S 068 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-068-97

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

Santafé  de Bogotá, D. C., veintitrés (23)  de octubre de mil novecientos noventa y siete (1997)   

Referencia: Expediente No. C-4601  

Decídese el recurso de casación interpuesto  por  el demandado JESUS ANIBAL HENAO MONSALVE contra la sentencia de 19 de julio  de  1993, proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia,  Sala  de  Familia,  en el proceso ordinario incoado por FABIOLA ISABEL VELASQUEZ  TABORDA  frente a ROBERTO ANTONIO VELASQUEZ, MARIA SUSANA TABORDA DE VELASQUEZ y  el recurrente.   

ANTECEDENTES  

1.- En demanda de impugnación y reclamación  del  estado  civil de hijo, cuyo conocimiento correspondió al Juzgado Promiscuo  de  Familia  de  Ciudad  Bolívar  (Ant.),  la  señora FABIOLA ISABEL VELASQUEZ  TOBARDA  solicitó  se  declare  que  no  es  hija  legítima de ROBERTO ANTONIO  VELASQUEZ,   sino   hija   extramatrimonial  de  JESUS  ANIBAL  HENAO  MONSALVE,  “nacida   de   la   unión   de   éste   con   la  señora”  MARIA  SUSANA TABORDA DE VELASQUEZ, esposa  legítima de aquél.   

2.-   Las   anteriores   pretensiones  las  fundamentó en los hechos que se compendian a continuación:   

2.1.-   Los   demandados  ROBERTO  ANTONIO  VELASQUEZ  y  MARIA SUSANA TABORDA DE VELASQUEZ contrajeron matrimonio católico  el 1º de mayo de 1951.   

2.2.-  En  enero de 1957, aquél se ausentó  del  municipio  de  Ciudad  Bolívar,  fecha a partir de la cual “se   separó   de   hecho   de   su   legítima   esposa”,  sin que hasta la época actual, 1º de noviembre de 1991, data  en  que  se  presentó  la  demanda, se conozca su domicilio y residencia.    

2.3.-  Durante  la  separación de hecho, la  señora  MARIA  SUSANA  TABORDA  DE  VELASQUEZ concibió a la demandante FABIOLA  ISABEL  VELASQUEZ  TABORDA, registrándose, por virtud del matrimonio, como hija  legítima  del  esposo  de  aquélla,  “sin  ser  el  verdadero padre”.    

2.4.-  A comienzos de 1965, la señora MARIA  SUSANA  TABORDA  DE  VELASQUEZ  empezó a trabajar en oficios domésticos en una  finca  contigua  a  donde  residía  el  demandado  JESUS ANIBAL HENAO MONSALVE,  razón  por  la cual ambos empezaron a verse periódicamente en el camino común  de  las  viviendas,  hasta  que  éste  la contrató para recolectar café en la  finca  de  su  propiedad  y  para  ayudar en los oficios domésticos de su casa,  manteniendo            relaciones            sexuales            “constantemente”  en  ese  lugar, de cuyo  fruto nació la citada FABIOLA ISABEL, el 11 de junio de 1966.   

Las  relaciones  sexuales  perduraron  en el  tiempo  comprendido  entre  comienzos  de  1965  y  la  fecha  en  que nació la  demandante,  cuando  por  motivos de desavenencias con la cónyuge legítima del  demandado,   “se  imposibilitaron  las  impermitidas  relaciones”.    

2.5.-  El  presunto  padre  extramatrimonial  contribuyó  con  los  gastos  del  parto  de  su  hija  y posteriormente con la  manutención, vestido, etc., de ésta y de su madre.   

3.- Los señores JESUS ANIBAL HENAO MONSALVE  y  MARIA  SUSANA TABORDA DE VELASQUEZ se notificaron directa y personalmente del  auto  admisorio  de  la demanda, mientras el demandado ROBERTO ANTONIO VELASQUEZ  se  le  designó  para  dicho fin, previo emplazamiento, un curador ad-litem.  El  primero de los nombrados se  opuso  a las pretensiones de la demanda, aceptando únicamente el hecho atinente  a  la  contratación  de  la  madre de la actora para la recolección de café y  para  los  oficios  domésticos,  y  oponiendo  las  excepciones  perentorias de  inexistencia  de  relaciones  sexuales,  ausencia  de  la  posesión notoria del  estado  de  hija, pluralidad de relaciones sexuales de la progenitora con otro u  otros  hombres  y cohabitación de los cónyuges, las dos últimas por la época  en  que  de  acuerdo  con  la  ley  se  presume la concepción de la demandante.   

La  otra  demandada,  la madre de la actora,  guardó  absoluto silencio, al paso que el auxiliar de la justicia no se opuso a  las  pretensiones  del  libelo  “en cuanto llegaren a  demostrarse   los  supuestos  de  hecho”,  salvo  el  acreditamiento  de  una  cualquiera  de las anteriores excepciones, evento en el  cual deberán desestimarse todas las súplicas invocadas.   

   

4.- Adelantado en esos términos el proceso,  la  sentencia  de  primera  instancia  denegó  las  pretensiones de la demanda,  mientras  que  el  Tribunal,  por  el  contrario,  accedió  a todas ellas en la  providencia  que desató el recurso de apelación interpuesto por la demandante,  fuera  de  declarar  infundadas  las excepciones propuestas, decisión contra la  cual   el   demandado   JESUS   ANIBAL   HENAO  MONSALVE  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación de cuyo estudio se ocupa la Corte.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

1.-  El  Tribunal,  luego  de  constatar  la  validez   formal  del  proceso  y  no  encontrar  reparo  alguno  acerca  de  la  acumulación  de  pretensiones,  primeramente  se  dio a la tarea de estudiar la  acción  de  impugnación  de la paternidad legítima, en razón a que, tal como  lo     tiene     sentado     la    jurisprudencia1, el análisis de la acción de  filiación  extramatrimonial, pende del éxito de la primera, pues mientras ello  no   suceda   el   hijo   de   mujer   casada   no  puede  ser  reconocido  como  natural.     

