T-584-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-584-09  

DERECHO      A     LA     SUSTITUCION  PENSIONAL-Carácter fundamental   

DERECHO      A     LA     SUSTITUCION  PENSIONAL-Contenido y alcance   

SUSTITUCION     PENSIONAL-Finalidad   

PENSION   DE   SOBREVIVIENTES-Convivencia efectiva al momento de la muerte   

DERECHO      A     LA     SUSTITUCION  PENSIONAL-Tratamiento     legal     en     diversos  ordenamientos   

ACCION  DE  TUTELA CONTRA ACTO ADMINISTRATIVO  QUE  NEGO  SUSTITUCION  PENSIONAL-Cajanal  se basó en  norma  derogada  que  fue  reemplazada por el artículo 47 de la ley 100 de 1993  para negar la prestación económica   

SUSTITUCION     PENSIONAL-Reconocimiento     como     beneficiaria     de     su    compañero  permanente   

Referencia: expediente T-2.251.245  

Acción de tutela instaurada por Blanca Inés  Vásquez de Álvarez en contra de CAJANAL.   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB  

Bogotá D.C.,  veintisiete (27) de agosto  de dos mil nueve (2009)   

La  Sala Sexta de Revisión de Tutelas de la  Corte  Constitucional,  conformada por los magistrados  Jorge  Ignacio  Pretelt  Chaljub  -quien  la  preside-, Nilson Pinilla Pinilla y  Humberto    Antonio   Sierra   Porto,   en   ejercicio   de   sus   competencias  constitucionales  y  legales, y específicamente las previstas en los artículos  86  y  241  numeral 9° de la Constitución Política, ha proferido la siguiente   

SENTENCIA  

En  el proceso de revisión de los fallos de  tutela  proferidos  por  el  Juzgado  Veintiuno  Laboral  Piloto  de Oralidad de  Medellín  y  el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  Sala Laboral, dentro de la  acción  de  tutela  instaurada  por  Blanca  Inés  Vásquez de Álvarez contra  la  Caja Nacional de Previsión Social- CAJANAL-.   

    

1. ANTECEDENTES     

A  través de apoderado judicial, la señora  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ,  de 77 años de edad,  interpuso acción de tutela  como   mecanismo  transitorio,  contra  la  CAJA  NACIONAL  DE  PREVISIÓN-EICE-  CAJANAL-   para   que   se  le  protejan  de  manera  transitoria  sus  derechos  fundamentales  a  la  tercera  edad,  a  la seguridad social y al mínimo vital.   

     

1. HECHOS     

    

1. La   señora   BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ  DE  ÁLVAREZ, nació el 8 de junio de 1932.     

    

1. Convivió  con  el  señor  GABRIEL ROBERTO  CALLE  en  calidad  de  compañera permanente desde el  año  de  1960. De dicha convivencia nació WILSON  DE  JESÚS CALLE en el año de 1965. Del grupo familiar  también  hacían  parte las menores LUZ MARINA y NELSY  CALLE    RENGIFO,    hijas   del   señor  GABRIEL  ROBERTO CALLE quienes estuvieron  bajo  la  custodia  y cuidado personal de la señora BLANCA INÉS, viviendo bajo  el mismo techo, hasta que formaron sus propios hogares.     

    

1. La  accionante  había  contraído  matrimonio  con el señor RAMÓN  ANTONIO  ÁLVAREZ  en el año de 1948, con quien tuvo vida marital hasta el año  de  1952,  fecha  desde  la  cual  éste abandonó el hogar y no conoce  su  paradero, al punto de ignorar si aún vive.     

1. El   compañero   permanente  de  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ  ÁLVAREZ,  señor   GABRIEL  ROBERTO  CALLE, murió el 3 de abril de 1970, y ostentaba  la   calidad   de  pensionado  a  cargo  de  CAJANAL.  A  la  fecha  de  su  fallecimiento  velaba económicamente por el sostenimiento de la accionante y de  sus hijos.     

    

1. El  29 de mayo de 1973 se reconoció la pensión de sobrevivientes a  los  menores  WILSON DE JESÚS CALLE, hijo de doña BLANCA INÉS, y a LUZ MARINA  y  NELSY  CALLE  RENGIFO,  hijas  de  GABRIEL ROBERTO CALLE, pero a cargo, desde  muchos    años    atrás,    de   la   señora   BLANCA   INÉS   VÁSQUEZ   DE  ÁLVAREZ.     

    

1. En  su calidad de compañera permanente, y mientras vivió el señor  GABRIEL  ROBERTO  CALLE,  la accionante accedía al servicio médico de CAJANAL,  incluso  la  prestación  de  dicho servicio médico se mantuvo hasta el año de  1997, es decir 22 años después del deceso del señor CALLE.     

    

1. La  accionante ha presentado varias peticiones a CAJANAL para que se  le  reconozca  la pensión de sobreviviente del señor GABRIEL ROBERTO CALLE. En  el  año  de 1996, mediante Resolución 1516 del 14 de febrero dicha pensión le  fue  negada  y  en  febrero  del 2007 se le notificó otra Resolución, la 01138  mediante   la   cual  nuevamente  se  le  niega  la  petición  de  pensión  de  sobreviviente.     

Ambas Resoluciones invocaron el artículo 39  del   Decreto  3135  de  1968  y  CAJANAL  adujeron  que  la  accionante  “…  no   podía   ostentar   la  calidad  de  compañera  permanente  del  causante  porque en la partida  de bautismo que obra en el  cuaderno  administrativo  se  observa  nota marginal de matrimonio celebrado con  RAMÓN  ANTONIO  ÁLVAREZ  BARRERA, y no existe constancia de viudez o sentencia  de  separación  de  cuerpos de la solicitante y su legítimo esposo…”    

    

1. Con  las diversas peticiones a Cajanal, se adjuntaron los documentos  necesarios  exigidos  por  la entidad, así como prueba testimonial sumaria  de la calidad de compañera permanente de Gabriel Roberto Calle.     

    

1. Se  lee  en  la tutela, que en todas las actuaciones realizadas ante  CAJANAL,  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ DE ÁLVAREZ ha carecido de los servicios de un  abogado.  Dadas  las  condiciones de pobreza extrema en las que vive, le ha sido  imposible  contratar asesoría jurídica para presentar las acciones a que tiene  derecho.  Parcialmente  ha  sido apoyada por la Defensoría del Pueblo a través  de  la  Casa  de  Justicia  del  barrio  VILLA DEL SOCORRO de la Ciudad  de  Medellín.     

    

1. Sostiene  el  apoderado,  que  la  señora  BLANCA INÉS VÁSQUEZ ha  sobrevivido  de  la  caridad pública y de la escasa ayuda que le brinda su hijo  WILSON  DE  JESÚS  CALLE,  así  como  de  los eventuales trabajos domésticos.  WILSON  DE  JESÚS  CALLE  es  casado  y  tiene a su cargo la esposa y dos hijas  menores,  razón  por la cual no le es posible garantizar a su señora madre las  condiciones  mínimas  de  sobrevivencia.  WILSON  DE JESÚS CALLE se desempeña  como  vendedor  ambulante  y sus ingresos no ascienden siquiera al mínimo legal  vigente.     

    

1. El  estado  de salud de la señora BLANCA INÉS VÁSQUEZ es bastante  precario,  ha  sobrevivido a varios infartos y a un derrame cerebral. Como   consecuencia  de   una  caída  le  insertaron platinas  en   un   pie  y  a  la   altura  de la cadera; dolencias éstas que la han  imposibilitado   para  seguir  desarrollando  sus actividades como eventual  trabajadora  doméstica.  Los  medicamentos  que  debe  ingerir  son  Biolapril,  Betoprolal, Hidroclorotiazida y Daronal.      

    

1. Como   BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ  carece  de  un  mínimo  vital  para  subsistir,  se  encuentra  en una situación de debilidad y vulnerabilidad   manifiesta,  “…  someterla  a  la  espera  de  varios  años  para iniciar y  terminar  un  proceso  Contencioso  Administrativo  en  procura  de  que  se  le  reconozca  y  pague la Pensión de Sobreviviente  es someterla a un proceso  que,  muy probablemente, demore más que  su  esperanza  de   vida”.  En  la  demanda  consta  que  la  Señora  BLANCA INÉS VÁSQUEZ está  afiliada  al   Sistema  General  de  Seguridad  Social  en  salud,  en  el  Régimen Subsidiado.      

    

1. Insiste la demanda, en que la  CAJA  NACIONAL  DE  PREVISIÓN  SOCIAL    EICE   –  CAJANAL-   brindó asistencia médica a la accionante durante el tiempo que  estuvo  en vida su compañero y hasta el año 1997 es decir 27 años después de  su  fallecimiento;  así   las  cosas,  a juicio del apoderado de  la  accionante,  “resulta caprichoso y arbitrario que se niegue la pensión de  sobrevivientes  con  el  argumento esgrimido en la resolución 01138 de 2006.”  Se  reitera  que  “siempre CAJANAL reconoció   la    calidad    de    compañera   permanente   a  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ,    como  que  en  vida   de  su  compañero  le  brindó  la  asistencia  medica  que  le  siguió  prestando  27 años después del deceso de  este,  además  de  que  la  reconoció como representante de los hijos del  pensionado    para     efectos     de    recibir    la   pensión   de  sobreviviente  y de  que  procreó   con   él   a  WILSON   DE   JESÚS   CALLE  VÁSQUEZ,   todo     en    el    marco   del   hogar   que   tuvo   con   el   hoy  difunto.”     

