SC16993-2014 [2010-00166-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACION  CIVIL   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

Magistrada  Ponente   

                                           SC16993-2014   

Radicación n° 19001 31 03  003 2010 00166 01   

         (Aprobado  en sesión de  dos de septiembre de dos mil catorce)   

Bogotá, D. C., doce (12)  de diciembre de dos mil catorce (2014).   

Decide la Corte el recurso  de  casación  que  la parte demandante en este proceso, a través de apoderada,  interpuso  contra  la  sentencia  proferida el 20 de febrero de 2012 por la Sala  Civil-Familia  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Popayán, dentro  del  proceso  ordinario de pertenencia que HEBERTH SARRIA VILLA promovió frente  a       BLANCA       MIREYA       MEDINA       GUTIÉRREZ       y       personas  indeterminadas.   

ANTECEDENTES   

                                 

                                 

1. Pidió el actor en el  libelo  de  demanda  cuyo  conocimiento  asumió  el  Juzgado  Tercero Civil del  Circuito   de   Popayán,   que  se  declare  que  adquirió  por  prescripción  extraordinaria adquisitiva de  dominio    el    inmueble    ubicado    en  la  transversal  9º  No  3N-07  de  la  ciudad  mencionada y se  inscriba la sentencia respectiva.   

          2.   Como  sustento fáctico de sus súplicas alegó los hechos  que a continuación se compendian:   

          El  inmueble  pretendido  en usucapión, hizo parte de otro de mayor  extensión  que  se  desenglobó  por escritura pública 2050 del 13 de junio de  2006   de   la   Notaría  Segunda  de  Popayán,  abriéndose  tres  matriculas  inmobiliarias independientes.    

          Sobre   la   propiedad   que   se  identificó  después  como   «(PREDIO  NÚMERO  3)», el  accionante  ha  ejercido  actos  de  poseedor  de  manera  pública, pacífica e  ininterrumpida  durante  cuatro  (4) años, conforme a la promesa de compraventa  suscrita   con   la   señora   MEDINA   GUTIÉRREZ   el  mes  de  diciembre  de  2005.   

En  virtud  de  ese  negocio  jurídico,  la  promitente  vendedora  cedió  la posesión material del bien; y agrega que a su  posesión   debe   añadirse   la   de   BLANCA  MIREYA  MEDINA,  «por  un  espacio  de  diez años» y la de  EMILIA  PATRICIA  PIZO  CÓRDOBA,  «por un espacio de  tres años».   

          Al  él  continuar  la  posesión  de  la  convocada  y  la  señora  prenombrada,  afirma  que  se  satisfizo el presupuesto requerido para usucapir,  dado  que  supera  los  veinte  años  como «señor y  dueño» del inmueble.   

3.  Admitida  la  demanda,  la  pasiva  por  conducto  de mandatario judicial la contestó oponiéndose a la totalidad de las  pretensiones  y  proponiendo  las  excepciones  de mérito que denominó: (i) la  promesa  de  venta no genera la suma de posesiones de que trata el canon 778 del  C.C;  (ii) ineficacia del acuerdo de promesa de compraventa; (iii) excepción de  contrato no cumplido y, (iv) la genérica o innominada.   

Las  personas  indeterminadas  citadas  al  juicio,  a  través  de  curador  ejercieron  su  derecho  de  defensa, alegando  atenerse a lo que demuestren las pruebas del proceso.   

4. A la primera instancia, luego de agotarse  las  formas  propias del proceso ordinario, puso fin la sentencia de 29 de julio  de   2009   proferida   por  la  referida  agencia  judicial,  que  denegó  las  pretensiones  incoadas,  por no demostrarse durante el tiempo mínimo exigido la  posesión.   

El     juzgador     aquo  estimó  que  dado  que  el  actor  pretende  que  se  sumen  las  posesiones  anteriores  en cabeza de la demandada  BLANCA  MIREYA MEDINA y de la señora EMILIA PATRICIA PIZO CORDOBA, estaba en la  obligación  de  probar  esa  circunstancia  con  apego a las exigencias de ley,  suceso  que se echa de menos en el proceso, y que de por sí solo «hace  nugatoria  la  pretensión prescriptiva, pues el requisito de  la  temporalidad  (…)  se demuestra solamente a partir del mes de diciembre de  2005   cuando   el   demandante   la   empieza   a   ejercer   (…)».   

Frente  al descrito proveído el promotor de  la  acción   apeló,  argumentando en esencia, que el fallo desconoció su  calidad   de   poseedor,   adquirida  en  virtud  del  contrato  de  promesa  de  venta.   

LA   SENTENCIA   DEL  TRIBUNAL   

El   fallador,   luego   de   destacar  la  concurrencia  de  los  presupuestos  procesales  y  la  ausencia  de  vicios que  pudieran  dar  al  traste  con  lo  actuado,  realizó  lo  que  denominó  unas  «precisiones conceptuales y normativas en torno a la  demanda   formulada»,  definiendo  la  figura  de  la  prescripción   adquisitiva   de   dominio   a   partir   del  instituto  de  la  posesión.   

Seguidamente esbozó las condiciones que debe  cumplir  esta última así: «a.- calidad de poseedor;  b.-  que  se  ejerza  (…)  sobre  bienes prescriptibles, y c.- que se trate de  explotación   económica   durante   cierto   lapso   de   tiempo».   

Del  factor tiempo en la usucapión señaló  que  es un elemento de la esencia, y describió los tipos de períodos exigibles  si  se trata de bienes muebles o inmuebles acorde a las previsiones del precepto  2532     del     C.C;     igualmente    reseñó  el  funcionamiento del tránsito legislativo en la materia  merced a lo establecido en el artículo 41 de la ley 153 de 1887.   

Manifestó que la posesión continúa con el  sucesor;  pero  para  que  ella  se  transmita  debe  mediar  una «sucesión   jurídica»;   abordando  de  inmediato  lo  relacionado  con la agregación o suma de aquella; de la que dijo  que  «hace referencia a la posibilidad en cabeza del  prescribiente  de  acumular  para  sí  el  tiempo  de  uno  o varios poseedores  anteriores  a  él»;  lo  cual  exige (i) un vínculo  jurídico  con  título  idóneo  entre  el antecesor y el sucesor; (ii) que las  posesiones  sean  continuas  e  ininterrumpidas  y  (iii)  la  entrega del bien,  aspectos todos que, aseguró, corresponde demostrar al demandante.   

A  renglón seguido planteó que el problema  jurídico  a  desatar  teniendo  en  cuenta  fundamentalmente  la  inconformidad  propuesta  en  el recurso de apelación, era establecer ¿si el actor probó ser  el  poseedor  del inmueble por  el  tiempo  necesario para que  opere   a   su   favor   la   usucapión?.   