En  esa labor, tras analizar “en  conjunto”  los  diferentes medios de  convicción  allegados  al  proceso,  concluyó  que  ROBERTO  ANTONIO VELASQUEZ  abandonó  totalmente  el  hogar  conyugal  que  formó con MARIA SUSANA TABORDA  JIMENEZ,  con mucha anterioridad, más de diez meses (artículo 3º, inciso 2º,  ley  75  de  1968), al nacimiento de FABIOLA ISABEL, sin que exista prueba sobre  una  reconciliación  con  su  esposa,  de  donde “se  impone    declarar    que    aquél   no   es   el   padre   legítimo   de   la  demandante”,  quedando  de  esa forma desvirtuada la  presunción  legal  de  paternidad  legítima  que  cobijaba a ésta por el acto  jurídico del matrimonio de los primeros.    

2.-  Habilitado el estudio de la pretensión  de  reclamación  del  estado  civil  de  hija extramatrimonial, enderezada esta  contra  JESUS  ANIBAL  HENAO  MONSALVE,  de  entrada  descartó  el ad-quem la estructuración de las causales  de  presunción de paternidad contempladas en los numerales 5º y 6º, de la ley  75  de  1968,  pues  sobre  la  primera,  el  trato personal y social durante el  embarazo  y  parto,  “la prueba no es suficiente para  su  demostración”, mientras respecto de la segunda,  la    posesión   notoria,   “no   existe   ninguna  evidencia”  acerca  de la presencia de sus elementos  integradores, como es el trato, la fama y el tiempo.   

3.-  A  continuación  el  sentenciador  de  segundo  grado  acometió el análisis de la causal de presunción de paternidad  que  no  eliminó, vale decir, la consumación del trato carnal entre la madre y  el  presunto  padre durante la época en que, según el artículo 92 del Código  Civil,  pudo  ocurrir la concepción de FABIOLA ISABEL, en orden a lo cual, tras  dejar  sentado  el  hecho  jurídico  del  nacimiento,  abordó el análisis del  material probatorio recaudado de la siguiente manera:   

3.1.-  El  testimonio  de  LIBARDO  TABORDA  MARQUEZ,   primo   de  SUSANA  TABORDA,  quien  por  la  época  de  los  hechos  administraba  una finca cerca a la de ANIBAL, lugar donde trabajaba aquélla, es  indicativo  de la existencia de alguna relación entre ellos dos “para    1965    en   las   actividades   de   la   finca”,  así  no  concrete  fechas ni haya observado conducta afectiva  específica,  “pues  por razones de vecindario tiene  conocimiento  directo  de  los  hechos  y  por  amistad escuchó de las personas  involucradas  sus  comentarios”,  razón  suficiente  para     darle    especial    “significación    y  credibilidad” (fol. 41, C-6).   

La  declaración  de  MARIA  RESFA  HENAO DE  HENAO,   hermana   del   demandado,   de   66   años,   tiene   “pleno   valor”   probatorio,   pues  el  parentesco   dicho   y  la  cercanía  con  los  protagonistas  de  los  hechos,  “la  convierte  en  testigo de primera mano, sino de  las  relaciones  sexuales  sí  de  otros  comportamientos  y circunstancias que  permiten  inferir  la  existencia  de aquéllas entre la pareja mencionada en la  época  en  que  se  dió  (sic.)  la  concepción  de  FABIOLA,  y así no haya  exactitud   ni   precisión  en  las  fechas  de  acoplamiento  es  ubicable  la  época”.  En  efecto,  la mencionada señora señala  que  en  el año 1964 y 1965, SUSANA cogía café con ANIBAL, fuera de ayudar en  la  casa  de  éste,  “no  daban malicia”  ante  la  gente,  pero  frente  a  ella  si; cuando la observó  embarazada  “le  preguntó si era de su hermano y la  respuesta   fue   afirmativa   pero   que   no   iba   a  decir  por  ser  ambos  casados”;  reafirma  que  no  constató la relación  sexual    porque   “eran   muy   cultos”,  simplemente  decían  que  “iban a  cortar   leña  o  revueltico  y  ahí  consiguieron  la  muchachita” (fol. 45, C-6).   

No todo lo que dice MARIA GRISELDA TABORDA DE  BORDA,  agrega  el sentenciador de segundo grado, “es  de  oídas”, pues si bien le contaron que el causante  del  embarazo  era  ANIBAL, por percepción directa sabe que SUSANA trabajó con  éste  “muchas  veces en el cafetal cogiendo café y  otras  en la casa, despasillando o en la cocina”; que  para  la  “época  de agosto a diciembre”  de  1965,  tiempo  durante el cual se presume la concepción de  FABIOLA,  no vio a dicha señora sino con ANIBAL, llegándoles a “ver  algunas  formalidades y confianzas”.  Es  cierto, dice el Tribunal, sobre lo último “no es  muy  concreta  y  precisa,  pero  no  puede  despojársele  de  valor  porque es  indicativa  de  que  la  madre de la demandante si trabajó con ANIBAL y en qué  lugares    (…)    por   la   amistad   y   vecindad,   lo   que   dá   (sic.)  credibilidad”          (fols.         40-41,  C-6).       

Por  otra  parte,  la  testigo  MARIA SUSANA  TABORDA  DE VELASQUEZ, madre de la demandante, narra en forma amplia y detallada  lo  expuesto por ésta, agregando que guardó el secreto sobre la historia de su  hija  FABIOLA  para evitar humillaciones, únicamente le contó la verdad cuando  llegó  a  confrontarla  por  haberlo sabido de otras personas. Sobre el mérito  probatorio  de esta declaración el ad-quem  señala  que  si bien el artículo 223 del Código Civil establece  que  no  es admisible el testimonio de la madre que en juicio de legitimidad del  hijo  declara  haberlo concebido en adulterio, “no se  puede  desconocer  ni descartar en el caso a estudio puesto que está reforzando  lo  que  los  restantes  declarantes  han  expuesto”  (fols. 43-44, C-6).   

3.2.- Aunque el Tribunal califica otro grupo  de  testigos  como  de  oídas,  no  los descarta por completo. Así, JORGE LUIS  BORDA  TABORDA  recuerda  que  cuando tenía 9 o 10 años, al declarar tiene 35,  SUSANA  prácticamente  vivía en la casa de ANIBAL, según él, trabajaba allí  en  el servicio doméstico, y si bien nada puede atestiguar sobre las relaciones  sexuales,  “es indicativa”  que   trabajó   en   la  finca  del  presunto  padre,  además  “si  se  tiene en cuenta lo que informó sobre la ausencia de ROBERTO  VELASQUEZ    (su    esposo    legítimo)  aporta  un  elemento indiciario” (fols.  38-39, C-6).   