1. SOLICITUD DE LA TUTELA     

Con  fundamento  en  los hechos narrados, la  accionante  solicitó  se le concediera la tutela como mecanismo transitorio, en  los  términos  establecidos en el artículo 8° del Decreto 2591 de 1991.   En    consecuencia   se  disponga   ordenar  a  la  CAJA  NACIONAL  DE  PREVISIÓN       SOCIAL       EICE­   CAJANAL,   que  la incluya  en  la   nómina   de  pensionados  de  manera  inmediata  e inicie en  el  término  perentorio  de  48  horas  el  pago  de  la  pensión de sobreviviente  originada  en  la  muerte  de  su  compañero   permanente,  señor GABRIEL  ROBERTO  CALLE, en monto no inferior a un salario mínimo legal mensual vigente.  Pide   además, “que la orden que se imponga se  mantenga  hasta tanto ” . . . presente acción de nulidad y restablecimiento del  derecho en procura de obtener la prestación solicitada”.   

     

1. PRUEBAS  ALLEGADAS AL PROCESO     

    

1. Copia  de  la  Resolución 01138 del 2016 mediante la que se niega a  la accionante la petición de pensión de sobrevivientes.     

    

1. Fotocopia  del  carné  de  afiliación  al  Régimen Subsidiado del  sistema   General   de   Salud   de  la  señora  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ.      

    

1. Fotocopia  de  la  Cédula  de  Ciudadanía  de la accionante.      

    

1. Fotocopia  del  carné  de afiliación de BLANCA INÉS VÁSQUEZ a la  CAJA NACIONAL DE PREVISIÓN SOCIAL.     

    

1. Fotocopias   de   recibos   de   pago   de    la   Pensión  de  Sobrevivientes  a nombre de BLANCA INÉS VÁSQUEZ.     

    

1. Copia   de   la  Partida  de  Bautismo  de  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ.     

    

1. Copia  del  Registro  Civil  de Nacimiento de  WILSON DE JESÚS  CALLE  VÁSQUEZ,  hijo  de  la  accionante  y  del señor GABRIEL ROBERTO CALLE.     

    

1. Copia  de  la prueba de esfuerzo y diversos exámenes médicos   practicados  a  BLANCA  INES  VÁSQUEZ  en 1997 y en calidad de  afiliada a  CAJANAL.      

    

1. Copia  del certificado de defunción de GABRIEL ROBERTO CALLE.      

    

1. Copias  de  peticiones  presentadas  por  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ  a  CAJANAL.     

     

1. DECISIONES  JUDICIALES     

     

1. Sentencia de  Primera Instancia     

El  Juzgado  Veintiuno  Laboral  Piloto  de  Oralidad  del  Circuito  de  Medellín, mediante fallo del  3 de febrero de  2009,  negó la tutela interpuesta por Blanca Inés Vásquez, por las siguientes  razones:   

     

* No  es  la tutela el medio judicial establecido legalmente para el reconocimiento de  pensiones.     

     

* No  procede  tampoco  el  amparo  como mecanismo transitorio en este caso, pues ello  implicaría  el  desconocimiento  por  parte del juez de tutela de la autonomía  funcional    que   la   Constitución  reconoce  a  otras  autoridades  encargadas de las cuestiones litigiosas de orden legal.     

     

* La  presente  cuestión  no  puede  dirimirla  el juez constitucional, por cuanto la  controversia   sobre  un  derecho  pensional   debe  ser  resuelta  por  el  procedimiento establecido especialmente.     

     

1. Sentencia de  Segunda Instancia     

La   Sala  Décima  Primera  de  Decisión  Laboral   del Tribunal Superior de Medellín, confirmó el fallo de primera  instancia,    tras   considerar   que   “el   Juez  Constitucional  está inhabilitado para determinar si a la tutelante le asiste o  no   derecho   a   percibir   la   sustitución   pensional  derivada   del  fallecimiento  del  pensionado  Gabriel  Roberto  Calle,  pues no cuenta con los  elementos  de  juicio  suficientes  para  resolver  la  controversia  presentada  y   por ende para reconocer el derecho prestacional deprecado. Es a través  del   proceso  ordinario  que  la  accionante  puede  entrar a demostrar el  derecho  que  le  asiste  a ser beneficiaria de la prestación de sobrevivientes  que    reclama.    La  prosperidad  de  la  acción  de  tutela  está  supeditada  a  la  demostración  del quebrantamiento de por lo menos un derecho  fundamental  en  relación  directa a una acción u omisión imputable a la  autoridad  pública accionada. Y en el presente caso no se evidencia que el ente  público  tutelado  hubiese   incurrido  en  una conducta que eventualmente  pudiera  ser  objeto  de  examen por parte del Juez de tutela para establecer la  posible      vulneración     de     un     derecho     fundamental.”    

    

1. CONSIDERACIONES       Y       FUNDAMENTOS      DE      LA      CORTE  CONSTITUCIONAL     

     

1. COMPETENCIA     

Esta Corte es competente para revisar   los  fallos  mencionados, de conformidad con lo establecido en los artículos 86  y  241-9  de  la  Constitución Política, en los artículos 31 a 36 del Decreto  2591   de   1991   y   en   las   demás  disposiciones  pertinentes.   

     

Como la autoridad contra la cual se dirigió  la  acción  de  tutela no respondió los requerimientos exigidos por el juez de  instancia  con  el  fin  de que diera contestación a los hechos expuestos en la  presente  tutela,  ni  justificó  tal  omisión,  se  dará  aplicación  a  la  presunción  de  veracidad,  de  conformidad con lo dispuesto en el artículo 20  del decreto 2591 de 1991.   

     

1. PROBLEMA  JURÍDICO     

La Corte debe establecer si la CAJA NACIONAL  DE  PREVISIÓN  SOCIAL- CAJANAL- vulneró los derechos de la actora cuando negó  su  solicitud  de sustitución pensional, con base en dos argumentos: (i) que la  señora  Blanca  Inés  Vásquez no reúne la condición  de “cónyuge”  del  causante  y (ii) además, no se probó que estuviera separada, divorciada o  viuda  de  su primer matrimonio para poder ostentar la calidad de “cónyuge”  del  pensionado  fallecido.  Cajanal soporta su decisión en el artículo 39 del  Decreto 3135 de 1968.   

Para resolver el problema jurídico, la Sala  estudiará  la  figura  de  la  pensión  de  sobrevivientes  a  la  luz  de  la  jurisprudencia   constitucional  y  de  la  normativa  legal  vigente  sobre  la  materia.   

     

1. LA  SUSTITUCIÓN PENSIONAL Y SU RELEVANCIA CONSTITUCIONAL     

Ante  todo  debe señalarse que, si bien el  derecho  pretendido  en la demanda tiene una naturaleza prestacional, como es la  titularidad   de   una  pensión  de  sobrevivientes,  la  Corte  ha  dicho  que  “los  conflictos  surgidos  con  ocasión  del  derecho  a  la  sustitución  pensional  tienen  relevancia constitucional en la  medida  en que su resolución pueda afectar derechos fundamentales  como la  igualdad   y   la   familia   entre   otros.”   1   

En  efecto,  el  derecho  a la sustitución  pensional  adquiere  la naturaleza de derecho fundamental en la medida en que se  constituye  en  un medio de garantía de otros derechos con claro reconocimiento  constitucional,  pues  está  contenido  dentro  de  valores  tutelables como el  derecho  a  la  vida, a la seguridad social, a la salud y al trabajo2.   

Esta Corporación ha precisado la finalidad  y  la  razón de ser de la sustitución pensional, como mecanismo de protección  de  los  familiares  del  trabajador pensionado ante el posible desamparo en que  pueden  quedar  por  razón de su muerte, pues al ser beneficiarios del producto  de  su  actividad  laboral,  traducida  en  ese momento en una mesada pensional,  dependen  económicamente  de  la misma para su subsistencia. La sentencia T-190  de  1993 definió el contenido y los alcances de ese derecho prestacional, de la  siguiente manera:   

“La  sustitución  pensional,  de  otra  parte,  es  un derecho que permite a una o varias personas entrar a gozar de los  beneficios  de  una  prestación económica antes percibida por otra, lo cual no  significa  el  reconocimiento  del  derecho  a la pensión sino la legitimación  para   reemplazar  a  la  persona  que  venía  gozando  de  este  derecho.  Los  beneficiarios  de  la  sustitución de las pensiones de jubilación, invalidez y  de  vejez,  una  vez  haya fallecido el trabajador pensionado o con derecho a la  pensión,  son  el  cónyuge  supérstite o compañero (a) permanente, los hijos  menores   o   inválidos  y  los  padres  o  hermanos  inválidos  que  dependan  económicamente  del  pensionado  (Ley  12  de 1975, art. 1º y Ley 113 de 1985,  art.  1º,  parágrafo  1º).  La  sustitución  pensional  tiene como finalidad  evitar  que las personas allegadas al trabajador y beneficiarias del producto de  su  actividad  laboral  queden  por  el  simple  hecho de su fallecimiento en el  desamparo  o  la desprotección. Principios de justicia retributiva y de equidad  justifican  que  las  personas que constituían la familia del trabajador tengan  derecho  a  la  prestación  pensional  del  fallecido para mitigar el riesgo de  viudez  y  orfandad  al  permitirles  gozar  post-mortem  del status laboral del  trabajador fallecido.”.   

