AC4158-2014 [2005-00977-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada Ponente  

AC4158-2014  

Radicación           n°  11001-31-10-001-2005-00977-01   

(Aprobado  en sesión de once de junio de dos  mil catorce)   

Bogotá D. C.,  veinticinco (25) de julio  de dos mil catorce (2014).   

Decide  la  Corte  sobre  la  admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  demandante Gabriel Eduardo Roncallo  Rodríguez,  frente  a la sentencia de 18 de septiembre de 2013 proferida por la  Sala  de  Familia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, en el  juicio  ordinario  que  aquel  promovió  contra  Yolanda María Victoria Silvia  Ramírez  de  Holguín,  María Margarita Roncallo de Comiti y Álvaro de Jesús  Ramírez  Botero, trámite al que fueron citados los herederos indeterminados de  Eduardo Mario Roncallo Botero y Esther Elisa Botero de Roncallo.   

I.  ANTECEDENTES  

1.  El  actor  solicitó  declarar  que  como  «único  hijo,  es  heredero  de mejor derecho de su  difunto    padre    Eduardo    Mario    Roncallo    Botero    frente    a    los  demandados»   y  que  en  consecuencia  «es  titular  único  del  derecho  real  de  herencia,  a título  universal,  sobre  el patrimonio mortuorial de su padre fallecido el 23 de junio  de  1988», e igualmente «se  declare  que  los  demandados  (…)  carecen  de vocación hereditaria sobre el  patrimonio  del causante»,  se ordene y oficie al  juzgado  2°  Civil  Municipal  de  Bogotá,  para  que  si  existen trabajos de  partición,  «se  declare  la  ineficacia partitiva;  (…)  [y]  se  haga efectivo el reconocimiento de heredero universal y de mejor  derecho,  del  demandante  (…) sobre el acervo hereditario de [su] progenitor,  comunicando  la  amplia  facultad  que  (…)[aquel] tiene para intervenir en la  mortuoria   de   su  padre,  especialmente  en  la  confección  de  inventarios  adicionales,      la      partición      y     su     aprobación».   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

El demandante, nacido el 30 de mayo de 1978 es  hijo  extramarital  de  María Claudia Rodríguez Rocha y Eduardo Mario Roncallo  Botero  quien   falleció  el  23  de junio de 1988, sin haber efectuado el  reconocimiento   de   aquel,   que   para   ese   momento  tenía  10  años  de  edad.   

Por  insinuación  de  Esther Elisa Botero de  Roncallo  y  María  Margarita  Roncallo  de Comiti, abuela y tía del actor, la  progenitora  de éste contactó a los abogados «José  Joaquín   Caicedo   Perdomo   y   Luis   Enrique  Ríos  Jiménez»  para  adelantar  el  proceso  de  filiación  extramatrimonial  de  «Gabriel  Eduardo»  y con  esa  finalidad,  este último designó a la Dra. «Luz  Marina  Pinzón  Pinzón», profesional que se hallaba  bajo  su  dirección,  habiendo  recibido  poder de la madre del demandante, con  base  en  lo  cual  presentó  el  libelo,  en  el que únicamente pretendió el  reconocimiento  del  estado  civil  de  «Gabriel  Eduardo  Rodríguez  como hijo extramatrimonial de Eduardo  Mario   Roncallo  Botero»,  pero    no    el    «reconocimiento   de   derechos  patrimoniales».   

Durante  su  actuación,  la aludida jurista  adelantó  una  errada y negligente labor, como la omisión acabada de señalar,  la  demora  en sus actuaciones y en el trámite oportuno de las notificaciones a  los  accionados,  irregularidades  que  afectaron los derechos del actor, lo que  generó que fuera investigada disciplinariamente.   

El  togado  Luis  Enrique  Ríos Jiménez de  quien   aquella  dependía, posteriormente asumió la representación de la  demandada  «Esther Elisa»,  es decir que conducía los dos extremos de la litis.   

«Gabriel  Eduardo  Roncallo Rodríguez fue  reconocido  como  hijo  extramarital del causante Eduardo Mario Roncallo Botero,  mediante  sentencia de febrero 10 de 1995, emitida por el Juzgado 3° de Familia  de    Bogotá»   y   dado   que   el   «juzgado  21»  de  dicha especialidad y  lugar,  con auto de 4 de marzo de 1998 declaró abierto y radicado el proceso de  sucesión     intestada    de    este,    «Gabriel  Eduardo»  se hizo parte en dicho juicio tramitado por  el  «juzgado 2° Civil Municipal, a donde fue enviado  por     competencia»,     en    razón    de    la  cuantía.   

