T-185-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-185-09  

Referencia: expediente T-2.119.105  

Acción  de  tutela  instaurada  por  José  Fernando   López   Galvis   contra    la  Dirección  del  Establecimiento  Carcelario y Penitenciario de la ciudad de Manizales.   

Magistrado Ponente:  

Dr.  JUAN  CARLOS  HENAO  PÉREZ           

Bogotá, D.C., diecinueve (19) de marzo de dos  mil nueve (2009)   

La  Sala  Primera  de  Revisión   de   la   Corte   Constitucional,   integrada  por  los  Magistrados  CLARA ELENA REALES GUTIÉRREZ  (E),  LUIS  ERNESTO  VARGAS SILVA y JUAN CARLOS HENAO PÉREZ,    en    ejercicio    de    sus   competencias  constitucionales y legales, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA   

dentro del trámite de revisión del fallo de  tutela    emitido    por   el   Juzgado   Séptimo   Penal   del   Circuito   de  Manizales.   

I. ANTECEDENTES  

1. Hechos  

Manifestó el gestor del amparo que el 13 de  abril  de  2007  ingresó  al  mencionado centro penitenciario con una herida de  bala  en  su  mano  izquierda   y  que  en razón de ello ha sido sujeto de  diversos procedimientos médicos.   

Señaló el accionante que el 23 de noviembre  de   2007   tuvo  entrevista  “con  el  especialista  recomendándo[l]e  un examen de control para el mes de febrero de este año 2008  pero  a  la  fecha  no [lo] sacaron”. Asimismo, adujo  que  el  25 de marzo solicitó “una entrevista con el  director   de  este  centro  penitenciario  y  carcelario  señor  Carlos  Josue  Castelbondo  Giraldo pero nunca [lo] llamó para entrevistar[lo] y explicarle lo  que sucedía con mi mano”.   

Arguyó  que  hoy  en  día su mano le duele  bastante  y  que  no  ha sido posible una remisión con el especialista, ya que,  según  dijo,  “el  dicho de los médicos locales es  que      no     hay     dinero     para     mi     tratamiento…”.   

2. Solicitud de tutela  

Por  lo  expuesto,  el  gestor  del  amparo  solicitó  que  se  “ordene suministrar [le] … los  médicos       y       las       medicinas       correspondientes”.   

3. Intervención de la accionada  

El    Director   del  Establecimiento  Penitenciario  y Carcelario de Manizales, Carlos Josue Castelbondo Giraldo, dijo  que  desde el momento de ingreso del gestor del amparo al establecimiento, 11 de  abril  de  2007,  “la  sección de sanidad ha estado  atenta  a  garantizarle el acceso al servicio de salud al interno, remitiéndolo  con  destino  al ortopedista, terapias físicas y suministrándole los elementos  adecuados para su recuperación”.   

Señaló  que “el  convenio  interinstitucional  para la prestación de servicios de salud suscrito  con  el  Hospital Departamental Santa Sofía perdió vigencia  y no ha sido  renovado  hasta  la  fecha,  toda vez que la Dirección General del Inpec, no ha  efectuado  el  traslado  de  la  partida  presupuestal  necesaria…  Una vez se  suscrita   (sic)  el  nuevo  convenio  para  la  atención  en  salud,  la  sección  de sanidad procederá a  remitir  inmediatamente  al  interno  ante  el especialista en ortopedia, único  procedimiento   médico   pendiente   de  ser  suministrado,  no  por  omisión,  negligencia   o   desidia   de   las   autoridades   penitenciarias,   sino  por  inconvenientes  de  índole  administrativo  ante los cuales se han ejercido las  acciones   pertinentes”.   

