SC5801-2014 [2006-00225-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado Ponente  

SC5801-2014  

Radicación           No.  23001-31-03-002-2006-00225-01   

(Aprobado en sesión de treinta y uno de marzo  de dos mil catorce)   

Bogotá  D.  C., nueve (9) de mayo de dos mil  catorce (2014).   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  que  interpuso  la  parte  demandante  contra la sentencia de segunda  instancia proferida dentro del proceso ordinario de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A.   La pretensión  

El  señor  XXXXXXXXXXXXXXXXXX  acudió  a la  jurisdicción  para  que  se  declarara  simulado el contrato de compraventa que  celebró  con  XXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXX, y en subsidio, que era nulo absolutamente.   

Como consecuencia de la prosperidad de uno u  otro  de  los  anteriores  pedimentos, solicitó la cancelación del instrumento  público  otorgado  y  su inscripción en la Oficina de Registro de Instrumentos  Públicos.   

B. Los hechos  

1.  La  demandada,  quien  es  sobrina  del  actor,  aprovechándose  de las condiciones de salud de  éste,  consiguió  que  él  suscribiera  la escritura No. 65 de 23 de enero de  2002,  otorgada  ante  la Notaría Tercera de Montería, en la que el primero le  enajenó  a  la  segunda  el inmueble ubicado en la carrera 2ª No. 21-06 de esa  ciudad.   

2.   El   bien  aparentemente  negociado  entre  ellos,  lo  adquirió el señor XXXXXXXXXXX por  compra  que hizo a la señora XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, según consta en la  escritura  pública  No.  788  de  19  de mayo de 1989 de la Notaría Primera de  Montería,  registrada  en  el folio de matrícula inmobiliaria No. 140-18988 de  la Oficina de Registro de esa capital.   

3.  El  demandante  conserva  la posesión material de la casa de habitación, como quiera que nunca  hizo  entrega  de  la  misma  a la demandada, y le ha manifestado a ésta y a su  progenitora,  la  señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXX,  que él es su único  propietario,  habida  cuenta  de  que,  adicionalmente, nunca recibió el precio  pactado  ($15.000.000), que es irrisorio, puesto que el valor del predio para la  época del supuesto negocio, era superior a $70.000.000.   

4.   Como   por  iniciativa  de la accionada, la sociedad XXXXXXXXXXXXX anunció el arrendamiento  de  la  referida  vivienda,  el  demandante  acudió a la Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  de  Montería  y  constató  la existencia de la venta,  «hecho  (…)  que  no  recuerda puesto que se encontraba gravemente enfermo con  respecto  a  perturbación  mental relativa», toda vez  que  «viene  desde  hace  mucho tiempo con problemas  psiquiátricos  y  de alcoholismo», como lo certificó  su  médico  tratante, circunstancia que «invalida el  acto jurídico».   

5. La transferencia  del    dominio    corresponde,    por    lo    tanto,   a   una   «negociación  simulada»,  que  tuvo como  único      objetivo      «defraudar» al demandante.   

C.    El   trámite   de   la  primera  instancia   

1.  El  libelo  fue  admitido por el Juzgado  Segundo  Civil  del Circuito de Montería,  mediante  proveído  de  treinta  de  octubre de dos mil seis, que  dispuso    el    traslado    de   rigor. [Folio 28, c. 1]   

2.  La demandada se opuso a las pretensiones  elevadas  en el escrito introductorio y se pronunció sobre los hechos en que se  apoyaron  las mismas, en relación con los cuales precisó que lo verdaderamente  ocurrido  fue  que, debido a  problemas  económicos,  su progenitora XXXXXXXXXXX XXXXXX tomó la decisión de  traspasar  al  demandante los bienes que conformaban el patrimonio familiar, uno  de los cuales corresponde al inmueble materia del litigio.   

El  señor  XXXXXXXXXXXXXX, según documento  privado  que  data  del 13 de marzo de 1992, autenticado ante el Notario Primero  de  Montería,  reconoció que los bienes en él especificados eran de propiedad  de   su   hermana   XXX   XXXXXXXXXX;  admitió  que  actuó  como  “testaferro”  de  ella y se obligó a  devolvérselos,  efectuando el respectivo traspaso a su favor o a la persona que  se le indicara.   

La  señora XXXXXXXXXX le solicitó al actor  que  trasfiriera  a  su hija XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX la referida vivienda, lo que  aquél  hizo  mediante  la  escritura  pública  No.  65 de 23 de enero de 2002,  otorgada en la Notaría Tercera de Montería.   

