SC 322 2005 [0500131030071998 0712 01]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-322-2005 [0500131030071998-0712-01]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

Magistrado Ponente:  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

Bogotá Distrito Capital,  trece (13) de diciembre de dos mil cinco (2005).   

Ref:         Expediente        No.  05001310300719980712-01   

                    Decídese por  la  Corte el recurso de casación interpuesto por la sociedad demandante, contra  la  sentencia  del  24  de  noviembre  de  2000, proferida por la Sala Civil del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  dentro  del proceso  ordinario  adelantado  por  el CENTRO INTERNACIONAL DEL  MUEBLE   frente   al  BANCO  GANADERO.   

A N T E C E D E N T E S:  

                             1.  Correspondió  al  Juzgado  Séptimo Civil del Circuito de Medellín diligenciar  la  demanda en la que el citado demandante reclamó, de manera principal, que se  declarara  la  rescisión  por  lesión  enorme,  del negocio celebrado entre el  Centro  Internacional  del  Mueble  S.A.  y  el  Banco  Ganadero  S.A., sucursal  Medellín,  mediante la escritura pública No. 110 del 30 de enero de 1996 de la  Notaría  Décima  de  esa ciudad por haber existido desproporción en el precio  de  los  113  locales que fueron su objeto. Como consecuencia de dicho pedimento  solicitó  que,  habida  cuenta que el adquirente había enajenado los inmuebles  por  un precio superior al de adquisición del bien, que se le condenase a pagar  el  exceso  entre  el precio de venta, previa deducción del 10% del mismo, todo  ello, conforme a lo previsto en el art. 1951 del Código Civil.   

                   En subsidio de  lo  anterior,  impetró  que  se  declarara  que en el aludido negocio jurídico  existió  pago  de  lo no debido en razón a que la sociedad demandante entregó  bienes  por  valor  superior al de las obligaciones que para la fecha tenía con  la  sociedad demandada. En consecuencia, que se dijera que el banco demandado se  enriqueció  a  costa  de  la  sociedad  demandante,  al  obtener  que  ésta le  entregase  bienes  por  un  valor  superior a  las obligaciones que para la  fecha  podía  exigir  a  su deudor; y, por ende, que se le condenara a pagar la  suma  en la que se enriqueció, equivalente al mayor valor que para la fecha del  pago  tenían  los  bienes  dados  en  pago,  previa  deducción del valor de la  obligación  que  para  la  fecha  tenía el demandante deudor para con el Banco  demandado.   

                           Como  “tercera”  pretensión  subsidiaria  solicito que se declarara relativamente  nulo  dicho negocio jurídico, por falta de capacidad del representante legal de  la  sociedad  demandada,  quien  al hacerlo actuó por fuera de las limitaciones  que en materia de cuantía tenía por estatutos.   

                    El demandante  reformó  posteriormente  la  demanda  para incluir una “cuarta” pretensión  subsidiaria,   en  virtud  de  la  cual  reclamó la nulidad relativa de la  dación  en  pago  por falta de capacidad del representante legal de la sociedad  demandante,  por  haber  actuado  por fuera de las limitaciones que le imponían  los   estatutos.   Como   consecuencia   de   lo    anterior  demandó  las  restituciones mutuas de rigor.   

                     

                         2.  Los  supuestos  de  hecho  que  sustentan  esos  pedimentos  pasan a compendiarse del  siguiente modo:   

                     

                      Mediante la  escritura  pública  No.  110  del  30 de enero de 1996, otorgada en la Notaría  Décima  de  Medellín,  demandante y demandado ajustaron un pacto de dación en  pago,  mediante  el cual la primera, para pagar la suma $1.431.850.000,oo, de la  cual  se  declaró  deudora,  transfirió  a la entidad financiera el derecho de  propiedad  y  posesión  material que ostentaba de “112” locales comerciales  que  poseía en el municipio de Itaguí. Dicho instrumento fue aclarado mediante  la  escritura  No.  589  del  28 de marzo de 1996 de la misma notaría, acto que  sólo   tuvo  por  fin  aclarar  unos  títulos  de  adquisición  indebidamente  citados.   

                     Como los 113  locales  comerciales  enajenados  tenían una área total de 2.851.08 Mts. 2, el  valor  asignado a cada metro cuadrado entregado fue de $502.213,10. Sin embargo,  en  la  misma  escritura,  el  Sr.  HILDEBRANDO  MEJÍA,  para  pagar la suma de  $235.000.000,oo,  que  declaró deber al Banco, optó por entregarle a titulo de  dación  en  pago  a  su  acreedor,  el  local  68  de la misma edificación con  idénticas  características  a las de aquellos otros, a un valor de $12.051.282  el  metro  cuadrado,  lo  que pone de presente la gran disparidad de los precios  asignados  a  los  predios  recibidos  en  cada  caso por el acreedor, ya que el  inmueble  de  Mejía Mesa fue recibido a un valor 23 veces superior que el de la  demandante.                    

                     El verdadero  negocio  celebrado  por las partes, fue el de compraventa, y en virtud del mismo  la  actora  vendió  al banco 113 inmuebles, cuyo precio fue destinado por ellas  al  pago  de una obligación anterior. Si se tratase de un negocio de dación en  pago,   como  se  expresa  en  el  documento  mencionado,  no  tendría  ninguna  explicación  esa  diferencia  tan  sustancial.                               La  enajenación  de  los 113 locales a un valor  promedio  de  $502.213.10  el  metro cuadrado, implicó una grave desproporción  que   supera   los   niveles   de   la  especulación  normal  de  los  negocios  inmobiliarios,  llegando  al  punto  de  lesionar gravemente el patrimonio de la  vendedora,  pues  dicha diferencia supera la mitad de lo que era el justo precio  del bien para el momento de la venta.   

                   El 27 de junio  de  1997, la entidad demandada cedió a título de venta a favor de INMOBILIARIA  GANADERA  S.A., mediante la escritura pública No. 6283 del 27 de junio de 1997,  aclarada  mediante  la  escritura  pública No. 4191 del 22 de abril de 1998, la  propiedad  de 120 locales comerciales, entre los cuales se encuentran los 113 ya  descritos,  por  la suma de $2.324.000.000,oo, es decir, a $763.223,40, el metro  cuadrado,  lo  que  equivale  a  un  51,97%  más  de lo que representó para el  demandante.   