4.   Pruebas   relevantes   aportadas   al  proceso   

a.  Memorando de la  Coordinación  de  Sanidad  del  Instituto  Nacional  Penitenciario y Carcelario  dirigido  al  Área  Jurídica de la misma entidad en el que se informa respecto  del  accionante  que  “como  aparece  en la historia  clínica  se le han prestado todas las atenciones necesarias con la especialidad  de     ortopedia,     está     pendiente     de    control    nuevamente    con  radiografía” (fl. 13 cdno. de tutela).   

b.  Resumen  de la  Historia  Clínica  en  la  que  consta  que  para el 20 de junio de 2008, se le  diagnosticó:“  Secuelas  por  fractura de tercero y  quinto  dedo  de la mano izquierda conducta remisión a ortopedia” (fl. 14 cdno. de tutela).   

II. SENTENCIA OBJETO DE REVISIÓN  

El  nueve  (9) de septiembre de dos mil ocho  (2.008)   el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Manizales,  resolvió  “negar  la  tutela de los derechos fundamentales del  señor  José  Fernando López Galvis” y “Prever  al  señor  director  para  que  gestione  la cita con el  especialista    ordenada    desde    febrero,   en   un   ternito   (sic)    no   inferior   a   diez   (10)  días”.   

Como  fundamento en su decisión, consideró  el  juzgador  que  “en  el caso bajo estudio se hace  evidente  la  falta  de  prueba  que  en  lo  concerniente  a la vulneración de  derechos  expuso  el accionante, esto en el entendido que no basta con la simple  manifestación   de   una  presunta  vulneración  de  derechos,  sino  que  tal  aseveración     debe    ir    acompañada    de    un    material    probatorio  suficiente”.  Lo anterior le permitió concluir que,  “bajo  el  probado  hecho  de que el establecimiento  penitenciario  no  ha vulnerado de ninguna forma los derechos mencionados por el  accionante,  no  puede entonces tutelarse los derechos del señor López Galvis,  en  la  medida  que vulneración sobre tales derechos no se presentó, salvo con  lo  que corresponde a hacer gestiones para acelerar la cita con el especialista,  ordenada  desde  el  mes  de febrero, por lo que se prevendrá en tal sentido al  accionado”.   

III.    REVISIÓN    POR    LA    CORTE  CONSTITUCIONAL   

Remitido el expediente a esta Corporación, la  Sala  de Selección Número Doce, mediante auto de nueve (9) de diciembre de dos  mil ocho (2008), dispuso su revisión por la Corte Constitucional.   

1. Competencia  

Esta  Corte  es  competente  para conocer del  fallo  materia de revisión, de conformidad con lo establecido en los artículos  86  y  241-9  de  la  Constitución  Política  y con los artículos 31 a 36 del  Decreto  2591  de  1991  y  demás  disposiciones  pertinentes, así como por la  escogencia del caso que hizo la Sala de Selección.   

2. Consideraciones  

2.1   Problema   jurídico  y  esquema  de  resolución   

Pasa  esta Sala a determinar si el derecho a  la   salud   de   la   persona  recluida  en  un  Establecimiento  Carcelario  y  Penitenciario  es  vulnerado  cuando  en  razón  a  inconvenientes  de  índole  administrativo  se  le  niega  la  prestación  de  los  servicios  médicos que  requiere.   

A  fin  de  resolver  el  problema jurídico  expuesto,  esta  Sala  reiterará  previamente i) el carácter  fundamental  del  derecho a la salud, ii) la obligación del  Establecimiento Carcelario  y  Penitenciario  de  satisfacer  el derecho a la salud de la persona recluida y  iii)  la inexcusabilidad de la ausencia de prestación de servicios médicos por  trámites administrativos o falta de recursos económicos.   

i) Carácter  fundamental del derecho a  la salud.   

