SC 220 2005 [4755531840011999 0150 01]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-220-2005 [4755531840011999-0150-01]

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

Bogotá D. C., cinco de septiembre de dos mil  cinco   

Exp.             No.  47555-3184-001-1999-0150-01   

          Se   decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandante  contra  la sentencia de segunda instancia dictada el 7 de septiembre  de  2001,  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta -Sala  Civil  Familia-,  decisión  epílogo del proceso ordinario promovido por Miriam  del Carmen Alfaro Gutiérrez contra Ricardo Enrique Amador Peña.   

ANTECEDENTES  

          1.                         Miriam  del  Carmen  Alfaro  Gutiérrez entabló  demanda  para  que  la  jurisdicción  declarara  que con Ricardo Enrique Amador  Peña  formó  una  sociedad patrimonial desde el 18 de diciembre de 1982, hasta  la  fecha  que se pruebe en el proceso, y para que subsiguientemente se disponga  la liquidación.   

2.              Como   premisas   de   hecho   fueron  expuestas:   

2.1.           Desde  el 18 de diciembre de 1982 Miriam  del  Carmen  Alfaro  Gutiérrez  y  Ricardo  Enrique  Amador Peña iniciaron una  unión  marital de hecho, la que ha perdurado de manera continua por un período  superior a los 15 años.   

2.2. De esa unión nacieron María Alejandra  del Carmen, Luis Ricardo y Ricardo Augusto Amador Alfaro.   

2.3.  Entre  demandante  y  demandado  no se  celebraron capitulaciones.   

2.4. En virtud de esa unión marital entre  compañeros  permanentes,  de  conformidad  con  la  ley  se formó una sociedad  patrimonial  en cuya existencia se configuró un patrimonio social integrado por  un conjunto de bienes que en la demanda se describen.   

          3.                         El  demandado  controvirtió  las pretensiones y  para  ello  negó  los  hechos  fundamento de ellas, propuso las excepciones que  nominó  como  inexistencia  de  la  sociedad  patrimonial,  prescripción de la  acción  para  obtener la disolución y liquidación de la sociedad patrimonial,  y la de existencia de un patrimonio unipersonal.   

          4.                     En  la sentencia dictada el 5 de febrero de 2001  fueron  negadas  las  pretensiones,  pues  se  halló  probada  la  que allí se  denominó  excepción  de  inexistencia de la sociedad patrimonial propuesta por  el  demandado,  se  declaró  que  en la escritura pública número 179 de 25 de  marzo  de  1997 de la Notaría Única de El Plato no hubo verdadera liquidación  de  sociedad  patrimonial  entre  las partes, se ordenó el levantamiento de las  medidas  cautelares y se condenó a la demandante al pago de las costas. Apelada  la  sentencia  del  juzgado,  el  Tribunal  Superior de Santa Marta confirmó lo  decidido.   

FUNDAMENTOS     DE     LA    SENTENCIA  RECURRIDA   

          Después  de  señalar  someramente la evolución jurisprudencial en  materia  de  la  unión  marital  de  hecho,  el  Tribunal argumentó que de los  artículos  1º  y 2º de la Ley 54 de 1990 se extraen los presupuestos exigidos  para  que pueda considerarse estructurada la unión marital de hecho con efectos  patrimoniales.  Tales  premisas  suponen  la  concurrencia  de  la unión de dos  personas  de  diferente  sexo,  la posibilidad y habilitación de la pareja para  conformar  la  unión,  aunque  no  necesariamente  la  soltería, que haya vida  permanente  en  común,  que la comunidad dure el tiempo necesario para producir  efectos  patrimoniales,  y  que sea singular, es decir que excluya otras uniones  de la misma índole.   