Para  el  retorno de otro de los bienes cuyo  dominio  se radicó en su cabeza, esto es, la finca “La Muestra”,  el  señor  XXXXXXXXXXX  otorgó poder  especial  a doña XXXX, facultándola para firmar tanto la respectiva promesa de  compraventa,   como   la  correspondiente  escritura  pública  con  la  que  se  perfeccionaría la enajenación.   

Con  la  acción,  el  demandante  pretende  «apropiarse  de  un  bien que (…) nunca negoció y  mucho  menos  pagó el precio, tratando de engañar a la justicia con sus falsas  afirmaciones,    para  apoderarse  de  un bien que nunca fue adquirido por él, queriéndose aprovechar  del  favor»  que,  en  su  momento,  le  solicitó la  familia XXXXXXXX.   

         

La  demandada,  con  base  en los hechos que  expuso,  planteó las excepciones de «inexistencia de  la      causal      invocada»,     «enriquecimiento     sin    causa»    y  «prescripción».  [Folio  67, c.1]   

3.   La  sentencia  de  primera  instancia,  dictada  el  veintiuno  de  octubre  de  dos  mil  once, declaró la simulación  absoluta  del  contrato  materia  de  la  acción, de ahí que el  inmueble  objeto  del  mismo  era  de  propiedad  del  actor, y ordenó, por tanto, que la  demandada   procediera   a   restituirlo. [Folio 928, c. 3]    

4.  Inconforme con el fallo, la accionada lo  recurrió en apelación. [Folio 930, c. 3]   

II. LA PROVIDENCIA IMPUGNADA  

El  diez  de  agosto  de  dos  mil  doce, el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Montería dictó sentencia, en la  que  revocó  la  del  a-quo  para,   en   su   lugar,   negar   la   totalidad   de   las   súplicas  de  la  demanda.   

En  sustento  de  su  decisión,  la  citada  Corporación  luego  de  historiar  lo acontecido en el trámite y de admitir la  satisfacción  de  los  presupuestos  procesales,  expuso  los  argumentos que a  continuación se compendian:   

1.  Por razones de  lógica  era necesario acometer primero el estudio de la nulidad absoluta que se  adujo   como   pretensión  subsidiaria,  respecto  de  la  cual  consignó  los  siguientes razonamientos:   

1.1.          El pedimento del actor encuentra sustento  en  el  numeral  1º  del  artículo  1502 del Código Civil, como quiera que su  queja,  consistente en que «al momento de realizar el  negocio   jurídico   no  contaba  con  la  capacidad  de  ejercicio»,  está  relacionada con «la capacidad  para               obligarse».   

1.2.          La  tacha  por sospecha formulada por el  demandante  respecto  de algunos de los testigos, al tenor del artículo 218 del  Código   de   Procedimiento  Civil,  no  impide  valorar  las  correspondientes  declaraciones.   La   exigencia   legal  es  que  su  apreciación  se  efectué  «en  conjunto  con  el resto del material probatorio  recaudado».   

1.3.   De   los  indicados  testimonios y los documentos obrantes en el expediente, incluidos los  que  se  anexaron  durante  la  práctica  del  interrogatorio  rendido  por  la  demandada  se  desprende  que «el demandante, si bien  tuvo  una crisis paranoide y sufrió de alcoholismo, no se demostró que para la  fecha  en  que  suscribió  la  escritura  pública  No.  65  del  23-01-02,  se  encontrara    en    esas    condiciones,    todo   lo   contrario,   el   doctor  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,   

médico tratante del señor XXXXX, testificó  que  no  obstante  haberlo  atendido por esos trastornos para los años 81 y 82,  superó   esa   enfermedad   sin   tener  conocimiento  de  que  haya  vuelto  a  recaer»,  aserto  que  igualmente  sustentó  con las  certificaciones  expedidas  por el galeno XXXXXXXXX XXXXX, visibles a los folios  13 y 15 del cuaderno principal.   

1.4.         Los restantes  declarantes  manifestaron  que «tuvieron conocimiento  de  esos  trastornos, pero  que  no  saben  si para la fecha de suscripción de la escritura pública No. 65  se  encontraba  bajo  esos  padecimientos,  al  punto de señalar que lo veían,  dentro   de   lo  que  se  podía,  bien».   

