SC4584-2014 [2010-00346-00] [2010-00673-00]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada Ponente  

SC4584-2014  

Radicación  n° 11001-0203-000-2010-00346-00  Radicación n° 11001-0203-000-2010-00673-00   

Bogotá  D.C.,  diez (10) de abril de dos mil  catorce (2014).   

(Aprobado en sesión de veinticinco de febrero  de dos mil catorce)   

Decide  la Corte los recursos extraordinarios  de  revisión  que  fueron  acumulados,  formulados  por Medardo Arias García y  Beatriz  Giraldo de Neissa, respectivamente, frente a la sentencia de 15 de mayo  de  2008, proferida por la Sala Civil Familia del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Ibagué,  dentro  del proceso ordinario promovido por Henry Vargas  Urueña  contra  la  segunda  recurrente  nombrada,  quien  propuso  demanda  de  reconvención,   compareciendo  también  a  ese  trámite  el  primero  de  los  mpugnantes    mencionados,    quien    planteó    intervención    ad excludendum.   

1.   En  el  escrito  introductorio  del  citado  juicio  (c.1,  fls.28-31),  pidió el actor declarar la nulidad absoluta  del  contrato de compraventa del predio rural conocido  con  el nombre de La Ceiba, ubicado en la vereda Peñones Altos del municipio de  Purificación  y  cuya  extensión  y  alinderación  se  indican en el referido  instrumento,  por  cuanto para la fecha en que se realizó el pacto, el inmueble  se  encontraba  fuera  del comercio humano, por existir embargo decretado por el  Juzgado  1  Civil  del Circuito de Girardot, en el proceso ejecutivo hipotecario  de   Bancafé   contra   la   aquí  demandada,  y  la  devolución  de  $150.000.000  recibidos  por la tradente como pago de parte del  «precio»,  junto  con  la  corrección   monetaria  desde  el  14  de  febrero  de  2001  y  los  intereses  comerciales moratorios.   

En la causa petendi  se  afirma,  que  Beatriz Giraldo de Neissa suscribió  «promesa  de  compraventa»  con  Henry Vargas Urueña, respecto del mencionado inmueble, el que «al  momento  de  celebrarse  el  pacto,  9 de febrero de 2001, se  encontraba   en  poder  de  Medardo  Arias  García,  cuyo  paradero  actual  se  desconoce,  a  quien  se lo entregó el secuestre en arrendamiento»,   siendo   el   «precio»      acordado     $629’300.000,    de    los    cuales   se   cancelaron   $150’000.000,          «y el adquirente se comprometió a pagar  la  deuda contraída por la vendedora con Bancafé garantizada con hipoteca y el  saldo,   $229’300.000.oo  m.c.  se  le  pagarían directamente a aquella, el día en que el ocupante se lo  entregara          para         continuar         usufructuándolo».   

También  se  asevera que para la tradición  del  dominio,  la  vendedora  debía obtener permiso del Juzgado que decretó el  embargo  del  fundo,  cosa  que  no  hizo  ni  adelantó  gestión  para  que el  adquirente  Henry  Vargas  Urueña  fuera  reconocido  como  cesionario  de  los  respectivos derechos de crédito.   

La  convocada  vendió  el  mismo  predio en  mención  a Interamericana de Licores Escobar y Cía. S.C.A, según consta en la  E.P.  n°1300  de 02/08/2001 de la Notaria 39 de Bogotá, e inscrita en el folio  de matrícula inmobiliaria pertinente.   

2.   Notificada la accionada, contestó  en  tiempo  (c.1,  fls.41-45),  aceptó  los  hechos  que aluden a los convenios  celebrados,  aclara que el dinero recibido fue a título de arras, no reconoció  que  se  hubiere  obligado a adelantar alguna diligencia de las indicadas por el  actor,  se  opuso  a  las  pretensiones  y  planteó  la  excepción  previa  de  «falta    de    competencia    por    el    factor  territorial»  (c.2,  fls.4-5),  la  que  se  declaró  probada,  ratificando  el superior funcional el criterio en el que se sustentó,  al  dirimir el conflicto de competencia surgido (c.5, fls.6-10), y de esa manera  se sustituyó al juez de conocimiento.   

En  escrito  separado  propuso  demanda  de  reconvención  (c.3,  fls.60-70), la que no fue replicada por la contraparte, en  la  cual  solicitó  «decretar  la  resolución  del  contrato  de  promesa  de  compraventa  [a que se hizo  mención]  (…),  por haber incumplido el promitente  comprador   con  la  obligación  de  ‘cancelar  todos los créditos que tenga la promitente vendedora con  el         Banco        Cafetero’»,  y  consecuentemente, se condenara al  demandado     al    pago    de    perjuicios,    asimismo,    se    «declare  como arras penitenciales la suma entregada por el señor  Henry  Vargas  Urueña,  (…),  porque  (…)  se  retractó  al no cumplir las  cláusulas  tercera  y  quinta  (…)  y  en  consecuencia se condene al actor a  perder las arras».   

La  reseñadas pretensiones se fundan en que  son   falsas   las   manifestaciones  del  «supuesto  contratante  Henry  Vargas  Urueña» contenidas en la  E.P.    199   de   02/03/2001   de   la   Notaría   de   Melgar,   «sobre  el supuesto pago al Banco Cafetero y supuesta subrogación  de  la  deuda [y] es falsa la  ostentación     que     hace     [aquel]  de  tener,  en ese momento, el supuesto título de acreedor, por  cuya  razón  indujo  al  apoderado  de  la  señora Giraldo de Neisa a impartir  aprobación  al  acto  contenido  en  la  escritura  premencionada»,  la  que  se  elaboró  con  base  en  una minuta preparada por el  «doctor   Jaime  Alberto  Leguizamón»,  a  quien  el  mandatario  de  «Beatriz  Giraldo  de  Neissa»,  le  hizo  algunas  propuestas,  debido  a  que se sustrajo a satisfacer lo pactado y luego ante la imposibilidad  de    comunicarse    directamente    con    «Vargas  Urueña»,   le   informa   a  aquel  el  rechazo  de  «Central    de    Inversiones   S.A.»,     de     la     oferta     de    pago    por    $200’000.000  que había efectuado respecto  de  las  obligaciones  que  la  antes  nombrada  tenía  con la citada sociedad;  también  se  alude  a  la situación presentada en el proceso ejecutivo seguido  ante  el  Juzgado  1º Civil del Circuito de Girardot, con relación al inmueble  hipotecado,  en  lo  atinente  a  su  administración  y los dineros producidos;  adicionalmente  se  menciona  que  en lo atinente a créditos a cargo de aquella  «se      encuentran     dos,     un[o] ante la Tesorería Municipal de Nilo y  [el]   otr[o]  que  cobra Fogafin en ejecutivo mixto  en  el  Juzgado  41  Civil  del  Circuito  de Bogotá, cuya solución se pensaba  cubrir  con los dineros provenientes del cumplimiento del contrato de promesa de  compraventa»;  que  los  señalados  incumplimientos  «determinaron  la  urgencia  de  conseguir  un nuevo  comprador   para   el   inmueble   para   evitar   el   inminente   remate   del  predio»,  fue  así  como se contactó a «Interamericana     de     Licores     Escobar     &     Cía.  S.C.A.»,  procediéndose  a  comunicar a «Central  de  Inversiones  S.A.», que se  haría  el pago de la obligación, el que realizó la señalada empresa mediante  consignación     de     24/07/2001,     por     valor    de    $221’500.000,  lo que implica un aumento de  la   cuenta   inicialmente   prevista,   en   la   cantidad  de  $32’500.000, y dado que la apoderada de la  ejecutante  no  solicitó la terminación de la referida ejecución, se pidió a  la  acreedora  «permiso para celebrar y registrar la  venta  del  inmueble»  a  favor  de  la  sociedad que  canceló  el crédito, contrato ese que consta en la E.P. n° 1300 de 02/08/2001  de la Notaría 39 de Bogotá.   

3.  Al proceso compareció «Medardo   Arias   García»  y  propuso  «intervención    ad    excludendum»  (c.4,  fls.19-28),  a  fin de obtener el  reintegro   de   la   suma   de   $150’000.000    entragados    en    desarrollo    de    la   «promesa   de   compraventa»  celebrada  entre  «Beatriz  Giraldo  de  Neisa  y  Henry Vargas  Urueña»  y  que  al  perfeccionarse se plasmó en la  E.P.  n°  199  de  02/03/2001  de  la  Notaría  de Melgar, además reclamó el  reconocimiento  de  la  respectiva  indexación  e  intereses  sobre  el  citado  capital.   

En  los  hechos  sustento  de  la  aludida  petición,    manifiesta    el    interviniente    que   mediante   «escrito   de  8  de  febrero  de  2001  autorizó    Medardo    Arias    a    Henry    Vargas    Urueña    ‘para  que compre para mi patrimonio o  para  quien  yo  le indique, el predio rural denominado La Ceiba de propiedad de  la  señora  Beatriz  Giraldo de Neisa», facultándolo  para  firmar la «promesa de compraventa»   el   09/02/2001   y  en  su  momento  suscribir  la  «escritura   pública   en  la  Notaría  de  Melgar»;  asimismo  informa que el convenio se hizo efectivo, y se canceló  la  aludida  cantidad  de dinero, con tres cheques, cada uno por $50’000.000, girados por Molino Flor Huila  S.A.,     recibidos     por     la     «promitente  vendedora»   y   posteriormente   se  formalizó  el  «contrato   prometido»,  reseña  algunas de las estipulaciones en este contenidas y  manifiesta que  inexplicablemente  ese  título  no se registró, lo que posibilitó que el bien  lo    transfiriera    la   «vendedora»   a   la  sociedad  «Interamericana  de  Licores Escobar y Cía. S.C.A.»   

   

«Henry   Vargas   Urueña»,   quien   fue   convocado  al  reseñado  trámite,  no  presentó  respuesta,   mientras   que   «Beatriz  Giraldo  de  Neissa»,  replicó  en  tiempo, expresó no constarle  algunos   hechos  y  respecto  de  otros  dijo  no  ser  ciertos,  se  opuso  al  petitum   y  planteó  las  defensas  de  «falta  de legitimación en la causa e  inexistencia     de     la    obligación»    (c.4,  fls.116-123).   

