AC4838-2014 [2010-00802-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

AC4838-2014   

Radicación    n°  1100131100082010-00802-01   

(Aprobado  en  sesión de  once   de   junio   de  dos  mil  catorce).   

Bogotá  D.  C., veintidós (22) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

Se   decide   a   continuación   sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  Waldo  Segura  Betancourt  para  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  frente  a la  sentencia  de  12  de  agosto  de  2013,  proferida  por  la Sala de Familia del  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario  del  impugnante  contra  la  menor  Viviana Yeraldín Segura Cortés,  representada por su progenitora Cindy Paola Cortés Castillo.   

ANTECEDENTES  

1.-  El  accionante  pidió  declarar que la  mencionada  niña  no es hija suya, y que en consecuencia se ordene inscribir el  fallo que así lo determine en el respectivo registro civil.   

2.- La causa petendi  admite  el  siguiente  compendio  (fls.  4  y 5 del c.  1):   

a.-)  Waldo y Cindy comenzaron una relación  sentimental  en  el  2003,  producto  de  la  cual  nació  la  pequeña Viviana  Yeraldín  el  24  de julio de 2005, reconocida voluntariamente y sin oposición  alguna por aquél.   

b.-) Nueve meses después del alumbramiento,  la   pareja   decidió   hacer   vida   marital,   que  se  prolongó  hasta  el  2007.   

c.-) La niña siguió viviendo en Bogotá con  la  progenitora,  en  tanto  él  se  dedicó  a  las labores propias de soldado  profesional, adscrito a un batallón de contraguerrilla.   

d.-)  Entre  octubre  y  noviembre  de 2010,  Segura  Betancourt vino a la capital de la República, debido a una cirugía que  le  tenían  que practicar, por lo que quiso compartir mayor tiempo con su hija,  pero  ello  no fue posible por falta de tolerancia e incomprensión de la mamá,  quien  además de insultarlo le indicó que “la niña  no  es [su] hija, que por este  motivo,   mediante   engaños  le  hizo  creer  que  él  si  era  el  verdadero  padre…”.   

3.-  Notificada  del admisorio, la convocada  guardó silencio (fl. 16 vuelto).   

4.- El 3 de abril de 2013, el Juzgado Octavo  de  Familia  de  Bogotá  dictó sentencia de primera instancia, que declaró de  oficio  la caducidad de la acción y, en consecuencia, negó las pretensiones de  la demanda (fls. 131 a 135).   

5.- Apelada la decisión por la parte actora,  la  Sala de Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de la capital de  la   República   la   confirmó   integralmente   (fls.  26  a  34  del  c.  de  apelación).   

6.-    En   resumen,   el   ad-quem   consideró   para   adoptar  su  determinación, que   

a.-)  Contra  el  estado civil del hijo, los  artículos  214  y 248 del Código Civil autorizan el ejercicio de la acción de  impugnación  de  la paternidad, bajo específicos lineamientos relacionados con  la  legitimación  en  la causa y el término para para interponerla, que según  el  artículo 11 de la Ley 1060 de 2006, es de ciento cuarenta días, contados a  partir  del  momento  en  el  que  el  demandante  tiene  interés  en  opugnar.   

b.-)  En  este caso, en noviembre de 2010 la  progenitora  de  la  niña  le informó al reclamante que ella no era hija suya;  sin  embargo,  mucho antes él conoció de esa circunstancia, con la certeza que  da  el  examen  de  genética  practicado el 16 de diciembre de 2009 y que se le  entregó el 29 del mismo mes y año.    

Entonces,  al  contabilizarse  el  lapso  de  ciento  cuarenta días desde la precitada fecha, la oportunidad para el actor de  impugnar  venció  el 9 de agosto de 2010, y si el libelo inicial lo formuló el  3  de  diciembre  ulterior, “sin duda el plazo había  precluido”.   

c.-)   Ante   la   evidencia  “inexorable”   de   la   “caducidad”,  la  providencia  apelada  debe ratificarse.   

