SC17137-2014 [2001-07330-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado Ponente  

SC17137-2014  

Radicación           n°  11001-31-03-033-2001-07330-01   

(Aprobado  en  sesión de quince de julio de  dos mil catorce)   

Bogotá,  D. C., quince (15) de diciembre de  dos mil catorce (2014).   

Decide  la  Corte  el  recurso  de casación  interpuesto  por  las  demandantes  Raquel María Vega  Toro,   Kareen   y   Kelly   Mercado   Vega,  frente  a  la sentencia proferida el 3 de marzo de 2011 por   el   Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial   de   Bogotá,   Sala  Civil de Descongestión, en el proceso ordinario  que   ellas   y   Manuel   Mercado  Chica  adelantaron  en  contra  de  la  Entidad  Promotora  de  Salud  Famisanar  Limitada  CAFAM  COLSUBSIDIO  -E.P.S. FAMISANAR  LTDA.-   y  de  Claudia  G.  Paternina  L.,  al que fueron llamadas en garantía la  Caja   de  Compensación  Familiar  Cafam  y  la  Compañía Suramericana de Seguros  S.A.   

ANTECEDENTES  

1.            En el escrito con el que se dio inicio al  presente  asunto (fls. 10 a 16, cdno. 1), considerada la subsanación que de él  se  hizo  (fl.  19, ib.), cuyo  conocimiento  correspondió  por  reparto  al  Juzgado  Treinta y Tres Civil del  Circuito de Bogotá, se solicita, en síntesis:   

1.1.          Que  se  declare  que las demandadas son  civil  y  solidariamente  responsables  de  los daños y perjuicios materiales y  morales  sufridos  por  los  actores,  “con  ocasión  de la muerte de su hija y  hermana  KETTY  MERCADO  VEGA,  el  pasado  16  de  octubre de 2001, a las 19:50  horas”.   

1.2.          Y que, como consecuencia de lo anterior,  se las condene a pagarles:   

a)            En  favor de los señores MANUEL MERCADO  CHICA   y   RAQUEL   VEGA  TORO,  por  perjuicios  materiales,  la  cantidad  de  $400.000.000.00  o la “que se acredite a través del  proceso”,       debidamente       “actualizada     o     indexada     a     la    fecha    de    la  sentencia”.   

b)            En  favor  de cada actor, por perjuicios  morales,    el   equivalente   a   un   mil   gramos  oro.   

c)           Las costas procesales.   

2.             Como   sustento   de   los  señalados  pedimentos, aducen los hechos que a continuación se compendian:   

2.1.          Al  momento de su muerte, acaecida el 16  de  octubre  de 2001 en el Hospital de La Misericordia de esta capital, la menor  Ketty  Mercado Vega, estudiante de colegio con excelentes notas, “estaba   afiliada   a   E.P.S.   FAMISANAR  LIMITADA”.  Era  hija de Manuel Mercado Chica y Raquel Vega Toro y hermana de  las entonces menores de edad, Kelly y Kareen Mercado Vega.   

2.2.           Los  centros  asistenciales  de  Cafam  ubicados  en Ciudad Kennedy y en la calle 51 con carrera 16 de esta ciudad, así  como  el  Hospital  de  La  Misericordia,  “estaban  adscritos  o hacen parte de la red de servicios de la ENTIDAD PROMOTORA DE SALUD  FAMISANAR  LIMITADA  CAFAM COLSUBSIDIO, E.P.S. FAMISANAR LIMITADA”.   

2.3.          La nombrada joven fue llevada al servicio  de  urgencias  del primero de los centros asistenciales atrás mencionados el 13  de  octubre de 2001, en razón a los fuertes dolores abdominales que padecía, a  las  petequias  que desarrolló en las piernas y a que presentaba un hematoma en  su  costado izquierdo, ocasión en la que fue atendida por la doctora Claudia G.  Paternina  L.,  quien,  pese  a  su  cuadro  clínico,  se  limitó a ordenar la  práctica  de un examen de sangre a realizarse el día 16 siguiente, como quiera  que el 15 era festivo.   

2.4.          El  domingo 14 de octubre, los padres de  la  niña,  debido  a  la  persistencia  de  sus  síntomas,  la condujeron a la  Clínica  de Occidente para que le practicaran el examen de sangre dispuesto por  la  citada  médica.  De  allí,  ese  mismo  día,  fue  trasladada  al  centro  asistencial  Cafam ubicado en la carrera 16 con calle 51 de la ciudad, donde una  vez  conocido  el  resultado  del  examen de sangre que le fue ordenado, se supo  que  “había una disminución severa en el recuento  de  glóbulos  rojos  y del número de ‘plaquetas’”      y      que      “[p]odía  tratarse  de ‘PÚRPURA       TROMBOCITOPÉNICA”.   

2.5.          Como dicho centro asistencial no contaba  con  hematólogo, ni con unidad de cuidados intensivos, se informó a los padres  de  Ketty  que  allí  no  disponían de los medios para atenderla y que estaban  buscando  la  autorización  de FAMISANAR para remitirla a un sitio adecuado, lo  que  sólo  hicieron  a  las  10:15  p.m.,  luego  de  que la paciente presentó  “dificultad       respiratoria”,  momento  en el que la condujeron en una ambulancia al Hospital de  La   Misericordia.   Una  vez  allí,  tras  ser  valorada,  le  practicaron  un  “TAC”.   

