SC13489-2014 [1997-13031-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    REPÚBLICA    DE  COLOMBIA      

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

Magistrado Ponente  

SC13489-2014  

Radicación           nº  11001-31-03-032-1997-13031-01   

(Aprobado  en  sesión de quince de julio de  dos mil catorce)   

          Bogotá   D.C.,   tres   (3)   de   octubre   de   dos  mil  catorce  (2014)         

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  que  la  parte  demandada en el proceso principal interpuso contra la  sentencia  proferida  el diecinueve de diciembre de dos mil once por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá, dentro del proceso ordinario de la  referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A. La pretensión  

          Jorge  Humberto,  Luis Antonio, José Miguel y Orlando Casas López;  María  Stella  Casas de Santisteban; y Flor Lucila Casas de Díaz, a través de  abogado,  promovieron  demanda  civil ordinaria contra la Junta Concordataria de  Acreedores  de  la  Quiebra  de  Casa Club Limitada en Liquidación, para que se  declare  que  adquirieron  por usucapión el dominio del inmueble descrito en el  libelo.   

Como consecuencia de la anterior declaración  pretenden  se  ordene  la inscripción de la sentencia en el folio de matrícula  inmobiliaria del bien que es objeto de la pertenencia.   

B. Los hechos  

1.  Los  actores  afirman  haber  poseído  de  manera  pública,  pacífica  e  ininterrumpida el  inmueble  situado  en  el  barrio Pardo Rubio en la transversal 1ª entre calles  47B  y 50, en la ciudad de Bogotá, cuyos linderos generales y especiales fueron  precisados en el escrito introductor.   

          2.  El  lote  de  terreno  que se pretende  usucapir  hace  parte  de  uno  de  mayor extensión que tiene una superficie de  50.000  varas  cuadradas  y  se  halla  debidamente  alinderado  en  el folio de  matrícula número 50C-186347.   

3.  La  posesión  sobre  el  referido  predio fue iniciada en enero de 1957 por Luis Antonio Casas  Sánchez,  padre de los demandantes, quien la ejerció por cuatro años; y desde  1960  hasta  la  fecha  de la presentación de la demanda fue continuada por los  actores.   

4.  La  mencionada  posesión  supera  los  20  años continuos e ininterrumpidos establecidos en la  ley  como  requisito  para  ganar  el  dominio  del  inmueble  por prescripción  adquisitiva.   

C.    El   trámite   de   la  primera  instancia   

1.  El  libelo fue  presentado el 14 de noviembre de 1997. [Folio 10]   

2.   La  entidad  demandada      formuló     la     excepción     previa     de     «ineptitud  de  la demanda por falta de  los  requisitos  formales  contenidos en los artículos 75, 76 y 77 del C. de P.  C.».  Adujo  que  la parte  demandante  «no  cumplió  con  el  requisito  contenido  en  el  artículo  76 del C.P.C., toda vez que no  identificó  de  manera  correcta  ni  el  predio  de  mayor  extensión  ni  el  particular   objeto   del   litigio…».   [Folio  2,  cuaderno  de  excepciones  previas]   

          3.   De   igual   modo,   alegó   en  su  contestación    la   excepción   de   mérito   que   denominó   «ausencia       del       derecho  pretendido»,    porque  «la parte demandante no es  poseedora  del  terreno que pretende usucapir» [folio  371],    dado   que   sólo   ostenta   «la  simple  y mera tenencia de un bien  el   cual  reconoce  que  no  es  suyo». [Folio 372]   

          4.  Al  mismo  tiempo,  la  convocada  en  pertenencia  presentó demanda de reconvención reivindicatoria en contra de los  actores  del  proceso  primigenio.  En sustento de su pretensión afirmó que la  Junta  de  Acreedores Concordatarios de Casa Club en Liquidación es propietaria  de  los  predios  identificados con los folios de matrícula número 50C-186347,  50C-186348 y 50C-186349.   

