AC2449-2014 [2005-00493-01]

2014

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    República    de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

Sala de Casacón Civil  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado Ponente  

AC2449-2014  

Radicación:  05001-31-10-002-2005-00493-01   

Aprobado  en  Sala de dos de abril de dos mil  catorce   

Bogotá,  D. C., nueve (9) de mayo de dos mil  catorce (2014).   

Se decide sobre la admisión de la demanda de  XXXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX y XXXXXXXXXXXXXXXXXX, esta última  en   representación   de   XXXXXXXXXXXXXXX,  todos  herederos  de  la  causante  XXXXXXXXXXXXXXX,  presentada  para  sustentar  el recurso de casación contra la  sentencia  de  28  de  agosto  de  2012,  proferida por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Medellín, Sala de Familia, en el proceso ordinario de los  recurrentes contra XXXXXXXXXXXXXX XXXXX y XXXXXXXXXX.   

1. ANTECEDENTES  

1.  Los  demandantes  solicitaron  que  se  declarara  la  nulidad  absoluta del testamento otorgado por la citada causante,  mediante  Escritura  Pública  877  de 6 de junio de 2003 de la Notaría Décima  del Círculo de Medellín, con las consecuencias inherentes.   

Lo  anterior,  de  una parte, por cuanto fue  suscrito   cuando   la   interesada   había  sido  declarada  en  interdicción  provisoria,  según auto de 16 de diciembre de 2002, emitido por el Juzgado Once  de  Familia  de  Medellín;  y  de  otra,  debido al síndrome de demencia senil  padecido por ella.   

2.   El  Juzgado  Segundo  de  Familia  de  Medellín,  en  fallo  de  17  de marzo de 2011, accedió a las pretensiones, al  encontrar configurada la primera inhabilidad invocada.   

3.1.  En  primer lugar, porque a raíz de la  controversia  suscitada  alrededor  de la interdicción provisora, ésta produjo  efectos  a  partir  de  la ejecutoria del auto de 17 de marzo de 2004, en virtud  del  cual  el  funcionario  de conocimiento ratificó su decreto, mucho después  del 6 de junio de 2003, fecha de la confección del testamento.   

3.2.   En  segundo  término,  al  haberse  demostrado  la  sanidad  mental  de  la  testadora  en  el momento de otorgar su  última   voluntad,  como  así  lo  manifestaron  las  testigos  testamentarias  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXX y XXXXXXXXXXXXX.   

Las  declarantes  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  XXXXXXXXXXXXXXXXXXX  y  XXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXX, saben del estado personal de la  testadora,  hasta diciembre de 2001, y a partir de entonces los hechos por ellas  narrados  no  fueron producto de su propia experiencia, situación que les resta  credibilidad;  y de su parte, XXXX XXXXXXXXXX, la visitó únicamente entre 2001  y 2002.      

El Notario Décimo del Círculo de Medellín,  XXXXXX  XXXXXXXXXX,  dijo  estar  seguro que XXXXXXXXXX XXXXXXX, para el día de  los  hechos,  estaba  completamente  normal,  pues  si  hubiere detectado alguna  anormalidad,    física    o    síquica,   habría   exigido   un   certificado  médico.   

La  versión de XXXXXXXXXXXXXXX, auxiliar de  enfermería,  se  relaciona  con el cuidado de la citada señora, como paciente,  durante  seis  meses,  en  el  2001,  y de una visita que le hizo a comienzos de  2003.   

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  médica  tratante,  habló  de una alteración cognitiva; para 2003, recibía, aceptaba y respondía  a  estímulos  afectivos,  su  diálogo o discurso era elemental y contestaba de  forma simple.   

La  confesión  del demandado XXXXXXXXXXXXXX  XXXXX,  tenida  como  testimonio  por ser litisconsorte necesario, no encontraba  corroboración  en  otras  pruebas;  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, en cambio, expresó  que  en  esa fecha su madre no estuvo incapacitada, ni física ni mentalmente; e  XXXXXXXXXXXXXXXXXXX,   manifestó   que  el  testamento  fue  iniciativa  de  su  progenitora.   

XXXXXXXXX  y  XXXXXXXXXXXXXXXXX,  nietos  de  XXXXXXXXXXXXX,  no  se  enteraron  de  las  condiciones  anímicas,  físicas ni  síquicas de su abuela durante los dos últimos años de su vida.   

El  médico XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, dictaminó  para  un  proceso,  en  1999,  que  la señora XXXXXXXXX XXXXXXXXXXXXX tenía un  estado  mental  normal;  y  el  18  de  enero de 2003, cuando la evaluó en otra  actuación   judicial,   que  estaba  capacitada  mentalmente.  Esto  mismo  fue  ratificado   por   las   auxiliares   de   la   justicia   XXXXXXX  XXXXXXXXX  y  XXXXXXXXXXXXXXXX,  el 4 de febrero de 2003, y en abril de ese mismo año, por el  neurólogo    clínico    XXXXXXXX,    como    así    lo   corroboró   en   su  declaración.   