La  testigo  GLORIA ELENA DE FATIMA SOLIS DE  ZULETA  por  estar muy pequeña para la época de los hechos nada puede declarar  sobre   el   trato   sexual,   pero  su  dicho  tiene  especial  “significación”  porque si no se hubiere  enterado  por  boca  de  su  esposo  ARTURO ZULETA y de BERTULFO HENAO RESTREPO,  sobrino  del  demandado, que FABIOLA era hija de éste, no se habría atrevido a  informarle  a  la  demandante  de  su parentesco con LEONARDO HENAO FRANCO, hijo  legítimo   del  presunto  padre,  con  quien  aquélla  tenía  un  romance  de  adolescente. (fos. 39-40, C-6).   

La  declaración  del  citado LEONARDO HENAO  FRANCO,  de  quien  se  dice  tuvo  amores  juveniles  con FABIOLA ISABEL, no es  demostrativa    de    la    causal    estudiada,    pero    es   “indicativa  de  que  lo  afirmado  por  la  demandante y por algunos  declarantes  sobre esa amistad o romance juvenil fue cierto y puede tomarse como  refuerzo  del  dicho de la parte actora, así tal noviazgo hubiere existido más  en FABIOLA” (fol. 44, C-6).   

Lo  único que saben los testigos LIBERTULFO  HENAO  RESTREPO  (fol.  46,  V-6)  y  FABIOLA  INES  ESTRADA  HENAO (fol. 41-42,  ib.),  sobrinos del presunto  padre,  es  que FABIOLA ISABEL es prima de ellos por ser hija de su tío ANIBAL,  el  primero  porque  “se  enteró por boca de ARTURO  ZULETA”  y  la segunda porque así se lo dijeron los  familiares,  pero  nada  aportan  sobre la causal investigada, aunque sus dichos  deben  tomarse  como  indicativos  sobre  que  el  hecho  de la familiaridad era  conocido por otros.   

3.3.-    Igualmente,   el   ad-quem   descartó   por   completo   el  testimonio  de  las  personas que fueron presentadas para infirmar la paternidad  reclamada.  El  de  JOSE  AICARDO  HENAO MONSALVE, hermano del demandado, porque  aparte  de referirse al trabajo de la madre de la demandante en la finca de él,  hace  más  de  20  años,  y  a  su  conducta, “nada  distinto   aporta   al   proceso”  (fol.  38,  C-6).   

El  de  GUILLERMO  ANTONIO  SALAZAR  MARIN y  FERNARDINA  AGUDELO  DE  ARIAS  quienes  son  los únicos que hablan de posibles  encuentros  entre  la  pareja  VELASQUEZ-TABORDA,  posterior a la separación de  hecho,  pero  que  no  alcanzan  a  desvirtuar  la  documental  y testimonial en  contrario.   El  primero,  porque  al  decir  que  en  1965  el  presunto  padre  “vivía con su esposa ELVIRA FRANCO y no le conoció  amistad  por  fuera”, sin que haya conocido a SUSANA  como  trabajadora  doméstica  del hogar de aquél, únicamente de los hermanos,  entra  en  contradicción  con el dicho de otros declarantes, hasta con el mismo  demandado;  ahora,  que  éste “viviera con su esposa  no  es  razón  para  no  tener relaciones con otras”  (fols.  42-43,  C-6).  Lo  mismo  acontece  con  el  de  la  segunda,  porque al  manifestar  que  en  1963  la madre de la demandante se fue para el Valle con su  esposo,   regresando   en   embarazo   a  principios  de  1965,  “es  absolutamente  contradictoria”, pues  si  la  memoria  del hecho lo refiere porque la hija suya nació el 28 de agosto  de  1965,  es  decir,  ocho días antes a la de SUSANA, en el expediente aparece  que  tal  suceso  aconteció “el 11 de junio de 1966,  casi  un  año  después  de  lo  que  afirma” (fols.  34-43, ib.).   

4.-  En  ese orden, el Tribunal concluye que  del  análisis del material probatorio recaudado se infiere la existencia de las  relaciones  sexuales  entre  JESUS  ANIBAL HENAO MONSALVE y MARIA SUSANA TABORDA  por  la  época  en  que conforme a la ley se presume la concepción de aquella,  pues  no  es  cierto, como lo dijo el a-quo,   que  “ninguno  de  los  testigos  de  claridad   y   certeza   sobre   la   veracidad   de   los  hechos  materia  del  debate”,  máxime  cuando  la  prueba  allegada  con  posterioridad  al  fallo  impugnado,  incluyendo  la  genética, “es  altamente demostrativa de los hechos configurativos de la causal  alegada”,  en  atención  a  que en la forma como se  presentaron  éstos, en una finca cafetera, con un señor casado que vive con su  esposa,  no  podía  esperarse la publicidad de la relación de amantes comunes,  “pero  en  conjunto  la  prueba  es demostrativa del  hecho  básico  indicador” de esas relaciones durante  1965  y 1966, facilitadas por “los lugares desolados,  un  cafetal  como  lo  dicen  la  madre  y  FABIOLA,  aunados  a  la cercanía y  conocimiento  personal  de la pareja, la oportunidad de estar juntos a solas, el  abandono  en que se encontraba SUSANA TABORDA al haberse ido su esposo, indicios  que  se  consideran  graves,  precisos y concordantes y como los hechos a probar  son  susceptibles  de  este  tipo  de pruebas, todo ello lleva a deducir que sí  demuestra  la  existencia  de  la  causal  invocada  por  la  actora”.   

LA DEMANDA DE CASACION  

1.-  Con apoyo en la causal primera del art.  368  del  C.  de P. C., un sólo cargo formula el recurrente contra la sentencia  compendiada,  para  acusarla  de  haber  violado indirectamente, por aplicación  indebida,  los  artículos  6º,  numerales 4, 5 y 6, de la ley 75 de 1968, 92 y  213  del  Código Civil, 187 y 250 del C. de P. C., como consecuencia de errores  de hecho cometidos en la evaluación probatoria.   