Manifestó  que el lote de terreno objeto de  la   reivindicación   se   encuentra  dentro  del  globo  de  mayor  extensión  identificado  con número de registro 50C-186348 [folio 411], el cual no ha sido  poseído   por   persona   distinta   a   su   legítima   propietaria.   [Folio  412]   

          5.  En  su  réplica  al  libelo  de mutua  petición,  los  demandantes en pertenencia aseveraron que el lote a usucapir no  sólo  hace  parte  del  predio  de  mayor  extensión identificado con el folio  número  50C-186348,  como  se  señaló  en  la  demanda de reconvención, sino  también    del   globo   registrado   con   el   número   50C-186347.   [Folio  432]   

Formularon,  asimismo,  las  excepciones  de  fondo  de «inexistencia del  derecho    real    alegado»    y    «la    prescripción    como    modo    de    adquirir   las   cosas  ajenas».     [Folio  433]   

          6.  Por  auto  de  26  de  mayo de 2004 se  negaron  las  excepciones  previas  formuladas por la demandada en la acción de  prescripción  adquisitiva.  La  excepción  de  inepta  demanda  por  falta  de  identificación  del  bien  fracasó  porque  en  el libelo sí se especificaron  tanto  los linderos del objeto del petitum  como  los  de  mayor  extensión  dentro  del  cual  se  encuentra  englobado.       [Folio       20,       cuaderno  excepciones]   

          7.  El  31  de  marzo de 2011 se dictó la  sentencia  de  primera  instancia que negó tanto las pretensiones de la demanda  principal como las de la reconvención.   

La  pertenencia  fue  desestimada  por  no  encontrar  el juzgador la prueba de los actos de señorío y dominio ejercitados  por  los  demandantes,  es decir que no acreditaron el elemento de la posesión.  [Folio 718]   

          A  su  turno,  declaró el fracaso de la acción reivindicatoria por  no  encontrar  demostrados  los  elementos  de identidad y singularidad del bien  pretendido,  pues  el -inmueble que fue objeto de las pruebas no coincide con el  que se describió en la demanda de pertenencia. [Folio 720]   

          8.  Esta  decisión  fue apelada por ambas  partes.  Sin  embargo,  la  impugnación  interpuesta  por  los  accionantes  en  pertenencia fue declarada desierta.   

D.     La    sentencia    de    segunda  instancia   

          El  19  de  diciembre de 2011 el Tribunal Superior de Bogotá dictó  el  fallo  de  segundo  grado  que  confirmó  en  su  integridad la providencia  proferida     por     el     a     quo.   

          La  competencia  del  ad quem  se  limitó  a  lo  que  fue  materia de la apelación, es decir a  analizar   si  se  demostraron  los  presupuestos  para  la  prosperidad  de  la  reivindicación,  sin  hacer  ninguna alusión a la acción primigenia, dado que  se  declaró  la  deserción  del  recurso  interpuesto  por  los demandantes en  pertenencia.   

En   ese   orden,  el  fallador  colegiado  manifestó  que  no existe correspondencia entre el bien reclamado en usucapión  y  el que fue objeto de la acción de dominio. De ahí que, en su sentir, faltó  uno  de  los  requisitos  para  la  prosperidad  de la demanda de reconvención.  [Folio 19]   

II. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

PRIMER CARGO  

La trasgresión directa del artículo 946 del  Código     Civil     consistió    –en  criterio del impugnante–   en  que  el  Tribunal  le  añadió  un  requisito  más  a  esta  disposición,  pues exigió para la prosperidad de la acción reivindicatoria la  identidad  entre  el inmueble demandado en pertenencia y el que fue objeto de la  reconvención,  cuando  es evidente que la ley no consagra ese presupuesto, dado  que  la aludida norma establece que para la procedencia de la acción de dominio  se   debe   demostrar  que  el  demandante  es  el  propietario  del  bien  cuya  restitución  se persigue; que se trata de una cosa o cuota determinada singular  reivindicable;  que existe identidad entre lo poseído y lo pretendido; y que el  demandado tiene la calidad jurídica de poseedor. [Folio 17]   

          Explicó  que  el  elemento  de la identidad se predica –según   el   tenor   literal  de  la  ley–  entre  el  inmueble  pretendido  por  el reivindicante y el que es poseído por el demandado, pero no  entre  el que se reclama en pertenencia y se reconviene en reivindicación, pues  si  bien  es cierto que para la admisibilidad de la reconvención se requiere de  un  vínculo  entre  las  mutuas  peticiones,  este  nexo  no  tiene que recaer,  necesariamente, en un mismo objeto.   