Las  citadas peritas echaron por la borda el  dictamen  neuropsicológico de XXXXXXXXXXXXXX, cirujano gineco obstetra, anexado  con  la  demanda  de interdicción. Si bien la experticia de ellas fue objetada,  los   médicos,   psiquiatra  y  gerontólogo,  XXXXXXXXXXXXXXXXX  y  XXXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXX,  conceptuaron,  el 15 de diciembre de 2003, antes del auto de 17  de  marzo  de  2004,  mediante el cual se ratificó la medida provisoria, que la  examinada no tenía síntomas típicos de demencia.   

Según XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, quien visitó a  la  testadora  unas  cinco veces en los dos últimos años de su vida, su estado  mental,  físico  y  anímico era de buena calidad y no puede decirse que estaba  fuera de la realidad.   

XXXXXXXXXXXXX,  protocolista  de la Notaría  Décima  de Medellín, manifestó que la información necesaria para elaborar la  minuta  fue suministrada por la propia interesada, de viva voz, quien igualmente  dictó    las    disposiciones,    en    condiciones    físicas    y   mentales  normales.   

3.3.   Para  el  Tribunal,  de  la  prueba  científica,  avalada  por  “(…)  muchos  de  los  aludidos  testigos  (…)”,  no  se  infería que la  protagonista   en  fecha  anterior,  concomitante  o  inmediata  al  momento  de  consignar  su  última voluntad, en general, carecía de sanidad de juicio, pese  a su longevidad y quebrantos de salud propios de la edad.   

4.  Contra lo decidido, la parte demandante,  apoyada  en  el  artículo  368, numeral 1º del Código de Procedimiento Civil,  elevó tres cargos.   

4.1.    El  primero,  fundado  en la comisión de errores de hecho  en  la  apreciación  de  lo  actuado  en el proceso de interdicción, archivado  mediante  auto de 17 de mayo de 2005, ante el fallecimiento de XXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXX,  ocurrido  el  15  de  abril  del  mismo  año,  porque  así  la medida  provisoria  decretada  en tal sentido haya cobrado ejecutoria luego de levantada  la  memoria  testamentaria,  se  pasó  por alto que esa decisión, al acoger el  dictamen  médico  acerca  de  la  incapacidad  mental de la interesada, surtía  efectos desde cuando éste fue emitido.   

4.2.    El  segundo, también fincado en yerro fáctico, en cuanto  a  la  apreciación  de lo vertido por XXXXXXXXXXX XXXXXXXXX, quien concurrió a  presenciar  el  testamento,  puesto que si se hubiere observado que la deponente  no  tenía  idea  del  acto  llevado a cabo, ni de las circunstancias de tiempo,  modo  y  lugar  en  que  tuvo  ocurrencia, se habría echado de menos un testigo  instrumental,  o  encontrado,  a  lo  sumo,  que  no  fue  otorgado en un único  momento,   ininterrumpido,   circunstancias   que   de   por   sí  constituían  “(…)  otra  causal  de  nulidad (…)”,   absoluta   por   lo  demás,  cuyo  decreto  debió  acometer  “necesariamente”   el  Tribunal.   

4.3.    El  tercero,  encauzado  igualmente por la vía indirecta,  al  dejarse de apreciar, valorarse indebidamente o no estimarse adecuadamente de  acuerdo   con   las   reglas   de   la   sana   crítica,   la   “(…)  abundante  prueba obrante en el expediente (…)”,  demostrativa  de  la demencia senil de la testadora al momento  de otorgar su voluntad.   

En  concreto,  se  aduce, los testimonios de  XXXXX     XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX     XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX    y  XXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXX;  el  interrogatorio  de  XXXXXXXXXXXXXXXX; el dictamen  rendido   por  el  médico  psiquiatra  XXXXXXXXX  XXXXXXXX  y  la  gerontóloga  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX;  y  las  declaraciones rendidas ante el Notario Dieciséis  de      Medellín      por      XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,     XXXXXXX     y  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX y XXXXXXXXXXXXXX.   

El   “(…)  Tribunal   en   su  sentencia  dice  observar  todo  e[se]  material  probatorio  (…)”,  pero  no  tiene  en  cuenta  que  el  hecho  investigado  “(…) queda inexorablemente ilustrado  y  demostrado,  en su conjunto (…)”, de acuerdo con  la    “(…)   sana   crítica   (…)”,  sin  “(…) descartar el dictamen  pericial  aludido  “(…)”.  Se  inclinó,  por el  contrario,  a  darle  crédito  a “(…) un grupo de  testigos, incluyendo el notario (…)”.   