                     “Pero aún  bajo  el supuesto de que el negocio de venta celebrado mediante la escritura No.  110  fuese  percibido  como  una dación en pago, la desproporción en el precio  del  bien dado en pago de la obligación tiene graves consecuencias para el acto  jurídico,  pues  no  obstante la validez del pago como acto jurídico, es claro  que  el  mismo  fue  superior  al  valor  de  la obligación existente entre las  partes,  hecho  que  da  lugar  a  que  se  configure  una de las fuentes de las  obligaciones,  cual  es,  el  pago  de no debido, misma que da lugar a que quien  paga  pueda  obtener la devolución de la suma pagada en exceso. Al haber pagado  en  exceso,  le  cabe  al  demandante  la acción para recuperar el exceso de lo  debido”.   

                    “Como si lo  anterior   no   fuera   suficiente”,   el   representante   legal  del  Centro  Internacional  del  Mueble no contaba con la autorización de la Junta Directiva  de  la  sociedad,  la cual era necesaria por tratarse de un negocio que superaba  el  valor  de $100.000.000, límite que tenía aquél para obligar a la sociedad  sin necesidad de autorización de la Junta.   

                    4. La primera  instancia  concluyó  con  sentencia  desestimatoria  de  las pretensiones de la  demanda,   decisión  que  habiendo  sido  apelada  por  la  parte  actora,  fue  modificada   por   el   juzgador  ad  quem, en los siguientes términos:     

                       “  (Se)  REVOCA  el numeral 1° de la  parte  resolutiva  de  la  sentencia apelada, de orígen y fecha indicadas en la  parte motiva.   

                      “2. Como  consecuencia  de  lo  anterior  se DECLARA que  es  inoponible  al  Centro  Internacional  del  Mueble  S.A. la  dación  en  pago  celebrada  entre  éste  y  el Banco Ganadero S.A. (escritura  pública  número  110  otorgada el 30 de febrero de 1996 en la Notaría Décima  de Medellín).   

                     “3. Puesto  que  la  anterior   declaración  no  produce  efectos  contra  la sociedad  Inmobiliaria  Ganadera S.A., actual propietaria de los inmuebles otrora dados en  pago  por  el  Centro  Internacional  del  Mueble  S.A.  al  Banco Ganadero S.A.  (escrituras  públicas  números  110  otorgada  el  30  de  enero de 1996 en la  Notaría    Veintinueve    de    Santafé    de    Bogotá),   se   DENIEGAN  las  pretensiones invocadas como  consecuenciales  a  la  inoponibilidad  de  la  dación  en  pago,  esto es, las  pretensiones  relacionadas  con:  el reintegro de los 113 inmuebles objeto de la  dación  al  patrimonio  del Centro Internacional del Mueble, y la anotación de  esta    sentencia    en    los   folios   reales   correspondientes   a   dichos  inmuebles.   

                          “4.  Igualmente,  por  las  razones anotadas en la parte motiva de esta sentencia, se  DENIEGA  la otra pretensión  invocada  como consecuencial a la inoponibilidad de la dación en pago, esto es,  la  pretensión  relacionada  con  la restitución de frutos al patrimonio de la  sociedad Centro Internacional del Mueble S.A.   

                       “5.  Se  DENIEGAN      las  pretensiones  de  rescisión  por  lesión  enorme junto con la consecuencial de  restitución  de  exceso  de  precio  y  la  de  repetición de lo indebidamente  pagado,  referidas  al  negocio jurídico de dación en pago, celebrado entre el  Centro  Internacional  del  Mueble S.A. y el Banco Ganadero S.A. y consignado en  la  escritura pública numero 110 otorgada el 30 de enero de 1996 en la Notaría  Décima de Medellín.   

                       “6.  Se  REVOCA  el numeral 2° de la  parte  resolutiva  de  la sentencia apelada, de origen y fecha dadas en la parte  motiva.   

                        “7….  8….”   

LAS RAZONES QUE SUSTENTAN  EL FALLO DEL TRIBUNAL   

             

                    Luego  de discurrir en  torno  a  la  dación  en  pago  y de precisar que de esa estirpe era el negocio  jurídico  contenido  en  la  escritura pública No.110 del 30 de enero de 1996,  otorgada   en   la   Notaría   Décima   de   Medellín,   acotó  el  juzgador  ad  quem  que, dada la analogía que guardaba aquella con  la  compraventa,  era  procedente  examinar,  en  el  asunto de esta especie, la  petición    de    rescisión    por    lesión    enorme   planteada   por   la  actora.   

                           Para  establecer  la existencia de la lesión, añadió, el artículo 1947 del Código  Civil  “contempla  de manera expresa la peritación”, por lo que “yerra el  apoderado  de  la parte actora al decir que la lesión enorme se puede acreditar  con  otros  medios  probatorios  distintos  a  la  peritación”.  Y  según el  dictamen  pericial, para enero de 1996, fecha de perfeccionamiento de la dación  en  pago  impugnada,  el  metro cuadrado en el edificio del Centro Internacional  del  Mueble,  en  donde están ubicados los 113 locales objeto de dicho negocio,  tenía  un  valor de $610.000,00, que comparado con el valor que se deduce de la  escritura  pública  No.  110,  o sea de $502.213,10, descarta la lesión enorme  alegada,  ya  que  dicho  precio  no es inferior a la mitad del justo precio del  metro cuadrado de los locales dados en pago.   

                        Habiendo  definido  en  esos  términos lo concerniente con la pretensión principal de la  demanda,  emprendió  el  Tribunal, seguidamente, el examen de la subsidiaria de  repetición  por  pago  de  lo  no  debido.  Dijo al respecto que, conforme a lo  dispuesto  por  los  artículos  1634,  1552,  1525, 1527 y 2313, inciso 2° del  Código   Civil,  son  diversas  la  hipótesis  en  las  que  aquél  se  puede  “configurar”:  1)  el pago de una deuda inexistente; 2) el pago de una deuda  ajena  sin  que exista la intención precisa de pagar la deuda ajena; 3) el pago  de  más  de lo que se debe; y, 4) el pago de una obligación nula, salvo que el  pago equivalga a ratificación del acto afectado de nulidad.   

