AC7531-2014 [2007-00234-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado Ponente  

AC7531-2014  

Radicación           n.°  13001-31-03-005-2007-00234-01   

(Aprobado  en  sesión  de  veintiséis  de  noviembre de dos mil catorce)   

Bogotá,  D.C., nueve (9) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

Se  decide  sobre  la admisión de la demanda  presentada  por  Felix Antonio Torreglosa Arellano, para sustentar el recurso de  casación  que  interpuso,  respecto  de  la  sentencia  de 17 de junio de 2013,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cartagena, Sala  Civil-Familia,  en  el  proceso  ordinario  promovido  por  el recurrente contra  Randolh Kellms Toledano y personas indeterminadas.   

1. LA SENTENCIA IMPUGNADA  

1.1. Confirma el fallo de 29 de noviembre de  2011,  emitido  por  el Juzgado Quinto Civil del Circuito de Cartagena, mediante  el  cual  se  negó declarar que el demandante adquirió el inmueble involucrado  por el modo de la prescripción extraordinaria.   

1.2.  Según el superior, la identificación  del  predio  se  daba  por  descontada  con  pruebas  distintas a la inspección  judicial,  pues  ésta  se  había  limitado  a  recibir testimonios, no así la  posesión material.   

Los  testimonios  de  Ernesto  Emilio Ariza,  Néstor   Díaz  Torres,  Reynel  Díaz  y  Julián  Mattos,  desnaturalizan  el  señorío,  al  decir  que  el actor “(…) entró a  ocupar   el  inmueble   por   encargo,  creo  que  de  su  propietario  (…)”,    en   tanto   no   han   “(…)    dicho   que   (…)   sea   el   poseedor   del   edificio  (…)”.      

En  las  declaraciones  de Luis Días Balam,  Digna  Emérita  Maza,  Mauricio  Cristancho  y  Diana  Uribe Gamboa, se observa  “(…)  una profunda rebatiña, una intensa disputa  para  apoderarse  de todo o parte del edificio, aprovechándose del abandono que  del      mismo     hiciera     su     real     propietario     (…)”.   

Los documentos aportados carecen de eficacia  probatoria,    porque    su    gran   mayoría   aparecen   en   “(…)     fotocopias    o    copias    simples    (…)”,  amén de no acreditar los hechos de la demanda. Fuera de esto,  el  pago  de  servicios  públicos  no  garantiza que haya sido realizado por el  actor.   

2. LAS CENSURAS EN CASACIÓN  

2.1.  Tres  cargos  fueron formulados por el  actor.   

2.1.1.  El  primero, fundado en la causal de  nulidad  procesal  prevista  en  el  artículo  140,  numeral  6  del Código de  Procedimiento  Civil,  al  haberse  omitido  practicar  la  inspección judicial  obligatoria,   dirigida   a  “(…)  identificar  e  individualizar  (…)”  el inmueble, pues pese a que  se  evacuó de manera irregular, como lo admitió el Tribunal, no se tomaron los  correctivos para superar la anomalía.   

2.1.2. El segundo, encauzado por la comisión  de  errores  de hecho, al dejarse de apreciar (i) los recibos originales de pago  de  servicio  de  acueducto  y  alcantarillado,  (ii)  la  copia  de  un fallido  lanzamiento  por  ocupación de hecho contra el actor por ser poseedor, (iii) lo  actuado  en  asuntos  penales  por los punibles de fraude procesal y falsedad en  documento  público  y  privado, (iii) el original del contrato de arrendamiento  del  demandante  con  un  inquilino  suyo,  (iv)  los  documentos relativos a un  proceso  de  restitución  de  inmueble  adelantado  por  el  pretensor,  (v) la  confesión  ficta  de  Ismael  Francisco González Porto, uno de los opositores,  por  su  inasistencia  al  interrogatorio,  (vi)  el  testimonio  de José David  Larios,  quien  reconoció  ser  inquilino del demandante y (vii) los documentos  exhibidos por el actor al rendir declaración de parte.   