CONSIDERACIONES  

1.  La       reivindicación   o   acción   de  dominio  es la que tiene el dueño de una cosa singular, de que no está en  posesión,  para  que  el  poseedor  de  ella  sea  condenado  a  restituírsela  (artículo 946).   

Este  instituto  jurídico  es la vía legal  para  reclamar la posesión y no la propiedad de la cosa, porque esta última es  un  derecho que el demandante demuestra tener, es decir, es la causa para que el  actor  pueda  pedir  y  obtener  el  goce  pleno y absoluto de su derecho con el  ejercicio  posesorio, que se realiza con la restitución del bien. Es, por ello,  la  acción  que  ejercita  el  dueño  sin  posesión  contra  el  poseedor sin  dominio.   

          La  propiedad,  como  derecho  real  que  es,  ostenta como esencial  característica  la  de otorgar al titular el poder de persecución que, como su  nombre  lo indica, lo faculta para ir tras la cosa sobre la cual recae, en manos  de quien se encuentre.   

De  ahí  que  el  Código Civil defina este  derecho   como   el   que   se  tiene  «en   una   cosa   corporal,   para   gozar   y   disponer  de  ella  arbitrariamente,  no  siendo  contra  la  ley o contra derecho ajeno»  (artículo 669), y consagre la acción  reivindicatoria  como  el medio para hacer efectivo ese atributo de persecución  que  está  indisolublemente  unido  al dominio, para lograr la restitución del  bien.   La  reivindicación  es,  pues, una acción real, porque nace de un  derecho que tiene ese carácter, cual es el de propiedad.   

Si, como lo ha comprendido la doctrina, este  es   poder  jurídico  directo  sobre  las  cosas,  la  persecución  es  apenas  aplicación  necesaria  de  ese  poder.  Por  ello  la reivindicación tiene que  basarse,  en  primer  lugar,  en  la existencia del derecho sobre la cosa que es  objeto de la acción: no se podría dar el efecto sin la causa.   

La     persecución     –se     ha     agregado–  y por tanto, la reivindicación, no  es  del  derecho sino de la cosa en que recae el derecho. Mas, para perseguirla,  para  reivindicarla,  es  menester  no  solo tener el derecho, sino también que  éste   sea  atacado  en  una  forma  única:  poseyendo  la  cosa,  y  así  es  indispensable  que,  teniendo  el  actor  el  derecho,  el  demandado  tenga  la  posesión  de  la  cosa en que radica el derecho. (CSJ  SC, 27 Abr. 1955; CSJ SC, 6 Dic. 1955)   

De la exposición de las anteriores premisas  se  infieren los supuestos esenciales que han de acreditarse para la prosperidad  de  la  acción  reivindicatoria,  a  saber: a) derecho de dominio en cabeza del  actor;  b)  posesión  del  bien  materia  de  la  reivindicación por parte del  demandado;  c)  identidad  del  bien  poseído  con  aquel cuya recuperación se  pretende;  y d) que se trate de una cosa singular o de cuota proindiviso de cosa  singular.   

No obstante, cuando el titular del derecho de  dominio  opone al libelo principal de prescripción adquisitiva una acción para  reivindicar  la  misma  cosa  solicitada  por el usucapiente, lo mínimo que debe existir entre ambas acciones  es  una identidad de objeto, sin que ello quiera decir que se esté exigiendo un  requisito  adicional  que  el  artículo  946 de la ley sustancial no contempla;  toda  vez  que  dicha  condición es un presupuesto para la resolución de ambas  controversias  mediante  la  misma  sentencia,  y  no un elemento esencial de la  acción petitoria contemplada en la aludida disposición.   

2. Es cierto que la  ley  procesal  no  exige  que deba existir siempre identidad de objeto entre las  mutuas  peticiones,  porque  puede darse el caso en que la acumulación de ambas  acciones  resulta  procedente  en  virtud  de un factor de conexidad o relación  entre  la  demanda  principal  y  la  de  reconvención  diferente  del  objeto.   

