S 042 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-042-97

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente:  Dr. JOSÉ FERNANDO  RAMÍREZ GÓMEZ   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  doce  (12) de  agosto de mil novecientos noventa y siete (1997)   

                                                    Referencia:             Expediente 4546   

                                    Procede  la  Corte  a  dictar  sentencia  sustitutiva  de la proferida el 22 de junio de 1993 por la Sala Civil  Laboral  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Villavicencio, para  ponerle  fin  en segunda instancia a este proceso ordinario promovido por CARMEN  ALICIA  QUENZA  DE  LOMONACO,  para  la  comunidad  conformada  con las personas  identificadas  en  la  demanda,  contra  la  INTENDENCIA  NACIONAL  DEL  ARAUCA,  actualmente Departamento de Arauca.   

ANTECEDENTES  

                                   1.  CARMEN  ALICIA  QUENZA  DE  LOMONACO,  quien  dijo  actuar  en  su  carácter  de copropietaria del inmueble  materia  de  la  litis  y  en  favor  de la comunidad integrada por ella y Lilia  Quenza  de  Imbett,  Margarita  Quenza  de Parales, Amelia Quenza de Rodríguez,  Rosa  Quenza de Canay, Santiago Quenza Bernal, Cecilia Quenza de Pérez y Esther  Luisa  Quenza  de  Hallagan,  demandó  a  la  INTENDENCIA  NACIONAL  DE ARAUCA,  representada  por  el señor Coronel Fernando González Muñoz, en su calidad de  Intendente  y  con citación del señor Agente del Ministerio Público, para que  previos  los  trámites  de un proceso ordinario de mayor cuantía, se declarara  en  sentencia que le pertenecía en común y proindiviso con las personas a cuyo  favor  actúa un predio con cabida aproximada de 15 hectáreas con 5.736 m2., el  cual  está  ubicado  en el perímetro urbano del municipio de Arauca contiguo a  los  barrios  Meridiano 70 y Cristo Rey dentro de los linderos consignados en el  hecho  1º.  de  la  demanda.  También solicitó que se declarará que de dicho  predio  hace  parte  un terreno que actualmente ocupa la «Concentración Escolar  Carabinero  Gustavo  Villa  Díaz»,  ubicado  dentro  de los linderos especiales  señalados  en  el hecho 5º. de la demanda. Como consecuencia de las anteriores  declaraciones  solicitó, además, que se condenara a la demandada a restituir a  la  copropiedad  en  cuyo favor actúa, el predio sobre el cual está construido  el  centro  educativo  mencionado  y  al pago de los frutos civiles y naturales,  producidos  o  que  había  podido producir con mediana inteligencia por todo el  tiempo en que ha estado en posesión de dicho bien.   

                                  2. Las pretensiones se apoyan en  los hechos que se resumen a continuación:   

                                  2.1.             La  demandante y demás  copropietarios  adquirieron  el  lote  de terreno en mención, por adjudicación  que  se les hiciera dentro del proceso de sucesión intestada de Santiago Quenza  Briceño.   

                                  2.2.            El trabajo de partición  adicional  y  su  sentencia  aprobatoria  del  13  de septiembre de 1988, fueron  debidamente  registrados  en el folio de matrícula inmobiliaria No. 410-0015019  de  la  oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos del Círculo de Arauca y  protocolizado  mediante escritura pública No. 1039 del 20 de octubre de 1988 de  la Notaría Unica del Círculo de Arauca.   

                                  2.3.            El inmueble en cuestión  lo  adquirió el causante Santiago Quenza Briceño por adjudicación que le hizo  el   Ministerio  de  Agricultura,  División  de  Recursos  Naturales,  Sección  Baldíos,  mediante  Resolución  No.01321  del  12 de julio de 1958, registrada  también  en  la  oficina  de Registro de Instrumentos Públicos del círculo de  Arauca,  y protocolizada en la Notaría Unica del mismo círculo por medio de la  escritura pública No. 12 del 8 de septiembre de 1958.   