    

4.   La primera instancia se finiquitó  con  la  sentencia  de  3  de noviembre de 2005 (c.1, fls.241-260), en la que se  denegó    la    «nulidad    del    contrato    de  compraventa»  solicitada  en el escrito introductorio  del  proceso,  como  también  la  «resolución de la  promesa  de  compraventa»  pedida  en la «demanda   de   reconvención»,  y  se  declaró   que   el  primer  negocio  jurídico  reseñado,  continúa  vigente,  reconociendo  a  «Medardo Arias García, como directo  comprador  del  citado  inmueble  en  su  calidad  de  ad  excludendum, quien se  allanará  a  pagar  el  precio  y  la  vendedora  a  realizar la tradición del  inmueble  objeto  de  la venta»; decisión apelada por  la  accionada  en  la  «demanda inicial» y por el interviniente.   

5.   El  ad  quem  al  resolver la alzada, modificó la providencia  del  a-quo  en el sentido de  revocar  los  puntos  en  que se consignó la denegación de las pretensiones de  «nulidad     absoluta     del     contrato     de  compraventa»       y       la       «resolución    de   la   promesa   de   compraventa»,  y  en su lugar decreta «la resolución  del  contrato contenido en la escritura pública n°199 de 2 de marzo de 2001 de  la  Notaría  de  Melgar  por  mutuo disenso tácito»,  declara    que    «los  $150’000.000 que se dicen  entregados  en el contrato de promesa de compraventa suscrito el 9 de febrero de  2001,   por  Henry  Vargas  Urueña  a  Beatriz  Giraldo  Neissa,  salieron  del  patrimonio     del     señor     Medardo     Arias     García.    –  En consecuencia, la señora Beatriz  Giraldo      de     Neissa     deberá     devolver     los     $150’000.000  que  recibió por ese efecto  al   señor   Medardo   Arias  García»,  debidamente  indexados.   

II.   LOS   RECURSOS    DE   REVISIÓN  ACUMULADOS   

DEMANDA DE MEDARDO ARIAS GARCÍA  

1.   Solicita el recurrente declarar la  nulidad  de  la  sentencia  de  15  de  mayo de 2008 proferida por la Sala Civil  Familia  del Tribunal Superior de Ibagué, al estimar que se configura la causal  6ª  del  artículo  380  del  Código  de Procedimiento Civil y se disponga que  «queda  vigente  la  escritura  199 suscrita el 2 de  marzo  de  2001  en  la Notaria única del municipio de Melgar, departamento del  Tolima,  entre Henry Vargas Urueña, como comprador y Beatriz Giraldo de Neissa,  como    vendedora,   oficiando   igualmente   al   señor   Notario   para   tal  fin».    

2.  El sustento del reseñado pedimento  contenido  en  el  escrito introductorio del recurso y en el memorial con el que  se subsanó (fls.7-13 y 19-22), admite el siguiente compendio:   

«Medardo   Arias   García»  fue  víctima del delito de secuestro, situación que «Henry  Vargas  Urueña  en  connivencia  con  Beatriz  Giraldo de  Neissa»,  aprovechó  para  solicitar la «nulidad    absoluta»    del   citado  «contrato de compraventa»,  actuando  como  apoderado  «Jaime Alberto Leguizamón  Machado,  (…)  quien  fuera  la  persona que elaboró la constancia en la cual  Henry  Vargas Urueña manifiesta que el bien adquirido lo era para el patrimonio  de Medardo Arias García».   

En ese proceso la accionada formuló demanda  de  reconvención en la que pidió «la resolución de  la  promesa  de  venta» y el convocado en ese trámite  «guarda  silencio  y  no  concurre  a  absolver  el  interrogatorio  de  parte  que  se  formularía,  como  tampoco concurriera a lo  mismo,     (…),     la     demandada     Giraldo    de    Neissa».   

Hallándose        «Medardo  Arias  García» privado de su  libertad,  sin  que  se  cancelaran los efectos de la  escritura  199  del  2  de marzo de 2001, (…), la vendedora Beatriz Giraldo de  Neissa,  vendió  el día 2 de agosto de 2001 (…), nuevamente el inmueble a la  sociedad  Interamericana de Licores Escobar C. & Cía. S.C.A., y estando aun  secuestrado  [el  antes  nombrado],  el actor Henry Vargas urueña a través del  mismo  abogado  Jaime  Alberto  Leguizamón  Machado, (…), instaura la acción  ordinaria  de  nulidad el día 20 de febrero de 2002, y  de   esa   manera  se  defraudó  los  intereses  patrimoniales  al  prenombrado  recurrente   extraordinario,   quien   solo   advirtió   esa   situación   con  posterioridad al fallo atacado.   

También  se  informa  que  por  los citados  hechos  se  formuló  denuncia  penal  por  fraude  procesal contra «Henry    Vargas    Urueña    y    Jaime    Alberto   Leguizamón  Machado»,  al  igual  que  respecto  de  «Beatriz          Giraldo          de         Neissa».   

DEMANDA    DE    BEATRIZ    GIRALDO    DE  NEISSA   

1. Pretende la impugnante la invalidación de  la  sentencia  recurrida,  para  que  se  dicte  la  que en derecho corresponda,  apoyándose  en  las  causales  6ª  y  8ª  del  artículo  380  del Código de  Procedimiento Civil.   

2.  A  fin  de  sustentar  el primero de los  motivos   reseñado,  aduce  algunas  conductas  que  califica  de  «maniobras  fraudulentas»  e invoca los  siguientes supuestos fácticos:   

a).   «Henry  Vargas  Urueña  y Medardo Arias García» indujeron en  error  al  juez  y  así  lograron que se declarara que el dinero con el cual el  primero  nombrado  canceló  a  «Beatriz  Giraldo de  Neissa» parte del precio convenido en la «promesa  de  compraventa» provenía del  patrimonio  del  segundo  mencionado,  sin  que  exista  prueba  de  la tenencia  ilegítima      por      parte     de     «Vargas  Urueña»  de  los  títulos valores con los que éste  realizó     el     referido     pago     por    valor    de    $150’000.000.   

b).  Las manifestaciones de «Henry  Vargas Urueña» contenidas en la  «promesa  de  compraventa»  en   cuestión,   atinentes   a   que   tenía   la   calidad   de  «acreedor  de  la  señora Beatriz Giraldo de Neissa»  y  que  obraba en nombre propio, las tuvo por ciertas «Luis    Guillermo    Neissa   Rosas»,  mandatario  de  aquella,  por  lo  que autorizó el otorgamiento de la escritura  pública   de   venta,   no   obstante   la   última  afirmación  «resultó falsa».   

c).     La   señora   «Giraldo  de  Neissa»,  entre  abril  y  julio  de 2001, adelantó gestiones para solucionar el problema que se presentó  por  el  no  pago  del  crédito  a  su cargo, el que se comprometió a realizar  «Henry  Vargas  Urueña» a  «Bancafé»,   sin   que  pudiera    contactarse    con    él    ni   con   su   apoderado   «Jaime  Alberto Leguizamón», y ante esa  situación  tuvo  que  buscar  otras  alternativas,  fue  así  como  acordó la  «venta»  de  la  finca  a  «Interamericana  de  Licores  Escobar  &  Cía.  S.C.A.»,  la  cual  asumió  la  cancelación  de  la  mencionada deuda.   

e).    La   intervención   ad  excludendum constituye una «artimaña»,  pues a pesar de mencionar  como  convocados  a  «Vargas  Urueña  y  Giraldo de  Neissa»,  en  el fondo se dirigía únicamente contra  esta  última,  además  se omitió incluir el petitum,  el  cual solo se precisó en la audiencia preliminar y  de   esa  manera  lograron  concretar  «la  maniobra  fraudulenta»   en   el   fallo   del   ad   quem,   que  ordenó  entregarle  al  interviniente   la   suma   de   $150’000.000.   

f).   Existen  evidencias  acerca de la  «relación entre Arias García y Vargas Urueña para  engañar  a  Giraldo de Neissa», como la situación de  ser   el  primero  nombrado  «mandante»  del  segundo, habiendo este aceptado su condición de «mandatario» para la celebración de la  «promesa   de   venta»,  mientras   que   la   «promitente   vendedora   con  desconocimiento  del  hecho  anterior,  cumplió por su parte con la firma de la  escritura  199  el  2  de  marzo  de  2001  en  la Notaría de Melgar, hecho que  desconoce  la  sentencia  acusada»,  al  inferir  que  «Giraldo  de  Neissa  tuvo  que vender a un tercero,  porque  Vargas  Urueña  no  cumplió.  Y Vargas Urueña incumplió porque Arias  García  no  proveyó  al mandatario de lo necesario»,  por  lo  que  no  es  admisible  deducir «una actitud  tácita  de ambas partes, que permita arribar a la conclusión que su intención  no  es  otra  que  resolver  el  contrato,  lo  que  no  es cierto»,   pues   lo   que   hubo   fue   incumplimiento  del  «comprador».   

g).    No   examinó   el   juzgador  «la   ingente   labor   de   Arias  García  en  la  prefabricación  de  la prueba presentada con su demanda, (…), que sin alterar  la    relación   Vargas   Urueña   –  Giraldo  de  Neissa  establecida  en  la  promesa,  indujo  a  la  jurisdicción  a  creer  equivocadamente  que  Arias  García era propietario, o  titular  (…)  del  dinero  con  el  que  pagó  Vargas  Urueña  a  Giraldo de  Neissa»,  valiéndose  erradamente  para la decisión  del documento donde se alude a ese hecho.     

h).   Las  acciones  promovidas por los  antes   nombrados   «contienen  un  resumen  de  sus  patrañas   con   las   cuales   engañaron  la  fe  pública  y  a  Giraldo  de  Neissa»,  y  cuestiona  al  ad  quem  por  minimizar las  falencias  de la demanda, enrostrándole que «eludió  la  actio  mandati  directa de Arias García contra Vargas Urueña»,  además  que  lo indujeron a inobservar los artículos 303, 304 y  305 del Código de Procedimiento Civil.   

