T-935-09

Tutelas 2009

    Sentencia T-935/09  

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Procedencia   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Clases de defectos   

ACCION   DE   TUTELA   CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Requisitos        generales        de  procedibilidad   

DEFECTO      SUSTANTIVO-Configuración   

DEFECTO       FACTICO-Configuración   

PERDIDA    DE   INVESTIDURA-Concepto   

PERDIDA    DE   INVESTIDURA-Naturaleza y objetivos   

PERDIDA     DE     INVESTIDURA     DE  DIPUTADO-Causales  de  inhabilidad  previstas  en  el  art.33 de la ley 617/00   

PERDIDA     DE     INVESTIDURA     DE  DIPUTADO-Fundamentos  de  la  sentencia del Consejo de  Estado   

SENTENCIA DEL CONSEJO DE ESTADO-Interpretación  razonable respecto a que la violación del régimen  de  inhabilidades  en  el  sentido  de que es a su vez una causal de pérdida de  investidura de diputados   

La tesis de la Sección Primera de la Sala de  lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo  de  Estado,  según  la  cual  la  violación  del  régimen de inhabilidades es a su vez una causal de pérdida de  investidura  de  diputados,  por  no  haber  sido  derogado  en lo pertinente el  artículo  55 de a Ley 136 de 1994 por el artículo 48 de la Ley 617 de 2000 fue  encontrada  razonable  y  ajustada  a  la  Constitución  en  la sentencia antes  referida  y  por  lo  tanto  las  sentencias  que  la apliquen no incurren en un  defecto sustantivo.   

ACCION   DE   TUTELA  CONTRA  PROVIDENCIAS  JUDICIALES-Defectos  alegados  no  son  justificación  para  conceder  el  amparo  solicitado  en un caso de pérdida de investidura de  diputado   

Referencia: expediente T-2.123.866  

Acción de tutela instaurada por José Luís  Gómez  Patiño  contra  la  Sección  Primera  de  la  Sala  de  lo Contencioso  Administrativo del Consejo de Estado.   

Magistrado Ponente:  

Dr. HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO.  

Bogotá  D. C., catorce (14) de diciembre de  dos mil nueve (2009).   

La  Sala  Octava  de  Revisión  de la Corte  Constitucional  integrada  por los magistrados Jorge Iván Palacio Palacio, Juan  Carlos  Henao  Pérez  y  Humberto  Antonio  Sierra  Porto, quien la preside, en  ejercicio  de  sus competencias constitucionales y legales, específicamente las  previstas  en  los artículos 86 y 241 numeral 9º de la Constitución Política  y  en  los  artículos 33 y siguientes del Decreto 2591 de 1991, ha proferido la  siguiente   

SENTENCIA   

dentro  del  proceso  de  revisión  de  la  providencia  dictada  por  la Subsección A de la Sección Segunda de la Sala de  lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado.   

I.  ANTECEDENTES.   

El  peticionario  impetra  acción de tutela  porque  considera  vulnerado  sus derechos fundamentales al debido proceso, a la  igualdad,  al trabajo, a participar en la conformación, ejercicio y control del  poder   político.   Fundamenta   la   acción   impetrada  en  los  siguientes:   

1. Hechos  

     

1. El   Sr.  Gómez  Patiño  fue  elegido  alcalde  del  municipio  de  Villanueva  (Santander)  para  el  período  2004-2007.  Cargo  en  el  cual  se  posesionó  el primero (01) de enero de 2004 y que ejerció hasta el veintitrés  (23)  de  octubre  de  2006,  fecha  en  la cual fue aceptada su renuncia por el  Gobernador de Santander.     

     

1. Narra  el  actor que su hermana, Marleny Gómez Patiño, fue elegida  personera  del municipio de Barichara (Santander) para el período 2004-2006. En  virtud  del  artículo 1º de la Ley 1031 de 2006, dicho período fue prorrogado  hasta  el  último  día  del  mes  de  febrero  del  año 2008. No obstante, la  elección  de la Sra. Gómez Patiño fue declara nula por la jurisdicción de lo  contencioso  administrativo, y por lo tanto ejerció el cargo de personera hasta  el doce (12) de abril de 2007.     

     

1. El  actor  fue  elegido  diputado  del  Departamento de Santander el  veintiocho  (28) de octubre de 2007, y se posesionó el primero (01) de enero de  2008.     

     

1. Contra  la  elección del Sr. Gómez Patiño se instauro una acción  de  nulidad  electoral  ante  el  Tribunal Administrativo de Santander. Mediante  Auto  fechado  el  siete (07) de diciembre de 2007 el Tribunal Administrativo de  Santander   decretó  la  suspensión  provisional  del  acto  que  declaró  la  elección  como diputado del actor. Apelada esta providencia, la Sección Quinta  de  la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, por medio de  Auto  de  veintiuno  (21)  de  febrero  de 2008 revocó el numeral segundo de su  parte resolutiva.     

     

1. El  Sr.  Carlos Eduardo Gómez Galvis impetró demanda de pérdida  de  investidura  de diputado contra el Sr. Gómez Patiño. Alegó el demandante,  como  primera  causal,  que  este  último  se  inscribió  como  candidato a la  Asamblea  Departamental  de  Santander, dentro del término inicial para el cual  fue  elegido  alcalde  del  municipio  de Villanueva, período que finalizaba el  treinta  y  uno  (31)  de  diciembre  de  2007, razón por la cual infringía la  incompatibilidad  señalada  en  el  artículo  38.71   de  la  Ley  617  de  2000,  incompatibilidad   que   según   el   demandante,   a   la  luz  del  artículo  392  de  la  misma  ley  tendría una vigencia de 24 meses. En segundo lugar, sostuvo  que  el  electo  diputado  se  encontraba  incurso  en  la causal de inhabilidad  prevista   en   el   numeral   5  del  artículo  333 de la Ley 617 de 2000; pues su  hermana,  Marlene  Gómez  Patiño,  dentro  de  los doce meses anteriores a las  elecciones,  ocupaba  el  cargo  de  personera  municipal  de Barichara, el cual  implicaba  el ejercicio de autoridad civil, política y administrativa dentro de  la  circunscripción  departamental  en  la  cual fue elegido el Sr. José Luís  Gómez Patiño.     

     

1. El  Tribunal  Administrativo  de  Santander  profirió  sentencia el  veintinueve    (29)    de    febrero    de    20084  y  declaró  la  pérdida  de  investidura  de  diputado de José Luís Gómez Patiño. El Tribunal desechó la  acusación  relacionada  con  la  supuesta  infracción  de  la incompatibilidad  señalada  en  el  artículo  38.7  de  la  Ley 617 de 2000, por tratarse de una  incompatibilidad  prevista  para  los  alcaldes  y  no  para  los  diputados. No  obstante,  la  Corporación estimó infringida la causal de inhabilidad prevista  en  el  artículo  33.5 de la Ley referida, pues la Sra. Marleny Gómez Patiño,  en  su calidad de personera del Municipio de Barichara, ejerció autoridad civil  y  administrativa  dentro  de  los  doce  meses  anteriores a la elección de su  hermano  como  diputado,  razón  por  la  cual  se  declaró  la pérdida de la  investidura de éste último.     

     

1. La  anterior  decisión fue confirmada por la Sección Primera de la  Sala   de   lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo  de  Estado,  mediante  providencia  de  veinticuatro  (24)  de julio de 20085.     

Contra  las anteriores decisiones impetra el  Sr.  José  Luís  Gómez  Patiño  acción  de  tutela,  puesto que a su juicio  desconocen  el  régimen de pérdida de investidura de los diputados establecido  en  el  artículo  48  de  la  Ley 617 de 2000, por las razones que se plasman a  continuación.   

2.  Fundamentos  de  la  acción impetrada y  solicitud de tutela.   

Considera  el  actor  que  las sentencias de  primera   y  segunda  instancia,  proferidas  respectivamente  por  el  Tribunal  Administrativo  de  Santander  y  por  la  Sección  Primera  de  la  Sala de lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo  de  Estado,  mediante  las  cuales se  declaró  la  pérdida  de  su  investidura  de diputado, incurren en un defecto  sustantivo  pues  se apartan del tenor literal del artículo 48 de la Ley 617 de  2000  (precepto  que  regula  el  régimen  de  pérdida  de  investidura de los  diputados).  Manifiesta que esta disposición señala expresamente como causales  de   pérdida   de  investidura  de  los  diputados,  concejales  municipales  y  distritales  y de miembros de juntas administradoras locales, la infracción del  régimen  de  incompatibilidades  y del régimen de conflicto de intereses, pero  no   asigna   la   misma   consecuencia   a  la  vulneración  del  régimen  de  inhabilidades.   

Explica que la razón por la cual perdió su  investidura  fue  por  haber  infringido el numeral 5 del artículo 33 de la Ley  617  de 2000, es decir, porque se inscribió y fue elegido como diputado a pesar  de  que su hermana ejerció autoridad civil y administrativa, dentro de los doce  meses  anteriores  a  las  elecciones.  De manera tal que la sanción que le fue  impuesta  tuvo  origen  en la infracción del régimen de inhabilidades previsto  para  los  diputados,  hecho  no previsto como causal de pérdida de investidura  según el tenor literal del artículo 48 de la Ley 617 de 2000.   

Hace  alusión  a distintas decisiones de la  Sección  Primera  de  la  Sala  de lo Contencioso Administrativo del Consejo de  Estado,  en  las  cuales  de  manera expresa se reconoce que la vulneración del  régimen  de  inhabilidades  no  es  una  causal  de  pérdida de investidura de  concejales            y           diputados6.   

Señala  que  las  causales  de  pérdida de  investidura  deben  ser  objeto  de interpretación restrictiva, por tratarse de  una  figura  sancionadora  que  adicionalmente  limita  los derechos políticos,  razón  por  la  cual  debe ser aplicado el tenor literal del artículo 48 de la  ley  617  de  2000,  disposición  que regula íntegramente la materia cuando se  trata  de diputados y no caben interpretaciones extensivas ni analógicas. En el  mismo  sentido  añade  que en la sentencia de primera instancia no hay una sola  alusión  a  la  citada  disposición  y  que  el  Tribunal centró su análisis  exclusivamente  en  la  configuración  en  el  caso  concreto  de  la causal de  inhabilidad  prevista por el artículo 33.5 de la misma Ley, indica que lo mismo  ocurre  con  la sentencia proferida en segunda instancia por la Sección Primera  de  la  Sala  de  lo  Contencioso Administrativo del Consejo de Estado. Entiende  entonces  que  las  citadas  providencias adolecen de un defecto sustantivo pues  ignoran  el  tenor literal del, tantas veces aludido, artículo 48 de la Ley 617  de 2000.   

