SC7020-2014 [2009-00700-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

                     

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada Ponente  

SC7020-2014  

Radicación           n°  11001-31-03-037-2009-00700-01   

(Aprobado  en sesión de ocho de abril de dos  mil catorce)   

         

Bogotá  D.C.,  cinco (5) de junio de dos mil  catorce (2014).   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  formulado  por  la  sociedad  A…………..  SAS,  antes Limitada, frente a la  sentencia  de  29  de  noviembre  de  2012,  proferida  por  la  Sala  Civil  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá, dentro  del  juicio  ordinario  que  en  contra  de  la impugnante promovió el Conjunto  Residencial A…………. P.H.   

I.  ANTECEDENTES  

1.   En  el  escrito  introductorio  del  proceso,  se  pidió  declarar que la accionada es civilmente responsable de los  daños  causados  a  la  actora  derivados  del error en la construcción de las  «cubiertas  o terrazas de cada uno de los edificios o  torres»     que    conforman    el    «conjunto  residencial  A…….  P.H.»,  por  lo  que  se  solicita condenar a la convocada a cancelarle a la perjudicada  $126.627.782  y $5.875.529, por concepto de las reparaciones que debió realizar  y  por  el  monto  del  costo  de la interventoría que tuvo que asumir por esas  obras;  más  los  intereses moratorios sobre aquellas sumas de dinero, desde el  11   de   marzo  de  2009,  hasta  cuando  se  solucione  la  obligación  (c.1,  fls.123-127).   

          2.   Los supuestos fácticos que integran la causa petendi,  se  torna  adecuado  resumirlos  como enseguida se consigna:   

a).    El  proyecto  urbanístico  en  mención,  comprende  ocho  bloques construidos por la sociedad demandada, cuyas  áreas comunes fueron entregadas en junio de 2006.   

c).   A……. Limitada fue enterada de  la  reseñada  anomalía,  sin  que  hubiere  procedido  a efectuar las arreglos  necesarios,  no  habiéndolo  hecho  ni siquiera con posterioridad a la querella  promovida  ante  la Secretaría Distrital del Hábitat, por lo que el 7 de junio  de  2008,  debido  al  continuo  deterioro  de  la placa de los apartamentos, la  actora  contrató  a  la  sociedad  W…..  Limitada, a fin de que ejecutara los  trabajos  o  reparaciones  que  se necesitaren, labor que realizó y entregó la  obra  el  11  de marzo de 2009, pagándole como contraprestación la cantidad de  $126.627.782  y  adicionalmente  se  desembolsaron  $5.875.529,  por  costos  de  interventoría para dichos trabajos.   

3. Notificada la empresa accionada, se opuso  a  las  pretensiones  y  planteó  como  medios  enervantes  los  que  denominó  inexistencia  de  supuestos  para  que haya lugar a la  declaración  de  responsabilidad  civil  contractual en contra de A….. Ltda.,  culpa  exclusiva  de  la víctima, las autoridades distritales declararon que el  mantenimiento   [de]   las  cubiertas  era  responsabilidad  absoluta  de  la  copropiedad y no hubo ninguna  irregularidad  en  la construcción y la atención de quejas por parte de A….,  falta  de  legitimación  en  la  causa  por  activa, y  la demanda no señala ni explica por qué estamos ante  un      caso      de      responsabilidad      civil     contractual.   

4.   La primera instancia se finiquitó  con  el  fallo  de  15  de  mayo de 2012, denegándose la súplica atinente a la  «responsabilidad       contractual»,  por  ausencia  de  legitimación  en  la  causa,  en razón de no  haberse  acreditado  la  existencia  de  un  «contrato  válido»  entre  las  litigantes  (c.1, fls.816-821),  decisión apelada por la parte vencida.   

          5.   El  juzgador  de  segundo  grado,  al  resolver la alzada,  revocó   la   providencia  del  a-quo,  desestimó  las  defensas  de  la  demandada, la declaró civilmente  responsable  por  el  daño ocasionado a la convocante al juicio y la condenó a  pagarle  la  suma de $132.503.311, más los intereses moratorios a partir del 11  de marzo de 2009 y las costas en ambas instancias (c.3, fls. 8-41).   

II.     FUNDAMENTOS    DEL    FALLO  IMPUGNADO   

El   ad   quem  se  refirió de manera resumida a los antecedentes del  caso,  verificó la concurrencia de los presupuestos procesales y la ausencia de  irregularidad  constitutiva de nulidad, por lo que estimó se hallaba habilitado  para el estudio de fondo del litigio.   

Enseguida  se ocupó de precisar el concepto  de    la    «responsabilidad    civil»,  sus  modalidades concebidas bajo la denominación de «contractual    y    extracontractual»,  acotando  que  son  disímiles  por  su  «tratamiento  legal,  doctrinal  y  jurisprudencial», aunque resalta  que     su     diferencia     esencial     radica     en     la     «preexistencia    de    una   relación   contractual»  en  cuanto a la primera, en tanto que la segunda no se cimienta en  ese  supuesto,  y  trae  como  sustento  de  tal  criterio una sentencia de esta  Corporación en la que se examinó esa temática.   

Al analizar lo atinente a aquella situación,  advierte  que  la  impugnante  asegura que tal acuerdo  aparece  demostrado  dentro  del  expediente,  al  referirse  a las compraventas  celebradas  entre los actuales propietarios de los bienes que han sido afectados  con  la  aparente  omisión de la pasiva, aserción que ciertamente no puede ser  de  recibo,  toda  vez  que  la  órbita  de  esta responsabilidad gravita en la  mediación  de  un  acuerdo de voluntades suscrito entre los que hacen parte del  litigio,  que  obligue o comprometa a los pactantes, acto que en las diligencias  no  se  demostró,  y  por lo tanto, no se presenta el  supuesto  del  incumplimiento  contractual  generador  de  los perjuicios, luego  «tal  hermenéutica  no puede ser acogida y por ello,  en  principio,  debería  entrar a confirmarse la decisión adoptada por el juez  de primer grado».   

No obstante encuentra elementos de juicio que  imponen  «revisar la procedencia de la responsabilidad  extracontractual»,   comenzando  por  esclarecer  lo  concerniente    a    la    «legitimación   en   la  causa»,   condición   esta  de  la  que  expone  su  entendimiento   teórico   y  con  base  en  ello  reflexiona  que  luce  cuando  menos  precaria la inferencia de que la ausencia de un  particular  contrato de construcción u obra entre las partes, conlleve la falta  de  [aquella]  para reclamar  los  perjuicios  alegados  por  el conjunto residencial A……….., puesto que  dicha  facultad  emerge  de  la  misma  ley,  siendo  que se halla acreditado el  interés  de  dicha  colectividad  y  la  afectación  de  los  daños que se le  causaron  al  conjunto  residencial,  por  ser  las  construcciones afectados de  titularidad  común,  señalando  como sustento de ese  criterio  lo  previsto en el artículo 22 de la Ley 675 de 2001, que alude a los  «bienes  de uso exclusivo»,  al  igual  que el 32 ibídem,  en  cuanto  contempla  que  el  objeto  de  la propiedad horizontal «será  administrar  correcta  y eficazmente los bienes y servicios  comunes»,  precepto  que  concatena con las funciones  del      administrador      consagradas      en      el      51     ídem,   resaltando   la   relativa   a  cuidar  y  vigilar  los bienes comunes, y ejecutar los  actos  de  administración,  conservación  y  disposición  de  los  mismos  de  conformidad  con  las  facultades  y  restricciones  fijadas en el reglamento de  propiedad  horizontal  (…).  Representar  judicial  y  extrajudicialmente a la  persona  jurídica  y  conceder  poderes  especiales para tales fines, cuando la  necesidad lo exija (…).   

De  lo  anterior  infiere que la persona que  ostenta  la  reseñada condición, está facultada para exigir la indemnización  por  los  daños  causados  a  los  bienes de uso común, naturaleza esta que le  asigna  a  las cubiertas de las unidades habitacionales ubicadas en los últimos  pisos  de los edificios que conforman la propiedad horizontal, y en razón a que  esa  situación  no  encuentra sustento en un vínculo obligacional, la cataloga  como     un     evento     de     «responsabilidad  extracontractual»,  que  subsume en el canon 2341 del  Código  Civil  y  se  apoya  en  disposiciones  locales  para comentar aspectos  generales  que  conciernen  a  la  actividad de la construcción en la ciudad de  Bogotá.   