Puede ocurrir que el demandado, aparte de las  defensas  que  haya de esgrimir contra la acción que se le promueve, tenga a su  vez    una    acción    que    ejercitar    contra   el   actor,   derivada    de    la    misma   o   de   una   relación   jurídica  distinta.   Esta   nueva  demanda  que  introduce  el  demandado   contra   su   demandante,  no  necesariamente  tiene  por  finalidad  desvirtuar      la      acción     deducida     por     aquél     –como     sí     lo    hacen    las  excepciones–,  sino  que  persigue  la  declaración  de un derecho que puede ser  de  igual  o  diversa naturaleza del que se pretende en  el libelo primigenio.   

          «Se  habla de reconvención –refiere     CARNELUTTI–  siempre  que el demandado, en lugar  de  defenderse  contra  la  pretensión  del  actor,  lo contraataca proponiendo  contra  él  una  pretensión.  Así,  en realidad el demandado se transforma en  actor».  (Sistema  de Derecho Procesal Civil, t. II,  p.  688).  Por  ello  a  esta  figura  se  le denomina  también  demanda  de  mutua  petición,  pues  a  la  acción  formulada por el  demandante  se acumula la del demandado, es decir que cada uno de ellos pretende  el  reconocimiento  de  su  propio  derecho  en  un  mismo  litigio, de ahí que  también   se   haya   aceptado   que  «la   acción   de   reconvención   tiene   su   entidad  propia  e  independiente  de  la principal» (CXVIII, p. 124; CSJ  SC. 22 Nov. 1991).   

La    reconvención    constituye,   en  rigor    –afirma  MANUEL  DE LA PLAZA–  una  demanda  independiente, en que por  necesidades  que acaso hoy no estén totalmente justificadas, se intercala en el  proceso  primitivo  una  nueva demanda, que, de estimarse, puede neutralizar los  efectos  de la primeramente ejercitada, aunque no siempre sea ese su efecto más  trascendental.  La  conveniencia  preferentemente  económica  del  simultaneus    processus   no   siempre  justifica  ese  injerto  que,  en  realidad,  contribuye  a  desnaturalizar  y a  desviar,     muchas    veces    por    cauces    insospechados,    el    proceso  primitivo…   

Esta   autonomía   de  la  reconvención  determina  que  por  su  carácter,  en  cierto  modo  excepcional,  sólo pueda  utilizarse  en  momento  que no altere el curso natural del pleito (…), ya que  la  reconvención  es  una  nueva  y verdadera demanda, deducida frente a la que  primeramente  se  formuló,  y  origina por eso una nueva litis pendencia, cuyos  efectos,  como  es  lógico,  se  refieren  a  un momento distinto de los que se  engendran   en   la  demanda  primitiva;  por  eso  también  el  que  opone  la  reconvención  no  reconoce la exactitud de la demanda (…), de donde se deriva  (y  esta  es  también otra característica) que los pronunciamientos que acerca  de  una  y  otra  se  hagan,  cuando  otra  cosa  no impusiera la conexión, son  independientes,  y  por  ello  es  perfectamente  posible  el  supuesto  de que,  estimada,  en parte, la demanda, puede ser estimada la reconvención.   (Derecho  procesal  civil  español.  Madrid: Revista de derecho privado: 1942. p. 376)   

Lo que justifica la acumulación de diversas  pretensiones  mediante  el  empleo  para  tal  composición  de  un solo proceso  (simultaneus processus), son  siempre  razones  de  economía  y  justicia: ahorro de tiempo y de recursos; la  posibilidad  de  alcanzar mejor el resultado del proceso a través del empleo de  las  mismas pruebas; y la necesidad de evitar fallos contradictorios, o en otras  palabras,   su   objetivo   es   que   no   se   divida  la  continencia  de  la  causa.   

La     reconvención     –sostiene     CHIOVENDA–  se admite  sólo  en  cuanto,  por un lado, sea útil a la economía de los juicios, y, por  otro,  ofrezca  la  ventaja  de  permitir  un  juicio  uniforme sobre los puntos  comunes  a  las  dos  acciones,  sin  agravar  notablemente  la  condición  del  actor. (Instituciones de derecho procesal civil. Vol.  II, p. 245).   