i).  Se denuncian hechos que patentizan  el  «engaño de Vargas Urueña y Arias García, a la  Jurisdicción»,  reseñando el concerniente al origen  de   los   $150’000.000  entregados   a   «Giraldo  de  Neissa»  y sostiene la recurrente que constituye la base de todos los actos  configurativos  de  la  señalada conducta, puesto que las evidencias examinadas  no  desvirtuaron  que  «Vargas  Urueña  era tenedor  legítimo»  de los cheques con los que se realizó el  pago,  además  se  afirma que «el dinero pertenece a  Medardo   Arias  Galvis»,  lo  cual  está  en  total  inconsonancia  con  el  acervo  probatorio,  pues la certificación expedida por  Molino  Florhuila  S.A.,  «no prueba en Arias García  legítima  tenencia  de  los  cheques»,  por  lo  que  cataloga  de  contraevidente  la  inferencia del sentenciador concerniente a que  los  «$150’000.000  salieron  del patrimonio del señor Medardo Arias y no del  actor    primario»,   además   la   constancia   de  Bancolombia,  no  indica  que  el  antes  nombrado  poseyera  aquel dinero o que  tuviera    fondos    en    esa    entidad    financiera   y   él   «confesó   que   ese   dinero   pertenecía   a   Medardo   Arias  Galvis».   

j).   Igualmente sostiene la impugnante  que  «el  ad quem se limitó a entender lo dicho por  Arias  García  con  el  encubrimiento  de  Vargas  Urueña  (…) [y  ello]  lo condujo a declarar en contra  de  la  verdad  que ‘ésta  no    puede    cumplir    la    venta’»  y  de  otro  lado  a reconocer que el  aludido  capital  salió  del  patrimonio  de  «Arias  García», todo lo cual «es  incongruente  con  los  hechos  reales,  porque  en el acervo no obra prueba que  destruya  la  calidad  de tenedor legítimo de los cheques con los cuales Vargas  Urueña    pagó   [la   señalada   suma]»,     puesto    que    «en  la  fecha  de  negociación  de los cheques, Arias García no  tenía  fondos;  y que obtuvo la oferta de un crédito de Palacino Vanegas, todo  en  connivencia  con  Vargas  Urueña,  quienes  ejecutan  un conducta ilícita,  conscientemente    encaminada    a   determinar   la   decisión   [del          adquem]».   

k).       Hubo       «prefabricación   de  la  prueba»  por  parte   de   «Medardo  Arias  García»,  porque  «confesó no ser el dueño del  dinero    reclamado»   al  señalar  como  tal  a  «Medardo  Arias Galvis»   y  «aparentó     suficiencia     económica,    sin  tenerla»,  circunstancias que engañaron al juzgador,  por  lo que dedujo que «esa suma salió del haber del  señor    Arias   García,   (…),   declaración   contraria   a   la   verdad  procesal».   

l).  Es  evidente  la  influencia  de  los  apoderados    de    «Arias   García»  sobre  el  sentenciador, situación que percibe porque en el fallo  se  hace  reproducción  de lo manifestado por su procurador judicial en torno a  la  afectación a su mandante y la inferencia atinente a que el dinero entregado  a   «Giraldo  de  Neissa»  salió del patrimonio de aquel.   

m).  Ausencia  de acuerdo entre «Giraldo  de  Neissa  y  Arias García»,  dado  que  en  el  proceso  no  se  demostró,  por lo que califica de errada la  conclusión del Tribunal en sentido contrario.   

n). El engaño al ad  quem  es ostensible, porque los comprobantes de pago y  el  giro  de los cheques, no desvirtúan la tenencia legítima de los mismos por  parte  de «Vargas Urueña»,  habiendo  cumplido  el  efecto  de  extinguir  la  obligación, y tampoco existe  prueba    de    relación    alguna    de    «Arias  García»  respecto de la cuenta corriente con cargo a  la que aquellos títulos se emitieron.   

ñ).   Los  antes  nombrados  «desnaturalizaron  ante  el  ad  quem  la  situación jurídica de  Giraldo  de  Neissa», en razón a que lo llevaron a no  acoger  las excepciones perentorias y ubicar a «Arias  García»  como demandante, permitiendo que a su favor  se    ordenara    restituirle    el    dinero    recibido    por    «Giraldo de Neissa».   

o).        La       «insolvencia   de  Arias  García»,  se  resalta  como  evidencia  de «su inicua maniobra para  defraudar  económicamente  a  Giraldo de Neissa» y el  hecho   de  informar  que  obtuvo  un  préstamo  de  Adolfo  Palacino  Vanegas,  constituye evidencia de su iliquidez.   

p).    Al   referirse   a   «otras  maniobras  de Arias García y Vargas Urueña»,  se  centra  en  cuestionar  aspectos  de  la  decisión,  como la  deducción  de  que el dinero entregado a «Giraldo de  Neissa»,      lo     suministró     «Arias    García»;   la   falta   de  pronunciamiento  sobre la defensa de «ilegitimidad de  la  personería»  frente  a  la demanda de aquel y el  decretar  la  resolución de la compraventa «por muto  disenso  tácito», sin haber sido solicitado; no tener  en  cuenta  planteamientos  del apoderado de «Beatriz  Giraldo»,  acerca  de  la  falta  de requisitos de la  «demanda    principal»  concerniente  a  la  carencia  de  petitum y  en  lo  relativo  a  la  demostración  del  incumplimiento de la  promesa    de    venta   por   parte   de   «Vargas  Urueña»,  quien  «por ser  mandatario,  carecía  de  capacidad para demandar (…), por falta de poder del  mandante.   Y  Arias  García,  mandante,  no tenía la calidad de tercero,  mucho  menos  ad excludendum», y que ellos incurrieron  en  «conducta fraudulenta al haber aparentado que el  uno  era  actor  y  el  otro  tercero», cuando quedó  acreditada    que    entre   ellos   existió   la   calidad   de   mandante   y  mandatario.   

q).  También  se  menciona la pluralidad de  indicios,    que    infirman    la    circunstancia    de    que    «Arias  García»  sea  el dueño de los  $150’000.000, que ordenó  entregarle   el   Tribunal;   desvirtúan   el   incumplimiento   atribuido  por  «Vargas   Urueña»   a  «Giraldo  de  Neissa»,  y  corrobora  el  encubrimiento de aquel para con «Arias  García»,       permitiéndole      «sustituirlo  en  el  juicio  bajo  la  apariencia de figurar como  tercero»,  conductas  dirigidas  a  defraudar  a  la  recurrente.   

r).   Con   relación   a   «Henry  Vargas  Urueña», se erigen como  hechos  indicadores  del  citado comportamiento, la falta de contestación de la  demanda  de  reconvención, como de la intervención ad  excludendum,  tampoco  se refirió a la réplica que a  ese  escrito  hizo  «Giraldo de Neissa»  y  su  inasistencia  a  la audiencia de conciliación, también su  conformidad  con  el  fallo de primera instancia, situación no advertida por el  ad quem.   

s).     Respecto   a   «Medardo  Arias  García, se menciona que  está    probado    que    «suplantó    a   Arias  Galvis»,   y   se   eludió   cualquier   comentario  aclaratorio  de esa situación; también su estado de insolvencia, que la trató  de  encubrir  con un préstamo de Palacino Vanegas, además con su secuestro, el  que  según  la  denuncia  pudo ocurrir el 15 de marzo de 2001, no antes como lo  afirmó  en  la  demanda;  asimismo  incurrió  en  irregularidad  al  apelar la  sentencia  favorable,  toda  vez que carecía de poder jurídico, dado que en su  pretensión  se  limitó  a  ratificar  las  súplicas del escrito introductorio  inicial.   

       

3.   El  segundo motivo de revisión se  apoya  en  la  causal  8ª del artículo 380 del Código de Procedimiento Civil,  aduciendo  la  existencia  de nulidad en la sentencia que puso fin al proceso, y  se   invoca   de   forma  «subsidiaria» a la anterior.   

En  el  libelo  de  la acción promovida por  «Henry  Vargas  Urueña»  contra   «Beatriz  Giraldo  de  Neissa»,  pidió  la  «nulidad  de  contrato de  compraventa», sin especificar la especie de convenio,  ni  la  fecha,  tampoco  su  objeto y no precisó «si  buscaba  nulidad  de  la promesa de compraventa suscrita el 9 de febrero de 2001  (..);  o  si  perseguía nulidad del contrato objeto de la escritura 199 de 2 de  marzo  de  2001  de  la  Notaría  de Melgar (..); o si buscaba la nulidad de la  escritura   pública  1300  de  2  de  agosto  de  2001  de  la  Notaria  39  de  Bogotá»  y  a  pesar  de solicitar la devolución de  «los  $150’000.000       entregados»,   dicho   escrito   no   cumple   lo  establecido  en  los  artículos  75 numeral 5 y 82 del Código de Procedimiento  Civil.   

En la audiencia de que trata el artículo 101  ibídem,    «Arias  García»  de  manera voluntaria  fijó  su  intervención en el litigio en calidad de coadyuvante, al afirmar que  «[m]e  ratifico  en  las  pretensiones  hechas en la  demanda  inicial»,  de  donde infiere que al no haber  apelado  el  demandante  principal,  el  recurso  presentado  en ese sentido por  aquél,   es  improcedente,  careciendo  el  Tribunal  de  competencia  para  el  conocimiento de la alzada.   

El     ad  quem amalgamó sin petición alguna dos procedimientos  distintos:  el que debía seguir el mandante contra el mandatario y el del actor  para  reclamar la invalidación del negocio jurídico, así mismo confundió los  temas    de   la   «demanda   inicial»       y       los       atinentes       a      la      «reconvención»,  sin  distinguir  que  «Vargas              Urueña»     jamás     fue     «parte» en la  acción    interpuesta    contra    «Giraldo    de  Neissa»;  no dio por demostrado que aquel nada pidió  sobre  la  E.P.  n°  199 de 02/03/2001 de la Notaria de Melgar, en tanto que lo  resuelto  en  el  punto  primero  de  la  sentencia está fuera del petitum   y   de   la  cusa  petendi;   limitó  el  análisis  de  la  «demanda    de    mutua    petición»  a  valorar  lo  concerniente a las arras, pasando desapercibido el  incumplimiento      de     la     «promesa     de  compraventa»       por      el      «promitente comprador».   

En  memorial  de  intervención «Medardo  Arias  García» nada solicitó  con   relación   al   tema   de  la  alzada,  al  tiempo  que  la  «acción  de  nulidad»  enarbolada  por  «Vargas   Urueña»  sin  «petitum  específico»   fue  fallada  por  el  Tribunal  como  «resolución        de       contrato       de  compraventa»,  lo  que hace incongruente la sentencia  de segunda instancia.   

