SC5798-2014 [2009-00978-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado Ponente  

SC5798 -2014  

Radicación           No.  05001-31-10-003-2009-00978-01   

(Aprobado en sesión de treinta y uno de marzo  de dos mil catorce)   

Bogotá  D.  C., nueve (9) de mayo de dos mil  catorce (2014).   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  que interpuso la parte demandante contra la  sentencia proferida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, dentro del proceso  ordinario de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A.   La pretensión  

La  señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXXX acudió a la  jurisdicción  para que con citación y audiencia de XXX XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  y   de   los   herederos  indeterminados  de  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  se  declarara  la nulidad absoluta del  testamento  otorgado  por  éste,  disponiéndose que la designación de albacea  allí  realizada  no tiene efecto alguno, y que la designada como tal no ostenta  derechos en la sucesión.    

En consecuencia, solicitó que se condenara a  la  demandada  a  devolverle  los bienes del causante y pagar los frutos civiles  percibidos  y  aquellos que se hubieren podido producir con mediana inteligencia  y  cuidado,  estando aquellos en su poder.   

B. Los hechos  

1.   El  señor  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  quien  contrajo matrimonio con la demandante por el rito  católico  el  15  de agosto de 1981, falleció en Medellín el 14 de octubre de  2009,  lugar  de  su  último  domicilio  y  asiento  principal de sus negocios.   

2.  Al  morir,  no  tenía      ascendientes,      descendientes,      ni     herederos     forzosos  conocidos.   

3.   Mediante  escritura  pública  No.  1309  de  31  de  junio de 2008, protocolizada ante la  Notaría  Catorce  de  Medellín, el citado causante otorgó testamento abierto,  público  o  nuncupativo, en el que instituyó a la señora XXXXXXX XXXXXXXXXXXX  como   heredera   universal   y   la   designó  como  albacea  con  tenencia  y  administración de bienes.   

4.  En el señalado  acto  notarial «se incurrió en algunas inexactitudes  y  violaciones»,  como  quiera  que se indicó que el  matrimonio  del  testador  tuvo  lugar  en  agosto  de  1980;  no  se colocó la  dirección  donde se localizaban los testigos y se desconocieron los derechos de  la cónyuge sobreviviente, señora XXXXXXXXXXXXXXXX.   

5.  Dicha  memoria  testamentaria,  además,  violó  el  numeral  14 del artículo 1068 del Código  Civil,  por cuanto «uno de los testigos (…), señor  XXXXXXXXXXXXXXXXX,  con  C. de C. No. 15.444.520 era hasta después de la muerte  del  causante,  señor  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, su empleado o dependiente y de su  esposa  legítima,  señora  XXXXXXXX  XXXXXXXXXXX,  hasta  el 31 de octubre del  2009,  fecha en (la) que renunció voluntariamente. El señor XXXXXXXXX XXXXXXXX  tenía  una  dependencia  económica y una subordinación completa del causante,  señor    XXXXXXX    XXXXXXXX    y    de   su   cónyuge,   señora   XXXXXXXXXX  XXXXXXXXXX».   

6.  Como el proceso  versa  sobre  la  nulidad  absoluta  de  un  testamento con el que se lesionaron  intereses  de  orden  público,  dicho  vicio  «no es  saneable   por   las   partes   y   por   tanto  no  es  conciliable».   

7. La actora, en su  condición  de  cónyuge  supérstite  del  testador,  tiene  interés en que se  declare la nulidad impetrada.   

C.    El   trámite   de   la  primera  instancia   

1.  El  libelo  fue  admitido por el Juzgado  Tercero  de  Familia  de  Medellín  mediante  proveído  de  2  de diciembre de  2009. [Folio 15, c. 1]    

3.   Surtido  el  emplazamiento  de  los  herederos  indeterminados del causante XXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXX,  el  curador ad litem  que  se  les  designó contestó la demanda, en virtud de lo cual se opuso a sus  pretensiones      y      propuso     la     excepción     de     «inexistencia  de  la  nulidad  invocada»,  fundada  en que la mera existencia de un contrato de trabajo entre el testador y  el  testigo instrumental, no es suficiente para deducir la inhabilidad de éste.  [Folio 76, c. 1]   

          4.  La   sentencia   de   primera   instancia   de   30   de   marzo  de  2011,    denegó    las  pretensiones  del  libelo  introductorio  y  condenó a la actora al pago de las  costas del proceso. [Folio 108, c. 1]   

5.  Inconforme con el fallo, la accionante lo  recurrió en apelación. [Folio 112, c. 1]   

II. LA PROVIDENCIA IMPUGNADA  

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Medellín  dictó  sentencia  el  2  de marzo de 2012, en la que confirmó la de  primera instancia.   

Como   sustento   de   su   decisión,  el  ad-quem   expuso   los   argumentos  que  a  continuación se compendian.   

1. La legitimidad de  la  demandante  y  de  la  accionada  está  determinada, por ser la primera, la  cónyuge  supérstite  del  causante  Mario  XXXXXXXXXXXXXXX  y  la  segunda, la  persona  que  en el testamento se designó como heredera universal y albacea con  tenencia de bienes.   

Idéntica  prédica  no  cabe  hacerse  en  relación  con  los  herederos  indeterminados  del  señor XXXXXXXX, puesto que  ellos   «nada   tienen  que  ver  con  el  referido  testamento,  lo  que  determinaba  la  improsperidad  de  las pretensiones en su  contra,  como  lo decidió el señor juez».   

2. En respaldo de la  nulidad  absoluta reclamada en la demanda, se adujeron tres causas diversas:   

En   primer   lugar,   que  «el  testigo  testamentario,  XXX  XXXXXXXXXXXXX,  en  el momento de  elaborarse  la  testamentifacción,  era  dependiente  o doméstico, no solo del  testador,    sino    también    de    su   consorte,   la   aquí   demandante,  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  es  decir,  no podía ser testigo, por recaer en aquel la  inhabilidad     prevista     por     el     artículo    1068    -14-    del   Código   Civil,   según   el   cual,   ‘No   podrán   ser  testigos  en  un  testamento   solemne  otorgado  en  los  territorios:  14)  Los  dependientes  o  domésticos      del      testador,      de      su     consorte,…’».   

En  segundo  término,  que al momento de la  elaboración      del     testamento     de     que     se     trata,    «se  incurrió   en   algunas   imprecisiones».   

Y,   finalmente,   que  con  ese  acto  se  «desconocieron  los  derechos  hereditarios  de  la  accionante».   

3.  Así las cosas,  el  Tribunal  se  refirió  de manera general al testamento, en relación con el  cual   destacó   que  es  «un  acto  más  o  menos  solemne»,  «unilateral»,  que  está  regido «por el principio de la autonomía  de      la      voluntad»     y     «personalísimo».   

          Aludió  a  su  anulabilidad,  cuando el  testador  está  incurso  en algún motivo de inhabilidad, y advirtió que, como  «acto   o   declaración   de  voluntad»,   debe   cumplir   los   requisitos   de   todo   «acto  jurídico»,  los cuales son de dos  categorías:  «unos  son  internos y conciernen a la  capacidad  legal  del  otorgante y a la perfección de su voluntad, en tanto que  otros  son externos y se refieren a la forma del acto, es decir, al modo como se  perfecciona»,  aserto que sustentó con reproducción  parcial de un fallo de esta Corporación.   

El   testamento   solemne   –observó-  «es siempre  escrito   (artículo   1067)   y   puede   ser   abierto  o  cerrado»,  clasificación  que  lo  llevó  a  puntualizar  que  los de la  primera    especie,   se  caracterizan   porque   «(…)   el  testador  hace  sabedor(es)  de  sus  disposiciones al notario, si lo hubiere, y a los testigos,  según  lo  estipula  el artículo 1072 ibídem, norma que correlacionada con la  1074  de  ese  cuerpo  legal  lleva  a concluir que su formalidad esencial es la  lectura  que  el  notario  o  el  testigo señalado por el otorgante,  realicen  del  testamento».   

Tales   actos  están  amparados  por  las  presunciones        de        «validez»        y       de       «capacidad»  de  quien  lo  otorga,  las  cuales   admiten  «prueba  en  contrario»,  por  lo  que  «quien  lo  cuestione  soporta  la  carga  probatoria,  acudiendo  a  medios pertinentes y eficaces, de  acreditar  los  hechos que aduce para tratar de aniquilarlo (C. P. C., artículo  177)».   

En  punto  de  la  capacidad  no aplican las  reglas   generales   de   los   artículos   1503  y  1504  del  Código  Civil,  «en     atención     a     que,     ‘desde  el  punto  de  vista  de  las  facultades  mentales  la  ley declara inhábiles para testar no sólo a quien se  halla   bajo  interdicción  por  causa  de  demencia,  sino  también  a  quien  actualmente  no  estuviere  en  su  sano juicio por ebriedad o por otra causa y,  además,  a  quien  de  palabra  o  por  escrito no pudiere expresar su voluntad  claramente  (art.  1061),  con lo que amplió notoriamente el número de los que  son  incapaces  en  general (art. 1504)’».   

Con apoyo en los artículos 1061 del Código  Civil  y  48 de la Ley 1306 de 2009, el ad-quem  aseveró  que  en  esta  materia  opera  «la  presunción,  de  derecho,  de  nulidad  de los actos y contratos ejecutados por el discapacitado,  después  del  decreto  de  interdicción,  y (de) validez, cuando no existe ese  decreto,  caso  en  el cual puede alegarse y demostrarse su realización bajo un  estado  de  demencia,  para  que  dimane  inválido.  Pero  es  precisamente, la  demostración   de  esa  situación  excepcional  o  de  alguna  de  las  demás  contenidas  en  el  artículo  1061  leído,  la  que  permite  derribar el acto  jurídico,    el    cual   generará   sus   efectos   mientras   ello   no   se  establezca».   

Del  mismo  modo, el sentenciador de segunda  instancia  se  ocupó  de  dilucidar las diferencias entre el testamento abierto  principal  y  el  subsidiario,  tras  lo  que  señaló  que  en uno y otro caso  «…Es   esencial  a  su  otorgamiento  su  lectura  integral  por el Notario, en alta voz cuando concurre, o por uno de los testigos  que      indique      el     testador».   

4.  Luego  de  las  anteriores  disertaciones  generales,  el  Tribunal  asumió el estudio del caso  concreto  sometido  a  su conocimiento y apuntó que frente al testamento objeto  de  la  presente controversia, la actora propuso «una  nulidad  externa,  al  referirse  a  la  inhabilidad  de  uno  de  los  testigos  instrumentales,    para    actuar    como    tal,    en   el   momento   de   su  otorgamiento».     

