S 065 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-065-97

              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA   

Magistrado   Ponente:   Dr.  PEDRO  LAFONT  PIANETTA   

Santafé de Bogotá, D. C., veintidos (22) de  octubre de mil novecientos noventa y siete (1997)   

                                    Referencia:  Expediente  No.  4977   

                                 Se decide por la Corte el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto por AGUSTIN PERALTA ZUÑIGA y EMELINA  FRANCISCA  ZUÑIGA  DE  PERALTA  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Ríohacha -Sala Civil-, el 26 de enero de  1994,  en  el  proceso ordinario promovido por el municipio de Fonseca (Guajira)  contra  Emelina  Francisca  Zúñiga de Peralta, cónyuge supérstite de Víctor  Manuel  Peralta,  Jesús  María  Peralta  Zúñiga,  María  Peralta de Bequis,  Antonia  María,  Dominga,  Rodrigo,  Vicente  y Agustín Peralta Zúñiga, así  como  contra  Rocío,  María  Luisa,  Lucila,  Edgar,  Silvio  y Víctor Emilio  Peralta  Mejía  representados  éstos por Fidelina Mejía Calderón, todos como  herederos del causante mencionado.   

          I.- ANTECEDENTES   

                                  1.-  El  Municipio  de Fonseca,  Departamento  de  La  Guajira,  mediante  demanda  que obra a folios 20 a 24 del  cuaderno  No.  1,  dirigida  al  Juzgado  Promiscuo del Circuito de San Juan del  Cesar,  admitida  por  auto  de  10  de  octubre de 1988 (fl. 40, cdno. citado),  convocó  a  un  proceso  ordinario  a  Emelina  Francisca  Zúñiga de Peralta,  cónyuge  supérstite de Víctor Manuel Peralta, Jesús María Peralta Zúñiga,  María  Peralta  de Bequis, Antonia María, Dominga, Rodrigo, Vicente y Agustín  Peralta  Zúñiga,  así como contra Rocío, María Luisa, Lucila, Edgar, Silvio  y  Víctor  Emilio  Peralta Mejía, representados por Fidelina Mejía Calderón,  todos  como herederos del causante mencionado, para que cumplida la tramitación  que  le  es  propia  al proceso ordinario de mayor cuantía, se declarase que el  municipio  demandante  es el titular del derecho de dominio del inmueble ubicado  en  la  calle  12  entre  carreras 17 y 18 y distinguido con los números 12-01,  12-05,   12-11,  12-17,  12-23,  12-27,  17-71,  17-75,  17-79  y  17-89  de  su  nomenclatura  urbana  comprendido  dentro  de  los  linderos especificados en el  hecho  1o.  de  la demanda, inmueble que adquirió por prescripción adquisitiva  extraordinaria de dominio.   

                                    2.-  En  resumen,  funda  sus  pretensiones  el  municipio  demandante  en  que  éste  ha poseído el inmueble  aludido,  con  ánimo  de señor y dueño, en forma ininterrumpida por mas de 20  años,  ejerciendo  sobre  el  mismo  hechos  positivos de señorío, tales como  realizar  mejoras para «reparaciones locativas, construcción de baños, pintura  y  las  demás  necesarias  para el normal funcionamiento de las entidades allí  establecidas»,  tales  como «la Alcaldía Municipal, la Tesorería Municipal, la  Escuela  La  Inmaculada,  La  Policía  Nacional, la Escuela Urbana de Varones a  partir  del  año de 1962», al igual que, en la actualidad tienen allí sede «la  Escuela  Urbana  de Varones No. 4, la oficina seccional del Instituto Colombiano  de  la  Reforma  Agraria  -INCORA-,  la  oficina  de  Supervisión  Preescolar y  Primaria  del Departamento y el Colegio de Bachillerato ‘Ernesto Parodi Medina'»  (fl. 21, C-1).   

                                   3.-  Los  demandados  Agustín  Peralta  Zúñiga,  Víctor Emilio, María Luisa, Edgar, Lucila Peralta Mejía y  Rocío  Peralta  Mejía,  representada  esta última por su progenitora Fidelina  Mejía  Calderón,  le  dieron  contestación a la demanda, en escrito visible a  folios  101 a 103 del cuaderno No. 1, con expresa oposición a la prosperidad de  las  pretensiones  de  la parte actora, por cuanto, según su afirmación, no es  cierto  que  el municipio demandante haya ejercido la posesión que ahora invoca  sobre  el  inmueble aludido, por cuanto «se desprendió de todo ánimo de señor  y  dueño  desde  el  23  de  octubre  de 1939, cuando la Alcaldía Municipal de  Fonseca  mediante  resolución  No. 10 concede al señor Víctor Peralta permiso  para  ocupar  y  construir  la  edificación  sobre el bien raíz objeto de este  proceso,  resolución  confirmada  por otra, emanada de la Personería Municipal  el  «30 de junio de 1941, de conformidad con el artículo 7 de la Ley 98 de 1928  y  el  Decreto  1415  de  1941»,  luego  de lo cual se hizo «entrega material al  señor  Víctor  Peralta del inmueble en cuestión». Posteriormente, agregan los  demandados  referidos  que  el  señor  Víctor Peralta el 13 de octubre de 1953  celebró  un contrato de promesa de compraventa sobre el inmueble mencionado con  el  Departamento del Magdalena, el que dispuso la ocupación de ese bien con las  instalaciones   del  «Colegio  Departamental  La  Inmaculada»,  en  el  cual  se  adelantó  posteriormente  la  construcción  del  edificio  donde  funciona ese  establecimiento  educativo.  De  manera  tal  que,  luego  de la segregación de  algunos  municipios  del  antiguo  Departamento  del  Magdalena  para  erigir La  Intendencia  Nacional  de  La  Guajira,  elevada  mas  tarde  a la categoría de  Departamento  conforme  a  lo  dispuesto  por  la Ley 19 de 1964, el inmueble en  cuestión   continuó   siendo   de   propiedad   del   mismo  municipio,  antes  perteneciente al Magdalena.   

                                  Por  otra  parte,  agregan  los  demandados  citados  que  el  Municipio de Fonseca no ejerce posesión sobre ese  bien  por  el  funcionamiento  en  él de la Escuela Urbana de Varones No, 4, la  oficina  de Supervisión Preescolar y de Primaria del Departamento de La Guajira  y  el  Colegio  Departamental  Nocturno  Ernesto  Parodi,  pues  el  pago de los  respectivos  funcionarios,  celadores y servicios públicos de esas entidades no  se  sufraga  por  ese  Distrito,  sino  por  el  Departamento  y,  por  último,  manifiestan que el INCORA no tiene allí sus oficinas.   

                                 4.- Los demandados Silvio Peralta  Mejía,  Emelina Francisca Zúñiga de Peralta, Vicente Antonia María, Rodrigo,  Dominga  y  Jesús  María Peralta Zúñiga, así como María Peralta de Bequis,  en  escrito  que  aparece  a folios 108 a 110 del cuaderno No. 1, se opusieron a  las  pretensiones  del  municipio  demandante  y  negaron,  en su totalidad, los  hechos en que se apoyan las pretensiones de la parte actora.   

                                  5.- En memorial que obra a folio  249  del  cuaderno  No.  1,  el  demandado Agustín Peralta Zúñiga quien, como  abogado  venía  actuando en su propio nombre y en el de Jesús María, Dominga,  Juan  Antonio,  María,  Rodrigo,  Antonia María y Vicente Peralta Zúñiga, al  igual  que como apoderado de María Luisa, Silvio, lucila, Víctor Emilio, Edgar  Manuel  y  Rocío  Peralta Mejía, manifestó que, en adelante solo continuaría  actuando  como  apoderado judicial de su progenitora, Emelina Francisca Zúñiga  de  Peralta  y en su propio nombre, por cuanto respecto de los demás demandados  sustituye  el  poder  en  otro  profesional  del  Derecho,  sustitución que fue  aceptada por el Juzgado en auto de 23 de abril de 1992.   

