AC1760-2014 [2005-00094-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado Ponente  

AC1760-2014  

Radicación:  11001-31-03-015-2005-00094-01   

Aprobado en Sala de cinco de marzo de dos mil  catorce   

Se  decide  sobre  la admisión de la demanda  presentada   por  RODRIGO  MÁRQUEZ  TEJADA  y  MARIANA  MÁRQUEZ  MUÑOZ,  para  sustentar  el  recurso de casación contra la sentencia de 15 de agosto de 2013,  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Civil  Especializada  en Restitución de Tierras, en el proceso ordinario promovido por  los recurrentes contra la CORPORACIÓN CLUB EL NOGAL.   

1. ANTECEDENTES  

1. Los demandantes solicitaron que la entidad  convocada  fuera condenada a pagar los perjuicios materiales y morales causados,  a  raíz  de  la  muerte  de  su  esposa y madre, CATALINA MUÑOZ TOFFOLI, en el  atentado  terrorista  perpetrado  por  el  grupo subversivo de las FARC, el 7 de  febrero  de  2003,  en  las  instalaciones  del  club,  mediante la explosión a  control   remoto   de   un   carro   bomba   dejado   en  el  nivel  cuarto  del  parqueadero.   

Lo   anterior,   en   síntesis,  ante  el  incumplimiento  de  la demandada de la obligación de garantizar la seguridad de  todas  las  personas  al interior de su establecimiento, derivado de la falla de  detectar  al  ingreso de un automotor, la dinamita en él camuflada; y por haber  omitido  investigar  las condiciones exigidas en los estatutos para admitir como  socia   a   una   persona   jurídica,  INVERNAR  INVERNADEROS  LIMITADA,  y  al  beneficiario  de  la  acción  empresarial  adquirida  por  ésta,  JHON  FREDDY  ARELLÁN  ZÚÑIGA,  todo  lo  cual  fue  fraguado  para  cometer  el  atentado.   

2.  El  Juzgado Veinte Civil del Circuito de  Descongestión  de Bogotá, mediante sentencia de 11 de enero de 2013, negó las  pretensiones.   

2.1. En primer lugar, por ausencia de culpa,  pues   según  las pruebas acopiadas, al ser catalogada de un nivel alto la  prestación  del  servicio  de seguridad en el día y en el lugar de los hechos,  entre  otras  cosas  a  cargo  de  ATEMPI  LIMITADA  y  de CANINOS PROFESIONALES  LIMITADA, esto descartaba la negligencia atribuida.   

2.2. En segundo término, ante la existencia  de  los  eximentes  de responsabilidad: hecho de un tercero y fuerza mayor, dado  que  se  trató  de un acto terrorista irresistible realizado por el accionar de  subversivos.   

2.3.  Finalmente,  porque  la aceptación de  socios,  conforme a los estatutos, estaba a cargo de la PROMOTORA CLUB EL NOGAL,  persona  jurídica distinta de la demandada; y, además, no se probó que algún  directivo  de  ésta  haya  intervenido  para  solicitar  o gestionar la mentada  acción  empresarial  o  lo  relativo  a su  beneficiario, o que alguien de  seguridad lo haya hecho.   

3. El Tribunal, en la sentencia recurrida en  casación, confirmó la anterior decisión.   

3.1. En su sentir, el argumento de clasificar  como   de  resultado  las  obligaciones  de  seguridad,  era  predicable  de  la  responsabilidad  contractual,  distinta  a  la  del sub  júdice;  fuera  de esto, conforme a los estatutos, si  el  objeto social del club, en relación con los socios, invitados, visitantes o  usuarios,  no  era la seguridad y protección propiamente dichos, la de su cargo  se  circunscribía  a  una conducta corriente, limitada a la culpa lata o grave.   

Señala, a partir de los testimonios de JOSÉ  DANIEL  GALVIS  VALDERRAMA,  SONIA  BEATRÍZ  ANDRADE  DE BURGOS, CARLOS EDUARDO  BALAGUERA  LARA,  LUIS  ENRIQUE  LA  ROTTA BAUTISTA y FERNANDO RUÍZ LLANO, así  como   del   interrogatorio  del  representante  del  ente  demandado,  que  los  estándares  de  seguridad  dispuestos  en  el club, calificaban como uno de los  mejores  implementados  en  la  ciudad, pese a lo cual, debido al estructurado y  elaborado  plan  terrorista,  desbordó  la  capacidad  de previsión, siendo de  destacar:   

“(….) la apariencia física exterior del  vehículo  utilizado  para  ingresar  la  carga  explosiva  al  club no denotaba  ninguna  anormalidad  o característica que llamara la atención, lo que conduce  a  pensar,  por  simple regla de experiencia que la carga no se encontraba en el  baúl  del  carro,  sino distribuida en toda la extensión de su estructura y de  modo  que  hacía prácticamente imposible su detección por observación simple  del  personal  de  portería  o  guardas  de  acceso”.       