2.6. Al día siguiente, 15 de octubre, hacia  las  10:00  a.m., la menor “parecía alucinando, tal  y   como  se  lo  dijo  un  sacerdote  que  la  visitó,  a  la  Sra.  Madre  de  KETTY”;  los  médicos  que la atendieron, ordenaron  otros  exámenes,  entre  ellos,  una  radiografía al tórax y su revisión por  parte  de  un  neumólogo;  como  a  eso de las 5:00 p.m., fue auscultada por un  hematólogo  quien,  luego de dialogar con otros facultativos sobre su estado de  salud,  decidió  entubarla;  mientras  se  practicaba  dicho  procedimiento, la  paciente  falleció,  pese  a  las  maniobras de resucitación realizadas por el  galeno.   

2.7. La muerte de la niña fue consecuencia,  por  una  parte,  de  la  negligencia  e  imprudencia  en  que  incurrieron  las  accionadas,   

al  no remitir[la] de urgencias a un Centro  Hospitalario  idóneo, el día de la valoración médica, esto es, el sábado 13  de  octubre  de  2001”;  y,  por  otra,  del  “descuido  grave  en el CENTRO  ASISTENCIAL  CAFAM  de  la  Calle  51  con Cra. 16 de Bogotá, donde la paciente  KETTY  MERCADO  VEGA  permaneció  el día domingo 14 de octubre de 2001, sin la  OPORTUNA  Y  ADECUADA  ATENCIÓN  MÉDICA,  hasta  las  10:00 horas de la noche,  cuando fue remitida al Hospital de la Misericordia.   

2.8.          El daño patrimonial reclamado, en cuanto  hace  a los progenitores de la infante, obedece, por una parte, a que ella en la  “vejez  (…)  sería  (…)  auxilio     y     apoyo”    suyo,    “desde  la  edad  habilitada para producir hasta la muerte de sus  padres”;    y,    por    otra,    a   “[l]os    gastos    en    que   incurrieron   durante   toda   la  vida”.  El  perjuicio moral, a su turno, corresponde  al  “dolor,  la aflicción, la angustia sufrida por  todos   los   demandantes,   por   la   desaparición  temprana  de  su  hija  y  hermana”.   

3.            Admitida la demanda (fls. 20 y 106, cdno.  1),  la demandada CLAUDIA G. PATERNINA L. fue modificada por conducto de curador  ad  litem,  que en su nombre manifestó estarse a lo que resultara probado en el  juicio  (fls. 152 y 153, ib). Por su parte, la E.P.S. FAMISANAR LTDA., en tiempo  se  opuso  a  las  pretensiones.  Adujo las excepciones de mérito que denominó  “inexistencia     de  responsabilidad   por   parte   de   E.P.S.   Famisanar  Ltda.”,  “falta  de  legitimación  en la causa por cuanto no hubo cumplimiento (sic) del contrato de  afiliación  suscrito  entre la parte demandante y la EPS Famisanar”, “falta  del  deber  de  cuidado  de  la  salud  por  parte  de  la  (…) demandante”,  “inexistencia  de  nexo  causal  entre  la  conducta  y  el presunto daño”,  “inexistencia  de  responsabilidad  solidaria”  e  “inexistencia de daños  probados    como    consecuencia    de    los    actos    realizados   por   Eps  Famisanar”.   

En  escritos separados llamó en garantía a  la  Caja  de  Compensación  Familiar  Cafam  (fls.  29  a  31,  cdno. 5) y a la  Compañía Suramericana de Seguros S.A. (fls. 39 a 42, cdno 4).   

5.            En relación con la Caja de Compensación  Familiar  Cafam,  se  advierte  que  fue  vinculada  al  proceso antes de que se  aceptara   el   llamamiento   en  garantía  formulado  en  su  contra,  con  la  notificación  personal  que se le hiciera del auto admisorio de la demanda (fl.  30,  cdno.  1),  que  contestó,  oponiéndose a las solicitudes allí elevadas.  Propuso  las  excepciones  de  “inexistencia  de la  obligación”,    “la  actividad  médica  es  de medio y no de resultado” y  “falta  de  cumplimiento de los requisitos del art.  35 de la ley 640 de 2001”.   

      

Asimismo se opuso al llamamiento en garantía  con   la   formulación   de   las   excepciones   que   denominó  “sujeción  a  lo  preceptuado  sobre términos y condiciones que  trata  el  convenio  suscrito  entre  la  Caja de Compensación Familiar Cafam y  E.P.S.    Famisanar    ltda.”    e    “inexistencia   de  la  obligación”.  Adicionalmente,  coadyuvó las excepciones propuestas por la precitada accionada  y  reiteró  las  que  propuso  al contestar la demanda (fls. 40 a 48, cdno. 3).   