                                  2.4.          Desde hace unos diez años  aproximadamente  la  demandada  ocupa,  sin  título legal alguno, con ánimo de  señor  y dueño un área de unas tres (3) hectáreas del predio antes descrito,  donde  estableció mejoras y levantó edificaciones, porción comprendida dentro  de los linderos que se señalan en el libelo.   

                                  2.5.  La Concentración Escolar  Carabinero  Gustavo  Villa  Díaz es un establecimiento público de propiedad de  la  Intendencia  Nacional  de Arauca conforme a la Resolución No. 236 de 1981 y  al Decreto Intendencial No. 294 de 1987.   

                                  3. Notificado del auto admisorio  de  la  demanda,  el  ente  público  demandado se opuso a la prosperidad de las  pretensiones  (fls.  13  al  15. c.1). En cuanto a los hechos expresó que no le  constaban  el  primero, segundo, tercero y cuarto, negó el sexto y el séptimo,  mientras  que  respecto  del quinto se atuvo a lo que se probara, siendo este su  contenido:    “Desde   hace   unos   diez   años  aproximadamente  la  Intendencia Nacional de Arauca ocupa con ánimo de señor y  dueño  una  parte  del  predio  antes  descrito,  donde  estableció  mejoras y  levantó     edificaciones,     con     un     área    aproximada    de    tres  hectáreas..”. Como excepciones de mérito formuló  las  que denominó falta de legitimación en la causa por activa y no comprender  la    demanda   todas   las   personas   que   constituyen   el   litisconsorcio  necesario.   

                                  En la misma oportunidad invocó  como  excepción  previa  la ineptitud de la demanda por falta de los requisitos  formales, la cual fue resuelta en forma adversa.   

LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA  

                                 Mediante fallo del 3 de noviembre  de  1992  (fls.  231  al 244, c.1), se condenó a la demandada a restituir a los  demandantes:  “a)  el  terreno  comprendido  por la  Concentración       Escolar      ‘Gustavo    Villa    Diaz’,  descrito  en  la  parte considerativa, que quedó avaluado en la  cantidad  de  ciento sesenta y ocho millones ciento cuarenta y cuatro mil pesos;  b)  todas  las  mejoras  útiles, construcciones existentes en la Concentración  Escolar  ‘Gustavo  Villa  Diaz’,  por  carecer  de  título  idóneo y no haberse obrado de buena fé para la posesión material del  bien  que  quedaron  avaluadas en la cantidad de ciento cuarenta y seis millones  ochocientos  diecisiete  mil  pesos;  c) los frutos naturales y civiles del bien  inmueble  anterior y que la comunidad de propietarios hubiese percibido si aquel  hubiese  estado  en  su  poder”.  Respecto  de esta  última  condena  dijo  el  fallador  que  se  hacía  en  abstracto  y  que  su  liquidación  debía  efectuarse  conforme  al trámite previsto en el artículo  308  del  C.  de P. C., de acuerdo con las reglas que se consignaron en la parte  motiva de la sentencia.   

LA CONSULTA  

                                Consultada  la  sentencia  por  haber  resultado  adversa  al  ente público demandado, el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Villavicencio, por fallo de 22 de junio de 1993, revocó  lo  resuelto por el a quo, y en su lugar absolvió a la parte demandada (fls. 11  a 19 c. 4).   

                               Interpuesto, a su turno, recurso  extraordinario  de  casación contra este último fallo, el mismo fue casado por  esta  Corporación  el 25 de junio de 1996 (fls. 54 al 85. c. Corte), por cuanto  se  estimó que con la decisión impugnada el ad quem  había   infringido  de  manera  directa  tanto  el  artículo  16  del  Decreto  2304 de 1989, como el 946 del C. C., el primero por  aplicación indebida, y el segundo por falta de aplicación.   

                                  Practicadas   las   pruebas  decretadas  de  oficio,  procede  ahora  proferir  sentencia de mérito, una vez  verificada la existencia y validez formal del proceso.   

