SC 245 2005 [7600131030101995 7241 01

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-245-2005 [7600131030101995-7241-01

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MAGISTRADO PONENTE:  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

Bogotá,  D.  C.,  veintinueve (29) de septiembre de dos mil cinco (2005).   

Referencia:  Expediente  número   

76001-31-03-010-1995-7241-01.  

                               

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  demandante  contra  la  sentencia de 28 de agosto de 2000,  proferida  por  la  Sala  Civil  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial  de  Antioquia,  dentro  del  proceso ordinario promovido por  Paulina  Ortiz  de  Beltrán frente a la Fundación Caicedo González y personas  indeterminadas.   

I. ANTECEDENTES  

                               

1.  La  demandante  convocó  a juicio ordinario a los demandados para que  se  declarara que adquirió,  por  el  modo  de  la  prescripción  extraordinaria, el dominio sobre el predio  situado  en  la  carrera  56-Oeste  número  7-199, del municipio de Santiago de  Cali,   cuyos  linderos  y  demás  características  constan  en la demanda, que hace parte de otro de mayor  extensión,    identificado   como   allí   figura.   

                                                               

2.  Sustentó  la  pretensión     en    los    supuestos    fácticos    que    seguidamente    se  compendian:   

                                                          

a)  La  actora  ha  tenido  la  posesión real y material del inmueble pretendido desde hace más de  30  años,  en forma quieta, pacífica, pública e ininterrumpida, sin violencia  ni clandestinidad, y no ha reconocido dominio ajeno.   

b)  Durante todo  ese  tiempo  ella  ha  realizado  sobre  la  aludida  heredad actos de señora y  dueña,  de  los  que únicamente permite el derecho de dominio, no sólo porque  obtiene  provecho  económico al usarla como parqueadero sino debido a que allí  ha   levantado   mejoras,   concretamente   la   construcción  de  una  casa  de cuatro alcobas con pisos de cemento, puertas, ventanas  en madera y otra pieza adicional.   

                             3. La  demanda  fue  notificada a las personas indeterminadas a través  de         curador         ad-litem,  previo  el  respectivo  emplazamiento,  quien   al   contestarla  manifestó,  frente  a  las  pretensiones,  que  debían  decidirse  de conformidad con lo probado dentro del  proceso;  en  relación  con  los  hechos,  expresó que no le constaban, aunque  admitió el relativo a las mejoras puestas en el predio.   

La  Fundación  Caicedo González se opuso a  las pretensiones y negó los hechos del libelo.   

                               

Propuso,   asimismo,   demanda   de  mutua  petición,  donde pidió declarar que le pertenece el dominio del predio materia  de   este   proceso,   con  la  consiguiente  condena  a  Ortiz  de  Beltrán  a  restituírselo  y  a  pagarle  el  valor  de  los  frutos  naturales  y  civiles  producidos por dicho bien, así como los perjuicios ocasionados.   

                              Esas   súplicas  las  apoyó  en  los  fundamentos de facto que se resumen así:   

                             Mediante  donación  que  le  hiciera la  sociedad  Ingenio  Río  Paila S. A., la Fundación adquirió aquellos predios a  través  de la escritura pública 653 de 1º de febrero de 1990, aclarada por la  número  2885  de  23  de  abril  de 1993. Ella ha tenido la posesión sobre los  mismos  durante más de veinte años, no sólo a raíz de los indicados actos de  enajenación  sino de los títulos provenientes de sus propietarios y poseedores  anteriores,  quienes  en  su  momento  le hicieron entrega material del inmueble  pretendido.  Esa posesión la ha ejercido en forma pública, continua, pacífica  y  quieta. Pese a ello, esta reconvención la formula por el hecho de que con la  demanda  inicial  Paulina  Ortiz  pretende  adquirir  el  dominio  de  la  cosa,  desconociéndole   así   su   condición  de  dueña,  por  lo  que  ante  esta  circunstancia  considera  haber  sido despojada de aquella posesión regular. La  reconviniente  es  la dueña del inmueble objeto de las pretensiones, por lo que  aspira a recuperar la posesión perdida.      

