S 030 99 [5200]

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-030-99 [5200]

      

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA   

MAGISTRADO    PONENTE   :   NICOLAS BECHARA SIMANCAS   

Santafé  de  Bogotá, Distrito Capital, dos  (2) de agosto de mil novecientos noventa y nueve (1999).-   

                                                     Referencia: Expediente N° 5200   

ANTECEDENTES  

                              I.  Por  demanda  presentada  el  17  de  enero  de  1991, el demandante solicitó que se  declarase  que  «pagó al BANCO DEL COMERCIO SUCURSAL AVENIDA DE LAS AMERICAS la  suma  de  $2’115.199.62  en  junio 1o de 1988 y septiembre 13 de 1988, lo que no  debía…»  y, consecuentemente, que tiene «acción de repetición de pago de lo  no  debido»,  con  el fin de obtener la restitución de dicha suma, en virtud de  lo  cual  se  debe  condenar  al  Banco  demandado a reembolsar esa cantidad, la  corrección  monetaria  de  ese  guarismo  desde  la  fecha  del  pago  hasta su  restitución,  los intereses comerciales moratorios; que igualmente se declarase  que  el Banco es responsable de los perjuicios causados al actor con ocasión de  las  medidas  cautelares  practicadas  en  el proceso ejecutivo que cursó en el  Juzgado  Primero  Civil  del Circuito de Cali, y se condene al demandado a pagar  una  indemnización de $10’500.000.oo, más la corrección monetaria e intereses  comerciales   moratorios   de   esta   cantidad   desde   el   31  de  enero  de  1989.   

                                  II.  El  demandante  apoya  sus  pretensiones en los hechos que seguidamente se compendian :   

                                 a) La sociedad DIDACEROS LIMITADA  constituida  por  escritura  pública  e  inscrita  en la Cámara de Comercio de  Santiago  de  Cali,  que  luego  cambió  su  razón  social por la de RODACEROS  LIMITADA,  celebró  contrato  de  cuenta  corriente  con  el Banco del Comercio  Sucursal  Avenida  de  las  Américas,  y  con ella empezó a realizar todas sus  operaciones de comercio exterior.   

                                  b)  En  1985 DIDACEROS LIMITADA  celebró  acuerdo con el BANCO DEL COMERCIO, por el que se extendió la carta de  crédito  No.  1040829  por  U.S.  14.261.76, con vencimiento el 1o. de julio de  1985,  obligando  el  banco  a  FERNANDO  GOMEZ  FONTANA  como persona natural y  representante  legal  de  DIDACEROS  LIMITADA,  a  suscribir  pagaré en blanco,  incluyendo como tercero al padre del actor.   

                                    c)  En  la  fecha  señalada  DIDACEROS  LTDA.  no  cumplió  con  la carta de crédito e incurrió en mora de  pagar la obligación, empezándose a causar intereses.   

                                  d)  El  29  de julio de 1985 el  gerente  de  DIDACEROS  LTDA.  ,  ofrece  al Banco pagar el valor de la carta de  crédito  en  cuotas  mensuales de U.S. 1.500 a partir del 15 de agosto de 1985,  oferta que no es aceptada.   

                                  e)  El  13 de agosto de 1985 el  Banco  envía  comunicación relacionando los valores a cargo de DIDACEROS LTDA.  por  concepto  de  capital  más  intereses,  los  que  ascienden  a  la suma de  $2’591.916.64.   

                                 f) El 30 de septiembre de 1985 el  banco  produjo una nueva liquidación del crédito, «excluyendo de los intereses  la  suma  de  $129.292.oo  que  la  sociedad  DIDACEROS  LTDA  se vio obligada a  cancelar el 24 de septiembre de 1985.   

                                  g) El 5 de diciembre de 1985 el  gerente  de  DIDACEROS LTDA. hace ofrecimiento de pago de la obligación, frente  a  la  cual el Banco exigió como codeudor a la firma CORTES Y LAMINAS LIMITADA,  y  adelantada  la gestión, DIDACEROS LTDA., canceló con cuatro cheques la suma  de  $600.000.oo, recibiendo como deudora y CORTES Y LAMINAS LTDA. como codeudora  un  préstamo  por  la suma de $2’300.000.oo el 30 de abril de 1986, con el cual  cancelaron  la  referida carta de crédito, operación que dio origen al pagaré  No.  00000814,  habiendo  previamente el Banco cargado a la cuenta corriente No.  104-30-057-9 los valores adeudados por la carta de crédito.   

                                  h) De la citada cuenta corriente  se  debita  la  suma  de  $2’300.250.oo,  y  «el  día 30 de abril de 1986 se le  consigna  el  crédito  por  la  suma  de  $2’300.000.oo  y queda cancelada esta  obligación»,  momento  en  el cual la subgerente del Banco produce un documento  por  un  total  de  $2’900.250.oo,  elaborando  una  nueva  relación  de «sumas  recibidas  y  aplicadas  a  obligaciones  de  DIDACEROS  LTDA.»,  encontrándose  pendiente  de  reembolso  y  como  saldo  de la carta de crédito la cantidad de  $189.646.48,  cantidad  ésta  que  fue  cancelada por DIDACEROS LTDA. «en forma  inmediata   y   solamente   quedó   vigente   el   crédito  No.  00000814  por  $2’300.000.oo”.   

                                  i)  DIDACEROS  LTDA.  trató de  cumplir  con  este  crédito, pero por dificultades económicas le fue imposible  cancelar  la  totalidad  en  el  tiempo pactado, y a junio 30 de 1988 debía por  capital $1’594.544.49 y por intereses y gastos $1’227.260.oo.   

