidad indígena Wuanano por lo que  se  requería el permiso de ésta para continuar con su funcionamiento. La Corte  consideró   que   no   se  veían  vulnerados  los  derechos  fundamentales  de  locomoción,  igualdad  y  libertad  religiosa  por  la negativa a otorgarles el  permiso  definitivo  para  la  operación  de  la  pista,  por  cuanto  la nueva  Constitución  consagra  el derecho de propiedad privada de los indígenas sobre  los  resguardos.  La  sentencia  T-528  de  1998  MP:  José Gregorio Hernández  revisó  la  acción  de  tutela instaurada por el cabildo indígena de Ricaurte  contra  el  Ministerio  del  Interior  ya  que en numerosas ocasiones se habían  dirigido  al Ministerio del Interior buscando la certificación de Ricaurte como  un  resguardo  legalmente  constituido.  La  sentencia  T-652 de 1998 MP: Carlos  Gaviria  Días  revisó  la  acción  de  tutela  instaurada  por  la  comunidad  Embera-Katío  al  considerar  vulnerados  sus  derechos fundamentales cuando se  otorgó  permiso  a  diferentes empresas, que cambiaron durante el proceso, para  realizar  obras civiles y la desviación del río Sinú para la construcción de  una  hidroeléctrica,  dentro  del  resguardo perteneciente a los Embera- Katío  sin  haberles  consultado  previamente  sobre  dichas  medidas.  Respecto  de la  omisión  del  procedimiento de la consulta previa, para una de las etapas de la  construcción   de   la   hidroeléctrica,   la   Corte  constató  la  efectiva  vulneración de dicho derecho fundamental.   

128  Ver  por  ejemplo,  la  sentencia  T-1127  de 2001 M.P. Jaime Araujo Rentería y  la  sentencia C-208 de 2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

129  En   la  sentencia  T-380  de  1993 M.P. Eduardo  Cifuentes,  esta  Corporación  consideró  que:  “En  este orden de ideas, no  puede  en  verdad  hablarse de protección de la diversidad étnica y cultural y  de  su  reconocimiento, si no se otorga, en el plano constitucional, personería  sustantiva  a  las  diferentes  comunidades  indígenas que es lo único que les  confiere  estatus  para  gozar  de  los derechos fundamentales y exigir, por sí  mismas,  su  protección cada vez que ellos les sean conculcados (CP art. 1, 7 y  14)”.  Ver  además las sentencias C-058 de 1994 M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero;  T-349 de 1996 M.P. Carlos Gaviria Díaz; T-496  de  1996  M.P.  Carlos  Gaviria  Díaz;  SU-039  de  1997  M.P.  Antonio Barrera  Carbonell;  SU-  510  de  1998 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; T-652 de 1998 M.P.  Carlos Gaviria Díaz.   

130  En   el  caso  que  se  decidió  mediante  la  Sentencia  SU-039  de  1997,  la  controversia  se  originó  en  el  otorgamiento  de  la licencia ambiental a la  sociedad  “Occidental  de  Colombia Inc” para la realización de las actividades  de   prospección   sísmica   del   bloque  Samoré,  sin  haberse  agotado  el  procedimiento  de  consulta  a  la  comunidad  indígena  U’wa, con arreglo a la  Constitución,  al  Convenio  169 de la O.I.T. y a la ley. En esa oportunidad se  había  ordenado  una  consulta  a  la comunidad indígena Tunebo (U’wa) la cual  había  sido  llevada  a  cabo  en  la ciudad de Arauca con la participación de  representantes  del  Ministerio  de  Minas  y  Energía.  No  obstante, la Corte  consideró  que  esa  “consulta”  no reunía las condiciones exigidas por la  Constitución  y  las  normas  internacionales, por cuanto la misma tendría que  haber  sido  previa a cualquier decisión y por lo tanto actuaciones posteriores  destinadas   a   suplir  la  carencia  de  la  misma,  carecerían  de  valor  y  significación.  En  esa sentencia se estableció que el Convenio 169 de la  OIT   formaba  parte  del  bloque  de constitucionalidad. La inclusión del  Convenio  169 en el bloque de constitucionalidad ha sido reiterada, entre otras,  en  las sentencias: C-620 de  2003  M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; SU-383 de 2003 M.P. Álvaro Tafur Galvis;  C-401 de 2005 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

131  Sentencia  T-778  de  2005.  M.P.  Manuel José Cepeda Espinosa. Ver entre otras  sentencias  SU-039  de  1997  M.P. Antonio Barrera Carbonell; C-418 de 2001 M.P.  Álvaro  Tafur  Galvis, C-891 de 2002 M.P. Jaime Araujo Rentería, C-620 de 2003  M.P.  Marco  Gerardo  Monroy  Cabra  y   SU-383  de 2003 M.P. Álvaro Tafur  Galvis.   

132  Sentencia  C-169 de 2001 M.P. Carlos Gaviria Díaz: “En consecuencia, la Corte  Constitucional,  al  momento  de determinar cuándo resulta obligatorio efectuar  la  consulta  previa a los grupos étnicos, debe estar sujeta a los lineamientos  constitucionales  y  legales  existentes, éstos últimos en la medida en que no  desvirtúen  el  objeto  y finalidad del pluricitado Convenio, ni contraríen la  plena vigencia de los derechos fundamentales de tales etnias.   