Agrega  que  si  bien  pudieron  presentarse  falencias  en  la  revisión  al  ingreso de los vehículos, las deficiencias no  serían  imputables  al  extremo  pasivo,  puesto que éste había contratado el  servicio  de  vigilancia,  en  todo  caso  ajeno  a  su  objeto  social, con las  sociedades ATEMPI LIMITADA y CANINOS PROFESIONALES LIMITADA.   

La  oposición  de  algunos  socios  a  la  inspección  o  registro  de  los  automotores,  a  su  ingreso, “(…)  difícilmente puede atribuirse a negligencia de la demandada,  habida  cuenta  que,  en  rigor,  se  trata de actos de terceros, más que de la  propia corporación demandada”.   

En  suma,  “[d]e  incuestionable  relevancia  resulta  que  (…) fueron terceras personas quienes  desencadenaron  la  ocurrencia  del  lamentable  siniestro,  sin  que  al  mismo  resultara ajeno el propio Club”.   

3.2.  Para el sentenciador de segundo grado,  tampoco  había  culpa  de la parte convocada, en la selección de socios, entre  otros,  la  empresa  INVERNAR  INVERNADEROS  LIMITADA, y de los beneficiarios de  acciones empresariales, como JHON FREDDY ARELLÁN ZÚÑIGA.   

Ante  todo,  por  cuanto  esas  diligencias  estaban  a cargo de otra persona jurídica, la PROMOTORA CLUB EL NOGAL, en tanto  la  junta  directiva simplemente revisaba la información presentada, fincada en  la  credibilidad  y  confianza derivadas de dicha información, cual lo explicó  el representante de la demandada en el interrogatorio.   

De   otra   parte,  INVERNAR  INVERNADEROS  LIMITADA,  era  una firma activa, constituida debidamente; y JHON FEDDY ARELLÁN  ZÚÑIGA,   beneficiario   de   la  acción  empresarial,  una  persona  jovial,  respetuosa,  un  deportista  destacado,  no fumaba ni tomaba, según lo describe  GABRIEL  DELGADILLO GUZMÁN, quien hacía parte de la sociedad propietaria de la  acción en comento.   

Se  trató, entonces, de un plan hábilmente  planeado,   organizado  y  ejecutado  por  las  FARC,  con  la  intervención  y  colaboración  de  JHON  FREDDY  ARELLÁN ZÚÑIGA, para hacerse beneficiario de  una    acción    empresarial,   sin   generar   sospecha,   por   mínima   que  fuera.   

3.3.  En conclusión, según el ad  quem, “(…)  lo  que  surgió demostrado con suficiencia fue la intervención exclusiva de un  tercero  en la producción del daño (…)”, donde el  ente  convocado  “(…)  igualmente fue víctima del  siniestro   plan   elaborado  por  la  célula  de  las  FARC  (…)”.   

4.  Contra  lo  decidido,  dos cargos fueron  formulados  en  casación,  ambos  fundados  en la comisión de errores de hecho  probatorios. En uno y otro:   

a)  Con  relación  a  los  estatutos  de la  corporación  demandada,  al  interpretarse  contra  el  artículo  14,  que  la  obligación  de  seguridad  adquirida  era  la  normal,  sujeta a la culpa lata,  cuando  allí  aparece  en  forma  nítida  que “[e]l  club,  tomará las medidas que estén a su alcance para hacer segura la estadía  de cuantos los visiten (…)”.   

Los artículos 8º-III, 9º y 44, respecto de  los  cuales  se  concluye  que  la  responsabilidad  en el procedimiento para la  postulación  de socios es de la PROMOTORA CLUB EL NOGAL, cuando allí se indica  que  la aprobación o rechazo, inclusive la verificación de los requisitos ahí  mismo   previstos,   era   exclusiva  de  la  “Junta  Directiva del Club”.    

b)   El  interrogatorio  absuelto  por  el  representante  del ente convocado. Primero, al apreciar lo favorable, siendo que  nadie  puede  crearse  su propia prueba; segundo, al incurrir en “inconsistencias”  con  el  dicho  en  la  Fiscalía  del  coronel ALBERTO PLAZAS, Jefe de Seguridad del Club, y lo probado  en  una sentencia penal, pues mientras aquél niega fallas en doce cámaras y el  ingreso  de OSWALDO ARELLÁN, quien conducía el carro bomba, con un documento e  identidad  falsas,  las  otras  pruebas  lo  desdicen; y tercero, al omitirse la  confesión  sobre  la  falta  de  revisión  previa  de los antecedentes de JHON  FREDDY  ARELLÁN  ZÚÑIGA,  en  cuanto  que no era ingeniero, pues esto se hizo  después, a raíz de una queja elevada por uno de los socios.   

