AC3769-2014 [2008-00530-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

Magistrado Ponente  

AC3769-2014  

Radicación    n°  44001-31-03-001-2008-00530-01   

(Aprobado  en  sesión  de  14  de  mayo  de  2014)   

Bogotá, D. C., nueve (9) de julio de dos mil  catorce (2014).-   

ANTECEDENTES  

1.              Pretendieron    las    actoras    la  reivindicación  de  los predios que se identificaron en el libelo con el que se  sustituyó  el  inicialmente  presentado  y  que,  como consecuencia de ello, se  ordenara  al  ente  demandado,  como poseedor de mala fe, les restituyera dichos  bienes  o,  de  no  ser  posible  su entrega material, les pagara su precio, que  estimaron  en más de $550.000.000, así como el valor de los frutos naturales y  civiles percibidos y las costas del proceso.   

Solicitaron, además, que se exonerara a las  promotoras  de  la  controversia  de  cancelar  las  expensas  de  que  trata el  artículo  965  del  Código  Civil  y que se dispusiera la cancelación de todo  gravamen  constituido  sobre  los  inmuebles  y la inscripción de la sentencia.   

2.            Cumplida la tramitación de la instancia,  el  Juzgado  Primero  Civil  del  Circuito  de Riohacha, al que le correspondió  conocer  el asunto, le puso fin con sentencia del 28 de enero de 2011, en la que  accedió   a   lo   pedido   en  la  demanda  y,  en  tal  virtud,  condenó  al  D…………..  de  la  G………  a  pagar  a las accionantes, las siguientes  sumas de dinero:   

a)            En favor de C…….. L…….. G……..  M……..  $84.000.000,  por  el  valor  comercial del predio de su propiedad, y  $363.444.407,    por   los   “frutos   dejados   de  percibir”.   

b)             Y   en  favor  de  M…….  C……..  G……….de  R……..  $112.500.000,  por el valor comercial del predio de su  propiedad,  y  $376.213.847,  por los “frutos dejados  de percibir”.   

3.            Al  desatar  la apelación que contra el  comentado  fallo interpuso el accionado, el Tribunal Superior de Riohacha, en el  suyo,  que  data  del  31  de enero de 2012, lo revocó y, en defecto del mismo,  negó  “todas  las  pretensiones  contenidas  en  la  demanda” e impuso a las gestoras del litigio el pago  de las costas.   

4.            Inconformes  las  actoras, interpusieron  recurso   extraordinario   de  casación  que,  concedido  por  el  ad  quem y admitido por esta Corporación,  sustentaron con la demanda objeto de estudio.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Para   arribar  a  la  referida  decisión  desestimatoria,  el  juzgador de segunda instancia adujo los razonamientos que a  continuación se sintetizan:   

1.             Afirmó   la   satisfacción   de  los  presupuestos  procesales,  aspecto  en  relación  con  el  cual se ocupó de la  nulidad  que,  por  falta  de  jurisdicción,  planteó  el  ente convocado, que  descartó,  por  cuanto  lo  pretendido  fue la reivindicación de los inmuebles  especificados  en el libelo introductorio, proceso cuyo conocimiento corresponde  a  los  jueces  civiles  y  que  no puede confundirse con la acción contencioso  administrativa         de         “reparación  directa”.   

2.            Tras  advertir cierta imprecisión de la  demanda  y  señalar  los  presupuestos  estructurales de la acción de dominio,  coligió  la satisfacción de los tocantes con que la propiedad de los inmuebles  cuya  reivindicación  se persiguió está radicada en cabeza de las demandantes  y con la singularidad de esos bienes.   

3.             Pasó  al  requisito  de  “identidad  entre  el  bien  raíz  pretendido  y el que se afirma  poseído  por  la  parte  demandada”,  sobre  el que  consignó las siguientes observaciones:   

3.1.            La  conclusión  del dictamen pericial  consistente  en  “que  lo  poseído  por  la entidad  demandada     sí     corresponde     a     los     dos    lotes    objeto    de  reivindicación”,  carece  de fundamentación y, por  ende, de mérito demostrativo.   