   

Sobre   el   particular   expresó   que  «…La presencia de los testigos instrumentales, que  son  tres,  si  se  trata  de un testamento nuncupativo ante notario, tiene como  objetivo  asegurar,  no  sólo  la  independencia  del  testador, para que no se  ejerza  presión  o  fuerza  contra  él,  sino  también juzgar, por su propios  sentidos  (ex  propriis  sensibus)  que  exista conformidad entre lo que se deja  escrito  y  su  real  y  verdadera  voluntad.  Se  trata entonces de garantizar,  además  de la independencia y autonomía del testador, para que su voluntad sea  libre,  que  el testigo testamentario actúe de modo imparcial y sin interés en  el    contenido    del    acto   que   con   su   participación   también   se  perfecciona».   

Advirtió     que     «…La   intervención   de  los  testigos  es  de  la  esencia  del  testamento»  y que «…Sus  calidades  aparecen  consignadas  para los testamentos solemnes, en el artículo  1068   leído,   las  cuales  giran  en  torno  de  su  credibilidad»,  el juzgador de instancia puso de presente que las inhabilidades  previstas  en  la  precitada  norma  «son de entidad  natural y legal».   

Aquellas   se   presentan   «en  el  caso de las personas que actualmente se encuentran privadas  de  la  razón o quienes no entienden el idioma del testador, salvo lo dispuesto  en  el  artículo 1081»; y las últimas «surge(n)  de  la  ley  que  las  establece  y  serán  absolutas  o  relativas.  Entre  las  primeras, están los menores de dieciocho años (numeral  2º),  los  extranjeros  no  domiciliados  en  el  territorio (numeral 10) y las  indicadas  en  el  número  8;  las restantes son relativas. Estas comprenden la  prevista    por    su    número    14».   

Enfatizó  en la evidente contradicción que  existe  entre el contenido del artículo 1119 del Código Civil y los motivos de  inhabilidad  previstos  en  los numerales 14 a 17 del artículo 1068 de la misma  obra.      

5.  Centrada  su  atención  en  la  causal  consagrada  en  el numeral 14 del precitado artículo  1068  del Código Civil, el  ad  quem reprodujo a espacio  el  fallo  de  la  Corte  de  13  de  octubre de 2006, en el que se puntualizó:   

(…) como así lo  ha  interpretado  esta Sala en varias sentencias de casación (G.J. t. IX, pág.  9;  LIV, bis, pág. 158; CCXLVI, pág. 1464, entre otras), el simple hecho de la  subordinación  laboral  a la que pueda estar vinculado el testigo testamentario  respecto  de  las  personas mencionadas en el referido ordinal, no es suficiente  para  configurar  la  inhabilidad  allí  prevista,  sino cuanto esté sujeto en  grado  sumo  al  sometimiento y subordinación patronal, a tal extremo que no le  deje  la  posibilidad de independencia y autodeterminación, todo de conformidad  con  las  particularidades  de  cada  evento,  que  por  supuesto  el juez ha de  analizar con el detenimiento necesario.   

Y, también con ayuda de la jurisprudencia,  señaló       que      «(…)      ‘en    materia   de   nulidades,   y  especialmente  en las referentes a los testamentos, el criterio debe ser siempre  estricto  y  jamás  de  ampliación, por lo grave que es dejar, sin fundamentos  muy  sólidos  y  sin  razones  muy  evidentes, ineficaz e inoperante la última  voluntad  del  testador’  (…)».   

En  ese  orden de ideas, el Tribunal pasó a  verificar  si, conforme las pruebas recaudadas, el señor XXXXXXX XXXXXXXXXXX se  «encontraba incurso o no en la causal de inhabilidad  estipulada  por  el  canon  1068  -14-  del  Código  Civil,  en  el momento del  otorgamiento  de la aludida memoria testamentaria, por ser, no sólo su empleado  o   dependiente,   sino   también  de  la  cónyuge  del  deponente,  XXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXX».   

Con  ese  propósito,  trajo a colación los  testimonios    que   fueron   escuchados   como   los   de   XXXXXXXXXXXXXXX   y  XXXXXXXXXXXXXXXXX,   quienes   admitieron   «conocer  directamente  que el señor XXXXXXXXXXXXXXXX era empleado (conductor) del finado  XXXXXXXXXX,  en  la  empresa de este, y de la señora XXXXXXXXXXX, permaneciendo  todo  el  tiempo  con  aquél, de quien recibía las órdenes, sin injerir en su  vida  personal,  como  también  que  el  nombrado  XXXXXXXXXX  tenía su propia  residencia,  lo  cual,  en  lo fundamental, corrobora el señor XXXXXXXXXXXXXXXX  -sic-    (f.  8),  al  aseverar  que el nombrado XXXXXXXX acompañaba, en su  calidad  de  conductor,  a la accionante, debido a la invidencia de ella, siendo  el  fallecido  XXXX XXXXX una persona de carácter fuerte, cuyas órdenes había  que  cumplirlas,  en  tanto que la señora XXXXXXXXXXXX XXXXX (f. 15) atestiguó  que  laboró  en  la  residencia  de  la  señora  XXXXXXXXXX  y que conoció al  nombrado   XXXX   XXXX   como   conductor   del  señor  XXXXXXXXXXX,  de  quien  recibía  órdenes, siendo  éste  de  temperamento fuerte. Esta declarante expresó que el finado XXXXXXXXX  le    mostró    a    XXXXXXXX,   de   quien   le   dijeron   que   ‘salía con XXXXXXXX, afirmación esta  última  que  resulta ser de oídas y, por consiguiente, no creíble».   

Del  interrogatorio de parte absuelto por la  demandante     destacó     que     ella     manifestó    que    «XXXXXXXXX   oficiaba   como   conductor   de  su  cónyuge,  siendo  autoritario  el  trato  que  éste  le  daba  a  aquél,  al  punto  que ella le  reprochaba  esa  actitud,  aunque  eran  buenos  amigos,  es decir, ‘tenía     buen    diálogo    con  ellos’  (f. 3). También  informó  no  recordar que tales personas compartieran actividades diferentes de  las  laborales  y  no  saber  que  su esposo tuviera con XXXXXXXXXX ‘contacto       personal       o  familiar’ (igual folio).  Igualmente  expresó,  al  inicio  de  su  interrogatorio,  que  conoció  a  la  demandada    XXX    XXXXXXXXXXXXX    ‘por  referencias  de mi esposo XXXX XXXXXXXXXXXXXX, con quien (…)  tenía  un  negocio  de  ganado en un sitio que se llamaba Bolombolo, la conozco  como  una  amiga  de  él, que tenían relación comercial, él se iba una o dos  veces   al   año   a   verle  el  ganado  y  digo  esto  bajo  la  gravedad  de  juramento’».   

El testigo XXXXXXXXXXXXXXXXXXX «dijo  que  no  conoció  al señor XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX»  y  que  la  declaración rendida por este último, no podía ser  tenida  en  cuenta,  «debido a que no fue juramentado  legalmente,  requisito  de la esencia del testimonio».   

A  continuación  concluyó:  «…El  referido  elenco  probativo,  documental  y  testimonial, da  cuenta  de  que  XXX  XXXXXXXXXXXXXX, cuando fungió como testigo, en la memoria  testamentaria  del  fallecido XXXXXXXXXXXXX XXXXX, trabajaba, como conductor, al  servicio  de  éste,  pero también transportaba a la consorte del nombrado XXXX  XXXXXX,  la  aquí  demandante,  en  cumplimiento  de  su  labor,  sin  que esas  relaciones  hubiesen traspasado el umbral de lo meramente laboral. En desarrollo  de  ese oficio, el señor XXXXXXXXXXXXX recibía órdenes que le daba el aludido  causante,  quien  las  emitía,  con  su  temperamento dominante, como lo hacía  (con)  sus  demás  trabajadores y su consorte, la señora XXXXXXXXXXX, quien le  reprochó       aquella      actitud».   

Agregó      que      «…Las  referidas  pruebas  no  dan  cuenta,  ni  por asomo, que la  independencia,  autonomía,  capacidad  volitiva y de discernimiento del testigo  instrumental  testamentario,  el  señor XXXXXXXX, estuviese afectada, en algún  grado,  por  ser trabajador, ya de la accionante o del testador o que, de algún  modo,  la  voluntad  de  éste,  para testar, hubiese estado afectada, en algún  grado,  por  la  intervención  de  ese testigo, antes, durante y después de la  confección  de  su  última  declaración de voluntad, con efectos post mortem,  valoración  que  le  atribuyó  el  señor  juez  a esas probanzas, sin que sus  conclusiones  resulten ser contrarias a las evidencias procesales, las cuales no  señalan  que la independencia del testador se hubiese menguado de alguna forma,  por  lo  que, el indicio grave, derivado de la no contestación a la demanda (C.  de  P.  Civil,  artículo 95), emerge como una ínsula que no puede soportar las  pretensiones,      contenidas      en     el     memorial     rector».   

Desde  otra  perspectiva, el sentenciador de  segunda   instancia   descartó   que   el   criterio   expuesto  por  la  Corte  Constitucional, al resolver  sobre  la  exequibilidad de algunos de los numerales del artículo 1068 del Código Civil, hubiese consistido  en   que,  «por  ser  el  testigo  testamentario,  dependiente o doméstico del  testador,  quede  automáticamente  inhabilitado  para  asumir  esa función, al  momento  de  confeccionarse  el  testamento,  pues  lo que buscó el legislador,  consistió  en ‘garantizar  la  autonomía  e  independencia del testador a fin de que pueda actuar libre de  todo  apremio,  así como buscar que el testigo testamentario pudiera actuar con  plena  imparcialidad, desprovisto de cualquier interés en el contenido del acto  a  cuyo  perfeccionamiento  contribuye’».   

El   ad-quem  añadió que «…En el caso  debatido,  ni  siquiera se vislumbra o mueve, aun tenuemente, algún vestigio de  sombra  o  nubarrón  que  permita  insinuar  la  ausencia de los requisitos del  referido   testigo   instrumental,  al  intervenir,  bajo  esa  calidad,  en  la  testamentifacción  del  nombrado  causante,  pues  ningún  interés tuvo en su  confección,  su  capacidad  de  autodeterminación  e  imparcialidad no estaban  comprometidas,  y  ninguna presión ejerció sobre el testador, quien libremente  dio   a   conocer   el  destino  que  seguirían  sus  bienes,  después  de  su  fallecimiento».   