6.            Y en cuanto a la Compañía Suramericana  de  Seguros  S.A.,  en  un  solo  escrito,  dio respuesta a dicho llamado y a la  demanda,  con  oposición  a  lo  pedido  en  uno y otra. Propuso las siguientes  excepciones:  en  relación con el llamamiento en garantía, las de “sujeción  de  la  cobertura a los términos y condiciones de la  póliza       no.      39927”,      “falta  de  cobertura” e “inexistencia  de  la  obligación”; y  frente      a     la     demanda,     las     que     denominó     “inexistencia  de  responsabilidad  de E.P.S. Famisanar Ltda. por  ausencia       de      culpa”,      “falta   de   amparo”,  “ausencia   de  relación  causal”  e  “inexistencia      de     la     prueba     del  perjuicio”. Del mismo modo,  avaló      la     de     “[i]nexistencia     de  responsabilidad”  planteada por la persona jurídica  demandada (fls. 70 a 77, cdno. 4).    

8.            El  Tribunal  Superior  de Bogotá, Sala  Civil  de Descongestión, al desatar la apelación que contra el fallo de primer  grado  interpuso  la  parte  actora,  en el suyo optó por revocarlo para, en su  defecto,   

“[d]eclarar  a  la  EMPRESA  PROMOTORA DE  SALUD       FAMISANAR      LIMITADA      CAFAM      COLSUSIDIO      ‘E.P.S. FAMISANAR LIMITADA’, a la CAJA DE COMPENSACIÓN FAMILIAR  ‘CAFAM’  y  a  la Doctora Claudia Paternina,  responsables  contractual y solidariamente de los perjuicios morales irrogados a  los  señores  Manuel  Mercado,  Raquel  María  Vega Toro, Kelly Mercado Vega y  Kareen  Mercado  Vega,  con  ocasión de la muerte de Ketty Mercado Vega, hija y  hermana  de  los  antes  mencionados,  cuyo  óbito acaeció el 16 de octubre de  2001”.   

Como  consecuencia  de  ello, condenó a las  citadas demandadas   

“al  pago de los perjuicios morales así:  (…)  Para  los  señores Manuel Mercado Chica y Raquel María Vega Toro, y las  menores  Kelly  y  Kareen  Mercado  Vega,  una  suma equivalente a CIEN SALARIOS  MÍNIMOS  LEGALES  MENSUALES  VIGENTES  a  la  fecha  de  esta sentencia, que se  distribuirán  así: 30 SMLMV para cada uno de los progenitores de Ketty Mercado  Vega,  y  20  SMLMV para cada una de las menores Kelly y Kareen Mercado Vega”.   

Por   otra   parte,   negó   “los  perjuicios materiales (daño emergente y lucro cesante) por  no  estar  probados  tal  y  como  se  explicó  en la parte motiva del presente  fallo”.   

Concedió el término de diez (10) días para  el  pago  de  la  indemnización;  exoneró  de  responsabilidad a la llamada en  garantía  Compañía  Suramericana de Seguros S.A., por las razones que expuso;  y  condenó en costas “a la parte demandada en ambas  instancias”.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

1.            Una vez compendió la actuación cumplida  y  advirtió  la  presencia  de  los  presupuestos  procesales,  el ad  quem  se refirió a los fundamentos de  la  alzada,  a  la  responsabilidad  contractual  y,  en particular, a la que se  deriva  de  la  prestación  de  servicios  médicos,  en  relación  con la que  señaló  los  elementos que la estructuran, la diferencia entre obligaciones de  medio    y    de    resultado,    su    ubicación   dentro   del   “concepto  de  la culpa probada” y que  para   su   demostración,  son  aplicables  las  teorías  de  la  “probabilidad  suficiente”  y  de  la  “carga   dinámica   de  la  prueba”.   

2.            Seguidamente descendió al caso concreto  llevado  a  su  conocimiento  y  ponderó la historia clínica de la menor Ketty  Mercado  Vega  (fls. 1 a 14, cdno. 5), el concepto médico emitido por el doctor  Rubén  Darío  Angulo  González   (fls. 351 a 362, cdno. 1) y el dictamen  pericial  rendido  en  el proceso (fls. 384 y 385, ib.), medios demostrativos de  los que coligió:   

2.1.                Existió        “(…)  ‘una  atención ligera y  superficial’  desde  el  ingreso  de  la paciente a través de cita prioritaria a la clínica en la fecha  atrás   señalada,   cuando   ya   presentaba   síntomas   de  una  enfermedad  compleja”.   

2.2.             Se     cometieron     “graves        fallas”,       en  concreto,  “ausencia  de  diagnóstico,  demora en los exámenes requeridos para establecer la enfermedad,  tratamiento       ambulatorio       y       no       hospitalario”.   

2.3.           Hubo,  por  consiguiente,  “culpa  tanto institucional como médica en la muerte de la menor  Ketty Mercado Vega”.   

2.4.          Conforme “los  signos  y  síntomas  que  padecía la menor”, lo que  procedía       era       “la      observación  clínica”,   que   “no  podía  realizarse  en  el dispensario al que inicialmente llegó”,  por  lo  que debió remitirse “a otra  entidad   de   nivel   III,   como   tardíamente   se   realizó”.   