De  esta  manera,  la  familia,  núcleo  e  institución  básica  de la sociedad de conformidad con los artículos 5o. y 42  superiores,  constituye el bien jurídico tutelable en el derecho prestacional a  una   sustitución   pensional,   debiendo  ser  amparada  integralmente  y  sin  discriminación  alguna.  Por  ello, la protección que se deriva de ese derecho  abarca  sus  distintas  formas  de  configuración,  es  decir la que se forma a  través  del  vínculo  del  matrimonio  o  mediante  el  vínculo emanado de la  voluntad  de  establecer  una  unión  marital  de  hecho,  criterio  igualmente  señalado    en    la    sentencia    antes    citada,    en    los   siguientes  términos:   

“El derecho a la pensión de jubilación  tiene  como  objeto  no dejar a la familia en el desamparo cuando falta el apoyo  material  de  quienes con su trabajo contribuían a proveer lo necesario para el  sustento  del  hogar.  El  derecho  a  sustituir  a  la persona pensionada o con  derecho  a  la  pensión obedece a la misma finalidad de impedir que sobrevenida  la  muerte  de  uno  de  los  miembros de la pareja el otro no se vea obligado a  soportar  individualmente  las  cargas  materiales  y  espirituales. El vínculo  constitutivo  de la familia – matrimonio o unión de hecho – es indiferente para  efectos del reconocimiento de este derecho. (…)”.   

El tratamiento jurídico que se predica para  las  distintas  formas  familiares  constitucionalmente aceptadas, es igualmente  aplicable  a sus integrantes, como sería el caso de la cónyuge y la compañera  permanente.            La            Corte3   sobre   el   particular  ha  aseverado lo siguiente:   

“En  ese orden de ideas, todas  las  prerrogativas,    ventajas    o   prestaciones   y   también   las   cargas   y  responsabilidades  que  el  sistema  jurídico  establezca   a favor de las  personas  unidas  en  matrimonio  son  aplicables, en pie de igualdad, a las que  conviven  sin  necesidad  de  vínculo  formal.  De  lo  contrario,  al  generar  distinciones   que   la   preceptiva    constitucional   no  justifica,  se  desconoce   la  norma que equipara las formas de unión (artículo 42 de la  C.P)  y  se  quebranta   el principio de igualdad ante la ley (artículo 13  C.P), que prescribe el mismo trato en situaciones idénticas.”.   

Así, los derechos de la seguridad social se  extienden  tanto  a  cónyuges  como  a compañeros permanentes. El derecho a la  pensión   de   sobrevivientes   constituye  uno  de  ellos  y  respecto  de  su  reconocimiento  puede  llegar  a  producirse  un conflicto entre los potenciales  titulares  del  mismo.  En  ese caso, se ha establecido legalmente que el factor  determinante  para dirimir la controversia está dado por el compromiso de apoyo  afectivo  y  de  comprensión  mutua  existente entre la pareja al momento de la  muerte     del     trabajador     pensionado.     Así    lo    recordó    esta  Corporación:   

“De  lo  anteriormente  expuesto,  puede  concluirse  que  respecto  del  derecho  a  la  sustitución  pensional  rige el  principio   de   igualdad   entre  cónyuges  supérstites  y  compañeros  (as)  permanentes  porque,  siendo  la familia el interés jurídico a proteger, no es  jurídicamente  admisible privilegiar un tipo de vínculo específico al momento  de  definir  quién  tiene  derecho  a  este beneficio. Por el contrario, la ley  acoge  un  criterio  material – convivencia efectiva al momento de la muerte – y  no  simplemente  formal  –  vínculo  matrimonial  –  en la determinación de la  persona  legitimada para gozar de la prestación económica producto del trabajo  de       la       persona       fallecida.”.4   

En  consecuencia,  el  reconocimiento  del  derecho  a  la  sustitución pensional está sujeto a una comprobación material  de  la  situación  afectiva  y  de  convivencia  en  que  vivía  el trabajador  pensionado  fallecido,  al  momento de su muerte, con respecto a su cónyuge o a  su  compañera  permanente,  para efectos de definir acerca de la titularidad de  ese   derecho.   La   Corte   se   pronunció   al   respecto  de  la  siguiente  manera:   

“En lo que respecta específicamente a la  sustitución  pensional  entre  compañeros permanentes, es importante reconocer  que  la  Constitución  Política  le  ha  reconocido  un  valor significativo y  profundo   a   la   convivencia,   al  apoyo  mutuo  y  a  la  vida  en  común,  privilegiándola  incluso  frente  a  los  rigorismos meramente formales. En ese  orden  de  ideas,  es  posible  que  en  materia de sustitución pensional   prevalezca  el  derecho de la compañera o compañero permanente en relación al  derecho  de  la  esposa  o  esposo,  cuando  se  compruebe  que  el segundo  vínculo  carece  de  las  características  propias  de  una  verdadera vida de  casados,  –  vg.  convivencia,  apoyo  y  soporte  mutuo-,  y  se hayan dado los  requisitos   legales  para  suponer  válidamente que la real convivencia y  comunidad  familiar  se  dio entre la compañera permanente y el beneficiario de  la  pensión  en los años anteriores a la muerte de aquel. En el mismo sentido,  si  quien  alega  ser  compañera  (o) permanente no puede probar la convivencia  bajo  un  mismo techo y una vida de socorro y apoyo mutuo de carácter exclusivo  con  su  pareja,  por  dos años mínimo, carece de los fundamentos que permiten  presumir   los  elementos  que  constituyen  un  núcleo  familiar,  que  es  el  sustentado  y  protegido  por la Constitución. Es por ello que no pueden alegar  su  condición  de  compañeras  o  compañeros,  quienes no comprueben una  comunidad  de  vida  estable, permanente y definitiva con una persona, -distinta  por  supuesto  de una relación fugaz y pasajera-, en la que la ayuda mutua y la  solidaridad  como  pareja  sean  la base de la relación, y permitan que bajo un  mismo  techo  se  consolide  un   hogar  y se busque la singularidad,   producto  de  la  exclusividad  que se espera y se genera de la pretensión  voluntaria   de   crear    una   familia.”.5   

     

1. CASO  CONCRETO. ANÁLISIS DEL  PROBLEMA JURÍDICO     

Se  advierte que mediante Resolución 01138  de  26  de  Enero  de 2007 Cajanal le negó a la tutelante el  derecho a la  sustitución  pensional  derivada del fallecimiento del pensionado Gabriel Calle  por  considerar que la citada”… no puede ostentar la  calidad  de  compañera  permanente  del  causante..  .”,  habida  cuenta que en  el   cuaderno administrativo respectivo “…obra partida de bautismo… que  contiene  nota  marginal  de  matrimonio  celebrado  con… Ramón Antonio   Álvarez  Barrera y no existe constancia de viudez o sentencia de separación de  cuerpos  de  la  solicitante  y su legítimo esposo…”  (fIs. 12 a 14).   

Es  decir,   la  entidad no reconoce a  Blanca  Inés Vásquez como beneficiaria de la sustitución pensional de Gabriel  Roberto  Calle,  menos aún que ésta colme  las exigencias establecidas en  las  normas,  que según la entidad,  regulan la materia para ser acreedora  de  la  prestación  de  sobrevivientes  deprecada.  La  entidad  sostiene  como  fundamento  normativo  de su decisión el contenido del artículo 39 del Decreto  3135  de  1968   a  cuyo  tenor:  “Fallecido un  empleado  público  o  trabajador  oficial  en  goce de pensión de jubilación,  invalidez  o  vejez,  su  cónyuge  y  sus  hijos  menores  de dieciocho años o  incapacitados  para  trabajar  por  razón  de sus estudios o por invalidez, que  dependieran  económicamente  de  él, tendrán derecho a percibir la respectiva  pensión durante los dos años subsiguientes”.   

Las  sentencias objeto de revisión negaron  el  amparo  solicitado argumentando que  la acción de tutela no es la vía  idónea  para  resolver  materias  litigiosas  como son las peticiones relativas  a  una  controversia pensional.    

En    consecuencia,    la  situación objeto de examen, es viable abordarla a partir de dos  interrogantes básicos:   

    

1. ¿CAJANAL  vulneró  los  derechos  fundamentales  invocados por la  accionante  al  negarle,  mediante los actos administrativos cuestionados,   el reconocimiento de la sustitución pensional que reclama?     

    

1. ¿Es  procedente  la  acción  de  tutela  para   proteger  los  derechos  fundamentales  a  la  accionante,  en  caso  de  que  éstos  realmente  hayan sido conculcados por la  entidad  accionada,  en  razón de la ineficacia del medio judicial ordinario al  cual puede acudir la actora para conseguir esa protección?     