Sostiene también el actor que las sentencias  atacadas  en  sede  de  tutela incurren en otro defecto fáctico pues desconocen  los  efectos  de  la decisión del Consejo de Estado, fechada el primero (01) de  marzo  de  2007,  mediante  la cual se declaró la nulidad de la elección de su  hermana  como  personera  municipal  de  Barichara. Arguye que los efectos de la  declaratoria   de   nulidad  son  ex  tunc  y por lo tanto se proyectan hacía el pasado, de manera tal que al  haberse  declarado  nula  la  elección  de  su  hermana,  ésta  nunca ejerció  autoridad  civil  o administrativa en el citado municipio, razón por la cual no  podía  configurase  la  inhabilidad prevista en el artículo 33.5 de la Ley 617  de 2000.   

Finalmente consigna que, aun si en gracia de  discusión,  se parte del supuesto que su hermana ejerció el cargo de personera  municipal,  en  todo  caso no se configura la inhabilidad en cuestión porque el  ejercicio  de  autoridad  civil  y  administrativa  estaría  referido al citado  municipio  y  el  fue elegido para una corporación departamental, de manera tal  que  no  coincidirían las circunscripciones territoriales. Pone de presente que  a  pesar  de  ser  contradictoria  la jurisprudencia del Consejo de Estado sobre  este   extremo,   en   todo   caso,   en   virtud   del  principio  pro  homine  ha  de ser aplicada la que le  resulte  más  favorable,  es  decir,  aquella según la cual no se configura la  causal  de  inhabilidad  establecida en el artículo 33.5 de la Ley 617 de 2000,  cuando se trata de circunscripciones distintas.   

Solicita  en  consecuencia  que se ordene la  inaplicación  de  la  sentencia proferida por la Sección Primera de la Sala de  lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo de Estado, el veinticuatro (24) de  julio  de  2008,  mediante la cual se confirmó la sentencia de veintinueve (29)  de  febrero  de 2008, proferida por el Tribunal Administrativo de Santander, que  decreto  la  pérdida  de  su  investidura  de diputado, y que se ordene a estas  corporaciones  judiciales que dicten nuevas providencias, mediante las cuales se  subsane la vulneración de sus derechos fundamentales.   

3.   Pruebas   relevantes   allegadas   al  expediente.   

Obran  las  siguientes  pruebas  dentro  del  expediente de tutela:   

    

* Copia   simple   de   la   sentencia   proferida   por  el  Tribunal  Administrativo  de  Santander,  fechada  el veintinueve (29) de febrero de 2008,  Expediente   No.   2007-0681,  mediante  la  cual  se  declara  la  pérdida  de  investidura  de  diputado  de  José  Luís  Gómez Patiño, Magistrado Ponentes  Milciades Rodríguez Quintero (folios 22-47, Cuaderno 1).   

* Copia  simple  de  de la sentencia proferida por la Sección Primera  de  la  Sala  de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, fechada el  veinticuatro  (24) de julio de 2008, Expediente No. 2007-00681, mediante la cual  se  confirma  la  pérdida  de  investidura  de  diputado  de José Luís Gómez  Patiño,  Magistrado  Ponentes  Marco  Antonio  Velilla  Moreno  (folios  47-65,  Cuaderno 1).   

* Copia  simple  del  Auto  proferido  el veintiuno (21) de febrero de  2008  por  la  Sección  Quinta  de la Sala de lo Contencioso Administrativo del  Consejo  de  Estado, Expediente No. 2007-0677-01, mediante el cual se revocó el  numeral  segundo  de  la  parte  resolutiva  del  auto  fechado el siete (07) de  diciembre,  mediante el cual el tribunal Administrativo de Santander decretó la  suspensión  provisional  del  acto  que  declaró la elección como diputado de  José Luís Gómez Patiño.     

En el trámite de la acción de tutela fueron  notificados  los  Consejeros de la Sección Primera de la Sala de lo Contencioso  Administrativo   del   Consejo   de   Estado  y  los  magistrados  del  Tribunal  Administrativo  de  Santander,  quienes  se  abstuvieron  de  intervenir  en  el  trámite del amparo constitucional.   

5.  Decisión  judicial objeto de revisión.   

Mediante  sentencia proferida el dos (02) de  octubre  de  2008,  la  Subsección  A  de  la Sección Segunda de la Sala de lo  Contencioso   Administrativo   del  Consejo  de  Estado  decidió  rechazar  por  improcedente  la  tutela  impetrada  por  el  Sr.  José  Luís Gómez Quintero.  Sostuvo  esta  Corporación  que  “en  el asunto sub  exámine  es  evidente  la  improcedencia de la acción de tutela, por cuanto se  adelantó  todo un proceso, con desarrollo de la primera y segunda instancia, en  el  que  finalmente  el  Consejo  de  Estado,  como  tribunal  de cierre, dictó  sentencia,    conforme    a    los    elementos    fácticos    y    probatorios  proporcionados”.  Esta  decisión no fue apelada por  el actor.   

6.  Actuaciones  surtidas  ante  la  Corte  Constitucional   

Remitido  el  fallo  a esta Corporación, la  Sala  de  Selección Numero Doce, mediante auto de doce (12) de diciembre de dos  mil ocho (2008), dispuso su revisión por la Corte Constitucional.   

Por medio de auto de abril 13 de 2009 la Sala  Octava     solicitó     la     remisión     del     expediente    –tanto  de  primera,  como  de  segunda  instancia-  del  proceso de pérdida de investidura seguido al actor a partir de  la  demanda  interpuesta  por  el  señor Carlos Eduardo Gómez Galvis; de igual  forma  solicitó  la  remisión  del  expediente  correspondiente  al proceso de  nulidad  electoral  –tanto  en  primera,  como  en  segunda  instancia- seguido en contra la señora Marleny  Gómez  Patiño,  hermana  del señor Carlos Eduardo Gómez Patiño –folios   12  y  13  del  cuaderno  de  Revisión  ante  la  Corte-. En cumplimiento de lo dispuesto por la esta Sala se  allegó al expediente:   

1. Oficio de 22 de abril n. 0562-2007-0681-00  MR  firmado por el Secretario del Tribunal Administrativo de Santander, mediante  el    cual    se    remite    el   expediente   con   número   de   radicación  68001233100020070068100,  correspondiente  al proceso de pérdida de investidura  seguido    en    contra    de    José   Luís   Gómez   Patiño   –consta de 582 folios-.   

2. Oficio de 22 de abril n. 0563-2004-0436-00  MR  firmado por el Secretario del Tribunal Administrativo de Santander, mediante  el    cual    se    remite    el   expediente   con   número   de   radicación  68001233100020040043600,   correspondiente   al  proceso  de  nulidad  electoral  seguido     en     contra     de    Marleny    Gómez    Patiño    –consta de 407 folios-.   

3.  Oficio  de  13  de  julio  de  2009  n.  0792-2007-0677-00  JR  firmado  por el Secretario del Tribunal Administrativo de  Santander,  mediante  el  cual  se  remite  el expediente del proceso de nulidad  electoral   seguido  en  contra  de  José  Luís  Gómez  Patiño  –consta de un cuaderno principal de 408  folios y un cuaderno anexo de 172 folios-.   

II.       CONSIDERACIONES       Y  FUNDAMENTOS.   

1. Competencia.  

Es  competente  esta  Sala  de  la  Corte  Constitucional  para  revisar  la  decisión proferida dentro del trámite de la  acción  de  tutela  de  la referencia, de conformidad con lo establecido en los  artículos  86  y  241-9 de la Constitución Política y en concordancia con los  artículos 31 a 36 del Decreto 2591 de 1991.   

2.  Presentación  del caso y planteamiento  del asunto objeto de revisión.   

El  demandante  impetra  acción  de tutela  contra  la  sentencia  proferida  por  la  Sección  Primera  de  la  Sala de lo  Contencioso  Administrativo  del Consejo de Estado, mediante la cual se confirma  la  sentencia proferida por el Tribunal Administrativo de Santander que decretó  la  pérdida  de  su  investidura  de  diputado.  Alega  que las providencias en  cuestión  incurren en (i) defecto sustantivo porque desconocen el tenor literal  del  artículo  48  de  la  Ley 617 de 2000, el cual sólo prevé como causal de  pérdida  de  investidura  de los diputados, concejales y miembros de las juntas  administradoras  locales, la infracción del régimen de incompatibilidades y de  conflicto  de  intereses,  y  en  su  caso  el  motivo invocado para decretar la  desinvestidura  fue  la  inhabilidad  prevista  en el artículo 33.5 de la misma  Ley,  porque su hermana ejerció autoridad civil y administrativa, dentro de los  doce  meses  anteriores  a  su  elección  como  diputado,  al  interior  de  la  circunscripción   en   la   cual  resultó  elegido;  (ii)  sobre  las  citadas  providencias  también  recae  un  defecto fáctico pues la inhabilidad imputada  para  decretar  la  pérdida  de  investidura  no se configuró, debido a que la  elección  de  su  hermana  como  personera municipal de Barichara fue declarada  nula  por  el  Consejo  de Estado y por ende nunca ejerció autoridad de ninguna  naturaleza;  (iii) igualmente las sentencias en cuestión adolecen de un defecto  sustantivo  porque  en  todo  caso  no se vulneró el régimen de inhabilidades,  pues  la  circunscripción  en  la  cual  ejerció  su hermana autoridad civil y  administrativa  y  la  circunscripción  en la cual resultó elegido diputado no  coinciden.  La  Subsección  A  de  la  Sección  Segunda  del Consejo de Estado  rechazó   por  improcedente  el  amparo  constitucional  solicitado  porque  la  pérdida  de  investidura  había  sido  decretada  en  el  curso  de un proceso  judicial  con  dos instancias, en el cual habían sido plenamente observadas las  garantías constitutivas del derecho al debido proceso.   