En  este  último  despacho, luego de que el  accionante  fuera  reconocido como sucesor del nombrado causante, se revocó tal  determinación  y  con  auto  de  15  de  julio  de  2002 se negó la calidad de  heredero  de  mejor  derecho, pues con fundamento en el inciso 4° del artículo  10  de la ley 75 de 1968, el fallador «consideró que  los  derechos  patrimoniales caducaron por no demostrar la notificación, dentro  del   término   de   dos   años,   del   auto   admisorio  de  la  demanda  de  filiación», decisión confirmada por el «Juzgado   22   de  Familia»,  mediante  providencia de 15 de agosto de 2003.   

En  procura  de  proteger  sus  derechos, el  demandante  instauró  acción  de  tutela  contra los funcionarios de primera y  segunda  instancia, pero la Sala de Familia del Tribunal de Bogotá la denegó y  la de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia la avaló.   

La caducidad del inciso 4° del artículo 10  de  la  ley  75  de  1968  no  es  aplicable  a  este caso dado que «la  demandada Esther Botero de Roncallo con pleno conocimiento de  causa,  evadió  la  notificación,  valida  de  la actividad de quienes siempre  defensaron  sus  causas,  así que debió considerarse (…) notificada desde la  instauración  de  la  demanda;  en  segundo  lugar, porque la caducidad solo es  viable  aplicarse  contra quien ostenta el derecho, pero para la fecha en que se  pretende  aplicársele la caducidad a Gabriel Eduardo Roncallo y la caducidad de  los  derechos  patrimoniales  que se le pretendió aplicar en el Juzgado Segundo  Civil  Municipal  a  Gabriel  Eduardo  Roncallo (sic)»  (fls. 33-44 c.1).   

3. Notificados los convocados, contestaron el  escrito introductorio así:   

a).  María  Margarita  Roncallo  de  Comiti  manifestó   que  se  allanaba  a  las  súplicas,  aclarando  que  ello  debía  entenderse    como   «una  inhibición  en  la  formulación   de   oposición  a  las  pretensiones»  (fls. 80-88 c.1).   

b). Álvaro de Jesús Ramírez Botero aceptó  algunos  hechos, negó otros y de unos más dijo no constarle oponiéndose a los  pedimentos  del  actor,  dado  que  en la demanda de filiación no se pidió que  tuviera  efectos  patrimoniales  y la misma fue notificada 3 años, 7 meses y 25  días  después  de  la  muerte  del  presunto  padre,  por  lo que «resultaba  y resulta ineludible la aplicación del inciso 4° del  artículo   10   de   la   ley  75  de  1968  en  el  juicio  de  la  filiación  extramatrimonial  del  Sr.  Gabriel  Eduardo  Roncallo Rodríguez» (fls.   96-106   c.1).   Igualmente,  invocando  su  condición  de  accionado  y  heredero  de Eduardo Mario Roncallo  Botero,  en  representación  de  su  difunta  madre,  propuso  la  «excepción  previa  de  cosa  juzgada»,  debido  a que la presente demanda  tiene igual objeto, causa y «se  basa  prácticamente  en  los mismos hechos que la acción de  tutela»  denegada  al  actor,  en  la  que  se hallan  involucradas   las   mismas  personas  (fls.  119-122  c.1).   

c).  Yolanda María Victoria Silvia Ramírez  de  Holguín, admitió unos supuestos fácticos, desmintió otros y señaló que  ignoraba  algunos;  además  formuló  las  defensas  de mérito de «inexistencia  del derecho», «falta de legitimación en la causa  por   pasiva»,  «cosa  juzgado»,  la  que  también  propuso  como «previa», que  fue  denegada  por  auto de 6 de diciembre de 2006; Así mismo, planteó como de  fondo  las de «prescripción, compensación y nulidad  relativa», fundadas en que lo ahora pretendido ya fue  debatido  en  el  trámite incidental de «heredero de  mejor  derecho»  promovido  por el ahora reclamante y  que  la  demanda  de  filiación  se  notificó a los accionados pasados los dos  años   previstos  en  el  precepto  10  de  la  ley  75  de  1968  (fls. 139-157 c.1).   

d).  Los  herederos  indeterminados  de  los  causantes  Eduardo  Mario  Roncallo  Botero  y  Esther Elisa Botero de Roncallo,  respondieron    el    escrito   introductor,   mediante   curador   ad  litem  quien  por  no  constarle  los  hechos,  dijo  que  no  se  oponía  a  las  declaraciones  pedidas (fls. 45-46 c. Tribunal).   

