SC 091 2005 [1798]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-091-2005 [1798]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente  

PEDRO   OCTAVIO  MUNAR  CADENA   

Bogotá Distrito Capital,  veinticuatro (24) de mayo de dos mil cinco (2005).   

Ref:  Expediente C. No.1798   

                    Decídese por  la  Corte,  el recurso de casación interpuesto por la  parte  demandante  contra  la sentencia del 18 de febrero de 2000, proferida por  la  Sala  Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, dentro  del  proceso  ordinario  adelantado por “PROMOVENTAS  LTDA”       frente       a       CORPORACION  NACIONAL DE AHORRO Y VIVIENDA “CONAVI”.   

ANTECEDENTES  

                   1. Impetró la  citada  demandante  que se declarase a la demandada “civil y comercialmente”  responsable  de todos los daños y perjuicios ocasionados a Promoventas Limitada  por  haber  acreditado  en la cuenta de ahorros personal de Jesús Aníbal Ruiz,  sumas  de  dinero  que  corresponden  a  cheques girados a nombre de la sociedad  actora;   subsecuentemente,   que   se   le   condene   a   pagar  la  siguiente  indemnización:  a)  por daño emergente, la suma actualizada que corresponde al  valor  total  de  los  cheques  indebidamente  consignados que se acredite en el  proceso;  b)  por  lucro  cesante el valor de los intereses comerciales sobre la  cantidad  fijada  como daño emergente. Finalmente, que en caso de ser necesario  iniciar  un proceso ejecutivo para el cobro de la condena impuesta, se proceda a  su actualización hasta el momento del pago.   

                   2. Adujo, para  sustentar  esos  pedimentos que, dada su actividad mercantil, Promoventas Ltda.,  luego  de  analizar  diferentes ofertas bancarias para el manejo de sus dineros,  encontró   que   la   presentada   por   Conavi  ofrecía  una  “garantía  o  condición”   decisivamente   importante   consistente   en  que  los  cheques  elaborados  a  nombre  de  personas jurídicas no podían consignarse en cuentas  personales,  lo que aseguraba que los empleados o personas que manejaran cheques  expedidos  a  su nombre, sólo podrían consignarlos en la cuenta de la empresa,  puesto  que no se permitía su depósito en cuentas personales de empleados o de  terceros.  Atendiendo la anotada circunstancia, el 27 de febrero de 1989, abrió  en  Conavi la cuenta de ahorro 1006 -7901405, en la cual empleados y clientes de  la   demandante   debían  consignar  los  dineros  producto  de  las  distintas  transacciones.  Las  obligaciones  de  las  partes  del contrato de depósito en  cuenta  de  ahorro  aparecen impresas en la libreta que la corporación entregó  al  usuario,  en  la  que  aparece   “la  siguiente leyenda: ‘No  se  reciben  cheques  a  nombre de  personas    jurídicas    para    consignar   en   cuenta   personal’  que  fue  el  motivo  que impulsó a  Promoventas a utilizar la cuenta de ahorros…”.   

                      La renuncia  precipitada  de  Jesús  Aníbal  Ruiz, quien laboraba al servicio de la actora,  suscitó  sospechas,  motivo  por  el cual, al adelantar las investigaciones del  caso  se  encontró que había defraudado a la empresa en una suma considerable,  fraude  consistente  en  que  dineros  de  Promoventas,  representados en varios  cheques,  habían  sido  consignados  en  la  cuenta personal Nro. 1006-25811386  abierta  por aquél en Conavi, el 22 de diciembre de 1993. Adelantado el proceso  penal  se  estableció, mediante prueba pericial, el monto de lo apropiado y los  documentos  de  consignación  de  los  que se valió el defraudador, los cuales  relaciona el demandante (folios 63 a 66 del cuaderno principal).   

                    Añadió que,  conforme  se  observa  en  las fotocopias de dichos documentos, los instrumentos  fueron  girados a nombre de la persona jurídica Promoventas Ltda., y a pesar de  estar  cruzados,  fueron  consignados  en  la  cuenta personal de Jesús Aníbal  Ruiz,   desconociéndose  la  cláusula  contractual en la cual se indicaba  que  no  se  recibirían  cheques  en  consignación  de  personas jurídicas en  cuentas personales.   