Expuso  que  el  debate  se centraría en el  aspecto  probatorio  y  que  esa  carga  la tenía el convocante; adicionalmente  precisó  que  con  base en la reforma introducida por la ley 791 de 2002, en el  caso,  teniendo  en  cuenta  la  prescripción extraordinaria reclamada a partir  «de  la  época  en  que  supuestamente se empezó a  ejercer  la  posesión»,  el  tiempo exigido es de 20  años.   

Dijo,  que  correspondía  al accionante, al  acudir  a  la  agregación o suma de posesión, demostrar que era continuador de  ella  y  que  la  misma «se había ejercido de manera  pacífica   e   ininterrumpida,   durante   el  lapso  de  20  años»;   laborío   que   no   cumplió   por   cuanto,  «según  los hechos de la demanda conforme al contrato de promesa de  compraventa   celebrado  al  finalizar  el  año  2005,  el  demandante  pactó,  prometió  comprar el bien a la demandada, quien a su vez se obligó a venderlo;  razón  por  la  cual  está  probado  que  el mismo demandante, contrario a sus  simples  afirmaciones,  con  anterioridad  a  la  fecha  de  celebración  de la  promesa,  reconocía  dominio  ajeno  sobre el bien que luego, a partir del año  2006, entró a poseer materialmente».   

Agregó   el   Tribunal,   que  la  prueba  testimonial  recepcionada permite inferir que el señor SARRIA VILLA es poseedor  del  bien  desde  el año 2006 y que unos meses atrás era arrendatario; además  que  «no se encuentra acreditado que la propietaria,  aquí   demandada,   también   haya   sido  poseedora  del  inmueble  para  que  el»  actor  pudiera  sumar  esa  posesión a la suya.   

Concluyó   reiterando,  que  si  bien  el  accionante  demostró  ser  poseedor del inmueble, no hizo lo propio respecto de  las  posesiones  que  afirma,  ejercieron  otras  personas  con  anterioridad  a  él.   

LA    DEMANDA   DE  CASACION   

Con  sustento  en  la  causal  primera  de  casación  que  consagra  el artículo 368 del Código de Procedimiento Civil se  formularon   dos   cargos,  lo  cuales  se  resolverán  en  el  orden  lógico,  analizándose  primero  el  vicio de actividad denunciado y posteriormente el de  juzgamiento.   

SEGUNDO CARGO  

Con estribo en el segundo de los motivos que  autorizan  el  recurso  extraordinario de casación, se combate la sentencia por  no  encontrarse  en  consonancia  con  las  excepciones  propuestas por la parte  demandada.   

Argumenta  la  gestora  del  ataque  que  la  decisión  nada  menciona  sobre  la  prosperidad de las excepciones formuladas;  «no  se  pronuncia sobre el otro extremo pues en una  demanda  sino  (sic)  prosperan  las pretensiones es porqué (sic) prosperan las  excepciones  sin embargo en la sentencia recurrida no hay pronunciamiento alguno  más  bien  parece  un  fallo  inhibitorio,  por  lo tanto ninguna de las partes  según  el  fallo  logró  demostrar  al  juez  sus peticiones (sic)».   

CONSIDERACIONES  

1.-  El  principio  de  la  congruencia  que  gobiernan  el derecho procesal civil, impone que el fallo que emita la autoridad  jurisdiccional  involucre  la  materia  litigiosa  que las partes han sometido a  conocimiento  del  juzgador  cuando  formularon sus peticiones o esgrimieron sus  defensas.   

Por   contraste,   la   incongruencia  contemplada  en  el  numeral segundo del artículo 368 del Estatuto de los ritos  civiles    que    corresponde    a   un   error   in  procedendo, refulge cuando:   

«el  sentenciador,  por un lado, quebranta  los  linderos  de  la controversia trazados por las partes en la demanda y en su  contestación,  en  particular,  cuando  lo resuelto no guarda completa armonía  con  las  pretensiones  o con las excepciones que han sido alegadas o que pueden  ser  reconocidas  de  oficio  y,  por  el  otro,  cuando  se  despreocupa de los  supuestos  que  integran  la  causa petendi o, dicho de otra forma, se aparta de  los  extremos  fácticos  que  delimitan  el  litigio.  (…).  Por  tanto, para  establecer  la  presencia  de  esta  irregularidad  se  hace necesario el cotejo  objetivo  entre lo pedido por el actor, el fundamento fáctico de las súplicas,  las  excepciones  aducidas  por  el  demandado  y  las  que,  sin  requerir  ser  invocadas,  resulten  probadas  en  el  proceso,  por  una parte, y el contenido  concreto   de  la  decisión  del  juzgador,  por  la  otra,  (…).’  (sentencia  de  7 de marzo de 1997,  exp.   4636)».  (CSJ  SC,  Sent.  Dic.  16  de  2005,  radicación n. 1993-0232-01).   

2.- De lo anterior se desprende, según lo ha  señalado  la  Sala,  que «la actividad que cumple el  funcionario  investido  de  la  potestad de administrar justicia, está regulada  por  cuatro  vectores  cuya  conjugación  delinean o delimitan la misma: 1) las  pretensiones  de la demanda; 2); los hechos que la sustentan; 3) las excepciones  invocadas  por el demandado (cuando así lo exige la ley); y, 4) las excepciones  que  debe declarar de oficio.  Y, por supuesto, cuando el agente del Estado  quebranta  esos  hitos, incursiona en predios que destellan un exceso de poder o  un  defecto  del  mismo;  algunas  veces,  en  la  medida  en  que  decide sobre  cuestiones  no pedidas ó más allá de lo solicitado ó cuando deja de resolver  sobre  las  pretensiones  o  excepciones  aducidas;  tal  vicio,  se estructura,  igualmente,  cuando  el  sentenciador  desdeña  pronunciarse  sobre aspectos no  enarbolados  por  las  partes,  pero  que,  por  disposición legal, debían ser  objeto de decisión oficiosa».   

3. Como acotación necesaria, sea lo primero  advertir,  por  una  parte, que el ad quem  no  desbordó su esfera de competencias, pues agotó cabalmente la  jurisdicción  del  Estado  mediante una sentencia adversa a la totalidad de las  pretensiones,  al  no  encontrar  satisfecho  el  tiempo  mínimo  para ganar la  prescripción  adquisitiva  del  inmueble  reclamado con base en la figura de la  suma  de  posesiones alegada, tornándose inocuo por sustracción de materia, un  pronunciamiento sobre la defensa que formuló la demandada.   