c) La actuación relacionada, trasladada del  Juzgado  Octavo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  la  cual fue  omitida,  especialmente  la  entrevista de LUIS CARLOS CABRERA SERNA, trabajador  de  ATEMPI,  y  la  declaración  de  MARÍA VICTORIA MELO TORRES, secretaria de  seguridad  del  club,  sobre  que  ese  establecimiento  era objetivo militar de  grupos  armados  al  margen  de  la  ley,  y que ese hecho era conocido del ente  demandado.   

Igualmente,  la  versión  de  LUIS  ADALVER  FÚQUENE  RAMÍREZ,  cajero  del parqueadero y quien anotó la entrada del carro  bomba,  demostrativa,  según  el  procedimiento  narrado, que así fuera falso,  “(…)  se  podía  ingresar  muy fácilmente con un  carné     provisional,     que     ni     foto     tenía    (….)”.   

Por  último,  la  sentencia  penal  allí  proferida,  donde,  en  general,  se  dejó  acreditado que JHON FREDDY ARELLÁN  ZÚÑIGA,  compró  el  vehículo  del  atentado  y suministró los dineros para  adquirir  la  acción  empresarial;  el  ingreso  al  establecimiento de OSWALDO  ARELLÁN,  conductor  del  carro bomba, con un carné provisional falsificado; y  la  constitución  de  la  sociedad  INVERNAR INVERNADEROS LIMITADA, simplemente  como fachada.   

d) La inspección judicial, la cual comprueba  la  entrada  del  carro bomba por parte de OSWALDO ARELLÁN, empleando el nombre  ficticio  de  LUIS  GARCÍA,  “(…)  con  un carné  provisional       que       ni       siquiera       tenía      foto”.   

e)  El  dictamen  del  DAS,  sobre  que  el  automotor   utilizado,   con  la  carga  dispuesta,  sufre  una  “(…)  alteración  física  exterior  que puede ser notada a simple  vista”;  que  un  canino  entrenado  “(…)   puede  detectar  y  localizar  esta  cantidad  de  explosivo  (…)”;  y  que  el espejo cóncavo no es una medida  suficiente    para   observar   “(…)   artefactos  explosivos   o   paquetes   sospechosos   en   un   vehículo  (…)”.   

f)  Los  testimonios  de JOSÉ DANIEL GALVIS  VALDERRAMA  y FERNANDO RUÍZ LLANO, en general, al ser sospechosa la afirmación  acerca  de  los  estándares  de  seguridad  en  el establecimiento, quienes los  califican  de altos y sofisticados, pues uno es socio de la CORPORACIÓN CLUB EL  NOGAL,  y  el  otro,  presidente  de la junta directiva. Además, al pasarse por  alto  que  el  primero  no  indica  la  ciencia  del  dicho,  y  del segundo, la  manifestación  sobre que dicha junta estudia, aprueba o imprueba los postulados  a ser socios por la PROMOTORA CLUB EL NOGAL.   

La  declaración de la señora SONIA BEATRIZ  ANDRADE  DE  BURGOS,  por  cuanto  de  su afirmada inexistencia de un sistema de  seguridad   cien   por   ciento   infalible,   no  se  podía  concluir  que  el  “atentado   de   marras  vulneró  las  medidas  de  seguridad  tomándolas  como  si se tratasen de las mejores, cuando lo cierto es  que  las  implementaciones  no  funcionaban  de  manera  correcta,  e  inclusive  contaban      con      evidentes      vacíos      de      seguridad”.   

Los dichos de CARLOS EDUARDO BALAGUERA y LUIS  ENRIQUE  LA ROTTA, quienes calificaron como alta y sofisticada la seguridad. Sin  embargo,    del    segundo    se    presupone,   pues   existe   “prueba  sólida  en  contrario”;  y  del  primero,  se  pasa  por  alto  que el punto lo extrae de otros eventos, y no del  día  de  los hechos, ni tampoco refiere las falencias enrostradas, como admitir  personas    con   carné   provisional,   sin   tener   base   de   datos   para  verificarlo.   

   

La versión de GABRIEL DELGADILLO GUZMÁN, al  omitirse  apreciar  la  respuesta  sobre  que no se enteró de sus familiares la  verificación  de las referencias suministradas; y al darse por sentado que como  el  testigo  no  tuvo  sospechas  de  JHON  FREDDY  ARELLÁN  ZÚÑIGA, ni de la  constitución     de    INVERNAR    INVERNADEROS    LIMITADA,    “(…)   tampoco   la  demandada  debía  tenerlas  (…)”.   