3.              En   definitiva,   el   ad quem reiteró que   

hubo  negligencia  médica e institucional,  pues  al  no  conocer el origen de las ‘petequias’,  (…),  ni  del  dolor  abdominal  agudo,  lo  prudente  de  conformidad  con el  protocolo  clínico  era  la  observación”,  como  quiera  que “habiéndose  sospechado  desde  su inicio la enfermedad de púrpura trombocitopénica, o aún  otros  trastornos  de  la  sangre,  debió ser hospitalizada, y no remitida a su  casa  como en efecto ocurrió”, a lo que se suma que “los propios protocolos  médico-científicos  recomiendan  que  con  la simple sospecha de abdomen agudo  debe   remitirse   al   paciente   a  una  institución  de  nivel  III,  previa  estabilización”,  por  lo que resulta “inexplicable que la médica tratante  no lo hubiera dispuesto así”.   

4.             Añadió  que,  por  lo  tanto,  existe   

“perfecta relación de causalidad entre la  conducta  negligente  y  omisiva  del  personal  médico de la I.P.S. Cafam y la  muerte  de  la  menor, pues conforme las reglas de la experiencia, de la lógica  de  lo  razonable,  pero  además,  según  las  reglas técnicas y científicas  atrás  expuestas,  es  razonable concluir, conforme la teoría de la causalidad  adecuada  de  la prueba, que de no mediar tan graves omisiones e irregularidades  antecedentes  (…),  la  pérdida  de la vida no hubiera sobrevenido, es decir,  que  la  causa antecedente y única del deceso de la menor fue la negligencia de  la  médico  en  brindar  una atención adecuada, y un rápido diagnóstico ante  una  enfermedad  imprevisible;  la inaplicación injustificada de los protocolos  existentes  ante  la  aparición de la petequias (infección) y dolor abdominal,  denotan falta de diligencia”.   

5.            Como consecuencia de lo anterior y de la  legitimidad    de   los   demandantes,   en   tanto   que   ellos   eran   “los  llamados  a  demandar  en  cuanto  fueron  quienes  sufrieron  los perjuicios recibidos por la muerte de la  niña   y   por   ende,  los  beneficiarios  de  las  condenas  que  habrán  de  imponerse”,  el  sentenciador  de  segunda instancia  infirió la prosperidad de la acción.   

6.           Así  las cosas, prosiguió a determinar  la  indemnización  a  la  que  tenían  derecho los accionantes y, al respecto,  acotó:   

6.1.           En   cuanto   hace   al   “lucro cesante”, que   

“en  tratándose  del  fallecimiento  de  menores  de  edad, la jurisprudencia con el debido fundamento, se ha negado a su  reconocimiento   por  la  ausencia  de  desempeño  de  aquellos  en  una  labor  lucrativa;  para la época de su fallecimiento Ketty Mercado Vega era estudiante  y  no laboraba; tampoco podría con mediana certeza explorarse la posibilidad de  considerar  que una vez terminados los contingentes ciclos educativos, básico y  secundario,  así  como  el  superior,  pudiera gozar de alguna remuneración, y  aún  en  tal  eventualidad,  que  el  producto  económico  de  la  misma fuere  destinado  a  la  manutención o ayuda de sus progenitores y hermanas, y no a la  propia,  o  a  la  del  núcleo  familiar que hubiere hipotéticamente llegado a  conformar  en  forma  independiente de dichos familiares, lo que no permite a la  Sala  determinarlo, cuantificarlo y emitir condena al respecto, precisamente por  caer en el terreno de lo eventual,   

Planteamiento    que    sustentó   con  reproducción   de   sendos  fallos  de  esta  Corporación  y  del  Consejo  de  Estado.   

6.2.            Sobre   el   daño   emergente,   que  “el  extremo  actor  no  demostró la causación de  ningún  otro  perjuicio  de  tipo material que la muerte de su hija les hubiere  inferido”.   

6.3.           Ninguna   duda   existe  respecto  del  dolor,  la  aflicción,  la  congoja y depresión que  experimentaron  y experimentan los padres” y las dos  hermanas.   

7.           De  las dos personas jurídicas llamadas  en   garantía,   estimó  que  solamente  se  podía  declarar  a  la  Caja  de  Compensación   Familiar   Cafam   “solidariamente  responsable  con  la  parte  demandada” y condenarla  “al  pago  respectivo”,  como  quiera que las excepciones que propuso “penden  directamente  de  la prueba de la responsabilidad” de  la    accionada    y,    por    lo    tanto,   no   le   permiten   “quedar   eximida   de   una  y  otra  situaciones”,  lo que no acontece en relación con la Compañía Suramericana de  Seguros   S.A.,   puesto  que  la  póliza  de  seguros  existente  “solo  cubre  perjuicios  materiales”,  de  lo  que se sigue que está llamada a prosperar la excepción de “falta de cobertura”.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

CARGO ÚNICO  

Con  respaldo  en el primero de los motivos  previstos  en  el artículo 368 del Código de Procedimiento Civil, se denunció  la  violación directa de los  artículos  1613  a  1617  del  Código  Civil, 4º, 29 y 93 de la Constitución  Política,  63  de  la  Convención  Interamericana  de Derecho Humanos y de las  sentencias  del 10 de septiembre de 1993 (caso ALOEBOETOE Y OTROS VS. SURINAM) y  24  de  febrero  de  2011  (caso  GELMAN  VS.  URUGUAY)  proferidas por la Corte  Interamericana de Derechos Humanos.   