3.2.          En la inspección judicial practicada, no  se  determinaron  físicamente  los  dos  inmuebles materia de la acción, ni se  verificó  si ellos formaban parte del predio ocupado por el centro educativo al  que, en esa misma diligencia, se hizo mención.   

3.3.           La  demanda  es  inconsistente  en  lo  referente  a la época de inicio de la posesión ejercida por el ente accionado,  puesto  que  en algunos hechos se indicó como tal el año 1984 y en otros el de  1990.  Se  suma  a  lo  anterior,  que  en el mismo libelo se especificó que el  colegio  existente  en  los  lotes  de  propiedad de las promotoras del litigio,  funciona allí desde 1975.   

3.4.            Las  escrituras  públicas  en las que  consta  la adquisición por las demandantes de los terrenos de que se trata, son  también  inconsistentes,  toda  vez que en la No. 904 del 16 de octubre de 1978  se  manifestó que la compradora venía ocupando el inmueble transferido, lo que  era  imposible,  si  se  tiene  en  cuenta  que,  como  viene de registrarse, la  “Institución    Educativa   Celia   Catalina   de  López” existe en ese lugar desde 1975.   

Y   en  ambas,  se  hizo  alusión  a  las  resoluciones  mediante  las cuales se resolvió efectuar las ventas (Nos. 248 de  9  de  octubre  de  1978  y  324  de  23  de  noviembre  del  mismo año), actos  administrativos  en  los  que,  igualmente,  se  indicó  a  que las compradoras  venían    ocupando    de    antes    los   inmuebles,   conforme   “inspección    ocular”   practicada.   

3.5.          Así las cosas, el Tribunal aseveró que  “en  este proceso no existe ningún medio probatorio  que  permita  conocer  con  certeza  que los inmuebles referidos en los títulos  escriturarios  904  de  1978  y  72  del  1º de febrero de 1979, son los que se  hallan  ocupados  actualmente  por  la  entidad  accionada  con  la Institución  Educativa    Celia   Catalina   de   López”;   que  “no  existe  la  calle 17  entre  carrera[s]  15 y 16”;  que,      por     consiguiente,     “aquí  no  se  logró  identificar  por la ubicación los inmuebles  pretendidos  en  reivindicación,  atendiendo  a  la  indicada  en  los títulos  escriturarios  aportados como prueba del derecho de dominio afirmado sobre tales  bienes  raíces”;  que  el  dictamen  aportado  con  la demanda no puede ser tenido como prueba, en razón a  que  no  fue  incorporado  al  proceso  como  tal  y porque la ubicación que el  experto  hizo  de  los inmuebles, no está justificada y contradice los linderos  expresados   en   la   escritura   pública   No.  904  del  16  de  octubre  de  1978.   

4.            En definitiva el Tribunal concluyó, por  una  parte,  que   “lo  que  se ve aquí es una  terrible  confusión  en  ambos  títulos escriturarios, que no permite conocer,  identificar  y  ubicar,  los  inmuebles  que  fueron  objeto de los contratos de  compraventa   solemnizados   en   esos   instrumentos   públicos;  luego,   no   está   demostrada  la  identidad  entre  los  bienes  relacionados  en esos títulos y los que se afirman en la demanda como poseídos  por  la  entidad estatal aquí demandada”;  y,  por  otra,  que  “no se satisfacen  todos   los   presupuestos   axiológicos  para  el  éxito  de  la  pretensión  reivindicatoria”.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

1.            Contiene un solo cargo, en relación con  el  cual,  al  inicio,  bajo el título “EXPRESIÓN     DE     LOS    MOTIVOS    DE    CASACIÓN”,    su    proponente    manifestó:  “Invoco la causal tercera consagrada en el artículo  368  del C. de P.C. No estar la sentencia en consonancia con los hechos, con las  pretensiones  de la demanda, o con las excepciones propuestas por el demandado o  que     el     juez     ha    debido    reconocer    de    oficio”.   