En  la  Constitución  Política la salud se  encuentra  dispuesta  en  diversos  artículos,  catalogada  como:  un  servicio  público  a  cargo  del  Estado, un deber de procurar el propio cuidado integral  (artículo  49),  un  derecho  fundamental  de  los  niños  (artículo  44), un  servicio  garantizado  a  las  personas  de  la tercera edad (artículo 46), una  prestación   especializada   para   los  disminuidos  físicos,  sensoriales  y  síquicos  (artículo  47),   un  derecho  de todo niño menor de un año a  recibir  atención  gratuita  cuando  no  esté  cubierto  por  algún  tipo  de  protección  o  seguridad  social, (artículo 50), una finalidad en el ejercicio  del  deporte  (artículo  52), un servicio al que deben acceder los trabajadores  agrarios   (artículo   64),   un   bien  constitucionalmente  protegido  en  la  comercialización  de  cosas  y  servicios  (artículo 78), un valor que se debe  proteger  respecto  de  toda persona conforme al principio de solidaridad social  (artículo   95)  y  un  fin  exclusivo  al  que  se  dirigen  las  rentas  obtenidas  en  el  ejercicio  de los monopolios de suerte y  azar (artículo 336).   

El  derecho a la salud, pilar fundamental en  el     ordenamiento     constitucional,    ha    sido    definido    por    esta  Corporación     como  “la  facultad  que tiene todo ser humano de mantener  la  normalidad  orgánica  funcional  tanto  física  como  en  el  plano  de la  operatividad  mental  y de restablecerse cuando se presente una perturbación en  la  estabilidad  orgánica  y funcional de su ser”1.  Es  de  este modo un derecho  que  encierra tanto el mantenimiento como el restablecimiento de las condiciones  esenciales  que  requiere  el  ser humano para subsistir y para el desarrollo de  una  vida  digna,  pues  el  padecimiento  de  una  enfermedad no necesariamente  terminal,  restringe  el  desarrollo de las diferentes  funciones  y  actividades  naturales del ser humano, por lo que en aras a elevar  el  nivel  de oportunidades para la elección y ejecución de un estilo de vida,  esto  es,  la  realización  del derecho a la libertad, es un imperativo estatal  satisfacer  los medios que permitan la consecución del bienestar, circunstancia  que implica entre otras cosas, el amparo del derecho a la salud.   

Y  ello  es  así,  precisamente  por  el  carácter  fundamental que ostenta el derecho a la salud, que se deriva no sólo  de  su misma esencialidad para el bienestar del individuo, sino del inescindible  vínculo   que   posee   para  la  satisfacción  de  otros  derechos  de  rango  fundamental.   

De  este  modo, la  salud   es  un  derecho  cuya  naturaleza  fundamental  justamente  “…tiene  que  ver  con el solo hecho de que es atribuible al ser  humano,  factor  suficiente  para  que  su goce sea amparado por el ordenamiento  constitucional,  pues  es  el individuo el centro de la actuación estatal y por  tanto  es  obligatoria  la  satisfacción y la garantía  de los bienes que  promuevan          su          bienestar”2.   

El  carácter  fundamental  del derecho a la  salud,      sostuvo      esta      Corporación3,  se  predica tanto del sujeto  como  del objeto de este derecho, “ya que se trata de  un  lado,  de  un derecho que es predicable de manera universal y sin excepción  respecto    de   todas   las   personas  sin  posibilidad de discriminación alguna; de otro lado, se trata  de    un    derecho   que   es   predicable   respecto   de   una   necesidad  básica  de  los  individuos o  seres  humanos,  esto  es  la salud, lo cual implica a su vez, la obligación de  prestar   todos  los  servicios  necesarios  para  su  prevención,     promoción,     protección     y     recuperación….  Este carácter fundamental del derecho a la salud se justifica  también  por  la  importancia  y relevancia del mismo para la vida digna de las  personas” (Resalta la Sala).   

Adicionalmente, la naturaleza fundamental del  derecho  a  la  salud  se  enmarca  en  la estrecha conexidad con otros derechos  fundamentales  como  la  vida, la dignidad humana y la integridad personal, cuya  satisfacción  se  constituye  en presupuesto básico para el ejercicio de otros  derechos                fundamentales4.  De  este modo, al satisfacer  las  prestaciones  relacionadas con el derecho a la salud se garantizan a su vez  los  mencionados  derechos  y  por  este  medio,  es que es considerada la salud  también como un derecho fundamental.   