4.1. En el cargo primero, la censura, frente  a  lo  expuesto,  sostiene que a raíz de mal interpretar los estatutos citados,  se  supuso,  como corriente, la obligación de seguridad de la convocada, regida  por la culpa grave.   

De  igual  modo, se tuvo por acreditado, sin  estarlo,  que  para la época, la “(…) seguridad de  la  demandada  obedecía  a  los  estándares  esperados,  siendo  además  más  avanzada   que   la  de  cualquier  otro  Club  Social  en  Colombia”.   

Así   mismo,   no  se  dio  por  probada,  estándolo,  la  negligencia del extremo pasivo, cuando, a falta de información  disponible,  “(…) en la portería no se verificaba  si  una  persona  con carnet provisional era socio o no, política de la cual se  aprovecharon                     los                    delincuentes”.           

En contra de la evidencia existente, a partir  de  una  “simple  regla  de  experiencia”,  se supuso que el “(…) carro bomba  no  denotaba  anormalidades  en  su  apariencia  exterior,  por  cuanto la carga  explosiva se encontraba distribuida”.   

No  obstante reconocerse las falencias en el  sistema  de  seguridad,  éstas  se  imputaron  a  ATEMPI  LIMITADA  y a CANINOS  PROFESIONALES     LIMITADA,    cuando    dichas    sociedades    “(…)   estaban  bajo  la  vigilancia  directa  de  la  demandada  e  inclusive  parte del servicio de seguridad lo constituían empleados directos de  la enunciada parte (…)”.   

Pese a estar demostradas las amenazas contra  el  club,  como  objetivo  militar  de  grupos  armados ilegales, no se tuvo por  probada,  estándolo,  la “(…) laxa seguridad de la  demandada   en   materia  de  revisión  de  vehículos  al  ingreso”.   

En  cuanto  al procedimiento de admisión de  JHON  FREDDY  ARELLÁN ZÚÑIGA, como beneficiario de una acción corporativa, y  de  la  sociedad  INVERNAR INVERNADEROS LIMITADA, adquirente de la misma, se dio  por   acreditado,   sin  estarlo,  que  la  PROMOTORA  CLUB  EL  NOGAL,  era  la  responsable,  constituyendo  una  falta  manifiesta  confiar  en la información  suministrada por ésta.   

Finalmente, se supuso, que el “(…)  plan  de  las FARC, con intervención y colaboración de JHON  FREDDY  ARELLÁN  ZÚÑIGA,  para  hacerse  socio  de  la  demandada, no generó  sospecha alguna, por mínima que fuera”.   

4.2.  En  el cargo segundo, los impugnantes,  con  base  en  los  mismos  errores arriba enumerados, combaten los eximentes de  responsabilidad,    fuerza    mayor    o   caso   fortuito   y   hecho   de   un  tercero.   

4.2.1.  Si  bien, dicen, el plan de las FARC  puede  tildarse de sumamente elaborado, se pasa por alto su facilitación por el  ente  demandado, debido a las notorias fallas de seguridad, como la no revisión  de  los  baúles  de  los  carros  de  los  socios,  la  permisión  de  ingreso  provisional  de  personas  con  un  carné  sin foto y sin verificar un estricto  control,  y  la  admisión  de  socios  y  de beneficiarios sin la constatación  mínima de los datos consignados.   

El  atentado, entonces, era previsible, pues  conocidas  las  amenazas  y  tenido  el club como objetivo militar de los grupos  armados  al  margen  de  la  ley,  el  hecho  se  podía  resistir,  mediante la  implementación  de  las  medidas  conducentes a evitar las consecuencias. Esto,  por  sí,  descarta  la fuerza mayor o el caso fortuito, pues como se nota, nada  era irresistible ni imprevisible.   

4.2.2.  Relativo  al  hecho  de  un tercero,  señalan, se exige que sea:   

“(…) exclusivo,  es  decir,  que  existe  una  relación de causa entre el hecho del tercero y el  hecho  dañoso,  en el que no hace parte ninguna otra persona o ente, pero en el  caso  en  comento  este  hecho del tercero no es exclusivo, dadas las marcadas e  inexcusables    negligencias   de   la   demanda   en   materia   de   seguridad  (…)”.   

5.- Siendo ese, en lo esencial, el contenido  del ataque, se procede a examinar su idoneidad formal.   