La    Constitución    solo   reconoció  explícitamente  la obligatoriedad de la consulta previa en el supuesto de hecho  previsto   por   el   parágrafo   del   artículo   330,  a  saber:”La  explotación  de  los  recursos  naturales  en los territorios  indígenas  se hará sin desmedro de la integridad cultural, social y económica  de  las  comunidades  indígenas.  En  las decisiones que se adopten respecto de  dicha   explotación,   el   Gobierno   propiciará  la  participación  de  los  representantes  de  las  respectivas  comunidades”.La  consulta  previa,  por ejemplo, fue ampliada a las comunidades negras por la Ley  70 de 1993.   

133  Sentencia T-254 de 1994. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

134  Sentencia T-811 de 2004. M.P. Jaime Córdoba Triviño.   

135  En  lo  concerniente  al  derecho  a  la  participación  política   en la  circunscripción  nacional,  la  Corte  ha  destacado  que  la  sujeción de los  pueblos  indígenas  a  ciertas  reglas  establecidas  por el legislador para el  desarrollo  del  debate  electoral en el ámbito de sus competencias nacionales,  -esto  es  con relación a sus representantes en el Congreso de la República -,  no  afecta  la  autonomía de tales entidades, ni la protección de su identidad  cultural,  pues no se trata de aspectos internos relacionados con las garantías  de  autogobierno y autodeterminación, sino de la forma en que estas comunidades  acuden  a  la  conformación  del  poder  público del Estado, en condiciones de  igualdad.  Al  respecto  puede  verse  la  sentencia  C-169  de 2001 M.P. Carlos  Gaviria  Díaz.   En  otra  oportunidad, en la sentencia T-755 de 2005 M.P.  Manuel  José  Cepeda  Espinosa,  la  Corte  estudió el caso de la candidata al  Consejo   Distrital   de   Bogotá,   Ati  Quigua,  y  adelantó  un  excepción  etnocultural,  a  la  edad  de la participante en el proceso electoral nacional,  por  considerar  prevalecientes  sus  condiciones  de  diversidad  frente  a las  restricciones  de  ley. A nivel internacional y a título de ejemplo, en un caso  sometido  a  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  la organización  indígena  YATAMA de Nicaragua, reclamó la violación del Convención Americana  de  Derechos  Humanos, por la restricción legal que se les impuso de participar  en  las  elecciones  nacionales únicamente a través de partidos políticos. El  tribunal  internacional consideró que la figura del partido político era ajena  a  los usos y costumbres de esa organización indígena en ese país e implicaba  “un   impedimento   para   el   ejercicio  de  ser  elegido”.135  Asimismo  la Corte Interamericana dispuso en esa providencia, que  los   requisitos   para   la  participación  política  que  sólo  puedan  ser  cumplidos   por  los  partidos  políticos,  pero  no  por agrupaciones con  diferente  organización,  entre  ellos  los pueblos indígenas, es contraria al  derecho   a   la   igualdad   y   a  los  derechos  políticos,  “en  la  medida  que  limitan   mas  allá  de lo estrictamente  necesario,  el alcance pleno de los derechos políticos  y se convierten en  un  impedimento  para  que  los  ciudadanos participen  efectivamente en la  dirección de asuntos públicos”.   

136  Sentencia T-552 de 2003. M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

137  Ver  sentencia  T-496  de  1996.  M.P.  Carlos  Gaviria Díaz. Con todo, como lo  señaló  la  Corte  en  la sentencia T-552 de 2003 M.P. Rodrigo Escobar Gil, se  requiere  para  saber  si tales autoridades ejercen jurisdicción, establecer la  capacidad  de  esas  autoridades  para  ejercer esas competencias conforme a sus  usos   tradicionales.  Esto  es,  puede  existir  un  reconocimiento  formal  de  resguardo   y   cabildo,  pero  no  darse  materialmente  los  supuestos  de  la  jurisdicción,  por  carencia  de  normas  y  prácticas  específicas  de   control  social,  por  ausencia  de  procedimientos de juzgamiento, o porque las  autoridades  tradicionales han dejado de ejercer ese tipo de funciones. Conforme  a  la  Constitución,  para  que  exista  Jurisdicción  Especial  Indígena, se  requiere  además  de  las  autoridades,  (i) la existencia de usos y prácticas  tradicionales,  tanto  en  lo  sustantivo  como  en  lo procedimental y, (ii) la  condición  de  que  tales  usos  y  prácticas  no  resulten  contrarias  a  la  Constitución o a la Ley.   

138  En  sentencia  C-139 de 1996 M.P. Carlos Gaviria Díaz. Esta Corporación en esa  sentencia   extrajo  del  artículo  246  constitucional  cuatro  elementos  que  conforman  la  jurisdicción indígena, así: (a) La potestad de sus autoridades  de  dictar  sus  propias  normas,  (b)  el derecho de las mismas a aplicarlas de  acuerdo   con   sus  propios  procedimientos,  (c)  el  sometimiento  de  dichas  autoridades,  normas  y  jurisdicción  a  la  Constitución Política, y (d) la  competencia  del  legislador  para determinar la forma de coordinación entre la  jurisdicción  indígena  y  el sistema judicial ordinario. Y en la sentencia SU  510  de  1998 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz dichos elementos fueron clasificados  en  dos  grupos,  en cuanto a que los dos primeros conforman el “núcleo de la  autonomía  otorgado  a  las  comunidades”  y  los restantes hacen efectivo el  principio  de  la  diversidad  étnica y cultural, dentro del contexto de unidad  nacional establecido en la Constitución Política.   