          En  síntesis planteó el Tribunal que la demandante dijo que estaba  acreditada   la  singularidad,  estabilidad  y  permanencia  de  la  unión;  el  demandado  a  su vez replicó que la cohabitación fue esporádica, que terminó  el  25 de marzo de 1997, y que en paralelo hubo convivencia del varón con otras  mujeres,  de  modo  especial  con  Yolanda  Isabel  Vega Cortina, desde el 15 de  diciembre  de  1982  hasta  el 22 de agosto de 1999 y con Ligia Saumeth Marbello  durante los siete años que precedieron a la demanda.   

          La   demandante   planteó  en  el  recurso  de  apelación  que  la  singularidad  propia  de  la unión marital de hecho no excluye la existencia de  otras  uniones  de  la  misma  naturaleza,  postura  que el Tribunal desechó al  abrigo  de  la  consideración de que la familia es el núcleo fundamental de la  sociedad;  que  la  convivencia  de  la  pareja  ha de ser permanente, es decir,  duradera,  constante y estable; y que para cumplir las exigencias de la ley debe  durar  por  lo  menos  dos  años.  Añadió  el  Tribunal  que  la unión entre  compañeros  permanentes  supone  cierto  grado  de  monogamia  que garantiza la  unidad  familiar,  y  que  ubicados  en  el ámbito pecuniario, el legislador no  quiso  que  confluyeran  dos  patrimonios,  por  lo  cual impuso la necesidad de  disolver  y liquidar un año antes la sociedad conyugal existente, para que así  se  pudiera formar la nueva comunidad patrimonial, esto señala la imposibilidad  de  convergencia  simultánea  de  dos  sociedades  patrimoniales, en las que ni  siquiera  se  tiene  la certeza de su configuración, dado que la unión marital  de hecho que les da origen, requiere ser declarada judicialmente.   

Después   de  transcribir  parte  de  una  sentencia  de esta Corporación, relativa al presupuesto de la singularidad, dio  el  Tribunal  en  estudiar  el  acervo  probatorio para ver de establecer si los  requisitos  de  singularidad  y  permanencia se cumplían, tanto en la relación  del  demandado  con  la  demandante, como en las otras dos que este último dijo  haber  tenido  con  Yolanda  Vega y Ligia Saumeth, tarea en la cual analizó los  testimonios  rendidos  por  Nadime  Molina Manzur, Ana del Sol Chamorro Mendoza,  Juan  Carlos  Ballesteros  Amador,  Martha Luz Chiquillo Acosta, Glenys Mercedes  Molina  de Molina, Sandra Molina Manzur, Inés del Rosario Fonseca Ospino, Jusif  Antonio  Atala  Elías,  Marlon  Yohan  Atala  Elías, Rafael Pomárico Cortina,  Brunilda  Orozco  de  Pomárico,  Ricardo Enrique Barrios Pérez, Rafael Vicente  Lugo   Castro,   Yolanda  Vega  Cortina,  Elvira  Judith  Sierra  Ospino,  Mario  Manjarrés  García,  Jesús  Antonio Lara Trujillo, y Palmira Rodríguez Conde,  declaraciones    de   las   que   extrajo   claridad   sobre   un   “un  hecho  innegable y es que la convivencia del demandado con la  señora    MIRIAM    ALFARO   GUTIERREZ  no  fue esporádica como lo pretende hacer ver aquel, pero tampoco  única  como  la  quiere  presentar  ella,  toda vez que igualmente ha mantenido  –el demandado- relaciones  con   las   señoras   YOLANDA  ISABEL  VEGA  CORTINA  y    LIGIA    SAUMETH  MARBELLO,  las  que  a  juicio  de  la  Sala no pueden  calificarse  como  accidentales,  pasajeras,  casuales  o transitorias, pues han  perdurado   por   varios  años,  e  incluso  una  de  ellas  ha  dado  lugar  a  descendencia”.   