                               

La reconvenida se opuso a este escrito; y en  cuanto  a  los  hechos,  dijo  que debía probarse lo atinente al dominio que se  adjudica  la  Fundación,  no ser cierto lo relativo a la posesión que ésta se  atribuye  por  cuanto  ha sido ella quien la ha tenido durante más de 35 años,  como  lo  indicó  en su libelo; añadió que la contraparte jamás ha realizado  actos de señora y dueña durante ese lapso de tiempo.   

4. Por sentencia de  10  de  diciembre de 1999 el Juzgado Décimo Civil del Circuito de Cali culminó  la  primera  instancia, en la que negó las pretensiones de la demanda inicial y  de la reconvención.   

                               

5.  Al  desatar la  apelación  interpuesta  por  la  demandante  inicial,  el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Antioquia le puso fin a la alzada mediante fallo de 28 de  agosto  de  2000,  en  el  que  confirmó el       del       a-quo.   

II.  LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

1.  A  vuelta  de  aludir  a  los artículos 762, 763 y 2518 del Código Civil, a los bienes que se  ganan  por  el modo de la prescripción, explicar qué se entiende por posesión  y  precisar  las especies de aquélla, indicó el tribunal cómo, contrario a lo  argumentado  por  el  a-quo  para  desestimar  las pretensiones, el certificado de tradición allegado con la  demanda  primigenia  sí  era  idóneo,  por  cuanto de allí se infería que el  inmueble  objeto  de  la usucapión tenía folio de matrícula inmobiliaria y se  encontraba  inscrito  a  nombre  de  la  demandada  en  su  condición de actual  propietaria,  pues, en la columna correspondiente a las personas que intervienen  en el acto, ella figuraba como tal.   

                               

2. Con esa puntual  precisión,  pasó  entonces  el  ad-quem  a  estudiar las restantes probanzas del proceso, con el propósito  de  determinar si en la actora residía la condición de poseedora alegada en el  libelo,  en  cuya  tarea  sostuvo  cómo  de  la  prueba  documental  y  de  los  testimonios  rendidos por Pedro Antonio González y Mario Alonso Botero Cabal se  desprendía  no  solamente  que aquélla era la esposa de José Antonio Beltrán  Figueroa,  sino  que  éste, hasta su deceso, ocurrido en 1996, ocupó el predio  aquí  pretendido  y  el de mayor extensión en cumplimiento de las funciones de  celador,  por  cuanto  en  esa calidad era empleado de Ingenio Río Paila S. A.,  sociedad  de la cual la Fundación Caicedo González los adquirió en donación.   

Enfatizó  enseguida  que la mayoría de los  testigos  dijeron ignorar la forma a través de la cual Ortiz de Beltrán llegó  al  inmueble,  pues  apenas  declararon  que  ella llevaba más de treinta años  viviendo  con  sus hijos, y que aunque no sabían quién era su cónyuge, cuando  se  les  preguntó  por José Antonio Beltrán manifestaron conocerlo, indicando  que  había  fallecido  en  la  casa  situada dentro del inmueble objeto de este  proceso.  Tomando  lo  anterior como puntos de referencia, encontró entonces el  fallador  contradictorias  dichas  contestaciones, ya que no existía precisión  en  ellas,  al contrario de lo que sucedía con los dos testigos arriba citados,  en  quienes  halló  concordancia  en  todo  cuanto  expusieron, los que además  sustentaron  sus  respuestas con los documentos allegados al proceso no tachados  de falsos.   

                               

3. Coligió así el  juez  de segundo grado que la familia Beltrán Ortiz ocupaba el inmueble a raíz  de  la  relación  laboral  que  unió  a José Antonio Beltrán Figueroa con el  Ingenio  Río  Paila  S.  A.,  quien  fue el primer propietario del mismo, y que  allí  él  continuó prestando por su cuenta el servicio de vigilancia después  de  que  la  Fundación lo recibió en donación, por lo que la actora, cónyuge  del  de  cujus,  no  podía  predicar   ser   la  señora  y  dueña  de  dicho  predio.  Esta  imposibilidad  subsistió,  prosiguió  el  juzgador,  al  menos  hasta  la  muerte  de aquél,  ocurrida  incluso  con  posterioridad  a  la presentación de la demanda de este  proceso.   

III. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

                                   

De  los  tres  cargos  propuestos  contra la  sentencia  combatida,  dos  fueron  rechazados;  de  ahí que la Corte abordará  únicamente  el  estudio  del  admitido,  el  segundo, formulado con apoyo en la  causal cuarta del artículo 368 del Código de Procedimiento Civil.   

                               

CARGO SEGUNDO  

                             1. Tras acusar  la   sentencia   de   quebrantar  el  principio  prohibitivo  de  la  reformatio  in  peius, establecido en el  artículo  357  del  Código  de  Procedimiento Civil, que le impide al superior  funcional   enmendar   o  alterar  la  providencia  apelada  en  detrimento  del  recurrente  único, hace ver la impugnadora cómo acá se reúnen los requisitos  para  la  prosperidad del cargo, por cuanto el tribunal, desbordando el campo de  sus  atribuciones,  en  el  fallo censurado lesionó el interés jurídico de la  demandante.   

Luego  de  transcribir  aquella  norma  y el  artículo   368,   numeral  4º,  ibídem,  sostiene  la casacionista que el mencionado principio no persigue  nada  distinto  a  procurar  del  superior  que  no modifique lo resuelto por el  inferior  en  perjuicio  de la parte apelante, por lo que la actividad de aquél  no  puede salirse del marco trazado en el recurso de alzada para desmejorarle la  situación   al  recurrente,  pues,  de  hacerlo,  implicaría  una  reforma  en  menoscabo de éste.   

2. En este asunto,  dice,   resulta   evidente   que  el  juez  de  primera  instancia,  al  desatar  “de     fondo     la  controversia”(fl.18),  se  encaminó  a  indicar  que  el  certificado  de  tradición  allegado  no era el  requerido,  por  cuanto  se  exigía  que la Oficina de Registro de Instrumentos  Públicos  expidiera uno especial. Como en relación con la probanza testimonial  recogida   en   el   proceso   el   fallador   no   se  pronunció  “en     forma    negativa”,  ha  de  entenderse  que  para aquél  dicha     prueba     tácitamente    “se   encontraba   acorde”  con  el  análisis  realizado en la sentencia. Por ello, el tribunal  debía   contraerse   a   estudiar   únicamente  lo  tocante  con  “el  folio  de  matrícula inmobiliaria,  que  era en el fondo el motivo del ataque de la sentencia de primera instancia y  no  la  prueba  testimonial,  que  entre  otras cosas no tiene ninguna relación  íntima”   con   aquel  documento(fl.18).   

IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

                             1.  La  causal  cuarta   de   casación,   según   lo  prevé  el  artículo  368  ibídem,    tiene   lugar   cuando   la  providencia        contiene       “decisiones  que  hagan  más  gravosa  la situación de la parte que  apeló  o  la  de  aquella para cuya protección se surtió la consulta, siempre  que   la   otra   no  haya  apelado  ni  adherido  a  la  apelación”;  de allí que cuando con base en ella  se  ataca  el  fallo  del  tribunal,  el embate respectivo debe estar dirigido a  evidenciar  la  situación  más  perjudicial surgida en la decisión de segundo  grado   con  relación  a  la  del  a-quo,  lo  que  equivale  decir  que un cargo de esta naturaleza implica  desarrollar  la  tarea  de  parangonar  la determinación del juzgado con la del  ad-quem, tras lo cual habrá  de  brillar,  sin mayores elucubraciones, que la de éste, en lo inherente a los  derechos  de ese apelante único, le produjo un agravio en la medida en que, sin  que  debiera hacerlo, comprometió los intereses de esa parte más allá de como  aquél  lo  hizo.  De  manera  que la demostración ha de consistir, ha dicho la  Corporación,   “no  desde  luego  en  el  simple lamento del recurrente por el pretendido agravio que se le  ha  inferido,  sino,  como  mínimo,  en  la presentación de las circunstancias  ciertas  y concretas que conforman el deterioro de su situación por causa o con  motivo  de  la  apelación del fallo de primer grado, labor que no será posible  sin  parangonar  las  resoluciones  de  las  sentencias de instancia”(auto  número  0189 de 30 de agosto de  1999, exp,#7661, no publicado aún oficialmente).   

