SC 389 2005 [232 92]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-389-2005 [232-92]

         

        CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA   

           SALA  DE CASACIÓN CIVIL   

Magistrado  Ponente   

Bogotá D. C., diecinueve de diciembre de dos  mil cinco   

Ref. Expediente No. 0232-92  

          Se   decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandante  contra  la  sentencia  de  21  de  junio  de  2000, proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  que puso fin, en  segunda  instancia,  al  proceso  ordinario promovido por Carmen Parra Martínez  contra      “Inversiones      El      Danubio      Ltda.”     y     personas  indeterminadas.   

ANTECEDENTES  

          1.                         Carmen   Parra   Martínez   entabló   proceso  ordinario  de  declaración  de pertenencia contra la sociedad “Inversiones El  Danubio  Ltda.” y demás interesados innominados, a fin de que se la declarara  propietaria,   por  haber  ganado  mediante  usucapión,  el  globo  de  terreno  denominado      ‘La  Virgen’,  ubicado  en  el  municipio  de  Madrid  (Cundinamarca),  el cual singularizó en los hechos de la  demanda.  En  consecuencia  pidió la inscripción de la sentencia en la Oficina  de Registro de Instrumentos Públicos de Bogotá.   

2.            Las  pretensiones tienen sustento en los  siguientes hechos:   

               2.1.              El señor Alfredo Pabón  Peláez  adquirió mediante escritura pública No. 2110 de 31 de octubre de 1967  de   la   Notaría   2ª   de   Ibagué,  el  inmueble  denominado  ‘La          Virgen’,  situado  en  el  municipio de Madrid  (Cundinamarca),  con  extensión  de  58.880 mts.2, cuyos linderos constan en el  instrumento   arriba  mencionado,  acto  inscrito  en  el  folio  de  matrícula  inmobiliaria No. 050-0120410.   

2.2.           Mediante  escritura pública No. 2250 de  31  de  agosto  de  1984, del globo de terreno antes escrito se segregaron 2.123  metros cuadrados.   

2.3.           En 1969 Carmen Parra Martínez entró en  posesión  material  del  inmueble  en  forma  pública,  pacífica, autónoma e  independiente,   desde entonces ha realizado actos de señora y dueña, que  se  traducen  en  explotación  económica,  siembras  y  desarrollo de negocios  propios; también lo ha entregado a título de arrendamiento.   

2.4.           Por documentos privados otorgados el 24 y  el  30  de  septiembre  de  1972,  el señor Alfredo Pabón Peláez prometió en  venta   a   la   hoy   demandante  una   parte  de  la  finca  ‘La          Virgen’.   

2.5.           Mediante escritura pública No. 2194 de 7  de  octubre  de  1977  de  la  Notaría 1ª de Ibagué, el señor Alfredo Pabón  Peláez  transfirió  a  “Inversiones  El  Danubio  Ltda.”  el inmueble cuya  pertenencia  se  reclama, a pesar de que carecía de la posesión y la tenencia,  negociación  de  la cual se enteró la demandante por las anotaciones hechas en  el  registro público de instrumentos, pues nadie se hizo presente en la finca a  ejercer  los  pretendidos derechos. Así, ni el señor Pabón, ni “Inversiones  El  Danubio  Ltda.”  han  ejercido  la tenencia ni la posesión del mencionado  inmueble desde 1969.   

          2.6.                       A  principios  de  la  década  pasada,  Antonio  Guzmán   y   otros  señores  promovieron  un  proceso  reivindicatorio  contra  “Inversiones  El  Danubio  Ltda.”,  con  el fin de que se les reconociera la  propiedad  de un lote pequeño adquirido por compra a Miguel Campos Velandia; en  ese  litigio,  la  demandante Carmen Parra Martínez rindió declaración y ante  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Madrid  (Cundinamarca),  admitió que era  ”administradora”  de la  finca        ‘La  Virgen’ y que la posesión  la  tenía  “Inversiones El Danubio Ltda.”; no obstante, lo cierto es que la  demandante   es   poseedora  de  la  finca,  pues  nunca  hubo  un  contrato  de  administración  con  el  señor  Alfredo  Pabón  Peláez,  ni  con la sociedad  demandada,  así  lo  confesado  en esa actuación no corresponde a la realidad,  por lo tanto, la confesante incurrió en error en su declaración.   