139  Sentencia T-811 de 2004 M.P. Jaime Córdoba Triviño.   

140  Sentencia  T-1238  de 2004 M.P. Rodrigo Escobar Gil.  En esa oportunidad la  Corte  ordenó enviar un proceso que se encontraba en la jurisdicción ordinaria  a  las  autoridades  tradicionales  indígenas.  La sentencia dijo lo siguiente:  “Como  se  ha  puesto  de  presente,  no  cabría  en  este  caso  predicar la  existencia  de  un  fuero  especial  indígena  en  función, exclusivamente del  factor   territorial.   [L]a   Corte   ha   señalado   que,   en   determinadas  circunstancias,  dicho  fuero  puede  derivarse  del  factor  personal. Sobre el  particular  la  Corte  ha señalado que “[e]n los casos en el que el delito se  comete  fuera  del  territorio de la comunidad, la jurisprudencia constitucional  exige,  para  que  se  reconozca  el  derecho a ser juzgado por la jurisdicción  especial  indígena,  que  se tenga en cuenta la conciencia étnica del sujeto y  el  grado de aislamiento de la cultura a la que pertenece, para determinar si es  conveniente  que el indígena sea juzgado y sancionado de acuerdo con el sistema  jurídico  nacional,  o si debe ser devuelto a su comunidad para que sea juzgado  por  sus  propias  autoridades, de acuerdo a sus normas y procedimientos.” Ver  además la sentencia T-496 de 1996. M.P. Carlos Gaviria Díaz.   

141  Documento  aprobado  por  el  Grupo  de Trabajo de Naciones Unidas sobre Pueblos  indígenas  en  1993,  adoptado  por  la  Sub  Comisión  de  Prevención  de la  Discriminación  y  Protección  de  las  Minorías  de Naciones Unidas en 1994.   

142  Este  proyecto  fue aprobado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  de la OEA, en 1997.   

143  Ver   al   respecto,   José   Aylwin.   “Pueblos  Indígenas  en  el  Derecho  Internacional   y   Comparado”.   Instituto   de  Estudios  Indígenas  de  la  Universidad  de  la  Frontera,  Temuco.  México.  2008. Artículo electrónico.  Tomado                 de:                 http://www2.estudiosindigenas.cl/trabajados/Jos%E9%20Aylwin.pdf . 2008.   

143  Documento  aprobado  por el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Pueblos indígenas en  1993,  adoptado  por  la  Sub  Comisión  de Prevención de la Discriminación y  Protección de las Minorías de Naciones Unidas en 1994.   

144  Ese  derecho,  según  lo  ha  reconocido  la  Corte,  no  puede entenderse como  transitoriamente  limitado,  por no haberse expedido aún la Ley de Ordenamiento  Territorial.  Al  respecto  puede  consultarse  la sentencia T-606 de 2001. M.P.  Marco  Gerardo  Monroy  Cabra  y  la  sentencia  C-921  de 2007 M.P. Clara Inés  Vargas.  Ver sentencia C-370 de 2002 M.P. Eduardo Montealegre  Lynett sobre  ininputabilidad penal.   

145  Ese  ámbito  puede identificarse eventualmente con el resguardo, que representa  el  territorio indígena que tiene título de propiedad colectiva reconocida por  el  Estado. Ámbito territorial que además es  inembargable, inalienable e  imprescriptible.   Aunque  como  lo  ha  señalado la Corte en la sentencia  C-921  de  2007.  M.P.  Clara  Inés  Vargas Hernández, no necesariamente puede  identificarse  resguardo  con territorio, “ya que el  territorio  es  sólo  uno  de  los componentes del actual concepto de resguardo  pues  hace  referencia  al  lugar  donde  los grupos étnicos ejercen el derecho  fundamental  de  propiedad  colectiva.  En consecuencia, los resguardos son algo  más  que  simple  “tierra”  y algo menos que “Territorio indígena”; es  decir,    que    no    son    términos   iguales   en   la   conceptualización  constitucional”.   En   efecto,   al   no  haberse  conformado  los  resguardos  indígenas como entidades territoriales indígenas,  no   son   personas  jurídicas  de  derecho  público,  requiriendo  por  ésta  circunstancia,  y para efectos fiscales, la intermediación de los municipios en  relación  con  los recursos del Sistema General de Participaciones, a menos que  la  ley  de  ordenamiento  territorial aún no expedida, defina otra cosa.   Ver   al   respecto   Sentencia   C-921   de   2007.  M.P.  Clara  Inés  Vargas  Hernández.   