2. CONSIDERACIONES  

1. Como una sentencia recurrida en casación  arriba  a  la  Corte  amparada  por  la presunción de legalidad y acierto, esto  significa  que  la  materia  de  decisión  es  distinta de las instancias, pues  mientras  en  éstas los juzgadores cuentan con amplias facultades para examinar  las  cuestiones de hecho y de derecho debatidas, en aquél ámbito, el análisis  es  restringido,  en  cuanto  únicamente  procede  frente  a causales taxativas  señaladas por el legislador.   

Por  esto,  la sustentación del recurso es  rigurosa,  debido  a  que  la  demanda respectiva, para ser recibida a trámite,  debe     sujetarse     a    ciertos    “requisitos  formales”,    cuyo   incumplimiento   apareja   su  deserción,   según   el   artículo  373,  inciso   4º  del  Código  de  Procedimiento  Civil.  Entre  otros,  común  a todas las causales de casación,  debe  contener “[l]a formulación por separado de los  cargos  contra  la  sentencia recurrida, con los fundamentos de cada acusación,  en forma clara y precisa”.   

2. Expresar las razones de inconformidad en  forma  clara  y  precisa,  permite  escudriñar,  de  un  lado,  si  el lenguaje  utilizado  es  equívoco  o aprehensible a los sentidos; y de otro, si el ataque  es cabal y completo.   

2.1.  En  palabras  de  la  Sala,  para  la  perfecta  identificación,  los  cargos  deben  indicar la “(…) vía  y  la  clase  de  yerro  que  se  atribuye  al  ad  quem  y no  abandonarse     en     su     desarrollo    el    camino    escogido”1.  Una  acusación  no cumple lo anterior, entre otros casos, cuando  en  un  mismo  cargo  se hace mixtura de causales de casación, puesto que no es  técnico, como igualmente tiene sentado esta Corporación:   

“(…) denunciar  un  error de juzgamiento y desarrollarlo como de procedimiento, o acusar errores  de  hecho  o  de derecho en la apreciación de las pruebas como fundamento de la  violación  directa  de la ley sustancial, sino que es necesario identificar, en  primer  lugar,  el  tipo  de  error en que se pudo incurrir, y luego aducirse la  causal    o   la   vía   que   para   el   efecto   se   encuentra   legalmente  prevista”2.   

La  razón de lo anterior estriba, también  al decir de la Corte, en que:   

“(…)  si el  ataque  no cuadra ni con una ni con otra causal, en la medida en que tiene cosas  de  allá  y  de  acá, su admisión es improcedente pues, en cualquier caso, no  podría  la  Corte,  dado  el cariz dispositivo del recurso, oficiosamente optar  por   el   estudio   de   una  u  otra”3.   

2.2.   Con   relación  al  requisito  de  precisión,   la  censura  no  sólo  debe  plantearse,  como  igualmente  tiene  explicado  la  Sala,  con  “(…) todos los datos que  permitan  individualizarla  dentro de la esfera propia de la causal que le sirve  de      sustento”4,  sino  formularse  de  manera  enfocada      y      totalizadora,      esto      es,     en     “relación”     directa    entre    la  “sentencia y el ataque que se le formula”,   y   a   la  “plenitud”    del  mismo5.   

Si  el embate es desenfocado, por cuanto al  quedar  enhiesto  el  argumento  basilar  de  la  decisión,  éste, por sí, le  seguiría  prestando base firme. Y si es incompleto, porque como cada uno de los  varios  fundamentos expuestos tendría la virtud de mantener el fallo impugnado,  al  soslayarse  uno  o  varios  de  ellos,  los  demás  soportes controvertidos  caerían  al  vacío, así fueren infirmados, pues los no atacados lo seguirían  sosteniendo.   

Por  supuesto,  en  el evento de combatirse  todas  las  razones  basilares,  para  entrar  a  resolver  de manera íntegra y  material,  se  requiere,  desde  el punto de vista formal, que todos los ataques  hayan  sido  idóneamente  propuestos,  porque el planteamiento irregular contra  uno  de  ellos,  dejaría  en pie el argumento y relevaría cualquier estudio de  mérito,  pues  al  seguir  amparado  por la presunción de legalidad y acierto,  mantendría la sentencia impugnada.   

En sentir de esta Corporación, el reproche  debe  combatir  “(…)  todas  y  cada  una  de  las  apreciaciones     jurídicas     y     probatorias     que     fundamentan    la  resolución”6,   porque   así  se  hubiere  “(…)   fustigado   debidamente  (…)”  un razonamiento autónomo, “(…) el  reproche   antitécnico  del  otro  argumento  basilar,  lo  deja  sin  crítica  alguna”7.   