2.- En el desarrollo del cargo, primeramente  advierte    el    recurrente    que    el   Tribunal   evaluó   “mal”  lo  declarado  por  un  grupo  de  testigos  que, sin aparente interés directo en las resultas del proceso, ofrece  relevancia   para   la   demostración   objetiva  de  los  hechos.  Tampoco  es  “acertada”     la  apreciación  de  otros.  Igualmente, las declaraciones de la demandante FABIOLA  ISABEL  VELASQUEZ  TABORDA  y  su  madre  MARIA  SUSANA TABORDA DE VELASQUEZ, se  encuentran  decididamente  viciadas,  la  primera  por el desconocimiento de los  hechos,  pues es apenas obvio que no puede declarar sobre quien fue su verdadero  padre,  y  en  ambas  por  el  interés  material en la demanda, “el  mero  ánimo  de  lucro”, sobre todo  porque  lo indicado por el demandado ANIBAL DE JESUS HENAO MONSALVE vale tanto o  más  que el de la última, pero el “fallador incurre  en  la  más  crasa deformación crítica al valorar positivamente el testimonio  de    ésta    y    desechar    casi   de   plano   el   de   aquél”.   

De otro lado, cuando el juzgador reputa como  “de   alto   valor”  el  informe   heredobiológico,   esta  indicando  irremisiblemente  la  ligereza  y  desacierto  en su estimación, pues una prueba como esa no es significante de un  progenitor  único  y  cierto,  sino   que  otros  varones  podrían  tener  compatibilidad  sanguínea  con  FABIOLA,  razón  por  la  cual “no    puede   ser   de   ‘alto   valor’  sino de reducido y menguado valor”.   

3.-  Seguidamente, concretando los yerros en  la  estimativa  probatoria,  el  censor  señala  que  no  resulta ajustado a la  realidad  ni  a  la  ley,  trazar  dos  pistas  de  evaluación,  una  por donde  “corren  los  testigos  que,  aun  siendo de oídas,  favorecen  el  hecho  de la pretendida paternidad”, y  la  otra  que  no  apunta  a  tal  conclusión.  Por  ello, pasa “a  ver  cómo  la  crítica  que  hace  el  Tribunal  de  la  prueba  testimonial  no  es  ‘sana  crítica’, como lo prevé  y  manda  el  artículo  187 del C. de P. C.”, que si  bien  podría admitirse para demostrar que FABIOLA ISABEL no es hija de su padre  legítimo,  así  no  se haya destruido enteramente la presunción del artículo  213  del  C. C., en ningún caso puede probar que sea hija de JESUS ANIBAL HENAO  MONSALVE.     

3.1.-  En  efecto,  el testimonio de LIBARDO  TABORDA  MARQUEZ,  recae  en la fuente de terceras o cuartas bocas, al decir que  “se  oyeron rumores de que ANIBAL vivía con Susana,  eso  me  lo  contaba  Resfa  Henao,  una hermana de Aníbal, y más gente por la  calle   que   ahora   no   recuerdo,   pero   que   hablan   de  eso”,   sin   recordar   si   las   relaciones  por  él  mencionadas  “comprendieron  el  lapso  del 14 de agosto al 12 de  diciembre  de  1965”.  Sin  embargo, al responder la  pregunta  sobre  donde  vivía la madre de la demandante para la época de 1965,  tiene  la virtud de decir que “siempre ha vivido toda  la    vida    en    ‘El  Olimpo’  (…),  lo  cual  descarta  la  convivencia,  en algún momento y bajo el mismo techo, con Aníbal  Henao”,       pero      el      “sentenciador  omite  analizar  este  significativo  aspecto de dicho  testimonio”.   

3.2.- Por su parte, MARIA GRISELDA TABORDA DE  BORDA  dice  tener  conocimiento  de  los  hechos  por boca de su esposo y de la  propia  SUSANA, expresando con un no rotundo no recordar absolutamente la época  de  las  relaciones,  pero,  de  repente, “reviviendo  sospechosamente  sus reminiscencias da el año de 1965 como aquél en que Susana  y    Aníbal    habrían   convivido”,   recordando  también   que  en  ese  año  ella vivía en “El Olimpo”, un barrio de  Ciudad    Bolivar,   de   donde   salta   a   la   vista   que   “contra  la calificación que hace el sentenciador, esta declaración  no  es  clara  ni completa, mucho menos exacta”, pues  no  se  concibe que inicialmente manifieste no recordar, para luego, en la misma  fecha,  poner  a  convivir  a  Susana con Aníbal y coetáneamente a vivir en su  casa de “El Olimpo”.   

3.3.- Es sorprendente, dice el impugnante, la  disparidad  de  criterios  de  evaluación  probatoria aplicados por el Tribunal  frente  al  testimonio de TABORDA MARQUEZ, ya analizado, al de MARIA RESFA HENAO  DE  HENAO,  cotejados  con  los  de GUILLERMO ANTONIO SALAZAR MARIN y FERNANDINA  AGUDELO  DE  ARIAS, los “tres últimos de percepción  directa  sobre circunstancias relevantes, cuya pareja cualidad de inmediatividad  cognoscitiva   merecía   pareja  evaluación,  la  que,  sin  embargo,  no  fue  aplicada”.   

Sería  necio  desconocer  trascendencia  al  dicho  de  la  citada HENAO DE HENAO, no obstante “su  ostensible  intención  y  manifiesta  inclinación  a perjudicar la causa de su  hermano  Aníbal  Henao”, pero al decir que trabajaba  y  vivía  en  la  casa  de éste para la época incumbente, cuando también iba  ayudar   allí   Susana   Taborda,  sólo  releva  que  Aníbal  “era  muy  especial  con  ella,  y  él me decía que le arreglara un  almuerzo   bueno   a   Susana   y   le   da   esto   y   aquéllo…”.   