3.   Procedencia   de   la  tutela  contra  providencias judiciales. Reiteración de jurisprudencia.   

La procedencia de la acción de tutela contra  providencias    judiciales    tiene    un    carácter   excepcional7,    está  supeditada,  entre  otras  cosas,  a  que  los efectos de una decisión judicial  vulneren  o  amenacen  derechos  fundamentales  y a que no exista otro mecanismo  judicial  idóneo  para  proteger  el derecho comprometido. Esta Corporación ha  sentado  una  abundante  jurisprudencia  en torno a lo que en los primeros años  fue  llamado  vía de hecho y  que  más  recientemente ha experimentado una evolución terminológica hacia el  concepto  de  causales genéricas de procedibilidad de  la  acción  de  tutela,  en cuanto a la procedencia de  esta   acción   constitucional   para   controvertir   providencias  judiciales  (sentencias y autos).   

Inicialmente  el  concepto  de  vía      de     hecho     –el    cual   tuvo   origen   en   la  jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y,  en definitiva, debe su  denominación  a  la  figura propia del derecho administrativo- fue empleado por  la  Corte Constitucional para referirse a errores groseros y burdos presentes en  las  providencias  judiciales,  los  cuales en alguna medida suponían un actuar  arbitrario  y  caprichoso   del   funcionario  judicial,  proceder  que  a  su  vez  daba  lugar  a  la  protección constitucional de los  ciudadanos afectados por la decisión judicial.   

Ahora  bien, la expresión vía de hecho, si  bien  resultaba  ilustrativa  de  algunos de los eventos que pretende describir,  tales  como  errores  burdos  o arbitrariedades en las decisiones judiciales, no  abarca  todos  los  supuestos  de  procedencia  de  la  acción de tutela contra  providencias  judiciales,  por  una parte, y adicionalmente puede entenderse que  tiene  una  connotación  de deslegitimación o sindicación peyorativa del juez  que  profiere  la  sentencia  objeto  de  una  tutela,  razón  por  la  cual la  jurisprudencia  constitucional  desde hace algunos años ha sugerido el abandono  de  la  anterior  terminología  y  su  sustitución  por la expresión causales  genéricas   de   procedencia  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales8.    

Por  otro  lado,  como  consecuencia  de  lo  anterior,  el  ajuste  descrito trasciende de lo terminológico a lo conceptual.  En  primer  lugar,  se  establece  como  fundamento  esencial de las causales de  procedencia   de  la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales,  la  violación  de  la  Constitución  por  parte  de  la  decisión examinada. Esta  vulneración  sustancial  del  derecho  al  debido proceso se materializa en los  distintos  defectos  identificados  por  la  jurisprudencia  constitucional a lo  largo de estos años, entre los que se cuentan:   

    

1. Defecto  orgánico,  que  tiene  lugar  cuando  el  funcionario  judicial  que  emite  la  decisión carece, de manera absoluta, de competencia para ello.     

    

1. Defecto  procedimental  absoluto,  que  tiene  lugar  cuando el Juez actuó al margen del  procedimiento establecido.     

    

1. Defecto  material  o  sustantivo, que se origina cuando las decisiones son proferidas con  fundamento  en  normas  inexistentes  o  inconstitucionales, o que presentan una  evidente contradicción entre los fundamentos y la decisión.     

    

1. Defecto  fáctico  por  no  haberse  decretado, practicado o valorado pruebas debidamente  solicitadas  o recaudadas en el curso de proceso, o por haberse valorado pruebas  nulas o vulneradoras de derechos fundamentales.     

    

1. Error  inducido,  que  se  presenta  cuando la autoridad judicial ha sido engañada por  parte  de  terceros  y  ese  engaño  lo llevó a tomar una decisión que afecta  derechos fundamentales.     

    

1. Decisión  sin  motivación, que tiene lugar cuando el funcionario judicial no da cuenta de  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  su  decisión,  pues es en dicha  motivación en donde reposa la legitimidad de sus providencias.     

    

1. Desconocimiento  del  precedente,  que  se  origina  cuando  el juez  ordinario,  por  ejemplo, desconoce o limita el alcance dado por esta Corte a un  derecho  fundamental,  apartándose del contenido constitucionalmente vinculante  del  derecho  fundamental  vulnerado,  también  cuado  se aparta del precedente  sentado  por  los  órganos  de  cierre  de  su respectiva jurisdicción o de su  propio precedente.     

Adicionalmente,    la    jurisprudencia  constitucional    también   ha   precisado   como   requisitos   generales   de  procedibilidad  de  la  acción  de  tutela contra providencias judiciales, cuya  presencia  debe  ser  verificada  por  el  juez  antes  de  pasar a examinar las  causales  materiales  que  darían  lugar a que prosperara el amparo solicitado,  los siguientes:   

    

* Que   el   asunto  objeto  de  debate  sea  de  evidente  relevancia  constitucional.     

    

* Que  se  haya  hecho uso de todos los mecanismos de defensa judicial  -ordinarios  y  extraordinarios- a disposición del afectado, salvo que se trate  de evitar un perjuicio iusfundamental irremediable.     

    

* Que  se  cumpla  el requisito de la inmediatez. Así, la tutela debe  haber  sido  interpuesta  en  un  término  razonable  y  proporcionado desde el  momento de ocurrencia de la vulneración del derecho fundamental.     

    

* Cuando  se  trate  de una irregularidad procesal, que ésta tenga un  efecto  decisivo  en  la  sentencia objeto de controversia y afecte los derechos  fundamentales de la parte actora.     

    

* En  la  solicitud  del  amparo tutelar se deben identificar los hechos que generaron  la  vulneración  y  los  derechos  afectados  y  que  se  hubiere  alegado  tal  vulneración  dentro  del  proceso  judicial,  siempre  que  ello  hubiere  sido  posible.     

    

* Que  no  se  trate  de  sentencias de tutela, por cuanto los debates  sobre       derechos       fundamentales       no       pueden       prolongarse  indefinidamente.     

Ahora   bien,   en  el  caso  sub   examine  el  actor  alega  que  las  sentencias  del Tribunal Administrativo de Santander y de la Sección Primera de  la  Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo  del Consejo de Estado incurren en  defectos  sustantivo  y  fáctico,  razón  por  la  cual  se  hará  una  breve  exposición de la jurisprudencia constitucional en la materia.   

4.  El  defecto  sustantivo  y  el  defecto  fáctico en la jurisprudencia constitucional.   

En   diferentes   pronunciamientos,   esta  Corporación  ha  delimitado  el  campo de aplicación del defecto sustantivo en  las  providencias  judiciales, al señalar que se presenta, entre otras razones,  (i)  cuando  la  decisión  cuestionada  se funda en una norma indiscutiblemente  inaplicable  al  caso  concreto,  es decir, por ejemplo, la norma empleada no se  ajusta   al   caso   o  es  claramente  impertinente9, o no se encuentra vigente por  haber             sido            derogada10,  o  por haber sido declarada  inconstitucional11,  (ii)  cuando  a  pesar del  amplio  margen interpretativo que la Constitución le reconoce a las autoridades  judiciales,  la interpretación o aplicación que se hace de la norma en el caso  concreto,   desconoce   sentencias  con  efectos  erga  omnes   que   han   definido  su  alcance12, (iii) cuando  la  interpretación  de la norma se hace sin tener en cuenta otras disposiciones  aplicables  al  caso  y  que  son  necesarias  para efectuar una interpretación  sistemática13,  (iv)  cuando la norma aplicable al caso concreto es desatendida y  por             ende            inaplicada14, o (v) porque a pesar de que  la  norma  en  cuestión  está  vigente  y es constitucional, no se adecua a la  situación  fáctica  a  la  cual  se  aplicó,  porque a la norma aplicada, por  ejemplo,  se le reconocen efectos distintos a los expresamente señalados por el  legislador15.   

En  cuanto  al defecto fáctico ha sostenido  esta  Corporación  que  tiene  lugar “cuando resulta  evidente  que  el  apoyo  probatorio  en  que  se basó el juez para aplicar una  determinada       norma       es       absolutamente      inadecuado…”16.  Y  ha  aseverado  de igual  manera,   que   la   acción  de  tutela  únicamente  procede  cuando  se  hace  manifiestamente  irrazonable  la  valoración probatoria hecha por el juez en su  providencia.  Así,  ha  indicado que “el error en el  juicio  valorativo  de  la  prueba  debe  ser de tal entidad que sea ostensible,  flagrante  y  manifiesto,  y  el  mismo  debe tener una incidencia directa en la  decisión,  pues  el  juez  de  tutela  no  puede  convertirse  en una instancia  revisora  de  la actividad de evaluación probatoria del juez que ordinariamente  conoce     de     un     asunto,     según     las    reglas    generales    de  competencia…”17.   

La  Corte ha identificado dos dimensiones en  las  que  se  presentan  defectos  fácticos: Una dimensión negativa que ocurre  cuando  el  juez  niega  o  valora  la prueba de manera arbitraria, irracional y  caprichosa18     u     omite     su    valoración19 y sin razón valedera da por  no  probado  el  hecho  o  la  circunstancia  que  de  la  misma  emerge clara y  objetivamente20.  Esta  dimensión  comprende  las  omisiones  en la valoración de  pruebas  determinantes  para  identificar  la veracidad de los hechos analizados  por  el  juez21.  Y una dimensión positiva, que se presenta generalmente cuando el  juez   aprecia   pruebas  esenciales  y  determinantes  de  lo  resuelto  en  la  providencia  cuestionada  que  no  ha  debido  admitir  ni  valorar  porque, por  ejemplo,  fueron  indebidamente  recaudadas (artículo 29 C. P.) o cuando da por  establecidas  circunstancias  sin que exista material probatorio que respalde su  decisión,    y   de   esta   manera   vulnere   la   Constitución.22   

5. Algunas reflexiones sobre el proceso y la  sanción de pérdida de investidura.   

La  pérdida de investidura fue introducida  en  la  Constitución  de  1991  dentro del conjunto de regulaciones dirigidas a  depurar  las  instituciones  representativas, como requisito fundamental para la  revitalización  del  sistema  democrático  en  el  país.  En este contexto se  pensó  no  sólo  en  la  conveniencia  de  establecer  un estricto régimen de  inhabilidades,  incompatibilidades  y conflictos de intereses sobre los miembros  de  las  corporaciones  públicas  representativas  tanto de índole legislativa  (Congreso  de  la  República)  como administrativa (Asambleas Departamentales y  Concejos  Municipales),  sino  también  en  la  pertinencia  de  establecer una  sanción  por  la  vulneración  del  régimen  legalmente establecido papel que  corresponde a la pérdida de investidura.   

