SC 191 2005 [7629]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-191-2005 [7629]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

Bogotá,  D. C., veintiséis (26) de julio de  dos mil cinco (2005).   

                     Decídese el  recurso  de  casación interpuesto por la actora, contra la sentencia dictada el  9  de  noviembre  de  1998  por  la Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá,  dentro  del proceso ordinario promovido por INVERSIONES FINANCIERAS ALASKA S.A.,  en    liquidación,   frente   a   INVERSIONES   Y   CONSTRUCCIONES   NOVACENTRO  LIMITADA.   

ANTECEDENTES  

                             1.                      En  la  demanda  presentada el 9 de febrero de 1996, que por reparto  le  correspondió  al Juzgado 30 Civil del Circuito de Bogotá, pidió la actora  que  se  declarase  que  fue  incumplido  por  ambas  partes  y que por tanto es  ineficaz,  a causa de mutuo disenso tácito, el contrato de compraventa ajustado  por  ellas el 17 de junio de 1982, que tuvo por objeto el inmueble situado en la  avenida  15  No.  124-15  de  la indicada ciudad, solemnizado mediante escritura  pública 1654 de la Notaría Décima del lugar.   

                        2.  Como  soporte   de  su  demanda,  afirmó,  en  síntesis,  que  contrariamente  a  lo  consignado  en  el referido título escriturario, la vendedora no se despojó de  la  posesión  del  predio,  la  que ha ejercido desde 1975, ni tampoco pagó la  sociedad  compradora  -creada  a  la  sazón  y  carente de recursos-, el precio  estipulado  de  $16’000.000.   

           La   referida   situación   de  mutuo  incumplimiento  de  sus  obligaciones  se ha prolongado por más de 13 años sin  que  se  hubiera  logrado  un  acuerdo con la sociedad demandada para cumplir el  contrato  o ponerle fin, radicando su origen en la constitución de ésta con el  objeto,  a  la  postre  fallido,  de  construir  un  edificio en el inmueble del  litigio,   con   el   aporte   de   los   socios,  uno  de  los  cuales  fue  la  demandante.   

                    Por  último,  anotó  que  el  señor Octavio Becerra Vélez, quien  tuvo  la  representación legal de Novacentro, desde su fundación hasta el día  25  de  julio  de  1995,  “fecha  en  que  se  registró nombramiento de nuevo  gerente”,  otorgó  poder  a  Eduardo Zambrano Caicedo “para que vendiera el  inmueble  o rescindiera el negocio”, según copia del mismo que se adjuntó al  libelo.   

                          3.  Al  descorrer  el  traslado  del  libelo  inicial,  la  demandada  se  opuso  a  las  pretensiones y negó los hechos en que fue sustentada.   

            Propuso   la   “excepción”   de  inexistencia  de  las  causales  del mutuo incumplimiento, para lo cual aseguró  que  sí  le  fue  entregado  el  inmueble, como de ello quedó constancia en la  escritura  de  compra  y en el hecho tercero de la denuncia penal que, sin hacer  más  especificaciones,  formuló el representante de la accionante contra el de  la  compradora,  y  que  la posesión sobre el predio la ejercía Construcciones  Novacentro, en forma ininterrumpida, desde 1982.   

          Agregó  que  también  pagó  el precio  mediante    la    entrega    de    $10’000.000,  y  la apertura de un crédito a favor de la vendedora, con  su  asentimiento,  por  el  saldo  de $6’000.000;  que  el  11  de  abril  de  1985,  Novacentro  arrendó el  inmueble  al  señor  Alvaro  Henao  Jaramillo,  quien pagó algunos cánones al  arrendador  y  “le  adeuda  varios millones de pesos por tal concepto” y que  como  poseedora,  Novacentro  “ha cancelado impuestos, realizado estudios para  su   edificación,  ha  tramitado  ante  las  autoridades  correspondientes  las  licencias y autorizaciones para construir, etc”.   

          Aseveró que la representación legal que  según  la  actora, ostentó el señor Becerra Vélez, hasta el año de 1995 fue  apenas  nominal,  pues  éste  nunca  ejerció  tal  cargo,  dado  que  el 29 de  noviembre  de  1982 fue relevado del mismo por la Junta de Socios de Novacentro,  «hecho  que  fue  reiterado”  en la escritura pública 3537 de diciembre 23 de  1982,  aclarando que tal remoción obedeció a que el interpelado tenía por esa  época  la  representación de la sociedad ahora demandante, quien en el año de  1982  dejó  de ser socia de la firma Novacentro “y por ello no se justificaba  que  continuara  como  directivo  de la misma”. Cosa distinta lo fue, agregó,  que  la remoción del señor Becerra Vélez sólo se inscribió en la Cámara de  Comercio  en  el  año  de  1995,  circunstancia  irrelevante  pues  la sociedad  demandante   participó,   en  el  año  de  1982,  de  “esa  decisión”,  y  suscribió,  además, la escritura pública “mediante la cual se formalizó la  operación”.   