CONSIDERACIONES  

                               1. De conformidad con el Código  Civil   Colombiano,   pertinente  resulta  distinguir  en  torno  a  la  acción  reivindicatoria,  la  pretensión que tiene como objeto la reivindicación de la  cosa  misma que posee el demandado (arts. 946, 948 y 951), de la pretensión que  comporta  las  llamadas  reivindicaciones fictas o presuntas, donde el objeto de  la  pretensión  ya  no  es la cosa singular, sino su equivalencia en dinero, en  los términos de los arts. 955 y 957 del C. Civil.   

                                A partir del deslinde anterior,  se   identifican   los   elementos   que   estructuran   una   y  otra  acción,  específicamente  cuando ellas se proponen como atributo del derecho de dominio.  Así  entonces,  con  apoyo en los arts. 946, 947, 950 y 952 ibídem, doctrina y  jurisprudencia,   unánimemente,   señalan  como  presupuestos  de  la  acción  reivindicatoria   o   de   dominio,  los  siguientes:  derecho  de  dominio  del  demandante;  posesión  actual del demandado; identidad entre el bien perseguido  por  el  demandante  y  el poseído por el demandado, y que se trate de una cosa  singular   reivindicable,   o   una   cuota  determinada  proindiviso  de  ella.  Tratándose  de  la  reivindicación  ficta o presunta, los anteriores elementos  deben  adicionarse  con  los de la demostración de la enajenación de la cosa y  la imposibilidad o dificultad de la persecución.   

                               De otro lado, por lo que importa  para  la solución del presente caso, debe dejarse en claro que el planteamiento  de  la pretensión restitutoria del cuerpo cierto determinado, no es óbice para  el  reconocimiento de la equivalencia dineraria cuando en el proceso se verifica  la  hipótesis  del  art.  955  en lo atinente a la destinación de la cosa a un  servicio  público  o  de utilidad social, porque de ninguna manera ello implica  un  cambio  del  objeto  de  la  pretensión  que a la postre se tradujera en un  problema   de  incongruencia,  pues  cualquiera  sea  el  reconocimiento  de  la  sentencia  lo  que  se  está tutelando es el derecho de dominio del demandante,  que  a decir verdad es el objeto de su pretensión. De manera que cuando el juez  opta  por  condenar  a  pagar  el  equivalente  monetario,  no  empece a haberse  formulado  pretensión  dirigida  a  la persecución de la cosa sobre la cual se  ostenta  el  derecho  de  dominio,  lo  único que hace es consultar la realidad  probatoria   del   proceso,   en   cuanto  le  indica  que  se  ha  “hecho  imposible  o  difícil” la  persecución  en los términos propuestos, que entre otras cosas, como ya quedó  expuesto,  constituye  elemento  específico de esta particular reivindicación,  necesariamente  verificable  por  el  juez,  porque  es  la  autoridad  judicial  competente  la  que  al  fin  de  cuentas debe calificar la situación objeto de  contención  y  especialmente  lo  concerniente  a  la destinación del bien que  genera el impedimento para la restitución efectiva de la cosa.   

      

                                  2.  Aplicadas  las  nociones  anteriores al caso concreto se tiene:   

                               2.1. El derecho de dominio de la  parte  demandante sobre el inmueble objeto de la pretensión, esta acreditado en  el  expediente  con  copia  debidamente autenticada de la escritura pública No.  1039  del  20  de  octubre  de  1988 de la Notaría única del circulo de Arauca  (fls.  102  al  121, c.1), registrada en el folio de matrícula inmobiliaria No.  410-0015019  (fl. 94 ib.),  documentos  en los cuales consta que el inmueble dentro del cual se encuentra el  predio  que persigue la actora le fue adjudicado a ésta en común y proindiviso  con  siete  (7)  de  sus  hermanos  dentro  del proceso de sucesión de Santiago  Quenza Briceño.   