Sobre  la  naturaleza  de  esta  figura  la  jurisprudencia   constitucional  ha  señalado  que  se  trata  de  “un  verdadero juicio de responsabilidad política que culmina con  la   imposición   de   una   sanción  de  carácter  jurisdiccional,  de  tipo  disciplinario”26  por  la  trasgresión  del  estricto  código  de  conducta  previsto para los miembros de las corporaciones  representativas.  Consiste  por  lo tanto en un proceso  jurisdiccional,     de    carácter    sancionatorio,    el    cual    culmina  –en   el  caso  que  se  comprueba  la  trasgresión  de una de las causales legalmente previstas- con la  imposición  de  una  sanción  que constituye una sanción equiparable, por sus  efectos   y   gravedad,   a   la   destitución   de   los   altos  funcionarios  públicos27.   

Ha expresado igualmente esta Corporación que  la  pérdida de investidura es una institución autónoma en relación con otros  regímenes   de   responsabilidad  de  los  servidores  públicos,  sin  que  el  adelantamiento   de   dos  o  más  procesos  por  la  misma  conducta  comporte  indefectiblemente   la  violación  del  principio  universal  del  non  bis  in ídem. Así por ejemplo, la ha  distinguido       del       proceso       penal28     y     del     proceso  electoral29.   

También  ha  señalado  que  debido  a  su  carácter  sancionador  el  proceso  de  pérdida de la investidura “debe   surtirse  con  el  pleno  respeto  y  acatamiento  de  las  instituciones  que  conforman  la  garantía del debido proceso y del derecho de  defensa  de  las  personas sujetas a investigación, pues según lo prescribe el  artículo   29  superior,  nadie  podrá  ser  juzgado  sino  conforme  a  leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, ante juez o tribunal competente y con  observancia  de  la plenitud de las formas propias de cada juicio”                    30.   

Se   ha  reconocido  igualmente  que  esta  institución  cumple diversas funciones dentro del orden constitucional vigente.  Por  un  lado,  es  la  herramienta  mediante  la  cual  el Constituyente buscó  asegurar  el  cumplimiento del código ético de conducta de los miembros de las  corporaciones      de      elección      popular31,  pero también debido a que  se  hace  efectiva  mediante  una  acción  cuya  titularidad es pública, se ha  entendido  que  se  trata  del  ejercicio de un derecho político y por lo tanto  constituye  uno  de los mecanismos de la democracia participativa, en virtud del  cual  los  ciudadanos  pueden  efectuar  un  control  sobre  los miembros de las  corporaciones  públicas  representativas  de  acuerdo  con precisas causales de  raigambre  constitucional  y legal, encaminadas todas, a preservar la integridad  de    la    función    de   representación   política   que   les   ha   sido  encomendada.32   

Ahora bien, debido a su índole sancionadora,  la  cual  lleva aparejada una severa restricción de los derechos políticos, la  pérdida  de  investidura  está,  como  antes  se dijo, sujeta a las garantías  previstas  para  este  tipo  de  procesos,  entre  las  cuales  se  encuentra la  tipicidad   de   las  faltas  y  la  prohibición  de  la  analogía  y  de  las  interpretaciones  extensivas.  En  el  caso concreto el demandante alega que fue  despojado   de  su  investidura  de  concejal  por  una  causal  que  no  estaba  expresamente  señalada  en la ley, específicamente por hallarse incurso en una  causal  de  inhabilidad  al  momento  de  ser  elegido diputado, por lo tanto es  necesario  hacer  referencia a la evolución de la jurisprudencia del Consejo de  estado sobre la materia.   

6.  Las  causales  de inhabilidad previstas en el artículo 33 de la Ley  617    de   2000   como   causales   de   pérdida   de   investidura   de   los  diputados.   

El  artículo  48  de la Ley 617 de 2000 al  establecer  las  causales  de  pérdida  de investidura de diputados, concejales  municipales  y  distritales  y  de miembros de juntas administradoras locales no  hace  referencia  a  la  violación  del  régimen de inhabilidades. No obstante  ello,  la  Sala  Plena de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado ha  sostenido  que  de  una  interpretación sistemática del ordenamiento jurídico  vigente  se desprende que la violación del régimen de inhabilidades legalmente  establecido  continua  siendo  una  causal  de pérdida de la investidura de los  diputados,  pues  ha entendido que la remisión contenida en el artículo 299 de  la  Carta,  de  conformidad  con  la  cual  el  régimen de inhabilidades de los  diputados  “no  podrá  ser  menos  estricto  que el  señalado   para   los   congresistas”,  ha  de  ser  entendida  en  el  sentido  que al estar señalada la violación del régimen de  inhabilidades  como una causal de pérdida de investidura para los congresistas,  lo  es  también  para los diputados, pues comparten dicho régimen en virtud de  la remisión antes mencionada.   

Esta  tesis  fue  defendida en la sentencia  adoptada  por  la  Sala Plena de lo Contencioso Administrativo el 23 de abril de  2002,  en  la  cual, con ponencia del Consejero Gabriel Eduardo Mendoza Martelo,  se  resolvió  que,  tratándose de los concejales, la Ley 617 de 2000 no había  derogado  la  causal  de  pérdida  de  investidura relativa a la violación del  régimen   de  inhabilidades  prevista  en  la  Ley  136  de  1994  y  que,  por  consiguiente,  podía  ser  tenida en cuenta, además, porque el artículo 48 de  la  Ley  617  de  2000,  en  su  numeral  6º,  reenvía  a  las demás causales  señaladas en la ley.   

En  la  sentencia  T-987  de  2007, la Sala  Cuarta  de Revisión tuvo ocasión de examinar la evolución jurisprudencial del  Consejo  de  Estado  en  la materia, cuya consideración resulta pertinente para  determinar  si en el caso objeto de estudio se configuró un defecto sustantivo,  razón  por  la  cual  nuevamente  se  hará  alusión  a las circunstancias que  generaron  su adopción por la Sala Plena de lo Contencioso Administrativo y los  fundamentos  de la postura mayoritaria del órgano de cierre de la jurisdicción  de lo contencioso administrativo.   

Con la entrada en vigor del artículo 48 de  la  Ley  617  de  2000, el Consejo de Estado se vio precisado a determinar si la  violación  del  régimen  de  inhabilidades  había desaparecido como causal de  pérdida  de  investidura  de los diputados, concejales y miembros de las juntas  administradoras  locales,  al  no  haber  sido  incluida  dentro de las causales  previstas  en  el  mencionado  precepto.  En  las  primeras  decisiones sobre la  materia,  la  Sección  Primera  de  la  Sala  de  lo Contencioso Administrativo  consideró  que  el  artículo  96  de  la  Ley  617 de 2000 había derogado las  disposiciones  contrarias  a  ésta y, entre ellas el artículo 55 de la Ley 136  de  1994  en  lo no reproducido en la nueva ley, y que por lo tanto el artículo  48,  habría  regulado íntegramente lo relativo a la pérdida de investidura de  concejales,  diputados  y miembros de juntas administradoras locales, motivo por  el  cual  la  falta  de  previsión  expresa  de  la  violación del régimen de  inhabilidades  en  el  citado precepto significaba su derogación como causal de  pérdida           de           investidura33.   

Empero, esta posición no fue unánime y en  salvamentos  de  voto  se consignó que el artículo 48 de la Ley 617 de 2000 no  contenía  una  regulación  total de las causales de pérdida de investidura de  los  miembros  de  las  corporaciones  de  elección  popular  de  las entidades  territoriales,  pues  su  numeral 6º remitía a otras leyes, razón por la cual  no  podía  entenderse  derogado  el  artículo  55 de la Ley 136 de 1994 cuando  señalaba  la  violación  del régimen de inhabilidades como causal de pérdida  de investidura.   

Con el propósito de zanjar la diferencia de  criterios  y  ante  la  necesidad de definir otros asuntos relativos al tema, la  Sección  Primera decidió someter el asunto al conocimiento de la Sala Plena de  lo  Contencioso Administrativo la cual en una primera decisión, proferida el 23  de  julio de 2002, acogió la tesis de conformidad con la cual la violación del  régimen  de  inhabilidades subsistía como causal de pérdida de investidura de  los  concejales34.   

En  dicha  decisión  se  precisó que aún  cuando  el  artículo  48  de  la  Ley  617  de  2000  al prever “diversos   eventos   en  que  Diputados,  Concejales  Distritales  y  Municipales  y  miembros  de  las  Juntas  Administradoras  Locales perderán su  investidura”,  no hizo mención de la violación del  régimen  de  inhabilidades,  no  por  ello  se  puede  concluir “que  haya  sido  voluntad del legislador suprimir dicha causal en lo  concerniente  a los concejales”, porque en el numeral  6º  “quedó  plasmada  la  posibilidad de que otras  normas  también  pudieran  consagrar  causales  de pérdida de investidura para  esta  categoría  de  servidores  públicos” y una de  esas  causales  está contenida en el numeral 2º del artículo 55 de la Ley 136  de   1994  que  “prevé  como  propiciatoria  de  la  comentada    consecuencia    jurídica,    la   violación   del   régimen   de  inhabilidades”35.   

Sostuvo la Sala Plena de lo Contencioso que  el  artículo  96 de la Ley 617 de 2000 no derogó expresamente el artículo 55,  numeral  1,  de  la  Ley 136 de 1994, pues respecto de éste enunciado normativo  “expresamente  nada se precisa en la nueva ley sobre  su  íntegra  o  total insubsistencia”, de modo que a  lo  sumo habría tenido lugar una derogatoria tácita, sin embargo, rechaza esta  posibilidad  porque “ella requiere, de una parte, que  la  nueva  ley  contenga  disposiciones  que  no  puedan  conciliarse con la ley  anterior”,  la que no se configura en el asunto  examinado,  por  cuanto  “la nueva regulación no es  incompatible  con  la  anterior”,  sino  armónica y  complementaria,  a  más de lo cual, “la nueva ley no  regula  íntegramente  la  materia,  pues  expresamente se remite a lo que otras  señalen   sobre  el  asunto,  omitiendo  referirse  a  las  causales  de  orden  constitucional  anotadas,  las  cuales, por obvias razones también propician la  comentada                 sanción”36.   