Lo  razonado, salvo cuando excepcionalmente  el    ataque    se    enarbola    por    vicios    in  procedendo,   anclados  en  graves  defectos  en  los  presupuestos   procesales,   no  saneados  o  sobrevinientes  al  margen  de  la  sentencia,  caso  en  el cual la acusación se ubicará dentro de los errores de  construcción,  de  estructura  y  de  garantía  del  juicio,  que in   radice  inhabilitaban  proveer  fallo  válido.   

3.  En el caso, al denunciarse la comisión  de  errores  de  hecho  probatorios,  esto  supone, tocante con la constatación  material  y fijación del contenido objetivo de las pruebas, que el sentenciador  las omitió, supuso o tergiversó.   

3.1.  No  obstante,  algunos  errores  se  sustraen  de  la  literalidad  intrínseca  de  las pruebas denunciadas como mal  apreciadas,  pues  para estructurarlos se echa mano de lo que dicen otros medios  de convicción.   

3.1.1.  Obsérvese,  en  efecto,  cómo  la  censura  le  resta  credibilidad  al dicho de LUIS ENRIQUE LA ROTTA, por existir  “(…)  prueba sólida en contrario (…)”;  al  de  SONIA  BEATRÍZ ANDRADE DE BURGOS, porque los sistemas  “no  funcionaban  de  manera  correcta,  e inclusive  contaban   con   evidentes   vacíos   (…)   básicos   para   cualquier  club  social”;  al  de  CARLOS EDUARDO BALAGUERA, debido a  que  no  se  refirió  “(…)  a  las  falencias  de  seguridad  enrostradas (…)”; y al interrogatorio de  la      parte      demandante,      por      incurrir     en     “inconsistencias”,  respecto  de  ciertas  actuaciones penales.   

Las  pruebas  en contrario aludidas por los  recurrentes,  hacen  relación, en general, a las tenidas en cuenta para aceptar  falencias  en el sistema de seguridad del club, como lo tocante con la revisión  de  vehículos,  entre  ellas  las  trasladadas,  así el Tribunal no haya hecho  mención  expresa  a  las  mismas,  pero  que  en  virtud de esa conclusión, se  entienden valoradas implícitamente.   

Denunciados,  entonces,  en ambos cargos la  comisión  de  errores  de hecho probatorios, inclusive unos mismos, en realidad  se  desarrollan  como  yerros  de  derecho en la estimación de pruebas, pues la  confrontación  de  medios,  para  mostrar  contradicciones,  concatenaciones  y  exclusiones,  toca  es  con la apreciación de las pruebas en conjunto, esto es,  al  decir  de  la Corte, con una “prescripción de la  ley     instituida     para     evaluar     las     pruebas    (…)”8.   

3.1.2.   Lo   mismo   debe   decirse  del  interrogatorio  del representante del extremo demandado, en lo relativo a que se  le  dio  mérito  a  las  manifestaciones  en  favor,  toda  vez  que si ello no  constituía  confesión,  el punto se entronca es con la conducencia o idoneidad  del   medio   para   acreditar   determinado   hecho   y  no  con  su  contenido  material.   

3.2.  Si  se interpreta con amplitud que en  esos  apartes  se  denuncian  errores de contemplación jurídica de pruebas, la  Corte  tropezaría  con un escollo insalvable, porque con independencia de otros  defectos  técnicos,  ninguno  de  los  cargos  indica  las  normas  probatorias  infringidas,  cual  lo  exige  el  artículo  374,  in  fine,   del  Código  de  Procedimiento  Civil,  pues  únicamente  se citan como tales los artículos 64, 1494, 1613, 1614, 2341, 2347  y  2349  del  Código  Civil,  1º  de  la  Ley 95 de 1890 y 16 de la Ley 446 de  1998.   

3.3.  Los  defectos formales dichos relevan  cualquier  análisis  de fondo sobre si es acertada la conclusión del Tribunal,  según  la  cual el nivel de seguridad en el establecimiento del ente demandado,  para  la  época  de  los  hechos,  era  alto  o  sofisticado,  sin  par  en  la  ciudad.   

Esto,  porque  en  la hipótesis de haberse  incurrido  en  error  de  hecho  manifiesto  y  trascendente  al  apreciarse los  testimonios  de  JOSÉ DANIEL GALVIS VALDERRAMA y FERNANDO RUÍZ LLANO, debido a  la  señalada  causal  de  sospecha,  y las demás pruebas relacionadas, como la  inspección  judicial  o el dictamen pericial, convierte el embate en incompleto  de  manera sobrevenida, por no ser en ese específico punto íntegro y material,  pues  la  presunción  de legalidad y acierto dichos, seguiría soportada en los  medios   de   convicción  cuya  supuesta  errónea  valoración  fue  propuesta  inidóneamente en el campo formal.   