                    Finalmente  precisó  que  así  se entendiera que el señor Becerra  Vélez  llevó  la  representación  legal  de Novacentro hasta su remoción, en  1995,  en  todo caso no estaba habilitado para otorgar el mandato aducido por la  parte  actora,  pues  carecía de la autorización que la Junta de Socios debió  expedir   con   ese   cometido,   en   cumplimiento   de  los  estatutos  de  la  sociedad.   

                             4.                      La  primera  instancia  culminó  con sentencia estimatoria, la que,  apelada por la parte demanda, revocó el juzgador de segundo grado.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

                      1.              El  Tribunal  citó e hizo suyos  varios  lineamientos  jurisprudenciales  relativos a la figura del mutuo disenso  tácito,  de  conformidad  con los cuáles, en resumen, para que pueda deducirse  tal  figura  no  es  suficiente con que en un contrato sinalagmático las partes  hayan  incumplido culposamente las obligaciones a su cargo, sino que además, es  indispensable  que  los  actos  u  omisiones  atinentes a esa inejecución, sean  expresivos  de  la  voluntad conjunta o separada de los contratantes, enderezada  inequívocamente a desistir del contrato.   

          2.          Partiendo  de los señalados derroteros,  estimó  el  juzgador  desvirtuada  la  afirmación de la actora según la cual,  como  expresión  de  la intención de la demandada en el indicado sentido,  ésta no pagó el precio del inmueble.   

                        Con  tal  propósito  echó  mano  de las actas de la junta de socios de Novacentro Ltda.,  aducidas  con  la contestación de la demanda y no controvertidas por la actora,  de  la  que destacó la “número uno”, que refiere a su constitución, en la  que  como  socios  figuraron  las  sociedades  Financiera  Alaska  S.A., Area de  Promociones  Ltda.,  Promotora  de  Construcciones  Ltda.,  así  como el señor  Moisés Persiko.   

          También invocó el sentenciador el acta  “número  dos”,  de  fecha  noviembre  29  de  1982,  mediante  la  cual, la  totalidad  de los socios de Novacentro, incluyendo a la sociedad hoy demandante,  ratificaron  “expresamente  y  para todos los efectos legales” la compra que  aquella  efectuó  mediante  la precitada escritura pública 1654 de junio 17 de  ese  mismo  año,  a  Inversiones  Alaska,  por  un  precio  de  $16’000.000.   

          De la cantidad atrás citada, el juzgador  encontró  demostrado, con base en el dictamen pericial rendido por Alonso Duque  González    y    Alicia    Pava    Pardo,    el    pago    de   $10’000.000, representado en aportes que la  demandante  efectuó, en su condición de socio fundador de Novacentro, quedando  un  saldo de $6’000.000, del  que   aseguró   que   aparentemente   correspondía   al   crédito  registrado  contablemente  en  el  rubro  de “cuentas por pagar” a favor de aquélla, en  razón  de  no haber prueba indicativa de que existiese otra obligación diversa  de la que proviniera del referido contrato.   

          Apoyado en esta circunstancia, aunada al  silencio  que  acerca  de  ella guardó la demandante desde un comienzo, agregó  que  “la  aseveración  de la demandante de no haberse pagada por la demandada  la  totalidad  del  precio  del  inmueble  encuentra  prueba  contraria  que  la  desvirtúa.  O,  al  menos  queda flotando una duda que, desde el punto de vista  estrictamente  probatorio,  resulta  imposible de eliminar. Y de suyo apareja la  conclusión  de ser insuficiente el recaudo en que se fundan las súplicas de la  demanda  para  enervar  las  declaraciones contenidas en la escritura pública y  deducir  de  allí  que  ambos  contratantes  hubiesen desistido tácitamente de  persistir en el negocio contractual”.   

           Dicha   dubitación,   la  reputó  el  sentenciador   insoluble   ante   el   hallazgo   de  un  asiento  contable  por  $10’000.000 por concepto de  “aportes  de  constitución  de  la sociedad”, del que da cuenta el dictamen  pericial  “efectuado en los libros de la demandada”, lo que “contradice la  propia   escritura   de   constitución   en   la  que  figuró  un  aporte  por  $4’500.000”.   