3.    Admitidas    las    “demandas  de  revisión” se notificó  a  los  convocados,  quienes se opusieron a su prosperidad. Henry Vargas Urueña  planteó     como    defensa    las    enervantes    denominadas    “inexistencia de maniobras fraudulentas  en  el accionar de Henry Vargas Urueña, inexistencia de nulidad en la sentencia  que  colocó fin al proceso”  (fl.228-231,  157); Medardo Arias García interpuso las intituladas “inexistencia de las causales motivo de  revisión    y    ausencia    de    responsabilidad,   temeridad,    y   la  genérica” (fl.266); por su  lado,    Beatriz    Giraldo    de    Neiss   adujo   la   llamada   “confusión” (fl.73-74).   

4.   Evacuada  la fase instructiva, se  corrió  traslado para las alegaciones finales y ambas partes en sendos escritos  conjuntaron  sus argumentaciones frente a lo debatido en cada uno de los juicios  acumulados.   

          5.    Al   verificar   la   concurrencia  de  los  presupuestos  procesales   en  los  asuntos  bajo  estudio  y  la  ausencia  de  irregularidad  constitutiva  de  nulidad,  es  procedente entrar a resolver de fondo acerca del  fundamento  legal  de  las  reseñadas  «demandas de  revisión».   

III. CONSIDERACIONES  

1.  El  «recurso  extraordinario  de  revisión», de conformidad con el  artículo  379 del Código de Procedimiento Civil, procede contra las sentencias  ejecutoriadas  y  técnicamente  para su formulación debe apoyarse en alguna de  las     causales     consagradas     en    el    precepto    380    ibídem.   

Se   ha   interpretado   que   el  citado  «medio  de  impugnación»  constituye  una  garantía  de  justicia,  en  virtud  de  los efectos que puede  generar  en el evento de alcanzar prosperidad, pues dependiendo del motivo legal  en  que  se  funde,  es  factible  aniquilar la decisión injusta, o procurar el  restablecimiento   del   derecho   de   defensa   cuando  haya  sido  seriamente  quebrantado,  o  preservar  el  instituto de la «cosa  juzgada».   

        Acerca  de  esa  temática,  esta Corporación en sentencia CSJ SC,  1°        Nov.        2013,       Rad.            2011-01988,            expuso:   

(…)       el      ‘recurso   de   revisión’  no se opone a la institución de la  ‘cosa juzgada’, sino que por el contrario, propugna  por  su  consolidación en términos de justicia material y no formal, que es el  paradigma  a  donde debe orientarse la función judicial, según el ordenamiento  constitucional,  el cual reclama, además de la correcta aplicación del derecho  sustancial,  la  observancia  del principio de legalidad como garantía esencial  del debido proceso.   

Adicionalmente,  es viable señalar que la  Corte  Suprema  en  la  sentencia  de  1º  de  junio  de 2010, exp. 2008-00825,  precisó  que  el  ‘(…)  principio  de  ‘la  cosa  juzgada’ no es absoluto,  pues  razones  de  justicia obligan a exceptuar de él las providencias de fondo  injustas,  como  son  las  emitidas  en procesos donde se presenta alguna de las  seis  primeras  causales  del  recurso  de revisión, o sea, aquéllas en que se  demuestre       plenamente       que      están      fundadas      ‘en  una realidad procesal contraria a  la  verdad,  que  fue demostrada con pruebas falsas o que tal verdad no pudo ser  acreditada  en  el  proceso  no por descuido, omisión o negligencia de la parte  interesada,   sino   por   fuerza   mayor,   caso   fortuito  u  obra  de  parte  contraria’.  (…)’; igualmente cuando  se  configura  alguna de las hipótesis consagradas en los tres últimos motivos  que  autorizan  el  presente  mecanismo  de  impugnación,  los que básicamente  buscan  la protección del derecho de defensa y el respeto al mismo instituto de  la       ‘cosa  juzgada’.   

         En   torno   a   algunas   otras   circunstancias  que  moldean  la  caracterización  del  aludido  mecanismo  de impugnación, la Corte en el fallo  CSJ SC, 3 Sept. 2013, Rad. 2010-00906, resaltó:   

En virtud de las características que posee  el  aludido recurso, el juez no puede ocuparse oficiosamente de la acreditación  de  los  hechos  alegados  para  fundarlo;  como  lo  ha  explicado  esta Corte,  ‘corre  por  cuenta  del  recurrente  la  carga  de  la  prueba,  de modo que le corresponde demostrar que  efectivamente  se  presenta el supuesto de hecho que autoriza la revisión de la  sentencia,  compromiso que sube de tono si se tiene en cuenta que el presente es  un  recurso  extraordinario  y  que,  con  su  auxilio,  se  pretende socavar el  principio  de  la  cosa  juzgada formal’.                 (…)1.   

         

         Igualmente,  en la sentencia CSJ SC, 19 Dic. 2012, Rad. 2010-02199,  precisó:   

La naturaleza extraordinaria del señalado  medio  impugnativo  comporta,  no  sólo  que  los motivos que lo autorizan sean  restrictos,  sino  que,  por  regla  general, deben originarse en circunstancias  exógenas   al   proceso   dentro   del   cual  se  dictó  el  fallo  opugnado,  constituyendo,  en  esencia,  situaciones  novedosas  que,  de haberse conocido,  habrían  conducido  a  otro  resultado.  Fluye, entonces, que a través de este  mecanismo  extraordinario, la normatividad procura liberar el ejercicio judicial  de elementos perturbadores de su legalidad y  legitimidad.   

Por tanto, en línea de principio, con este  recurso  no  es  factible  controvertir los cimientos que sustentan la sentencia  censurada,  o discutir los problemas debatidos en el pleito, menos propiciar una  nueva   oportunidad   para   formular  hechos  exceptivos,  tampoco  reviste  el  propósito  de  mejorar  la  prueba  aportada  al litigio, pues ello implicaría  abrir  la  compuerta a una tercera instancia.  Es incontrovertible que, por  la  naturaleza  de  este mecanismo de defensa, la relación procesal que informa  el   trámite  cumplido  en  las  respectivas  instancias  ya  está  cerrada  o  concluida,   luego   no   es   posible   replantear   el   conflicto.   

2.   Descendiendo  al  presente  trámite,  se advierte que debe dársele respuesta a  los  dos  recursos  de  revisión  que  se acumularon, y en consideración a los  factores   que   en  esa  situación  procesal  tuvieron  incidencia,  se  torna  pertinente   comenzar   por   el   estudio   de  la  demanda  de  Medardo  Arias  García.   

a).   Siguiendo  esa  pauta,  dada la  trascendencia  que  reviste  para el caso, se entra a reexaminar lo concerniente  al  «interés  jurídico»  para     formular    el    citado    «recurso    de   revisión»,  pues  valga  acotar,  ese  es  un  aspecto,  que a la par con la  «legitimación»,   de  conformidad  el  inciso 4º artículo 383 del Código de Procedimiento Civil, se  verifica   al   resolver  sobre  la  admisión  del  escrito  introductorio  del  «recurso  de  revisión»,  aunque  no  surge obstáculo legal para dilucidarlo en la decisión final,   puesto   que   solo   ante  la  concurrencia  de tales presupuestos, es factible proceder al estudio de fondo de  los  motivos  o causales en  que se sustenta la impugnación extraordinaria.    

La   aludida  condición,  esto  es,  el  «interés  jurídico para  recurrir»,  se  configura  por  el  perjuicio concreto y actual irrogado con la  respectiva   providencia,   a   las   partes   y   en  algunos  eventos,  a  los  terceros.   

Acerca del mencionado requisito, la Sala en  sentencia  n°  147  CSJ  SC,  1°  Oct. 2004, Rad. 007560, con criterio amplio,  expuso:   

Una de las condiciones que, de antiguo, se  predican  de  los  recursos en general –(…)-  es  la  que  exige  que la persona que los interponga tenga  interés  jurídico,  el  que, como es sabido, deriva necesariamente del agravio  que  la  decisión  impugnada  le  cause  o  irrogue  a aquella, lo que explica,  entonces,  que  el  recurso  no  proceda cuando la providencia no perjudica a la  parte que interviene en el proceso. (…).   

En  relación  con  este punto ha dicho la  Corte    que:    ‘la  prosperidad  del  recurso  de  revisión  se  subordina a la concurrencia de una  serie  de  presupuestos,  entre  los  cuales  cabe  destacar la existencia de un  interés   legítimo   en  el  impugnador,  concretado  en  el  agravio  que  la  providencia atacada hubiere podido irrogarle.   

Sobre  el  particular  ha  considerado  la  Corporación  que  el  interés  del  cual pende la legitimación para recurrir,  ‘tiene que ser real y el  cabal   cumplimiento   de  esta  condición  es  preciso  apreciarlo  desde  una  perspectiva  jurídica  objetiva  donde  no son de recibo las simples conjeturas  teóricas  que  tengan  por conveniente formular los litigantes, toda vez que si  no  hay  gravamen  que  pueda  ser  remediado en el evento en que sea exitoso el  recurso  interpuesto,  éste  último  pierde por fuerza su razón de ser y debe  ser      desechado     por     falta     de     viabilidad     legal’ (…).   

b).    Al  examinar  los  hechos  y  peticiones   plasmadas   en   el   libelo   de   la  intervención  ad   excludendum,   al   igual  que  el  contenido  de  la decisión adoptada en el fallo recurrido, se verifica la falta  de  «interés  jurídico»  para    la    impugnación    extraordinaria    por    parte   de   «Medardo  Arias  García», toda vez que  la sentencia le fue favorable a sus reclamaciones.   