6. En cuanto hace a  las  inconsistencias en las que, a decir de la parte demandante, se incurrió al  momento  de  elaborarse  el  testamento sobre el que versó la acción, defectos  que  invocó también como soporte de la invalidación por ella solicitada, esto  es,  en  palabras del Tribunal, que se dijera que «el  matrimonio   del   testador   se   realizó   en   agosto   de  1980»;    que  «no   se   indicaron   las   direcciones   de   los  testigos»    y    que  «se vulneraron los derechos  de   la   cónyuge   sobreviviente»,  esa  autoridad  consideró  que «no tienen la suficiente contundencia  para  generar  la  nulidad  de ese acto testamentario, visto que el domicilio de  los  testigos  no incide sobre su validez, ya que la indicación de ese aspecto,  que  de  ningún  modo afecta la capacidad o habilidad de la persona para actuar  como  testigo, tiene por finalidad permitir la ubicación del testigo y asegurar  su  individualización  y, por consiguiente, facilitar, en caso de controversia,  la  prueba acerca de la validez del testamento, puesto que, domiciliados o no en  el  lugar  de  su  otorgamiento,  ofrecen habilidad para intervenir en tal acto,  según  se  colige  del inciso final del artículo 1068 leído y del mismo canon  1069  in  fine, a lo cual se añade, de un lado que, efectivamente, el testador,  cuando  se  elaboró la escritura pública número 1.309 del 31 de julio de 2008  de  la  Notaría  14 de Medellín, estaba unido, en matrimonio religioso, con la  accionante  y,  del otro, el deponente carece de legitimarios, además de que la  nulidad  del  testamento  no  se  genera  por el hecho de que, eventualmente, el  testador   hubiere  desconocido  los  derechos del cónyuge supérstite (C.  Civil.   Artículos  1239,  1274,  1278)».   

III.  LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

          Dos  cargos  planteó  la  demandante  en  procura de lograr que sea  casada  la sentencia objeto de impugnación. La Corte los  resolverá en el  orden  lógico  que  corresponde,  es  decir,  en  primer lugar el que acusó el  quebranto  de  la  ley  sustancial  por  violación indirecta y luego aquél que  denunció la violación por recta vía.   

CARGO SEGUNDO  

          Con  respaldo en el motivo inicial enlistado en el artículo 368 del  Código  de  Procedimiento  Civil,  se  atribuyó  a  la sentencia impugnada ser  indirectamente  violatoria de los artículos 1068 numeral 14, 1740, 1741, 1742 y  1746  del  Código Civil, como consecuencia de los errores de hecho y de derecho  en  los  que  incurrió  el  Tribunal al apreciar las pruebas del proceso, en el  caso  del  último,  debido  a  la vulneración del artículo 187 del Código de  Procedimiento Civil.   

1.   Empezó  el  recurrente    por   reproducir   los   «raciocinios  probatorios» que esgrimió el sentenciador de segunda  instancia en su fallo.   

2.1.           El  cercenamiento  de  la  declaración  rendida  por el señor XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, toda vez que el Tribunal pasó por  alto   que   él   indicó   que   el   señor   XXXXX   XXXXXXX  «normalmente  se  encontraba  en estado de alicoramiento»,    circunstancia    que,    pese   a   ser   de   «gran  significado  para  comprender  la personalidad del testador y  para  hacer una seria evaluación de la prueba», dicho  juzgador ignoró.   

2.2.            Haberle    restado    «fuerza  probatoria al indicio grave derivado de la no contestación  de    la    demanda   por   quedar   ‘como     una     ínsula     que     no    puede    soportar    las  pretensiones’»,  defecto  que,  por  una  parte, calificó como «un problema de  hecho»  y,  por  otra,  estimó  que  aconteció como  «consecuencia  del  análisis  desarticulado que del  resto  de  la  prueba  hizo  el Tribunal», pues en tal  virtud  fue «que luego se encontró con la que llamó  ‘ínsula’  probatoria,  para  entrar a negarle  toda  eficacia  a pesar del valor que la propia ley le confiere, al calificar el  art.  95  del C. de P. Civil como indicio grave la conducta omisiva y negligente  de      la      parte      demandada».   

3.  Denunció luego  que  el  Tribunal  cometió  error  de  derecho,  toda  vez  que, en punto de la  valoración   probatoria,  «se  limitó  a  traer  a  colación,  inclusive  parcialmente,  lo  que cada uno de los testigos expresó,  para  luego,  sin  conjuntarlos  y  sin ningún esfuerzo razonativo (sic)  en torno de cada uno de ellos y en  su   comunión,   concluir   que   esa  prueba  no  demostraba  más  allá  que  XXXXXXXXXXXXXXXXXX           ‘trabajaba  como  conductor’    del    testador,    ‘sin  que  esas  relaciones hubiesen traspasado el umbral, meramente  laboral’»,  ponderación  que,  por lo tanto, «es un remedo mal hecho de lo que  imperativamente    exige    el   art.   187   del   Código   de   Procedimiento  Civil», que reprodujo.   

En consonancia con lo anterior, concretó la  acusación  afirmando  que  el  sentenciador de segunda instancia no apreció en  conjunto  las pruebas del proceso, «ni tuvo en cuenta  las  ‘reglas  de la sana  crítica’     para  sopesarlas,  ni  mucho  menos  expuso  ‘razonadamente  el  mérito’  que  a  cada  prueba asignaba», labores  del  sentenciador  a  las  que  se  refirió  seguidamente  en  abstracto  y que  sustentó  con la transcripción de varios segmentos de algunos pronunciamientos  de esta Corporación, relacionados con tales temas.   

Precisó    que    los    «hechos    en    bruto»   que   quedaron  acreditados en el proceso, fueron los siguientes:   

i) Que XXXXXXXXXXXXXXXXX era trabajador del  señor  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  y  de  su  cónyuge  XXXXX  XXXXXXXXXX.   

ii) Que el trabajo de XXXXXXXXXXXXXX era el  de conductor particular o privado del testador y de la demandante.   

iii) Que XXXXXXXXXX era una persona humilde,  de escasos recursos, necesitado de su trabajo.   

iv)  Que el testador, señor XXXXXXXXXXXXX,  era                   ‘dominante’,  ‘temperamental’,     de     carácter     fuerte    y    permanentemente    estaba  embriagado.   

v)  Que XXXXXXXXXX fue testigo instrumental  del acto testamentario de su empleador.   

vi)  Que  en dicho testamento se instituyó  como    heredera   universal   a   la   demandada,   señora   XXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXX.   

vii)  Que  la  heredera  no  tenía ningún  vínculo de parentesco o de familia con el testador. Era su amiga.   

viii)  Que  en  el  testamento se dejó sin  derecho  alguno  a la demandante, quien además de ser persona invidente, era la  cónyuge del testador desde hacía veintiocho años.   

ix)  Que  la  demandada  no  contestó  la  demanda,  o  por lo menos lo hizo extemporáneamente cuando había precluído la  oportunidad      para      realizar      el     acto     procesal”.   

Luego  de  emitir su concepto, con ayuda del  artículo  23  del  Código  Sustantivo  del  Trabajo,  respecto  de  lo  que es  «la      subordinación      laboral», el recurrente observó:   

Si  alrededor  de  esta regla legal, que es  regla  de  la sana crítica para la apreciación de las pruebas en este caso, se  examina  el  rol  de  testigo  del  testamento que cumplió el señor XXXXXXXXX,  claramente  se  nota  que  esta  tarea  nada  tenía que ver con sus funciones o  labores  de  conductor  del  testador.  De  ahí  que su presencia en el acto no  pudiera  ser justificada por la simple subordinación laboral, pues si esto nada  tenía  que  ver  con  el  trabajo de conductor que él ordinariamente cumplía,  otra  tenía  que  ser  la razón; razón que sin duda alguna se encuentra en un  estadio  más  allá  de  la subordinación laboral, más fuerte, y si se quiere  arbitrario,  impuesto  por un empleador dominante, de fuerte carácter, sometido  a  los  efectos permanentes del alcohol, que antes que de un testigo imparcial e  independiente  de  su última voluntad, lo que requería era la presencia de una  persona  sujeta  a  su  querer,  y  sumisa  a  sus  órdenes extralaborales, que  guardara  silencio  sobre su intención de desproteger a su cónyuge invidente y  favorecer  a  una  amiga  íntima.  En  palabras más crudas, lo que el testador  requería  no  era  un  veedor  alerta  de  su  acto, sino un cómplice pasivo y  silencioso de su dañina intención.   

En ese orden de ideas, si el Tribunal hubiese  apreciado  las pruebas del proceso en la forma ordenada por el artículo 187 del  Código    de    Procedimiento    Civil,   habría   «descubierto  entonces  esa  subordinación    calificada    que   ha   predicado   la   Corte   Suprema   de  Justicia», atestación en sustento de la cual se indicó:   

(…)  hubiera  visto  que  la  personalidad  del  testador  (de  carácter  fuerte,  dominante,  temperamental),  como  la  identifican  los  testigos,  sumada  a  su  estado de  embriaguez  permanente,  que  fue  condición que el Tribunal pretermitió, como  quedó  visto,  conjugada con la humildad y necesidad del testigo testamentario,  era  el campo abonado para que el testador exhibiera ante su trabajador un poder  de  dominación  mayor  al  que  surge  de la simple relación laboral, hasta el  punto  de hacerlo concurrir como testigo de un acto reprochable desde todo punto  de  vista,  inclusive  desde la perspectiva del mismo testigo, puesto que con su  papel  extralaboral  estaba  cometiendo  un  acto  de  deslealtad con la señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  para  quien también trabajaba, según lo explicaron los  testigos  y  lo  constató  el  Tribunal,  pero sin derivar de ese hecho ninguna  consecuencia,  precisamente  porque  se  abstuvo  de  cumplir  con  el  deber de  armonizar  las  pruebas  y de justificar razonadamente el mérito otorgado a las  distintas  pruebas,  lo  cual  solo  hizo  con las que descartó, entre ellas el  indicio  grave por la no contestación de la demanda, que mirado en conjunto con  el  resto  de  la prueba adquiere una fuerza persuasiva que necio resulta negar,  porque  él arroja certeza sobre los hechos de la demanda, los cuales dan cuenta  de  una subordinación absoluta del testigo al testador, en todo caso mayor a la  de la subordinación laboral”.   

4.   El  censor  solicitó  casar  el  fallo  cuestionado y que, en sede de segunda instancia, la  Corte acceda a las pretensiones elevadas en la demanda.   

CONSIDERACIONES  

          1.  De  las  declaraciones de los señores  XXXXXXXXX      XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX     XXXXXXXXXXXXXX     y  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,   así   como  del  interrogatorio  que  absolvió  la  demandante,  el  Tribunal  infirió  la  comprobación,  por  una  parte,  de la  relación  laboral  que  para  la fecha en la que el señor XXX XXXXXXXXXXXXXXXX  otorgó  el  testamento  objeto  de  la acción existió entre éste y el señor  XXXXXXXXXXXXXXXXX   y,   de   otra,   que   dicho  nexo  no  incidió  sobre  la  «independencia,  autonomía, capacidad volitiva y de  discernimiento»  del  último,  lo  que  lo condujo a  estimar  que,  por  lo  tanto,  el  prenombrado  testigo  instrumental no estaba  incurso  en  la  inhabilidad establecida en el numeral 14 del artículo 1068 del  Código    Civil   y,   en   definitiva,   a   negar   las   súplicas   de   la  demanda.   