7.-  El  Tribunal  concedió  el  recurso de  casación  interpuesto  por Waldo Segura Betancourt (fls. 47 y 48), admitido por  la Sala el 28 de octubre de 2013 (fl. 3 del c. de la Corte).   

8.-   En   tiempo  hábil  se  radicó  la  correspondiente  sustentación  de  la  impugnación  extraordinaria  (fls.  5 a  13).   

CONSIDERACIONES  

1.-  El  numeral  3º del artículo 374 del  Código  de  Procedimiento  Civil  consagra que el escrito por medio del cual se  provoca  esta  vía debe contener “[l]a formulación  por  separado de los cargos contra la sentencia recurrida, con la exposición de  los  fundamentos  de  cada  acusación en forma clara y precisa”, derivándose  para  el censor la obligación de respetar las reglas  de  técnica  que  faciliten  la comprensión de los argumentos con que pretende  rebatir  los  sustentos  del proveído atacado. Precisamente esa característica  dispositiva  impide que las deficiencias observadas sean subsanadas directamente  y      a      iniciativa      propia     por     la     Corporación.   

Así  lo  tiene  dicho la Sala al exigir que   

“[S]in distinción de la razón invocada,  deben  proponerse  las  censuras  mediante  un  relato hilvanado y claro, de tal  manera  que  de  su lectura emane el sentido de la inconformidad, sin que exista  cabida  para especulaciones o deficiencias que lo hagan incomprensible y deriven  en  deserción,  máxime  cuando no es labor de la Corte suplir las falencias en  que  incurran  los litigantes al plantearlos” (CSJ AC  16  agost.  2012,  Rad.  2009-00466,  reiterado CSJ AC, 12 jul. 2013, Rad.   2006-00622-01).   

a.-)  En  el  inicial  se  invoca  la causal  primera  de  casación,  y  se  acusa  el  fallo  de  violar las garantías a la  verdadera  identidad  y  al nombre de la menor, al desatender lo previsto en los  artículos  4,  13,  29,  44,  93,  94  y  228 de la Constitución Política, la  Convención  de la ONU sobre Derechos del Niño y el canon 6° de la Ley 1060 de  2006.   

El sustento del reproche es, en síntesis, el  siguiente:   

1°) Se equivocó el Tribunal al plantear el  problema  jurídico,  porque  se  trata  no  de  establecer  si  se  impugnó la  paternidad  dentro  de  los  ciento  cuarenta días señalados en la Ley 1060 de  2006,  sino  de  saber  quién  es  el  padre biológico de la niña, y que ella  conozca su procedencia sanguínea.   

2°)  En el proceso consta que la paternidad  se  impugnó  en  la  oportunidad  legal,  una  vez  que  el  actor “se   enteró   que  no  era  el  padre  biológico”;  pero,  los  jueces  de  instancia  dieron  otra interpretación a  “las   pruebas   y   a   la   norma”,  configurándose  una  vía  de  hecho,  ya  que  se  “desatiende  el  tenor  literal  de  la  ley  y  no se vela por el  interés superior de la menor”.   

3°)   Con   la   prueba   de   ADN,   que  preventivamente  se hizo el actor y la negativa de la demandada de comparecer al  juicio,   “indicio   de   confesión”,  quedó demostrado que Viviana Yeraldín no es hija de aquél. Por  lo  tanto,  se  incurrió  en  defecto  sustantivo  y  violación  directa de la  Constitución   Política,   cuando  se  interpretó  restrictivamente  la  ley,  artículo  216  del  Código Civil, de forma tal que se desconoció una realidad  contundente  que  emerge  de dicha probanza científica, cuestión de la que han  dado  cuenta  las  sentencias  de  tutela de la Corte Constitucional T-411/2004,  T-584/08 y T-888/10.   