En efecto, obsérvese que en el escrito con  el  que  formalizó  su  comparecencia  al  litigio,  informa acerca del mandato  conferido   a  «Henry  Vargas  Urueña»,  a  fin  de que gestionara la compra de un predio a «Beatriz    Giraldo   de   Neissa»,  refiriendo    los    términos    en    que   se   concretó   la   «promesa  de  compraventa» y luego el  negocio    jurídico    prometido;    también   manifiesta   que   «fue  él  quien  dio  de  su  patrimonio  los  ciento  cincuenta  millones  de  pesos,  que  en  tres  cheques,  cada  uno  por valor de cincuenta  millones   de   pesos,   le   entregó   Henry   Vargas   Urueña   a  la  parte  vendedora»; resalta que de ahí deviene su interés  para  intervenir  en  el proceso, además de «evitar  demandar  posteriormente  en  juicio  separado  a  Henry  Vargas  Urueña  en la  eventualidad  de  que  por  sentencia se declare la prosperidad del reintegro de  [la    citada    suma    de    dinero]  recibidos  por  Beatriz  Giraldo de Neissa, los cuales a su vez  Henry    Vargas    Urueña   debe   entregar   a   Arias   García»,  y  con  base  en  las  reseñadas  argumentaciones  plantea que  la   señora   Beatriz  Giraldo  de  Neissa  tiene  que  devolver  a  Medardo  Arias  García los ciento  cincuenta  millones  de  pesos  ($150’000.000)  recibidos en relación con la  escritura  pública  n°  199 de marzo 2 de 2001 de la Notaría de Melgar, y sin  exigir  compensación  alguna  porque  en  nada  se  perjudicó, y los tiene que  devolver  con indexación, con intereses legales a partir de la ejecutoria de la  sentencia (se resalta).   

Ahora,  en  la  sentencia  impugnada,  el  Tribunal  tras modificar la decisión de primera instancia, dispuso «decretar  la  resolución del contrato contenido en la escritura  n°  199  de  2  de  marzo  de  2001  de la Notaría de Melgar por mutuo disenso  tácito»  y declarar que  los  $150’000.000 que se  dicen  entregados  en  el  contrato  de  promesa de compraventa suscrito el 9 de  febrero  de 2001, por Henry Vargas Urueña a Beatriz Giraldo de Neissa, salieron  del    patrimonio    del    señor    Medardo    Arias   García.   –   En   consecuencia,  la  señora  Beatriz    Giraldo    de    Neissa    deerá   devolver   los   $150’000.000 que recibió por ese efecto  al  señor  Medardo  Arias  García  dentro  de  los  10  días  siguientes a la  ejecutoria    de    esta   sentencia,   debidamente   indexados   y   hasta   su  cancelación,  y  lo  benefició  asimismo,  con  la  condena en costas en un porcentaje del 40% (se subraya).   

c).   No obstante que la inconformidad  con  la  providencia  del  fallador  de  segundo grado manifestada por el censor  «Arias    García»   y  expresada  en  la «demanda de revisión»,  básicamente se sustenta «en que Henry  Vargas  Urueña  no  tenía legitimación en la causa por activa, para instaurar  esa  acción  ordinaria,  pues  el  titular de la acción, lo era, Medardo Arias  García»,  y  por lo tanto considera que «la  providencia que correspondía dictar en derecho en el proceso  ordinario  cuestionado,  no  era  la  de acogimiento de la pretensión, sino una  absolutoria  por  falta de legitimación en la causa»,  no   puede   hallarse   en   esos   antecedentes   procesales,  el  «interés    jurídico»    para   que  válidamente    pueda   pretender   la   «revisión  extraordinaria»  promovida,  ya  que al comparecer al  litigio    en    cuestión,    mediante    la    figura   de   la   «intervención             ad            excludendum»,   en   su   demanda   definió  que  su  aspiración  se  concretaba al reintegro o restitución del capital suministrado  a  su  mandatario  para el negocio a que se ha hecho mención, más los réditos  correspondientes  e indexación, no habiendo planteado petición a fin de que se  mantuviera  el «contrato de compraventa»   declarado   resuelto  por  mutuo  disenso  tácito  o  el  de  la  «promesa  de  venta» cuya  «resolución»  solicitó  «Beatriz    Giraldo    de    Neissa».   

d).   Ante la comentada situación, se  declarará     infundado     el     «recurso    de  revisión»  formulado por el antes nombrado, quedando  la  Sala relevada de estudiar el motivo invocado para sustentarlo, como también  los medios enervantes aducidos por los opositores.   

3.   Asume ahora la Corte el análisis  de    la    «demanda   de   revisión»  impetrada  por  Beatriz  Giraldo  de  Neissa,  la que apoya en las  causales  6ª y 8ª consagradas en el artículo 380 del Código de Procedimiento  Civil,  precisando  que su examen se efectuará en sentido inverso al planteado,  toda   vez   que  de  llegar  a  prosperar  la  última,  conduciría  al  total  aniquilamiento  de  la providencia, criterio este aplicado en el fallo CSJ SC, 3  Sept. 2013, Rad. 2010-00906.   

3.1.   Contempla  la  segunda  regla  citada,     que     constituye     «motivo     de  revisión» la «exist[encia  de]  nulidad  originada  en  la  sentencia  que puso fin al proceso y  que no era susceptible de recurso», lo  que  implica que su estructuración deriva de la presencia en la misma sentencia  de  ciertas  circunstancias  anómalas  o  irregulares, que dada la gravedad que  alcanzan  por  la afectación, en principio, del debido proceso o del derecho de  contradicción  o  defensa,  adquieren idoneidad jurídica para la invalidación  de  aquella,  cuando  no  estuviere  habilitado  legalmente  otro  medio para su  impugnación (resaltado).   

Esta  Corporación en fallo CSJ SC, 17 May.  2013,  Rad.  2011-00415, acerca del entendimiento del aludido supuesto legal que  habilita   el  «recurso  de  revisión», memoró:   

(…).         ‘Del  contenido de la norma transcrita  se  infiere  que  dicho  motivo  de  revisión  se  configura  si  confluyen los  siguientes  presupuestos: a) que al dictarse la sentencia se incurra en nulidad;  y  b)  que  contra  ese  fallo  no pueda interponerse  ningún recurso.   

(…) la mencionada causal se presenta, en  general,  ‘cuando en ella  [en  la  sentencia]  se  configura  en  verdad alguna de las causales de nulidad  establecidas  por  la  ley,  protegiéndose de esta manera el derecho de defensa  del  litigante  afectado  quien,  por exigencia del supuesto normativo previsto,  sólo   podrá   tener   conocimiento  de  la  irregularidad  cuando  conoce  la  sentencia’  (…)  y, en  particular,  ‘(…) cuando  (…)  presenta  irregularidades  capaces de constituir nulidad, lo cual sucede,  (…)  exceptuado  el  evento  de  indebida  representación,  notificación,  o  emplazamiento  que  configuran  causal  autónoma  (la  7ª),  cuando  se  dicta  sentencia  en  proceso  que  había  terminado por desistimiento, transacción o  perención,  o cuando se pronuncia estando suspendido el proceso, o cuando en el  fallo  se  condena  a quien no ha figurado como parte, o cuando se adopta por un  número  inferior  [de]  magistrados  al  previsto  por  la  ley, a lo cual cabe  agregar  el  caso  de que se dicte la sentencia sin haberse abierto el proceso a  pruebas  o  sin  que  se  hayan  corrido  los  traslados  para alegar, cuando el  procedimiento   así   lo   exija,  de  donde  se  desprende  que  no  cualquier  irregularidad  en  el fallo, o cualquier incongruencia, tiene entidad suficiente  para  invalidar  la  sentencia.  Ha  de  tratarse de una irregularidad que pueda  caber  en  los  casos específicamente señalados por el legislador como motivos  de  anulación,  puesto  que  en  el  punto  rige  en  el procedimiento civil el  principio     de     taxatividad,    como    es    bien    conocido.’       (…),       ‘no  se trata, pues, de alguna nulidad  del  proceso nacida antes de proferir en este el fallo que decide el litigio, la  que  por  tanto  puede  y  debe  alegarse  antes  de esa oportunidad, so pena de  considerarla      saneada;      (…),      sino     de     las     irregularidades  en  que,  al  tiempo  de  proferir la sentencia no  susceptible  de  recurso  de  apelación  o casación,  pueda   incurrir   el   fallador  y  que  sean  capaces  de  constituir  nulidad  (…)’2          (subrayado).   

Al revisar la sentencia ahora impugnada, se  determina    que    frente    a    la    misma    procedía    el   «recurso  de  casación», tan cierto es  que  oportunamente lo propuso la accionada y el Tribunal lo concedió, empero al  llegar  el  asunto  a esta Corporación, en providencia de 12 de agosto de 2009,  lo  «declara  inadmisible»  debido   a   «que  la  recurrente  en  casación  no  suministró  las  expensas  indispensables para la expedición de las copias que  el  Tribunal  estimó  necesarias para que se procediera a dar cumplimiento a su  sentencia»  (cuad.  Corte,  fls.16-20).   

Lo  anterior  implica  que se configura una  hipótesis  impeditiva  para  invocar  la  «causal de  revisión»  en  comento,  pues tal como se precisara,  con  relación  al  fallo  del  ad  quem  estaba  autorizado  el  aludido «medio de  impugnación  extraordinario», y aunque se frustró su  trámite,  ello  en  nada  afecta  la  vigencia  del  requisito echado de menos,  además  porque  esa  situación  se  produjo  por  incuria  de  la «recurrente».   

Así  las  cosas,  se  torna innecesario el  estudio    de   fondo   del   citado   «motivo   de  revisión», por improcedente.   

   

3.2.   En  punto de la otra hipótesis  planteada  como  sustentáculo  de  la  «demanda  de  revisión»  promovida  por Beatriz Giraldo de Neissa,  esto  es, la «causal sexta»  del   artículo   380   del   Código   de  Procedimiento  Civil,  que  consiste  en   «[h]aber  existido  colusión  u  otra  maniobra  fraudulenta  de las partes en el proceso en que se  dictó  la  sentencia,  aunque  no  haya  sido  objeto  de investigación penal,  siempre  que haya causado perjuicios al recurrente»,  ha de precisarse lo siguiente:   

a).    Tiene  por  fin  el  citado  «motivo       de       revisión»,   permitir   que  sea  reprimida  o cuestionada la conducta  procesal   atentatoria   de  los  principios  de  lealtad,  probidad  y  buena  fe  que  han de presidir en  todo   momento,   las  actuaciones  de  los  sujetos  procesales,  hallándose  habilitada  para  aducirla la parte afectada, al igual  que los terceros perjudicados.   