4. El Juez 1° de Familia, mediante fallo de  14  de  diciembre  de  2012  negó las súplicas del actor, decisión que al ser  apelada  por  este,  fue  confirmada  por  el superior funcional a través de la  providencia motivo de esta impugnación extraordinaria.   

5.  En  la  fundamentación,  el  Tribunal  resumió  los  antecedentes  del proceso, lo pertinente a la sentencia revisada,  las  alegaciones  de  la  parte  recurrente  y  en sus consideraciones, luego de  recordar  que  el  Juzgado  3° de Familia declaró la filiación del demandante  respecto  de  su  progenitor  fallecido,  al  no  haber decidido lo «relativo   al   otorgamiento   o   caducidad   de   los   efectos  patrimoniales»  porque  estos  no fueron solicitados,  esa circunstancia se debatiría en la presente acción.   

Alude  a  que  en principio y en teoría, la  «filiación»  conlleva el  reconocimiento  de  todos los efectos legales del parentesco, dentro de ellos el  derecho  a  heredar,  «a  menos  que  se produzca el  fenómeno    de    la   caducidad   de   los   efectos   patrimoniales   de   la  filiación»,    lo    que   exige   pronunciamiento  expreso.   

Al  respecto  indica  el sentenciador que la  prueba  documental  da  cuenta  que  el  padre del accionante falleció el 20 de  junio  de  1988, momento a partir del cual «empieza a  correr  el  término de dos años prescrito en el artículo 10° de la ley 75 de  1968,  luego  ese  término  vencía  el  día 20 de junio de 1990»,   por   lo   que  le  correspondía  al  actor  demostrar  que  la  «acción  de  filiación»  fue   promovida   oportunamente,   pues   ya   existe  providencia  «declarando   que  los  efectos  patrimoniales  que  (…)  [este]  pretende  le  sean  declarados a través de esta acción se encuentran afectados  de  caducidad al haberse notificado la demanda de filiación con posterioridad a  los   dos  años  de  fallecido  el  causante  Eduardo  Mario  Roncallo  Botero,  decisiones   apeladas   y   confirmadas   en  diversas  instancias»,    inclusive    en    «acción    de  tutela».   

Con  fundamento  en  lo  resuelto  por  los  juzgados  2°  Civil  Municipal  y  22 de Familia de esta ciudad advierte que la  «demanda de filiación» se  presentó  el  4  de  octubre  de  1989 y su notificación a la convocada Esther  Elisa  Botero  de  Roncallo  «se  produjo  el  14 de  febrero  de  1992  (dos  años y dos meses después de admitida) y al curador ad  litem  de los herederos indeterminados del causante el 26 de abril de 1993 (tres  años  y  cinco  meses después de admitida)» y que si  bien  el  actor le atribuye esa demora a su representante judicial y al traslado  de  actuaciones  judiciales  de los «Juzgados Civiles  del   Circuito»   a  los  de  Familia,  no  se  halla  demostrado  que  dicho  fenómeno  hubiera acaecido en el lapso que tardó dicha  remisión  de  procesos,  ni  el  obrar  malintencionado alegado, pues bien pudo  retirarle  el  mandato  oportunamente  a su apoderada, a la vez que denunciar el  hecho  ante  la  autoridad  correspondiente  y  sin  embargo no lo hizo, pues la  revocatoria solo se dio el 23 de abril de 1991.   

De lo expuesto establece que la presentación  de    la   «demanda   de   filiación»,  «no interrumpió la prescripción que  consagra  el  art.  10° de la ley 75 de 1968, dado que el extremo activo dentro  del  perentorio  término  del  art.  90 del C.P.C., que regía, no gestionó la  notificación  a  la  pasiva en el tiempo que prescribe esta norma»,  como tampoco acreditó los hechos en que justifica tal dilación,  lo  que  indica  que  para  el  «14  de  febrero  de  1992»,  fecha de enteramiento del auto admisorio a la  accionada  determinada,«ya  había  transcurrido  en  exceso  el plazo de prescripción (que venía corriendo inexorablemente desde el  fallecimiento  de su padre, el difunto Eduardo Mario Roncallo Botero ocurrida el  día  20  de  junio  de  1988  y  venció  el 20 de junio de 1990)».   