La  Sala  Plena  Contenciosa agregó que un  análisis  de  los  antecedentes  legislativos  de  la  Ley  617 de 2000 permite  sostener     que     no     fue    voluntad    del    legislador    “suprimir  la violación del régimen de inhabilidades como causal  de  pérdida  de  investidura,  pues  de  haber  sido  así, debieron producirse  fundadas   explicaciones   justificativas   del   nuevo   enfoque”  y  lo que se encuentra es la expresa manifestación del propósito  de  fortalecer  el  régimen de inhabilidades e incompatibilidades, “fortalecimiento  este  que, lógicamente, suponía la ampliación  de  las causales de pérdida de investidura mas no la supresión o cercenamiento  de              las             mismas”37.       

De   esta   manera   concluyó  que  nada  justificaba   “la   variación  en  el  tratamiento  igualitario   que   venía   otorgándose   a  la  violación  del  régimen  de  inhabilidades,   incompatibilidades  y  conflicto  de  intereses  frente  a  las  causales  de  pérdida  de  investidura,  ya  que  ello  supondría (…) que la  primera  reviste  menos trascendencia que las otras”,  sin  que  baste  argumentar que las inhabilidades se pueden hacer valer mediante  el    ejercicio    de    la   acción   electoral,   puesto   que   “por  su  celeridad  e  implicaciones  la  acción  de pérdida de  investidura  (…)  exhibe  una mayor eficacia disuasiva y corregidora frente al  propósito    de    lograr   el   fortalecimiento   de   las   inhabilidades   e  incompatibilidades   y   la   ampliación   de   las  causales  de  pérdida  de  investidura”,   fuera   de  lo  cual,  “frente   a   las  denominadas  inhabilidades  sobrevinientes,  la  acción  electoral  tampoco  podría  ejercitarse”38.   

La   postura  de  la  Sala  Plena  de  lo  Contencioso  Administrativo,  inicialmente  prevista  para  los  concejales, fue  aplicada  por  la  Sección  Primera  en  el caso de los diputados desde el año  200339.   

Ahora  bien, la Sala Cuarta de Revisión de  la  Corte  Constitucional en la antes citada sentencia T-987 de 200740 tuvo ocasión  de  examinar  si  la  tesis  según  la  cual  la  violación  del  régimen  de  inhabilidades   constituía  una  causal  de  pérdida  de  investidura  de  los  diputados  configuraba  un  defecto sustantivo al no estar expresamente prevista  en  el  artículo 48 de la Ley 617 de 2000. Luego de hacer un minucioso recuento  de   la   evolución   de  la  postura  de  la  Sala  Plena  de  lo  Contencioso  Administrativo  y de la Sección Primera del Consejo de Estado sobre la materia,  concluyó:   

De  conformidad  con  la anterior reseña,  esta  Sala  de  Revisión  de la Corte Constitucional estima que en la sentencia  acusada  no  se  evidencia  una interpretación grosera o burda del ordenamiento  fundada  en  una  aplicación extensiva o analógica de las causales de pérdida  de  investidura,  por  cuanto  el  Consejo  de  Estado  entiende que el régimen  constitucional  permite  aplicar  esa  sanción  a  los  diputados que violen el  régimen  de  inhabilidades  en virtud de la remisión que hace el artículo 299  superior  al  régimen  de  inhabilidades  de los congresistas y que, conforme a  dicha  lectura,  esa  expresa  remisión  no  implica la aplicación extensiva o  analógica,  sino  la  previsión,  respecto  de  los diputados y para todos los  efectos, de un régimen similar al de los congresistas.   

La  Sala  considera que la interpretación  que  de  la  Constitución  realiza  el  Consejo  de  Estado y, en particular la  Sección  Primera  de  la Sala de lo Contencioso Administrativo, no solamente es  razonable,  sino  que,  además,  se inscribe dentro del marco de sus funciones,  porque  siendo la Constitución norma de normas, sus contenidos irradian todo el  ordenamiento  jurídico  y  orientan  la actuación de los jueces, quienes deben  interpretar  las  leyes  de conformidad con la Constitución e incluso aplicarla  directamente  cuando  su  preceptiva  permita  regular  un  asunto  que no tiene  respuesta  en  la ley o cuando la respuesta legal contradice en forma manifiesta  los mandatos superiores.   

Ciertamente    es   posible   que   la  interpretación   que   el  Consejo  de  Estado  le  otorga  a  las  respectivas  disposiciones  constitucionales  no  sea la única factible y que puedan existir  otras,  incluso  contrarias  a  la  lectura  que  de  ellas ha efectuado el juez  natural,  pero  a  esta  Sala  lo  único que le compete en materia de tutela es  apreciar  la  interpretación  adoptada  por  el juez competente y verificar que  obedece  a criterios de razonabilidad evitando, en todo caso, resolver el asunto  de  fondo,  pues, aunque la Corte Constitucional es el máximo intérprete de la  Carta,  no  puede  entrar  a  sustituir  al  juez  de  la  causa  en  lo  que el  ordenamiento  le  autoriza  y  menos aún si la actuación del juez no se revela  contraria a los derechos fundamentales.   

Por  lo anterior, en otro apartado de esta  providencia  se  indicó  que  la  metodología  apropiada  para  examinar  esta  cuestión  consistía  en exponer primero las razones que motivaron la decisión  del  juez  contencioso  administrativo y apreciar después si tenía sustento la  acusación  del  demandante,  en  lugar  de consignar primero la posición de la  Sala  acerca  del  asunto debatido y comparar posteriormente el razonamiento del  juez natural con el de la Sala de Revisión.   

Semejante  actitud,  por  lo demás, no le  compete  a  esta  Sala  en  sede de Revisión de tutela y, por ello, se limita a  afirmar  que  la interpretación del Consejo de Estado es razonable, sin hacerla  propia,  ya  que  no  puede  fijar  su  posición  al  respecto,  ni examinar la  jurisprudencia  de la Corte Constitucional sobre la pérdida de investidura para  hacer  inferencias  relacionadas  con el asunto que en su sede resolvió el juez  natural,  a  quien  tampoco  puede  imponerle  su  particular  lectura  sobre la  cuestión.   

En  síntesis,  la  arbitrariedad  que  el  demandante  le  endilga  a  la sentencia proferida por la Sección Primera de la  Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo no está demostrada ni se configura la  vía  de  hecho por defecto sustantivo aducida en el escrito de tutela. En estas  condiciones,  pasa  la  Sala  a  estudiar  si  se  configura el defecto fáctico  alegado en la demanda.   

De la anterior trascripción se concluye que  la  tesis de la Sección Primera de la Sala de lo Contencioso Administrativo del  Consejo  de  Estado,  según la cual la violación del régimen de inhabilidades  es  a  su  vez  una causal de pérdida de investidura de diputados, por no haber  sido  derogado  en  lo  pertinente  el  artículo 55 de a Ley 136 de 1994 por el  artículo  48  de  la  Ley  617 de 2000 fue encontrada razonable y ajustada a la  Constitución  en  la sentencia antes referida y por lo tanto las sentencias que  la apliquen no incurren en un defecto sustantivo.   

7. Análisis del caso concreto  

Antes  de  abordar  la  cuestión  de  fondo  planteada  pasará  a  examinarse  si  en este caso se cumplen los requisitos de  procedibilidad   de   la  acción  de  tutela  contra  providencias  judiciales,  señalados en el Acápite 2 de esta providencia.   

En   primer  lugar  la  jurisprudencia  ha  señalado  que  la cuestión que se pretende discutir por medio de la acción de  tutela   debe   ser   una  cuestión   de   evidente  relevancia  constitucional,  puesto  que  la  acción de tutela contra providencias  judiciales  no  da  lugar  a  una  tercera  instancia,  ni  puede reemplazar los  recursos                  ordinarios41.  Si  bien  no  siempre  es  fácil  delimitar los asuntos de relevancia constitucional de aquellos que no lo  son,  también  lo es que esta Corporación ha sido particularmente cuidadosa al  intentar  establecer  criterios de diferenciación razonables. Así por ejemplo,  basada  en  los antecedentes originados en la Asamblea Nacional Constituyente de  1991,  ha  reconocido  la  existencia  de  dos  ámbitos  del  derecho al debido  proceso.  El  primero  que  emerge  de  la  propia  Constitución  y  que  es el  denominado     debido    proceso    constitucional,  y otro que es fruto de la labor legislativa, al que se  denomina      simplemente      debido     proceso42.   

En  palabras de esta Corporación, el debido  proceso   constitucional   protege  las  garantías  esenciales  o  básicas  de  cualquier   proceso.  Tales  garantías  esenciales  aparecen  definidas  en  el  artículo  29  constitucional  y  son  el  derecho  al  juez natural43; el derecho a  presentar  y  controvertir  las  pruebas;  el  derecho  de  defensa –que  incluye  el  derecho a la defensa  técnica-;  el  derecho a la segunda instancia en el proceso penal; el principio  de  predeterminación  de  las  reglas  procesales  o principio de legalidad; el  derecho   a  la  publicidad  de  los  procesos  y  decisiones  judiciales  y  la  prohibición  de  juicios  secretos.  Se  concluye, entonces, que sólo aquellas  vulneraciones  comprometedoras  de  contenidos  constitucionalmente protegido de  este derecho podrán ser examinadas en sede de tutela.   

Al respecto considera esta Sala de Revisión  que   los   defectos   alegados   por  el  demandante  constituyen  prima  facie  una  cuestión de relevancia  constitucional  porque  hacen  referencia  a  la imposición de una sanción que  implica  la  restricción  de los derechos políticos, por la aplicación de una  causal  que  no está expresamente señalada en el texto de la ley, se trata por  lo  tanto de una discusión sobre el principio de legalidad de la falta, el cual  aparentemente  fue  infringido  por  las  providencias  emitidas por el Tribunal  Administrativo  de  Santander  y  por  la  Sección  Primera  de  la  Sala de lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo  de  Estado, cuestión que sin duda se  relaciona    con    la    esfera    constitucional   del   derecho   al   debido  proceso.   