Tal reflexión, la ha validado la Sala en un  evento    de    similares    características    al    exponer:   «Pero,   como   el   Tribunal  no  hizo  referencia  expresa  a  las  excepciones   propuestas,   de   ello   dedujo   el   casacionista   la  alegada  incongruencia,  sin  reparar  en  que  la  ausencia  de  uno  de  los  elementos  fundamentales  de  la  responsabilidad  civil extra contractual es bastante para  frustrar  las  pretensiones, lo que hacía innecesario  examinar    la    fundabilidad   de   las   excepciones   propuestas».   (Subraya   fuera  de  texto).  (CSJ  Sent.  May.  6  de  2005,  radicación n. 1996-6503-01).   

3.1 De otro lado, carece de legitimación la  promotora  de  la  acusación extraordinaria en lo que a este cargo respecta, al  echar  de  menos  una resolución sobre los medios exceptivos, por cuanto, no le  asiste  interés  de  ninguna  clase  dado  que representa al extremo activo del  litigio.   

Así,  en  un asunto de similares contornos,  recientemente la Sala expresó:   

»En  lo  que concierne al tercer y último  cargo,  fundado en la causal segunda y contentivo de dos acusaciones, las cuales  hicieron  referencia  a  la  falta  de resolución de las excepciones de mérito  formuladas  por  la  entidad  financiera, y de pronunciamiento sobre «los otros  elementos  de la responsabilidad civil extracontractual», se advierte en cuanto  a  la  primera,  que los recurrentes desatendieron la regla técnica referente a  la  legitimación de quien invoca tal motivo casacional, consistente en que solo  puede  alegarlo  quien  tiene  interés  legítimo,  el  cual  se concreta en el  agravio   que   concretamente   le   produzca  la  disonancia  del  fallo.    

La razón de lo precedente estriba en que si  algún  perjuicio  ocasionaba la supuesta desarmonía de la sentencia de segunda  instancia  por  no  pronunciarse  sobre las excepciones, la única interesada en  alegarlo  era  la  parte  demandada,  toda  vez  que  a  los demandantes ningún  interés  jurídico  les  asistía para reclamar por causa de dicha omisión, en  la   medida   en   que   aquella   no   tenía  aptitud  legal  para  inferirles  daño». (Subrayado fuera de  texto). (CSJ SC Sent. Jun. 4  de 2014, radicación n. 2005-00205).   

No   siendo   necesarias   consideraciones  adicionales, el cargo no prospera.   

PRIMER CARGO  

Se acusa la sentencia de ser violatoria de la  ley  sustancial, en particular de los artículos 762, 766, 771, 775, 2513, 2521,  2528,  2531  y  2532  del  Código  Civil,  por indebida aplicación, al existir  errores  de hecho en la apreciación de la prueba documental y las declaraciones  de  los  testigos  LUÍS  FERNANDO  RICARDO  SIERRA,  JORGE ENRIQUE DÍAZ DÍAZ,  JENNIFER     SARRIA     GARZÓN,     GILBERTO    ARAGÓN    y    JAIME    MEDINA  GUTIÉRREZ.   

Expone, que los documentos arrimados prueban  la  posesión del convocante sobre el bien en litigio, por haberlo comprado a la  demandada,  además  que  con  ellos  «se  demuestra  fehacientemente   las   posesiones  ejercidas  por  las  antecesoras» que se pretenden sumar.   

Aduce  que  según  el  principio de la sana  crítica  que  orienta  el  derecho  probatorio,  las  versiones de las personas  citadas  «tienen  fuerza  de  plena prueba, capaz de  acreditar  y  demostrar  los  hechos alegados, en la medida en que conocen a los  implicados  en  el  proceso,  pues  son  personas muy serias y seguras de lo que  deponen,  dando  detalles  de  cómo  se  compró  dicho  bien (…)».   

Señala  que  se  colmó el tiempo requerido  para  usucapir  y  por  lo tanto, «la posesión no se  opone    a   la   falta   de   requisitos   esenciales   en   el   contrato   de  compraventa»,  trayendo a colación jurisprudencia de  la Corte que dice, avala su planteamiento.   

Manifiesta  que  como  las  pretensiones  se  enfilan  a  obtener una prescripción extraordinaria de dominio mediante la suma  de  posesiones,  no  se  requiere  título justo; bastaba completar los 20 años  exigidos  por la ley, tiempo que lo demuestran las declaraciones reproducidas en  unos    aspectos    y    relatadas    en   otros,   de   los   testigos   arriba  mencionados.   

Trasuntadas  las afirmaciones del último de  los    deponentes    JAIME    MEDINA    GUTIÉRREZ,   aseguró:   «este  es  otro error de apreciación de la prueba testimonial (…)  pues  si  la  señora  BLANCA  MIREYA  MEDINA  GUTIÉRREZ  era  la propietaria y  poseedora   del   bien  inmueble  como  lo  afirma  el  declarante  JAIME   NARCY   MEDINA  hermano  de  la  demandada  desde el año 1987 (sic) y la venta se la hizo a mi poderdante señor  HEBERTH  SARRIA VILLA en el año 2005, más la venta que le hizo EMILIA PATRICIA  PIZO  a  BLANCA  MIREYA,  se  demuestra  en  forma fehaciente y legal la suma de  posesiones  que  se  requiere  para  la declaración que le pertenece en dominio  pleno  y  absoluto  el inmueble objeto de este proceso por haberlo adquirido por  prescripción  extraordinaria  de  dominio como continuador de las posesiones de  EMILIA  PATRICIA  PIZO CÓRDOBA y la demandada BLANCA MEDINA GUTIÉRREZ, pues es  lógico  entender  que  si  mi  poderdante  era  arrendatario  quien  estaba  en  posesión   y   propietario  del  bien  era  la  señora  BLANCA  MIREYA  MEDINA  GUTIÉRREZ,  posesión  y  propietario del bien (sic), posesión y propiedad que  ostentó  hasta  cuando  se lo vendió al señor HEBERTH SARRIA VILLA en el año  2005».   

Prosiguió  diciendo,  que respecto de las  pruebas  documentales  cobra especial relevancia el certificado de tradición No  120-72470  visible  en  folio  27  del  cuaderno  principal,  del  cual se puede  determinar       «las       actuaciones      de  disposición»  de  EMILIA  PATRICIA  PIZO  CÓRDOBA y  BLANCA MEDINA GUTIÉRREZ.   