Al verificar que la demandada intervino como  constructora  del conjunto urbanístico que conforma el ente demandante, de ahí  deduce  la  responsabilidad  por  las  imperfecciones en las obras realizadas, y  consideró  «acreditado el daño causado por la falta  de   pendiente   necesaria   en   las  cubiertas  de  las  torres  del  conjunto  habitacional»,  con base en las siguientes probanzas:  (i)  testimonio  de CICV…………. …………….…, propietaria de uno de  los   apartamentos   afectados,   «el  cual  sufrió  inundación  parcial,  advirtiendo  varias  grietas  por  filtración  del  agua  empozada  en su techo»; (ii) solicitud de 8 de octubre  de    2007,    formulada   por   LEPA…………,   dueña   del   «apartamento  803,  torre  8», reclamando  «la  toma  de las medidas pertinentes en cuanto a las  irregularidades  que  se  estaban  presentando  en  tiempos  de  lluvias por los  problemas  de  las torres del conjunto, inconformidad que también fue planteada  por  los  propietarios  del apartamento 804 de la torre 4, el día 18 de octubre  de  2007,  donde reiteran el problema de las cubiertas que se agravó a causa de  las    fuertes    lluvias»,    y    la   queja   de  MSM…………………,  ocupante  del  «apartamento  801,  torre 7», quien puso en conocimiento las goteras  en  la  cocina,  sala  y  cuarto  principal;  (iii)  documento de autoría de la  empresa  W……..  Ltda.,  en  el  que  reseña  que  en la visita previa a los  trabajos  que  ejecutó,  se  observaron  una serie de  detalles  que  no  permiten un correcto funcionamiento de la impermeabilización  por     los     siguientes     motivos:     los    pendientados    (sic)    existentes   no   permiten   una  evacuación  total  de  las  aguas  dejando  en  su  gran  mayoría aposamientos  (sic)  en la superficie. Las  aguas  detenidas  sobre  la  impermeabilización  la  deterioraron rápidamente,  corroyendo  inicialmente  el  foil de aluminio y posteriormente la estructura de  la  misma  impermeabilización, permitiendo así la entrada incontrolada de agua  a  la  placa  de  cubierta, en el transcurso del tiempo se hicieron innumerables  reparcheos   para   tratar   de   solucionarlo;  (iv)  testimonio  de  BS………, quien declaró sobre los desperfectos que halló en  las  terrazas  en  mención  y del ingeniero LARM…………………………,  morador  del  «apartamento 501, torre 3»,  habiendo  comentado que participé en un  comité  de  obras  de la Agrupación y revisamos e inspeccionamos las cubiertas  de  las  ocho  torres  y  encontramos  que  sobre  la  placa de las cubiertas no  existía  la  pendiente  mínima  que  se  requiere  para que el agua llegue por  gravedad  a  las  bajantes,  tampoco  existía  la regata horizontal que se debe  hacer  en  el  muro  para  permitir que el manto de la impermeabilización quede  embebido  dentro  del muro y evite el agua cuando caiga ingrese entre el manto y  la placa existente.   

Adicionalmente expone el sentenciador, que a  pesar  de haberse archivado las diligencias administrativas adelantadas frente a  la  constructora,  «no  puede  soslayarse  que  en el  informe  n°  09-247  realizado  por  la  propia  Secretaría del Hábitat de la  Alcaldía  Mayor  de  Bogotá  el  día  6  de  enero  de 2009, se revela que lo  atinente    a   las   cubiertas   de   empozamiento   de   aguas:   ‘…  fue intervenido y solucionado por  la  copropiedad», infiriendo de ahí que la señalada  decisión se adoptó no por la labor de la constructora.   

Así  mismo, encuentra soporte para aseverar  que  a  aquella  le  correspondía  ejecutar  las  obras  de  saneamiento, en lo  expresado  en  el  documento  de  la visita técnica realizada por la mencionada  entidad  el  24  de  septiembre de 2007, en cuanto a que la humedad observada en  los  pisos  superiores  de  las  torres  proviene  de  la  falta de «adecuada  impermeabilización  y manejo de pendientes de placas de  las  terrazas,  situación  que  debe  ser  corregida  por  la  constructora …  teniendo  en  cuenta  lo  anterior  se  deduce  que  se trata de una deficiencia  constructiva   (sic)  y  que  adicionalmente  en  referencia a este tema se debe dar cumplimiento al artículo  B5.1.3      del      Código      de      Construcción      (…)».   

También  sostiene  que algunos instrumentos  adosados   a   la  referida  investigación  administrativa,  no  favorecen  los  intereses  de  la  accionada,  puesto que dada la gravedad de los desperfectos y  siendo  de  carácter  estructural,  se  considera  que  la  situación no queda  solventada  con  el  recibo  de  la  edificación,  porque  ni aun aplicando los  paliativos     de     «mantenimiento     en     la  impermeabilización»,   podrían   dar   un  remedio  definitivo a los aludidos defectos.   

Se    desestima   la   declaración   de  ASG……………………..  ……….,  a  quien se tachó por sospecha dado  el  vínculo con la convocada, porque su versión no encuentra respaldo en otros  medios  de  convicción,  y es desmentida por lo informado acerca de las visitas  realizadas   por   la   autoridad   distrital   en   mención,  como  por  otros  deponentes.   

En cuanto a las defensas planteadas se afirma  que  «no  tienen  la  virtualidad  de enervar el buen  futuro  de  las súplicas elevadas, toda vez que si bien no existió un contrato  de  obra  propiamente  dicho  entre  las  partes  aquí  involucradas,  como  lo  pretendía  exigir  esta, sí se probó un hecho dañino, el perjuicio causado y  su  nexo  de  causalidad»,  y  respecto  de  la culpa  exclusiva   de   la   víctima,   señala  que  no  obstante  la  necesidad  del  mantenimiento  periódico,  el  daño que se generó no fue por falta del mismo,  «sino  por  la  omisión  de  implementación  de las  pendientes  requeridas  para el correcto desagüe», lo  que provocó los aludidos perjuicios.   

Ante   esas   circunstancias,   deduce  el  ad quem la existencia de los  elementos  de  la  responsabilidad civil extracontractual y la procedencia de la  condena  solicitada,  determinando  que  el  detrimento patrimonial proviene del  «desembolso         de        $126’627.782,  correspondientes al coste de  la  realización  de  las  obras  que  le  competía  realizar  a  la demandada,  adicionando  a  dichos  gastos  aquel  en  el  que  incurrió  la copropiedad al  contratar  al  (…)  interventor  de  la  obra  realizada,  cuyo  valor  fue de  $5’875.529»,  hallando  procedente  el  reconocimiento  de intereses moratorios  comerciales  sobre  esas  sumas  de  dinero,  a  partir del 11 de marzo de 2009.   

III.  DEMANDA DE CASACIÓN  

La  recurrente  propuso once (11) cargos, de  los  cuales se admitieron cuatro (4) como sustento de la acusación, el primero,  segundo,  séptimo  y  décimo,  apoyados  los tres iniciales en la «causal   primera»,  dos  de  ellos  por  violación  directa,  el  otro  por  transgresión  indirecta,  y  el último de  aquellos  fundado  en la «causal segunda»,  los  que  se  estudiarán  en  sentido  inverso  al  que aparecen  mencionados,  dado que es ese el orden lógico que se impone para el caso, salvo  los  que  son  encauzados por la senda recta, que se fusionan para su análisis,  debido  a  que  les  son aplicables las mismas consideraciones, y se examinarán  siguiendo la secuencia como se hallan formulados.   

CARGO DÉCIMO  

Está   apoyado   en   la   «causal  segunda»  del artículo 368 del  Código  de Procedimiento Civil y se sustenta en que el fallo impugnado contiene  una  decisión  extra petita,  anomalía   esta  contraria  a  las  reglas  de  consonancia  del  precepto  305  ibídem,  concretándose en  que  se  condenó  a  la  accionada  por una causa diferente a la invocada en la  demanda,  toda  vez  que  se promovió una «acción de  responsabilidad  civil  contractual»,  y  se  le  dio  respuesta  bajo  la  óptica  de  la  «responsabilidad  civil   extracontractual»,  habiendo  preterido  el  estudio  de  la defensa relacionada con la «inexistencia   de  los  supuestos  para  [declararla]».   

Alude el censor a los reclamos que hiciera en  primera  instancia,  a  fin  de  que  se  precisara la modalidad de «responsabilidad  civil»  planteada,  de  tal      manera      que      si     correspondía     a     la     «contractual»,  la  actora  debía hacer  referencia  a  la  misma  en  los  hechos,  como también probar la «relación   jurídica»  y  aclarar  las  súplicas  en  cuanto  a «indicar si lo que se pide es  la      declaratoria      de      incumplimiento     de     una     ‘relación     jurídica’,  fundamento  de  la  responsabilidad  civil   contractual,   o   la   declaratoria   de   una   responsabilidad  civil  extracontractual»,  situación  que era indispensable  precisar  dadas las diferencias que se presentan en cuanto a sus principios y al  régimen  probatorio,  petición que no tuvo eco, por el contrario se le indicó  que  los reparos al libelo debieron proponerse como excepción previa, lo que no  procedía   por   no  adecuarse  esa  situación  a  las  hipótesis  legalmente  previstas.   