2.            Seguidamente,  la casacionista señaló:  “La  sentencia  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Riohacha,  es  violatoria  de  la  Ley  sustancial por aplicación  indebida  de  los  artículos  2,  4,  13,  29, 53, 83, 228 y 230 de la C. Pol.;  artículos  4,  6,  174, 175, 176, 187, 251, 252, 254, 265 y 304 del C. de P.C.;  artículos  947,  948,  950,  951,  952  al 971 del Código Civil”.   

3.            Luego de transcribir el artículo 357 del  Código  de  Procedimiento  Civil,  la  recurrente  aseveró que el quebranto de  dicha  norma obedeció a la comisión por parte del ad  quem  de  yerro  fáctico  consistente en no tener por  demostrada,  en  primer  lugar,  la  identidad  de  los  bienes  pretendidos  en  reivindicación  con  los  poseídos  por  la  entidad  demandada  y, en segundo  término, la buena fe con la que actuaron las actoras.   

Al  respecto,  precisó  que  las  pruebas  incorrectamente  valoradas  fueron  las  escrituras públicas Nos. 904 del 16 de  octubre  de  1978 y 72 del 1º de febrero de 1979; las matrículas inmobiliarias  Nos.  210-1613  y 210-2079; el avalúo “de los frutos  naturales  y  civiles  que  los  inmuebles hubieren producido desde el año 1990  hasta    el    año    2009”;   los   “[a]valúos  realizados  por  el  Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi   aportados   con   la   sustitución   de   la   demanda”;  el  “[a]uto de fecha 30 de septiembre  de  2009  mediante  el cual el a-quo dispuso agregar al expediente el memorial y  documentos  aportados  por la parte demandante”; y el  indicio  grave  derivado  del  hecho  de  que el ente accionado, no contestó la  demanda.   

4.            Para    demostrar   la   acusación,  expuso:   

4.1.              El     Tribunal     “sobrepas[ó]   sus   funciones   al  violentar  el  principio  de  consonancia  de  la  sentencia,  pues  la (…) de primera instancia fue apelada  dentro  del  término  legal y bajo unas premisas diferentes a las motivadas por  el  ad  quem  y  a  la vez desestim[ó] las pruebas aportadas al proceso y tales  errores  lo  llevaron  a  revocar  el  fallo de primera instancia”.   

Adelante  puntualizó, por una parte, que la  alzada  se  sustentó en “tres puntos básicos: 1. La  falta  de  jurisdicción,  2.  La  pasividad  de las demandantes y 3. La acción  extinta”   y,   por   otra,   que  el  ad      quem      la     “desató  con  un  fallo  que  no se compadece con las demandantes  pues  en  su análisis se ocupó profundamente en discutir sobre la identidad de  los   inmuebles   materia  de  la  presente  controversia,  (…)”.   

4.2.            La  propiedad  privada  es  un derecho  protegido  constitucionalmente  y,  en  el  caso  sub  lite,   se  demostró  el  mismo  en  cabeza  de  las  demandantes  respecto  de  los  bienes  cuya  recuperación solicitaron, con las  copias  de  las  escrituras  que  aportaron, de las que reprodujo algunas de sus  cláusulas.   

4.3.          El  sentenciador  de  segundo  grado  se  equivocó  al  colegir  la  insatisfacción  del  mencionado  presupuesto  de la  identidad de los bienes, toda vez que:   

a)             Erró   al   invocar  el  año  de  la  resolución  que  adjudicó  al Municipio de Riohacha el lote baldío del que se  segregaron  los  predios  vendidos  a las accionantes.             

b)            No  fue  materia  de  controversia en el  proceso,   el   hecho  de  que  los  inmuebles  pretendidos  en  reivindicación  “los   utiliza   el  Colegio  Celia  Catalina  [de]  López”.   

c)              Esa  institución  educativa  funciona  desde  el  año  de  1975  pero  en  el  predio de mayor extensión “cuyos  linderos  y  medidas están en la [e]scritura pública no.  293 del 30 de julio de 1956”.   

d)            Obra  en  autos el gráfico en el que el  experto  O……..  G……  O……..  identificó  los dos lotes materia de la  acción.   