146  Sentencia C-292 de 2003. M.P. Eduardo Montealegre Lynett.   

147  Sentencia C-921 de 2007. M.P. Clara Inés Vargas Hernández.   

148  “El  cabildo  indígena,  lo  conforman miembros elegidos y reconocidos por la  comunidad,  y  es  una  institución  especial  de  los  pueblos  y  comunidades  indígenas  andinas,  que  ha  sido  apropiado  paulatinamente por otros pueblos  indígenas  de  otras  regiones,  como una forma de obtener reconocimiento legal  por   parte   del  Estado”.  Al  respecto  puede  consultarse:  Gloria  Amparo  Rodríguez  y Kasokaku Mestre Busintana, “Una visión jurídica y cultural del  Derecho  Propio  en  el Ejercicio de la Resistencia de los Pueblos Indígenas de  Colombia”  En  el  libro: “Somos Hijos del Sol y de la Tierra. Derecho Mayor  de   los   Pueblos   Indígenas  de  la  Cuenca  Amazónica”.  CONAIE  Acción  Ecológica.  Instituto  de  Estudios  Ecologistas  del  Tercer  Mundo. OILWATCH.  2007.    

149  El  Decreto  2164  de  1995,  regula  lo  atinente  a  la  constitución  de los  resguardos  de  tierras,  y  definió  el  Cabildo  Indígena  en  su  artículo  4º.   El  articulo  3º  del  la  Ley  89  de 1890  a su vez, reza lo  siguiente:  “En  todos  los  lugares  en  que  se  encuentre  establecida  una  parcialidad  de  indígenas  habrá  un  pequeño  Cabildo  nombrado  por éstos  conforme  á  sus  costumbres  (…)”. El hecho de calificarse el Cabildo como  entidad  pública  no  tiene  por  virtud  transformar  las  atribuciones de los  gobernadores  de  Cabildo y cabildantes en públicas y darles a estos la calidad  de servidores públicos.   

150  El   articulo   6º  de  la  Ley  89  de  1890  reza  lo  siguiente:   “Los  Gobernadores  de  indígenas  cumplirán  por  si  o  por  medio  de  sus  Agentes las órdenes legales de las  autoridades  que tengan por objeto hacer comparecer a los indígenas para algún  servicio público ó acto a que estén legalmente obligados”.   

151Cfr.  Sentencia  SU-  383  de  2003.  M.P.  Álvaro  Tafur Gálvis.   

152Cfr.    Sentencia   T-254   de   1994.   M.P.   Eduardo   Cifuentes  Muñoz.   

154  Sentencia C-089 de 1994. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

155  Varias  sentencias  han  hecho  alusión  al derecho de participación política  como  derecho  fundamental  entre estas sen encuentran Sentencias SU-995 de 1999  M.P  Carlos  Gaviria  Díaz;  T-284  de  1998  y T-298 de 1998 M.P. Fabio Morón  Díaz;  T-527  de  1997  y T-529 de 1997 M.P. Hernando Herrera Vergara; T-651 de  1998  M.P.  Antonio  Barrera  Carbonell;  T-434  de  1999 M.P. Eduardo Cifuentes  Muñoz.  La  sentencia T-637 de 2001 MP: Manuel José Cepeda Espinosa reitera lo  señalado  en las anteriores sobre el derecho de participación política: “El  derecho  a  la participación, ha sido reconocido por la Carta Política como un  derecho  fundamental.  Lo  anterior  significa que toda persona, particularmente  todo  ciudadano,  tiene la facultad constitucional de intervenir en la actividad  pública,  ya  sea  como  sujeto  activo  de  ella,  es  decir  como parte de la  estructura  gubernamental  y  administrativa  del  Estado,  ya  sea  como sujeto  receptor  de  la  misma,  interviniendo, mediante el sufragio en la elección de  los  gobernantes,  participando  en las consultas populares, teniendo iniciativa  legislativa,  interponiendo  acciones  en  defensa de la Constitución o la ley,  actuando  como  miembro  de  partidos  o movimientos políticos, o aún elevando  peticiones   a   las   autoridades   y   obteniendo   la   pronta  respuesta  de  ellas.   

156  En  este  caso, unos jóvenes accionantes miembros del  Resguardo   de  Ipiales,  presentaron  acción  de  tutela  contra  el  Cabildo  Indígena  al  que  pertenecían y contra la Alcaldía  Municipal  de  Ipiales,  porque  no  pudieron  participar  en  las  elecciones  para  Gobernador  del  Cabildo  Indígena, ya     que     quienes     organizaron    las     elecciones  adujeron que el proceso estaba muy demorado  y que  había  finalizado  el  tiempo para sufragar, por lo que impidieron el ejercicio  del   derecho  al  voto  de  muchos  electores.  La  Corte  en  esa  oportunidad  consideró,  que si bien las reglas que debían regir  el  proceso  de  elección  para  Gobernador  de Cabildo Indígena de Ipiales se  siguieron,  se  dieron  deficiencias en el mecanismo diseñado según los usos y  costumbres  de  la  comunidad  para  el  efecto  (colas  muy largas y tiempo muy  limitado)  y se configuró con ello una violación de los derechos fundamentales  a   la   participación   y   al   sufragio,   en   tanto   que  se  restringió  injustificadamente  su  ejercicio.  Por lo anterior, la Corte ordenó al Cabildo  Indígena  de  Ipiales,  que  de  conformidad  con  los  usos y costumbres de la  comunidad   y   en  desarrollo  del  principio  de  autonomía  de  los  pueblos  indígenas,  adelantara  dentro de las 48 horas siguientes a la notificación de  la  providencia, las acciones encaminada a crear las condiciones necesarias para  que  el  ejercicio  del  derecho al sufragio tuviera eficacia y sentido, para lo  cual  debería  diseñar  y determinar el mecanismo de elección para Gobernador  de  Cabildo  Indígena  que garantice a todos sus integrantes el libre ejercicio  al  voto,  con  reglas  claras que permitan de una manera ágil, el real goce de  todas  las  garantías electorales, de conformidad con el principio democrático  de   participación  ciudadana,  incluidas  aquellas  dirigidas  a  señalar  los  mecanismos  que  considere idóneos para invalidar o  anular  total o parcialmente la elección, fijando los medios y los términos en  que   ello   deberá   hacerse,   sin  desconocer  el  ordenamiento constitucional y legal.   