El  bien  con  esa  matricula  inmobiliaria,  anota,  fue  prometido  en venta al actor, y la convocada, obrando de mala fe lo  desenglobó   y   «cerró   este  folio».  En  efecto,  arguye,  aparece  en  la anotación 001, escritura  pública   2396   de  11  de  septiembre  de    1989,    que    la    opositora    compró   el   inmueble  a la sociedad JUAN JOSÉ BONILLA  URBANIZAR   S.   en  C.  «luego  después  de  haber  ejercitado  actos  como venta a la señora EMILIA PATRICIA PIZO CÓRDOBA en 1992  anotación  004,  (sic)  quien  ejerció  también  actos  de  señora  y dueña  realizando  sobre  el  mismo  hipotecas  abiertas  y de cuantía indeterminadas,  haber  defendido  el  bien  al  liberarlo  de  acciones judiciales en los cuales  estuvo  embargado,  lo  enajenó a la señora BLANCA MIREYA MEDINA GUTIÉRREZ el  21  de  julio  de  1995  (…)  luego  esta  nueva  adquisición por parte de la  demandada  también  se  mostró como señora y dueña del inmueble al liberarlo  de  acciones  ejecutivas  en  repetidas  ocasiones,  darlo en arrendamiento a mi  mandante,  y  finalmente venderlo tal y como consta en la promesa de compraventa  que obra a folio 13 del c.p».   

Explica   que   revisado   el   documento,  «no  existe  una  inscripción de demanda de proceso  declarativo  en donde se le discuta la propiedad que ha ostentado la demandada y  la  señora  PIZO  CÓRDOBA»,  a  quienes se pretende  sumar posesión.   

A renglón seguido señala que los medios de  convicción  deben «conformar un todo sin importar si  son  aportados  o  pedidos  por  la  parte  demandante  o  demandada»,  circunstancia  de la que se duele porque, según refiere, en el  proceso  pareciera  que  se  separaron  las pruebas de una y otra, remitiéndose  únicamente  a la testimonial  solicitada   por   el   extremo  activo  del  debate,  cuando  las  versiones  solicitadas  por  la  opositora  eran  más  contundentes,  trayendo  a cuento la manifestación del señor JAIME  MEDINA,  quien  dijo  que  la  demandada  era  propietaria  desde 1987 y tuvo en  posesión  todo  el tiempo la heredad; razón por la cual, indica la censora, no  entiende cómo se tergiversó la declaración de ese testigo.   

Finalmente  reitera,  que  la  prueba de la  posesión  ejercida  por  los  antecesores  no  puede  provenir  únicamente del  convocante;  lo  que  sumado a la documental obrante en el juicio «no  deja  duda  de  que  las  condiciones para acceder a la suma de  posesiones  por mi mandante se encuentran sustentados y que por todo lo anterior  se  debe declarar como único dueño» a HEBERTH SARRIA  VILLA,  pues  los elementos persuasivos acreditan que su posesión, juntada a la  de  sus  antecesoras,  satisface el requisito del tiempo exigido por el precepto  2531 del Código Civil.   

CONSIDERACIONES  

1. Dado que la causal invocada para quebrar  el  fallo  que  se  acusa  se  relaciona  con  la violación indirecta de la ley  sustancial  por yerro de facto, pues como lo argumentara el censor se produjeron  errores  en la valoración de los documentos y de algunos testimonios, se impone  recordar  que  esta  clase  de  desatino,  ha  dicho  la Corte, acontece cuando:   

«(…)   el  Tribunal  cree  equivocadamente  en  la  existencia  o  inexistencia de un medio  probatorio  en  el  proceso  o  cuando  al  existente  le da una interpretación  ostensiblemente  contraria  a  su contenido real, es decir, cuando desacierta en  la  contemplación  objetiva de la prueba, razón por la que se ha explicado que  su  estructuración  sólo puede tener como causa determinante una cualquiera de  estas  hipótesis: a) cuando se da por existente en el proceso una prueba que en  él  no  existe  realmente;  b)  cuando  se  omite analizar o apreciar la que en  verdad  si  existe en los autos; y, c) cuando se valora la prueba que si existe,  pero  se  altera  sin  embargo  su  contenido  atribuyéndole  una  inteligencia  contraria   por   entero   a   la   real,   bien   sea   por   adición   o  por  cercenamiento».  (CSJ  SC  Sent.  Jun.  20  de  2011,  radicación n. 2000-00177-01).   

Por  tal  motivo,  para que se presente, es  necesario  «que  al  primer  golpe de vista ponga de  manifiesto  la  contraevidencia  de  la  determinación  adoptada  en  el  fallo  combatido  con  la  realidad  que  fluya  del proceso»  (sentencia    146    de    17    de   octubre   de   2006,   exp.   06798-01), «que  repugna  al  buen  juicio»,  es decir, que  «el  fallador  está  convicto  de contraevidencia»  (sentencias  de  11  de  julio de 1990 y 24 de enero de 1992), por  violentar   «la   lógica   o   el   buen   sentido  común»  (CCXXXI,644),  «tan evidente, esto es, que nadie  vacile  en  detectarlo,  que cuando apenas se atisba como probable o posible, ya  no  alcanza  para el éxito de la casación, porque, como lo tiene averiguado la  Corte,  ‘la  duda jamás  sería   apoyo   razonable   para  desconocer  los  poderes  discrecionales  del  sentenciador     (XLV,  649)’…»  (CCXXXI,  p.  645. Reiterado en Cas. Civ. de 19 de mayo de 2011,  radicación n. 2006-00273-01).   

2. Realizadas esas precisiones referidas al  primer  tipo  de  yerro imputado a la sentencia, se observa que en el asunto que  demanda  la  atención  de  la  Sala,  el  Tribunal  ratificó  la decisión del  juzgador  a quo, que denegó  las pretensiones del libelo.   

3.   En   virtud  de  que  la  recurrente  extraordinaria  le  enrostra al Tribunal haber incurrido en error de hecho en la  valoración  probatoria,  que  lo  llevó  a desconocer el tiempo necesario para  ganar   la   prescripción  extraordinaria  de  dominio  respecto  del  inmueble  identificado  con  el  folio  de  matrícula  inmobiliaria No 120-72470, la Sala  conviene   memorar, los presupuestos estructurales que en tratándose de la  acción  comentada,  deben  colmarse  para  su  feliz desenlace, los cuales son:  (i) que se trate de un bien  prescriptible,  (ii) que el  interesado   en   la  adquisición  demuestre  que  lo  ha  poseído  de  manera  inequívoca,    pacífica,    pública    e   ininterrumpida,   y   (iii) que ese comportamiento lo haya sido  por  todo el tiempo legalmente exigido, el cual, hasta cuando entró en vigencia  la   Ley   791   de  2002  era  de  veinte  años,  reducido  por  ésta,  a  la  mitad.   