A  pesar  de  lo  anterior,  estima  que  la  decisión       del       a-quo      contenida  en  el  auto  de  25  de agosto de 2010 (fls.165-166), al  igual  que  lo  manifestado por la parte actora (fl.146), en concordancia con el  poder   otorgado   para   formular   la   demanda   (fl.1),  dejan  «claro  y establecido que el proceso promovido en contra de A……  Ltda.,  hoy  A……..  SAS,  (…),  fue  un  proceso  de responsabilidad civil  contractual»,    y    asevera   que   se   presenta  inconsonancia,  según  los  alcances de la jurisprudencia de esta Corporación,  «por  cuanto  la  sentencia del Tribunal resuelve una  acción  no  ejercida  por la parte actora y deja de resolver favorablemente por  lo  menos  una  de  las excepciones que estaba probada, con lo cual la sentencia  debía  ser  confirmatoria  ya  que  no  se  probó (…) la relación jurídica  contractual».   

Igualmente  precisa  que  no  cuestiona  las  facultades  de  interpretación  del  escrito  introductorio del juicio, sino el  desbordamiento  ilegítimo  de  los  límites  establecidos  para  el efecto, al  entrar  a  «califi[car]  arbitrariamente la causa del  pedir  y  el  petitum», y de acuerdo con ese proceder  determinó    que    se   ejercitaba   «acción   de  responsabilidad  civil  extracontractual  que no se encuentra en consonancia con  los       hechos      (…),      ‘inventando  además una petición que ni por asomo aparece formulada  en   ese  sentido’,  para  declarar   responsable   a   A…….   Ltda.,   resolviendo   una   acción  de  responsabilidad    civil    contractual    como   extracontractual»,  criterio  este  que no podía elegir, dado que los hechos no eran  oscuros  o  ambiguos,  además porque la accionante en varias de sus actuaciones  «enmarcó   su   acción,   pretensiones   y  hechos  fundamento  de  la  primera  y  segunda  antes  mencionadas,  como de naturaleza  contractual»,  y  ni  siquiera  de  forma subsidiaria  planteó  la  «responsabilidad aquiliana».   

Finalmente  sostiene,  que  en  «el  presente  caso no existió ambigüedad que facultara al juez a  echar   mano   de   la   facultad  interpretativa  de  la  demanda»   e   insiste   que   se   torna   evidente  la  incongruencia  del  fallo.   

CONSIDERACIONES  

1.  Al  regular  el Código de Procedimiento  Civil   lo   concerniente  a  las  «providencias  del  Juez»,  en  el  artículo 305, plasmó las reglas que  desarrollan      el      «principio     de     la  congruencia»   y  en  lo  pertinente  consagra,  que  [l]a  sentencia  deberá  estar en consonancia con los  hechos  y  las pretensiones aducidos en la demanda y en las demás oportunidades  que  este  Código  contempla,  y  con  las excepciones que aparezcan probadas y  hubieren    sido    alegadas   si   así   lo   exige   la   ley.   – No podrá condenarse al demandado por  cantidad  superior  o  por  objeto distinto del pretendido en la demanda, ni por  causa diferente a la invocada en ésta.   

Es innegable que el citado postulado propugna  por  asegurar  los derechos de defensa y de contradicción, en cuanto impide que  al  convocado  a  un  litigio  se  le  sorprenda  por  el  juzgador con hechos o  peticiones  no  alegadas,  respecto  de  las cuales careció de oportunidad para  confutarlas,  y  es  de tal magnitud su importancia, que la inobservancia de tal  exigencia  se  erigió  como  una  de  las causales sustentáculo del recurso de  casación.   

Acerca de la anomalía procesal en cuestión,  esta   Corporación   en   fallo   CSJ  SC,  20  sept.  2013,  rad.  2007-00493,  memoró:   

(…)          ‘la   inconsonancia  de  la  sentencia  constituye  un vicio de procedimiento (…) que se traduce en el pronunciamiento  de  un  fallo  incongruente,  ya  sea  porque  en él decide sobre cuestiones no  pedidas  (extra  petita)  o  sobre  más de lo pedido (ultra petita), u omite la  decisión  en  todo  o en parte, acerca de las pretensiones o de las excepciones  (mínima     petita)’  (…).   

A  fin de precisar aspectos que caracterizan  la   aludida   irregularidad,   se   torna   ilustrativo   citar   la   doctrina  jurisprudencial  reiterada en la sentencia CSJ SC, 3 nov. 2010, rad. 2000-03315,  en la que se sostuvo:   

(…),  la  trasgresión  de  esa  pauta  de  procedimiento   no  se  puede  edificar  sobre  la  base  de  controvertirse  el  juzgamiento   del   litigio,   porque   el  error  se  estructura,  únicamente,  tratándose  de  la  incongruencia  objetiva,  en los eventos en que se peca por  exceso  o  por defecto (ultra, extra o mínima petita), y de la fáctica, cuando  el  sentenciador  imagina  o  inventa  hechos,  pero  no  cuando  los tergiversa  (…).   

(…)       el       [mencionado]   yerro   in   procedendo  se  presenta      cuando      el      ‘fallador,  sin  referirse  a  los  términos  ni  al contenido de la  demanda,  esto  es  sin  mediar  ningún  juicio  sobre  la  misma  ni  sobre la  interpretación  que  debe dársele, decide el litigio a partir de peticiones no  formuladas  en  la demanda, ni expresa ni implícitamente, a las cuales alude el  fallo  de  sopetón  y  de modo inopinado para las partes. Revelándose allí un  proceder  que, por abrupto, muestra  inmediatamente la transgresión de los  límites     que    configuran    el    litigio    a    conocimiento    de    la  jurisdicción.   

         

‘Si  por  el  contrario,   el  sentenciador  se  pronuncia  en  un  determinado  sentido  como  consecuencia  de  haber  apreciado e interpretado la demanda, a raíz de lo cual  fija  los  hechos  y  peticiones  de  la  misma  que en su sentir estructuran la  disputa  judicial  de que conoce, y como consecuencia de ese ejercicio cae en la  equivocación  consistente en considerar uno o varios hechos ajenos a la causa o  en  definir   una  petición  que  no  le  ha  sido  formulada,  deviene la  ocurrencia  de  un  error de juicio -error injudicando-, como que en tal caso el  fallador  no  ha  obrado  de  manera  impensada,  para  cuya  enmienda  se halla  establecida       la      causal      primera      de      casación’(…).   

         

          Refuerza  el  entendimiento de tales reflexiones, lo comentado en la  sentencia CSJ SC, 8 abr. 2003, rad. 7844, en la que se dijo:   

(…).  Es  preciso  recordar  que la causal  segunda   de   casación   se   halla  instituida  para  enmendar  el  vicio  de  procedimiento  que se presenta cuando el sentenciador, por exceso o por defecto,  se  aparta  del  cuadro  de  instancia  que  traza  la demanda y las excepciones  propuestas  por  el demandado o  que el juez deba declarar de oficio; en lo  que  concierne  con  la  presente  acusación,  ciertamente  que  un fallo puede  resultar  incongruente,  en la especie extra petita, si decide sobre algo que no  fue  pedido  en  la  demanda  o con respaldo en hechos no fundantes de la misma,  pues   la  actividad  del  juez  debe  ceñirse  a  los  hechos  y  pretensiones  consignados  en el libelo introductor, según dispone el artículo 305 del C. P.  Civil.   

          2.   Las  reseñadas  pautas  permiten  establecer,  que  en el  sub  judice no concurren los  supuestos          que          puedan          estructurar         «incongruencia»            en  el fallo impugnado, según lo denunciado por  la  censura,  porque  la  decisión  adoptada fue el producto de la «interpretación  de  la  demanda» por el  juzgador,  labor  esta  que  asumió  al  considerar  que  en  ella no se había  precisado     la    clase    de    «responsabilidad  civil»  con base en la cual  se buscaba el resarcimiento de perjuicios.   

          En  ese  sentido  obsérvese  que  en  el preludio de su estudio, el  sentenciador  comenzó  por  resaltar  aquella  circunstancia  de  insuficiencia  formal,  advirtiendo  que no se «enunci[ó] a cuál de  los  dos  tipos  de  adeudo  comentados  quiso  el  promotor  enfilar la acción  indemnizatoria»,  y de ello se valió para argumentar  que  en obedecimiento a los insistidos pronunciamientos  jurisprudenciales  que  han depurado que la responsabilidad civil es una sola, y  siendo  perjudicial  sacrificar  el  derecho sustancial por un simple aspecto de  contenido  procedimental,  esta  Corporación  ve  la  necesidad de acudir a las  facultades  interpretativas  frente  a  la  demanda, y desentrañar la verdadera  intención  y  alcance  del actor con los reclamos invocados, debiendo agotar en  primer  término  [si]se trata  de  la  estirpe  de  responsabilidad contractual, y de no ser así, entrar en el  examen  de  la  aquiliana  o  extracontractual, y al no  hallar  probado  el  convenio  entre las partes, descartó el examen del litigio  bajo  los  parámetros que moldean la «responsabilidad  contractual»,  por  lo  que  entró  a  verificar  si  concurrían   los   presupuestos   para   que  se  configurara  la  «responsabilidad        civil        extracontractual».   

          Para  tal  efecto, dijo tomar en cuenta el escrito introductorio del  proceso,   al   igual   que  algunas  disposiciones  de  la  Ley  675  de  2001,  concernientes   a   los   «bienes   comunes  de  uso  exclusivo»,  al objeto de la propiedad horizontal y a  las  funciones  del  administrador, de donde dedujo la legitimación en la causa  de  la  actora, y en cuanto a la convocada, infirió esa condición a partir del  hecho de ser la constructora del nombrado proyecto urbanístico.   