En  sustento  de  la  acusación,  luego de  memorar  tanto  las  consideraciones que adujo el Tribunal en su fallo, como las  decisiones que adoptó, el recurrente, en síntesis, expuso:   

1.           La  determinación  que, en concreto, se  controvierte,  corresponde  a  la  negativa de conceder  “los     perjuicios     relativos    al    lucro  cesante”.   

2.           Esa  determinación  la  fundamentó  el  sentenciador  de  segunda  instancia  en  que  dicho  rubro  caía  “en   el  terreno  de  lo  eventual”,  puesto  que  la menor fallecida, al momento de su deceso, por ser estudiante, no  “desempeñaba  una  labor  lucrativa”,    ni    podía   contemplarse   “la  posibilidad   de   considerar  que  una  vez  terminados  los  ciclos  básicos,  secundario  y  superior,  pudiera  gozar  de alguna remuneración”,  o  pensarse  que  de obtenerla, la hubiese destinado “al     sostenimiento     y     ayuda    de    sus    padres    y  hermanas”.   

3.           Dicha  postura  del Tribunal contraviene  las   normas  cuyo  quebranto  denunció,  así  como  el  artículo  63  de  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos,  habida cuenta de que la Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  en las sentencias relacionadas al inicio  del   cargo,   precisamente,  en  desarrollo  de  dicho  ordenamiento  jurídico  internacional,  en  casos  donde  las víctimas tampoco percibían un ingreso al  momento  de su fallecimiento, condenó al pago del lucro cesante en favor de sus  familiares,  para lo que tomó como base el salario mínimo legal del respectivo  país.   

4.           La  infracción recta de los mencionados  preceptos   “ocurrió  debido  a  que  la  Sala  de  Descongestión    del    Tribunal    Superior    del    Distrito   Judicial   de  Bogotá”          los          “interpretó  (…)  en  forma  aislada,  parcial  y restrictiva,  dentro  del  contexto sólo de la ley, sin conciliarla con los artículos 4 y 93  de   la   Carta  Política,  63  de  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  humanos”  y  con  los  memorados  fallos de la Corte  Interamericana  de Derechos Humanos, actividad decisoria del sentenciador con la  que  desconoció,  por  una  parte, “la integridad y  supremacía  de  la  Constitución” y, por otra, que  ella  junto  con  los  tratados  y  convenios  internacionales  ratificados  por  Colombia     sobre     derechos     humanos,     conforma     el    “bloque  de  constitucionalidad” que,  en   los   términos   del   segundo  de  los  citados  preceptos,  “prevalece   en  el  orden  interno”.   

6.           Al final, el censor aseveró que la falta  de  aplicación  por  parte del Tribunal del “bloque  de  constitucionalidad”, lo condujo a asignarle a las  normas   sustanciales   infringidas   un  alcance  restringido  y  a  que,  como  consecuencia  de  ello, no reconociera el lucro cesante reclamado en la demanda,  cuya  condena  debió,  y debe, imponerse en la cantidad liquidada por el propio  recurrente.   

CONSIDERACIONES  

Es     del     caso     advertir,  de  entrada,   el   alcance  restringido     que     tiene    la    censura   extraordinaria   cuya    definición    ahora    emprende    la    Corte.    Tal  limitación  obedece,  en  primer   lugar,   a   que  el  actor  Manuel  Mercado  Chica   no  recurrió  en  casación  la  sentencia  del Tribunal, fallo que, por lo tanto, en lo  que  a él  respecta,  es  por completo  inmodificable.   

Y, en segundo término, a que las    restantes    demandantes,    en  el   único   cargo   que   propusieron       en       desarrollo       del      recurso      extraordinario      de     que     se  trata,   controvirtieron  de  manera  exclusiva  la  negativa  del ad   quem  a  conceder   el  lucro  cesante que los progenitores de  la    niña   fallecida  solicitaron  en la demanda,  como  lo  especificó  el  propio  casacionista  al  señalar  que  “[l]o  más  importante  en  tratándose  de  este recurso y para  precisar  el  aparte  de  la sentencia que se atacará, es (…) la negación al  pago    de    los   perjuicios   relativos   al   lucro   cesante”.   

Las  circunstancias advertidas,     traducen    que    esta  Corporación, en sede de casación,  está    facultada    exclusivamente   para  revisar  la  comentada  negativa y  sólo    en    lo    que   se   refiere a las tres demandantes recurrentes.   

2.              Sobre      el      particular      se      destaca,   por   una   parte,   que  en  el  escrito  con  el  que  se subsanó la demanda  inicialmente  presentada,  que  obra  a  folio  19  del  cuaderno  principal, se  expresó literalmente:   

“(…) El perjuicio material sufrido por  los  padres y hermanas de la hoy difunta, se concreta,  respecto  de  los  perjuicios  materiales,  sufridos  por    los    padres,  [en] que en la vejez sería  la  extinta auxilio y apoyo de sus padres,  desde  la  edad habilitada para producir hasta la muerte de sus  padres”  (subraya  y  resaltado  fuera  de  texto).   