          2.  Contrastados  esos  razonamientos  del  sentenciador,  que  constituyen  la  plataforma  fáctica  de  su fallo, con los  reproches  que  en  el cargo que ahora ocupa la atención de la Sala le formuló  el  recurrente,  los  cuales  se  redujeron  a  denunciar  el  cercenamiento del  testimonio  rendido por el señor XXXXXXXXXXXXXXXXXX, en cuanto hace a que dicho  deponente  afirmó  que  el  testador XXXXXXXXXXX se mantenía en «estado  de  alicoramiento»,  la indebida  reducción  del  valor probatorio del indicio grave derivado del hecho de que la  demandada  determinada no contestó el libelo que dio origen al juicio y que las  pruebas  no  fueron  valoradas  en  la  forma  prevista por el artículo 187 del  Código  de Procedimiento Civil, resulta patente que el censor no los cuestionó  y  que,  por  lo  mismo, ellos continúan brindándole respaldo suficiente a las  deducciones  a  las  que, en el campo de los hechos, arribó el Tribunal, atrás  reseñadas.   

          3.  Ahora  bien,  la sola circunstancia de  que   el   ad   quem,  al  compendiar  el testimonio rendido por el señor XXXX XXXXXXXXXXXXXXX, no hubiese  hecho  expresa  referencia  a la manifestación del deponente relacionada con el  estado  de  alicoramiento en el que, según el deponente, se mantenía el señor  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  no  supone la preterición de ese hecho por parte de la  corporación  judicial,  toda  vez  que  el  citado declarante fue el único que  aludió a esa eventualidad.   

Ninguno de los otros testigos, en particular,  los      señores      XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX      XXXXXXXXXXX      y  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,   personas   más  allegadas  al  causante,  por  ser  empleados suyos, efectuaron manifestación semejante.   

Así  las  cosas,  es  dable entender que el  Tribunal  no  tuvo  por  acreditado  tal  hecho  con la sola versión del señor  XXXXXXXXX  y que, por consiguiente, no hizo referencia al mismo, sin que, por lo  tanto, su actitud califique como un yerro fáctico.   

La  precedente  hipótesis  no sufre ninguna  variación,  como  consecuencia  de  que  la demandante, en el interrogatorio de  parte  que  absolvió,  también  hubiere  sostenido  que  su  esposo, el señor  XXXXXXXXXXX,  era  un «borracho cotidiano»,  pues  tal  manifestación  no reúne los requisitos del numeral  2º  del  artículo  195  del  Código de Procedimiento Civil, para tenerla como  prueba de confesión.   

4.  No obstante lo  anterior,  si  en  gracia  de  discusión  se  admitiera  la comprobación en el  proceso  del  mencionado  hecho,  habría que concluir que él carece de entidad  suficiente  para  revertir  las  conclusiones que el juzgador obtuvo respecto de  las  características  de  la  relación laboral que existió entre XXXXXXXXXX y  XXXXXXXXXXX,  toda vez que tal circunstancia lo que evidenciaría, a lo sumo, es  que  el trato que cualquier persona tuviera con el primero era difícil, pero no  que  el  referido  nexo  que  mantuvieron  los  citados  señores supuso para el  último  una  dependencia  que  le  impidiera actuar con autonomía en todos los  actos que realizaba, ajenos a su trabajo.   

5.   De   lo  precedentemente  consignado  se  sigue,  al tiempo, que el Tribunal no actuó de  manera   injustificada   o  caprichosa  cuando,  en  relación  con  el  indicio  consistente  en  la  falta  de  contestación  de  la  demanda  por  parte de la  accionada  determinada,  sostuvo  que  ese  medio  de convicción «emerge    como    una   ínsula   que   no   puede   soportar   las  pretensiones»,  inferencia que, así las cosas, no es  constitutiva de ningún error de estirpe probatorio.   

6.           Finalmente,  se  advierte  que  el  ad quem no  vulneró  el  artículo  187 del Código de Procedimiento Civil, como quiera que  en  su  fallo  se  refirió,  una  a  una,  a las pruebas en las que afincó sus  conclusiones  y  que  éstas  fueron  fruto  de  la apreciación panorámica que  efectuó de tales medios de convicción.    

Sobre  este  particular, encuentra la Corte  que  la  acusación  formulada con base en el indicado precepto, adicionalmente,  es  defectuosa,  puesto  que  se  enderezó  a  comprobar  el  desacierto de las  conclusiones  a  que  arribó  el  Tribunal  respecto   de   las   particulares      circunstancias     que     rodearon    la   relación   laboral   que   existió   entre   el   testigo   instrumental -XXXXXXXXX- y el testador -XXXXXXX-, cuestionamiento  que solo procedía por la vía del error de hecho.   

        En   lo   tocante   con   ese  tipo  de  equívoco  y  el  de  derecho, enseña     la    jurisprudencia    de    esta    Corporación:   

        Es  un  desacierto en la formulación del  cargo  o  cargos  confundir los dos yerros, puesto que a pesar de tener la misma  consecuencia,   o   sea   el   quebranto  de  la  ley  sustancial,  de todos modos presentan diferencias que les dan entidad propia. En  efecto,  se  da  el  error de hecho cuando el fallador equivocadamen­te   cree   en   la   existencia   o  inexistencia   en   el  proceso  del  medio  de  prueba,  o  también,  cuando  al  existente   le   da   una   interpreta­ción  manifiestamente  contraria  a  su  contenido.     Por     el     contra­rio  el  error de derecho ocurre, cuando existiendo la prueba en el  proceso  y  partiendo el Juzgador de dicha existencia, no le concede la eficacia  probatoria  que le asigna la  ley  o  le niega la que sí le otorga, por interpretar  erradamente  las  normas  que regulan la producción o  ineficacia  de  la prueba’  (Senten­cia 11 de Junio de  1.992)”.   

        Y             añade:   

En  esa  misma  dirección,  cuando  se  denuncia  error  de  derecho  porque    se   le   imputa   al   senten­ciador   la  transgresión  del  principio  de  la apreciación en  conjunto  de  las  pruebas,  adoptado por el artículo  187  del  C.  de  P.C., caso que también presupone la  contem­plación    objetiva    de   los   distintos   medios   probatorios   pero  efectuada   de   manera  aislada,  sin  hilación  o coherencia precedida como  debe    ser    de    un    análisis   eminentemente  lógico  y  científico, ha  dicho   igualmente   la   Corte  que  ‘debe  el  impugnante  demostrar  que  la  tarea  evaluativa  de las  distintas       probanzas      cumplida      por      el      sentenciador     se     llevó  a  cabo  al  margen  del  análisis de  conjunto  pedido  en el artículo 187, o sea, poniendo  de   manifiesto   cómo  la  apreciación   de  los  diversos  medios  lo  fue  de  manera  separada o  aislada,  sin  buscar  sus  puntos  de  enlace  o de coincidencia…En  consecuencia,  si, con prescindencia  de  las  conclusiones obtenidas en el campo de los resultados de la prueba, pues  es    asunto    que    cae   en   el   terreno   rigurosamente   fáctico,   la   referida   tarea   valorativa  se  ciñó  a la norma citada, no será admisible  la       prédica       del      error  cuando  bajo  el  pretexto  de su  demostración,    lo    que    persigue    es   la  sustitución del examen de conjunto realizado por el  sentenciador     por     el     que     proponga    el    recurrente.   Expresado  de  otra manera, se  debe   tener  un  cuidado  sumo  para  que  el  planteamiento  no  derive    hacia    el    aspecto    de    la   objetivi­dad   de   los   hechos   pues   en  éste  la cuestión queda  ya  bajo el error de hecho que, como se sabe, tiene una naturaleza distinta a la  del  error  de  derecho (Sentencia 067 del 4 de marzo  de  1.991)” (CSJ SC, 28  Abr.    1995,    Rad.    4174    –    subrayas fuera del texto).   

7. El cargo, por lo  tanto, no se abre paso.   

CARGO PRIMERO  

         

          También  con fundamento en la primera de las causales de casación,  se  denunció  la  sentencia del Tribunal por ser directamente violatoria de los  artículos  1068  numeral  14  del Código Civil por errónea interpretación; y  1740,  1741,  1742  y  1746  de la misma obra, así como del preámbulo y de los  artículos  1º,  4º,  5º,  13,  42,  43,  47 y 95, numerales 1º y 2º, de la  Constitución     Política,     por     falta     de    aplicación.   

          El    censor    desarrolló    el    ataque,   en   los   siguientes  términos:   

          1.   El   Tribunal,  no  obstante  hallar  demostrado  que  el señor XXXXXXXXXXXXX laboraba como conductor al servicio del  señor    XXXXXXXXXXXXXXXXXXX    y    de    la    esposa   de   éste,   señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  la  aquí  demandante,  para  la  época en la que aquél  otorgó  el  testamento  cuestionado  en  el presente asunto, optó por negar la  nulidad   absoluta   de   ese   acto   jurídico,  toda  vez  que,  -con   apoyo  en  la  postura  doctrinal  adoptada   por   la   Corte-   dicho   sentenciador  de  instancia  estimó  que  «(…)   ‘la  subordinación  laboral  a  la  que  puede  estar  vinculado el  testigo  testamentario  respecto  de  las  personas  mencionadas  en el referido  ordinal,  no  es  suficiente para configurar la inhabilidad allí prevista, sino  cuando   está   sujeto   en   grado   sumo  al  sometimiento  y  subordinación  patronal…’, que fue un  más    allá    normativo   que   no   halló   demostrado   con   la   pruebas  aducidas».   

          2.  Ese  fue  el  núcleo  esencial  de la  sentencia  de  segunda  instancia;  sin embargo, la Corte, en el pronunciamiento  que  se  invocó  en  ella, precisó que el alcance del numeral 14 del artículo  1068  del  Código  Civil  debía  determinarse  en  cada  supuesto,  según sus  especiales   circunstancias,   por   lo  que  dicha  providencia  no  constituye  «un  precedente  absoluto  que  sirva de rasero para  todos      los      futuros     casos»,  de ahí que el Tribunal, al definir el  genuino   sentido   de   la   precitada  norma,  debió  mirarla  «conforme  a  la Constitución Política de 1991 y en consideración  a  las particularidades que el caso ofrecía (situación de vulnerabilidad de la  demandante,    dada    la    condición    de    invidente   que   el   Tribunal  verificó)»,  reparo  que  el  censor soportó en los  razonamientos que a continuación se resumen:   

          2.1.                     Las  normas constitucionales prevalecen frente a  las  de  jerarquía  inferior  (art. 4º, C.P.); el artículo 241 constitucional  propugna  por  la integridad de la Carta Política que incluye su preámbulo, en  tanto   que   en  él  se  contemplaron  «valores  y  principios   de   orden   filosófico  que  se  desarrollan  luego  en  todo  el  ordenamiento  jurídico»;  la  estructura  del Estado  social    de   derecho   se   sustenta,   fundamentalmente   en   «el  respeto  de  la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad  de   las   personas   que   la   integran  y  en  la  prevalencia  del  interés  general»       (art.      1º,      ib.),  principios  que, por consiguiente,  son  de obligatoria observancia tratándose de la interpretación de  «todas  las  normas  expedidas  antes  o  después  de  la  iniciación  de la vigencia de la  Constitución  de 1991», y a partir de esos postulados  se  brinda  especial  protección  a las personas discapacitadas y a la familia,  entendida ésta como núcleo de la sociedad.   