Los   aludidos   elementos   fácticos  le  permitieron  dar por acreditados los requisitos emanados de la norma general que  fija   las   reglas   de  la  «responsabilidad  civil  extracontractual»,  esto  es,  el  artículo 2341 del  Código  Civil,  las  que armonizó con preceptos que regulan la actividad de la  construcción  en  esta  ciudad,  y  de  esa  manera llegó a la conclusión que  no hay incertidumbre alguna de la satisfacción de los  tres  elementos  de  la responsabilidad aquiliana (…), puesto que se encontró  en  cabeza  de  la  demandada  el  adeudo de arreglar las cubiertas, debido a su  omisión  y  error al no implementar en las torres del conjunto la pendiente con  la  medida  requerida  para que las aguas no se empozaran, lo que derivó en los  perjuicios  denunciados  y  por  consiguiente  debe  imponerse  el  pago  de los  mismos.   

3.  Como puede advertirse, en las reseñadas  argumentaciones   no  subyace  el  vicio  de  procedimiento  concerniente  a  la  inconsonancia,  lo  que  descarta  la causal de casación invocada como sustento  del reproche analizado.    

No  obstante  la  anterior  inferencia, cabe  acotar,  que  de  haberse  presentado  error  en el entendimiento de la demanda,  derivando    de    ahí   la   condena   a   la   accionada   por   «responsabilidad        civil        extracontractual»,  cuando  según  la  impugnante,  la  que  se  promovió  fue  una  «acción      de      responsabilidad      civil  contractual»,   los  cuestionamientos  correspondía  encauzarlos con apoyo en un motivo distinto al mencionado.   

Acerca de esa temática, la Sala en el fallo  CSJ SC, 16 dic. 2010, Rad. 2004-00270, en lo pertinente expuso:   

En  sede  de  casación,  precisamente,  la  incorrecta  ponderación de la demanda puede denunciarse cuando el sentenciador,  con  base  en  ella,  modifica  la  naturaleza  de la acción ejercitada y, como  consecuencia  de tal error, aplica al caso disposiciones legales que en realidad  le  son extrañas, defecto que debe denunciarse a la luz del quebranto indirecto  contemplado,  según ya se memoró, en el primero de los motivos habilitantes de  esta  forma  de  impugnación  extraordinaria,  tal  y  como lo reiteró la Sala  recientemente   al   señalar   que   ‘el  yerro  en  el  que  incurre  el  sentenciador  cuando no atina a  comprender  cuál es la acción, si contractual o extracontractual, que promueve  el  demandante  con  la  finalidad  de  obtener el reconocimiento y pago de unos  perjuicios  que afirma le fueron ocasionados por la conducta omisiva e irregular  de    la   parte   accionada,   es   de   facto   y   no   jurídico’  (Cas.  Civ.,  sentencia  del  3  de  febrero de 2009, expediente n° 1100131030200300282-01).   

         

4.  Son  suficientes  las razones expuestas,  para   desestimar   el   citado   reproche,  puesto  que  no  se  presentan  las  circunstancias   que   jurídicamente   puedan   configurar   la   incongruencia  denunciada.   

CARGO SÉPTIMO  

          1.    Se   sustenta  en  la  «causal  primera»  del precepto 368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  al estimar que el Tribunal «erró  en  la  valoración  objetiva  de  la demanda»    e    incurrió    en    «error   de  hecho»  en la apreciación de ese escrito, vulnerando  «el  Art.  101  del C.P.C. y el Art. 2341 del Código  Civil».   

          Afirma  el  censor  que  los  fundamentos  fácticos  del litigio se  fijaron  en  aquella  pieza procesal, en la réplica y defensas de la accionada,  al  igual  que  en  lo  plasmado  en  la  audiencia preliminar contemplada en la  reseñada  disposición  rituaria,  en  la que el mandatario de la promotora del  juicio  expresó que se ratificaba «en los hechos y en  las  pretensiones»  y  su  contraparte  hizo  similar  manifestación  en  cuanto a «la contestación y (…)  las excepciones (…)».   

          Así  mismo,  sostiene  la  impugnante  que  nunca  fue demandada en  «acción      de      responsabilidad      civil  extracontractual»,   toda   vez   que   los   hechos  «a  todas  luces  se  referían a un contrato que, no  hizo,  y  entre  otras,  le  fue  negado  por el juez de primera y el de segunda  instancia», y erró de manera ostensible «al   considerar   unos   hechos  alegados  como  supuesto  de  una  responsabilidad  contractual,  como  fundamento  de  una  responsabilidad  civil  extracontractual»,   los   que   no   adolecían  de  ambigüedad,  por  lo que no había lugar a su interpretación, y reitera que se  produjo  desatino,  según  el  criterio  jurisprudencial  de esta Corporación,  «porque  tal  proceder  entraña  una arbitrariedad y  contradice  la  evidencia  que  el  escrito  de  demanda ostentaba».      

CONSIDERACIONES  

          1.   Ha  de  recordarse  que  la  persona  jurídica demandante  manifestó:   «me   permito   demandar,  en  proceso  ordinario  de responsabilidad civil contractual de mayor cuantía, a la sociedad  A…..Ltda.»,  y  solicitó  declararla  «civilmente   responsable   (…)   por  los  daños  y  perjuicios  ocasionados  por el error constructivo (sic)  en  las  cubiertas  o  terrazas» de las  torres  que conforman el conjunto residencial, para lo cual pidió la respectiva  condena dineraria, especificando los rubros y su cuantía.   

El   Tribunal,   dedujo  que  «al  no  evidenciarse  un  convenio plenamente válido, firmado por  los   extremos   enfrentados,   no   puede   hablarse   de   un   incumplimiento  contractual»,  y  estimó  que  debía  «revisar      la      procedencia     de     la     responsabilidad  extracontractual»,   para   lo  cual  verificó  que  concurría  legitimación  en la actora, de conformidad con las disposiciones de  la  ley  de  propiedad  horizontal,  en  la medida que el daño recayó sobre un  componente   de   los   «bienes   comunes   de   uso  exclusivo», cuya administración correcta y eficaz le  competía  al  ente  jurídico,  correspondiéndole  a su representante legal el  cuidado  y  vigilancia, en tanto que frente a la accionada dedujo esa condición  del   hecho   de   haber   sido  ella  la  constructora  del  nombrado  conjunto  residencial.   

Le atribuyó el juzgador responsabilidad a la  convocada,  al  inferir  que  «no  hay  incertidumbre  alguna  de  la  satisfacción  de  los  tres  elementos  de  la  responsabilidad  aquiliana»,  consecuentemente revocó la decisión de  primer   grado   y   dispuso   «declarar  civilmente  responsable    a    la    sociedad    A……    Ltda.,   por   los   daños   y  perjuicios» reclamados por la actora, imponiéndole a  aquella   la   «condena   en  concreto», según lo solicitado.   

La  impugnante halla el desatino fáctico en  la   «interpretación  de  la  demanda»,  al  estimar  que  las  súplicas  se  fundaron  en  un  evento de  «responsabilidad   civil   contractual»,  acorde  con lo expresado en el escrito genitor del proceso, y que  el  ad  quem,  a  pesar  de  existir  claridad sobre esa temática, erradamente consideró que había lugar a  desentrañar  el  sentido  de la citada pieza procesal, llegando así a resolver  la     alzada     basado    en    los    parámetros    de    la    «responsabilidad        civil        extracontractual».   

2.  La idoneidad jurídica del yerro en  cuestión  para  enervar  la presunción de verdad y acierto que ampara el fallo  impugnado,  deriva de que sea manifiesto, al igual que se halle demostrado, así  lo  consagra  el  inciso  final  del  artículo 374 del Código de Procedimiento  Civil.   

Con    relación    al    «error   de   hecho   manifiesto   en   la   apreciación   de   la  demanda»,  aspecto  este  que  es el planteado por la  recurrente,  se  configura  cuando  en  la labor de su valoración el sentenciador incurre en protuberante u  ostensible  equivocación, de tal manera que se muestra evidente la contrariedad  de  lo  por  él  percibido o captado, con el contenido integral de la reseñada  pieza procesal.   

Sobre  el  particular, esta Corporación CSJ  SC,  16  may.  2011,  rad.  2000-09221-01,  sostuvo  que  el aludido desatino se  presenta:   

(…)     cuando     esa    situación  desbord[a]  el ámbito de la  interpretación  lógica  y  jurídica  de  la  misma;  por  cuanto  -como lo ha  reiterado    la   jurisprudencia-,   ‘[e]s  indiscutible  que  el  juzgador  ostenta  la  prerrogativa  de  buscar,  cuando  ello  es  necesario, el sentido y alcance que tiene una demanda  para  no  hacer  nugatorio  el  derecho  fundamental  que  tiene toda persona de  acceder  a la administración de justicia, esto es, en últimas, para evitar que  se   desconozca   o  aplace  el  mismo’    (sent.    cas.    civ.   de   15   de   julio   de   2010   exp.  2005-00265-01).   