Agrega  que  en  tales  condiciones,  a este  asunto  no  le  es  aplicable  la  tesis  jurisprudencial planteada por la Corte  Suprema  de  justicia  en  el  año  2002,  según la cual no se opone a que las  disposiciones  antes  citadas  se  apliquen de manera conjunta y armónica, dado  que  allí se analiza la aludida norma procesal reformada por el decreto 2282 de  7  de  octubre  de 1989 que entró a regir el 1° de junio de 1990, «fecha  posterior a la presentación de la demanda de filiación y  que   determina  el  exclusivo  ámbito  objetivo  del  citado  precepto  (…),  relevando el estudio de la subjetividad».   

El     ad  quem  expone  así  mismo,  que  el  hecho  de  que la  demandada  María  Margarita  Roncallo  se  hubiera allanado a las pretensiones,  «no autoriza el desconocimiento de normas procesales  de  orden  público  ni  las  disposiciones sustanciales aplicables para el caso  materia   de   estudio»,  pues  los  efectos  de  la  declaratoria   de   filiación   «son   todos   los  consecuenciales,  entre  ellos  los  patrimoniales  (el poder heredar) siempre y  cuando  no  ocurra  la caducidad de los mismos en razón de lo preceptuado en el  artículo 10 de la ley 75 de 1968».   

Finaliza  diciendo  que  como  en  este caso  «no  puede declararse que el demandante sea heredero  de  mejor derecho», dado que como se estableció en el  «trámite incidental, operó la caducidad de efectos  patrimoniales,  al  haberse  notificado  a  la  parte demandada en el proceso de  filiación  con  posterioridad  al  término  que  prescribe el artículo 90 del  Código  de  Procedimiento  Civil,  circunstancia  incontrovertible a través de  cualquier  medio probatorio», se imponía confirmar la  decisión      apelada      (fls.     45-46     c.  Tribunal).   

6. El accionante formuló el presente recurso  extraordinario  que esta Corporación admitió mediante proveído de 25 de marzo  de  2014  (fl.  3 c. Corte),  habiéndose allegado oportunamente la respectiva sustentación.   

II.  CONSIDERACIONES  

          1.  El  artículo  374 del Código de Procedimiento Civil regula los  requisitos  del  libelo  de casación y al respecto, la doctrina jurisprudencial  de  esta  Corporación de manera uniforme y reiterada ha señalado que en virtud  de    la   naturaleza   del   aludido   «medio     de    impugnación»,    el  ordenamiento  jurídico exige la sustentación técnica mediante una demanda que  reúna  los  requerimientos  ahí  relacionados, entre ellos, que los embates se  apoyen  en  las  causales  legalmente  consagradas,  con  explicitación  de los  argumentos  de  que se sirve encaminados a obtener la finalidad pretendida, toda  vez    que    para    preservar    el    «principio  dispositivo»  que  orienta  «el recurso de casación»,  la  Corte  no puede suplantar la voluntad del recurrente y mucho menos actuar de  oficio  en pro de hallar el fundamento en que el inconforme basa su descontento;  así  mismo,  tratándose  de  «violación de normas  sustanciales»,  le corresponde plasmar las que tienen  esa  alcurnia  y  precisar  cómo  se  produjo  el quebrantamiento, si de manera  directa  o  indirecta  y  cuando hubiere sido de esta última forma, expresar la  clase    de    yerro   cometido,   en   el   evento   que   fuere   «error  de  hecho», ha de demostrarse y  siendo  de  «derecho», se  deben  reseñar  las  normas  de  carácter  probatorio  infringidas, además de  evidenciar  esa  situación, dando cuenta de la trascendencia o connotación del  desatino.   

En  punto  de  las  formalidades  que  debe  observar  el  impugnante  extraordinario, la Sala, en auto CSJ SC, 13 ene. 2014,  rad. 2006-01134-01 señaló:   

El recurso de casación, dada su naturaleza  eminentemente  dispositiva,  limita  la  actividad  discursiva y juzgadora de la  Corte  al  contenido  y  alcance  de la demanda que se formule para sustentar la  acusación,   de   ahí  que  no  esté  permitido  hacer  interpretaciones  que  sobrepasen  los señalamientos que de modo expreso y manifiesto aduzca el censor  en  su  libelo, ni mucho menos reformular los cargos que aquel haya planteado de  modo deficiente.   