4.   El   entremezclamiento  de  causales  igualmente  se  observa,  respecto  de la obligación de seguridad a cargo de la  COPORACIÓN  CLUB  EL  NOGAL,  la  cual  el  Tribunal, conforme a los estatutos,  encontró  cumplida,  no  más  allá,  dado su objeto social, de la normal, con  independencia  de  lo  dicho  o  lo  que  pueda decirse de las sociedades ATEMPI  LIMITADA y de CANINOS PROFESIONALES LIMITADA.   

4.1.  En  efecto,  el  error de hecho no se  edifica  por  omisión  del contenido material de la cláusula respectiva, sobre  que  el ente demandado “(…) tomará las medidas que  estén  a  su  alcance  para  hacer  segura  la  estadía  de cuantos lo visiten  (…)”,  sino  al  restarle  importancia,  en cuanto  éste,  al  decir del ad quem,  no  asumió  “(…)  un  grado  mayor  de  cuidado o  seguridad  a aquel exigido en forma corriente (…)”.   

Se  observa, pese a denunciarse un yerro de  contemplación  objetiva  de  los  estatutos,  se desarrolla, sin embargo, en un  escenario  distinto, pues teniéndose acreditada la obligación de seguridad, el  problema  planteado  es  de  subsunción  normativa,  lo cual es atacable por un  camino  distinto.  La  calificación  del  hecho, desde luego, como culpa lata o  grave, es netamente jurídico.   

4.2.  Con todo, entendida la acusación por  la  senda  correspondiente,  técnicamente  no  es  posible resolverla de fondo,  porque  en  ninguno  de los cargos, de cara a una cláusula social, se cumple el  requisito  ineludible  de  citar  el precepto sustancial pertinente trasgredido,  exigido  por  el  artículo  374,  numeral  3º  del  Código  de  Procedimiento  Civil.   

La  violación,  por  supuesto,  no  puede  referirse  a  cualquier  norma  de  ese  linaje,  sino  a  una que, al tenor del  artículo  51,  numeral 1º del Decreto 2691 de 1991, convertido en legislación  permanente  por  el  artículo  162 de la Ley 446 de 1998, sea base esencial del  fallo  impugnado  o  haya  debido serlo, siempre y cuando tenga relación con el  aspecto  material  específico discutido, pues el cumplimento de ese presupuesto  formal    únicamente    fue   atenuado   en   punto   de   la   “proposición              jurídica             completa”.   

Ninguno  de  los  preceptos denunciados del  Código  Civil  hace  relación  a la graduación de la culpa: el 64, modificado  por  el  1º  de  la  Ley  95  de  1890,  habla  es de la fuerza mayor o el caso  fortuito;  el  1494,  de  la  fuente de las obligaciones; el 1613 y el 1614, del  daño  emergente  y  el  lucro  cesante;  y  el  2341,  el 2347 y el 2349, de la  responsabilidad  civil  extracontractual.  Y el 16 de la Ley 446 de 1998, atañe  es a los principios de reparación integral y de equidad.   

5.   Relativo   a   la  apreciación  del  interrogatorio  del  representante  del  ente  demandado,  de los testimonios de  FERNANDO  RUÍZ  LLANO  y  de  GABRIEL  DELGADILLO  GUZMÁN,  así  como  de los  estatutos  sociales,  respecto  de  la  constitución  de  INVERNAR INVERNADEROS  LIMITADA  y de su admisión en condición de socia de aquel, y de la aprobación  del  beneficiario  de  la  acción  corporativa,  señor  JHON  FREDDY  ARELLÁN  ZÚÑIGA,  todo  lo  cual  fue  fraguado,  es  punto pacífico, para ejecutar el  atentado  terrorista,  en  la  acusación  se  sostiene  que al vincular en esos  trámites  a la PROMOTORA CLUB EL NOGAL, “(…) el ad  quem  pretende  desviar  la  responsabilidad  de la demandada (….)”.   

Al margen de otras deficiencias técnicas,  el  ataque en ese puntual aspecto resulta asimétrico, suficiente, por sí, para  relevar  el  estudio  de mérito, por cuanto las súplicas no se desestimaron al  respecto  ante  la ausencia de legitimación en causa por pasiva. Simplemente se  concluyó,  en  dirección  a  la  verificación  de  referencias y calidades de  postulantes    y    postulados,   que   la   “(…)  responsabilidad  (…) no es directa (…)”, esto es,  que  los  procedimientos  los  realizó la propia demandada por conducto de otra  persona jurídica.   