1.5.                                   Igualmente, las  historias  clínicas  allegadas  informan, en relación con el actor, de algunas  «enfermedades virales o de otro tipo y, referente al  trastorno  siquiátrico,  ninguna da cuenta de que lo haya sufrido para la fecha  de   celebración  del  asunto  debatido».   

1.6.             No  obra  prueba  en  el  expediente que acredite que el demandante hubiere sido declarado  incapaz,  debiéndose  atender que la ley «presume la  capacidad  de ejercicio de toda persona mayor de 18 años mientras no se declare  lo  contrario  por  el  juez competente a través de un proceso de interdicción  por demencia».   

1.7.          Consecuencia  de  lo  anterior,  «la aludida pretensión de nulidad  (…)  no  fue  probada  en  el  sub-judice,  asistiéndole  razón  a  la parte  demandada  en  la sustentación de la alzada, por lo que, respecto a este primer  punto  analizado,  que no fue estudiado en la sentencia de instancia, habrán de  negarse  las  pretensiones  de la demanda».                            

2.  En torno de la  simulación    del    negocio   jurídico,   el   ad  quem    enfatizó   en   lo   siguiente:   

2.2.          La confesión  es  un  medio  de  prueba  regulado  en  los artículos 194 a 201 del Código de  Procedimiento  Civil  que  debe  «aceptarse  con las  modificaciones,  aclaraciones  y explicaciones concernientes al hecho confesado,  excepto  cuando  exista prueba que la desvirtúe», por  lo   que   es   indivisible,   principio   que   propugna   por   «la  inseparable  conexidad  entre  lo  que  se confiesa y lo que se  adiciona  o  agrega,  cuando  las  explicaciones dadas por el confesante guarden  íntima  relación  con  el  hecho  reconocido  como  cierto,  hasta el punto de  integrar  una  unidad  jurídica  que el principio de la lealtad procesal impide  dividir,   a   fin   de   que   quien   la   provocó   no   pueda  hacer  uso  únicamente  de  lo  que  ella le beneficia».              

2.3.               En  el  proceso,  la  accionada,  no  obstante  que  al contestar la demanda aceptó los  hechos  de la misma, explicó que «no se aprovech(ó)  de  las  circunstancias de salud del actor y que el otorgamiento de la escritura  pública  No.  65  de enero 23 de 2002, era una obligación que había adquirido  el   demandante   cuando   se   le   ‘transfirió    el   bien’,  pues,  él  sólo  prestó  su nombre (testaferro), toda vez que  (…)   la   negociación  y  pago  fueron  hechos  por  el  señor  XXXXXXXXXXX  XXXXXXXX,  padre  de  la  demandada».   

2.4.                Tales  manifestaciones  de  la  accionada  fueron  indebidamente  divididas por el juez  a-quo, como quiera que tomó  «apartes  de lo dicho en la contestación del libelo  para  darle el efecto jurídico de un acto confeso, dejando de lado el análisis  que  la  parte  pasiva hizo en su defensa»,  relacionado  con  la  suscripción por parte del demandante de un documento privado en el que  «reconocía  a su hermana como propietaria de varios  bienes,    entre    ellos   el   que   es   objeto   de   la   litis».   

Ese proceder del sentenciador contrarió las  reglas   que   disciplinan   la  prueba  de  confesión,  como  quiera  que  con  él, dicha autoridad separó  las  diferentes  manifestaciones  contenidas  en  el  escrito de respuesta de la  demanda  y  dejó  de  apreciar «el documento privado  donde,  se  itera,  el demandante reconoc(ió) a su hermana como propietaria del  bien  generador  de este litigio, circunstancia que conlleva a que el fundamento  de  la  sentencia  no sea tal -confesión- y deba la Sala entrar al análisis de  las  pruebas  obrantes  en  el  plenario  para determina si hubo o no la aludida  simulación».     

                                  

2.5.            El referido  documento  es  demostrativo  de  que las partes no convinieron disimular el acto  contractual;  que  su voluntad no fue «diferente a la  declarada»,   y   que   la  escritura  pública  controvertida  se  otorgó  en  cumplimiento  a  lo pactado entre el demandante y su hermana XXXX XXXXXXXXXX, lo  que deja sin sustento la tesis de la simulación.   

2.6. Al aseverar el  demandante  que  su  sobrina se valió de la enfermedad que lo aquejaba para que  firmara  la  escritura  de  venta «confesó de manera  simple    o    espontánea    que    no    hubo    acuerdo   para   ‘engañar,   ya   sea  inocuo,  o  en  perjuicio  de  la  ley  o  de  terceros’».   