          2.2.                     El  artículo  1068  del  Código Civil consagra  «unas  prohibiciones  a algunas personas para actuar  como  testigos  en  el  otorgamiento  de un testamento, lo que significa que las  inhabilidades  allí  señaladas  de  manera expresa no son simples formalidades  intrascendentes  sino que son normas de orden público y de acatamiento estricto  por    cuanto    son   de   contenido   prohibitivo   e   imperativo».   

2.3.          La anterior postura llevó al recurrente  a sostener, adicionalmente, lo siguiente:   

(…)   las  prohibiciones  de  testimoniar  en  el  otorgamiento  de  un  testamento solemne  contenidas   en  el  artículo  1068  del  Código  Civil,  jamás  podrán  ser  interpretadas  sin  tener  en  cuenta  que  forman  parte de un Estado social de  derecho   según   lo   dispuesto   en  el  artículo  1  de  la  Carta;  o  con  desconocimiento  de  la protección que constitucionalmente se halla establecida  para  las  personas  que se encuentren en circunstancias de debilidad manifiesta  por  su  condición  económica, física o mental según el mandato contenido en  el  artículo 13 de la Constitución Política; ni tampoco podrán interpretarse  haciendo  caso  omiso de la primacía de los derechos inalienables de la persona  y  la  protección  a la familia como institución básica de la sociedad que de  manera  expresa  se  consagran  en los artículos 5 y 42 de la Constitución; ni  mucho  menos  podrá  ser  desconocido por el intérprete del artículo 1068 del  Código  Civil, el contenido  del  artículo  47  de  la Carta que ordena adelantar políticas específicas de  protección  a  las  personas  que  padecen  disminución  física,  sensorial o  síquica;  ni  será  lítico al intérprete de ese texto legal hacer caso omiso  del  artículo 95 de la Constitución Política en cuanto en él se dispone como  un  deber de observancia obligatoria respetar los derechos ajenos y no abusar de  los  propios,  así  como  obrar  con  respeto  al  principio de solidaridad; ni  tampoco  podrá  el  intérprete  pasar  por  alto  que  el  artículo  2  de la  Constitución  asigna  como uno de los fines esenciales del Estado garantizar la  efectividad  de  los  principios, derechos y deberes consagrados en la Carta; y,  si   ese   intérprete  es  el  juez  como  funcionario  del  Estado, habrá de tener especial cuidado en la  integración  de  la Constitución al texto legal que se aplica para administrar  justicia,  pues  no  podrá  invocar  para  omitir  esa integración de la Carta  Política  con  los  textos  legales,  la  autonomía  judicial que le otorga el  artículo  230  superior,  pues  el sometimiento del juez en sus providencias al  imperio  de  la  ley, incluye desde luego el acatamiento a la ley suprema que es  la  Constitución Política.   

2.4.          En tal orden  de  ideas,  el  casacionista  aseveró  que el Tribunal, al fijar el alcance del  numeral  14  del artículo 1068 del Código Civil, que reprodujo, «se  limitó  a  la  transcripción  de  jurisprudencia  de la Corte  Suprema  de  Justicia, y en su labor de interpretación ni siquiera hizo ninguna  mención  de  las  normas  constitucionales a que se ha hecho referencia en este  escrito,  ni  de  la  especial  aplicación  de  ellas al caso concreto, lo cual  indica  que  tal  interpretación  adolece de la grave falencia de no aplicar el  principio  de  la integración de la norma legal con las normas constitucionales  que  imponen  que  esa interpretación tenga en cuenta los principios, valores y  mandatos    que    la    Constitución    establece    en   las   normas   aquí  analizadas».   

Al respecto, añadió que si el ad        quem       «hubiere  integrado  la norma del Código Civil (art. 1068 num. 14),  con  los  principios y valores constitucionales que consagran los textos legales  que  han  sido  analizados,  hubiera  concluido  que  el  alcance que la Sala de  Casación  Civil  de  la Corte Suprema de Justicia ha dado a la prohibición que  consagra  el  artículo  del  Código  Civil  antes señalado, era adecuado para  reprochar  el  testamento  otorgado por el señor XXX XXXXXXXXXXXXXX en desmedro  de  los  intereses  de  su cónyuge supérstite, porque cuando la persona que se  considera  afectada por las disposiciones de la carta testamentaria se encuentra  en   circunstancias   de  debilidad  manifiesta,  como  ocurre  con  la  señora  XXXXXXXXX,   por   razón   de   su   invidencia   o  ceguera,  la  ‘rigidez’  interpretativa  que ha predicado la  Corte  para garantizar ‘la  independencia         y        autonomía        del        testador’,  debe ceder para en un ejercicio de  ponderación  de  derechos,  otorgarle  al disminuido físico o sensorial, y por  ende  en  una situación de alta vulnerabilidad, la protección que demandan los  principios  y  valores constitucionales establecidos por las normas mencionadas,  las  cuales  son  de  aplicación  especial y preferente en casos como el que se  analiza,  como  claramente  lo  establece  el  artículo 5º de la Constitución  Política   en   asocio   con   el   art.   13  del  mismo  estatuto».   

2.5.                  De  conformidad  con el criterio que la Corte consignó en la sentencia que orientó  la  del  Tribunal,  si  bien es verdad que la subordinación laboral que pudiera  tener  el  testigo testamentario con el testador y/o con su cónyuge,   al   momento   de   efectuarse   tal  manifestación  de  voluntad,  no  es  suficiente para configurar la inhabilidad  prevista  en el ya varias veces citado numeral 14 del artículo 1068 del Código  Civil,  también lo es que esta Corporación dejó «a  salvo  la  posibilidad  de  que ese criterio interpretativo frente a otros casos  concretos  que  deben  ser  evaluados  ‘de  conformidad  con  las  particularidades de cada evento, que por  supuesto  el juez ha de analizar con el detenimiento necesario (…)’,    sea    morigerado»,  por  lo  que  era  propio  concluir  en  el  caso  sub  lite, que  el  vínculo  laboral demostrado entre el testigo testamentario XXXXXXXXXXX, por  una   parte,  y  los  esposos  XXXXX  –  XXXXXX,  por  el  otro, «era suficiente  para predicar la inhabilidad» de aquél.   

2.6.             La  tesis  general  de  la  Corte, a la  que  se  ha  venido  haciendo  referencia,  tiene  cabida solamente en «casos donde  la  igualdad  de  los interesados no está desvirtuada por la realidad fáctica,  pero  no para eventos donde entran en juego los derechos de personas disminuidas  física,  sensorial  o  síquicamente,  es  decir, con una debilidad manifiesta,  cuyo  amparo  reclama  una  exégesis  como  la  que  se  propone,  esto es, que  partiendo  de  la  Constitución,  y  de  las  normas  que  en ella velan por la  protección  preferente  de  las personas en las condiciones señaladas, se haga  una  lectura menos rígida del art. 1068 num. 14 del Código Civil, para leer en  él  como  motivo  de  inhabilidad  suficiente,  determinante  de la nulidad del  testamento,  la  presencia testimonial de una persona con subordinación laboral  o  de  trabajo con el testador o su consorte, como en el caso ocurre».   

3. Adicionalmente,  el  recurrente  atribuyó  al  Tribunal  la  comisión  de otro error de estirpe  jurídica,     consistente     en    que    dicha    autoridad    «introdujo  a  la  norma  un  aditamento perfectamente extraño a su  tenor  cuando  quiso buscar un vínculo distinto al de dependiente, trabajador o  doméstico,    como   lo   es   el   ‘contacto          personal          o          familiar’, cuando ni siquiera eso es lo que ha  sostenido  la  jurisprudencia de la Sala que dijo acoger, porque una cosa es que  ‘la   subordinación  laboral’  que dimana del  normal  contrato  de  trabajo  no  sea ‘suficiente     para     configurar     la     inhabilidad     allí  prevista’,  según  el  entender  de  la  Corte,  y otra muy distinta es pensar que además del vínculo  laboral    la   ley   exige   otro   tipo   de   nexo,   llámese   ‘personal   o   familiar’  (palabras  del  Tribunal), social o  profesional,  etc.,  para  entender  minada la independencia e imparcialidad del  testigo».   

4.  Por  estimar  trascendentes  los  errores  hermenéuticos  que  denunció, el censor solicitó  casar     la    sentencia    recurrida,  y  situada  en  la  posición del Tribunal, acoger el petitum  del  libelo  con  el  que se dio  inicio al proceso.    

CONSIDERACIONES  

          1.  Como  se extracta del compendio que se  hizo  de la providencia impugnada, para arribar a la decisión confirmatoria del  fallo  desestimatorio  dictado  en  primera instancia, el Tribunal, en concreto,  procedió de la siguiente manera:   

1.1.           Trajo  a  colación,  entre  otras,  la  sentencia  de  esta  Corporación proferida el 13 de octubre de 2006, en la que,  con  relación  al  numeral 14 del artículo 1068 del Código Civil, se señaló  que  «el simple hecho de la subordinación laboral a  la  que  pueda estar vinculado el testigo testamentario respecto de las personas  mencionadas  en  el  referido  ordinal,  no  es  suficiente  para  configurar la  inhabilidad  allí prevista», puesto que ello acontece  solamente      cuando      quien      desempeñó      dicho     rol,       estaba       «sujeto  en grado sumo al sometimiento y subordinación patronal, al  tal  extremo  que  no le deje posibilidad de independencia y autodeterminación,  todo  de  conformidad  con las particularidades de cada evento, que por supuesto  el   juez   ha   de   analizar   con   el   detenimiento   necesario».   

1.2.          Con  esa  compresión  de  la mencionada  norma,   el  ad   quem   dirigió   su   actividad  a  establecer,  conforme  las  pruebas  recaudadas en el proceso, si «el  testigo  instrumental XXXXXXXXXXXXXXXXXX, se encontraba incurso  o  no  en  la  (…)  causal  de inhabilidad» que ella  contempla,  para  lo que se refirió a los testimonios rendidos por los señores  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX   XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX   y   el  propio   XXXXXXXXX,   que   descartó  por  no  haber  sido  juramentado,  y  al  interrogatorio   de   parte  absuelto  por  la  actora,  señora  XXXXXXXXXXXXX.   

De  esos  elementos de juicio infirió, por  una  parte,  que  «XXXXXXXXXXXXX, cuando fungió como  testigo   en   la  memoria  testamentaria  del  fallecido  XXXXXXXXXXXXX  XXXXX,  trabajaba  como  conductor  al  servicio  de éste, pero también transportaba a  (su)  consorte  (…), la aquí demandante, en cumplimiento de su labor, sin que  esas  relaciones  hubiesen traspasado el umbral meramente laboral. En desarrollo  de  ese  oficio, el señor XXXXXXXX recibía las órdenes que le daba el aludido  causante,  quien  las  emitía  con  su  temperamento  dominante, como lo hacía  (con)    sus    demás  trabajadores  y  su  consorte,  la  señora  XXXX  XXXXXXXXX, quien le reprochó  aquella              actitud».   