Acerca de los aspectos que caracterizan el  referido  supuesto  legal,  la  jurisprudencia de la  Sala  en  fallo  con  anterioridad citado CSJ SC, 19  Dic. 2012, Rad. 2010-02199, expuso:   

Sobre      las      ‘maniobras  fraudulentas’    cumple    memorar    que   la  Corporación,  de  antaño,  ha  dicho  que deben involucrar un comportamiento o  ‘una actividad engañosa  que  conduzca  al  fraude,  una  actuación torticera, una maquinación capaz de  inducir  a  error  al juzgador al proferir el fallo en virtud de la deformación  artificiosa  y  malintencionada  de los hechos o de la ocultación de los mismos  por  medios  ilícitos;  es  en síntesis, un artificio ingeniado y llevado a la  práctica  con  el  propósito  fraudulento  de  obtener  mediante ese medio una  sentencia     favorable,    pero    contraria    a    la    justicia’ (Providencias de 30 de junio de 1988  y   11   de   septiembre   de  1990,  entre  otras,  G.  J.,  T.  CCIV,  página  45).   

Por  consiguiente, con miras a establecer,  ciertamente,    un    proceder   caracterizado   por   tales   vicios,   implica  evidenciar   ‘(…)  una  conducta  fraudulenta,  unilateral  o  colusiva,  realizada  con  el fin de  obtener  una  sentencia  contraria  a derecho, que a su turno cause perjuicios a  una  de  las  partes  o  a  un  tercero,  y determinante, por lo decisiva, de la  sentencia  injusta.  Todo  el  fenómeno  de  la causal dicha puede sintetizarse  diciendo  que  maniobra  fraudulenta existe en todos los casos en que una de las  partes  en  un  proceso, o ambas, muestran una apariencia de verdad procesal con  la  intención  de  derivar un provecho judicial o se aprovechan, a sabiendas de  esa     aparente     verdad    procesal    con    el    mismo    fin’  (Sentencia 243 de 7 de diciembre de  2000, Expediente 007643).   

Así mismo, en fallo CSJ SC, 20 Feb. 2012,  Rad. 2005-00791, rememoró:   

(…)  las maniobras fraudulentas a que se  refiere  la norma deben corresponder a situaciones o hechos externos al proceso,  no  conocidos  por  el  juez  y  producidos  por  fuera  de aquél, ‘toda   vez   que   si  se  trata  de  circunstancias  alegadas,  discutidas  y  apreciadas  allí,  la revisión no es  procedente  por la sencilla razón de que aceptar lo contrario sería tanto como  permitir,  con  grave  daño  para  la  seguridad jurídica, la reiteración del  litigio       por       una       vía      lateral      inadmisible’.  Por  eso,  la jurisprudencia se ha  manifestado     expresando     de    manera    terminante    que    ‘(…)  la  existencia  de  maniobras  fraudulentas  como causal de revisión (…) si con ellas se causó perjuicio al  recurrente,  no  autoriza  en  manera  alguna  a replantear el debate probatorio  propio  de  las instancias, sino que tiene por finalidad reprimir la conducta de  las  partes  cuando resulte atentatoria de los principios de lealtad, probidad y  buena  fe  que  han de presidir su actuación en el proceso. Para ello, la Corte  (…)  precisó  el  contenido del alcance jurídico de esta causal diciendo que  las  maniobras  fraudulentas  comportan  una actividad engañosa que conduzca al  fraude,  una  actuación torticera, una maquinación capaz de inducir a error al  juzgador  al  producir  el  fallo en virtud de la deformación artificiosa y mal  intencionada  de  los  hechos  (…).  Es en síntesis, un artificio ingeniado y  llevado  a la práctica con el propósito de obtener por ese medio una sentencia  favorable     pero     contraria     a     la     justicia     (…)’ (Sent. de  revisión de 29 de octubre de 2004, exp. 2001-0030-01).   

b).   Las actuaciones y elementos de  convicción  que  a  continuación  se  relacionan, tienen trascendencia para la  decisión que se está adoptando:   

(i).  Escrito  en  el  que  se plasmó la  demanda     promovida     por    «Henry    Vargas  Urueña»         contra         «Beatriz    Giraldo   de   Neissa»,  pidiendo    la   «nulidad   absoluta»   del  contrato  de  compraventa  del  predio   La   Ceiba,   ubicado   en  la  vereda  Peñones  Altos,  municipio  de  Purificación  (Tolima),  por hallarse embargado por orden del Juzgado 1° Civil  del  Circuito de Girardot, a favor del proceso ejecutivo con título hipotecario  promovido  por  Bancafe frente a «Beatriz Giraldo de  Neissa» y en virtud de las restituciones mutuas, se  le   devuelva  la  cantidad  de  $150’000.000,  que  entregó  como  parte  de  pago  del precio, con la  respectiva corrección monetaria (c.1, fl.28).   

(ii).        «Promesa  de  compraventa» celebrada  entre  «Beatriz  Giraldo  de  Neissa y Henry Vargas  Urueña»,  en  calidad  de  promitente  vendedora y  comprador,  respectivamente,  con  relación  al  citado  inmueble, en la que se  pactó  como  precio  la  suma de $629’300’000,  pagaderos       hasta       $250’000.000   a   Bancafe,   por   deudas   de  aquella,  «sea  por  compra  de  la deuda o de los derechos litigiosos o en  forma     de     subrogación    de    crédito»,  $150’000.000  el 14 de  febrero  de  2001  y  el saldo de $229’300.000  «el  día  en  que el actual  ocupante  del  predio deje  en     completa    libertad    para    usufructuarlo    plenamente»,  y  en  hoja  anexa  obra  nota  suscrita  por  la  «promitente     vendedora»     el  14/02/2001,  manifestando  que  recibió tres (3) cheques del Banco de Colombia,  sucursal     de     El     Espinal,     cada     uno     por     $50’000.000,  en  cumplimiento  de  lo  convenido  en la cláusula tercera; también se hizo alusión a la existencia de  la  medida  cautelar  indicada  en  el  párrafo  anterior  y  que  «el  promitente  comprador  cancelará  como quedó dicho (…) a  Bancafe  la  totalidad  de  las  obligaciones  que  afectan  el inmueble     para     legalizar     la  tradición» (c.1, fls.2-5).    

(iii).  E.P. n° 199 de 02/03/2001 de  la  Notaría  Única  de  Melgar, otorgada por «Luis  Guillermo   Neissa   Rojas,   (…)   en  nombre  y  representación   de   la   señora   Beatriz   Giraldo   de  Neissa»,   en  condición  de  tradente  y  «Henry Vargas Urueña»,  como      adquirente,      en      la     que     consta     la     «venta»  de  la  referida finca, por  valor  de  $276’000.000,  volviéndose a mencionar  la  vigencia  del  embargo  y  secuestro  de  la misma, por cuenta del reseñado  proceso,   «en  el  cual  el  señor  Henry  Vargas  Urueña,  es  el  nuevo  cesionario  del  crédito  por  la transferencia que le  hiciera    (…)    Bancafe,    antes    Banco   Cafetero,   siendo   el   nuevo  acreedor» (c.1, fls.8-11).   

(iv).  E.P. n° 1300 de 02/08/2001 de  la   Notaría   39   de   Bogotá,   en   la  que  se  plasmó  la  «compraventa  celebrada  entre  Beatriz  Giraldo  de  Neissa y la  sociedad  Interamericana  de  Licores  Escobar  C.  y Cía. S.C.A.»,  con  relación al predio antes reseñado, por la misma cantidad  de  dinero  registrada  en  el  anterior  convenio  y se indica que se encuentra  afectado  en el referido juicio ejecutivo por las medidas cautelares señaladas,  «proceso  para  el  cual  la sociedad [compradora]     suministró el monto total del crédito y ha  obtenido  del  acreedor  permiso  fundado en el artículo 1521 del Código Civil  colombiano    para    registrar   la   correspondiente   escritura»,  previéndose  que la entrega del bien se efectuará a partir de  lo  que  se  disponga  en  el  citado  «proceso     ejecutivo» (c.1, fls.12-24).   

         (v).   Folio  de  matrícula  inmobiliaria n° 368008188, en el  que  figura  registrado  el  21/08/2001,  el  título  descrito  en el punto que  antecede,  identificando  a la nombrada sociedad como nueva dueña, al igual que  la  cancelación  del  embargo  y  de la hipoteca a favor del Banco Cafetero, el  04/12/2001 (c.1, fls.27).   

         (vi).   Oficio procedente de Bancolombia, donde informa que los  «cheques   Nos.   003810,   003811,   003818   por  $50’000.000    cada  uno»,  de  los  que  adjunta  copia, pertenecen a una  cuenta   corriente  de  Molino  Florhuila  S.A.  (c.1,  fl.99)  y  esta  empresa  certificó   el   10/07/2002,   que  «Medardo  Arias  García,  identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  5.918.097,  solicitó  verbalmente  que  [los  reseñados cheques»  fueran  girados a nombre de la señora Beatriz Giraldo de Neisa  [y]  se  anexan  tres  (3)  fotocopias  de  los  comprobantes  de pago de los cheque, firmados a conformidad  por   el   señor   Medardo   Arias   García»  (c.4,  fls.5-8).   

         (vii).    Constancia  en  copia  sin  autenticar,  suscrita  en  Ibagué  el  13/03/2001,  por  Henry Vargas Urueña, en la que manifiesta, en lo  pertinente:  Primero: Que el 2 de marzo de 2001 el Dr.  Luis  Guillermo Neissa Rojas en representación de la señora Beatriz Giraldo de  Neissa  otorgó  en  la Notaría Única de Melgar la escritura pública 199, por  medio  de  la  cual  transfirió la señora Beatriz Giraldo de Neissa a mi favor  parte  del  predio  denominado  La  Ceiba,  (…).  Segundo. Que dicho predio lo  adquirí  para  el  señor  Medardo  Arias  García,  con dineros de su peculio,  quedando  un  saldo  por  cancelar  a  la  vendedora que el señor Medardo Arias  García  también  se  obligó  a  cancelarlos.  Tercero. Que el predio referido  (…)  no  es  de  mi  propiedad  sino  del señor Medardo Arias García, (…),  obligándome  a  transferirle  su dominio a su nombre o de la persona o personas  que él indique (c.4, fl.11).   

         (viii).   Comunicación  enviada  a Henry Vargas por la Gerente  de   Cobranza   Masiva   de  Central  de  Inversiones  S.A.,  expresándole  que  “[d]e  acuerdo  con  la  solicitud  de  normalización  del crédito a  nombre   [de]  la  señora  Beatriz   Giraldo,   (…),  nos  permitimos  comunicarle,  que  el  Comité  de  Normalización  de Cobranza Masiva en su sesión del 15 de marzo de 2001, (…),  no  consideró  viable  su  propuesta  de pago” (1er.  cuad. Corte, fl.117).   