4°)  La  determinación reprochada efectúa  una  hermenéutica  irrazonable,  desproporcionada  y  literal del artículo 248  ibídem, toda vez que obliga  al  gestor  a  tener  como  hija  a  alguien  que  no  lo es, y a ella le impide  establecer  su  verdadera  filiación.  Además,  se  privilegia  una formalidad  referente  al  término  de caducidad, en lugar de hacer prevalecer “el  derecho  sustancial  derivado de los resultados obtenidos por  medio de una prueba científica”.   

         

5°) Así mismo, se está en presencia de un  defecto  fáctico  “al omitir analizar y valorar las  pruebas  genéticas  de  ADN allegadas y practicadas oportunamente en el proceso  de  impugnación de paternidad”, a lo que se suma que  no  se  reparó  en “la confesión de la demandada al  no actuar en el proceso”.   

b.-) El otro ataque, apalancado en la causal  cuarta   del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  se  apoya  así:   

“…la sentencia del ad-quem en el numeral  segundo  […]  hace  más  gravosa  de  lo  que  se encuentra la situación del  [demandante],  lo condena en costas a la suma de quinientos mil pesos ($500.000)  siendo  que  la  sentencia  del  a-quo lo condenó en costas a cuatrocientos mil  pesos  ($400.000).  Por  donde se le observe en este caso tanto en lo sustancial  como  en  lo  procedimental  como  en  lo  económico  se  le  está poniendo en  condiciones  más gravosas [al actor], ya que no contento con obligarlo a ser el  padre  de  una  menor que se encuentra totalmente desvirtuado mediante la prueba  más  idónea conducente y pertinente […] que es la prueba de ADN, lo condenan  en  costas más gravosas. Al respecto me permito informar [que el impugnante] es  un  soldado  profesional  que  tiene  un  salario  escaso  sumado a que presenta  segundo  cuadro  clínico  de  leishmaniosis  y  tercero  de  hernia debido a la  prestación  de  su  servicio  laboral  en  las  selvas  del Guaviare […] Esta  situación  le  ha  traído  múltiples  gastos como el desplazamiento a Bogotá  para  su tercer tratamiento en cuarentena aislado en el Hospital Militar Central  esperando        recuperarse        en       el       tratamiento”.      

3.-  Ninguno  de los cargos planteados puede  aceptarse a trámite, por lo siguiente:   

a.-)  El  primero  no  cumple las exigencias  formales, ya que   

1°)  No  se  indicó  con  la  precisión y  claridad  propia de este recurso, si la violación de las normas sustanciales se  produjo  rectamente  o  de  manera  indirecta; aspecto que se evidencia desde la  enunciación  de  la  censura:  “Causal  1:  Ser  la  sentencia   violatoria   de   una  norma  de  derecho  sustancial”.   

Sobre ese requisito, la jurisprudencia de la  Corte  ha  indicado que “…si se trata de violación  de    normas   sustanciales   hay   que   identificar   las   que   tienen   esa  connotación”     y,     además,    “precisar  cómo  se  produjo  el  quebrantamiento,  si  de manera  directa  o  indirecta” (CSJ AC de 24 nov. 2010, Rad.  2008-00271-01);  presupuesto  cuya  preterición  desencadena, efectivamente, la  inadmisión  de  la  demanda  con la que se apoya la opugnación extraordinaria,  como  da  cuenta,  por  ejemplo,  el proveído de 19 de sep. de 2001, Rad. 0037:  “La  primera dificultad aparece cuando el recurrente  aduce   violación   de   la   ley,   sin   explicar   la   vía   a   la   cual  recurre”.   

Si  bien el censor expuso en algunos apartes  que  se incurrió en violación directa de la Constitución Política, cuando se  interpretó  restrictivamente  la  ley,  artículo  216  del  Código Civil, tal  afirmación  no  permite establecer que la vía recta haya sido la escogida para  analizar   el  reproche,  toda  vez  que,  a  renglón  seguido,  el  interesado  argumentó,   igualmente,   la   incursión  del  Tribunal  en  un  “defecto  fáctico” por “omitir  analizar y valorar las pruebas genéticas de ADN allegadas y  practicadas     oportunamente    en    el    proceso    de    impugnación    de  paternidad”.   