157  De  conformidad  con  lo dispuesto en artículo 2º del Decreto 2164 de 1995 que  derogó  el  Decreto  2001  de  1988,  corresponde  a los Cabildos Indígenas la  representación  legal  de  la  comunidad. La mencionada disposición señala lo  siguiente:  “Definiciones. Para los fines exclusivos  del  presente  Decreto,  establécense  las siguientes definiciones: Territorios  indígenas.  Son  las  áreas  poseídas  en  forma regular y permanente por una  comunidad,   parcialidad  o  grupo  indígena  y  aquellas  que,  aunque  no  se  encuentren  poseídas  en  esa  forma, constituyen el ámbito tradicional de sus  actividades   sociales,   económicas  y  culturales.  Comunidad  o  parcialidad  indígena.  Es  el  grupo  o  conjunto de familias de ascendencia amerindia, que  tienen  conciencia  de  identidad y comparten valores, rasgos, usos o costumbres  de  su  cultura,  así  como  formas  de  gobierno,  gestión,  control social o  sistemas  normativos propios que la distinguen de otras comunidades, tengan o no  títulos  de  propiedad,  o  que  no  puedan  acreditarlos legalmente, o que sus  resguardos   fueron   disueltos,   divididos   o  declarados  vacantes.  Reserva  indígena.  Es  un globo de terreno baldío ocupado por una o varias comunidades  indígenas  que  fue  delimitado  y legalmente asignado por el Incora a aquellas  para  que  ejerzan  en  él  los  derechos  de uso y usufructo con exclusión de  terceros.  Las  reservas  indígenas  constituyen  tierras  comunales  de grupos  étnicos,  para  los  fines  previstos  en  el  artículo 63 de la Constitución  Política   y  la  Ley  21  de  1991.  Autoridad  tradicional.  Las  autoridades  tradicionales  son  los  miembros de una comunidad indígena que ejercen, dentro  de  la  estructura  propia  de la respectiva cultura, un poder de organización,  gobierno,  gestión  o  control  social.  Para  los efectos de este Decreto, las  autoridades  tradicionales  de  las  comunidades  indígenas  tienen,  frente al  Incora,  la  misma representación y atribuciones que corresponde a los cabildos  indígenas.   Cabildo   indígena.  Es  una  entidad  pública  especial,  cuyos  integrantes son miembros de una comunidad indígena,  elegidos   y   reconocidos  por  ésta,  con  una  organización  sociopolítica  tradicional,  cuya función es representar legalmente a la comunidad, ejercer la  autoridad  y  realizar  las  actividades  que  le atribuyen las leyes, sus usos,  costumbres    y    el   reglamento   interno   de   cada   comunidad.  Parágrafo.  En  caso  de  duda  sobre el carácter y la pertenencia a un pueblo indígena de  una  colectividad,  el  Incora  deberá  solicitar al Ministerio del Interior la  realización  de  estudios  etnológicos  con  el  propósito  de  determinar si  constituye  una comunidad o parcialidad indígena, para efectos del cumplimiento  de los fines del Capítulo XIV de la Ley 160 de 1994.”   

158  Sentencia T-487 de 2003. M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

159  Sentencia SU-510 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

160  Sentencia T-349 de 1996 M.P. Carlos Gaviria Díaz.   

161  Sobre  el  tema se pueden consultar las Sentencias T-349 de 2006, SU-510 de 1998  y T-778 de 2005.   

162  Sentencia C-139 de 1996.   

163  Sentencia C-139 de 1996. SU- 510 de 1998   

164  Sentencia SU-510 de 1998. MP. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

165  Sentencia SU- 510 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

166  Sentencia  T-428  de  1992  MP. Ciro Angarita Barón; C-139 de 1996. M.P. Carlos  Gaviria  Díaz;  T-349  de  1996  MP.  Carlos Gaviria Díaz; T-496 de 1996. M.P.  Carlos Gaviria Díaz.   

167  Cfr.  Sentencia T-254 de 1994 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz. Estas reglas fueron  propuestas   inicialmente  en  esta  sentencia,  pero  han  sido  complementadas  con  nuevas consideraciones constitucionales en la materia.   