2.7.   Con   el  documento  firmado  por  el actor se desvirtúa que hubiese sufrido algún daño  con    la    negociación    combatida,    puesto    que    él   «expresó  claramente  (…),  que  no  entregó  dinero alguno a la  vendedora  inicial  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  por  ese bien y que el mismo  pertenecía  a  su  hermana;  todo lo contrario, con ese escrito constituyó una  obligación  a  su  cargo  consistente en devolver el bien a su hermana XXXXXX o  transferirlo     a     la     persona     que     ella     señalara».   

2.8.            La señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXX  al  rendir testimonio puso al descubierto que «el  señor  XXXXXXXX no fue el real comprador del bien objeto de la  Litis  y  que el mismo no pagó valor alguno por él»,  en  la  medida  que  bajo  la  gravedad  de  juramento  aseveró  «que  ella  nunca  le vendió al señor XXXXXXXXXX, la casa la ponen  (sic)  a  su  nombre, porque la casa se (la) vendí (…) al señor XXXXXXX, él  me  pagó».              

2.9.         En ese orden,  le  asistía  razón  al recurrente cuando manifestó que no existió confesión  de  la simulación y que la misma no se configuró porque no hubo acuerdo previo  entre  las  partes  para  engañar, ni el actor sufrió perjuicio alguno, lo que  conduce   a   negar   las  pretensiones  del  libelo  frente  a  esa  solicitud.   

III.  LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

          Un  solo  cargo  con  estribo en la causal primera del artículo 368  del  Código  de  Procedimiento  Civil, propuso el demandante para cuestionar el  fallo  impugnado,  mediante  el  cual  denunció  el  quebranto  indirecto,  por  aplicación  indebida,  de  los  artículos  194  a  201,  218  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  1502 del Código Civil; y, por falta de aplicación, de  los  artículos  1511,  1741, 1766 de la precitada obra y 58 de la Constitución  Política,  todo  como  consecuencia  de  la comisión por parte del Tribunal de  «errores de hecho evidentes, protuberantes, notorios  y  trascendentes  en la apreciación material u objetiva de las pruebas obrantes  en el expediente».   

          Para  sustentar  la  censura,  su  proponente,  luego de memorar las  razones  que  esgrimió  el Tribunal en el fallo, adujo los planteamientos que a  continuación se resumen:   

          1.  La  base  esencial  de  la  sentencia  consistió    en    que    la    confesión    de    la    demandada, respecto de los hechos que configuraban  la  simulación  absoluta  deprecada,  fue  desvirtuada con el documento privado  suscrito  por  el actor el 13 de marzo de 1992 y con la declaración rendida por  la señora XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX.   

          1.1.  Así  las cosas, en relación con la  apreciación      que      el      ad-quem  hizo de  esos  medios  de  convicción, debe atenderse que en el proceso no se adujo como  fundamento  fáctico  que el inmueble objeto del mismo, esto es, la casa ubicada  en  la  carrera  2ª  No. 21-06 de Montería, hubiese sido comprada a la señora  XXXXXXXXXXXX  por  el  señor XXXXXXXXXXXX, o por la señora XXXXXXXXXX y, menos  aún,  por  la  demandada,  apreciación  que  contradice  abiertamente, por una  parte,  lo  que  reza  la escritura pública No. 788 de 19 de mayo de 1989, como  quiera  que  en  ella  figura el actor como su único comprador, y, por otra, el  hecho  de  que  dicho  documento se inscribió en la matrícula inmobiliaria No.  140-18988  de  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos Públicos de la citada  ciudad, que corresponde a la del mencionado bien.   

          Por  lo  tanto,  el  sentenciador  se equivocó al considerar que el  señor     XXXXXXXXXXXXXXX     actuó     como    un    simple    «testaferro»  de la familia XXXXXXXXXXXXX  al   suscribir   la  citada  escritura  pública,  pues  él  es  «el  verdadero comprador y propietario del bien inmueble»,  sin  que, en consecuencia, se hubiere desvirtuado la confesión  de la demandada, respecto de la simulación absoluta solicitada.   