e)            Existe  coincidencia en los linderos que  aparecen  en  las  escrituras  públicas Nos. 904 del 16 de octubre de 1978 y 72  del  1º  de  febrero de 1979 y en las matrículas inmobiliarias Nos. 210-1613 y  210-2079, respectivamente.   

f)            Los avalúos realizados por el Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi, como se refleja en la descripción que aparece a  folio  67  de  cuaderno  No.  1,  corroboran la identificación de los indicados  lotes.   

g)            La  fecha  de inicio de la posesión por  parte  del  ente  demandado,  quedó  precisada  en  el  escrito  con  el que se  sustituyó la demanda inicialmente presentada.    

CONSIDERACIONES  

1.            Toda  demanda  de casación, entre otros  requisitos,  debe  contener  “[l]a  formulación por  separado  de  los  cargos  contra  la  sentencia  recurrida,  con  la  exposición  de  los  fundamentos de  cada  acusación,  en forma  clara          y          precisa”  (num.  3º,  art. 374, C. de P.C.; se  subraya).   

De  ese  mandato  legal,  en  asocio con los  restantes  que  gobiernan el recurso extraordinario de casación, en particular,  el  artículo  368  de  la  misma  obra,  en  el  que  se  establecen, con total  autonomía  e  independencia,  las  causales  que lo autorizan, se desprende, en  primer  lugar,   que  los  distintos  reproches  que  se  eleven  contra la  sentencia  impugnada, deben formularse en cargos separados, según la naturaleza  de  la  causal  que  se  invoque;  y, en segundo término, que cada censura debe  fundamentarse   explicitando   los   argumentos   que   la  soportan  de  manera  inteligible, exacta, puntual y concreta.   

Al  respecto,  tiene  dicho  la Corte que la  demanda  de  casación  “debe ser perceptible por la  inteligencia  sin  duda  ni  confusión”,  amén  de  “exacta”  y  “rigurosa”  y   contentiva   de   “los   datos   que   permitan  individualizarla  dentro  de  la  esfera  propia  de  la  causal que le sirve de  sustento” (CSJ, SC del 15 de septiembre de 1994), de  modo  que  permita  establecer  en  dónde radica y de qué manera se produjo el  yerro  atribuido  al  sentenciador  de  instancia,  sin que, por lo tanto, pueda  dejarse  a esta Corporación la carga de definir o desentrañar los alcances del  reproche,  habida  cuenta  de  la  naturaleza  eminentemente  dispositiva  de la  casación.   

Es  que, como también en forma invariable y  reiterada  lo  ha  predicado  la  Sala,  la referida impugnación extraordinaria  “no  es una instancia más del proceso, criterio que  encuentra  su íntima razón de ser en la propia esencia del recurso. En efecto,  si  éste  tiene  como objeto el enjuiciamiento de la sentencia del Tribunal, o,  excepcionalmente,  la  del  Juzgado  del  Circuito,  a  fin  de  dilucidar si se  profirió  con  sujeción  a la ley, resulta claro que su planteamiento no puede  ser  igual  al  de  los  recursos ordinarios del proceso, en particular al de la  apelación,  en el cual, como se sabe, lo que se le pide al ad-quem es que revea  la  cuestión que ha sido decidida por el a-quo. En la  casación,  en  cambio,  el  debate  litigioso queda relegado a un segundo plano  puesto  que  por  delante se halla la tarea de elucidar si en la sentencia se ha  incurrido  en  alguno  de los errores in procedendo o in iudicando constitutivos  de   las   causales   que   dan   lugar”   a   ella,   por   lo  que     “el  recurrente  en  casación  no dispone de la misma amplitud panorámica de la que  goza  en  las instancias del proceso. Ni, la Corte, por  su  parte,  se  encuentra investida de la misma competencia, en cuanto al pleito  se  refiere, atribuida a los juzgadores de segundo grado; tiene que ajustarse al  derrotero  que le indique el recurrente, sin que por su propia iniciativa le sea  dable  rebasarlo”  (CSJ,  SC  del 25 de noviembre de  1997; se subraya).   