                                  6.-  El  Juzgado  Promiscuo del  Circuito  de  San Juan del Cesar, puso fin a la primera instancia, con sentencia  proferida  el  25 de marzo de 1993 (fls. 264 a 266, C-1), en la cual denegó las  pretensiones  del  municipio  demandante, decisión que fue apelada por la parte  vencida   en   memorial   que   obra   a   folios   268   a   272  del  cuaderno  citado.   

                                  7.-  El  Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial  de  Ríohacha  -Sala Civil-, en sentencia proferida el 26 de  enero  de 1994 (fls. 128 a 137, C-2), desató el recurso de apelación contra el  fallo  de  primer  grado,  el cual fue revocado y, en su lugar, se declaró como  propietario  del  inmueble a que se refiere el proceso, al Municipio de Fonseca,  por haber operado a su favor la usucapión extraordinaria.   

          II.- LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL   

                                    1.-  El  Tribunal,  luego  de  sintetizar  la  demanda  y las contestaciones de los demandados a la misma, así  como  la  actuación  cumplida  en  la primera instancia, encuentra reunidos los  presupuestos  procesales  y,  en  virtud  de  ello,  estima  que  ha de dictarse  sentencia de mérito (fls. 128 a 131, C-2).   

                                  2.- A continuación, expresa el  Tribunal  que, conforme a lo dispuesto por los artículos 633 del Código Civil,  27  de  la  Ley  57  de  1887,  4o. y 166 del Decreto-Ley 1333 de 1886, los  municipios  son personas jurídicas y, por ello, tienen capacidad jurídica para  adquirir   derechos,   como   el   de  dominio,  y  para  contraer  obligaciones  civiles.   

                                 3.- Asevera luego el sentenciador  de  segundo  grado,  que  pese  a  que se ordenó allegar copia auténtica de la  escritura  pública  No.  72  del  9  de  diciembre  de 1953, ella no obra en el  expediente,  razón  por  la  cual no se encuentra probado que el señor Víctor  Peralta  hubiere  sido  propietario  del  inmueble  a que se refiere el proceso,  debidamente identificado en inspección judicial (fl. 132, C-2).   

                                 4.- En cuanto al tiempo en que el  municipio  demandante  ha  ejercido  posesión  sobre el inmueble, manifiesta el  Tribunal  que, conforme al testimonio rendido por Luis Fernando Marulanda y a lo  establecido  en la inspección judicial practicada el 4 de agosto de 1989, puede  concluirse  que  el  Municipio  de  Fonseca empezó a ejercer actos de posesión  sobre  ese  bien  desde  1953 o 1954, por lo que «han transcurrido mas de veinte  (20)  años  sin  interrupción  conocida»  (fls.  132  y  133,  C-2), la que se  encuentra  demostrada, además, con la declaración testifical de Rodrigo Parodi  González  y  otros  testigos «y documentos con plena capacidad de convicción»,  que   obran   en  el  expediente,  sin  que  la  parte  opositora  haya  logrado  desvirtuarlos,  ni  demostrar  por  su parte que ha realizado posesión sobre el  mismo inmueble (fl. 133, C-2).   

                                 5.- Agrega luego el fallador de  segunda  instancia,  que la posesión ejercida por el Municipio de Fonseca sobre  el  inmueble  aludido  «no  es  viciosa», ha sido continua, durante por lo menos  veinte  años,  pública  e  inequívoca,  razones  éstas  por las cuales ha de  prosperar   la  pretensión  de  que  se  declare  que  a  su  favor  operó  la  prescripción  adquisitiva del derecho de dominio impetrada en la demanda, sobre  el  inmueble  cuya  descripción realiza a folios 134 y 135 del cuaderno citado,  invocando  al  efecto la inspección judicial practicada en el mismo (fls. 134 y  135, C-2).   

                                6.-  Por  último, concluye el  Tribunal  que,  por  las  razones  expuestas ha de revocarse el fallo de primera  instancia  y,  en  su  lugar,  declarar la prosperidad de las pretensiones de la  parte  actora,  lo  que efectivamente se hace en la decisión judicial objeto de  este recurso extraordinario de casación (fls. 135 y 136, C-2).   

         III.- LA DEMANDA DE CASACION   

                                  Dos   cargos  formulan  los  recurrentes  contra la sentencia impugnada. De ellos, el primero con invocación  de  la  quinta de las causales de casación consagradas por el artículo 368 del  Código  de  Procedimiento Civil y el segundo, con apoyo en la primera de dichas  causales  por  violación  indirecta  de  normas  de  derecho sustancial, cargos  éstos  que,  en  atención  a  lo dispuesto por el artículo 375 del Código de  Procedimiento   Civil   serán   despachados   en   el   orden   en  que  fueron  propuestos.   

         CARGO PRIMERO   

                                  Acusan  en  este  cargo  los  recurrentes  la sentencia dictada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Ríohacha  en segunda instancia en este proceso, con fundamento en la causal  5o.  de  las  previstas  en el artículo 368 del Código de Procedimiento Civil,  «por  haberse  incurrido  en  el  motivo  de  nulidad insaneable de que trata el  numeral  9o.  del  artículo  140  de  la  misma obra, nulidad consistente en no  haberse  emplazado  por medio de edicto y por consiguiente no haberse notificado  a  las  personas  indeterminadas  que  se  crean  con  derechos  sobre  el  bien  pretendido  en  usucapión»,   como  lo exige el artículo 407, numeral 9o.  del C. de P. C. (fl. 15, cdno. Corte).   

                                En  procura  de  sustentar  la  acusación  así  propuesta,  tras  citar  el artículo 17 del Código Civil, se  recuerda  en  la  demanda  de  casación  que  los fallos judiciales solo tienen  efectos  interpartes  por  regla  general  y  que,  excepcionalmente,  se surten  también  erga omnes, cual  sucede  con  los fallos en torno a la legitimidad del hijo (art. 401, C. Civil),  en  el  caso  previsto  en  el  artículo  402 del mismo Código respecto de las  sentencias  sobre filiación  extramatrimonial, o en los procesos que, como  el  de  pertenencia,  se adelantan con emplazamiento de todo aquél que pretenda  tener  derechos  que  hacer  valer  en  ese  proceso,  como  se  desprende de la  regulación  del  mismo  en  el  artículo  407,  numerales 6 a 9 del Código de  Procedimiento  Civil y en el numeral 11 del mismo artículo que, cumplidos tales  emplazamientos  preceptúa  que una vez consultado el fallo de primer grado y en  firme   la  sentencia,  ella  produce  efectos  erga  omnes (fls. 15 a 19, cdno. Corte).   

                                A  continuación,  expresa  la  censura  que  en  este  proceso,  «ni  siquiera  se ordenó» el emplazamiento de  quienes  consideraran  tener derechos sobre el bien que se pretende usucapir por  el   municipio   de  Fonseca,  deficiencia  ésta  que  no  tuvo  en  cuenta  el  Tribunal   al  surtirse  la  segunda instancia, razón ésta por la cual el  proceso  es  nulo  a  partir  del  auto  admisorio de la demanda», conforme a lo  preceptuado  por  el  artículo  140,  numeral  9o. del Código de Procedimiento  Civil,  cuyo  texto  transcribe  y  analiza  el  recurrente (fls. 20 y 21, cdno.  Corte).   

         CONSIDERACIONES                                   

   

                                1.-  En orden a la protección  eficaz  del  derecho  fundamental al debido proceso, el Código de Procedimiento  Civil  consagró en su integridad el Capítulo II del Título 11 (hoy artículos  140  a  148,  con  la  redacción  imprimida  por  el  Decreto 2282 de 1989), lo  atinente  a  las  nulidades  en  que  pueda  incurrirse  en  la tramitación del  proceso,  cuyo  régimen  se  encuentra  presidido  por  los  principios  de  la  taxatividad  o  especificidad,  la protección a la parte agraviada con el vicio  de  la actuación, la legitimación  para alegarlas, la trascendencia de la  irregularidad  y  la  convalidación  o  saneamiento de la misma, cuando ella es  posible conforme a la ley.   