                     Añadió que  el  asunto  de esta especie se encuentra comprendido en la hipótesis tercera de  las  anteriormente señaladas, puesto que en la demanda se dijo que, no obstante  la  validez del pago  hecho por el Centro Internacional del Mueble S.A., al  Banco  Ganadero,  “es  claro  que  el  mismo  fue  superior  al  valor  de  la  obligación  existente  entre  las  partes”;  es decir, que el “solvens”  pagó  y  el  “accipiens”  recibió en exceso de lo que  se debía, sin ser uno y otro deudor y acreedor del exceso.   

                     En todas las  hipótesis  que  puedan  configurar  el  pago  de  lo no debido, el solvens se ha equivocado al hacer el pago,  y  por  eso  la  doctrina  presenta  las  siguientes condiciones de éxito de la  acción  de  repetición del pago indebido: 1ª Inexistencia de la deuda; y, 2ª  error  del solvens, requisitos  estos  cuya  carga  de  demostración  incumbe  a  quien  los alega. Señaló el  apoderado   de   la   demandante,  en  su  alegato  de  conclusión,  que  si  a  $1.739.000.000,oo,  que  es  el  justo precio asignado por los peritos a los 113  inmuebles  dados  en  pago,  se le resta $1.431.850.000,oo, correspondiente a la  prestación   debida  por  el  demandante  al  demandado,  queda  un  exceso  de  $307.150.000,oo    que    implicaría    para    el    “solvens”   un   pago  indebido.   

                         “Pero  acontece  que  las  obligaciones  que se pagaron por el Centro Internacional del  Mueble  S.A.  con  la  entrega de 113 locales al Banco Ganadero S.A., fueron por  valor  de  $1.731.850.000,oo,  y  no  tan  sólo por valor de $1.431.850.000,oo,  según      consta      en      el     documento     denominado     ‘APLICACIÓN  DACIÓN  EN  PAGO,  CENTRO  INTERNACIONAL  DEL  MUEBLE’,  aportado  al  proceso por el demandado y no tachado por el demandante (fls 152 a  154  cdno  #1),  amén  de  que  ese avalúo pericial, que fue realizado en este  proceso  para  establecer  si  existió  o no la lesión enorme con motivo de la  dación  en  pago,  no  puede  servir  para  establecer  otra  cosa  distinta, y  concretamente,  para  determinar la equivalencia entre el valor comercial de los  113  locales  dados en pago y la obligación extinguida por este modo, pues para  esto  las  partes,  antes de configurar la dación en pago, hicieron avaluar por  expertos  120 locales, y no tan sólo 113 locales a que se refiere este proceso,  y  obtuvieron  un avalúo de $1.731.850.000,oo (folios 143 a 151 cdno #1), cifra  ésta  que  es  igual  a  la  obligación que se extinguió con dicha dación en  pago.  Y  si  esto  último es a sí, como en realidad lo es, se descarta que en  este  caso el solvens (Centro Internacional del Mueble S.A.) haya pagado más de  lo  que  debía y, por ende fracasa su acción de repetición del pago indebido,  pues  para  la  prosperidad  de  esta  acción,  aquél debió acreditar las dos  condiciones  que  la  estructuran,  cuales son: inexistencia de la deuda y error  del   solvens,  lo  cual  se  descarta”.   

                      Dicho esto,  acometió  el  análisis  de las pretensiones tres y cuatro, las cuales redujo a  una  sola, concretamente, a la de nulidad relativa de la dación por incapacidad  del  representante  de  la  entidad  demandante,  la que encontró caducada. Sin  embargo,  añadió  que  la  actora  había  sido  clara  al reclamar la nulidad  relativa  del negocio jurídico con sustento en la extralimitación de funciones  del  representante legal de la sociedad “demandada”, punto respecto del cual  acotó  que  tal  circunstancia  no  genera esa especie de irregularidad sino la  inoponibilidad  del  contrato,  elucidación  respecto  de  la cual hizo algunos  comentarios   que,   para   efectos   del   recurso   de  casación,  se  tornan  irrelevantes.   

                    En todo caso,  débese  destacar  que  el Tribunal concluyó que el banco demandado no le puede  oponer  esta  dación en pago al Centro Internacional del Mueble S.A., porque, a  pesar  de  ser  una  operación  cuya  cuantía  supera los $100.000.000,oo, fue  realizada  por  el  presidente  de la entidad demandante sin autorización de su  Junta Directiva, es decir, con extralimitación de poder.   

                     En cuanto se  refiere  a  la ratificación, los artículos 898 del Código de Comercio y 1752,  1756  del Código Civil, aluden a la convalidación del acto o contrato afectado  por  algún  vicio  de  nulidad,  y  no  a  la ratificación del acto ineficaz e  inexistente   –como  aquí  ocurre-  por  extralimitación  de  funciones  del  representante  legal  que lo  celebró.  Aunque  podría  pensarse  que este tipo de acto no es susceptible de  ratificación   por   no  corresponder  a  una  operación  relacionada  con  el  desarrollo  del  objeto social, lo cierto es que un acto realizado por fuera del  objeto  social  está  sancionado  con  nulidad  absoluta  por contrariar normas  imperativas  (C.  de  Co.,  art.,  899.  99,  438,  306, 196 y 110), y no con la  nulidad  relativa  como  lo sugiere en este caso el apoderado de la parte actora  al  sustentar  el  recurso  de  apelación (fl. 9 cdno. # 5), amén de que no se  trata  de  acto  (dación en pago) realizado por fuera del objeto social, puesto  que  este  también  está  constituido  por  los negocios que realice el Centro  Internacional    del    Mueble    S.A.    y    que    “    …    ‘tengan   como  finalidad  ejercer  los  derechos  o  cumplir  las obligaciones legal y convencionalmente derivados de la  existencia  y  actividad  de la sociedad’.   