Para   el  ad  quem,  del  contexto  de  todas  las  declaraciones se  infiere  que  a  pesar de ciertas características privilegiadas de la relación  alegada   por   la  demandante,  tal  situación  no  excluye  la  constancia  y  estabilidad  de  las  otras  dos  situaciones  familiares,  pero sí destruye la  exclusividad  requerida  para  que  se  configure el presupuesto de singularidad  exigido por la ley para que se declare la sociedad patrimonial.   

Para  el Tribunal las tres uniones maritales  concurrentes  son  semejantes porque ninguna ha sido declarada judicialmente; en  lo  temporal el núcleo más antiguo es el conformado por Ricardo y Miriam, pues  tal  cosa  revela  el  registro civil de nacimiento de la hija mayor de ambos. A  pesar  de  ello,  esa anticipación temporal ninguna preponderancia otorga, pues  al  entrar en vigencia la ley 54 de 1990 las tres uniones estaban conformadas; y  como  la  ley  no  es retroactiva, los dos años de convivencia se computan para  todas  las  uniones,  a partir de la vigencia de la ley. En suma, de conformidad  con  lo planteado antes, para el Tribunal todas las tres uniones tienen la misma  jerarquía ante la ley.   

Para   el   ad  quem  las  uniones  del  demandado  con Yolanda Vega y  Miriam   Alfaro   encuentran   mayor   respaldo  probatorio  para  acreditar  la  convivencia,  son las más antiguas y tienen descendencia, a lo cual se suma que  el  demandado  tenía  tanta  conciencia  de la seriedad de estas relaciones que  creyó  justo liquidar la sociedad patrimonial con cada una, es decir con Miriam  Alfaro  y  Yolanda  Vega, como lo hizo de común acuerdo con ellas, mediante las  escrituras  públicas  números  179  del  26  de  marzo  de  1997 y 558 de 4 de  septiembre  del  mismo año, en las que de manera individual cada pareja declara  haber  iniciado en forma libre y espontánea vida en común como marido y mujer,  bajo  un  mismo  techo,  con  fijación  de  la  época en que cada relación se  desarrolló,  documentos  que  corroboran  la  declaración  de Marco Manjarrés  García  en  cuanto  este  ratifica la existencia de la unión del demandado con  Yolanda  Vega,  comunidad  de vida duramente combatida por la demandante en este  proceso.                        

          Concluyó  el  Tribunal,  para  confirmar  la  sentencia  de primera  instancia,  que  de  lo  analizado  deviene la carencia de razón en el apelante  cuando  argumentó que la singularidad no excluye la existencia de otras uniones  maritales  de  hecho,  como  también  erró  cuando  afirmó  que  solamente la  relación  sostenida  por  el  demandado  con  Miriam  del  Carmen  Alfaro  – la  demandante-   reúne  los requisitos legales, porque por lo menos la unión  conformada  por  aquel  con Yolanda Vega también los ha colmado, con excepción  del  requisito  de  singularidad,  que, obviamente, no se cumple para ninguna de  las dos.   

                     

                                       

          LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Con apoyo en la causal primera del artículo  368  del  C.   de  P.  C.,  se  formularon  dos  cargos contra la sentencia  anteriormente  compendiada, los que serán estudiados conjuntamente en atención  a    la    afinidad    de    razones    que   inspiran   la   respuesta   a   la  impugnación.   

PRIMER  CARGO   

Se dice en él que la sentencia del Tribunal  es  violatoria  del artículo 1º de la Ley 54 de 1990, por infracción directa,  al  haber  interpretado erróneamente la norma, atribuyéndole el sentido que no  corresponde.   

          Consideró   el   recurrente   que  el  Tribunal  tomó  la  palabra  “singular”   con   un  significado  numérico  de  prohibición  de  varias uniones maritales de hecho,  pero  que  si  se  toman  las  distintas  acepciones  que se le pueden dar a ese  vocablo,  que  no se refieren a la pluralidad numérica, se llega a encontrar el  verdadero sentido y alcance del artículo 1º de la Ley 54 de 1990.   