Según los tratadistas, esta figura tiene su  antecedente  histórico  en el antiguo derecho romano, y se atribuye a Papiniano  haberla  introducido  en  el  proceso  como  una medida impuesta por la equidad,  aunque  fue  el  derecho  canónico el que la desarrolló hasta convertirse más  tarde  en  un  instituto  procesal  autónomo.  (HUGO  ALSINA.  Juicio  Ordinario. México: Editorial Jurídica Universitaria, 2002. p.  70).   

A diferencia de los tribunales feudales, que  por  motivos  económicos  y políticos defendían celosamente las prerrogativas  de  su  reducida jurisdicción, manteniendo la reconvención dentro de estrechos  límites,  en  el  antiguo  derecho  español  la  acumulación  de  acciones se  permitió  con bastante amplitud, puesto que el demandado podía aducir por vía  de  mutua petición cualquier clase de acción contra su demandante, sin atender  a  su  naturaleza  ni  a  su  origen,  lo  cual  se  explica  por las distancias  considerables;  la  dificultad en las comunicaciones; y la temprana unificación  del  Reino  de  España,  cuyos jueces impartían justicia en nombre de un mismo  poder soberano.   

En     tal     sentido    –sostiene          CARAVANTES–,  ni   las   leyes  de  Partidas  ni  la  Ley  de  Enjuiciamiento  Civil  de  1855  establecieron  límites a la diversidad de acciones por vía de mutua petición,  por  lo  que el demandado podía deducir por vía de reconvención toda acción,  cualquiera   fuera   su   origen   y  naturaleza,  aunque  no  tuvieran  ninguna  relación.   

En  nuestro  ordenamiento  adjetivo,  por el  contrario,  la  posibilidad de reconvenir al actor se encuentra limitada por los  requisitos  que  establece  el  artículo  400,  los cuales se contraen a que la  contrademanda  sea de competencia del mismo juez y pueda tramitarse por una vía  no sujeta a proceso especial.   

El  derogado  artículo  411  del Código de  Procedimiento  Civil consagraba un criterio esencial para la admisibilidad de la  contrademanda,  consistente  en  que  la  naturaleza  del  asunto  permitiera la  acumulación de ambas acciones.   

Este  criterio  aún  persiste  aunque  haya  desaparecido  el precepto que lo estipulaba de modo expreso, porque el artículo  400  de  la ley procesal señala que para la admisión de la reconvención se ha  de  tener  en  cuenta  la  hipótesis de si la acumulación sería procedente de  haberse  formulado en proceso separado; y esto último solo es posible cuando la  naturaleza  del  asunto  que  se  pretende en el libelo de mutua petición posee  algún  punto  de  confluencia  con la acción originaria, que no necesariamente  debe recaer en el objeto.   

La  demanda  de  reconvención –explica   MORALES  MOLINA– será admisible cuando de formularse  en  proceso separado procedería la acumulación, y como para ésta se necesitan  los  mismos  requisitos que para la acumulación de pretensiones en una demanda,  se  concluye que la contrademanda debe ser conexa con  la  demanda  principal  por  la causa o por el objeto, o guardar dependencia con  ella,  o  requerir  las  mismas  pruebas,  lo  cual  es  lógico  ya  que  si la  reconvención  es una especie de acumulación objetiva, en que las partes tienen  intereses   diferentes,   se   aplica   el   penúltimo   inciso  del  artículo  82.  En  esta forma se evita que el demandante al ser  contrademandado  no pueda prever las consecuencias de su acto ni los límites de  las      futuras      discusiones.     (Curso de derecho procesal civil, 1983,  p. 379).   

Tratándose, entonces, la reconvención de un  caso  de  acumulación objetiva de pretensiones, rigen los mismos principios que  inspiran  el  aludido artículo 82 ejusdem,  por  lo  que  será  necesario  reconocer  en  cada  caso  si  la  contrademanda  se  relaciona con la naturaleza de las pretensiones contenidas en  el  libelo  originario,  de tal suerte que se observen los principios y fines de  esta institución.   

…entre  las  pretensiones  de  la  reconvención  y  la  demanda  inicial debe existir alguna  conexión  o  afinidad,  aunque  no  es  necesario  que  se originen en el mismo  título  que  les  sirve  de causa petendi.  Desde  que  las pretensiones del demandado se relacionen con los  hechos   que   sustentan  la  relación  jurídica  llevada  al  debate  por  el  demandante,   es   pertinente   la   reconvención…  (Hernando  DEVIS  ECHANDÍA.  Compendio  de  Derecho  Procesal. Tomo I. Teoría general del proceso, p. 356)   

Las  contrademandas  pueden ser eadem     causa     o     causae  dispari. Las primeras son aquellas  que  dimanan  de  la misma causa o título en que se funda la demanda principal.  Las  segundas se sustentan en causas o títulos diferentes pero de alguna manera  relacionados,   pues  no  son  admisibles  las  reconvenciones  que  poseen  una  naturaleza  completamente  distinta  a  la  pretensión  que dio nacimiento a la  acción  principal,  dado  que  no resulta lógico permitir al demandado deducir  una  contrademanda  que  no  tiene  ninguna  afinidad con la relación jurídica  primigenia  y  que  no tendría otro propósito que obstaculizar el progreso del  proceso.   

          La  simple  circunstancia  de  que  dos  causas  tengan en común el  elemento  subjetivo,  esto  es,  que  se  entablen entre las mismas personas, no  basta para considerarlas como conexas en sentido propio.   

El   vínculo   que   permite  admitir  la  acumulación  de  pretensiones por vía de reconvención consiste en que el juez  que  conoce  de  ambas  demandas tenga competencia sobre las mismas ratione   materiae.   Esta  acumulación  objetiva  puede  ser  conexa  por  la materia cuando dichos libelos comparten la  misma  causa,  objeto  o  título.  O  puede  haber una implicación simplemente  instrumental  cuando  solo  existe una dependencia, afinidad o unidad de pruebas  si  las  mutuas peticiones se fundan en hechos o actos jurídicos distintos pero  que se hallan de alguna manera relacionados.   

En  ese  orden, cuando el artículo 82 de la  ley  procesal  señala  que  «el  demandante  podrá  acumular   en  una  misma  demanda  varias  pretensiones  contra  el  demandado,  aunque no sean conexas», no  está  queriendo  decir  que la acumulación objetiva prescinde de todo vínculo  entre  las  mutuas  peticiones,  al  punto  que  se  puedan discutir en un mismo  proceso  pretensiones  sin  ninguna  relación, porque -se reitera- siempre debe  existir  una  correspondencia  entre  ambos  pedimentos.  De  ahí que sobre tal  asunto    esta   Corte   haya   dicho   que   aunque  «las  distintas  pretensiones  acumuladas pueden ser  inconexas»,   deben  ser  «sustancial     y  procesalmente  compatibles»  (CSJ  SC,  4 Nov. 1999,  Rad. 5225).   

          Así,  por  ejemplo,  puede  darse  el  caso  que  el  convocado  en  reivindicación  tenga,  a  su vez, su propia acción de dominio en contra de su  demandante,    respecto    de    un    objeto    distinto    al    del   proceso  primigenio.   

Encaminada   la   demanda   –refiere    Hugo   ALSINA–  a obtener  la   reivindicación  de  un  inmueble,  podría  el  demandado  encontrarse  en  situación  de  tener  que  reivindicar  otro inmueble que se encontrase bajo la  posesión  del  actor;  demandado  por  su  mandante  por rendición de cuentas,  podría  el  mandatario  tener derecho a reclamarle la devolución de lo gastado  en  el  ejercicio  del  mandato  o  de  un  préstamo  que  le había efectuado;  reclamado  el  cumplimiento  de  un contrato, podría el demandado tener motivos  para     pedir     su    rescisión.    (Juicio  Ordinario.  México:  Editorial  Jurídica  Universitaria,  2002. p. 70).   

          Los   eventos   de   acumulación   de   pretensiones  por  vía  de  reconvención  para  reclamar  un objeto distinto al de la demanda principal son  innumerables,  como  infinitas  son  las  situaciones  de  la vida práctica que  podrían dar lugar a esta figura.   