                           Para  finalizar,  puntualizó  que  la sentencia no produciría efectos respecto de la  otra  demandada,  esto  es,  la  “Inmobiliaria Ganadera S.A.”, por lo que se  imponía  denegar  las  pretensiones  consecuenciales  a la inoponibilidad de la  dación  en  pago, concretamente, las relativas al reintegro de los 113 locales,  a  la  par que no encontró demostrada la temeridad del demandante percibida por  el                     juzgador                     de                    primer  grado.                            

LA    DEMANDA    DE  CASACION   

                     En el único  cargo  que  ella  contiene,  se  duele  el recurrente, con sustento en la causal  primera  de casación, de la infracción indirecta de los artículos 1510, 1613,  1617,  1625  a 1627, 1649, 1698, 1746, 2313 a 2321 del Código Civil; 831, 873 y  822  del Código de Comercio; y artículos 4, 174, 175, 177, 183, 187, 233, 236,  238  y  241  del Código de Procedimiento Civil, a causa de los errores de facto  supuestamente  cometidos  por el fallador, al estimar la escritura 110 del 30 de  enero  de  1996, de la Notaría 10 de Medellín y el documento de “aplicación  dación  en  pago  Centro  Internacional del Muebles” (folios 152 a 154); y el  error  de  derecho  en  que  habría  incurrido al apreciar el dictamen pericial  visible a folios 11 a 67 del cuaderno de pruebas.    

                  Para  desarrollar  su  acusación, puntualizó el impugnante que los  siguientes   son   los   errores   que  le  enrostra  al  juzgador  ad quem:   

                    1) No dar por  demostrado,  estándolo,  que los deudores de la obligación extinguida mediante  la  dación  en  pago  celebrada por medio de la escritura No. 110 de 1996 de la  Notaría  Décima  de  Medellín,  eran  el  Centro  Internacional  del  Mueble,  Hildebrando  y  Amanda  Mejía; 2) no dar por acreditado que, de conformidad con  la  mencionada  escritura, la obligación extinguida por el Centro Internacional  del  Mueble  S.A. mediante la dación en pago de 113 locales comerciales, era de  $1.431.850.000,oo;  3)  no  encontrar  probado,  a  pesar  de  estarlo,  que  de  conformidad  con dicho instrumento, la obligación extinguida por la Sra. Amanda  Mejía  de  Vargas mediante la dación en pago de los locales Nos. 2, 3, 62, 63,  100  y  101 de la carrera 42 No. 31-46 de Itagüí, era de $65.000.000,oo; 4) no  dar  por demostrado, estándolo, que de conformidad con la mentada escritura, la  obligación  extinguida  por  Hildebrando Mejía mediante la dación en pago del  local  No.  68 de la carrera 42 No. 31-46 de Itagüí era de $235.000.000,oo; 5)  tampoco  advirtió  que  el  documento  “Aplicación  Dación  en  pago Centro  Internacional  del  Mueble  S.A.”,  es  solo  una explicación contable de las  deudas  que  se  cancelaron  con  los  $1.731.850.000,oo  pagados  por el Centro  Internacional  del  Mueble S.A., Hildebrando y Amanda Mejía mediante la dación  en  pago  celebrada mediante la escritura No. 110 de 1996 de la Notaría Décima  de  Medellín;  6)  no  reparó  en  que  entre  la  escritura 110 de 1996 de la  Notaría  Décima  de  Medellín  y  el documento “Aplicación Dación en pago  Centro  Internacional  del  Mueble” existe una relación de complemento mutuo,  pues  mientras  la primera es la formalización del negocio jurídico de dación  en  pago,  el  segundo  es la explicación contable de dicha operación y de las  obligaciones  a  cargo  de  los  aludidos  deudores;  7)  no dar por demostrado,  estándolo,   que   el   documento   “Aplicación   dación   en  pago  Centro  Internacional  del Mueble” corresponde al anexo de “liquidación de capital,  intereses,  costos,  gastos,  comisiones,  etc.,  efectuada  el  30  de enero de  1996”  que  las  partes  en la dación en pago efectuada mediante la escritura  No.  110  de  1996  de  la  Notaría  Décima  de  Medellín se comprometieron a  protocolizar  en  el  punto  PRIMERO  de  dicha  escritura  pública; 8) dar por  acreditado,  sin  estarlo,  que el avalúo de los folios 143 a 151 demuestra que  existió  equivalencia  económica entre el valor de los 113 locales comerciales  entregados  en  dación en pago por el Centro Internacional del Mueble S.A. y la  deuda  que  esta  entidad  tenía para la fecha con el Banco Ganadero; 9) no dar  por  demostrado,  estándolo,  que  el documento que obra a los folios 143 a 151  hace  parte  del  negocio de dación celebrado entre el Centro Internacional del  Mueble  S.A.,  Amanda  e  Hildebrando  Mejía,  al  haber  sido  la  evaluación  realizada a los 120 bienes para la realización de la operación.   

                   Para demostrar  los  errores denunciados, particularmente el relativo a la indebida apreciación  de  la susodicha escritura, acota que el Tribunal infirió que la entrega de los  113  locales de propiedad de la actora estaban destinados a pagar la deuda total  por  valor  de  $1.731.850.000  y no solamente la suma de $1.431.850.000, según  consta  en  el  documento  de aplicación de la dación en pago. Así planteadas  las  cosas,  existe una aparente discordancia entre la escritura y el mencionado  documento.   

                   Para dilucidar  la  cuestión,  añade,  se tiene que los documentos mal apreciados proporcionan  los  siguientes  elementos  de juicio: a) respecto de la escritura pública: que  la  deuda  del  demandante  era  de  $1.431.850.000, para cuyo pago entregó 113  locales;  que  AMANDA  e  HILDEBRANDO  MEJIA, adeudaban al Banco, $65.000.000; y  $235.000.000,  respectivamente,  para  cuyo  pago  la primera entregó 6 locales  comerciales  y  el  segundo uno: b) el documento de aplicación de la dación en  pago  señala  que  el valor de dicho negocio, correspondiente a $1.731.850.000,  se  aplicaría  al  pago  de  las obligaciones Nos. 1722, 188, 2066, 1942, 1943,  1949  y 1953, así como a los gastos de la dación y otras obligaciones, sin que  ese   documento  indique  quienes  son  los  deudores  de  cada  una  de  ellas.   