                             3.                      Tras  hacer  referencia  a  la regla del artículo 68 del Código de  Comercio,      recordó      la      del      artículo     70,     ibidem, según la cual, en los conflictos  entre  comerciantes,  la  falta  de libros de contabilidad o de su presentación  por  una  de  las  partes,  da  lugar a que el juez decida con base en los de la  otra,  sin admitir prueba en contrario, a condición de que se ajusten a la ley.  Añadió  que  sin desconocer que la falencia de soportes contables determinó a  los  peritos  a  no  dar  entero  crédito  a  los  libros  de  la  demandada, y  abstracción  hecha  de  esa conclusión, lo cierto es que los de la demandante,  como  lo  sostuvo  su  representante,  se  perdieron,  no pudiéndose establecer  contablemente,  por  lo menos, si hubo o no el pago, si el valor de sus acciones  en  la  sociedad  demandada es el indicado en la escritura de constitución o el  registrado  en  los  libros  de ésta, y si el crédito, conforme lo afirmara el  representante    legal    de    Novacentro,    era    de   solo   $6’000.000.   

                             4.                      En  lo  atinente  a la posesión del inmueble, encontró el fallador  que  también  era  dudosa  la afirmación de la accionante en el sentido de que  siempre  la  ha  ejercido. Así lo estimó a partir de algunas actas de Junta de  Socios  de  Novacentro que adosó la demandada a su escrito de contestación. En  el  sentir  del  fallador,  tales  actas  constituyen  prueba no desvirtuada del  ejercicio,  por su parte, de actos de ese talante, que reconoce concretamente en  la  orden de demolición de la vivienda que allí existía (acta No. 3), “para  adelantar  los  estudios  de  factibilidad para la construcción de un edificio,  motivo   que   se   tuviera   en   mente   por   quienes   crearon  ‘Novacentro       Ltda.’,   como  contratar  los  estudios  de  suelos,    estructurales,   hidráulicos   y   sanitarios   para   el   proyecto  arquitectónico  (v.  acta  No 4)”, así como “la autorización que se diera  al  gerente  Persiko  para  arrendar  el lote en virtud de las dificultades para  obtener la necesaria financiación para aquel proyecto”.   

                       Luego  de  apuntar,  textualmente  que  “esas actas no fueron desconocidas por la actora,  por  lo  que  su  contenido  debe  y  puede ser evaluado en su real valor por el  sentenciador.  Y de ellas surge, con perfiles nítidos, la posición contraria a  la  que  ha  mantenido  a  lo  largo  del  debate la demandante en el sentido de  estarse  en  presencia de un mutuo disenso tácito, en actitud que igualmente ha  defendido  el  sujeto  pasivo del litigio para negar su existencia”, anotó el  juzgador,  prevalido  de las precedentes apreciaciones probatorias, que “no se  descubre,  en  fin,  la  actitud  displicente  de  los  contratantes  frente  al  incumplimiento  de  sus  obligaciones  respectivas,  como la prueba ‘rotunda’  que  ponga  de  presente ‘el  querer  implícito  y recíproco de  ellos,   enderezado   a   no   impedir   la  frustración  definitiva  de  dicho  contrato’.   

          Reiteró, por último, que “al menos la  conducta  de  la  demandada,  demostrada  a  lo  largo  del  proceso, no conduce  necesariamente   a   indicar   esa   recíproca   intención   de   ‘desistencia’     como     la     califica     la  Corte”.   

          Fue  así  como  el  fallador revocó el  fallo de primera instancia y denegó las súplicas de la demanda.   

LA DEMANDA DE CASACION  

                   Con fundamento  en  la  causal primera, formuló el demandante tres cargos, en los que denunció  la  vulneración  indirecta  de  algunos  preceptos  sustanciales.  La  Sala los  estudiará   conjuntamente,   por   las   razones   que   en   su   momento   se  señalarán.   

CARGO PRIMERO  

                             1.                      Violación  de  los  artículos 1602, 1618 y 1622 del Código Civil;  864  y  871  del Código de Comercio y 187 del C. de P. C. por error de hecho en  la  valoración  de  las  declaraciones  de los señores MOISES PERSYKO, EDUARDO  URIBE,  MARTHA  LIA  ESTRADA  y  ULDARICO  ROBLES,  conforme a las cuales, en el  entender  del  inconforme, fueron acreditadas las afirmaciones del demandante en  cuanto  al  incumplimiento  en  el  pago  del  precio  y la falta de entrega del  inmueble,  así  como el hecho de que, distinto de lo consignado en la escritura  pública    respectiva,   los   socios   de   Novacentro   no   cancelaron   sus  aportes.   

                      2.  En  el  desenvolvimiento  de  esta  acusación,  el  recurrente  aseguró  que el Tribunal no valoró en su conjunto  las  pruebas  obrantes  en  el proceso, ni expuso razonadamente el mérito que a  cada  una  debió  asignarle;  que  se  vulneraron  los  demás preceptos atrás  señalados  por  cuanto el fallador no le dio importancia “al hecho de que las  partes  de  común  acuerdo  y así no lo estipularan por escritura, dejaron sin  efecto  las  obligaciones  adquiridas  en  el  contrato  como  posteriormente se  ratificó  con la decisión del señor Octavio Becerra de otorgar poder para que  se resciliara el negocio”.   

