S 056 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-056-97

              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA   

Magistrado   Ponente:   Dr.  PEDRO  LAFONT  PIANETTA   

Santafé  de Bogotá, D.C., Octubre ocho (8)  de mil novecientos noventa y siete (1997)   

                                    Referencia:  Expediente:  No.  4818   

                                 De decide por la Corte el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandante contra la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín  -Sala  Civil,  el  23 de noviembre de 1993, en el proceso ordinario iniciado por  AUGUSTO  GIRALDO  MEJIA contra los herederos determinados de JOSE DOMINGO GARCES  TAMAYO,  los  de LIBIA RESTREPO MAYA y contra PEDRO PABLO, LUCIA y ALBERTO   GARCES  TAMAYO;  JULIO  CESAR,  MARTHA LUCIA, CARLOS MARIO, MARIA HELENA, ANGELA  MARIA   y   LUIS   FERNANDO   GARCES   MORENO,   estos  últimos  en  su  propio  nombre.   

                                I.- ANTECEDENTES   

                                  1.-  Mediante  demanda  que por  reparto   correspondió  conocer  al  Juzgado  Primero  Civil  del  Circuito  de  Medellín,  que  obra  a  folios  155 a 172 del cuaderno No. 1, adicionada   como  aparece a folios 177 a 195 y presentada en texto definitivo e integrado en  escrito  visible  a folios 214 a 244 del cuaderno citado, AUGUSTO GIRALDO MEJIA,  convocó  a  un  proceso  ordinario  a  José  Pedro Pablo, Martha Ligia y Julio  Alberto  Garcés  Tamayo,  como  herederos  de  José Domingo Garcés Naranjo; a  Beatríz  Matilde,  Martha  Lucía,  Julio  César,  María Helena, Jorge Iván,  Angela  María,  Carlos  Mario,  Luis  Fernando y Darío Antonio Garcés Moreno,  herederos  de  Iván  Gustavo  Garcés  Tamayo,  quien  también lo fue de José  Domingo  Garcés  Naranjo; a María Inés y Ana de Jesús Restrepo Maya; Darío,  Olga  Lucía,  Luz  Marina,  Iván  y  Luis  Alberto Restrepo Moreno; Guillermo,  Martha  Luz, Gloria Estella, María Eugenia, Adolfo León, Ana Patricia Restrepo  Uribe;  Libia  Luz  Restrepo Liévano, Luz Ivonny, Cristina, María Edith, Edgar  Jhon  y  Gladys  de  la Cruz Restrepo Gómez; Ana Cecilia, Joaquín Javier, Luis  Alberto  y  Juan  Diego  Restrepo  Echeverry,  todos herederos de Libia Restrepo  Maya;  a  Pedro  Pablo,  Lucía  y  Alberto  Garcés Tamayo, Julio César Martha  Lucía,  Carlos  Mario,  María  Helena,  Angela  María y Luis Fernando Garcés  Moreno,  en  sus  propios nombres, para que surtido el trámite que le es propio  se  declarase  que  los  demandados  «son  responsables  para  con el demandante  Augusto  Giraldo  Mejía,  de los perjuicios que a éste le causaron», en virtud  de  «los hechos que condujeron a la terminación del contrato de arrendamiento»,  celebrado  por  el  actor sobre el inmueble ubicado en la ciudad de Medellín en  el  cruce  de la calle 49B con la carrera 67 y la construcción allí existente,  donde    actualmente    funciona   el   establecimiento   comercial   denominado  «Añoranzas»,  inmueble  alinderado  como  aparece  en el hecho quinto del texto  integrado  de la demanda (fl. 215, C-1), distinguido en su puerta de entrada con  el  número  67-7  (pretensión Primera, fl. 238, C-1). Impetra además el actor  que  se  declare que los demandados Pedro Pablo, Ligia y Alberto Garcés Tamayo,  Julio  César, Martha Lucía, Carlos Mario, María Helena, Angela  María y  Luis  Fernando  Garcés Moreno, personalmente, sean declarados responsables, por  haber  iniciado  el  proceso  que  culminó  con la terminación del contrato de  arrendamiento  aludido  «los  tres primeros» y por haber coadyuvado a éstos los  demás, en ese proceso.   

                                 Subsidiariamente impetra el actor  que,  para  el  caso  de que no prospere la pretensión de declaración  de  responsabilidad   de   los  demandados  ya  aludida,  entonces  se  declare  que  incurrieron  en  tal  responsabilidad,  pero «a título de responsabilidad civil  extracontractual»  (fl.  239,  C-1)  y, en cualquiera de los casos, solicita que  para  el  evento  de  que  no  fuere  posible  la  determinación concreta de la  cuantía  de  los  perjuicios  a cuyo pago ha de condenarse solidariamente a los  demandados,   ésta   se  concrete  posteriormente,  mediante  el  trámite  del  «incidente  previsto  por  el artículo 308 del Código de Procedimiento Civil»,  incluyendo la indexación monetaria correspondiente (fl. 239, C-1).   

                                  2.-  Funda  sus pretensiones el  demandante,    en    resumen    en    los    hechos    que   se   sintetizan   a  continuación:   

                                  2.1.- En proceso reivindicatorio  adelantado  por  José Domingo Garcés Naranjo contra Hildebrando Vélez ante el  Juzgado  Sexto  Civil  del  Circuito de Medellín, se hizo parte Augusto Giraldo  Mejía,  quien  adujo  para  el  efecto  que podría resultar perjudicado con la  resolución  de  ese  litigio,  sobre  el  inmueble  distinguido  con  folio  de  matrícula   inmobiliaria   No.   001-0068331  de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de Medellín, ubicado en la calle 49B con carrera 67 de  esa  ciudad  y  marcado  en  su  puerta  de entrada con el No. 67-7, pues en él  funcionaba   el   establecimiento   comercial   denominado   «Grill  Restaurante  Añoranzas»,    adquirido    por    Augusto    Giraldo    Mejía   a   Guillermo  Yepes.   

                                 2.2.- El aquí demandante Augusto  Giraldo   Mejía,   convino   entonces   con  la  parte  actora  en  el  proceso  reivindicatorio  ya  mencionado,  que desistiría de su intervención en aquél,  siempre  y cuando se le garantizaran «su permanencia en el inmueble en el evento  de   un  resultado  favorable  a  los  reivindicantes»,  desistimiento  que  fue  oportunamente   aceptado   por   el   Juzgado   Sexto   Civil  del  Circuito  de  Medellín.   

                                  2.3.- En desarrollo del acuerdo  aludido,  se suscribió un contrato de arrendamiento entre José Domingo Garcés  Naranjo,  -representado  por  sus  curadores  Alberto  y  Pedro  Garcés Tamayo,  designados  como  tales por el Juzgado Noveno Civil del Circuito de Medellín- y  Augusto  Giraldo  Mejía,  en virtud del cual por el primero se dio al segundo a  título  de arrendamiento el inmueble determinado en la cláusula primera de ese  documento,  descrito  y  alinderado  como aparece en el hecho quinto del escrito  integrado  de  la  demanda  con  la  cual  se  promovió  este proceso (fl. 215,  C-1).   

                                  2.4.- La duración del contrato  de  arrendamiento  mencionado  se  pactó  en  15 meses, contados a partir de su  iniciación, la que comenzó el 26 de agosto de 1976.   

                                  2.5.-  El  arrendatario  de ese  inmueble  y  aquí  demandante Augusto Giraldo Mejía, adelantó en el mismo una  remodelación  del  local  para  el funcionamiento del establecimiento comercial  denominado   «Grill  Restaurante  Añoranzas»,  al  igual  que  adelantó  obras  adicionales,  para  el  funcionamiento  en  el  mismo  lote de terreno de nuevos  establecimientos   comerciales  que  denominó  «La  Tienda»,  «El  Parao»,  «El  Esquinazo»,  «El Viejo  Almacén Tango Show», mejoras y construcciones que,  además,  se  extendieron  a  un  inmueble  aledaño al tomado en arrendamiento,  incluído  un  sector  para  parqueadero  de  la  clientela  (fls.  216  a  224,  C-1).   

                                  2.6.-  Fallecido  José Domingo  Garcés  Naranjo,  sus  herederos  promovieron,  sin  éxito  un proceso ante el  Juzgado  Sexto  Civil del Circuito de Medellín para obtener la restitución del  inmueble  arrendado  a Augusto Giraldo Mejía y luego otro, de carácter verbal,  en  el  que  pretendieron  la fijación judicial de un nuevo canon, «proceso que  tampoco  prosperó».  Más  tarde,  iniciaron,  también  sin  éxito  un  nuevo  «proceso   de   lanzamiento»,   igualmente  con  resultado  desfavorable  a  sus  pretensiones,  el  cual  se  adelantó  ante  el Juzgado Once Civil Municipal de  Medellín.   

                                 2.7.- Por último, promovieron un  nuevo  proceso, que cursó ante el Juzgado Tercero Civil Municipal de Medellín,  en  el  cual  solicitaron la terminación del contrato de arrendamiento sobre el  inmueble  en  cuestión,  pretextando que habrían de demoler las construcciones  existentes  para levantar sobre ese terreno una «nueva edificación», proceso al  cual  fueron  citados  como  parte  Luis  Bernardo  Molina  y Nohora Londoño de  Giraldo,  quienes  habían  sucedido a Augusto Giraldo Mejía en la tenencia del  Inmueble  arrendado,  el  que  culminó  con  sentencia  favorable  a  la  parte  actora.   

                                  2.8.- Para darle cumplimiento al  fallo  proferido en ese proceso, se practicó diligencia «que llevó a efecto el  lanzamiento»,  el  3  de  diciembre  de  1988, sin que la parte demandante diera  iniciación  a  las  obras de demolición para levantar la construcción nueva a  que  se  refiere la demanda, dentro de los tres meses siguientes, al punto que a  la  fecha de iniciación de este proceso, «la edificación entregada por Augusto  Giraldo  Mejía  se  encuentra  remodelada,  con  una  pequeñísima  área» que  conserva  «inclusive  la  fachada  que tenía el local donde funcionó el ‘Viejo  Almacén   Tango   Show'»,   inmueble   que   ahora  se  encuentra  dedicado  al  «funcionamiento de un parqueadero» (fl. 229, C-1).   