                       Denunció  también  la  irregularidad  derivada  de  haberse abierto cuenta de ahorros por  parte  de un hijo menor del defraudador, que era usada por éste para los mismos  objetivos.   En   fin,  la  defraudación  ya  supera  la  suma  $74’899.385.oo,  pero es mayor, lo cual se  acreditará en el proceso.   

                   3. Enterada la  demandada  de  los reseñados pedimentos de la demanda, se opuso a los mismos, a  la  par que propuso las excepciones que denominó “ausencia de obligación”,  “nulidad  de  la  cláusula”,  “inaplicabilidad  por  inconstitucional”,  “cumplimiento”,  “ausencia  de  culpa”,  “ausencia  de perjuicios y de  nexo  causal”.  Aseveró al respecto, que la leyenda sobre no autorización de  consignación  de  cheques de personas jurídicas en cuenta personal  no es  parte  integrante  del  reglamento  de  cuenta  de  ahorros,  sino  de  un   “instructivo”   ajeno  a  la relación negocial, para consignaciones de  otras  plazas,  que  no  la obligaba, ni al cliente, sino que es una herramienta  para  la  ágil  prestación del servicio. En todo caso, dicha leyenda ya había  desaparecido  de  las  libretas  para la fecha de la defraudación. Además, tal  estipulación  estaría viciada de nulidad absoluta por contrariar las normas de  orden  público,  concretamente  las  del  Estatuto  Financiero  y  otras  de la  Constitución  Nacional,  atendiendo  a  la libre negociación y circulación de  los títulos valores.   

                    4. La primera  instancia  culminó  con  sentencia  desestimatoria  proferida  por  el  Juzgado  Catorce  Civil  del Circuito de Medellín, habida cuenta que declaró probada la  excepción   de  “ausencia  de  obligación”  propuesta  por  la  demandada,  decisión  modificada por el juzgador de segundo grado para circunscribirla a la  negación de los pedimentos del actor.   

LOS   ARGUMENTOS   DEL  TRIBUNAL   

                       Luego  de  algunas   breves   consideraciones  relativas  a  los  presupuestos  procesales,  señaló  el Tribunal que la demanda fue hábilmente presentada, en la medida en  que  se  cuidó  el  libelista  de  identificar  con  exactitud  la fuente de la  responsabilidad  reclamada,  sin  embargo,  “resulta  indudable  que  la  (…misma)  se  parapeta en determinada elaboración de tipo  contractual”,    sobre    la   cual   “cabalga  todo  el  proceso”,  el que  gira  sobre  la  defraudación  cometida  por un agente directo de la demandante  quien,  abusando de su posición en tal empresa,   “fraguó  una  maniobra  que  vino  a  determinar  la  presencia de la entidad  demandada  en  este  proceso,  con base en una cláusula de estilo impresa en la  libreta  que  como  subproducto de una cuenta corriente de ahorros se entregó a  la   sazón   a   la  entidad  demandante  y  del  siguiente  contexto  literal:  ‘No se reciben cheques de  otras  plazas,  ni  cheques  a  nombre  de personas jurídicas para consignar en  cuenta   personal’  …,  pretexto  literal”  con  el  que   “se  transitó  en  todo  el proceso y la sentencia que se revisa  pergeñó  largos  periodos  hasta  encontrar  la  inoperancia  total …” del  mismo,  de  modo  que  declaró  probada  la  excepción  de   ‘Ausencia  de  Obligación’ “.   

                        Destacó  seguidamente   que   resultaba  necio  expresarlo,  pero  el  contrato  de   “cuenta  corriente”  suscrito entre las partes discurrió y, al parecer  aún  discurre,  “sin  sobresalto  alguno  pues  la  cláusula  de  estilo que parapetó la demanda, era y es anodina en cuanto a sus  efectos,  supuesta  la naturaleza jurídica de la parte demandante, creación de  la  Ley  como  mero  ente  jurídico  por oposición a otro tipo de personas que  interactúan  en  el  derecho,  las  personas  naturales. Con otras palabras: la  manida  cláusula nunca pudo tener operancia en el contrato de cuenta de ahorros  que  ajustaron  las partes pues siempre los movimientos que se realizaron en tal  ajuste   fueron  hechos  por  una  persona  jurídica,  nunca  por  una  persona  natural”.   