                                  j) El Banco del Comercio inició  proceso  ejecutivo  contra  RODACEROS  LTDA.  y contra CORTES Y LAMINAS LIMITADA  para  el pago de esas sumas, el cual se adelantó en el Juzgado Cuarto Civil del  Circuito  de  Cali,  y  estando  en  curso  este  proceso el Banco adelanta otro  proceso  ejecutivo  en  el  Juzgado  Primero  Civil  del Circuito de Cali contra  RODACEROS  LTDA.,  FERNANDO GOMEZ Y MIGUEL GOMEZ VARGAS, para obtener el pago de  $998.664.61  suma  contenida  en  el  pagaré  AF-00049609, más los intereses y  costas  del proceso; título valor que aparece con fecha de suscripción de 9 de  agosto  de 1983 y fecha de vencimiento de 20 de noviembre de 1986, proceso éste  en  donde  se  dictó  sentencia  de seguir adelante la ejecución, y dentro del  cual  se embargó un bien inmueble que soportaba un gravamen hipotecario a favor  de   GRANAHORRAR,   quien   citada,  promovió  proceso  hipotecario  de  manera  inmediata,  momento en el cual el actor ya «había celebrado contrato de promesa  de  venta  sobre  el  lote de terreno el 27 de febrero de 1987, desconociendo la  acción judicial injusta del Banco del Comercio».   

                                 k) El 29 de febrero de 1988 el  actor  suscribió  escritura  pública  a SANTOS RICARDO EGRED OTERO, resultando  éste  perjudicado a consecuencia de la citación del acreedor hipotecario y del  embargo  recaído  sobre  el bien inmueble, que lo llevó a incumplir la promesa  de venta celebrada.   

                                  l)  Desde  un  comienzo  el  demandante  explicó  al  Banco  que  estaba  cobrando  una obligación en forma  doble,  y  que  sólo  adeudaba la del Juzgado 4o. Civil del Circuito de Cali, y  ante  la  eventualidad  del  proceso  hipotecario pide al juzgado que liquide el  crédito   y   en  julio  1o.  de  1988  abona  a  la  obligación  la  suma  de  $2’002.238.35,  el  14 de septiembre de 1988 «abona la suma de $120.000.oo en el  Banco  Popular  y con la nueva reliquidación se cancela la deuda de $112.961.71  y  le  devuelven  el mayor valor consignado». En octubre 3 de 1988 se decreta la  terminación   del  proceso  por  pago  total  y  cancelación  de  las  medidas  cautelares.   

                               m) Como consecuencia del proceso  ejecutivo,  el actor «tuvo que cancelarle al señor SANTOS RICARDO EGRED la suma  de    $10’500.000.oo    por   perjuicios,   mediante   el   traspaso   de   tres  tractores…».   

                                n)  El  Banco  del Comercio le  cobró  a  DIDACEROS  LIMITADA  la suma de $129.292.oo, “suma que le obligó a  pagar  el  24  de  septiembre de 1985” y que corresponde a intereses de junio,  julio y agosto de 1983, que ya habían sido cancelados.   

                               o) El valor pagado en el Juzgado  1o.  Civil  del  Circuito  ascendió  a  $2’115.199.62,  suma que no se adeudaba  «porque  con la constitución del pagaré No. 00000814 se cancelaba la totalidad  de  las obligaciones que surgían de la carta de crédito NO. 10400829 y por tal  motivo,  mal podría el Banco del Comercio señalar nuevas cifras para llenar un  Pagaré  cuando  claramente  afirmaba  en  Agosto  14  de  1986  y en documentos  anteriores  que  con  el  pago  de $600.000.oo y el crédito de $2’300.000.oo se  cancelaba esa carta de crédito».   

                                q) El demandante presionado por  las  circunstancias  y  ante la mala fe del banco acreedor pagó una obligación  que  no  debía,  por  lo  que  tiene  acción  para  repetir  lo pagado y «para  solicitar   indemnización  de  perjuicios  como  consecuencia  de  las  medidas  cautelares  practicadas»,  pues  el  Banco del Comercio «al novar la obligación  mediante  el  pagaré  por  $2’300.000.oo  con CORTES Y LAMINAS, liberó de toda  obligación  y  compromiso  al señor FERNANDO GOMEZ FONTANA y por tal motivo no  podía  iniciar  acción  ejecutiva  contra  él  y mucho menos por obligaciones  inexistentes».   

                                  III.  Enterada  la  entidad  demandada  de  las  pretensiones  del  actor,  se  allanó  a  las dos primeras,  advirtiendo  que  el  pago  indicado  lo  recibió por error y de buena fe, y se  opuso  a  las  restantes que quedaron en pie luego de la corrección que se hizo  al  libelo  inicial,  dio  respuesta  a  cada uno de los 60 hechos planteados, y  formuló excepciones perentorias.   

                                    IV.    El   a  quo  accedió  a  las  dos primeras  declaraciones  deprecadas,  condenó  al  demandado  a pagar a su demandante las  sumas  de  $2’002.238.35  y $112.961.22, negó las pretensiones octava, novena y  décima,  condenó  al  demandado  en el 60% de las costas y al demandante en un  40%.   

                                 V.  Inconforme  con  lo  así  decidido,  el  demandante  apeló  de la sentencia ante el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Cali, y éste al desatar el recurso mediante sentencia de  4  de  marzo de 1994, confirmó la proferida por el a  quo.           