                                  2.-   En  virtud  de  tales  principios,  la  decisión  sobre  las  irregularidades que eventualmente puedan  afectar  de  nulidad, en todo o en parte el proceso, ha de adoptarse en el curso  de  las instancias del mismo por regla general, y, por ello el artículo 142 del  Código  de  Procedimiento  Civil  autoriza  impetrar  el  decreto de la nulidad  alegada  «en  cualquiera  de  las instancias, antes de que se dicte sentencia, o  durante  la  actuación  posterior  a  ésta  si  ocurrieron en ella», norma que  guarda  estrecha relación y perfecta armonía con lo prescrito por el artículo  145  del  mismo  Código,  que  le  impone  al  juzgador  el  deber jurídico de  «declarar  de  oficio las nulidades insaneables que observe», al igual que poner  en  conocimiento  de  las  partes las que pudieren sanearse, todo en aplicación  estricta del principio de la economía procesal.   

                                  3.-   No  obstante  lo  anterior,  el  legislador  colombiano, para mayor abundamiento en la protección  del  derecho  de  los asociados al debido proceso, tanto en el régimen procesal  de  la  Ley 105 de 1931 como en el ordenamiento positivo vigente, autorizó como  causal  específica  de  casación  el haberse incurrido en nulidades procesales  insaneables,  como  puede  observarse  en  los  artículos  520, numeral 6o. del  Código  Judicial  y  368,  numeral  5o.  del Código de Procedimiento Civil. Es  decir  que  como  lo dijo esta Corporación  en sentencia de 2 de diciembre  de  1993 (Expediente 4159), «tanto entonces como ahora, solo puede alegarse esta  causal  de  casación  en  presencia  de  nulidades absolutas, insaneables y, en  ningún  caso  respecto  de aquellas en relación con las cuales hubiere operado  alguna de las circunstancias de saneamiento señaladas por la ley».   

                                4.-  En  el  caso de autos, se  observa  por  la  Corte  que  los  recurrentes  en  casación,  Agustín Peralta  Zúñiga   y   Emelina   Francisca   Zúñiga  de  Peralta,  fueron  notificados  personalmente  del  auto  admisorio  de  la  demanda y le dieron contestación a  ésta,  como  aparece  a folios 101 a 103 y 108 a 110 del cuaderno No. 1, lo que  ciertamente  descarta,  por  completo,  la  violación de su derecho de defensa,  como  quiera que fueron convocados al proceso, se notificaron de ello y actuaron  como  parte  en el mismo. Ello significa, entonces, que carecen de legitimación  para  proponer ahora la nulidad por falta de citación o emplazamiento a quienes  creyeren  tener  algún  derecho  sobre  el bien que se pretende usucapir, pues,  como  lo  tiene  por sentado la jurisprudencia de esta Corporación, entre otras  en  sentencia  de  25  de  noviembre  de  1993  (ordinario  Genaro Juan Bautista  Montenegro  vallejo  contra  el «Comité Municipal de la Cruz Roja de Ipiales»),  «tratándose  de  la  causal  de  nulidad  contemplada  por  el  numeral 9o. del  artículo  140  del C. de P. C.», ella «afecta exclusivamente a quien no ha sido  legalmente  notificado  o  emplazado  en  el  proceso,  debiendo ser citado como  parte»,  por  cuanto  «es  la  vulneración  de  su derecho de defensa la que le  proporciona  legitimación  para  solicitar  la  nulidad  en  casación», y, por  consiguiente,  de  ella  carece  quien  «no se halla en esa circunstancia», como  ocurre en este caso.   

                                El  cargo,  por  lo  dicho, no  prospera.   

        CARGO SEGUNDO   

                                    Se acusa en este  cargo  la  sentencia  de  segunda instancia dictada por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Ríohacha, con invocación para el efecto de la primera de  las  causales  de  casación  establecidas  por  el artículo 368 del Código de  Procedimiento  Civil,  «por  ser  violatoria,  por  indebida  aplicación de los  artículos  762,  770, 2518, 2527, 2531, 2532 modificado por el artículo 1o. de  la  Ley  50  de  1936 y 2534 del Código Civil y el artículo 407 del Código de  Procedimiento  Civil»,  así  como  «por falta de aplicación del artículo 2514  del  Código  Civil»,  todo  como  consecuencia  de  haberse  incurrido  por  el  sentenciador  en  errores  de hecho en la apreciación probatoria (fl. 23, cdno.  Corte).   

                                  Para  concretar  el  cargo,  expresan  los  recurrentes  que el Tribunal incurrió en errores de hecho por la  «suposición  de la confesión de que el municipio demandante es poseedor», así  como  por  haber supuesto la demostración de la posesión del actor desde 1953,  con  los  testimonios de Luis Fernando Marulanda y Rodrigo Parodi González; por  preterición  de  los «actos administrativos de las Gobernaciones de Magdalena y  La  Guajira»  que  obran  en el expediente y, conforme a los cuales se demuestra  que  la tenencia del bien por parte de esas entidades, «excluye la posesión del  Municipio»;  e igualmente, preterición por el Tribunal del «acta de entrega del  inmueble»  en  el  proceso de sucesión de Víctor Manuel Peralta, y mutilación  del  acta  de  inspección judicial sobre el inmueble practicada en este proceso  (fl. 24, cdno. Corte).   

                                En  la argumentación expuesta  para  sustentar  la  acusación, manifiesta la censura que el Tribunal supone la  existencia  de  una  prueba  de confesión por la parte demandada respecto de la  posesión  del  bien a que se refiere el proceso por el municipio demandante, la  que  al  decir  del  Tribunal  se  encuentra  contenida en el numeral 3o. de las  consideraciones   de   la   sentencia   acusada,   quienes  informaron  «que  el  Departamento  del Magdalena en virtud de contrato de promesa de venta» ocupó el  inmueble  aludido,  en  1953,  conclusión ésta contraria a la evidencia ya que  ese  «informe  de  los  demandados»  no  permite  deducir  que  se reconoció la  posesión  del  Municipio de Fonseca sobre el inmueble que pretende usucapir, lo  que  significa  entonces  que  esa  prueba  tan  solo  tiene  existencia  en  la  «imaginación  del sentenciador de instancia», máxime si se tiene en cuenta que  toda  la actividad probatoria de los demandados se dirigió a negar la posesión  del   inmueble   por   parte   del   municipio   demandante   (fl.   25,   cdno.  Corte).   

                                De  igual manera, expresan los  recurrentes  que el Tribunal, en forma contraria a la realidad procesal, asevera  que  del  testimonio de Luis Fernando Marulanda se concluye que la posesión del  Municipio  de  Fonseca  sobre  el  inmueble  en  litigio se inició entre 1953 y  1954,   a pesar de que el declarante sobre ello nada dijo pues, simplemente  se  limitó a relatar que «por allá en el año de 1953, cuando ocupaba el cargo  de  Secretario  de  la Alcaldía de ese Municipio», se trasladó a «despachar en  el  inmueble  objeto  de  la  acción de pertenencia». Tal afirmación nada dice  respecto  a que desde esa época la Alcaldía empezara a poseer el inmueble «con  ánimo  de  señor  y dueño», como lo exige la ley, y, mucho menos, si se tiene  en  cuenta que mediante Decreto 1005 de 8 de octubre de 1953 la Gobernación del  Departamento  del  Magdalena  «autorizó al señor Secretario de Obras Públicas  para  comprar  el  inmueble  objeto  del  proceso»  y  dispuso  que  mientras se  perfeccionaba  la  compraventa el Secretario de Hacienda quedaba autorizado para  celebrar  una promesa de compraventa. Agregan los recurrentes que, conforme a lo  dispuesto  en  el  artículo  4o.  del  Decreto en mención, tal inmueble sería  adquirido  por el Departamento del Magdalena para destinarlo al «servicio de las  oficinas  del  Palacio Municipal de Fonseca», decisión administrativa ésta que  explica  la  razón por la cual «el Municipio trasladó en ese año sus oficinas  a   ese   inmueble»,   como   simple   tenedor   del   mismo   (fl.   29,  cdno.  Corte).   