Igualmente, en el fallo CSJ SC, 3 feb. 2009,  rad.   2003-00282-01,   en   el   que   se  examinó  un  caso  de  «responsabilidad  civil» respecto del que  el  ad quem concluyó era de  naturaleza       «extracontractual»  y el opugnante reclamaba porque había sido convocado a un litigio  de  carácter «contractual»,  ahí la Corte sobre esa problemática memoró:   

En cuanto a la obligación que tiene el juez  de  interpretar  el  libelo  con el que se promueve un litigio, también dijo la  Sala  en  sentencia  n° 208  de 31 de octubre de 2001, expediente 5906, lo  siguiente:   

‘(…)   se  reitera,  entonces,  que el juez debe interpretar la demanda en su conjunto, con  criterio  jurídico,  pero  no  mecánico, auscultando en la causa para pedir su  verdadero  sentido  y  alcance, sin limitarse a un entendimiento literal, porque  debe  trascenderse  su misma redacción, para descubrir su naturaleza y esencia,  y   así   por   contera   superar   la  indebida  calificación  jurídica  que  eventualmente  le  haya  dado la propia parte demandante. Tales hechos, ha dicho  la  Corte,  ‘son  los que  sirven  de  fundamento  al  derecho  invocado  y es sobre la comprobación de su  existencia  y  de  las circunstancias que los informan sobre que habrá de rodar  la     controversia’  (Sentencia  de 2 de diciembre de 1941). Si están probados los hechos, anotó en  otra  ocasión, ‘incumbe al  juez  calificarlos  en  la  sentencia  y proveer de conformidad, no obstante los  errores   de   las   súplicas:   da  mihi  factum,  dabo  tibi  ius’ (G.J. No. 2261 a 2264, pág. 137). En  materia  de interpretación de la demanda, dijo más recientemente, ‘la  desacertada  calificación  que el  libelista  le dé en su demanda a las súplicas, no tiene por qué repercutir en  el  tratamiento  jurídico  del  caso, puesto que corresponde al juzgador y no a  los   litigantes,   definir   el   derecho   que   se   controvierte’  (…).   Es  más,  aún  en el  evento  de  una  denominación  incorrecta, dicha circunstancia no tenía porque  repercutir  en  el  tratamiento  jurídico  del  caso, puesto que corresponde al  juzgador  y  no  a  los  litigantes, definir el derecho en conflicto: jura novit  curia’.     

         

Más  recientemente, en sentencia n° 071 de  16  de  julio  de  2008,  se  anotó  sobre  el  tema  lo que a continuación se  destaca:   

         

‘(…)  para  identificar  una  pretensión  no  basta con reparar en lo que se solicita, sino  que  ese  petitum, que constituye el objeto inmediato de lo que se demanda, debe  relacionarse  con  la  causa para pedir invocada, la que comprende la situación  de  hecho  aducida y las consecuencias que a ella le asigna el demandante.   Por  tanto,  esos  dos  factores  que  inescindiblemente se conjugan en la causa  petendi,  determinan  el  título  de  la  pretensión  y,  por  ende,  para  la  configuración  de éste concurren razones de hecho y de derecho, entendiéndose  que  las  primeras  están  dadas  por  el  relato  histórico  de la situación  fáctica  de la que se busca deducir lo que se pide a la jurisdicción, mientras  que   las  segundas  ‘son  afirmaciones  concretas de carácter jurídico que referidas a esos antecedentes  de  hecho,  le permiten al demandante autoatribuirse el derecho subjetivo en que  apoya  su  solicitud  de tutela a las autoridades judiciales, afirmaciones estas  que,  desde  luego,  no  hay  lugar  a  confundir en modo alguno con los motivos  abstractos   de   orden   legal   que  se  aduzcan  para  sustentar  la  demanda  incoada’  (ibídem). – Es  función  privativa  de  los juzgadores examinar el contenido de la litis, labor  para  la  cual  cuentan  con  amplias  facultades,  con  miras  a  concretar los  preceptos   que  consideren  aplicables  al  caso,  aunque  tengan  que  hacerlo  separándose  de  las  alegaciones en derecho efectuadas por las partes o suplir  sus omisiones; (…).   

(…)    También   en   la   sentencia  inmediatamente  citada,  la  Corte  reiteró su doctrina en el sentido de que el  yerro  en  el  que incurre el sentenciador cuando no atina a comprender cuál es  la  acción,  si  contractual o extracontractual, que promueve el demandante con  la  finalidad  de obtener el reconocimiento y pago de unos perjuicios que afirma  le  fueron  ocasionados  por  la  conducta  omisiva  e  irregular  de  la  parte  accionada, es de facto y no jurídico.   

Cabe agregar, que en la  sentencia  aludida  en  el  precedente transcrito, no obstante que se resalta la  limitación  a  la  facultad  del  juzgador  cuando  no existe ambigüedad en la  especie   de   responsabilidad   civil  por  la  que  se  demanda,  también  se  advirtió:   

Y  en  este  punto  es  menester  acotar  que  no  se  trata  de  restringir o menoscabar las potestades  hermenéuticas  del  juzgador,  ni  mucho menos que al conjuro de un determinado  vocablo   utilizado   por   el  actor,  quede  irremediablemente  ligado  a  esa  expresión.   Por  el  contrario,  ya  se  ha  recalcado,  y  nuevamente se  enfatiza,  que  el  juez  tiene  el  deber  de  desentrañar el verdadero y más  equitativo  sentido  de  la  demanda, por supuesto, sin distorsionarla, labor en  cuya  realización  puede acontecer que el demandante, descuidada o ambiguamente  sitúe   su petición en el ámbito de la responsabilidad extracontractual,  pero  al  exponer el objeto de su reclamación o la causa para expedir evidencie  con   nitidez  lo  contrario,  es  decir  que  su  pedimento  se  afinca  en  la  responsabilidad  derivada  del  incumplimiento  negocial, pues en esa hipótesis  deberá  el juzgador emprender el ejercicio intelectivo pertinente, enderezado a  establecer   el   genuino   sentido   de  dicho  libelo,  sin  que  necesaria  e  ineludiblemente  deba  atenerse  a  la  denominación que al desgaire le hubiere  imprimido   el   accionante.    Otro   tanto  ocurrirá  en  la  hipótesis  antagónica (CSJ SC, 16 jul.  2008, rad. 1997-00457-01).   

            

3.   Tienen  trascendencia  para  la  decisión  que  se  está  adoptando,  los  siguientes  elementos  de  juicio  y  actuaciones que obran en el plenario:   

          a).   En  el  poder  conferido por la representante legal de la  persona   jurídica   accionante,   se   manifiesta  que  tiene  por  objeto  la  tramitación   de  un  «proceso  ordinario  de  mayor  cuantía  de  responsabilidad  civil  contractual  contra  la sociedad A……..  Ltda.,  (…),  para  que se le declare que es responsable en el pago de arreglo  de  la  zona de cubiertas en los últimos pisos del citado conjunto y además el  pago  de  las  indemnizaciones correspondientes» (c.1,  fl.1).   

         

b).  En el primer párrafo del escrito  introductorio  del  proceso,  expresa  la  actora  que  demanda  en «proceso  ordinario  de  responsabilidad civil contractual de mayor  cuantía,   a  la  sociedad  A…..  Ltda.»;  en  las  peticiones   plantea   que   a   esta   última   nombrada  se  le  «[declare]  civilmente  responsable  por  los  daños  y perjuicios  ocasionados  por el error constructivo (sic) en las cubiertas o terrazas de cada  uno   de   los   edificios  o  torres  que  conforman  el  Conjunto  Residencial  A………….  P.H.», y en los hechos afirma que ese  proyecto   urbanístico,   «fue  construido  por  la  sociedad  A….. Ltda., cuyas áreas comunes fueron entregadas en junio del año  2006,  con un total de ocho (8) torres», como también  que  la  humedad generadora de los daños «se debió a  las  filtraciones  de  agua que provenían de las cubiertas o terrazas empozadas  por  el  efecto  de  las lluvias», lo que «se  debió  a  no  tener  una gradiente adecuada en donde pudiesen  correr      las      aguas      lluvias»     (c.1,  fls.123-127).   

c).  Propuesta  dirigida  por  W………..  Ltda.,  a  la «Administradora del Conjunto Residencial  A…………..»  de  27  de  marzo  de  2008,  para  «efectuar  el  mantenimiento  y  reparación  de  las  cubiertas   de  las  ocho  torres  [que  conforman  el  mismo]»,  con  sus  anexos  técnicos  (c.1,  fls.76-122),  al  igual que «informe  reconstrucción  de  las  cubiertas  y  desniveles  e impermeabilización de las  mismas»    de   11   de   marzo   de   2009   (c.1,  fls.20-22).   