Como ya se indicó, la jurisprudencia de la  Corte  ha  precisado  con claridad que el derecho a la sustitución pensional no  depende  de  la  clase de vínculo generador de la familia, sino de la relación  real  de convivencia y afecto que existía entre el fallecido y su beneficiaria.  Al respecto  dispuso la sentencia T-190 de 1993:   

“El derecho a la pensión de jubilación  tiene  como  objeto  no dejar a la familia en el desamparo cuando falta el apoyo  material  de  quienes con su trabajo contribuían a proveer lo necesario para el  sustento  del  hogar.  El  derecho  a  sustituir  a  la persona pensionada o con  derecho  a  la  pensión obedece a la misma finalidad de impedir que sobrevenida  la  muerte  de  uno  de  los  miembros de la pareja el otro no se vea obligado a  soportar  individualmente  las  cargas  materiales  y  espirituales. El vínculo  constitutivo  de la familia – matrimonio o unión de hecho – es indiferente para  efectos  del  reconocimiento  de  este  derecho.  El  factor  determinante  para  establecer  qué  persona  tiene derecho a la sustitución pensional en casos de  conflicto  entre el cónyuge supérstite y la compañera o compañero permanente  es  el  compromiso  de apoyo afectivo y de comprensión mutua existente entre la  pareja  al  momento  de  la muerte de uno de sus integrantes. Es por ello que la  ley  ha establecido la pérdida de este derecho para el cónyuge supérstite que  en  el  momento del deceso del causante no hiciere vida en común con él, salvo  la  existencia  de  justa  causa imputable a la conducta del fallecido (L. 12 de  1975, art. 2º y D. R. 1160 de 1989).   

(…)  

  De lo anteriormente expuesto, puede  concluirse  que  respecto  del  derecho  a  la  sustitución  pensional  rige el  principio   de   igualdad   entre  cónyuges  supérstites  y  compañeros  (as)  permanentes  porque,  siendo  la familia el interés jurídico a proteger, no es  jurídicamente  admisible privilegiar un tipo de vínculo específico al momento  de  definir  quién  tiene  derecho  a  este beneficio. Por el contrario, la ley  acoge  un  criterio  material – convivencia efectiva al momento de la muerte – y  no  simplemente  formal  –  vínculo  matrimonial  –  en la determinación de la  persona  legitimada para gozar de la prestación económica producto del trabajo  de  la  persona  fallecida.  En  consecuencia,  en  el  hipotético  caso  de la  negación  de  este  derecho  a la compañera permanente bajo el argumento de un  vínculo  matrimonial  preexistente, pero disociado de la convivencia efectiva –  v.gr.  por  el  abandono  de  la  esposa  debido  a la carga que representaba el  cónyuge  limitado físicamente -, se configuraría una vulneración del derecho  de  igualdad  ante la ley en perjuicio de quien materialmente tiene derecho a la  sustitución pensional”.   

La  conclusión  de  esta  Corporación  en  cuanto  que  para  obtener  el  derecho  a la sustitución pensional se requiere  fundamentalmente  demostrar  la  convivencia  afectiva  con el pensionado en los  años  anteriores a su muerte se deriva, entonces, de dos premisas: por un lado,  de   la  norma  constitucional que define que la familia se puede crear por  vínculos  naturales  o  jurídicos  y  que  sus  dos  modalidades  de creación  merecen   idéntica  protección,  y por el otro, del objetivo que persigue  la  pensión  de sobreviviente, cual es el garantizarle al cónyuge o compañero  supérstite   los  recursos  necesarios  para  mantener  un  nivel  de vida  similar  al  que  tenía  antes de  la muerte del conviviente que gozaba de  una pensión.6   

Así, en el momento de decidir acerca de una  solicitud  de sustitución pensional se debe observar la situación real de vida  en  común  de  dos  personas, dejando de lado los distintos requisitos formales  que  podrían  imaginarse. Por eso la compañera permanente puede desplazar a la  esposa,  y  es  ésta  también  la  razón  por  la  cual  no  se  exige  a los  convivientes  el requisito de que se encuentren en estado de soltería, viudez o  divorcio  al  momento de iniciar la unión. Ello por cuanto, por una parte, esta  exigencia  no  dice nada acerca de la convivencia efectiva  y,  por la  otra,  porque se observa que ella se convierte en un obstáculo insalvable, para  efectos  de  la  sustitución,  para  muchas personas que han compartido durante  años  su vida con otras que recibían una pensión. Este requisito,  puede  ser  fuente  de  denegación del derecho a la pensión de sobreviviente, a pesar  de   que   el  solicitante  cumpla  cabalmente  con  la  condición  de  la  convivencia   efectiva.   Y   ello  significa,  ha  dicho  la  Corte,   una  desnaturalización  del  derecho  a  la  seguridad social de las personas que no  cumplan  con  la  exigencia  de  la  soltería,  circunstancia  que entraña una  vulneración  de su derecho a ser tratadas de igual forma que las demás que han  creado  una  familia  a  partir  del  matrimonio.  7   

A  lo  señalado  en el numeral anterior se  suma  que  en  la  sentencia  C-428  de  1998, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz, se  declaró  la inconstitucionalidad  de la  expresión – “siempre   que   ambos  hubieren  permanecido  solteros  durante  el  concubinato”  -,  contenida en el artículo 55 de la  Ley  90  de  1946.  De conformidad con lo afirmado en el numeral anterior, en la  sentencia  se  estableció que “la condición [de la  soltería]  que  se  exige para que el conviviente que sobrevive pueda acceder a  la  sustitución pensional genera situaciones que lesionan en forma protuberante  el  principio  de  igualdad”. Asimismo, se expuso que  el  fin  de  esa  condición – la defensa de la institución matrimonial – no se  avenía  con  la  Constitución  de 1991, que   “proclama   la   igualdad   del  tratamiento   a  las  familias,  sin  importar  si  ellas  nacen  por  vínculos  jurídicos o naturales”.   

     

1. LA DECISIÓN  DE CAJANAL CONSTITUYE UNA VÍA DE HECHO     

CAJANAL esgrimió como fundamento jurídico  para  denegar  la  solicitud  de  sustitución  pensional  de la actora  lo  dispuesto  en  el  artículo  39  del  Decreto  3135  de  1968  según  el  cual  “Fallecido   un  empleado  público  o  trabajador  oficial  en  goce  de  pensión de jubilación, invalidez o vejez, su cónyuge y  sus  hijos  menores  de dieciocho años o incapacitados para trabajar por razón  de  sus  estudios  o  por  invalidez,  que  dependieran  económicamente de él,  tendrán  derecho  a  percibir  la  respectiva  pensión  durante  los dos años  subsiguientes”.   

Con  base  en  esa  disposición  normativa  concluyó  que  la  accionante  no  puede  ser  beneficiaria  de la sustitución  pensional    de  su  esposo,   por  cuanto  no  tiene  la  calidad  de  cónyuge  y  no figura como  soltera, ni como separada ni divorciada de su primer esposo.   

La  actuación judicial controvertida en el  presente  caso,  se  surtió  con  base  en  la aplicación de una norma laboral  derogada,  (el  artículo  39 del  Decreto 3135 de 1968) y por ello, estima  esta  Sala  se  incurrió,  de  acuerdo  con  los presupuestos  de  la  jurisprudencia            constitucional,8  en  un defecto procedimental,  en  la  medida en que la actuación se surtió al margen del procedimiento legal  establecido.   La   jurisprudencia   ha  precisado,9 que  cuando se aplica una  norma  derogada  se  incurre   en  vía  de hecho por violación del debido  proceso.10  Ha  señalado  igualmente   la   jurisprudencia  de esta  Corporación   que   en  estos  casos,  también  se  advierte  un  defecto  sustantivo que convierte en vía  de  hecho  una  actuación judicial o administrativa y opera cuando la decisión  que  se  toma se apoya en una  norma evidentemente inaplicable al caso  concreto11,       bien      sea,      por      ejemplo       (i)  porque  ha  sido  derogada  y  ya no  produce    ningún   efecto   en   el   ordenamiento   jurídico,   (ii)    porque   ella   es   claramente  inconstitucional  y  el  funcionario  se  abstuvo  de  aplicar  la excepción de  inconstitucionalidad,  (iii)  porque   su   aplicación   al  caso  concreto  es  inconstitucional12.   

Para  demostrar  lo  anterior,  es  preciso  conocer  el   tratamiento  legal que ha tenido la figura de la sustitución  en  diversos  ordenamientos.  En efecto, desde  la Ley 171 de 1961 hasta la  Ley 100 de 1993, se ha establecido lo siguiente:   

El  artículo  12  de  la  Ley  171 de 1961  decía:  “Fallecido  un  empleado  jubilado  o  con  derecho   a  jubilación  su  cónyuge  y  sus  hijos  menores  de  18  años  o  incapacitados  para  trabajar  por  razón  de sus estudios o por invalidez, que  dependiere  económicamente  de  él,  tendrán  derecho  a recibir entre todos,  según  las  reglas  del  artículo  275  del Código Sustantivo del Trabajo, la  respectiva    pensión   durante   los   dos   años   subsiguientes”.   