Igualmente, al tergiversarse la declaración  de  Israel  de  Jesús  Moreno  Andraus,  quien  si bien alegó poseer parte del  predio,  se contradijo al aceptar tenencia de una sociedad y como continuador de  su  padre,  y  en  el  mismo  sentido, la de Digna Emérita Maza; la versión de  Ernesto  Emilio  Ariza  Manjarrez,  sobre  que el actor habita con su familia el  edificio  desde  1985;  lo  expresado  por  Néstor  Díaz  Torres,  pues aunque  distinguió  al actor como cuidandero, plantó las mejoras ordenadas por él; el  testimonio  de  Reynel  Díaz,  en  cuanto  conoce al pretensor residiendo en el  lugar  hace  más de 17 años; lo expresado por Julián Mattos, quien al guardar  su  carreta  en  el  fundo hace 22 años, con la aprobación del actor, no se le  puede  exigir diferenciar posesión y tenencia; el dicho de Luis Díaz Balam, al  no  desacreditar  la  posesión  alegada,  pero  sí  la  de  Israel  Moreno; lo  manifestado  por  Mauricio  Cristancho  y  Diana  Uribe  Gamboa, personas que no  probaron  la  posesión por ellos alegada; y el testimonio de Fabián Rodríguez  Castaño,   anterior  apoderado  del  actor  en  una  restitución  de  inmueble  arrendado, al limitarse a unas consideraciones jurídicas.   

Para el recurrente, las falencias enrostradas  llevaron  al  juzgador  a  exigir  de  la  posesión aducida como sustento de la  pertenencia,  “(…) características que la ley no  prevé  (…)”,  como  las  condiciones  de vida del  poseedor  y  el  tamaño  del  inmueble,  en  tanto,  tampoco  se excluye por el  desarrollo   de   actividades  de  propietarios  de  locales  comerciales.    

2.1.3.  El tercero, frente a la comisión de  errores  de derecho probatorios, pues el criterio de negar eficacia demostrativa  a  las  copias simples, se ha atenuado en la jurisprudencia en consideración al  comportamiento     de     las     partes,     verbi  gratia,  en cuanto a su aquiescencia tácita, y porque  en  todo caso, ese valor ha sido conferido por el artículo 11 de la Ley 1395 de  2010,   subrogatorio   del   artículo   252   del   Código   de  Procedimiento  Civil.   

De  otra parte, debido a que los testimonios  de  Luis  Díaz  Balam,  Digna  Emérita  Maza, Mauricio Critancho y Diana Uribe  Gamboa,  fueron  apreciados sin precaver el interés que tenían en las resultas  del  proceso,  pues  fueron  los  opositores  a  la declaración de pertenencia.   

Finalmente,  puesto  que  si  la inspección  judicial  dejó  de  individualizar el predio en función del proceso, no podía  concluirse que el demandante no era su poseedor.   

2.2. Siendo ese, en lo esencial, el contenido  de     los     cargos,     se     procede     a     examinar     su    idoneidad  formal.         

3. CONSIDERACIONES  

3.1. La naturaleza dispositiva y estricta de  la  casación,  cuyo  objeto  gira  alrededor  de  la presunción de legalidad y  acierto  de  la  sentencia  impugnada,  exige  al  recurrente, para habilitar el  estudio  de  fondo,  presentar  el  libelo  respectivo  con  sujeción a ciertos  requisitos,  porque en últimas, ese escrito constituye el marco dentro del cual  la  Corte  debe  discurrir  su actividad, a fin de establecer si se incurrió en  errores  de  juicio  o  de  procedimiento,  cuyo  incumplimiento,  al  tenor del  artículo   373  inciso  4  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  apareja  la  deserción del recurso.   

3.2.  Entre  otros, según el artículo 374,  numeral  3  del  mismo  ordenamiento,  los cargos se deben formular por separado  “(…)  con  la  exposición  de los fundamentos de  cada  acusación,  en forma clara y precisa (…)”, y  demostrar.    