         

          d).   Contrato  de  interventoría n° 001-2008, suscrito entre  la      persona      jurídica      accionante      y      LARM……………..  ……………………,     que    tuvo    por    objeto    la    «realización  de  la  interventoría  técnica,  administrativa  y  contable  de  la  ejecución  de las obras de reconstrucción de las cubiertas y  desniveles  e impermeabilización de las mismas» (c.1,  fls.67-70).   

e).  Recurso de reposición interpuesto por  la  accionada  frente  al  auto que admitió la demanda, buscando su revocatoria  porque   no   halló   la  prueba  de  la  «relación  jurídica»    sustento    de    la    «responsabilidad  civil  contractual», y  de  manera  subsidiaria  pidió  hacer  aclaración  acerca  de si pretendía la  «declaratoria    de   una   responsabilidad   civil  extracontractual       como       ‘civilmente    responsable’    de    un    daño   como   se   trasluce   en   la   pretensión  primera»  (c.1,  fls.143-144), cuestionamiento que no  prosperó,  entre  otras  razones,  porque  el  a-quo  estimó   que  «si  alguna  observación  tenía el demandado respecto de los requisitos de forma del libelo  genitor,   debió   [reclamarlo  mediante  excepciones  previas]»   (c.1, fls.165-166).   

f).   Réplica  de  la  convocada  al  escrito  genitor  del  proceso,  en  la  se opuso a las súplicas e invocó como  defensas  la  «inexistencia de supuestos para que haya  lugar  a  la  declaración  de  responsabilidad  civil  contractual en contra de  A…..  Ltda.,  falta  de  legitimación  en  la  causa por activa [para    reclamar    dicha   forma   de   responsabilidad],  y la demanda no señala ni explica por qué estamos ante un caso  de    responsabilidad   civil   contractual»   (c.1,  fls.224-231).   

         

g).  Respuesta a los citados medios de  opugnación,  en donde la actora sostuvo que «se está  demandando  es el pago de arreglos que corrigieron una mala construcción de las  cubiertas,  (…),  aquí  no  se está reclamando el valor del mantenimiento de  cubiertas,  sino  los  costos  que  originaron  el  yerro en la construcción de  estas» (c.1, fls.234-235).   

h).  Fallo del Tribunal  impugnado,  en  el  que  luego de aludir a la responsabilidad civil en general y  las  diferencias  que  subyacen entre la contractual y extracontractual, sostuvo  el  Tribunal que se observa en  el   escrito   genitor   lo   desprevenido  e  impreciso  como  se  deprecó  la  responsabilidad  civil,  sin  enunciar  a  cuál  de  los  dos  tipos  de adeudo  comentados  quiso el promotor enfilar la acción indemnizatoria; sin embargo, en  obedecimiento  a  los  insistidos  pronunciamientos  jurisprudenciales  que  han  depurado  que  la  responsabilidad  civil  es  una  sola,  y  siendo perjudicial  sacrificar   el   derecho   sustancial   por  un  simple  aspecto  de  contenido  procedimental,  esta  Corporación  ve  la  necesidad de acudir a las facultades  interpretativas  frente  a  la demanda, y desentrañar la verdadera intención y  alcance  del  actor  con  los  reclamos  invocados,  debiendo  agotar  en primer  término  si  se trata de la estirpe de responsabilidad contractual, y de no ser  así,  entrar en el examen de la aquiliana o extracontractual, agregando en lo pertinente, «que  al  no evidenciarse un convenio plenamente  válido,  formado  por  los  extremos  enfrentados,  no  puede  hablarse  de  un  incumplimiento  contractual  que  derive  la coerción de pago sobre unos daños  sufridos  por  dicha inadvertencia, (…)»,   y   se   concluye   que   no  hay  incertidumbre  alguna  de  la  satisfacción  de  los  tres  elementos  de  la  responsabilidad  aquiliana  estudiada  (…),  puesto  que se  encontró  en cabeza de la demandada el adeudo de arreglar las cubiertas, debido  a  su omisión y error al no implementar en las torres del conjunto la pendiente  con  la  medida  requerida para que las aguas no se empozaran, lo que derivó en  los  perjuicios  denunciados  y  por  consiguiente debe imponerse el pago de los  mismos                 (…).   

4.  Al analizar la  demanda   con   la   que  se  promovió  el  proceso,  bajo  parámetros  de  la  hermenéutica   acogida   por   el   Derecho   Procesal   contemporáneo   y  la  jurisprudencia  de  esta Corporación, conforme a la cual no solo se ha de tomar  en  cuenta  el  escrito en el que aquella consta, sino la información misma que  irradia  de  sus  anexos,  surge  evidente  la  falta de claridad en cuanto a la  modalidad           de           «responsabilidad    civil»  sustento de la acción promovida, situación que en el ámbito del  paradigma  de  la  «justicia  material»,  inexorablemente  imponía al juzgador la labor de asumir su interpretación.   

            

Obsérvese al respecto,  que  a  pesar de haberse manifestado en el encabezamiento del precitado memorial  introductorio    que    se   impetraba   «proceso  ordinario  de  responsabilidad civil contractual de mayor  cuantía»,    aspecto  coincidente  con  lo  expresado en el poder conferido por la representante legal  de  la  actora,  no se encuentra otro elemento que complemente y otorgue certeza  acerca  de  que  efectivamente el litigio se enmarcaba dentro de los hitos de la  aludida        forma        de       «responsabilidad    civil»,  pues no se aporta ni menciona negocio jurídico o contrato alguno  que  vincule  a las partes, esto es, al Conjunto Residencial A……….. P.H. y  a  la  sociedad  A….  Limitada,  del  que  se  buscare derivar la consecuencia  jurídica orientadora de las súplicas.   

         Lo anterior se verifica  al   examinar   la   causa  petendi,  en  la  cual en lo  esencial  está sustentada en la afirmación atinente a que el nombrado proyecto  urbanístico  «fue construido  por  la  sociedad A…… Ltda., cuyas áreas comunes fueron entregadas en junio  del   año   2006,   con   un  total  de  ocho  (8)  torres»;    así    mismo    que   «la  mayoría  de los apartamentos que quedan en  los  últimos  pisos comenzaron a sufrir problemas de humedad en lo concerniente  a  su  cenit,  es  decir,  aquella  parte  que  está limitando con las llamadas  cubiertas  exteriores  de  los  edificios»,    y    que    aquella    «humedad  se  debió  a  las filtraciones de agua que provenían de  las    cubiertas    o    terrazas    empozadas    por    el    efecto   de   las  lluvias», lo que derivó de  «no  tener  una  gradiente  adecuada  en  donde  pudiesen  correr  las aguas estancadas»,    ya    que    son    cobertizos    planos,  «tipo terraza, en concreto e  impermeabilizada  con  manto  edil recubierto con foie de aluminio y con nada de  pendiente  de  placas  de  las  terrazas»;  igualmente  se  asevera que «en  muchas  ocasiones  y por distintos medios se le comunicó a la  constructora  A…. Ltda., de estos sucesos, para que constataran e hicieran los  correctivos   necesarios   a  fin  de  subsanar  estas  falencias  constructivas  (sic)»,  sin  resultados  positivos,  lo  que motivó a la formulación de  quejas  ante  la  correspondiente  autoridad  pública  distrital, habiendo esta  dejado  memoria de lo verificado en la visita técnica practicada al inmueble en  desarrollo  de  esa  actuación  administrativa,  y  finalmente se menciona, que  «debido   al   deterioro  continuo  de  la  placa  o cubiertas de los edificios del conjunto y por ende de  los  apartamentos,  la  administración  (…)  se  vio  obligada a contratar la  sociedad   W…….   Ltda.,   para   que   corrigiera  los  yerros,  es  decir,  reconstrucción   de   cubiertas  y  desniveles  e  impermeabilización  de  las  mismas».   

         Ahora,    en   las  pretensiones  se pide que «se  declare  civilmente  responsable  a  la  sociedad A….. Ltda., por los daños y  perjuicios   ocasionados   por   el   error   constructivo  (sic)  en las cubiertas o terrazas de cada uno de los edificios o torres  que  conforman el Conjunto Residencial A……………P.H.», sin especificar o reiterar ahí la modalidad de  «responsabilidad  civil»  invocada,  y en los  fundamentos  de  derecho  se omitió reseñar las disposiciones sustanciales que  la  regulan,  solo  se  incluyen  algunas de normas de procedimiento, por lo que  tampoco   en  tales  ítems  obran elementos de juicio que  contribuyan   a   darle  solidez  al  planteamiento  de  la  «acción     de     responsabilidad     civil  contractual».   

            

Por   su  parte,  la  accionada  en el escrito mediante el cual formuló recurso de reposición contra  el  auto  que  admitió la demanda, expresamente reconoció la falta de claridad  del  «escrito introductorio  del  proceso»,  por  lo que  reclamó     que    se    precisaran    «las  pretensiones  de la demanda para indicar si lo que se pide es  la  declaratoria  de incumplimiento de una ‘relación  jurídica’, fundamento  de   la   responsabilidad   civil   contractual,   o   la  declaratoria  de  una  responsabilidad      civil     extracontractual     como     ‘civilmente      responsable’ de un daño  como    se    trasluce    en    la    pretensión   primera», habiendo ahí concluido que «la  demanda  no  es clara puesto que si bien es  cierto  manifiesta  que  se  trata  de  una  acción  de  responsabilidad  civil  contractual,  contiene unas pretensiones que indican que se trata de una acción  de       responsabilidad       civil       extracontractual».   