El  Decreto  3041  de  1966,  artículo 21:  “La  pensión  a  favor  del cónyuge sobreviviente  será  igual a un cincuenta por ciento (50%), y la de cada huérfano con derecho  igual  a  un  20  por  ciento  de  la  pensión  de invalidez o vejez que tenía  asignada  el  causante o  de la que le habría correspondido a la fecha del  fallecimiento….”   

El  artículo  39 del Decreto 3135 de 1968:  “Sustitución  de  pensión.  Fallecido un empleado  público  o  trabajador  oficial en goce de pensión de jubilación, invalidez o  vejez,  su  cónyuge y sus hijos menores de dieciocho años o incapacitados para  trabajar   por   razón  de  sus  estudios  o  por  invalidez,  que  dependieran  económicamente  de  él,  tendrán  derecho  a  percibir la respectiva pensión  durante los dos años subsiguientes”.   

El  Decreto  434  de  1971,  Artículo  19:  “El  artículo 39 del decreto 3135 de 1968 quedará  así:  Fallecido  un  empleado  público  o  trabajador  oficial  jubilado o con  derecho  a  pensión de jubilación, su cónyuge y sus hijos menores de 18 años  o  incapacitados  para  trabajar  por  razón  de  estudios  o  invalidez  y que  dependieran  económicamente  del  causante,  tendrán  derecho a percibir entre  todos,  según  las reglas del artículo 275 del Código Sustantivo del Trabajo,  la   respectiva  pensión  durante   los  5 años subsiguientes. Cuando faltare el cónyuge o los hijos,  la  sustitución pensional corresponderá a los padres o hermanos inválidos y a  las  hermanas  solteras  del  empleado fallecido que dependieren económicamente  del causante.   

Ley 100 de 1993,  que  modificó  el régimen que establecían la Ley 171 de 1961, el Decreto 3041  de   1966,   el  Decreto  3135  de  1968,  el  Decreto  434  de  1971,  la  Ley 33 de 1973, estableció en su  artículo  47  lo  siguiente:  son beneficiarios de la  pensión  de  sobrevivientes,  en  este  orden:  i) el cónyuge o compañera (o)  permanente,  ii)  los hijos inválidos, los menores de 18 años o si son mayores  y  hasta  los  25  años  cuando  se  encuentran incapacitados para trabajar por  razón  de  sus  estudios,  iii)  a  falta  de los anteriores beneficiarios, los  padres  del  causante  que  dependían  económicamente  de  él y iv) cuando no  existen  personas  con  mejor derecho, la pensión podrá ser reconocida a favor  de hermanos que dependían económicamente del causante.   

Significa  que  la decisión de Cajanal, al  negar  la  solicitud  de  pensión  de  la  accionante,  se amparó en una norma  derogada,  que  fue  reemplazada por el artículo 47 de la Ley 100 de 1993 y por  ende,  se   generó,  como  se  indicó,  una vía de hecho, pues según lo  tiene  entendido  la jurisprudencia, toda actuación de la administración en el  proceso  de  reconocimiento  de  prestaciones  sociales  que  resulte por exigir  requisitos   no   contemplados   en   la  ley,  constituye  una  clara  vía  de  hecho13.  Cajanal  erró  la aplicación de una norma que no era procedente  para  el caso concreto y de contera, vulneró ostensiblemente los derechos de la  peticionaria.   

De  los  argumentos desplegados se concluye  que,  a pesar de que el compañero permanente de la actora falleció antes de la  expedición  de  la nueva Carta, la demandante tenía derecho a que su petición  de  sustitución  no  se resolviera con base en el artículo 39 del Decreto 3135  de  1968,   por  tratarse  de  una norma sin vigencia para la época de las  resoluciones  cuestionadas  y como se verá en el acápite siguiente, aún si no  hubiera  estado  derogada,  su  interpretación sólo era viable a la luz de los  dictados  de  la  Constitución  Política en materia de igualdad  de todas  las   formas  de  configuración  familiar  existentes  en  nuestro  país,  sin  discriminación alguna.    

     

De  la  Resolución expedida por CAJANAL se  podría  deducir (la entidad no explicó al juez de tutela los fundamentos de su  actuación)  que  su  posición es la de aplicar la norma vigente al momento del  fallecimiento  del  pensionado   (1970) y por ello, aplicó lo dispuesto en  el  Decreto  3138 de 1968.  Empero, la Corte ya ha establecido que en estos  casos  –  cuando  están  comprometidos  los  derechos al mínimo vital y que la  unión  de  hecho reciba, en lo pertinente, un trato igual al matrimonio -, debe  atenderse,  no  a la fecha de defunción del causante, sino al momento en que se  dicten   las   resoluciones   correspondientes.    Ello,   por   cuanto  la  administración  debe  ajustar  su actividad a la nueva Constitución, es decir,  velar  porque  los  actos  que  expida  con  posterioridad  a  ella  no vulneren  flagrantemente  de  los  principios  y  derechos  en  ella consagrados, tal como  ocurre  en  este  caso  con  el  derecho  a la igualdad y al mínimo vital de la  peticionaria.14   

Es  así como en la sentencia    T-202  de  1995,  M.P.  Antonio  Barrera  Carbonell, – sobre una resolución del  Instituto  de  los  Seguros  Sociales, del año 1994, en la cual se denegaba una  solicitud  de sustitución pensional elevada por el compañero permanente de una  persona  pensionada,  fallecida  en  el año de 1988, con el argumento de que el  actor  no se ajustaba a los requisitos de una norma del decreto 758 de 1990 – la  Corte  expuso  que  la  decisión del Instituto vulneraba la Constitución y que  “el  hecho  de  que  las  resoluciones en cuestión  fueron  dictadas bajo la vigencia de la Constitución Política de 1991, implica  que  dichas  actuaciones administrativas debieron sujetarse a lo dispuesto en el  artículo    13    que   reconoce   el   derecho   a   la   igualdad…”15   

En   efecto,  de  la  definición  de  la  sustitución  pensional  como  una  figura cuya finalidad es la de proteger a la  familia   del  pensionado  fallecido  (frente  al  desamparo  económico  en  el  que  quedaría  si  no se  reconociera  tal  prestación),  se deriva como consecuencia inmediata el que, a  la  luz  del artículo 42 Superior, dicha protección debe otorgarse a todas las  formas   de   configuración   familiar   existentes   en   nuestro  país,  sin  discriminación  alguna;  así,  tanto  las familias conformadas en virtud de un  vínculo   matrimonial  como  las  derivadas  de  la  decisión  responsable  de  establecer  una  unión  marital  de  hecho  quedan  cobijadas  por  el  alcance  protector  de  la figura en cuestión, sin que sea constitucionalmente admisible  excluir  de tal beneficio a los(as) compañeros(as) permanentes de los causantes  fallecidos,  so  riesgo  de  desconocer el artículo 13 de la Carta.16   

   

En otros términos, el derecho a la pensión  de  sobrevivientes  o sustitución pensional, en tanto concreción del derecho a  la  seguridad  social,  puede ser reclamado tanto por los cónyuges como por los  compañeros   permanentes   de  los  trabajadores  pensionados.  Y  en  caso  de  presentarse  un  conflicto entre los reclamantes para acceder a tal beneficio en  forma  concurrente,  ha establecido esta Corporación que el factor determinante  para  dirimir  la controversia, según la ley, es la existencia de un compromiso  efectivo  de  apoyo  y  comprensión  mutua  entre  el  causante  y el potencial  beneficiario al momento de la muerte de aquél.   

Así,  en  la  sentencia  T-566  de 1998 se  estableció:   “…respecto   del   derecho  a  la  sustitución   pensional   rige   el   principio  de  igualdad  entre  cónyuges  supérstites  y  compañeros  (as)  permanentes  porque,  siendo  la  familia el  interés  jurídico  a  proteger,  no es jurídicamente admisible privilegiar un  tipo  de  vínculo específico al momento de definir quién tiene derecho a este  beneficio.  Por  el  contrario,  la ley acoge un criterio material – convivencia  efectiva  al  momento  de  la  muerte  –  y  no  simplemente  formal  – vínculo  matrimonial  –  en  la  determinación de la persona legitimada para gozar de la  prestación     económica     producto    del    trabajo    de    la    persona  fallecida.”  En  el  mismo  orden  de  ideas,  en la  sentencia T-660 de 1998 se estableció lo siguiente:   

   

“En lo que respecta específicamente a la  sustitución  pensional  entre  compañeros permanentes, es importante reconocer  que  la  Constitución  Política  le  ha  reconocido  un  valor significativo y  profundo   a   la   convivencia,   al  apoyo  mutuo  y  a  la  vida  en  común,  privilegiándola  incluso  frente  a  los  rigorismos meramente formales. En ese  orden   de  ideas,  es  posible  que  en  materia  de  sustitución  pensional   prevalezca  el  derecho de la compañera o compañero permanente en relación al  derecho  de  la  esposa  o esposo, cuando se compruebe que  el segundo vínculo  carece  de  las características propias de una verdadera vida de casados, – vg.  convivencia,  apoyo  y soporte mutuo -, y se hayan dado los requisitos  legales  para  suponer  válidamente  que la real convivencia y comunidad familiar se dio  entre  la  compañera  permanente  y el beneficiario de la pensión en los años  anteriores  a  la  muerte  de  aquel.  En  el  mismo sentido, si quien alega ser  compañera  (o)  permanente no puede probar la convivencia bajo un mismo techo y  una  vida de socorro y apoyo mutuo de carácter exclusivo con su pareja, por dos  años  mínimo,  carece  de  los fundamentos que permiten presumir los elementos  que  constituyen  un  núcleo  familiar, que es el sustentado y protegido por la  Constitución.  Es  por ello que no pueden alegar su condición de compañeras o  compañeros,   quienes  no comprueben una comunidad de vida estable, permanente  y  definitiva  con  una persona, -distinta por supuesto de una relación fugaz y  pasajera-,  en  la  que la ayuda mutua y la solidaridad como pareja sean la base  de  la  relación,  y permitan que bajo un mismo techo se consolide un  hogar y  se  busque  la  singularidad,  producto de la exclusividad  que se espera y se  genera de la pretensión voluntaria de crear  una familia.”   