         3.1   Adicionalmente,   por  fundarse  la  acusación  en  no  estar  demostrado   el   tiempo  exigido  para  usucapir  a  partir  de  la  pretendida  agregación   de   posesiones,   es  bueno  recordar  que  aquella  la  reglamenta  el  artículo  778  del  Código Civil al disponer:  «Sea  que  se suceda a título universal o singular,  la  posesión  del sucesor principia en él; a menos que quiera añadir la de su  antecesor  a  la suya; pero en tal caso se la apropia con sus calidades y vicios  (…)  Podrá  agregarse,  en  los mismos términos, a la posesión propia la de  una   serie   no   interrumpida   de   antecesores».   

         

        El  referido  canon se integra a las previsiones del artículo 2521  de  la misma obra que establece: «Si una cosa ha sido  poseída  sucesivamente  y sin interrupción, por dos o más personas, el tiempo  del  antecesor  puede  o no agregarse al tiempo del sucesor, según lo dispuesto  en  el  artículo  778  (…)  La  posesión principiada por una persona difunta  continúa  en  la  herencia  yacente,  que  se  entiende  poseer  a  nombre  del  heredero».   

        Quiso   el   derecho   reconocer,   que  una  persona  que   se   encuentra   en  posesión  de  una  cosa,  ante  precisas  circunstancias,  puede  agregar  a  la  suya,  la anterior ejercida de cara a la  misma  rex,  instituto este  conocido  a través de diferentes modalidades, de raigambre romana, a la par que  de   gran   usanza   en   la  doctrina:  la  accessio  possessionis  y la successio  possessionis,   existentes   en   función   de   que  quienes   «…suceden  en  lugar  de  otros,  sea por un contrato, sea por una  liberalidad,  pues se concede esa accesión de la posesión del testador a favor  de  los  herederos  y  de  los  otros que son tenidos como sucesores»  (Digesto,  44, 3, 14, 1)»1.   

        3.2  De  lo  visto  se  tiene,  que  la  posesión  puede ser   originaria     o    derivada,    según    se    incorpore    el    corpus     y     el     animus  con  la  aprehensión y poder de  hecho  posesorio,  o  proceda  de un poseedor por acto entre vivos, verbigracia,  venta  o cualquier título  traslaticio   de   dominio,   o   muerte,   sucesión   posesoria   mortis  causa. En el caso de la segunda,  los   artículos  ibídem,  confieren  al  sucesor,  según  convenga  a  sus  intereses, la prerrogativa de  iniciar  una  nueva  posesión o el derecho de añadir a la suya la posesión de  sus  antecesores, evento en el que se la apropia con sus calidades y vicios, por  tratarse   de   una   excepción   a   la   regla   general   de   la  posesión  originaria.   

        La  llamada  suma  de  posesiones,  tiene explicado la Sala, es una  «fórmula  benéfica  de  proyección  del  poder de  hecho  de  las personas sobre las cosas», cuyo fin es  «lograr,  entre  otros  fundamentos,  la  propiedad  mediante  la  prescripción  adquisitiva»2, permitiendo  acumular  al  tiempo  posesorio propio el de uno o varios poseedores anteriores,  bajo  la  concurrencia  de  las  siguientes  condiciones: a) título idóneo que  sirva  de  puente o vínculo sustancial entre antecesor y sucesor; b) posesiones  de  antecesor  y  sucesor contiguas e ininterrumpidas; y c) entrega del bien, lo  cual  descarta  la  situación  derivada  de  la usurpación o el despojo.    

        Para  sumar con éxito las posesiones, la carga probatoria que pesa  sobre  el  prescribiente  no  es  tan  simple  como  parece,  sino  que debe ser  «contundente  en  punto  de evidenciar tres cosas, a  saber:  Que  aquéllos  señalados  como  antecesores  tuvieron efectivamente la  posesión   en  concepto  de  dueño  pública  e  ininterrumpida  durante  cada  período;  que entre ellos existe el vínculo de causahabiencia necesario; y por  último,   que   las   posesiones   que   se  suman  son  sucesivas  y  también  ininterrumpidas    desde    el   punto   de   vista   cronológico»3   

.  

Como se dijo, vienen al caso las acotaciones  conceptúales  realizadas  en  punto  a la institución que se examina, porque a  ello se contrajo el aspecto medular del debate.   

4. El reproche propuesto a la sentencia de  segunda   instancia   apuntalado   en   el  tipo  de  falta  descrita,  se  basa  principalmente  en  que  el  juzgador  plural  cometió unos errores de hecho al  apreciar  unos  testimonios  y  varias   documentales  que  se aportaron al  proceso,   pues   desconocieron   «las   posesiones  ejercidas  por  las  antecesoras  a  las  cuales  pretende sumar la posesión mi  mandante       para       acceder       a      sus      pretensiones».   

5.  En relación con las testificales a las  cuales  el  censor le imputa la equivocada valoración, según su parecer tienen  mérito  bastante  para  demostrar  los  hechos  alegados, dado que provienen de  personas  serias,  seguras de cuanto dijeron, y además conocen a las partes del  juicio.   

Este  aspecto del ataque lo basó en lo que  él  entendió  que  manifestaron  LUÍS  FERNANDO RICARDO SIERRA, JORGE ENRIQUE  DÍAZ  DAZA,  JENNIFER  SARRIA,  GILBERTO  ARAGÓN  MURGUEITIO  y  JAIME  MEDINA  GUTIÉRREZ,   que  lo  llevaron  a  asegurar  que  la  posesión  «no  se  opone a la falta de requisitos esenciales en el contrato de  compraventa»,   a   más  que  por  pretenderse  una  prescripción  extraordinaria  de  dominio mediante la suma de posesiones, no se  requiere  título  justo;  bastando  completar  los 20 años exigidos y que  acreditaron los testigos  prenombrados.   

         5.1  Para el Tribunal, el promotor debió probar con suficiencia que  era  continuador de la posesión y que la misma se ejerció de forma pacífica e  ininterrumpida  durante  20  años  toda  vez  que,  conforme  lo  revelaron los  distintos  testimonios,  especialmente  los de JENNIFER  SARRIA,  JAIME MEDINA GUTIÉRREZ, JORGE ENRIQUE DÍAZ,  y  GILBERTO  ARAGÓN  MURGUEITIO, el ánimo de señor y dueño del convocante en  relación   con   la   heredad  reclamada,  data  del  2006,  ya  «que  unos meses atrás era arrendatario»,  además  de  no  estar verificado que la propietaria fuera poseedora para que el  actor pudiera juntar esa posesión a la suya.   

          5.2  En  las  afirmaciones de cuya valoración se duele el censor se  dijo lo siguiente:   

          LUÍS  FERNANDO  RICARDO  SIERRA (folio 1 c. 2), señaló que conoce  al  demandante  hace  ocho  años,  porque  «él era  cliente  de  un  almacén que yo administraba, lo distingo como cliente, en este  momento  es  mi  jefe  porque  yo  laboro  para él hace cinco años»;  igualmente  refirió  que  sabe  del local comercial en disputa  hace  cinco  años  y  cuatro meses porque allí funciona un almacén del señor  SARRIA VILLA.   