                   Después   de  referirse  al  principio  de  la relatividad de los contratos previsto en el  artículo  1602  del  Código  Civil,  destacó  que era dable concluir que toda  relación  negocial “concreta una unidad contractual inequívoca y desde luego  independiente  de todas las otras relaciones del mismo linaje que se ajusten por  terceros”,  es  decir,  que  es único e independiente en su “curriculum”,  sus  efectos  y su conclusión. Luego es evidente, por “simple sustracción de  materia”  que  la  cláusula  en  la  que  “se  parapetó  la demanda” era  inaplicable  para  la  entidad  demandante,  de  modo  que  ninguna  infracción  contractual  puede  predicarse  de  la parte demandada con relación a la cuenta  1006-7901405.    “Así   de  simple  todo  el  panorama  que  bajo  el  esquema  de  la responsabilidad contractual  puede  ofrecer  este  proceso,  desde  luego  sin necesidad de entrar en disquisiciones  sobre  terceros absolutos que puedan afectarse con una relación contractual por  resultar materia completamente ajena a estas consideraciones”.   

                      Añadió a  continuación    que    como    consecuencia    del    principio    “Jura   Novit  Curia”  cabe  ocuparse  del        “habilidoso”       planteamiento       del      petitum,     en     los     siguientes  términos:   

                   a)  Está  plenamente  demostrado  en el proceso, no sólo con ejemplares de otro modelo de  libretas  ofrecido, diferente del entregado a la entidad demandante y en el cual  “no  campea  la  cláusula  que  sirvió  para  montar  la  demanda”,  sino,  también,  con alguna instructiva de la Superintendencia Bancaria según la cual  “tal  tejemaneje  obedece  a  potestades  que tienen las entidades crediticias  para  el  manejo  y  operatividad  de  sus  relaciones con los clientes”   (folios 68 y 69 del Cuaderno Nro. 2).   

                   b)    “En toda la trama del proceso es dable constatar la  ausencia  de  la  identificación con respecto al tipo formato de libreta que se  entregó  al  señor Jesús Aníbal Ruiz Barco cuya cuenta de ahorros abierta en  “CONAVI”  sirvió  para  precipitar  parte  de  la defraudación amén de la  ausencia  también  total  de  este  informativo  en cuanto  a la cuenta de  ahorros  abierta  también  en   ‘Conavi’  a  nombre  de  un  hijo menor suyo. Vale decir entonces que no podemos aventurarnos  en  hipótesis  al  respecto, así haya quedado elucidado en el anterior literal  la  naturaleza  de  simple  instructivo  interno  del mero resorte de la entidad  demandada  en cuanto a la famosa cláusula que nos viene ocupando”. Descartado  este   punto   crucial,  resulta  imposible  para  la  Sala  determinar  si  las  operaciones  efectuadas  por  Ruiz  en  las  cuentas  de ahorro abiertas por él  en                 ‘Conavi’,  violaron  o no el presunto instructivo impreso en la libreta suministrada por la  demandada  y  en  cuyas  operaciones  tenía  que  contarse  como mínimo con un  ingrediente  de  tipo  culposo  en alguno de los agentes de la entidad demandada  para       generarse       así       un      reato      de      responsabilidad  extracontractual”.   

                        c)   “Bajo  los anteriores supuestos, necesarios para la  estructuración  de  una  responsabilidad  Aquiliana,  de  suyo  diversas  de la  contractual,  resulta  imposible  estructurar uno de los elementos necesarios en  este    linaje    de    reclamaciones,    el     Nexo    Causal…”.   Dicho  esto, trasuntó extensamente la opinión de un  autor  foráneo  relativa  al vínculo de causalidad, al cabo de la cual acotó,  que    “…  ni  aún  por este atajo, al  cual  da  pábulo  la  habilidad  con  que  se  planteó el petitum, es dable la  declaratoria  de  responsabilidad. Es que el ajuste corrido entre “Conavi” y  el  defraudador Ruiz Barco resulta para la entidad demandada “res inter allios  acta”  bajo  la  óptica de una responsabilidad contractual. Y si se miran las  cosas  como  se  expresa  en  los párrafos inmediatamente anteriores, emerge el  hecho  de  un  tercero  (Ruiz  Barco)  que  también  impide  configurar el nexo  causal”.   