     

          Las   circunstancias   precedentemente   advertidas  desvirtúan  lo  expresado  por  el  actor en el documento de 13 de marzo de 1992, en particular,  la  supuesta obligación que adquirió con Cecilia Encinales León de devolverle  el  inmueble  de  que  trata  el presente asunto, puesto que ella es,      por      completo,  ajena a la compraventa contenida en la  varias   veces   indicada   escritura   pública  No.  788  de  19  de  mayo  de  1989.   

   

          1.3.                      El ad-quem,   adicionalmente,   dejó   de  valorar  otros  medios  de  prueba  demostrativos  de  la  simulación  absoluta  y  de  que no existe la pretendida  identidad  entre  el  predio  objeto  de  la  demanda  y  aquel mencionado en el  documento   privado   que  se  le  enrostró,  es  decir,  que  dicha  autoridad  pretermitió  apreciar  hechos indicadores de que la compraventa celebrada entre  las  partes  de  este  litigio  fue  aparente,  como es la posesión  del bien por parte del demandante desde  la  fecha  en  que  lo  adquirió,  sin  interrupción alguna, circunstancia que  «descartaba  la  procedencia del documento privado y  su falsedad».   

          1.4.  Los  medios  de convicción y hechos  que   pasó   por   alto   el   Tribunal, son los siguientes:   

          a)  La escritura pública No. 788 de 19 de  mayo de 1989, otorgada en la Notaría Primera de Montería.   

          b)   La   matrícula   inmobiliaria   No.  140-18988  de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos Públicos de la misma  ciudad.   

          c)  La  posesión real y material ejercida  sobre   el   inmueble   desde   el   19   de   mayo   de   1989,  «desarrollando  mejoras, cancelando servicios públicos, impuestos y  mantenimiento       en       general».   

         

d) La sentencia del  30  de  abril  de  2008,  dictada  en proceso de restitución de inmueble por el  Juzgado     Cuarto     Civil    Municipal    de    Montería    (radicado    No.  00848-07).   

          e)  La  resolución  de  la  Fiscalía  21  Delegada,  «por  daño  en  bien  ajeno,  del  19 de  noviembre         de         2008».   

          f)   Las  declaraciones  de  los  señores  XXXXXXXXX   XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX   y   XXXX   XXXXXXX.   

          Respecto  de  las  mencionadas  pruebas,  la  corporación  judicial  incurrió  en notorios errores de hecho por preterición u omisión,     pues  «no  hizo  la más mínima  mención  a  ellos,  pese  a que son probanzas que demuestran que en el presente  proceso  lo que existe es una gran confusión con el documento privado del 13 de  marzo  de  1992, por cuanto como se ha hecho ver XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, nunca  realizó  negocio  con  la señora XXXXXXXXXXXX (sic) XXXXXXX, circunstancia que  impedía  ordenar la revocatoria de la sentencia de primera instancia, motivo de  recurso      en      su      momento».   

          Los   yerros   fueron   a   tal   punto  trascendentes  –sostuvo  el  censor- que condujeron al  Tribunal  a  que «tuviese por demostrado un hecho que  objetiva  y  materialmente  no  está  acreditado  en  el expediente»  como  es que el señalado inmueble no es ni ha sido propiedad de  la   familia  XXXX  XXXXX,  según  se  desprende de la invocada escritura pública No. 788 de 19 de mayo de  1989,  y  a  que,  concomitantemente,  le hubiese dado al actor el trato de mero  «testaferro»,   lo  que  incluso  comprometería  su  responsabilidad penal.   

IV. CONSIDERACIONES  

          1.  La  inconformidad  del  impugnante  se  circunscribió  a  la  negativa  del Tribunal a declarar la simulación absoluta  deprecada   en  las  súplicas  principales  de  la  demanda,  pese  a  que  esa  Corporación,  como  se  hizo  notar  al  compendiarse los argumentos en los que  soportó   su   fallo,   igualmente   desestimó   la  pretensión  subsidiaria,  consistente  en  que  se  declarara  nulo  absolutamente  el contrato base de la  acción,  determinación  esta  que,  al  no  haber  sido  cuestionada,  resulta  intangible  para  la  Corte,  de ahí el alcance parcial que tiene el recurso de  casación objeto de este pronunciamiento.   