De igual manera, es preciso memorar que uno  de  los  caracteres  esenciales  de  ese  medio de impugnación es su condición  extraordinaria,   dado   que  la  censura  se  debe  enmarcar  en  las  causales  taxativamente  previstas  en  la ley, sin que sea dable, por tanto, exponer ante  la  Corte  un simple alegato en el que apenas se refleje una discrepancia con la  decisión,  que  en  nada  afecte  la  argumentación  medular del fallo. Por el  contrario,  el  censor está en la obligación de desvirtuar las presunciones de  legalidad y acierto que acompañan la sentencia recurrida.   

(…)  La  admisibilidad  de  la demanda de  casación  está sujeta al cumplimiento de los requisitos de técnica expresados  en  el  artículo 374 del Código de Procedimiento Civil, a cuyas voces, además  de  la  designación  de  las  partes,  del fallo impugnado, de la síntesis del  proceso  y  de los hechos materia del litigio, es ineludible la formulación por  separado  de  los cargos que se esgrimen en contra del fallo, con la exposición  de  los  fundamentos  de cada acusación, en forma clara y precisa, y no basados  en generalidades.   

2.   El  recurrente,  en  procura  de  dar  cumplimiento  a  los  señalados requerimientos formales, planteó un (1) cargo,  fundado  en  la  causal  primera  del artículo 368 del Código de Procedimiento  Civil  por  violación  indirecta de los artículos 4°, 13, 29, 42 inciso 5° y  44  de  la  Constitución política, 61-1, 411-5, 1040 y 1045 del Código Civil,  137,   175,   185,   187,  194,  304  y  540-4  del  C.  de  P.C.,  «al  ignorar  el  sentenciador  las  pruebas  legal  y formalmente  recaudadas en el curso del proceso».   

En sustento del mencionado embate, el censor  comienza  por  efectuar  una  «relación  de pruebas  ignoradas»,  registrando  como  tales la «copia  del proceso de filiación», para  lo  que  reseña el acaecer procesal que lo lleva a inferir la negligencia de la  abogada   «Luz  Marina  Pinzón  y  los  yerros  que  resultan   afectando   los   intereses»   del  actor  «y   beneficiando   a   la  demandada».   

Así mismo, luego de aludir a la «copia  del  proceso  de  sucesión» del  que  transcribe  apartes  de  lo  manifestado  por algunos de los deponentes, el  impugnante  señala  que  el  fallador «se abstuvo de  hacer  cualquier  apreciación,  análisis  o  consideración  valorativa de las  pruebas,  legal y oportunamente arrimadas al proceso»,  soportado  en que no se notificó la demanda a la heredera del entonces presunto  padre,  dentro  del  bienio  contado  a partir del fallecimiento de este, lo que  significa  que  «se  está  frente a una providencia  inhibitoria»,     vulnerando    varios    derechos  fundamentales  del  recurrente, pues las probanzas desconocidas demuestran hasta  la  saciedad  cómo a la madre de Gabriel Eduardo «se  le  engañó  en  su  buena  fe, en su creencia que le ayudarían» a  preservar  los «derechos» de este.   

Agrega  que se probó la negligencia y abuso  de  los  abogados  del actor, lo mismo que el tiempo que corrió en el cambio de  Juzgados  del Circuito a los de Familia, solo que «el  sentenciador  no  revisó,  ni  valoró la prueba trasladada; ni los testimonios  vertidos,  de  una  u  otra  forma  al  proceso,  pues de haberlo hecho, habría  concluido  forzosamente, que la demandada Esther Elisa Botero de Roncallo al ser  la  gestora  e  instigadora  del  proceso  y  estar al tanto del mismo (…), el  objeto  y  fin  de  la  notificación,  que es poner en conocimiento de la parte  contraria   los   pormenores  del  proceso,  ya  estaba  cumplido,  incluso  con  antelación  a instaurar la demanda y por ello, la caducidad se interrumpió con  la  presentación  de  la demanda  y no reanudó por el conocimiento que la  demandada  tenía  del  proceso;  también  porque el Dr. Luis Enrique Ríos, su  abogado,    era    el   Jefe   y   director   de   la   Dra.   Luz».   