          Frente  a  la  pregunta relativa al tiempo que llevaba el accionante  en  posesión,  respondió  que  el  poseedor  es HEBERTH SARRIA, «quien  lo negoció en el mes de diciembre de 2005 por intermedio de  un  contrato  de  compraventa  con  la  señora  BLANCA MIREYA MEDINA, se que lo  negociaron    por    ciento   veinte   millones   de   pesos   (…)».   

         GILBERTO  ARAGÓN  MURGUEITTO  (folios  15  y  ss c. 2), afirmó que  conoce  al demandante hace aproximadamente cinco años, y al inmueble materia de  debate  hace  unos  diez, «por relaciones comerciales  con  el  señor  JAIME  MEDINA  GUTIÉRREZ  (…)  Conozco que el señor HEBERTH  SARRIA  VILLA  tiene el local mencionado, donde tiene un negocio comercial allí  de  venta  de  llantas,  cuando  hice el negocio con él, 15 de febrero de 2006,  creo  que  el  ya  estaba  allí»; de la misma manera  aseguró   que   el   actor   entró  en  posesión  del  predio  «por  una  negociación  comercial  de  compra del local» en el mes de diciembre de 2005.   

En  la  diligencia  de  testimonio de JORGE  ENRIQUE  DÍAZ  (folio  19  c.  2),  se  consignó  lo siguiente: «PREGUNTADO:  Sírvase  indicarle  al  Juzgado si tiene conocimiento  mediante  que  medios  entró  en  posesión  de ese local señor HEBERTH SARRIA  VILLA,  si  lo  hizo  mediante  compra,  en  este  caso  a que persona, bajo que  condiciones,  sin  violencia  ni clandestinidad (sic). CONTESTÓ: Él comenzó a  pagar  un  arriendo  a un señor GILBERTO yo le llevaba la plata a la casa luego  el  lo  compró  no  se a quien ni por que forma de pago, nunca me metí en eso.  PREGUNTADO:   Sírvase  indicarle  al  Juzgado  si  tiene  conocimiento  que  la  posesión  ejercida  por  el  señor  HERBERTH  SARRIA  VILLA  sobre el local en  mención  haya  sido  en forma continua e ininterrumpida y sin ser molestado por  nadie.  CONTESTÓ:  Él ha estado allí continuamente, no se ha ido nunca, nunca  lo  ha  sacado  de  allí, no ha sido molestado en esa posesión, no se antes de  él    quien    ejercía    la    posesión    de    ese    inmueble»;   y  cuando  se  le  inquirió  sobre  la persona de BLANCA  MIREYA  MEDINA,  aseveró que no sabía quien era y tampoco tenía noticia de su  calidad de poseedora antecesora.   

           JENNIFER   SARRIA   (folio  32.  c.2),  trabajadora  de  PIENDALLANTAS  e  hija  del  convocante  aseguró que conoce el  inmueble  bajo  litis porque allí funciona el establecimiento de comercio de su  padre,  «conocido  como  PIENDALLANTAS y es donde yo  trabajo»;  a  renglón  seguido  manifestó  que  la  posesión  del  predio la tiene su papá desde el año 2004, mediante el negocio  de  compra «con la señora BLANCA MIREYA MEDINA quien  era  la  dueña  del  lugar, o sea el que está situado en la transversal 9ª No  3N-07   VILLA   PAULA,   la   señora  BLANCA  MIREYA  tenía  deudas  con  el  señor GILBERTO ARAGON, el negocio del local se hizo por  ciento veinte millones (…)».   

         5.3  Las  trasuntadas  versiones, lejos de revelar actos de poseedor  del  promotor  durante  todo el período que él invoca, a lo sumo, acreditaría  posesión  desde  el  momento  en  que  suscribió  la  promesa  de  contrato de  compraventa sobre el local comercial.   

Obsérvese  que  con anterioridad solamente  era  mero  tenedor;  pero  tras  haber suscrito el acuerdo de promesa, y haberse  ahí   especificado   que   se   transfería   la  posesión  del  inmueble;  su  demostración  se predica entonces, únicamente desde ese momento, circunstancia  en  la  que igualmente  coincidieron los testigos cuando señalaron, que su  ánimus  domini comenzó en  el  mes  de diciembre de 2005 (folios 13-15 del c.1). En efecto, en la cláusula  quinta  de  la  convención,  se determinó: «Entrega  del   inmueble.  El  promitente  comprador  tiene  la  posesión  del  inmueble,  situación  que  será  respetada  por  la promitente  vendedora  y  se  le  permite  que  haga  mejoras  necesarias, reformas o lo que  considere pertinente para su negocio».   

Antes  del citado momento, no hay evidencia  posesoria;  y aquella, conforme a la previsión del canon 981 del Código Civil,  se  deberá  probar  «por hechos positivos de esos a  que  sólo  da derecho el dominio, como el corte de maderas, la construcción de  edificios,  la  de cerramientos, las plantaciones o sementeras, y otros de igual  significación»,  ejecutados  sin  el consentimiento del que la disputa.   

Ya   ha  dicho  la  Sala  que  aunque  la  compatibilidad  entre  la  promesa  de  compraventa  y  la posesión ha generado  posturas  doctrinarias  disímiles,  el  punto  de  partida en la formulación y  tratamiento    del    problema,    inicia    con   la   determinación   de   la  noción,   estructura   y  función de cada figura.   

Al respecto destacó la Corte:  

«En  este  contexto,  la noción legis de  posesión,  de suyo y ante sí, presupone no reconocer dominio ajeno, por cuanto  es  “la  tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño…”,  o  sea,  la  detentación real, física, material u objetiva de un bien (corpus)  con  designio  e  intención  de  señorío (animus), ser, comportarse o hacerse  dueño  (animus  domini,  animus remsibi habendi) (cas. civ. sentencias de 13 de  marzo  de  1937,  XLIV,  713; 24 de julio de 1937, XLV, 329; 10 de mayo de 1939,  XLVIII,  18;  9  de  noviembre de 1956, LXXXIII, 775; 27 de abril de 1955, LXXX,  2153,  83),  por  lo  cual,  el reconocimiento de esta calidad a otro sujeto, la  excluye por antinómica e incompatible.   

Contrario sensu, la promesa de compraventa,  per  se,  envuelve  reconocer  dominio  ajeno,  pues  en  su  virtud, las partes  contraen  recíprocamente  la  prestación calificada de hacer consistente en la  celebración   del  posterior  contrato  definitivo  de  compraventa,  por  cuya  inteligencia  se  obligan  a  transferir  y  adquirir  la  propiedad  del dueño  (titulus),  lo  que  se  produce con la tradición (modus), resultando elemental  por  ineludibles  principios lógicos, el reconocimiento de esa calidad, que por  su naturaleza y concepto legal, es incompatible con la posesión.   