El  disímil  linaje  de  las  dos clases de  vulneración   sustancial,   por  lo  demás,  hace  que  sea  inadmisible,  por  contradictorio,  el  cargo  en  el  que se enrostra a un mismo tiempo, quebranto  directo  o indirecto de idéntico precepto, habida cuenta que como de antaño lo  ha  puntualizado  la Corporación, “cada una de ellas  [la   vía   directa   y  la  indirecta]  presenta  individualidad  propia,  con  características  que,  a más de diferentes, pueden repugnarse recíprocamente:  debe  guardarse  de  refundirlas  en  un  mismo  ataque  o  equivocarlas  en  su  formulación”      (G.J.      CCXXXIV,     pág.  597)..     

2°)  Adicionalmente,  se  advierte  que  el  reproche  en  cuestión  se  asimila  más  a  un alegato de instancia, que a la  formulación  clara  y  precisa  de  un ataque propio de la casación, empezando  porque  el  recurrente  plantea  lo  que  en  su  sentir  debió ser el problema  jurídico  a  tratar,  y a partir de este, y no del explicitado por el Tribunal,  desarrolló  su  tesis  sobre  la manera en la que debió resolverse el litigio,  invocando  a  un  mismo  tiempo, y de forma panorámica, la comisión de los que  llamó     “defecto     sustancial”   y   “defecto  fáctico”,    según    la    terminología    utilizada   en   la   doctrina  constitucional.   

Y  es  que, según lo ha enseñado la Corte,  CSJ AC, de 26 oct. de 2012, Rad. 2003-00723-01,   

“[L]os  argumentos  que  se  esgriman  no  pueden  quedarse  en  meras generalizaciones, o afianzarse en la totalidad de lo  acontecido  en  el  litigio,  o aludir globalmente a lo probado en el proceso, o  reprochar  de  forma abstracta las decisiones adoptadas, o limitarse a presentar  la  visión  personal  que  el  recurrente  tenga  de la plataforma fáctica del  litigio,  actitudes  todas  que  harán  inadmisible  la acusación que en tales  condiciones  se  formule,  puesto  que ‘(…)   ‘el  recurrente,    como    acusador   que   es   de   la   sentencia,   está  obligado a proponer cada cargo en forma concreta, completa y  exacta  para  que  la  Corte,  situada  dentro de los  límites  que demarca la censura, pueda decidir el recurso sin tener que moverse  oficiosamente   a   completar  la  acusación  planteada,  por  impedírselo  el  carácter  eminentemente  dispositivo  de  la  casación (G.J. t. CXLVIII, pág.  221)’’ (Cas. Civ., auto  de     28     de     septiembre     de    2004;    se    subraya)”.   

Al  respecto,  la  Corte  ha  puntualizado  que   

“[d]esde el punto de vista de la técnica  del  recurso -ha dicho la Corte-, la demostración de los yerros de apreciación  probatoria  por  cuya causa puede el sentenciador llegar a transgredir una norma  de  índole  sustancial  comprende  dos  fases:   Una,  que  es  la  de  la  trascendencia  del  error,  común a ambas clases de error, comporta que una vez  establecido  el  desacierto  cometido  por el juzgador al apreciar la prueba, se  demuestre  que  éste lo llevó forzosamente a la determinación enjuiciada como  violatoria  de  la ley.  La otra, en cambio, asume diferente significación  según  sea  la  clase de error, pues al paso que en el de hecho la apreciación  cumplida  por  el  juzgador debe ser examinada teniendo como punto de referencia  la  objetividad  del  medio probatorio, en el de derecho la estimación cumplida  se  ha  de  pasar  por  el  tamiz  de  las  normas  que disciplinan la actividad  probatoria.   Sin  embargo,  vista  la cuestión desde otra perspectiva, se  trata,  en  ambas clases de error, de llevar a cabo una labor de confrontación,  cuyos  pasos  deben  ser los siguientes: (…) En el error de hecho debe ponerse  de  presente,  por un lado, lo que dice, o dejó de decir, la sentencia respecto  del  medio  probatorio,  y,  por  el  otro,  el  texto  concreto  del  medio, y,  establecido  el  paralelo, denotar que existe disparidad o divergencia entrambos  y   que   esa   disparidad   es  evidente»  (sentencia  del  15  de  septiembre  de  1993,  citada  en  la  del  13  de octubre de 1995, expediente 3986 y reiterada,  entre otros, en auto del 13 de enero de 2013, exp. 2009-00406).   