          Después   de   citar   algunas  acepciones  atribuidas  al  vocablo  “singular”,  añadió  el  censor  que  no  está  en el espíritu de la ley  citada  el uso de dicho término como equivalentes de prohibición de pluralidad  de  uniones  maritales, por cuanto la misma norma establece en el literal b) del  artículo  5º,  que  el  matrimonio  de  uno  de  ambos compañeros disuelve la  sociedad  patrimonial  entre ellos, lo que implica que otras uniones de hecho no  disuelven la sociedad patrimonial de hecho.   

El  recurrente  señaló  que  el  aspecto  semántico  de  esa  disposición  ilustra  el  sentido  y verdadero alcance del  concepto  singular, que la unión de hecho paralela no hace desaparecer el hecho  real  de  otra  unión  semejante,  lo  que no desconoce siquiera el matrimonio,  puesto  que  el  casamiento disuelve la sociedad patrimonial con la consecuencia  de  su  liquidación,  pero no destruye el hecho de una unión marital, sino que  para   esta   unión   nace  la  posibilidad  de  liquidación  de  la  sociedad  patrimonial.   

SEGUNDO  CARGO   

          El  recurrente  acusó  la  sentencia  por  ser  violatoria  de  los  artículos  1º,  inciso  1º,  2º  y  7º  de la Ley 54 de 1990, y 30 y 31 del  Código Civil, por falta de aplicación.   

          En  criterio  del  censor,  si  bien el Tribunal tuvo por probada la  unión  marital  de hecho entre la demandante y el demandado, la que produce las  consecuencias  jurídicas  señaladas en las normas citadas, ellas se dejaron de  aplicar,  por  cuanto  dentro  del  campo  semántico  el  sentenciador tomó el  sentido  más  odioso, cuando la “implicación” del literal b) del artículo  5º,  determina  que  uniones de hecho posteriores no producen la disolución de  la sociedad patrimonial de hecho entre compañeros.   

          Agregó  que  por aplicación del artículo 30 del Código Civil, el  contexto  de la misma Ley 54 de 1990 sirve para ilustrar el sentido del concepto  de  singularidad  tomado  por el legislador, y según esa norma, ese concepto se  refiere  a  las características propias de las uniones maritales de hecho entre  hombre  y  mujer,  como  son  cohabitación, procreación, vida en común, ayuda  mutua y colaboración.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  la  reseña de la sentencia quedó visto  que  el  Tribunal  concluyó  que  entre  Miriam  del Carmen Alfaro Gutiérrez y  Ricardo  Enrique  Amador  Peña  existió  una  convivencia  marital,  pero  que  igualmente  este  último  ha  mantenido  relaciones  de la misma naturaleza con  Yolanda   Vega  y  Ligia  Saumeth,  concurrencia  de  uniones  que  destruye  la  exclusividad  requerida para que se configure el presupuesto de singularidad que  exige  la Ley 54 de 1990 como premisa de declaración de existencia de la unión  marital    de    hecho.                                                      

El  recurrente  en el primer cargo atacó la  sentencia  por  violación  directa  de  la  ley sustancial, por interpretación  errónea  del  artículo  1º  de  la  Ley 54 de 1990 y en el segundo, aunque no  precisó  la  vía  por  la  cual  el  Tribunal  violó  las  normas, igualmente  denunció  la  vulneración de los artículos 1º, 2º y 7º de la Ley citada, y  los  artículos  30  y  31  del  Código  Civil,  por  falta  de aplicación, al  atribuirle,    según   la   censura,   un   sentido   equivocado   al   vocablo  “singularidad”.   