                                De esta suerte, el Tribunal no  solo  supuso  la  confesión  de  los  demandados  respecto  de la posesión del  Municipio  sobre el inmueble en cuestión, sino también la fecha de iniciación  de  la  misma,  alterando para ello el contenido del testimonio de Luis Fernando  Marulanda,  «porque  una cosa es decir que la Alcaldía funcionó en ese local a  partir  de  1953,  y  otra  muy  distinta  es decir que en esa fecha empezó una  posesión  inexistente  y éticamente imposible, pues ello supondría considerar  al  Municipio  como  invasor»,  cuando  actuó  como mero tenedor «en nombre del  Departamento,  entidad  pública  esta  última  que negoció con los dueños el  derecho  de  propiedad»  y  para  el efecto celebró una promesa de compraventa,  cuyo  incumplimiento  «no  implica  que  esa  entidad haya dejado de poseer» ni,  tampoco  permite afirmar que desde entonces se hubiere iniciado la posesión por  parte del Municipio (fl. 30, cdno. Corte).   

                                En cuanto a la declaración del  testigo  Rodrigo  Parodi  González  «y  otros  testigos  no  mencionados por el  Tribunal»,  asevera  la  censura que aquél, aun cuando expresa que el Municipio  de  Fonseca  entró en posesión del inmueble en 1953, no indica la razón de su  dicho,  ni  tampoco desvirtúa en manera alguna el contenido del Decreto 1005 de  8  de  octubre  de  1953  expedido por el señor Gobernador del Departamento del  Magdalena,  por  lo  que  resulta  evidente  el  error  de hecho del Tribunal al  considerar  que  con esa declaración se demuestra la posesión del Municipio de  Fonseca  sobre  el  inmueble  litigado, lo mismo que aparece como inexistente lo  declarado  por  «otros  testigos que no menciona» el sentenciador, por lo que no  tiene  asidero  la  afirmación  de  que a éstos y a aquél pueda atribuírsele  «plena  capacidad  de  convicción», respecto de la posesión del inmueble a que  se refiere la demanda inicial (fls. 31 y 32, cdno. Corte).   

                                De  otra  parte,  agregan  los  recurrentes  que  el  Tribunal cercenó parcialmente la declaración del testigo  Rodrigo  Parodi González, por cuanto omitió las afirmaciones de éste respecto  a  la  terminación  de  la  tenencia del inmueble por parte del municipio en el  año   de  1962,  época  en  la  cual  fue  desocupado  por  la  Alcaldía,  la  Personería,  la  Tesorería y el Juzgado Municipal, para que en él funcionaran  «otras  dependencias  oficiales,  que  nadie  se preocupó por probar si son del  orden  Nacional o Departamental, como la Policía, el Incora, una Inspección de  Educación  y una peluquería» (fl. 34, cdno. Corte). De esta manera, conforme a  «lo  relatado  por  el  testigo  en  la  parte  que el Tribunal pretermitió, la  tenencia  del Municipio duró apenas de finales de 1953 a 1962, es decir, que ni  siquiera  duró  diez  años.  A partir de entonces otras entidades nacionales o  departamentales  ocupan  el  inmueble. Lo cierto es que al salir del inmueble el  Municipio,  el  Departamento,  ahora  de  la  Guajira,  recuperó  plenamente la  tenencia   sobre   el  inmueble»,  con  posterioridad  «a  esa  devolución»  ha  reconocido  «insistentemente»  el  derecho de dominio de los demandados sobre el  mismo (fl. 34, cdno. Corte).   

                               De esta manera se explica que el  demandado   Agustín  Peralta  reclamara  la  «devolución  del  inmueble  a  la  Gobernación  del  Departamento  de la Guajira en memorial que obra a folios 89,  90  y  91 del cuaderno principal, también pretermitidos por el Tribunal», luego  de  lo  cual se suscribió «el contrato de arrendamiento fechado el 2 de mayo de  1990,  el  cual  obra  a  folios  139  y 140 del cuaderno principal», igualmente  omitido por el Tribunal (fls. 35 y 36, cdno. Corte).   

                                Analizan luego los recurrentes  el  acta  de  inspección  judicial practicada en el inmueble objeto del proceso  (fls.  133  a  137,  cdno.  principal), junto con los documentos aportados en el  curso  de  la misma y, al efecto expresan que, conforme al acta respectiva allí  se  encontró  en funcionamiento una «Sala de Belleza» de nombre «HAIR», ocupada  por  Margarita Mejía López, quien dijo ser inquilina de Agustín Peralta, pese  a  lo  cual  el Tribunal afirmó que la posesión del Municipio de Fonseca sobre  el  inmueble  se  encuentra  demostrada  entre  otras pruebas con la inspección  practicada  en  el  mismo,  conclusión  que  resulta  contraria  a  la realidad  procesal,  por  lo  menos  en  cuanto  al local comercial ocupado por la Sala de  Belleza mencionada (fls. 36 y 37, cdno. Corte).   

                                A continuación manifiestan los  recurrentes  que  el  Tribunal  ignoró  por  completo  el  Decreto 1005 de 8 de  octubre  de  1953,  expedido  por  la  Gobernación  del  Magdalena,  cuya copia  auténtica  (fl.  203, cdno. principal) fue remitida con oficio que obra a folio  202  del  cuaderno  citado, y que también aparece a folios 36 y 96 del cuaderno  del Tribunal, pese a lo cual el Tribunal no lo vió.   

                                De  igual  manera,  tampoco se  tuvieron  en  cuenta  por  el  sentenciador  la promesa de compraventa celebrada  entre  el  Departamento del Magdalena y Víctor Manuel Peralta en desarrollo del  Decreto  aludido  el  15  de  octubre  de 1953, que obra a folio 87 del cuaderno  principal  y  que en copias aparece a folio 34 y 35 del cuaderno del Tribunal, y  en  cuya  virtud  se  le  hizo  entrega  anticipada  del inmueble al prometiente  comprador,  que  lo  dió  en  tenencia  al Municipio de Fonseca para que en él  funcionaran sus oficinas.   

                                    Omitió   igualmente   el  sentenciador  la  consideración como pruebas de la «certificación expedida por  el  Oficial Mayor Archivero de la Asamblea Departamental de la Guajira, expedida  el  7  de  octubre  de  1976,  según  la  cual no existe en los archivos de esa  dependencia  ninguna  ordenanza  por  la  cual el Departamento hubiese cedido al  Municipio  de Fonseca ese inmueble»; la «copia de un informe para segundo debate  sobre  un  proyecto  de  ordenanza por el cual se le otorgaban al Gobernador del  Departamento  de  la  Guajira autorizaciones para adquirir el inmueble prometido  en  compra  en  octubre de 1953», que obra a folio 98 del cuaderno principal; la  «copia  auténtica  de  la  Ordenanza de la Asamblea Departamental de la Guajira  número  021  de  1976,  por  la  cual  se  otorgan facultades al Gobernador del  Departamento  para  adquirir  el inmueble objeto del proceso de pertenencia»; la  «copia  del  memorial de 4 de marzo de 1977», suscrito por el demandado Agustín  Peralta,   dirigido  a  la  Gobernadora  del  Departamento,  insistiendo  en  el  cumplimiento  de  la  Ordenanza  021  de 1976 y del memorial de 21 de octubre de  1987,  suscrito por el mismo demandado,  así como del oficio de 8 de enero  de  1988, suscrito por el Gobernador de la Guajira en respuesta al anterior, del  memorial  de 21 de enero de 1988 que aparece a folios 99 y 100, de la «Ordenanza  020  de  1989, por la cual nuevamente se autoriza al Gobernador para adquirir el  inmueble  donde  funciona  el Colegio Ernesto Parodi Medina», y, por último, la  copia  del  contrato  de  arrendamiento celebrado el 2 de noviembre de 1990, que  obra  a  folios  139  y  140 del cuaderno principal, documentos todos éstos que  dejan,  claramente  establecido,  que  el  Departamento  del Magdalena primero y  luego  el  de la Guajira siempre reconocieron como dueño del inmueble a Víctor  Manuel  Peralta  y  posteriormente  a  sus  sucesores, así como también que el  Municipio  de  Fonseca  no  fue poseedor sino tenedor de ese bien (fls. 37 a 45,  cdno. Corte).   