          Mas,  cuando  -como  ocurre en el presente caso- la demanda de mutua  petición  persigue el mismo objeto del libelo primigenio, entonces la sentencia  que  decida  el  fondo de esas controversias deberá versar, precisamente, sobre  el  único  bien  pretendido  en  ambos litigios, por lo que el objeto de éstos  deberá    ser,    lógicamente,    el   mismo,   tal   como   lo   exigió   el  Tribunal.   

          En  tal  circunstancia  no  se trata en realidad de una acumulación  objetiva  de distintas pretensiones, toda vez que tanto en la demanda originaria  como  en  la  de  reconvención se discute la propiedad sobre el mismo objeto de  manera  exclusiva  y excluyente. No son, por tanto, varios objetos sino uno solo  el  que  constituye el centro de ambas controversias, y en cuanto tal, es apenas  lógico  que  deba  existir  identidad  del  bien  pretendido  en  cada  una  de  ellas.   

3. En el caso que se  analiza,   no   cabe  duda  que  el  nexo  entre  la  demanda  originaria  y  la  reconvención  está  dado  por  el  mismo  objeto,  como quiera que tanto en la  acción  de  prescripción adquisitiva de dominio como en la reivindicación las  partes reclamaron su derecho sobre un único inmueble.   

Por  ello,  el  recurrente  carece de razón  cuando  afirma  que  el  Tribunal  erró  en  el  significado  que  atribuyó al  artículo  946  del  Código  Civil  por  haber  exigido a la reivindicación un  supuesto  de  hecho  que  la  ley  no establece, porque si bien es cierto que la  identidad  reclamada  por  este instituto se refiere a la que debe existir entre  el  bien  solicitado  por el reivindicante y el que está siendo poseído por el  contrademandado,  no  lo  es  menos que en la presente controversia se presentó  una  acumulación por vía de reconvención en la que ambas pretensiones, aunque  independientes,  poseen un elemento común que está dado por el único inmueble  que las dos partes reclaman para sí.   

          La  sentencia  recurrida,  en  suma,  no  incurrió  en  un erróneo  entendimiento  del  significado  del  artículo 946 del Código Civil, porque el  motivo  para  la  desestimación  de  las  pretensiones  esgrimidas  en la mutua  petición  no  consistió  en  la  equivocada exégesis del tenor literal de esa  norma,   sino   en   que   el   ad  quem  no encontró probada la identidad del inmueble pretendido en ambos  procesos,  por  lo  que  estimó  imposible  resolver  de mérito una acción de  dominio  que  se  encontraba  vinculada  al libelo inicial de pertenencia por un  factor de conexión determinado por el mismo objeto.   

          Es  decir  que  la  razón  que  tuvo  el  Tribunal  para  negar  la  reivindicación  fue  eminentemente probatoria, y no de erróneo entendimiento o  aplicación de la ley sustancial que rige el caso.   

Por ello, ante el ostensible desenfoque en el  planteamiento de la acusación, se impone el fracaso del cargo.   

SEGUNDO CARGO  

          El    censor   afirmó   que   el   Tribunal   violó   indirectamente   el  artículo  946  del  Código  Civil,  por cuanto no vio que con el dictamen pericial y la inspección  judicial  se  probó que existe completa identidad entre el predio a reivindicar  y  el  fundo  que  está  siendo  poseído  por los accionados en reconvención.   

TERCER CARGO  

          La  norma  que  consagra  el instituto de la reivindicación fue, de  igual       modo,       quebrantada      por      la      vía      indirecta,  por  error  de  derecho,  al  inobservar  el artículo 177 del Código de Procedimiento Civil, como quiera que  el  Tribunal  no vio que el demandante en reconvención cumplió con su carga de  demostrar   todos   los   elementos   para  la  prosperidad  de  la  acción  de  dominio.   

CONSIDERACIONES  

          Ambos   cargos   denunciaron  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por haber pasado por alto el Tribunal las pruebas que demuestran que  hay  identidad entre el predio reclamado en reivindicación y el fundo que está  siendo poseído por quienes fueron contrademandados.   