          Se apoyó el inconforme en el texto de la  primera  acta  de  reunión  de  socios de la demandada, en la que consta que su  capital      sería      de      $10’000.000,  para  aseverar  que si la escritura de constitución fuera  cierta,  en  ese  momento debía tener en caja la indicada cantidad, cuya fuente  no  podía  ser  otra  distinta  de los aportes de los socios fundadores, de los  cuales   sólo   pudo   recibir   el   de   MOISES  PERSYKO,  de  $1’000.000,    como   quiera   que   los  representantes   de   las  otras  compañías  admitieron  que  no  pagaron  sus  respectivos aportes.   

                      A renglón  seguido  transcribió  el  fragmento de la declaración del señor PERSYKO,  representante  legal  de  la sociedad demandada, en el que éste sostuvo que fue  cancelada   una   parte   del   precio  del  inmueble,  calculado  alrededor  de  $10’000.000,   quedando  pendiente  un  saldo  representado en un crédito a favor de Inversiones Alaska.  De  tal versión, alegó el inconforme que no era cierta, y que así se le diera  credibilidad,  habría de concluirse que el total del precio del inmueble no fue  pagado.  Añadió  que  el declarante se retractó cuando, en la reanudación de  su  declaración,  dijo  que  el  pago  fue total y que el registro contable del  saldo refleja una situación de carácter impositivo.   

           Según   el  inconforme,  el  Tribunal  consideró  innecesario  “profundizar” en las declaraciones rendidas por las  personas  recién  mencionadas, no obstante que estos “testimonios” en “el  fondo vienen a dilucidar el meollo del asunto”.   

                    Destacó, del  testimonio  de  EDUARDO  URIBE URIBE la manifestación que hizo en el sentido de  que  la posesión del inmueble siempre la tuvo ULDARICO ROBLES, directamente o a  través  de  INVERSIONES  ALASKA,  y  del  conocimiento  que  tuvo  de  su   negociación  no  finiquitada  con  la  sociedad  demandada “por cuestiones de  dinero”,  al  igual  que  la falta de entrega del inmueble a Novacentro, “ni  manejo   de  la  misma  (sic)  para  recibir  los  arrendamientos  y  demás”.   

          Siguiendo el mismo método, abordó luego  el  recurrente  las  declaraciones de los representantes legales de las sociedad  AREA  DE  PROMOCIONES Y CONSTRUCCIONES LTDA. y PROMOTORA DE CONTRUCCIONES LTDA.,  PROCO,  socias  de  la  demandada, de las que dijo que el Tribunal no reparó en  ellas,  a  pesar  de  ser  “consistentes  en  sostener  la ausencia de pago de  dineros,  con lo que excluye totalmente la posibilidad de que NOVACENTRO pudiera  pagar  el  lote  como  se sostuvo en la escritura. Si no se hicieron los aportes  cómo  podía sacar dinero para pagar (sic)”, especificando que de conformidad  con  la  primera, se estableció que AREA DE PROMOCIONES Y CONSTRUCCIONES LTDA.,  no  hizo  ningún aporte y que Novacentro jamás pagó el inmueble de marras, ni  ostentó señorío sobre el mismo.    

          Agregó,  finalmente,  que “se podría  pensar  que  el  Tribunal  consideró  innecesarias  estas pruebas y que con las  pruebas  analizadas  era  suficiente.  Mas  si las pruebas dejadas de considerar  reafirmaran  hechos  o  circunstancias aceptadas como ciertas el supuesto sería  válido.  Pero  estas probanzas justamente indican un camino distinto y llevan a  conclusiones  contrapuestas  respecto  a  las  que  el  Tribunal  obtuvo con las  analizadas   por   lo  que  su  no  consideración  perjudicó  directamente  al  actor”.   

CARGO SEGUNDO  

                             1.                      Se  denunció error de hecho determinante de la violación indirecta  de  los  artículos  1602, 1618 y 1625 del Código Civil y 864 y 871 del Código  de  Comercio,  por  haber desconocido el Tribunal la prueba documental del folio  33  del  expediente,  correspondiente  al  poder  conferido por el representante  legal  de  la  sociedad demandada a un tercero, el señor Eduardo Zambrano, para  que se “resciliara el negocio jurídico”.   

                             2.                      En   su  desenvolvimiento,  puso  de  presente  el  censor  que  los  certificados  de constitución y gerencia de la sociedad demandada, incorporados  a  los  folios  26  a 32 del expediente, expedidos por la Cámara de Comercio de  Bogotá,  prueban  que desde su fundación el representante ante terceros fue el  gerente   OCTAVIO  BECERRA  VELEZ,  hasta  que  el  25 de julio de 1995, se  inscribió  el acta de la junta de socios del 29 de noviembre de 1982, en la que  se  determinó  removerlo  de las funciones y se nombró en su remplazo a MOISES  PERSIKO WATNIK.   