Los  restantes requisitos de procedibilidad  señalados   por   la  jurisprudencia  constitucional  concurren  en  este  caso  concreto. Así:   

    

1. La  sentencia  proferida  por  la Sección Primera del la Sala de lo  Contencioso  Administrativo  del Consejo de Estado no es susceptible de recursos  ordinarios.  Por  otra parte, si bien en algunas decisiones de esta Corporación  se  ha  sostenido  que contra las sentencias proferidas en segunda instancia por  la   Sección  Primera  de  la  Sala  de  lo Contencioso Administrativo del  Consejo  de  Estado,  en los procesos de pérdida de investidura de los miembros  de  las  corporaciones  de  elección  popular  de  las entidades territoriales,  procede  el  recurso  extraordinario  de  revisión  previsto  por la Ley 144 de  199444,  y  que  es preciso agotar este medio de defensa judicial antes de  acudir  a  la  acción de tutela, la jurisprudencia de la Sección Primera de la  Sala   de   lo   Contencioso   Administrativo  sostiene  que  dicho  recurso  es  improcedente45,  razón  por  la  cual  no  constituye  un  medio  idóneo para la  protección  de  los  derechos  fundamentales  en  juego. Resta, sin embargo, el  recurso  extraordinario  de revisión previsto en el artículo 185 del C.C.A. el  cual  procede  contra  las sentencias ejecutoriadas dictadas por las Secciones y  Subsecciones  de  la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado  y  por  los  Tribunales  Administrativos,  en  única  o  segunda  instancia. No  obstante,  el  defecto sustantivo y el defecto fáctico alegados por el actor en  el  caso  concreto  no tienen cabida dentro de las causales legalmente previstas  para  la procedencia de dicho recurso, al tenor de lo señalado por el artículo  188  del  mismo  estatuto, por lo tanto tampoco era menester agotarlo en el caso  concreto.     

    

1. La  tutela  fue  impetrada  en un término razonable y proporcionado  desde  el  momento  de  ocurrencia  de  la  supuesta  vulneración  del  derecho  fundamental,  de manera tal que se cumplió con el requisito de inmediatez en la  solicitud  de  amparo constitucional. En efecto, el fallo de la Sección Primera  del  la  Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo  de  Estado fue  proferido  el  veinticuatro  (24) de julio de 2008 y el actor radicó la demanda  de  tutela  el  nueve (09) de septiembre del mismo año. Se tiene, entonces, que  desde  fue  proferida  la providencia atacada en sede de tutela hasta el momento  en  que fue presentada la solicitud de tutela transcurrieron menos de dos meses,  lapso  razonable  a la luz de la jurisprudencia constitucional para solicitar el  amparo.     

    

1. En  la  solicitud del amparo tutelar se identificaron los hechos que  generaron  la  vulneración  y los derechos supuestamente afectados. Ahora bien,  éstos  debieron  haber  sido  ventilados  en  el proceso judicial de haber sido  posible,  como  ha  señalado  la jurisprudencia constitucional, lo que obliga a  hacer  una  breve  consideración  sobre  los  defectos alegados por el Sr.  Gómez  Patiño.  En  efecto, en el curso del proceso de pérdida de investidura  éste  alegó los distintos defectos que posteriormente argumentó en la acción  de  tutela  impetrada,  pues sostuvo como fundamentos de su defensa en primera y  segunda  instancia que (i) la violación del régimen de inhabilidades no es una  causal  de  pérdida  de  investidura, (ii) que en virtud de la anulación de su  elección   como   personera   su   hermana   no   ejerció  autoridad  civil  o  administrativa,  (iii)  si  en  gracia  de  discusión  se acepta que su hermana  ejerció  autoridad  civil  y  administrativa  la  habría ejercido dentro de la  circunscripción  del  municipio  de  Barichara  y el resultó elegido como  diputado en la circunscripción del Departamento de Santander.     

    

1. Finalmente,  la  acción  no  fue  impetrada contra una sentencia de  tutela.     

Verificado  que  en  el  caso  concreto  se  presentaron  los  requisitos  de  procedibilidad  del fallo de tutela es preciso  examinar  si las sentencias emitidas por el Tribunal Administrativo de Santander  y  por  la  Sección  Primera  de  la  Sala de lo Contencioso Administrativo del  Consejo  de  Estado  adolecen  de algún defecto que ocasione la vulneración de  los  derechos  fundamentales  del  actor.  A  continuación pasará a estudiarse  detalladamente los argumentos expuestos por el demandante.   

En  primer  lugar sostiene el demandante que  las  sentencia  atacadas  incurren  en  un defecto sustantivo porque fundaron la  pérdida  de  su  investidura  de  diputado  en la infracción de la inhabilidad  prevista  por  el  numeral 5 del artículo 33 de la Ley 617 de 2000, supuesto no  contemplado  como  causal  de  pérdida de investidura por el artículo 48 de la  Ley  617  de 2000. Señala que las causales de pérdida de investidura deben ser  objeto  de  interpretación restrictiva, por tratarse de una figura sancionadora  que  adicionalmente  limita los derechos políticos, razón por la cual debe ser  aplicado  el  tenor literal del artículo 48 de la ley 617 de 2000, disposición  que  regula  íntegramente  la  materia  cuando se trata de diputados y no caben  interpretaciones  extensivas  ni  analógicas.  Añade que ni en la sentencia de  primera  instancia  ni  en  la  de  segunda instancia se justifica por qué debe  entenderse  que  la  infracción  del  régimen  de  inhabilidades configura una  causal de pérdida de investidura de diputado.   

Como  se sostuvo en el acápite anterior de  esta  decisión  existe una consolidada línea jurisprudencial al interior de la  Sección  Primera  del  Consejo  de  Estado,  la  cual  a  su vez se apoya en la  decisión  adoptada  por  la  Sala  Plena de lo Contencioso Administrativo en el  año  2002,  en el sentido que la entrada en vigor del artículo 48 de a Ley 617  de  2000  no  derogó  el numeral 2 del artículo 55 de la Ley 136 de 1994 y que  por  lo  tanto la vulneración del régimen de inhabilidades es una causal de la  pérdida  de  investidura  de los diputados. Esta postura no tiene fundamento en  una  interpretación  analógica  o  extensiva  de  las  causales de pérdida de  investidura  de  los  miembros  de las corporaciones de elección popular de las  entidades  territoriales  sino  que se apoya en una interpretación sistemática  del  artículo  299  constitucional  y del numeral 6º el artículo 48 de la Ley  617  de  2000.  Tal  interpretación  fue  avalada  por esta Corporación en una  decisión   previa,   la   sentencia  T-987  de  2007  la  cual  se  trascribió  in extenso previamente, en el  entendido  que  se  ajusta  a  la Constitución y no supone una vulneración del  derecho fundamental al debido proceso.   

Esta  Sala  de Revisión también encuentra  ajustada  a  la Constitución la postura asumida mayoritariamente por el Consejo  de   Estado,   como   órgano   de   cierre   de  la  jurisdicción  contencioso  administrativa,  sobre  la  pervivencia  de  la  vulneración  del  régimen  de  inhabilidades  como  causal  de  pérdida  de  investidura  de  los  concejales,  diputados  y  miembros de las juntas administradoras locales. No se trata de una  simple  aplicación  analógica de las causales previstas para los congresistas,  sino  que  parte  de  una  reflexión  sobre  el alcance del enunciado normativo  contenido  en  el  artículo  299  constitucional,  según  el  cual régimen de  inhabilidades    e    incompatibilidades    de    los   diputados   “no   podrá   ser  menos  estricto  que  el  señalado  para  los  congresistas  en  lo que corresponda”. En esa medida,  como  el  régimen  de  inhabilidades  de  los  congresistas  es una causal para  despojar  de  la investidura a los congresistas igualmente ha de serlo el de los  diputados,  pues  el  régimen  de  inhabilidades de estos últimos no ha de ser  menos  estricto.  Este  primer argumento es complementado con un análisis sobre  la  fuerza  derogatoria  el  artículo  48  de  la  Ley 617 de 2000, del cual se  concluye  que  esta  disposición,  por previsión expresa de su numeral 6º, no  derogó  ni  expresa  ni  tácitamente otras causales de pérdida de investidura  establecidas  en  el  ordenamiento  jurídico,  entre  ellas  la infracción del  régimen  de  inhabilidades,  señalada  por  el artículo 55.2 de la Ley 136 de  1994.   

Se trata por lo tanto de una interpretación  sistemática  que  dista  de  ser una mera aplicación analógica o extensiva de  las  causales  de  pérdida  de  investidura  de  los  congresistas –ésta    sí    constitucionalmente  prohibida  no  sólo porque la pérdida de investidura es un proceso sancionador  sino  porque  la  sanción misma implica una severa restricción de los derechos  políticos-  y  que adicionalmente se ajusta a las finalidades que persigue esta  figura, a las cuales previamente se hizo alusión.   

Sin embargo, el caso que debe resolverse en  la  presente  oportunidad difiere en alguna medida del examinado en la sentencia  T-987  de  2007,  pues  la  sentencia  atacada  en  sede  de  tutela  en aquella  oportunidad  contenía  una  exposición  de  las  razones  por  las  cuales  la  vulneración  del  régimen  de  inhabilidades  era una causal de pérdida de la  investidura  de  los  diputados  y  con  numerosas  citas  jurisprudenciales que  respaldaban  esta  postura,  mientras  que  las  decisiones  que  decretaron  la  pérdida  de  la  investidura  del Sr. Gómez Patiño  no se detienen sobre  esta consideración inicial.   

Ahora  bien,  a  juicio  de  esta  Sala  la  ausencia  de  argumentación  sobre  este tópico no tiene la entidad suficiente  para  configurar un defecto por ausencia de motivación porque al tratarse de la  línea   jurisprudencial   dominante  en  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo  es seguida habitualmente por los operadores judiciales, y en esa  medida  sólo en el caso de encontrarse razones para distinguir o para apartarse  del  precedente  sería  necesario  argumentar  en  tal  sentido.  En  resumidas  cuentas,  como  en  el  presente  caso  se  trata  de  decisiones  que siguen el  precedente  en  cuanto a la violación del régimen de inhabilidades como causal  de  pérdida  de  investidura  de los diputados la carga argumentativa es menor.  Adicionalmente  las  sentencias  examinan  detalladamente  lo relacionado con la  configuración  de la causal de inhabilidad por el parentesco entre la personera  de  Barichara y el diputado electo, aspectos centrales para decretar la pérdida  de  investidura,  es decir, no puede afirmarse que las decisiones proferidas por  e  Tribunal  administrativo de Santander y por la Sección Primera de la Sala de  lo    Contencioso   Administrativo   del   Consejo   de   Estado   carezcan   de  motivación.   