                   Para finalizar  su  intrincada  exposición,  destacó  que  si  bien  el  juzgador a  quo  declaró probada la excepción de  “Ausencia  de  Obligación”,  la  misma  no reúne en verdad el carácter de  tal,  motivo  por  el cual, si “lo postulado y debidamente probado en el curso  del  proceso  connotaba  ausencia  de  obligación,  simplemente el petitum  no  se  abría  paso y la simple  desestimatoria   del   mismo,   relevaba   de   estudio   sobre  excepciones”,  elucidación  que,  a  la  postre, significó la modificación en el punto de la  resolución de primer grado.   

LA    DEMANDA    DE  CASACION   

                     De los siete  cargos  que  ella  contiene  fueron  admitidos  a examen de fondo únicamente el  primero,  el  segundo, el cuarto y el sexto, los cuales serán despachados en el  siguiente  orden:  primeramente  el  sexto,  relativo  a  un  supuesto  yerro de  actividad  del  fallador;  posteriormente,  y  en  forma conjunta, los restantes  porque precisan de las mismas consideraciones.   

CARGO  SEXTO   

                      Se acusa la  sentencia  de no estar en consonancia con las pretensiones de la demanda, ya que  lo  reclamado  es  la  indemnización  de  los  perjuicios  ocasionados  por  el  incumplimiento  de  una  cláusula  contenida  en  un documento que  la ley  eleva  a  la  categoría de prueba de un contrato de  depósito de ahorros,  pero  el  juzgador examinó el caso desde la óptica de la responsabilidad civil  extracontractual  e  infirió  que no se había establecido el nexo causal entre  el  hecho  imputado a los empleados de Conavi  (recibir cheques de personas  jurídicas  en  cuentas  personales)   y  el  daño  causado a Promoventas.   

                             La  determinación  hubiese  sido  distinta  si el sentenciador hubiera analizado la  demanda  y  los  elementos  de  juicio  aportados para demostrar que existió un  contrato  entre  Promoventas y Conavi, en el que se incluyó la cláusula que le  impedía   a  ésta  entidad  recibir  cheques  girados  a  nombre  de  personas  jurídicas  en  cuentas personales.  Así, si hubiese estudiado el asunto a  la  luz  de  la  responsabilidad  civil contractual no habría absuelto a Conavi  sino que lo habría condenado.    

CONSIDERACIONES  

                      1. Débese  comenzar  por  acotar que el cargo, como los demás, tiene como punto de partida  una  ostensible  distorsión  de  las  elucidaciones  que soportan el juicio del  sentenciador,  pues  no es cierto, como con inexactitud lo afirma el censor, que  éste  hubiese  decidido  el  pleito  bajo el entendimiento que se trataba de la  reclamación   de   un  perjuicio  extracontractual,  pues,  contrariamente,  lo  examinó   desde   la   perspectiva  del  incumplimiento  de  una  estipulación  contractual,  sólo  que,  marginalmente  y  para  no dejar resquicio alguno por  donde   manara   la   inquietud,   también   lo  analizó  desde  aquella  otra  óptica.   

                   Si, como acaba  de  aseverarse,  las  lacónicas  imputaciones  de  la  censura  se fundan en la  deformación  de  las  reflexiones  del  fallador,  es  evidente  que las mismas  resultan  insubstanciales  frente  a la verdadera motivación de la sentencia y,  por ende, estéril la impugnación.   

                    2. Y aún con  abstracción  de  lo  dicho, de todas maneras el cargo está llamado al fracaso,  ya  que en él se enrostra al fallador haber visto en la demanda el ejercicio de  una  acción  de responsabilidad civil extracontractual, cuando lo cierto es que  en  ella  se  reclaman  los  perjuicios ocasionados por el incumplimiento de una  cláusula  contenida en el documento que según la ley es prueba del contrato de  depósito,  acusación  que  no tiene cabida por la causal segunda de casación,  puesto  que  si  el  sentenciador  desacertó  al  desentrañar el sentido de la  demanda,  el  yerro  que  en  tal  hipótesis  habría  cometido  no  sería  de  actividad,  sino  de  juicio,  mediante  la  comisión  de  un error de facto al  interpretar la demanda.   

                      El  cargo,  subsecuentemente, no se abre paso.   