b.-) En cuanto al segundo cargo no es viable  impartirle trámite, en razón a que   

1°)  Las costas procesales están previstas  en  favor  del vencedor del pleito judicial, para que compense los gastos en que  incurrió  en  procura  de  que  saliera  avante  su  posición en la contienda,  incluyéndose  las  agencias  en  derecho,  como  un  rubro  relativo al pago de  honorarios  efectuado  al  abogado que se contrató para ejercer la vocería, en  virtud del derecho de postulación.   

Precisamente,  al  analizar el artículo 392  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  la  Corte  Constitucional  definió las  “costas  procesales” como   

“[A]quella  erogación  económica  que  corresponde  efectuar  a  la  parte  que resulte vencida en un proceso judicial.  Esta  carga  económica  comprende, por una parte, las expensas, es decir, todos  aquellos  gastos  necesarios  para  el trámite del juicio distintos del pago de  apoderados  (honorarios  de  peritos,  impuestos  de  timbre,  copias, gastos de  desplazamiento   en  diligencias  realizadas  fuera  de  la  sede  del  despacho  judicial,  etc.),  y,  de otro lado, las agencias en derecho, correspondientes a  los  gastos  efectuados  por  concepto de apoderamiento, los cuales –vale  la pena precisarlo- se decretan  a  favor  de  la  parte  y  no  de  su  representante  judicial”  (C.C. C-539 /99).   

2°) La liquidación de esa carga, según el  artículo  393  ibídem,  la  hace   “el  tribunal  o  juzgado  de  la  respectiva  instancia  o  recurso,  inmediatamente quede ejecutoriada la providencia que las  imponga  o  la  de  obedecimiento  a  lo resuelto por el superior”,  y  la inconformidad que las partes tengan sobre la misma, ora por  las  expensas  o  ya  por  las  agencias en derecho, cumple elevarla, a tenor de  dicho  precepto,  por  medio  de  objeción, que el respectivo juez o magistrado  resuelve  en  auto  susceptible de recurso de reposición (art. 348 ib).    

3°)  Ahora  bien,  cuando  se  apela  la  sentencia  de  primera instancia, o se ataca en casación la del Tribunal,   en  el  establecimiento  del  interés  para  recurrir  no se tiene en cuenta lo  atinente  a  las  costas  procesales, ya que no son, en esencia, el objeto de la  controversia,  sino  una  consecuencia  adjetiva  de  su definición que, por lo  mismo,  es  confrontada,  en caso de inconformidad, por medio de objeción, como  atrás se anotó.    

En  ese  sentido,  la Corte enseñó, en el  fallo CJS de 7 de feb. de 1996, G.J. CCXL, pág. 106), que   

“…         ‘La  decisión que sobre el punto tome  el  juzgador  halla  su génesis directa y exclusiva en la ley; tanto, que ésta  manda  hacer  caso  omiso  de los acuerdos de las partes acerca de la cuestión.  Por  hallar  su exclusiva justificación en la disposición de la ley, es por lo  que  el  perjuicio o agravio irrogado por la sentencia, como medida del interés  para  interponer el recurso de casación -o de apelación en su caso- no toma en  cuenta,  como  ingrediente del mismo, la condenación en costas, la cual por sí  sola,  tampoco  tiene  la virtualidad para darle vida a ese interés’.  (Cas.  Civ.  de  30  de octubre de  1989);   que,   ‘…las  costas,  ciertamente,  no forman parte de los factores a tomar en consideración  para  la determinación del valor del interés en punto al recurso de casación,  y  ello  simplemente  porque  no  constituyen  el  tema  del  litigio,  sino una  consecuencia  del mismo. No tiene origen sustancial sino procesal…’   (auto  de  10  de  septiembre  de  1990)”.   