                      Agrega  el  censor  que  si  se  hiciera  un  análisis  conjunto  de  ambos  documentos  se  obtendrían los siguientes elementos de juicio:   

                     Existe total  coincidencia  entre  las cifras señaladas en la escritura 110 y en el documento  “Aplicación  de  Dación  en  Pago”,  pues  en  ambos se alude a la suma de  $1.731,  85  millones,  pero  en la escritura se indica concretamente quien debe  cada  una  de  las  tres  cantidades en que ésta se descompone, mientras que el  otro  documento se refiere simplemente a las deudas que se cancelan mediante ese  convenio.  Por  ende,  el objeto de ambos es totalmente diferente, pues mientras  uno  precisa  quiénes  son  los  deudores  de los $1.731,850.000 (CIM, Amanda e  Hildebrando),   el   otro  determina  a  los  acreedores  de  esa  misma  cifra,  advirtiendo  que  el  Banco Ganadero las cancelará con el dinero producto de la  dación  en  pago, aunque sin decir cual de los tres es el deudor de cada una de  esas  obligaciones  a  extinguir.  Como  no  se  refieren al mismo objeto, no se  contraponen sino que se complementan.   

                   “Los errores  del  Tribunal  al  apreciar  la  escritura 110 de 1996 de la Notaría Décima de  Medellín,  quedan  así  al  descubierto,  pues  hubo  preterición parcial del  contenido  de dicho documento al omitir considerar en parte lo que él contiene,  concretamente  aquella  en  que  se  expresa que los Sres. Amanda Mejía de V. E  Hildebrando  Mejía  eran  deudores  del  Banco Ganadero, la primera en $65 y el  segundo  en  $235  millones;  adicionalmente,  hubo  desfiguración de parte del  contenido  de  la  escritura,  al  asignarle  un alcance distinto a su contenido  objetivo,  adicionándolo  con lo que no aparece en él, pues se le pone a decir  que  el  Centro Internacional del Mueble S.A. debía $1.731,85 Millones al Banco  Ganadero  y que para la cancelación de esa deuda realizó la dación en pago de  120 locales comerciales”.   

                             En  conclusión:  la  errónea  apreciación  de  dichos  escritos llevó al juzgado  ad  quem  a  desfigurar  el  documento  “aplicación  dación en pago”, poniéndolo a decir que el Centro  Internacional  del  Mueble  era el único deudor de los $1.731,85 Millones y que  en  virtud  de  dicha obligación, había realizado la dación en pago de bienes  por  ese  valor,  equivocación que, a su vez, lo condujo a deducir que el actor  era  deudor,  y había pagado, una suma distinta a la estipulada en la escritura  110,  en  la  cual  “tres  sujetos”  reconocen sus obligaciones con un mismo  acreedor,  amén  que  dicho  escrito  no  tiene la firma de ninguno de los tres  deudores,  porque  no  es más que una explicación contable de la operación de  dación en pago.   

                    Puntualiza, a  continuación,   que  la  apreciación  que  el  Tribunal  debió  dar  a  estos  documentos  es  la siguiente: la señalada escritura es el documento mediante el  cual  el  actor,  Amanda  e  Hildebrando Mejía se declararon deudores del Banco  Ganadero  S.A.  por  $1.431,85, $65 y 235 Millones, respectivamente, por lo cual  cedieron,  en  su  orden, 113, 6 y 1 locales. A su vez, el documento aplicación  dación  en pago es la memoria dejada por el Banco demandado de las obligaciones  a   cargo  de  los  deudores  que  han  de  ser  canceladas  en  virtud  de  ese  negocio.   

                      Aborda, en  seguida,  el  recurrente, la demostración del error de hecho que el atribuye al  juzgador  en  la  apreciación  del  avalúo  visible  a  los  folios 143 a 151.   

                      Señala al  respecto  que  el  Tribunal  rechazó la acusación de falta de equilibrio en la  dación  en  pago, con base en el avalúo que se hizo antes del negocio, dando a  entender  que  ese  es un elemento de convicción que prueba “la falta de piso  de  esta  petición”  del  demandante.  “Esa argumentación apuntala en este  documento  la  equivalencia  de las prestaciones, como si ese hecho hubiese sido  ajeno  a  la negociación misma o se hubiese realizado después de la misma, sin  percatarse  de  que  ese  avalúo   no solo hace parte de esa negociación,  sino  que  es  el  fundamento  de  la misma, en la medida en que el valor que se  obtuvo  de  dicho  avalúo  fue  el  que  permitió  definir hasta qué punto se  podían  cancelar  las  obligaciones  del  Centro Internacional del Mueble y los  Sres.  Amanda  e  Hildebrando  Mejía, o sea, qué valor podía pagarse con esos  bienes”.   La   equivalencia  entre  esas  dos  cifras  es  “una  verdad  de  Perogrullo”,  es  un  hecho  que nadie ha puesto en duda, pues esta acción no  tiene  su fuente en un error aritmético en que hubiesen incurrido las partes al  apreciar ese avalúo o al sumar las obligaciones pagadas.   