          Para  la  Corte  los elementos de comunicación seleccionados por el  legislador  en  la Ley 54 de 1990 deben ser analizados de manera conjugada, para  que  mediante  un proceso de asociación natural se pueda adjudicar el verdadero  sentido,  no  sólo  a  cada  una  de  las  expresiones  lingüísticas, sino al  conjunto  de  ellas,  de  modo  que  unas  acudan  en  auxilio de las otras para  delinear   armoniosamente   la   representación  de  lo  que  quiso  mandar  el  legislador.    Así,    los    sintagmas    “comunidad”,    “de   vida”,  “permanente”  y  “singular”,  necesitan una relación contextual de modo  que  el  sentido  emerja,  no  sólo  de  cada  uno visto aisladamente, sino del  conjunto de ellos.   

Así,  la expresión “comunidad de vida”  implica  de  suyo  la  comunión permanente en un proyecto de vida, no episodios  pasajeros,  sino  la  praxis vital común. Si la comunidad de vida es entre dos,  por  exigencia  de  la  misma ley, y si esa comunidad es de “la vida”, no se  trata  de  compartir  fragmentariamente  la vida profesional, la vida sexual, la  vida  social,  la  vida  íntima,  ni  siquiera  de  la  vida  familiar, sino de  compartir  toda  “la vida”, concepto de suyo tan absorbente que por sí solo  excluiría  que  alguien  pueda  compartir  “toda  la  vida” con más de una  pareja.   

          Argumentó  el  censor, que si el legislador admite la existencia de  unión  marital  de  hecho  y matrimonio vigente al mismo tiempo, respecto de la  misma  persona,  con mayor razón es posible aceptar la concurrencia simultánea  de  varias  uniones maritales, pues para efectos patrimoniales la Ley 54 de 1990  exige  justamente  la previa disolución y liquidación de la sociedad conyugal,  y  solamente después de un año de haberse efectuado esa liquidación, superado  ese tiempo de vacancia, le otorga efectos a la unión de hecho.   

Sobre este particular, la Corte en el pasado  sentenció  que  “no  se necesitaba de mandato legal  expreso  que prohibiera la simultaneidad de uniones maritales, ni de los efectos  patrimoniales  consiguientes,  en  el  caso de que se diera esa hipótesis, pues  los  requisitos  esenciales  que  exigen  la  configuración  de dicho fenómeno  consagrados  en  la  ley  54  de  1990  repelen su presencia plural.   

En efecto, de un lado, la ley  sólo le  otorga  efectos civiles a la unión marital de hecho que se conforma por un solo  hombre  y  una  sola  mujer,  lo que,  per se,  excluye que uno u otra  puedan  a la vez sostenerla con personas distintas y da para decir que si uno de  los  compañeros  tiene  vigente  un  vínculo  conyugal, lo contrae después, o  mantiene  simultáneamente  una  relación  semejante  con  un  tercero,  no  se  conforma  en  las  nuevas relaciones la unión marital, e incluso, eventualmente  se  pueden desvirtuar las que primero fueron iniciadas; en el fondo,  implícitamente  se  produce  el  efecto  personal  de  la  exclusividad  de  la  relación.  Otra  cosa  es  que  ante la  ocurrencia  de  uniones maritales en la que uno o ambos compañeros son casados,  la  ley  haya  tomado  las  medidas  conducentes  para  que  exista  una  debida  separación  temporal,   tanta  que  impida  la  concurrencia  de distintas  sociedades  patrimoniales, dado que la presencia del vínculo matrimonial genera  de  inmediato la sociedad conyugal”. (sent. cas. civ.  de 20 de septiembre de 2000. Exp. No. 6117).   

A su vez la singularidad de esa comunidad de  vida  atañe  con  que  sea  sólo  esa,  que  no pueda existir otra de la misma  especie,  es  decir,  que sea señera; tal unicidad desaloja toda posibilidad de  equívoco  y  confusión  sobre  la  inmediata  aplicación  de  la  presunción  prevista en el artículo 2° de la Ley 54 de 1990.   