Según  el  impugnante,  el dicho de SALAZAR  MARIN  tiene  singular  importancia  por haber administrado la tienda la Ermita,  lugar  donde  precisamente  conoció  a  Susana y a su esposo Roberto Antonio, a  quien  “hace  más  de  20 años…no ve”,   relatando   que  ellos  se  peleaban  mucho,  “en  el  año  de  1965  vino  y  se  la llevó por término de 2 o 3  meses”. Además, por haber trabajado en la finca que  administraba  ANIBAL  HENAO,  dice  que  éste vivía allí con su esposa ELVIRA  FRANCO,   sin  llegar  a  ver  en  ese  lugar  a  Susana,  pues  “no  estuvo  allá,  no trabajó, ni en la finca (…), si trabajaba,  pero  por  allá  arriba  en  la  finca  de  los  hermanos  de Aníbal, cogiendo  café”.  Sin  embargo,  el  sentenciador se limita a  decir  que  “esta declaración es contradictoria con  el dicho de otros”, sin decir cuáles.   

La  señora  FERNARDINA  AGUDELO  DE  ARIAS,  vecina  de  toda  la  vida de los VELASQUEZ-TABORDA, testifica, como el anterior  declarante,  que  SUSANA  se fue con su esposo para el Valle en 1963, regresando  en  1965 en mal estado (embarazada), y esto “no puede  ser  de  poca  monta”.  Ahora,  que la anciana de 78  años  incurra  en  la  equivocación  de  ubicar en 1965 un suceso que ocurrió  efectivamente  en  1966,  el  nacimiento  de  su  hija,  no  lo  “reputa     como    desvirtuador    de    la    totalidad    de    la  declaración”.    

3.4.-  El  Tribunal  no  sacó  consecuencia  probatoria   del   testimonio  de  JOSE  AICARDO  HENAO  MONSALVE,  hermano  del  demandado,  por  ello  la  censura  señala que “este  señor   no   dijo   nada   que   afirme   o  niegue  el  hecho  central  de  la  paternidad”.   

Sin  embargo,  del dicho de JORGE LUIS BORDA  TABORDA   y   GLORIA  ELENA  DE  FATIMA  SOLIS  DE  ZULETA,  el  “ad-quem  ha deducido la paternidad de Jesús Aníbal Henao Monsalve,  reclamada  por  Fabiola  Isabel…y su madre”, cuando  todo  lo  por  ellos  percibido  es  de  oídas.  Así, el primero no alcanzó a  conocer  al  esposo  legítimo  de  Susana, no obstante lo cual afirma que dicho  señor  se  ausentó hace muchos años; además, la versión sobre la paternidad  la  recibió  “cuando apenas tenía la tierna edad de  los   nueve   años”,   pues   se   “cuenta  por toda la gente que Fabiola es hija de Aníbal Henao, así  que    uno    se   familiariza   con   eso”,   todo  “lo  que  he  dicho  aquí  no  son  cosas que pueda  atestiguar,    sino    que    todo   esto   han   sido   comentarios”.  La  segunda  conoce  que FABIOLA ISABEL es hija de Aníbal por  así  habérselo  comunicado  su  esposo ARTURO ZULETA y porque LIBERTULFO HENAO  RESTREPO,  sobrino  del  demandado,  le  manifestó  el  parentesco de prima, no  porque  se  haya proclamado tal, sino porque la noticia se la comunicó el mismo  Zuleta,  fallecido,  de  quien  “no  pudo saberse de  dónde  realmente  obtuvo  la  noticia  comunicada…sobre  la relación paterno  filial de Aníbal y Fabiola”.   

3.5.- En suma, agrega la censura, el Tribunal  “atribuye  algo positivo”  a    los    testimonios    de    oídas;   las   declaraciones   “insustanciales,  imprecisas  y  fragmentarias, las encuentra claras,  exactas  y  completas”;  a  la negativa reiterada de  LEONARDO  HENAO  FRANCO  sobre  el  noviazgo  con  FABIOLA ISABEL, contrapone lo  afirmado  por  la  demandante  y  algunos  testigos  sobre  que  “esa    amistad    o    romance    juvenil   fue   cierto”;  a  la  infundada  e  inocua  versión  de FABIOLA INES ESTRADA  HENAO,  “sobrina  y  en  apariencia  malqueriente de  Aníbal   Henao”,   le   otorga   el   premio   que  “el  hecho  de  la  familiaridad  es  conocido  por  otros”.   En   cambio,  lo  declarado  por  quienes  conocieron,  mediante  percepción  directa, hechos y circunstancias relevantes,  los  despacha  cubriendo  su  manifestación  con  un  manto  de  sospecha, como  aconteció  con  lo  dicho  por  GUILLERMO  ANTONIO  SALAZAR  MARIN y FERNANDINA  AGUDELO DE ARIAS.    

4.-  Por  último, como el sentenciador dice  apoyar  su  decisión en indicios que considera graves, precisos y convergentes,  lo  único  que cabe observar es la manifiesta exorbitancia de semejante aserto.  En  efecto, si por gravedad se entiende el peso o densidad de la prueba, ninguno  de  los testimonios de oídas cumple con tal requisito; si por concordancia debe  tenerse  la  coincidencia de los indicios respecto del hecho indicado, lo único  coincidente  de  la  prueba  testimonial de oídas es de causación en rumores y  consejas,  por  lo  cual  resulta un burdo error de valoración desechar los dos  únicos  testigos  con experiencia o percepción directa y objetiva sobre hechos  relevantes  de  la  cuestión  nuclear;  y  si  por  convergencia  se  tiene  la  dirección  de indicios que apuntan unánimemente al hecho, las declaraciones de  oídas  van  en  una  dirección,  afirmando la paternidad, y las de percepción  objetiva van por otra, negándola.   

5.-  En consecuencia, el recurrente solicita  se  case  totalmente  la  sentencia  combatida  para  que  la  Corte, erigida en  Tribunal  de instancia, proceda a hacer recobrar validez a la decisión del juez  a-quo.   

CONSIDERACIONES  

1.- De entrada, preciso es señalar que como  el  Tribunal  desechó  las  causales  de presunción de paternidad relativas al  trato  personal  y  social suministrado por el presunto padre a la madre durante  el  embarazo  y parto, y la posesión notoria del estado de hijo, mal pudo haber  señalado  el  recurrente  como  quebrantados los numerales 5º y 6º, artículo  6º  de la ley 75 de 1968, relativos a esas concretas causales de presunción de  paternidad,  pues  la  sentencia  estimativa  de  la  filiación reclamada viene  edificada  sobre  el  trato sexual a que se refiere el numeral 4º, ibídem.   