                                De otro lado, en la diligencia  de  entrega  del  inmueble  practicada  «dentro  del proceso de sucesión de don  Víctor  Manuel Peralta y de que da cuenta el acta de inspección judicial sobre  el  inmueble  pretendido en usucapión», fechada el 4 de agosto de 1989, aparece  que  el  Municipio  no  se  opuso  «a  la  diligencia de secuestro del inmueble»  primero,  ni,  posteriormente  a  la  «entrega  que  el secuestre hizo al doctor  Agustín  Peralta,  a  través  del  Juzgado   (fls. 46 y 47, cdno. Corte),  hecho  éste que «está indicando sin ningún margen de duda que en el evento de  que  el  Municipio  ya hubiese adquirido por prescripción pero antes de iniciar  el  proceso  de  pertenencia,  renunció  expresamente  a la usucapión al haber  aceptado  dominio  ajeno.  Es  decir,  dejó  de  ser  poseedor»,  y,  con ello,  renunció  a  la  «eventual prescripción»,  conforme a lo dispuesto por el  artículo  2514  del  Código Civil, que el Tribunal dejó de aplicar (fls. 47 y  48, cdno. Corte).   

                                  En  razón  de  encontrarse  demostrados  los  errores  evidentes de hecho en que incurrió el Tribunal en su  labor  de apreciación de las pruebas mencionadas, concluyen los recurrentes que  ha  de  casarse la sentencia impugnada y, en su reemplazo dictarse por la Corte,  como  Tribunal  de  instancia una nueva que confirme, en todas sus partes, la de  primer grado (fls. 48 a 52, cdno. Corte).   

        CONSIDERACIONES   

                                1.-               Como  se  sabe,  en  relación  con las cosas  puede encontrarse la persona en una de estas tres  posiciones,  cuyas  consecuencias  jurídicas varían en cada caso y confieren a  su  titular  derechos  subjetivos distintos: la primera, denominada tenencia, en  que  simplemente se ejerce poder externo y material sobre el bien, (art. 775, C.  C.);  la  segunda  -posesión-,  en  la  que  a  ese  poder  material  se une el  comportarse  respecto  del  bien  como si se fuese dueño (art. 762, C. C.) y la  tercera,  -propiedad-,  en  que  se  tiene  efectivamente  un derecho in re, con  exclusión  de  todas las demás personas y que autoriza a su titular para usar,  gozar  y  disponer del bien dentro del marco que le señala la ley y obviamente,  dando  cumplimiento  a  la  función  social que a ese derecho corresponde (art.  669, C.C.).   

                                 

                                2.- Acorde con lo anterior, se  tiene  por  establecido  que  el  ánimo  de  señorío  sobre el bien, marca la  diferenciación  entre  lo  que es solo tenencia y la posesión, a tal punto que  el  propio  legislador así lo consagró en el derecho positivo, al disponer que  el  simple  transcurso del tiempo «no muda la mera tenencia en posesión» (arts.  777 y 780, C.C.).   

                                3.-             Como  quiera  que  la  posesión   se   manifiesta   necesariamente   por  la  realización  de  hechos  perceptibles  por  los  sentidos,  la ley ha revestido de singular protección a  quien  ostenta  esa  calidad,  como puede observarse de la presunción de ser el  poseedor  propietario,  (art. 762, C.C.) y de permitirle, en esa calidad, incoar  acciones  posesorias,  ejercer  la  acción publiciana e inclusive, reclamar del  Estado  la  declaración jurisdiccional de haber adquirido el dominio de un bien  singular  por  haberlo  poseído  durante  el  tiempo  señalado por la ley, con  ánimo  de  señorío, esto es, sin reconocer dominio ajeno, efecto este último  para   el   cual  se  distinguen  por  la  ley  dos  especies  de  prescripción  adquisitiva,  a  saber:  la  ordinaria,  que  requiere  justo titulo, buena fe y  posesión  no interrumpida por diez años a lo menos si se refiere a inmuebles o  de  tres  años  si  a  bienes muebles (arts. 2528, 2529, 762 y 764, C.C.); y la  extraordinaria,  para cuya operancia no se requiere justo título, se presume la  buena  fe,  salvo lo dispuesto la regla 3a. del artículo 2531 del Código Civil  y  que  exige  la  posesión por veinte años a lo menos (arts. 2531, 2532, 762,  Ley 50 de 1936, art. 1).   

                                4.-           La posesión, como de su  propia  definición normativa se desprende, comprende dos elementos sine qua non  para  su  existencia,  cuales son los actos materiales o externos ejecutados por  una  persona  determinada sobre el bien singular -corpus- de un lado y, de otro,  la  intención de ser dueño, elemento sicológico, de carácter interno -animus  domini-,  elemento  éste  que,  como  lo  dijo  la  Corte  en sentencia de 9 de  noviembre  de  1956,  por  ser  intencional,  «se  puede  presumir de los hechos  externos  que  son  su  indicio,  mientras  no aparezcan otros que demuestren lo  contrario,  así como el poseedor, a su vez, se presume dueño, mientras otro no  demuestre serlo» (G. J., tomo LXXXIII, pág. 776).   

                                                 4.1.-  No  obstante las diferencias existentes  entre  la  mera tenencia y la posesión, puede ocurrir sin embargo que el simple  tenedor  transmute esa calidad en la de poseedor, hipótesis ésta en la cual, a  efectos  de  la  prescripción adquisitiva de dominio no puede de ninguna manera  computarse  como  posesión  el  tiempo  en que se detentó el bien a título de  mera  tenencia,  pues  ella  no  puede conducir nunca a la usucapión y, como es  lógico,  esta  última solo podría alcanzarse si se demuestra la interversión  de  la  tenencia  a  la  posesión  y  solo  a partir del comienzo de la segunda  además,  si, se tiene el bien con animo de señorío y de dominio por el tiempo  exigido por la ley.   

                                                 4.2.-  Precisamente  a este respecto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  sentencia  de 7 de diciembre de 1967, expresó: «por  ello,  al  precisar el Código los requisitos de la prescripción extraordinaria  (2531,  2532),  se  basta  con  el  establecimiento y uso por cierto tiempo, sin  exigencia  adicional  alguna  (casación  julio  30  de  1952, LXXII, 582), pero  consagra  simultáneamente la posibilidad de oposición fundada en un título de  mera  tenencia,  excluyente  de  la  possessio  ad  usucapionem, revelador de la  intimidad  de  hechos   contrastantes con el concepto genuino de posesión;  por  lo  cual,  quien  se  hallaba asentado en las dichas apariencias equívocas  (casación  diciembre  13  de  1954,  LXXIX, 256; casación noviembre 9 de 1956,  LXXXIII,  775  /  776), de inmediato y por fuerza de ese traslado de las cargas,  es   despojado  de  lo  que  traía  en  su  favor,  compelido  a  demostrar  la  interversión  de su título y, además, una real posesión de allí en adelante  hasta  el  extremo  cronológico,  cumplida  con  actos  ciertos  y  unívocos,»  sentencia  en  la  cual, se agregó que esa mutación de mero tenedor a poseedor  para  alegar prescripción, exige que «en el proceso se palpe su posesión cabal  posterior,   en   cómputo   suficiente,   y  no  se  encuentre  dato  de  nuevo  reconocimiento   suyo   de   dominio   ajeno.   Imperativos  éstos  de  precisa  configuración   para  el  juego  de  las  pretensiones  dentro  de  un  terreno  restringido   a  tales  supuestos,  que  exigen  al  tenedor  la  prueba  de  la  interversio  possessionis,  por  medio  de  un  acto  traslaticio  emanado de un  tercero  o  del  propio contendor (naturalmente titular del derecho) (casación,  agosto  22  de  1957, LXXXVI, 14), dentro de una ubicación temporal que permita  referir  la medida a un punto cierto, seguido de actos «categóricos, patentes e  inequívocos»   de afirmación propia, autónoma. Pues, en el último caso,  le  es  indispensable  descargar indiciariamente la presunción de que las cosas  continúan   conforme  empezaron,  aplicación  elemental  del principio de  inercia,  consagrada  en  los artículos 777 y 780 del Código Civil, y volver a  montar  la  construcción  sobre  el nuevo sustento, expuesto como siempre a los  descargos  de interrupción y renuncia» (G. J., tomo CXIX, números 2285 y 2286,  1967,  -primera parte-, págs. 352 y 353).   