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

                                                    

                                Anticipa que lo pretendido por  la  parte actora con la apelación es, “entre otras cosas”, que se imponga a  la  parte  demandada  la devolución de la suma de dinero a que fue condenado en  primera  instancia, con corrección monetaria e intereses comerciales moratorios  a  la  tasa  del  58.54%  anual.  Por  eso,  tras señalar que el inciso 2° del  artículo  2318  del C.C. impone a la persona que ha recibido de mala fe el pago  de   lo   no   debido   la   obligación  de  pagar  “también  los  intereses  corrientes”,   y   de   transcribir  sobre  el  particular  lo  pertinente  de  jurisprudencia  en  la  que  la Corte asevera que el pago de los intereses tiene  lugar  únicamente  cuando  se  da mala fe comprobada del accipiens, y según la  cual,  adicionalmente,  los intereses corrientes constituyen una tasación legal  de  los  perjuicios  causados  al  solvens, sin que a ellos se les pueda agregar  otros  perjuicios  diferentes,  el  Tribunal  pasa  a  manifestar  que, ante tal  interpretación   normativa,   “no  tiene  cabida  la  indemnización  de  perjuicios  por  el  pago  de  lo  no debido, todo se limita a devolver sólo la  cantidad,   en  el  caso  del  dinero,  que  se  pagó”,  y  que  “para  que  adicionalmente  se  puedan  reclamar  intereses  corrientes  es preciso que haya  habido  mala  fe en quien aceptó el pago de lo no debido”. Agrega el ad-quem,  que  “En  esta eventualidad la corrección monetaria no es viable debido a que  ella  participa de la noción del daño emergente y, por lo tanto, corresponde a  una   indemnización   de   perjuicios,   que   no   tiene  espacio,  según  la  jurisprudencia,  en el régimen del artículo citado”. Dentro de esa línea de  pensamiento  concluye  que  “Por  consiguiente,  el  pretendido reajuste de la  corrección  monetaria  que  solicita  el  recurrente  para  que  se  haga en la  sentencia  no  es  factible  y  por  ende  la  misma,  por  tal  concepto, no se  modificará”.   

                                    En   seguida   se   ocupa  concretamente  de  los  intereses  de mora que a la tasa del 58.54% aspira se le  reconozcan  al  recurrente,  destacando  que éste cuestionó la interpretación  dada  por  el a-quo al inciso 2° del artículo 2318 del C.C., que alegó que la  mala  fe  del  Banco estaba demostrada mediante prueba indiciaria y, así mismo,  que  no  es  signo  de  buena fe el hecho de que un banco afirme el extravío de  documentos;  reparos  todos esos ante los cuales pasa a señalar el Tribunal que  el  hecho  en  que  se  sustenta  un indicio debe aparecer probado plenamente de  conformidad  con el artículo 248 del C. de P.C., que al tenor del artículo 250  ibídem  la  apreciación  se  debe  hacer  en  conjunto y teniendo en cuenta su  gravedad,  concordancia y convergencia, como su relación con las demás pruebas  del  proceso,  y  que  el manejo de documentos por parte de una entidad bancaria  “no  excluye  la  posibilidad, aunque sea mínima, de cometer errores”, pues  el  hecho  de tener “un adecuado y bien organizado sistema de contabilidad, no  demuestra  que  se  haya  incurrido en ellos de mala fe”. Agrega, que el error  demostrado  en  la  elaboración  de documentos por parte del Banco, no conlleva  necesariamente  a  que  haya  obrado  de  mala  fe para obtener un pago de lo no  debido,  y  que  de admitirse dicho error como un indicio, éste no sería grave  “pues  la  mayor fuerza indicativa del mismo no es la que permita inferir mala  fe en quien lo cometió”.   

                                   Continúa   haciendo   las  manifestaciones que en seguida se transcriben:   

                                 “Expresa,  así  mismo,  el  recurrente  que  el hecho de haber reconocido el Banco el error después de tres  años  de  haberse  efectuado el pago y eso en el término de los 20 días de la  contestación de la demanda es un indicio de que obró de mala fe.   

                                “El descubrimiento del error  mucho  tiempo después  no es necesariamente un indicio de que se incurrió  en  él  de mala fe. Pudo ser que no lo había advertido y solo supo del mismo a  raíz  de  la  demanda al estudiar los documentos para afrontar la controversia.  No es este hecho un indicio grave.   

                               “Considera el actor que por el  hecho  de  haber  llenado  un  pagaré en blanco que se le había entregado tres  años  antes,  cuando  todos los documentos aportados al proceso acreditaban que  ya  no  existía  obligación  alguna  a  cargo del señor Gómez Fontana que se  pudiera  incluir en dicho título, el banco ha obrado de manera dolosa y de mala  fe.   

                               “Es cierto que el documento en  blanco  se  llenó  y como resultado de ello se obtuvo el pagaré que dió lugar  al  pago  de  lo  no  debido.  Pero ese hecho no indica que haya habido mala fe.  Inclusive,  el  acto de llenar el documento en blanco hasta lograr un pagaré no  lleva  o  demuestra  que hubo error. Este se demuestra con otras pruebas. Por lo  tanto tampoco prueba la pretendida mala fe.   

                               “Las circunstancias que surgen  del  hecho  de  que  haya  otro  proceso  donde el demandado Gómez Fontana hizo  abonos  que  no  reportó  oportunamente el Banco ejecutante hoy demandado, y la  que   se   desprende   de  lo  expresado  en  el  interrogatorio  de  parte  del  representante  del Banco cuando afirma que para llenar los espacios en blanco se  consultaron   los  libros  de  contabilidad,  donde  precisamente  no  aparecía  obligación  alguna  a cargo del mencionado señor, no son prueba evidente de la  mala  fe  alegada.  La segunda cuando más, permite inferir, al considerar otras  pruebas  como la confesión de la parte demandada, que hubo un error, pero no la  pretendida mala fe.   