Y,   por  otra,  que  fue  en  relación con esa pretensión, que el Tribunal señaló:   

“En punto del lucro cesante, tratándose  del   fallecimiento  de  menores  de  edad,  la  jurisprudencia  con  el  debido  fundamento,  se  ha  negado a su reconocimiento por la ausencia de desempeño de  aquellos  en  una  labor  lucrativa;  para  la  época de su fallecimiento Ketty  Mercado    Vega   era  estudiante  y  no laboraba; tampoco podría  con  mediana  certeza  explorarse  la  posibilidad  de  considerar  que  una vez  terminados        los        contingentes  ciclos  educativos,  básico  y  secundario, así como el  superior,  pudiera  gozar  del alguna remuneración, y aún en tal eventualidad,  que  el  producto  económico  de  la  misma fuere destinado a la manutención o  ayuda  de  sus  progenitores  y  hermanas,  y no a la propia, o a la del núcleo  familiar   que   hubiere   hipotéticamente   llegado   a   conformar  en  forma  independiente     al     de     dichos   familiares,   lo   que  no  permite  a  la  Sala  determinarlo,  cuantificarlo  y  emitir  condena al respecto, precisamente por lo eventual”.   

3.            Así  las  cosas, surge     patente     que     las     demandantes     Kelly   y  Kareen   Mercado  Vega,  hermanas  de  la  víctima,  carecen  de  interés  en la formulación del cargo  ahora    examinado,  pues    si,    como  viene  de  analizarse, no  fue  en  favor  de  ellas,  sino  solamente de sus progenitores, señores Raquel  María  Vega  Toro  y  Manuel  Mercado  Chica, que se  pidió  la indemnización  del  lucro  cesante,  es  notorio  que  la desestimación de esa súplica de la  demanda,    en   nada  las  afectó y  que,  por  lo  mismo,  no  podían  cuestionar esa determinación por la vía del recurso  extraordinario de casación.   

4.            Por su importancia, es del caso  memorar que:   

“En  relación  con todos y cada uno de  los  motivos que, respecto del recurso extraordinario de casación, contempla el  artículo  368  de la obra en precedencia citada, la Corte tiene establecido que  ‘es     requisito  indispensable  que  la  parte  que  por  esa  vía recurre, tenga interés en la  impugnación   (G.J.   Tomo   LXIV,   pág.   792),   es   decir,   que  frente a la resolución cuya infirmación se propone obtener,  considerada  esta  última  desde  el  punto  de vista de sus efectos prácticos  determinados   por   las   providencias   en   ella  adoptadas  por  el  órgano  jurisdiccional  en  orden  a  juzgar  sobre  el  fundamento  del  litigio, ha de  encontrarse  dicho  recurrente  en una relación tal que le permita conceptuarse  perjudicado   y   así   justificar   su  actuación  encaminada  a  pedir  la  tutela que el recurso de casación dispensa. Significa  esto  que  el  interés  del  cual  viene  haciéndose mérito está dado por el  vencimiento  total o parcial que para la parte representa el contenido decisorio  del  fallo definitivo de instancia, vencimiento que según definición prohijada  por  autorizados  expositores  (…)  se resuelve en el contraste concreto entre  ese  contenido  y  el interés desplegado por quien recurre durante el curso del  proceso,  desde  luego  en la medida en que no haya renunciado a hacer valer ese  interés,  de  manera  pues  que el vencimiento está  fincado  en  la lesión actual, clara y terminante que la sentencia discutida le  ocasiona’  (Cas.  Civ.,  sentencia  de  7  de septiembre de 1993, expediente No. 3475, G.J. T. CCXXV, No.  2464,   pág.  433)” (CSJ, SC de 30 de noviembre  de     2011,     Rad.    2000-00229-01; se subraya).   

5.                        Corolario  obligado  de  lo  precedentemente expuesto     es     que     la     referida  acusación,    en    primer    lugar,    está    llamada   a  fracasar  respecto   de   Kelly  y    Karen   Mercado  Vega;  y,  en  segundo  término,  que  su       estudio      solamente          procede    en    relación   con   la  demandante  Raquel María  Vega Toro.   

6.  Con todo,  debe  anticiparse que también con esta impugnante el  cargo  no ha de prosperar,  pues,  con independencia de la disquisición acerca de si el perjuicio reclamado  puede  ser tildado de incierto o eventual,  como lo aseveró el tribunal, o corresponder a un daño virtual  digno  de ser indemnizado, las razones que siguen conducirían a la confirmación   de   la  decisión  combatida  e  incluida  en  la  sentencia  que  se  impugna, cuyo quiebre por tanto sería inútil, si la Corte,  en  sede de instancia, debe llegar a la misma conclusión del tribunal, esto es,  negar  la pretensión del  lucro cesante futuro.   