2.-  De  conformidad  con lo previsto por el  artículo  368,  numeral  1º,  del  C.  de  P.  C.,  la  infracción  de la ley  sustancial,  como  causal  de casación, puede tener origen en el error de hecho  manifiesto  en la apreciación de determinada prueba, lo cual acaece, como en no  pocas  ocasiones  lo  ha señalado la Corte, cuando el  Tribunal  cree  equivocadamente  en  la  existencia  o  inexistencia de un medio  probatorio  en  el  proceso,  o  cuando  al  existente le da una interpretación  ostensiblemente  contraria  a  su contenido real, es decir, cuando desacierta en  la  contemplación  objetiva  de  la  prueba. Por ello, su estructuración sólo  puede  tener  como  causa  determinante una de estas hipótesis: a) cuando se da  por  existente en el proceso una prueba que en  él no existe realmente; b)  cuando  se  omite  analizar o apreciar la que en verdad si existe en los autos y  c)  cuando  se  valora  la  prueba  que si existe, pero se altera sin embargo su  contenido  atribuyéndole  una  inteligencia  contraria  a la real, bien sea por  adición o por cercenamiento.   

Desde luego, la carga de demostrar el error  de  hecho  imputable  al  juzgador, corresponde exclusivamente al impugnante por  mandato  del  artículo  374 del C. de P. C., pero esa labor no puede reducirse,  como  lo tiene dicho la jurisprudencia, “a  la  mera contraposición del punto de vista del recurrente con el  del   Tribunal  acerca  del  sentido  que  se  le  puede  atribuir  al  material  probatorio,  así  el  del  recurrente  merezca  el  calificativo  de racional o  atendible.  No.  Lo  que prescribe la ley es que el impugnador con miras a dejar  sentada  la  presencia  del  yerro, tiene que confrontar lo expuesto en el fallo  representado  con  la  prueba,  a  fin  de  que  de  esa confrontación brote el  desacierto   del   sentenciador   de   manera   clara   y   evidente”2,  porque  si  el desacierto corresponde a una simple exposición de  puntos  de vista antagónicos fruto de razonamientos o lucubraciones meticulosas  y  detalladas,  dejaría  de ser evidente o manifiesto conforme lo exige la ley,  evento  en  el  cual la Corte no podría tomar partido distinto al consignado en  la  sentencia  combatida,  no sólo porque ésta ingresa al recurso de casación  escoltada  de  la  presunción de acierto, sino porque ese medio de impugnación  no  es  una  oportunidad  adicional para debatir con amplitud las circunstancias  fácticas  del  proceso, como si lo fueron las instancias respectivas; o como en  otra  oportunidad  hubo  de  señalarse,  el error de  hecho  para  que  se  estructure,  además de trascendente, es decir, que sea el  determinante  de  la  decisión final, debe ser “tan  grave  y notorio que a simple vista se imponga a la mente, sin mayor esfuerzo ni  raciocinio,  o  en  otros términos, de tal magnitud, que resulte contrario a la  evidencia  del  proceso.  No  es,  por  lo  tanto,  error de hecho aquél a cuya  demostración  sólo  se  llega  mediante  un esforzado razonamiento”3.   

Ahora,  como en el caso concreto el error de  hecho  que  se atribuye al Tribunal, se encuadra en la apreciación de la prueba  testimonial,  aparte  del  dictamen  sobre  grupos  sanguíneos, acervo del cual  infirió  el  trato  sexual,  resulta  pertinente  indicar  que  a partir de los  principios  implantados  en  la  ley  75  de 1968 sobre el derecho de la persona  humana  a  conocer  quienes son sus progenitores, la Corte ha considerado que la  ponderación  de  los  testimonios  traídos  para  acreditar  las  causales  de  filiación   “tiene   que   quedar  a  la  cordura,  perspicacia  y  meditación  del  juzgador,  quien  tiene  que  analizarlos  con  ponderada  ecuanimidad  de  criterio, considerando las circunstancias personales  de  cada testigo, el medio en que estos actúan; evaluándolos no uno a uno sino  en  recíproca  compenetración  de  sus dichos, a fin de determinar hasta donde  han  de  ser  pormenorizados  los  datos  que  cada testigo aporte, y, en fin, a  sopesar  todos  los  elementos  de  juicio  que  le  permitan  el convencimiento  interior  afirmativo o negativo de la filiación deprecada. Y si la sentencia de  instancia  que  así  lo  deduzca  no  se sitúa ostensiblemente al margen de lo  razonable,  o  si  no  contradice  manifiestamente  lo  que la prueba testifical  indica,  tiene  que permanecer y mantenerse inmutable en casación, pues en esas  precisas  circunstancias  a  la  Corte  le  queda  vedado  modificar o variar la  apreciación    probatoria    que    el    fallo    impugnado   trae”4.   

3.- El artículo 6º, numeral 4º, de la ley  75  de  1968,  cuya infracción se plantea en la demanda de casación, establece  que  la  paternidad natural se presume y hay lugar a declararla judicialmente en  el  “caso  de que entre el presunto padre y la madre  hayan  existido  relaciones  sexuales en la época en que según el artículo 92  del  Código  Civil pudo tener lugar la concepción”,  relaciones   que   podrán   inferirse,   agrega  el  precepto,  “del  trato  personal  y  social  entre la madre y el presunto padre,  apreciado  dentro  de  las  circunstancias  en  que  tuvo  lugar  y  según  sus  antecedentes,    y    teniendo    en   cuenta   su   naturaleza,   intimidad   y  continuidad”.   

4.-      En     el     sub-judice,   como   quedó  anotado,  el  Tribunal,  luego  de mencionar las pruebas regularmente incorporadas al proceso,  señaló  que  la  apreciación  del  acervo  probatorio  en su conjunto permite  inferir  la  consumación  del  trato sexual entre JESUS ANIBAL HENAO MONSALVE y  MARIA  SUSANA  TABORDA  en  la  época en que según el artículo 92 del Código  Civil  se  presume  de  derecho  ocurrió  la  concepción  de  FABIOLA  ISABEL,  concretamente   “para   1965   y   1966”.  El quid del asunto estriba, entonces, en establecer si con las  pruebas  que  examinó el Tribunal se acreditó la susodicha relación dentro de  ese  marco  temporal,  el  cual desde luego comprende el de la concepción de la  demandante  teniendo en cuenta que su nacimiento ocurrió el 11 de junio de 1966  (fol. 8, C-1).   