La  salud  constituye  así  un presupuesto  indispensable   para   la  realización  de  diversas  funciones  y  actividades  naturales  del  ser humano, de este modo su afectación repercute en el rango de  oportunidades  para  la  escogencia  y el posterior cumplimiento de un estilo de  vida,  pues  de su satisfacción -derecho económico, social y cultural- depende  consecuentemente  el  ejercicio  pleno  del  derecho  al  libre desarrollo de la  personalidad  -derecho civil y político- y de las demás libertades, primigenia  base  de la actual estructura estatal que establece las relaciones recíprocas y  respetuosas entre el individuo y el Estado.   

La garantía de la satisfacción del derecho  a  la  salud que debe proveer el Estado a todos los habitantes, está inserta en  el  artículo  49  de la Constitución Política, bajo los siguientes términos:  “Se garantiza a  todas  las  personas  el  acceso  a  los servicios de promoción,  protección  y  recuperación  en la salud”         y         “Corresponde   al   Estado     organizar,    dirigir    y    reglamentar    la    prestación  de  servicios  de salud a los  habitantes  y  de saneamiento ambiental conforme a los principios de eficiencia,  universalidad     y     solidaridad”(Resalta    la  Sala).   

De  este  modo,  el derecho a la salud es un  derecho  fundamental esencial para la consecución del bienestar del individuo a  cargo  del  Estado,  por  lo que ante su vulneración, es un imperativo del juez  conceder  su  amparo  en procura de cumplir con los fines esenciales del Estado,  como  lo son el de satisfacer los derechos, y propender por el bienestar general  y   el   mejoramiento   de   la   calidad   de   vida   de   la   población  en  general.   

ii)  La  obligación  del  Establecimiento  Carcelario  y  Penitenciario  de  satisfacer el derecho a la salud de la persona  recluida.   

El   derecho   a  la  salud,  como  quedó  precedentemente  expuesto,  es  un  derecho  fundamental  que el Estado tiene la  obligación de satisfacer.   

El  derecho  a  la  salud  de  las  personas  recluidas  en  Establecimientos  Carcelarios  y  Penitenciarios  posee  la misma  connotación   de   fundamental   y  genera  la  misma  obligación  Estatal  de  satisfacción,  no  sólo  porque se trata de un derecho estrechamente vinculado  con  el derecho a la vida y a la dignidad humana, sino también por la relación  especial   de   sujeción  del  recluso  frente  al  Estado  y  la  ausencia  de  justificación  para  su  limitación  dentro  del  marco  general  del  derecho  punitivo.   

Así,  ha de verse que el ordenamiento penal  partiendo    del    “respeto    a    la   dignidad  humana” (Artículo 1° C.P.) determina como función  de   la   pena    la   “prevención   general,  retribución  justa,  prevención especial, reinserción social y protección al  condenado…” (Artículo 4°).   

De esta forma, el Estado dentro del ejercicio  legítimo  del  poder  punitivo  tiene  el  deber  de  sancionar  las  conductas  previamente  determinadas  como dañinas a la sociedad y a los individuos que la  conforman  en particular, a fin de no sólo proteger la comunidad, sino también  de    lograr   la   reinserción   social   y   la   protección   del  condenado.  Para  ello,  tiene  la  facultad de restringir ciertos  derechos  relacionados  con  la  sanción  impuesta,  como  lo es la libertad de  circulación,  pero también posee la obligación de proteger otros derechos que  no  son  restringidos  y que como ciudadanos siguen poseyendo a plenitud quienes  son  sometidos  a tratamiento carcelario, como lo son el derecho a la vida, a la  salud,  a la integridad personal, a la libertad de conciencia, entre otros; cuyo  amparo  es imperioso y los cuales directa o indirectamente contribuyen al fin de  reinserción social que busca la pena.   