CARGO  PRIMERO   

                      Quéjase el  recurrente  de  la  violación  directa, por falta de aplicación, del artículo  1396  del  Código  de  Comercio y  de los artículos 125 a 128 del Decreto  663   de   1993  o  Estatuto  Orgánico  del  Sistema  Financiero,  los  cuales,  inexplicablemente,  no fueron tenidos en cuenta por el juzgador, no obstante que  fueron señalados como el fundamento jurídico de la demanda.   

                             El  desconocimiento   de   esas  disposiciones  originó  que  el  Tribunal  hubiera  analizado  la  relación  de  la  actora y la entidad demandada bajo parámetros  distintos  a  los  que  correspondían  y,  por  ello,  absolvió  a  la entidad  demandada.  “Si  hubiera aplicado lo dispuesto en las disposiciones citadas la  sentencia  seguramente  hubiera  sido  favorable  a las pretensiones de la parte  demandante.  Si  existió  y existe un contrato bancario llamado de depósito de  ahorros,  entre Promoventas y Conavi, regulado por las normas que se mencionan y  que  el  Tribunal  no  aplicó  y  ni  siquiera mencionó, por considerar que se  trataba  de  una  reclamación  extracontractual,  lo  que  demuestra  en  forma  evidente  la  violación  directa  del  art.  1395 del Código de Comercio y los  artículos  125  a 128 del decreto 663 de 1993, o estatuto orgánico del sistema  financiero por falta de aplicación.   

SEGUNDO  CARGO   

                      Se  duele,  igualmente,  la censura, de la violación directa, por falta de aplicación, del  artículo  1602  del Código Civil, con fundamento en que el Tribunal no aplicó  el  citado  precepto,  que  le  da  al contrato fuerza de ley entre las partes e  impone  el respeto a sus cláusulas y condiciones. No era jurídicamente posible  que  los  empleados  de  la  demandada  hubieran  recibido  cheques elaborados y  expedidos  a nombre de la persona jurídica Promoventas, para consignarlos en la  cuenta  personal  de  Jesús  Aníbal  Ruiz,  ya que el contrato de depósito de  ahorros  y  las  leyendas  de  la libreta prohibían esa recepción.  “El  tratamiento  despectivo”   que  el  sentenciador  le  dio a la mencionada  frase    “(no  se aceptan cheques a nombre de personas jurídicas en  cuentas  personales)”  y la poca importancia y trascendencia que le dio a  la  misma,  al  punto  de llamarla cláusula de estilo, es un “desconocimiento  olímpico”  del  artículo 1602 del Código Civil que eleva a la categoría de  ley  entre  las  partes, los acuerdos o cláusulas contractuales. La claridad de  la  leyenda  lleva  a reclamar de la Corte que case la sentencia recurrida y, en  su defecto, disponga la condena pedida en la demanda.   

CUARTO  CARGO   

                      Se acusa en  él  la  sentencia  impugnada  de  ser  “violatoria  de  una  norma de derecho  sustancial  por error de derecho por desconocimiento de una norma probatoria”,  ya  que  en  este  caso, es evidente el desconocimiento que el Tribunal hizo del  artículo  1396  del  Código  de  Comercio  y  de  los artículos 125 a 128 del  Estatuto  Orgánico  del Sistema Financiero, Decreto 663 de 1993. Concretamente,  fue  ignorado el artículo 127 del citado régimen, que es una norma probatoria,  por  cuanto  eleva  a elemento de juicio importante y determinante la libreta de  ahorros.  El desconocimiento de ese precepto probatorio llevó al sentenciador a  incurrir  en el yerro denunciado, ya que si lo hubiera aplicado habría inferido  que  la  entidad demandada al recibir cheques elaborados a nombre de una persona  jurídica   en   una   cuenta   personal   incumplió  una  condición  acordada  contractualmente  y,  por  ende,  debe  asumir  las consecuencias patrimoniales,  amén  de  que  no  admite  discusión  la  existencia  del nexo causal entre la  lesión  patrimonial y el incumplimiento, pues si Conavi no recibe esos cheques,  como  era  su  compromiso,  no  se habría causado daño patrimonial alguno a la  demandante.   

                      El fallador  desconoció  “olímpicamente” ese elemento probatorio, que adquiere un valor  trascendental  cuando  se  trata de controversias relacionadas con los contratos  de  depósito  de  ahorro, al calificar esa cláusula de anodina en cuanto a sus  efectos,  mientras  el  art.  127  del Decreto 663 de 1993 le da a la libreta de  ahorros,  en  esa  especie de contrato, la categoría de documento probatorio de  las condiciones u obligaciones entre la entidad y los usuarios.   