Este  requisito,  como  tiene  explicado  la  Sala1,  se relaciona con la simetría y plenitud del ataque, porque si la  protesta,  en su conjunto, es desenfocada o incompleta, no tendría que entrar a  ningún  análisis  de  mérito,  pues  en  general,  los  argumentos  basilares  desviados    u   olvidados   le   seguirían   prestando   base   firme   a   la  decisión.   

La demostración de los errores, al decir de  la   Sala,   es  predicable  de  “(…)  todas  las  causales  señaladas  en el  artículo  368  del  C.  de  C.  P (…)”2.  Empero,  en  casación  no  basta identificar y enrostrar determinado yerro, sino que además  se  hace  necesario  mostrar su trascendencia, esto es, según también se tiene  definido,   poner   de  “(…)  presente  cómo  se  proyectó     en     la     decisión”3.   

3.3. Aplicadas las anteriores directrices al  caso, ninguno de los cargos se aviene a los requisitos formales.   

3.3.1.   La   nulidad   procesal,   porque  únicamente  se  identificó  el supuesto error, esto es, la irregular práctica  de  la  inspección  judicial,  considerada  como  obligatoria en los juicios de  pertenencia,  pero  no  se indicó si el vicio subsiste y si infirió agravio al  recurrente,  para  así poder determinar la incursión en alguna de las causales  previstas en el artículo 140 del Código de Procedimiento Civil.   

Lo  primero,  en  concreto,  si el error fue  alegado  y  negado  en  instancia  inmediatamente  ocurrió,  única  manera  de  predicar   que   no   se   ha  saneado,  como  lo  exige  para  su  formulación  extraordinaria  el  artículo  368,  numeral  5  del  mismo  ordenamiento.  Y lo  segundo,  porque  si  el Tribunal tuvo por singularizado el inmueble con pruebas  distintas  a  la  inspección  judicial, arista desde la cual, por lo tanto, las  pretensiones   no   pudieron   haberse  negado,  la  afirmación  sobre  que  el  “(…) predio no está correctamente identificado e  individualizado    (…)”,   se   deja   ayuna   de  explicación.   

3.3.2. El cargo segundo, por cuanto al margen  del  acierto,  en  ninguna parte se confuta el argumento del juzgador de segundo  grado,  según  el  cual  la existencia de un “(…)  contrato  de  comodato  suscrito  por  Ignacio Torres Navarro y María Martínez  García  (…)”,  hacía difícil reconocer al actor  la condición de poseedor material.   

El   ataque,   en   consecuencia,  resulta  incompleto,  inclusive  en  la hipótesis de haberse formulado técnicamente las  demás  falencias  enrostradas  y  de  aceptarse,  en  gracia  de discusión, la  existencia   de   los   errores.   Como   tiene   explicado  esta  Corporación,  “(…)   pugna  con  la  técnica  que  informa  al  recurso  extraordinario de  casación,  como  que se entiende que aun cuando ellos  saliesen  airosos,  los  que  se  dejaron  al margen de la censura continuarían  sirviendo  de  soporte al fallo combatido, desde luego que la Corte estaría por  lo  mismo  impedida para examinarlos (…)”4.   

Con todo, se precisa, si para el Tribunal el  “(…)  demandante  no  ha  detentado la calidad de  señor  y  dueño  del  inmueble  (…)”, sino en una  condición    distinta,    según    unos    testigos,    como   “(…)  cuidandero  (…)”,  al punto de  presentarse   entre   varias  personas  una  “(…)  profunda  rebatiña,  una  intensa  disputa  para apoderarse de todo o parte del  edificio,  aprovechándose  del  abandono  que  del mismo hiciera su propietario  (…)”,  el  recurrente debió probar en concreto lo  contrario,  esto  es,  que  las pruebas omitidas o tergiversadas lo señalaban o  colocaban  en la condición de poseedor material, desde luego, sin oposición de  nadie.   