5.  Siendo ese, en lo esencial, el contenido  del ataque, se procede a examinar su idoneidad formal.   

2. CONSIDERACIONES  

1. Como una sentencia recurrida en casación  arriba  a  la  Corte  amparada  por  la  presunción  de legalidad y acierto, la  sustentación  del  recurso es rigurosa, en cuanto la demanda, para ser recibida  a  trámite,  debe  sujetarse  a ciertos “requisitos  formales”,    cuyo   incumplimiento   apareja   su  deserción,   según   el   artículo  373,  inciso   4º  del  Código  de  Procedimiento  Civil.  Entre  otros,  común  a todas las causales de casación,  debe  contener  “[l]a  formulación por separado de  los   cargos  contra  la  sentencia  recurrida,  con  los  fundamentos  de  cada  acusación,  en  forma  clara  y  precisa” (artículo  374,      numeral     3º,     ibídem).   

Expresar  las  razones  de  inconformidad en  forma  clara  y  precisa,  permite  escudriñar,  de  un  lado,  si  el lenguaje  utilizado  es  equívoco  o aprehensible a los sentidos; y de otro, si el ataque  es cabal y completo.   

1.1. En palabras de la Sala, para la perfecta  identificación,   los   cargos   deben   indicar   la   “(…)   vía  y  la  clase  de  yerro  que  se  atribuye  al  ad  quem y no  abandonarse     en     su     desarrollo    el    camino    escogido”1.  Un  ataque no cumple lo anterior, entre otros casos, cuando en un  mismo  cargo  se  hace  mixtura  de acusaciones, puesto que no es técnico, como  igualmente tiene sentado esta Corporación:   

“(…) denunciar  un  error de juzgamiento y desarrollarlo como de procedimiento, o acusar errores  de  hecho  o  de derecho en la apreciación de las pruebas como fundamento de la  violación  directa  de la ley sustancial, sino que es necesario identificar, en  primer  lugar,  el  tipo  de  error en que se pudo incurrir, y luego aducirse la  causal    o   la   vía   que   para   el   efecto   se   encuentra   legalmente  prevista”2.   

1.2.  Así  mismo,  la censura no sólo debe  plantearse,  como igualmente tiene explicado esta Corporación, con “(…)  todos  los  datos que permitan individualizarla dentro de  la   esfera   propia   de   la  causal  que  le  sirve  de  sustento”3,  sino  formularse  de  manera enfocada y totalizadora, esto es, en  “relación”   directa  entre   la   “sentencia  y  el  ataque  que  se  le  formula”,     y     a     la     “plenitud”  del       mismo4.   

Si el embate es desenfocado, porque al quedar  enhiesto  el  argumento  basilar  de  la decisión, éste, por sí, le seguiría  prestando  base  firme.  Y  si  es  incompleto,  puesto que como cada uno de los  varios  fundamentos expuestos tendría la virtud de mantener el fallo impugnado,  al  soslayarse  uno  o  varios  de  ellos,  los  demás  soportes controvertidos  caerían  al  vacío, así fueren infirmados, pues los no atacados lo seguirían  sosteniendo.   

2.1. El primero, porque con independencia de  si  el  decreto  de  interdicción provisoria surte efectos desde la firmeza del  auto  respectivo  o  a  partir  del  momento  del  dictamen emitido para decidir  aquello,  inclinada  la  parte  recurrente  por  esto  último,  la  base  de su  argumentación  supone,  necesariamente,  que  el  certificado médico en otrora  acompañado para el efecto mantiene vigencia.   

Sucede,  sin  embargo,  para el Tribunal, la  experticia  de  las  médicas  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  y  XXXXX  XXXXXXXXXXXXXX,  “(…)  echó  por  la  borda  el  informe  médico  neuropsicológico,  sobre  el  estado  actual de la presunta interdicta, emitido  por  el doctor XXXXXXXXXX XXXXX, médico cirujano gineco obstetra, anexado, tras  inadmitirse  la  demanda,  por medio de la cual se promovió (…) el proceso de  interdicción de la testadora”.   

El ataque contenido en el cargo, entonces, al  margen  de cualquier otro defecto formal, resulta desenfocado, lo cual afecta el  requisito  de  precisión,  puesto  que si el sentenciador de segundo grado tuvo  por  desvirtuada la pericia en cuestión, la parte recurrente debió aplicarse a  remover  esa  conclusión  probatoria.  Como  no  lo hizo, el discurso cae en el  vacío,  dado  que  no  habría  elemento de juicio sobre el cual examinar si el  decreto   de   interdicción   provisoria   se   retrotrae   a   la   fecha  del  dictamen.          