Precisa el recurrente que, no hay duda que la  referida  cláusula  existía en el contrato suscrito entre Promoventas y Conavi  y,  lógicamente,  entre  ésta entidad y Jesús Aníbal Ruiz, pero esta segunda  relación  contractual  no  interesa porque el incumplimiento reclamado es el de  Conavi con Promoventas.   

                     La cláusula  en  referencia  contiene  una  obligación  que  le  correspondía  cumplir a la  entidad  demandada  frente  a  la  actora,  así  como  lo hacía con los demás  usuarios,  tal  como  lo  afirma  el representante legal en el interrogatorio de  parte  cuando contestó “normalmente se rechazaba la consignación”, lo cual  significa  que  los  cheques  girados  a  favor  de  Promoventas  no podían ser  recibidos por Conavi para consignarlos en cuentas personales.   

                      La lógica  impone  que  “la cláusula o como se le quiera llamar”  debe tener  un  significado  que  Conavi  debió  explicar   y,  si  no  lo  hizo ha de  entenderse  en  contra  y  no  a  su  favor.  Y es que el contenido de esas  libretas,  a  las  que  la  ley  les  da  un valor probatorio específico, deben  generar  una  consecuencia  para  quien  lo  desconozca,  no  de  otra manera se  justifica su inclusión en tales documentos.   

CONSIDERACIONES   

                      Al examinar  los   cargos  antes  reseñados  advierte  la  Sala  que  el  recurrente  en  su  formulación  incurrió  en  diversas  deficiencias  de técnicas que impiden el  examen de fondo de la cuestión afirmada en ellos. En efecto:   

                      2.1. En el  cargo  primero  se  queja  el  censor  de  que  el  desconocimiento  que  de los  artículos  1396  del  Código  de  Comercio y 125 a 128 del decreto 663 de 1993  hizo,  en  su entender, el Tribunal, originó que hubiese examinado la relación  de  las partes bajo parámetros distintos a los que correspondían, es decir, al  ver  la demanda como una reclamación de responsabilidad civil extracontractual,  no  aplicó  los anotados preceptos, ya que no se dio cuenta de la existencia de  un  contrato  de  depósito  bancario  entre  Promoventas  y Conavi regulado por  dichas normas.   

                     Empero, como  es  patente,  el fallador, al desentrañar la fuente de la responsabilidad civil  alegada  en  la  demanda,  entendió que era “indudable” que la misma era de  naturaleza  contractual  y  a  partir de esa reflexión exoneró a la demandada.  Sólo  en  gracia  de  discusión    (el  Tribunal se justificó en la  máxima     “jura     novit    curia”)  y  dado,  en  su  parecer,  el “habilidoso planteamiento del  petitum”,  examinó  las  pretensiones  desde  la  perspectiva  de la responsabilidad extracontractual, no  encontrándolas   tampoco  prósperas.  Luego  es  evidente  el  desenfoque  del  lacónico cargo, deficiencia que lo torna inane.   

                   Por lo demás,  dicha  acusación se resiente de indebida formulación porque fue anunciada como  violación  directa  de  la  ley, no obstante que presupone el disentimiento del  recurrente  con  el  entendimiento  que  el  sentenciador  le  habría dado a la  demanda  (haber  visto  en  ella una reclamación de responsabilidad aquiliana),  cuando  lo  pedido  tendría  fundamento,  en  su parecer, en la responsabilidad  contractual;  por  consiguiente, tal cuestionamiento debió trazarse por la vía  indirecta,  previa la enunciación y demostración del error que al sentenciador  se  le  enrostra,   por concernir con una supuesta indebida interpretación  del  libelo  incoativo  del  proceso;  amén  que  no  indicó el censor en qué  consistió  la  violación de las normas denunciadas, habiendo dejado la tímida  acusación a mitad de camino.    