                     Se equivocó  el   Tribunal,   prosigue,  al  fundamentar  el  equilibrio  matemático  de  la  operación  de  dación  en  pago en el avalúo de los folios 143 a 151, pues lo  desfiguró   al   asignarle  un  alcance  contrario  a  su  contenido  objetivo,  adicionándolo  con  contenidos  que  no aparecen en él, en la medida en que al  haber  sido  el avalúo base de la dación en pago, de ninguna manera podía ser  utilizado  como  único  elemento  para  resolver  la petición de revisión del  equilibrio  económico  de  la  misma.  Ese  avalúo  es  un  elemento de juicio  sumamente  valioso  en  orden  a precisar cuál fue la base de la cual partieron  las  partes  al  realizar  la dación en pago, esto es, si dicha negociación se  hizo  asignándole  un  valor global a todos los bienes o si por el contrario la  misma  partió  de  una evaluación objetiva del valor del metro cuadrado de los  bienes,  como  parece  haber  ocurrido,  pero no tiene ninguna importancia en el  estudio  tendiente a precisar si en esa operación existió realmente equilibrio  económico,  interrogante  que  apunta  directamente a precisar si hubo un error  aritmético  o  si en realidad la evaluación realizada mediante ese avalúo fue  equivocada.  “Esta  labor  es meramente comparativa, contrastando el resultado  allí  obtenido  (el avalúo asignado a cada uno de los bienes) con la cifra que  se  obtiene  como  valor  total  de  los  mismos o sumatoria, evaluación que no  involucra elemento ajeno al avalúo mismo”.   

                             El  sentenciador  debió  interpretar dicho avalúo en el sentido de tomarlo como la  base  de  los  valores  asignados  a  los  bienes entregados en dación en pago,  calidad  en  la  cual la información en él vertida completaba la negociación,  dándole  un  sustento  a  los  valores  matemáticos allí vertidos. De haberlo  entendido  así,  lo  habría  considerado  un parámetro de comparación con el  nuevo  avalúo  practicado  en  el  proceso,  de  modo  que  ambos  serían  las  herramientas  mediante  las  cuales debía establecer si en realidad existió el  desequilibrio acusado en la demanda.   

                    Refiriéndose  al  error de derecho, acusó al Tribunal de haber privado de valor probatorio al  dictamen  pericial  debidamente  practicado  dentro  del proceso, con base en un  juicio  de  naturaleza  probatoria  según  el  cual  dicho  medio solo se puede  apreciar  con  miras  a demostrar la pretensión de repetición de pago de lo no  debido,  cuando  ha  sido  solicitada  expresamente  por la parte demandante con  dicho  fin.  Por  tal  razón, no dio por demostrado, estándolo, que conforme a  dicho  medio probatorio, el valor real de los 113 locales comerciales entregados  por  el  Centro  Internacional  del Mueble S.A. al Banco Ganadero S.A., fue  la “suma de $1.739 Millones” (sic.).   

                       Luego  de  aludir  a  las  normas de disciplina probatoria que consideró quebrantadas y de  asentar  algunos  comentarios  relativos  a  los  principios  de  la unidad y la  comunidad  de  la prueba, puntualiza que el juzgador de segundo grado pregona el  principio  de  que si una parte solicita un dictamen pericial para establecer el  justo   precio   de  unos  bienes,  con  miras  a  establecer  los  presupuestos  sustantivos  de  la  acción de rescisión por lesión enorme, el dictamen allí  obtenido  probará  precisamente  eso,  el justo precio de esos bienes, pero ese  resultado  probatorio solo podrá ser usado con el fin de resolver la acción de  lesión   enorme,  no  otra,  pues  si  lo  que  se  pretende  es  demostrar  la  equivalencia  entre  el valor de esos bienes y la obligación cancelada, ello no  se puede hacer por medio de dicha prueba.   

                          Dicha  argumentación  atenta  contra  el  principio  de la comunidad de prueba, pues a  pesar  de  haberse  practicado  en  el  proceso,  con plena satisfacción de las  formalidades  legales, se desdeña el medio probatorio en razón de una supuesta  vinculación a la pretensión para la cual se solicitó.   

                      Dicho esto,  pasa  la  censura  a señalar la incidencia de los errores denunciados, punto en  torno  al  cual  precisa,  en ajustada síntesis, que de no haber sido por ellos  “el  fallador  de  instancia  habría  tenido  que  partir  del  hecho  de que  realmente  el Centro Internacional del Mueble S.A. era deudor del Banco Ganadero  S.A.  por  la  suma de $1.431,85 Millones, suma que pretendió pagar mediante la  entrega  en  dación en pago de 113 locales comerciales de su propiedad, negocio  que  fue realizado con base en un avalúo que determinó que esos bienes tenían  un  valor de $1.431, 85 Millones. De otro lado, al apreciar los medios de prueba  arrimados  al  proceso,  habría  tenido  que evaluar el dictamen pericial allí  rendido,  en  el  cual  los peritos determinaron que el justo precio de esos 113  locales  comerciales para la fecha del negocio jurídico era de $1.739 Millones.  Así  las  cosas,  habría  surgido  nítida  la  evidencia  de  que  el  Centro  Internacional  del  Mueble S.A. habría incurrido en un error, pues al pretender  pagar  $1.431,  85  Millones  en  realidad  había entregado bienes por valor de  $1.739  Millones,  resultando  así  un  exceso  de  $307,15 Millones, suma esta  respecto  de  la  cual se configuraba pago de lo no debido, generándose para el  acreedor   la   obligación   de  restituir  esa  cifra  erróneamente  recibida  actualizada monetariamente”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

                     

                      1. Débese  destacar   delanteramente  que  el  designio  fundamental  de  la  censura  esta  orientado  a  demostrar  que  por causa de los errores de estimación probatoria  que  el  recurrente le enrostra al Tribunal, éste dejo de ver que el demandante  pagó  lo  que  no  debía,  pedimento  al  cual,  en síntesis, se restringe la  acusación.  Al  respecto  advierte  la  Corte  que,  además  de  que aquél no  incurrió  en  los  yerros  fácticos   por los que se duele la censura, es  claro  que  de  haber  existido esas hipotéticas incorrecciones, ellas serían,  indudablemente, intrascendentes.   

                   Se dice que el  sentenciador  no  incurrió  en  los  errores  fácticos  que en el carácter de  manifiestos  el  censor le atribuye porque, en primer lugar, aquél sustentó su  aseveración  según  la  cual  el  monto de la deuda satisfecha por la sociedad  demandante  fue  de  $1.731.850.000  y  no  de  $1.431.850.000,  en el documento  denominado  “aplicación  de la dación de pago” (folio 152 ó, quizás, 155  del  cuaderno  1),  escrito respecto de cuya eficacia probatoria no se dolió el  recurrente,   y   conforme  al  cual  todo  el  valor  de  la  dación  en  pago  ($1.731.850.000)  se imputó a deudas del “CENTRO INTERNACIONAL DEL MUEBLE”.   