                             2. Esa labor de  paralelo,  entre  la  parte dispositiva del fallo de primera, con la similar del  de  segunda,  precisamente  es  la  que  no reside en el cargo, planteado por la  causal  que  se viene comentando, puesto que allí no se precisa en cuál de las  resoluciones  de la sentencia de segundo grado el tribunal agravó los intereses  de  la  demandante,  como apelante única, en comparación con la situación que  ésta  adquirió  tras  las  disposiciones de la providencia de primera, siendo,  como  se sabe, que el fallo objeto de este recurso de casación no hizo más que  confirmar, sin ir más allá, el del juzgado.   

                             Ha  de verse cómo en punto el censor se  limitó  a  afirmar  el  empeoramiento de su situación como apelante exclusivo,  argumentando  que  el  fallo  impugnado  fue confirmado con unas consideraciones  diferentes  a las del juzgado, según las cuales el tribunal estimó que Paulina  Ortiz  no  tenía  el  predio  en calidad de poseedora, por lo menos no antes de  1996,  por cuanto ella lo ocupaba a raíz de haber sido su esposo, José Antonio  Beltrán  Figueroa, quien en la condición de vigilante lo cuidada como empleado  que  hasta  sus  últimos  días  fue de la sociedad Ingenio Río Paila S. A. Es  decir,  aunque  la  arremetida  admite el hecho de que el fallo de segundo grado  confirmó  el  de  primera  instancia,  en todo caso pretende predicar una mayor  gravamen  contra  sus  intereses  en  las  motivaciones  de la providencia ahora  recurrida,  olvidando  con  ello  que,  como  desde antiguo lo tiene definido la  Corte,  la  “reformatio in  peius   se   mide   sobre   la   resolución  de  los  fallos” y no con fundamento  en  “las razones, conceptos  y      conclusiones      que      expongan     sus     considerandos”,     por     cuanto    “la  relación  procesal no se desata en  la  parte  motiva  sino en la resolutiva”,  como que es ésta la que “enseña  si fue decidida en su plenitud o sólo en parte”,   si   la   decisión   “favorece  o  agravia  a uno solo de los  litigantes,  o si a ambos beneficia o perjudica. Por ello, es doctrina constante  la  de  que  contra  la  parte  expositiva de las providencias judiciales no hay  apelación,  por más desfavorables que sean desde el punto de vista doctrinario  o  de  la prueba de los hechos, si la resolución favorece al contendiente, pero  a    quien    no    satisfacen    las   consideraciones   del   juez”(G.  J.,  t.  CI, pags.65 y 66).     

                             La alegación así plasmada en la censura  permite   ahora   reiterar,   tal  cual  en  ocasión  reciente  lo  sostuvo  la  Corporación,  cómo  “con  total  olvido  de  que es en la parte resolutiva de la sentencia, por ser la que  está  revestida  de  poder vinculante, donde debe buscarse el desbordamiento de  la  limitación  que  impide  al  juzgador  hacer más gravosa la condición del  único  apelante,  y  no en su parte expositiva, … arremete el acusador contra  las  motivaciones  de  la  resolución  atacada, para descalificar su legalidad,  idoneidad  y  suficiencia  como  fundamento de la decisión adoptada”(sentencia  de  4  de  mayo  de  2005,  exp.#00052-01, no publicada aún oficialmente).   

                             3. Por tanto, no prospera el cargo.   

V. DECISIÓN  

                                 En armonía con lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en  nombre  de la República y por autoridad de la ley, NO  CASA  la  sentencia de 28 de  agosto  de  2000 pronunciada en este proceso ordinario  por    el    Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de   Antioquia, en descongestión.   

                             Condénase a la parte recurrente al pago  de  las  costas  causadas  en  el  recurso extraordinario. Tásense.   

CÓPIESE,   NOTIFÍQUESE,  Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE EL EXPEDIENTE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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