                      2.2. En el  cargo  segundo  se  duele  de  la  violación directa artículo 1602 del Código  Civil,  por  falta  de  aplicación,  ya  que los empleados de Conavi no podían  recibir   cheques  elaborados  y  expedidos  a  nombre  de  la  demandante  para  consignarlos  en  la  cuenta  personal  de Jesús Aníbal Ruiz, por prohibición  contenida  en  las  “leyendas”  de  la libreta e imposición del contrato de  depósito.  La  poca  importancia  que  el  Tribunal  le otorgó a esa cláusula  apareja  “un  desconocimiento  olímpico  del  art. 1602 del Código Civil que  eleva  a  la  categoría  de  ley  entre  las  partes, los acuerdos o cláusulas  contractuales”.   

                     Sin embargo,  es  palmario  que  el fallador, con fundamento en el principio de la relatividad  de   los   efectos   negociales,  infirió  que  la  anotada  estipulación  era  intrascendente  en  el  ámbito  del  contrato ajustado entre la demandante y la  demandada  porque  los movimientos realizados en la cuenta de “Promoventas”,  “fueron  hechos  por  una persona jurídica, nunca por una persona natural”,  esto  es  que  por ser el titular de esa cuenta una persona jurídica, no tenía  cabida  la  restricción  en comento, encaminada, como ya se ha dicho, a impedir  que  en  las  cuentas  de personas naturales se consignasen títulos expedidos a  favor  de  personas  jurídicas.  Empero  esa inferencia del fallador no aparece  combatida  por  el recurrente.  Pero, además, infirió el sentenciador que  no   era   posible   constatar  en  el  proceso  el  tipo  de  formato  de   “libreta”    que  le  fue  entregada  tanto  a Jesús Aníbal Ruiz  Barco,  como  a su menor hijo, motivo por el cual no podía aventurarse a lanzar  una   hipótesis  al  respecto,  de  manera  que  le  resultaba  imposible   “determinar  si  las operaciones que efectúo el ciudadano  Ruiz Barco en  las   sendas   cuentas   de   ahorro  por  él  abiertas  en   ‘Conavi’   violaron  o  no,  el  presunto  instructivo  …”,   de  modo que no había forma de establecer una culpa  extracontractual.  Y  en  torno a esta elucidación tampoco emprendió el censor  tarea  alguna  encaminada  a  demostrar que tales instrucciones también tenían  cabida  en  la  relación contractual acordada entre la demandada y Ruiz Barco y  que fueron violadas por aquella.   

2.3   Y, en el cuarto cargo, nuevamente  reluce  el divorcio existente entre las reflexiones del sentenciador y las de la  censura,   pues   no  reparó  ésta  en  que  aquél,  ubicado  en  el  ámbito  contractual,  entendió  que  esa  “cláusula  de estilo”, sin cuestionar su  existencia,  no  tenía  cabida  en  un  contrato de depósito cuyos movimientos  proviniesen  de  una  persona  jurídica,  titular  del mismo. No soslayó, como  puede  verse, el juzgador, la eficacia probatoria de la libreta de ahorros, sino  que  infirió  que en la relación negocial ajustada entre la entidad financiera  y  la sociedad demandante no se produjo, ni podía producirse, el incumplimiento  que éste le atribuye.   

                     Al margen de  lo  dicho,  débese subrayar cómo el censor, sin abandonar la órbita del error  de  derecho,  desvió  la imputación hacia la recriminación al sentenciador de  haber  incurrido  en   yerro  de  facto, por minimizar la importancia de la  predicha  estipulación,  por  haberla calificado de anodina y por no concederle  su  verdadero  significado,  imputaciones  todas  estas  que,  de  ser  ciertas,  aparejarían  un  indebido  discernimiento del contrato ajustado por las partes,  no  la  transgresión  de una norma de disciplina probatoria como es de rigor en  la alegación de un error de derecho.    

                       Así  las  cosas, no se abren paso los señalados cargos.   

                     

DECISIÓN   

                    En mérito de  lo   expuesto,   la   Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,  NO      CASA      la  sentencia  del 18 de febrero  de  2000,  proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de Medellín, dentro del proceso ordinario adelantado por “PROMOVENTAS    LTDA”   frente   a  CORPORACION   NACIONAL   DE   AHORRO   Y   VIVIENDA  “CONAVI”.   

                      Costas a  cargo de la parte recurrente.   

CÓPIESE,    NOTIFÍQUESE    Y   OPORTUNAMENTE DEVUÉLVASE AL TRIBUNAL DE ORIGEN   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO  FERNANDO  TREJOS  BUENO   

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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