                                “La Sala en todos los hechos  anotados  no ve, después de analizarlos en conjunto la prueba indiciaria con el  mérito  que  le  otorga el recurrente, para establecer la mala fe del demandado  al  recibir el pago de lo no debido. Por consiguiente, no hay lugar a condenar a  la  entidad  demandada  a  pagar  intereses corrientes, y como a esa conclusión  llegó  el  fallador  de primer grado, no hay lugar a modificar los puntos de la  sentencia donde se resolvió sobre tal pretensión”.   

                               Refiere seguidamente el ad-quem,  que  el apelante pretende se condene al Banco al pago de los perjuicios causados  con  la  medida  cautelar decretada en el proceso ejecutivo seguido en su contra  para  el  cobro  de  un  pagaré  llenado sin existir la obligación “que a la  postre  pagó  indebidamente”,  manifestando  al  respecto  y con citación de  jurisprudencia  de  esta Corporación, que siendo ese un caso de responsabilidad  aquiliana  por  abuso  de las vías de derecho, regido por el artículo 2341 del  C.C.,  al  demandante  correspondía  demostrar  la  temeridad  o  mala fe de la  conducta   del   Banco   y   los  elementos  estructurales  de  esa  especie  de  responsabilidad:  daño, culpa y relación de causalidad entre los dos elementos  anteriores.   

                                En  ese orden de ideas asevera  expresamente:   

                                “El embargo del inmueble del  actor,  decretado  en virtud de la solicitud del Banco del Comercio, Sucursal de  la  Avenida  de  las  Américas,  se  inscribió  en  la  oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos y Privados de Cali el 20 de Febrero de 1.987 (folios 181  y  182 cdno 1). La promesa de compraventa celebrada entre el demandante Fernando  Gómez   Fontana   y   Santos   Ricardo  Egred,  mediante  el  cual  el  primero  transferiría  el dominio del inmueble mencionado al segundo el 29 de febrero de  1.988,  fue  acordada el 26 de Febrero de 1.987, es decir ocho días después de  haberse  registrado  la  medida  cautelar referida. Además, el señor Gómez se  enteró  del proceso en agosto de 1.987 (folio 145 cdno 1) cuando fue notificado  personalmente  del  mandamiento  ejecutivo.  Por  lo  demás,  el 27 de abril de  1.987,  es  decir dos meses largos después de haberse registrado el embargo del  inmueble,  llegó  al  proceso  la  comunicación del Juzgado Séptimo Civil del  Circuito  de  Cali  mediante la cual se informa del embargo de remanentes que se  decretó  en  el  proceso  ejecutivo  que  a  Fernando  Gómez Fontana y otro le  adelantaba  el  Banco de Colombia, Sucursal de Cali (folio 186 Cdno 1). Es más,  cuando  se levantó el embargo decretado en el proceso del Banco del Comercio se  dispuso  que  los  bienes  del  señor Gómez Fontana continuaran embargados por  cuenta del proceso del Banco de Colombia (folio 226 cdno 1)”.   

                                Finalmente  consigna que al no  haber  mala  fe  en  la iniciación del proceso ejecutivo, tampoco la hubo en la  solicitud  que  condujo  al  decreto  de  la medida cautelar, y así mismo no se  observa  temeridad  alguna que determine abuso de las vías de derecho por parte  del  Banco,  pues  no se demostró que éste se hubiera enterado del error antes  de  iniciarse  el  proceso  ejecutivo o durante el desarrollo del mismo, o que a  pesar  de  ello  hubiera insistido en mantener la citada medida cautelar; por lo  que  no  se  dan  los  supuestos  de  mala  fe  y  temeridad  en que descansa la  responsabilidad   aquiliana,  siendo  del  caso  confirmar en este punto la  denegatoria de condena proferida por el a-quo.    

EL RECURSO DE CASACION  

                                Tres  cargos, todos dentro del  ámbito  de  la  causal  primera  de  casación, formula el recurrente contra la  sentencia   del   Tribunal,   los   cuales   se   despacharán   en   el   orden  propuesto.   

CARGO PRIMERO  

                                Acusa  la  sentencia de violar  “DIRECTAMENTE”  (sic), por aplicación indebida, el artículo 2318 del C.C.;  y  los  artículos  2356, inciso 1°, 1649, 1626, 1627 y 2319 del mismo Código,  por  falta  de  aplicación, a consecuencia de errores de hecho cometidos por el  Tribunal en el campo probatorio.   

                                Al  sustentarlo  dice  que  el  Tribunal  se  equivocó  al  aplicar  el  artículo  2318 del C.C., pues existen  pruebas  en  el  proceso que demuestran la mala fe de la parte demandada; que la  conclusión  equivocada  de  dicho  sentenciador se debió a no relacionar todos  los  medios  de  convicción entre si; y que “si la prueba arrimada, indicios,  confesión,   documentos               se  examina  en  detalle  una  a una y como un  todo,  la  sentencia  del  Tribunal  hubiera  sido  otra  y favorable a la parte  demandante”.  A  continuación  enumera  los requisitos que requiere la prueba  indiciaria  para  su  efectividad de acuerdo con los artículos 248 y 250 del C.  de  P.C.,  esto es, que el hecho sustentatorio de cada indicio esté debidamente  probado  y  que  la apreciación de los indicios se haga en conjunto teniendo en  cuenta  su  gravedad,  concordancia y convergencia y en relación con las demás  pruebas;  agregando  que al proceso se trajo prueba irrefutable de hechos de los  que  sin  dificultad  puede  inferirse que el Banco actuó de mala fe, lo que no  vio el Tribunal por el yerro en que incurrió.   

                                  En   ese  orden  de  ideas,  puntualiza:   a)   que  mediante  confesión  se  probó  que  el  Banco  y  sus  funcionarios  extraviaron  documentos  que  dieron  lugar a la ocurrencia de los  hechos;  que no es corriente que una entidad bancaria extravíe documentos, ante  lo  cual  se  pregunta si en el caso de este litigio se formuló algún denuncio  por  la  aludida  pérdida  y  si, además, no sería del caso inferir del hecho  probado  del  extravío  y de la ausencia de denuncia la presencia de la mala fe  del  Banco; b) que se probó también mediante confesión que el Banco se tardó  3  años  en  aceptar que el solvens no le debía suma alguna, no obstante tener  en  su  poder  documentos  expedidos  por  la misma entidad en donde constaba la  inexistencia  de  la  obligación;  c)  que  se  probó  “con  los  documentos  respectivos”  que  el  Banco  certificó  la  ausencia de obligaciones  a  cargo  del  actor por la Carta de Crédito N° 10400829 y a pesar de ello llenó  un  pagaré  firmado  en  blanco y lo habilitó para iniciar la ejecución; y d)  que  el  Tribunal  no  encontró  mala fe en la confesión del representante del  Banco  cuando  acepta  que  los  abonos hechos por el actor no se llevaron a los  libros  de  contabilidad,  que para llenar el pagaré se consultaron éstos y en  ellos  no  aparecía  para  él  deuda alguna. Esos indicios, añade, son graves  considerados  uno  a  uno,  y gravísimos si es conjunto, por lo que constituyen  “plena  prueba  de  la  mala  fe  que  reclama  el Tribunal, pero que no quiso  apreciar,  a  la  vista  de  la prueba documentaria con que deben relacionarse a  términos del artículo 250 del C. de P.C.”.   

                               Después de indicar que a folios  21,  22  y  23  del  cuaderno 1 obra prueba que implica el finiquito de la deuda  cobrada  por  el  Banco con intervención judicial, de reiterar que por indebida  apreciación  de  los  elementos  probatorios  en  general  el  Tribunal aplicó  indebidamente  el  inciso  2°  del  artículo  2318  del C.C. que lo obligaba a  ordenar  la  restitución de lo recibido más los intereses corrientes a la tasa  del  58.54%  anual y a condenar al Banco por los perjuicios ocasionados al actor  con  la  medida  cautelar,  el recurrente insiste en que “de haberse apreciado  todo  el material probatorio en su conjunto de acuerdo con las normas de la sana  crítica,  tal  como  lo  pide el artículo  187 del C. de P.C. el Tribunal  habría  concluido  que  el BANCO DEL COMERCIO actuó de mala fe…”; hecho lo  cual  el  recurrente  se  ocupa  del  concepto de la violación, que para él se  produjo  en  forma “DIRECTA” (sic), reclamando así mismo que la devolución  de  lo  pagado  debió  ordenarse  con  su  correspondiente  reajuste,  dado  el  fenómeno de la desvalorización monetaria.   

                                Por último, tras señalar, que  a   causa   de   los   errores   fácticos  señalados  el  Tribunal  quebrantó  indirectamente  (sic) los preceptos sustanciales señalados al inicio del cargo,  el  casacionista solicita a la Corte casar la sentencia recurrida y declarar que  el  Banco demandado debe restituir al actor “la suma que recibió como pago NO  DEBIDO,  con corrección monetaria”, como se deprecó en la petición séptima  de   la   demanda.                           

SE CONSIDERA  

                                Este  cargo,  en la forma como  viene  formulado,  no  se  ciñe  a la técnica del recurso de casación, por lo  siguiente:   

                                1.-  A lo largo del desarrollo  del  ataque, acusa el recurrente la infracción del artículo 2341 por distintos  conceptos  de  violación,  que  se  contraponen  entre  sí.  En  efecto, en el  encabezamiento  del  cargo  se  enuncia  la inaplicación de todos los preceptos  sustanciales  allí indicados, incluida la disposición en referencia (art. 2341  del  C.C.), pero en su desarrollo se vuelve sobre la cuestión para aseverar que  el  Tribunal se equivocó al aplicar dicha norma, con lo cual la impugnación se  torna  contradictoria  en  este  punto,  y además inepta para el propósito con  ella  perseguido,  como  quiera  que son fenómenos diferentes que implican así  mismo  consecuencias también diversas, que el Tribunal de casación no puede de  oficio  conciliar,  porque  una  cosa  es que el recurrente no tenga el deber de  indicar  el  concepto de la obligación, y otra bien distinta el que haciéndolo  por  su  cuenta y riesgo refunda esos conceptos o los proponga de manera tal que  genere antagonismos en relación con el quebranto de un precepto.   

                                2.-  Se  acude a la vía de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, anunciada en el inicio del cargo y  así  reiterada  posteriormente  en su desenvolvimiento, pero se advierte,   delanteramente   y  también a lo largo de toda la acusación, que fue como  consecuencia  de  yerros fácticos en la apreciación probatoria, con lo cual el  cargo  incurrió  en  confusión respecto de la violación directa, que descarta  el  error  probatorio  y  supone conformidad del recurrente con las conclusiones  fácticas  sacadas  por  el  Tribunal,  para  situarse  precisamente  en el lado  opuesto,  que  caracteriza  la  violación  indirecta  de la ley, esto es la que  recae  sobre  la  apreciación  de  los  medios  de convicción y su valoración  legal.   

                                Con  todo,  si  por  aludir el  recurrente  en  parte  posterior de su acusación a la mención de que por causa  de  los errores de hecho denunciados el Tribunal “quebrantó indirectamente”  las  normas  señaladas  en  el encabezamiento del cargo, tuviera que advertirse  que  aquél  incurrió  en  lapsus  calami  y  que el verdadero y único sentido  lógico  del ataque es entenderlo formulado por vía indirecta, en ese caso otro  es  el  reparo  que  cabe  hacer a la acusación, consistente en que confunde el  error  probatorio  de  hecho  con  el  de  derecho,  pues habiendo denunciado la  comisión  del  primero  desde  la formulación del cargo, lo deduce en últimas  del  quebranto  de  los  artículos  248,  250 y 187 del C. de P.C., que por ser  atinentes  a  la  valoración  de  la  prueba  y no a su contemplación material  dentro del proceso, constituye yerro de derecho y no de facto.   

                                3.- De admitirse, por lo dicho,  que  el  cargo  denuncia  violación  indirecta  de la ley sustancial, se tornan  desenfocadas  las  razones  en  las  cuales se apoya el recurrente para pedir la  condena  por  corrección  monetaria,  ya  que  el  Tribunal  la  negó mediante  consideraciones  de tipo jurídico consistentes en que ella no cabe frente a los  alcances  interpretativos  del  artículo  2318  del  C.C.,  cuestión  que debe  combatirse  por  el  camino  de  la  violación directa de la ley, es decir, sin  sujeción a la apreciación de pruebas.   

                                4.-  El  cargo,  afectado así  gravemente  en  su  estructura  técnica,  impide  no sólo su consideración de  fondo, sino su despacho favorable.   

CARGO SEGUNDO  

                                Mediante él se le achaca a la  sentencia  violación  “directa” (sic) de los artículos 4o., 5o., 8o., y 48  de  la  Ley 153 de 1887; 1544, 1603, 1617, 1613, 848, 1626, 1627, 1649, 1746 del  C.  C.;  920,  831 y 871 del C. de Co., por falta de aplicación, a consecuencia  de   manifiestos   errores  de  hecho  en  el  análisis  de  “algunos  medios  probatorios”.   

                    

                                Comienza haciendo disquisición  de  carácter  doctrinal  sobre  el  nominalismo  y  el realismo monetario, para  aseverar  que  “con  base en una interpretación amplia de los textos legales,  la  jurisprudencia se ha pronunciado en favor de la corrección monetaria en las  obligaciones  restitutorias  entre  las cuales deben incluirse las que tienen su  fuente  en  la  NULIDAD y en el PAGO DE LO NO DEBIDO”. Se apoya al respecto en  un  conocido  expositor  del  derecho  y en jurisprudencia de la Corte que cita,  explicando  que  la  tesis  del  nominalismo la consagra el artículo 2224 sólo  para  el contrato de mutuo y no para el pago de todas las obligaciones, y que en  el  Código Civil y en el comercial hay muchas normas con apego a la teoría del  realismo,  tal  como  acontece con los artículos 648, 1617, 1603 del C.C. y 871  del C. de Co.   

                               Después de invocar la equidad y  el  principio  de la simetría que debe imperar en los contratos bilaterales, en  cuyo  respaldo  transcribe fallo de esta Corporación, puntualiza en otro aparte  de  su  censura,  que “al analizar el material probatorio, la parte demandante  probó  no  sólo el error del banco que fue grave, sino su culpa igual de grave  y  más  aún  su dolo…”, exponiendo más adelante que la condena confirmada  por  el  Tribunal de restituir el pago de lo no debido sin corrección monetaria  “obedeció  a  los  siguientes  evidentes  yerros fácticos”, que concreta a  continuación en el ataque.   

SE CONSIDERA  

                                1.-  Aspira  el  recurrente  con este cargo, que la Corte  Case  la  sentencia  del  Tribunal  y  ordene  la  restitución  de  los dineros  recibidos  por  el  Banco  en  pago  de  lo  no  debido,  con la correspondiente  corrección  monetaria,  negada  por dicho sentenciador sobre la base de que esa  condena  no  cabe  dentro  de  los  alcances  del  artículo 2318 del C.C.. Para  combatir  esta  decisión, formula su ataque por violación “directa” de las  normas  legales  que  cita,  entre las cuales no relaciona aquella, diciendo que  esa  violación  se  produjo por manifiestos errores de hecho en el análisis de  algunos medios probatorios.   

                                2.- Formulada en esos términos  la  censura,  ella  resulta  igualmente  alejada de las exigencias técnicas del  recurso  de  casación,  por  cuanto  aún  si  se admitiera que ésta no estaba  llamada  a combatir el quebranto del artículo 2318 del C.C. en que se apoyó el  Tribunal  para decidir como lo hizo, es lo cierto que el ataque se desvía luego  al  campo  probatorio,  sosteniendo,  contrario a lo que dedujo el sentenciador,  que  existió culpa grave y aún dolo en la conducta del Banco demandado, que no  observó  el  Tribunal  por  los errores fácticos en que incurrió, concretados  después en el ataque.   

                                3.-  La  acusación,  además,  resulta  desenfocada  porque  el Tribunal no hizo descansar la desestimación de  la  corrección monetaria en que la conducta del Banco hubiera sido dolosa, sino  de  la  consideración,  ya  señalada  anteriormente,  de que esa condena no es  posible  hacerla  frente  a  los  alcances hermenéuticos del artículo 2318 del  C.C.;  consideración  ante  la  cual  el referido ataque en casación se torna,  consecuentemente, inane.   

                               En efecto, el Tribunal clausuró  el  tema  de la corrección monetaria después de aseverar que la indemnización  por  perjuicios  no  cabe dentro de los limites del artículo 2318 del C.C. y al  sostener  así mismo que frente a dicha norma sólo es posible el reconocimiento  de  intereses corrientes cuando el accipiens actúa de mala fe; en muestra de lo  cual  agregó  finalmente  que “por consiguiente, el pretendido reajuste de la  corrección  monetaria  que  solicita  el  recurrente  para que se le haga en la  sentencia  no  es  factible  y por ende la misma, por  tal   concepto,   no  se  modificará”.  Dicho lo  anterior,  el  ad-quem se ocupó de la aspiración del actor apelante relativa a  que  en  la  condena se incluyeran intereses de mora, y a ese respecto, después  de  examinar  el  acervo probatorio, dijo no encontrar demostrada la mala fe del  Banco  para  imponerle  el  pago  de  esos  intereses.  De  manera que cuando el  Tribunal  aludió  a  que  no  se  probó  la  mala  fe  del  accipiens, lo hizo  justamente  teniendo  por mira la pretensión alusiva a intereses, pero no la de  corrección  monetaria,  que  para  él  no cabe dentro de la cobertura del art.  2318, al estar subsumida en el concepto de perjuicios.   

                                  En   otras  palabras,  así  considerada  la  posición del Tribunal, el argumento jurídico expuesto por él  en  relación  con  los  alcances  del  artículo  2318  del  C.C.  sólo podía  destruirlo  el  recurrente alegando en el cargo la violación, por vía directa,  de la citada disposición, lo que no hizo en su acusación.   

                                4.- El cargo, pues, no se abre  paso.   

CARGO TERCERO  

                                    Le    censura    a    la  sentencia,          a  causa  de  manifiestos  errores  de  hecho  en  la apreciación  probatoria,  la  violación  indirecta de los artículos 2356, 1626, 1627, 1613,  1616,  1649  y  63  del  C.C.,  por  falta de aplicación, que lo llevó a hacer  actuar “incorrectamente el artículo 2341 del mismo código”.   

                                En  su  desarrollo menciona el  recurrente  los  elementos  que  al  tenor  del  artículo  2341  estructuran la  responsabilidad  aquiliana, añadiendo que la culpa por la que debe responder el  Banco  es  la  LEVISIMA,  y  que  la  carga  de la prueba le incumbía al actor.  Sostiene  que  tomado ese precepto en la forma como lo hizo el Tribunal “cobra  el  sentido  que  allí  se  le  dio  como  fundamento  jurídico  del  fallo”  denegatorio  de  la  condena  por  perjuicios  causados  al actor con el proceso  ejecutivo,  pero  que  si  por el contrario dicho juzgador hubiera apreciado las  pruebas  que  acreditan  el  beneficio  exclusivo de la entidad demandada con el  pago  sin  causa  que  se  le  hizo,  hubiera  trasladado a ella la prueba de la  diligencia  y  cuidado,  proceder  con el que “hubiera interpretado y aplicado  por  ende  correctamente  el  artículo  2341  del  C.C.  y sacado valederas las  pretensiones  del  actor”.  Por ese motivo, sigue afirmando, que “El ataque,  pues,  se  basa  en  la  posibilidad cierta de que el Tribunal no sólo dejó de  aplicar  las  normas  pertinentes  sino  que aplicó otra que disciplina el caso  pero  con  otros  alcances, por errores evidentes de hecho en la apreciación de  las pruebas”.   

                                  A  continuación  transcribe  jurisprudencia  de  la  Corte  que fija los perfiles del yerro fáctico y define  cuál  es  la labor del juez de casación, tras lo cual insiste en que hay plena  prueba  en el proceso de que el Banco fue el único beneficiado con el pago, que  el  Tribunal no quiso examinar esa prueba, que de haberlo hecho “no se hubiera  detenido  en  consideraciones  relativas a si hubo o no abuso en la petición de  medidas   cautelares  o  si  el  actor  probó  o  no  la  culpa  grave  que  le  correspondía  como  carga  procesal”; criterio en pos del cual se apoya en el  artículo  1604 como la norma que el ad-quem “cumplíale aplicar” y conforme  a  la cual, dice, habría reconocido que el Banco respondía en este caso por la  culpa  LEVISIMA  y  que  a  él  se  trasladaba  la carga de probar diligencia y  cuidado en sus operaciones.   

                                De  lo  anterior deduce que el  demandado  no  probó  lo  de su cargo, y que el demandante en cambio, sin estar  obligado  a  ello,  acreditó la malicia y la culpa lata, equivalente al dolo en  aquel,  ya  que  su  conducta resulta inexcusable por ser entidad que goza de la  confianza  ciudadana, tiene vigilancia del Estado, capta recursos del público y  participa en la vida económica del país.   

                                  Así,  una  vez  explica  el  concepto  de la violación por inaplicación de las normas legales citadas en el  encabezamiento  del  cargo, solicita que la Corte, en sede de instancia, declare  que  el  demandado  debe pagar los perjuicios causados al actor, como se pide en  la pretensión novena de la demanda.   

SE CONSIDERA  

                                1.- El recurrente persigue con  este  cargo,  se case la sentencia del Tribunal y se declare por la Corte que el  demandado  debe  pagar los perjuicios causados al actor con el proceso ejecutivo  promovido  en su contra, pronunciamiento que depreca por la violación de normas  sustanciales  que  cita  y quebrantó el Tribunal a causa de errores probatorios  de  hecho. Sin embargo, el despacho de fondo planteado a la Corte no es posible,  por la ineptitud formal del ataque que a continuación se concreta:   

                                1.1.-  No  se  precisa  por el  recurrente,  mediante  la individualización respectiva, las pruebas preteridas,  supuestas  o  mal  apreciadas  por  parte  del  Tribunal,  que  lo condujeron al  quebranto  denunciado  de  normas  de  derecho  sustancial,  omisión  que  hace  inatendible  la  censura,  porque  como lo ha dicho la Corte, dada la estructura  del  yerro  fáctico,  no es posible que frente a éste se haga un ataque global  de   pruebas,   si   para  su  demostración  es  pertinente  desplegar  por  el  casacionista  una labor de parangón entre la conclusión probatoria combatida y  la   que   realmente   demuestra   el   correspondiente  medio  de  persuación.  Desentendiéndose  por  completo  de  esa  labor  a su cargo en orden a plantear  debidamente  el  ataque  y  a  demostrar  el  error, el recurrente dejó de lado  igualmente,  al  actuar  en  la  forma  omisiva  en  que  lo hizo, establecer la  evidencia  de  esos  presuntos yerros y, algo más, hacer notar la trascendencia  de los mismos en la parte resolutiva de la decisión.   

                                1.2.- Tampoco se combatieron en  el  cargo,  como  era  de rigor, todos los fundamentos que sirvieron de apoyo al  Tribunal   para   expedir  la  sentencia  impugnada,  como  quiera  que  ninguna  referencia  se  hizo  a  su  consideración  atinente  a  que  dentro de proceso  ejecutivo  distinto del promovido por el Banco del Comercio, el Juzgado Séptimo  Civil  del  Circuito  de Cali informó del decreto de embargo de remanentes para  ser  tenido en cuenta en aquel, proferida esta medida en el ejecutivo que contra  el  mismo  aquí  actor había promovido allí el Banco de Colombia, Sucursal de  Cali  (fl.  186  C. 1). No lo dijo expresamente el Tribunal pero si se desprende  tácitamente  de  sus  afirmaciones,  que  como  ese reporte se produjo el 27 de  abril  de  1987,  “dos  meses largos después de haberse registrado el embargo  del   inmueble”   prometido   en  venta  por  el  aquí  demandante  pero  con  anterioridad  en  todo  caso  a  la  fecha  de  perfeccionamiento  del  contrato  prometido  (29  de  febrero  de  1988), la inscripción de ese embargo no fue el  único  motivo  de  impedimento  para  que  el  contrato prometido y en últimas  solemnizado   pudiera   registrarse   en  el  folio  de  matrícula  pertinente,  mayormente  si  se  tiene en cuenta que, cual lo destaca igualmente el Tribunal,  “cuando  se  levantó  el  embargo  decretado  en  el  proceso  del  Banco del  Comercio,  se  dispuso  que  los  bienes  del  señor Gómez Fontana continuaran  embargados  por  cuenta  del  proceso  del  Banco  de  Colombia  (folio  226  C.  1)”.   

                                Si, entonces, la del Banco del  Comercio  no  fue  la única medida cautelar recaída sobre el bien prometido en  venta,  y  si  fue esa la circunstancia que en verdad quiso relievar el Tribunal  para  notar  cómo  dicha  medida no engendró por si misma el perjuicio alegado  por  el  actor de este litigio en tanto la otra medida cautelar hubiera impedido  por  igual el registro del título de venta, ello pone de presente que ese pilar  del  fallo  recurrido  en  casación  tenía que ser combatido, porque el ataque  restringido  en  la  forma  como  lo  planteó  el  cargo, no haría sucumbir la  sentencia.   

                                El ataque fue, pues, diminuto y  no  amerita  consideración  de fondo alguna, por cuanto, así saliera airoso de  ese   estudio,   el   otro   soporte   no  impugnado  mantendría  incólume  la  sentencia.   

                                1.3.-  Si el recurrente afirma  que  la culpa predicable del Banco del Comercio fue la levísima y no otra, como  cree  que  lo  dedujo  el  ad-quem,  con fundamento en las pruebas, no ha debido  plantear  en  el  cargo la interpretación errónea del artículo 2341 del C.C.,  porque  ese  concepto  de  violación  es  propio  de la acusación directa, que  ninguna  relación  tiene  con las conclusiones fácticas; fuera de que, como es  sabido,  en  materia  de responsabilidad civil extracontractual no es posible la  división  Tripartita  de  culpas  que  consagra  el  artículo  1604  del C.C.,  criterio  imperante desde la época de la Ley Aquilia, cuando ya se decía “in  lege  Aquilia  et  levissima  culpa  venit”,  con lo cual se significó que en  dicha   responsabilidad  cualquier  clase  de  culpa  compromete  al  autor  del  daño.   

                                2.- El cargo, dado los reparos  que  vienen  de  anunciarse,  tampoco  es  próspero.            

DECISIÓN  

                                En armonía con lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Civil y Agraria, administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley, NO  CASA  la sentencia dictada en este  proceso   ordinario   por   el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali.   

                                 Las  costas  del  recurso  de  casación corren de cargo del recurrente.   

                                   COPIESE,   NOTIFIQUESE   Y  DEVUELVASE EL EXPEDIENTE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

JOSE FERNANDO RAMÍREZ GÓMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

    

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