(…)  

No obstante, la figura legis, admite pactos  expresos  (accidentalia  negotia)  y  en  desarrollo  de  la  autonomía privada  dispositiva,   libertad   contractual  o  de  contratación  reconocida  por  el  ordenamiento  jurídico  a  las partes, nada se opone a la ejecución anticipada  de   algunas   prestaciones  propias  del  contrato  definitivo,  verbi  gratia,  tratándose  de  promesa  de  compraventa, en el tráfico jurídico negocial, es  frecuente  el  pago  anticipado  de  todo o una parte del precio y, también, es  usual    la    entrega    anticipada    del   bien,   incluso   a   título   de  posesión»4.   

En   este  orden  de  ideas,  cuando  los  promitentes   contratantes  con  anticipación  a  realizar  la  obligación  de  celebrar   el   contrato  prometido,  en  forma  clara  e  inequívoca  acuerdan  expressis  verbis la entrega  antelada  de  la  posesión  de  la  rex prometida  en  venta, se entiende adjudicada y recibida a título de  posesión;  en  los  demás eventos, cuando el pacto se halla desprovisto de esa  estipulación,  lo  que  se otorga es la mera tenencia, porque al prometerse con  la  celebración  del  negocio definitivo, transferir y adquirir la propiedad de  su  dueño,  se  reconoce dominio ajeno, y tal reconocimiento, excluye ánimo de  señorío.   

5.4  De otro lado, igualmente se evidenció  en  la formulación del cargo, que sutilmente el casacionista  incurrió en  una  falencia  de  técnica  al  mixturar  el yerro de hecho y el de derecho por  cuanto,  al  sustentar   la acusación, aseguró, de un lado, que resultaba  manifiesto  el  desacierto  del Tribunal «al apreciar  las  pruebas  en  donde  no  solamente  se  debió  ver  la  prueba  de la parte  demandante  sino  también  la  prueba  de  la parte demandada (…)».   

La  misma  tendencia  la  patentizó  tras  señalar:   

«Las  pruebas  deben  conformar  un  todo  sin importar si son aportadas o pedidas por la parte  demandante  o  demandada,  pues  con  ellas  se puede  conceder  el derecho o no, sin embargo en este proceso  pareciere  que  separaron  las  pruebas  de  la  parte  demandante  y  las de la  demandada  para  hacer  el  análisis  y  proferir el  fallo,  remitiéndose única y exclusivamente a la prueba testimonial solicitada  por  la  parte  demandante  la  que  además  fue  analizada  de  manera  somera  (sic)».  (Subraya  fuera de  texto).   

Al  exponerse así el embate, que se trazó  por  el  sendero  del  error  de  hecho,  se  vislumbra  una  mixtura  de faltas  incompatibles  toda  vez  que  se entremezclaron tachas por yerros de facto y de  jure,  teniendo  en  cuenta  que  planteó  el censor su inconformidad basado en  aspectos   vinculados    con   la  unidad  de  la  prueba  y  el  deber  de  analizarla   integralmente,  en  su  conjunto  (Art. 187 CPC); lo que le es  consustancial al error de derecho.   

No obstante, y dado que el desatino no fue  de  protuberante  evidencia,  pues  el resto de la argumentación esbozada en la  causal  cumple  con  las  reglas  de  técnica,  se  abordó el cargo en toda su  dimensión, con abstracción de la incorrección referida.   

          5.5  Ahora  bien,  en  gracia  de aceptarse que el planteamiento del  ataque  referente  a  que  las  versiones  dan  cuenta  del  cumplimiento de los  requisitos  para  la  prosperidad  de  la acción de pertenencia cimentada en la  suma  de  posesiones,  que  no es el caso, según se analizó en precedencia, de  todos  modos,  habría,  a  lo  mucho,  una  valoración  de  testimonios que se  privilegió  por  el  Tribunal frente a otras declaraciones, la cual lo llevó a  concluir  que  el  actor  es  “poseedor del inmueble  desde  el  año  2006  y  que  unos  meses atrás era arrendatario del mismo”.   

De  tal suerte, reiterando lo expresado por  la Sala con anterioridad:   

«(…)  cuando se enfrentan dos grupos de  testigos,  el  juzgador puede inclinarse por adoptar la versión prestada por un  sector  de  ellos,  sin  que  por  ello  caiga  en  error  colosal,  único  que  autorizaría    el    quiebre   de   la   sentencia,   pues   “…‘en  presencia  de  varios testimonios  contradictorios  o  divergentes que permitan conclusiones opuestas o disímiles,  corresponde   al  juzgador  dentro  de  su  restringida  libertad  y  soberanía  probatoria  y  en  ejercicio  de las facultades propias de las reglas de la sana  crítica  establecer  su mayor o menor credibilidad, pudiendo escoger a un grupo  como     fundamento     de     la    decisión    desechando    otro’  (G.J.  tomo  CCIV,  No. 2443, 1990,  segundo  semestre,  pág. 20), razón por la cual tan solo podría prosperar una  acusación  por  error en la apreciación probatoria de la prueba testimonial en  la  que se apoyó la sentencia del Tribunal, en caso de demostrarse la comisión  por  éste de error de derecho, o de yerro evidente de hecho, el que afloraría,  privativamente,  cuando  las  conclusiones  del sentenciador fueren por completo  arbitrarias  e irrazonables, de tal suerte que la única interpretación posible  fuere    la    que    aduce    el    recurrente»5   

.  

6.  La  otra  parte  del  cargo  ataca  la  apreciación  de  un  medio  documental  de  convicciòn.  Por  un lado, dice la  libelista  que el certificado de tradición No 120-72470 visible en folio 27 del  cuaderno  principal,  acredita  «las  actuaciones de  disposición»  de  EMILIA  PATRICIA  PIZO  CÓRDOBA y  BLANCA MEDINA GUTIÉRREZ.   

Además,  señala  que  el  bien  con  esa  matricula  inmobiliaria,  fue  prometido  en  venta  al  actor,  y la convocada,  obrando  de  mala  fe  lo  desenglobó y «cerró este  folio»,  cual  lo revela la anotación 001, escritura  pública  2396  de  11  de septiembre de 1989, en la que consta que la demandada  compró  el  inmueble  a la sociedad JUAN JOSÉ BONILLA URBANIZAR S. en C; luego  lo  transfirió  a  la  señora  EMILIA  PATRICIA  PIZO  CÓRDOBA en 1992, quien  nuevamente  se  lo  vendió  a BLANCA MIREYA MEDINA GUTIÉRREZ el 21 de julio de  1995.   