De otra parte, en relación con la acusación  del  recurrente  acerca  de  que el Tribunal distorsionó el sentido del vocablo  “singular”  empleado  en  el  artículo 1º de la Ley 54 de 1990, reitera la  Corte  que constituye norma de hermenéutica que las palabras de que se sirve el  legislador,  deben  entenderse  en  su  sentido  natural  y obvio, según su uso  general.  Así,  la  singularidad de algo puede entenderse por su peculiaridad o  especialidad,  atendiendo  a  que lo definido no se parece del todo a otra cosa,  pero  lo singular también describe lo contrario a plural. El empleo que de ella  hizo  la  ley  tantas  veces  citada,  se  refiere  a la segunda de las anotadas  acepciones,  es  decir,  al  número  de  uniones maritales y no a la condición  sui  generis de la relación;  esto  es,  la  exigencia  de  que  no  concurra  en  ninguno  de los compañeros  permanentes  otra  unión  de  las mismas características, pues si dos hubiera,  desaparecería  la  singularidad  y  por  ahí  mismo  el presupuesto que la ley  exige.   

En  la  sentencia  anteriormente citada esta  Corporación  reiteró  que  “cuando se insinúa que  por  la  evidente  posibilidad  práctica  de  que  una persona tenga relaciones  maritales  con  varias  personas  debe  dársele  el correspondiente cubrimiento  jurídico  a cada una de ellas, se le da  visos superficiales y simplemente  matemáticos  a lo que debe ser una comunidad ubicando dentro de ella las varias  relaciones  en los que una misma persona conviva con otras en forma simultánea,  desvirtuando  en  forma  radical  el concepto de unidad familiar tan ampliamente  defendido   en  nuestra  Constitución  y  lo  que  el  legislador  expresamente  pretendió con dicha regulación”.   

En  ese mismo sentido, bueno es precisar que  en  la  ponencia  para  el primer debate de la normatividad en comento, se dejó  expresamente     consignado     que     era    muy    importante    “señalar  que  en  todos  los  casos  se  ha pretendido evitar la  legitimación  de  uniones  simultáneas conyugales o de hecho, no solamente con  base  en  argumentos  morales, sino también para prevenir una fuente inacabable  de  pleitos,  donde  las  dificultades  probatorias  son  obvias” (Gaceta  del  Congreso  de  24  de  octubre  de  1988, pág. 9). Tal  exposición   de   motivos,  sin  duda  permite  entender  que  las  expresiones  lingüísticas  “comunidad  de  vida permanente y singular”, empleadas en la  Ley  54  de  1990,  todas a una convergen en la exigencia de exclusividad, y por  fuerza  de  las  reglas  de  la  lógica, la pluralidad de relaciones de similar  naturaleza destruye la singularidad.   

En consecuencia, no le asiste razón alguna  al  recurrente para sostener  la  posibilidad  de la convergencia simultánea de varias uniones maritales, con  aptitud  todas  para  generar  la  presunción de sociedad patrimonial entre los  compañeros,  con  el  argumento  de  que  el  vocablo  singular contenido en el  artículo  1º  de la Ley 54 de 1990, no se refiere a pluralidad numérica, sino  a las características sin par de la unión marital de hecho.   

         No  se  observa  entonces,  que  el Tribunal hubiera incurrido en la  violación  de  la  ley sustancial que denuncia el recurrente, por lo tanto, los  cargos    no    prosperan.                                                   

DECISIÓN  

         En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad  de  la ley, NO CASA  la  sentencia  del 7 de septiembre de 2001 pronunciada por la Sala Civil Familia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santa Marta, en el proceso  ordinario  promovido  por  Miriam  del  Carmen  Alfaro Gutiérrez contra Ricardo  Enrique Amador Peña.   

         Condénase  en costas del recurso a la parte recurrente. Tásense en  su oportunidad.   

Notifíquese   y   devuélvase    el  expediente  al tribunal de origen.   

                                                           

EDGARDO   VILLAMIL  PORTILLA   

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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