En  ese  sentido  se  aprecia,  que  la recurrente omite confrontar de manera concreta las deducciones  fácticas  basamento  del fallo impugnado, tarea que se tornaba imprescindible a  fin  de  evidenciar  al  menos alguna de las hipótesis que estructuran el yerro  denunciado,  las  que  valga  acotar, dependiendo de la situación presentada en  cada  caso,  podrán  apoyarse  en  que  la  decisión  se sustentó en aspectos  extraños           al           petitum  o  a      la      causa  petendi,    o    en   la  tergiversación  del sentido de las ideas ahí plasmadas, o en que se afectó su  comprensión o entendimiento por valoración parcial.   

            

Es  notorio  que  la  crítica  se  orienta  por  señalamientos generales, al aseverarse por ejemplo,  que  «A…….  Ltda.,  hoy  SAS,    nunca   fue   demandada   por   un   caso   de   responsabilidad   civil  extracontractual», dado que  los  hechos planteados no se adecuan a la norma sustancial que la regula, puesto  que    «describen   una  situación    de    responsabilidad    civil    contractual», y que siendo ajena la demanda a la ambigüedad,  se  tornaba  improcedente  su  interpretación,  toda vez que aquellos supuestos  fácticos  «a todas luces se  referían  a  un  contrato que, en múltiples ocasiones, la parte actora indicó  existía  y  probaría  en  el  proceso,  lo  cual  no hizo»,   afirmación  esta  que  valga  señalar,  no  concuerda   con   lo   relatado   en  el  «escrito     introductorio     del     proceso»,  pues  como  ya  se  reseñara,  en  él  no se  menciona  la existencia de negocio jurídico o convenio alguno que vincule a las  partes  del litigio, situación que como antes se comentara, la propia accionada  advirtió  cuando  interpuso el mencionado «recurso   de   reposición»   contra  el  «auto   admisorio  de  la  demanda», al igual que en la  contestación  de la misma, por lo que se valió de esa situación para formular  algunas defensas.   

         5.   Lo  anterior  revela  de  manera  categórica,  que  no  se  demostró  el «error     de     hecho»  sustento  de  la  acusación y por lo tanto, el  embate examinado no alcanza prosperidad.   

CARGO PRIMERO  

          Se  cimienta  en la causal inicial del precepto 368 del ordenamiento  procesal  civil  y  se le endilga al juzgador de violar de manera directa la ley  sustancial,  porque  «seleccionó una norma que no era  aplicable  al  caso  objeto de la decisión», esto es,  el artículo 2341 del Código Civil.   

          Expone       la       recurrente       que      la      responsabilidad  civil  contractual  se  ubica  en el contexto de un  derecho  de  crédito  de  orden  privado, que solo obra en un campo exclusivo y  limitado,  vale  decir,  entre las partes del contrato y únicamente respecto de  los   perjuicios   nacidos   de   ese   negocio   jurídico.  En  tanto  que  la  responsabilidad  civil extracontractual (…), es aquella que no tiene origen en  un      incumplimiento     obligacional,     sino     en     un     ‘hecho  jurídico,  ya  se  trate de un  delito  o  de  un ilícito de carácter civil, y que el  señalado      estatuto      regula      separadamente      las     consecuencias  del  incumplimiento  en  materia contractual y las de  los   hechos   jurídicos.   En   el   título   XII   se   ocupa   ‘del       efecto      de      las  obligaciones’ –artículos  1602 a 1617; y en el XXXIV  –artículos 2341 a 2360 de  ‘la responsabilidad civil  por   los   delitos   y   las   culpas’,   estableciendo   respecto  de  cada  tipología  las  reglas  que  gobiernan   la   indemnización   de  los  perjuicios,  temática  que  asegura  ha desarrollado la Corte Suprema, según algunos de sus  pronunciamientos   que   reproduce  parcialmente,  en  los  que  se  destaca  la  relevancia  de  esa  distinción  en  la  práctica  judicial,  y  de otro lado,  cuestiona  la  validez  del  criterio  que opta por el tratamiento unificado del  instituto    jurídico    de   la   «responsabilidad  civil».   

          También  acota  que  la aludida clasificación tiene importancia en  lo  atinente  a  la  reparación  de  los  perjuicios,  dado que en las  dos  clases  de  responsabilidad se pueden analizar a partir de  elementos  comunes,  y  por  ende  resulta  admisible  un tratamiento unificado,  asimilando  los  efectos  de  la  responsabilidad  extracontractual  a los de la  contractual,  el  deudor incumplido deberá reparar integralmente el perjuicio a  su  acreedor.  Si,  por  el contrario, se admite la dualidad de efectos, como lo  señalan  el  legislador  y  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  el  pago  de  la  indemnización  al  acreedor  puede  estar  limitado  por  la  autonomía  de la  voluntad,    y    por    la    naturaleza    y   alcance   de   la   obligación  incumplida.   

          Con  base  en lo reseñado, infiere el censor que en el sub   lite   el   juzgador   seleccionó  indebidamente  la  citada  norma del Código Civil y por lo tanto la infringió,  toda  vez  que  no  era  aplicable al caso, dado que el  asunto  que  se  definía  era una acción de responsabilidad civil contractual,  pues  ello había sido aclarado por el [a-quo] en providencia de 25 de agosto de  2010,  (…),  lo  mismo que por la parte actora en el escrito de demanda (…),  en  la  manifestación del apoderado judicial de la parte actora contenida en el  escrito  radicado  el 28 de abril de 2010 (…), en concordancia con el poder [a  él  conferido]  (…)  para  promover un proceso ordinario de mayor cuantía de  responsabilidad  civil  contractual»,  y  con base en  ello  precisa,  que  su  inconformidad  radica  «en la  inteligencia  que  el  Tribunal  hizo  de  las  normas  que  gobiernan  el  caso  concreto»,  interpretándolas erradamente, por lo que  concluyó   «que   se   trataba   de   un   caso  de  responsabilidad   civil  extracontractual  cuando  se  trataba  de  un  caso  de  responsabilidad civil contractual».   

CARGO SEGUNDO  

          Se  apoya  en  la  misma causal que le sirve de sustento al anterior  embate,  denunciándose  igualmente  la violación directa de la ley sustancial,  atribuyéndole  al ad quem la  inaplicación   de   las   disposiciones   que   disciplinan   la   «responsabilidad  civil  contractual», de  las  cuales  relaciona y reproduce el texto de los artículos 1602 a 1610 y 1612  a 1617 del Código Civil.   

         

Con similares argumentos a los aducidos como  fundamento    del    «primer    cargo»,  precisa  la  censura  el  concepto  de  las dos modalidades de la  «responsabilidad  civil» a  que  se  ha  hecho  mención, resaltando la tesis dualista que se reconoce en el  derecho  interno  a  partir  de  la  regulación consagrada para la «contractual»        en   los   citados   preceptos   y   respecto   de  la  «extracontractual»  en los cánones 2341  a   2360  ibídem,  y  cita  jurisprudencia  de  esta  Corporación  concerniente  a la utilidad práctica de  aquella     concepción     y     de     los     aspectos    que    marcan    su  diferenciación.   

          Sostiene  la  impugnante  que el Tribunal debió resolver el litigio  con     base     en     las     normas    que    gobiernan    la    «responsabilidad  civil  contractual», lo  que  no  hizo,  toda  vez que «entendió erróneamente  los  preceptos  del  derecho sustancial para dejar de aplicar los que resultaban  aplicables,  lo  que  lo llevó a concluir erradamente que se trataba de un caso  de  responsabilidad  civil  extracontractual  cuando  se  trataba  de un caso de  responsabilidad civil contractual».   

CONSIDERACIONES  

         

1.  Se torna pertinente memorar que en  las  pretensiones  se  solicitó  declarar «civilmente  responsable   a  la  sociedad  A…….  Ltda.,  por  los  daños  y  perjuicios  ocasionados  por el error constructivo (sic)  en las cubiertas o terrazas de cada uno de los edificios o torres  que   conforman   el   Conjunto   Residencial  A…………  P.H.»,  y  en  consecuencia  le fuera pagado el valor de las reparaciones  que  tuvo  que  efectuar  por los aludidos daños, al igual que lo cancelado por  honorarios al interventor de la obra.   

El   ad  quem  dedujo  que  se  acreditaron  los  requisitos  de  la  «responsabilidad civil extracontractual»,  toda vez «que se encontró en cabeza de  la  demandada  el adeudo de arreglar las cubiertas, debido a su omisión y error  al  no  implementar  en  las  torres  del  conjunto  la  pendiente con la medida  requerida  para  que las aguas no se empozaran, lo que derivó en los perjuicios  denunciados»,  y  de acuerdo con ello, accedió a las  súplicas   de   la   actora,   desestimando  las  defensas  propuestas  por  la  demandada.   