                                  2.2.  En  relación  con  la  posesión  del  demandado,  ésta aparece acreditada no solo porque al contestar  el  hecho  quinto  se  respondió en forma elusiva sobre esa situación, lo cual  genera  un  indicio  al  tenor del art. 95 del C. de P. Civil en armonía con el  art.  249,  ibídem,  sino  por  lo  verificado  en la diligencia de inspección  judicial  realizada sobre el inmueble cuyo derecho de dominio se encontraba para  ese  momento  en  cabeza  de  la comunidad demandante, así como por la conducta  procesal  asumida  por el ente público demandado durante todo el transcurso del  proceso,  ya  que  nunca  controvirtió o negó la condición de poseedor que le  atribuyó  la  parte  actora.  Antes,  por  el  contrario, desde un principio su  representante  legal  mostró  la intención de llegar a un acuerdo amigable con  la  demandante.  En efecto, desde la audiencia que reglamenta  el artículo  101  del  C.  de  P.  C., solicitó la suspensión del proceso y autorizó a sus  asesores   jurídicos   y   en   especial   al  jefe  de  la  Oficina  Jurídica  “para  tomar  las acciones necesarias tendientes a  llegar  a  un  acuerdo  entre  las partes” (fl. 29,  c.1),   acuerdo   que   finalmente   se  cristalizó  mediante  el  contrato  de  transacción  que  celebrara  con siete de los copropietarios del inmueble el 18  de  octubre  de 1996, en el cual aceptó expresamente su condición de poseedor,  así:  “C.  Es  claro,  especialmente  luego de la  DECISION  que  el Departamento de Arauca, como poseedor no dueño del terreno lo  restituya  a  sus copropietarios no poseedores y que obliga a la Administración  Pública  regularizar cuanto antes la situación jurídica del terreno en el que  fue  construido  el  Colegio  Departamental Gustavo Villa Diaz, afectado por tal  debido obvios impedimentos..”. (Fl. 132, de este cdno).   

Dicho  acuerdo  fue  elevado  a  escritura  pública  el  23  de  noviembre   de  1996  en  la Notaría Unica  del  Círculo  de Arauca (fls.127 al 130 de este cdno.),  instrumento en el cual  nuevamente   se   reconoce   de  manera  expresa  la  posesión  por  parte  del  Departamento.  El mismo fue aceptado  por la Corte mediante proveído del 3  de  marzo de 1997 (fls. 158 al 164, ib.),  terminándose en consecuencia de  esa  manera  anormal este proceso respecto de los copropietarios Lilia Quenza de  Imbett,  Margarita  Quenza  de  Parales, Amelia Quenza de Rodriguez, Rosa Isabel  Quenza  de  Canay,  Carmen  Cecilia  Quenza  de  Pérez,  Esther Luisa Quenza de  Hallagan y Santiago Quenza Bernal.   

   

                                  2.3.  En  cuanto  atañe  al  elemento   identidad,   éste   está   acreditado  mediante  la  diligencia  de  inspección  judicial  mencionada  (fls.  141  al  144,  c.1), lo dictaminado al  respecto  por  los auxiliares de la justicia designados para tal efecto, quienes  afirmaron  que  dentro  del  inmueble cuyo derecho de dominio demostró la parte  demandante   fue  construida  la  concentración  escolar  Gustavo  Villa  Díaz  (fls.163  al  176.  c.1), concepto que no fue  controvertido por ninguna de  las partes.   

                                2.4.  Respecto al resto de los  elementos   mencionados  no  se  encuentra  dificultad  alguna,  puesto  que  la  pretensión  recae  sobre una cosa singular como es el predio o terreno sobre el  cual  fue  edificado  el centro educativo en mención, es decir, que el poseedor  lo destinó a un servicio de interés social o utilidad pública.   

                                3.  Así  las  cosas,  como en  principio  se  encuentran  probados  los  elementos  estructurales de la acción  reivindicatoria,  procede  pasar  a  analizar  las excepciones formuladas por la  parte demandada.   