La obligación de proteger a los reclusos por  parte  del  Estado  y  específicamente  por  el  Establecimiento  Carcelario  y  Penitenciario,   se   deriva   de   la   relación   especial   de  sujeción  en  la  que aquél se encuentra  respecto  de  éste,  comoquiera  que  está  sometido  a  un régimen jurídico  especial,  en  el  cual  la “administración adquiere  una  serie  de  poderes  excepcionales  que  le permiten modular y restringir el  ejercicio  de  algunos  derechos  fundamentales  de  los internos”5 .   

De  la relación especial de sujeción, a su  vez   la   administración  asume  dos  obligaciones  frente  a  los  retenidos:  “1)de    hacer,    esto    es,   de   prever  y  controlar  los  peligros  que  pueda  sufrir una persona  retenida  desde  el momento mismo en que se produce la  privación  material  de la libertad, hasta el momento en que ella es devuelta a  la  sociedad  y  2) de no hacer, referida a la abstención de cualquier conducta  que  pueda  vulnerar o poner en peligro los derechos que no hayan sido limitados  con        la        medida        cautelar”6  (Resalta  la Sala). Y ello es  así  debido  a  que,  en  términos de la jurisprudencia del Consejo de Estado,  “así  como  el  ciudadano  debe  asumir  la  carga  derivada  de la restricción de sus derechos, en la medida en que esa retención  es   una  actividad  que  redunda  en  beneficio  de  la  comunidad,  el  Estado  se  obliga  a  garantizarle  una eficaz protección y  seguridad   para   lo   cual  éste  goza  de  posibilidades  reales,  pues  posee  también  el monopolio de la fuerza y los poderes de  coerción  que le permiten afrontar tales riesgos”7 (Resalta la Sala).   

En  lo  que  atañe  a  la satisfacción del  derecho   a   la   salud,   la   Ley   65  de  19938  establece  que  “en  cada  establecimiento  se  organizará un servicio de sanidad  para  velar  por la salud de los internos,  examinarlos  obligatoriamente  a  su  ingreso  en  el  centro  de  reclusión  y  cuando  se decrete su libertad; además, adelantará campañas de  prevención   e  higiene,  supervisará  la  alimentación  suministrada  y  las  condiciones   de   higiene   laboral   y   ambiental.  Los  servicios  de  sanidad y salud podrán prestarse  directamente  a  través  del  personal  de  planta  o mediante contratos que se  celebren      con      entidades      públicas      o      privadas” (Resaltado fuera del texto) (Artículo  104).  Señala específicamente que, “todo interno en  un   establecimiento   de   reclusión  debe  recibir  asistencia  médica en la forma y condiciones previstas  por  el reglamento. Se podrá permitir la atención por médicos particulares en  casos  excepcionales  y  cuando  el  establecimiento  no  esté  en capacidad de  prestar  el  servicio”  (Resalta la Sala) (Artículo  106),  configurándose  de  este modo y de manera explícita, la obligación del  Estado  a  través  de  los  Establecimientos  Carcelarios  y  Penitenciaros  de  satisfacer  el  derecho  fundamental  a  la  salud  de  los  reclusos.  En otros  términos,  “el  Estado  se  hace  responsable de la  salud  de  los  internos  -detenidos  preventivamente o condenados- en todos sus  aspectos,  a  partir de su ingreso al centro de reclusión o detención hasta su  salida”9.   

Con  respecto  al  alcance  del derecho a la  salud  en numerosos pronunciamientos esta Corte ha establecido que, “la  atención  correspondiente  incluye, también a su cargo, los  aspectos         médicos,         quirúrgicos,         hospitalarios         y  farmacéuticos…”10,   al  igual que se debe  “asegurar  que  las  prescripciones  y  ordenes  que  impartan  en  materia  de  medicinas,  tratamientos,  exámenes especializados y  terapias  tengan  lugar en efecto” y que “el  cuidado  de  la  salud… en los campos médico, quirúrgico,  asistencial,  o  el  que  implique tratamientos o terapias debe ser oportuno, es  decir,  ha  de darse de tal modo que no resulte tardío respecto a la evolución  de  la  enfermedad  del  paciente;  aun en los casos en que la patología admita  espera,  si el preso sufre dolores intensos la atención médica o farmacéutica  debe  ser  inmediata,  por  razones humanitarias, de tal manera que la demora en  brindarla   efectivamente   no   se   convierta  en  una  modalidad  de  tortura  ”11.   