Si en la demanda de casación se afirma que  el    ad-quem    evaluó  equivocadamente  lo  declarado  por  un  grupo  de  testigos  y no acertó en la  ponderación      de     otros,     para     acoger     unos     “decididamente  viciados”, no otra cosa se  pone  de  presente  que  en  la  sentencia  impugnada  no se ignoró el material  probatorio  recaudado,  sino  que,  según  el  impugnante,  se  tergiversó  su  contenido.  Esto  explica  el  motivo  por  el cual se adentró esforzadamente a  analizar  dicho  material  para  sacar  su  propia  conclusión con el objeto de  anteponerla  a  la del Tribunal. En efecto, en su sentir no ha debido desecharse  lo  declarado  por  quienes  conocieron  mediante  percepción  directa hechos y  circunstancias  de  relevante  contundencia  sobre  el  núcleo  fáctico  de la  contención,  y  que,  por  ende,  negaban  con  gran  dosis  de probabilidad la  paternidad  reclamada. Ciertamente, dice, no resulta ajustado a la realidad ni a  la  ley  trazar  algo  así como dos pistas de evaluación, una por donde corren  los  testigos que, aún siendo de oídas, de alguna manera favorecen el hecho de  la    paternidad    y,    por   la   otra,   los   que   no   conducen   a   tal  conclusión.   

Si  a eso apunta en últimas el recurrente,  es  claro  que  el planteamiento así esbozado no allana el camino exitoso de la  casación,  porque,  como  bien  es sabido, este medio de impugnación en manera  alguna  autoriza  entrar a disputarle al Tribunal su potestad discrecional en el  análisis  del  material  probatorio.  No  se trata, pues, de hacer ver ante los  ojos  del  fallador  que un grupo de testimonios merece mas fe, sino de destruir  la  que  al  otro  grupo le atribuyó el Tribunal, lo cual demandaría una tarea  altamente  convincente,  demostrativa  sobre  que  la  inclinación del fallador  constituye  un error craso de su parte y, por ende, contraevidente, porque, como  lo  tiene  dicho  la  Corte,  “en presencia de varios  testimonios  contradictorios  o divergentes que permitan conclusiones opuestas o  disímiles  corresponde  al  juzgador,  dentro  de  su  restringida  libertad  y  soberanía  probatoria y en ejercicio de las facultades propias de las reglas de  la  sana  crítica  establecer su mayor o menor credibilidad, pudiendo escoger a  un  grupo  como  fundamento  de la decisión desechando otro, lo que quedará en  firme  si se armoniza con su contenido y resulta razonable y lógica, pues sólo  sería  atacable  en casación por error de hecho evidente cuando la conclusión  sea  contraevidente  o absurda, porque la única lógica y conducente sea la que  se  apoye  en  los  demás  testimonios”6.   

5.-  Por lo tanto, como en el caso concreto  la  tarea  demostrativa  se  redujo a la mera contraposición del punto de vista  del  impugnador  con la del Tribunal acerca del sentido que se le pueda atribuir  al  material probatorio, resulta bien claro que el error de hecho en modo alguno  puede estructurarse.   

Aparte  de  ello,  no  es  cierto,  como lo  sostiene  la  censura,  que  las  relaciones sexuales entre Jesús Aníbal Henao  Monsalve  y María Susuna Taborda Velásquez, las infirió de lo atestiguado por  las  personas  que no les consta el trato personal y social de la pareja para la  época  en que conforme a la ley se presume de derecho la concepción de Fabiola  Isabel.  Salvo  lo  declarado  por  la  madre de ésta, todos los testigos, vale  decir,  los que presenciaron el trato personal y social, y los que no, apuntan a  decir  que  el  hecho  de  la  familiaridad  de  la  actora con el demandado era  conocido  por  todos,  pero  en verdad esa nota característica común no fue la  trascendente  para  deducir  las  relaciones sexuales, sino que ellas las dedujo  por  aparecer  facilitadas  en “lugares desolados, un  cafetal  (…),  aunados a la cercanía y conocimiento personal de la pareja, la  oportunidad  de  estar  juntos  a solas, el abandono en que se encontraba SUSANA  TABORDA   al   haberse  ido  su  esposo”;  en  otras  palabras,  la  convicción  del  hecho  fue  extraído  de  quienes por contacto  directo  estuvieron  al  lado  de  los  protagonistas  de  los hechos. Por ello,  expresamente  señaló  que  la  circunstancia  relativa  al  trato sexual de la  pareja,  no  al hecho de la familiaridad dicha, que es algo totalmente distinto,  no  podía  dejarse  por establecido con lo vertido por Jorge Luis Borda Taborda  (fols.  6-8,  C-3),  Gloria  Elena  de  Fatima  Solis  de  Zuleta  (fols.  8-10,  ib.),  Fabiola Inés Estrada  Henao  (fols.  23-25,  ib.),  Leonardo  Henao  Franco  (fols.  27-28,  C-7),  Libertulfo Henao Restrepo (fols.  29-31,  ib.) y José Aicardo  Henao   Monsalve   (fols.  5-6,  C-3),  éste  porque  nada  informó  sobre  el  particular,  los  otros porque dada su edad, algunos no habían nacido, otros no  superaban  los  diez  años,  no  podían  tener  conocimiento de tales sucesos,  incluyendo,  por  obvias  razones  lo  dicho  por  la  propia  demandante.    