4°) En el cargo en cuestión, el impugnante  aspira  a  que  la  Corte  examine de fondo el valor que por agencias en derecho  fijó  el  Tribunal,  por  estimar  que el tasado en segundo grado no podía ser  superior   al   señalado   por  el  a-quo,  al  desconocerse  con  ello  el  principio  de la no reformatio in pejus.   

5°)  De  todo  cuanto  viene de exponerse,  surge  la inviabilidad de dar curso al precitado ataque, toda vez que la condena  en  costas  impuesta  en  la sentencia, mirada independientemente, no es pasible  del  recurso  extraordinario  de  casación, por ser un aspecto que en línea de  principio  no  atañe  al  derecho  sustancial,  a  lo  que  se  agrega  que  la  disconformidad  con  los  rubros  que  la componen, entre ellos, las agencias en  derecho,  son  temas   propios de la competencia funcional de los jueces de  instancia,  frente  a  quienes  es  preciso  esgrimir,  en  el  momento procesal  oportuno y si así se considera, la respectiva objeción.   

En  efecto,  dijo  la  Sala  en  CSJ  SC de  10  sep. de 2001, Rad. 5542, que   

“…el agravio derivado de la condena en  costas  que  se  imponga en el fallo cuestionado, o del hecho de que el juzgador  se  abstenga de ello, no es tema que pueda servir de sustento válido al recurso  extraordinario  de  casación  y  que,  por  lo  mismo, no puede ser definido al  desatarse  la  impugnación.  Tal aserto obedece, a que los pronunciamientos que  se  hagan  en  materia  de  costas  no  tocan  con  los  derechos  sustanciales,  propiamente  dichos,  que  las  partes  controvierten en el litigio y a que, por  ende,  esas  decisiones  son  más  una  consecuencia de las resoluciones que se  tomen  en  cuanto hace a esos derechos, de donde ellas deben seguir la suerte de  lo  principal…Lo dicho es suficiente para desestimar  el  cargo  que se estudia, más cuando él incurre en la inexactitud de asimilar  las  costas  procesales a las agencias en derecho y al reembolso del impuesto de  timbre,  sin  tener  en  cuenta  que estos rubros son, entre otros, factores que  integran  aquellas  y  que,  por  consiguiente,  la  condenación al pago de las  costas,  que  fue  lo  decidido  por el Tribunal en el punto tercero de la parte  resolutiva  de  la  sentencia impugnada, no traduce la imposición al demandante  del  deber  de  pagar agencias, o de reembolsar el valor del impuesto de timbre,  cuestiones  que  solo  podrán controvertirse mediante objeción, en el supuesto  de  que  esos  precisos factores se incluyan en la liquidación de costas que en  su  momento  se  elabore, y que, consecuentemente, solo pueden ser definidas por  los   falladores   de   instancia,   como   lo   estimen  pertinente”.   

5.- Consecuentemente, no  procede     la     aceptación     a     trámite     de    los    dos    cargos  indicados.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de casación  interpuesto   por   Waldo   Segura   Betancourt   dentro   del   proceso  de  la  referencia.   

Segundo: Devolver  por la Secretaría el expediente al Tribunal de origen.   

Notifíquese   

JESÚS  VALL  DE RUTÉN  RUIZ   

MARGARITA CABELLO BLANCO   

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA   

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA  RESTREPO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL  SALAZAR RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

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