De lo expuesto, se concluye que “respecto  de  las  personas  que  se  encuentran recluidas en los  diferentes  Establecimientos  Carcelarios  y  Penitenciarios,  ya  sea de manera  preventiva  o  por causa de una condena, surge para el Estado la responsabilidad  de  la  prevención,  cuidado,  conservación, tratamiento y recuperación de la  salud”12.   

iii)  Inexcusabilidad  de  la  ausencia  de  prestación  de  servicios  médicos  por  trámites  administrativos o falta de  recursos económicos.   

Partiendo  de  la  obligación  estatal  de  garantizar  el derecho a la salud a todas las personas previstas en el artículo  49  de  la  Constitución  Política, y de la obligación especial de satisfacer  este   derecho   a   los   reclusos  por  parte  de  los   Establecimientos  Penitenciarios  y  Carcelarios, debido al especial estado de sujeción en que se  encuentran,   esta  Sala  resalta  que  del  cumplimiento  de  esta  obligación  constitucional   es   injustificado  exonerarse  aduciendo  la  realización  de  trámites administrativos y la ausencia de recursos económicos.   

De  este  modo,  uno  de  los  contenidos  obligacionales  de  la  prestación de los servicios de salud que corresponde al  Estado  brindar  a  todas  las personas, hace referencia a que este servicio sea  proporcionado  en  forma  adecuada,  oportuna  y  suficiente,  de  allí  que la  alusión  a  la  ausencia de recursos económicos o la realización de trámites  administrativos  como  trabas  para  la  satisfacción  del  derecho a la salud,  constituyen,  en principio, una vulneración al compromiso adquirido que implica  la  previsión  de  todos los elementos técnicos, administrativos y económicos  para            su           satisfacción14.   

Y  la ausencia de trámites administrativos  para  cumplir  con  dicha  obligación  no constituye una razón suficiente para  exonerar  su  cumplimiento,  justamente  porque  se  trata de la garantía de un  derecho    fundamental,    razón    de    la   estructura   Estatal15,  y  una  carga que el acreedor de este derecho no tiene porqué soportar.   

Permitir  ello  sería  tanto  como  si  los  derechos  de  los  ciudadanos  estuvieran  al  servicio del Estado, es decir, la  satisfacción  de  los derechos sometida al querer de la administración y no el  Estado  al  servicio  de  la  satisfacción de los derechos, lo que abiertamente  contrariaría la existencia misma del Estado.   

3. Caso concreto.  

3.1  El gestor del  amparo  pretende  con  esta  acción constitucional que sea protegido su derecho  fundamental  a la salud, ordenando al Establecimiento Carcelario y Penitenciario  de  la ciudad de Manizales suministrar los médicos y las medicinas que requiere  en  razón a la herida de bala en su mano izquierda, la cual sufrió antes de su  ingreso al mencionado centro de reclusión.   

Adujo  que  el  23 de noviembre de 2007 tuvo  entrevista  “con el especialista recomendándo[l]e un  examen  de  control  para el mes de febrero de este año 2008 pero a la fecha no  [lo]  sacaron”; que hoy en día le duele bastante la  mano  y que no ha sido posible una remisión con el especialista, ya que, según  señaló,  “el  dicho de los médicos locales es que  no hay dinero para mi tratamiento…”.   