Y,  por otra, que «…Las referidas pruebas  no  dan  cuenta,  ni  por  asomo,  que  la  independencia, autonomía, capacidad  volitiva  y  de discernimiento del testigo instrumental testamentario, el señor  XXXXXXXX,  estuviese  afectada  en  algún  grado,  por ser trabajador, ya de la  accionante  o  del  testador  o  que,  de algún modo, la voluntad de éste para  testar,  hubiese  estado  afectada  en  algún grado por la intervención de ese  testigo  antes,  durante y después de la confección de su última declaración  de         voluntad         (…)».   

2.  Si  ello  fue  así,  es  pertinente  afirmar  que  el  sentenciador,  a  efectos de definir el  genuino  sentido  y  alcance del numeral 14 de artículo 1068 del Código Civil,  sujetó  su  criterio  al adoptado por la Corte en distintos fallos, en los que,  en  síntesis,  ha  predicado  que  el  referido  motivo de inhabilidad para ser  testigo    instrumental   testamentario,  no  se  configura  por  la  mera existencia de un vínculo laboral  entre  quien  actúa  como  tal  y  el  testador  o  su  cónyuge, pues esa sola  circunstancia  no  comporta,  indefectiblemente,  menos  en  los  tiempos  de  ahora,  por  una  parte, que el  trabajador  se  halle  en  una  situación  de  dependencia tal, que ocasione la  disminución  o  el  cercenamiento  de  su  credibilidad e imparcialidad; y, por  otra,  que  con  su  intervención  en  el  referido acto notarial, constriña o  impida   a   quien  deja  memoria  de  su  voluntad  sobre  el  destino  de  sus  bienes,  para  actuar  con  total libertad y autonomía.   

3.  Sobre  esta  temática  resulta  conveniente  reproducir,  incluso  a espacio, los siguientes  pronunciamientos  de  esta  Corporación,  en  la  medida  que ellos ilustran su  postura, frente al comentado precepto.   

3.1.          En sentencia de 24 de junio de 1997 (Rad.  4605),  la  Sala,  de  un  lado,  reseñó  las  providencias  en las que había  interpretado   el   numeral   14  del  artículo  1068  del  Código  Civil  con  anterioridad  y,  por  otra,  refrendó  tal  postura,  proveído  que,  como se  aprecia,  es posterior a la entrada en vigencia de la Constitución Política de  1991.   

Sostuvo la Corte:  

Y  al  ocuparse  de  la  inhabilidad  que  consagra  el  numeral  14  del  artículo  1068 del Código Civil, que prohíbe,  entre  otras  personas,  a  los  dependientes  o  domésticos  del testador, ser  testigo  del  testamento,  esta  Corporación  también ha expresado, desde hace  muchos  años, que para que exista la dependencia de que trata dicho precepto, o  sea   ‘…para  que  un  individuo  esté  sujeto  a la autoridad de otro, es preciso que aquél esté de  tal  modo  subordinado  a  éste, que no pueda obrar con entera independencia en  ninguno  de sus actos, como sucede verbi gratia con el poder que ejerce el padre  sobre  los  hijos  no emancipados, el del tutor sobre el pupilo, el del superior  sobre  los  inferiores, y el amo sobre el criado. Si esto no se entendiera así,  resultaría  que  el  número de personas que pudieran servir de testigos en los  testamentos  solemnes,  quedaría muy restringido, pues en la sociedad el cambio  constante  y  la  constante  sucesión de relaciones mutuas entre los asociados,  hace    que    ninguno    de    éstos    goce    de    completa   y   verdadera  independencia’ (Cas. Civ.  de  31  de  agosto de 1893, G.J. Tomo IX, pág. 9). Luego, tutelando la anterior  doctrina,   la  Corte  repitió  que  ‘No  es  cualquier  dependencia la que inhibe para ser testigo de un  testamento,  porque  de  ser  así  las  cosas,  y  dada  la  complejidad de las  relaciones  económicas actuales, el sistema de hecho de interdependencia que se  destaca  en  ese  orden, la inhibición de que se ha hecho mérito, y que es una  excepción,  vendría  a  trocarse  en una regla con grave perjuicio general. La  inhabilidad,  por lo tanto, a que se refiere tal norma no puede ser otra sino la  que  provenga  de  una  completa dependencia económica y hasta personal, que se  traduzca  en  un  obedecimiento  completo,  por  esa  razón, a las órdenes del  amo’  (Cas. Civ. de 6 de  octubre  de  1942,  G.J.  Tomo  LIV,  bis,  pág. 158). Posteriormente, la Corte  puntualizó  que  el  colono  aparcero  tampoco  se encontraba comprendido en la  inhabilidad  para  ser testigo de que trata el numeral 14 del artículo 1068 del  Código  Civil,  ‘…dada  la   definición   que  trae  el  Diccionario  de  la  Academia  de  la  palabra  dependiente,   pues   el  aparcero  no  está  ligado  con  vínculo  alguno  de  dependencia,  sea  de  autoridad o de subordinación económica con el testador,  desde  luego que entre los dos lo que existe es un contrato (LXXIII, PÁG. 100).  Y  después,  bajo los auspicios de los anteriores criterios, también dijo esta  Corporación  que  ‘…el  carácter  de socio, así sea industrial o capitalista, descarta por completo la  subordinación  o  falta  de  autonomía que una persona puede tener respecto de  otra  y  que  son esenciales para que pueda hablarse de dependencia o doméstico  para  los  efectos  de  la  inhabilidad  que establece el mentado numeral 14 del  artículo  1068. No habiendo ni la una ni la otra, desaparece la inhabilidad que  consagra  ese  texto  legal para servir como testigo de un testamento (Cas. Civ.  de    14    de    marzo   de   1974,   G.J.   CXLVIII,   pág.   74).   

          Más adelante observó:   

Las  citas jurisprudenciales que anteceden  constituyen  sólido  testimonio  de  la  conducta  permanente adoptada por esta  Corporación  en  el sentido de que no basta, como lo pretenden las recurrentes,  que  la inhabilidad para intervenir como testigo en un testamento se mida con la  sola  prueba  de  la  subordinación  jurídica  que  exista  entre  éste  y el  testador,  sino  que  es  necesario averiguar hasta qué punto dicha relación o  vinculación   carcome   la  capacidad  volitiva  del  dependiente,  con  fuerza  suficiente  para  determinar  la nulidad del respectivo testamento, regla que no  se  deteriora  ni  siquiera en presencia de una relación laboral, como acontece  en  el presente caso, pues aunque es indiscutible que la subordinación es de la  esencia  de  relaciones  de  tal  naturaleza,  no  puede  afirmarse con la misma  certeza  que todo empleado sometido al régimen de subordinación es, en mérito  de  ese  sólo  hecho,  dependiente de su empleador, pues si así lo fuere, todo  empleado  por  la  sola  razón de serlo, sería inhábil para los efectos aquí  investigados,  conclusión  que la Corte ha condenado en virtud de las poderosas  razones  de  orden  legal  y  social  expuestas  en  los  distintos fallos aquí  reproducidos  parcialmente,  y  que en la actualidad cobran singular importancia  si  se  tiene  en cuenta que la legislación laboral imperante en el país desde  hace  algo  más  de  medio siglo, ha venido procurando, además de sus fines de  higiene   social,   por   asegurar  la  independencia  económica  y  moral  del  trabajador,  sin desmedro de las exigencias laborales de la empresa, sustrayendo  de  la  influencia  excesiva  del  empleador aquellas condiciones de vida que se  reputan  sustanciales  para la dignidad humana del trabajador. Por tal razón se  ha  hecho menester indagar si un empleado subordinado es o no, independiente del  empleador,    pues    éste    lo   será   o   no,   según   los   hechos   lo  determinen.   

(…)  De  manera  que,  en resumen, puede  afirmarse,  sin  hesitación  alguna,  que  el numeral 14 del artículo 1068 del  Código  Civil  no  contempla  la inhabilidad del empleado, por ser tal, sino la  del  dependiente  o  doméstico,  por cuanto la situación actual del trabajador  frente  a la del empleador, si bien es de subordinación no es de dependencia, y  como  tal  es  testigo  idóneo,  no solamente para declarar en juicio, sino aun  para  intervenir  en  el  otorgamiento  de  un  acto  solemne  realizado  por su  empleador,  como lo es el del testamento; la vinculación jurídica del empleado  u  obrero con el empleador ciertamente apareja, por sí sola, la subordinación.  Pero  no la dependencia. Y el que invoque ésta, debe probarla, desde luego, por  otros   motivos   que   no   sean   propiamente  la  condición  de  empleado  u  obrero.   

3.2.          Con  posterioridad, la Corte, al definir  sobre  la nulidad de un testamento fundada en el inciso final del artículo 1068  del  Código  Civil  -que  exige que al menos dos «de  los  testigos  deberán  estar  domiciliados  en  el  lugar  en que se otorga el  testamento»- señaló:   

La  prohibición,  por  lo  tanto,  en los  términos  del artículo 1068 del Código Civil, para ser testigo testamentario,  debe  entenderse  referida  a quienes no pueden dar fe de las circunstancias que  rodearon  la confección del testamento, bien por motivos de incapacidad general  o  por  presentar fallas sensoriales notorias, ya porque no obstante ser capaces  para  declarar,  existen  razones  serias para dudar de su credibilidad, como el  interés,  el  parentesco  y  la profesión o estado de los testigos (CSJ SC, 26 Oct. 2004, Rad. 1999-00137-01).   

3.3.          Y en sentencia de 13 de octubre de 2006,  que fue la que guió el fallo del Tribunal, se expuso:   

El  testamento,  como acto unipersonal por  medio  del  cual  el  testador  ordena  la  distribución total o parcial de sus  bienes  a través de disposiciones cuyos efectos se difieren para después de su  fallecimiento,   exige   para   perfeccionarlo   la   observancia   de   ciertas  solemnidades,  según  la  especie  o circunstancias concurrentes en el momento,  sin  las cuales nacerá con vicios que a la postre conducirán a invalidarlo. En  tratándose  del  abierto,  nuncupativo  o  público,  es decir, aquel en que el  disponente  hace  sabedores de sus determinaciones a los comparecientes al acto,  debe  extenderse  por escrito, y si existe notario ante éste y tres testigos, o  ante cinco, si en el lugar no existiere notario.   

En  torno  a  la  estrictez  con  que debe  procederse   en   este   tema,   ha   expresado   la   Corte   que  ‘en    materia   de   nulidades,   y  especialmente  en las referentes a los testamentos, el criterio debe ser siempre  restricto  y  jamás  de ampliación, por lo grave que es dejar, sin fundamentos  muy  sólidos  y  sin  razones  muy  evidentes, ineficaz e inoperante la última  voluntad  del  testador’  (G.J. t. LIV bis, pag. 157; LXXXIV, pag. 366 y CXIII, pag. 108).   