          De  este  modo el referido documento del  representante  de  la  demandada,   suscrito  en Quito y reconocido ante el  Cónsul  de Colombia allí, el 7 de marzo de 1995, refleja la voluntad de ésta,  no  desvirtuada por actuación ninguna en contrario desplegada con posterioridad  a  la  inscripción  del  nombramiento  del  nuevo representante legal,  de  resciliar  el  negocio  jurídico. Observó que si el señor Zambrano “hubiera  ejercido  el  poder  en  ese momento hasta el día 25 de julio de 1995, fecha en  que  se  registró  el  nombramiento  de  Persiko como gerente, la resciliación  hubiera  surtido efectos legales” y que el “nuevo representante legal jamás  desvirtuó  ni  revocó  el poder otorgado”, ni cuestionó su otorgamiento, de  donde  cabría  colegir que las partes verdaderamente quisieron volver las cosas  a su estado precontractual.   

                             4.                      Agregó  que  se  acreditó  que  hasta  el momento del registro del  nombramiento  del  señor  PERSYKO,  como  gerente  de  Novacentro,  no existía  interés  en  continuar  el  negocio sino en finiquitarlo, por lo que la actitud  del  nuevo  representante  legal,  de oponerse a la resciliación sin argumentos  valederos  y sin demostrar interés en solucionar el asunto, no podía servir de  estribo    al    juez    para    mantener    indefinidamente    la    situación  negocial.   

CARGO TERCERO  

                             1.                      Se  denunció con esta acusación, la vulneración de los artículos  53,  55,  59  y  897  del  Código  de  Comercio,  “con  lo  que  se  violaron  además   los artículos 1625, 1602 1618 del Código Civil  y 864, 871  del  Código de Comercio” a causa de un error de derecho en la apreciación de  las pruebas.   

                             2.                      Aseveró  el casacionista, que el Tribunal negó las súplicas de la  demanda   con  un  soporte  probatorio  que  fincó,  principalmente,  en  “el  peritazgo  rendido”,  del  que “hizo un análisis que en nada se sujeta a la  realidad”,  pues  “equivocó  el  contenido  de las cifras y la causa de las  mismas”;   que  sostener  “que  $10’000.000  que  corresponden a aporte para la creación de la sociedad  tienen  relación  con  el  precio  de  compra  del  inmueble  no se ajusta a la  verdad”;  que  “tampoco  es  real  que  se  refiera en el mismo acápite a $  4’500.000  un  aporte  que  figura  en  la  escritura  como  parte  del  precio  del  inmueble,  para  luego  confundirlo   con   la   cifra   de  $6’000.000  que  al parecer sí tiene relación con el saldo debido por  concepto  de  la  compra”;  que,  en  fin,  el  fallador  “no  entendió  el  peritazgo”, al que no podía otorgarle carácter demostrativo.   

Añadió  que el deducido yerro cobraba mayor  gravedad   si  se  tenía  en  cuenta  que  el  sentenciador  sabía  que  “la  contabilidad”   sobre  la  que  recayó  la  experticia,  no  tenía  soportes  contables,  infringiéndose,  por  ese  conducto,  los  artículos  51  y 59 del  estatuto mercantil.   

          El inconforme enfatizó en que, distinto  de  lo  consignado  en la escritura de constitución de Novacentro, lo cierto es  que  ninguno de los socios hizo los aportes a los que se obligaron, como se pudo  establecer  a  lo largo del proceso y que “únicamente llegó a la sociedad el  lote aportado por Inversiones Financieras Alaska”.   

          Resaltó  también  que  los  peritos  no  dieron  cuenta  de algún  soporte  o  constancia  de  recibo,  expedido  por la hoy demandante, alusivo al  mencionado      pago      de     $10’000.000,  razón  por  la  cual,  ese  abono  debía  tenerse por no  verificado,  pues  como  lo  aclararon  los  señores  Uldarico Robles y Octavio  Becerra,  esa  mención  no  fue  más  que  “una ficción para cumplir con el  formalismo de la negociación”.   

                   3. Respecto de  las  fotocopias de los libros de contabilidad agregados a la experticia, sostuvo  el  recurrente  que  no  proporcionan  indicio de que en el activo de Novacentro  existieran  los  $10’000.000  del  pretendido  abono, del que no se expidió recibo alguno, y puso de presente  que  los  representantes legales de “Proco y de Area de Promociones han negado  haber  efectuado  el pago de la cuota que les correspondía como aporte” y que  “una  anotación  contable  por  sí sóla no se puede tener como prueba de un  pago”.   

                             4.                      Seguidamente  el  censor  anunció,  de  manera no muy clara, que se  ocuparía  de  combatir  los  argumentos  del  fallador acerca de “una posible  confusión”  en  relación con la ocurrencia del pago y en cuanto al contenido  de  la  combatida  peritación,  diciendo  que  en verdad, “no se encuentra el  motivo  de  esta confusión cuando la situación se vislumbra con mucha claridad  respecto a una simple operación contable”.   