Propio   es  entender,  entonces,  que  en  desarrollo   del   requisito  de  precisión  y  claridad  que  se  comenta,  el  recurrente,  en  cada cargo, como mínimo, debe indicar en cuál de las causales  del   artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil  se  respalda,  sin  confundirlas y, mucho menos, entremezclarlas.   

Y,  además,  en  armonía  con lo anterior,  sustentar  debidamente  cada  acusación,  lo  cual  no  puede  hacer   de    cualquier    manera   y,   menos,   de   una  que    se    asimile   a   un   alegato   de   instancia,    sino   explicando   y   demostrando   las  específicas   trasgresiones   de   la   ley  -sustancial  o  procesal-  en  que  incurrió  el  sentenciador  al  proferir  el  fallo controvertido, de donde los  argumentos  que  se  esgriman  no  pueden  quedarse en meras generalizaciones, o  afianzarse  en la totalidad de lo acontecido en el litigio, o aludir globalmente  a  lo  probado  en  el  proceso,  o  reprochar de forma abstracta las decisiones  adoptadas,  actitudes  todas  que  harán inadmisible la acusación que en tales  condiciones  se  formule, puesto que “…‘el recurrente, como acusador que es de  la  sentencia,  está obligado a proponer cada cargo en forma concreta, completa  y  exacta  para  que  la  Corte,  situada  dentro de los límites que demarca la  censura,  pueda  decidir  el  recurso  sin  tener  que  moverse  oficiosamente a  completar  la  acusación planteada, por impedírselo el carácter eminentemente  dispositivo   de   la   casación   (G.J.  t.  CXLVIII,  pág.  221)’”  (CSJ,  auto del 28 de septiembre de 2004).   

2.            El  único cargo propuesto en la demanda  que  se  examina,  no satisface las exigencias en precedencia señaladas, puesto  que  la  recurrente  adujo  como  fundamento de la acusación, por una parte, la  causal    tercera     del     artículo     368    del   Código   de   Procedimiento  Civil  -que  refiere  a que la sentencia  impugnada   contenga   “en   su   parte  resolutiva  declaraciones        o        disposiciones       contradictorias”-;  por  otra,  la  inconsonancia  de  la  providencia  cuestionada;  y, finalmente, que con ella el Tribunal quebrantó la  ley  sustancial,  como  consecuencia de los yerros fácticos en que incurrió al  apreciar algunas pruebas del proceso.   

Tales  planteamientos,  sin  ninguna  duda,  comportan  un  indebido  entremezclamiento  de  las  causales primera, segunda y  tercera  de  casación,  hibridismo  que, como se vio, choca con el principio de  autonomía  e independencia de los cargos que se formulen en desarrollo de dicho  recurso  extraordinario  y  desconoce  el  requisito  de  precisión  y claridad  analizado,  como  quiera  que,  según  lo  tiene  definido  esta  Corporación,  “la  mixtura  de  acusaciones  que propone el cargo,  (…),  lo torna formalmente inidóneo y conduce a la inadmisión de la demanda,  pues  lleva  implicada  la  inobservancia  de  la  exigencia  prescrita  por  el  Artículo  374  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  conforme  a  la cual el  recurrente  debe  exponer  en  forma  clara  y  precisa  los fundamentos de cada  acusación,  exigencia  que  desde  luego  no  puede considerarse colmada con la  aducción  de  un  específico  tipo  de  desvío  probatorio  y  la invocación  indiscriminada  de  argumentos  que le son propios y extraños, por tipificar un  yerro  distinto” (CSJ, auto de 14 de febrero de 2003,  Rad. 1997-00631-01).   

4.           Aunque  lo  expuesto  es suficiente para  colegir  la  inadmisión de la demanda de casación auscultada, caben formularse  adicionalmente,    así    sea   someramente,   las   siguientes   apreciaciones  finales.   