                                3.1.  La excepción denominada  “FALTA  DE LEGITIMACION EN LA CAUSA POR ACTIVA”,  la  cual  sustenta  el  demandado  en  dos hechos, a  saber:  a.  “La  demandante  no  ha  acreditado la  calidad  de  propietaria  del inmueble que pretende reivindicar, como tampoco su  calidad   de   copropietaria   en   cuyo   nombre  dice  actuar.”,  y, b. “No existe identidad entre el  globo  de  terreno  del que dice ser copropietaria la demandante con el inmueble  que  es  objeto  del presente proceso”, es evidente  que  no puede prosperar conforme a lo antes expuesto con fundamento en el acervo  probatorio.   

                                  3.2.   Tratándose   de  la  excepción  denominada: “NO COMPRENDER LA DEMANDA A  TODAS  LAS  PERSONAS  QUE CONSTITUYEN EL LITISCONSORCIO NECESARIO”,  fincada  en  que la demanda debió ser presentada por todos los  copropietarios,  pues  de  lo contrario podría verse expuesto a soportar varios  procesos  relacionados  con los mismos hechos e idéntica finalidad, lo que a su  vez  podría conducir a que se profirieran fallos contradictorios; es lo cierto,  como  es  suficientemente  conocido,  que  uno  solo  de  los  copropietarios se  encuentra  legitimado  para  esgrimir  pretensiones  como  la  que  es objeto de  estudio,  siempre  y  cuando éstas se intenten para la comunidad. Es decir, por  activa,  los  dueños  del bien común no conforman un litisconsorcio necesario,  como  si  ocurre  por  pasiva,  pues  en  el  evento  en que la demandada sea la  comunidad  o  la  copropiedad,  la demanda se tiene que dirigir contra todos los  comuneros o copropietarios.   

                               Sobre el tema ha dicho la Corte:  “Por  activa  el  comunero  está  capacitado para  reivindicar  la  cosa  indivisa,  en  su propio carácter de estar en común con  otras   personas,   a  quienes  puede  favorecer,  pero  no  perjudicar  con  su  actuación.  En  tanto  que  por  pasiva  y  como corolario de lo anterior, toda  demanda  referente  a  la  cosa común debe comprender a todos y cada uno de los  comuneros,  para  que a todos los afecte el fallo, supuesto que la actuación de  uno  solo de ellos, en modo alguno podrá perjudicar al comunero o comuneros que  no     intervinieron     como    parte    en    el    juicio”.    (C.S.J., G.J. t. LXXVIII, pág. 397).   

                                Por lo tanto, como en el asunto  que  ocupa la atención de la Sala, se observa que en el libelo introductorio la  accionante    dijo    claramente    que    actuaba    en    su   “carácter  de  copropietaria  del inmueble materia de esta litis y  en  favor  de  la  comunidad”  (fl.  1,  c.1),  es  palmario  que el medio exceptivo materia de análisis tampoco resulta procedente  para aniquilar las aspiraciones de ésta.   

                                  En  el  asunto  sub  judice  en  ningún momento se ha  alegado  que  el centro educativo en mención sea coposeedor y mucho menos se ha  probado  tal  condición.  Contrariamente,  el  demandado admitió su calidad de  poseedor  y  en  ejercicio  de la misma efectuó un contrato de transacción con  siete  (7)  de  los  hermanos que conforman la copropiedad, a quienes compró su  derecho  de  dominio  con el ánimo de “regularizar  cuanto  antes  la  situación  jurídica del terreno en el que fue construido el  Colegio  Departamental  Gustavo  Villa  Díaz,  afectado  por  tal debido obvios  impedimentos  para la proyección de ensanches y para recibir importantes ayudas  del  sector  privado ofrecidas..”, (fl.132, de este  cdno).  Al  respecto  debe  destacarse  lo  declarado  en  la escritura pública  mediante  la cual se formalizó el citado contrato de transacción (la cláusula  séptima):  “El  lote  de  terreno cuyo derecho de  dominio  se  enajena  viene siendo poseído materialmente por el DEPARTAMENTO DE  ARAUCA  CON  EL COLEGIO GUSTAVO VILLA DIAZ, construido en el mismo desde el año  de   mil   novecientos    setenta   y   nueve   (1979)   …” (fl. 129 vto. ib.)    