Sin   embargo,   en   orden  a  mantener  razonablemente  la  voluntad  postrera del testador, la doctrina jurisprudencial  de  la  Corporación viene propendiendo por atenuar la severidad de los antiguos  principios  atinentes  a  los  requisitos  formales, para dar cabida a conceptos  más   amplios   que   conduzcan   evitar  la  ineficacia  y  la  burla  de  las  manifestaciones expresadas por el disponente.   

Es   así   como,   verbi   gratia,   la  trascendencia  que antaño tenía el domicilio de los testigos instrumentales no  persiste  hoy  en  día,  al  ser  evidente  que  correspondía  a una exigencia  tendiente  primordialmente  a  identificarlos  o localizarlos cuando surgiera la  necesidad  de  hacerlos  comparecer a declarar dentro de alguna causa litigiosa,  de  suerte  que  ahora  no  tiene  razón  de  ser, debido a la facilidad que la  tecnología,  los  medios  de  comunicación y de transporte brindan para lograr  tales     objetivos,     porque     ‘que  la  ley exija que dos de los testigos testamentarios tengan su  domicilio  en  el  lugar  del  testamento,  esto no significa que quienes tienen  domicilio  en  lugar  distinto,  son  inhábiles  para  declarar,  porque  si se  autoriza  intervenir  como  tales  a  unos  y  otros,  los domiciliados y los no  domiciliados,   debe  predicarse   que  todos  serían  idóneos  para  ese  propósito  …  el domicilio de los testigos ha perdido su razón de ser … la  formalidad  externa  del testamento sobre que dos de tales testigos, a lo menos,  tengan  domicilio  en  el  lugar  en  que  se  otorga,  ha  perdido  su utilidad  práctica,  razón  por  la  cual  no tiene la virtud de aniquilarlo’  (Sent.  Cas. Civil de 26 de octubre  de  2004,  exp.  C6867931840011999-0137-01),  (no  publicada aún oficialmente);  reitera  así  la  Corte  esta  precisión,  tanto  más  si se considera que el  derecho  no  está  llamado a anquilosarse sino a evolucionar en forma armoniosa  con  las  transformaciones  sociales, extrayendo en cada caso el fin buscado por  el legislador al consagrar las diversas hipótesis normativas.   

No  obstante,  tal  entendimiento no puede  significar  que  la  participación  de  los  testigos instrumentales carezca de  importancia,  teniendo en cuenta que de acuerdo con lo previsto en el artículos  1070,  inciso 1°, y 1072 del Código Civil, su presencia es esencial en el acto  de  otorgamiento  del  testamento,  a  fin de que escuchen las disposiciones del  testador  y  puedan  dar fe de ellas en el futuro, en caso de controversia sobre  su    contenido    y    alcance   o   acerca   de   las   formalidades   de   su  celebración.   

(…)  En cuanto  toca  con  la  pretendida  invalidez  del  acto  postrero  de disposición de la  señora  Pérez  Ramírez  con  asidero  en  la  condición  de doméstica de la  testigo  Olga  Betancur  Calderón  respecto  de  la asignataria Raquel Trujillo  Camacho,  ha  de  verse  que  frente  a  la  misma  el  ad  quem,  siguiendo las  directrices   jurisprudenciales   de   esta  Corporación,  si  bien  consideró  encontrarse   acreditado,   sin  lugar  a  dudas,  que  para  la  época  de  la  extensión,   otorgamiento  y  autorización  del  documento  notarial  que  recoge  el  testamento  ciertamente se desempeñaba en tales labores, igualmente  encontró    que   ‘la  subordinación  laboral  que  aparece  establecida en el plenario respecto de la  testigo  testamentaria, no vicia de nulidad el acto testamentario, puesto que no  es  esa  la  dependencia  la  que  inhibe  para  ser  testigo,  sino el completo  sometimiento  o  subordinación  de  una  persona  a otra, que se traduzca en un  obedecimiento  completo,  a  las órdenes de su amo, sometimiento éste que para  nada  se vislumbra en este caso, pues de las versiones rendidas en el expediente  no  se estableció que la relación laboral entre la testigo y la señora RAQUEL  TRUJILLO  CAMACHO  fuese  de  tal  envergadura  que  su  capacidad  volitiva  se  encuentre   afectada   por   ese   grado   de   subordinación   o   dependencia  laboral’.   

Según   los   casacionistas,   con  ese  entendimiento    incurrió   el   Tribunal   en   error   jurídico  en  la  interpretación  de  los  fallos  invocados  para  sustentarlo, como quiera que,  aunque  con  ellos  se  abordó  el  asunto  de la nulidad testamentaria bajo la  causal  consagrada en el numeral 14 del artículo 1068 del Código Civil, no era  menos  cierto  que  allí  también  se  había puesto de presente el tema de la  dependencia  o  subordinación  del  empleado  en  general, dejando por fuera el  específico    aspecto    de   los   ‘domésticos’,  cuya sola enunciación, aseguran, da por sentada la presencia de  aquellos  conceptos;  fuera  de lo anterior, sostienen que dejó de observar que  entre  las  características  propias  del  empleado del servicio doméstico, se  encuentra  la  de  convivir  y  compartir  permanentemente  con  su  empleador o  patrono,  particularidades  que,  por lo demás, se establecieron en el proceso.   

En  este  sentido es de advertir que, como  así  lo  ha  interpretado  esta Sala en varias sentencias de casación (G.J. t.  IX,  pág.  9;  LIV,  bis, pág. 158; CCXLVI, pág. 1464, entre otras),  el  simple  hecho  de  la  subordinación  laboral a la que pueda estar vinculado el  testigo  testamentario  respecto  de  las  personas  mencionadas  en el referido  ordinal,  no  es  suficiente para configurar la inhabilidad allí prevista, sino  cuando  esté  sujeto en grado sumo al sometimiento y subordinación patronal, a  tal  extremo  que  no le deje posibilidad de independencia y autodeterminación,  todo  de  conformidad  con las particularidades de cada evento, que por supuesto  el  juez  ha  de  analizar  con  el  detenimiento  necesario;  de ahí que pueda  concluirse  que  eso  fue  precisamente  lo  que hizo el sentenciador de segundo  grado,  pues  no se limitó a acoger literalmente la causal de inhabilidad de la  testigo  Betancur  Calderón,  sino  que,  con  base  en  el  caudal probatorio,  procedió  a  escudriñar  si  esa  relación laboral restringía a tal punto la  capacidad   volitiva   de   la  misma,  aspecto  que  no  encontró  demostrado.  (CSJ      SC,      13     Oct.     2006,     Rad.  2000-00512-01).   

4.  Ninguna duda queda, por consiguiente, que  el  criterio  recogido  en  esos fallos, fue el que adoptó el Tribunal respecto  del  numeral 14 del artículo 1068 del Código Civil, como quiera que, según se  desprende  de  su  sentencia, mirada en todo su contexto, y no fraccionadamente,  dicha  autoridad  estimó que la configuración de la inhabilidad allí prevista  solamente    se    daba    en    aquellos    casos    en   los   que,  a  más  de  existir  entre el testigo  instrumental  y  el  testador  un  vínculo  contractual  de linaje laboral, tal  relación,  por  sus características factuales propias, hubiese implicado, para  aquél,  un  nexo  de dependencia que afectara negativamente  su autonomía  y,  por  ende,  su  credibilidad;  o,  para  éste,  que  el  testamento por él  otorgado,  no fuese reflejo  de su más sincera y pura voluntad.   

5.  Frente a esa actividad hermenéutica del  sentenciador  de  segunda  instancia, el recurrente, sin refutarla frontalmente,  propuso  un  enfoque  diverso, toda vez que, en su concepto, la circunstancia de  discapacidad  de  la  actora,  señora  XXXXXXXXXXXXXXXXX,  por  ser  invidente,  considerada   a   la   luz  de  los  principios  y  valores  consagrados  en  la  Constitución  Política  de  1991,  particularmente,  los  relacionados  con el  derecho  fundamental  a  la  igualdad  y  con la especial protección que en ese  ordenamiento  jurídico  superior  se  brinda  a  las  personas con afectaciones  físicas   o  sensoriales,  que  las  colocan  en  un  plano  de  vulnerabilidad  manifiesta,   determinaba  una  interpretación  distinta  del  numeral  14  del  artículo  1068  del Código Civil, que conducía a concluir, en definitiva, que  el   sólo  hecho  de  mediar  entre  el  testigo  instrumental  XXXXXXXX,  como  trabajador,  y  el  testador XXXXXXXXXXX, como empleador, una relación laboral,  permitía  colegir  que  el  primero  estaba  inhabilitado para intervenir en la  condición  anotada  en  el  testamento  abierto  o  nuncupativo otorgado por el  segundo  ante  el  Notario  Catorce  de  Medellín  y, por lo mismo, generaba la  nulidad  de  ese  acto,  como se reclamó en el libelo introductorio.   

6. Analizada con el  mayor  detenimiento  la propuesta interpretativa que en torno del numeral 14 del  artículo  1068  del  Código  Civil  planteó  el censor, se encuentra que ella  está  soportada  en  un  supuesto  netamente fáctico, como es, en concreto, la  discapacidad visual de la actora.   

Es  que  fue  con  apoyo  en ese particular  hecho,  que  el  recurrente  abogó  por  una comprensión distinta del indicado  precepto,  en  la  medida  que consideró que de habérsele apreciado y valorado  conforme  a  las normas constitucionales que invocó y al análisis que de ellas  hizo,   el   Tribunal   hubiese   colegido,   en   primer  lugar,  que  la   vinculación   laboral   que  existió,  para la época en la que  se      otorgó     el     testamento     materia     de     la     litis,     entre     los     señores  XXXXXXXXXXXXXXXXXX  y XXXXXXXXXXXXXXXXX, era suficiente para avizorar que aquél  estaba  incurso  en  la  inhabilidad  contemplada  en  el citado precepto; y, en  segundo   término,   que,   por   consiguiente,  las  pretensiones  del  libelo  introductorio        estaban        llamadas        a       acogerse.   

Sobre el particular, conviene memorar que el  reparo  que,  en  concreto,  el censor le hizo al Tribunal, consistió en que no  interpretó  el  ya  tantas  veces  mencionado numeral 14 del artículo 1068 del  Código  Civil «conforme a la Constitución Política  de  1991  y en consideración a las particularidades  que  el  caso  ofrecía  (situación de vulnerabilidad de la demandante, dada la  condición     de    invidente    que    el    Tribunal    verificó)»   (subrayas   fuera   del   texto).   