Indudablemente, CAJANAL desatendió  la  jurisprudencia  de  la  Corte Constitucional a la cual se ha hecho referencia en  esta  sentencia, acerca de que la decisión sobre la sustitución pensional debe  atender  el  criterio  material  de  la  convivencia  efectiva y no a requisitos  adjetivos, tales como el estado civil de las personas.    

El Decreto 3135 de 1968, como cualquier otra  norma  de  rango  infraconstitucional,  no  debió  aplicarse  porque  no estaba  vigente.  Pero  si  la  entidad  no advirtió el íter  de la norma y no sabía de la existencia del artículo  47  de  la  Ley 100 de 1993, debió interpretar el artículo 39 del Decreto 3135  de  1968  de  conformidad con los mandatos de la Carta Política, en aplicación  del  principio  hermenéutico de  interpretación  conforme a la Constitución.   

En virtud de este parámetro, el intérprete  debe  determinar  el  sentido  de las normas de forma tal que el resultado de su  ejercicio   no   desemboque   en  resultados  manifiestamente  contrarios  a  lo  establecido  por  la Constitución, teniendo en cuenta el contexto en el cual la  norma  va  a  recibir  aplicación.  Ya la Corte ha establecido, en la sentencia  C-273   de   1999,  que  “según  el  principio  de  interpretación  conforme,  la  totalidad  de los preceptos jurídicos deben ser  interpretados  de  manera  tal  que  su  sentido  se  avenga a las disposiciones  constitucionales.  La interpretación de una norma que contraríe este principio  es  simplemente  intolerable en un régimen que parte de la supremacía formal y  material  de la Constitución (C.P. art. 4)”; y en la  sentencia  C-011  de 1994 se explicó que “cuando el  efecto  de  la  interpretación  literal  de  una  norma  conduce al absurdo o a  efectos  contrarios  a la finalidad buscada por la propia disposición, es obvio  que  la  norma,  a  pesar  de  su  aparente  claridad,  no  es clara, porque las  decisiones  de los jueces deben ser razonadas y razonables. El intérprete tiene  entonces  que buscar el sentido razonable de la disposición dentro del contexto  global  del ordenamiento jurídico-constitucional conforme a una interpretación  sistemática-finalística”.   

La   decisión   de   CAJANAL  se  revela  excesivamente  restrictiva  pues  la   interpretación  de  la  norma  y en  particular   del   término   “cónyuge”  allí utilizado es abiertamente inconstitucional. En efecto, no  entiende  la  Corte  cómo  CAJANAL  actúa como en ausencia de una disposición  normativa  expresa  que  cobijara a los compañeros o compañeras permanentes de  los  pensionados  fallecidos.  Los funcionarios encargados del reconocimiento de  prestaciones  sociales,  están  en  la  obligación  de interpretar el término  “cónyuge” en forma tal  que   cobije  efectivamente  a  quienes  tienen  la  calidad  de  compañeros  o  compañeras  permanentes  de  dichos  trabajadores  pensionados.  Sólo  así se  respeta,   el  imperativo  constitucional de proteger por igual a todas las  formas de familia existentes en el país.   

En otros términos, interpretar el artículo  39  del Decreto 3135 de 1968 en forma tal que queden excluidos de su alcance los  compañeros   o  compañeras  permanentes  de  los  pensionados,  constituye  un  ejercicio  hermenéutico cuyo resultado, además de desconocer los artículos 42  y  13 de la Carta, es contrario a la finalidad protectora misma de la norma, por  lo  cual  no  armoniza  con  el  principio  de  interpretación  conforme  a  la  Constitución.   

En  consecuencia,  los  funcionarios  de la  Cajanal  estaban  obligados  a  interpretar  el artículo 39 del Decreto 3135 de  1968,  de  manera que la expresión “cónyuge” allí incluida cobijara a las  compañeras  o compañeros permanentes de los pensionados a su cargo; en el caso  concreto  de la peticionaria, tal interpretación debió haberse realizado luego  de  una evaluación razonable de su situación en tanto compañera de hecho, por  más  de  40  años  del  causante,  de  manera  tal que, luego del ejercicio de  evaluación   e   interpretación   referido,  su  situación  fáctica  quedara  adecuadamente  cobijada  por  el  margen constitucional de aplicación de la Ley  100 de 1993.   

La   inobservancia   de   CAJANAL  de  la  jurisprudencia  de  la  Corte  acerca  de la sustitución pensional vulneró los  derechos  de  la  actora  a  que su unión de hecho fuera tratada en igualdad de  condiciones respecto de la familia originada en el matrimonio.   

Amén  de  lo  anterior,   un criterio  meramente  literal  de  interpretación  confirma  que  el artículo 39 del  Decreto  3135  de  1968,  no  es  aplicable  a  quienes  tienen  la  calidad  de  compañeros  o  compañeras  permanentes  de  los  pensionados  fallecidos, sino  únicamente  a  los cónyuges  como  tal,  entendiendo  por  ello  quienes  están  unidos  al  causante por un  vínculo   matrimonial;  ello  se  deduce  de  las  referencias  al  divorcio  o  separación  de  cuerpos,  figuras  que  únicamente  son  procedentes  frente a  parejas  unidas  por  un  vínculo jurídico de matrimonio, y no por un vínculo  familiar  de  hecho.  En  este  sentido,  aplicar a quien tiene la condición de  compañero  o  compañera  permanente  un  régimen legal que es aplicable a las  hipótesis  de matrimonio, equivale a dar un trato igual a quienes se encuentran  en  situaciones  fácticas  diferentes, con lo cual  también se vulnera el  artículo 13 de la Carta.   

     

1. EL AMPARO DE  TUTELA  PROCEDE PARA PROTEGER LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA ACCIONANTE, QUIEN  SE  ENCUENTRA  EN  ESTADO  DE  DEBILIDAD  MANIFIESTA E INJUSTIFICADAMENTE LE FUE  NEGADO EL RECONOCIMIENTO PENSIONAL DE SOBREVIVIENTE     

Como  ya  se  advirtió,  es  claro que los  conflictos  jurídicos  en materia de reconocimiento pensional por sobrevivencia  deben  ser tramitados a través de los mecanismos judiciales ordinarios, como lo  son  el  proceso  laboral  y  la acción contencioso administrativa de nulidad y  restablecimiento   del  derecho,  según  sea  el  caso,  sin  perjuicio  de  su  relevancia  constitucional; sin embargo en la medida en que su resolución puede  afectar  derechos fundamentales como la igualdad y la familia entre otros, en la  medida  en  que  busca  que las personas allegadas al trabajador y beneficiarias  del  producto  de  su  actividad  laboral  no  queden  por el simple hecho de su  fallecimiento en el desamparo o la desprotección.   

Tales son principios de justicia retributiva  y  de  equidad  que  justifican que las personas que constituían la familia del  trabajador  tengan derecho a la prestación pensional del fallecido para mitigar  el  riesgo  de  viudez  y  orfandad  al permitirles gozar post-mortem del status  laboral      del      trabajador      fallecido17.   

Ahora bien, la Corte ha indicado que siempre  que  esté  de  por  medio  una  persona que forma parte de un grupo poblacional  considerado  en  estado  de  debilidad  manifiesta,  ya  sea  por  su condición  económica,  física  o  mental,  el  derecho  a  la  seguridad  social se torna  fundamental,  al  estar “contenida dentro de valores  tutelables     como     son    el    derecho    a    la    vida,    [el     mínimo     vital],   la seguridad social, la salud,  y         el         trabajo         (…)”18,   caso   en   la  cual  la  intervención del juez constitucional resulta indispensable.   