Finaliza  esgrimiendo  que  en  el referido  documento   no   existe,   «una   inscripción   de  demanda»  por  ejemplo, donde se hubiera discutido la  propiedad  que  han  ostentado  la  convocada  y  la  antigua dueña EMILIA PIZO  CÓRDOBA.   

6.1  En punto a los documentos, el Tribunal  únicamente  aludió  a la promesa de contrato de compraventa realizada sobre el  inmueble  en  disputa  que  data  del  mes  de diciembre de 2005; es decir, nada  señaló  en  relación con la pieza de cuya incorrecta apreciación se duele la  recurrente.   

6.2    Por  referir  la  acusación  al certificado de tradición,  recuerda         ahora        la        Corte6   

,  como  ya  lo  ha  advertido  en  pasadas  oportunidades,  que  ese  documento  que  se  aporta en el umbral del proceso de  declaración de pertenencia cumple varias funciones, así:   

(i) La  atestación  que  hace el registrador da cuenta de la existencia  del  predio,  pues tal es la función que está llamada  a cumplir el registro de la propiedad. Se trata, desde  luego,     de     una    especie    singular    de    existencia    jurídica;           (ii)  Sirve  al  propósito de determinar  quién  es  el propietario actual del inmueble, así como dar información sobre  los  titulares inscritos de derechos reales principales, pues contra ellos ha de  dirigirse  la  demanda  como  ordena  el  artículo 407 del C.P.C.; (iii) El folio de matrícula inmobiliaria  constituye  un  medio  para  instrumentar  la  publicidad  del  proceso, pues el  artículo  692  del  C.P.C.  establece  la  anotación de la demanda como medida  cautelar  forzosa  en  el  juicio  de  pertenencia.  Y,  (iv)  la  presencia del  certificado  presta  su  concurso  también  como  medio  para  la  identificación  del inmueble, dado que los  datos    que    allí   se   consignan   sirven  para  demostrar  si  el  predio pretendido realmente existe,  como  también  para  saber  si  es susceptible de ser ganado por prescripción.   

A  más  de  lo  dicho,  el  certificado de  tradición  es un instrumento público y como tal hace fe de su otorgamiento, de  su  fecha  y de las declaraciones que en él hace el funcionario que lo autoriza  (Art.  264 CPC). Por tanto, el referido documento nace de una actuación oficial  del   servidor   estatal  en  ejercicio  de  sus  funciones,  quien  lo  elabora  directamente o interviene en el procedimiento de creación.   

6.3  Pese  a que omitió el juzgador plural  cualquier  alusión  a la documental señalada por la censura, es decir al folio  de  matrícula  inmobiliaria,  lo  cierto  es  que  su  apreciación,  para  los  propósitos  de  que se duele la inconforme se tornaría insubstancial, debido a  que  el  certificado  de  tradición  de número 120-72470, lo que demostraría,  entre  otras, y eso no se ha discutido, es la titularidad del derecho de dominio  que  sobre  la  heredad  detentaron  en  sus diversos momentos la demandada y la  señora  EMILIA  PIZO  CÓRDOBA,  a través de los actos de disposición que por  ser  de  naturaleza  solemne, se hicieron constar en instrumento público acorde  con  las previsiones del artículo 12 del Decreto 960 de 1970, a los que siguió  la  formalidad  de  la  inscripción  (canon  756  del  C.C.  concordante con el  precepto  2º  del Decreto 1250 de 1970 y los artículos 2º y 67 de la ley 1579  de 2012)).    

Al   respecto  la  Sala  ha  establecido:  «de  entrada puede advertirse que la imputación que  se   le   hace   al   ad   quem  …  es  totalmente  infundada…  –        pues       –  resulta que no es posible sustentar  ataque  alguno  con  apoyo en error de hecho en la apreciación de los medios de  prueba,  cuando  el  fallador  parte  de  la base de la presencia de ellos en el  proceso,  pero  no  los  estima,  tal como aconteció en el sub lite».   (CSJ   SC  Sent.  Feb.  22  de  1994,  radicación  n.  3977).   

De esta forma, al margen del mérito que le  hubiere  otorgado  el Tribunal a la prueba documental en que se afinca el cargo,  tal  circunstancia  se  muestra  intrascendente  para  los efectos de derruir la  decisión  combatida,  pues  nada  distinto  al  dominio  actual de la demandada  MEDINA  GUTIÉRREZ  demuestra,  sin  alterar  lo  basilar,  relacionado  con  la  ausencia  del  tiempo  necesario para adquirir el dominio del bien reclamado por  la vía de la usucapión extraordinaria.   

    Alusivo   al   tópico   de   la  trascendencia del ataque ha señalado la Sala:   

«… para que la  violación  de  la  ley  adquiera  real  incidencia  en casación, de suerte que  conduzca  al quiebre de la sentencia acusada, es menester que tenga consecuencia  directa  en  la  parte  resolutiva  del  fallo,  por lo que aquellos errores que  apenas  aparezcan en las motivaciones o razonamientos de la providencia, sin esa  forzosa  trascendencia  en  la  conclusión  final,  no  alcanzan  a  obtener la  prosperidad  del recurso». (CSJ SC Sent. 19 de mayo de  2004,  Radicación  n.  7145.  Reiterado  en  Cas.  Civ.   Nov.  9 de 2006,  Radicación   n  00684  –  01).   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley   

RESUELVE  

Primero.-   NO  CASA  la sentencia proferida  el  20  de  febrero  de 2012 por la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Popayán,  dentro  del  proceso ordinario de pertenencia  identificado en el encabezamiento de esta providencia.   

            Segundo.-     CONDENAR  en  costas del recurso de casación al recurrente. Por concepto de  agencias   en   derecho   inclúyase   la   suma   de  seis  millones  de  pesos  ($6.000.000.oo)  M/cte., por haber sido objeto de réplica.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ALVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

LUÍS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

1 CSJ  SC Sent. Oct. 22 de 2004 radicación n. 7757.   

2 G. J.  Tomo  CLXXXIV,  99-100,  Sentencia de 26 de junio de 1986, reiterado en CS Sent.  Jul 21 de 2004, radicación n. 7571.   

3 G. J.  Tomo  CCXXII, 19, sentencia de 22 de enero de 1993. reiterado en CS Sent. Jul 21  de 2004, radicación n. 7571.   

4 CSJ  SC Sent. Jul. 30 de 2010 radicación n. 2005-00154-01   

5  CSC  SC  Sent. Jun. 26 de 2008, radicación 00055-01.   

6  CSJ  CS.  Sent.  Sept.  4  de  2006,  radicación  n.  1999-01101-01     

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