Culmina  señalando  que el haberse ignorado  por  el  sentenciador la prueba trasladada y minimizado el sentido y alcance del  testimonio  de  la  accionada  María  Margarita Roncallo de Comiti, son errores  evidentes  de  hecho  que  vulneran  las normas sustanciales invocadas de manera  indirecta   y   determinaron   negativa   y   erradamente   el   sentido  de  la  sentencia.   

Con base en lo expuesto, pide casar el fallo  impugnado   y   dictar   el   que   corresponde  a  los  medios  de  convicción  recaudados.   

3.  Revisada  la  censura se advierte que no  satisface  los  requisitos  legales  determinantes  de  la idoneidad del escrito  introductorio  del  citado  mecanismo  extraordinario  de  impugnación,  habida  cuenta  que  este, lejos de evidenciar el yerro fáctico enrostrado al Tribunal,  lo  que  refleja  es  la  particular  percepción de su autor expuesta de manera  deshilvanada y como si se tratara de un alegato de instancia.   

En  efecto,  como  se  acusa al ad  quem  de  haber incurrido en error de  hecho,  le  incumbía  al  casacionista,  con miras a su demostración, poner de  presente  los  desatinos  apreciables  sin  esfuerzo, irrefutables y relevantes,  para  lo  cual  debió  especificar los elementos de convicción respecto de los  cuales   recayeron   las   equivocaciones  y  confrontar  la  probanza  con  las  conclusiones del fallo refutado, nada de lo cual hizo.   

Obsérvese  que  el  recurrente se limitó a  hacer  acopio de la actuación surtida en el «proceso  de     filiación     de     Gabriel    Eduardo    Rodríguez    hoy    Roncallo  Rodríquez»,  lo  mismo  que a transcribir fracciones  del   «interrogatorio  de  parte  al  doctor  José  Joaquín     Caicedo»     y    del    «testimonio  de  María Margarita Roncallo de Comiti»,  vertidos  en  el «proceso de sucesión  de  Eduardo  Mario  Roncallo  Botero  y en el trámite incidental de heredero de  mejor  derecho»,  sin  concretar  y menos realizar el  cotejo  requerido  entre  lo que objetivamente rezan los medios de persuasión y  la  conclusión  divorciada que a partir de ellos afirma obtuvo el sentenciador,  falencia  que  priva  a  la  Corte de contar con elementos para establecer si en  verdad  aquel  cometió  el  error  de  hecho enrostrado y si el mismo puede ser  catalogado  de ostensible, protuberante o de bulto, de tal forma que haga ver la  inferencia  planteada  por  el  impugnante como la única admisible y por tanto,  capaz de desplazar la del Tribunal.   

Recuérdese  que  la  finalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  no  es habilitar un nuevo escenario para que las  partes  prolonguen  el debate sobre el alcance que debe darse a los elementos de  juicio  que  obran  en  el  proceso, pues no se trata de una tercera instancia u  oportunidad  adicional para controvertir la valoración de las pruebas realizada  por  los  juzgadores  de  conocimiento,  labor  en  la que, valga destacar, debe  respetarse  la  discreta  autonomía  que  les  otorga  el  precepto  230  de la  Constitución  Política,  a  menos  que  se  evidencien  palmarios desaciertos,  puestos  de presente por el recurrente y que impidan sostener la legalidad de la  sentencia.   

En relación con el yerro fáctico, la Corte  en  la  decisión  antes  referida  CSJ  SC,  13  ene.  2014, rad. 2006-01134-01  precisó:   

En   suma,   como   lo   ha  expuesto  la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  cuando de error de hecho se trata, es necesaria  ‘la demostración de los  siguientes  aspectos:  a) singularizar la prueba que se considera mal apreciada,  precisando  por  qué  no fue estimada, o por qué fue mal valorada; b) efectuar  una  comparación,  un  parangón,  entre  la  conclusión errada del Tribunal y  aquella  que  realmente  era  la debida; c) acreditar la evidencia del error, es  decir,  que  no se requerían mayores elucubraciones o análisis para establecer  su  estructuración,  y  d)  la  trascendencia  del yerro, esto es, demostrar su  contraevidencia  con la conclusión que extrae la censura que, en últimas, debe  traducirse   en  la  única  opción  o  alternativa   para  solucionar  el  litigio’.   