La absolución se fulminó por tratarse de  un   “(…)  plan  (…)  cuidadosa  y  hábilmente  desarrollado,  esto  es,  de  forma tal que no llevó a generar sospecha alguna,  por  mínima  que  fuera (…)”. El ataque, entonces,  debió  dirigirse  a  mostrar que esta conclusión basilar es equivocada, por el  cauce que corresponda, pero nada de ello aparece abordado.   

6.  La  glosa  técnica  antes  advertida  también  se  predica,  respecto del cargo segundo, de todo lo aducido alrededor  de   la   fuerza   mayor  o  el  caso  fortuito,  por  cuanto  ese  eximente  de  responsabilidad  no  fue una de las razones que llevaron a dar al traste con las  pretensiones.  Según  el  Tribunal,  “(…)  lo que  surgió  demostrado con suficiencia fue la intervención exclusiva de un tercero  en  la  producción  del  daño (…)”, donde el ente  convocado   “(…)   igualmente  fue  víctima  del  siniestro   plan   elaborado  por  la  célula  de  las  FARC  (…)”.   

La  censura  sostiene  como “(…)  verdad  que  el ataque fue perpetrado por un grupo subversivo  -las  FARC-  que  se  constituye  ciertamente en el tercero causante directo del  daño”.  No  obstante,  le  imputa  “(…)  participación  al  Club,  en  la  ocurrencia  de  los hechos  dañosos,  con  su actuar omisivo y pasivo en temas de seguridad y verificación  de   datos   de   sus   candidatos   a   socios   y  beneficiarios  de  acciones  (…)”.   

El   planteamiento,   entonces,   aparece  contradictorio,  pues  si  en el cargo se acepta expresamente la responsabilidad  exclusiva  de  un  tercero,  no  se  entiende  cómo,  a la también considerada  víctima  por  el  sentenciador,  la  CORPORACIÓN  CLUB  EL NOGAL, entre otras,  entendiéndose  de  ahí  que  quienes  deben  indemnizar  son otros sujetos, la  censura  le  atribuya  participación, lo cual a no dudarlo, afecta el requisito  formal de claridad dicho.     

Al    margen   de   lo   anterior,   el  cuestionamiento,  en  todo  caso,  se  torna  desviado, porque antes de atribuir  intervención  del ente convocado en la producción del daño, a los recurrentes  les  correspondía  desvirtuar la conclusión del juzgador, según la cual aquel  igualmente    era    víctima,    pero    nada   se   hizo   para   mostrar   en  contrario.   

Y si la participación del extremo demandado  en  los  fatídicos hechos, se hace derivar de “(…)  su  actuar  omisivo y pasivo en temas de seguridad y verificación de datos y de  sus    candidatos    a    socios   y   beneficiarios   de   acciones”,  se  imponía  acreditar  el  hecho.  Sin  embargo, cual quedó  registrado  arriba, el Tribunal concluyó que la obligación de seguridad, en la  diligencia  que  correspondía, fue cumplida, y en contra de esto ningún ataque  debido se formuló.       

7.  De  lo  expuesto  se sigue que ante las  falencias  enrostradas, ninguno de los reproches contenidos en ambos cargos, hay  lugar  a  estudiarlos  y  decidirlos en su mérito, pues como tiene explicado la  Corte:   

“(…)  [l]os  requisitos  formales  y  de  técnica en casación, en general, se entroncan con  los  que  habilitan el examen de fondo de los cargos, porque si lo truncan, ello  justifica,   por   obvias   razones,   que   la   demanda   no  sea  recibida  a  trámite”9.   

8. La consecuencia ineludible no es otra que  inadmitir   la   demanda   y   declarar   desierto  el  recurso  extraordinario.   

3. DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,    Sala    de    Casación    Civil,    declara    inadmisible   el   libelo   examinado   y  desierto   el  recurso  de  casación  de  que  se trata. Consecuentemente, ordena devolver el expediente al  Tribunal de origen para lo pertinente.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

(Ausencia justificada)  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 Cfr.  Auto de 19 de febrero de 2010, expediente 03455.   

2 Auto  147 de 2 de agosto de 2004, expediente 04780.   

3 Auto  de 19 de enero de 2010, expediente 00017.   

4  Sentencia  114  de 15 de septiembre de 1994, CCXXXI-523, reiterada en Auto de 18  de julio de 2013, expediente 00353.   

5 Cfr.  Auto  034  de  12  de  marzo  de  2008,  expediente  00271,  reiterando doctrina  anterior.   

6 Auto  034   de   12   de   marzo   de  2008,  expediente  00271,  reiterando  doctrina  anterior.   

7 Auto  de 1º de septiembre de 2008, expediente 2004-00201.   

8  Sentencia   de  22  de  abril  de  2013,  expediente  00533,  reiterando  varios  precedentes.   

9 Auto  de 26 de abril de 2011, expediente 00354.     

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