                                 2.9.- La conducta asumida por los  demandados  ocasionó  graves  perjuicios a Augusto Giraldo Mejía, por concepto  de  lucro  cesante y daño emergente, causados entre otras cosas no solo por los  ingresos   dejados   de   percibir,   sino,   también,  por  el  valor  de  las  indemnizaciones  que  hubo  de  pagar  a sus trabajadores (fls. 229 a 232, C-1),  además  de  que  aun  cuando  lo  ha  intentado  no le ha sido posible volver a  instalar  establecimientos  de comercio como los que tenía en funcionamiento en  ese    inmueble,    cuyas    licencias    de    funcionamiento,    además,   ya  expiraron.   

                                  3.-  Notificados que fueron los  demandados,  le  dieron  contestación  a  la demanda, todos con oposición a la  prosperidad  de  las pretensiones del actor, así: Pedro Pablo Garcés Tamayo en  escrito  visible  a folios 272 a 277 del cuaderno No. 1 en el cual tras insistir  en  que  los  hechos  de  la  demanda  que sustentan las pretensiones habrán de  demostrarse,   formula   las   excepciones  que  denomina  «ilegitimidad  de  la  personería  para  demandar»,  «inexistencia  de  la obligación que se pretende  derivar  a  cargo  de la parte demandada», «renuncia de mejoras» y toda otra que  aparezca  demostrada  en el proceso. Ligia y Alberto Garcés Tamayo, en memorial  visible  a folio 299, cuaderno No. 1, en el cual hacen suya la contestación que  a  la  demanda  dio  Pedro  Pablo  Garcés y proponen además como excepción de  mérito   la   «acumulación   indebida   de   responsabilidades  contractual  y  extracontractual».  Los demandados Edgar Jhon, Gladys de la Cruz, María Edith y  Luz  Ivonny  Cristina  Restrepo  Gómez;  Luis  Alberto,  Javier  y  Ana Cecilia  Restrepo  Echeverry,  herederos  todos de Libia Restrepo Maya, la contestaron en  memorial  que  obra  a  folios  354  a  360  vuelto,  cuaderno  No. 1, en el que  igualmente  se  oponen  a  las  pretensiones  del  demandante, niegan los hechos  sustentatorios  de  ellas,  respecto de algunos manifiestan que no les constan y  proponen  como excepciones las de «inexistencia de la obligación» violación de  la  prohibición  de ejecutar mejoras en el inmueble arrendado, «inexistencia de  facultad  dada  por  Libia  Restrepo  Maya  viuda  de  Garcés  Naranjo para ser  representada   por  Pedro  y/o  Alberto  Garcés  Tamayo,  para  cualquier  acto  jurídico»  y  falta de «legitimación en la causa» por la parte demandante; Luz  Marina  Restrepo Moreno dio contestación a la demanda en memorial que aparece a  folio  370  del  cuaderno  No.1,  en  la  que  hace suya la contestación de los  demandados anteriormente mencionados.   

                                   En  cuanto  a  los  demandados  Beatríz  Matilde,  Martha  Lucía,  Julio  César,  María Helena, Jorge Iván,  Angela  María,  Carlos  Mario,  Luis Fernando, y Darío Antonio Garcés Moreno,  herederos  de  Iván  Gustavo  Garcés  Tamayo,  quien  a su vez lo fue de José  Domingo  Garcés  Naranjo,  demandados  además  como personas naturales; María  Inés  y Ana de Jesús Restrepo Maya, Olga Lucía, Iván y Luis Alberto Restrepo  Moreno;  Guillermo,  Martha  Luz,  Gloria Estella Sofía, María Eugenia, Adolfo  León,  Ana Patricia Restrepo Uribe y Libia Luz Restrepo Liévano, comparecieron  al  proceso  representados  por  curadora  ad litem, auxiliar de la justicia que  contestó  la  demanda  en memorial que obra a folios 403 a 408 del cuaderno No.  1,  en  el que manifiesta estar a lo que resulte probado en el proceso y propone  como  excepciones  de  fondo  las de «cosa juzgada», «falta de legitimación por  activa» y «enriquecimiento ilícito».   

                                  El  demandado  Luis  Alberto  Restrepo  Echeverry,  notificado  por  conducta  concluyente  se  abstuvo de dar  contestación a la demanda.   

                                4.-  Agotada  la  tramitación  correspondiente,   el  Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito  Especializado  de  Medellín,  al  que le fue remitido el expediente luego de su creación, le puso  fin  a  la  primera  instancia mediante sentencia dictada el 29 de julio de 1993  (fl.  543  a  551, C-1), en la que decidió «no acceder a las pretensiones de la  demanda»  y  «absolver  a  los  demandados  de  los  cargos  que  les formula el  demandante».   

                                5.- Apelado el fallo de primer  grado  (fls.  553  a  560,  C-1),  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Medellín  -Sala  Civil-,  lo confirmó, en sentencia de 23 de noviembre de 1993  (fls. 47 a 64, C-9).   

                                  6.-  A  esa  altura  de  la  actuación,  la  parte  actora,  vencida  en  la  segunda  instancia,  interpuso  entonces  contra  la  sentencia  aludida  el recurso extraordinario de casación  (fl. 66, C-9), de cuya decisión se ocupa ahora la Corte.   

                                  II   –   LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

                                 1.-  El  Tribunal,  luego  de  sintetizar  el  litigio  y  la  actuación surtida durante la primera instancia,  encuentra  reunidos  los  presupuestos  procesales,  por  lo  que  estima que es  procedente  dictar  sentencia  de  mérito para decidir el recurso de apelación  interpuesto  contra  el fallo de primer grado por la parte actora (fls. 47 a 56,  C-9).   

                                2.- A continuación recuerda el  contenido  del  artículo 522 del Código de Comercio y expresa que el espíritu  que  lo  informa  es el de «evitar el abuso del derecho y el enriquecimiento sin  causa  por  parte  del  propietario  frente  a  la  empresa  constituída por el  arrendatario»,  y, por ello, es una forma de «protección del establecimiento de  comercio»,  en  virtud de la cual se impone al arrendador que no le haya dado al  inmueble  la  destinación  alegada como causal para obtener su desocupación la  obligación  de  indemnizar los perjuicios causados al arrendatario de ese local  comercial,  afirmación  que  apoya  en  transcripción  de  jurisprudencia  del  Tribunal  Superior  de  Medellín  y  en  algunos  apartes  de la exposición de  motivos  del  proyecto de Código de Comercio presentado al Congreso Nacional en  el año de 1958 (folios 57 a 59, C-9).   

                                3.-  Asevera luego el Tribunal  que  el derecho a la indemnización al arrendatario por el arrendador consagrado  por  el  artículo  522 del Código de Comercio, se encuentra en armonía con lo  dispuesto  por  el  artículo 518 del mismo Código, que consagra el derecho del  inquilino  a la renovación del contrato sobre locales comerciales, salvo en los  casos  contemplados  en  los  tres numerales de la norma últimamente citada, la  que transcribe en su integridad (fls. 59 y 59v., C-9).   

                               4.- Procede luego el Tribunal al  análisis  de  las  pretensiones  del  actor  y,  al  efecto,  manifiesta que se  encuentra  demostrado que Augusto Giraldo Mejía y José Domingo Garcés Naranjo  celebraron  un  contrato de arrendamiento el 24 de abril de 1975, sobre un local  comercial  situado  en  la calle 49B con la carrera 67 de Medellín, distinguido  en  su puerta de entrada con el No. 67-7, destinado al funcionamiento del «Grill  Restaurante  Añoranzas»,  más  tarde  «El  Viejo  Almacén  Tango Show», y con  posterioridad,  también al de los establecimientos comerciales de propiedad del  demandante    denominados    «La    Tienda»,    «El    Parao»,   y   «El   Viejo  Esquinazo».   

                                De la misma manera, expresa el  sentenciador  que, conforme a la demanda promovida ante el Juzgado Tercero Civil  Municipal  de  Medellín, que culminó con la orden de restituir el inmueble por  el  arrendatario  a  la  parte  demandante en aquel proceso, ella se produjo con  invocación  de  la  necesidad  de  demoler  la  construcción  existente en ese  inmueble  para  levantar  en  el  mismo  «una  obra nueva», destinada a negocios  sustancialmente  distintos  a  los  que allí funcionaban, «según se colige del  hecho  10  del  libelo  de  demanda  obrante  al  folio  58 del cuaderno No. 7»,  pretensión  que  fue  acogida  favorablemente  tanto en primera como en segunda  instancia (fls. 59 y 60, C-9).   

                                En ese orden de ideas, expresa  luego  el  Tribunal que, conforme a lo probado en el proceso, «se estableció de  manera  indubitable  la  destinación  sustancialmente  distinta a restaurante y  grill  que  se le dio por parte del propietario arrendador» al inmueble luego de  su  restitución,  pues se demolieron las instalaciones en donde funcionaron los  establecimientos  comerciales  denominados  «La  Tienda», «El Parao» y «El Viejo  Esquinazo»  para  anexarlos  a  un  lote de mayor extensión y destinarlo todo a  parqueadero,  conclusión  que  apoya  en  la   diligencia  de  inspección  judicial  practicada  por el Juzgado Tercero Civil del Circuito Especializado el  4  de  septiembre de 1991, que transcribe parcialmente (fls. 60 y 61, C-9), así  como  en las inspecciones judiciales extraprocesales practicadas el 8 de junio y  el  26 de septiembre de 1989, de la última de las cuales igualmente se hace por  el sentenciador una transcripción parcial (fl. 61v. cdno. citado).   