168  Sentencia T-254 de 1994 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

169  Sentencia  T-349  de  1996  M.P.  Carlos Gaviria Diaz y sentencia T-552 de 2003.  M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

170  Sentencia T-552 de 2003. M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

171Sentencia  T-254 de 1994 MP. Eduardo Cifuentes Muñoz. Ver también  sentencia  SU-510  de  1998.  MP.  Eduardo Cifuentes Muñoz y la T-1130 de 2003.  M.P. Jaime Córdoba Triviño.   

172  Sentencia T-254 de 1994. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.    

173Sentencia  T-254  de  1994.  M.P.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz.  Ver  también la sentencia C-139 de 1996 M.P. Carlos Gaviria Díaz.   

174  Sentencia T-254 de 1994 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

175  Sentencia T-349 de 1996 M.P. Carlos Gaviria Diaz.   

176  Sentencia T-552 de 2003 M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

177  Sentencia  C-208  de  2007 M.P. Rodrigo Escobar Gil. Ver las sentencias T-405 de  1993 y T-778 de 2005.   

178  Sentencia  T-405  de  1993 M.P. Hernando Herrera Vergara. Este caso tuvo que ver  con  la  implementación  de  un radar en el corregimiento del Araracuara, en un  territorio  indígena,  por  parte  de  los  miembros  de  las Fuerzas Militares  colombianas  y  norteamericanas.  Dijo  la  sentencia: “Según lo anterior, si  bien  se  trata  de  dos intereses colectivos, es evidente que desde el punto de  vista  del derecho en el que se funda cada interés, las pretensiones del Estado  colombiano  poseen  un  mayor  peso  que las de la Comunidad Indígena del Medio  Amazonas,  sin  desconocer  en  ningún momento la importancia de sus intereses.  Mientras  que su interés se funda en el derecho de propiedad y al mantenimiento  de  su integridad étnica y cultural, el interés de todo el pueblo colombiano y  en  concreto  del  Estado  está  respaldado  y  fundamentado en el derecho a la  soberanía  nacional  y  en  la  necesaria conservación del orden público y la  garantía   fundamental  de  la  seguridad  de  los  habitantes  del  territorio  colombiano   en   su  vida,  honra,  bienes,  creencias,  y  demás  derechos  y  libertades”.   

179  Texto  del  Proyecto  “Extensión  de  la  coordinación  del Sistema Judicial  Nacional  (SJN)  y  la  jurisdicción  Especial  Indígena  (JEI).  Documento de  diagnóstico  de  la  Universidad  del  Rosario  sobre  la Comunidad Kamëntsá,  patrocinado  por  el   Ministerio de Justicia, la  Unión Europea y el  Consejo   Superior   de   la   Judicatura,   2008.    Folio  130,  cuaderno  principal.   

180  Proyecto  “Extensión  de la coordinación del Sistema Judicial Nacional (SJN)  y  la  jurisdicción  Especial  Indígena (JEI). Documento de diagnóstico de la  Universidad  del Rosario sobre la Comunidad Kamëntsá, patrocinado por el   Ministerio  de  Justicia,  la   Unión  Europea y el Consejo Superior de la  Judicatura,  2008.  Folio  143, cuaderno principal.  Proyecto “Extensión  de  la  coordinación  del  Sistema  Judicial  Nacional (SJN) y la jurisdicción  Especial  Indígena  (JEI).  Documento  de  diagnóstico  de  la Universidad del  Rosario  sobre  la  Comunidad Kamëntsá, patrocinado por el  Ministerio de  Justicia,  la  Unión Europea y el Consejo Superior de la Judicatura, 2008.  Folio 130, cuaderno principal.   

181  Proyecto  “Extensión  de la coordinación del Sistema Judicial Nacional (SJN)  y  la  jurisdicción  Especial  Indígena (JEI). Documento de diagnóstico de la  Universidad  del Rosario sobre la Comunidad Kamëntsá, patrocinado por el   Ministerio  de  Justicia,  la   Unión  Europea y el Consejo Superior de la  Judicatura,  2008.  Folio  143, cuaderno principal.  Proyecto “Extensión  de  la  coordinación  del  Sistema  Judicial  Nacional (SJN) y la jurisdicción  Especial  Indígena  (JEI).  Documento  de  diagnóstico  de  la Universidad del  Rosario  sobre  la  Comunidad Kamëntsá, patrocinado por el  Ministerio de  Justicia,  la  Unión Europea y el Consejo Superior de la Judicatura, 2008.  Folio 130, cuaderno principal.   

182  Así  también  lo reconoció esta comunidad en la sentencia T-932 de 2001. M.P.  Clara Inés Vargas Hernández.   

183  Con  la  constituyente  Kamëntsá  lo que se está haciendo es consolidando ese  reglamento  definitivo  que  es  el  que  viene  acompañando la Universidad del  Rosario  en  el  marco  del  proyecto denominado  “Coordinación entre el  Sistema  Judicial  Nacional  y  la  jurisdicción  especial indígena”. En ese  informe   se   dice   sobre   el   particular   lo   siguiente:  “Debido  a  los  cambios  que  algunos  proponen  en la costumbre de  elegir  creen que es necesaria la elaboración de un reglamento interno para una  mejor convivencia”.   