Así  mismo,  respecto  de  las  exigencias  técnicas  tocantes  con  los  yerros que conforman el quebranto indirecto de la  ley   sustancial,   en  proveído  CSJ  SC,  6  sep.  2012,  rad.  2005-11012-01  dijo:   

Por  tanto,  si  es  de  hecho, el referido  cotejo  debe  determinar exactamente  cómo la apreciación del elemento de  juicio  realizada  por  el  sentenciador  no  corresponde  con  la  realidad del  mismo.   Si  del  derecho  se  trata,  explicará el contraste entre lo que  manda  o prohíbe la específica norma probatoria que se cita y lo que en contra  de  esta  acabó  haciendo  el  juzgador.   Y, en ambos casos, es imperioso  poner de relieve la trascendencia del dislate.   

Sobre  ese  requerimiento,  la  Corte  ha  explicado   que   cuando   el  yerro  sea  fáctico  es  necesario  ‘puntualizar    y    demostrar    la  preterición,  la  suposición  o la alteración del medio de convicción en que  incurrió el Tribunal.   

Como  nada  de  lo  anterior  efectuó  el  impugnante, el cargo no resulta idóneo para su admisión.   

Adicionalmente,   cabe   acotar   que   el  casacionista  se  despreocupó  de  combatir  la  integridad  de los fundamentos  torales  sobre  los  que  fue construido el fallo atacado, circunstancia que por  tanto, torna incompleta la aludida acusación.   

Al   respecto   es   de   señalar  que  el  sentenciador,   para   confirmar   el   fallo  del  a  quo  denegatorio  de  las  pretensiones  del actor por  haber  operado  el  fenómeno jurídico de la caducidad de la acción, basado en  las  pruebas  recaudadas  sostuvo  que  como  el  padre  de  este  falleció  el  «20  de  junio de 1988», a  partir  de ese momento comenzó a correr el término de dos años previsto en el  artículo  10  de  la  ley  75  de  1968,  lapso  que  venció  el  «20  de  junio  de  1990», aserto que el  recurrente no controvirtió.   

Tampoco cuestionó la consideración relativa  a    que    ya    se    había    emitido    un   pronunciamiento   «declarando   que   los  efectos  patrimoniales  que  pretende  el  accionante  le sean declarados a través de esta acción se encuentran afectados  de  caducidad al haberse notificado la demanda de filiación con posterioridad a  los   dos  años  de  fallecido  el  causante  Eduardo  Mario  Roncallo  Botero,  decisiones  apeladas  y  confirmadas en diversas instancias, incluso mediante un  juicio        de        constitucionalidad       vía       tutela».   

Así  mismo guardó silencio en relación con  la  inferencia  que  con  sustento en las providencias de los juzgados 2° Civil  Municipal  y  22  de  Familia  de Bogotá obtuvo el ad  quem,  en  cuanto  a  que  habiéndose  presentado  la  demanda   de   filiación   el   «4  de  octubre  de  1989»,  la  notificación a la demandada Esther Elisa  Botero  de  Roncallo  se produjo el «14 de febrero de  1992»,  es  decir,  «dos  años  y dos meses después de admitida», en tanto que  al  curador  ad litem de los  herederos  indeterminados  del causante, tal acto de comunicación se surtió el  «26  de  abril  de  1993»,  esto  es,  «tres  años  y  cinco  meses después de  admitida».   

Similar  hermetismo  se  advierte  frente al  planteamiento   de   que  a  este  asunto  no  le  resulta  aplicable  la  tesis  jurisprudencial  que  en  el  año  2002  expuso  la  Corte Suprema de justicia,  referente  a  que  los  artículos  10°  de la ley 75 de 1968 y 90 del Estatuto  Procesal  Civil pueden utilizarse de manera conjunta y armónica, porque a decir  del  Tribunal,  en  ese  pronunciamiento se analiza este último canon reformado  por  el  decreto  2282  de  7 de octubre de 1989 el que entró a regir el 1° de  junio  de  1990,  es  decir, en «fecha posterior a la  presentación  de  la demanda de filiación y que determina el exclusivo ámbito  objetivo   del   citado   precepto   normativo,   relevando  el  estudio  de  la  subjetividad».   