          2.  Ahora bien, en punto de la simulación  absoluta    solicitada,    el    ad-quem   optó   por   desestimarla   con   base  en  dos  consideraciones  esenciales:   

          2.1.                     En  primer  lugar,  que  la confesión en que se  fundó  el  a-quo  para  declararla  próspera,  no  se  configuró,    pues   dicha   autoridad   separó   impropiamente   las   varias  manifestaciones  que  hizo la accionada al responder el libelo introductorio, lo  que  contradice  el  principio  de  indivisibilidad  que  rige  dicho  medio  de  convicción,  y  de  esta manera dejó de apreciar que aquella negó que hubiese  abusado   de   las  condiciones  de  salud  del  actor  y  afirmó  que  con  la  transferencia  efectuada,  éste  cumplió  la  obligación  que  tenía  con su  progenitora  de  devolverle el inmueble, como consta en el documento privado que  suscribió el 13 de marzo de 1992.   

          2.2.                     Y, en segundo término, que valorados los medios  persuasivos  recaudados  en el proceso, no obra prueba que la acredite sino que,  por  el  contrario,  se  incorporaron  elementos  de  juicio  que  la niegan, en  particular, los siguientes:  el  documento  privado  otorgado  por  el actor el 13 de marzo de 1992, quien lo  reconoció  ante  notario  público  en esa misma fecha; y la declaración de la  señora XXX XXXXXXXXXXXXXXXX.   

3. Siendo ello así,  como  en efecto lo es, resulta evidente que ninguno de los señalados argumentos  aducidos  por el Tribunal fueron eficazmente atacados por el censor, como pasa a  analizarse:   

3.1.          Ya  se  dilucidó que la razón esencial  para  que  el  sentenciador  de  segundo  grado  estimara  inexistente la prueba  confesión    en   la   que   el   a-quo   estructuró   su  fallo,  fue  la  indivisibilidad  que  predicó  respecto,  por  una  parte,  de las respuestas que la demandada dio a los hechos  del  escrito  con  el  que  se  dio inicio a la controversia y, por otra, de las  explicaciones    adicionales    que    en    torno   de   ellos,   allí   mismo  consignó.   

3.2.           Ese   preciso   aspecto,   el   de  la  indivisibilidad,  no  fue  siquiera  contemplado  por el recurrente, de modo que  ninguna  apreciación  efectuó sobre el particular y, mucho menos, una dirigida  a  enervar  la  postura  que en el punto asumió el ad  quem,  limitándose  a insistir en la ocurrencia de la  confesión,  planteamiento  este que, como es obvio, no alcanza a desvirtuar tal  fundamento  medular  del  fallo  de  segunda instancia, pues se hacía necesario  discutir  y  comprobar  que el hecho confesado y las explicaciones que sobre él  se adicionaron, eran escindibles.   

Al respecto, cabe memorar que -como lo tiene  precisado    la    Corte-  «no    menos    conocido   es   que   ‘(…)  la ley deja al arbitrio de los  jueces  el  análisis  de la confesión para calificarla de individua o dividua,  según  que  de  su contenido encuentren que el hecho añadido como explicación  tenga  o no conexión íntima con el confesado; que los dos sean inseparables, o  separables,  el  juicio  que  en  el  punto se forme el tribunal es intocable en  casación,   a  menos  que  aparezca  ostensiblemente  contraevidente    con    la   prueba   que   la   realidad   ostenta’»  (G.J.  t.  CLI,  p. 5, citada en CSJ SC, 4 Abr. 2002,  Rad. 6941) (se subraya).   

          3.3.             Por resultar ello fundamental, es  pertinente   reproducir,   en  lo  que  corresponde,  el  documento  suscrito  y  reconocido  ante  notario  por  el  demandante  el  13  de  marzo  de  1992, que  reza:   

Yo,  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  mayor  y  vecino  de Montería, identificado con la cédula de ciudadanía N. 6.858.023 de  Montería, por el presente hago constar:   

1.)  El  inmueble  urbano  situado  en esta  ciudad,  barrio  Chuchurubí, calle 21 con carrera 2ª, #21-06 y ficha catastral  N.  01-2-223-011-00  y  a que hace referencia la escritura pública N. 788 de 19  de  mayo  de  1989  de  la  Notaría Primera de Montería, que fue otorgada a mi  favor  por  la  señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXX,  es de propiedad de  XXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXX  y por tanto el instrumento público a que aludo es  simulado  en todas sus partes, ya que yo no he intervenido en esta negociación,  no  he  pagado  precio  alguno,  no he recibido nada, no he poseído nunca dicho  bien  y ni siquiera conozco a la persona que figura como vendedora. Que se trata  de   una   escritura   de   confianza   a   pedido   de   mi  hermana  legítima  XXXXX.-   

(…)  Por tanto,  siendo  yo  un testaferro me obligo a traspasar el dominio de tales bienes en el  momento  en  que mi hermana disponga por escrito a favor de ella o de la persona  que  ella  indique.  Que  no  puedo  ni  usar  tales  bienes,  ni  gravarlos  ni  enajenarlos  so  pena  de  incurrir  en  los delitos y sanciones previstas en el  código penal.   