La  censura, sin embargo, en el contexto del  cargo,  se  desentiende  de  lo  anterior.  Como  se  observa  en la recensión,  relativo  a  la  prueba documental, simplemente se denuncia como preterida, pero  no  se  dice  de dónde deviene el ánimo posesorio. Y respecto de la única que  se  indica  alude al tema, la diligencia de lanzamiento por ocupación de hecho,  se  desvía la acusación, pues si se acepta que fue aportada en “(…)  copia  (…)”,  las  razones del  Tribunal para negarle mérito demostrativo fueron otras.   

Lo  mismo  ocurre con la prueba testimonial,  pues  no  se  hizo  saber  a la Corte el motivo por el cual residir o habitar el  inmueble,  según lo manifestaron Ernesto Emilia Ariza Manjarrez, Julián Mattos  y Reynel Díaz, implicaba, necesariamente, posesión material.   

Y  si  lo  investigado  era  el  ánimo  de  señorío,  a  la  Sala  tampoco  se  le  hace  saber  en  causa cómo resultaba  contraevidente  no  dejar establecido el hecho con otras relaciones de tenencia,  con  la  falta  de  prueba  de  la  posesión  reclamada  por  terceros, con las  contradicciones  sobre el particular, inclusive con la condición de cuidandero,  cual  lo  vertieron,  en  general,  Jesús Moreno Andraus, Néstor Díaz Torres,  Luis  Díaz Balam, Digna Emérita Maza, Mauricio Cristancho Vargas y Diana Uribe  Gamboa,    o   la   tildada   declaración   etérea   de   Fabián   Rodríguez  Castaño.   

3.3.3.   El   cargo  tercero,  porque  con  independencia  de  cualquier  otro defecto formal o técnico, la conclusión del  Tribunal  sobre  que  el  “(…)  demandante  no ha  detentado   la  calidad  de  señor  y  dueño  del  inmueble  (…)”,  la  derivó  no  sólo  de  los  medios  que se singularizaron  erróneamente  apreciados  en el campo jurídico, sino también de una relación  de  tenencia y de lo testificado por Ernesto Emilio Ariza, Néstor Díaz Torres,  Reynel Díaz y Julián Mattos.   

El embate, por lo tanto, resulta incompleto,  porque  al  margen  del  acierto del Tribunal, inclusive en el evento de haberse  incurrido  en  los  yerros  enrostrados,  la  decisión  seguiría  soportada  o  manteniendo  base  firme en el medio no confutado, el contrato de comodato, y en  los  testigos  antes  nombrados,  indebidamente  reprochados  en casación en el  cargo segundo, cual quedó explicado.     

3.4. En ese orden, como los defectos anotados  relevan  el  estudio  de fondo de los cargos, se impone proceder de conformidad.   

4. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,    Sala    de    Casación    Civil,    declara    inadmisible   el   libelo   examinado   y  desierto   el  recurso  de  casación  de  que  se trata. Consecuentemente, ordena devolver el expediente al  Tribunal de origen para lo pertinente.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

Presidente de la Sala  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

En comisión de servicios  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 Cfr.  Auto  034  de  12  de  marzo  de  2008,  expediente  00271,  reiterando doctrina  anterior.   

2 Auto  323  de  15 de diciembre de 2000, expediente 1996-8690; reiterado en autos de 18  de  noviembre  de 2011, expediente 00462, y de 28 de octubre de 2013, expediente  00131.   

3 Vid.  Auto de 18 de noviembre de 2009, expediente 00035.   

4 CSJ.  Civil.  Sentencia  060  de  16  de  octubre  de  1997,  reiterando  G.J.  CCXII-  200.  En el mismo sentido,  los  fallos  083  de  28 de junio de 2000, expediente  5348,  y 062 de 4 de abril  de  2001,  expediente  5858,  entre  otros.     

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