También le resultó indiferente al censor el  sustento  decisional  según  el  cual,  el  hecho  de  que  la demandada María  Margarita   Roncallo  se  hubiera  allanado  a  las  pretensiones,  «no  autoriza  el  desconocimiento  de  normas procesales de orden  público  ni  las  disposiciones sustanciales aplicables para el caso materia de  estudio»  y  que  los  efectos  de la declaratoria de  filiación  «son  todos  los  consecuenciales, entre  ellos  los  patrimoniales  (el  poder  heredar)  siempre  y  cuando no ocurra la  caducidad  de  los  mismos  en razón de lo preceptuado en el artículo 10 de la  ley 75 de 1968».   

Y  en  últimas,  no  refutó la conclusión  judicial  de  que en este asunto «no puede declararse  que  el  demandante  sea  heredero  de mejor derecho»,  porque   como   se   determinó   en   el  «trámite  incidental,  operó la caducidad de efectos patrimoniales, al haberse notificado  a  la  parte demandada en el proceso de filiación con posterioridad al término  que  prescribe  el artículo 90 del Código de Procedimiento Civil».   

Lo  que  se  advierte  en  el  escrito  de  sustentación  del  recurso  de  casación,  es  que  en  lugar  de disponerse a  evidenciar  el  error  de hecho atribuido al fallo impugnado con los perfiles de  protuberante,  notorio  o  de  bulto,  esto  es,  que  frente a la realidad  fáctica  mostrada  por  la  prueba,  hicieran  ver  al  rompe  y  sin esfuerzo,  desenfocada  o  absurda  la  conclusión del Tribunal, el recurrente orientó su  discurso  a relatar los aspectos que en su sentir, comportan las irregularidades  que  se  presentaron  en  el  proceso  de  escogencia de la defensa técnica del  accionante  y  en  el  desarrollo de esta, lo mismo que la participación que en  esa  actividad  tuvo  la  demandada  y  abuela  de aquel, Esther Elisa Botero de  Roncallo.   

Como  además  en  ese  laborío, el censor  descuidó  su  deber  de  arremeter  contra  la  integridad de los pilares de la  aludida  decisión,  no  hay  duda  de  que  esas falencias técnicas impiden la  admisión  de  la  acusación,  pues  ha  de tenerse en cuenta que los reproches  formulados   en   cualquiera  de  las  especies  de  violación  de  las  normas  sustanciales  a  que  ella  se contrae, deben comprender todos y cada uno de los  fundamentos  de la providencia en los que ella se soporta, en el claro entendido  de  que  si  cualquiera  de  estos  se pretermite o se ignora o de alguna manera  subsiste  para  mantenerla  en  pie,  no es viable su admisión, toda vez que la  Corte,  dado  el  carácter  dispositivo  y  restricto  propio  de  esta censura  extraordinaria,  tampoco  puede de oficio completar la tarea recortada que a ese  respecto le ha sido propuesta.   

La  Sala, en relación con este aspecto, en  proveído CSJ SC, 17 ene. 2013, rad. 2005-00244-01 recordó:   

recurrir en casación implica algo más que  mostrar  desacuerdo  con  las decisiones; necesarísimo es que el recurrente, en  tanto  que  el blanco de su ataque sea la sentencia, por sobre todo, y antes que  ensimismarse  en  su  propio parecer, enristre contra las argumentaciones que el  sentenciador  tuvo  en  mira  para apuntalar el mérito que finalmente otorgó a  las  pruebas;  porque es evidente que mientras éstas no sean derribadas, habrá  que   tenerlas   por   ciertas   dada   la  presunción  de  legalidad  que  las  ampara’,  de  manera tal  que,            si           ‘las…motivaciones   del   Tribunal   no   son  combatidas  por  el  impugnador,    el    rechazo    de    la    acusación   se   impone.   

                   4. Así las  cosas,   habrá   de  inadmitirse  la  «demanda    de   casación»  y  declararse desierto el «recurso    extraordinario»  propuesto, tal como lo dispone el inciso 4º del artículo 373 del  Código de Procedimiento Civil.   

III. DECISIÓN  

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Civil de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

          ­Primero:  Declarar     inadmisible     la     “demanda”  y  consecuentemente            “desierto       el       recurso       de      casación” interpuesto por el accionante Gabriel  Eduardo  Roncallo  Rodríguez, frente a la sentencia de 18 de septiembre de 2013  proferida  por la Sala de Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá, en el juicio ordinario de la referencia.   

Segundo: Devolver  el    expediente    a    la    oficina   de   origen,   por   conducto   de   la  Secretaría.   

Notifíquese  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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