                                  De  otra  parte,  afirma  el  Tribunal  que  como  quiera que para construir una obra nueva «lo primero que se  plantea  es  el  aspecto  de la demolición», a contrario de lo sostenido por el  aquí   demandante,   los  demandados  en  este  proceso  y  actores  en  el  de  restitución  del  inmueble  mencionado,  sí  cumplieron  con su obligación de  darle  iniciación  a  la obra dentro de los tres meses siguientes a la fecha de  entrega,  pues  si  ésta se efectuó el 3 de diciembre de 1988,  ese plazo  venció  el  3  de marzo de 1989, como se demuestra con las obras de adecuación  del   terreno,   demolición  de  instalaciones  en  donde  funcionaban  algunos  establecimientos  como  «La Tienda», como aparece en la demanda inicial aceptado  expresamente  por  el actor (fls. 228 y 229, C-1), en las declaraciones de éste  rendidas  en  interrogatorio  de parte, en la filmación realizada el 14 de mayo  de  1989,  incorporada  como prueba al proceso y expuesta a la Sala de Decisión  del  Tribunal  durante la audiencia de que trata el artículo 360 del Código de  Procedimiento  Civil (fl. 89 a 94, C-3). Así mismo, expresa el sentenciador que  del  dictamen  pericial  rendido  por  Luis Fernando Muñoz Ochoa, que obra como  prueba  trasladada, se desprende que éste manifestó que en febrero de 1989, se  estaban  realizando  «una  serie  de  obras  de  infraestructura tendientes a la  adecuación  del  inmueble  para su uso futuro» y, de la misma manera manifiesta  que  «las  personas  que  intervinieron  en la construcción del parqueadero, ya  como  maestros  de  obra,  ya  como  ingenieros,  coinciden  en  afirmar  que la  adecuación  de  los  terrenos  y  demolición  de las instalaciones se llevó a  efecto en los meses de enero y febrero de 1989» (fl. 63v, C-9).   

                                De la misma manera, manifiesta  el  fallador  que  los arrendadores «en ningún momento» aseveraron que «la obra  nueva  que  se  construyere»  sería destinada a arrendamiento, por lo que no es  del  caso  dar  aplicación  a  la  prelación que para ocupar el inmueble a tal  título  tendría Augusto Giraldo Mejía «de conformidad con el artículo 521 de  la   Ley   Comercial,   aspecto   que   no   se   discute   en  el  sub   lite»,   ya   que  «lo  que  se  pretendió  fue  la demolición y construcción de una obra para ocuparla con un  negocio  sustancialmente  distinto  del  explotado  por  el locatario (fls. 63v,  C-9).   

                                A lo anterior ha de agregarse,  conforme  al  razonamiento  del  Tribunal,  que la utilización de los «espacios  conformados  por  el establecimiento comercial y algunos materiales de segunda»,  resulta  indiferente  respecto  de  la causal alegada, razón ésta por la cual,  «frente  a  los  argumentos  precedentes  se  impone  la confirmación del fallo  objeto  de  alzada,  ya  que  el  mismo  se  ajusta  tanto  a derecho como a los  elementos de convicción analizados (fl. 64, C-9)   

         III – LA DEMANDA DE CASACION   

                               Dos cargos formula el recurrente  a  la sentencia impugnada, ambos por la primera de las causales de casación, el  primero  por violación directa de normas de derecho sustancial y el segundo por  violación   indirecta   de   las   mismas,   cargos   que   serán  despachados  conjuntamente,  por  cuanto  respecto de ellos se harán algunas consideraciones  comunes.   

         CARGO PRIMERO   

                                Con  expresa invocación de la  causal  primera  de  casación  consagrada  por  el artículo 368 del Código de  Procedimiento  Civil, el impugnador acusa la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Medellín -Sala Civil-, el 23 de noviembre de  1993  en  este  proceso, «de ser violatoria, por vía directa, de los arts. 518,  519,  520,  521 y 522 del Código de Comercio, así como de los artículos 1494,  1603,  1613,  1614,  1615, 1616, 1618, 1619, 1620, 1621, 1649, 2341, 2342, 2343,  2344  del mismo Código Civil, en concordancia con los arts. 2 y 822 del Código  de  Comercio  que los  hacen aplicables a las cuestiones mercantiles, todos  ellos por falta de aplicación» (fl. 14, cdno. Corte).   

                                En  procura  de  sustentar  la  acusación  así  enunciada, manifiesta el censor que el Tribunal, conforme a la  motivación  del  fallo impugnado, apoyó su decisión en que, de acuerdo con la  causal  alegada  para obtener la restitución del inmueble, «los actores debían  darle»,  la destinación invocada, es decir la de demolerlo y construir una obra  nueva,  «finalidad  que participa de dos de las causales contempladas en el art.  518,  la  destinación  para  un  establecimiento  sustancialmente distinto y la  demolición  para  la construcción de una obra (causales 2a. y 3a.)», todo para  protección  del  comerciante,  pues  el  artículo  522 del Código de Comercio  persigue  impedir  que  el  arrendador  «abuse» o «se apropie de los intangibles  incorporados  al  inmueble  por  el  arrendatario  empresario»,  tales  como «la  clientela»,   «el   good  will»  y  «aquellos  elementos  que  hacen  parte  del  establecimiento de comercio» (fls. 15 y 16, cdno. Corte).   

                                  Luego  de  transcribir  los  artículos  518  a  524  del  Código  de  Comercio  y  algunos  apartes  de  la  exposición  de  motivos  del  proyecto  de  Código de Comercio de 1958 y de la  sentencia  proferida  por  la  Corte  Suprema  de Justicia el 29 de noviembre de  1971,  que declaró la exequibilidad de los mismos, manifiesta el recurrente que  el   Tribunal   incurrió  en  un  error  de  juicio  al  afirmar  que  «lo  que  verdaderamente  se  protege» con la indemnización sancionatoria establecida por  el  artículo  522  del Código de Comercio es impedir el abuso del arrendador o  la  apropiación  por  éste de «los intangibles incorporados al inmueble por el  arrendatario  empresario»,  pues con tal norma «igualmente se protege que cierta  y  realmente  el  arrendador  efectúe las obras de reconstrucción, las obra de  reparaciones  necesarias»  que  el inmueble requería,  o su demolición en  caso  de  ruina o para la construcción de una obra nueva y, además, el derecho  de  preferencia  al  arrendatario  frente a cualquiera otra persona para tomar a  título  de  tal  los  locales  reparados reconstruídos o de nueva edificación  «sin  obligación de pagar primas o valores especiales  diferentes al canon  de arrendamiento» (fls. 17 a 24, cdno. Corte).   

                                  Así  mismo,  a  juicio  del  recurrente  el  Tribunal  igualmente  incurre en equivocación al considerar que  «el  propietario  arrendador  del inmueble, cumple con su obligación, cuando da  al  espacio  recuperado una destinación que acompase con los designios que tuvo  para  proceder a la terminación del contrato de locación, siempre y cuando tal  destinación  no  pueda considerarse un desmedro del arrendatario expelido, vale  decir,  sea  sustancialmente  distinta a la que desarrollaba en el local durante  la  vigencia  del  pacto», pues, «contra el criterio del Tribunal expuesto en su  sentencia,  el  arrendador-propietario solo cumple con sus obligaciones para con  el   arrendatario-empresario  llevando  a  efecto  las  obras  que  el  inmueble  requería   o   la  nueva  construcción  que  afirmó  iba  a  levantar  allí,  garantizándole  a  dicho  arrendatario,  de  la  misma  manera,  ese derecho de  preferencia  que  la  ley  comercial  le  reconoce,  frente  a todo otro posible  inquilino,  en  igualdad de circunstancias, para tomar en  arrendamiento el  local  reparado  o  reconstruído  o  los nuevos locales construídos, sin pagar  suma  alguna  por concepto de prima o valor adicional diferente al canon mensual  de  arrendamiento».  De  manera  que,  «si  la  causal aducida para solicitar la  entrega  del  inmueble  dado  en arrendamiento fue la demolición para construir  una  obra  nueva,  el  arrendador- propietario solo cumple con sus obligaciones,  liberándose  de  la  obligación de indemnizarle al arrendatario los perjuicios  que  éste  haya padecido, construyendo la obra nueva prometida sin que le quepa  justificación alguna diferente  (fls. 24 y 25, cdno. Corte).   

                                Siendo ello así, -prosigue el  censor-,  en  este  caso, «tal nueva construcción jamás se ha llevado a efecto  por   los  aquí  demandados»,  por  lo  que  es  necesario  «concluir  que  las  pretensiones de la demanda deben prosperar» (fl. 25, cdno. Corte).   

                                De  otra  parte, el impugnador  expresa  que el Tribunal también incurre en «error de juicio» al considerar que  para  darle  cumplimiento  a  la  obligación  impuesta por la ley al arrendador  propietario  que  obtiene la restitución del inmueble invocando requerirlo para  la  construcción  de  una  obra nueva, es suficiente con «la demolición» de la  construcción  anterior,  pues,  ésta  puede  ser  total o parcial, y, además,  puede  llevarse  a  efecto  no solo para levantar una obra nueva sino, también,  para  refaccionar  una  construcción  ya  existente.  De esta manera, según lo  expone  el  impugnador,  «el  verdadero y único sentido que como iniciación de  ‘las  obras’  tiene  la inicial demolición de alguna parte de la edificación»,  solo  tiene  significación  «cuando  tales  iniciales  y  equívocos  actos  de  demolición  van  seguidos  del  total y completo levantamiento de la obra nueva  que  se  había prometido construir. Mientras ella no aparezca por parte alguna,  como  en el caso de autos no obstante haber mediado más de cinco años desde el  momento   de  la  entrega  del  local  dado  en  arrendamiento,  esas  iniciales  demoliciones  de adobes y tejas viejas no pueden tener el sentido de iniciación  de  ‘las  obras’ que se habían prometido en el proceso de lanzamiento llevado a  efecto contra el arrendatario» (fl. 25, cdno. Corte).   

                                  De   esta  manera,  resulta  inaceptable  el  criterio  del Tribunal según el cual «la destrucción de dos o  tres  muros,  el  levantamiento de un muro de cerramiento y el acondicionamiento  del   piso»   tienen   la   significación   de   iniciación   de   las   obras  prometidas,   pese  a  que, en el caso de autos, «transcurridos los meses y  los  años  por  parte  alguna  se  observa la construcción de la ‘obra nueva’,  prometida  con  platillos  y timbales. Mientras ésta no exista, no podrá darse  por  cumplida  la  obligación por los arrendadores-propietarios» (fls. 25 y 26,  cdno. Corte).   

                                De  igual  forma,  incurre  el  Tribunal  en  equivocación,  a  juicio  del  recurrente,  «cuando afirma que la  destinación  específica  para  la cual fue pedido el inmueble ‘…participa de  dos  de  las  causales contempladas en el artículo 518, la destinación para un  establecimiento  sustancialmente distinto y la demolición para la construcción  de  una  obra  (causales 2a. y 3a)….’ por cuanto en la norma legal en cita, el  art.  518  del C. de Comercio, no existe, como causal que justifique la falta de  renovación  del  contrato  de arrendamiento a su vencimiento, la denominada por  el  Tribunal ‘la estimación para un establecimiento sustancialmente distinto'»,  pues  la  causal  prevista  por  la  ley  es  la  de  requerir  el  inmueble  el  propietario-arrendador   «para   un  establecimiento  suyo»,  que  se  encuentre  «destinado  a  una  empresa  sustancialmente  distinta  de  la  que  tuviere  el  arrendatario»,  lo  cual, al decir del censor «es totalmente diferente» (fl. 26,  cdno. Corte).   

                                Conforme  a lo antes expuesto,  concluye  el  impugnador  que  los  arrendadores  no  dieron  cumplimiento  a la  obligación  para  ellos  surgida  de  iniciar la obra nueva dentro del término  señalado  por  el  artículo  522 del Código de Comercio, sino que simplemente  llevaron  a  efecto  unas  «reparaciones» y «adaptaciones», sin que jamás se le  hubiere  ofrecido  el  inmueble  «en  arrendamiento  a  Giraldo Mejía, el aquí  demandante,  como  lo  ordena  que  se  proceda  la norma legal que establece el  derecho    de    preferencia»    a   ocupar   como   arrendatario   los   nuevos  locales.   

                               Como consecuencia de los errores  denunciados,  el  Tribunal Superior del Medellín incurrió en violación de las  normas  de  derecho  sustancial  que permiten al demandante «ser indemnizado por  los  demandados»,  normas  que  se  dejaron  de  aplicar,  razón por la cual la  sentencia  impugnada  ha  de  casarse  y,  luego, en sede de instancia habrá de  darse  «acogimiento  pleno de las pretensiones de la demanda, previa revocatoria  de   la   sentencia  de  primera  instancia  (fls.  27,  in  fine  y  28,  cdno.  Corte).   

         CARGO SEGUNDO   

                                Con invocación para proponerlo  de  la primera de las causales de casación consagradas por el artículo 368 del  Código  de  Procedimiento Civil, acusa en este cargo el recurrente la sentencia  impugnada  «de  ser  violatoria, por vía indirecta, de los arts. 518, 519, 520,  521  y  522  del  Código  de Comercio, así como de los arts. 1494, 1603, 1613,  1614,  1615,  1616,  1618,  1619,  1620, 1621, 1649, 2341, 2342, 2343, 2344» del  Código  Civil,   y  de  los  artículos 2o. y 822 del Código de Comercio,  todos  por  falta  de  aplicación, como consecuencia de errores de hecho «en la  apreciación  tanto  de  la demanda  como de su contestación» y de algunas  pruebas que se singularizan al sustentar la acusación.   

                                En orden a la demostración del  cargo  así  propuesto,  expresa el censor que el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Medellín  incurrió  en  error  de hecho en la apreciación de la  demanda,  en  cuanto  entendió que en virtud de lo expuesto en el hecho 10o. de  la  demanda con la cual se promovió el proceso de lanzamiento por los sucesores  de  JOSE  DOMINGO  GARCES  NARANJO  y LIBIA RESTREPO MAYA contra AUGUSTO GIRALDO  MEJIA,  se  configuraron  «dos de las causales» contempladas en el artículo 518  del  Código  de  Comercio,  a  saber:  «la destinación para un establecimiento  sustancialmente  distinto  y  la  demolición  para la construcción de una obra  (causales 2a. y 3a.)…», (fl. 30. cdno. Corte).   

                                Insiste a continuación en que  el  error  de  apreciación  del  sentenciador sobre la «demanda de lanzamiento»  aludida,  que  obra  como  prueba  en copia auténtica en este proceso ordinario  (fls.  56  a 60, C-7), lo llevó a no darse cuenta de que la causal alegada para  la  no  renovación del contrato de arrendamiento y la solicitud de restitución  del  inmueble  arrendado  a  Augusto Giraldo Mejía, aquí demandante, llevó al  Tribunal  a ignorar que la única causal invocada para el efecto fue la supuesta  necesidad  de  requerir  ese  bien  para «demolerlo y construir una obra nueva»,  contemplada  en  el  numeral 3o. del artículo 518 del Código de Comercio,  sin  que  jamás  se hubiera invocado la segunda de las causales establecidas en  esa  misma  norma  legal,  como  quiera  que  los  arrendadores  no manifestaron  necesitar  el  inmueble  arrendado,  «para  su  propia  habitación  o  para  un  establecimiento  suyo destinado a una empresa sustancialmente distinta de la que  tuviere el arrendatario» (fls. 30 y 31, cdno. Corte).   

                                De  igual  manera, el Tribunal  dejó  de  apreciar «el conjunto probatorio que se conforma con las afirmaciones  hechas  por  los  demandantes  Pedro Pablo, Martha Ligia y Julio Alberto Garcés  Tamayo,  representantes de la sucesión de José Domingo Garcés Naranjo, en las  respectivas  diligencias  de  interrogatorio  de  parte»  absueltas  por  ellos,  apartes  de las cuales transcribe el recurrente en casación a folios 32 y 33 de  este  cuaderno,  luego  de  lo  cual expresa que los declarantes coinciden en la  aseveración  de  que  «van  a construir una edificación que, de todas maneras,  comprende   varios  locales  comerciales,  para  aumentar  la  rentabilidad  del  inmueble  dado  en  arrendamiento  a Giraldo», demandado para que restituyera el  inmueble  a  que  se  refiere  este  proceso, sin que, en tales declaraciones se  hubiere   hecho   alusión   a   la   necesidad  de  ocupar  ese  inmueble  para  establecimiento  propio  de  los  demandantes,  ni  para  destinarlo  a negocios  sustancialmente  distintos  de aquel al cual lo tenía destinado Augusto Giraldo  Mejía (fls. 33 y 34, cdno. Corte).   

                                  Igualmente,   -prosigue  el  censor-,  el  Tribunal dejó de apreciar «el conjunto probatorio que se conforma  con  las  afirmaciones  hechas»  por los testigos Jaime Molina Moreno, Alejandro  Meza  Tamayo,  Alberto  Soler  Estevez, Jesús Alfredo Gil, Luz Marina Cardona y  Jorge  Eduardo  Arango, cuyas declaraciones obran en este proceso, «en fotocopia  auténtica  a  petición  de  la  parte  demandada»  y que fueron rendidas en el  proceso  de  restitución del inmueble que antecedió a este ordinario. Luego de  transcribir  parcialmente  tales  declaraciones  (fls.  34  a  37, cdno. Corte),  manifiesta  el  recurrente que analizadas «en su real y verdadero contenido», de  ellas  puede  observarse que siempre los testigos expresaron que los demandantes  «van  a  construir  una  edificación»,  con  «varios  locales comerciales, para  aumentar  la  rentabilidad  del  inmueble dado en arrendamiento a Giraldo, allí  demandado»,  hecho  éste  que, en ningún momento demuestra que los demandantes  en  aquel  proceso hubieren manifestado necesitar el inmueble para destinarlo «a  negocios   sustancialmente   distintos  del  que  tiene  el  inquilino  y/o  sus  cesionarios  como  erróneamente  lo concluyó el Tribunal en su sentencia» (fl.  37,  cdno.  Corte).  Todo  ello,  a  juicio  del censor, demuestra que la única  causal  alegada  para  obtener  la restitución del inmueble fue la necesidad de  demolerlo  para  construir  una  obra nueva y no otra, razón ésta por la cual,  «de  haber  apreciado  este  segundo  conjunto  de  pruebas»  correctamente,  la  sentencia  del  Tribunal  «habría  tenido  que  ser  totalmente  diferente a la  proferida»,  con  acogimiento  de  las pretensiones de la demanda (fls. 38 y 39,  cdno. Corte).   

                                 De  otro  lado,  el  Tribunal  incurrió  también  en error de hecho en cuanto dejó de apreciar «la sentencia  proferida  por  la Juez Tercera Civil Municipal de la ciudad de Medellín, en el  proceso  de  lanzamiento  iniciado  en  tal  despacho  judicial»  contra Augusto  Giraldo  Mejía,   de  cuya lectura se desprende que «la única y exclusiva  causal  examinada por la Juez para decretar el lanzamiento fue la expuesta en la  demanda  como  ‘demoler  para  construir una obra nueva’ (fl. 41, cdno. Corte)»,  circunstancia  ésta que pone de manifiesto que si el Tribunal hubiere apreciado  esta  prueba  en  la  forma  expresada,  la  sentencia  que  ahora se impugna en  casación  habría  acogido  las  pretensiones de la parte actora (fls. 42 y 43,  cdno. Corte).   

                                Incurrió también en error de  hecho  el  Tribunal en la apreciación de «la diligencia de inspección judicial  practicada  por  el  Juzgado  Tercero  Civil  del Circuito Especializado el 4 de  septiembre  de  1991»,  así  como  las  «inspecciones  judiciales  extraproceso  practicadas  en el inmueble con fecha 8 de junio y 26 de septiembre de 1989», de  las   cuales  salta  a  la  vista  que  «los  demandados  jamás  levantaron  la  edificación  que  en  el  proceso  de  lanzamiento  adelantado  en  contra  del  arrendatario-empresario  dijeron  iban a construir, afirmación ésta en la cual  basaron  el derecho que les asistía a que el derecho (sic) a la renovación del  contrato  de arrendamiento a la terminación de éste no se produjera y sí, por  el  contrario,   a ellos les fuera restituído» (fls. 43 y 44, cdno Corte).  Al  contrario,  de  esas  inspecciones judiciales, lo que queda claro es que los  demandantes  jamás  demolieron  las construcciones existentes donde funciona el  local  comercial  denominado el «Viejo Almacén Tango Show», porque lo que allí  se  demolió,  «fueron las construcciones levantadas por Giraldo, no el inmueble  dado  en  arrendamiento»,  y,  en  todo  caso,  «por parte alguna surge el nuevo  edificio  que  se  dijo iba a ser construído en el inmueble arrendado» (fl. 44,  cdno. Corte).   

                                Asevera luego el censor, que el  Tribunal  erró  igualmente  al  apreciar  «las  afirmaciones  contenidas en los  hechos  25.1 de la demanda inicial, y 31.1, 31.2, 31.3 de la demanda integrada»,  así  como «las respuestas dadas por Augusto Giraldo Mejía al interrogatorio de  parte  que  a  éste  se  le  formulara  en el proceso», «la primera parte de la  filmación  de  mayo  14  de 1989, que contiene el video-cassette integrado  al  proceso»,   y  las  declaraciones  de Sary Amapola Carvajal de Correa y  Guillermo  Giraldo  Mejía,  quienes  en  diligencia especial reconocieron dicho  video-cassette  «como  que  ellos intervinieron en su filmación y en la toma de  las  fotografías».  Así  mismo,  incurrió  el  Tribunal  en error de hecho al  apreciar  «el  dictamen  rendido  por  el  doctor  Luis  Fernando  Muñoz Ochoa,  diligencia  ésta  que  obra  en  el  proceso  como  prueba  trasladada,  y  del  testimonio  del  señor Juan Camilo Cardona Tamayo cuando de toda esta prueba el  Tribunal  deduce  que  antes  del  vencimiento  de  los  tres meses ya se había  iniciado  algunas demoliciones de las mejoras construídas por Giraldo Mejía, a  la  construcción  de  muros  de  cerramiento,  y  algunas obras similares», que  confluyen  en  la  demostración  de  que  las  prometidas  en  el  proceso  «de  lanzamiento»,  no se construyeron, ni se han construído todavía (fl. 45, cdno.  Corte).   

         CONSIDERACIONES   

                                  1.-  Como  es  de  público  conocimiento,  el  principio  de  la  autonomía  de la voluntad que inspiró la  legislación  de  derecho  privado  en  el  siglo  XIX  como  reflejo  fiel  del  individualismo   dominante   entonces,   hubo  de  ceder  frente  a  las  nuevas  circunstancias  económico-  sociales  y  políticas, en virtud de las cuales se  abrió   paso  el  intervencionismo  estatal  «en  beneficio  de  los  intereses  generales»,  como  se  puso  de  presente  por esta Corporación, entre otras en  sentencia de 26 de septiembre de 1945 (G.J. T. LIX, pág. 317).   

                                1.1.- En ese orden de ideas, el  Estado,  por  razones  de  interés público y de utilidad social, como director  responsable  de  la  marcha  general de la economía, ha desplegado su actividad  reguladora  al campo contractual, de tal suerte que, en el derecho moderno no es  extraña  su intervención, en la actividad de los particulares, y, por ello, la  autonomía  absoluta de que antes se hacía gala, se encuentra ahora reemplazada  por  los  denominados  por  la  doctrina «contratos dirigidos», en los cuales la  voluntad  de  los particulares se encuentra restringida porque así lo exigen el  interés general y el orden público.   

                                  1.2.-  Como  quiera  que  el  establecimiento   de   comercio,   entendido   como   un   conjunto   de  bienes  particularmente  afecto por el empresario, para realizar los fines propios de la  empresa  en  forma  organizada,  exige,  en  interés  general,  una protección  específica  que  garantice su estabilidad y continuidad, el Código de Comercio  incluye  como  uno  de los bienes mercantiles a tal tipo de establecimiento, del  cual   forma  parte  esencial  el  contrato  de  arrendamiento  y,  en  caso  de  enajenación,  el derecho al mismo de los locales en que funciona, así como las  indemnizaciones  que  conforme a la ley se deban al arrendatario comerciante por  el  arrendador  del  local, conforme a lo dispuesto por los artículos 515 y 516  del Código de Comercio.   

                               2.- Siendo ello así, las normas  contenidas  en  los artículos 518 a 524 del Código de Comercio, que regulan lo  atinente  al arrendamiento de los locales comerciales, son de orden público, y,  a  tal punto, que en la última de las normas citadas expresamente se preceptúa  por  el  legislador  que  los  pactos  en contrario celebrados por las partes no  producirán  ningún  efecto,  esto es, que la voluntad de los particulares para  alterar  lo  dispuesto  por  el  legislador  respecto  de  este  contrato, ha de  sujetarse  a  lo  prescrito  por  la  ley,  pues  las  normas aludidas no son de  carácter supletivo, sino rigurosamente imperativas.   

                                2.2.-  De la regulación legal  del  contrato  de arrendamiento de locales comerciales, surgen en conjunto, como  características sobresalientes las siguientes:   

                                  2.2.1.-  El  derecho  a  la  renovación  del  contrato  para el comerciante que haya ocupado el inmueble con  un   mismo   establecimiento  mercantil  por  lapso  no  inferior  a  dos  años  consecutivos,  derecho  éste  respecto del cual, precisó la Corte en sentencia  de  su Sala Plena proferida el 20 de noviembre de 1971 (G.J. T. CXXXVIII, págs.  482  y  ss.),  que  no  ha de confundirse con la prórroga del contrato, pues el  renovado  es  «uno  nuevo,  que puede acordarse o celebrarse con sujeción a las  circunstancias,   especialmente  en  cuanto  a  precio  y   condiciones  de  utilización de la cosa arrendada».   

                                2.2.2.- Con todo, al arrendador  le  asiste  el derecho de hacer valer la terminación del contrato, en presencia  de  una  cualquiera de las tres causales que para el efecto señala el artículo  518  del  Código de Comercio, a saber, el incumplimiento del contrato por parte  del  arrendatario,  la  necesidad  del  propietario  de  habitar  el  inmueble o  requerirlo   «para   un   establecimiento   suyo   destinado   a   una   empresa  sustancialmente  distinta  de  la  que  tuviere el arrendatario» y, por último,  requerir  el inmueble para su reconstrucción, o para repararlo con obras que no  puedan  ejecutarse  sin  su  entrega  o  desocupación,   o cuando deba ser  demolido  «por  su  estado  de  ruina  o  para  la  construcción  de  una  obra  nueva».   

                                  3.-  Sin  embargo,  con  el  propósito   de   regular   armónicamente  el  ejercicio  de  los  poderes  del  propietario-arrendador   del  inmueble  arrendado  y  los  que  corresponden  al  propietario  de  la  empresa  que  en  él  ha  hecho  los  gastos e inversiones  necesarias  para  implantar, poner en funcionamiento y acreditar establecimiento  de  comercio  con  los elementos que jurídicamente lo componen (art.516 C.Co.),  el  legislador no solamente consagró el derecho de aquel a dar por terminado el  referido  contrato  de  arrendamiento  en  las  oportunidades y por las causales  antes  mencionadas (arts. 520 y 518 C.Co.), sino que, en vista de la afectación  que  ordinariamente  sufre el dueño del establecimiento y la explotación de la  empresa  que  lo  desarrolla, también ha querido evitar que el primero abuse de  su  derecho  a  la  terminación  y  se  aproveche  de  los beneficios que en el  inmueble  acreditado  le  reportó  la  actividad  comercial  del  empresario. Y  precisamente  para  ello  consagró,  entre  otras,  dos tipos de compensaciones  posibles a cargo del uno en favor del otro.   

                               3.1.- La primera acontece cuando  el   propietario   del  inmueble  restituido,  después  de  haber  cumplido  su  obligación  legal  de  reparación,  reconstrucción  o  construcción  de obra  nueva,  ha  decidido  destinar  nuevamente  el  inmueble  para  arriendo  en  la  actividad   comercial,  ya  que  existiendo  la  posibilidad  de  que  un  nuevo  arrendatario  pueda aprovecharse de la clientela, fama y demás aspectos creados  por  el anterior o anteriores arrendatarios, se les otorga a éstos, en orden de  antigüedad:  De  una  parte, “el derecho a que se le prefiera, en igualdad de  circunstancias,  a  cualquier otra persona en el arrendamiento de los locales”  mencionados   “sin  obligación  de  pagar  primas  o valores especiales,  distintos  del canon de arrendamiento”; y, de la otra, la facultad de convenir  con  el  nuevo arrendatario del local comercial o el propietario de éste “las  primas  o  valores  especiales”   o los derechos que eventualmente aun le  correspondan  en  razón  de la clientela, fama y demás aspectos de la anterior  actividad mercantil (art. 521 C.Co.).   

                                3.2.-  En  cambio,  cuando  el  propietario  del  inmueble  no  da  cumplimiento a la obligación que, según el  caso,  le  corresponda de acuerdo con la ley, esta última estatuye el derecho a  la     indemnización     del     anterior    arrendatario,    desalojado    del  inmueble.   

                                3.2.1.- En primer lugar reitera  la  Corte  que  en  virtud  de  lo  preceptuado por los artículos 518 a 524 del  Código  de  Comercio  citados con anterioridad, ha de concluirse entonces, como  lo  dijo   en  sentencia de 29 de septiembre de 1978, que la obligación de  indemnizar  al arrendatario-comerciante en los casos mencionados, «no tiene como  fuente  la responsabilidad por culpa aquiliana de que trata el Título XXXIV del  Libro  IV  del  Código  Civil, sino la ley que la consagra; de consiguiente, es  del  todo  ajena al factor culpa esencial en aquella, aunque como lo expresó la  comisión  que  elaboró  el  proyecto  del  Código  de Comercio, el fundamento  ético  de  tal  responsabilidad  se  apoya  simultáneamente  en los fenómenos  jurídicos  del  abuso  del  derecho  y  del enriquecimiento sin causa» (G.J: T.  CLVII, No. 2399, 1978, pág. 245).   

                                3.2.2.- Sin embargo, precisa la  Sala  en  esta  ocasión  que  la mencionada obligación de indemnizar solamente  nace  cuando existe incumplimiento de la obligación especial del propietario, y  con   él   se   consuman   además  los  perjuicios  causados  al  arrendatario  correspondiente.   

                                3.2.2.1.-  Para  ello  la Sala  encuentra  indispensable precisar que cuando, por las causales segunda y tercera  del  artículo  518  del  Código  de  Comercio,  el  propietario  haya hecho el  desahucio  de  que  habla el artículo 520 del mismo Código, indicando en forma  clara  el  motivo de la terminación, y haya obtenido la terminación voluntaria  o  judicial  del contrato de arrendamiento, con la consiguiente restitución del  inmueble  por el empresario que tenía instalado un establecimiento de comercio;  adquiere  de  inmediato  y,  según  el  caso,  en  virtud de mandato legal, las  siguientes obligaciones:   

                                La  primera, es la obligación  legal  de darle la destinación al inmueble (art. 522, parte inicial C.Co.) para  el  cual  fue  solicitado y que diera lugar a la terminación legal del anterior  contrato  de arrendamiento con fundamento en la segunda causal del artículo 518  del  Código  de  Comercio,  y que bien pudo ser “para su propia habitación o  para  un  establecimiento  suyo destinado a una empresa sustancialmente distinta  de  la que tuviere el arrendatario” (ibidem). Sin embargo, precisa la Sala que  la  propia  “habitación”  de  que  habla  el mencionado precepto es aquella  destinación  al  disfrute  y  uso  personal  y  familiar  no  solo  en el hogar  doméstico  sino  también de otras actividades personales carentes de contenido  empresarial.  De  igual  manera,  observa  la  Sala  que cuando la citada causal  segunda  habla  de  la destinación “a una empresa sustancialmente distinta de  la  que tuviere el arrendatario”, su alcance se encuentra edificado no solo en  la   esencia  material  u  objetiva  que  haga  diferente  las  dos  actividades  mercantiles.  De  allí  que  sean actividades distintas a las del arrendatario,  aquellas  que,  aun  cuando siendo mercantiles, sean sustancialmente distintas e  impeditivas   de   aprovechamiento,   tal   como   podría   suceder   entre  el  establecimiento  de  depósito  de  granos  y  el  establecimiento de agencia de  viajes,  entre  el  establecimiento  de  un  supermercado  y  el establecimiento  bancario,   etc.  Todo  lo  cual  debe  analizarse  en  el  caso  concreto.  Por  consiguiente,  advierte  la  Corte que si bien el propietario mencionado goza de  libertad  de  elección  sobre  las  diversas  posibilidades de establecimientos  propios  que  puede  destinar  a  una empresa sustancialmente distinta, no lo es  menos que su ejercicio no puede ser abusivo, ni fraudulento.   

                                Ahora  bien,  otra obligación  legal  que  adquiere el propietario del inmueble que ha obtenido la terminación  del  contrato  de  arrendamiento  de  un local destinado al funcionamiento de un  establecimiento  de  comercio,  con  base  en  la  tercera  de  las causales del  artículo  518  del Código de Comercio, es la de iniciar la realización de las  obras    correspondientes    dentro    del    plazo    legal    (artículo   522  C.Co.).     

                                Ello indica que en este caso el  propietario  del  inmueble  adquirió,  en  virtud  del  desahucio  fundado esta  causal,  alguna  de  estas obligaciones: la de reconstruir el inmueble, esto es,  la  de  realizar  sobre  este  mismo  similar  construcción  a la anteriormente  existente  sin  cambiarle  su  identidad;  o la de reparar dicho inmueble con la  realización  de  las  obras  necesarias para su conservación como tal, siempre  que  ellas  necesiten  de  la  desocupación;  o  la  de  simple demolición sin  necesidad  de construcción posterior, únicamente cuando la edificación por su  estado  de ruina requiere de su destrucción urgente; o la de demolición, desde  luego,  de edificación que no amenaza ruina, con el propósito de llevar a cabo  “la  construcción de una obra nueva” (art.518, num.3º, C.Co.), esto es, la  realización  de  una  edificación  o  cosa  sobre  el  inmueble  que  antes no  existía.  Con  todo, precisa la Sala que no obstante que esta obligación tiene  estas  prestaciones  de  realización de obras debidamente determinadas, la ley,  consciente  de  las circunstancias legales, económicas y físicas, consagra una  forma  de  cumplimiento  adecuado  que,  además  de  facilitar su realización,  también  encierra  un  principio  de  seriedad;  y  ésta  consiste  en  que se  dé   “principio  a  las  obras  dentro de los tres meses siguientes a la  fecha  de  la  entrega”  (art.522  C.Co.),  bajo el entendido que sean las que  técnicamente   correspondan   al  cumplimiento  efectivo  de  las  prestaciones  legalmente  asumidas.  Porque ello además de demostrar el cumplimiento, implica  la  necesidad  de  continuación  y conclusión de dichas obras, pues es lógico  que  si  la  prestación  es  la conclusión de estas últimas el mero principio  oportuno  no exonera, de acuerdo a la buena fe, la necesidad de su terminación.  Con  todo,  cabe  mencionar  aquí  lo anteriormente expuesto para la precedente  obligación,  en  el  sentido de si bien el propietario, a pesar de la necesidad  de  ciertas  obras  (para reconstrucción, reparación y demolición por ruina),  goza  de  relativa  libertad  para  establecer  algunos aspectos de dichas obras  (vgr.  extensión,  calidad,  etc.)  y  para  seleccionar  la  “obra nueva”,  también   lo   es  que  tampoco  puede  abusar  de  ese  derecho  por  ejemplo,  absteniéndose  arbitraria  o injustificadamente de la realización de obras que  inicialmente  consideró  necesarias, o dejándolas voluntariamente inconclusas,  o  con  la  mera  apariencia  de  una obra nueva que no lo sea;  ni tampoco  puede  afirmarse  que su obligación de demoler para construir obra nueva, pueda  ser  cumplida simplemente con la actividad de demolición, cuando no se trata de  casos  de  ruina; ni mucho menos permite aparentar la realización de obra nueva  con  otras  actividades  de construcción, que en verdad no lo son, como serían  los  simples  muros  de  cerramiento, los postes, las instalaciones de energía,  etc.   

                               Otra obligación legal que asume  el  propietario  del  inmueble  restituido  por  terminación  del  contrato  de  arrendamiento   con  el  empresario  que  allí  tenía  un  establecimiento  de  comercio,  es  la  de  no  arrendar  locales  a  terceros  teniendo  derecho  de  preferencia  el  anterior  arrendatario (arts. 522, inc. 1º, y 521 C.Co.), y la  de  no utilizar dicho inmueble o locales “para establecimientos de comercio en  que  se  desarrollen  actividades  similares a las que tenía el arrendatario”  (art.522,  inc. 1º, C.Co.). Ahora bien, observa la Sala que la similitud de las  actividades  a  que se refiere este precepto debe ser la que, de acuerdo con los  criterios  objetivos  del  mercado  sea la dominante y principal, y la que, como  antes  se  dijo,  entrañe el riesgo del aprovechamiento injusto de los derechos  que deben corresponderle al empresario – arrendatario anterior.   

                                3.2.2.2.- De allí que en caso  de  incumplimiento o cumplimiento defectuoso de las obligaciones contraídas por  el  propietario  del  inmueble  para  obtener la restitución del mismo, se haya  establecido  perentoriamente  en  el  artículo  522  del Código de Comercio la  responsabilidad  del  propietario  de  indemnizar  los  perjuicios  causados  al  arrendatario,  cuyo primer inciso dice: “Si el propietario no da a los locales  el  destino  indicado  o  no  da  principio a las obras dentro de los tres meses  siguientes  a  la  fecha  de  la  entrega deberá indemnizar al arrendatario los  perjuicios   causados,  según  estimación  de  peritos.  Igual  indemnización  deberá  pagarle  si  en  esos  mismos casos arrienda los locales, o los utiliza  para  establecimientos de comercio en que se desarrollen actividades similares a  las  que  tenía  el  arrendatario”.  Por  consiguiente,  no  se  trata de una  autorización  o  prima  automática  que  le  corresponda  reclamar al anterior  arrendatario  por el solo hecho de la terminación del contrato de arrendamiento  anterior,  sino  que  se  hace  necesario  que  ésta  se funde en el mencionado  incumplimiento  o  cumplimiento  defectuoso,  siempre  y  cuando  que se deriven  perjuicios  al  arrendatario,  y  que  todo  ello  se encuentre acreditado en el  plenario.   Con  todo,  el  propietario podrá exonerarse de acuerdo con la  ley.   

                                4.-  Dado  que  dentro  de  la  órbita  propia  de  la  primera  de  las  causales  de  casación  la sentencia  impugnada  puede  ser  acusada  de  violación  de la ley sustancial ya en forma  directa,   ora   en   forma  indirecta,  desde  antiguo  tiene  por  sentado  la  jurisprudencia   de  esta  Corporación  que:  «como  la  vía  directa  difiere  sustancialmente  de  la  indirecta,  cuando  el  recurrente  acude a la primera,  resulta  impropio y, por ende, alejado de la técnica, que en la fundamentación  del  cargo  se  enfrente  a  las conclusiones a que ha llegado el Tribunal en la  tarea  del  examen  de  los  hechos»,  al  paso que «si el ataque se funda en la  indirecta»,  es  propio  combatir  el  fallo  acusado  «por  haber adulterado la  situación  fáctica  que  exteriorizan  los autos, a consecuencia de errores de  hecho  o  de  derecho  cometidos  en  la  apreciación  de las pruebas, doctrina  reiterada,  entre  otras,  en  sentencia  de 28 de septiembre de 1978, visible a  páginas 186 y 187 de la Gaceta Judicial CLVIII, número 2399.   

                                             5.-  Aplicadas  las  nociones  precedentes  al  caso  sub   lite,  encuentra  la  Corte  que  ninguno  de  los  cargos  propuestos está llamado a tener éxito. En efecto con  respecto al primer cargo, se observa por la Corte que:   

                                  5.1.-  El  censor  acusa  la  sentencia  impugnada  de  ser  violatoria,  «por  vía  directa»  de  las normas  enunciadas  al  formularlo,  lo  que  significa  su  aceptación  de  los hechos  litigiosos,  tal cual aparecen en el fallo atacado. No obstante ello, en notoria  contradicción,  a folio 25 del cuaderno de la Corte, expresa que, pese a que en  el  proceso  «de  lanzamiento»  iniciado  por  los  demandados  contra  el aquí  demandante,  aquellos  se  obligaron  a  adelantar  la construcción de una obra  nueva;  y,  en  el caso de autos «tal nueva construcción jamás se ha llevado a  efecto»  por  aquellos,  ya  que  «la  destrucción  de  dos  o  tres  muros, el  levantamiento  de un muro de cerramiento y el acondicionamiento del piso, jamás  tienen  la  significación  de la iniciación de las obras prometidas», al punto  que  «transcurridos  los  meses  y  los  años  por  parte  alguna se observa la  construcción  de  la  ‘obra nueva’, prometida con platillos y timbales»; de tal  manera  que,  -agrega-,  mientras  esa  obra  «no  exista,  no  podrá darse por  cumplida  la obligación por los arrendadores-propietarios» (fls. 25 y 26, cdno.  Corte).   

                                5.2.-  Dejando  de  un lado el  análisis  técnico  del  cargo en comento, la Corte no encuentra desacierto del  Tribunal  en  la  interpretación normativa de la causal 3ª  del artículo  518  del  Código de Comercio, y que tuviera en cuenta para encontrar acreditado  que,  en  el  caso  sub-examine, se había dado cumplimiento a la obligación de  demolición  “para  la  construcción  de  una  obra  nueva”. Porque, de una  parte,  verdaderamente  se  ajusta al sentido natural y técnico haber entendido  por   “demolición”   la   destrucción  de  las  construcciones  y  mejoras  existentes,  aunque  sus  materiales  pudieran ser empleados en otra obra (fl.62  vuelto  del  C-9);  y porque, implícitamente, con apoyo en la pericia técnica,  concibe  como  “obra  nueva” la construcción de un parqueadero que antes no  existía;  construcción  esta  que  está  compuesta, a su vez, de una serie de  obras  que,  además  de  darle el carácter novedoso del caso la estructuran en  conjunto  como un parqueadero construido en sustitución de las obras demolidas.  Porque  ciertamente  su  novedad  surge,  de  un lado, por la utilización de la  disponibilidad  del terreno cuyas edificaciones fueron derrumbadas, y, del otro,  por   la   iniciación   de   obras,   antes   inexistentes,   tendientes  a  la  transformación  de  ese  inmueble  en  un bien adecuado para la prestación del  servicio  de  parqueadero, tales como la adecuación del terreno con la gravilla  y  drenajes  suficientes para la entrada, salida y parqueo de vehículos y flujo  de  las  corrientes  de  agua;  las  obras  necesarias  para  la prestación del  servicio  de  lavado  al  cual  también  se  iba  a  destinar accesoriamente el  establecimiento  de  parqueadero;  la  reconstrucción conforme a las exigencias  urbanísticas  de los muros de cerramiento para este tipo de establecimiento; la  construcción  de la caseta de control y del salón de administración adecuados  para  el  cumplimiento  de  algunas  de  sus  actividades  administrativas,  las  construcciones  e  instalaciones  eléctricas  y  de servicios para el lavado de  carros,  las  construcción  del área de parqueo de vehículos al descubierto y  de  circulación  de  los  mismos,  las construcciones para el almacenamiento de  herramientas y la de servicios sanitarios (fls.61 y 61 vto., C-9).   

                                  Luego,   el   Tribunal,  en  concordancia  con el criterio anteriormente expuesto por la Sala, concibió como  obra  nueva  el  conjunto  de todas estas labores y construcciones de obras, que  antes  no  existían,  y  que dieron lugar a la conformación de un parqueadero,  como  una  “obra nueva” y contrario a lo dice el casacionista, no se limitó  a  identificar  como  “obra  nueva” el simple “levantamiento de un muro de  cerramiento  y  al  acondicionamiento  del  piso”.  Siendo  así las cosas, no  encuentra  entonces el Tribunal desacierto alguno en dicha labor interpretativa,  sino  que,  por el contrario, se ajustó razonablemente al sentido que se dejara  expuesto  en  los  puntos  precedentes.  Por  lo que, entonces, el cargo resulta  impróspero.   

                                6.1.- La acusación se funda en  que,  al decir del recurrente en casación, se incurrió por el sentenciador «en  errores   de   hecho  en  la  apreciación  tanto  de  la  demanda  como  de  su  contestación»  y  de  algunas  pruebas  que  en la argumentación expuesta para  sustentarla se singularizan luego.   

                                  6.2.-  En  cuanto  al  yerro  fáctico  que  se  dice  fue  cometido  por el fallador en la apreciación de la  demanda,  ha  de advertirse que a él tan solo se refiere el impugnador a folios  44    y   45  del  cuaderno  de  la  Corte,  para  circunscribirlo  a  «las  afirmaciones  contenidas en los hechos 25.1 de la demanda inicial, y 31.1, 31.2,  31.3  de la demanda integrada», como quiera que el fallador no vio que jamás se  levantó  la  edificación  que en el proceso de  lanzamiento adelantado en  contra  del arrendatario-empresario dijeron los demandados que iban a construir,  causal que invocaron para obtener la restitución del inmueble.   

                                6.3.-  Como surge con absoluta  claridad,  del  examen  de  la  demanda inicialmente presentada (fls. 155 a 172,  C-1)  y  del  texto  de  la demanda integrada (fls. 214 a 244, C-1), el actor en  este  proceso  persigue que se decrete a su favor la indemnización prevista por  el  artículo  522  del  Código  de  Comercio,  como  consecuencia  de no haber  cumplido  los  aquí  demandados  y  demandantes en proceso «de lanzamiento» que  cursó  ante  el  Juzgado  Tercero  Civil  Especializado  de  Medellín, con las  obligaciones  que  para  ellos  se  derivan  conforme  a la causal invocada para  reclamar  la  restitución  de ese inmueble y poner fin al derecho del inquilino  comerciante  a  la renovación del contrato, pretensión que se sustenta en que,  según  el  texto  inicial de la demanda, luego de la sentencia en aquel proceso  «por  varios meses se mantuvo el inmueble totalmente intacto», al punto que solo  «para  el  mes  de  febrero  se inició la demolición del sector oriental de la  edificación,  donde funcionó el establecimiento comercial denominado  ‘La  Tienda'»,   hecho  éste que se reitera bajo el numeral 31.1. de la demanda  integrada  (fls. 228 y 229, C-1) en el cual se agrega que «pasado algún tiempo,  se  derrumbó  el  muro  de adobe que separaba el inmueble dado en arrendamiento  del  resto  del  lote  de  terreno  de  propiedad  de la misma sucesión, por el  costado  occidental, pasando así todos ellos a formar un solo lote de terreno»,  luego  de  lo  cual,  «se  procedió a la remodelación de la edificación allí  existente»,   mas  no  a  su  demolición  ni  al  levantamiento  de  una  nueva  construcción (hecho 31.3, fl. 229, C-1).   

                                Cotejados  los  hechos  de  la  demanda  mencionados  con  la motivación de la sentencia impugnada, al rompe se  observa  que  el  Tribunal  no  los  pasó  por  alto,  como  quiera que a ellos  expresamente  se  refieren a folios 62 y 62 vuelto, ni tampoco los alteró en su  contenido,  sino  que  se  limitó  a  interpretarlos,  conjuntamente  con otras  pruebas    que    obran    en    el   expediente,   para   concluir,   que   los  arrendadores-demandantes   en  el  proceso para obtener la restitución del  inmueble  y  aquí demandados, sí le dieron cumplimiento a la obligación   de  iniciar  dentro  de  los tres meses siguientes a la ejecutoria del fallo las  obras  tendientes  a  la  construcción  de  una obra nueva y destinación de la  misma   a   actividad  diferente  de  la  que  allí  ejercía  Augusto  Giraldo  Mejía,   nada  de  lo  cual  implica  un  error  manifiesto de hecho en la  apreciación  de  la  demanda,  pues,  ni  éste  es  ostensible,  ni  la simple  discrepancia  en  torno al contenido de ésta puede llegar a constituir un yerro  de  esta  especie, máxime si, como en este caso, el fallador en ejercicio de la  función  jurisdiccional  expresamente  alude tanto a las pretensiones como a la  causa petendi sin que aquellas o ésta sufran alteración alguna.   

                                6.4.- Agréguese a lo ya dicho  que,  aunque  el  censor a folio 28 del cuaderno de la Corte endilga al fallador  la  comisión  de  errores de hecho en la apreciación de la contestación de la  demanda,  examinada la acusación aparece que el censor no se refiere para nada,  en  forma  precisa  y  concreta  a  las  respuestas  que  a  aquella  dieron los  demandados  Pedro  Pablo  Garcés  T.  (fls.  272  a  277, C-1), Ligia y Alberto  Garcés  Tamayo  (fl.  299,  C-1), Edgar Jhon, Gladys de La Cruz, María Edith y  Luz  Ivonny  y  Cristina  Restrepo  Gómez;  Luis  Alberto, Javier y Ana Cecilia  Restrepo  Echeverry,  herederos  todos  de Libia Restrepo Maya (fls. 354 a 360v,  C-1),  Luz Marina Restrepo Moreno (fls. 370 a 371, cdno. citado) y el curador ad  litem de los demás demandados (fls. 403 a 408, cdno. citado).   

                                Siendo  ello  así,  por  este  aspecto  el cargo, necesariamente, se encuentra destinado al fracaso como quiera  que  no  se  encuentra  satisfecha la carga de indicar en dónde radica el yerro  que  se  imputa  al  sentenciador,  ni mucho menos la evidencia del mismo, ni la  relación de causa a efecto con la decisión que se combate.   