                   Pero, además,  esa  reflexión del fallador resulta avalada por la cláusula cuarta  de la  escritura  pública  110  de  enero 20 de 1996, en la que las partes estipularon  que:  …  (el  )  CENTRO INTERNACIONAL DEL MUEBLE S.A. y el BANCO GANADERO S.A.  han  acordado  darle a los inmuebles antes descritos un valor de MIL SETECIENTOS  TREINTA  Y  UN  MILLONES  OCHOCIENTOS  CINCUENTA  MIL  PESOS ($1.731’850.000)   M/cte, y por este mismo  valor  lo  recibe  el  BANCO GANADERO para imputarlo al pago de las obligaciones  que  se  relacionan  en  el anexo que se protocoliza en el presente instrumento.  PARAGRAFO    PRIMERO   :  cualquiera  otra  obligación  constituida  a favor del BANCO GANADERO que no se  encuentre  relacionada en dicho anexo, se entenderá ser independiente, para los  efectos  de  la  presente  dación  en pago. PARAGRAFO  SEGUNDO  : Que han convenido las partes en la presente  dación   en   pago  que  el  abono  efectivo  a  las  obligaciones  que  CENTRO  INTERNACIONAL  DEL MUEBLE S.A tiene (n) para con el BANCO GANADERO se efectuará  sólo  hasta  cuando  se  le  acredite  a este último que la presente escritura  pública  ha  sido  debidamente registrada, y que sobre el (los) inmueble (s) no  pesa  ningún  gravamen  o limitación al dominio, pero tendrá efectos a partir  de su otorgamiento” (folio 20 del cuaderno 1).   

                   De modo, pues,  que    la    apreciación    del    sentenciador   ad  quem,  que  en  últimas  conduce  a  calificar  como  solidarias  las  obligaciones  solucionadas con la dación en pago contenidas en  la  escritura  pública  No.110 de enero 30 de 1996, así no lo hubiese afirmado  explícitamente,  no puede tildarse de ostensiblemente contraevidente, con mayor  razón,  en  cuanto  se  repara  que  se  trata de una transacción de carácter  mercantil  en  la  que,  por  disposición  del  artículo  825  del  Código de  Comercio,  se  presume  la  solidaridad.  En  efecto,  en el aludido instrumento  público acordaron las partes:   

“PRIMERO:  Que  los  comparecientes  se  declara  (n)  deudor  (es)  del  BANCO GANADERO, por la  cantidad  de  MIL  SETECIENTOS  TREINTA  Y UN MILLONES OCHOCIENTOS CINCUENTA MIL  PESOS  ($ 1.731.850.000) m/cte, así: a) EL CENTRO INTERNACIONAL DEL MUEBLE S.A.  por  la  cantidad  de  MIL CUATROCIENTOS TREINTA Y UN  MILLONES   OCHOCIENTOS  CINCUENTA  MIL  PESOS.  PESOS  ($1.431.850.000)  M/cte;   

b)  El  señor  HILDEBRANDO  MEJIA,  por la  cantidad  de  DOSCIENTOS  TREINTA Y CINCO MILLONES DE  PESOS—       PESOS       ($       235.000.000.oo) M/cte;   

c) Y la señora AMANDA MEJIA DE VARGAS, por  la   cantidad   de   SESENTA  Y  CINCO  MILLONES  DE  PESOS      —-     PESOS     ($     65.000.000.oo)     M/cte;     según  liquidación  de  capital, intereses, costos, gastos, comisiones, etc, efectuada  el   treinta   (30)   de  Enero    —   de   mil  novecientos  noventa  y seis  (1996),  en  relación  con la (s) obligación (es) relacionadas en el anexo que  se  protocolizó con el presente instrumento público y que CENTRO INTERNACIONAL  DEL  MUEBLE  S.A.,  la señora AMANDA MEJIAVARGAS y el señor HILDEBRANDO MEJIA,  tiene    (n)    contraída    (s)    como    deudor    (es)    con    el   BANCO  GANADERO”.    

                      Desde  esa  perspectiva,  la división de la deuda prevista en la cláusula primera de dicho  instrumento   correspondería  al  modo  como  los  deudores  se  distribuirían  internamente el pago de la obligación.   

                    En síntesis,  la  apreciación  que  de  los reseñados documentos reclama la censura no es la  única  posible,  a  la  par  que  las  elucidaciones  del  fallador encuentran,  también,  sustento  racional  en  las  mismas, motivo por el cual no es posible  hacerlo reo del aludido yerro.    

                    De otro lado,  tampoco  puede  sindicársele de haber incurrido en error fáctico al estimar el  avalúo  que  sirvió  de base a la negociación (folios 143 a 151), ni en el de  derecho  por  valorar  el dictamen pericial practicado en el proceso (folios 4 a  67  del  cuaderno  4),  por  los que igualmente se queja el recurrente, toda vez  que,  no  obstante  la  notoria  confusión que rodea su razonamiento, en él se  vislumbra  que el sentenciador desdeñó el segundo para privilegiar el primero,  simplemente  porque  éste  comprendía  los  120  locales  dados  en pago, y no  solamente los 113 a los que se refería aquel otro.   

                     En ese orden  de  ideas,  es  patente,  entonces,  que  el  Tribunal  desestimó la experticia  practicada  en  el  proceso,  no  porque considerase que fuera inconducente o no  fuese  idónea,  sino,  sencillamente,  porque  luego  de  examinar su contenido  advirtió  que  si  de  examinar la equivalencia de las prestaciones a la luz de  las  evaluaciones  allí  contenidas se trataba, ella solamente aludía a 113 de  los  120 locales comprendidos en la negociación, reflexión que, como es obvio,  no   envuelve   ningún   razonamiento   relativo   a   la   disciplina  de  las  pruebas.   