Los  restantes  defectos  alegados  por  el  demandante  tampoco  constituyen  defectos  que  justifiquen  conceder el amparo  solicitado.   En   primer   lugar  su  interpretación  en  el  sentido  que  la  declaratoria  de  nulidad de la elección de su hermana como personera municipal  de  Barichara  implica que esta no ejerció autoridad civil o administrativa fue  rebatida   por   la   sentencia   de  segunda  con  los  siguientes  argumentos:   

“Le  asiste  razón al señor Procurador  Primero  delegado  ante  esta Corporación en cuanto a que si bien es cierto que  la  Sección  Quinta de esta Corporación declaró la nulidad de la elección de  cargo  de  Personera  que  ostentaba  la  hermana del demandado; y que por regla  general  la  sentencia  que  declara  la  nulidad, produce efectos retroactivos,  retrotrayendo  las  cosas  a  su  estado  anterior,  como  si el acto no hubiere  existido,  no  lo  es  menos  que  dicha  declaratoria  deja a salvo situaciones  jurídicas  consolidadas,  como  son los actos realizados por ella, investida de  su  autoridad  civil,  los  cuales  permanecen  incólumes  y es precisamente en  razón  de  los  mismos  que  se  justifica  la  consagración  de  la causal de  inhabilidad”46.   

En consecuencia los actos realizados por la  hermana   del  actor,  mientras  se  desempeñó  como  Personera  municipal  de  Barichara,  a  pesar  de  la declaratoria de nulidad de la elección, continúan  “incólumes”  y  son una  manifestación  clara  de  que  ésta  ejerció autoridad civil y administrativa  dentro  de  los  doce  meses  anteriores  a  la  elección  de  su  hermano como  diputado.   

Finalmente,  también  alega  el Sr. Gómez  Patiño  que  no se configuró la inhabilidad que dio origen a su desinvestidura  porque  su hermana ejerció autoridad civil en la circunscripción del municipio  de   Barichara   y   él  fue  elegido  como  diputado  en  la  circunscripción  departamental,  por  lo  tanto,  las  sentencias  cuestionadas incurrieron en un  defecto  sustantivo  al  interpretar el alcance de la inhabilidad prevista en el  artículo  33.5  de  la  Ley  67  de  2000. Respecto de este supuesto defecto el  demandante  si  bien en el escrito de solicitud de tutela trascribe extractos de  sentencias  de  la  Sección Quinta del Consejo de Estado no explica como dichos  extractos  son aplicables a su caso concreto pues no aclara si las decisiones en  cuestión  se  produjeron  respecto  de  fallos  de pérdida de investidura o de  procesos  de  nulidad  electoral,  tampoco demuestra que se trata de precedentes  sobre  el  alcance  de la inhabilidad contenida en el artículo 33.5  de la  Ley  617  de  2000,  razón  por la cual el supuesto defecto sustantivo invocado  tampoco está llamado a prosperar.   

En todo caso no se confirmará la decisión  proferida  por  la  Sección Segunda de la Sala de lo Contencioso Administrativo  del  Consejo  de Estado, pues la fórmula empleada por dicho órgano judicial en  el       sentido      de      “rechazar      por  improcedente”  el  amparo solicitado por el actor no  se  ajusta  a  lo  sostenido reiteradamente por esta Corporación, en el sentido  que  la  decisión  del  juez  de  tutela ha de ser conceder o denegar el amparo  solicitado y no rechazar la acción impetrada.   

III. DECISIÓN.  

Con  fundamento  en  las  consideraciones  expuestas   en   precedencia,   la   Sala   Octava  de  Revisión  de  la  Corte  Constitucional,  administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la  Constitución,   

RESUELVE:  

Primero.     LEVANTAR    la  suspensión  del  término  decretada  para  decidir el presente  asunto.   

Segundo.  REVOCAR  PARCIALMENTE  la  sentencia  proferida  por la Sección Segunda de la Sala de lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo de Estado de fecha dos (02) de octubre  de  dos  mil  ocho  (2008),  en  la  acción de tutela impetrada por José Luís  Gómez  Patiño  contra  la  Sección  Primera  de  la  Sala  de  lo Contencioso  Administrativo    del    Consejo   de   Estado.   En   su   lugar   DENEGAR,  por  las  razones  expuestas, la  tutela  impetrada  por  el  Sr.  José  Luís  Gómez Patiño contra la Sección  primera   de   la   Sala   de  lo  Contencioso  Administrativo  del  Consejo  de  Estado.   

Tercero.   Por  Secretaría  General  líbrense  las comunicaciones previstas en el artículo 36  del Decreto 2591 de 1991.   

Cópiese,   notifíquese,   comuníquese,  publíquese en la Gaceta de la Corte Constitucional y cúmplase.   

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO  

Magistrado  

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO  

Magistrado  

JUAN CARLOS HENAO PÉREZ  

Magistrado  

Ausente en comisión  

MARTHA     VICTORIA     SÁCHICA     DE  MONCALEANO   

Secretaria General  

    

1 Este  precepto señala:   

ARTICULO   38.  INCOMPATIBILIDADES  DE  LOS  ALCALDES.  Los  alcaldes,  así  como  los  que  los  reemplacen  en  el  ejercicio del cargo no  podrán:   

(…)  

7.  Inscribirse  como candidato a cualquier  cargo  de  elección  popular  durante  el  período  para  el cual fue elegido.   

2 Esta  disposición prevé:   

ARTICULO    39.    DURACION    DE   LAS  INCOMPATIBILIDADES  DEL  ALCALDE  MUNICIPAL DISTRITAL. Las incompatibilidades de  los  alcaldes  municipales  y distritales a que se refieren los numerales 1 y 4,  tendrán  vigencia  durante  el  período constitucional y hasta doce (12) meses  después  del  vencimiento  del  mismo o de la aceptación de la renuncia. En el  caso  de la incompatibilidad a que se refiere el numeral 7 tal término será de  veinticuatro (24) meses en la respectiva circunscripción.   

El  mismo  régimen  de  inhabilidades  e  incompatibilidades  regirá  para  el  Distrito  Capital de Santafé de Bogotá,  D.C.   

PARAGRAFO.   Para   estos   efectos   la  circunscripción  nacional,  coincide  con  cada  una  de  las circunscripciones  territoriales.   

3  Artículo que señala:   

ARTICULO  33.  DE  LAS INHABILIDADES DE LOS  DIPUTADOS.   No   podrá  ser  inscrito  como  candidato  ni  elegido  diputado:   

(…)  

5.  Quien  tenga vínculo por matrimonio, o  unión  permanente,  o de parentesco en segundo grado de consanguinidad, primero  de  afinidad  o único civil, con funcionarios que dentro de los doce (12) meses  anteriores   a   la   elección   hayan  ejercido  autoridad  civil,  política,  administrativa  o  militar  en  el respectivo departamento; o con quienes dentro  del  mismo  lapso hayan sido representantes legales de entidades que administren  tributos,  tasas  o  contribuciones,  o  de  las entidades que presten servicios  públicos   domiciliarios  o  de  seguridad  social  de  salud  en  el  régimen  subsidiado  en  el  respectivo  departamento.  Así mismo, quien esté vinculado  entre  sí  por  matrimonio  o  unión permanente o parentesco dentro del tercer  grado  de  consanguinidad, segundo de afinidad o único civil, y se inscriba por  el  mismo  partido  o  movimiento  político  para  elección  de  cargos  o  de  corporaciones  públicas  que  deban  realizarse  en el mismo departamento en la  misma fecha.   

4  Referencia    Exp.   68001233100020070068100,   Magistrado   Ponente   Milciades  Rodríguez Quintero.   

5  Referencia  Expediente  No. 2007-00681, Consejero Ponente: Marco Antonio Velilla  Moreno.   

6 Cita  por  ejemplo  la sentencia de octubre 01 de 2004, Expediente No.2001-0197-01, C.  P. Manuel Urueta Ayola.   

7 Cfr.  Corte Constitucional. Sentencia C-543 del 1 de octubre de 1992.   

8 Así,  en  fecha reciente, sostuvo esta Corporación: “[e]n  los  últimos años se ha venido presentando una evolución de la jurisprudencia  constitucional  acerca  de  las situaciones que hacen viable  la acción de  tutela  contra  providencias  judiciales.  Este desarrollo ha llevado a concluir  que  las sentencias judiciales pueden ser atacadas mediante la acción de tutela  por  causa  de  otros defectos adicionales, y que, dado que esos nuevos defectos  no  implican  que  la  sentencia sea necesariamente una «violación flagrante y  grosera  de  la  Constitución», es  más adecuado utilizar el concepto de  «causales  genéricas  de procedibilidad de la acción»  que el de «vía  de hecho»”, sentencia T-774 de 2004.   

9  Sentencias T-008 de 1998 y T-189 de 2005.   

10 Ver  sentencia T-205 de 2004.   

11 Al  respecto, consultar sentencias T-804 de 1999 y T-522 de 2001.   

12  Esta  Corporación,  mediante  la  sentencia  T-1244  de  2004 manifestó que la  autoridad   judicial   (juez   laboral)   había  incurrido  en  una  causal  de  procedibilidad  de  la  acción  de  tutela  contra  providencias judiciales por  defecto  sustantivo,  al negar la indexación de la primera mesada pensional, al  argumentar  que  la  norma  aplicable  no  lo  permitía,  a  pesar  de  que  la  interpretación  que  había  hecho la Corte Constitucional en varias sentencias  de  constitucionalidad  señalaban  el  sentido  de la norma y la obligación de  indexar. Ver también, sentencia T-462 de 2003.   