184  Sentencia  T-  932  de  2001  (M.P.  Clara Inés Vargas Hernández). El problema  jurídico  que debió dilucidar la Corte en esa oportunidad, se circunscribió a  determinar   si  el  Cabildo  Indígena  Camentsá  Sibundoy  le  quebrantó  al  accionante  el  derecho  de  postularse al cargo de  Gobernador del Cabildo  para  el  período  comprendido entre el 1º de enero y 31 de diciembre de 2001,  al  expedir  una  circular que definió los requisitos  generales  para los aspirantes a integrar el Cabildo Tradicional, que al parecer  lo   excluían  a  él  de  la  contienda  electoral.  En  esa  circular, se dijo que no se admitiría en el  debate  la  repetición  de  ninguno  de  los cargos anteriormente ocupados. Con  ello,  se  excluyó  a  los  exgobernadores  de  la posibilidad de aspirar a ser  elegidos  nuevamente,  aunque  en  otras  oportunidades  previas  si  se  había  permitido  su  participación.  El  accionante, que era exgobernador, solicitaba  entonces  que  ante  este  hecho  los  jueces  constitucionales declaran nula la  elección  de  gobernador  y  ordenaran  la convocatoria a nuevas elecciones sin  estas restricciones electorales.   

185  Por  eso  una  de  las señales de normalidad es que los comicios del 2008 hayan  tenido  lugar  allí.  Ver informa del Taita Hipólito Chindoy  a la Corte.  Folio 71, cuaderno principal.   

186  Folio 142. Citado en las pruebas.   

187  Revisar cita No 53 de esta providencia.   

188  Documento  de la Universidad del Rosario de diagnóstico, dentro del Proyecto en  mención. Folio 144   

189  Tomado  del  Proyecto  “Extensión  de  la  coordinación del Sistema Judicial  Nacional  (SJN)  y  la  jurisdicción  Especial  Indígena  (JEI).  Documento de  diagnóstico  de  la  Universidad  del  Rosario  sobre  la Comunidad Kamëntsá,  patrocinado  por  el   Ministerio de Justicia, la  Unión Europea y el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  2008.  Folio  143,  cuaderno  principal.   

190  Documento   de   la   Universidad   del   Rosario   de   diagnóstico  sobre  la  comunidad.  Ver cita anterior.   

191  Documento  de la Universidad del Rosario de diagnóstico, dentro del Proyecto en  mención. Folio 148   

192  Cfr. Sentencia T-723 de 2003. M.P. Álvaro Tafur Galvis.   

193  Documento  de la Universidad del Rosario de diagnóstico, dentro del Proyecto en  mención. Folio 153.   

194  Contestación  del  Ministerio  del  Interior  y  de Justicia a oficio 100/2008.  Folio 80, cuaderno principal.   

195  Respuesta  del Ministerio del Interior y de Justicia al oficio 104 de 2008 de la  Corte Constitucional. Folio 62, cuaderno principal.   

196  Sentencia   T-   188  de  1993  M.P.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz.   En  esa  oportunidad  la  Corte  conoció  de  una  tutela  en  la que los miembros de la  comunidad  indígena  Paso  Ancho, asentada en la Vereda de Chicuambe, Municipio  de  Ortega,  Departamento  del  Tolima,  solicitaron  protección constitucional  contra  el  Instituto  Colombiano  de Reforma Agraria, INCORA, seccional Tolima,  por  haber  omitido  la  realización de estudios socio-económicos y jurídicos  tendientes   a   constituir   sendos   resguardos  sobre  el  predio  Chicuambe,  actualmente  ocupado  por las comunidades de Paso Ancho y San Antonio, de manera  que  la  mitad  del  área  se  destine  a  los  naturales  de  Paso  Ancho. Los  peticionarios  sostenían  que  la  omisión de la autoridad pública además de  desconocer  la  ley  en  lo  atinente  a  la constitución de resguardos, había  contribuido  a  la  violación  y  amenaza de los derechos a la propiedad y a la  vida  de  los  integrantes  de su comunidad, ante la arremetida del grupo de San  Antonio  que  por amenazas y el uso de la fuerza pretendía desalojarlos de  su  territorio. El Incora alegaba no haber intervenido en el conflicto, sobre la  base  del  respeto  por la autonomía de las comunidades indígenas. Al respecto  dijo  la  Corte  que:  “Si bien las autoridades deben respetar el principio de  autonomía  de  los  pueblos  indígenas,  debe tenerse presente que éste no es  absoluto  ni  soberano  y tiene límites bien definidos que no pueden interferir  con  la  obligación estatal de conservar la paz en todo el territorio nacional,  sin   excepciones.   Con   mayor   razón  deben  las  autoridades  ejercer  las  competencias  que la ley les ha otorgado con miras a la protección y defensa de  los  pueblos  indígenas.  En  el  caso  objeto  de la decisión de tutela aquí  revisada,   la  negativa  a  dar  curso,  sin aducir ninguna justificación  válida,  a  la  solicitud de constitución de sendos resguardos sobre el predio  de  CHICUAMBE  por  parte  del  Incora,  durante  más  de  un año, contribuyó  indudablemente  a aumentar el clima de tensión existente en la zona que tuvo su  primera  víctima  en  la persona de uno de los miembros de la comunidad de Paso  Ancho”.   