Del mismo modo, insistir en que la tesis del  impugnante  se  edificó  sobre la base de que «si el  Tribunal  hubiera  integrado  la norma del Código Civil (art. 1068 num. 14) con  los  principios y valores constitucionales que consagran los textos que han sido  analizados,  hubiera  concluido que el alcance que la Sala de Casación Civil de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  ha  dado  a  la  prohibición  que consagra el  artículo  del  Código  Civil  antes  señalado, era adecuado para reprochar el  testamento  otorgado  por  el  señor  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  en desmedro de los  intereses  de  su cónyuge supérstite, porque cuando  la  persona  que  se  considera  afectada  por  las  disposiciones  de  la carta  testamentaria  se  encuentra  en  circunstancias  de  debilidad  manifiesta,  como ocurre con la señora XXXXXXXXXXX, por razón de su  invidencia     o    ceguera,    la    ‘rigidez’ interpretativa que ha predicado la  Corte     para     garantizar     ‘la    independencia    y   autonomía   del   testador’,  debe   ceder  para  en  un  ejercicio  de  ponderación de derechos, otorgarle al  disminuido   físico   o   sensorial,   y   por   ende  en  situación  de  alta  vulnerabilidad,  la  protección  que  demandan  los  principios    y   valores   constitucionales   establecidos   por   las   normas  mencionadas,  la cuales son de aplicación especial y  preferente  en  casos  como  el  que se analiza, como claramente lo establece el  art.  5º  de  la  Constitución  Política  en  asocio con el art. 13 del mismo  estatuto»   (subrayas   y   negrillas   fuera   del  texto).   

A  lo  que  añadió  que  «el  criterio  general de la Corte, que fue el que tuvo en cuenta el  Tribunal  sin  parar  mientes  al  llamado de la Corporación a evaluarlo con el  ‘detenimiento  necesario’  frente a las  ‘particularidades’  ofrecidas por casos futuros, está concebido, como la misma Corte  lo  anota,  para  proteger  y  salvaguardar la última voluntad del testador, su  independencia  y  su autonomía, para casos donde la igualdad de los interesados  no  está  desvirtuada por la realidad fáctica, pero  no   para   eventos   donde   entran  en  juego  los  derechos  de  personas   disminuidas  física,  sensorial  o  síquicamente,  es  decir,  con  una  debilidad  manifiesta, cuyo amparo  reclama  una  exégesis  como  la  que  se propone, esto es, que partiendo de la  Constitución,  y  de las normas que en ella velan por la protección preferente  de  las  personas  en  las  condiciones  señaladas,  se  haga una lectura menos  rígida  del  art.  1068 num. 14 del Código Civil, para leer en él como motivo  de  inhabilidad  suficiente,  determinante  de  la  nulidad  del  testamento, la  presencia  testimonial  de  una  persona con subordinación laboral o de trabajo  con   el   testador   o   su   consorte,  como  en  el  caso  ocurre»  (subrayas y  negrillas fuera del texto).   

7.  En suma, se colige que la alegación del  recurrente  no  es,  por  ende,  de  puro  derecho, en tanto y en cuanto que, se  reitera,    comportó    la    aducción    del    señalado   hecho.   

De  esa  constatación  se  desprenden  las  siguientes  dos  conclusiones  que,  como  se  verá,  implican el fracaso de la  acusación:   

7.1.          Tratándose  de la violación directa de  la  ley  sustancial, que como motivo autónomo de casación contempla el numeral  1º   del   artículo   368   del  Código  de  Procedimiento  Civil,  la  Corte  invariablemente   ha   predicado   que   su   debida   sustentación, debe circunscribirse a lo estrictamente  jurídico,  en  procura  de  acreditar  el quebranto de las normas cuya vulneración se denunció.   

La  razón  de  lo precedente reside en que  «si  el recurrente, con el fin de poder demostrar un  error  jurídico,  hace  incursiones  en  el campo de los hechos para deducir de  allí  sucesos  diferentes  a  los  trascendentes  que  en el mismo terreno haya  encontrado  el  Tribunal,  tal  circunstancia  estará  poniendo por sí sola de  presente  que  el  censor  discrepa  de  la  sentencia  acusada  no  sólo en la  cuestión  de  derecho sino también en la de hecho; que la disconformidad sobre  lo  primero  tiene  origen  en  la  disconformidad  de  lo segundo; y  que,  por  ende,  no  se  trata  de  violación directa sino de  violación  indirecta.  Situación  esta  última que  configura  un  motivo  especial  de  casación,  sujeto  a  un régimen técnico  también  especial  y  distinto  en todo caso del que es propio de la violación  directa»   (CSJ  SC, 28 Nov.  1969,  CXXXII,  193  y  194;  17  Feb.  1972,  CXLII,  46 y 47; 18 Jul. 1984, no  publicada;   15   May.   1992,   G.J.  T.  CCXVI,  p.  413  –  subrayas  no  son  originales).   

Se sigue de lo precedentemente expuesto, que  en  el  cargo  examinado se entremezclaron los motivos de casación relacionados  con  la  violación directa y la indirecta de la ley sustancial, los cuales, por  ostentar distinta naturaleza, no pueden ser confundidos.   

Al  respecto,  tiene  decantado  la  Corte:   

(…)   la  violación  de  las  normas  sustanciales  se  puede presentar al margen de toda  discusión  sobre  la  plataforma fáctica del litigio, caso en el cual la queja  casacional  debe  encauzarse  por la vía directa, o como consecuencia de yerros  jurídicos  o fácticos del juzgador en la tarea de apreciar las pruebas, evento  en  el cual la infracción de aquellas se produce por rebote, es decir, de forma  indirecta.  Pero una y otra vía, en cuanto ligadas a  una  misma  apreciación del fallo, no se pueden entremezclar en un mismo cargo,  como  lo  ha  hecho  la  censura, dado que se repelerían mutuamente, sin que la  Corte  pueda  escoger  el  camino  por  cuenta  del  censor,  dada la naturaleza  eminentemente  dispositiva  que  se predica del recurso de casación”   (CSJ  SC,  10  Nov.  2003,  Rad.  7285- el destacado es propio).   

La   deficiencia   puesta   de  presente,  per   se,  le  quita  toda  posibilidad de éxito a la acusación.   

7.2.              Como  viene  de  comprobarse,  el  aspecto  principal  de la  censura  radica  en  la  cuestión  fáctica  relativa  a  la discapacidad de la  actora,  en  tanto  que  esa  circunstancia  se adujo como la determinante de la  interpretación  que,  en  relación  con  el  numeral 14 del artículo 1068 del  Código Civil, sugirió el casacionista.   

Empero resulta que ese hecho, la invidencia  de  la señora XXXXXXXXXXX, no fue esgrimido en la demanda como fundamento de la  acción  intentada,  ni  se  alegó  durante  el proceso y, por lo mismo, no fue  analizado  por el ad quem. Su  aducción  sólo  vino  a  realizarse  en  casación  y,  más concretamente, en  desarrollo del cargo que se estudia.   

Prueba  por  demás diciente de ello, es el  hecho  de  que a pesar de que en la sentencia de primera instancia se propugnó,  en  líneas  generales, por una interpretación de la norma en comento similar a  la  que  luego  predicó  el  Tribunal,  la  parte  demandante,  y recurrente en  casación,  al  sustentar  la  apelación  que  propuso  contra  dicho fallo, no  esgrimió  en  apoyo  de tal impugnación el hecho de la invidencia de la actora  y,     menos     aún,     sugirió     que     esa    circunstancia, debía guiar el criterio para dilucidar  el   verdadero   sentido   del   numeral  14  del  artículo  1068  del  Código  Civil.     

Así  las  cosas, es forzoso colegir que el  advertido  hecho corresponde a un medio nuevo, inadmisible en casación, sin que  para  su  reconocimiento  como  tal,  sea óbice que el cargo auscultado hubiese  sido  propuesto por la senda de la violación directa de la ley sustancial, pues  como se vio, mirado su contenido, la acusación es mixta.   

(…) Descartados  los  argumentos de puro derecho y los medios de orden público, que nunca serán  materia  nueva  en  casación,  lo demás, esto es, los planteamientos legales o  extremos  no  formulados o alegados en instancia, son  campo    vedado    al    recurso   extraordinario…  ‘…Esto  no implica que  no  se  puedan  aducir  en casación argumentos que no se hicieron en instancia,  a condición que ellos tengan un carácter puramente  jurídico,   que  no  se  mezcle   ningún   elemento   de   hecho,  lo  que  vale  decir  que  los medios  mixtos  en  que  se  mezclan elementos de hecho y de derecho no son aceptados en  casación’  (XLI  bis.  Subraya  la  Sala)…Por  consiguiente,  en toda esta materia de las alegaciones  jurídicas  y  de  los  planteamientos  legales  relacionados  con  los hechos y  distintos  de  las  razones  de puro derecho y de orden público, se da el medio  nuevo,  pero  únicamente  cuando  tales  alegaciones  no  fueron  formuladas en  instancia”  (CSJ SC, 22  Jun.   1956,   G.J.   T.   LXXXIII   –se destaca).   

Si  no  es  posible  considerar  el  hecho  fundante  del  reproche  en examen, ninguna base tiene la Corte para escudriñar  en    el    fondo,   la  interpretación  que  del  numeral  14  del  artículo  1068  del  Código Civil  realizó la acusación.   

8.  En  forma  reiterada,  la  Sala,  en los  párrafos  anteriores,  reseñó  las apreciaciones que el Tribunal consignó en  su  fallo  para descartar que el testigo instrumental XXXXXXXXXXXXXXXX estuviese  incurso en la igualmente identificada inhabilidad.   

Ese conjunto de argumentos desvirtúan, por  sí   solos,  el  otro  yerro  jurídico  que  el  recurrente  le  enrostró  al  ad  quem, habida cuenta que  no  fue  el  criterio  de éste, al interpretar el numeral 14 del artículo 1068  del  Código  Civil, incluir como uno de los factores contemplados por la norma,  que  entre quien fungió como testigo de un testamento y el autor de dicho acto,  a  más  de la existencia del nexo laboral a que se ha hecho referencia, hubiese  mediado  un «contacto personal o familiar»,  expresión  que  fue  utilizada únicamente por la actora en la  declaración  de parte que rindió y que el Tribunal, al compendiar su versión,  reprodujo, pero sin apropiársela.   

9.  Por  lo  expuesto, el cargo examinado no  está llamado a buen suceso.   

IV. DECISIÓN  

       Por  lo  anteriormente  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en  Sala  de  Casación  Civil,  administrando justicia en nombre de la República y  por    autoridad    de   la   ley,   NO  CASA  la  sentencia  pronunciada  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín en el proceso ordinario antes referenciado.   

Costas del recurso extraordinario a cargo de  la  parte recurrente. Tásense por Secretaría, incluyendo la suma de $6.000.000  como agencias en derecho a favor de los demandados.   

En su oportunidad, devuélvase el expediente  a la Corporación de origen.   

NOTIFÍQUESE  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 Folio  18 ib.   

2  Folios 21 a 26 cuaderno 1.   

3 Auto  de  19  de  febrero  de  201,  folio 49 ib.     

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