13  Consultar   sentencias  T-694  de  2000  y  T-807  de  2004.   

14  Corte constitucional, Sentencia T-056 de 2005.   

15  Sentencia SU-159 de 2002.   

16 Ver  sentencia T-567 de 1998.   

17  Sentencia              Ibídem.   

18  Ibídem.   

19  Cfr.  sentencia  T-239  de  1996.  Para  la  Corte  es  claro  que, “cuando  un  juez omite apreciar y evaluar pruebas que inciden de  manera  determinante  en  su  decisión  y  profiere  resolución  judicial  sin  tenerlas  en  cuenta,  incurre  en  vía  de  hecho  y,  por  tanto,  contra  la  providencia  dictada  procede la acción de tutela. La vía de hecho consiste en  ese  caso en la ruptura deliberada del equilibrio procesal, haciendo que, contra  lo  dispuesto  en  la  Constitución y en los pertinentes ordenamientos legales,  una  de  las  partes quede en absoluta indefensión frente a las determinaciones  que  haya  de  adoptar el juez, en cuanto, aun existiendo pruebas a su favor que  bien  podrían resultar esenciales para su causa, son excluidas de antemano y la  decisión  judicial  las  ignora,  fortaleciendo injustificadamente la posición  contraria”.    

20 Ver  Sentencia T-576 de 1993.    

21  Ver, por ejemplo, la ya citada sentencia T-442 de 1994.   

22 Ver  Sentencia T-538 de 1994.   

23 Una  completa  exposición  de  la evolución de la evolución de la cuestión en los  debates  de la Asamblea Nacional Constituyente puede verse en la sentencia C-419  de 1994.   

24  Esta disposición señala:   

ART.         110.—Se  prohíbe  a  quienes  desempeñan  funciones  públicas  hacer  contribución  alguna a los partidos, movimientos o  candidatos,  o  inducir  a  otros  a  que  lo  hagan,  salvo las excepciones que  establezca la ley.   

El  incumplimiento  de  cualquiera de estas  prohibiciones  será  causal  de  remoción  del  cargo  o  de  pérdida  de  la  investidura.   

25  Cuyo tenor es el siguiente:   

ART.         291.—Los  miembros  de  las  corporaciones  públicas  de  las entidades territoriales no podrán aceptar cargo alguno en la  administración   pública,   y   si   lo   hicieren  perderán  su  investidura  (…)   

26  Sentencia C-419 de 1994.   

27  Sentencia C-319 de 1994.   

29  Sentencias C-507 de 1994 y T-162 de 1998.   

30  Sentencias  C-319 de 1994, C-247 de 1995, C-280 de 1996. En la última sentencia  reseñada,  la  Corte  declaró  inexequible el inciso segundo del numeral 2 del  artículo   66   del   anterior   Código   Disciplinario   Único  –Ley  200/95,  por  medio  del cual el  legislador  otorgaba  competencia  al  Procurador  General  de  la  Nación para  adelantar  investigaciones  que  culminaran  con  la  sanción de pérdida de la  investidura,  de  competencia  del  Consejo de Estado. Para la Corte, ese inciso  violaba  la  Carta,  pues,  “en  relación  con los  congresistas,   la   pérdida   de  investidura  es  un  proceso  jurisdiccional  disciplinario  autónomo  de competencia exclusiva del Consejo de Estado, por lo  cual  no  es  supeditable a ningún tipo de pronunciamiento, tal y como la Corte  lo  ha  señalado  –Sent.  C-037/96.  La investigación no puede entonces ser atribuida al Procurador, pues  se  estaría  afectando  la  competencia investigativa y decisoria autónoma del  supremo  tribunal de lo contencioso administrativo. En estos casos, la labor del  Procurador  es  la  de  emitir  los correspondientes conceptos (CP art. 278 ord.  2º),  pues  en relación con la pérdida de investidura, los congresistas gozan  de fuero especial”.   

31Así  fue  considerado  en  el  seno  de  la Asamblea Nacional Constituyente desde las  primeras  versiones  que  se  propusieron  de  esta figura. En la exposición de  motivos   de   la   ponencia   para   primer   debate   se   dijo,  “Fue  unánime  la  Comisión  en  considerar  que el régimen de  inhabilidades,  incompatibilidades  y conflicto de interés quedaría incompleto  y  sería  inane  si  no se estableciera la condigna sanción. (…)Ponencia  sobre  la  rama legislativa del  poder   público,  presentada  por  lo  delegatarios  Álvaro  Echeverri  Uruburu,  Hernando Yepes Arcila, Alfonso Palacio Rudas, Luis  Guillermo  Nieto  Roa, Arturo Mejía Borda. Gaceta Constitucional N°79, página  17.   

32  Corte  Constitucional  Sentencia  SU  – 1159 de 2003.   

33  Cfr.  Consejo  de  Estado.  Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo.  Sección  Primera.  Sentencia  de 4 de octubre de 2001. Expediente No, 7082. Actora Teresa  Cleves de Díaz.   

34  Cfr.  Consejo  de Estado. Sala Plena de lo Contencioso Administrativo. Sentencia  de  23 de julio de 2002, Radicación 68001-23-15-000-2001-0183-01 (IJ-024) M. P.  Gabriel Eduardo Mendoza Martelo.   

35  Ibídem.   

36  Ibídem.   

37  Ibídem.   

38  Ibídem.   

39 En  efecto,  en  sentencia  de quince (15) de mayo de 2003 sostuvo esa Corporación:  “El  a  quo  parte  del  hecho  de  que  entre  las causales de Pérdida de la  Investidura  de  diputados  que  consagra  la Ley 617 de 2000 no se encuentra la  violación  al  Régimen  de inhabilidades. Tal punto fue esclarecido igualmente  por  la  Sala  Plena en relación con los concejales municipales, argumentación  perfectamente   aplicable   al   caso   de   los   diputados   a  las  asambleas  departamentales,  para  concluir  que  la intención del legislador no fue la de  excluir  como causal de Pérdida de la Investidura la violación a tal régimen.  En  efecto,  la Sala Plena asumió por importancia jurídica el estudio del tema  arribando  a la conclusión de que el numeral 8° del artículo 43 de la Ley 617  de  2000  remite  a  causales de Pérdida de la Investidura consagradas en otras  normas,  entre  ellas,  la  Ley  136 de 1994, por lo que se entiende que en este  aspecto  no   derogó  el  numeral  2  del  artículo  55 de dicha norma y,  consecuencialmente,  encontró  que  la  violación al régimen de inhabilidades  continúa  siendo  causal  de  Pérdida  de  la  Investidura  de  concejales”,  expediente  No.  23001-23-31-000-2002-00587-01(8707), C. P. Olga Inés Navarrete  Barrero.  Luego,  en  sentencia  de  13  de  julio  de 2006, la Sección Primera  reiteró  que  las consideraciones consignadas por la Sala Plena en la sentencia  de  23  de julio de 2002 “son enteramente aplicables al caso de los diputados,  razón  por  la que respecto de estos últimos, también resulta irrelevante que  no  se  hubiese  contemplado  expresamente en el artículo 48-1 de la Ley 617 de  2000  que  la  violación  del  régimen  de  inhabilidades constituye causal de  pérdida  de  la  investidura”  y,  en este sentido, apuntó que la expresión  “no  podrá  ser  menos  estricto  que  el señalado para los congresistas”,  contenida  en  el  artículo 299 de la Constitución, “implica que un diputado  no  puede salir impune donde un congresista sería sancionado”, pues “siendo  la  pérdida  de investidura de los congresistas una sanción por infracción al  régimen  de  inhabilidades  e  incompatibilidades,  conforme  lo  preceptúa el  artículo  183 CP, también hace parte del régimen aplicable a los diputados”  Consejo  de  Estado.  Sala  de  lo Contencioso Administrativo. Sección Primera.  Sentencia  de  13  de julio de 2006. Expediente 0500123310002004-06693-01. M. P.  Camilo Arciniegas Andrade.   

40 En  esa  ocasión se examinaba la tutela impetrada contar la sentencia proferida por  la  Sección  primera de la sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de  Estado      el      24     de     agosto     de     2006     (expediente     No.  25000-23-15-000-2005-01477-01,  C.  P. Rafael Ostau De Lafont  Planeta), mediante la cual se  decretaba  la pérdida de investidura de un diputado por violación del régimen  de inhabilidades.   

41  Corte  Constitucional.  Sentencia  T-173/93.  En  la  sentencia T-685 de 2003 se  definió  este  tipo  de  cuestiones  en los siguientes términos: “De ello se  sigue  que,  salvo desvíos absolutamente caprichosos y arbitrarios –inobservancia   de   precedentes   o  decisiones  carentes  de  justificación  o motivación jurídica-, sólo serán  objeto  de  revisión  aquellas  decisiones  judiciales  que  no  consulten  los  elementos  del  debido  proceso constitucional y, en particular, que conduzcan a  la  inexistencia  de  defensa  y  contradicción  dentro  del proceso. Es decir,  aquellas  decisiones  que  anulen  o  restrinjan, de manera grave, el equilibrio  procesal  entre  las  partes; lo anterior equivale a decir que el juez de tutela  debe  proteger  a  la  parte  procesal  que  ha  quedado  indefensa frente a los  excesos    del    juez  ordinario” (negrillas dentro del texto).   

42 Ver  sentencias: SU-159 de 2002, SU-1159 de 2003, T-685 de 2003.   

43  Sobre  este derecho y su configuración constitucional, ver sentencia SU-1184 de  2001.   

44  Entre otras las sentencias T-235 y T-825 de 2007.   

45  Así  sostuvo  se  sostuvo  en  decisión  de catorce (14) de diciembre de 2004:  “De  lo  anterior  se  colige  que   desde  la  entrada  en  vigencia  de la Ley 617 de 2000 (9 de octubre) las sentencias   que   decidan  las  solicitudes de pérdida de la investidura de concejales  ya  no son de única instancia, pues son susceptibles del recurso apelación. Y,  por  razón  de  lo  preceptuado  en  el  artículo   131  CCA,  según fue  modificado  por  el   artículo  39 numeral 4º  de la Ley 446 de 1998  tampoco   es   procedente   el  recurso  especial   extraordinario  de  revisión  que  preveía  el artículo 17 de la Ley 144 de 1994,  pues como  quedó  expuesto,   aquel   lo  eliminó”,  Consejo   de   Estado,   Sección   Primera   de   la  Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo,  Radicación No. 05001-23-15-5000-2002-2388-01(PI), C. P. Camilo  Arciniegas Andrade.   

46  Consejo   de   Estado,   Sección   Primera   de   la  Sala  de  lo  Contencioso  Administrativo,  sentencia de veinticuatro de julio de 2007, Exp. 2007-00681, C.  P. Marco Antonio Velilla Moreno, p. 17.     

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