                       2.  Pero,  además,  como  ya  se  dijera, aún de haber existido tales incorrecciones, las  mismas serían francamente intrascedentes.   

                      En efecto,  dado  que,  conforme a la prescripción del artículo 1626 del Código Civil, el  pago  es  “la prestación de lo que se debe”, la atribución patrimonial que  del  mismo  se deriva debe encontrar sustento en una obligación antecedente que  se  pretende  extinguir.  Infiérese,  por  consiguiente, que el pago reclama la  existencia  tanto  de  la  voluntad  de cumplir (animus  solvendi), como de la una obligación preexistente que  saldar   (causa  solvendi).   

                   De ahí que si  equivocadamente  el  solvens,  movido  por  la voluntad de pagar, realiza una atribución a favor de otro, pero  sin  que,  a  su vez, exista causa solvendi,  tiene  derecho,  por  mandato  del  artículo  2313 ejusdem, para  repetir  lo  pagado.  Sin  embargo,  es  patente en la señalada norma, cómo la  repetición  a  la que en tal caso hay lugar, requiere, ineludiblemente, además  de  la  ejecución  de  una  prestación  a  favor  de  otro,  efectuada  con la  intención  de  pagar,  y  la  inexistencia  de la obligación (o su menor valor  respecto  del  pago  efectuado), que éste obedezca a un error de quien lo hace,  condición  que  se  remonta  a  la Instituta justineanea, debido, quizás, a la  necesidad   de   distinguir   claramente   el   pago  de  lo  no  debido  de  la  donación.   “…  En trasunto, ha dicho la Corte, donde quiera que no se  cuente   error   de  por  medio  en  el  pago,  no  se  abre  paso  la  condictio  indebiti, denominación que  en  Roma  recibió  la  acción que se viene comentando, pues lo que se acaba de  ver  tiene  por  basamento  indestructible el de que quien soluciona una deuda a  sabiendas  de  que no es deudor, voluntariamente se está imponiendo un gravamen  y no debe entonces quejarse” (CCXII, pág. 259).    

                        Nótese,  subsecuentemente,  cómo  la  repetición  derivada  del pago de lo no debido se  estructura  forzosamente  a partir del error del solvens, de modo que quien paga  conscientemente  lo  que no adeuda, ha de estar realizando una liberalidad, cual  lo  prescribe  el  artículo  1454  del Código Civil, que, en cuanto tal, no le  otorga  el  derecho  de  pedir  por  esta  vía  la  restitución  de  lo  dado.   

                      Siendo las  cosas  de  ese  modo,  deviene  palmaria  la  intrascendencia  de  las distintas  imputaciones  de la censura, pues ninguna de ella se encamina a poner de relieve  que  el  sentenciador  dejó de ver prueba alguna demostrativa del error en que,  eventualmente,   hubiese   podido   incurrir  el  demandante  por  haber  pagado  involuntariamente  en  exceso  de  lo  debido,  cuestión  que  no  inquietó al  recurrente,  ni  en verdad podía hacerlo, toda vez que, valga la pena acotarlo,  esa  circunstancia ni siquiera fue invocada en la demanda incoativa del proceso,  la  cual, por el contrario, se finca claramente sobre la supuesta desproporción  objetiva de las prestaciones  a  cargo  de  las  partes,  sin  que el error del actor, referido al monto de la  deuda hubiese sido mencionado.   

                   3. Finalmente,  no  sobra  destacar  que  el  actor  acudió  disfuncionalmente  a  la  referida  condictio,   con  miras  a  obtener  la  restitución  de  lo  que  considera  indebidamente pagado, pues es  evidente  que  el  centro  de  gravedad  de  sus  reclamaciones lo constituye el  hipotético  desequilibrio  objetivo de las prestaciones derivadas de la dación  en  pago  contenida  en  la  escritura pública No. 110 del 30 de enero de 1996.   

                    Y al respecto  es  oportuno  destacar  cómo  el  ordenamiento  civil colombiano, vigorosamente  influenciado  por  las  ideas  liberales decimonónicas de libertad contractual,  supremacía  de  la autonomía de la  voluntad, de la obligatoriedad de los  pactos  (pacta sunt servanda),  entre  otros,  circunscribió a muy reducidos espacios jurídicos la posibilidad  de  reclamar judicialmente con sustento en la desproporción de las prestaciones  contractuales,  de  manera  que  el  conflicto suscitado entre los postulados de  justicia  conmutativa, que impelen a buscar una solución para aquellos casos en  los  que  sea  notorio  dicho  desequilibrio,  y los de libertad y seguridad que  propugnan  por  la estabilidad del negocio jurídico, se resuelve, en principio,  mediante  dos  remedios  esenciales: la lesión enorme, en aquellos casos en los  que  ella es viable, y en los cuales la asimetría prestacional es coetánea con  la   celebración   del   contrato,   y   la  revisión  del  mismo,  cuando  le  sobreviene.   

                      Como en el  asunto  de esta especie el demandante pretendió que se declarase que pagó más  de   lo   debido,   pero  sin  sustentar  y,  obviamente,  sin  probar  que  esa  circunstancia  se  derivó  del  error en que para tal efecto habría incurrido,  amén  que  sus  pedimentos  su fincan en la mera desproporción objetiva de las  prestaciones  a cargo de ambas partes, las imputaciones de la censura, resultan,  por lo que ya se ha dicho, abiertamente irrelevantes.   

                     El cargo, en  consecuencia, no prospera.   

DECISION   

                    En armonía  con  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Civil,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley    NO   CASA  la  sentencia  del  24 de noviembre de 2000, proferida por  la  Sala  Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, dentro  del   proceso   ordinario  adelantado  por  el  CENTRO  INTERNACIONAL   DEL   MUEBLE  frente  al  BANCO GANADERO.   

                                Costas en el recurso de casación  a cargo de la parte recurrente.  Tásense en su oportunidad.   

Copiése y Notifíquese  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELASQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

     SILVIO   FERNANDO   TREJOS  BUENO   

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

   

    

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