La  sentencia  T-1109  de 2004, de la Corte  Constitucional  llamó  la atención acerca de la obligación radicada en cabeza  de  funcionarias  y  funcionarios  judiciales,  consistente  en  la necesidad de  estudiar  si  en el caso que tienen bajo examen la tutela ha sido instaurada por  una  persona  que, de conformidad con lo dispuesto en la Constitución Nacional,  está  sujeta  a  una  especial  protección.  En esta línea de argumentación,  insistió  la  Corte  en  que  las  funcionarias  y  los funcionarios judiciales  deberían  llevar  a cabo un estudio cuidadoso de las circunstancias que afectan  el  caso  concreto,  por  manera,  que si la acción de tutela es presentada por  niñas  o  niños;  por  mujeres cabeza de familia; por personas discapacitadas;  por  ancianas o ancianos; por personas pertenecientes a grupos minoritarios; por  personas  colocadas en situación de pobreza extrema, debía admitirse de manera  excepcional  la  procedencia de la acción de tutela, incluso, para solicitar la  protección    de    acreencias    laborales    o    prestacionales.19   

La  apreciación  realizada  por  la  Corte  Constitucional  en  aquella ocasión armoniza muy bien con las exigencias que se  derivan  de  la  Constitución  Nacional  y,  en  especial,  con aquellas que se  desprenden  de  los  artículos  13,  47,  54  y  68 superiores, a los cuales se  refirió  la  Sala  en  párrafos  más  arriba.  Este enfoque concuerda, por lo  demás,  con  la  manera  como la Constitución colombiana describe al Estado en  tanto Estado social de derecho lo que incluye, justamente,   

“la  garantía  de la efectividad de los  principios,  derechos  y deberes consagrados en la Constitución como uno de los  fines   esenciales   del  Estado,  al  ejercicio  de  derechos  en  igualdad  de  condiciones  para  todos  las  personas  y  la protección constitucional de las  personas  que  se  hallan  en  condiciones  de  debilidad manifiesta20.”   

A  partir  de  lo  expuesto,  es  factible  establecer  que tanto la Constitución como la jurisprudencia constitucional han  enfatizado  la  protección  que  merecen  personas  colocadas en circunstancias  manifiestas  de indefensión. Tanto así, que según la Corte Constitucional, si  bien    es    cierto   la   tutela   resulta   prima  facie  improcedente para reclamar acreencias laborales  o   prestacionales,   cuando   se  trata  de  sujetos  de  especial  protección  constitucional   puede  acudirse  a  la  tutela  bien  sea  (i)  como  mecanismo  transitorio  para  evitar  un  perjuicio  irremediable  o  (ii)  como  mecanismo  principal,  con  el propósito de garantizar los derechos fundamentales de estas  personas  en  aquellos  casos  en  los  cuales  las vías ordinarias no resultan  apropiadas  para  garantizar  el amparo de sus derechos y les puede ocasionar un  perjuicio  irremediable.  Es  necesario,  sin  embargo,  como  lo ha repetido la  Corte,   que,   en  efecto,  se  ponga  en  peligro  un  derecho  constitucional  fundamental  y  que  este  derecho no pueda ser salvaguardado por los mecanismos  ordinarios existentes.   

La jurisprudencia constitucional enseña que  las  entidades  de  seguridad social están obligadas a orientar sus actuaciones  conforme  a  los  principios  que rigen el ejercicio de la función pública, en  especial  a  los  principios  de  igualdad,  eficacia,  economía,  celeridad  y  publicidad,  de  manera  que  toda  actuación  administrativa de una entidad de  salud   que   adolezca  de  graves  irregularidades  en  la  valoración  de  la  documentación   allegada   al   trámite   administrativo   de   reconocimiento  prestacional,  ubica  a  los  peticionarios  en posición de desventaja frente a  otros  solicitantes  a  quienes  se  les  garantizó  el  debido  proceso  en la  valoración  probatoria  y  desconoce el principio de igualdad de trato que debe  primar  en  las  actuaciones  de  la Administración21.   

En  sentencia  T-149  de  200222,   esta  Corporación  hizo  las  siguientes  precisiones  respecto del derecho al debido  proceso    dentro    de   la   actuación   administrativa   de   reconocimiento  prestacional:   

5.1.  Históricamente el derecho al debido  proceso  está  relacionado  con  las  garantías  a  no  ser  condenado sin ser  previamente  oído  y vencido en juicio seguido con estricta sujeción a la ley.  Esta  garantía judicial se extendió posteriormente al ciudadano respecto de la  administración  ante  actos  o decisiones que lo privaran de un beneficio, como  por  ejemplo  un  permiso,  una  licencia  o un subsidio. Es discutible si tales  beneficios  son propiamente derechos constitucionales. Lo que parecería ser una  discusión  académica adquiere, sin embargo, en un Estado social de derecho una  creciente  importancia,  ya  que muchas veces el bienestar de la persona depende  de  prestaciones  que dada su complejidad y envergadura sólo el Estado está en  posibilidad  de garantizar. Es así como en el derecho anglosajón se acuñó el  término  de  “entitlements”  para  referirse  a  los  derechos y beneficios  creados  por ley que no puede revocar la administración sin que se garantice al  beneficiario  una  audiencia o, más abstractamente, un debido proceso.  En  la  tradición  jurídica colombiana el derecho administrativo se refiere a este  tipo  de  beneficios  con  la  institución  de  las  “situaciones  subjetivas  consolidadas”,  para  distinguirlas  de una mera expectativa no susceptible de  protección jurídica.   

En  materia  de prestaciones positivas del  Estado,  en  desarrollo  del  principio  de  Estado social de derecho, el debido  proceso  administrativo  cumple  una  función  de primer orden. Quien puede ser  beneficiario  de  una  prestación estatal no puede ser privado de la misma sino  mediante una decisión respetuosa del debido proceso.   

5.2. Ahora bien, la Corte se pregunta si el  derecho   al   debido   proceso   puede   ser   invocado  para  impedir  que  la  administración  prive  a  su  titular de un beneficio legal que aún no ha sido  reconocido  a  la  persona. A primera vista podría pensarse que por tratarse de  una  mera  expectativa  no  nos  encontramos  ante  un  interés  susceptible de  protección  constitucional.  No  obstante,  la  exclusión  injustificada de la  persona  y la vulneración de su derecho al debido proceso, se presenta no sólo  por  la  privación  del beneficio ya reconocido, sino también por la negación  de   la   oportunidad   procesal  para  obtener  dicho  reconocimiento,  pese  a  encontrarse  en  las  circunstancias  descritas  por  la ley o el reglamento. En  efecto,  cuando  la  persona  alega  que materialmente cumple con el supuesto de  hecho  de  una  norma  jurídica  que asigna un beneficio, la administración no  puede  privar  a  dicha  persona  del  procedimiento  debido  para determinar si  procede  o  no el reconocimiento del respectivo beneficio. Tal proceder priva ex  ante  a  la  persona del derecho al debido proceso administrativo dispuesto para  decidir  sobre  el  reconocimiento del beneficio legal, con lo que se desconocen  los  derechos  fundamentales al debido proceso administrativo (art. 29 C.P.) y a  la  igualdad de trato (art. 13 inc. 1 C.P), dada la exclusión injustificada del  solicitante (…).”.   

En ese orden, quien aspira a la pensión de  sobreviviente  puede exigir que su pretensión sea tramitada conforme lo indican  los  mandatos  constitucionales del debido proceso y la igualdad, por lo que una  posible  beneficiaria  de una prestación, como en este caso,  no puede ser  privada   de   la   misma   sino   mediante   un   acto  respetuoso  del  debido  proceso.   

Por otro lado, la Corte considera que negar  injustificadamente  a  una  persona  un derecho prestacional, como en este caso,  equivale   a   “(…)  someter  arbitrariamente  su  bienestar  a  la  voluntad  o  capacidad de terceras personas, lo que compromete  seriamente  la  dignidad,  la  igualdad  y  la autonomía. Al respecto, (…) el  principio  de dignidad humana resulta vulnerado cuando se somete a una persona a  vivir  de la caridad ajena, existiendo la posibilidad de que tenga acceso a unos  recursos   económicos   propios   que  le  permitan  subvenir  algunas  de  sus  necesidades                básicas”23.   

De  modo  que,  en  aras  de  proteger  los  derechos  de  las  personas  de especial protección constitucional, como lo son  las     personas     de     la    tercera    edad24  y  que  se  encuentran  en  incapacidad  económica  de  garantizarse  por sí solas su subsistencia mínima  vital25,  la  Constitución  Política  en  el  artículo  86  establece la  procedencia  del  amparo  de  tutela definitivo y no transitorio, cuando el acto  que  resuelve  la  solicitud  de reconocimiento pensional incurre en una vía de  hecho, como en el caso que se analiza.   

Sobre  todo  si  se tiene en cuenta, que la  pensión   de   sobreviviente   “es  un  derecho  que  presenta  una naturaleza  fundamental,  por  estar  contenido  dentro  de  valores  tutelables como son el  derecho  a  la vida, a la seguridad social, a la salud, y al trabajo26, así como  en  el  derecho  a  la  educación,  de  clara  estirpe  fundamental, pues dicha  prestación  protege en la situación de debilidad manifiesta que presenta (…)  quien  desafortunadamente pierde a la persona de quien dependía su subsistencia  mínima    vital”   27.   