          2.7.                       Los únicos contratos que la demandante celebró  con     Alfredo     Pabón     Peláez     sobre     la    finca    ‘La          Virgen’ fueron dos promesas de venta que no se  cumplieron,  y  como  no  fueron  cuestionadas  judicialmente por el prometiente  vendedor,  la prometiente compradora continuó en ejercicio público y pacífico  de la posesión recibida.   

          2.8.                       La  sociedad demandada ha intentado por medio de  vías  de  hecho  despojar  a  la  demandante de la posesión, ejerció presión  sobre  los  inquilinos  y  los  trabajadores  de  ésta para que desconozcan sus  derechos,  artificios que han sido rechazados por la señora Parra Martínez por  todos los medios legales.   

          2.9.                       El  señor  Alfredo  Pabón Peláez desapareció  desde  el  23  de  noviembre  de 1990 y hasta la fecha de la demanda no se tiene  conocimiento de su paradero.   

3.             Admitida  la  demanda  se  surtió  el  traslado   de   la  sociedad  demandada  y  el  emplazamiento  de  las  personas  indeterminadas,  a  quienes  se les nombró curador ad  litem; éste manifestó no oponerse a las pretensiones  y estar a lo que fuere probado en juicio.   

Por  su  parte  “Inversiones  El  Danubio  Ltda.”  pidió  no acoger las súplicas de la demanda; propuso como defensa la  falta  de  identidad  del  predio  presuntamente  poseído y formuló demanda de  reconvención  con  el fin de reivindicar el inmueble en litigio, con fundamento  en  que  desde  el  30  de  diciembre  de  1966  adquirió  la finca mediante la  escritura  pública No. 5892 de la Notaría 2ª de Ibagué, la que por escritura  pública  No.  2110  del  31  de octubre de 1967 adjudicó en renta vitalicia al  señor   Pabón   Peláez.  Éste  vendió  el  mismo  inmueble  a  la  sociedad  “Inversiones  El Danubio Ltda.” mediante escritura pública No. 2194 de 7 de  octubre  de  1977,  aclarada  mediante  escritura No. 862 de 19 de mayo de 1983,  ambas de la Notaría 1ª de Ibagué.   

4.            La demandada en reconvención se opuso a  las  pretensiones,  pues  dijo  ser la actual poseedora de la finca y propuso la  excepción  que  denominó ausencia de los requisitos sustanciales de la acción  de dominio.   

5.             Finalizó  la  primera  instancia  con  sentencia  adversa  a  las  pretensiones  de  la  demanda principal, decretó la  reivindicación  del  predio  a  favor  de la sociedad “Inversiones el Danubio  Ltda.”,  dispuso  la restitución del bien, condenó a la poseedora al pago de  los  frutos  civiles, declaró no probadas las excepciones propuestas por ella y  determinó  que no había lugar al pago de las expensas necesarias invertidas en  la  conservación  del  inmueble,  ni  de  las  mejoras  útiles o voluptuarias.   

6.            El  Tribunal  de Cundinamarca revocó la  providencia  apelada  por  la  demandante  inicial;  en  su  lugar,  denegó las  pretensiones,  tanto  de  la  demanda  de declaración de pertenencia como de la  reivindicación impetrada en la reconvención.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

            

          1.        El  Tribunal,  en  lo  que  atañe  a  la  usucapión, halló que la  legitimación  pasiva  era  suficiente,  puesto  que  “Inversiones  El Danubio  Ltda.”  era  la  propietaria  del predio a usucapir. También encontró que el  fundo  pretendido  es  un  bien  que  puede  adquirirse por usucapión, dado que  pertenece al dominio privado.   