2.2.  El segundo, por no aparecer cabalmente  individualizado  el  ataque  dentro de la esfera propia del error de hecho, toda  vez  que  no  bastaba identificar el yerro de apreciación de la declaración de  la   testigo   testamentaria   XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  sino  que  ha  debido  indicarse  la  trascendencia  de la falta, esto es, al decir de la Sala, ponerse  de   “(…)  presente  cómo  se  proyectó  en  la  decisión”5.   

Si  en  contra  del  juzgador  de  segunda  instancia,   en   el  proceso  se  demostró  que  la  última  voluntad  no  se  “(…)  otorgó  en un único acto e ininterrumpido  (…)”,  además  “(…)  sin   la  presencia  de  los  sujetos  exigidos  por  el  legislador”,   para   la   censura   se   trataba  de  otra  “(…)   causal  de  nulidad  del  testamento  por  vicio  de  forma  (…)”.  Luego,  si  no  fue invocada como tal en la  demanda,  el planteamiento del error se quedó a mitad de camino, en el pórtico  de  la  casación,  puesto  que  con  independencia  de  cualquier  otro defecto  técnico,  si  la nulidad absoluta en cuestión no aparecía de manifiesto en el  contenido  intrínseco  del  acto  jurídico  impugnado,  sino  que  emergía de  confrontar  otras  pruebas,  la  censura  omitió  indicar  las  razones por las  cuales,   en   ese   preciso   evento,  para  la  invalidación  de  la  memoria  testamentaria, se imponía actuar inquisitivamente.   

El  carácter  excepcional y dispositivo del  recurso  extraordinario,  desde  luego,  no  autoriza  pesquisas  oficiosas,  ni  interpretaciones  que  alteren  el  contenido  objetivo del contexto de  la  acusación,   bien   para   superar   vacíos,   ya   para   replantear   cargos  deficientes.   

2.3. El tercero, porque pese a denunciarse la  comisión  de errores de hecho probatorios, la crítica se enarbola alrededor de  la  apreciación de las pruebas en conjunto, lo cual constituye un típico yerro  de  derecho,  en  palabras  de  la  Corte,  por  tratarse de una “prescripción  de  la  ley  instituida  para  evaluar  las  pruebas  (…)”6.   

En  los  términos  de  la  censura,  si  el  Tribunal  se  refirió  a  todo  el  “(…) material  probatorio  (…)”,  sólo  que  se  inclinó por el  grupo  de  pruebas  que  referían  la capacidad mental de la testadora, lo cual  implica  otro que la excluye, el problema no sería de constatación material de  los  distintos  medios  de convicción ni de fijación de su contenido objetivo,  sino   como   se  advierte  por  los  propios  recurrentes,  de  su  valoración  “en   conjunto”,  todo  conforme   a   las   reglas   de   la    “sana  crítica”.   

Si  se interpreta con amplitud la acusación  como  corresponde,  la  Corte  tropezaría  con un obstáculo insalvable para el  estudio   de  fondo.  Ante  todo,  al  no  indicarse  ninguna  norma  probatoria  infringida,  cual  se  exige  en  el artículo 374, in  fine,   del  Código  de  Procedimiento  Civil,  pues  únicamente  se  alude a los artículos 553, 1055, 1061, 1062, 1063, 1072, 1502,  1503,  1504,  1508, 1509, 1513, 1515, 1740, 1741, 1746 y 1747 del Código Civil,  ninguno de los cuales tiene el carácter de tal.   

En  adición,  porque  no se explica en qué  consiste  la  infracción,  como  igualmente  lo  impone la norma procesal antes  citada;  concerniente  con  la  valoración de las pruebas en conjunto, haciendo  ver  la razón por la cual el grupo de pruebas sobre la incapacidad mental de la  testadora,  debía  preferirse  sobre  el  otro,  mediante  la presentación del  respectivo   trabajo   de   concatenaciones,   contradicciones,   exclusiones  y  conclusiones, pero nada de ello aparece cumplido.   

3.  En  ese  orden,  se  impone inadmitir la  demanda y proceder de conformidad.   

2. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,    Sala    de    Casación    Civil,    declara    inadmisible   el   libelo   examinado   y  desierto   el  recurso  de  casación  de  que  se trata. Consecuentemente, ordena devolver el expediente al  Tribunal de origen para lo pertinente.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 Cfr.  Auto de 19 de febrero de 2010, expediente 03455.   

2 Auto  147 de 2 de agosto de 2004, expediente 04780.   

3  Sentencia  114  de 15 de septiembre de 1994, CCXXXI-523, reiterada en Auto de 18  de julio de 2013, expediente 00353.   

4 Cfr.  Auto  034  de  12  de  marzo  de  2008,  expediente  00271,  reiterando doctrina  anterior.   

5 Vid.  Auto de 18 de noviembre de 2009, expediente 00035.   

6  Sentencia   de  22  de  abril  de  2013,  expediente  00533,  reiterando  varios  precedentes.     

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