                                 5.-  Aplicadas  las  nociones  anteriores     al     caso    sub-lite,  encuentra  la  Corte  que  el  cargo que aquí se analiza ha de  prosperar, por cuanto:   

                                                 5.1.- El Tribunal, en la sentencia acusada, da  por  establecido que el Municipio de Fonseca ha poseído por más de 20 años el  inmueble  que  pretende  usucapir,  hecho  éste  que  encuentra  demostrado por  confesión  de  la parte demandada, así como por las declaraciones testificales  de  Luis  Fernando  Marulanda,  Rodrigo  Parodi  González  y  «otros» testigos,  además   de  «documentos»  de  los  que  predica  tienen  «plena  capacidad  de  convicción»  e  igualmente,  en  el  acta  de  entrega  de 4 de agosto de 1989,  practicada  en  el  proceso  de  sucesión  de  Víctor  Manuel  Peralta y en la  diligencia  de inspección judicial realizada sobre el predio objeto del litigio  (fls. 132 a 135, C-2).   

                                                 5.2.-  Los  recurrentes  en casación, como se  observa  en  el  cargo  propuesto, afirman que el Tribunal incurrió en error de  hecho   en  la  apreciación  de las pruebas mencionadas, aseveración  ésta en la cual les asiste la razón. En efecto:   

                                                              5.2.1.-  El Tribunal a folio 132 del cuaderno No. 2 manifiesta que  la  posesión del Municipio demandante respecto del predio que pretende usucapir  se  encuentra demostrada «conforme a lo confesado por los opositores», según se  desprende  de  su  informe  de  que «el Departamento del Magdalena en virtud del  contrato  de  promesa  de  venta» celebrado con Víctor Manuel Peralta «entró a  ocupar el bien raíz».   

                                                              Esta  aserción,  examinado el expediente, resulta  contraria  a  la  realidad, como quiera que si bien es verdad que en la contestación de la  demanda  (fl.  101,  C-1)  se  expresa  que  el  14 de octubre de 1953 el señor  Víctor   Peralta   (cuyos   sucesores  son  los  demandados)  celebró  con  el  Departamento  del  Magdalena  «un  contrato  de promesa de compraventa» sobre el  inmueble  a que se refiere el proceso, no menos cierto es que a renglón seguido  se  manifiesta  que,  en  virtud  de ese contrato «el Departamento del Magdalena  entra  a  ocupar  el  inmueble»  con  algunas  dependencias  suyas, e igualmente  resulta  reñida  con  la contestación de la demanda de otros de los demandados  (fls.  108  y  109,  C-1),  quienes  insisten  en  que  el  inmueble  de que fue  propietario  el causante se encuentra ocupado por el Departamento de La Guajira,  que  sucedió  en  tal  ocupación  al Departamento del Magdalena, a raíz de la  celebración  del  contrato  de  promesa  de  compraventa  celebrado por Víctor  Manuel Peralta con este último.   

                                                              5.2.2.-  En  relación  con  la  declaración  testimonial de Luis  Fernando  Marulanda,  de  la cual expresa el Tribunal que permite deducir que la  iniciación  de  la posesión del inmueble por el Municipio de Fonseca se llevó  a  efecto  entre los años de 1953 y 1954 (fl. 132, C-2), encuentra la Corte que  el  testigo  en  mención  (fls.  103  a 106, C-2), se limita a declarar que fue  Secretario  de  la Alcaldía Municipal de Fonseca en el año de 1953, y luego en  dos  ocasiones  mas,  que  sitúa  en  1956  y 1958, razón ésta por la cual le  consta  que  allí  funcionaron  algunas oficinas locales, así como «La Escuela  Inmaculada,  La  Policía  Nacional,  La Escuela Urbana de Varones, a partir del  año  de  1962»  y  ahora  la «Escuela Urbana de Varones No. 4», al igual que la  seccional  del  Instituto  Colombiano  de  la  Reforma  Agraria,  la  oficina de  Supervisión   Preescolar   y   Primaria   del  Departamento  y  el  Colegio  de  Bachillerato  Ernesto  Parodi Medina. Más adelante manifestó el testigo que no  tuvo  conocimiento  de  la  existencia  del Decreto No. 1005 del 8 de octubre de  1953,  expedido  por  el  gobernador  del  Departamento  del  Magdalena, para la  adquisición  del  inmueble  con destino a las oficinas del Palacio Municipal de  Fonseca,  y  que  simplemente sabe que allí han funcionado algunas dependencias  oficiales,   sin  que pueda afirmar «si todas sean por cuenta del Municipio  o si haya habido alguna de carácter Departamental» (fl. 105, C-2).   

                                                              Siendo  ello  así,  resulta  claro que del testimonio aludido mal  puede  concluirse,  como lo hizo el Tribunal que la «posesión» del inmueble por  parte  del  Municipio  de  Fonseca  se  hubiere iniciado por los años de 1953 o  1954,  pues de lo único que da cuenta esa declaración es de que por esa época  empezaron  a  funcionar  allí  la  Alcaldía  y  otras  dependencias  del orden  municipal,  así  como  de  que,  con posterioridad, también funcionaron en ese  inmueble  otras  dependencias oficiales, hecho éste del que no puede concluirse  que  demuestre  el ánimo de señor y dueño indispensable para la existencia de  la  posesión,  máxime  si  ese  municipio  por  su  carácter de tal no podía  ignorar  la  negociación  celebrada por el Departamento del Magdalena, del cual  formaba  parte,  en  virtud  de la cual éste se propuso adquirir ese bien   para que en él funcionaran las oficinas municipales.   

                                                              5.2.3.-  Con  respecto  al  testimonio de Rodrigo Parodi González  (fls.  88  a  91,  cdno.  Tribunal),  quien  expresa  haber  sido Tesorero de la  Alcaldía  Municipal de Fonseca, ha de observarse que de un lado, afirma que ese  Municipio  entró  en  posesión del inmueble desde antes de 1953 «porque era un  basurero  público  y  le  hacía mantenimiento» (fl. 90, C-2), y, de otro lado,  manifiesta  que  luego  de  haberlo ocupado con oficinas municipales desde 1953,  dejó  de  hacerlo  «en  el  año  de  1962» (fl. 90 citado), año en el que las  oficinas  municipales  se  trasladaron al «edificio donde funcionaba la fábrica  de  licores»,  de  donde  se trasladaron luego a la «edificación donde funciona  actualmente».  De tal suerte que, mirada en conjunto esa declaración, a lo sumo  habría  posesión del inmueble por el municipio, en gracia de discusión, hasta  el  año  de  1962, en que dejó de ocuparse con dependencias municipales; y, si  con   posterioridad   a  este  año  allí  han  funcionado  otras  dependencias  oficiales,  de  carácter  nacional y departamental, como el INCORA, La Policía  Nacional,  una Inspección Escolar de carácter Departamental y establecimientos  educativos,  al  igual  que  un salón de belleza, es inevitable concluir que la  supuesta  posesión  que  ahora  se  alega  como fundamento de la pretensión de  haber  adquirido  el  dominio del bien por usucapión extraordinaria, en caso de  haber  existido,  no  habría  tenido  duración por 20 años a lo menos, razón  ésta  suficiente  para  que  el testimonio de Rodrigo Parodi González no pueda  ser   tenido   como   soporte   jurídico   de  la  decisión  judicial  que  se  impugna.   

                                                              5.2.4.-   En  cuanto  a  la  prueba  documental  que  obra  en  el  expediente,  respecto  de  la  cual  el  censor  le  enrostra  al Tribunal haber  cometido error de hecho, encuentra la Corte lo siguiente:   

                                                                        5.2.4.2.-  De  igual  manera  se observa que a folios 87 y 88 del cuaderno No. 1 obra copia  auténtica  del  contrato  de  promesa  de  compraventa  sobre  el  inmueble  en  referencia,  suscrito  por  el  Secretario  de  Hacienda  del  Departamento  del  Magdalena  y  el  señor  Víctor  Peralta,  contrato éste que, como salta a la  vista,  fue  celebrado  en  desarrollo del Decreto 1005 de 8 de octubre de 1953,  expedido  por el Gobernador del Magdalena y a que se hizo mención en el numeral  precedente.   