          2.        Respecto  de  la  identificación del inmueble, el Tribunal censuró  severamente  al  a quo, pues  sin  crítica  alguna  tomó  como dato suficiente la posesión material alegada  por  la  demandante.  Dijo que aunque se practicó inspección judicial sobre el  predio  poseído  por  la  demandante,  no  se  pudo  establecer  si el inmueble  descrito  en  la  demanda  es el mismo del cual se dice dueña la señora Carmen  Parra  Martínez, razón por la cual se practicó un dictamen pericial en el que  los  expertos concluyeron que los linderos señalados en la demanda principal no  son  los  mismos  que  presenta  el  predio  en  la  actualidad,  pues  ha  sido  desmembrado  en  2.383  metros cuadrados. Por lo tanto, señaló el Tribunal, no  existe  en  el  expediente  prueba  alguna  que  demuestre  la  extensión y los  linderos  del  inmueble  cuya  usucapión  se  pretende,  ni  puede inferirse su  verdadera  identificación  del  escrito  de  demanda,  pues  aunque en el hecho  primero    se    determinaron    los    linderos    del    predio   ‘La          Virgen’,  en  el  hecho segundo se indicó que  había  sufrido una desmembración, pero no se suministró la identificación de  la    heredad    restante    que    aparentemente    es    poseída    por    la  demandante.   

          Para  el  ad quem  no  se estableció de ninguna manera la identificación real del bien pretendido  por  la demandante, y ausente este elemento cardinal de la usucapión, no había  lugar  a  estudiar  los  restantes. Consideró el Tribunal que el fracaso de las  pretensiones   hacía  innecesario  analizar  la  excepción  propuesta  por  la  sociedad demandada.   

                                       

          Fue  igualmente  relevante  para  el  Tribunal la conclusión de los  peritos  sobre el soporte documental aportado, pues ellos resaltaron la falta de  coincidencia  de  los  linderos del predio, con los que aparecen en el plano que  obra en el expediente.   

         

          Todo  lo  anterior  condujo  al  ad  quem  a  concluir que de las pruebas del litigio no se puede  identificar  el  predio  pretendido  en  pertenencia, tampoco el que se pretende  reivindicar,  dado  que los linderos señalados en el hecho quinto de la demanda  de  reconvención  no  fueron demostrados, por lo cual las pretensiones en ambas  demandas   debían   fracasar,   sin   necesidad  de  analizar  las  excepciones  propuestas; en consecuencia, revocó la sentencia apelada.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Con apoyo en la causal primera del artículo  368  del  C.  de  P.  C.,  Carmen  Parra  Martínez, formuló un cargo contra la  sentencia   del  Tribunal  por  ser  ella  violatoria,  de  manera  indirecta  y  por  falta de aplicación, a  causa   de   errores  evidentes  de  hecho  en  la  apreciación  de  la  demanda  de  pertenencia, la demanda  reivindicatoria   y   el   dictamen  pericial,  de  los  artículos  230  de  la  Constitución  Política;  2512, 2513, 2518, 2522, 2527, 2531 y 2532 del C.C.; y  1º  de  la  Ley 50 de 1936. Así mismo, dijo la censura, hubo violación de los  artículos  4º, 37 (numeral 4º), 175, 179, 180 y 240 del C. de P. C.; y 7º de  la  Ley  270  de 1996, por error de derecho  derivado de la actitud omisiva al dejar de cumplir el juzgador con  sus   obligaciones,   facultades   y   poderes   jurisdiccionales   en   materia  probatoria.   

El  recurrente, luego de hacer la reseña de  la  sentencia  del  Tribunal,  escogió  como  blanco  de  su análisis crítico  aquella   consideración  del  ad  quem  según  la  cual  la  prosperidad  de  la acción de declaración de  pertenencia  supone  que  “el  bien que se pretende  prescribir  sea  el  mismo  enunciado  en la demanda”  (fl. 13 cdno. Corte).   