197  En   esa  oportunidad  la  Corte  conoció  de  una  tutela  presentada  por  la  Asociación  de  Jefes  Familiares  Wayuu  de  la  Zona Norte de la Alta Guajira  (Wayuu  Araurayuu),  que  demandó a varias entidades del Estado y en especial a  la  Alcaldía  Municipal  de  Uribia,  por  violación  de  la  dignidad  humana  (artículo  1º  de  la  Constitución Nacional); salud (artículo 49 superior);  educación  (artículo  67  de la Constitución Nacional); participación y a la  autonomía  de  las comunidades indígenas (artículo 330 superior) y el derecho  a  no  ser  discriminados  por razones culturales (artículo 13 superior), en la  medida  en  que  no les habían girado los recursos de las vigencias fiscales de  los  años  1999,  2000,  2001 y 2002, correspondientes al Resguardo Wayuu de la  Alta y Media Guajira.    

198  Sentencia T- 704 de 2006 .M.P. Humberto Sierra Porto.   

199  Sentencia T-349 de 1996 M.P. Carlos Gaviria Diaz.   

200  Sentencia T-442 de 1992.   

201  Las  funciones  están  determinadas  en el artículo 16 del Decreto 200 de 2003  modificado  por  el  artículo  2  del  Decreto  4331  de  2005  que  dispone lo  siguiente://“1.  Apoyar  al  Gobierno  Nacional  en  la  formulación  de  las  políticas  orientadas  al reconocimiento y protección de la diversidad étnica  y  cultural.//2.  Adelantar  y  divulgar estudios e investigaciones sobre grupos  étnicos,  en  coordinación  con  la Dirección de Ordenamiento Jurídico y las  entidades  y  organizaciones  relacionadas con el tema, con el fin de evaluar la  incidencia  social,  cultural y del medio ambiente que las distintas actividades  a  desarrollar puedan tener sobre dichas comunidades, de conformidad con la ley.  //3.  Promover  la  resolución de conflictos por razón de propiedad colectiva,  usufructo,  explotación  de  tierras,  o  recursos  naturales  y  ejercicio  de  prácticas  tradicionales  de  producción  conforme a las disposiciones legales  sobre  la  materia. //4. Coordinar interinstitucionalmente la realización de la  consulta  con  los  grupos étnicos sobre los proyectos que puedan afectarlos de  conformidad   con   la   ley.   //5.  Llevar  el  registro  de  las  autoridades  tradicionales   indígenas   reconocidas   por   la  respectiva  comunidad,  las  asociaciones   de  autoridades  indígenas,  los  consejos  comunitarios  y  las  organizaciones  de  base de comunidades negras. //6. Apoyar al Gobierno Nacional  y  a  las  entidades privadas en los programas de capacitación sobre diversidad  étnica  y  cultural,  la  gestión  pública  y  en  general  aquellos temas de  interés  relacionados  con  los  grupos étnicos. //7. Atender las peticiones y  consultas  relacionadas  con  asuntos  de  su  competencia;  //8.  Coordinar las  acciones  con  las  distintas  entidades  públicas,  privadas y extranjeras, en  desarrollo   de   programas  indigenistas  y  prestar  el  apoyo  al  desarrollo  autogestionario  de  dichas  comunidades.  //9. Promover acciones tanto de parte  del  Ministerio,  como  de  las  demás entidades del Estado para que los grupos  étnicos  del  país sean atendidos debidamente por los programas de acción del  Gobierno  Nacional  y  tenidos  en  cuenta en los presupuestos de las diferentes  dependencias   que   guarden  relación  con  estos  programas.  //10.  Impulsar  mecanismos  para  la  implementación de los asuntos étnicos en los procesos de  descentralización  y atención en el ámbito regional y local. //11. Las demás  funciones    asignadas    que    correspondan    a    la    naturaleza   de   la  dependencia.”   

202  Sentencia T-1341 de 2001 .M.P. Álvaro Tafur Galvis).   

203  ST-523/97 (MP. Carlos Gaviria Díaz).   

204  Respuesta  del Ministerio del Interior y de Justicia al oficio 104 de 2008 de la  Corte. Folio 48, cuaderno principal.   

205  Contestación  del  Ministerio  del Interior y de Justicia a las preguntas de la  Corte. Folio 56, cuaderno principal.   

206  Contestación  del  Ministerio  del Interior y de Justicia a las preguntas de la  Corte. Folio 65, cuaderno principal.   

208  Sentencia C-139 de 1996.   

209  Ver  entre  otras  las  sentencias  SU-383  y  T-955  de 2003, M.P. Alvaro Tafur  Galvis;  y  como  se expone igualmente en la sentencia C-620 de 2003, M.P. Marco  Gerardo Monroy Cabra.   

210  Sentencia  T-880 de 2006.   

211  Informe de la Procuraduría. Folio 23, cuaderno principal.   

212  Informe  del Taita Hipólito Chindoy, Gobernador elegido para el 2008. Folio 71,  cuaderno principal-.   

213  Nota  dirigida  a  la  Corte  Constitucional  por  el  actual  Gobernador  de la  Comunidad   Taita  Andrés  Juagibioy  Chindpy  en  abril  del  año  en  curso.     

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