         (ix).   Declaración del doctor Luis Guillermo Neissa Rosas, en  la  que  expone su versión acerca de los convenios que en representación de su  esposa  Beatriz  Giraldo,  celebró  con  Henry Vargas Urueña, con relación al  predio  La  Ceiba,  el  incumplimiento que le atribuye a este por el no pago del  crédito  a Bancafe, tal como se había pactado, la manera como obtuvo que se le  otorgara    la   escritura   pública   en   desarrollo   de   la   «promesa  de  compraventa», la posterior  transferencia  del  dominio del predio a Interamericana de Licores Escobar &  Cía.  S.C.A.  y  las  discrepancias  que  tiene  frente  a algunas conclusiones  probatorias  del  Tribunal  plasmadas  en  el fallo impugnado (1er. Cuad. Corte,  fls.209-228).   

         (x).   Testimonio  rendido  por  Teofano  de  Francisco  Gómez  Libreros,  en  el  trámite de la revisión promovida por Medardo Arias García,  quien  informó  estar  enterado  del  negocio que en representación de Beatriz  Giraldo  gestionó  el  doctor Neissa Rosas, para la venta del predio La Ceiba a  Henry  Vargas,  habiendo  estado presente cuando se firmó la escritura pública  en  la  Notaría  de Melgar «y recuerdo que don Henry  se  comprometió  a pagarle al Banco Cafetero, supe posteriormente que este pago  don   Henry  no  lo  pudo  realizar»,  adicionalmente  comentó  que  «el día de la firma de la escritura o  antes,  don  Henry  le  entregó  al  doctor Neissa esposo y representante de la  señora      Beatriz      tres      (3)      cheques      de     $50’000.000 cada uno, es decir la suma de  $150’000.000,  más  los  $250’000.000   que  el  señor   Henry   se   comprometió   a  cancelarle  al  Banco  Cafetero  sumaban  $400’000.000     y  entendiendo  que  el  valor restante el señor Henry hizo un acuerdo o firmó un  pagaré  para  completar el valor de la negociación. (…) Hasta donde llega mi  conocimiento  el  señor  Henry  no  pudo  cancelarle al Banco Cafetero pues los  $250’000.000  los debía  proporcionar  el  señor  Medardo  Arias  y  a  su  vez el señor Medardo había  adelantado  conversaciones con un tal señor Palacino de Ibagué y prestamista y  a  la  hora  de la verdad parece que el señor Palacino no proporcionó la plata  ya  que al señor Medardo lo había secuestrado la guerrilla y entiendo que ante  esa  circunstancia el dicho Palacino no proporcionó el préstamo. (…) el real  comprador  era  el  señor Medardo y debió tener algún escrito celebrado entre  Medardo  y  Henry  quien actuaba como testaferro ya que lo he dicho ni Neissa ni  la  señora  Beatriz  simpatizaban  con  el  señor  Medardo  por  los hechos ya  mencionados»  (1er.  cuad.  Corte, fls.49-53).   

         (xi).   Interrogatorio  de  parte a Henry Vargas Urueña, en el  que  expresó  que  el  negocio  a  que se refiere la  promesa  de  compraventa,  para ese negocio se entregaron 3 cheques por valor de  cincuenta  millones de pesos cada uno del Banco de Colombia, girado[s] por Molinos Flor Huila, directamente a  nombre  de  la  señora vendedora doña Beatriz Giraldo de Neissa, estos cheques  los  recibí  de  manos  de  don  Medardo  Arias  García, para ir a realizar el  negocio.  Es  decir  esta  suma  de  dinero  era  de  propiedad de Medardo Arias  García,  y esos mismos cheques yo los entregué a la señora Giraldo de Neissa,  y  a  don  Medardo  le  entregué  recibo  firmado  por  la  señora  Giraldo de  Neissa,  y  acerca de la notificación a la promitente  vendedora  de  que él actuaba en representación de Medardo Arias, comentó que  [r]ealmente  como  don  Medardo Arias García, tenía  problemas  serios  con  el Dr. Neissa, quien le había arrendado los lotes de la  finca  La  Ceiba, y había problemas de dineros con esos pagos, según me contó  don  Medardo,  (…).  Entonces  se acordó con Medardo Arias García, que yo le  comprara  el  bien a la señora Neissa para don Medardo, ya que a él en ningún  momento  le  vendía por los problemas existentes.  Yo le notifiqué al Dr.  Neissa  que  era  el  representante  de  Beatriz,  en  el momento en que no pude  conseguir  los  recursos  para  el pago de la finca que don Medardo Arias había  conseguido  como  con  un  préstamo  al  señor  Palacino  por $250’000.000,     no     recuerdo    la  fecha,  también  alude  a  las propuestas de pago que  formuló  a  la  Central  de Inversiones, donde estuvo en la primera oportunidad  con  Arias  García, entrevistándose con el funcionario Juan Antonio Montoya, y  le     propuso    por    escrito    la    cancelación    de    $150’000.000,  la  que  fue  posteriormente  rechazada,    luego    envió    otra    misiva    ofreciendo   $200’000.000  y  le indicaron que no podía  ser     por     menos     de    $220’000.000;  igualmente informó sobre las gestiones para la obtención  del  dinero con el que se debía pagar el saldo del precio, como el préstamo de  Palacino  a  Medardo,  para  cancelar a Central de Inversiones y la repercusión  que   tuvo   el   secuestro   del   señor   «Arias  García»,  para  que  esas  diligencias no resultaran  exitosas,   y  que  al  enterarse  de  la  venta  de  la  finca  a  «Interamericana  de  Licores» se reunió  con   la   esposa   o   compañera   de  aquel  y  su  secretaria,  «preocupado  hablé con ellas y les dije yo que como no estaba don  Medardo  presente que teníamos que rescatar esos 150 millones que se le habían  dado,  ya  que  la  finca  yo  sabía que la habían vendido. (…) y tomamos la  decisión  de  darle  poder  al  Dr.  Jaime Leguizamón, quien era el abogado de  confianza  en  ese momento de don Medardo Arias (…)»  (1er. cuad. Corte, fls.49-54).   

         (xiii).   Copia  autenticada  de  la  resolución inhibitoria a  favor  de  «Henry  Vargas  Urueña  y  Jaime Alberto  Leguizamón  Machado»,  proferida  por  la  Fiscalía  Seccional  43  con  sede  en  Melgar  y  su  confirmación  por la Fiscalía 4ª  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Ibagué, con la que se le puso fin a la  actuación  preliminar soportada en la denuncia penal formulada por «Medardo   Arias   García»,   por  el  presunto  delito  de  «fraude procesal»  atribuido  a  aquellos,  la que según lo extractado en la primera  providencia  reseñada,  se  había  fundamentado  en  que  días posteriores al  secuestro    del   antes   nombrado,   [los   denunciados]   instauraron  (…),  proceso  ordinario  de  nulidad  de  compraventa  de  dicho inmueble, (…), que  [ellos]   carecían   por  completo  de  legitimidad  en  esa causa porque el verdadero titular del negocio  era  el  señor  Medardo  Arias  García,  habiéndose  pasar entonces el señor  Vargas  Urueña  ante  el juez de conocimiento, como la persona legitimada en la  causa  por  activa para instaurar la acción, omitiendo la verdadera titularidad  del  derecho  en  cabeza de Medardo Arias García, haciendo incurrir en error al  señor  Juez Civil del Circuito de Melgar, obteniendo decisiones manifiestamente  contrarias  a  la ley, y en el segundo proveído citado  se  sostuvo que «(…) los hechos constitutivos de la  demanda  civil,  y los anexos de la demanda corresponden a la realidad legal, no  son  fraudulentos», concluyendo que   «por  parte  de  los  indiciados no se  empleó  medio  fraudulento  en  la actuación procesal, por tanto al carecer la  conducta  reprochada por el denunciante de uno de los elementos estructurales de  la    conducta    punible    de    Fraude    procesal,   la   misma   se   torna  atípica»        (1er.       cuad.       Corte,  fls.297-330).   

         c).   Analizados  los  argumentos expuestos por la impugnante a  fin     de     evidenciar     la     «causal    de  revisión»  objeto  de  estudio  en  este  acápite,  se    establece   que   no   cuentan   con   la  idoneidad  jurídica  para  estructurarla,  puesto que en su mayor parte esas ideas constituyen una crítica  a  las  inferencias  con  las  que  el  sentenciador  sustentó  la decisión de  «declarar      que      los     $150’000.000 que se dicen entregados en el  contrato  de  promesa de compraventa suscrito el 9 de febrero de 2001, por Henry  Vargas  Urueña  a Beatriz Giraldo de Neissa, salieron del patrimonio del señor  Medardo  Arias  García», valiéndose para ello de una  lectura  distinta  de los elementos de convicción con presencia en el plenario,  a fin de refutar la comentada conclusión.   

         

         En  ese  sentido,  resalta la recurrente que es evidente la ausencia  de  prueba  de  la «tenencia ilegítima»   de   los   títulos   valores   con  los  que   «Henry  Vargas Urueña» realizó el pago  de  la  citada  suma,  ya  que  las constancias expedidas por Molino Florhuila y  Bancolombia,   no   demuestran  que  «Medardo  Arias  García»  fuera  quien tenía la mencionada calidad respecto de los cheques,  como  tampoco  que  poseyera  el  dinero  o  que tuviera relación alguna con la  cuenta  a la que fueron girados, además de haber él confesado que «ese    dinero    pertenecía   a   Medardo   Arias   Galvis» y que  aparentó  solvencia económica, habiéndose acreditado su iliquidez al informar  el  mismo  acerca  del préstamo que gestionó con Adolfo Palacino Vanegas, para  poder atender las obligaciones que supuestamente había adquirido.   