Respecto  de esta exigencia del Tribunal, el  censor  no  expresó  un  juicio  descalificatorio radical, pues apenas atinó a  decir  que  ello no es completamente cierto, pues casos hay que en la demanda se  menciona  un  predio  de  mayor  extensión  y se anuncia una desmembración. En  evento   semejante,   dijo,   el   abrigo   a  las  pretensiones  podría  tener  justificación  de  dos  maneras:  porque  se concede lo probado si lo pedido es  mayor,   o   porque   la   desmembración   no  impide  la  identificación  del  inmueble.   

Para  esta segunda hipótesis, el demandante  descalificó    por    antijurídica    la   exigencia   de   que   “el  bien  enunciado  en  la demanda tenga que ser exactamente el  mismo  que  se  pretenda  prescribir”. En síntesis,  para  el  casacionista, la sentencia favorable en un juicio de pertenencia puede  recaer  sobre  apenas  una  porción  de  la totalidad del predio descrito en la  demanda.   

El  error  de  hecho  cometido  consistió  entonces   en  la  indebida  apreciación  de  las  demandas  de  pertenencia  y  reivindicación,  pues  en  el  hecho  primero de cada una de ellas “coinciden   perfectamente   respecto   del   predio   de   mayor  extensión”.   

Aceptó  el  recurrente  que la respuesta de  Carmen  Parra  Martínez  (demandada en reconvención), no sirve como medio para  acreditar  la  identidad,  pues  aquella negó la coincidencia de linderos, y en  ello  está  de  acuerdo  con  el Tribunal. No obstante, añadió el recurrente,  “eso  debió  conducir a un análisis más profundo  del material probatorio”.   

Luego,  el  recurrente reprochó al Tribunal  porque   con   vista   en   la   prueba  pericial,  concluyó  que  “no  se  probó  entonces el inmueble que pretende reivindicar la  sociedad  actora  sea  el  mismo  que  posee  la  contrademandada”.   

A manera de pregunta retórica para destacar  el  error,  se  interrogó  el  casacionista,  ¿Cómo es posible que si las dos  partes  coinciden  en  lo  que  toca  con  el  predio de mayor extensión, no se  hubiere  hallado  la  coincidencia entre lo que la una parte quiere prescribir y  la otra reivindicar?.   

          En  espera  de una respuesta positiva, se preguntó el recurrente de  nuevo,  si  en  semejante  situación  no debió el Tribunal decretar pruebas de  oficio  “para profundizar en la comprobación de los  hechos  para  juzgar  en consecuencia”. Y como según  el  casacionista  el  Tribunal debió decretar oficiosamente la complementación  del  dictamen,  al dejar de hacerlo incurrió en error de derecho, pues el grado  de  aproximación  a la verdad era de tal entidad que sólo hacía falta ordenar  una simple adición a la prueba pericial.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.            Como  es sabido, la demanda de casación  debe  ceñirse  estrictamente  a las exigencias formales establecidas en la ley,  específicamente  en  los artículos 374 del Código de Procedimiento Civil y 51  del  Decreto  2651  de  1991,  convertido  en  legislación  permanente  por  el  artículo  162  de la Ley 446 de 1998; en tal virtud, se exige del recurrente en  casación  que  en  cada cargo exponga los fundamentos de la acusación en forma  clara y precisa.   

En paralelo, está proscrita en casación la  contradicción  en  la  formulación  del cargo, como quiera que el recurso debe  mostrar  de  modo  inequívoco  el  yerro del sentenciador, cometido que fracasa  cuando   las   proposiciones   argumentativas   del  casacionista  resultan  ser  notoriamente excluyentes.   