                                                                        5.2.4.3.-  Así  mismo,  a  folios 99 y 100 del cuaderno No. 1, obra copia auténtica de la  Ordenanza  No.  021  de  1976, de la Asamblea Departamental de La Guajira, en la  cual  se  faculta al Gobernador de este Departamento, segregado del Departamento  del  Magdalena,  para  realizar  las  gestiones  tendientes  a  adquirir  en  su  totalidad  el  inmueble  prometido  en  venta  por  Víctor  Manuel  Peralta  al  Departamento   del   Magdalena   en  el  año  de  1953,  conforme  al  contrato  protocolizado  en  la  escritura  pública  No.  72  del 9 de diciembre de 1953,  otorgada ante el Notario Unico del Círculo de Fonseca.   

                                                                        5.2.4.4.-  Vencidas  las  autorizaciones  a que se alude en el numeral anterior, nuevamente  se  invistió de ellas al Gobernador de La Guajira, mediante Ordenanza No. 20 de  1989,  con  lo  cual  no  queda duda alguna de que el Departamento de La Guajira  como  sucesor  en el tiempo del Departamento del Magdalena, expresó su voluntad  de adquirir por compra el inmueble objeto del litigio.   

                                                              5.2.5.-  Siendo  éste, entonces, el acervo documental que se dice  mal  apreciado,  dicho error resulta trascendente para quebrar el fallo atacado,  de  ser  suficiente  para  llegar  a  una  conclusión  adversa a la pretensión  demandada.   

                                                              En  efecto,  de  los  documentos  arriba  mencionados  sólo puede  establecerse  que  el Departamento del Magdalena celebró un contrato de promesa  de  compraventa  sobre  el inmueble que le fue entregado en forma anticipada por  el  prometiente vendedor para que allí funcionaran dependencias oficiales de la  Alcaldía  de  Fonseca,  en  el  año  de  1953;  igualmente  queda claro que el  contrato  prometido  no  se  ha celebrado todavía, por circunstancias ajenas al  litigio  aquí planteado entre las partes; y, de la misma manera, aparece que si  el  Municipio  de  Fonseca,  en el año de 1953 ocupó ese inmueble con oficinas  suyas,  lo  hizo  porque el Departamento del Magdalena adelantó la negociación  de  ese  bien  para destinarlo al funcionamiento de las dependencias municipales  aludidas,   hecho   que   no   podía   ser  desconocido  por  el  municipio  en  mención.   

                                                              Ahora,  si a ello se agrega que en dicha promesa de contrato no se  otorga  en  forma expresa la posesión del bien prometido en venta, entregado en  forma  anticipada,   puede concluirse entonces que el Tribunal, al no tener  en  cuenta  el  contenido  expreso de dicho contrato, habría incurrido en error  evidente  de  hecho al dar por demostrada la posesión, no estándolo, lo que lo  habría  conducido,  a  su turno, a estimar equivocadamente la prosperidad de la  pretensión demandada.   

                                                 5.3.-           Pero en el evento en que se considere  que  en  dicha apreciación no incurrió el Tribunal en error evidente de hecho,  o  si se estimase que éste es intrascendente, porque de su contenido y de otros  puntos  también  pueda  desprenderse  razonablemente  la  demostración  de  la  posesión  inicial  por  parte  del demandante; no es menos cierto que le asiste  razón  al  recurrente  en la censura al Tribunal por la comisión de error  evidente   y  trascendente  de  hecho  en  la  apreciación  de  los  medios  de  convicción  que sustentan la no demostración del término legal para que opere  la  usucapión,  que  equivocadamente  diera  por  acreditado  el ad-quem.   Porque  ciertamente  el análisis de los medios de prueba obrantes en el proceso  conducen  a  demostrar  que,  de  un  lado,  la eventual posesión del municipio  demandante  sólo  pudo  extenderse  hasta el año de 1962, y, del otro, que con  posterioridad  han sido el Departamento del Magdalena y el de la Guajira los que  han  asumido  aún  por  contrato  de  arrendamiento,  el  disfrute del inmueble  litigado,  permitiendo  de  contera, expresa o tácitamente, el uso por parte de  otras oficinas distintas a las del municipio demandante. En efecto:   

                                                              5.3.1.    En   la  declaración  rendida  por  LUIS  FERNANDO  MARULANDA,  que  obra  a folios 130 a 136 del cuaderno del Tribunal, aparece que  éste  expresó que “en el año de 1953, cuando ocupaba el cargo de Secretario  de  la  Alcaldía  de  ese  Municipio”,  las  oficinas fueron trasladadas para  “despachar”  en  el  inmueble  a  que  se  refiere  el  litigo, declaración  testifical  que,  como  salta  a  la vista, no señala, de manera alguna, que el  municipio  de  Fonseca empezara a poseer el inmueble, entonces, “con ánimo de  señor  y  dueño”, como lo exige la ley, para que pueda entenderse que actuó  como poseedor del mismo.   

                                                              5.3.2.-  En  la declaración testimonial rendida por RODRIGO PAROI  GONZALEZ,  que obra a folios 88 a 91 del cuaderno del Tribunal, éste manifestó  que  desde  el  año  de 1953, en el inmueble a que se refiere el litigio “han  funcionado   la   Tesorería   Municipal,   la   Alcaldía  Municipal”,  y  la  administración  de  Fonseca  “le  ha  hecho  mantenimiento”, pero, al mismo  tiempo,  agrega  que,  en  ese  edificio han funcionado “igualmente la oficina  seccional  del  Instituto Colombiano de la Reforme Agraria INCORA, la oficina de  Supervisión   Preescolar   y   Primaria   del  Departamento  y  el  colegio  de  bachillerato  “Ernesto  Parodi  Medina”,  inmueble  que es el mismo “donde  está  actualmente  el salón de belleza”.  Además, manifestó que “en  el   año   de   1962”   la   Alcaldía  se  trasladó  a  “la  fábrica  de  licores”.   

                                                              5.3.3.-  El Decreto 1005 de 8 de octubre de 1953, proferido por el  Gobernador  del  Departamento del Magdalena, cuya copia auténtica obra a folios  96  del  cuaderno  del  Tribunal,  y  206  del  cuaderno  principal autorizó al  Secretario  de  Obras Públicas de ese Departamento para celebrar un contrato de  compraventa   sobre  el  inmueble  en  litigio  con  el  señor  VICTOR  PERALTA  (artículo  1°) y, además, dispuso que, “mientras el Departamento cancela el  valor  total del inmueble y se corre la escritura de compraventa”, se autoriza  la  celebración  de “un contrato de promesa de venta sobre el mencionado bien  raíz” (artículo 3°).   

                                                              A  folios 139 y 140 del cuaderno principal, obra como prueba copia  auténtica  del  “contrato  de  arrendamiento  No.  001  de 1990”, en el que  aparece  como  arrendador  del  inmueble  cuya  usucapión se pretende el señor  AGUSTIN  PERALTA  ZUÑIGA  y  como  arrendatario  el departamento de la Guajira,  contrato  éste  que  fue  celebrado  entre  las  partes  con posterioridad a la  solicitud  que  AGUSTIN  PERALTA ZUÑIGA hizo al departamento de la Guajira para  la restitución de ese inmueble.   

                                                              5.3.4.-  En  el  acta  de  inspección  judicial practicada por el  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de San Juan del Cesar el 22 de junio de 1990 al  inmueble  en  cuestión,  se  encontró  que allí funciona “un colegio”, lo  mismo  que  “una  sala  de  belleza”,  denominada  “Hair”,  en la que se  encontró  como ocupante a MARGARITA MEJIA LOPEZ, quien dijo ser inquilina de la  porción  que  ocupa,  por  contrato  de  arrendamiento  celebrado  con  AGUSTIN  PERALTA.   