         Por   su  lado,  el  Tribunal  dedujo  que  los  documentos  que  obran en la encuadernación que  nos  ocupa (…) enseñan que entre Henry Vargas Urueña y Medardo Arias García  hubo   tratos  referidos  a  los  $150’000.000  que  este  reclama suyos, pero especialmente cabe destacar  la  constancia  emitida por Vargas Urueña en relación a que mediante la tantas  veces  citada  escritura  199 adquirió el predio allí comprendido ‘…  para  el  señor  Medardo  Arias  García  con  dinero  de su peculio …, lo que comienza a dejar por sentado que  esa  suma  salió  del  haber  del señor Arias García, y lo anterior aunado al  asentimiento  a que pudiera conducir el silencio guardado por Vargas Urueña una  vez  notificado  y  en  relación  a los hechos de la demanda ad excludendum que  señalan  cuestiones  al  respecto  (…)  y  a  su  inexcusada  inasistencia al  interrogatorio  (…),  además, atendiendo los documentos que están a folios 5  a  8  de esta misma encuadernación y a folios 98 y 99 del cuaderno principal, y  la  aceptación  de la demandada inicial al contestar el hecho 6° de la demanda  ad  excludendum  (…),  permite  arribar a la conclusión que efectivamente los  precitados  $150’000.000  salieron  del  patrimonio  del  señor  Medardo  Arias  García  y  no del actor  primario  (…).     

         Ahora,  no obstante que la revisionista advierte que algunos de esos  comportamientos     procesales     de     «Vargas  Urueña»,  a  los  que  alude  el sentenciador, hacen  parte   de  la  «conducta  fraudulenta»  denunciada,  no concurre ningún elemento que lo corrobore, por el  contrario  en las probanzas relacionadas anteriormente se hallan manifestaciones  como  la  de  los  testigos Teofano de Francisco Gómez Libreros y Jaime Alberto  Leguizamón  Machado,  quienes señalaron que «Vargas  Urueña»  intervino  en  los  negocios  jurídicos en  cuestión,   como  «mandatario  oculto»    de   «Arias   García»,  coincidiendo  en  que  fue  este quien suministró la pluricitada  cantidad  de  dinero,  dando a conocer la razón de sus afirmaciones, por lo que  no puede dársele crédito a la versión de la impugnante.   

         También  afecta  la  idoneidad  del  argumento  de  la  recurrente,  concerniente           a          que          constituyen          «artimañas» tanto la acción impetrada  por  «Vargas Urueña», como  la   demanda   canalizada   a   través   de   la   intervención   «ad       excludendum»   por   «Arias   García»,  la circunstancia de que ese tema debió debatirse al interior del  proceso  que  con  esos  actos  se  promovió,  mediante  la formulación de los  mecanismos  o  defensas  correspondientes,  lo que valga resaltar, se alcanzó a  proponer   frente   al   segundo  de  los  escritos  reseñados,  al  plantearse  «falta  de  legitimación  en la causa»   y   luego   al  retomar  ese  problemática  en  el  memorial  de  sustentación     de     la    apelación,    al    alegar    la    «inoponibilidad  jurídica  de  los convenios entre Vargas y Arias  para   engañar   a   la   señora   Beatriz   Giraldo  de  Neissa»,  por  lo  que  se  torna impertinente procurar su reexamen en este  escenario extraordinario.   

         Adicionalmente,  cabe  acotar  que  la  decisión de la Fiscalía de  inhibirse  de  abrir  investigación  contra  Henry  Vargas y su apoderado Jaime  Alberto  Leguizamón,  por fraude procesal, según la denuncia de Medardo Arias,  en  la que se involucró la problemática de la acción de nulidad de la promesa  de  compraventa  por aquel promovida, también contribuye a despejar el panorama  frente  a  su  licitud,  por  lo  que  la  aseveración  de la impugnante pierde  veracidad.   

         Los  aspectos  atinentes  a  la  falta  de  pronunciamiento sobre la  defensa      de      «ilegitimidad     de     la  personería»  frente  a  la  demanda  de «Vargas     Urueña»    y  el  que  se  hubiere  decretado  la resolución de la compraventa  «por    mutuo    disenso    tácito»  sin  haber  sido solicitada, no es entendible cómo pueden encajar  en  la hipótesis de «otras maniobras fraudulentas de  Arias   García   y   Vargas   Urueña»,  cuando  son  situaciones  que  están  ligadas  al  accionar  del  juzgador,  no  habiéndose  explicado  o  revelado  la  manera  como el comportamiento de alguno de aquellos  tuvo incidencia en orientar su criterio en esa dirección.   

         Ahora,  si  el reproche se enfoca es hacia el error de procedimiento  en  que  supuestamente  incurrió  el Tribunal por las reseñadas anomalías, su  planteamiento  se  torna impertinente al amparo de la causal sexta examinada, en  la   que  se  repite,  solo  son  admisibles  hechos  atinentes  a  «colusión     u     otra     maniobra    fraudulenta    de    las  partes».   

         

         En   punto  del  tema  sustancial  que  involucra  el  planteamiento  referente    a    que    Vargas    Urueña    y   Arias   García   «desnaturalizaron  ante  el  ad  quem  la  situación jurídica de  Giraldo  de  Neissa»  y llevaron al fallador a que no  acogiera  las  defensas  perentorias  y  ubicar  al segundo nombrado como actor,  permitiendo  que  se ordenara a su favor la restitución del dinero que se pagó  a  aquella en el mencionado convenio; tampoco es factible proceder a analizarlo,  dado  que  atañe  a  un  aspecto  de  fondo  del  litigio al que ha de dársele  respuesta  en  las instancias y, de otro lado, no se exponen elementos de juicio  ajenos    al    proceso,    que    hubieren    tenido    incidencia    en    esa  situación.   

         Como  epílogo del análisis efectuado, se torna ilustrativo traer a  colación   las   exigencias   técnicas   exaltadas   por   la  jurisprudencia,  concernientes  a la temática que resulta pertinente tratar de cara al motivo de  revisión  en  comento, a las que se refirió esta Corporación en fallo CSJ SC,  28 Sept. 2010, Rad. 2007-00535, en la que expuso:   

En este aspecto cabe recordar lo expresado  por  la  Sala,  en la sentencia n° 029 de 25 de julio de 1997, expediente 5988,  respecto  de  la  prohibición  de  cuestionar  a  través  de  la  revisión el  análisis  y  aplicación  del  ordenamiento legal efectuado por los juzgadores:  ‘no  es posible discutir  en  dicho  recurso  los  problemas de fondo debatidos en el proceso fuente de la  mencionada  relación  ni  tampoco  hay lugar a la fiscalización de las razones  fácticas  y  jurídicas  en  ese  mismo  proceso  ventiladas,  sino  que cobran  vigencia  motivaciones  distintas  y  específicas que, constituyendo verdaderas  anomalías,  condujeron  a  un fallo erróneo o injusto, motivaciones que por lo  tanto  no  fueron  controvertidas  anteriormente, por lo que valga repetirlo una  vez  más,  la  revisión  no  puede  confundirse  con  una nueva instancia pues  supone,  según  se dejó apuntado, el que se llegó a una definitiva situación  de  firmeza y ejecutoriedad creadora de la cosa juzgada material que sólo puede  ser   desconocida  ante  la  ocurrencia  de  una  cualquiera  de  las  anómalas  circunstancias      que     en     ‘numerus       clausus’  y  por ello con un claro sentido de necesaria taxatividad, indica  el    Art.    380    recién   citado’.   

Reiterado  en  sentencia n° 089 de 29 de  junio   de  2000,  expediente  7480,  en  los  siguientes  términos:            ‘También  cabe  advertir,  que  no alcanzan a tener el carácter de  maniobras  engañosas las actuaciones propias del devenir del proceso promovidas  por  las  partes  en su transcurso y sin ninguna ocultación, que, por lo mismo,  fueron  sometidas  a  consideración  de  los  jueces  y  estuvieron  sujetas  a  controversia,  independientemente  de  cómo  hayan  sido finalmente tratadas o  resueltas;  ni las que resultan de procedimientos supuestamente irregulares, los  cuales  justamente  por  haber estado sometidos al escrutinio judicial, excluyen  la   maquinación   de   las   partes’.   

         

         3.3.   Lo  anterior conduce a concluir, que la improcedencia de  la  primera  causal  estudiada  y  la  falta  de  estructuración  de la segunda  analizada,  imponen  la improsperidad del «recurso de  revisión»   promovido   por   Beatriz   Giraldo  de  Neissa.    

                

IV.  DECISIÓN  

         

         En  armonía con lo expuesto, la Sala de Casación Civil de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

         Primero:   Declarar   infundados   los  recursos  extraordinarios  de  revisión  formulados por Medardo Arias García y  Beatriz  Giraldo  de  Neissa,  frente  a  la  sentencia  de  15 de mayo de 2008,  proferida  por la Sala Civil Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Ibagué, dentro del proceso ordinario reseñado en el encabezamiento de este  fallo.   

         Segundo:  Condenar  a los recurrentes al  pago  de  costas  y perjuicios a favor de los opositores convocados en virtud de  sus     «demandas    de    revisión».   En  las  liquidaciones  que se deberán hacer por separado,  inclúyase  en  cada una, la suma de $3’000.000  por concepto de agencias en derecho. La cuantificación del  monto  de  los  daños  se  hará  previo  «trámite  incidental».   

         Tercero:   Cancelar   la   «inscripción  de  la demanda» decretada  a  solicitud  de Medardo Arias García, sobre el predio con M.I. 368-40620 de la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Purificación,  y  se le  «condena  al  pago  de  los perjuicios»  que  con  esa  medida  hubiere  causado,  los  que  se liquidarán  mediante           «incidente».   

         Cuarto:  Hacer  efectiva  las  cauciones  otorgadas  por  los  impugnantes, para efectos de pagar los valores derivados de  los referidos rubros.   

         

         Quinto:   Devolver  el  expediente  que  contiene  el  proceso  donde se profirió el fallo impugnado, al Juzgado Primero  Civil  del  Circuito  de  Melgar,  adjuntándole  copia  de esta decisión, y el  ejecutivo  con título hipotecario de Bancafe contra Beatriz Giraldo de Neissa y  otro,  que  aparece  anexado,  remítase  al  despacho  judicial de Girardot que  equivocadamente  remitió  el  original,  cuando  se  le  habían solicitado era  algunas copias.   

         Sexto:    Secretaría   librará   las  comunicaciones necesarias para el cumplimiento de lo ordenado.   

         Séptimo:  Oportunamente  archívese  la  actuación que adelantó la Corte.   

Cópiese y notifíquese  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1  Se elimina subrayado del texto original.   

2  Eliminado  el  subrayado  que  aparecía  en el texto  original.     

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