          Con  relación  al  elemento  de  la  identidad,  el  demandante  en  reconvención  afirmó  que  el  lote de terreno objeto de la reivindicación se  encuentra  dentro  del  globo  de  mayor  extensión identificado con número de  registro 50C-186348 [folio 411].   

Por su parte, los contrademandados admitieron  que  el  referido  predio hace parte de uno de mayor extensión identificado con  el  folio número 50C-186348, aunque también señalaron que comparte superficie  con   el   globo  de  terreno  registrado  con  el  número  50C-186347.  [Folio  432]   

Para  demostrar  que  se  trata  de un mismo  inmueble,  la  parte  recurrente  indicó  que  debió  analizarse  el  dictamen  pericial  así  como  la  inspección judicial que se practicaron en el proceso,  pues  tales  elementos  de prueba corroboran que existe completa identidad entre  el  predio a reivindicar y el fundo que está siendo poseído por los accionados  en reconvención.   

No obstante, aún en el evento hipotético de  que   tal  error  probatorio  se  hubiese  configurado,  lo  cierto  es  que  un  equivocación  de  ese  talante no podría ser suficiente para lograr el quiebre  de  la  sentencia,  como  quiera  que  de  situarse la Corte en la posición del  juzgador   de   segunda   instancia,  de  todos  modos  tendría  que  negar  el  petitum  de  la  demanda de  reivindicación  por  ausencia  de  uno  de  los  requisitos  esenciales de esta  institución.   

          En  efecto,  como  se  indicó  líneas arriba, uno de los supuestos  para  la  prosperidad  de  la mencionada acción es que la cosa que pertenece al  demandante  se  encuentre  siendo poseída por el demandado. Este es un elemento  fundamental  porque  el  objetivo  de  la  reivindicación  es, precisamente, la  recuperación   de   la   posesión,   para   que   retorne   a   su   legítimo  propietario.   

          La  recurrente,  en  su  contestación  a  la demanda de pertenencia  formuló   la   excepción   de   mérito   que   denominó    «ausencia       del       derecho  pretendido»,    porque  «la   parte  demandante  no   es   poseedora   del   terreno   que   pretende  usucapir» [folio 371], dado  que   sólo  ostenta  «la  simple  y  mera  tenencia de un bien el cual reconoce que no es suyo». [Folio 372]   

          Del  mismo  modo,  en su libelo de reconvención afirmó que el lote  de  terreno  objeto  de la demanda reivindicatoria se encuentra dentro del globo  de  mayor  extensión  identificado  con  número  de registro 50C-186348 [folio  411];  «el cual no ha sido  poseído   por   persona   distinta   a   su  legítima  propietaria». [Folio 412]   

          Tales  manifestaciones  se  estiman suficientes para concluir que si  la  misma reivindicante aseveró en varias ocasiones que el bien no está siendo  poseído  por  persona  distinta a ella misma, entonces no existe ninguna razón  para  acceder  a  la  pretensión  de  dominio,  dada  la ausencia de uno de sus  elementos esenciales.   

          Pretender  que  se reconozca una situación que se encargó de negar  durante    todo    el    litigio    –como   es   la   posesión   de   los   contrademandados–   no   es   más   que  un  acto  de  incoherencia  frente  al  comportamiento  asumido a lo largo del proceso, por lo  que mal podría ahora intentar sacar provecho del mismo.   

En   consecuencia,   no   prosperan   los  cargos.   

Ante  el fracaso del recurso extraordinario,  se  condenará  a  la  parte  impugnante  al pago de las costas causadas en esta  sede.  Tásense  por Secretaría, incluyendo como agencias en derecho la suma de  $6’000.000  a favor de la  demandada  en  reconvención,  como  quiera  que  formuló  réplica frente a la  demanda de casación.   

III. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República   y   por   autoridad   de   la   ley,   NO  CASA la sentencia proferida el diecinueve de diciembre  de  dos  mil  once  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  dentro del proceso de la referencia.   

Costas del recurso extraordinario a cargo de  la  parte  impugnante.  Tásense  por  Secretaría,  incluyendo como agencias en  derecho     la     suma     de    $6’000.000.   

         Notifíquese      y     devuélvase.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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