7.            Resulta  pertinente  recordar  en  primer  lugar,  que  en  el escrito introductorio de  este   proceso  no  precisaron  los  actores  -y  en  particular  la  madre  de  la menor- si la acción de  responsabilidad  civil  que  ejercían  era contractual o extracontractual; pero  tanto   Juzgado   como  Tribunal     fueron  categóricos  en  sus respectivas sentencias, en señalar que la responsabilidad  incoada  en  este  proceso era la contractual, y este  punto,   pacífico   a   lo   largo  del  trámite,  no    fue    además  objeto      de     ataque     alguno,  por  lo  que se mantiene incólume.   

En    efecto,    en    lo  que  hace  al  ad quem,  al  comienzo de sus consideraciones  así  lo  precisó  (“cuando la responsabilidad que  se  endilga  es  del orden contractual, como la que aquí se depreca”,   fl.  43,   cdno.  7).  Y,  de  acuerdo  con  tal  postura,  en  la  parte  resolutiva  del fallo declaró a las  demandadas   como  “contractual  y  solidariamente  responsables   de  los  perjuicios  morales”   (fl. 56, ib.) irrogados a  los demandantes.   

Estas   dos  precisiones  resultan trascendentales en vista de que  del  tipo  de  acción  que  se incoe -contractual o  extracontractual-  dependerá  asimismo la  calidad en que pueda actuarse -jure  proprio    o    jure  hereditatis-a fin de invocar el resarcimiento de los  daños que pueden ser reclamados.   

Sobre  el  particular,  ha  reiterado  la  Sala   que:   

Cuando  la  víctima  directa  de un acto  lesivo,  fallece  como  consecuencia del mismo, sus herederos están legitimados  para  reclamar  la  indemnización  del perjuicio por ella padecido, mediante el  ejercicio   de   la   denominada  acción  hereditaria  o  acción  hereditatis,  transmitida  por  el  causante,  y  en la cual demandan, por cuenta de éste, la  reparación  del  daño  que  hubiere  recibido.  Dicha  acción  es  de índole  contractual  o  extracontractual, según que la muerte del causante sea fruto de  la  infracción de compromisos previamente adquiridos con el agente del daño, o  que  se  dé  al  margen de una relación de tal linaje, y como consecuencia del  incumplimiento   del   deber   genérico  de  no  causar  daño  a  los  demás.   

Al lado de tal acción se encuentra la que  corresponde  a  todas  aquellas personas, herederas o no de la víctima directa,  que  se  ven  perjudicadas  con su deceso, y mediante la cual pueden reclamar la  reparación  de  sus  propios daños. Trátase de una acción en la cual actúan  jure  proprio,  pues piden por su propia cuenta la reparación del perjuicio que  personalmente  hayan experimentado con el fallecimiento del perjudicado inicial,  y       su      naturaleza      siempre      es  extracontractual,  pues  así  la  muerte  de  éste  sobrevenga  por la inobservancia de obligaciones de tipo contractual, el tercero  damnificado,  heredero  o  no,  no  puede  ampararse en el contrato e invocar el  incumplimiento  de  sus  estipulaciones  para exigir la indemnización del daño  que    personalmente    hubiere    sufrido    con   el   fallecimiento   de   la  víctima-contratante,  debiendo situarse, para tal propósito, en el campo de la  responsabilidad    extracontractual…(CSJ  SC    084-2005,         rad. 14415).   

De   conformidad  con  lo  anotado,  en  tratándose  del resarcimiento de perjuicios ocasionados por el fallecimiento de  la  víctima,  mientras  con  sustento  en  la  responsabilidad extracontractual  pueden    demandarse    daños    actuando    jure  proprio    o    jure  hereditatis,  con  fundamento  en la contractual, en  principio,  solo  es  dado  intentar el resarcimiento de los perjuicios sufridos  directamente   por   la   víctima,  salvo  el  caso  excepcionalísimo  de  que  el  causahabiente  sea  al  igual  que  el fallecido  acreedor  de  la  prestación incumplida o cumplida defectuosamente.   

En   ese  contexto,  el daño puede  causarse   a   uno  o  varios  titulares  de  intereses  lícitos  y  cada  cual  tienen derecho a obtener  el  resarcimiento  de  su  particular  detrimento. Pero cuando una persona está  legitimada  para  reclamar  no  solamente  su  propio  daño  sino  el  que  fue  ocasionado  a  otra -como  cuando  aquella  es  sucesora de esta y por ende actúa en representación de la  sucesión  de la última-  al   ejercitar   la   acción  tiene  la  carga  de  distinguirla    con  precisión,  pues  de no  hacerlo,   quedaría   incierto   el   interés           sustancial           que           funda  o  da  soporte  al daño  que  reclama,  desde  luego  que  no  son  los  mismos  los  perjuicios que sufrió la  víctima  fallecida  y  los que padece el tercero. En  otras   palabras,   si  los  herederos  de  una  persona  fallecida,  tienen  interés  sustancial  en  la  acción  resarcitoria   de   su   causante,   y  pueden ejercerla “en su  lugar  y para la herencia, en cuyo caso, el titular de los intereses conculcados  es  el de cuius, la reparación concierne a éste y su fallecimiento comporta la  transmisión  per  ministerium legis de su derecho (artículos 1008, 1011, 1040,  1045,     1155,     Código    Civil),    tal    postura    irremediablemente    debe   ser  invocada  desde la demanda a efectos  de,  subsecuentemente,  pedir  los  perjuicios  que  fueron  irrogados  a  quien  representa el actor.   