                     En  ese  orden  de ideas, afirmó que el  escrito  presentado  por  los  peritos  fue  acompañado  de otro, llamado “de  inventario  y balance” correspondiente al año de 1982, año en que se hizo la  compra,   documento   que   claramente   expresa  la  situación  económica  de  Novacentro,  sin  que diera cuenta de que, para esa época, la demandada hubiera  recibido  “alguna  suma  distinta  al  aporte  de los socios que discrimina en  forma  específica”,  de  donde  cabría  indagar  la  fuente  de los recursos  destinado     a    efectuar    el    disputado    abono    de    $10’000.000.     

           Acotó   que  la  contabilidad  de  la  demandada   “no   puede   tenerse   como  prueba  por  estar  mal  llevada”,  concretamente  por  carecer  de comprobantes los respectivos asientos, de manera  que  “cualquier  calificación  que  el  Tribunal dé a esos documentos que se  dice  pertenecen  a una contabilidad viola flagrantemente las normas comerciales  contenidas  en  los  artículos  48  y  ss.  del  Código  de  Comercio (los que  reprodujo)   porque   se   acepta   como   prueba   algo  que  legalmente  está  vedado”.   

                             5.                      Concluyó  el censor su discurso diciendo que la valoración de esta  prueba  “incidió  notoriamente  en  la decisión que se tomó en la sentencia  porque  de  allí  partió  el  juzgador  para  negar  las  pretensiones  de  la  demanda”.   

SE CONSIDERA  

                             1.                      En  armonía con el artículo 51 (regla tercera) del Decreto 2651 de  1991,  la  Sala  encuentra  procedente  el  despacho  conjunto  de las resumidas  acusaciones,  a  través  de  las  cuales el censor intentó combatir, de manera  parcelada,  los  fundamentos  fácticos  que principalmente sostuvieron el fallo  dictado por el Tribunal.    

          2.          Puntal  principalísimo  de la decisión  impugnada  en casación, lo constituyó la conclusión del juzgador ad  quem  según la cual no se acreditó,  en  forma  categórica  y  fehaciente, cual lo requería el éxito de la demanda  con  que  se  dio  inicio  al  presente litigio, ni el incumplimiento culposo de  ambos  contratantes, ni que la voluntad de éstos, en especial la que se pudiera  atribuir  a la parte demandada, estuvo inequívocamente enderezada a desistir de  la compraventa por ellos celebrada.   

                    De manera por  demás    persistente,    el    sentenciador   enfatizó,   acogiendo   doctrina  jurisprudencial  de  esta  Corte,  que  el incumplimiento de ambos contratantes,  así  se  acreditara  a  cabalidad,  resultaría  por  entero  irrelevante  para  estructurar  sobre  su  ocurrencia la verificación de un mutuo disenso tácito,  si  por  igual no se demuestran comportamientos activos u omisivos atribuibles a  los  contratantes,  que  sin  lugar  a la menor dubitación, hagan ostensible su  interés   en   disentir   del  negocio  jurídico  que  los  vincula  y  obliga  recíprocamente.  Sobre  el  criterio  así  reseñado,  el censor no mostró su  inconformidad,  ni  tampoco,  en  los  términos  en  que fue expuesto, la Corte  encuentra   que   haya   lugar  a  aclaración  o  rectificación  alguna,  pues  ciertamente,  casi  por antonomasia o definición, del mutuo disenso contractual  constituye  un  elemento indispensable la voluntad de los distintos contratantes  enderezada por el señalado sendero.      

                    Recuérdese,  entonces,  que  fue así como el Tribunal resaltó que  no  se  acreditó  lo  afirmado  en  el  libelo  incoativo  en el sentido de que  Novacentro  dejó  de  pagar  la  totalidad  del  precio  convenido,  ni  que la  demandante  tampoco  hubiera  efectuado  la  entrega  material  del  bien,  a la  compradora,  agregando, sobre este último particular, que de alguna manera, con  motivo  de  esa  entrega,  la demandada ejerció su señorío sobre el disputado  inmueble,  lo  cual  infirió  puesto  que, “aparte del derecho de dominio que  ostenta  sobre  el  mismo”, la interpelada “ejecutó actos posesorios que no  lograron  ser desvirtuados por la demandante”, cual emana de la lectura de las  actas  de  las  reuniones  de  socios  de  Novacentro,  por  cuya conformidad se  “ordenó  la demolición de la vivienda que allí se levantaba (v. acta No 3),  para  adelantar  los  estudios  de  factibilidad  para  la  construcción  de un  edificio,  motivo  que  se tuviera en mente por quienes crearon Novacentro Ltda,  como  contratar los estudios de suelos, estructurales, hidráulicos y sanitarios  para  el  proyecto  arquitectónico  (v. acta No. 4), así como la autorización  que  se  diera  al  gerente  Persiko  para  arrendar  el  lote  en  virtud a las  dificultades  para  obtener  la  necesaria  financiación  de aquel proyecto”.   

          No se olvide, tampoco, que con estribo en  esas  mismas  actas  de la junta de socios de Novacentro Ltda, el Tribunal dejó  sentado,  además,  que con perfiles nítidos denotaban la férrea oposición de  la  demandada a la aducida presencia de un mutuo disenso tácito con relación a  la  controvertida negociación, afirmación ésta que debe examinarse en consuno  con  otra según la cual, durante el devenir procesal, Novacentro se ha opuesto,  en  forma firme, franca e inequívoca, a la declaración judicial pretendida por  su antagonista.     

          3.          Por  su  parte,  en  ninguna de sus tres  acusaciones,  el  censor se detuvo a atacar las conclusiones que el sentenciador  hizo  derivar de las actas de junta de socios de Novacentro distinguidas con los  números  3 y 4, las cuales relacionó el Tribunal, como ya se dijera, tanto con  la  falta de acreditación del incumplimiento de la obligación que pesaba sobre  la  sociedad  actora,  de entregar el predio vendido a Novacentro Ltda, como con  la  deducida  ausencia  de  la  prueba  del  interés, de la parte demandada, de  disentir  de  la  venta  celebrada  con  Inversiones Alaska. Es más, tampoco el  casacionista  intentó  refutar el indicio que, con el mismo propósito, invocó  el  fallador  de  la conducta procesal de Novacentro, abierta y persistentemente  dirigida  a  impedir  la  prosperidad  de  la  demanda  impetrada  en su contra.   

                       Queda visto, entonces, que además de la  circunstancia  indiciaria  recién  destacada  el  censor  dejó  de combatir lo  afirmado  por  el  Tribunal en el sentido de que, lejos de querer disentir de la  pluricitada  enajenación,  la Junta de Socios de Novacentro la “ratificó”,  meses  después  de  que  fuera celebrada y que, posteriormente, esa misma junta  dispuso  la  demolición  del bien compravendido; el agotamiento de los estudios  de  factibilidad  de  la construcción que en su momento Novacentro quiso erigir  en  el  predio,  al igual que la autorización a su representante legal para que  lo  entregara  en  arrendamiento,  en razón de las dificultades económicas que  imposibilitaron la iniciación de esa obra.   

          Ante  la situación así consolidada, no  queda  otra  opción  a la Corte que colegir, dada la precariedad de los ataques  impetrados  por  el casacionista, que permanecieron incólumes las apreciaciones  relatadas  al  inicio  de este párrafo, las que, como se anticipó, revisten la  fortaleza   requerida   para   sostener,   per   se,  la   decisión   impugnada,   por   concernir  a  dos  insoslayables  presupuestos  de  prosperidad  de la acción intentada: la prueba  del  mutuo incumplimiento y la de la voluntad de ambos contratantes, de disentir  del negocio jurídico que entre ellos se celebró.   

          4.          En  todo  caso,  si  de  algún  modo se  pudiera  dejar  de  lado  esta  notoria  deficiencia de la demanda de casación,  igualmente   habría  que   inferirse  que  el  recurrente  no  enervó  la  apreciación  del  sentenciador según la cual no estaba demostrado el ánimo de  disentir,  por  parte  de la demandada, de la compraventa que convino con la hoy  demandante,  pues  los  reproches que en el punto elevó el impugnante no son de  recibo,  puesto  que  así  se  admitiera  que  el Tribunal ignoró la prueba en  referencia,  la obrante en copia a folio 33 del cuaderno principal, tal omisión  sería   irrelevante,   por  varias  razones  que  se  expondrán  en  orden  de  importancia:   

                  Obsérvese,  entonces,  que  no  obstante  lo  dicho  en  torno a la  posesión  sobre  el  predio  y  el  no  pago de su precio por parte de la aquí  demandada,  lo  cierto  es  que  la  gestión para la que se habría otorgado el  reseñado  mandato  parece armonizar más con la voluntad de Novacentro Ltda, no  de  desistir  de la contratación, como lo aseveró el censor, sino precisamente  de  todo  lo  contrario,  esto  es,  de  perseverar  en el contrato de venta que  convino  con Inversiones Alaska. Desde luego que si -acorde con los términos en  que  fue  redactado  ese  mandato-  el  señor  Zambrano  Caicedo  (a  nombre de  Novacentro)  hubiera  vendido  el predio a un tercero y destinado el producto de  esa  venta  a  cubrir  los  dineros  que  todavía  su “mandante” adeudaba a  Inversiones  Alaska  en  razón  de  la  venta  efectuada  en julio de 1982, tal  enajenación,  la celebrada por las partes en contienda, en vez de asumirse como  “mutuamente  disentida”,  habría  de tenerse como verdaderamente reafirmada  por  los  contratantes,  tanto  que  por  ese  conducto  se  habría  dado cabal  cumplimiento,  por  lo  menos, a la principal obligación del comprador: el pago  del precio del bien compravendido.   