4.1.          Si  se  comprendiera  que  la acusación  está  fincada  en  el primero de los motivos enlistados en el artículo 368 del  Código  de  Procedimiento  Civil y, más exactamente, que con ella se denunció  la  violación  indirecta de la ley sustancial como consecuencia de la comisión  de  errores  de  hecho  por  parte  del  sentenciador  en la apreciación de las  pruebas  del proceso, se encuentra que el reproche tampoco cumple los requisitos  que, entendido así, le serían propios, como pasa a explicarse:   

a)           Si bien el cargo especificó las pruebas  presuntamente  mal  ponderadas,  es  lo  cierto  que  la recurrente se limitó a  relacionarlas  y que, por lo mismo, omitió singularizar los pasajes o segmentos  de ellas en los que recayó el desatino del Tribunal.   

b)           La  impugnante  no atendió la carga que  impone  el  inciso  final  del  numeral  3º  del  artículo  374 del Código de  Procedimiento  Civil,  de  demostrar  los errores de hecho que denunció, puesto  que  ninguna  labor  de  contraste  realizó  entre el contenido objetivo de los  respectivos  medios de convicción y lo que de ellos coligió, o debió colegir,  el ad quem.   

c)            Nada   se   expuso   en  punto  de  la  trascendencia de los yerros imputados a esa autoridad.   

d)           La  acusación deviene desenfocada, pues  no  se  dirigió  a  combatir  los  genuinos  argumentos  en los que el Tribunal  soportó  su  conclusión de no haberse comprobado el presupuesto estructural de  la  acción  reivindicatoria  consistente  en  la  identidad de los inmuebles de  propiedad   de   las   demandantes   con   el   terreno  poseído  por  el  ente  accionado.   

Es  así  como,  sobre  el  particular,  la  casacionista  nada  criticó  al Tribunal por restarle todo mérito demostrativo  al  dictamen  pericial  rendido  en  el  proceso;  o  por  considerar  que en la  inspección  judicial  practicada no se constató dicha identidad; o por colegir  que  la demanda es inconsistente, respecto de la fecha de inicio de la posesión  ejercida  por  el  D………………  de  la G………; o por estimar que las  escrituras  públicas  Nos. 904 del 16 de octubre de 1978 y 72 de 1º de febrero  de  1979  denotan  diversos vacíos y múltiples contradicciones; o por aseverar  que  la  experticia aportada con la demanda, no podía ser tenida en cuenta como  prueba.   

4.2.          Ahora  bien, si se interpretara el cargo  en  el sentido de que con él se denunció la inconsonancia del fallo se segundo  grado,  se  avizora  que  la  recurrente  no  cumplió  la regla técnica de que  un   ataque   por   este  motivo    no    puede  “soportarse  en  errores  de  juicio en que hubiere  podido  incurrir  el  sentenciador, los cuales sólo podrían tener acogida bajo  la  causal  primera,  de  suerte  que  ‘si  la  disonancia  proviene  del  entendimiento de la demanda o de  alguna  prueba,  la  falencia  deja  de  ser  in  procedendo para tornarse en in  iudicando,  la  cual  tiene  que fundarse necesariamente en la causal primera de  casación,  ya  que  de  existir  el  yerro,  éste  sería  de  juicio  y no de  procedimiento’  (CCXLIX,  Vol.       II,       1468)”       (CSJ, SC de 19  de  enero  de  2005,  Rad.  7854).   

4.3.            Y  si se pensara que el reproche está  fundado  en  el  numeral  3º  del  ya  citado  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  es  notorio  que  nada  se  expuso para establecer que la  sentencia impugnada contenía decisiones contradictorias.   

5.           Se  concluye,  en últimas, que el cargo  examinado  no cumple los requisitos formales y técnicos que le son pertinentes.   

De ello se sigue que, en tratándose de una  acusación  única,  se  impone  inadmitir la demanda que la contiene y declarar  desierto  el  recurso  de  casación  formulado contra el fallo del ad quem.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,     en     Sala     de     Casación     Civil,    INADMITE   la   demanda  presentada  para  sustentar  el  recurso  extraordinario plenamente identificado al inicio de este  proveído     y,     consiguientemente,     DECLARA  DESIERTO el mismo.   

Notifíquese y, en oportunidad, devuélvase  el expediente al Tribunal de origen.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Ausencia justificada  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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