                                                              5.3.5.   A  folio  162  del  cuaderno principal aparece copia  auténtica   de  la  Ordenanza  No.  021  de  1976,  expedida  por  la  Asamblea  Departamental  de la Guajira, en la cual se confieren facultades extraordinarias  al  Gobernador  de  ese  Departamento para la celebración del contrato a que se  refiere  la  promesa  de  compraventa  celebrada  el  9 de diciembre de 1953 con  VICTOR  MANUEL  PERALTA  sobre el inmueble allí escrito y, a folio 164 del  mismo  cuaderno,  obra  copia  auténtica de la Ordenanza No. 020 de la Asamblea  Departamental   de   la  Guajira,  en  la  que  se  faculta  al  Gobernador  del  Departamento  para  “comprar”  el  lote  de terreno ubicado en el perímetro  urbano  del  municipio  de  Fonseca,  donde  funciona  el colegio Ernesto Parodi  Medina, “de propiedad del Departamento”.   

                                                              Del  mismo modo,  a folios 193 de 194 del cuaderno principal,  obra  copia  de  la  diligencia  de secuestro del inmueble a que se refiere este  litigio,  practicada  por  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal de Fonseca el 20 de  agosto  de  1988,  en  la  que  se  practicó  esa medida cautelar “dentro del  proceso  de sucesión” del causante VICTOR MANUEL PERALTA, sin que se opusiera  el municipio de Fonseca.   

                                                 5.4.   Como  se  observa,  de las pruebas  anteriormente  mencionadas,  surge  como  conclusión  que  no  podía darse por  demostrada,  por  parte del municipio demandante  una posesión veintenaria  sobre  el inmueble a que se refiere este proceso, cuando ella, a lo sumo podría  aproximarse  a  los  diez  años,  lo  que tampoco podría entonces autorizar la  conclusión  de que se reúnen los requisitos para la operancia de la usucapión  extraordinaria  en  favor  de  la  parte  demandante,  como  modo de adquirir el  dominio  de  los bienes ajenos, sin que ello signifique que se haga por la Corte  pronunciamiento  alguno sobre la titularidad actual respecto del bien objeto del  litigio.   

                                                 5.5.           De   allí   que  si  ese  error  de  apreciación  probatoria  llevó  al  Tribunal  a  revocar  el  fallo de primera  instancia  y,  en  su  lugar,  a declara como dueño de ese inmueble por haberlo  adquirido  por usucapión extraordinaria, al Municipio de Fonseca, ha de casarse  la  sentencia  impugnada,  para  proferir  luego  la que corresponda, conforme a  derecho, en sede de instancia.   

                                                    

        SENTENCIA SUSTITUTIVA   

                                1.-  Dada  la  prosperidad del  segundo  de  los cargos formulados en casación contra la sentencia proferida en  este  proceso  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ríohacha -Sala  Civil-,  el  26  de  enero  de  1994,  procede  la Sala, en sede de instancia, a  desatar  el  recurso de apelación interpuesto por la parte demandante contra el  fallo  de  primer  grado, emanado del Juzgado Promiscuo del Circuito de San Juan  del Cesar, el 25 de marzo de 1993 (fls. 264 a 266, C-1).   

                               2.- En cuanto a la existencia de  los  presupuestos  procesales  para  dictar  sentencia  de  mérito, advierte la  Corte,  de  entrada,  que  el certificado expedido por la Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  del  Círculo  de  Riohacha,  que  obra  a  folio 2 del  cuaderno  principal, expresa que en esa oficina “aparece en el libro 2°, tomo  I,  partida No. 144, folio No. 267, de fecha diecisiete (17) de diciembre de mil  novecientos  cincuenta y tres (1953)”, registrada “la escritura pública No.  72  de  fecha  9 de diciembre de 1953, Notaría de Fonseca, por medio de la cual  el  señor VICTOR M. PERALTA, hizo protocolizar el expediente relacionado con la  construcción  y  propiedad  de  una  casa, ubicada en Fonseca”, en el lote de  terreno  cuyos  linderos  allí  se  especifican,  certificado  éste  que, como  resulta  evidente,  no  reúne  los requisitos exigidos por el texto inicial del  artículo  413,  numeral  5°  Código  de Procedimiento Civil, norma que hoy se  conserva  en  el artículo 407 del mismo Código, luego de la reforma que le fue  introducida  por el decreto 2289 de 1989, disposición ésta respecto de la cual  tiene  dicho la jurisprudencia de esta Corporación que “los juzgadores han de  tener  en cuenta ‘que la  ley   exige,  no  la  presentación  de  un  certificado  cualquiera’,       sino      ‘uno  en  que, de manera expresa, se  indiquen  las  personas que, con relación al específico bien cuya declaración  de  pertenencia se pretende, figuren como titulares de derechos reales sujetos a  registro,  o  uno  que  de  manera  clara diga que sobre ese inmueble no aparece  ninguna     persona     como     titular     de    derechos    tales’”,  (Sentencia  Revisión  30  de  noviembre  de  1976, sentencia 15 de octubre de 1976, G. J. CLIX, primera parte,  págs.  295  y  296, reiteradas en sentencia de 22 de agosto de 1995, expediente  4543,  ordinario  Asociación  Provivienda  Social  de  Cali, como cesionaria de  Carlos  Quintero  Tafur  contra  personas  indeterminadas, archivo  Corte),  deficiencia   que   trae   entonces   como   consecuencia  ineluctable,  que  la  demanda   inicial  resulta   afectada  de  ineptitud  formal  para  la  tramitación  del  proceso,  vicio  éste  que  ya no es posible subsanar y cuyo  control   debió  realizarse oportunamente por el juzgador de primer grado,  conforme  a  lo preceptuado por los artículos 85, numerales 1 y 2, y 37 numeral  4 del Código de Procedimiento Civil.      

                               3.- Agrégase a lo anterior, que  en  este proceso, aún prescindiendo de la ineptitud formal de la demanda, a que  ya  se  hizo  alusión,  no fueron emplazadas las personas indeterminadas que se  creyeren  con derecho para intervenir en él (fls. 40 y 58 cuaderno No. 1), como  imperativamente  lo  exige al artículo 407, numeral 6°, literal b, del Código  de    Procedimiento    Civil,    lo   que   acarrearía   la   nulidad   de   la  actuación.   

                                4.-   Así las cosas,  la  sentencia  proferida  por  el Juzgado Promiscuo del Circuito de San Juan del  Cesar  el  25  de  marzo de 1993 (fls. 264 a 266 cuaderno No. 1), apelada por la  parte  vencida  en  memorial  que aparece a folios 268 a 272 del mismo cuaderno,  habrá  de  revocarse  y,  en su lugar, se declarará la inhibición para dictar  fallo de mérito.   

        DECISION   

                                En  mérito  de lo expuesto la  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala  de  Casación  Civil   y  Agraria,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,  CASA   la   sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Ríohacha -Sala  Civil-,  el  26  de  enero  de  1994  en  el  proceso ordinario promovido por el  MUNICIPIO  DE  FONSECA  contra  EMELINA  FRANCISCA  ZUÑIGA DE PERALTA, cónyuge  supérstite  de  VICTOR  MANUEL  PERALTA,  JESUS  MARIA  PERALTA  ZUÑIGA, MARIA  PERALTA  DE  BEQUIS,  ANTONIA MARIA, DOMINGA, RODRIGO, VICENTE y AGUSTIN PERALTA  ZUÑIGA,  así  como  contra  ROCIO, MARIA LUISA, LUCILA, EDGAR, SILVIO y VICTOR  EMILIO  PERALTA  MEJIA,  representados por FIDELINA MEJIA CALDERON, todos éstos  como  herederos del causante mencionado y,  en su lugar, esta Corporación,  obrando  en  sede de instancia, conforme a lo preceptuado por el artículo   375      del      Código      de      Procedimiento     Civil,     RESUELVE:   

                                      DECLARASE   la  inhibición para proferir sentencia de mérito en este  proceso,  por  las  razones  expuestas en la parte motiva de las consideraciones  para  dictar sentencia sustitutiva de la impugnada con el recurso extraordinario  de  casación  a  que  se  refiere esta providencia. Condénase en costas de las  instancias  a  la  parte  demandante  del  proceso.  Liquídense  conforme  a la  ley.   

                                Sin costas en casación, por la  prosperidad del recurso extraordinario.   

                                  Cópiese,   notifíquese  y  devuélvase.   

         

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

    

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