8. De  cara  a  la anterior doctrina, es evidente que en este caso la  madre  de la menor fallecida actuó en su propio nombre, pues así lo hizo saber  en  el  encabezamiento  de  la demanda. Y,  como  fuera  definido  en el proceso con carácter inmutable en  casación,   ejerció  la   acción   de   tipo   contractual.   

De  suerte  que  si  la  madre  de la menor  fallecida  reclama  para  sí  los  perjuicios, en la modalidad de lucro cesante  futuro,  consistentes  en  la  ayuda que esta habría de proporcionarle, una vez  estuviese  en  capacidad  de  otorgarla, estaría invocando, sin que le sea dado  hacerlo,   una   responsabilidad   de   índole   extracontractual  –como    se    desprende    de    la  jurisprudencia  atrás  transcrita-, pues este tipo de daños, que la doctrina y  la  jurisprudencia  han  descrito  como  daño  por  contragolpe o de rebote, no  corresponde  propiamente  al  incumplimiento  de  una  obligación surgida de la  relación  jurídica  de  seguridad  social,  de la que ella fuese la acreedora,  sino  de  un  daño  reflejo  y  consecuencial al perjuicio derivado del débito  incumplido  por  la  demandada y cuya acreedora o beneficiaria de la prestación  era la menor fallecida.   

Se  destaca  a este respecto que si bien la  relación  jurídica  de  la  seguridad  social,  ha  sido explicada ya como una  relación  de  tipo  bilateral  de la que surgen obligaciones recíprocas de las  partes,  o  como  una  relación  en  la  que  las obligaciones de cotización y  prestación  no  son  interdependientes  o  conmutativas,  es  lo  cierto que se  presenta  como  un  vínculo  sui  generis,  que  engloba o subsume otras relaciones jurídicas instrumentales  como  las  que  se  dan  con  ocasión  de  la  afiliación, la cotización y la  protección,  en  las  que  intervienen  diversos  sujetos  (empleador,  entidad  promotora    de   salud,   institución   prestadora   de   salud,   cotizantes,  beneficiario).  Por el lado de los sujetos protegidos, y para lo que interesa en  el  caso  que  se estudia, está en primer lugar el cotizante y subsecuentemente  las  personas  de  su  núcleo  familiar,  en  calidad de beneficiarios, quienes  tienen  frente  al  prestador  de  los  servicios  derecho a solicitarlos en los  términos    y    con    los   alcances   establecidos   por   la   normatividad  vigente.   

Sobre  el  particular indica José Almanza:   

“la  posición  jurídica  subjetiva  el  sujeto   protegido   en  la  relación  principal  de  seguridad  social  es  lo  suficientemente  amplia  para  comprender  las  situaciones  subjetivas  de  las  relaciones  subordinadas,  de  tal  forma  que  una misma persona, siendo sujeto  protegido,  puede  ser  afiliado  o  no,  cotizante  o no, beneficiario o no. Si  concurren  en  la  misma persona las presunciones subjetivas o algunas de ellas,  quiere  decir  que  adopta  posición  distinta  en  cada una de las relaciones,  vistiendo  ropajes  jurídicos diversos, pero, por encima de ellas, y en orden a  la      relación      principal,      es      sujeto      protegido”  (Almanza Pastor, José M., Derecho de  la seguridad social, Tecnos, 7ª ed., Madrid, 1991, página 129).   

De  lo  anterior  surge  palmario  que  la  relación  jurídica  del  caso puesto a consideración de la Corte, es anterior  al  acto  lesivo  y  comporta un vínculo jurídico concreto con obligaciones de  cobertura  y  prestación  que  emanan  de él y cuyo incumplimiento acarrea por  ende,  y  en  primer lugar, una responsabilidad contractual, cuyo acreedor es el  lesionado,  y  eventualmente  el padre cotizante, pero en ningún caso la madre,  que   fue   la   única   de   los  demandantes  legitimados  que  recurrió  en  casación.   

En  consecuencia,  el  cargo  no  prospera.   

DECISIÓN  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en  nombre  de la República y por autoridad de la ley NO  CASA la sentencia proferida  el   3  de  marzo  de  2011  por   el   Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Bogotá,  Sala Civil de  Descongestión,  en  el  proceso ordinario que Raquel María Vega Toro,   Kareen,  Kelly  Mercado  Vega  y  Manuel  Mercado  Chica  adelantaron  en  contra de la Entidad Promotora de Salud  Famisanar  Limitada  CAFAM  COLSUBSIDIO -E.P.S. FAMISANAR LTDA.- y de Claudia G.  Paternina  L.,  al  que  fueron  llamadas  en garantía la Caja de Compensación  Familiar Cafam y la Compañía Suramericana de Seguros S.A.   

Costas  del  recurso  a cargo de la parte  recurrente,    para    su    tasación,  la  Secretaría  incluirá  como agencias en derecho la suma de  $3.000.000ºº,  por  cuanto la demanda  no fue replicada.   

Cópiese,  notifíquese  y devuélvase al  tribunal de origen.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *