S 072 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-072-97

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

Santafé de Bogotá, D.C., veinticinco (25) de  noviembre de mil novecientos noventa y siete (1997).   

Ref:  Expediente No.  4457   

                              Despacha  la  Corte  los  recursos  de  casación  que interpusieran los demandados DARIO LOPEZ  OCHOA  y  JOSE  DE LOS SANTOS CHACIN DE LUQUE contra la  sentencia  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Santafé de Bogotá  calendada  el primero (1º.) de octubre de mil novecientos noventa y dos (1992),  proferida  dentro  del  proceso  ordinario  promovido  en  contra de los citados  recurrentes  y  del señor NICANOR ANASTASIO BORRERO HEREIRA, por el señor LUIS  ALBERTO QUESADA PEÑA.   

A N T E C E D E N T E S  

                             I.-  Al  Juzgado  Veintisiete  Civil del  Circuito  de  esta  ciudad le correspondió asumir el conocimiento de la demanda  presentada  por  el  actor  ya  nombrado  en la que, en frente de los demandados  también  designados, elevó las pretensiones que se concretan en las siguientes  declaratorias:   

                             Que  Nicanor  Anastasio  Borrero Hereira  actuó  como  mandatario  (“testaferro”)  de  Luis  Alberto  Quesada  Peña,  “dentro  del negocio fiduciario relacionado con el depósito No. 0209 de fecha  27  de  julio  de  1979,  por  la  suma  de  cincuenta  millones de pesos moneda  corriente   ($50.000.oo),  celebrado  con  el  Banco  Santander…”.  Que,  en  consecuencia,  “todos  los  derechos,  condenas declaraciones resueltas por el  Juzgado  6°  Civil  del Circuito de Bogotá, dentro de proceso de rendición de  cuentas,  promovido  por  Nicanor  Anastasio  Borrero  Hereira  contra  el Banco  Santander  y  su  actual  ejecución…  son  propiedad,  corresponden  y  deben  entenderse  hechas  a favor de…Luis Alberto Quesada Peña…”. Que todos los  derechos  derivados  del  referido  negocio fiduciario pertenecen al demandante.  Que  “cualquier  acto  jurídico,  enajenación o cesión que haya efectuado o  efectúe  el demandado Nicanor Anastasio Borrero, respecto de los derechos a que  se  refieren  las  declaraciones  anteriores,  a  favor de Darío López Ochoa y  José  de  los  Santos  Chacín  de  Luque,  carecen de efecto y son inoponibles  frente  a  Luis Alberto Quesada Peña”. Que, una vez en firme la sentencia, se  oficie  al  Juzgado  6°  Civil  del  Circuito  de  Bogotá, para que dentro del  proceso  que  allí  adelanta  Borrero Hereira en contra del Banco Santander, se  tome  nota  y  se  produzcan  los  efectos  reconocidos  en favor del demandante  Quesada  Peña.  Que se condene al demandado Nicanor Anastasio Borrero Hereira y  a  quienes  de  mala  fe se opongan a las pretensiones, en los perjuicios que se  ocasionen con su actividad dentro del proceso.   

                             ii.- Esas pretensiones hallaron su causa  en los hechos que a continuación se compendian:   

                              Luis  Alberto  Quesada  Peña,  cliente  reconocidamente  abonado  del Banco Santander, tuvo a su servicio como celador y  jardinero,  a  Nicanor  Anastasio  Borrero  H.,  a  quien  hizo  figurar “como  cuentacorrentista  en  el  Banco Santander de Barranquilla, autorizando al Banco  para  que  aquél  (Borrero)  apareciera  como  el  sujeto  activo  de la cuenta  corriente  No.  401-02859-2,  es  decir  la  de  Quesada  Peña, sin que Borrero  supiera nunca que tal hecho se había producido”.   

                             Quesada Peña, de su puño y letra, hizo  tres  consignaciones por un valor total de $67.141.800.oo en la cuenta referida,  la  última  de las cuales tuvo lugar el 27 de julio de 1979. En este mismo día  aquél  autorizó  al  Banco,  por  medio  de  su  gerente  Pablo  Cervera, para  trasladar   de   la   cuenta  simuladamente  de  Nicanor  Borrero,  la  suma  de  $50.000.000.oo,  destinados  a  constituír  el  depósito Nro. 0209, dinero que  debía  ser  administrado  en  fiducia  por  el Banco, quedando esta operación,  también de modo aparente, a nombre de Nicanor Anastasio Borrero.   

                             Nicanor Anastasio Borrero Hereira “fue  un  simple  mandatario  oculto  del señor Quesada Peña, es decir su testaferro  (para terceros, no para el Banco Santander)”.   

                             El 23 de junio de 1980, Quesada y Borrero  dirigieron  una  carta  al  Banco en solicitud de documentos relacionados con el  depósito  fiduciario  0209,  para  buscar que judicialmente se reconocieran los  derechos  del primero sobre “los cincuenta millones de pesos que el fiduciante  alegó haber cancelado diez días después de su constitución”.   

                             El  3  de  octubre  de 1980 se instauró  acción  de  rendición de cuentas en contra del Banco Santander, de conformidad  con  poder  dado  por Borrero a Darío López Ochoa, para que “se declararan y  reconocieran  a  favor  de  Nicanor  Borrero  los  derechos  emanados del citado  depósito”.  La  sentencia  allí dictada, que lo fue por el Juzgado 6° Civil  del  Circuito de Bogotá, confirmada por el Tribunal, ordenó al Banco Santander  rendir  las  cuentas,  y en el trámite posterior el Banco fue condenado a pagar  al  depositante  fiduciario el valor del depósito, con sus respectivos frutos y  costas.  Finalmente,  con  base en el artículo 335 del C. de P.C., se promovió  la  ejecución  en  favor  del  mandatario  oculto  y  en contra del Banco, para  cumplir  las  sentencias  anotadas,  a  continuación  de la misma rendición de  cuentas    y    en   el   mismo   Juzgado…   trámite   que   actualmente   se  adelanta”.   

                             Antes  de presentar la demanda de la que  se  da  cuenta  en el hecho anterior, se reunieron Darío López Ochoa, José de  los  Santos Chacín de Luque, Luz Marina López de Quesada, Luis Alberto Quesada  Peña  y  Nicanor  Anastasio Borrero H., y allí los dos primeros se obligaron a  prestar  sus  servicios  profesionales para cobrar judicial o extrajudicialmente  al  Banco  Santander  el  depósito  No.  0209,  mientras  que  los  segundos se  comprometieron  a  costear todo lo indispensable a fin de obtener la efectividad  del derecho pretendido.   

                             Desde  la iniciación del proceso -17 de  julio  de  1980-,  hasta  el  10  de junio de 1987, Nicanor Anastasio Borrero H.  permaneció  laborando  normalmente  en la casa del aquí demandante. Pero en la  fecha  últimamente  mencionada  pidió permiso para salir a visitar a su mujer,  sin que desde ese momento se volviera a tener noticias suyas.   

                             Desaparecido  Borrero,  lo  que sucedió  después  de proferirse sentencia favorable, se hicieron varias publicaciones en  la  prensa  y  en  la radio para averiguar por su paradero, se formuló denuncia  penal  e,  incluso,  se acudió a la Procuraduría. Otro tanto se hizo en contra  de  Darío  López  Ochoa,  José de los Santos Chacín y Solón Segundo Deluque  B.   

                             Darío López Ochoa, apoderado de Borrero  Hereira,  había  sido  claramente informado sobre que los cincuenta millones de  pesos   dados   en   administración   al   Banco,  pertenecían  al  matrimonio  Quesada-López,  y que la estrategia aconsejada consistió en que “para obviar  dificultades  con  el  Banco  Santander,  el  mandatario  oculto del señor Luis  Alberto   Quesada   Peña,   Nicanor  Anastasio  Borrero,  le  confiriera  poder  directamente  a López Ochoa y así iniciar sin más dilaciones la rendición de  cuentas”.   

                             Darío  López  Ochoa aceptó ser cierto  que   los   dineros  del  depósito  fiduciario  son  de  Luis  Alberto  Quesada  Peña.   

                             Conocido  el hecho anterior, “llegaron  al  proceso  sendas  sesiones  de crédito a terceros, entre los cuales aparecen  los  nombres  de  Darío  López  Ochoa,  José de los Santos Chacín de Luque y  Mario Pérez, cada uno pretendiendo apoderarse del 50%.   

                             El demandado Nicanor Anastasio Borrero H.  nunca  ha tenido dinero ni patrimonio que alcance siquiera a la centésima parte  de  la  suma  representada  por  el depósito fiduciario 0209. Y ni siquiera las  firmas  en  el  Banco  Santander  fueron  puestas por él, sino por Luis Alberto  Quesada, cuestión debidamente acordada y autorizada por todos.   

                             iii.- Notificados los demandados del auto  admisorio  de  la  demanda acabada de resumir, Darío López Ochoa la respondió  negando  los  hechos  en  que  las pretensiones se basan, a las cuales se opuso;  propuso,  además,  las excepciones que denominó “indebida representación”  y “falta de jurisdicción”.   

                             Nicanor  Borrero  H.  adoptó  posición  similar,  y  adujo  la  excepción  que  llamó  “negación  de  la calidad de  testaferro”.   

                             También siguió igual línea de conducta  el  demandado  José  de  los  Santos  Chacín  quien,  por su lado, propuso una  excepción  innominada,  con apoyo en el hecho consistente en que Quesada Peña,  durante  los  nueve  años  de duración del proceso de rendición de cuentas no  comprobó ser el dueño del dinero.   

                             iv.- Adelantado el trámite propio de la  primera instancia, el a-quo profirió la siguiente decisión:   

                              “PRIMERO.-  Declarar  improbadas  las  excepciones de mérito propuestas por los demandados.   

                             “TERCERO.- Declarar, como consecuencia  de  lo  anterior, que todos los derechos, condenas y declaraciones resueltas por  el  Juzgado  Sexto  (6º) Civil del Circuito de Santafé de Bogotá D.C., dentro  del  proceso  de  rendición  de cuentas promovido por Nicanor Anastasio Borrero  Hereira  contra el Banco Santander, y su actual ejecución…, son de propiedad,  corresponden  y  deben entenderse hechas a favor del señor Luis Alberto Quesada  Peña,  declaraciones  y  condenas  confirmadas  integralmente  por el Honorable  Tribunal    Superior    de    Santafé    de    Bogotá   D.C.,   en   Sala   de  Decisión.   

                             “CUARTO.-  Declarar, como consecuencia  de  los anteriores pronunciamientos, que todos los derechos, derivados, causados  o  que  se  causen  en  el  futuro  del  referido negocio fiduciario -o se hayan  causado-  y  el Depósito citado en el numeral segundo de esta parte resolutiva,  corresponden  y  son  de  propiedad exclusiva del demandante señor Luis Alberto  Quesada Peña.   

                             “QUINTO.-  Declarar que cualquier acto  jurídico,  enajenación  o  cesión  que haya efectuado o efectúe el demandado  Nicanor  Anastasio  Borrero  Hereira,  respecto a los derechos a que se refieren  las  declaraciones  anteriores,  a  favor  de Darío López Ochoa y José de los  Santos  Chacín  Deluque,  o  cualquiera  otra  persona, carecen de efecto y son  inoponibles al demandante Luis Alberto Quesada Peña.   

                             “SEXTO.-  Ordenar que una vez en firme  esta  providencia,  se  oficie  al señor Juez Sexto (6º) Civil del Circuito de  Santafé  de  Bogotá  D.C.,…,  para  que  dentro  del proceso de que trata el  numeral  3º  de esta parte resolutiva, que se adelanta en ese despacho, se tome  nota  de  la  presente  decisión, y se produzcan los efectos que se derivan del  reconocimiento  de  los  derechos  en  favor del demandante Luis Alberto Quesada  Peña.   

                             “SEPTIMO.-  Por  falta  de  prueba  al  respecto,   se  deniega  la  pretensión  marcada  en  el  literal  ‘f’ de la demanda, según lo dispuesto por  el  artículo  308  del C. de P.C., y la no especificación y concreción de los  perjuicios pedidos.   

                            “…”.   

                             De  la  anterior determinación apelaron  los  demandados,  y  el  ad-quem  la  confirmó  íntegramente  por  medio de la  sentencia objeto del presente recurso de casación.   

EL   FUNDAMENTO   DE   LA   DECISION   DEL  TRIBUNAL   

                             i.- El juzgador dedica una primera parte  de  su  análisis  a  demostrar por qué en este proceso no era indispensable la  presencia  del  Banco  Santander.  Destaca  cómo  el  Juzgado 6º Civil de este  Circuito  ordenó  al  Banco  Santander  rendir  cuentas al señor Borrero de la  existencia  de  una  relación  fiduciaria  por la cual se emitió el título de  depósito  No.  0209,  citando, al efecto, las pruebas que así lo establecen, y  añadiendo  que  la  sentencia  correspondiente  fue  objeto  de  un  recurso de  revisión   adelantado   ante   la  Corte  Suprema,  para  extraer  una  primera  conclusión  consistente  en  que  una  acción, como la aquí ejercitada, “es  perfectamente  válida, sin que afecte para nada el negocio fiduciario celebrado  con  el  Banco Santander, ni mucho menos lo haga oculto o secreto, pues tan real  fue,  que  sus  efectos se cumplieron, al solicitarse y ordenarse al mismo Banco  que  rindiera cuentas a quien allí figuraba como beneficiario. Tampoco se trata  -agrega-,  de  un  contrato fraudulento o simulado, pues como bien se dijo en la  sentencia   mencionada  -se  refiere  a  la  de  revisión-,  se  trata  de  una  simulación  de  signo distintivo de nombre patronímico y no de persona, por lo  que  no nos encontramos ante la prohibición que al efecto consagra el C. de Co.  en su art. 1230”.   

                             ii.-  Tras  afirmar  que los convenios y  encargos  secretos, son los que no se han exteriorizado, o aquellos en donde las  partes  no  dejan huella de su existencia, dice que, en relación con el caso de  que  aquí  se trata, obra prueba documentaria, en virtud del cual se dispuso la  rendición  de  cuentas  al  Banco  Santander  y por haberse encontrado tan real  dicho   pacto,   fue   ordenada,   punto   de  vista  éste  que  corrobora  con  transcripción de concepto de la Superintendencia Bancaria.   

                             iii.-  Dice  que de los hechos tercero y  quinto  de la demanda, los cuales cita, “se desprende que en principio no hubo  contrato  de mandato entre Luis Quesada Peña y Nicanor Borrero, sino que aquel,  motu  proprio,  utilizó el nombre de Nicanor Borrero, para figurar como titular  de  la  cuenta corriente No. 401-02859-2, así como del depósito fiduciario No.  0209,  situación  permitida  y a la que ya se hizo referencia anteriormente tal  como  lo  definió  la  sentencia  de  la  H.  Corte  Suprema de Justicia citada  anteriormente”.   

                             1)  Un  poco  más  adelante,  luego  de  referirse  a  los  hechos  séptimo  y octavo de la demanda, manifiesta que para  probar  los hechos tercero y quinto, se recepcionó el testimonio de Pablo José  Cervera Márquez, del cual transcribe apartes.   

                              2)   Señala    que  la  anterior  declaración   se   encuentra   corroborada  por  documentos  del  propio  Banco  Santander,  en donde éste, por medio de sus representantes, “admite saber que  el  titular del depósito fiduciario es el señor Luis Quesada Peña y el señor  Nicanor Borrero sólo su testaferro”.   

                              a)   Cita,  entonces,  la  demanda  de  constitución  de  parte  civil,  cuya  copia  obra  a  los  folios  548  a 553,  presentada  por  el  Banco  Santander  dentro  del  proceso seguido en contra de  Nicanor Borrero y demás personas que resulten responsables.   

                             b)  Reproduce apartes del testimonio del  Dr.  Hernando  Devis  Echandía,  quien  fuera  apoderado  del  Banco  en varios  procesos.   

                             c) Trae a cuento lo dicho por la asesora  jurídica del Banco al elevar la denuncia penal.   

                             d)  Agrega  que también están probados  los siguientes índices:   

                             (I)  La  nota  débito  fechada el 27 de  julio  de  1979,  del  Banco  Santander,  débito hecho a la cuenta corriente de  Nicanor  Borrero  por  valor de $50.000.000, “por concepto de constitución de  depósito    administración    No.    0209    a    su   nombre   al   26%   mes  vencido”.   

                             (II)  La  solicitud  de  apertura  de la  cuenta  corriente  No.  401-02859-2  (fl.  12, cd. 5), donde se indica a Nicanor  Anastasio  Borrero  como nombre o razón social del peticionario, formulario que  se encuentra firmado por Luis Quesada Peña.   

                             (III)  La  nota  dirigida por Quesada al  Banco  Santander  (fl.  13,  cd.  5),  mediante la cual da la orden de trasladar  sumas de dinero de otras cuentas corrientes a la No. 401-02859-2.   

                             3)  Se  ocupa  de  la  escasa  solvencia  económica  de Nicanor Borrero, hecho que le impedía hacer depósitos bancarios  cuantiosos,  y  dice  que  ello se encuentra demostrado con las declaraciones de  Angela  María  Espinosa C., Francisco Salazar M., David Alberto Fiorillo, Pilar  Inés  Arriola  de  S.,  Hugo  Gerardo Silva, Félix Antonio Mayorga y Guillermo  Eugenio  Peña.  Y  que  también hay constancia del Ministerio de Hacienda (fl.  81,  cd. 5), que indica que Borrero no declaró renta por los años gravables de  1986 y anteriores.   

                             4)  Advierte que como Nicanor Borrero no  compareció  a  absolver el interrogatorio de parte para el que fuera citado, de  lo  cual se dejó constancia, “deben presumirse como ciertos los hechos en que  se fundamenta la demanda”.   

                              Asevera,   luego,   que   las  pruebas  reseñadas,  apreciadas  en  su  conjunto, llevan a concluir “que el verdadero  titular  y  beneficiario  del  depósito  fiduciario No. 0209, es el señor Luis  Quesada  Peña,  quien  sólo  utilizó  el nombre de Nicanor Borrero para tales  operaciones,  situación  legalmente permitida como quedó expuesto inicialmente  según  la providencia de la H. Corte Suprema de Justicia, proferida al resolver  el recurso de revisión promovido por el Banco Santander…”.   

                             iv.-  Continuando  con  el análisis del  desarrollo  de  los hechos, expone que “posteriormente, siendo Nicanor Borrero  prestatario  del  nombre al señor Luis Quesada Peña…, aparece dando poder al  Dr.  Darío  López  Ochoa  para  iniciar  y  proseguir proceso de rendición de  cuentas  contra el Banco Santander, en razón del depósito fiduciario No. 0209,  de  fecha  27 de julio de 1979 (fol. 23 Cdno. 5), tal y como se desprende de las  mismas  copias que de dicho proceso y las providencias que lo desataron aparecen  aportadas  como pruebas a éste, así como se afirma en la sentencia que desató  el  recurso  de revisión, allí, obró a nombre propio, pues no se anunció que  actuara a nombre de otra persona”.   

                             Que, sin embargo, con posterioridad a la  sentencia  de  segunda  instancia,  “aparece  un  escrito de reconocimiento de  mandato  oculto  que  había  recibido  de  Luis  Alberto Quesada Peña”, cuya  autenticidad  no  fue  desvirtuada  dentro  de  este  proceso,  refiriéndose  a  continuación  a  lo  que  sobre el mismo punto dijo la Corte en la sentencia de  revisión.   

                             Anota seguidamente que este hecho, junto  con  las  pruebas  ya señaladas, constituyen “indicios graves, convergentes y  concordantes…,  que  permiten  concluir que entre Luis Quesada Peña y Nicanor  Borrero,  existió  un  contrato  de  mandato,  mediante  el  cual, este último  únicamente  debía  directamente  dar  el  poder  para  iniciar  el  proceso de  rendición  de cuentas contra el Banco Santander, el que efectivamente cursó en  el Juzgado Sexto Civil del Circuito de esta ciudad…”.   

                             v.-  Sentadas  esas  bases,  alude a los  artículos  2142  y  2149  del  C.C.,  a  vuelta  de  lo  cual  advierte que los  demandados  Darío  López  O.  y  Chacín  de Luque “sabían que el verdadero  titular  y  beneficiario  del depósito fiduciario era Luis Quesada y no Nicanor  Borrero,  tal  y como ellos mismos lo afirmaron, en declaraciones e indagatorias  rendidas  ante  Juzgados  de  Instrucción Criminal, declaraciones que reafirman  aún más, la prueba de lo concluído en esta providencia”.   

                             Cita el memorial dirigido por el abogado  López  Ochoa al Juzgado 6° Civil del Circuito (fls. 209 a 212, c. 6), lo mismo  que  apartes  de  la declaración (fl.102, c.7) y de la indagatoria rendidas por  el  mismo  profesional ante el Juzgado 81 de Instrucción Criminal, al igual que  de  esta  misma  diligencia  cumplida  con Chacín de Luque, manifestando que lo  dicho  por  ambos cuenta con la corroboración de los testigos Francisco Salazar  Martín y Guillermo Eugenio Peña.   

                              Y  complementa:  “Son  indicios  que  corroboran  aún  más  el hecho de que el Dr. Darío López Ochoa, conocía que  el  mandante  de Nicanor Borrero era el señor Quesada Peña, algunas cartas que  aquél  envió  a  éste,  dándole informes sobre el curso de lo sucedido en el  proceso  de rendición de cuentas; estas obran a folios 25, 26, 27, 28, 29, 34 y  35  a 43 del cdno. No. 5, en las cuales igualmente aparece comunicación de Luis  Quesada a Darío López, en relación con el mismo proceso”.   

                             Encuentra, pues, demostrada la existencia  del  contrato  de  mandato  entre  Nicanor  Borrero  y Luis Quesada, para que el  primero  otorgara  poder  a  Darío  López Ochoa a fin de iniciar el proceso de  rendición  de  cuentas  en  contra  del  Banco  Santander, sin que, puntualiza,  existan  pruebas  de  que el contrato “se extendiera a cuestiones diferentes a  la   mencionada”,   por  lo  que  el  mandatario  Borrero  “debió  ceñirse  rigurosamente a la única cuestión encomendada”.   

                             vi.- Sostiene que aun cuando la relación  contractual  mencionada  no  tenía  otro  objeto  que  el  de  la rendición de  cuentas,  lo  que  conocían  López  y  Chacín, sin embargo “aparecen sendas  cesiones  que  del  crédito  cobrado  como  consecuencia  de  la  sentencia  de  rendición  de  cuentas  emitida  por  el  Juzgado  Sexto Civil del Circuito, en  contra  del  Banco Santander, hizo Nicanor Borrero a Darío López Ochoa y José  de  los  Santos  Chacín, sin la aquiescencia de su mandante señor Luis Quesada  Peña  (fol.  35, cdno. 7, y 213 del Cdno. 5), pues en ellas a diferencia de las  anteriores  no  intervinieron  los esposos Quesada Peña, ni en los mismos actos  se  hizo figurar tal representación y mediante las cuales fueron reconocidos en  el  mencionado  proceso  como cesionarios del crédito allí cobrado por Nicanor  Borrero, como mandatario”.   

                              De   ello  infiere  un  “exceso  del  mandato”,  y  que  los  actos  respectivos no obligan al mandante, sin que tal  cosa,  además, implique que “se hubiere debatido relación laboral alguna, en  relación  con  el  pacto  de  honorarios  a favor de Darío López Ochoa; (que)  simplemente  se  estableció  el alcance del mandato conferido al señor Nicanor  Borrero  por  parte  de  Luis Quesada”, por lo cual deben ser desestimadas las  excepciones propuestas.   

EL RECURSO DE CASACION  

                             Tanto  el  demandado Darío López Ochoa  como  el codemandado José de los Santos Chacín de Luque, interpusieron recurso  de  casación  en contra de la sentencia anterior. La demanda del primero de los  nombrados  contiene  tres cargos, uno elevado con apoyo en la causal segunda del  artículo  368  del  C.  de P.C., y los otros dos al amparo de la causal primera  del  mismo  precepto.  La  del segundo contiene un solo cargo también planteado  con  base  en  la  primera  de  las  causales  de casación. La Sala despachará  simultáneamente  ambas  demandas,  mas  siguiendo el orden que lógicamente les  corresponde a los cargos propuestos.   

Cargo  tercero  de  la demanda del recurrente  Darío López Ochoa   

                             i.- Se ataca la sentencia del Tribunal en  este  cargo por no estar en consonancia con los hechos o con las excepciones que  el juez ha debido reconocer de oficio.   

                             ii.- Señala el recurrente, a efectos de  sustentarlo,  que  cuando  el  Tribunal  confirmó  la  sentencia  del  juzgado,  habilitó  las  omisiones de ésta, “en virtud de las cuales se sustrajo a las  pruebas  que  reposan  en  el  expediente  y  que venían a demostrar, de manera  inobjetable,  los hechos que obligaban, por imperativo de la ley, a reconocer de  oficio  la  excepción  de  mérito  conformada  por  la  validez de los actos y  contratos  que  dieron  lugar  a la cesión hecha por Nicanor Borrero Hereira al  Dr.  Darío  López  Ochoa  del  25%  de los derechos y del crédito que Nicanor  Borrero tiene contra el Banco Santander…”.   

                             iii.-  El  Juzgado,  dice, se abstuvo de  considerar  los  contratos  de honorarios celebrados entre Luis Alberto Quesada,  Luz  Marina de Quesada y Nicanor Borrero, por una parte, y Darío López Ochoa y  José  de  los  Santos Chacín, por la otra, contratos de los cuales se originó  el  derecho  de  López Ochoa de “percibir”, a través de un pago efectivo o  de    una    cesión    como    la    que    se   hizo,   la   contraprestación  pactada”.   

                              Asimismo,  continúa,  el  juzgado  se  abstuvo  “de  considerar  la  actuación  profesional del doctor Darío López  Ochoa,  prevista  como objeto en los correspondientes contratos, no obstante las  elocuentes  pruebas que, con respecto a la misma, figuran en el expediente, como  consecuencia  de  la  cual  se  consolidó  el  derecho  adquirido  por aquél a  percibir la contraprestación indicada”.   

                              También  el  juzgado  se  guardó  de  considerar  la  íntima  y  lógica  relación  entre los contratos, aunada a la  “exitosa  gestión  profesional”  del recurrente, con la cesión que a éste  se le hizo, tratada de desconocer por el demandante.   

                             iv.- Enlazando los aspectos mencionados,  arguye  que  los  hechos derivados de los contratos de honorarios, de la exitosa  labor  profesional  del  recurrente, y de la cesión cumplida en favor de López  Ochoa  por  Borrero  Hereira, “plenamente probados en el expediente, y dejados  de  lado,  inexplicablemente  por  el  H. Tribunal, contradicen palmariamente el  sentido y los alcances de la sentencia…”.   

                              En   refuerzo  de  la  idea  anterior,  manifiesta  que dentro del proceso instaurado por Quesada tendiente a obtener la  declaratoria  de  nulidad  del  contrato de servicios profesionales ajustado con  López  Ochoa y Chacín de Luque, el Juzgado 21 Civil del Circuito de Bogotá no  sólo  reconoció  la  validez  del  contrato,  “sino  que  exaltó el mérito  profesional  logrado  por  el  Dr. López Ochoa”, así como la honestidad y la  fidelidad con que actuó.   

                             Por último, indica que como en razón de  tales  hechos,  el  juzgado  se  abstuvo  de reconocer la validez de los actos y  contratos  que  dieron  lugar a la cesión de Borrero Hereira a López Ochoa del  25%  de  los  derechos  y  del  crédito  que  aquél  tiene en contra del Banco  Santander,  derivados  de  la  sentencia  del  Juzgado 6° Civil del Circuito de  Santafé   de  Bogotá,  confirmada  por  el  Tribunal  Superior,  la  sentencia  proferida  en este proceso se resiente de falta de consonancia con la mencionada  excepción,    circunstancia    que    también    fundamenta    la   excepción  propuesta.   

SE CONSIDERA  

                             i.-  De  la  manera como lo ha precisado  ésta  Corporación,  las  causales  de  casación  se  aglutinan  en dos grupos  nítidamente   diferenciados,   según  sea  la  naturaleza  del  error  que  el  recurrente  pretenda denunciar, de modo que si el interés de éste se orienta a  demostrar  que el juzgador incurrió en un vicio de actividad, el error que debe  imputarle  es  de  los  denominados  “in  procedendo”,  a los que aluden las  causales   segunda,   tercera   y  quinta  del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil y que presuponen el quebrantamiento de alguna de las normas  que  disciplinan  el  gobierno del proceso. Por el contrario, si lo que pretende  es  denunciar la transgresión de algún precepto que determine la forma como el  fallador  debió juzgar el asunto, y no la manera como debió obrar dentro de la  causa,  el  error  por  el  que  debe dolerse ha de ser de los denominados “in  judicando”   previstos  en  las  causales  primera  y  cuarta  de  la  aludida  norma.   

                             No  puede  entenderse  lo  dicho  en  el  sentido  de  que  una  vez advierta el recurrente la naturaleza del yerro que se  propone  atribuirle al fallador, error “in procedendo” o “in judicando”,  goce  de alguna libertad para perfilarlo por la causal que considere conveniente  dentro  de  aquellas  que  son idóneas para denunciar tal especie de reproches,  puesto  que dada la autonomía que caracteriza por igual a todas las causales de  casación,  le  está  vedado al impugnante optar caprichosamente por cualquiera  de  ellas,  debiendo,  en  todo caso, encauzar su imputación por aquella que el  legislador hubiese previsto específicamente para tal fin.   

                             Ahora bien, conforme a decantado criterio  jurisprudencial  de  esta  Corporación,  el desconocimiento del principio de la  congruencia  de  la  sentencia  es,  en  casación,  constitutivo  de  un  error  in  procedendo,  comoquiera  que  por  dicha  causa  el  juzgador, al momento de proferir su decisión, no se  sujeta  a  las prescripciones del artículo 305 del C. de P.C., las cuales, como  se  sabe,  determinan  que  la  sentencia  deberá  estar en consonancia con los  hechos  y  las  pretensiones del demandante y con las excepciones del demandado,  motivo  por  el  cual la labor de la censura se circunscribe a poner de presente  que  el Tribunal desbordó o cercenó el ámbito dentro del cual debió proferir  su  sentencia.  En ese orden de ideas, y dada la reseñada característica de la  autonomía  de  las  causales  de casación, le está negado al censor traspasar  los  particulares  confines  que  deslindan  esa  causal  de  las  demás,  como  acontece,   por   ejemplo,   cuando   a  través  de  ella  aborda  el  escrutinio  de  las  reflexiones jurídicas que constituyen los  cimientos  de  la  determinación cuestionada, o cuando recrimina o discrepa del  análisis   probatorio   que   constituye   el   fundamento  de  esa  decisión,  circunstancias  estas que ponen de relieve errores de juzgamiento fundados en la  infracción  directa  o  indirecta  de  la  ley,  que cabalmente, constituyen la  razón de ser de la causal primera de casación.   

                                 En efecto, “… como quiera que  la    causal    en    comento    se   refiere   exclusivamente   a   yerros   in  procedendo,   para   que  prospere  el  ataque  por  inconsonancia,  es  necesario  que el vicio que se le  achaque  a  la sentencia sea causado por la mera actividad procesal del fallador  y,  en consecuencia, si la disonancia proviene del entendimiento de la demanda o  de  alguna  prueba,  la  falencia  deja de ser in procedendo para tornarse en in  judicando,  la  cual tiene  que  fundarse  necesariamente  en  la  causal  primera  de  casación, ya que de  existir el yerro, éste sería de juicio y no de procedimiento.   

                                 “Síguese de lo expuesto que en  el  asunto sub lite el cargo  está  mal formulado, porque de existir la equivocada valoración de las pruebas  a  que  se  refiere el recurrente, la violación sería el resultado de un yerro  de  juicio  mas  no de un vicio de actividad, y en consecuencia, se debió haber  impugnado  la sentencia por violación indirecta de la ley sustancial, con apoyo  en  la causal primera de casación. Así las cosas y como quiera que la Corte no  puede  cambiar  el  sentido  de  la  acusación,  en  razón de que las causales  autorizadas  por  el legislador para interponer el recurso extraordinario son de  orden  público  y  de  interpretación  restringida,  y  que le está vedado al  recurrente,  al  sustentar  la  impugnación,  apoyarse en circunstancias que se  enmarquen  dentro  de  otra causal, desde luego que éstas gozan de autonomía e  independencia,  la  acusación  formulada en esos términos, resulta fallida”.  (Casación del 29 de mayo de 1996).   

                             Anduvo, pues, desatinado en este caso el  recurrente,  puesto  que  habiendo perfilado su acusación por la causal segunda  de  casación,  destinada, como se ha dicho, a repeler el vicio de inconsonancia  de  las  sentencias  y que en cuanto tal debe examinarse desde un punto de vista  meramente  formal,  o  sea,  con  prescindencia  del  sentido  de  la decisión,  desplegó  la  censura  dentro del ámbito propio de la causal primera, toda vez  que  se  quejó persistentemente de que, en su entender, el Tribunal no apreció  en  debida forma en las pruebas que al desgaire menciona, amen de que porfía en  la  recriminación  de los razonamientos que constituyen el núcleo de su fallo.   

                             ii.- De todas formas, si se advierte que  en  el  numeral  quinto  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia de primera  instancia,  confirmada  luego  por  el  Tribunal,  se  declaró  en  torno a las  cesiones  cumplidas  por Nicanor Borrero H. en favor de los otros dos demandados  que  “…cualquier acto jurídico, enajenación o cesión que haya efectuado o  efectúe  el  demandado  Nicanor  Anastasio  Borrero  Hereira,  respecto  a  los  derechos  a  que  se  refieren  las  declaraciones anteriores, a favor de Darío  López  Ochoa  y José de los Santos Chacín Deluque, o cualquiera otra persona,  carecen  de  efecto  y  son  inoponibles  al  demandante  Luis  Alberto  Quesada  Peña”,  debe  concluirse  que  desde  el punto de vista de la congruencia, la  decisión  precedentemente  extractada  implicaba  que el Tribunal no tenía por  qué  detenerse  en  la evaluación de la validez de los actos y contratos que a  las  mismas  dieron  lugar,  dado  que  la  inoponibilidad,  como que es de toda  obviedad  decirlo,  desvincula  de los efectos de aquellos al demandante, motivo  por  el  cual  no tendría ningún sentido decir frente a ellos que son válidos  los actos y contratos que fueron causa de las cesiones.   

                             En  el  anterior  orden  de ideas, no es  desatinado   afirmar  que  la  decisión  de  inoponibilidad  lleva  en  sí  lo  correspondiente  a  la excepción innominada o genérica que en el cargo se echa  de menos.   

                              El  cargo,  por  lo  consiguiente,  se  desestima.   

Cargo  primero  de  la demanda del Dr. Darío  López Ochoa   

                             i.- Con invocación de la causal primera  de  casación  prevista  en el numeral 1° del artículo 368 del C. de P.C., por  la  vía  directa  se  le enrostra en este cargo a la sentencia la violación de  los  artículos  1226;  1227;  1229;  1230,  1; 1233; 1234, 1, 4, 7, 8; 1235, 1;  1236,  3,  6; 1242; 1268; 1269 y 1277 del C. de Co., así como el art. 107, 7 de  la ley 45 de 1923.   

                              ii.-  En  un  primer  apartado  de  la  fundamentación  del  cargo,  el censor examina la definición que de la fiducia  consigna  el  artículo  1226 del C. de Co., lo que hace tras aseverar que “la  fiducia  209…,  por  ser  el  fiduciario  un  banco  (que  es comerciante), se  configuró como una fiducia mercantil…”.   

                             Transcrito  el citado precepto, dice que  todo  negocio  fiduciario se debe celebrar por escrito, en el que intervienen el  fideicomitente,  el  fiduciario  y el beneficiario o fideicomisario, y que “se  perfecciona  cuando  el  constituyente se desprende de unos bienes y le traspasa  la  propiedad  al  fiduciario  quien,  en  adelante, ostentará la propiedad del  patrimonio  autónomo con tales bienes constituído, sobre los cuales ha perdido  injerencia  el  constituyente”. Que al transferirse la propiedad de los bienes  al  fiduciario,  éste ejercerá los derechos en favor del beneficiario mientras  se  cumple  la  condición de entregárselos al fideicomisario al término de la  fiducia.  Por eso, agrega, la fiducia 209 aún no ha terminado. Que al traspasar  los  bienes  desaparece  la  actividad  del  fideicomitente,  a  no ser que haya  reservado  el  derecho  a que se los devuelvan, después del cumplimiento de sus  obligaciones  con  el  beneficiario;  por lo mismo, acá el demandante no pidió  que  se  le reconociera como dueño del depósito. Que el fiduciario adquiere la  obligación   de   administrar  y  manejar  el  patrimonio  afectado  a  un  fin  consistente  en  entregárselo  al beneficiario al terminar la fiducia; que, por  su  lado,  el  beneficiario, desde que se ha puesto en cabeza del fiduciario los  bienes  objeto  de  la fiducia, puede accionar contra el fiduciario para hacerle  cumplir el encargo.   

                             De lo dicho infiere que no puede pensarse  en  fiducias  secretas  (art.  1230,1,  C. de Co.), por lo que la simulación no  puede tener cabida en el negocio fiduciario.   

                              Añade   que,  por  lo  demás,  “el  fiduciario  necesita  tener precisa su obligación de saber a quién debe rendir  cuentas  y  de  no ser ilícito el objeto perseguido con beneficiarios ocultos a  través  de simulaciones o de acuerdos secretos celebrados por el constituyente,  que alteren o desfiguren el acto público aparente celebrado”.   

                              iii.-  Expuesto  lo  anterior,  pasa  a  explicar  lo  que denomina “fundamentos del cargo”, señalando como punto de  partida,  que la fiducia 209 “se constituyó por Nicanor Borrero y éste mismo  es  su  beneficiario.  (Que) en esta calidad viene actuando, pues la que tuvo de  constituyente ya perdió vigencia”.   

                             Recuerda que, para la sentencia, Borrero  actuó   “‘como   mero  mandatario  (testaferro)  del  Sr.  Luis  Quesada  dentro del negocio fiduciario  citado’”,  con lo que se  contraría el art. 1226 del C. de Co.   

                              La   simulación,   dice,   no  podía  presentarse  sin el consentimiento de todas las partes, lo que no ocurrió en la  fiducia  209,  puesto  que  “…durante más de dos lustros de debate judicial  (proceso  de  rendición  de  cuentas  planteado  al  banco fiduciario) el Banco  Santander  ha  reconocido que Nicanor Borrero fue quien constituyó el depósito  fiduciario  y,  además,  es  el  beneficiario  final de la misma”, sin que se  pueda  afirmar  siquiera  que  hubo  un  mandato  oculto, “extraño al negocio  fiduciario,   si   Nicanor   Borrero  lo  ha  negado  y  no  se  ha  probado  lo  contrario”.   

                             Que  así  lo  desconoció  el  banco al  responder  los  hechos  1°,  2°  y  3°  de  la  demanda,  confesión  que  es  insuperable  “por  declaraciones de terceros que actuaron en base al dicho y a  las  referencias  que  les  hizo  el  demandante”. Que si lo anterior no fuera  bastante,  se  tiene  que el banco reconoció como “auténtico” el documento  donde Borrero aparece como constituyente y como beneficiario.   

                             Que  al  rendir  sus  cuentas  el  banco  fiduciario,   reiteró   que   el   “‘27   de   julio   de  1979,  el  señor  Borrero  ordenó  verbal  o  telefónicamente    la    constitución   de   un   depósito   fiduciario   por  $50.000.000.oo,   mediante   el   cargo  a  su  cuenta  corriente…’”.   

                             Que basta releer la nota débito emitida  por  el  fiduciario al cargar en la cuenta corriente de Nicanor Borrero el monto  del  depósito,  “para  comprender  hasta  dónde  equivocó  el  Tribunal  su  decisión,  aduciendo  que  fue  con  los  dineros del demandante con los que se  constituyó   la   fiducia   y   que   por  ello  Nicanor  fue  un  ‘mero       testaferro’  en  tal  negocio,  a  despecho  de la  contraria  afirmación  del  constituyente  beneficiario…”, quien además ha  negado  haber  participado  en  la  supuesta  simulación,  la  que sólo podía  configurarse  con  su  consentimiento  y  con  el  del  banco,  que  también lo  negó.   

                             Por  fuera  de  lo  dicho, destaca cómo  “al  celebrar  Nicanor  y  los esposos Quesada el contrato de arrendamiento de  servicios  profesionales  con  los  abogados  encargados  de  pedir  cuentas  al  fiduciario…  se  precisó  que el depósito 0209 fue constituido por el señor  Anastasio     Borrero     Hereira…’…”  lo  que  reiteraron en oportunidades posteriores. Como siete  años  después  el demandante, en unión de su esposa, hizo igual confesión de  ser  Nicanor  Borrero  el  constituyente  de  la fiducia, cuando acordó con los  abogados  las  “participaciones”,  que los Quesada tendrían al finalizar el  negocio fiduciario.   

                             Así, concluye, no hubo testaferro en la  constitución de la fiducia.   

                              iv.-  En  otra  sección  que  denomina  “consecuencias  de  la  sentencia”,  empieza  por afirmar que la conclusión  precedente  es  importante  “pues  desvirtúa  la declaración principal de la  sentencia  (la  número  dos)  o  sea  que  Nicanor  Borrero actuó dentro de la  fiducia  como  un  testaferro  o  mandatario”,  señalando  que el resto de la  sentencia aparece como consecuencia de tal declaración.   

                             Inserta  el  numeral  3°  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  de  primera  instancia, de acuerdo con el cual se  declara  que,  como  consecuencia  de  lo  anterior,  los  derechos,  condenas y  declaraciones  del  proceso  de  rendición de cuentas y su ejecución contra el  Banco  Santander,  pertenecen y deben entenderse hechas en favor de Luis Alberto  Quesada Peña.   

                             Expresa, entonces, que si de acuerdo con  el  artículo  1234,4  del  C.  de Co., la personería de la fiducia la lleva el  Banco,  éste  ha  debido  comparecer  al  proceso. Que la calidad de mandatario  atribuída  a  Nicanor  Borrero “ha debido establecerse en forma controvertida  frente  al  fiduciario,  por  ser  parte  sustancial y definitiva del negocio de  fiducia  pues,  de  no  ser  así, el banco, en virtud de los términos y de las  partes  que  aparecen  determinados en el respectivo acto constitutivo, no tiene  por  qué  reconocer como fiduciante… a persona distinta a quien allí ostenta  esa   titularidad…”,   o  sea  a  Borrero,  con  quien  deben  mantenerse  y  concluírse  todas  las  relaciones.  Se  pretende,  pues,  la  mutación  de la  relación  existente entre el Banco y Borrero para que éste sea sustituído por  Quesada  Peña, lo que obligaría al Banco a entenderse con una persona extraña  a   la   fiducia,   sin   las   atribuciones   otorgadas  por  el  fiduciante  y  beneficiario.   

                             Anota que de existir un mandato oculto no  se  podría  extraer,  como  consecuencia, que “todos los derechos, condenas y  declaraciones  resueltas  por  el  Juzgado  6°  Civil del Circuito, CONFORME AL  ARTICULO  335 del C.P.C….” se han de entender hechas en favor de Quesada, no  sólo  porque  la  norma  no lo dice, “sino porque si se tratara de un mandato  oculto,   ello  no  opera  en  el  negocio  fiduciario…”.  Que,  de  haberse  presentado  un  mandato  oculto sin representación, según la jurisprudencia de  la  Corte, esa simulación “se realiza en el mandato, no en el contrato que el  mandatario celebra en su propio nombre”.   

                             Por otro lado, continúa, antes de hacer  declaraciones  de  tal  alcance, debe mediar un proceso de rendición de cuentas  del  supuesto  mandatario, en los términos del art. 1268 del C. de Co., una vez  concluído  el  negocio  fiduciario  y  recibido  por  el  beneficiario el valor  resultante   de   su   liquidación.   Que   lo   demás  sería  reemplazar  al  beneficiario.   

                             Argumenta,  un poco después, que por lo  mismo  no  puede  eximirse  al fiduciario de su responsabilidad para con Borrero  como  beneficiario, no sólo por el artículo 1234, 7 del C. de Co., sino por el  artículo  107,7  de  la  ley 45 de 1923, solamente por suponer un negocio entre  tal  beneficiario  y  el  supuesto  mandante, ajeno a la fiducia, como el propio  demandante  lo aclara cuando en el hecho sexto de la demanda dice que “Nicanor  Anastasio  Borrero  fue  un  simple  mandatario oculto del sr. Quesada Peña, es  decir  su testaferro (para terceros, no para el Banco Santander)”, afirmación  en  la que ve confesión de que no hubo simulación. Destaca cómo en el alegato  ante   el  Tribunal  el  demandante,  contrariamente  a  lo  que  pretenden  las  decisiones,  esperaba  declaraciones  “sin  que  el demandante ocupe posición  alguna dentro del fideicomiso”.   

                             Reproduce el numeral 4° del mismo fallo,  de  acuerdo  con  el  cual  los  derechos  derivados del negocio fiduciario y el  depósito,  son “de propiedad exclusiva” del demandante, para expresar que a  su  respecto  “se dan las mismas razones y argumentos expuestos para atacar la  tercera…”.   

                               Ocupándose    del    numeral   5°,  concerniente,  como  se  sabe,  con  la  carencia de efectos e inoponibilidad de  cualquier  acto  jurídico,  enajenación  o  cesión efectuado por el demandado  respecto  de  los  derechos  a  que  se refieren las declaraciones anteriores, a  favor  de  Darío  López  O.  y  José  de  los  Santos  Chacín, en frente del  demandante,  recuerda que el Tribunal dio por probado que los dineros que dieron  origen  al depósito fiduciario provinieron del patrimonio de Quesada Peña, por  lo  que  las  cesiones  deben quedar sin ningún valor. Dice, entonces, que esta  consecuencia  es  improcedente e ilegal, bastando con reiterar la argumentación  consignada para desvirtuar la decisión principal.   

                             Refuerza  su punto de vista diciendo que  “aparte  de  no  haberse impulsado un proceso ordinario para pedir la nulidad,  con  audiencia  del  banco  fiduciario (al cual se le notificaron tales cesiones  sin  haberse  opuesto),  omitió  considerar  el Tribunal que otra Sala Civil ya  antes  había  debatido  el  tema  con  el  demandante  Quesada, reconociéndole  autenticidad  y  validez a las citadas cesiones”, y que el mismo apoderado del  demandante  reconoció  ante  el  Tribunal,  que  los  negocios cumplidos por el  testaferro son plenamente válidos, particularmente las cesiones.   

                             Finalmente,  cita  el  ordinal 6° de la  decisión,  por  medio  del  cual  se  ordena  oficiar  al Juzgado 6° Civil del  Circuito  para  que se tome nota de lo aquí resuelto y se produzcan los efectos  del  reconocimiento  de  los  derechos  en  favor del demandante Quesada, y, con  miras  a  desvirtuarlo,  lleva  a  cabo  una  argumentación que, en suma, es un  compendio   de   todas   las   consideraciones   invocadas   para  combatir  las  determinaciones precedentes.   

SE CONSIDERA  

                                                i.-  Es tan antiguo como invariable el criterio de la Corte conforme  al  cual  la  casación  no  es  una  instancia  más  del proceso, criterio que  encuentra  su íntima razón de ser en la propia esencia del recurso. En efecto,  si  éste  tiene  como objeto el enjuiciamiento de la sentencia del Tribunal, o,  excepcionalmente,  la  del  Juzgado  de  Circuito,  a  fin  de  dilucidar  si se  profirió  con  sujeción  a la ley, resulta claro que su planteamiento no puede  ser  igual  al  de  los  recursos ordinarios del proceso, en particular al de la  apelación,  en el cual, como se sabe, lo que se le pide al ad-quem es que revea  la  cuestión  que ha sido decidida por el a-quo. En la casación, en cambio, el  debate  litigioso  queda  relegado  a un segundo plano puesto que por delante se  halla  la  tarea de elucidar si en la sentencia se ha incurrido en alguno de los  errores  in  procedendo  o  in  iudicando  constitutivos de las causales que dan  lugar,  sin perjuicio, claro está,  de que dicho tema pueda ser tratado en  caso de que la causal o causales alegadas llegasen a prosperar.   

                             Así, pues, el recurrente en casación no  dispone  de  la  misma amplitud panorámica de la que goza en las instancias del  proceso.  Ni,  la  Corte,  por  su  parte,  se  encuentra  investida de la misma  competencia,  en  cuanto  al  pleito  se refiere, atribuída a los juzgadores de  segundo  grado;  tiene  que ajustarse al derrotero que le indique el recurrente,  sin que por su propia iniciativa le sea dable rebasarlo.   

                             En  tratándose  de  la  causal  primera  prevista  en  la  norma  atrás  citada,  es cometido fundamental del recurrente  demostrarle  a  la  Corte  que  la sentencia es violatoria de la ley sustancial,  propósito  por  el  cual  el  único  camino  posible  es la comparación entre  aquélla  y  la  norma que, según el censor, era la aplicable al caso, o la que  resultó indebidamente aplicada.   

                              A   esos  efectos  se  debe  tomar  en  consideración  que  si  bien la transgresión de la ley se ha de identificar en  la  parte resolutiva de la sentencia, dicha parte resolutiva es la expresión de  lo   que   el  juzgador  hubiere  expresado  en  la  motivación,  en  la  cual,  naturalmente,  habrá  tenido  que  llevarse  a  cabo  un análisis del material  probatorio,  y  realizado,  con base en él, un trazado fáctico de la cuestión  sobre  el  cual  se  proyectan  -o  se  dejan  de  proyectar- aquellos preceptos  sustanciales cuya vulneración se denuncia.   

                              Asimismo,  en  relación  con  la  vía  directa,  no sobra señalar que si bien podría afirmarse que la norma jurídica  posee  un  componente factual pues al abstraer ciertos hechos de la realidad los  hipotetiza  en  su  enunciado, por lo que entonces cabría decir que lo fáctico  no  es  extraño  a  la  misma y que, por tanto, este aspecto no debe permanecer  marginado  del análisis cuando en la causal primera de casación la adoptada es  la  vía  directa. Sin embargo, una cosa es llevar a cabo un análisis de hechos  abstractamente  considerados -cuya caracterización proviene de la norma y no de  las  pruebas-,  y  otra  muy  diferente  sopesar  hechos concretos de un proceso  determinado  -lo  que  se  mide a la luz de las pruebas practicadas o dejadas de  practicar-,  por  lo  que  la disparidad entre el recurrente y el juzgador tiene  que  darse  es  en  el primer ámbito y no en el segundo, desde luego que lo que  puede  estar  en  cuestión  es el sentido o el alcance de la norma, pero no los  hechos específicos del proceso.   

                             ii.- La Sala se ha permitido recordar lo  anterior  porque  en  el  cargo  que  ahora  se  despacha,  es palmario cómo el  recurrente,  diciendo  llevar  a cabo un análisis impugnaticio de las distintas  determinaciones  consignadas  en  la  sentencia  del  a-quo y confirmadas por el  ad-quem,  se  desentiende  por completo de los fundamentos aducidos por éste en  orden  a  confirmar  la sentencia de primera instancia, colocándose de ese modo  en     franca     contradicción     con     los    hechos    que    tuvo    por  demostrados.       

                                

                             En  efecto,  sabido  es  que el Tribunal  estimó  que  fue  real  la  constitución  del  depósito  fiduciario No. 0209,  realidad  que  entendió  en el sentido de que, en efecto, al Banco Santander le  fueron  entregados  $50.000.000.oo  para su administración; mas con apoyo en el  análisis  de  ciertas  pruebas,  calificó  a  Quesada  Peña como su titular y  beneficiario.  Además,  el  hecho  consistente  en  que fuera Nicanor Anastasio  Borrero  quien apareciera constituyéndolo como fideicomitente, lo explica sobre  la  base  de  señalar  que  lo acaecido estribó en una simulación del nombre,  situación  que  calificó  como  legalmente  permitida.  En  lo  tocante con la  intervención  de Nicanor Anastasio Borrero, la redujo al campo del mandato que,  afirma,  le  confirió  de  manera  oculta Quesada Peña, para que en contra del  Banco  fiduciario,  instaurara proceso de rendición de cuentas; ello porque, en  su  sentir,  en  las  etapas  anteriores  de los hechos, Borrero no tuvo ninguna  intervención.   

                             En  cambio,  el  recurrente  empieza por  manifestar,  de manera categórica, “que la fiducia 209…, se constituyó por  Nicanor  Borrero y éste mismo es su beneficiario”, señalando a este respecto  que  durante  más  de  dos  lustros  de  debate judicial, el Banco Santander ha  reconocido  a Borrero como constituyente del depósito fiduciario y beneficiario  del mismo.   

                             Hizo  descansar la anterior aseveración  no  sólo  en  consideraciones  de  índole jurídica, sino también y por sobre  todo,  en  documentos  e intervenciones de las partes y de terceros que, obrando  como  prueba  en  el  proceso, de esa manera lo establecerían, en relación con  las  cuales,  anota  la  Sala, el juzgador guardó silencio o les dio un alcance  diferente.   

                             El  recurrente,  pues,  se coloca en una  posición  diametralmente  opuesta  a  la  del Tribunal en relación con el que,  como  es  obvio decirlo, es el punto central de la controversia, desde luego que  es  en  él  donde  las  restantes  determinaciones encuentran su razón de ser,  según aquél mismo lo denota.   

                             En  ese  orden de ideas, el ataque a las  demás  decisiones  se  palpa,  asimismo,  por  completo  como  fuera  de lugar.   

                             iii.-  Dentro  de la lógica interna del  fallo,  si el Tribunal vio que el verdadero titular y beneficiario del depósito  fiduciario  era el aquí demandante, las decisiones consignadas en la sentencia,  concernientes  a  que  las determinaciones adoptadas en el proceso de rendición  de  cuentas  en  contra  del Banco Santander deben entenderse hechas en favor de  Quesada  Peña,  ya  que  es a éste a quien corresponden los derechos derivados  del  negocio  fiduciario,  esas  decisiones,  se repite, constituyen una nítida  emanación  de  la  previa definición atrás mencionada, sin que, por lo tanto,  en  el  punto  hubiese  tenido nada que ver el mandato que, dice el Tribunal, el  demandante  confirió a Borrero Hereira. Subsecuentemente, bajo esos aspectos la  impugnación   también   resulta   desviada   e,   igualmente,   afectada   por  consideraciones   fácticas   que   el   juzgador   no  se  habría  detenido  a  sopesar.           

                             Esto  último, porque aludiendo al hecho  sexto  de  la  demanda, donde se expresa que Borrero fue un mandatario oculto de  Quesada,  para  terceros  mas  no  para  el  Banco Santander, concluye que “la  anterior  es  una  confesión  suficiente  del  demandante,  que  prueba no hubo  simulación…”.   

                             iv.-  En lo que concierne con el mandato  propiamente  dicho,  el  recurrente tampoco atina a plantear el ataque partiendo  del  punto  de  vista  fáctico del sentenciador, con el cual habría tenido que  coincidir,  visto que la seguida fue la vía directa. En efecto, como es sabido,  el   ad-quem   redujo   la  existencia  del  mandato  a  la  sola  gestión relacionada con la rendición de  cuentas  que debía ser demandada del Banco Santander. Siendo así, y adelantado  como  ha sido el proceso respectivo, no habría por qué esperar, contrariamente  a  lo  afirmado  por la censura, a la conclusión del negocio fiduciario y a que  el  beneficiario  recibiese  el  valor de su liquidación, para lo cual tendría  que  mediar  una rendición de cuentas del supuesto mandatario. Esta afirmación  tendría  alguna  razón  de  ser si en la sentencia se hubiera expresado que el  mandato  lo  fue  también  para  la  constitución del depósito, lo que no fue  así, conforme se viene diciendo.   

                             Por  otra parte, el recurrente nada dice  acerca  del  momento en el que surgió el mandato ni del alcance que al mismo le  habrían  dado  las  partes,  tal  como  el  Tribunal  concibió esos hechos. En  cambio,  adopta  una posición vacilante o dubitativa, pues no se sabe si al fin  y  al  cabo  estima  que  hubo  o  no  mandato.  Mas  si se piensa que admite la  existencia  del  mandato,  se  coloca en contradicción consigo mismo puesto que  si,  en  su  sentir,  Borrero  era  el  beneficiario  del  depósito,  no podía  jurídicamente  haberle  recibido  un  mandato  a  Quesada Peña para exigir del  banco  una  rendición  de  cuentas. Y si, por el contrario, se considera que ha  desconocido  el  mandato,  entonces  la  antimonia  se  presentaría  es  con el  Tribunal por lo que ya ha sido anotado.   

                             Y  como si lo dicho fuera poco, se tiene  que  el  ad-quem, con respaldo  en  declaraciones  de  los  propios  abogados,  explícitamente  indica que para  Chacín  de Luque y López Ochoa “no era desconocido, ni oculto” que Borrero  “actuara  como  mandatario de Luis Quesada”, respecto de lo cual en el cargo  nada se dice.   

                             v.-  Algo similar es afirmable en lo que  tiene  que  ver  con  la  declaratoria  de  inoponibilidad  al demandante de las  cesiones  realizadas  por  Nicanor  Anastasio  Borrero  a los dos recurrentes en  casación,  en la medida en que para impugnar la pertinente decisión, reproduce  los criterios de los que atrás se ha hecho mérito.   

                             Además, aquí también hace descender la  cuestión  a  consideraciones de hecho cuando afirma que las cesiones efectuadas  a  los  abogados  fueron avaladas y firmadas por el demandante y su esposa,  cuando  el Tribunal, por su lado, dijo que dentro del proceso no obra prueba que  acredite  que  el mandato se extendiera a cuestiones diferentes a la iniciación  del proceso de rendición de cuentas.   

                              Así   mismo,  incurre  en  idénticos  desaciertos  cuando  pretende  combatir  la  sentencia  respecto  de la orden de  comunicar  al  Juez  conociente  de  la  rendición  de cuentas y de la ulterior  ejecución los proveimientos adoptados en este proceso.   

                             vi.  De todas formas, sin embargo de las  palpables  deficiencias en que incurre la censura en el planteamiento del cargo,  parece  oportuno  precisar  que  el Tribunal encontró probado que entre Quesada  Peña  y  Nicanor  Borrero  existió  un mandato “oculto” en virtud del cual  este  último  debía  conferir  poder  para iniciar un proceso de rendición de  cuentas  frente  al  Banco Santander, convenio que dada su particular naturaleza  presupone   que   en   el  mandatario  concurren  dos  situaciones  de  distinto  temperamento,  pues  de  un  lado  aparece  frente  a  terceros como titular del  interés  negocial  y  de las relaciones en las que interviene en desarrollo del  mandato,  de  modo  que  frente  a  ellos  aparece  como  si  sobre él fueran a  radicarse  las  consecuencias  jurídicas de los distintos negocios que celebra,  desde  luego  que  externamente  se reputa como el contratante vinculado por las  actos  que  celebra, pero de otro, internamente, se encuentra obligado frente al  mandante,  quien a la postre es el verdadero titular del interés contractual, a  trasladarle  los  efectos  de  los  negocios  que en cumplimiento del encargo ha  realizado.   

                              Desde  esa  perspectiva  es  claro  que  aquellas  controversias  que  se  susciten  entre  los  terceros y el mandatario  pueden,  y  deben  dirimirse  entre  ellos,  es  decir,  sin que sea menester la  presencia  del  mandante,  pues  es patente que ningún vínculo lo liga con los  terceros  contratantes para quienes, obviamente, el mandatario es el titular del  interés  contractual.  De  igual  modo,  las  discrepancias  que  surjan  entre  mandante   y  mandatario  en  torno  al  cumplimiento  del  mandato,  o  de  las  prestaciones  que  de  él emanan, incluyendo, claro está, el derecho que tiene  el  mandante  a  que ingresen a su patrimonio los efectos del encargo extendido,  se  zanjan  sin la comparecencia de los terceros, pues frente a ellos el mandato  no  produce  secuela  alguna.  Se  trata,  en  otros  términos, de dos órbitas  contractuales  distintas  que  se  tocan tangencialmente pero sin confundirse ni  inferirse mutuamente.   

                             En  ese  orden de ideas, no incurrió en  desatino  el  Tribunal  en cuanto aseveró que podía definirse la contienda sin  la  intervención  del  Banco Santander, pues es evidente que de lo que aquí se  trata  es  de  poner  remedio  a  las  desavenencias  surgidas en las relaciones  internas   del   mandato,   no   en   las  externas,  en  las  cuales  si  tiene  interés.   

                            El cargo es impróspero.   

Cargo  único  de  la demanda de José de los  Santos Chacín   

                             i.- Con invocación de la causal primera  del  artículo  368  del  C.  de  P.C., por la vía indirecta se acusa en él la  sentencia  del  Tribunal  por  la violación de los artículos 1226, 1227, 1228,  1229,  1230,  1231,  1232, 1233, 1234, 1235, 1236, 1237, 1238, 1239, 1240, 1241,  1242,  1243  y  1244 del C. de Co., “al incurrir en grave y protuberante error  de hecho en las pruebas”.   

                             ii.-  Al fundamentarlo, el recurrente se  refiere  a  distintos  medios  probatorios y actuaciones acerca de las cuales el  Tribunal   habría   cometidos   los   errores   de   hecho  que  se  denuncian,  así:   

                             1) “El acto constitutivo del depósito  fiduciario”,  documento  aceptado por el Banco como auténtico al contestar la  demanda  de  rendición  de  cuentas,  “no tenido en cuenta por el fallador de  segunda  instancia (lo que lo llevó a declarar que el dueño del mismo era Luis  Quesada)…”.   Este  documento,  dice,  “pesa  sobre  cualquier  indicio  y  demuestra  que  fue  Nicanor  Borrero  el  fideicomitente o constituyente de tal  fiducia  y de la cual, además, Nicanor A. Borrero es el beneficiario…”. Que  Quesada  Peña,  en el alegato presentado ante el Tribunal, “reconoció que la  fiducia era válida”.   

                             Tras  reproducir  jurisprudencia  de  la  Corte,  dice  que  “al  no  probarse…  que  hubo un acuerdo previo entre las  partes  para que Nicanor Borrero figurara como mandatario de Luis Quesada, no ha  podido  el  H. Tribunal  declarar que Borrero sí obró como mandatario”,  y  que  de  haberse  tenido  en  cuenta el acto constitutivo del depósito 0209,  dándosele  la  entidad  de  que  lo reviste el art. 1226 del C. de Co., habría  negado la pretensión solicitada en tal sentido.   

                             2) Tampoco tuvo en cuenta el Tribunal que  en  la  demanda  de  rendición  de  cuentas  de Nicanor Borrero contra el Banco  Santander,  se  afirma que era el titular de la cuenta corriente a la cual se le  cargaron  los $50.000.000 para constituir la fiducia, hecho que fue aceptado por  el  banco  fiduciario.  Además,  en  esa  misma  demanda se afirmó, y así fue  aceptado  por  el  demandado,  que  el  constituyente  del depósito fue Nicanor  Borrero.   El   banco,  “con  quien  era  necesario  convenir  la  simulación  pretendida  en  la  demanda”,  en  tal  ocasión no hizo siquiera referencia a  ello;   no   mencionó   la   existencia   de   testaferros  ni  de  mandatarios  ocultos.   

                             Si  el Tribunal hubiera tenido en cuenta  “estas   claras   confesiones   del   Banco  Santander”  habría  negado  la  pretensión,  puesto  que  el Banco “nunca fue enterado de la existencia de un  mandatario,    que,    por    lo   demás,   no   puede   presentarse   en   una  fiducia”.   

                                  3)       El       ad-quem  tampoco  tuvo  en  cuenta  “el  contrato  de  arrendamiento  de  servicios  profesionales…, celebrado el 17 de  julio  de  1980,  en el cual una de las partes en el mismo era el de (sic) aquí  demandante   Quesada  Peña  y  la  esposa  de  éste  y  el  demandado  Nicanor  Borrero”.  Allí  aceptaron,  dice  el censor, que el proceso de rendición de  cuentas  tenía  por  objeto  cobrar  al Banco Santander el depósito fiduciario  0209,  “constituído por el señor Anastasio Borrero Hereira el 27 de julio de  1979…”,  lo  que  también aparece mencionado en el anexo del 11 de marzo de  1981.  Que  “si  ambos  documentos aparecen firmados por el demandante Quesada  Peña  y  tales  confesiones son concluyentes y concordantes con la realidad con  que  operó  la  constitución  del  citado  depósito, no pudo declararse en la  sentencia  que  está  probado  que  tal  fiducia  la  constituyó el demandante  Quesada Peña”.   

                             4)  El  Tribunal  tampoco analizó “el  acuerdo  por  terceras  partes,  datado el 14 de julio de 1987… suscrito entre  Luis  Alberto  Quesada,  Luz  Marina de Quesada, por una parte y Darío López y  José   de   los   Santos   Chacín,  por  la  otra  parte,  para  precisar  las  participaciones     respectivas     ‘en      el      negocio      del     Banco     Santander’.  (Que)  allí  los  esposos  Quesada  reiteraron  que el fiduciario 209 había sido constituído por Nicanor Borrero y  éste,   como   titular   del   mismo,   era   quien  había  contratado  a  los  abogados”.   

                             Si  el Tribunal hubiese tenido en cuenta  esta  prueba,  no  se habría declarado inoponible a Quesada la cesión en favor  del  recurrente,  siendo  lógico  pensar “que si Borrero estaba actuando como  mandatario  de  Quesada  no habría firmado éste el acuerdo antes citado, en el  cual   (7  años  después)  continuaba  considerando  Quesada a Borrero el  verdadero  constituyente  y  beneficiario  del fiduciario 0209”. Y que Quesada  tampoco  habría  firmado  “tal  acuerdo,  en que se comprometía a intervenir  ante  Borrero  para  obtener  su  participación  en  el  negocio fiduciario, si  hubiera    tenido    la    supuesta   ‘cesión’  del  crédito  a su favor, elaborada sin reunir requisitos de autenticidad”. Y que,  por  lo  demás,  como  lo  ha  afirmado Quesada Peña en distintos procesos, le  imitaba  fielmente  la  firma  a  su  empleado  Nicanor Borrero, “con la misma  tranquilidad  con la que ahora aparece procurando esta demanda, mientras ha sido  condenado  a  30  meses  de  prisión,  a  instancia del Banco Santander, por el  Tribunal  de  Bogotá,  sindicado de haber defraudado al Banco Santander en suma  igual  a  la  ahora  controvertida…”.              

                             Esta  prueba,  de  haber  sido tenida en  cuenta   por  el  Tribunal,  lo  habría  llevado  a  concluír  que sí es  oponible  a Luis Quesada la cesión del crédito hecha al recurrente por Nicanor  Borrero.   

                             5) El Tribunal tampoco tuvo en cuenta el  escrito  por medio del cual el Banco Santander rindió sus cuentas, donde, cinco  años  después de pedidas éstas, el Banco seguía reconociendo que era Nicanor  Borrero el constituyente o fideicomitente del depósito.   

                             6) El depósito se constituyó, continúa  diciendo  el  recurrente,  contra la cuenta corriente No. 401-02859-2 de Nicanor  Borrero,  y  no  contra  la No. 402-10786-6 del demandante Luis Quesada, pruebas  olvidadas  por  el  Tribunal. Es más, desde el 30 de agosto de 1978, Quesada le  había  precisado  al Banco que solamente trabajaría en la sucursal Country con  su  cuenta  personal  No.  402-10786-6.  De  allí  infiere aquél que no podía  concluirse  que  el  depósito  0209 se constituyó con recursos de Luis Quesada  cuando fue hecho con cargo a la cuenta de Nicanor Borrero.   

                             7)  Expresa el recurrente que “además  de  la  declaración  de  Nicanor  Borrero  de ser él el dueño del depósito y  titular  de  la  cuenta  corriente,  al absolver el interrogatorio de parte (fl.  151,  C.6) el visitador de la Superintendencia Bancaria logró en su visita (fl.  154,  C.6),  establecer  que  el  banco sí constituyó el depósito a nombre de  Nicanor Borrero, con cargo a la cuenta corriente # 401-02859-2”.   

                             Efectuada  la  anterior  afirmación, el  censor  transcribe un aparte de la sentencia de primera instancia, donde se dice  que  los  dineros  que  dieron  origen  al  depósito fiduciario provinieron del  patrimonio  de  Quesada  y que las cesiones realizadas por el mandatario oculto,  deben  quedar  sin ningún valor, y anota que hace abstracción del “origen”  de  los  dineros  con que se constituya una fiducia, pues ello en nada afecta la  legalidad  del negocio. Dice, entonces, que si Quesada “consignó esos dineros  en  la  cuenta  corriente  de  Nicanor  Borrero  -porque  se  los debía, según  Nicanor-,  lo  cierto  para el perfeccionamiento del negocio jurídico celebrado  con  el  banco…  es que el acto constitutivo (…) aparece para el banco (…)  que Nicanor Borrero fue el fideicomitente…”.   

                             Cita  al  Tribunal  cuando afirma que el  verdadero  titular del depósito fue Luis Quesada quien sólo utilizó el nombre  de  Nicanor  Borrero  para  tales  operaciones,  y dice que lo fundamental no es  saber  quién  constituyó el depósito, sino quién es su beneficiario, calidad  distinta  de la del constituyente. Que el beneficiario es Borrero quien como tal  ha venido actuando ante el Banco.   

                             Alude al comentario del ad-quem sobre la  escasa  solvencia  económica  de  Nicanor  Borrero,  objetando  que “para ser  beneficiario  de  una  fiducia,  no  es  obligación demostrar que se es persona  económicamente solvente”.   

                             Pasando  a  otro aspecto, manifiesta que  “si  cuando  Quesada  llevó  el negocio al bufete profesional de los abogados  Chacín  de  Luque y López Ochoa y acordó con ellos participar, con su esposa,  de  sus  resultados,  mencionó,  sin  demostrarlo,  que tal depósito se había  constituído  con  recursos provenientes de él, no podía colegirse de ello que  el  depósito  constituído  fuera de Quesada, ni que los abogados sabían de la  existencia  de  un testaferro, pues todo lo contrario se registró en el acuerdo  o  contrato  de  participaciones,  amén  del  acto  constitutivo, que era plena  prueba  de  lo  contrario.  Lo importante era dejar a salvo la participación de  los  esposos Quesada al celebrar el contrato de servicios profesionales, como se  hizo”.   

                             Insiste  luego  en  que  no se presentó  ninguna  prueba  del  acuerdo  simulatorio  entre  las  partes interesadas en el  negocio fiduciario, o sea, entre Quesada, Borrero y el Banco.   

                               Trae    seguidamente   a   colación  jurisprudencia  de  la  Corte  relacionada  con  la simulación para preguntarse  cómo  se  pudo afirmar que Borrero obró como mandatario de Quesada, añadiendo  que  si  todas  las pruebas dejadas de apreciar por el Tribunal fueran pocas, en  el  hecho  6° de la demanda se afirma que la condición de mandatario oculto de  Borrero  respecto  de  Quesada lo fue para terceros, no para el Banco Santander.  Que,  entonces,  “si  ni  el  Banco Santander, ni Nicanor Borrero, sabían que  Quesada  Peña  era   mandante oculto de Nicanor, cómo puede afirmarse que  si lo fue y hacerse la declaración que si lo fue” (sic).   

                               Rememora    el    concepto   de   la  Superintendencia  Bancaria  y  el artículo 1230 del C. de Co., para insistir en  los desaciertos probatorios en que el Tribunal habría incurrido.   

                             En  la  parte  final,  sobre  la base de  suponer  como  cierta la existencia del mandato, dice que sólo en la rendición  de  cuentas del mandatario al mandante, “podrá establecerse, entre las partes  del  mandato  si  los gastos, cesiones, etc., efectuados por el mandatario son o  no  oponibles al mandante en los términos del art. 1277 del C. Co.”, amén de  que  “por  ser  esta  fiducia  mercantil  un  negocio  jurídico  de confianza  celebrado  con el banco fiduciario, con el encargo de entregarle al beneficiario  el  depósito y sus proventos, la circunstancia de haberse presentado un mandato  oculto,  como  lo  declara  la  sentencia,  no autoriza al banco para cambiar de  beneficiario,  pues  no fue oído durante el proceso y su obligación con el Dr.  Borrero  Hereira (sic) (art. 1234-4 C. Co.) debe cumplirla sin consideración al  negocio  secreto o mandato oculto que el Sr. Borrero haya podido celebrar con el  Sr. Quesada Peña”.   

Cargo  segundo  de  la demanda del sr. López  Ochoa   

                             i.- Propuesto también con sustento en la  causal  primera del artículo 368 del C. de P.C., en él la sentencia es acusada  por  violar  indirectamente, “por notorio error de hecho en la apreciación de  varias  pruebas,  los  artículos  del  Código  de Comercio 1226; 1227, 1230,1;  1232;  1233;  1234,1,4,7;  1235,1; 1242; 1268 y 1277”, añadiendo que también  fue violado el artículo 107 de la ley 45 de 1936.   

                             ii.- En su fundamentación denuncia como  pruebas  dejadas  de  apreciar,  lo  mismo que en el cargo anterior y en sentido  similar  al  que  allí  se  consigna,  la  demanda de rendición de cuentas, el  contrato  con  los  abogados,  la  transacción  de Quesada con sus abogados, la  insistencia  del  fiduciario, y la confesión del fiduciario, agregando a éstas  la visita de la Superintendencia Bancaria.   

                             Respecto  de  la  confesión  de Nicanor  Borrero,  dice que no se tuvo en cuenta por el Tribunal, “al declarar que hubo  simulación,  la  negativa  de Nicanor A. Borrero de haber participado en ella y  que,  al  absolver  el  interrogatorio  de  parte (…), consentida por el banco  fiduciario,  declaró  ser dueño del depósito y titular de la cuenta corriente  con cargo a la cual se constituyó”.   

                             Y  de  la  visita de la Superintendencia  Bancaria  practicada  para analizar la fiducia, dice que de allí se estableció  que  la  fiducia  se  constituyó  a  nombre  de Borrero y con cargo a la cuenta  corriente No. 401-02859-2”.   

SE CONSIDERA  

                             Se  han congregado estos dos cargos para  ser  despachados  bajo unas mismas reflexiones, toda vez que se encuentran ambos  apuntalados  en  la  vía  indirecta  de  la causal primera de casación y, a la  postre, se resienten de similares deficiencias técnicas.   

                             i.- En efecto, como se sabe, el Tribunal,  en  su  sentencia,  empezó  señalando  que  de  acuerdo  con la demanda, en el  presente  proceso  trata de definirse una relación entre mandante y mandatario,  concerniendo,  en  principio,  ellos  dos y sólo a ellos, el debate probatorio,  sin  que  sea  obstáculo  el  fallo  que en el proceso de rendición de cuentas  vincula  al  Banco  Santander con Nicanor Borrero, como que al Banco, estando ya  obligado al pago, le es indiferente las resultas de este proceso.   

                               ii.-    Añadió   el   ad-quem     que    esa    acción    es  “perfectamente  válida”,  y  que no afecta para nada al negocio fiduciario,  al   cual   tiene  como  real,  agregando  que  lo  que  se  presentó  fue  una  “simulación  de  signo  distintivo de nombre patronímico y no de persona”,  apreciación  que  los  recurrentes tampoco impugnan de manera específica, pues  se  limitan  a  decir  que  la  simulación  requería  del acuerdo previo entre  Quesada,  Borrero  y el banco, lo que no está probado, cuando no fue eso lo que  aquél dio por establecido.   

                              Consecuente  con  su  idea,  vuelve  el  Tribunal  sobre  la  demanda, concretamente sobre sus hechos 3° y 5°, a fin de  resaltar  cómo  y  por  quién  se  constituyó el depósito. Trae a colación,  entonces,  lo  testimoniado  por  Pablo  José  Cervera  Márquez  y  por el Dr.  Hernando  Devis  Echandía.  Asimismo  menciona  una demanda de constitución de  parte  civil  del  Banco  Santander  y  la  denuncia  formulada  por  la asesora  jurídica  del mismo. Dice también que están probados varios indicios con base  en  las  pruebas  que señala, relacionados con la constitución del depósito y  con  la  escasa  solvencia  económica  de  Nicanor  Borrero.  Y, finalmente, se  refiere  a  una  confesión ficta o presunta del demandado acabado de mencionar,  para  rematar  de  todo  ello,  como  varias veces se ha dicho, que el verdadero  titular y beneficiario del depósito es Quesada Peña.   

                              Los   recurrentes   no   combaten   la  apreciación  de  la  mayoría de esas pruebas. En cuanto a las que censuran, no  lo  hacen  desde el punto de vista del sentido que el Tribunal les dió, pues se  reducen a decir que no las tuvo en cuenta.   

                              iii.-  Al  ocuparse  del  contrato  de  mandato,  el  sentenciador  lo  da  por  configurado  en  etapa  posterior  a la  constitución  del  depósito  fiduciario  y  con  el  exclusivo  propósito  de  demandar,  en rendición de cuentas, al Banco Santander, apoyándose en el poder  dado  por  Borrero  a  López  Ochoa  para el proceso anterior, en el escrito de  reconocimiento  de  mandato  oculto  recibido  de  Luis  Alberto Quesada y en la  sentencia  de  revisión proferida por esta Corporación. Ve en ello y en “las  pruebas   anteriormente   señaladas”   “indicios   graves,  convergentes  y  concordantes”  de  la  existencia  del contrato de mandato orientado a otorgar  poder  con  miras  a  instaurar  la  demanda  de  rendición  de cuentas. Agrega  seguidamente  que  la  circunstancia  de  que Borrero actuara como mandatario de  Quesada  no  era  hecho  “desconocido, ni oculto, para el apoderado Dr. Darío  López  Ochoa,  ni  para  el  Dr.  Chacín de Luque…”, entrando a reproducir  apartes  de  diferentes  intervenciones  de  los  dos  abogados,  las  que halla  corroboradas  con  las declaraciones de Francisco Salazar M. y Guillermo Eugenio  Peña.  Como  indicios corroborantes alude a comunicaciones dirigidas por López  Ochoa    a    Quesada   Peña,   dándole   informes   sobre   la   marcha   del  proceso.   

                             Los impugnadores, asimismo, se abstienen  de  combatir la apreciación cumplida por el Tribunal en relación con el citado  material probatorio.   

                             iv.-  Después de extraer la conclusión  atinente  a  la existencia del contrato de mandato, el ad-quem observa que “no  aparece  dentro  del  proceso,  ninguna prueba que acredite que este contrato se  extendiera  a cuestiones diferentes a la mencionada; por lo tanto, el mandatario  Nicanor   Borrero,   debió   ceñirse   rigurosamente  a  la  única  cuestión  encomendada”,  deduciendo  de allí que las cesiones hechas por éste en favor  de  los  aquí  recurrentes  lo  fueron  sin  la  aquiescencia del mandante Luis  Quesada Peña.   

                             En   ninguno  de los dos cargos que  ahora  se despachan se combate el indicado juicio del Tribunal acerca del exceso  en el mandato.   

                             v.- En el aspecto anterior, al igual que  en  los  restantes,  los  recurrentes  se  esfuerzan  por  darle  a la cuestión  debatida  un  cariz  diferente,  con miras a lo cual le endilgan al juzgador los  errores  fácticos  ya  denunciados.  Sin  embargo, por lo que viene de verse, a  pesar  de que tales yerros se tuvieran como ciertos, la verdad es que los cargos  resultan  incompletos  en  la  medida  en que no fueron censuradas las distintas  pruebas  en  las  que  el Tribunal hizo descansar su decisión, o, por los menos  respecto  de  algunas de ellas no lo fueron, teniendo presente la forma como las  apreció.  Ellas,  pues, le siguen prestando el adecuado soporte a la sentencia,  máxime     cuando     su    apreciación    no    puede    ser    tildada    de  contraevidente.   

D   E   C   I   S  I O N   

                             En  virtud  de  lo  discurrido, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, administrando justicia  en   nombre   de   la   República  y  por  autoridad  de  la  ley  NO  CASA la sentencia proferida el primero  (1o.)  de octubre de mil novecientos noventa y dos (1992), por la Sala Civil del  Tribunal   Superior  de  Santafé  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario  promovido  por  LUIS ALBERTO QUESADA PEÑA  contra  DARIO  LOPEZ OCHOA Y JOSE DE LOS  SANTOS CHACIN DE LUQUE Y DE NICANOR ANASTASIO BORRERO HEREIRA.   

                             Costas en el recurso de casación a cargo  de los recurrentes por igual. Tásense en su oportunidad.   

Referencia: Expediente No. 4457  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

Referencia: Expediente No. 4457  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

    

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