    

1. CONCLUSIÓN     

Existió   en   este   caso,   una  clara  vulneración  del  derecho  a  la seguridad social, al no incluirse a la señora  BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ  como  beneficiaria  de  su compañero permanente; obran  elementos  de  juicio suficientes para deducir que en este caso la accionante es  persona  de  la  tercer edad, (nació en el  año 1932)  ubicada en la  eventualidad  de  sufrir  un  perjuicio  irremediable,  por  su estado de salud,  según  lo  manifestado  en  el escrito de tutela, que no fue contradicho por la  entidad  demandada  y que se encuentra en condiciones de pobreza absoluta.    

Por  todas  estas  razones,  los  jueces de  tutela  en  este  caso,  debieron haber concedido el amparo impetrado. Pero  aún  más,  en  este  caso concreto, al existir un amplio número de sentencias  concordantes   de   la   Corte   Constitucional   sobre   el  punto,28   los  jueces  de  tutela  también  tenían  el  deber  de investigar y analizar si el  artículo  39  del  Decreto  3135 de 1968   era inconstitucional, para  determinar   si    era   aplicable   o  no  al  caso  concreto,  si  estaba  vigente,   o  había sido reemplazado por otra disposición. Al respecto es  importante  recordar,  que esta Corporación ya ha precisado que en los procesos  de  tutela  el  juez  tiene la facultad de observar si las normas aplicadas a la  situación  que  se  estudia  se  ajustan  a la Constitución, para el efecto de  establecer       si      resulta      procedente      la      excepción      de  inconstitucionalidad.29 Sin embargo, el juez omitió  esta  labor, a pesar de que a primera vista se evidencia la inconstitucionalidad  y la pérdida de vigencia  de la norma.   

Con base en las consideraciones anteriores,  la  Corte procede a revocar la sentencia, y a conceder el amparo solicitado. Por  lo   tanto,  se  ordenará   a  CAJANAL,  o  a  la  entidad  que  haga  sus  veces,   que  en  un término de treinta días calendario, a partir de  la  notificación  de  esta  sentencia,  adopte  todas  las  medidas  necesarias  para   reconocer  y  hacer  efectivo  el derecho  de la señora BLANCA  INÉS  VÁSQUEZ  a recibir  la pensión que correspondía al señor GABRIEL  ROBERTO  CALLE,  advirtiendo  que  no podrá aplicar  el contenido del  artículo  39  del  Decreto  3135  de  1968,  que propició la denegación de la  petición de sustitución pensional.   

DECISIÓN  

En  mérito  de  lo  expuesto, la  Sala Sexta de Revisión de la Corte Constitucional, administrando  justicia  en  nombre  del pueblo, y por mandato de la  Constitución Política,   

RESUELVE  

Primero.-        REVOCAR   la sentencia proferida   por   el    Tribunal  Superior  de  Medellín, Sala Laboral, dentro de la acción de tutela instaurada  por  Blanca  Inés  Vásquez  contra la Caja Nacional de Previsión Social-  CAJANAL-.En     su    lugar,    CONCEDER  el  amparo  deprecado  como  mecanismo definitivo, por las razones  expuestas en esta providencia.   

Segundo.-ORDENAR a  CAJANAL  o  a la entidad que haga sus veces,  que  dentro  de  un  término  de  treinta  (30)  días  calendario,  a  partir de la  notificación   de   la   presente   sentencia,   adopte   todas   las   medidas  necesarias  para reconocer y  hacer  efectivo  el  derecho  de  la  señora BLANCA INÉS VÁSQUEZ a recibir la  pensión  que  correspondía al señor GABRIEL ROBERTO CALLE, advirtiendo que no  podrá  aplicar  el  contenido  del  artículo  39 del Decreto 3135 de 1968, que  propició   la   denegación   de   la   petición  de  sustitución  pensional.   

Tercero:  Líbrese  por  Secretaría,  la  comunicación   de   que   trata   el   artículo   36   del   Decreto  2591  de  1991.   

Cópiese,   notifíquese,   comuníquese,  cúmplase e insértese en la Gaceta de la Corte Constitucional.   

JORGE IGNACIO PRETELT CHALJUB  

Magistrado Ponente  

Magistrado  

HUMBERTO SIERRA PORTO  

Magistrado  

MARTHA     VICTORIA    SÁCHICA    DE  MONCALEANO   

Secretaria General  

    

1  Sentencia   T-660  de  11  de  noviembre de 1998, M. P. Alejandro Martínez  Caballero   

2 Ver  la   Sentencia   T-173    11   de   abril  994.  M.P.  Alejandro  Martínez  Caballero.   

3  Sentencia  T- 553 de 2 de diciembre  de 1994 M.P. José Gregorio Hernández   

4  Sentencia T-566 de octubre 7 de 1998.M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

5  Sentencia  T-660  de   11  de  noviembre  1998,  M.  P. Alejandro Martínez  Caballero.   

6  Sentencia  T-  789  de  11  de  septiembre  2003. M. P. Manuel José Cepeda  Espinosa.   

7  Ibídem.   

8 Cfr.  Corte   Constitucional,   sentencia   T-231,   M.   P.   Dr.  Eduardo  Cifuentes  Muñoz.   

9  SU-637  de 1996 M. P. Eduardo Cifuentes Muñoz, T-208 de 27 de abril  1994,  M.  P.  Hernando  Herrera  Vergara  y  T-465  de  3 de septiembre de  1998.  Vladimiro Naranjo Mesa   

10 Cfr.  T- 465 de 1998, M. P. Vladimiro Naranjo Mesa.   

11  Sobre  el  particular  la  sentencia  T-231  de  1994, pueden consultarse, entre  varias,  las  sentencias  T-008 de 1998 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz y C-984 de  1999 M.P. Alfredo Beltrán Sierra.   

12  Cfr.  sentencia  SU-1722  de 2000 M.P. Jairo Charry Rivas, donde se ejemplifican  las  decisiones  judiciales  en  las  que  se viola el principio de “no reformatio in pejus”.   

13  Ibíd.   

14  T-789   de   11   septiembre   de     2003.   M.   P.   Manuel   José  Cepeda.   

15  Ibídem.   

16  Ibídem.   

18  Corte   Constitucional,   sentencia   T-695   de  2000,  Álvaro  Tafur  Galvis.   

18    Corte  Constitucional,   Sentencia   C-1176   de   2001,   M.P.  Marco  Gerardo  Monroy  Cabra.   

19  Citada   en  la  sentencia  T-093  de 8 de febrero  2007 M. P Humberto  Sierra Porto.     

20  Corte  Constitucional.  Sentencias  T-1109 del 5 de noviembre de 2004, reiterada  en  otras  sentencias,  por  ejemplo,  en  la  sentencia  T-886 de 26 de octubre  de  2006.   

21 Al  respecto  se  pueden consultar, entre otras, las sentencias T-262 de 26 de marzo  de  2003,  M.P.  Jaime  Córdoba  Triviño;  T-965 de 8 de octubre de   2004, M.P. Humberto Antonio Sierra Porto.   

22 M.  P.  Manuel  José  Cepeda.. Respecto del derecho a la igualdad y de éste dentro  de  la actuación administrativa, se puede consultar la sentencia T-499 de   noviembre 8 de 1995, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.   

23  Cfr.   Sentencia   T-456   de   11   de   mayo   2004,  M.P.  Jaime  Araujo  Rentería.   

24 En  el  Estado  Social  de  Derecho los adultos mayores son consideradas personas en  estado  de  debilidad  manifiesta, como quiera que a una edad cercana al índice  promedio  de vida en el país que es de 71 años de edad  , se entiende que  éstas  empiezan a ver disminuida su capacidad física y con ello la posibilidad  de  ejercer en toda su dimensión algunos de sus derechos, así como la pérdida  progresiva  de  la  fuerza  laboral,  por  lo que resulta factible que la única  fuente  de  ingresos que puedan percibir éstas sea la pensión de jubilación o  la  de  sobreviviente,  siempre y cuando se cumplan las condiciones legales para  acceder al reconocimiento prestacional.   

25 La  Corte  igualmente  considera  en  estado  de  debilidad  manifiesta  a  aquellas  personas  que  no  cuentan  con  ninguna  fuente  de ingresos y que no tienen la  capacidad  de  operar  en  el  mercado  laboral,  de donde se tiene que “(…)  negarle  [bien  sea  a las  personas   de   la   tercera   edad,   pobres   o   pobres  extremas],  injustificadamente  el  derecho a la  sustitución  pensional,  equivale  a someter arbitrariamente, su bienestar a la  voluntad  o  capacidad  de  terceras  personas,  lo que compromete seriamente la  dignidad, la igualdad y la autonomía.   

26  Corte  Constitucional,   Sentencia  T-173  de  11  de  abril  de  2004, MP:  Alejandro Martínez Caballero   

27  Corte  Constitucional,  Sentencias  T-513  de 16 de julio de 1999, MP: (E):  Martha  Victoria  Sáchica Méndez; T-571 de agosto 11 de 1999, MP: Fabio Morón  Díaz;   T-638    de  31  de  agosto  1999,  MP:  Vladimiro  Naranjo  Mesa.   

28  Ibídem.   

29 Ver  al  respecto  la  sentencia  T-067  de  marzo  5 de 1998, M.P. Eduardo Cifuentes  Muñoz, F.J. 3.     

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