Así acontece en este asunto, toda vez que el  casacionista  esgrime que el Tribunal cometió error de hecho en la apreciación  de  las  pruebas,  y  en especial, de las demandas principal y de reconvención,  así  como  del  dictamen  pericial,  acusación  en la que además de omitir la  demostración   del   error   y   su   trascendencia,   incurrió  en  flagrante  contradicción,  pues  cuando  era de esperarse que mostrara cuál era la verdad  que  esos elementos de juicio revelan y que el tribunal se obstinó en no ver, a  la  final  concluyó que tales probanzas resultaban insuficientes para acreditar  la  identidad  del  inmueble  pretendido, tanto, que en verdad lo que hizo falta  fue  el  decreto  oficioso  de  pruebas,  afirmación  que viene a corroborar la  ausencia    del    denunciado    error    de    hecho    en    la   apreciación  probatoria.     

Dicho en breve, el Tribunal no puede apreciar  equivocadamente  una  prueba,  si  ella no existe en el proceso, y tampoco si se  dice  que  no  existe de modo integral, porque según el recurrente, se trata de  una  prueba  a  medias,  a la cual le faltó una adición que el juez no dispuso  oficiosamente.   

Síguese  de lo anterior que el Tribunal no  pudo  cometer  el  error de hecho que se le atribuye, pues para hacer tal juicio  sería  menester  afirmar que la identificación del predio pretendido deslumbra  en  las  pruebas que obran en el proceso, cuando el propio recurrente admite que  para  despejar  las  dudas de identidad hacíase necesario el decreto de pruebas  de oficio.   

2.           De  otro lado, no sobra añadir que otra  impropiedad  técnica  acompaña el cargo, porque si como se dice en el folio 15  de  la  demanda  de  casación,  “erró de hecho el  Tribunal  en  la  apreciación  del peritazgo (sic), pues mientras este habla de  diferencias  e  inexactitudes, el ad quem trató el asunto como si la diferencia  entre  los dos predios fueran totales”, no hay razón  alguna  para censurar la misma prueba, esta vez por un supuesto error de derecho  fundado  en  que  el  Tribunal  no  decretó  de oficio otro dictamen de oficio,  tendiente  a complementar el anterior con el propósito de que finalmente dijera  lo que sin esa actividad probatoria no decía la experticia.   

3.            Y  aun  si  se  tomara el cargo desde la  exclusiva  arista  del  error  de derecho  por  ausencia  de la actividad probatoria de oficio, es de ver que  el  recurrente  carece de razón, pues el decreto de probanzas de oficio, aunque  es  una actividad en veces necesaria, no se puede erigir en una herramienta para  forzar una hipótesis de hecho que se niega a tomar cuerpo.   

El  decreto  de  pruebas  de  oficio  es un  precioso  instituto  a  ser  usado  de  modo  forzoso  por el juez, cuando en el  contexto  del  caso  concreto esa actividad permita remover una zona de penumbra  con  la  certeza  de  que  al  superar  ese  estado  de  ignorancia,  concreto y  determinado,  se  esclarecerá una verdad que permitirá decidir con sujeción a  los  dictados  de  la  justicia.  Por  lo  mismo,  no  se trata de una actividad  heurística   sin  norte  ni  tiempo,  sino  del  hallazgo  de  una  prueba  que  ex  ante  se vislumbra como  necesaria y posible.   

Desde luego que en ese contexto, no resulta  de  recibo  el  ataque  al  Tribunal  por  cometer  un  error  de  derecho  como  consecuencia  de  no  decretar pruebas de oficio, porque en todo caso, tal yerro  no  puede  configurarse en el vacío, esto es, no tiene cabida sobre pruebas que  no   obran   en   el   expediente.  Como  tiene  dicho  la  Corte,  “Admitir  que  faltar  al  deber  de  decretar  pruebas de oficio  podría  implicar  un  error  de  derecho, no constando aún,  itérase, el  requisito  de la existencia y la trascendencia de las mismas, no cuadra del todo  con  la filosofía del recurso de casación,  pues el examen de la Corte no  se  haría  ya  propiamente  de  cara  a  la  sentencia  cuestionada  -como  con  insistencia  suele decirse-, con no más elementos de prueba que los que trae el  expediente,   sino que la Corte, cual fallador de instancia, se entregaría  indebidamente  a acopiar otras que por lo pronto no están, renovando el aspecto  probatorio  del  proceso.  Memórese  que la Corte puede sí decretar pruebas de  oficio,   pero  no  como  tribunal  de  casación  sino  como  juzgador  de  instancia,  cuando  funge  de  fallador  para  dictar  la  sentencia  que  ha de  reemplazar  la  que  resultó  quebrada.  Principio  que  sale  maltrecho cuando  primero   se   casa   para   luego   averiguar   por  la  trascendencia  de  las  pruebas.   