                  Sin  duda,  el  mutuo  disenso  de esa venta hubiera conducido a las  partes  a  abandonar  por  completo su interés en que se verificara el pago del  precio  convenido  con  ocasión del negocio jurídico desistido en razón de su  recíproca  voluntad  e incumplimiento. Dicho de otro modo, con el disentimiento  mutuo  de  la  venta hubiera quedado sin causa la obligación de pagar el precio  de la cosa vendida.   

                  b)        Cual  si  fuera  poco  y aun suponiendo la ocurrencia del mencionado  yerro  de  apreciación fáctica, tendría que observarse que -como lo alegó la  parte  demandada  en  su  escrito  de  contestación  de la demanda-, el mandato  conferido,  a  un  tercero,  según  escrito fechado en el mes de marzo de 1995,  signado,  a  nombre  de  Novacentro, por el señor Becerra Vélez, quien por esa  época   figuraba   inscrito   en  la  Cámara  de  Comercio  como  uno  de  los  representantes   legales   de  la  mencionada  sociedad  fue  revocado  mediante  escritura  3537 de diciembre 23 de 1982, otorgada ante la Notaría 15 de Bogotá  (v.  fl.  71),  fecha  en que, en calidad de nuevos representantes legales de la  ahora  demandada,  fueron  designados, como gerente, el señor Moisés Persyko y  como subgerente, el señor Helmut Mildemberg.   

                             Ahora,  no  obstante  que  la  aludida  remoción fue inscrita en la  Cámara  de  Comercio  después  de  que otorgara el comentado mandato al señor  Zambrano  Caicedo,  lo  cierto  es  que  Inversiones Alaska estaba positivamente  enterada  de  que  a  Becerra Vélez se le había revocado dicha representación  legal  desde  el  año  de  1982,  por  ser  verdad incontrastable que el señor  Uldarico  Robles,  quien  en  ese  entonces  y  al igual que ahora, ostentaba la  representación  legal de la sociedad demandante, suscribió, a nombre de ésta,  la  referida  escritura  pública  3537  de  diciembre  23 de 1982 (fl. 80), por  cuanto,  con  el  mismo  documento  se  instrumentó  la  venta que a un tercero  efectuó  Inversiones  Alaska, de los derechos sociales que tenía en Novacentro  Ltda.,  por  manera  que  no  le  estaría  dado  a la sociedad, hoy demandante,  prevalerse  de  los beneficios derivados de la gestión adelantada por el señor  Becerra  Vélez  después de que había cesado la vigencia de la representación  legal   que,   con   relación  a  Novacentro,  en  su  momento  ostentó.    

                  c)        De  otra  parte,  tampoco  se  probó que el señor Zambrano Caicedo  hubiera  siquiera  aceptado  el mandato que aparentemente se le otorgó y, menos  que hubiera intentado agotar la gestión encomendada.   

          5.          Resta  entonces  solamente  destacar  la  inocuidad  de los ataques contenidos en los cargos primero y tercero, de los que  ya  se  dijo  que  fueron  ajenos  a  la  tantas veces comentada conclusión del  Tribunal,  referente  a  la falta de demostración de la voluntad de disentir de  la  venta,  en  cuanto  atañe  a  la  parte  demandada. De un lado, siendo ella  suficiente  para  soportar  la  desestimación  de  las  súplicas  incoadas por  Inversiones  Alaska,  sería  por  completo  inane  que  se estableciera que, en  verdad,  el  fallador  incurrió en yerros de naturaleza probatoria en cuanto no  dedujo  que las partes incumplieron las obligaciones que adquirieron al convenir  el  contrato  de  venta, relacionadas principalmente con el pago del precio y de  otro,  que  respecto  de  ese supuesto mutuo incumplimiento quedó sin atacar lo  que  sobre  el  particular  concluyó  el  Tribunal del examen de las precitadas  actas de la junta de socios de Novacentro Ltda.   

DECISION  

                    En mérito de  lo   expuesto,   la   Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO  CASA  la  sentencia  dictada  el  9  de  noviembre de 1998 por la Sala Civil del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario  promovido por  INVERSIONES  FINANCIERAS  ALASKA  S.A.,  en liquidación, frente a INVERSIONES Y  CONSTRUCCIONES NOVACENTRO LIMITADA.   

                      Costas del  recurso a cargo de la parte recurrente.   

                       Cópiese,  notifíquese y en su oportunidad devuélvase al Tribunal de origen.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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