                                6.5.- Asevera, de otro lado el  recurrente,  que  el  Tribunal incurrió en yerro fáctico en la apreciación de  la  «demanda  de  lanzamiento» cuya copia obra a folios 56 a 60 del cuaderno No.  7,  por cuanto en aquella (hecho 10)  se alega como causal para reclamar la  restitución  del  inmueble  la  necesidad  de  «demolerlo  y construir una obra  nueva»,  lo  que  constituye  «única  y exclusivamente» a juicio del censor, la  causal  contenida  en  el numeral 3o. del artículo 518 del Código de Comercio,  y,  en  tales  circunstancias,  resulta  equivocado  el  razonamiento   del  Tribunal  sentenciador  en este proceso ordinario, cuando considera que en el de  «lanzamiento»   (hoy  restitución  de  inmueble  arrendado),  efectivamente  se  invocaron  dos causales, a saber las contempladas en los numerales 2o. y 3o. del  artículo  518  del  Código de Comercio, confusión en que pudo incurrirse, «en  razón  de  la frase ‘… destinada a negocios sustancialmente distintos del que  tiene  el  inquilino  y/o  sus  cesionarios…’ que en tal demanda y en el mismo  hecho  10o.,  se agregó a la inicial expresión ‘demolerlo y construir una obra  nueva'» (fls. 30 y 31, cdno Corte).   

                                Como  salta  a  la  vista,  la  acusación  a  este  respecto  tampoco  puede alcanzar éxito, ya que, en primer  término,  lo  que en este proceso se debate no es la existencia de las causales  aducidas  por  los arrendadores para obtener la restitución del inmueble, ni la  adecuación  de  los  hechos  alegados  para  el  efecto  a  una  u  otra de las  circunstancias  establecidas  para  ello  por  el  artículo  518 del Código de  Comercio,  asunto éste que hubo de ser debatido en el proceso surtido entre las  partes  con  ese  propósito  y con anterioridad a este proceso ordinario; y, en  segundo   término,   la  apreciación  del  fallador  se   circunscribe  a  establecer   si   hay   lugar   o  no  a  la  indemnización  impetrada  por  el  arrendatario-comerciante  conforme  a  lo  dispuesto  por  el  artículo 522 del  Código  de  Comercio, sin que pueda afirmarse, que el Tribunal, por el hecho de  considerar  que  los  arrendadores-demandados  le  dieron  iniciación a la obra  prometida  y  destinaron  el inmueble a negocio distinto del que allí tenía el  inquilino  comerciante,  haya  incurrido en el error evidente de hecho que ahora  se  le  endilga,  pues  tal  aseveración riñe con la realidad que emerge de la  lectura  misma  del  fallo impugnado, que apoya esa conclusión en otras pruebas  obrantes  en  el  proceso,  tales  como  la  diligencia  de inspección judicial  practicada  por  el  Juzgado  Tercero  Civil  del Circuito Especializado el 4 de  febrero  de  1991,  el  interrogatorio  de  parte  absuelto  por Augusto Giraldo  Mejía,  la  filmación que en video-cassette se incorporó al proceso y que fue  observada  por  la  Sala  de  Decisión del Tribunal durante la audiencia de que  trata  el  Código  360  del  Código  de   Procedimiento  Civil,  el   dictamen  pericial  rendido  por  Luis  Fernando  Muñoz  Ochoa,  pruebas éstas  analizadas  a  espacio,  como  puede  verse  a folios 60 vuelto, 61, 62 y 63 del  cuaderno No. 9.   

                               6.6.- De igual manera censura el  recurrente  la sentencia que combate por haber incurrido en error de hecho en la  apreciación  del  «conjunto  probatorio  que  se  conforma con las afirmaciones  hechas  por  los  demandantes  Pedro Pablo, Martha Ligia y Julio Alberto Garcés  Tamayo»  (fl.  31, cdno. Corte), quienes a petición del actor en este proceso y  demandado  en el de «lanzamiento», absolvieron en este último interrogatorio de  parte,  que  obran como prueba a folios 322 vuelto a 326 vuelto del cuaderno No.  7.   

                                 Además,  acusa  también  al  Tribunal  de haber omitido la estimación probatoria de los testimonios de Jaime  Molina,  Alejandro  Meza  Tamayo, Alberto Soler Estevez, Jesús Alfredo Gil, Luz  Marina   Cardona   y   Jorge   Eduardo   Arango   (folios   37  y  38,  cuaderno  Corte).   

                    

                                A  juicio  del  recurrente, la  omisión  de  tales  pruebas,  llevó  al fallador a la violación de las normas  sustanciales  denunciadas  como  infringidas,  por  cuanto todos los declarantes  aludidos  coinciden  en que los aquí demandados y demandantes en el proceso que  culminó  con  la  restitución  del inmueble, expresaron que éste se requería  por  aquéllos  para  la  construcción  de una nueva edificación, que tendría  destinación comercial diferente.   

                                6.7.-  Analizada esta censura,  encuentra  la Corte que resulta intrascendente para el propósito perseguido por  el  recurrente  en  casación,  por  cuanto  el Tribunal en la motivación de la  sentencia  que  ahora se combate, funda esa decisión en que en la diligencia de  inspección  judicial  practicada  por  el  Juzgado  Tercero  Civil del Circuito  Especializado  el  4  de septiembre de 1991, en la cual pudo establecerse que el  terreno  donde  antes  funcionaron  los establecimientos comerciales denominados  «El  Viejo Esquinazo», «El Parao», «El Viejo Almacén Tango Show» y «La Tienda»,  «fue  integrado  al lote de los herederos de José Domungo (sic) Garcés, por lo  que  forman  con  éste  una sola unidad», al punto que las construcciones donde  ellos  funcionaron  «desaparecieron como tales, pues el lote de mayor extensión  será  dedicado  a  un  parqueadero  para  el  que  fue  preparado  el  terreno,  nivelándolo  y  colocándole  una  base de gravilla», inmueble ahora «encerrado  por  muros de ladrillo de barro», con puerta de entrada «por la carrera 67», con  «reja  de  hierro,  precisamente  cerca  a donde estuviera el parqueadero de los  establecimientos  que  ya  hemos mencionados a los que les fue quitado cemento y  piso,  para reemplazarlo por gravilla» (fl. 144, cdno. Principal), citado por el  Tribunal  a  folio  61  vuelto,  cuaderno No.9, sentencia acusada. E igualmente,  apoya  el  sentenciador  la resolución judicial que se impugna, en que, como la  diligencia  de  entrega  «se llevó a efecto el 3 de diciembre de 1988, los tres  meses  para  iniciar  la demolición vencían el 3 de marzo de 1989», por lo que  haber  adecuado  el terreno e incorporado parte del inmueble para formar un solo  «lote  de  mayor  extensión»  y  haber  demolido parcialmente las edificaciones  existentes,  todo  dentro  de  esos  tres  meses,  pues  así  se  desprende del  interrogatorio  de parte absuelto por Augusto Giraldo Mejía, del video-cassette  observado  por  la  Sala de Decisión del Tribunal durante la audiencia prevista  por  el  artículo  360  del  C.  de P. C., del dictamen pericial rendido por el  doctor  Fernando  Muñoz  Ochoa,  en  «diligencias  que  obran  en el proceso de  lanzamiento  y como prueba trasladada, con fecha febrero de 1989» (fl. 63, C-9),  en  declaración de Juan Camilo Cardona Tamayo, quien intervino en tales obras y  expresó   que   la  adecuación  de  los  terrenos  y  la  demolición  de  las  instalaciones  «se  llevó  a  efecto  en los meses de enero y febrero de 1989»,  (fl.  63v, cdno. Corte), pruebas éstas, tomadas por el Tribunal como soporte de  su   decisión,    no  resultan  infirmadas  en  su  valor  de  convicción  probatorio  por las declaraciones de cuya omisión se duele el recurrente y que,  por ello, dejan en pie la sentencia recurrida.   

                                6.8.-  De  esta suerte, emerge  como  conclusión   que  el  cargo  segundo  no puede prosperar, ya que, en  virtud  de no haberse demostrado en forma fehaciente la comisión de los errores  evidentes  de hecho que el censor imputa al Tribunal, ni tampoco la relación de  causa  a  efecto de los mismos con la resolución judicial atacada, continúa en  vigor  la  presunción  de  legalidad y acierto de que se encuentra investida la  sentencia acusada.   

         IV – DECISION   

                                En  mérito de lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en  nombre  de  la  República  de  Colombia  y por autoridad de la ley NO  CASA la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Medellín -Sala Civil-, el 23 de  noviembre  de  1993, en el proceso ordinario promovido por AUGUSTO GIRALDO MEJIA  contra  JOSE  PEDRO  PABLO,  MARTHA  LIGIA  y  JULIO ALBERTO GARCES TAMAYO, como  herederos  de  JOSE  DOMINGO  GARCES  TAMAYO,  así como contra BEATRIZ MATILDE,  MARTHA  LUCIA,  JULIO  CESAR,  MARIA  HELENA,  JORGE  IVAN, ANGELA MARIA, CARLOS  MARIO,  LUIS  FERNANDO  y DARIO ANTONIO GARCES MORENO, herederos de IVAN GUSTAVO  GARCES  TAMAYO,   quien  a  su  vez  lo fue de JOSE DOMINGO GARCES NARANJO;  contra  MARIA  INES  y  ANA DE JESUS RESTREPO MAYA, DARIO, OLGA LUCIA,  LUZ  MARINA,  IVAN  Y  LUIS  ALBERTO  RESTREPO  MORENO, GUILLERMO, MARTHA LUZ, GLORIA  ESTELLA,  MARIA  EUGENIA,  ADOLFO  LEON y ANA PATRICIA RESTREPO URIBE, LIBIA LUZ  RESTREPO  LIEVANO,  LUZ IVONNY, CRISTINA, MARIA EDITH, EDGAR JHON y GLADYS DE LA  CRUZ  RESTREPO  GOMEZ,  ANA  CECILIA,  JOAQUIN JAVIER, LUIS ALBERTO y JUAN DIEGO  RESTREPO  ECHEVERRY, como herederos de LIBIA RESTREPO MAYA; PEDRO PABLO, LUCIA y  ALBERTO  GARCES  TAMAYO;  JULIO  CESAR, MARTHA LUCIA, CARLOS MARIO, MARIA HELENA  ANGELA  MARIA  y  LUIS  FERNANDO  GARCES  MORENO,  estos  últimos  en su propio  nombre.   

                                Costas en casación a cargo de  la parte recurrente. Tásense.   

                                  Cópiese,   notifíquese  y  devuélvase al Tribunal  de origen.   

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS    

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