                                4. Corolario de lo anterior es  que  como  ninguna de las defensas esgrimidas por la parte demandada en su favor  logró  enervar  las pretensiones de la actora, debe accederse a las mismas, mas  no  en  la  forma  dispuesta por el a quo,  por  las  razones  expuestas anteriormente y en la sentencia de  casación  (fls. 54 al 85, c. principal Corte), conforme con las cuales se dejó  sentado  que  cuando  por  motivos  de  interés  o de utilidad pública se haga  difícil  o  no  sea  posible  ordenar  la  restitución  del  bien objeto de la  reivindicación,  el fallador está autorizado a aplicar de manera analógica la  acción  reivindicatoria  por  equivalencia,  ficta  o presunta que se encuentra  consagrada  en  el  artículo 955 del C. C., es decir, a ordenar que a cambio de  la  restitución  del  bien  perseguido  se  pague  el  valor del mismo, más la  indemnización de todo perjuicio, si a esto último hubiere lugar.   

                                4.1.  En  este  proceso  en la  sentencia  de  casación  la  Corte  ordenó  oficiosamente  que por expertos se  practicara  una  experticia  con  el  fin  de  determinar,  además del área de  terreno poseída por el demandado, el valor de la misma.   

                                En cumplimiento de lo anterior,  los  auxiliares  de  la justicia designados para el efecto conceptuaron (fls. 53  al  64,  c.  pruebas  de  la  Corte),  que  el  ente demandado posee un total de  78.856.74  metros  cuadrados  y que el valor del metro cuadrado para el año que  corre   equivale   a   $14.160.oo   pesos.  Teniendo  en  consideración  dichos  parámetros,   el   predio   en   cuestión   fue   avaluado   en   la  suma  de  $1.116.611.438.4,  avalúo  que  acoge  la  Corte  en  razón  a que el mismo se  encuentra  debidamente  fundamentado, además de no haber sido controvertido por  ninguna  de las partes, quienes por el contrario lo acogieron, hasta el punto de  realizar con apoyo en él la transacción mencionada.   

                               Por lo tanto, como quiera que la  demandante  es  dueña  de  una  octava  parte  de  dicho  terreno,  habiéndose  adquirido  durante  el  transcurso del proceso por el Departamento del Arauca el  derecho   de   dominio  de  las  otras  siete  (7)  cuotas  que  conformaban  la  copropiedad,  se  ordenará  a  este último que pague a CARMEN ALICIA QUENZA DE  LOMONACO  la  suma  de  $139.576.429.8, equivalente a la octava parte del precio  del inmueble objeto de la reivindicación.   

                                4.2.  En  lo  referente  a las  prestaciones  mutuas,  contrario  a  lo  estimado  por  el  fallador  de primera  instancia,  el  demandado  se  debe  considerar  como poseedor de buena fe, pues  existiendo  una  presunción  general  al respecto (artículo 769 del C. C.), la  actora  tenía  la  carga  de  desvirtuarla.  En  este  caso,  ni siquiera se le  atribuyó  condición  contraria  al ente público demandado, pues la demandante  se  limitó  a  decir:  “La intendencia Nacional de  Arauca  carece  de todo título legal válido para ocupar o poseer esta porción  de    terreno..”.    Afirmación   que   resulta  insuficiente  para  deducir la mala fe, ya que la jurisprudencia tiene decantado  que  la  falta  de  título no es indicativa necesariamente de dicha condición,  porque  aún  sin tenerlo se puede ser poseedor de buena fe, pues entendida ella  como  la  conciencia  de  haberse  adquirido  el  dominio  de la cosa por medios  legítimos,  exentos  de fraude y de todo otro vicio, puede tener lugar también  cuando  el  poseedor  apoya  su posesión en un titulo aparente o putativo y, en  este  caso,  los declarantes Juan José Guevara Maturana, María Stella Galindez  Tovar,   Pedro  Nel  Castellanos  Cermeño  y  Melchor  Genaro  Orozco  Naranjo,  coincidieron   en   afirmar   que   el  predio  en  cuestión  fue  “donado”  por la señora Margarita  Bernal  viuda  de  Quenza  para efectos de la construcción del centro educativo  que  allí  funciona  en  la  actualidad.  Luego  el  poseedor habría entrado a  ejercer  la  posesión  del  predio con el convencimiento de haberlo obtenido de  quien era su dueño.   