Con arreglo a lo dicho, pues, difícilmente  puede  darse  en  tales  eventos  un  error  de  derecho. Necesitaríase que las  especiales   circunstancias   del   pleito   permitieran   evadir  los  escollos  preanotados,  como  cuando  el  respectivo  medio  de prueba obra de hecho en el  expediente,  pero  el  sentenciador  pretexta  que no es el caso considerado por  razones  que  atañen,  por ejemplo, a la aducción o incorporación de pruebas.  Evento  este que posibilitaría al fallador, precisamente porque la prueba está  ante  sus  ojos,  medir la trascendencia de ella en la resolución del juicio; y  por  ahí  derecho  podría  achacársele la falta de acuciosidad en el deber de  decretar  pruebas  oficiosas. Sería, en verdad, una hipótesis excepcional, tal  como  lo  advirtió  la  Corte  en  un  caso  específico  (Cas. Civ. 12 de  septiembre  de  1994,  expediente 4293)”  (Sent.  Cas. Civ. de 13 de abril de 2005, Ep. No. 1998-0056-02).   

En  el  caso  presente,  la  adición  del  dictamen  que  el  recurrente  alega  debió constituir el esfuerzo oficioso del  Tribunal,  lejos  está  de  ser  el  elemento  necesario  para  proveer de modo  favorable  a  las  pretensiones del casacionista. Se anticipa que el concepto de  los  peritos  según  el  cual  hay  diferencias e inexactitudes (fls. 487 a 490  cdno.  No.  1)  es  resultado  de  un cuestionario de ampliación, de lo cual se  sigue  que  la propuesta para que se repita oficiosamente el mismo procedimiento  de   ampliación   del   estudio   técnico,  podría  tornarse  más  como  una  constricción   para   que  a  toda  costa  se  atiendan  las  expectativas  del  recurrente,  y  no  como  la  necesidad  de  hallar  un  dato que de antemano se  vaticina como verdaderamente definitorio del litigio.   

Pero  si  se superara este escollo, otro se  levantaría,  porque  no  puede  perderse  de  vista que así fuera ventajosa la  indagación  sobre  la  identificación  del  inmueble,  tras ello asomaría una  dificultad  mayor,  pues  el  juzgado en su momento desestimó las súplicas con  fundamento   en   que  la  demandante  había  confesado  en  otro  proceso  una  vinculación  de  carácter  convencional respecto del inmueble, lo que pondría  en  serio  aprieto su pretensión. Así las cosas, no hay tal que al decretar la  prueba   de   oficio   la   sentencia   necesariamente   deba   tomar  un  curso  diferente.   

         Teniendo  en cuenta los planteamientos señalados el cargo estudiado  no prospera.   

DECISIÓN   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,  en  Sala  de  Casación  Civil,  administrando justicia en nombre de la República y  por  autoridad  de  la ley, NO  CASA  la sentencia del 21 de  junio  de  2000  pronunciada  por  la  Sala  Civil-Familia-Agraria  del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  en el proceso ordinario de  pertenencia  promovido  por Carmen Parra Martínez contra Inversiones El Danubio  Limitada y personas indeterminadas   

Notifíquese   y   devuélvase    el  expediente  al tribunal de origen.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

         

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

(En comisión especial)  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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