Para constancia firmo en Montería a los 13  días del mes de Marzo de 1992.   

3.4.              El     Tribunal     –según  se  enunció-  extrajo  de ese  documento     que     quienes    son    parte    en    el    proceso,    «no  convinieron   disimular   el  acto  contractual»  que  celebraron,  ni  plasmaron  en  él nada diferente a su genuina voluntad, por lo  que  con  la  compraventa  aquí  controvertida,  el actor dio cumplimiento a la  obligación  que  había  adquirido con su hermana XXXXXXXXXXXXXX, de devolverle  el  inmueble  objeto del litigio, transfiriéndolo a quien ella le indicó, esto  es, a su hija XXXXXXXXXXXXXXX.   

Con  el  indicado  escrito,  además, quedó  desvirtuado  el  fundamento  aducido  en  la  demanda  a favor de la simulación  deprecada,  esto  es,  que  la  accionada  se  hubiere  valido  de  la  presunta  enfermedad  sufrida por su tío para que éste suscribiera la escritura pública  contentiva  de  la  compraventa y, por consiguiente, que dicho negocio jurídico  hubiese   tenido   el   propósito  de  engañar,  desmintiéndose  también  la  alegación  del demandante sobre el perjuicio que le habría sido irrogado, toda  vez  que  él admitió, por una parte, que la casa sobre la que ella versó, era  de  propiedad  de  su hermana XXXXXXXXXXXX; y, por otra, que no canceló suma de  dinero alguna por la misma a la vendedora XXXXXXXXXXXXXXXXXX.   

3.5.         Teniendo como  punto  de  partida  que  de  acuerdo con la doctrina jurisprudencial de la Corte  solamente      el      yerro      “evidente,  paladino,  manifiesto  u ostensible, es decir,  de naturaleza tal que exista palmaria contradicción  entre  lo allí afirmado y la realidad  que  surja  de los autos” (CSJ SC, 3 Jun. 2008, Rad.  1997-11872-01) configura el  “error    de   hecho  manifiesto”  de que trata el inciso 2º  del  numeral  3º del artículo     374    del    Código  de  Procedimiento  Civil,  encuentra  la  Sala,  cotejado  el  contenido  objetivo  de  la  referida  probanza  y las  conclusiones  a  las  que, en cuanto a ella, arribó el Tribunal, que en ningún  error  o,  por  lo  menos,  en  uno  de  la  advertida naturaleza, incurrió esa  Corporación  al  apreciarla,  pues  sus deducciones fácticas acompasan con las  manifestaciones  que  en  el  referido documento plasmó el actor, circunstancia  que   por   sí   misma   impide   reconocer   prosperidad   a   la   queja  del  censor.   

3.6.         Se adiciona a  lo  anterior  que  el  planteamiento  del recurrente, consistente en que la sola  circunstancia  de  que  la  señora  XXXXXXXXXXXXXXXXX  no fue la adquirente del  mencionado  inmueble  desvirtúa  el  contenido  del documento de 13 de marzo de  1992,  en  particular,  la  obligación  que  allí  el demandante reconoció de  regresarle  el  inmueble  a  aquélla,  carece  de  virtud  para  desvirtuar las  conclusiones  del  Tribunal derivadas de la precitada pieza procesal, pues dicha  autoridad  no  soportó  su juicio en que la nombrada persona hubiese sido quien  compró  el inmueble a la señora XXXXXXXXXXXXXXX sino, lo que es bien distinto,  en  que el promotor de este litigio reconoció expresamente que no fue él quien  en  realidad,  de un lado, realizó dicho negocio jurídico y, de otro, pagó el  precio  convenido  en  la  escritura  pública  No.  788  de 19 de mayo de 1989,  otorgada en la Notaría Primera de Montería.      