3.2 El Director del  Establecimiento   Penitenciario   y  Carcelario  de  Manizales  respecto  de  la  pretensión  del  accionante  señaló  que, “… una  vez  se  suscrita  (sic)  el  nuevo  convenio  para la atención en salud, la sección de sanidad procederá a  remitir  inmediatamente  al  interno  ante  el especialista en ortopedia, único  procedimiento   médico   pendiente   de  ser  suministrado,  no  por  omisión,  negligencia   o   desidia   de   las   autoridades   penitenciarias,   sino  por  inconvenientes  de  índole  administrativo  ante los cuales se han ejercido las  acciones   pertinentes”.   

3.3  Como  quedó  esbozado  en  las consideraciones generales de esta providencia, el derecho a la  salud  es  un  derecho  fundamental autónomo y por conexidad con otros derechos  fundamentales,  y su relevante valor radica en que su satisfacción configura un  condicionante  necesario  para  el  desarrollo  de una vida digna que implica el  desarrollo   normal  de  funciones  y  actividades  naturales  del  ser  humano.   

El  Estado  es  el garante de la prestación  efectiva  del  derecho a la salud de todas las personas y en especial de las que  se  encuentran  recluidas  en  los  diferentes  Establecimientos  Carcelarios  y  Penitenciarios,  como  quiera que al estar incursas en una relación especial de  sujeción  cuya  parte preponderante es el Estado, éste posee la obligación de  prever  y  controlar  los peligros que pueda sufrir, y salvaguardar los derechos  fundamentales  que  no  fueron restringidos en razón a la sanción impuesta, en  aras  del  respeto  al  derecho  a  la  vida  en  condiciones  dignas, principio  fundamental del ordenamiento constitucional.   

El  incumplimiento  de  la  obligación  del  Estado  de  satisfacer  el  derecho a la salud no es justificable, en principio,  por  problemas  de  índole  administrativos  o económicos, pues se trata de un  derecho  esencial  para  la  existencia  misma  del  individuo y el velar por el  bienestar  de  éste  constituye  la  razón  de la creación Estatal; para ello  posee  el  poder  de  emplear  todos  los mecanismos para la consecución de esa  finalidad,  por  lo  que  no  resulta  justificable  excusar  su  incumplimiento  aduciendo  ausencia  de  recursos  o  trabas  administrativas  cuando  son estos  factores dependientes de la misma administración.   

3.4   Por   lo  precedentemente  expuesto,  observa  esta  Sala  que el derecho fundamental a la  salud  del  accionante  fue  vulnerado  por la entidad demandada, al dilatar los  servicios  de salud que aquél requería con ocasión de la herida de bala en su  mano  izquierda, como quiera que con la actuación de suspender la satisfacción  de  este  derecho  fundamental  hasta que fueran superados los inconvenientes de  índole   administrativo,   se  transgrede  el  derecho  a  la  vida  digna  del  accionante,   debido  al  padecimiento  de  los  dolores  y  a  la  ausencia  de  tratamiento de la herida que sufrió.   

De  este modo, al incumplirse la obligación  por  parte  del  Estado, específicamente por el Establecimiento Penitenciario y  Carcelario  de  la  ciudad de Manizales, de satisfacer el derecho a la salud del  accionante,  esta Sala dispondrá la protección de este derecho constitucional,  para  lo  cual  revocará  la  sentencia  objeto  de  revisión y ordenará a la  entidad  accionada el suministro inmediato de los procedimientos que requiere el  accionante  para  la  satisfacción  de  su  derecho  fundamental  a  la  salud.   

3.5  Advierte esta  Sala   en   la   actuación   surtida  por  el  a  quo  la  falta  de cuidado en el análisis de los elementos  probatorios  insertos  en  el expediente, como quiera que la razón aducida para  negar  el  derecho  invocado  se centró en la ausencia de elementos probatorios  que  constataran  la  vulneración,  cuando  la  entidad accionada reconoció su  falta   en   el  tratamiento  médico  al  accionante  debido  a  inconvenientes  administrativos  (fl.  12  cdno.  tutela).  Finalmente,  resalta  esta  Sala  la  carencia  de lógica en la parte resolutiva de la sentencia objeto de revisión,  debido  a  que  a  pesar  de resolverse negar el derecho de tutela invocado, sin  embargo  dio  la  orden de “prever al señor director  para  que  gestione  la  cita  con  el especialista ordenada desde febrero en un  ternito   (sic)    no  inferior a diez (10) días”.   