Así,   entonces,   el  trato  sexual  se  determinó  a  partir  de  lo  expuesto  por  María Resfa Henao de Henao (fols.  29-31,  C-7),  de  66 años, de quien el propio recurrente manifiesta que sería  necio  desconocerle  trascendencia  por  haber  vivido y trabajado en casa de su  hermano,  el  demandado,  lugar  a donde también ayudaba Susana, persona que no  sólo  revela  que  para  la  época, años 1965 y 1966, Aníbal “era  muy  especial  con  ella,  y  él me decía que le arreglara un  almuerzo  bueno a Susana y le da esto y aquéllo…”,  sino  que  menciona  aspectos  como  que “ella cogía  café  con  él  y  yo  también  cogía  café  con ellos, y el mantenía mucha  especialidad  con  ella.  Ellos  por donde quiera andaban juntos y yo sospechaba  algo   de   ellos”,  agregando  que  no  presenció  directamente  el  trato  sexual, “pues ellos eran muy  cultos.  El  le decía Susana vámonos a cortar leña, o a buscar un revueltico,  y  yo  mi  imagino  que  en  ir  y cortar leña o el revueltico, consiguieron la  muchachita”,  respecto  de  lo cual el recurrente ni  siquiera  hace  mención  como  si  lo  hizo el Tribunal. El testimonio de MARIA  GRISELDA  TABORDA  DE  BORDA  (fols.  16-18,  C-3),  de 60 años, lo critica por  contradictorio  en  relación  con  el lugar donde residía Susuna, cuando nadie  desconoce  que  no  viviera en “El Olimpo” y sin parar en mientes, como tuvo  la  oportunidad  de  advertirlo  el ad-quem,  que  por  percepción directa, no de oídas, sabe que la madre de  la  actora trabajó con el demandado “muchas veces en  el   cafetal  cogiendo  café  y  otras  en  la  casa,  despasillando  o  en  la  cocina”, llegándoles a ver para la época de agosto  a   diciembre   de  1965,  “algunas  formalidades  y  confianzas”,  trabajo del cual también es conocedor  directo     LIBARDO     TABORDA     MARQUEZ     (fols.    18-20,    ib.),   de   58   años,   quien  además  manifiesta   que   cuando   Aníbal   venía   de   la   finca   “subía  en  el  bus  y  se  entraba  para  allá  para  la  casa  de  Susana”,  de  donde  se  desprede  que  en  lugar de  desvirtuar la relación, como se sostiene, la confirma.   

De   otra   parte,  la  crítica  que  el  casacionista  expone  respecto  a  la  apreciación del testimonio de la señora  María  Susana  Taborda  de Velásquez, madre de la demandante, que en su sentir  crece   de   valor   aún   frente  a  la  pretensión  de  filiación,  resulta  intrascendente,  pues  si  en  gracia  de discusión se aceptara como válida la  tesis  del  recurrente  y  se descubriera el error denunciado en la ponderación  que  de  él  hizo el ad-quem,  la  sentencia  impugnada  seguiría  siendo inquebrantable, pues definitivamente  los  otros medios de prueba allegados al proceso y no demeritados, le seguirían  dando  apoyo,  porque esa no fue la única prueba que el Tribunal tuvo en cuenta  para  deducir  el  trato  sexual, como tampoco lo fue la prueba genética cuando  expresó  que,  “si  bien  no  puede  aceptarse como  única  de paternidad, si está acompañada de otras pruebas contribuye a dar la  certeza  que  se  requiere  para  un fallo declarativo de paternidad”.   

Por  último,  no  resulta  al margen de lo  razonable  la  crítica  vertida en relación con los testigos Guillermo Antonio  Salazar  Marin  y  Fernardina Agudelo de Arias, frente a la supuesta ausencia de  la  madre  de  la  demandante  del lugar y época de los hechos, así como de la  circunstancia  de  no  haber trabajado en la finca y hogar de Aníbal, únicos a  los  cuales,  en  sentir  del  impugnante,  debe dárseles credibilidad, pues lo  dicho  por  ellos  en  relación con esos mismos hechos no es contradictorio con  testigos  de  oídas,  como  se  propone, sino de percepción directa, aparte de  resultar  inconsistentes con la postura del propio demandado, según lo señaló  el  Tribunal. En efecto, baste señalar que al contestar la demanda dicho sujeto  procesal  aceptó  que  se veía con Susana en el camino común de las viviendas  hasta  que  la  contrató  para  que  cogiera  café en la finca y ayudara a los  oficios  domésticos  (fols. 2, hecho 7, y 16, C-1), circunstancias estas que si  bien  dubita al contestar el interrogatorio (fols. 1-2, C-3), termina aceptando,  inclusive expresando que la conoció con anterioridad a 1965.   

6.-  En  ese orden de ideas, la conclusión  probatoria  del  Tribunal no resulta contraevidente o absurda; por el contrario,  es  lógica  y razonable, de donde se sigue que la ensayada por el recurrente no  tiene  el  mérito  de  contrarrestarla,  aparte  de  no ser en verdad la única  posibilidad lógica y conducente.   

Si lo anterior no fuera poco, el censor con  el  objeto  de  ensayar  su  propia  conclusión probatoria pasa “a  ver  cómo  la  crítica  que  hace  el  Tribunal  de  la  prueba  testimonial  no  es  ‘sana  crítica’, como lo prevé  y  manda  el  artículo 187 del C. de P. C.”, lo cual  pone  de presente que si el Tribunal se equivocó en la apreciación en conjunto  de  los  diversos medios de convicción de conformidad con las reglas de la sana  crítica,  “tal  clase de yerro, en caso de existir,  sería  de  derecho  y no de hecho”, como lo reiteró  la  Corte  en  fallo  de  14  de  octubre  de  19937,   impropiedad  esta  que  se  convierte  en  una  razón  más para negarle prosperidad al cargo, pues como se  dejó  visto,  toda  la  acusación viene montada por la comisión de errores de  hecho y no de derecho.   

7.-  El cargo, entonces, resulta infundado.   

DECISION  

En  armonía  con  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, administrando justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,  NO  CASA la sentencia de 19 de julio de 1993, proferida  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Antioquia, Sala de Familia,  en  el  proceso  ordinario incoado por FABIOLA ISABEL VELASQUEZ TABORDA frente a  ROBERTO  ANTONIO  VELASQUEZ,  MARIA  SUSANA  TABORDA DE VELASQUEZ y JESUS ANIBAL  HENAO MONSALVE.   

Las  costas  del recurso corren a cargo del  demandado recurrente. Tásense.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen.   

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS    

1 Cas.  Civ. Sentencia de 28 de julio de 1976.   

2 Cfr.  Cas. Civ. Sentencia de 4 de noviembre de 1993.   

3 G.J.  Tomo LXXVII, pág. 972.   

4 G.J.  Tomo CLXXX, pág. 365.   

5 Cas.  Civ. de agosto 13 de 1979.   

6 G.J.  Tomo CCIV, pág. 20.   

7 G.J.  Tomo CCXXV, número 2464, segunda parte, pág. 244.     

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