                               4.3. Así las cosas, considerado  el  demandado  como  poseedor  de  buena fe, sólo estaría obligado a restituir  frutos  en los términos del art. 964 del C. Civil, después de la notificación  del  auto  admisorio de la demanda. Empero, como la norma que analógicamente se  está  aplicando  es  la  del  art.  955  del  C.  Civil, por este aspecto no se  impondrá  condena  alguna  al  Departamento  demandado, ya que la hipótesis de  indemnización  de  perjuicios  que  allí se prevé, no guarda similitud con el  presente  caso, donde además de no haberse demostrado perjuicio alguno, la cosa  sigue  siendo  poseída  por  el  demandado, lo cual descarta la enajenación de  mala  fe  que  la  norma toma como base para efectos de la indemnización, entre  otras cosas de perjuicios y no de frutos.   

                                4.4.  En  lo  que  respecta al  reconocimiento  de las expensas necesarias y mejoras útiles, no obstante que el  poseedor  vencido  tiene  derecho  a  que  se  le abonen las primeras según las  reglas  señaladas  en  el art. 965 del C.C., y a las segundas, cuando siendo de  buena  fe,  las  ha  efectuado antes de la contestación de la demanda (art.996,  ib),  no  habrá lugar a  dicho  reconocimiento,   por la sencilla razón que el ente demandado queda  con  el  dominio de las mismas, en razón a que no se va ordenar la restitución  del inmueble conforme a lo ya explicado.   

DECISION  

                                Por lo anteriormente expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, en sede de instancia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

FALLA:  

                                PRIMERO: REVOCASE la  sentencia de primera instancia, dictada en este proceso por el  Juzgado  Segundo  Promiscuo  del  Circuito  de  Arauca  el  3  de  noviembre  de  1992.   

                                    SEGUNDO:    Decláranse  no  probadas  las excepciones de fondo propuestas por  el  demandado,  denominadas  falta  de legitimación en la causa por activa y no  comprender  la  demanda  todas  las  personas  que constituyen el litisconsorcio  necesario.   

                                    TERCERO:    Accédese  a  la  reivindicación  demandada, pero en la modalidad  prevista  en  el  artículo 955 del C. C., de acuerdo a lo explicado en la parte  motiva de esta providencia.   

                                     CUARTO:    Como  consecuencia  de  lo  anterior se ordena al Departamento del  Arauca  le  pague  a  la  actora  la  suma  de  ciento  treinta y nueve millones  quinientos  setenta  y seis mil cuatrocientos veintinueve pesos ($ 139.576.429),  correspondiente   al   valor  de  su  cuota  sobre  el  inmueble  objeto  de  la  reivindicación.   

                                     QUINTO:    También  como  consecuencia de lo dicho, se ordena que el título  de  dominio  que  posee  la accionante sobre el predio objeto de la litis, en la  cuota  correspondiente  quede  en  cabeza del ente público demandado, para cuyo  efecto  se  ordena  inscribir  esta  sentencia  en  la  Oficina  de  Registro de  Instrumentos Públicos.   

                                      SEXTO:    Conforme   a   lo   expuesto   no   hay   lugar   a   condena  por  frutos.   

                                    SEPTIMO:    No  hay  lugar  al  reconocimiento  de  expensas  necesarias ni de  mejoras   útiles,   conforme   con  lo  expuesto  en  la  motivación  de  esta  providencia.   

                                     OCTAVO:    Las  costas de primera instancia, excluido el rubro de agencias en  derecho,   y  reducidas  a  una  octava  parte  (1/8),  serán  pagadas  por  el  Departamento  demandado  a  la  señora  Carmen  Alicia Quenza de Lomonaco (art.  392-1 inc. 2 del C. de P. Civil).   

                                  Cópiese,   notifíquese  y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

(En permiso)  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS    

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