IV. DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Sala Primera de  Revisión,  administrando  justicia  en  nombre  del  pueblo y por mandato de la  Constitución Política,   

RESUELVE  

Primero: REVOCAR el  fallo  proferido  el  9  de septiembre de 2008 por el Juzgado Séptimo Penal del  Circuito  de Manizales que negó acción de tutela presentada por José Fernando  López  Galvis contra el Establecimiento Carcelario y Penitenciario de la ciudad  de  Manizales;  y  en  su  lugar, CONCEDER el    amparo    del    derecho    fundamental   a   la   salud   del  accionante.   

Segundo: ORDENAR al  Director  del  Establecimiento  Penitenciario  y  Carcelario  de  la  ciudad  de  Manizales,  que  dentro  de  las  cuarenta  y  ocho  (48)  horas siguientes a la  notificación  de  esta providencia, si aún no lo hubiere hecho, remita a José  Fernando López Galvis ante el especialista en ortopedia.   

Tercero:  DAR  por  secretaría  cumplimiento  a lo dispuesto en el artículo 36 del Decreto 2591 de  1991.   

Notifíquese, comuníquese, publíquese en la  Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

JUAN CARLOS HENAO PÉREZ  

Magistrado Ponente  

CLARA ELENA REALES GUTIÉRREZ  

Magistrada (E)  

LUIS ERNESTO VARGAS SILVA  

Magistrado  

MARTHA     VICTORIA     SACHICA     DE  MONCALEANO   

Secretaria General    

1  Sentencias  de  tutela  T-597  de  1993, T-1218 de 2004, T-361 de 2007, T-407 de  2008.   

2 T-527  de 2008.   

3 C-463  de 2008   

4  Consultar  sentencias  de  tutela:  T-1063 de 2004, T-361 de 2007, T-133 de 2007  entre otras.   

5 T-714  de  1996  reiterada entre otras en sentencia de tutela T-1168 de 2003, T- 133 de  2006.   

6  Sentencia  de  30 de marzo de 2000, Radicado: 13543 de la Sección Tercera de la  Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado.   

7  Ibídem.   

8  Código  Penitenciario  y Carcelario. La remisión al ordenamiento penitenciario  se  efectúa  por  disposición  del  artículo 459 del Código de Procedimiento  Penal  el  cual  señala  que  “la ejecución de la  sanción  penal  impuesta  mediante  sentencia  ejecutoriada,  corresponde a las  autoridades  penitenciarias  bajo  la  supervisión y  control   del  Instituto  Nacional  Penitenciario y Carcelario, en coordinación  con  el  juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad.  En todo lo  relacionado  con  la  ejecución  de  la  pena,  el  Ministerio  público podrá  intervenir   e   interponer  los  recursos  que  sean  necesarios”  (Resalta la Sala). El Código Penitenciario y Carcelario al igual  que  el  Código  Penal  se  regenta  por el respeto a la dignidad humana, a las  garantías  constitucionales  y a los derechos humanos  (Artículo 5) a fin  de alcanzar la resocialización del infractor.    

9 T-607  de 1998.   

10  Ibídem.   

11  T-535 de 1998, T- 607 de 1998 entre otras.   

12  T-254 de 2005.   

13  Literal   a)   del   artículo   2°   de   la  Ley  100  de  1993  “por  el  cual  se crea el sistema de seguridad social integral y  se dictan otras disposiciones”.   

14  T-285 de 2000.   

15  Artículo   2   de   la   Constitución  Política  establece  que  “son   fines  esenciales  del  Estado:  servir  a  la  comunidad,  promover  la  prosperidad  general  y  garantizar  la  efectividad   de   los   principios,   derechos  y  deberes  consagrados  en  la  Constitución…”(Resalta  la Sala).     

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