2.    Teniendo  en  cuenta  que  los  reproches  en cuestión se sustentan en la «violación  directa  de  la  ley sustancial», ha de precisarse que  para  su  adecuado  planteamiento  se  exige  al  impugnante no apartarse de las  conclusiones  del  Tribunal derivadas del examen de los elementos de convicción  que integran el acervo probatorio.   

En lo que concierne a la fundamentación del  embate,  esta  debe dirigirse a demostrar que el juzgador aplicó al asunto, una  disposición  que  no es pertinente, o que a pesar de ser la que regula el caso,  le  atribuyó  unos  efectos  diferentes  de  los  que  de  ella  dimanan, o los  restringió  de  tal  manera  que  distorsionó  los  alcances  ideados  por  el  legislador.   

Acerca de las circunstancias que identifican  la  comentada  forma  de  transgresión  de  la  «ley  sustancial», esta Corporación ha sostenido de manera  uniforme  y  reiterada,  entre otras, en la sentencia CSJ SC, 26 jul. 2013, rad.  2003-00168-01, lo siguiente:   

(…)  El  ataque  por  la  vía directa se  caracteriza,   (…),   porque   el   ‘(…)  juez  quebranta  derechamente la ley, esto es, que realiza un  juicio  reglamentario  completamente  equivocado  y alejado de lo que las normas  reconocen,  mandan  o  prohíben,  por  cuanto  esta  clase  de  violación  del  ordenamiento  jurídico ‘se  da  independientemente de todo yerro en la estimación de los hechos, o sea, sin  consideración  de  la  convicción que haya tenido en cuenta el sentenciador en  su  juicio’  (…).   ‘Ciertamente,  el  ataque  por  este  camino  presupone  que  la  censura  acepta  de  manera plena y en su  integridad   la   valoración  probatoria  realizada  por  el  ad  quem,  (…).  ‘Como   se   sabe,  las  acusaciones  propuestas por la vía directa de la causal primera de casación se  encuentran  encaminadas a establecer que el sentenciador infringió una norma de  derecho  sustancial, sin que hayan mediado errores en la contemplación material  de  los  hechos  y pruebas, por lo que se trata de un reproche que se desarrolla  en  un  campo  estrictamente  jurídico,  cuya  prosperidad  depende  de  que el  impugnador  consiga  demostrar la falta de aplicación de los preceptos llamados  a  gobernar  el  caso,  la  actuación  de los que no resultan pertinentes, o la  incorrecta  interpretación  de  aquéllos (…).  Sobre ese particular, de  antiguo  tiene  dicho la Sala que, cuando es seleccionada la vía directa, (…)  la  actividad  dialéctica  del  impugnador  tiene  que  realizarse  necesaria y  exclusivamente  en  torno  a  los  textos  legales sustanciales que considere no  aplicados,  o  aplicados  indebidamente,  o erróneamente interpretados; pero en  todo  caso  con  absoluta prescindencia de cualquier consideración que implique  discrepancia  con  el juicio que el sentenciador haya hecho en relación con las  pruebas  (…)’ (sentencia  de 16 de mayo de 2011, exp. 2000-9221).   

          3.      Cuestiona     la    censura    en    el    «cargo     primero»     la  aplicación  incorrecta  del  artículo  2341 del Código Civil,  según  el  cual  «[e]l que haya cometido un delito o  culpa,  que  ha  inferido  daño  a  otro,  es  obligado  a  la  indemnización,  (…)»,  precepto  este  que contiene las bases de la  «responsabilidad civil extracontractual»,  sobre  las  que  valga  acotar ha dicho la jurisprudencia de esta  Corporación,  memorada  en  fallo CSJ SC, 30 oct. 2012, rad. 2006-00372-01, que  comprenden los siguientes elementos:   

(…)  una  conducta  humana,  positiva  o  negativa,  por  regla  general  antijurídica; un daño o perjuicio, esto es, un  detrimento,  menoscabo o deterioro, que afecte bienes o intereses lícitos de la  víctima,  vinculados  con  su  patrimonio, con los bienes de su personalidad, o  con  su esfera espiritual o afectiva; una relación de causalidad entre el daño  sufrido  por la víctima y la conducta de aquel a quien se imputa su producción  o  generación;  y,  finalmente,  un  factor  o  criterio  de  atribución de la  responsabilidad,  por  regla  general  de  carácter  subjetivo (dolo o culpa) y  excepcionalmente    de    naturaleza    objetiva    (v.gr.   riesgo)’,           (…).   

          Argumenta  la  impugnante  que  la  impertinencia  del  precepto  en  cuestión,  deriva de que el asunto que se definía era  una  acción  de  responsabilidad  civil  contractual,  pues  ello  había  sido  aclarado  por  el  Juez 37 Civil del Circuito de Bogotá en providencia del  25  de  agosto  de 2010 (…), lo mismo que por la parte actora en el escrito de  demanda,  (…),  en la manifestación del apoderado judicial de la parte actora  en  el  escrito  radicado  el 28 de abril de 2010, (…), en concordancia con el  poder  (…)  en  donde  se  faculta al apoderado judicial de la demandante para  promover  en  proceso  ordinario  de  mayor  cuantía  de  responsabilidad civil  contractual.   

          Y  en  el  cargo  segundo, expone que el litigio debió ser resuelto  por  el  Tribunal  con  fundamento  en  las normas que  gobernaran  la  supuesta  relación  jurídica  contractual que tanto el juez de  primera  instancia  como  el juez de segunda, determinaron como inexistente, las  cuales  por  dicha  razón,  es  imposible  individualizar,  además  debió ser  resuelto  por  las normas jurídicas generales que en materia de responsabilidad  civil  contractual  contiene  el  Código  Civil colombiano, las cuales dejó de  aplicar,  y  asegura  que  esa situación «lo  llevó  a  concluir  erradamente  que se trataba de un caso de  responsabilidad   civil  extracontractual  cuando  se  trataba  de  un  caso  de  responsabilidad   civil   contractual,   lo  cual  tiene  como  efecto  que  las  disposiciones     legales     inaplicadas     se    infringieron    de    manera  directa».   

         

Es   tan   notoria  aquella  idea  de  la  impugnante,  que  de  forma  explícita en el primero de los reproches argumenta  que    la    controversia    recaía    sobre    un   asunto   de   «responsabilidad   civil   contractual»,  reseñando   los   elementos   de   juicio   que  según  su  criterio  así  lo  corroboran.   

Además,  omite  por  completo  plantear el  debate  jurídico  en  torno  al  proceso de adecuación normativa fijada por el  ad quem, el que se concretó  en  la  aplicación del artículo 2341 del Código Civil, dados los supuestos de  hecho que encontró probados.   

En  ese  contexto,  le  correspondía  a la  recurrente  demostrar  que  las  bases  fácticas acreditadas, no habilitaban la  subsunción  del  caso en la citada disposición, sino que por el contrario, las  mismas   estructuraban   una   modalidad  o  especie  distinta  de  «responsabilidad   civil»  a  la  allí  consagrada.   

          Ahora,  las  elucubraciones  teóricas esbozadas por el censor sobre  el  concepto  de la «responsabilidad civil contractual  y  extracontractual»,  al igual que la justificación  para  su  distinto  tratamiento legal en cuanto a su caracterización y efectos,  no  alcanzan  a  satisfacer  la  mencionada  exigencia de la técnica casacional  derivada  del  requisito que reclama al impugnante exponer los fundamentos de la  acusación,  toda  vez  que  no se ocupa en concreto de confutar las reflexiones  jurídicas  del  Tribunal  que  le permitieron la escogencia y aplicación de la  norma sustancial con apoyo en la cual dirimió la controversia.   

          En  ese  sentido  se  tornaba  ineludible  explicitar,  por qué los  supuestos  fácticos  que  consideró  el  juzgador habían sido demostrados, no  configuraban  los  elementos  de  la  «responsabilidad  civil  extracontractual», esto es, la conducta o hecho  generador  del  perjuicio,  el daño y la relación de causalidad entre esos dos  componentes, labor que pretirió por completo.   

          5.   Son suficientes los argumentos expuestos, para deducir que  los reproches estudiados no pueden tener éxito.   

          6.    En  virtud  de  que  no  prosperan  las  acusaciones  con  antelación  examinadas,  de  conformidad  con el inciso final del artículo 375  del  Código  de  Procedimiento Civil, se condenará en costas a la recurrente y  con  apoyo  en  el precepto 19 de la Ley 1395 de 2010, en esta misma providencia  se  fijarán  las  «agencias en derecho»,  para  lo  cual se tomará en cuenta que la accionante replicó la  «demanda       de       casación».   

   

V.  DECISIÓN  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Civil  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

Segundo: Condenar  a  la  impugnante  al  pago  de las costas procesales, debiéndose incluir en su  liquidación    la    suma    de   $6’000.000, por concepto de agencias en derecho.   

Tercero: Devolver  oportunamente     el    expediente    al    Tribunal    de    origen.    Déjese  constancia.   

Cópiese y notifíquese  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

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