    

3.7.               En  lo  concerniente     con     la     declaración     rendida    por    la    señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX1,   basta   señalar   que  al  preguntársele  sobre  la  venta  que hizo de la casa ubicada en la calle 21 con  carrera  2ª  de  la citada ciudad, contestó: «Yo le  vendí  al  doctor  XXX,  él  nunca  la  vendió,  la casa la ponen a nombre de  XXXXXXXXXXX  y  XXXX  quería  quedarse  con  la  casa  y  XXX se la pedía para  dársela  a sus hijas, XXXX no quiere dar la casa, el doctor XXXX me llamó para  decirme    que    XXXXX    se    quería    quedar   con   la   casa», y al cierre  de  la  diligencia,  la  testigo insistió en que le había vendido del predio a  XXXXXXXXXX, quien le pagó el precio que pactaron.   

Como  en  el  caso  de  la prueba documental  anteriormente  analizada,  es forzoso, entonces, colegir que en ningún desatino  mayúsculo  incurrió  el  sentenciador  de  segunda instancia cuando invocó el  memorado  testimonio  como  prueba  de refuerzo para arribar a la conclusión de  que   el   señor  XXXXXXXXXXXXX  «no  fue  el  real  comprador»   del   objeto  de  la  litis  y  que  el  mismo    «no  pagó valor alguno por él», en tanto  que  ese  fue  el  sentido  de  las  manifestaciones de la declarante, quien es,  precisamente,  la  persona  que,  según  su  propio  dicho, vendió ese bien al  señor  XXXXXXXXXX,  esposo  de  XXXXXXXXXXXXXXX  y padre de la aquí demandada,  dejando  en claro la deponente que el inmueble fue puesto a nombre del actor por  aquéllos.   

4.           Manteniéndose sólidos todos y cada uno  de  los  fundamentos  de la sentencia impugnada, deviene como obligado corolario  que  la  misma no está llamada a casarse y que, por consiguiente, resulta inane  examinar  el  reproche  del recurrente relativo a la preterición de las pruebas  que  especificó,  acusación  que,  adicionalmente,  resulta  frustránea,  por  cuanto  no satisface la exigencia formal de su debida comprobación, prevista en  el  numeral  3º  del  artículo  374  del  Código de Procedimiento Civil, como  quiera  que  el  censor se limitó a enunciar las pruebas presuntamente omitidas  y,  por  lo  mismo,  no  realizó  ninguna  labor  de contraste, como tenía que  hacerlo,  entre  su  contenido  objetivo  y  lo  que  de ellas debió inferir el  juzgador.   

De  manera insistente ha predicado la Corte  que  para  la  debida  acreditación  de  los  yerros fácticos no es suficiente  relacionar   «las   pruebas   que  se  estiman  mal  apreciadas»  y  expresar  «una crítica razonada sobre  la   tarea  evaluativa  que  en  torno  a  ellas  hizo  el  fallador»,  pues  son necesarios «argumentos tan  concluyentes  que  la  sola exposición del recurrente haga rodar por el piso la  labor    probatoria    del   Tribunal’  (cas.  civ.  febrero 23 de 2000, exp. 5371), propósito que no se  alcanza       contraponiendo      ‘la  interpretación  que  de  las pruebas hace el censor con la que  hizo   el   Tribunal’,  sino         confrontando         ‘la  sentencia con el derecho objetivo  y       la       violación       patente      del      sentenciador’,  de  suerte  que  para  exhibir  la  evidencia  y  la  trascendencia  del  error,  se torna  indispensable  ‘cotejar lo  expuesto  en  el  fallo  con  lo representado por la prueba, a fin de que de esa  confrontación   brote  el  desacierto  del  sentenciador,  de  manera  clara  y  evidente»   (CSJ  SC,  29  Feb.  2000,  Rad.  6184, reiterada en CSJ SC, 31 Mar.  2001,   Rad.   7141   y  en  CSJ  SC,  9  Feb.  2004,  Rad.  7577)  (El subrayado no pertenece al texto original).   

5.   El  cargo  auscultado, por lo tanto, no está llamado a prosperar.   

V. DECISIÓN  

        Por  lo  anteriormente  expuesto,  la Corte Suprema de Justicia, en  Sala  de  Casación  Civil,  administrando justicia en nombre de la República y  por  autoridad de la ley, NO  CASA    la   sentencia  pronunciada  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Montería  en  el proceso ordinario antes  referenciado.   

Costas  del  recurso extraordinario a cargo  del  recurrente. Tásense por Secretaría, incluyendo la suma de $6.000.000 como  agencias en derecho a favor de la parte demandada.   

En su oportunidad, devuélvase el expediente  a la Corporación de origen.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1  Folios 744 y 745, c. 3     

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